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Gómez Camacho: un profeta paradójico en el Siglo de Oro

Campese Gallego, Fernando Javier

Abstract

Gómez Camacho, visionario activo en el Reino de Sevilla entre 1540 y 1553, tiene una relación muy estrecha con los evangélicos sevillanos como Egidio y Constantino, que serian perseguidos en años posteriores. Es un ejemplo claro de un profetismo cercano al de su contemporáneo GuilIaume Postel en Italia, pero, sobre todo, su memoria sobrevivió más de den años en forma de una congregación semiclandestina, ignorada por la Inquisición hasta 1623.

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INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 Gómez Camacho: Un profeta paradójico en el Siglo de Oro∗ Gómez Camacho: a paradoxical prophet in 16th century Spain FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO Universidad de Sevilla Resumen Gómez Camacho, visionario activo en el Reino de Sevilla entre 1540 y 1553, tiene una relación muy estrecha con los evangélicos sevillanos como Egidio y Constantino, que serían perseguidos en años posteriores. Es un ejemplo claro de un profetismo cercano al de su contemporáneo Guillaume Postel en Italia, pero, sobre todo, su memoria sobrevivió más de cien años en forma de una congregación semiclandestina, ignorada por la Inquisición hasta 1623. Palabras clave: Profeta-voz de Dios, Medius adventus, Inquisición española, Evangélicos, Alumbrados, Milenarismo, Fernando de Valdés, Juan de Ávila, Juan Gil (Egidio). Abstract Gómez Camacho, visionary active in the Kingdom of Seville between 1540 and 1553, had a very close relationship with the Sevilian evangelical preachers as Egidio and Constantino, who were persecuted in later years, and was an outstanding example of a kind of prophetic charisma likely to that of his contemporary Guillaume Postel, in Italy. But, more important, his memory survived for more than a century by way of a semiclandestine congregation, ignored by the Inquisition until 1623. Key words: Prophet-voice of God, Medius adventus, Spanish Inquisition, Evangelical reformers, Alumbrados, Millenarianism, Fernando de Valdés, Juan de Ávila, Juan Gil (Egidio). En agosto de 1615, Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, y Bernardo de Toro, capellán y predicador del Sagrario de la Catedral de Sevilla, fueron recibidos en audiencia por el rey Felipe III en Valladolid, como comisionados del Arzobispo y Cabildo hispalenses en la promoción de la causa de la Inmaculada Concepción. Al final de la audiencia, que no es el momento de describir, el P. Toro puso en manos del Monarca un memorial que concernía al Santo Oficio. Meses después, en diciembre, Toro presentaba al Inquisidor General Bernardo de Rojas y Sandoval otro memorial, que se supone trataba del mismo caso, pues era relevante para la causa. En este meFecha de recepción del original: 29/octubre/2007. Versión definitiva: 7/abril/2008 Dirección para correspondencia: Departamento de Historia Moderna, Facultad de Geografía e Historia. Universidad de Sevilla, c/ Dª María de Padilla, s/n., 41004. Sevilla. [email protected] ∗ Este trabajo ha sido realizado en el marco del Proyecto de Investigación+Desarrollo+Innovación “La ciudad letrada”, del Ministerio de Educación y Ciencia. Subdirección General de Proyectos de Investigación HUM2005-07069-C05-05. 12 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 morial se solicitaba una investigación en los archivos de la Inquisición para encontrar ciertas revelaciones sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen que habrían sido dictadas unos 65 años antes por un singular visionario, Gómez Camacho. De este personaje reclamaba Bernardo de Toro ser el heredero espiritual, a través de una tradición que habría pasado de maestro a discípulo, a través del jesuita P. Rodrigo Álvarez y el ilustre predicador P. Hernando de Mata1. Esta sucesión apostólica y esta tradición, a la que se adhirieron en el transcurso de los años un considerable número de adeptos, en tiempos de Toro se conocían como la Congregación de la Granada, de cuyo estudio, que el autor está ultimando, este artículo es un avance. Pero, ¿quién era Gómez Camacho? Los testimonios que se poseen de este personaje son dispersos y escasos. El principal, por su extensión, sería el propio memorial de Toro, que recogía un esbozo de la vida de Camacho. Su procedencia era la tradición que Toro, según sus palabras, habría recibido de sus maestros, así como los testimonios de ciertas religiosas concepcionistas de Lebrija, que llegaron a conocerle, los de varios discípulos sevillanos de Rodrigo Álvarez, y el de los nietos y bisnietos de Camacho, especialmente el de fray Gómez de San Francisco, comendador de los Mercedarios Descalzos en Rota. Hay que añadir los pasajes referentes a Camacho y a su esposa, Catalina Jiménez, en la Vida de la Madre Francisca de Vera, abadesa del convento de la Purísima Concepción de Lebrija, manuscrito inédito conservado en el mismo convento, cuya edición está preparando el autor. Los pasajes sobre Camacho se podrían situar en la misma tradición del memorial, por una vía paralela, ya que la Madre Vera fue su discípula2. Contrastando con este escrito basado en la tradición familiar y la de sus discípulos, hay que situar lo que queda del proceso inquisitorial de Gómez Camacho incoado en 1541, que da una perspectiva distinta del mismo personaje3. Por otra parte, hay que sumar más documentos inquisitoriales que indirectamente atañen a Camacho, como son los referentes a su compañero de lides espirituales Rodrigo de Valer, caballero miembro de una familia poderosa de Lebrija4. Con este acervo 1 Este memorial se encuentra en el Archivo Histórico Nacional (A.H.N.). Sección Inquisición, legajo 2.957/2. Transcrito en JESÚS MARÍA, Pedro de, fray, Vida, virtudes y dones soberanos del Venerable y Apostólico Padre Hernando de Mata, con elogios de sus principales discípulos, Málaga, 1663, ff. 3-5. Ha sido citado parcialmente por HUERGA, Álvaro, Historia de los Alumbrados IV. Los Alumbrados de Sevilla, Madrid, 1985, pp. 35-39. 2 Libro de la vida y milagros de nra. santa madre Doña francisca de Vera digníssima abbadesa de este religioso convento de la immaculada concepción de nra. sra. de la villa de Lebrija, sacada de diversos escritos que se hallaron en el archivo del mesmo convento y de testigos de vista como fueron algunas religiosas que la vieron y trataron, por una indigna monja de su mesmo convento. Ms. Archivo del Convento de la Purísima Concepción, Lebrija. 3 Los documentos supervivientes del proceso de Camacho también se encuentran en A.H.N. Secc. Inquisición, leg. 2.957/2 y son citados por HUERGA, Á., op. cit., pp. 39-42. 4 A.H.N. Secc. Inquisición, libro 574, ff. 71, 96-97. Citados por REDONDO, Agustín, “El doctor Egidio y la predicación evangelista en Sevilla durante los años 1535-1549”, en CASTELLANO CASTE- GÓMEZ CAMACHO: UN PROFETA PARADÓJICO EN EL SIGLO DE ORO 13 © 2008. Universidad de Valladolid INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 ISSN: 0210-9425 documental, tampoco muy extenso, hay que contentarse para intentar descubrir la personalidad de este muy intrigante hombre, que, a pesar de su humilde posición social, se convirtió en un respetado maestro y profeta de una tradición religiosa que se prolongaría hasta unos cien años después de su muerte. Los datos biográficos que el memorial facilita son pocos pero claros. Gómez Camacho, natural de Cumbres Altas (hoy Cumbres Mayores, en la Sierra de Huelva), era cerrajero de oficio y vivía en Jerez de la Frontera entre los años 1541 (al menos) y 1553, en que falleció. Estaba casado con Catalina Jiménez y tuvieron varios hijos. Su maestra espiritual fue una anciana llamada Marta de San Andrés, discípula de San Francisco de Paula, a quien, por otros conductos, se ha identificado con una religiosa del convento que poseía la orden de las Mínimas en Jerez desde 15245. Camacho empezó a recibir comunicaciones y mercedes de Dios, en tal grado, que sospechando de ellas, según dice Toro, decidió someterse al examen y aprobación del Santo Oficio. Hasta aquí nada hay que contradiga el relato recibido por la tradición que representaba Toro6. Pero no se pueden ignorar los datos que se encuentran en el expediente inquisitorial de 1541. Toro asevera que el examen que sufrió Camacho ocurrió entre 1549 y 1551 y omite lo ocurrido anteriormente, por deseo de ocultar información escandalosa para su maestro o, más probablemente, porque esta información le había sido ocultada a él mismo. En efecto, no es creíble que, sabiendo que Camacho había sido procesado por la Inquisición, pidiera al Santo Oficio pruebas documentales que necesariamente tendrían que revelar este hecho, tan deshonroso para la memoria del cerrajero como para sus discípulos, y de rebote, posiblemente dañino incluso para la causa de la Inmaculada. LLANO, Juan Luis y SÁNCHEZ-MONTES GONZÁLEZ, Francisco (coords.), Carlos V. Europeísmo y universalidad. V. Religión, cultura y mentalidad, Granada, 2001, pp. 577-98. 5 Crónica de la Comunidad de Monjas Mínimas de Jerez de la Frontera. Lamentablemente, por la pérdida del archivo de esta comunidad, destruido en la incursión inglesa de 1702, no se posee apenas información acerca de esta monja, salvo que, según un relato tradicional, habría recibido en 1540 la revelación del lugar donde se encontraba oculta la imagen de la Virgen Correctora, que se conserva en el convento. Sobre este convento hay pocas noticias: MONTOYA, Lucas, Crónica General de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, Madrid, 1619; y MORALES, Juan de, Epítome de la Fundación de la Provincia de Andalucía, de la Orden de los Mínimos, Málaga, 1619, apenas dan la noticia de la fundación. MESA XINETE, Francisco de, Historia sagrada y política de Jerez de la Frontera, Jerez, 1888, pp. 155-58 publica indicios de una fecha de fundación más temprana (hacia 1514). V. también BARROS CANEDA, José Ramón y otros, Clausuras, conventos y monasterios en Cádiz, Cádiz, 1998. 6 La tradición que presenta el memorial de Toro conecta claramente con el relato mitificado y repetido en las distintas corrientes de la mística europea del simple o iletrado que recibe su sabiduría directamente de Dios y se convierte en instructor y maestro del letrado, que es quien narra y escribe el relato. El origen de este relato mítico se sitúa, según CERTEAU, Michel de, La fábula mística (siglos XVI-XVII), Madrid, 2006 (1982), pp. 233-38, en el siglo XIV, con el relato de la conversión de Johannes Tauler por el Amigo de Dios de Oberland. 14 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 De la manera que sea, diversos hechos omitidos en el memorial se pueden encontrar en el proceso y en otros lugares. Para empezar, se sabe que ya antes de marzo de 1540 Camacho había sido interrogado por un inquisidor, y, de alguna forma, se había visto implicado en los problemas de Rodrigo de Valer con la Inquisición. Por entonces, Camacho ya recibía revelaciones, y aún más, ya tenía sus propias ideas acerca de cuáles provenían de Dios y cuáles del diablo, y no parecía tener intención de someterlas a examen de los inquisidores. Camacho tenía también visiones de Cristo maltratado y vendido (por treinta monedas) por las órdenes religiosas y los eclesiásticos, manifestaba públicamente su aprobación por la conducta evangélica de Valer, quien, en sus actividades como predicador seglar, expresaba críticas parecidas. Camacho incluso difundía que había visto (o mejor, sentido) a Valer a la cabeza de una procesión de santos adornados con diademas7. El anticlericalismo del cerrajero se combinaba con un mesianismo que mostraba una implícita hostilidad hacia el Santo Oficio. En efecto, al ser llamado por un inquisidor, una voz le dijo Anda, ve y sacarás mi pueblo de Captiverio, y en esto le paresció a este declarante que él avía de ser medio para que Algunos siervos de Dios que están ascondidos, aherrojados y maltratados, que no osan salir por el mal tratamiento que hazen a otros o porque no los tengan en menos que este era el Captiverio8. Los que maltrataban a los siervos de Dios no podían ser otros que los agentes de la Inquisición (y así lo interpretaron los propios miembros de la Suprema)9. Pero el arresto inquisitorial de Valer en marzo de 1540 cambió algo en la actitud de Camacho. Si bien anteriormente ya había expresado reservas sobre la predicación de Valer, ahora sus visiones le decían que su amigo estaba equivocado. Incluso podía detectarse cierta rivalidad con él, pues en una ocasión, ante el inquisidor que le interrogaba, le manifestó, de parte de Dios, que ya Dios havía cumplido con él, es decir que su misión había terminado (lo que implícitamente le convertía en su continuador)10. 7 Sobre Valer, vid. GIL, Juan, “Nuevos documentos sobre Rodrigo de Valer”, en PIÑERO RAMÍREZ, Pedro M. (ed.), Dejar hablar a los textos. Homenaje a Francisco Márquez Villanueva, Sevilla, 2005. T. 2; pp. 739-73; GONZÁLEZ DE MONTES, Reginaldo, Artes de la Inquisición española, San Sebastián, 1851, pp. 284-92; BELLIDO AHUMADA, José, La patria de Nebrija. (Noticia histórica), s.l., 1985, p. 479; HUERGA, Á., op. cit., pp. 39-45 y REDONDO, Á., op. cit., pp. 582-85. 8 A.H.N. Secc. Inquisición, leg. 2.957/2. 9 La identificación de Camacho con Moisés (o con Elías) hace pensar en una posible ascendencia conversa, con lo que el pueblo cautivo sería el de Israel, oprimido por los inquisidores. Es difícil no relacionar esto con los brotes mesiánicos surgidos entre los conversos de Andalucía y Extremadura en los años 1539-40 (PASTORE, Stefania, Un’eresia espagnola. Spritualità conversa, alumbradismo e Inquiszione 1449-1598, Florencia, 2004, p. 209), o incluso con los anteriores de 1499-1502 en Córdoba (EDWARDS, John, “Elijah and the Inquisition: messianic prophecy among conversos in Spain, c.1500”, en Nottingham Medieval Studies, 28 (1984), pp. 79-94). Pero no hay la menor referencia en el proceso o en otros documentos a esta ascendencia, que difícilmente pasarían por alto los inquisidores. Toro, tópicamente, atribuye a Camacho orígenes nobles, pero no se conoce nada sobre este tema, ya que los registros bautismales de Cumbres Mayores comienzan a mediados del siglo XVI. 10 Vid. nota 8. GÓMEZ CAMACHO: UN PROFETA PARADÓJICO EN EL SIGLO DE ORO 15 © 2008. Universidad de Valladolid INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 ISSN: 0210-9425 En cuanto a sus propias visiones y revelaciones, Camacho terminó por pedir al famoso predicador Juan de Ávila, que se encontraba en Jerez para fundar el Colegio de la Santa Cruz, que le examinase personalmente, probablemente en enero de 1541. No pudo Camacho convencerlo, sin embargo, de la autenticidad de sus carismas, pues el Apóstol de Andalucía, en carta al Santo Oficio, opinaba que se trataba de cosas humanas, no del Espíritu de Dios11. La Inquisición pronto tomó cartas en el asunto y procesó a Camacho. De su proceso se conserva sólo una parte, la que estaba más relacionada con Rodrigo de Valer, pues se adjuntó al suyo propio, mientras que el resto se había perdido ya algunos años después, como se verá más adelante. Es suficiente, sin embargo, para documentar sus prácticas y sus doctrinas, al menos, las que pudo recoger el Santo Oficio. En cuanto a las primeras, hay que tener en cuenta que lo que se dice en el expediente queda confirmado por el relato de sus actuaciones algunos años después en la Vida de la Madre Francisca de Vera12. Esto es así sobre todo en lo que se refiere a sus trances, cuando la voz de Dios hablaba por su boca, lo que está atestiguado por el propio Juan de Ávila (que no creía en ello), quien describía el desdoblamiento de su personalidad, cuando Camacho hablaba de sí mismo (con lengua más despierta que suele) como este hombre, y juraba que no es en su mano hablar o no hablar, sino que...tiene una esportilla de palabras y no puede desir ninguna dellas, sino otra que le traen de arriba. Es más, hablaba en persona de Cristo, diciendo yo soy hijo de Dios, y confesó a Juan de Ávila que no podía dexar de decir ansí, aunque a pasado munchos tormentos por no lo decir. Camacho incluso le relató el origen de estos arrebatos, pues según parece, un día, oyendo misa quando consagravan sintió venir a Xpo. al Altar y después de consumido se quedó allí y se vino a él, y se asentó en la parte interior de la cabeça y le hinchió el Alma de Lumbre y dones; dice que este que se Consagró es el que le hace hablar13. Todos estos fenómenos se hallaban rodeados de una cierta puesta en escena que Juan de Ávila llamaba vanidades. Cuando se arrebataba, Camacho entendía lo que le decían, pero no podía mover cabeza, brazos ni piernas, y la voz ordenaba a sus acompañantes que lo movieran, a veces para ponerlo más cómodo, pasándolo de una silla a una cama, aunque era común que buscara un sitio confortable antes de sus trances, como unas almohadas o una silla de caderas. También justificaba los descansos que se tomaba en medio de sus raptos: no me paro porque pienso lo que 11 La carta de Juan de Ávila es citada en el expediente inquisitorial de Camacho, vid. nota 8. La estancia en Jerez del predicador aparece en SALA BALUST, Luis y MARTÍN HERNÁNDEZ, Francisco, “Estudio biográfico”, en ÁVILA, San Juan de, Obras Completas, Madrid, 2000, vol. 1, pp. 3-373 (pp. 79-80). 12 Libro de la vida..., pp. 35-39. 13 Vid. nota 8. 16 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 tengo de decir, sino por dexar descansar a este hombre, o más interesante, no penséis que está parado este hombre, que yo le hago esto por que él mismo se experimente, quando él habla y quando yo14. El mismo Gómez Camacho tenía cierta prevención contra sus revelaciones, pues le contó al prior de la Cartuja de Jerez que una de ellas, que había recibido el día de Reyes de 1541, venía del diablo y no de Dios. A pesar de afirmar estar seguro de distinguirlas, hay varias referencias poco tranquilizadoras a los poderes demoníacos entre sus declaraciones, entre ellas una en que el propio Lucifer decía que Valer era un hipócrita y gritaba Quemen a Valer. Por otra parte, reconocía que había ocasiones en que no sabía cuáles de sus revelaciones interiores (no aquellas que expresaba como Hijo de Dios) eran sobrenaturales o simplemente de su propia cosecha. Sus ideas quedan expuestas en varias proposiciones que parecen (por varias referencias internas) sacadas de sus propias declaraciones ante los inquisidores sevillanos, lo que les dan una cierta autenticidad, ensombrecida por la muy probable ocultación de aquellas más peligrosas. Se conocen porque fueron enviadas al Consejo y sometidas a calificación. Aparte de las que tienen que ver con Valer, ya citadas, destacan tres categorías de proposiciones: las referentes a la vocación profética de Camacho, las concernientes al problema de la impecabilidad, y las que discuten la infalibilidad de la Iglesia. Las primeras podrían hacerse comenzar por aquella, peculiar, en que Camacho confiesa haber ido perdiendo su capacidad para ejercer su oficio a medida que iba recibiendo revelaciones, terminando por pedir a Dios que le diese una enfermedad pública para evitar acusaciones de no querer trabajar, y recibiendo la seguridad de que sus hijos no quedarían desatendidos, así como una sensación como de tullirse15. A continuación habría que destacar aquellas que hacen distinción entre el don de profecía, que consideraba Camacho como perpetuo, y el de la oración, que sería temporal; y explicaban que sólo podrían creer a Camacho personas con exercicio de oración, y las que estuviesen en comunicación con ellas. Tales ideas, que vienen a determinar la importancia que Camacho daba a sus revelaciones, se corresponden con la capacidad que decía tener de distinguir las que venían de Dios y las del demonio, que, según él, no producían la paz interior y la sensación de absoluta certidumbre de las primeras (ambas cosas refutadas por los calificadores). La constante afirmación de haber recibido garantías divinas de sus revelaciones, así como gracias comparables a las de los mártires, les parecía a los calificadores una muestra de 14 Ibid. 15 Esta actitud, parecida a la de algunos alumbrados, contrasta con la del Sapateiro Santo, Simão Gomes, profeta portugués (también seglar y casado) que, a pesar de haber sido llamado a la Corte, haber entrado al servicio del cardenal infante don Enrique y haber sido consultado por el rey Don Sebastián, nunca quiso abandonar su oficio de zapatero. Vid. FREITAS CARVALHO, José Adriano de, “Um profeta de corte na Corte: o caso (1562-1576) de Simao Gomes, o Sapateiro Santo (1516-1576)”, en Revista da Faculdade de Letras-Línguas e Literaturas. Anexo V. Espiritualidade e Corte em Portugal, sécs. XVI-XVIII, Oporto, 1993, pp. 233-260 (p. 237). GÓMEZ CAMACHO: UN PROFETA PARADÓJICO EN EL SIGLO DE ORO 17 © 2008. Universidad de Valladolid INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 ISSN: 0210-9425 suma arrogancia, aún más, habida cuenta de que sus pretensiones proféticas carecían de señales que las corroboraran. En este campo, Camacho, después de tratar de minusvalorar la capacidad probatoria de los milagros (ya que el diablo podía hacerlos falsos), relató cómo había santiguado a enfermos, produciendo algunas curaciones y animando a los demás, hasta que le negaron licencia para hacerlo (no dijo quién), en un esfuerzo por justificar sus aspiraciones que los calificadores consideraron poco convincente. Está claro que los milagros no eran lo suyo. Sí lo era la capacidad de convencer a los demás de sus dotes, sobre todo por la trascendencia que él mismo proclamaba que tenían. Por ello, habría que incluir aquí la aseveración de Camacho acerca de que el inquisidor debía hacer lo que él le dixese de parte de Dios con mayor Alegría que si se lo mandase el Rey16. En cuanto a la segunda categoría, es especialmente interesante por la época, con la Reforma en sus primeros tiempos y justo antes de la convocatoria del Concilio de Trento, cuando por Europa estaba extendida la idea de que un concilio sería el único medio de arreglar las diferencias entre las dos ramas de la Iglesia. Por un lado, Camacho pone condiciones a la infalibilidad del concilio. La primera es lógica: debía ser elegido conforme a derecho. La segunda resultó muy escandalosa para los calificadores: los miembros del concilio debían estar en gracia de Dios para que sus conclusiones fueran infalibles. Tenían razón para ello, ya que, al ser imposible la verificación de este estado para los padres conciliares, cualquier concilio y sus conclusiones quedaban en entredicho. Esto, que podría suponer cierta crítica contra el magisterio de la Iglesia y la tradición, se compensaba con la opinión de que el Papa era infalible en cuestiones tocantes a la república cristiana, infalibilidad que Camacho, temerariamente según los calificadores, extendía a todos los prelados en esas cuestiones. Nada cercano a las ideas reformadas, pues, se encuentra en estas proposiciones, sino más bien lo contrario. El tema de la impecabilidad es aún más interesante. En realidad, era un tema central en las preocupaciones de los alumbrados de la primera mitad del siglo XVI, y, por supuesto, en la prédica de los evangélicos sevillanos de esos años, como el doctor Egidio (como era conocido Juan Gil), tan cercano a Rodrigo de Valer. Para los primeros, la iluminación divina llevaba al creyente a un estado inmediato de impecabilidad, ya que alguien en semejante estado ya no podía pecar17. Para los segundos, era una consecuencia de la justificación por la fe, ya que la caridad nace precisamente de la fe y quien tiene fe verdadera no puede pecar, al menos mortalmente18. 16 Vid. nota 8. 17 Vid., por ejemplo, GARCÍA GUTIÉRREZ, José María, La herejía de los Alumbrados. Historia y Filosofía: de Castilla a Extremadura, Madrid, 1999, pp. 53-58. 18 PASTORE, S., op. cit., pp. 213-18. Precisamente el doctor Egidio había usado en su defensa de Valer del principio de la impecabilidad, argumentando que un hombre podía ser impecable en vida, por gracia de Cristo (vid. la abjuración de Egidio en 1552, en A.H.N. Inquisición, lib. 1.254, ff. 72-75, publicada en REDONDO, A., op. cit., pp. 592-98). 18 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 Camacho, quien evidentemente estaba al corriente de este tema de discusión, tiene una postura cercana a la de los evangélicos, pero significativamente diferente. Así, si por una parte afirma que es posible que un hombre, si lo pide a Dios como debe, puede conseguir no pecar más, sin embargo, no por ello se convierte en impecable, ya que conserva el libre albedrío. En estas proposiciones se enfatiza en tantas ocasiones el libre albedrío humano, incluso citando autoridades y la Sagrada Escritura, que los calificadores las consideraron cercanas al pelagianismo, la herejía que, en el siglo V, había defendido la capacidad humana para salvarse, y que, como es obvio, resulta diametralmente opuesta al ideario de la Reforma y al de los alumbrados19. Ciertamente, se podría pensar que Camacho habría arreglado sus declaraciones para parecer lo menos desviado posible de la doctrina católica más ortodoxa. Sin embargo, hay que recordar que las proposiciones más doctrinales se realizaron antes de la detención de Valer, cuando el peligro podía parecer menos inminente; y que las ideas de Egidio sobre la impecabilidad no fueron condenadas hasta 1552. ¿Acaso sería el cerrajero Gómez Camacho más consciente de sus desviaciones y más hábil en ocultarlas que el doctor Juan Gil? Parece más prudente pensar que las ideas de Camacho eran distintas aunque próximas a las de los círculos evangélicos de Sevilla. También eran muy distintas a las de los alumbrados castellanos, no sólo por su defensa del libre albedrío, sino especialmente por lo que no aparece en las proposiciones: ataques contra los sacramentos, la liturgia, los actos penitenciales y de devoción, la oración vocal, las imágenes y demás bestias negras de la doctrina alumbrada, asuntos muy del día que los inquisidores y los delatores no habrían olvidado si hubieran aparecido. Algo así debieron pensar los calificadores, pues, aunque consideraron heréticas varias de sus proposiciones, no aparecen en sus calificaciones los términos luterano o alumbrado. Pero sí aparecieron los términos vano y fingidor, referidos a Camacho: los calificadores pensaban que sus raptos y revelaciones eran un fraude, y rechazaban su contenido como herético, vano o temerario. Pero también rechazaban su forma, pues ese fenómeno de posesión no concordaba con la práctica profética del Antiguo Testamento ni la de los cristianos, en la que el profeta, plenamente consciente, difundía el mensaje que Dios le había dado a entender en su interior. Es bueno recordar aquí que por los mismos años, en Venecia, el biblista Guillaume Postel renovaba la noción del medius adventus, formulada en el siglo XIII por Pierre Jean Olivi, patriarca de los franciscanos espirituales, aunque puesta en práctica ya a 19 La cita bíblica es de la I Epístola de San Juan, 1, 8: Si dixerimus quoniam peccatum non habemus, ipsi nos seducimus, et veritas in nobis non est, que Camacho interpreta que se refiere al pecado original. En cuanto al pelagianismo en el siglo XVI, Erasmo de Rotterdam se enfrentó a esta misma acusación desde 1516, como se ve en COOGAN, Robert, “The Pharisee against the Hellenist: Edward Lee versus Erasmus”, en Renaissance Quarterly, vol. 39, nº 3 (1986), pp. 476-506. En este contexto, Camacho defiende la impecabilidad especial de la Virgen María, aunque no se pronuncia abiertamente por la opinión de su Inmaculada Concepción. GÓMEZ CAMACHO: UN PROFETA PARADÓJICO EN EL SIGLO DE ORO 19 © 2008. Universidad de Valladolid INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 ISSN: 0210-9425 principios del siglo XII por el profeta revolucionario Tanchelmo de Amberes (quien clamaba haber recibido la plenitud del Espíritu de Cristo), remedio extraordinario que Dios empleaba en esos tiempos de confusión religiosa. En vez de retornar en gloria y majestad, como hará en su Segundo Advenimiento, Cristo volvía entonces a través de criaturas, a las que llenaba con su espíritu para que diesen la correcta interpretación de las Escrituras y preparasen la llegada del Pastor Angélico. Unos años más tarde, en 1552, el propio Postel se manifestaría como prueba viviente de este medius adventus. Contemporáneamente, en la propia Italia, Basilio Albrisio, médico de un convento de monjas de Reggio Emilia, convencía a sus pacientes de que Cristo habitaba en su cuerpo por medio de una superencarnación, con el fin de proceder a una nueva Pasión, aún más terrible que la original, que daría paso al Milenio. Aparte de esta expectativa milenarista, que no se encuentra en las proposiciones (pero sí se acusa en sus herederos espirituales), la actuación y las ideas de Camacho se ajustan a este esquema, que sería así el marco conceptual en que se encuadraba un cierto profetismo del siglo XVI20. Tras la calificación, fechada en julio de 1541, los cuatro calificadores unánimemente recomendaron la prisión y proceso de Camacho, aunque discrepaban en lo demás, pues oscilaban en cuanto al castigo entre las amonestaciones y penitencias públicas y los azotes y el destierro en caso de retractarse Camacho, o el castigo reservado a los herejes pertinaces en caso contrario21. Otra cosa en que discrepaban era que dos de ellos pedían que la mujer de Camacho fuera interrogada, así como otros, pues, decía Pedro de Soto, había indicios de acuerdo entre Valer y Camacho. Francisco del Castillo además pedía que el Libro de los Estados, escrito por Camacho, quedara secuestrado en el Santo Oficio y no se permitiera su circulación, porque aunque no habían encontrado nada malo en él, pues parecía ser copiado de otros libros ortodoxos sobre la materia, no debía aparecer Camacho como su autor. 20 Sobre esta idea de Postel, PROSPERI, Adriano, “América y Apocalipsis”, en Teología y Vida, XLIV (2003), pp. 196-208 (pp. 204-205). En cuanto a Tanchelmo, vid. COHN, Norman, The Pursuit of the Millennium. Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, Londres, 2004 (1970), pp. 46-50; y DELUMEAU, Jean, Historia del Paraíso 2. Mil años de felicidad, Madrid, 2005 (1995), pp. 6667. Sobre Olivi y los orígenes del concepto, vid. REEVES, Marjorie, Influence of Prophecy in the Later Middle Ages: A study in Joachimism, Oxford, 1969, p. 198. Un conocido continuador de Olivi, Ubertino da Casale, en su Arbor Vitae Crucifixae (1305), identificaba a Francisco de Asís como el medius adventus (REEVES, M., op. cit., p. 208). Este libro (y uno de Olivi sobre el espíritu profético) se encontraba en la biblioteca de Constantino Ponce de la Fuente, amigo y sucesor de Egidio (WAGNER, Klaus, El Doctor Constantino Ponce de la Fuente. El Hombre y su Biblioteca, Sevilla, 1979, pp. 69 y 81). En cuanto a Albrisio, entre 1551 y 1559 conformó un apostolado entre las monjas, pero fue arrestado y procesado por la Inquisición en 1559. Vid. BIONDI, Albano y PROSPERI, Adriano (eds.), Il processo al medico Basilio Albrisio. Reggio 1559. Separata de Contributi, 4, 1978. 21 Eran el benedictino Juan de Robles, prior de Atocha, contendiente de Domingo de Soto en una famosa controversia sobre la pobreza en 1545; el dominico Pedro de Soto, prior del convento de Santo Domingo de Ocaña, confesor y asesor teológico de Carlos V, teólogo pontificio en Trento, defensor apasionado de su maestro Bartolomé de Carranza; y los franciscanos Francisco del Castillo, autor de una traducción rimada de los Proverbios (1552), y Domingo del Pico, guardián de San Francisco de Zaragoza, predicador del César, autor del Funiculum Apologeticum. 26 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 como Pedro Díaz y, tal vez, incluso de Valdés, siempre que no se traspasaran los límites, como hizo Valer. Es conocida la relativa tolerancia de la Inquisición con los profetas en el siglo XVI, mientras no se inmiscuyesen en política y resultasen peligrosos para el gobierno del Rey (o conectaran demasiado con las ideas de los reformadores)47. Un caso parecido, que puede servir de precedente, había ocurrido unos veinte años antes, con las encendidas predicaciones milenaristas de los franciscanos Juan de Olmillos y Francisco de Ocaña en Escalona y alrededores, que las autoridades inquisitoriales toleraron, mientras perseguían con mano dura a su denunciador, el maestro de alumbrados Pedro Ruiz de Alcaraz48. Que las revelaciones de Amadeo de Silva y Gómez Camacho estuvieran juntas en los papeles y las mentes de los discípulos remotos del último avalaría posiblemente esta hipótesis de un Camacho milenarista, dentro de lo que se conoce. Esta conjetura o la de un Camacho colaborador de la Inquisición podrían explicar muchos puntos oscuros de la historia de Gómez Camacho, pero quedan otros muchos, que habrá que dejar en el aire, por ahora. No obstante, hay que entrar en dos cuestiones que no se pueden dejar para después. La primera es la del papel de su esposa, Catalina Jiménez, de quien el propio Camacho decía que tiene también revelaciones cerca destas cosas; y a quien dos calificadores consideraban suficientemente inquietante como para aconsejar su interrogatorio49. El memorial de Toro conservaba su nombre y su memoria, pero se sabe además que su maestro Hernando de Mata la tenía en alta estima50. La Vida de la Madre Vera da más información. Según su relato, Francisca de Vera y Catalina Jiménez tenían gran amistad y se comunicaban espiritualmente, viviendo una en Lebrija y otra en Jerez. A la esposa de Gómez Camacho, dice la anónima autora, le fue dado su mesmo espíritu con diferençia que ella acudía al gobierno de su casa y el sto. Camacho no avía de haser otra cosa que estar en oraçión 51 (hay cosas que no cambian ni con los más altos dones espirituales). Este matrimonio de visionarios no tiene paralelos conocidos en esta época, donde lo más normal era que las visiones las tuviera una mujer, religiosa o beata, normalmente iletrada, y las difundiera su confesor, un fraile más o menos culto52. 47 KAGAN, Richard L., “Politics, Prophecy, and the Inquisition in Late Sixteenth-Century Spain”, en PERRY, Mary Elizabeth y CRUZ, Anne J. (eds.), Cultural Encounters: The Impact of the Inquisition in Spain and the New World, Berkeley, 1991, pp. 105-120 (pp. 119-120). 48 NIETO, José C., “The Franciscan Alumbrados and the Prophetic-Apocalyptic Tradition” en Sixteenth Century Journal, VIII, 3 (1977), pp. 3-16; y PÉREZ GARCÍA, Rafael Mauricio, Sociología y lectura espiritual en la Castilla del Renacimiento, 1470-1560, Madrid, 2005, pp. 197-99. 49 Vid. nota 8. 50 A.H.N. Secc. Inquisición, leg. 2.963, nº 1, documento publicado por HUERGA, Á., op. cit., pp. 485-98 (p. 491). 51 Libro de la vida..., p. 30. 52 PROSPERI, A., op. cit., p. 202. El mencionado Sapateiro Santo era casado, pero su mujer no tenía sus dones proféticos (y parece que se llevaban mal): vid. FREITAS CARVALHO, J. A. art. cit. GÓMEZ CAMACHO: UN PROFETA PARADÓJICO EN EL SIGLO DE ORO 27 © 2008. Universidad de Valladolid INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 ISSN: 0210-9425 De todas formas, parece que la madre Catalina Jiménez (así se la llama en la Vida) tenía más bien visiones, y no trances en que Dios hablase por medio suyo, pero a veces sí transmitía mensajes divinos. Así, por ejemplo, aseguró al sacerdote Benito Jiménez, confesor de Ana de Vera, que, por sus méritos, Dios le había comunicado la salvación de sus padres53. No se sabe mucho de los descendientes de este matrimonio, pero, aparte del ya mencionado fray Gómez de San Francisco (en el siglo Francisco Camacho), hijo de Antonio Camacho (único hijo cuyo nombre es conocido), se conocen los nombres de otros nietos varones: el presbítero Juan Bautista Camacho, Blas Camacho, platero en Sevilla y discípulo del P. Mata, padre del monje basilio fray José de la Encarnación (Nicolás Camacho), y sus primos Antonio y Blas Camacho, residentes en Lebrija. En la siguiente generación también consta el nombre del mercedario descalzo fray Bernardo de San Acacio, sobrino de fray Gómez. También se sabe que Mariana Camacho profesó en el convento de la Purísima Concepción de Lebrija en 1584, con asistencia del P. Mata, lo que indica que podría ser una nieta de Gómez, igual que otra Mariana Camacho, que recibió donaciones de Francisco González y Rodrigo Álvarez en 156654. En una de sus visiones, Catalina Jiménez vio a distancia que se derivavan del sto. crucifijo ynfinitas misericordias a modo de copos de nieve sobre el alma de mi sta. madre (Francisca de Vera) con que la dejava llena de dulzura y misericordias55. Precisamente Francisca de Vera, una vez abadesa en 1547, fundaría con otras cuatro monjas una como tertulia espiritual para platicar y oír a nra sta madre referir la grandeza de las obras de Dios en sus ssmas misericordias particularmente las que obrava en el siervo de dios el padre Gomes Camacho y su sta mujer la madre Catalina Ximenes56. Este verdadero culto en vida continuaría con otras religiosas y capellanes tras las muertes de Camacho, Jiménez y Vera, llamándose en el siglo XVII la Cofradía o Congregación de las Santísimas Misericordias, bajo la supervisión de los sucesores de Camacho. Sus pláticas eran secretas, según declaraba abiertamente la Vida, diciendo que la explicación se encontraba en la Inquisición sevillana, es decir en las revelaciones de Camacho supuestamente recogidas por sus secretarios para el Santo Oficio57. 53 Libro de la vida..., p. 40. 54 A.H.N. Inquisición, leg. 2.957/2. A.H.P.S. Protocolos; of. 9, 1644, leg. 17.876, ff. 439 y ss. JESÚS MARÍA, Pedro de, op. cit., ff. 5-6. SAN CECILIO, Pedro de, Annales del Orden de Descalços de N. S. de la Merced Redención de Cautivos Christianos, Barcelona, 1669, pp. 461-467. BELLIDO AHUMADA, J., op. cit., pp. 265, 268, 423. 55 Libro de la vida..., pp. 18-19. 56 Ibid., pp. 64-65. 57 Ibid., p. 152 y JESÚS MARÍA, Pedro de, op. cit., ff. 77-78. PROSPERI, A., op. cit., p. 202, recuerda la importancia de los conventos como centros de encuentro y de transmisión para los anuncios y mensajes visionarios de improvisados profetas. 28 FERNANDO J. CAMPESE GALLEGO INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 28 (2008) pp. 11-28 © 2008. Universidad de Valladolid ISSN: 0210-9425 Pero lo que no debía encontrarse allí era el Secreto de Gómez Camacho. Según los papeles del proceso de la Congregación de la Granada en 1623-1628, el principal motivo para abrir un proceso era un secreto que los congregados habían recibido de sus antecesores. La tradición, siempre según los delatores y los investigadores, era que Gómez Camacho habría poseído interiormente un gran secreto, el cual habría transmitido a Rodrigo Álvarez, su discípulo y sucesor a la cabeza de la Congregación. Este, a su vez, lo habría transmitido a su sucesor Hernando de Mata y a otros miembros, los llamados del particular espíritu. Este secreto sólo podía ser divulgado por el cabeza de la Congregación a ciertas personas predestinadas y vendría a ser como su razón de existir58. Nada hay en los documentos del proceso de 1541 que corresponda a este secreto, ni menos en el Memorial de Toro. En cambio, las extrañas palabras que pretenden explicar una visión de Catalina Jiménez, conectada a la Cofradía de las Misericordias, sí se refieren a un secreto59. Es lo único que se ha encontrado referente al secreto de Gómez Camacho entre los documentos no inquisitoriales que tratan de su vida. Como ya se sabe que, desde 1550 aproximadamente, en los archivos inquisitoriales sólo quedaba una parte del expediente de Camacho, que ya se ha comentado, nada más se puede decir, por el momento, del secreto. Como conclusión, he aquí a mediados del siglo XVI español a un profeta seglar y sin estudios, pero que escribe un libro (perdido), discípulo de una monja y maestro de otra, casado a su vez con otra visionaria, próximo a los reformados y a los alumbrados, pero de ideas opuestas a las de ambos, procesado como hereje por la Inquisición, pero en activo hasta su muerte, posible colaborador del Santo Oficio y posible depositario de un secreto singularísimo. Es un personaje paradójico, pero lo verdaderamente importante de Camacho no son sus ideas, sus visiones o sus conexiones, ni siquiera sus misterios, sino que su memoria y revelaciones sobrevivieron a través de una tradición y un culto semiclandestino durante unos cien años en plena España del Siglo de Oro. Precisamente por esto, resultaría poco esclarecedor intentar establecer unas conclusiones a partir de los antecedentes, de los contemporáneos, como Albrisio, Postel, Gomes, Gil o Valer, o de lo poco que se conoce de la vida de Camacho. Las conclusiones más relevantes podrán salir a la luz cuando se complete la investigación sobre los discípulos de Camacho, la pequeña y discreta congregación que durante más de cien años conservó su memoria, investigación en la que el autor está enfrascado en la actualidad y que espera poder publicar pronto. 58 El mejor resumen de este asunto, en el Memorial de fray Domingo Farfán al Consejo de la Inquisición 4 de mayo 1626, en A.H.N. Inquisición, leg. 2.963, nº 1. Está publicado en HUERGA, Á., op. cit., pp. 488-495. 59 Libro de la vida..., p. 252.