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Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega

Candau Morón, José María; González Ponce, Francisco José; Chávez Reino, Antonio Luis

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13 Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega CRÓNICAS, FUNDACIONES Y EL NACIMIENTO DE LA HISTORIOGRAFÍA GRIEGA* JOSÉ Mª. CANDAU MORÓN FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA GRIEGA Y LATINA Universidad de Sevilla ANTONIO L. CHÁVEZ REINO DEPARTAMENT KLASSIEKE STUDIES Katholieke Universit Leuven Posiblemente no existe ningún pueblo que no se haya preguntado por sus orígenes, ninguna comunidad que no haya elaborado tradiciones referentes a su nacimiento y sus primeros tiempos. Evidentemente los griegos no fueron una excepción. Desde fechas muy antiguas debieron circular en Grecia relatos alusivos al pasado remoto e incluso al origen mismo de las diferentes comunidades griegas. El interés que suscitaban dichos relatos lo indica Platón en un determinado pasaje de su Hipias Mayor. En él Hipias se ufana del éxito que tienen sus conferencias entre los lacedemonios. Sócrates, intrigado, le pregunta cuál es el tema de dichas conferencias, dado que el público lacedemonio mostraba en general una considerable falta de interés hacia las materias culturales y científicas. El sofista, entonces, le responde de la siguiente manera: Las noticias que versan sobre los linajes, los de los héroes y los de los hombres, las que tratan de la ocupación de territorios, de cómo se fundaron las ciudades en tiempos antiguos, y, en suma, todos los relatos de cosas antiguas las escuchan, Sócrates, con sumo placer...1. El texto indica con claridad el alto grado de aceptación de que gozaban las narraciones sobre los tiempos primigenios. Al comentar este testimonio sobre las actividades de Hipias, Jacoby observa que debe suponerse para todas las comunidades Historia y Mito. El pasado legendario como fuente de autoridad. CANDAU MORÓN, J.Mª, GONZÁLEZ PONCE, F.J., CRUZ ANDREOTTI, G., Málaga, 2004, pp. 13-29. *La elaboración y redacción definitiva de este trabajo es obra de J.Mª. Candau, pero en la discusión de las ideas y la aportación de datos han participado todos los firmantes. 1PL., Hp. Ma. 285d. 14 JOSE Mª CANDAU MORÓN / FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE / ANTONIO L. CHÁVEZ REINO griegas una gran receptividad hacia las noticias concernientes a su propio pasado, siendo ésta la razón del considerable número de crónicas locales que circulaban en Grecia2. Del comentario de Jacoby nos interesa subrayar un aspecto, la vinculación de este tipo de noticias con la crónica local. Efectivamente, las crónicas locales solían iniciarse con la exposición de los orígenes, del material alusivo al nacimiento y los primeros tiempos de la comunidad protagonista de la composición. El tratamiento de dicho material constituye, además, uno de los rasgos que diferencia la historiografía local de aquel otro género historiográfico cuyo punto de partida es Heródoto y que encuentra en Tucídides y Polibio sus más destacados representantes3. Recordemos que este último género tiene una vocación no sólo universal (o panhelénica) sino también autóptica. De acuerdo con el ideal autóptico el historiador debe manejar ante todo datos procedentes de su propia experiencia, de manera que la composición se limita a consignar bien las vivencias del propio autor –que en tal caso ha de haber presenciado aquello que expone– bien las noticias de informadores que a su vez hayan sido testigos vivos de lo que transmiten4. La imposibilidad de aplicar el procedimiento autóptico a ámbitos temporales distantes parece la razón básica de que el pasado lejano quede excluido de la historiografía panhelénica. Pero también debe tenerse en cuenta que las informaciones relativas a dicho pasado se habían transmitido a través de fuentes poco fiables –como relatos orales o listas de reyes y magistrados de dudosa autenticidad– en las que, además, los elementos supuestamente históricos se mezclaban con otros de clara raigambre mítica. Desde esta perspectiva, la adopción del método autóptico y la consiguiente exclusión de la historia antigua implica una actitud mental sobria, que reacciona mediante un ejercicio de disciplina y restricción frente a los contenidos pintorescos, legendarios e inverificables plasmados en las tradiciones relativas a las eras primigenias, unas tradiciones que, por otra parte, alcanzaban un alto grado de popularidad y difusión. Creemos que la instalación en esta postura de sobriedad y control desempeñó un papel decisivo en el nacimiento de la historiografía griega5. Como es sabido, fue Jacoby quien, primero en sus artículos sobre el desarrollo de la historiografía griega (1909) y sobre Heródoto (1913) y posteriormente en su libro sobre la historiografía 2JACOBY, F. (1954): 8. 3Se trata del género que JACOBY, F. (1909): 34-36 llama pravxei eJllhnikaiv o griechische Zeitgeschichte. 4Sobre la importancia de la autopsia en la preceptiva historiográfica griega, su relación con la primacía de la historia contemporánea, sus orígenes en Heródoto y su desarrollo posterior vid. NENCI, G. (1953); AVENARIUS, G. (1954): 71-84; y, sobre todo, SCHEPENS, G. (1980). La autopsia es elemento imprescindible en la teoría historiográfica formulada y practicada por Polibio, una teoría de la que se han ocupado abundantes publicaciones: vid. la relación que ofrece BEISTER, H. (1995): 329 (nota 1). 5Vid. las conclusiones que extrae BOEDECKER, D. ([2000]: 113-114) en su estudio sobre el género de Heródoto (“A self-conscious critical engagement with other authors and/or literary kinds [... ] is one of the defining marks of the innovative and engaging genre developed by Heodotus [ ... ] It is just this flexible and self-conscious blend of truth claims, registers of discourse, and subject matter that makes the Histories, in retrospect at least, a new genre, marked by the critical voice of the performer-as-author”). La atención que dispensan las Historias al problema de las fuentes –un rasgo decisivo en la voz autorial de Heródoto y en su autopercepción como historiador, según ha puesto de relieve FOWLER, R.L. (1996): 80-8– ilustra igualmente sobre la postura de la que hablamos. 15 Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega local ateniense (1949), postuló la idea de que en Grecia el nacimiento de la historia universal precede al de la historia local. Según Jacoby, no existe constancia de que se hubiesen publicado crónicas locales griegas antes del último tercio del siglo V, esto es, antes de la aparición de la obra de Heródoto.Y ello no es casual, pues la historia local nace como una rama de la historia general. Sólo después de que Heródoto delineara el marco de la historia griega común emergen las crónicas locales, pues el factor que determinó la génesis de estas últimas fue el afán de las comunidades individuales por asegurarse un lugar en el espacio definido por la gran historiografía, la historiografía de orientación panhelénica fundada por Heródoto. Para entender de una manera completa la hipótesis de Jacoby debe tenerse en cuenta que en gran medida se gestó como una réplica a las tesis sostenidas por Wilamowitz. Éste había defendido en su libro Aristoteles und Athen que la historiografía local ateniense, la atidografía, se desarrolló a partir de una crónica preliteraria redactada y mantenida por una clase especial de magistrados sacros atenienses, los ejxhghtai; tw'n patrivwn. A lo largo de generaciones, las actividades de los exégetas habrían dado lugar a anotaciones referidas ya a sus propias actuaciones, ya a la historia de determinadas prácticas o instituciones religiosas atenienses. Y el documento conformado por tales anotaciones constituyó la crónica de la que se nutrieron los sucesivos atidógrafos y que, en último extremo, está en el origen de la posterior historiografía local ateniense6. Jacoby no sólo desmontó la argumentación concerniente a esta presunta crónica preliteraria, sino que diseñó un esquema sobre los inicios de la historiografía griega que parte de bases muy diferentes a las asumidas por Wilamowitz. Según Jacoby hasta el siglo V se mantuvo abierto en Grecia un abismo entre tiempos míticos y tiempos históricos, de manera que si el mito era objeto de abundantes tratamientos literarios, de carácter sobre todo poético, la historia, entendida como registro de la realidad contemporánea al historiador, circulaba sólo en forma de tradiciones orales o en todo caso bajo formatos no literarios. Heródoto fue el primero en desplazar la atención desde los tiempos heroicos al mundo presente y en dar cobertura literaria a una indagación histórica de la realidad circundante. Y es así como su obra inaugura la literatura historiográfica, aquella que se centra en los estados y las instituciones existentes, que se ocupa de lo que es, no de lo que ha sido, de la historia y no del mito. La conciencia histórica no es anterior a la emergencia de esta literatura historiográfica, cuya materia, además, es panhelénica. Sólo cuando el ámbito, el spatium historicum, queda definido por la historiografía de orientación general, surgen, como ramas nacidas de ella, las historias de contenido local7. Para comprender adecuadamente las ideas de Jacoby deben tomarse en consideración dos supuestos más. En primer lugar, no sólo es la historia universal anterior a la local, sino también la historia contemporánea precede a la historia antigua. De hecho Heródoto –y tras él, según ya comentamos, la historiografía de tendencia autóptica y panhelénica– renuncia a recoger en su 6Vid. especialmente las conclusiones expuestas en WILAMOWITZ, U. (1893): vol. I, 276-282. 7JACOBY, F. (1909): 37-39; (1913): 351; 404-405; (1949): 199-202. 16 JOSE Mª CANDAU MORÓN / FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE / ANTONIO L. CHÁVEZ REINO composición acontecimientos no situados en tiempos relativamente próximos; y la obra de Helánico, que representa un tipo de historiografía abierto al pasado remoto, apareció y fue posible sólo después de Heródoto8. En segundo lugar, es erróneo suponer, como hace Wilamowitz, que la literatura histórica griega surge a partir del crecimiento vegetal, mecánico o espontáneo de un material preliterario. Pues la emergencia de la historiografía en Grecia está condicionada por un episodio ideológico. Heródoto habría pretendido inicialmente componer una obra de contenido geográfico o etnográfico, una descripción de la tierra al modo de su predecesor Hecateo de Mileto. Pero su estancia en Atenas y el contacto que allí mantuvo con determinados círculos intelectuales hicieron que cambiase de propósito, reordenase su material y concibiese el proyecto de narrar lo que nadie había aún narrado. Su obra nace así como respuesta a un estímulo ideológico, el que suministraron el ideario de la Atenas inmediatamente anterior a la guerra del Peloponeso y la interpretación que en ella –o en determinados sectores de ella– se hacía de la las guerras médicas9. Es una idea afincada en la experiencia humana la de que lo menor precede a lo mayor y no a la inversa. Quizás por ello la hipótesis de Jacoby ha encontrado abundantes críticas. Algunas de éstas argumentan que con toda probabilidad antes de Heródoto circularon crónicas locales en Atenas o en otras localidades griegas. Otras comentan la inverosimilitud de que no existiese en Grecia desde fechas antiguas un cierto sentido de la historia como ámbito. Es posible que tales críticas contengan parte de verdad10. Resulta, además, indudable que la teoría de Jacoby adolece de rigidez, exceso de carga teórica y otras deficiencias típicas de una mentalidad arraigada aún en esquemas de evolución decimonónicos11. Creemos, sin embargo, que sus ideas constituyen una herramienta sumamente útil para explicar determinadas características de la historiografía griega. Y esta utilidad, esta potencia, deriva de una di8JACOBY, F. (1949): 105; 199; (1954): 10. 9JACOBY, F. (1913): 353-360. El significado que corresponde a la historia y la ideología atenienses en la gestación de la obra de Heródoto ha sido objeto de abundantes estudios que han corregido e introducido variantes esenciales en la hipótesis de Jacoby: vid. la puesta al día que efectúa MOLES, J. (2002). Sin embargo la idea de que corresponde a Atenas un papel fundamental en el nacimiento del proyecto histórico de Heródoto mantiene su vigencia: vid. el párrafo final de J. Moles (“the Athenian empire/tyranny turned Herodotus to history-writing [...] she [Athens] is a paradigm of universal processes, albeit for contemporaries the sharpest one”). Consúltese asimismo RAAFLAUB, K.A. (2002): 166; FOWLER, R.L. (2003). 10 Hoy día predomina la hipótesis de que la obra de Heródoto se vio precedida por composiciones de diversa índole que prepararon el camino de las Historias (cf., entre otros, MAZZARINO, S. [1966]; GOZZOLI, S. [19701971]; PICCIRILLI, L. [1975]; MOGGI, M. [1977]; ASHERI, D. [1981]; MADDOLI, G. [1985]; y FOWLER, R.L. [1996]). Estos primeros esbozos historiográficos (de muy variado tipo, aunque con evidente predominio de las crónicas locales) nos han llegado adscritos a una serie de autores (y no sólo los citados por D.H., Th. 5.1) cuya datación no puede precisarse, aunque casi todos se tienen por previos o coetáneos de Heródoto, dato confirmado en algunos casos: Hecateo, Acusilao de Argos, Janto de Lidia, Damastes de Sigeo (considerado por MAZZARINO, S. [1966]: 203-207 el rival más importante de Heródoto) o Caronte de Lámpsaco (datado preferentemente en la primera mitad del s. V. a.C., cf. además OTTONE, G. [2002]: 35-45). La evidencia de los datos avala, sin duda, la validez de los argumentos esgrimidos por los revisores de las tesis jacobianas. Pero es necesario distinguir entre exposiciones sobre el pasado anteriores a Heródoto y predecesores de éste en el diseño genérico de la gran historia nacional panhelénica. Ni la metodología ni el diseño formal de la obra de Heródoto parecen remitir a una tradición historiográfica previa. 11 Vid. la extensa crítica que MARINCOLA, J. ([1999]: 290-301) dedica a JACOBY, F. (1909). 17 Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega mensión a la que con frecuencia no se le presta la atención debida, la dimensión formal. La creación de la historiografía griega no fue sólo una gesta intelectual, fue ante todo una operación literaria. Lo que hizo Heródoto fue iniciar un género, esto es, indicar mediante preceptos y exclusiones tanto el contenido a tratar como el perfil, la estrategia de dicho tratamiento12. Ciertamente el género por él iniciado –el de la historiografía autóptica, universal y contemporánea– es sólo uno entre las diversos géneros que encontramos en la historiografía griega posterior. Pero cabe conjeturar con bastante verosimilitud que el proyecto de establecer una preceptiva a la que habían de plegarse las exposiciones en prosa sobre el pasado no contaba con precedentes significativos anteriores a Heródoto. El impacto de su composición en otras tradiciones historiográficas, si es que existían, debió así ser determinante, hasta el punto de que los demás géneros historiográficos pudieron nacer de prácticas narrativas o descriptivas ajenas al propio Heródoto, pero se desarrollaron y alcanzaron rango literario sólo en la medida en que aceptaban, rechazaban o modificaban los parámetros fijados por el modelo de Heródoto. Dicho modelo funcionó, si nuestra hipótesis es cierta, como un punto de referencia general e introdujo en la concepción griega del pasado un grado de coherencia y disciplina interna inédito hasta entonces. Caronte de Lámpsaco o Acusilao de Argos pudieron escribir antes de Heródoto; y con toda seguridad precedieron a Heródoto las composiciones que distintos poetas de época arcaica consagraron a la fundación de determinadas ciudades griegas13. Pero la preceptiva historiográfica griega no parte de Caronte, Acusilao o Mimnermo, sino de Heródoto. En tal sentido, esto es, desde una perspectiva genérica, resulta legítimo afirmar que Heródoto es el padre de la historia y que con él nace la historiografía griega. La índole formal, literaria, del proyecto en torno al cual vertebra Heródoto su obra viene indicada por un protocolo operante tanto en el propio Heródoto como en Tucídides y a cuyo tratamiento estará dedicada la presente exposición, el referido al sistema de datación. Pero antes de entrar en materia conviene hacer un par de advertencias. Heródoto y Tucídides, los dos primeros autores de historias panhelénicas, muestran una postura unánime frente al protocolo en cuestión y frente a otros preceptos específicos de la historiografía autóptica, pero no ocurre así en obras posteriores pertenecientes a esta misma rama de la historiografía o inscritas en tradiciones afines. De hecho, desde el siglo IV resulta fácil señalar composiciones que transgreden 12 El género historiográfico al que estamos aludiendo se inicia con Tucídides más que con Heródoto. Pero ya JACOBY, F. (1913): 371-372 advirtió que Tucídides sería incomprensible sin Heródoto. Y STRASBURGER, H. (1966): 55-56 hizo notar cómo después de Heródoto se desencadena en la historiografía griega un movimiento tendente a elaborar las posibilidades temáticas iniciadas en la obra herodotea, a rellenar sus vacíos y completar sus esbozos. La comunidad que existe entre Heródoto y Tucídides, y concretamente la actitud de respeto y la dependencia perceptibles en Tucídides respecto a Heródoto, ha sido subrayada recientemente por diversos autores: vid. HORNBLOWER, S. (1996): 19-38; TSAKMAKIS, A. (1996); y RAAFLAUB, K.A. (2002). Sobre los antecedentes, conexiones y limitaciones genéricas de la obra de Heródoto vid. BOEDECKER, D. (2000) y DEWALD, C. (2002): 268. 13 Vid. SCHMID, P.B. (1947): 3-43. 18 JOSE Mª CANDAU MORÓN / FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE / ANTONIO L. CHÁVEZ REINO las preceptivas individualizadoras de los distintos géneros historiográficos14. Al respecto debe tenerse en cuenta que una vez definidos dichos géneros, la contaminación entre ellos se convirtió en un expediente fácil e incluso favorecido por determinadas tendencias literarias. En cambio el esmero de Heródoto y Tucídides en atenerse a las marcas acreditativas de la historiografía autóptica y panhelénica puede interpretarse como un reflejo de la débil implantación que aún tenía el modelo por ellos representado y del peligro que implicaban otros planteamientos discordantes con su preceptiva. En segundo lugar, no debe perderse de vista que en la génesis de un género literario intervienen siempre elementos difíciles de definir, como gustos, actitudes estéticas, contrastes o rechazos basados no en lo que una cosa es, sino en lo que representa o lo que va asociado, quizás accidentalmente, con ella. Tal dificultad aumenta cuando desconocemos el contexto cultural del que surge el género en cuestión. Y éste es justamente el caso de la historiografía griega. Por ello cualquier hipótesis sobre los orígenes de la historiografía griega, y desde luego la que aquí vamos a defender, presenta forzosamente el carácter de esbozo inacabado. Pese a las dificultades, sin embargo creemos que nuestra exposición contribuirá, al menos, a deshacer un malentedido, aquel según el cual la existencia en tiempos previos a Heródoto de composiciones referidas al pasado prueba que la historiografía griega preexiste al mismo Heródoto15. En un artículo aparecido en 1956, Strasburger llamó la atención sobre la importancia de Heródoto como cronógrafo. Es sabido que la superficie abigarrada, polícroma, incluso el aparente desorden que presentan las Historias de Heródoto encubre en realidad una profunda y compleja organización interna. Pues bien, lo que resulta válido para otros aspectos de la obra lo es también en relación a la cronología, donde igualmente actúa, bajo una superficie de espontaneidad y sencillez, el paciente trabajo que dota a la exposición de una estructura sólida. No podía ser de otra manera, pues la materia a partir de la cual compone Heródoto venía dada por una masa confusa y fragmentada de relatos; no sólo el rigor constructivo del autor, sino también cualquier intento de crear un continuum histórico a partir de tales materiales exigía la elaboración de un esquema temporal que acogiese y diese sentido a este enmarañado conjunto. Para ello una herramienta fundamental viene dada por las casas reales del Próximo Oriente –medas, lidias, persas, egipcias– cuyos sucesivos monarcas se mencio14 Empezando por la autopsia, cuya vigencia se ve ya debilitada en Éforo: vid. FGrHist 70 F 110 y la interpretación que ofrece SCHEPENS, G. (1970). La debilitación de la autopsia arrastró consigo, además, una mengua en la importancia de la historia contemporánea, cuyo primado se mantiene en época imperial sólo con dificultades: vid. AVENARIUS, G. (1954): 84. El caso más flagrante de transgresión de los principios propios de la historia contemporánea y universal es el que registra la llamada “historiografía trágica”, cuya práctica quiebra el principio de verdad. Sobre las distintas cuestiones planteadas a propósito de la historiografía trágica, incluida la de su origen, vid. la amplia bibliografía que relaciona LANDUCCI GATTINONI, F. (1997): 289-313. Esta cuestión, la labilidad y el dinamismo de los géneros historiográficos clásicos, que deben concebirse no como categorías fijas, sino como estrategias de composición literaria, ha sido tratada recientemente por MARINCOLA, J. (1999): 281-282; 309-330. 15 Como suponen FOWLER, R.L. ([1996]: 65) y MARINCOLA, J. ([1999]: 292). 19 Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega nan con registro final de la duración de cada reinado. El procedimiento, evidentemente adecuado para aquellas partes de la obra dominadas por la historia oriental, pierde gran parte de su idoneidad cuando salta a primer plano la historia de Grecia. También para estas secciones, sin embargo, los diferentes ocupantes de los tronos orientales suministran una importante referencia. La rebelión jónica trae consigo un nuevo sistema para fijar los eventos griegos. Es conocido que dicha rebelión, cuya exposición comienza en el libro V 28 de la obra, marca un punto de inflexión tanto compositivo (hay menos excursos etnográficos y, desde el libro VII, prácticamente todos están conectados con el argumento principal) como de contenido (20 años, del 499 al 479, ocupan la misma extensión que dos siglos en la parte anterior). Tal inflexión repercute asimismo en la cronología, que también ahora se hace más detallada. A efectos de ordenar con un mayor grado de precisión estos 20 años, Heródoto traza una cadena de acontecimientos que desde el punto de vista de la datación viene a funcionar como la columna vertebral del relato. Es de notar que este esqueleto cronológico no recibe una definición expresa y que su existencia no se declara categóricamente en ningún lugar de la obra; es mediante indicaciones diversas, de índole muchas veces oblicua, incluso meras insinuaciones, como el historiador comunica su presencia al lector, plantando con ello los hitos necesarios para ordenar secuencialmente la narración. Por lo demás la sutileza y la variedad son dos constantes en las indicaciones cronológicas esparcidas a lo largo de la composición. En aquellas partes en que las listas reales suministran la base de datación, por ejemplo, la larga duración de algunos reinados dificulta la localización precisa de un acontecimiento. Para aliviar tal imprecisión Heródoto puede estrechar el cerco temporal recurriendo a más de una lista, esto es, fechando el suceso mediante referencia simultánea a soberanos de distintos estados cuya ocupación del trono coincide en el tiempo sólo a lo largo de unos años. Se trata de una posibilidad poco utilizada y excluida desde el momento en que Lidia y Egipto quedan incorporadas a Persia; a partir de dicho momento, sin embargo, el autor encuentra un sustituto adecuado en el cálculo generacional. Una segunda muestra de esta peculiar mezcla de poikilía y rigor cronológicos suministran los sincronismos: frecuentemente mencionados de manera alusiva, suelen estar confinados a los excursos, desde donde brindan puntos de referencia para la datación del relato principal. Para Strasburger, en definitiva, Heródoto puede ser llamado padre de la historia también en lo tocante a la cronología16. Evidentemente la puesta a punto del armazón cronológico que articula su obra revela tanto una planificación cuidadosa como un trabajo paciente. Y a la vista de ello cabe preguntar por qué Heródoto eligió esta compleja forma de fechar en vez de recurrir a un procedimiento más sencillo y elaborable, quizás, con mayor facilidad a partir de materiales disponibles ya en su 16 Las ideas de Strasburger han encontrado, en líneas generales, amplia aceptación: vid. COBET, J. (2002): 393. 20 JOSE Mª CANDAU MORÓN / FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE / ANTONIO L. CHÁVEZ REINO tiempo17. Es opinión comúnmente admitida que en diversos lugares del mundo griego se conservaban listas de magistrados epónimos, vencedores en juegos panhelénicos o certámenes musicales, sacerdotes de determinados templos, etc. No es éste el momento de entrar ni en la naturaleza de tales listas ni en su antigüedad. Pero indudablemente muchas de ellas circulaban en época de Heródoto18. La muestra más clara viene dada por la lista de los arcontes atenienses, cuya existencia oficial viene asegurada por un epígrafe datable paleográficamente entre el 430 y el 42019: un registro donde se cotejasen y relacionasen en orden cronológico algunas de las más conocidas listas habría suministrado el procedimiento idóneo para fechar de manera clara y sencilla. Ciertamente la elaboración de tal lista habría constituido una tarea laboriosa; pero no menores esfuerzos debió invertir Heródoto en poner a punto su complicado sistema de datación. La pregunta que hemos planteado tiene, en realidad, varias respuestas. Cabría aducir, por ejemplo, el carácter conjetural de tales listas, su posible contaminación con datos legendarios, su enrizamiento en tradiciones de patriotismo local ajenas al diseño panhelénico y a las aspiraciones de objetividad que pretende Heródoto, o el deseo de ofrecer una narración guiada por la sucesión misma de los acontecimientos y no subordinada a una secuencia temporal ajena a ellos mismos. Ninguna de estas respuestas, sin embargo es plenamente satisfactoria, o mejor dicho, todas ellas, por ser ciertas, parecen remitir a un único argumento del que, presumiblemente, brotarán nuevas explicaciones. El examen del procedimiento cronológico seguido por Tucídides, continuador también aquí de Heródoto, ampliará el espectro de observación y podrá contribuir a una respuesta más rica y ajustada. Como es sabido Tucídides utiliza un sistema de datación anual, esto es, fecha a partir del año inicial de la guerra, distinguiendo además, dentro de cada año, entre invierno y verano. Hay así en su obra un rechazo al procedimiento consistente en citar mediante una cronología absoluta, es decir, recurriendo a un esquema externo a los acontecimientos que funcionase como punto de referencia fijo20. Respecto a este rechazo cabe hacer las siguientes observaciones. En primer lugar Tucídides conocía al menos una composición que empleaba el sistema de datación absoluta. Se trata de la Athis de Helánico, aparecida a finales del siglo V y cuya exposición se ordenaba en torno a la lista de los arcontes epónimos 17 Cf. RHODES, P.J. (2003): 68: “By the times Herodotus wrote, the process of systematising the chronology of early Greece and its stories had begun [ ... ] but it had not yet gone very far, and I agree with those who insist that it was not a process in which Herodotus himself was interested as later chronographers were”. 18 Las listas oficiales de magistrados, reyes, vencedores en juegos, sacerdotes, etc., aparecen sólo en la última parte del s. V a. C., esto es, aproximadamente en la misma época en que Heródoto “publica” su obra (sobre las dificultades de aplicar el concepto de publicación a la obra de Heródoto y sobre la fecha en que dicha obra pudo tomar su forma definitiva véanse los comentarios y la bibliografía que ofrece EVANS, J.A.S. [1991]: 90). Pero todo invita a suponer que tales listas se basaron en una tradición ya existente que incluía, entre otras cosas, registros orales: cf. CADOUX, T.J. (1948): 80-82; MOSSHAMMER, A.A. (1979): 86-101. 19 Sobre el epígrafe vid. CADOUX, T.J. (1948): 77-79; SAMUEL, A.E. (1972): 195-198. 20 Vid. lo esencial en LUSCHNAT, O. (1970): 1132-1146. 21 Crónicas, fundaciones y el nacimiento de la historiografía griega atenienses, quizás en forma de relatos anuales colocados bajo los nombres de los sucesivos arcontes. Sin embargo Tucídides no sólo desestima en la práctica el sistema de datación eponímica sino que también formula una injusta y poco creíble crítica en la que Helánico y su método cronológico son tachados de inexactos21. En segundo lugar el rechazo del que hablamos no es total, sino parcial. En escasas ocasiones Tucídides fecha citando el nombre del arconte ateniense y de algún otro magistrado bajo cuyo mandato cae un suceso concreto22. Se trata de un uso no sistemático y destinado a enfatizar o realzar la importancia del suceso fechado. Es de notar que aquí Tucídides actúa de manera idéntica a Heródoto. Este último, como hemos visto, no emplea en la sección de su obra destinada a la historia griega una cronología externa o absoluta. Sólo en una ocasión utiliza la datación eponímica, cuando señala que la invasión persa de Grecia tuvo lugar bajo el mandato del arconte ateniense Calíades. Es éste un acontecimiento decisivo en el relato herodoteo, de manera que la datación eponímica funciona aquí, de modo idéntico a lo que ocurre en Tucídides, como un expediente destinado a realzar la importancia del suceso así fechado23. Resulta inconcebible la posibilidad de que la Historia de la Guerra del Peloponeso tuviese un planteamiento secuencial distinto del que tiene, que su exposición no se ajustase al ritmo anual y estacional tan bien administrado desde el punto de vista narrativo por su autor. Una vez dicho lo cual, debe añadirse que no es fácil de entender por qué Tucídides no incluye prácticamente nunca datos eponímicos. En su relato son usuales las indicaciones sobre el día y la noche, sobre las circunstancias metereológicas, los terremotos o los fenómenos astronómicos que acompañaron el desarrollo de los sucesos que narra. Resulta así sorprendente que omita mencionar con frecuencia un dato tan significativo como el del arconte o magistrado bajo cuyo mandato tiene lugar el acontecimiento tratado. Por otra parte la ausencia de una cronología absoluta y de lo que ella supone –el establecimiento de una referencia temporal fija– dificulta considerablemente la exposición en determinadas partes de la obra (concretamente en la Pentecontecia)24. Finalmente, la 21 TH., I 97.2; V 20.2. Al calificar la crítica que Tucídides dirige a Helánico seguimos el veredicto de JACOBY, F. (1954): I, 16-19. Debe advertirse, sin embargo, que la naturaleza de dicha crítica ha sido muy controvertida: vid. las opiniones al respecto de PEARSON, L. (1942): 14, 40-44; LENDLE, O. (1964); FRITZ, K. von (1967): 500-504, 612-613, 782-784; WESTLAKE, H.D. (1969): 39-60; LENARDON, R.J. (1981); SMART, J.D. (1986); y JOYCE, Chr. (1999): secc. III, así como las discusiones y comentarios que ofrece HORNBLOWER, S. (1991): 147-149; (1996), 492-493. Para muchos –entre ellos los citados Pearson, Lenardon y Joyce– Helánico no utilizó, o no utilizó sistemáticamente, el método analístico en su Athis; para otros –por ejemplo von Fritz– lo que Tucídides reprocha a Helánico no es el uso en sí de la datación por arcontes, sino el mal uso de este proceder. En ambos casos, así pues, la crítica de Tucídides no supondría un rechazo a la datación eponímica. Para una perspectiva distinta, en la que la crítica de Tucídides encubre en el fondo un intento de desautorizar una empresa rival y en la que se valora la huella dejada por la cronología de Helánico en la tradición, véanse los estudios de Schreiner, convenientemente resumidos en SCHREINER, J.H. (1998): 11-20. 22 Así en II 2.1 y en V 25.1. 23 HDT., VIII 51.1. Sobre la importancia de esta fecha en la obra de Heródoto vid. STRASBURGER, H. (1956): 698-699; COBET, J. (2002): 395; RHODES, P.J. (2003): 59. 24 Aun admitiendo con LUSCHNAT, O. (1970): 1136-1137 que Datierung y Zeitrechnung son cosas distintas y no incompatibles entre sí, lo sorprendente en Tucídides es precisamente la extrema escasez o la práctica ausencia de 28 JOSE Mª CANDAU MORÓN / FRANCISCO J. GONZÁLEZ PONCE / ANTONIO L. CHÁVEZ REINO FRITZ, K. Von, Die griechische Geschichtsschreibung, 1. Von den Anfängen bis Thukydides, 2 vols., Berlin, 1967. GARRITY, Th.F., “Thucydides 1.22.1: Content and Form in the Speeches”, AJPh, 119 (1998): 361-384. GOZZOLI, S., “Una teoria antica sull’origine della storiografia greca”, SCO, 19-20 (1970-1971): 158201. HORNBLOWER, S., A Commentary on Thucydides. Volume I: Books I-III, Oxford, 1991. Volume II: Books IV-V.24, Oxford, 1996. JACOBY, F., “Über die Entwicklung der griechischen Historiographie und den Plan einer neue Sammlung der griechischen Historikerfragmente”, en Abhandlungen zur griechischen Geschichtsschreibung, Leiden, 1956, págs. 16-64 ( = Klio, 9 [1909]: 80-123). “Herodotos”, RE, Suppl. II (1913): 205-520. 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