Cinisca olimpiónica, paradigma de una nueva Esparta
Abstract
En el presente trabajo se estudia la figura de Cinisca en cuanto paradigma de los valores, escasamente licurgueos, que triunfaban en la nueva Esparta imperial de comienzos del siglo IV a.C. Hija y hermana de reyes, propietaria de un conspicuo patrimonio personal y dotada de un excepcional carácter agonístico, Cinisca fue la primera mujer en vencer en los juegos olímpicos. Sus victorias en el santuario panhelénico y sus recursos privados le sirvieron de plataforma para ejercer prestigio e influencia en una sociedad que la convirtió en heroína y en modelo para las jóvenes espartiatas.
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HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 31 CINISCA OLIMPIÓNICA, PARADIGMA DE UNA NUEVA ESPARTA* César Fornis Universidad de Sevilla [email protected] OLYMPIONIC CYNISCA, PARADIGM OF A NEW SPARTA RESUMEN: En el presente trabajo se estudia la figura de Cinisca en cuanto paradigma de los valores, escasamente licurgueos, que triunfaban en la nueva Esparta imperial de comienzos del siglo IV a.C. Hija y hermana de reyes, propietaria de un conspicuo patrimonio personal y dotada de un excepcional carácter agonístico, Cinisca fue la primera mujer en vencer en los juegos olímpicos. Sus victorias en el santuario panhelénico y sus recursos privados le sirvieron de plataforma para ejercer prestigio e influencia en una sociedad que la convirtió en heroína y en modelo para las jóvenes espartiatas. PALABRAS CLAVE: Cinisca, sociedad espartana, género, juegos olímpicos, riqueza. ABSTRACT: In this paper we analyze Cynisca as a paradigm of the values, scarcely Lycurgan, that triumphed in the new imperial Sparta of the early fourth century BC. Daughter and sister of kings, owner of a conspicuous personal patrimony and provided with an exceptionally agonistic character, Cynisca was the first woman to win at the Olympics. Her victories in the panhellenic sanctuary and her private resources were used as a platform for prestige and influence in a socie ty that turned her into a heroine and a model for young Spartan girls. KEY WORDS: Cynisca, Spartan society, gender, Olympics, wealth. RECIBIDO: 12.02.2013. ACEPTADO: 19.06.2013 De entre la no muy larga nómina de mujeres espartanas conocidas, quizá sean Gorgo y Cinisca las que mejor ilustran y encarnan la imbricación entre autoridad y género, por lo menos en época clásica 1. Dos mujeres que, pese a compartir * Este artículo es fruto del proyecto de investigación HAR2010-15756, del Ministerio de Economía y Competitividad. 1 Sobre la mujer espartiata en general: Redfield 1977/8; Cartledge 1981; Mossé 1983: 80-88; Bradford 1986; Kunstler 1983 y 1986; Dettenhofer 1993; Zweig 1993; Fantham et alii 1995; Ducat 1998 y 1999; Powell 1999; Millender 1999; Thommen 1999; Pomeroy 2002; Figueira 2010.
32 HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 CÉSAR FORNIS un linaje real y, consecuentemente, pertenecer a una elite espartiata con acceso a importantes recursos, eran bien distintas, y no solo porque se vean separadas en el tiempo por casi un siglo de vitales transformaciones en la sociedad espartiata. Si Gorgo fue, en palabras de Annalisa Paradiso, “la vestal de la Eunomía licurguea” 2, se podría decir que Cinisca representaba los dos valores que prevalecían en la nueva Esparta imperial de Lisandro y Agesilao II: el individualismo y la riqueza; si a Gorgo se llega a través de la moderación y la sabiduría práctica, arcaizante y concisa que emana de los pasajes herodoteos y de los seis apotegmas que le atribuye Plutarco, la senda para intentar conocer, por lo menos someramente, a Cinisca, viene en cambio trazada en gran medida por la monumentalidad (material) de su legado. En efecto, como veremos, Cinisca empleó de manera bien distinta el poder y el patrimonio que tenía a su disposición, de los que se valió para llevar a cabo hazañas personales, entre la que destacó sin duda su victoria en el τέθριππον, la carrera de carros de cuatro caballos de los juegos olímpicos de 396, la primera lograda por una mujer en Grecia, incluso sin pisar la tierra sagrada de Olimpia, pues como es sabido las mujeres tenían vetada la entrada al santuario panhelénico (Paus. 5.6.7). Cuatro años después, en la Olimpíada 97, Cinisca repetiría su gesta 3. Ella había triunfado en un escenario exclusivamente masculino, abriendo el camino para que después otras mujeres, especialmente lacedemonias, triunfaran también en Olimpia, aunque ninguna, al decir de Pausanias (3.8.1), se distinguió tanto como ella 4. Tales victorias revelan que, además de pudiente, Cinisca fue una mujer dotada de un carácter excepcionalmente agonístico, competitivo, y que la movía la ambición de realizar grandes empresas. Por el contrario, ninguna máxima lacónica se preserva de ella, ningún consejo sagaz, inapelable, digno de ser recordado por la tradición, lo que no impidió que dejara una impronta indeleble en la sociedad espartiata contemporánea y futura, que hizo de ella una heroína y le rindió culto como tal (Paus. 3.15.1). No es mucho lo que sabemos sobre Cinisca. Espartiata de noble cuna, nacida en el seno de la casa real euripóntida y, por tanto, de estirpe heraclida, era hija del rey Arquidamo II y hermana de otros dos diarcas más, Agis II y Agesilao II (X. Ages. 9.6; Paus. 3.8.1). Desconocemos la fecha de nacimiento o de muerte 5. 2 Paradiso 1993: 111. 3 Pausanias (6.1.6) habla simplemente de “victorias” y la historiografía moderna desde Moretti 1953: nº 17 (pp. 41-44) ha asumido que éstas se produjeron en dos ciclos olímpicos, dado que la princesa espartiata se hace representar (vid. infra) con su tronco de cuatro caballos, pese a lo cual, en un exceso de prudencia, Perry 2007: 81 con n. 2 no descarta que se hubieran producido en un solo ciclo (en tal caso, obviamente, Cinisca también se habría impuesto en la synorís o carrera de carros de dos caballos, aunque el Periegeta probablemente lo hubiera señalado). 4 Como es sabido, la mujer espartiata practicaba con asiduidad diferentes modalidades deportivas (véase v.gr. Arrigoni 1985: 65-95; García Romero 2008, con bibliografía actualizada). 5 Se tiende a pensar que no debía de llevarse mucho con Agesilao, de modo que en 396 y 392, fecha de sus victorias, tendría cuarenta y tantos años.
HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 33 CINISCA OLIMPIÓNICA, PARADIGMA DE UNA NUEVA ESPARTA Ignoramos igualmente si contrajo matrimonio y llegó a formar una familia. Del dato proporcionado por Heródoto (6.71.1) acerca de que su abuelo Zeuxidipo era llamado Cinisco, se ha inferido que Κυνίσκα podría haber sido un apodo, que significaría “cachorro”, “pequeño sabueso” 6; no tiene que ser así, sin embargo, habida cuenta que la mayoría de los nombres griegos son parlantes y que este antropónimo, no demasiado común, se repite en este período, cuando menos, en un harmosta que sirvió en el Quersoneso en el año 400 –se ha aventurado que quizá pudiera tratarse de un sobrino de Agesilao II– y en dos miembros, padre e hijo, de una familia aristocrática de Mantinea relacionada con Agesilao probablemente a través de vínculos de xenía 7. De cualquier modo, no deja de ser significativo que el nombre evoque el universo cinegético propio de las clases acomodadas helenas, que veían en la caza un perfecto entrenamiento para la guerra. Lo que sí sabemos es que poner un ἅρμα, un carro con tiro de caballos, en la arena de Olimpia era en sí mismo una demostración de riqueza personal 8. Y hacer que ganara, lo era mucho más. Los casos de Alcibíades o los tiranos de Sicilia son en este sentido paradigmáticos. Se necesitan, entre otras cosas, extensas propiedades con pastos para la cría de caballos, establos, personal especializado (criadores, entrenadores, auriga, veterinario, artesanos para la construcción, mantenimiento y reparación del carro, etc.), además de los gastos consustanciales a los desplazamientos para acudir a las competiciones, en ocasiones lejanas 9. La hippotrophía, la cría de caballos, es una afición cara y gravosa per se –recuérdese por ejemplo que en Las nubes, de Aristófanes, el personaje de Estrepsíades se ve arruinado por la afición a la hípica de su hijo Fidípides–, pero lo es aún mucho más si está presidida por la competitividad, por la adquisición y mejora de una cuadra excelente destinada a contender en unos juegos panhelénicos. Pausanias (3.8.1) identifica a Cinisca como la primera mujer en poseer una cuadra de caballos de carreras. En consecuencia, las victorias de Cinisca ponían de manifiesto ante la Hélade no solo la libertad e independencia de la mujer espartana para tomar parte en un certamen panhelénico, sino también su gran poder económico. ¿Cuál es la fuente de tal riqueza privada? Como por un lado parece difícil que pueda provenir de una dote y, por otro, como desde luego Cinisca, con dos hermanos vivos, no era una patroûchos, la respuesta probablemente se encuentre en el peculiar sistema hereditario espartano, que, según ha demostrado Stephen Hodkinson, permitía que las hijas heredaran una parte del patrimonio de sus padres, incluso habiendo hermanos varones; en virtud de tal sistema, denominado “universal femenino”, las propiedades se repartían entre todos los hijos, incluidas las mujeres, quienes recibirían aproximadamente la mitad de tierra que su(s) 6 Pomeroy 2002: 21. 7 Tuplin 1977, con las referencias. Hay algún ejemplo de este nombre en Epiro e Iliria (cf. Fraser, Matthews 1997: s.u. Κυνίσκος). 8 Davies 1971: xxv-xxvi n. 7. 9 Hodkinson 2000: 314-316.
34 HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 CÉSAR FORNIS hermano(s), sin que exista por tanto un derecho de primogenitura 10. Al mismo tiempo, existía en Esparta una evidente tendencia a la endogamia y a la poliandria como vías para evitar en lo posible que ese patrimonio saliera del círculo familiar, lo que, aplicado a los miembros de las dinastías reales, favoreció la acumulación de grandes patrimonios en manos de los mismos. De esta forma, tendríamos que Cinisca habría recibido una parte importante del sin duda conspicuo patrimonio del rey Arquidamo II 11. Por otro lado, Esparta tenía reputación en la hippotrophía, tradicional actividad de cuño aristocrático. Pausanias (6.2.1-2) enumera varios vencedores y describe a los espartanos como los más interesados de todos los griegos en la cría de caballos desde las guerras médicas. Cabe recordar también que el diálogo Alcibíades I, atribuido a Platón, sitúa a los caballos de las llanuras mesenias entre las posesiones que hacen de los espartanos los más ricos de los griegos (122d), para enseguida señalar a los reyes como los más ricos entre todos (123a). Aunque no hay memoria de vencedores espartiatas en las pruebas hípicas de Olimpia durante la siguiente generación a la guerra contra el medo, en el período que va desde 448 a 388 los espartiatas dominan espectacularmente la carrera de ἅρματα de cuatro caballos, donde ocho personas diferentes obtienen diez victorias 12. El vencedor era considerado un elegido y un protegido de los dioses, imbuido de chárisma. Sin la misma resonancia internacional, competiciones hípicas celebradas en fiestas locales acogidas por santuarios lacedemonios son igualmente testigos de las victorias por parte de algunos espartiatas que dejaban constancia pública de las mismas, como hicieron Damonón y su hijo Enimacrátidas, cuya estela de mármol, coronada por el relieve de una cuadriga en carrera, se levantaba en el santuario de la divinidad políada, Atenea, en la acrópolis espartana; más allá del elevado número de triunfos registrados, obtenidos con caballos nacidos en su propia cuadra (ἐκ τᾶν αὐτῶ ἵππον) y alimentados en su propiedad, el epígrafe, que data probablemente de principios del siglo IV, proclama que ambos condujeron personalmente los carros (αὐτος ἀνιοχίων), sin recurrir, como era habitual, al auriga, lo que es prueba adicional de areté tanto por destreza como por valor en la asunción de los riesgos inherentes a la carrera 13. En el génos de Cinisca tenemos varios parientes femeninos cuyos nombres remiten a la cría de caballos 14. De hecho, según Jenofonte (Ages. 9.6), habría sido su 10 Hodkinson 2000: 65-112. 11 Hodkinson 2000: 102-103, para quien Cinisca heredaría 1/5 del patrimonio de su padre. 12 Hodkinson 2000: 308-309, con tabla XII. De Ste. Croix 1972: 354-355 arranca desde el año 548 para recoger, hasta 368, 13 o 14 vencedores en un total de 17 o 18 carreras de carros (una victoria es dudosa). Cf. también Nafissi 1991: 165-167. 13 IG V 1.213; Moretti 1953: nº 16 (pp. 36-40). Un reciente y riguroso análisis del texto de la estela de Damonón, con la pretensión de establecer “un modelo del funcionamiento de la dimensión étnico-la- cedemonia de la religión en Laconia”, en Nafissi e.p., que recoge toda la bibliografía anterior y discute la cronología. 14 Detallados en Pomeroy 2002: 21.
HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 35 CINISCA OLIMPIÓNICA, PARADIGMA DE UNA NUEVA ESPARTA hermano Agesilao quien la persuadió para que criara caballos de carreras, aunque el historiador ateniense, panegirista de un rey que era su patrono y benefactor, le atribuye una finalidad más acorde con los principios licurgueos: el triunfo de Cinisca sería una forma de demostrar que la victoria en este tipo de prueba no era signo de virtud varonil (οὐκ ἀνδραγαθίας), sino de riqueza (ἀλλὰ πλούτου). Jenofonte (ibid.) asegura que Agesilao prefería que otro tipo de caballos “adornaran su propiedad», los caballos de guerra, una posesión y una actividad “dignas de un hombre”. En el otro bíos de Agesilao, no menos encomiástico, Plutarco repite casi palabra por palabra el pasaje jenofóntico, solo que cambia andragathía por areté, término más general que evita la componente de masculinidad que conlleva el anterior (20.1); ahora bien, añade algo que silencia Jenofonte: algunos ciudadanos se tenían en alta estima y se enorgullecían de los caballos de carreras que criaban (ἅρματροφία), lo que según el polígrafo de Queronea desagradaba al diarca. Los testimonios de Jenofonte y Plutarco contrastan abiertamente con el de Pausanias, quien no hace mención de Agesilao y atribuye a Cinisca un interés desmedido por triunfar en Olimpia (3.8.1). El comentario de Jenofonte a la escasa andragathía de vencer en las carreras de carros descansa sobre la idea, expresada en el siguiente párrafo del Agesilao (9.7) y, por boca de Simónides, en el Hierón (11.5), de que no hay mérito o distinción alguno en tener riqueza y emplearla para estos menesteres tan personales y que sirven de tan poco al Estado. Ahora bien, la glosa ha dado pie a que algunos autores eliminen todo tipo de iniciativa, mérito e influencia a Cinisca para convertirla en una especie de marioneta de Agesilao, al que presentan ya sea atento a utilizar el caudal de fama emanado de la victoria de su hermana en aras de su propaganda panhelénica 15, ya obsesionado con borrar el recuerdo del presunto affaire entre Alcibíades y Timea, acontecido dos décadas antes, para así “lavar el honor de la familia euripóntida” 16, ya empeñado en avergonzar a los eleos demostrándoles que el dinero no compra una victoria olímpica, no importa si en esta tesis el legítimo triunfo de Cinisca se ve mezclado –y confundido– con escándalos de trampas y sobornos en los que se vieron involucrados diversos atletas en las Olimpíadas de comienzos del siglo IV 17. Son, por lo demás, reacciones a otra tendencia, representada últimamente por Pomeroy, que ve en Cinisca una mujer díscola y desafiante hacia el poder casi omnímodo de su hermano Agesilao 18, y que pasan 15 Cartledge 1987: 150; Shipley 1997: 247-248. 16 Kyle 2003. Bajo esta luz, la afirmación de Cinisca de ser “la primera mujer de toda Grecia” vendría a parodiar la oda compuesta por Eurípides a mayor gloria de Alcibíades tras el insultante triunfo de sus carros en los juegos olímpicos de 416, que “ningún otro griego” había obtenido. Tales elucubraciones carecen del debido apoyo en las fuentes. 17 Perry 2007, que se basa tan solo en cierta similitud entre el lenguaje utilizado por Jenofonte y Plutarco en los pasajes citados supra a propósito de Cinisca con el de las inscripciones de los Zanes, estatuas de bronce erigidas como expiación de su culpa por seis atletas acusados en los juegos de 388 de intentar sobornar a sus competidores, según cuenta Pausanias (5.21.2-4). 18 Pomeroy 2002: 76.
36 HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 CÉSAR FORNIS por alto el que, por más que supongan una exposición de riqueza, las pruebas hípicas, en tanto actividades agonísticas, se fundamentan en la philotimía, uno de los valores prístinos y más respetados en la sociedad espartiata. Así pues, los datos parecen confirmar la inclinación de los espartanos más acomodados a buscar de esta forma, con el triunfo en este tipo de competiciones, la prominencia a los ojos de sus conciudadanos y de los demás griegos mediante un despliegue de boato y de riqueza que, de otro modo, se les negaría en la peculiar sociedad lacedemonia; en su patria, efectivamente, la ideología comunitaria arropaba restricciones estatales a la exhibición y el uso de riqueza privada, ya fuera en la vida cotidiana o en las prácticas funerarias 19. Las pruebas hípicas, en cambio, son actividades agonísticas que sirven de escaparate, a la vez, a riqueza y a virtud 20. Si Agesilao pretendió en algún momento mostrar a sus súbditos que no hay virtud en vencer en las carreras de carros –cosa que no creemos–, no tuvo demasiada suerte, ya que en el Arquidamo, discurso puesto en boca de su hijo Arquidamo III, Isócrates se hace eco de la afición de los espartiatas por “alimentar troncos de voraces caballos” (55), y eso que se encontraban en un momento crítico en el que la pérdida de la fértil Mesenia les había dejado, según el rey, en la necesidad de buscar el sustento cotidiano. Cinisca no fue, por consiguiente, una mujer adelantada a su tiempo, sino una mujer de su tiempo. Y la Esparta de su tiempo era bien diferente a la Esparta de Gorgo. La guerra del Peloponeso había acelerado, que no originado, los cambios en una sociedad espartiata que sin embargo nunca estuvo petrificada, como se empeña en mostrar la tradición antigua. El sometimiento de Atenas, de la que hereda un rico imperio ultramarino que gravita entre el Egeo y Asia Menor, acabó por vencer la resistencia de las facciones y corrientes de opinión más centrípetas y, con ella, de los últimos anclajes de Esparta con la edad de oro licurguea. Se ampliaron entonces las diferencias socioeconómicas en unos hómoioi que nunca fueron tales: mientras unos pocos, vadeando los preceptos del mítico legislador, acumulaban patrimonio y poder, otros tenían dificultades para contribuir diariamente con los alimentos a las sysssitíai y, aquellos que no cumplían, perdían la ciudadanía y pasaban a la categoría de hypomeíones. El testimonio de Aristóteles (Pol. 1270a15-22, 1307a26-36) es suficientemente contundente a este respecto. En el marco de estas transformaciones la victoria en la carrera de carros de unos juegos panhelénicos podía satisfacer el anhelo de gloria, de reconocimiento y de prestigio de los espartiatas más ricos, que destinaban parte de sus vastos recursos a la cría de caballos de competición como mecanismo para fortalecer su posición de relevancia dentro y fuera del estado lacedemonio, no solo de forma simbólica, sino también material, dado que servía de plataforma para el acceso a altos puestos políticos, diplomáticos y militares. Por la misma época, a caballo entre los 19 Véanse los capítulos 7 y 8 de Hodkinson 2000 (pp. 209-270), que recoge y examina todas las fuentes. 20 Nafissi 1991: 171.
HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 37 CINISCA OLIMPIÓNICA, PARADIGMA DE UNA NUEVA ESPARTA siglos V y IV tenemos documentados diversos grupos sociales de estatuto ambiguo que se mueven en los aledaños de la ciudadanía, pero sin participar de la misma, en una situación de dependencia. Es en estos momentos también cuando afloran el patronazgo y el clientelismo, antes aletargados, de cuya utilización dio perfecta muestra el rey Agesilao 21. No es sorprendente que los antiguos, igual que el oráculo délfico, atribuyeran a la corrupción y a la avaricia la ruina de Esparta 22. El empobrecimiento de los ciudadanos y un esfuerzo bélico continuado – que sobrepasa con mucho las posibilidades de un cuerpo cívico exiguo– agudizaron la endémica oliganthropía espartiata. En este contexto, con un cuerpo cívico de apenas setecientos ciudadanos, a mediados del siglo IV Aristóteles critica el excesivo poder económico que los espartanos han concedido a sus mujeres, poseedoras de dos quintas partes de la tierra (Pol. 1269b12-1270a34, que incluye el término γυναικοκρατία). Algunas de ellas, beneficiándose de herencias y dotes, ciertamente habían logrado concentrar un gran patrimonio. La escasez de ciudadanos, unida a un sistema de herencia universal femenino, facilitaron que las mujeres alcanzaran desde finales del siglo V una indudable posición de privilegio en la gestión económica pública y privada de la sociedad lacedemonia, una influencia económica de la que derivó, naturalmente, una influencia social y, hasta cierto punto, política 23. El proceso continuaría imparable y el punto culminante llegaría, si creemos a Plutarco, con el papel determinante que a mediados del siglo III desempeñan Agesístrata, Arquidamia y Cratesiclea, latifundistas con una fortuna superior a la de cualquier ciudadano espartano contemporáneo, en los intentos de reforma de los reyes Agis IV y Cleómenes III (Agis 4.1; 7; Cleom. 6.2; 7.1) 24. Éste es el contexto político, social y económico de la Esparta que vio vencer a Cinisca en Olimpia. Ahora bien, la gloria panhelénica lograda en los juegos necesita de los soportes o canales para perpetuarla y hacerla imperecedera, que tradicionalmente son el monumento y el poema de la victoria. Pausanias (6.1.6) nos cuenta que el gran escultor Apeles (o Apeleas) de Mégara fue el autor de un grupo escultórico en bronce erigido en el Altis de Olimpia, el lugar nuclear de actividad cultual en el santuario, justo a la derecha del templo de Hera, que representaba el carro, los caballos y el auriga con los que Cinisca había vencido. Al lado del conjunto, Apeles hizo una estatua en bronce de la olimpiónica 25. El Periegeta añade que había también epigrámmata grabados en la estatua de Cinisca, obviamente 21 Cartledge 1987: 139-159; Fornis e.p. 22 Arist. fr. 544; D.S. 7.12.8; Cic. Off. 2.77. 23 Dettenhoffer 1993 ha enfatizado este último punto, el de la “participación” política. Recientemente Thomas Figueira (2010) ha postulado, sin embargo, que esta ginecocracia de la que habla Aristóteles se manifestaría ante todo en la influencia y supervisión que ejerce la mujer espartana sobre la educación y la conducta masculinas. 24 Sobre la representación dramatizada de la mujer espartana por Plutarco –y por su fuente, Filarco–, véase Powell 1999. 25 Según Plinio (H.N. 34.86), Apeles parece haberse especializado en representar mujeres oferentes (adorantes feminas), con lo que se ha pensado que también Cinisca podría haber estado en actitud de
38 HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 CÉSAR FORNIS cantando sus hazañas al objeto de inmortalizar el nombre de la vencedora, extremo éste que vino a confirmarse cuando se halló en Olimpia la basa de dicha estatua, en mármol blanco y con la huella de unos pies en su parte superior, en la cual aparecía inscrito un epigrama que, aunque dañado, ha podido ser restaurado gracias a que fue incluido en la Antología Palatina. En el epígrafe, es la propia Cinisca quien proclama, orgullosa, a toda la ecúmene: Σπάρτας μὲν [Βασιλῆες ἐμοὶ] πατέρες καὶ ἀδελφοί · [ἅρματι δ´ ὠκυπόδων ἵππων] νικῶσα Κυνίσκα εἰκόνα τάνδ´ ἔ[στασα ·] μόναν δ᾿ἐμέ φαμὶ γυναικῶν ῾Ελλάδος ἐκ πάσας τό[ν]δε λαβεῖν στέφανον. Mis padres y hermanos fueron reyes de Esparta. Yo, Cinisca, vencedora con un carro de veloces corceles, erijo esta estatua. Y afirmo que, de todas las mujeres de Grecia, soy la única en haber ganado esta corona 26. El poema combina, por un lado, la exaltación de linaje y de género y, por otro, no encaja bien ni con la tradicional ideología cívica imperante en Esparta ni con la opinión supuestamente manifestada por el hombre fuerte del momento, el rey Agesilao. Pausanias afirma desconocer la autoría del epigrama, escrito en dialecto laconio de la primera mitad del siglo IV y en un estilo no demasiado literario 27. Los lacedemonios no solían en verdad conmemorar ningún hecho de semejante manera, con una composición poética; el único precedente, nos dice el Periegeta, lo constituía el epigrama compuesto por Simónides en honor de Pausanias, vencedor en Platea, e inscrito en el trípode dedicado en Delfos (3.8.2) 28. Esto nos da idea de la importancia que Cinisca concedía a la empresa lograda y, al tiempo, de la magnitud del reconocimiento que esperaba le fuera tributado. El espléndido monumento a la victoria de Cinisca sobresalía por encima del de cualquier otro espartiata triunfador en una competición ecuestre. Porque, en contraste con la ausencia de epinicios o de otro tipo de canciones conmemorativas de triunfo, los espartiatas sí venían erigiendo monumentos a su victoria en la carrera de carros desde por lo menos mediados del siglo VI, monumentos que un siglo después, desde la década de 440, comienzan a hacerse más personalizados con la inclusión de una estatua del vencedor. Eran, con todo, monumentos dar gracias a los dioses; sin embargo, la orientación de la traza dejada por los pies de la desaparecida figura de Cinisca indica que ésta miraba al grupo integrado por el carro, el tiro de caballos y el auriga. 26 Anth. Pal. 13.16; IG V 1.1564a; Curtius, Adler 1896: nº 160; Moretti 1953: nº 17 (pp. 41-44) y 1957: nos 373, 381 (pp. 114-115); Ebert 1972: nº 33 (pp. 110-113). 27 Normalmente la composición era por encargo, pero no puede descartarse del todo que fuera compuesto por la propia princesa espartana (recordemos que Esparta fue también singular en dar al mundo griego poetisas de renombre como Megalóstrata [Ath. 13.600F] y Clitágora [Ar. Lys. 1237]). 28 Ciertamente la sociedad espartana no favorecía ni la celebración ni el canto de glorificación individual.
HABIS 44 (2013) 31-42 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 39 CINISCA OLIMPIÓNICA, PARADIGMA DE UNA NUEVA ESPARTA sencillos, modestos, que no admiten parangón con el levantado por Cinisca, que sumaba un total de siete figuras de bronce, con un coste aproximado de unos tres talentos 29. Pero es que, además, no fue ésta la única celebración de Cinisca en el santuario sagrado. En otro pasaje (5.12.5) Pausanias explica que, nada menos que en el pronaos del templo de Zeus, la princesa espartiata dedicó un grupo de caballos, en esta ocasión de tamaño inferior al natural. En dicho lugar las excavaciones alemanas pusieron al descubierto una basa marmórea en la que, por su cara más corta y vertical, corre la inscripción ᾿Απε]λλέας Καλλικλέους [ἐποί]ησε (“[Ape] leas, hijo de Calicles, [lo] hizo”) 30, con el tipo de letra propia de comienzos del siglo IV y que parece habría que identificar con el pedestal del monumento ofrendado por Cinisca. También se han preservado dedicaciones de Cinisca en Esparta. Su nombre ha sido reconstruido en un capitel y un ábaco dórico ofrendados a la homérica Helena en el Meneleo de Esparta y que seguramente servían de soporte para el exvoto (IG V 1.235); las excavaciones conducidas por la Escuela Británica a comienzos del siglo pasado sacaron a la luz en este santuario numerosas figurillas femeninas a caballo en terracota que presuponen algún tipo de competición o celebración hípica ritual en honor de la heroína, tras la cual la vencedora posiblemente dedicaría la ofrenda 31. Las letras KYN aparecen en otro fragmento de mármol con una referencia al Amicleo, el santuario de Apolo Jacintio en Amiclas (IG V 1.1567), en cuyas fiestas, las Jacintias, según cuenta Ateneo (4.139f, basado en Polícrates), las doncellas espartiatas desfilaban subidas unas en carretas de juncos y otras en carros engalanados 32. Cabe suponer que Cinisca realizaría muchas otras ofrendas en santuarios, locales o no, de las que no tenemos constancia, en una prueba más de la disponibilidad de cuantiosos recursos económicos. Del prestigio, autoridad e influencia alcanzados en Esparta por Cinisca dice mucho que, a su muerte, recibiera culto heroico y se le levantara un santuario: Pausanias (3.15.1) afirma haber visto su herôon en el centro de Esparta, en Platanistas, el gimnasio en el que tenían lugar los combates rituales entre los efebos, junto al drómos en el que corrían los jóvenes de ambos sexos, no lejos del santuario de Helena y de la tumba de Alcmán. El Agesilao de Jenofonte, como el propio historiador, se habría sentido decepcionado al comprobar que se rendía culto al ploûtos y no a la areté. Si dejamos al margen la figura homérica y, de ahí, legendaria de Helena, objeto de culto junto a su esposo Menelao en el llamado 29 Hodkinson 2000: 320-322, con tabla 13. Carece de cualquier sustento en las fuentes la hipótesis de Perry 2007: 87 según la cual Agesilao habría costeado la estatua de Cinisca “con fines sarcásticos más que celebratorios”, como un medio de avergonzar a los eleos, administradores del santuario, tras el escándalo protagonizado por León de Ambracia y Eupólemo de Elis en los juegos de 392 (Paus. 6.3.7). 30 Curtius, Adler 1896: nº 634. 31 Arrigoni 1985: 93, con n. 146. 32 Arrigoni 1985: 94, con n. 149, que recoge las distintas interpretaciones del pasaje.