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CASTANEDO ALONSO, MARTA, Muerte, desastre y accidente. Andy Warhol y el final del sueño americano. Castellón, ARS. UNIVERSITAT JAUME I, 2021, 242 pp. [Reseña]

Aguado Garzón, Teresa

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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 23, septiembre de 2023. ISSN 1697-8072 [pp. 128-130] https://dx.doi.org/10.12795/Fedro/2023.i23.09 CASTANEDO ALONSO, MARTA, Muerte, desastre y accidente. Andy Warhol y el final del sueño americano. Castellón, ARS. UNIERSITAT JAUME I, 2021, 242 pp. Teresa Aguado Garzón Universidad de Valladolid Con Muerte, desastre y accidente. Andy Warhol y el final del sueño americano, la autora, Marta Castanedo Alonso, nos presenta un libro lleno de historias entrelazadas con el objetivo de contextualizar al protagonista real de la obra: Andy Warhol. La autora, nos sitúa en un período perfectamente definido. El lector sabe que la historia que se va a encontrar tras esas primeras páginas introductorias transcurre entre el 6 de agosto de 1945 y el 22 de abril de 1964 y cómo una serie de acontecimientos sociales, políticos y culturales llevan al protagonista a crear su famosa colección de obras, recogidas bajo el título “Muerte y desastre”. Recurriendo a un análisis cronológico de los diferentes períodos artísticos que surgen tras la Segunda Guerra Mundial y sobre todo lo que supusieron para el mundo y en concreto para la sociedad americana, Hiroshima y Nagasaki, Marta Castanedo nos sumerge en una serie de acontecimientos que sirven de antesala para una compresión más clara de su tema principal. Esa idea de contextualizar es enormemente interesante, pues como señala Domingo Hernández Sánchez en el prólogo, “solo percibiendo el pasado seremos capaces de entender en parte el futuro, nuestro presente”. La composición de la obra consta de diez capítulos que sitúan al lector en la senda que la autora ha creada de manera fácil y entretenida para su lectura. Casi podríamos estar hablando de una novela en la que Castanedo nos va relatando, como ella misma indica, “la historia de un gran 128128 sueño que acaba mal”. Pero como toda historia tiene un principio y un final, este principio viene marcado por un halo de muerte que inevitablemente salpica en todos los rincones de la sociedad americana, entre ellos el artístico. Ante tal realidad la pregunta que surge en el primer capítulo es, ¿cómo se puede representar el horror y la barbarie? La respuesta no es sencilla: si se representa sin la empatía suficiente se puede caer en una complicidad confusa, pero a su vez, si se muestra al espectador la cruda realidad quizá se pueda apelar a su conciencia. De las dos opciones parece que es la primera la que cala. En el segundo capítulo se desarrolla esa idea de no caer en la representación de la barbarie. Artistas de la Escuela de Nueva York como Barnett Newman rechazan utilizar el horror de manera tan clara ya que en ocasiones se mostraba cierta morbosidad en lugar de dar un mensaje claro al espectador. La tarea no era fácil, pues, ¿cómo mostrar el daño causado por una bomba atómica sin mostrar la muerte en primera persona? El horror había dado paso al terror, y los expresionistas abstractos necesitaban un método en el que poder llegar a todo el mundo sin la necesidad de ser tan explícitos. Influidos por las teorías de Carl Gustav Jung, el psicólogo de moda en aquel momento, van a desarrollar un arte que conecte a todos los seres humanos, una expresión universal que está innata en todos los individuos. De este modo la pasividad, en cierto modo, ante todos los problemas que acontecían, hizo que surgieran voces reivindicativas y una nueva generación de artistas entró en escena representando la realidad de la época sin mirar hacia otro lado. Pero antes de hablar de esta nueva generación, Castanedo en el capítulo tres recoge “el legado de Jackson Pollock”, el máximo representante del expresionismo abstracto y cuya muerte significó el fin de un estilo artístico y el nacimiento de una serie de movimientos que vuelven a acercarse de nuevo al arte que se estaba haciendo en Europa. En el cuarto capítulo se aborda un nuevo movimiento artístico, el happening, donde nos encontramos con una nueva manera de hacer arte y cómo lo cotidiano empieza a tener una presencia relevante en estas nuevas formas artísticas. Los artistas del happening tuvieron un importante papel en la transición artística que se vivió en Nueva York durante esos años, el paso del expresionismo abstracto al arte pop, cuyo mayor exponente es nuestro protagonista, Andy Warhol. En el siguiente capítulo, el actor principal será la técnica del ensamblaje, el assemblage, que muchos artistas del momento adoptaron como modo de trabajo artístico. La situación de marginalidad en la que se encuentran muchos de ellos tras la Segunda Guerra Mundial, hace que necesiten un método barato de crear arte. De los representantes de esta técnica, nos encontramos con Simon Rodia y sus Watts Towers, con la que Rodia está lanzando el mensaje de que el arte puede surgir con las cosas y objetos más inusuales. En el capítulo seis nos adentramos ya en el arte pop y los aspectos que son característicos en él. Con este capítulo, la autora sitúa al lector en la idea de sociedad de masas en las que la publicidad y el consumismo feroz hacen que surja y se desarrolle con fuerza el pop art. Será en Nueva York donde lo encontremos principalmente abanderado por Andy Warhol y presente en su obra “Muerte y desastre”, de la que la autora ya en el capítulo siete se detendrá hasta cerrar prácticamente el libro reseñado. En los años sesenta la muerte se había convertido en un hecho 129129 cotidiano para la sociedad americana. Warhol descubre que los medios de comunicación hacen de la muerte algo rutinario y esa idea es la que plasma en la obra citada. Castanedo en este capítulo nos sitúa en el momento en el que nace “Muerte y desastre” y las razones que motivan al artista a iniciarla. En el siguiente capítulo hay una explicación muy bien desarrollada de cada una de las representaciones que componen la obra total. Los acontecimientos, accidentes y muertes que los medios de comunicación mostraban al mundo y que Warhol rescata de recortes de prensa para su composición. Muertes anónimas, de famosos como Marilyn Monroe, muertes grotescas, etc. En el capítulo nueve, titulado “La era de la ansiedad: Volumen II”, Warhol tras la muerte de Monroe aborda el tema del suicidio recogiendo noticias e imágenes previas a este o tras haber saltado de un rascacielos. Así es esta nueva cultura: enfermedades como la depresión, la ansiedad, surgen en esa sociedad que busca la felicidad a toda costa. No deja de ser irónico y paradójico, el sueño americano conduzca a las personas a una muerte que, si es lo suficientemente interesante, puede hacerse famosa y lo que es más emocionante aún, eterna en una obra de Warhol. El décimo y último capítulo que Castanedo redacta a modo de conclusión, es el cierre de un libro muy interesante y ameno que nos sitúa en el principio de un modelo social que parece en algunos aspectos no haber cambiado mucho, incluso con enormes similitudes con nuestro presente, en el que los medios de comunicación han pasado a tener mayor protagonismo ayudados por las nuevas tecnologías que hacen que todo el planeta pueda estar viendo un acontecimiento en directo y al mismo tiempo. Las muertes siguen siendo anónimas y forman parte de las estadísticas. Lo interesante de Warhol y su obra, como resalta la autora, es que hace al espectador cómplice y responsable de lo que tiene ante sus ojos: no debe mirar hacia otro lado, porque “los voyeurs no son los demás: el voyeur eres tú”. Tú eres parte del problema y también de la solución. 130130