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El cuerpo enamorado en “resurrección” de L. Tolstói

Llinares, Joan B.

Abstract

Revisión crítica de la antropología filosófica del maduro Tolstói sobre el cuerpo enamorado, proyección de sus ideas religiosas sobre la mujer y la sexualidad que lastran la calidad de su obra literaria tardía por los discutibles dualismos platonizantes e idealistas en las descripciones de los móviles de las acciones de los protagonistas.

Full text

Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. – 481 – EL CUERPO ENAMORADO EN “RESURRECCIÓN” DE L. TOLSTÓI Joan B. Llina es Uni e sidad de Valencia (España) Recibido: 15-07-10 Acep ado: 14-09-10 Resumen: Re isión c í ica de la an opología ilosó ica del madu o Tols ói sob e el cue po enamo ado, p oyección de sus ideas eligiosas sob e la muje y la sexualidad que las an la calidad de su ob a li e a ia a día po los discu ibles dualismos pla onizan es e idealis as en las desc ipciones de los mó iles de las acciones de los p o agonis as. Palab as-cla e: an opología ilosó ica, li e a u a, cue po enamo ado, sexualidad. Abs ac : C i ical e iew o he philosophical an h opology o he ma u e Tols oy abou he body in lo e. His no el Resu ec ion shows ha he quali y o he w i e ’s la e li e a y wo ks was hinde ed by his eligious ideas abou women and sexuali y, which en ailed dubious pla onizing and idealis ic dualisms in he desc ip ions o he main cha ac e s’ mo i es. Key-wo ds: philosophical an h opology, li e a u e, body in lo e, sexuali y. Joan B. Llina es Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. – 482 – Deseamos comen a algunos aspec os del cue po humano en las ela- ciones amo osas según los p esen a un ex o li e a io de la madu ez de Tols ói, Resu ección, publicado en 1899, su úl ima no ela de g andes dimensiones y uno de los hi os de su legado. Hacía décadas que su au o había su ido una g a e c isis nihilis a –la ha na ado en Con esión–, que lo puso al bo de del suicidio y de la que se libe ó edescub iendo cie o c is ianismo bas an e pe- culia . Quisié amos aquila a en qué medida esa “con e sión” –que le lle ó a esc ibi a ios ensayos eológicos y aducciones e angélicas–, incidió en su c eación li e a ia, conc e amen e en su conside ación del cue po enamo ado en dicha ob a. Pensamos que és a e ela aspec os de la an opología ilosó ica de su au o , conco dan es con su in e p e ación de de e minados p ecep os eli- giosos en o no a las elaciones amo osas, que bien me ecen e lexión y c í ico análisis. En esa no ela la belleza es una cualidad de la na u aleza i gen, no some ida a los humanos, que son quienes colocan losas pa a ahoga la hie ba, co an los á boles, ahuyen an los animales e imp egnan el ai e con el humo del ca bón y del pe óleo (I, 1, 7).1 Igual p e oga i a ienen los á boles u ales, los animales domés icos, los niños y los campesinos. Se dibuja, así pues, una dualidad esencial, p oduc o de complejas con aposiciones en e lo di ino y lo humano, lo na u al y lo a i icial, lo adicional y lo mode no, lo p opio y lo ex año, que pe du an en el con as e en e cul u a popula ag a ia y ci iliza- ción bu guesa indus ial, es o es, según Tols ói en cuan o na ado , en e una supues a belleza “dada pa a el bien de odos los se es” y “que p edispone a la paz, la conco dia y el amo ”, y el mundo al y como lo han imaginado y o ga- nizado en la Rusia de inales del XIX los humanos “pa a impe a unos sob e o os” (Ib.). F en e al ien o esco y i i ican e de los bosques y de los campos, que es uen e de aleg ía, se halla la densidad pegajosa de las ciudades, con su ai e pesado e impu o, ca gado de alqui án y pod edumb e. Es a a mós e a co up a sume en el aba imien o y la is eza sob e odo a quienes es án en las cá celes, amon onados en celdas é idas y uidosas. Los p esos mues an en sus os os y en sus manos “la palidez ca ac e ís ica de quienes du an e mucho iempo han pe manecido en luga ce ado y que ecue da a los b o es de las pa a as gua dadas en el só ano” (I, 1, 8). Tal sociedad gene a palacios y illas pa a p i ilegiados, y só anos oscu os y se es sub e áneos, una d amá ica y e- sen ida escisión, como ambién cons a ó Dos oie ski.2 Dicha an í esis adical, [1] L. Tols oi, Resu ección, ad. de José Laín En algo, Ba celona, Cí culo de Lec o es, 1972, 464 pp. Pa a acili a la localización de las ci as desde cualquie a de las aducciones ac ualmen e en el me cado, cosa ácil po la b e edad de los capí ulos de es a ob a, indica emos siemp e, p ime o, y en núme os omanos, la pa e de la no ela en que se hallan, y, a con inuación, el capí ulo y la página a los que co espondan. [2] F. Dos oie ski, Apun e del subsuelo, ad. e in . de Juan López-Mo illas, Mad id, Alianza, 2000. Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. El cue po enamo ado en Resu ección de L. Tols ói – 483 – que es uc u a odo el ela o, es á simbolizada median e el ápido uelo de una paloma an e el acilan e camina igilado y con bu dos zapa ones de una p esa que a a se juzgada po p esun a colabo ación en un asesina o. Se a a de la Máslo a, an igua c iada, hija de sie a sol e a, que ue seducida y abandonada en su ju en ud po un a is óc a a, el p íncipe Nejliú- do . Desde ese p ime pe cance que la dejó emba azada y sin hoga , oda su expe iencia i al no ue sino una se ie de in e esados asedios po pa e de homb es hipóc i as de las casas en que la con a aban, has a acaba eje cien- do la p os i ución (I, 37, 139). Ese “o icio”, egis ado po la policía median e una ca illa especí ica, no sólo conlle a la explo ación sexual del cue po de la muje –un adul e io pe manen e, explíci o y emune ado, con econocimien os médicos obliga o ios po el al o iesgo de in ecciones–, ambién implica gas os ex a pa a es idos y cosmé icos seduc o es y la adicción a hábi os palia i os, como los dulces, el abaco y el alcohol, y la con e sión de la noche en día y de las ho as del día en o zados momen os pa a el descanso, en un calenda io in e ido o indis in o en e ies as y jo nadas labo ales (I, 2, 13-15): un opaco e insalub e mundo al e és, como el de las plan as en un só ano, con el sexo indisc iminado como o o mecanismo pa a ol ida las p eocupaciones (I, 37, 139), como o o “place icioso”. En cohe encia con la dualidad señalada, el na ado insis e en que la p os i ución es una “ ida de c ónica iolación de los mandamien os di inos y humanos”, y des uye “el pudo que la na u aleza dio como sal agua da del deli o no sólo a los homb es, sino ambién a los animales” (I, 2, 15). Aho a bien, debe ía se más explíci o, pues si es á au o izada y p o egida po las au o i- dades, es legal; no obs an e, en cuan o injus a e inmo al, se o na inhumana y po ello debe ía sup imi se. El “pudo ” en los animales es o o supues o dis- cu ible, pues no odos cub en la desnudez de sus cue pos ni se esconden pa a apa ea se. Los “mandamien os di inos” quizá se e ie an a p ecep os sag ados o leyes na u ales que egulen las elaciones sexuales, pe o no se especi ica su con enido, simplemen e se dan po supues os. El p íncipe Nejliúdo apa ece en camisón, umando en su lecho, a pun o de calza se sus zapa illas, pone se una ba a de seda y pasa al ocado pa a lim- pia se los dien es y la a se las manos, seca se las uñas, ducha se luego con agua ía, pone se opa in e io ecién planchada, un aje con el calzado y la co ba a a juego, oma se el desayuno acabado de p epa a , y hojea la e is a ex anje a a la que es á susc i o (I, 3, 16-17). Es a minuciosa desc ipción de un siba i a se con apone con el mise able despe a de Máslo a en su celda, y des aca el eno - me abajo que han de ealiza doncellas y se ido es pa a que es e a is óc a a a e su cue po “a cue po de ey”, como si odos pudie an i i así. A con inuación asis imos a la sesión que iene luga en el ibunal de jus icia, en la cual el p íncipe, que es miemb o del ju ado, obse a a la p esa y la econoce: “aho a eía cla amen e el sello pa icula y mis e ioso que dis- Joan B. Llina es Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. – 484 – ingue una ca a de o a, que lo hace especial y único. A pesa de la eno me palidez del os o y de que es aba más lleno, dicha pa icula idad, ag adable y exclusi a, seguía p esen e en sus acciones, en los labios, en los ojos un an o o cidos y, sob e odo, en la mi ada ingenua y son ien e y en la exp esión que emanaba no sólo del os o, sino de oda su igu a” (I, 9, 37). Es e econocimien- o pe mi e que su ja el ecue do de las elaciones que ambos man u ie on y que les hizo doblemen e únicos e incon undibles, como lo mues an sus cue pos y, en especial, sus os os, sus mi adas y su exp esi idad pe sonal. No en balde una o og a ía de cómo e an ambos en el pasado a i a á más adelan e ese e- cue do y obliga á a con as a lo en e lág imas con su al e ada ealidad y la muy di e en e si uación desde la que uel en a elaciona se (c . II, 9, 244 y II, 13, 254-258).3 El na ado p ecisa que Nejliúdo había i ido sus p ime os diecinue e años “con la inocencia de un niño. Pensaba en la muje sólo como esposa. Todas aquellas que, según su modo de e , no podían se su esposa, no las conside a- ba muje es, sino simples pe sonas” (I, 12, 49). En e ano, esidiendo en la inca de sus ías, pasaba las noches de luna llena paseando po el ja dín, en egado a sus sueños, sin epa a siquie a du an e odo un mes en la esbel a igu a de una doncella de ojos neg os, a la que llamaban Ka iusha. Po lo is o, no hay espacio pa a la sexualidad in an il ni ju enil, y és a es inocen e, la educación ecibida p esen a el ma imonio como única me a, sin i encias p e ias del cue po p opio, ni an asías e ó icas, ni apasionadas ap oximaciones in e pe - sonales, pues o que las muje es no son conside adas como ales. Nos ememos que sigue aquí en igo el mi o de la “bondad” del “homb e na u al”, an e io a la “co upción” apo ada po la ci ilización, que en es e caso comienza sus pe niciosas in luencias cuando se es á a pun o de alcanza la mayo ía de edad. A pesa de lo cual, la ce canía del cue po de esa doncella jugando al escondi e hace que cambien las elaciones en e ambos. Comienzan así las con- e saciones, los p és amos de lib os, los encuen os en soli a io, y su ge en on- ces, más allá y más acá de las palab as, el enamo amien o, como dela an sus mi adas: “los ojos empezaban a deci algo comple amen e dis in o, mucho más impo an e que lo que salía de su boca; sus labios se a ugaban, sen ían miedo y se ap esu aban a sepa a se” (I, 12, 51). Había en ello, según el na ado , un emo in undado, pues el p íncipe amaba a Ka iusha “con el amo de las pe - sonas inocen es”, lo cual cons i uía pa a ambos “la p incipal de ensa con a la caída” (ib.), como si besa se y ab aza se uese an ina u al y ano mal, penoso y pecaminoso. Ese muchacho “no sólo no sen ía el deseo de posee la ísicamen e, sino que le ho o izaba el pensa en la posibilidad de que es o ocu ie a.” Po eso no iene conciencia de que la ama (!) y pe cibe su sen imien o hacia esa [3] Hay inas ano aciones sob e qué es con empla el os o de una pe sona que ida a quien no se ha is o hace mucho iempo en I, 22, 83: los ojos del espí i u descub en en un cue po cambiado a la misma pe sona a la que quisimos. Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. El cue po enamo ado en Resu ección de L. Tols ói – 485 – chica como una mani es ación más “de la sensación de la aleg ía de i i ” que compa ía con ella (1, 12, 52). Sus lec u as a dúo pa ece que sólo les e ue zan esa imagen de ma imonio en el u u o, sin que el ca iño, la es ima o el deseo de mu ua compañía me ezcan que se les llame amo . Toda ía no es opo uno que las ías azonen las condiciones de un ma imonio adecuado, pues la di e encia de o igen y si uación en e su sob ino a is óc a a y esa semiahijada plebe- ya debe espe a se, y eque i ía además un ca ác e ené gico pa a supe a la. Cie amen e, una cosa es el sexo en e enamo ados, y o a, muy di e en e, el ma imonio, como ins i ución legal y eligiosa que lo au o iza y le p opo ciona con inuidad en el con ex o social de los cónyuges. T es años después, el p íncipe ya ha en ado en la ida mili a y ha cambiado, se ha con e ido en un libe ino y un egoís a consumado, ac úa con- a su yo espi i ual y en p o echo de su yo animal, de acue do an o con las no elas que lee y los ode iles a los que asis e, como con lo que dicen los demás, siguiendo los malos p opósi os que aho a impulsan “a la bes ia desen enada”, su na u aleza animal (I, 13-14, 52-58). Se ep oduce aquí o a dualidad es uc- u al en e espí i u pu o y cue po animal, indi iduo y sociedad, pensamien o p opio y opinión pública, li e a u a ascé ica y a e e ó ico. Bajo esas nue as in luencias la noche de Pascua de Resu ección en la inca de sus ías y en compañía de Ka iusha signi ica pa a Nejliúdo la consecu i a expe iencia de dos o mas con apues as de ama : un momen o en que el sen imien o del amo en e un homb e y una muje “alcanza su céni , en el que en él no hay nada conscien e, calculado ni ca nal”, sino la pu eza del amo a odos y a odo, que unde a las pe sonas en un odo único, el amo pu o, simbolizado con el beso a un mendigo al acaba la misa, y o o momen o que acalla al p ime o, en el que iene luga “aquel espan oso asun o”, la bes ia se adueña po comple o del alma y p edomina sin esis encias ese sen imien o ins in i o y placen e o, e ible y c iminal (I, 15-16, 62-66), el amo ca nal. Es p ima e a, el hielo se de i e, y, aunque los labios de Ka iusha p o ie en una nega i a, el na ado ei e a que odo su se , conmo ido y u bado, dice y hace lo con a io (I, 16, 65 y 17, 68). La muje , como alcoba mal ce ada, es ambigua y con adic o ia, aunque acaba ap e ándose con a el pecho del amado. Los pun os suspensi os aluden al i- ual del amo que no se desc ibe. Después, emblo osa y muda, ella se ma cha y el jo en a a de comp ende la signi icación de lo que ha ocu ido, mien as la luna menguan e iluminaba algo neg o y espan oso (!), y pe sis ía la duda en aquél, sin sabe si había i ido una g an elicidad o una g an desg acia (I, 17, 69). En es a pa e del ela o apenas impo a lo que desea, sien e y piensa esa muchacha enamo ada, sea sob e las elaciones sexuales, sea sob e el ma i- monio en el que pod ían culmina : en ella p edomina el silencio, el emo y el emblo , como co esponde a su si uación de muje pob e y dependien e. Al día siguien e el p íncipe e oca el “amo animal” a a és de los com- p omisos sociales habi uales: un caballe o paga po dis u a de sexo ex ama- Joan B. Llina es Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. – 486 – i al, esa es la cos umb e, bas a pues con la adecuada mediación del dine o. Pe o en lo más hondo de su alma sabe que ha come ido una ileza; no obs an e, pa a segui con un buen concep o de sí mismo, deja de pensa en ello y acaba po ol ida lo. Tiempo después, en una nue a isi a a sus ías, el co azón se le op ime al conoce la is e sue e de Ka iusha y lo que había sucedido le a e güenza, sin emba go p on o lo uel e a ol ida (I, 18, 70-71). Aho a bien, g acias al eencuen o casual en el juicio, asus ado an e los ojos de ella, ecob a la sensación de culpa y de pecado po habe come ido una in amia al educi un ac o de en ega amo osa a sexo me can ilizado, al con e i a una muje ena- mo ada en una hemb a dep a ada, que había pe dido a un niño ecién nacido, quizá hijo suyo. Desde es e momen o la no ela nos expond á –jun o a o os ges os de ehabili ación mo al que hemos de silencia – la complicada pe ipecia po pa e del p íncipe pa a epa a su culpa, p oponiendo ma imonio a esa muje , aunque sea a desho a y sin pe mi i que an o en él mismo como en ella uel a a nace la pasión amo osa, o al menos el deseo de compa i cabalmen e su ida u u a (c . I, 48, 173). No podemos mos a los e icue os de esa en eco ada elación que, acabado el juicio, se uel e a en abla en e ambos p o agonis as, es ando Ka- iusha en la cá cel po habe sido condenada po un sis ema peni encia io lle- no de absu dos y con a iedades. De camino a Sibe ia pa a cumpli su pena ella su e po que los homb es le esul an “ an epugnan es como los insec os… impo unos y pegajosos, sin da le un minu o de descanso. En e las p esas y los p esos, igilan es y soldados de la escol a se habían es ablecido unas cos- umb es de dep a ación an cínica, que cualquie muje , en pa icula si e a jo en y no que ía ale se de su si uación como hemb a, enía que pe manece cons an emen e ale a” (III, 1, 379). Se boni a y ene un conocido pasado de p os i u a hacía que odos la asedia an, sus nega i as se omaban como o en- sas y en u ecían a los homb es. No obs an e, ambién inicia amis ades con p e- sos polí icos de p opósi os e oluciona ios, po ejemplo, con Ma ía Pa lo na, quien, aunque se sabe he mosa, emía la imp esión que su belleza p oducía en los homb es y “expe imen aba e dade a epulsión y miedo a cuan o pudie a pa ece amo ”. De ahí que a ambas las unie a “la epugnancia hacia el amo sexual. La una lo abo ecía po que había conocido odos sus ho o es; la o a, po que habiéndolo p obado, lo mi aba como algo incomp ensible y, a la ez, epelen e y o ensi o a la dignidad humana” (III, 3, 385). O con Simonson, ege- a iano consecuen e de pensamien o au ónomo, que “la que ía pla ónicamen e” y se sen ía impulsado po su amo . Ese enamo amien o, ansmi ido con mi a- das muy pa icula es, se con i ió en una in luencia decisi a sob e la Máslo a, la cual, pa a no decepciona lo, “se es o zaba en despe a den o de sí misma las mejo es cualidades que imagina pudie a. Y es o le mo ía a p ocu a se lo mejo posible” (III, 4, 387). T as acla a las cosas con Nejliúdo , la elación en e Máslo a y Simonson acaba á en casamien o. Ma ía Pá lo na comen a al Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. El cue po enamo ado en Resu ección de L. Tols ói – 487 – espec o que, aunque en ese caso se a a de un “sen imien o pla ónico” y de un “amo excepcional”, “siemp e hay un ondo asque oso” (III, 17, p. 424). Po lo is o, la c uel deg adación del sis ema peni encia io y la co upción medula de la sociedad za is a que esa deg adación con i ma han llegado a ex emos en que el amo sexual esul a i emediablemen e pe e ido, la na u al a ac- ción en e enamo ados se ha con e ido en algo ho o oso y bes ial, como si el diálogo co po al obliga a a mancha se, a o ende al se amado, ei icándolo y educiéndolo a me o obje o de place egoís a. Lo óp imo se ía, al pa ece , con- i i como niños angelicales, í genes y célibes, o como cas os he manos en una supues amen e idílica amilia de pad es que ya no ienen elaciones sexuales. La no ela acaba con el econocimien o de la inocencia de Ka iusha y con el p íncipe leyendo el E angelio, un pasaje del Se món de la Mon aña en el que descub e unos pocos mandamien os sencillos y p ac icables que, en su opinión, posibili an una o ganización de la sociedad sin iolencias de ningún ipo, el eino de Dios en la ie a. El segundo de esos mandamien os, basado en Ma eo, V, 27-32, dice: “El homb e no sólo no debe incu i en adul e io, sino que debe e i a el place de la belleza emenina. Una ez se ha unido con una muje , no debe aiciona la nunca” (III, 28, 463). Pod á empeza así una ida nue a. En el capí ulo XII de su ob a Cuál es mi e4 de 1884, Tols ói esumió esos mandamien os desde de e minada an opología, ya que cada uno de ellos co esponde a una en ación. La segunda de las allí enume adas es el libe ina- je, el ansia de o nicación, el deseo de posee o a muje que aquella con la que se es á unido. El esc i o econoce que ya no puede, como hacía an es, conside- a su sensualidad como un asgo sublime de la na u aleza humana, ni jus i- ica la an e sí mismo po su amo a la belleza, o po habe se enamo ado, o po los de ec os de su muje . Aho a, cuando sien e esa en ación, se e obligado a admi i que se encuen a en un es ado mó bido y ano mal, y busca lib a se po odos los medios de al obsesión. No sólo sabe que el desen eno sensual es un mal pa a él, ambién sabe que la causa p incipal de esa en ación no es –dice– la necesidad na u al de elaciones sexuales, sino el abandono de las muje es po sus ma idos y de los ma idos po sus muje es, es o es, las sepa aciones, el di o cio. Reco dando su biog a ía descub e que, con mayo ue za que la edu- cación ecibida –la cual le despe ó la pasión e ó ica an o en lo ísico como en lo men al, jus i icándola con a ac i os a gumen os–, la ampa p incipal e a el abandono en que i ía la muje con quien se unió po p ime a ez, y la si ua- ción de las muje es abandonadas que po odas pa es le odeaban. Así pues, la en ación esidía sob e odo no en sus p opios ape i os, sino en los deseos insa is echos de las pe sonas que había a su al ededo . De ahí la pe inencia del mandamien o de Jesús: “que lo que Dios ha unido no lo sepa e el homb e.” [4] También conocida como Aquello en lo que c eo, o Mi eligión. Joan B. Llina es Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 481-488. – 488 – Po consiguien e, él c ee que la monogamia es la ley na u al de la humanidad y no puede queb an a se impunemen e.5 Pa a el no elis a uso el desencadenan e p incipal del desen eno se- xual no es endógeno, no adica an e odo en la na u aleza humana, sino en el abandono en que queda quien ha iniciado elaciones y se ha is o luego epu- diado po su cónyuge. No obs an e, el amo apasionado le pa ece malo y abyec- o, pelig osa la belleza emenina, y buena “la ida uda e indigen e que mode a los deseos sexuales.” Comienza en onces sus c í icas con a la ociosidad ísica y la ida de abundancia, así como con a las no elas, la música, el ea o, la pin u a y los bailes, que exci an la sensualidad amo osa y aumen an los ape- i os sexuales, po lo que los denomina “di e siones noci as” y “pasa iempos licenciosos”. Asce ismo y monogamia es ic a, po an o, pues es a ins i ución egula a sus ojos las únicas elaciones in e pe sonales es ipuladas po la ley na u al y di ina. Jun o a es a no ela a día bas a ía eco da o os ela os, como El dia- blo, en el que el a ac i o de una campesina es como una ue za diabólica que p o oca la enajenación men al asesina de un ico p opie a io obsesionado po las elaciones que man u ie on, o bien el in ie no amilia que i ió en su p o- pia casa el madu o Tols ói desde que se “con i ió” has a su “úl ima es ación”, pa a que de ec á amos que an o su sesgada desc ipción de los cue pos enamo- ados como la excluyen e e apia legal que p edicó se basan en supues os an- opológicos excesi amen e simplis as y dualis as: hab ía que al e a a ondo la mi ada pa a pe cibi los de mane a más compleja y ecuánime, sin ol ida ni las p opias pulsiones y la p opia esponsabilidad al en abla una elación, ni el pun o de is a de las muje es cuando deciden i i el amo , ni la ágica ini ud que ma ca nues as pasiones y deseos, nues os comp omisos y p omesas, en una sociedad di idida en la que pe sis en las injus icias y las co upciones, las cá celes, la p os i ución y la iolencia de géne o. [5] L. Tols oï, Ma eligión, Pa is, Lib ai ie Fischbache , 1885, pp. 251-253. En es a aducción ap o echamos la de Joaquín Galla do en L. Tols ói, Cuál es mi e. La Iglesia y el Es ado. Ba celona, Men o a, 1927, pp. 99-100, aducción escaneada y disponible en in e ne .