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La Niña de los Peines y su mundo flamenco

Cruces Roldán, Cristina

Full text

14 IJULIO-SEPTIEMBRE 2009 C is ina C uces ARTÍCULO Fi mas C is ina C uces Roldán Au o a del lib o ‘La Niña de los Peines. El mundo lamenco de Pas o a Pa ón’. Los a lan es del can e, aquéllos que cons uyen épocas en o no a sí, quienes con jus icia equipa able a o os -pe o al ez con mayo o una-, se han con e ido en mi os de la oz la- menca, se cuen an con los dedos de dos manos: Chacón, Ma- nuel To e, Ma chena, Ca acol, Mai ena, Cama ón, Mo en e... y La Niña de los Peines. Una muje sola, única can ao a en los iempos en que, desapa ecidas apenas una e na de nomb es del ca é -aquellas que “no acaban la gue a”, como las cali icó Fe nando el de T iana- se había quedado sin más compe ido- es que Chacón y Manuel To e. Fue Pas o a Pa ón (Se illa, 1890-1969) es igio úl imo emenino de la g an e apa de o o del can e; su p esencia y, después, su ecue do, cau e iza on una memo ia colec i a que endu eció el acceso de o as can- ao as a un ono ya la gamen e ocupado, como eco dó Juani o Valde ama en sus memo ias. P ecisamen e, la condición de Pas o a como muje -como las de gi ana, lamenca y can ao a- no pe mi ía an icipa la ex- celencia p o esional que llega ía a alcanza , en un a e y un am- bien e masculinizado como el del lamenco, acos umb ado más bien a que las p o esionales ue an sis emá icamen e aca eadas hacia las exhibiciones co po ales de su baile. Las a is as de la época, no lo ol idemos, i ie on p esas de una con inua sos- pecha sob e su i uosismo mo al que las descali icaba social- men e, y de unos con encionalismos de los que solo algunas consiguie on escapa , no sin he idas. Pas o a, que ue al ez la “E a mode na” de los años 1910, 20 y 30 pa a el can e la- menco, consiguió supe a du an e es as décadas, con a es os p opios, el es a u o his ó ico de la muje andaluza, impone su ama en compe encia con los homb es del momen o, asoma se a la mo ilidad geog á ica (y amo osa), supe a las limi aciones de los oles p i ados y la se idumb e domés ica. Con el paso de los años, odo cambió: la somb a que su mad e había aboce ado has a 1922 se ala gó en la pe sona de su ma ido, José To es Ga zón, ‘Pepe Pin o’, cuando se e i ó de la p o esión as el acaso del espec áculo España y su can ao a (1949). Es aba oda ía plena de oz, aunque al ez no de espí- i u: según decla ó a Jose ina Ca abias en 1935, enegaba de los nue os gus os del público y deseaba la ida domés ica en su ape- ecida Se illa. No esul a di ícil pensa que Pas o a se sume - gie a po in en la compos u a y la espe abilidad del papel de esposa andaluza que no aspi aba a ene una “habi ación p o- pia”, pe o Pepe debió ene bas an e que e en es o, pues in- dujo un i aje has a en onces nunca acaecido con los homb es que hubo en la ida de La Niña de los Peines. Él mismo de- cla ó habe sido quien “le ha p ohibido can a ”, y Pas o a eco- nocía habe se e i ado po que su esposo “no que ía que yo siguie a abajando”. “Desde que nos casamos es mi ma ido y yo le obedezco”, decla ó en 1966 a Manuel Alonso Vicedo. Du- an e los años 50 y 60, has a la mue e en ida que supuso su a - e ioescle osis, la ida a ís ica y can ao a de La Niña se limi ó a se acompañan e iel en las gi as de Pepe y a sen a se en la pue a del año ado Ba Pin o, en la Campana. La pe sonalidad dis an e de un os o que Edua do Pé ez O ozco, es igo de la época, de inió como “de iolencia con enida… de soledad, de absolu a soledad”, ebullía no obs an e de cuando en cuando can ando po bule ías o segui iyas en el so anillo del es ablecimien o. Las azones que concie nen a los andaluces en su ínculo con Pas o a Pa ón, y el po qué ue elegida pa a da el p ime paso en la conside ación del lamenco den o de las acciones ad- minis a i as de u ela pa imonial, se sin e izan en los 258 can- es que edi a a en placas de piza a en e los años 1910 y 1950. Un despliegue p ác icamen e in eg al de es ilos lamencos con 691 coplas g abadas, en e las que descuellan po su núme o bu- le ías, solea es, ien os, ca agene as y segui iyas. Regis os so- no os que ue on decla ados en 1999 Bien de In e és Cul u al de Andalucía, digi alizados y publicados g acias a la labo de la Conseje ía de Cul u a de la Jun a de Andalucía, en una acción de conse ación y omen o que nos pe mi e conoce po in oda su ob a, de la que apenas un po cen aje exiguo había sido con- enien emen e eedi ado y celeb ado po la a ición. Si bien la ca e a can ao a de La Niña de los Peines docu- men a ac uaciones con o os muchos gui a is as, desde Habi- chuela a Manolo de Huel a, sie e ue on sus acompañan es g amo ónicos: Ramón Mon oya (1910, 1912 y 1930), Luis Mo- lina (1913, 1914 y 1915), Cu i o de la Je oma (1917), Niño Ri- ca do (1927, 1932 y 1936), Manolo de Badajoz (1929), An onio Mo eno (1933) y Melcho de Ma chena (1946, 1947, 1949 y 1950). Con ellos, Pas o a cumplimen ó es pe iodos de p o- ducción musical i epe ibles. Has a 1917, sus egis os se so- me en a un epe o io clásico de segui iyas, solea es, bule ías, ca agene as, a an as, así como a los lecos es ilís icos de los ca és can an es (especialmen e, a uca, pe ene a y ga o ín), con g an in luencia de colosos can ao es, o mando glo iosa pa- eja con Luis Molina y con i iendo el ango (lo que hoy lla- ma íamos p opiamen e “ ien o”) en su innegable ma ca es é ica. Un inconcebible pe iodo de desie o sono o -p eso al ez de ocaciones más populis as en las emp esas musicales- se ex- iende en e 1917 y 1927. Inco po ado el disco de imp esión eléc ica en 1926, las excelencias del dúo Pas o a-Rica do ab en y cie an el pe iodo 1927-1935, au én ica “bisag a es ilís ica” de su epe o io en la que, además del epe o io clásico an edicho (segui iyas, solea es, ca agene as, a an as, angos y bule ías co - as), apues as i ales ijas a las que nunca enunció en sus placas, con inúa la a en u as de can es ame icanos que inició con umba, idali a y guaji a, con sones cubanos lamencos (milonga y colombiana) y andangos a la moda. En una España con ue - La Niña de los Peines y su mundo lamenco JULIO-SEPTIEMBRE 2009 I15 La Niña de los Peines, con abanico. FOTO: Fondos del Cen o Andaluz de Flamenco. 16 IJULIO-SEPTIEMBRE 2009 es con ulsiones polí icas, La Niña de los Peines de iene sus g a- baciones du an e once años, has a que en e 1946 y 1950 iniqui a las placas quien hab ía de se su úl imo y lamenquísimo gui a- is a, Melcho de Ma chena, en las imp esiones quizá más di- undidas y popula es de la a is a, donde se esume y cie a el cí culo de su colección can ao a. A lo la go de es as cua o décadas, la oz de La Niña se man- iene en los mismos ni eles de excelencia. Las luc uaciones emo- cionales y écnicas que nos b indan es as placas (po pone sólo un ejemplo: la ejecución de segui iyas de o ma o a más ai osa o en- e necida, o a más quejumb osa), se nos apa ecen más bien como el esul ado anímico del momen o en el que ue on imp esiona- das que como un cambio de modelo. Sus egis os ocales, sin em- ba go, son di e sos y poliéd icos: a iedad de modos ímb icos, capacidad í mica, melódica y a mónica simul ánea, in achable ac- u a en las modulaciones ocales, que an desde las glosolalias al quejío , del i uosismo melódico a la hondu a. La Niña bo dó los con as es exp esi os, los ligados, los uba os ; su ágil ga gan a, dulce y espeluznan e, ue dueña de sensibilidad y exhube ancia, mic o- onalidades y ajos po igual, den o de una poli alencia es é ica que anidaba en la e sa ilidad de egis os ocales. En odas las placas que imp esionó du an e la p ime a mi ad del siglo XX, Pas o a des ila la segu a in luencia de o os in é - p e es lamencos ce canos a su ida, como Sebas ián el Pena, la T ini, la Se ne a, Fos o i o el Viejo, Niño Medina, Manuel To e y Chacón (demiu gos de la música lamenca), F ijones, Escacena, la Mo eno, la Pe la, Vallejo y sob e odo sus he manos Tomás y A u o. La idelidad al co edo Se illa-Je ez-Cádiz se man u o in- mu able en la selección dominan e de es ilos y a ian es. A algu- nos o os can ao es escucha ía, a buen segu o, g acias a los nue os ingenios sono os que aje on consigo los albo es del siglo XIX y p oli e a on con el XX. Pas o a ue an o p o agonis a como con- sumido a de los g amó onos que e oluciona on el concep o de audición en es as echas: alga eco da su deco ada g amola po - á il, hoy deposi ada en la Peña Juan B e a de Málaga. Una ciudad, po cie o, muy ecuen ada po Pas o a en su ju en ud, g acias al omance que i ió, de o ma in e mi en e pe o du an e décadas, con un emp esa io de la ciudad. La a en u a se ompe ía inal- men e al conoce al jo en can ao Pepe Pin o, ece años meno que ella, con el que con ae ía ma imonio en el año 1933. Mal que pese al esencialismo jondo, no se ía jus o deja de e- conoce la ascendencia que ambién u ie on sob e la ob a la- menca de Pas o a ejecu an es de o os es ilos y géne os a ís icos, conc e amen e del amplio mundo de las a iedades, coe áneas y a la ez he ede as de la Belle Époque . El ci co, el humo , el ea- o, la za zuela, las compa sas de ca na al, las exhibiciones co eo- g á icas, la sicalipsis, el géne o ín imo y el cinema óg a o (Pas o a can ó en los in e medios de las “exhibiciones pa lan es” du an e las décadas de 1910, 20 y 30) inunda on las mismas ablas que las do- lien es segui iyas y las sen idas solea es de lamencos y lamencas, in é p e es -a su ez- de los más a iados mues a ios lí icos, ol- kló icos y has a cómicos. La noche só dida y la jue ga e an ecinas de las e emé ides de Amalia Molina, Emilia Beni o o la Goya. Do a la Co dobesi a, Raquel Melle , la A gen ini a, an admi ada po La Niña, y an as o as cuple is as, es án de ás y explican en pa e la ocación de Pas o a po lle a el cuplé a la bule ía, a a- és de c eaciones magis ales pa icipadas po sus gui a is as, y es- pecialmen e po Niño Rica do. Todo ello se p oduce en un iempo de ánsi o en e el ca é, la in elec ualización del Concu so de G anada, la Ópe a Flamenca, las angua dias del mode nismo de in luencia ame icana, los es- Con Pepe Pin o. FOTO: Fondos del Cen o Andaluz de Flamenco. JULIO-SEPTIEMBRE 2009 I17 pec áculos de inspi ación en ai es andaluces (no hay sino que e- co da la ac uación de Pas o a en 1940 en Las Calles de Cádiz ) y la copla. Joyas como las cas izas La Maja A is oc á ica , La Chun- gui a , Laga ije a o Doña Ma iqui a ; los cómicos El Ba be o o el es ibillo de Mamá comp ame un neg o ; los lamencos y agi ana- dos Manoli o Reyes o la Canción del Ole y To cua a ; Los Oji os Neg os , sones cubanos lamencos he edados de un núme o de “La Temp anica”, y o as conexiones es ilís icas con lo popula como el Romance de los pe eg ini os , las Lo queñas , Los Cua o Mule os o Cieli o Lindo , ep esen an p ueba i e u able de con- i encia en e o mas musicales y a ís icas de a iada na u aleza a lo la go de es e pe iodo, y de coexis encia en e iejos pa ones y adap aciones que alcanza on con Pas o a es ado de g acia. Cie amen e, el pa ón de su cuplé po bule ías, un dechado de agilidad y ne io, no hacía sino culmina un iempo in e secula du an e el cual el lamenco es aba aún po de ini . Cuando p inci- piaban las placas de La Niña de los Peines, el lamenco i ía un momen o balbucean e: a mados los can es po solea es y segui iyas, los de le an e o las malagueñas es aban pendien es de su colo ca- ac e ís ico y su negociación upida con la gui a a. De odo ello son buena p ueba los “e o es” de e ique ado. Toda ía en la década de 1930, el lamenco se nos apa ece como un sis ema musical abie o: ¿Es á aho a ce ado, acaso? A es e decu so, La Niña de los Peines con ibuyó ab iendo b echa pa a el a e nue o, y si ió de enlace en e los iejos y nue os cánones. Pa a ello, eco ió es i ine a- ios: la ejecución de o mas musicales ya no malizadas, acabadas; la pues a en alo y popula ización de o as a a és de la ec eación pe sonal, y el a lamencamien o de es ilos angenciales al lamenco. La Niña apo ó una cla i idencia excepcional espec o a qué es aba llamado a se el lamenco, y se an icipó a la que econoce- mos como isonomía de ini i a del lamenco con empo áneo. Son ejemplos de ello el ala gamien o y eng andecimien o de las o - mas olcló icas p e ias y la sis ema ización de ini i a de los can es de le an e, la pe ene a o las aleg ías, a los que con ibuye aleján- dolos del machacón modelo í mico o iginal de abandolaos, pe- ene as en andas y jo as. Asimismo, la adap ación de o mas y canciones popula es no lamencas; la a monización de la oz jonda a sal o de a adu as p emode nas en los can es lib es y la ins alación del andem c ea i o y es é ico de can ao /a. En sus bule ías, com- binó clasicismo y eno ación. Y muchos más log os: la conse a- ción y el e undido de solea es, segui iyas y can es po ies a; la c eación de la bambe a; el nue o código melódico pa a el ien o; los óp imos ajus es de acompañamien o a cada selección de e- pe o io. Todo ello, acomodando la p oducción can ao a a los e- que imien os del me cado, p ime o con se illanas, sae as, ga o ines o a ucas, y después con can es ame icanos, cuplés o andanguillos, que llegó a can a a dúo con Pepe Pin o. La Niña de los Peines, ese nomb e lamenco que pa a an os se limi a no más que a un uso popula , se nos ab e en suma como un caso único en la his o ia del mundo jondo: sus ap endizajes, en- e e ando “sang e”, ba io y escena ios, su ánsi o desde el ca é can an e a la digni icación neojondis a de los 60, pa a la que si ió de musa, su iqueza es ilís ica, su amplísimo conocimien o, su in- uición musical, su calidad ocal e in e p e a i a, su ayec o ia p o- esional en la que se p ac ica on odas las modalidades de ejecución y ep esen ación ín ima y escénica del lamenco, y -¿po qué no deci lo?- su ambición p o esional alambican las cla es de su g andeza. Sob e Pas o a Pa ón eposan los goznes de las gene- aciones medias del can e del siglo XX, y ambién de aquellas oces jondas que, en el ánsi o al siglo XXI, oda ía des ilan los alados ecos de sus sonidos.