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Ilusión y virtualidad. El círculo nietzscheano y la reversibilidad digital

Reguera, Isidoro

Abstract

Este artículo trata de cómo nuestra comprensión del lenguaje y del pensamiento ha sido transformada por el lenguaje informático. Lo virtual requiere un análisis filosófico respecto a su relación con lo real. La hiper-realidad sustituye a la realidad porque el acceso al mundo es cada vez más tecnológico, representacional; ello genera un lenguaje específico con propiedades particulares. La tecnología supone también la aparición del estatus de lo post-humano y la amplificación de nuestra experiencia del mundo. Lo hiper-real sustituye a lo real en cuanto el acceso a la realidad se amplifica de forma inusitada gracias a lo tecnológico. Lo virtual tecnológico supone el nacimiento de una nueva categoría, que analizada desde el pensamiento de Nietzsche adquiere un contexto histórico clarificador. En el lenguaje computerizado el signo se convierte en hipersigno y los viejos problemas metafísicos se desvanecen en una cultura tecnológica que los vacía de significado.

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ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD. EL CÍRCULO NIETZSCHEANO Y LA REVERSIBILIDAD DIGITAL ISIDORO REGUERA Universidad de Extremadura [email protected] RECIBIDO: 22/09/2009 ACEPTADO: 24/11/2009 Resumen: Este artículo trata de cómo nuestra comprensión del lenguaje y del pensamiento ha sido transformada por el lenguaje informático. Lo virtual requiere un análisis filosófico respecto a su relación con lo real. La hiper-realidad sustituye a la realidad porque el acceso al mundo es cada vez más tecnológico, representacional; ello genera un lenguaje específico con propiedades particulares. La tecnología supone también la aparición del estatus de lo post-humano y la amplificación de nuestra experiencia del mundo. Lo hiper-real sustituye a lo real en cuanto el acceso a la realidad se amplifica de forma inusitada gracias a lo tecnológico. Lo virtual tecnológico supone el nacimiento de una nueva categoría, que analizada desde el pensamiento de Nietzsche adquiere un contexto histórico clarificador. En el lenguaje computerizado el signo se convierte en hipersigno y los viejos problemas metafísicos se desvanecen en una cultura tecnológica que los vacía de significado. Palabras clave: lenguaje, metafísica, virtualidad, hiper-realidad, post-humanismo. Abstract: This paper explains how our understanding of language and thought has been changed due to computer languages. Virtuality needs a philosophical analysis and how it has to do with reality. Hyper-reality substitutes reality because access to the world is more and more technological, representational. This generates a specific language with its own properties. Technology also presupposes the raising of post-humanism and the amplification of our experience of the world. The virtual-technological implies the appearance of a new category of language that can be understood through Nietzche's work. Sign becomes, due to computer language into hyper-sign and old metaphysical problems vanish in a technological culture that empties meaning. Keywords: language, metaphysics, virtuality, hyper-reality, post-humanism. Desde sus primeros escritos, quintaesenciados en este aspecto en Verdad y mentira en sentido extramoral del verano de 1873, Nietzsche introdujo el lenguaje por sí mismo en el campo del pensar. Fue el primero que abrió un espacio filosóficofilológico (o filológico-filosófico) de reflexión. El primero que consideró que la tarea de la filosofía era esencialmente una cuestión lingüística. Que la labor de crítica de la cultura, búsqueda de la verdad, claridad conceptual, liberación de prejuicios en la vida, limpieza del conocimiento, etc. era asunto de reflexión radical Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 16 sobre el lenguaje. A esta presunción metodológica incontestable de Foucault1 sobre la modalidad del pensamiento de Nietzsche hay que añadir su fuerza, que no solamente orienta a reflexiones lingüísticas, sino que además obliga todavía a partir en nuestras consideraciones del nivel de complejidad por él instaurado en el planteamiento y comprensión de las cosas. Un tanto sigue siendo verdad lo que Colli decía hace más de un cuarto de siglo: "Su voz acalla cualquier voz del presente; la claridad de su pensamiento sofoca cualquier otro pensamiento." 2 No es extraño, pues, que el laberinto analítico-crítico del siglo XX en temas filosófico-lingüísticos siguiera la "enigmática multiplicidad" con la que el tema del lenguaje despertó en el pensamiento de Nietzsche. Ya los dos grandes maestros de ese laberinto, Wittgenstein y Heidegger, son dos claros nietzscheanos, no sólo por su esencial consideración del lenguaje como sujeto-objeto del pensar, sino por las consecuencias destructivas de tópicos históricos que una dedicación así conlleva. Heidegger y Wittgenstein: dos grandes destructores de la “historia de un error”, como el maestro. La sospecha nietzscheana frente al lenguaje, por su distancia metafórica esencial a las cosas y por su esencial capacidad de ilusión y engaño, su desconfianza de la gramática, maquinaria de ese despropósito, que en el espíritu más avispado del cambio de siglo Wittgenstein pondría explícitamente como "primera condición" para filosofar3, impregnan el derrotero de un siglo, el XX, que comienza en este sentido con la conciencia de que antes de saber si es verdadero o falso lo que decimos deberíamos saber si siquiera decimos algo cuando hablamos, y acaba con la idea de que aún si decimos algo cuando hablamos lo hacemos desde un juego o contexto determinado (de pre-juicios e intereses: valores, creencias, formas de vida, teorías, etc.), sólo con respecto al cual tiene sentido y puede ser verdadero o falso lo dicho. Comienza con la sospecha (frente a las grandes palabras y narraciones de mundo) y acaba en el desengaño (en el relativismo o escepticismo con respecto de ellas). Un siglo nietzscheano de sana conciencia, al menos en este sentido. En el sentido en que Wittgenstein escribió en su Tractatus: “Toda filosofía es crítica del lenguaje”. Con la crítica del lenguaje Nietzsche fraguó la muerte de Dios, y tras Dios fue cayendo el montaje que pendía de él (y del que él pendía): la filosofía, la historia, el 1 Cfr. Les mots et les choses, Gallimard, París 1966, 316. 2 Cfr. Giorgio Colli, Después de Nietzsche, Anagrama, Barcelona 1978, 152. 3 Cfr. L. Wittgenstein, "Notes on Logic" (1913). Cfr. en Nietzsche, por ej., Crepúsculo de los ídolos: "La 'razón' en la filosofía", & 5. La gramática como "metafísica del pueblo", en: Gaya ciencia, & 354. Sobre la rutina de la gramática que nos cierra otras posibilidades de interpretación del mundo: Más allá del bien y del mal, "De los prejuicios de los filósofos", & 17, 20. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 17 arte, etc. Así comenzó el proceso nihilista, más bien aniquilador de valores y principios tradicionales. Fueron muertes por crítica de lenguajes concretos que ya no identificaban puntualmente el sentido de un mundo nuevo posmoderno. O por crítica de la propia capacidad de uso cosmovisional del lenguaje, en general, para captar el mundo sistemáticamente. O de su uso científico para describirlo, más allá de luces racionales, en toda su complejidad. Etc. Pero el lenguaje en el que eso se hacía, como la razón que criticaba la razón antes, el lenguaje de la crítica del lenguaje, el lenguaje sin más, a pesar de toda conciencia circular, metalingüística, mostrativa, hermenéutica, deconstructora, etc. respecto a él, se escabulló indemne. Lo dado primordialmente al ser humano no es el mundo, es el lenguaje: había que apoyarse de algún modo en el lenguaje porque, si no, nada tenía sentido. (Como en Dios o en la razón en otros tiempos.) El lenguaje se convirtió en el siglo XX en la entidad cuasi-metafísica substitutiva para el ejercicio profesional de la filosofía cuasi-fundamentalista. Muerto Dios, muerta La Razón, sólo quedaba El Lenguaje, el gran mito histórico de turno del siglo XX. Sin pensar que, al fin y al cabo, Logos o Verbum, los tres siempre han sido lo mismo. (Ésta sí que es una "sabiduría" primordial, presocrática, a la que seguro que se volverá después de tanto esforzado, pero aporético siempre, periplo “filosófico”, postsocrático...) No se sospechó, excepto el segundo Wittgenstein, que se perdía el tiempo analizando o criticando el lenguaje como entidad filosófica (“espejo del mundo” o “casa del ser”, por ejemplo), a parte de sus usos diarios, usos en realidad de nada que haya detrás de ellos más que aprendizaje, ellos mismos acciones humanas concretas como cualquier otra, en este caso comunicativas, que nacen de un modo de comportamiento aprendido o un modo de ser básico, biológico. El “lenguaje” no es más que cosa de lingüistas, digamos. Pero hoy, con la digitalización y la virtualización del sentido en la sociedad informada se le está aniquilando como había que hacerlo: inocentemente, sin interés y sin conciencia alguna. (Las armas del superhombre, por cierto.) Así no se cae en sus redes, la virtualidad las virtualiza, desvirtúa, las desvanece. Ya no existen sin más sus reglas ni su contravención, puede cambiarse o modificarse arbitrariamente su semántica y su sintaxis, no necesita otro significado que su propia condición de signo, etc. De modo que quizá no tenga interés o sentido ya ni la defensa ni la crítica del lenguaje al uso desde Nietzsche. (Y que esto sea esclarecedor.) Y que la filosofía del lenguaje acabe como la filosofía de la razón. (Sin que haga falta remozarla con otro título como el de "filosofía de la mente".) El lenguaje del móvil va desmoronando la Real Academia de la Lengua, digamos. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 18 Se le ha dado demasiada importancia al lenguaje como núcleo duro de significados4 y, por tanto, de mundo. (Siempre está el Verbum Dei inaugural de nuestra cosmovisión judeo-cristiana en el trasfondo.) Tanta como a los fantasmas metafísicos que una vez creó. Ni unos ni otro son de tomar tanto en serio como referencia de un vida que es un haz de pulsiones libres de todo tipo, a las que ha de acomodarse el lenguaje y su lógica discrecionalmente. No al revés. Ni siquiera los usos del lenguaje pueden substancializarse como si fueran otra forma plural y desperdigada de definirlo, esencializando la deconstrucción, por así decirlo. Después de Wittgenstein sabemos que el lenguaje como entidad unitaria no existe, que es una palabra más de un lenguaje que no existe en tales condiciones ultramontanas. Pero sabemos también que no podemos prescindir del lenguaje hasta para decir esto. Ya no se trata del pensar que piensa que piensa que..., cuyo derrotero lleva al Dios per se subsistens, sino del decir que dice que dice..., cuyo derrotero lleva a algo parecido. Si no nos preguntamos por qué tengo lengua ¿por qué hacer mayores problemas de una condición básica, y por tanto última e injustificable, como la de animales parlantes? Lo único importante es saber que el lenguaje es una acción humana tan libre y discrecional como cualquiera. Se piensa con lógica y se habla con gramática, una lógica y gramática tan condición básica como las estructuras biológicas o reflejas (aprendizaje) que las permiten. Pero no se piensa en pensamientos ni se habla en palabras, digamos, encadenados a una lógica racional o gramatical sistemática. Los pensamientos y las palabras nacen libres. La estructura en la que se les fuerza a entrar es un corsé artificial, una red de presa. Y 4 Para la infinidad de significados de significado, disputas y teorías filológico-filosóficas, filosófico-lingüísticas, respecto a él, cfr. el sabio libro de Alfonso García Suárez, Modos de significar, Tecnos, Madrid 1997. He ahí, en la enrevesadísima temática que describe con claridad inusitada el Prof. García Suárez, el “lenguaje” de los filósofos del lenguaje, todavía más artificioso que el de los lingüístas puros y el de los académicos. Mucho esfuerzo pero mucha aporía, como insinuamos arriba. Con la enormidad de material y autores que maneja, el Prof. García Suárez podía haber he hecho un monumental diálogo socrático, tan elucidante como disolutor, usando radicalmente de la ironía. Él optó por una “lenta digestión” (de un cuarto de siglo) de todo ello, cuyo precipitado hay que agradecerle (pág. [21]). Inteligentemente, subtitula su magno tratado como “Una introducción temática a la filosofía del lenguaje” (cursiva mía) y escribe ya en la primera página de la Introducción a esa introducción: “Ahora el lenguaje ya no se toma como objeto de reflexión por sí mismo, sino en la medida en que esperamos obtener un rendimiento específico, en cualquier área de la filosofía, del examen de algún rasgo o racimo de rasgos lingüísticos” (pág. 25). Esto es plantear bien las cosas. Cfr. como complemento la gran recopilación de artículos de los principales representantes de la filosofía del lenguaje, que han hecho historia sobre el tema: La búsqueda del significado, Luis M. Valdés Villanueva, ed., Tecnos, Madrid 1991. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 19 eso, la elección del corsé o red, es a su vez una elección libérrima, como sabe el creador... ¿Para qué? Para comunicar con otros puntualmente experiencias de todo tipo, incluso para darles forma comunicable, académica, social, hágase esto de modo voluntario o reflejo. El lenguaje no consiste más que en encontrar aplicaciones prácticas para ruidos biológicos. Si, con Nietzsche, desde hace más de un siglo comenzó a sospecharse de los usos gramaticales e ideológicos del lenguaje, si con Wittgenstein el lenguaje se diluyó en ellos, hoy se materializa todo ello con la virtualidad. Las prótesis técnicas (todo tipo de instrumental tecnológico que utilizamos y que se ha hecho imprescindible) que generan la virtualidad para el ser humano, lo hacen aumentando y superando hasta lo inimaginable las capacidades sensibles e intelectuales de éste, sus límites de percepción e intelección de lo real (el Cran Telescopio de Canarias es tan potente como cuatro millones de pupilas humanas, en caso de que se pudieran juntar y pudieran mirar juntas). Ahondan en lo real más allá de lo humanamente posible, diríamos. (Para entendernos en términos tradicionales: es como si su patria fuera lo nouménico; lo virtual trasciende la experiencia humana igual que lo que se llamaba nouménico antes: está más allá de ella, por eso es hiper-real; pero no está más allá de las prótesis, es el campo de acción acostumbrado de ellas.) Lo real se desvanece para el ser humano en tanto se libera de su limitadísima experiencia, de la aprehensión en categorías humanas (sumo ejemplo sobrepasado: las kantianas de andar por casa). Se puede decir, incluso, que es precisamente lo humano lo excluído en estos nuevos usos cognitivos del cyborg poshumano: los universos paradigmáticos de la ciencia de hoy, todavía dividida entre relatividad y cuántica, el de las máximas distancias y el de las mínimas, remitidos ambos al supuesto bosón de Higgs, no son humanos, o bien por “humano” hay que entender otra cosa que hasta ahora. Por su comprensión del mundo y por las implicaciones que ello produce en su estructura cognitiva, no es un ser humano exactamente igual que el de antes (por ejemplo, que Al-Sufi, el astrónomo persa que ya observó la niebla de Andrómeda a simple vista en el año 964) el que hoy ve y analiza -mirando al ordenadorgalaxias desmesuradamente grandes y distantes a través del Hubble o del GTC, o detecta nuevas partículas a casi la velocidad de la luz en el acelerador del CERN de Ginebra. Porque a través de esas prótesis técnicas se contacta con otra realidad y de otro modo. El ser humano de hoy no es comprensible sin sus prótesis técnicas: con ellas interpreta el mundo, desde una nueva experiencia suya y un nuevo lenguaje que ha de desarrollar para ello, cuyos significados no pueden ser sino objetos virtuales. Han de serlo, paradigmáticamente y por ejemplo, objetos que están a (y miden) inimaginables cantidades de años luz, u objetos que duran millonésimas de segundo, inestables, de masa nula o casi nula, que hay que medir en menos de Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 20 cienmillonésimas de milímetro, si es el caso. Todo ello sólo se percibe a través de prótesis, no hay otro contacto real con ello, no existe en nuestro mundo observable, pero actúa: es lo virtual o hiper-real.5 Las entidades metafísicas de antes se transforman hoy en entidades virtuales como referentes del lenguaje. Es más claro e impactante hablar hoy de la dilución de la imaginación humana en lo inconmensurable con ejemplos científicos (agujeros negros, big-bang, bosón de Higgs, cuerdas, partículas subatómicas, etc.) que ideológicos (valores diluidos, ideologías confusas, teorías inconsistentes, vanguardias muertas, revoluciones perdidas, relativismo generalizado, niebla virtual de miríadas de opiniones frente a dogmas y fundamentalismos puntuales, etc.). Los ejemplos metafísicos ya no tienen sino sentido poético, digamos. Tanto las entidades ideológicas de todo tipo, como las científicas, son virtuales en tanto no se les adscribe, ni se les puede adscribir, una realidad efectiva, son entidades tácitas, supuestas, que sin embargo producen efectos, decíamos. (Si una “partícula” es un cuerpo dotado de masa y del que se hace abstracción del tamaño y forma, podíamos decir también que un valor es un objeto dotado de entidad y del que se hace abstracción de su contenido y forma.) Con ello se deja de lado cualquier realidad metafísica y se proporciona al lenguaje una ductibilidad que no tiene nada que ver con significados fuertes, con un concepto de verdad-correspondencia dura, con una gramática y semántica, ni siquiera sintaxis, demasiado estables. Y todo ello deriva también al contexto de discusión ideológico, valorativo, donde todo dogma y fundamentalismo cae precisamente por su propio “peso”. Todo ello, repito, toda esa 5 Un ejemplo. El volumen del átomo es prácticamente el mismo que el que ocupan los electrones, dado que éste –si no se confunde uno con la enorme serie de ceroses aproximadamente mil billones de veces mayor que el del núcleo. (Estamos hablando de una entidad, el átomo, de tamaño en torno a una cienmillonésima de milímetro.) Y, sin embargo, su masa es prácticamente la misma que la del núcleo, puesto que la de un protón o neutrón es cerca de 2000 veces mayor que la de un electrón. Eso quiere decir que entre el núcleo y los electrones hay un vacío enorme (de energía), que la materia es un gran espacio vacío, diríamos, que la Tierra podría compactarse en una esfera de 2 cms. Otro ejemplo. Andrómeda, la galaxia más próxima a la nuestra, la Vía Láctea, se acerca a ésta a una velocidad de 140 kms. por segundo (500.000 por hora), y su colisión o interacción con ella se calcula que tendrá lugar dentro de cerca de 3 mil millones de años. Estamos hablando de un objeto, Andrómeda, uno entre 80 o 120 mil millones de galaxias observables, que tiene el doble de tamaño que la Vía Láctea, siendo el diámetro de ésta de 100.000 años luz, es decir, de 9’5 x 10 elevado a la 17 kms. Dentro de ese espacio inimaginable se mueven entre 200 y 400 mil millones de estrellas. Entre ellas, la más antigua conocida tiene 13,2 mil millones de años. Todo esto se sabe después del Hubble, colocado en órbita en abril de 1990. Y después de simular ese “canibalismo” galáctico de Andrómeda mediante un superordenador de 1152 procesadores. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 21 relatividad lingüística, desde cualquier aspecto, se hace más evidente hoy en la virtualidad (tecnológica) que en la crítica (filosófica) lo ha sido hasta ahora6. Veamos estos matices llamativos de dos estilos de ánimo de mundo (críticotrágico-romántico-nihilista, relativista-simulador-virtual-tecnológico) desde (lo que sea) el lenguaje, pongamos de relieve a grosso modo en lo posible este cambio de rumbo desde sus dos orígenes preclaros: Nietzsche y la tecnología digital desarrollada desde hace cincuenta años, cincuenta también después de la muerte física de Nietzsche. ¿Supera la virtualidad a Nietzsche en este aspecto, o triunfa Nietzsche en ella? Desde luego la virtualidad marca la inocencia del devenir en tanto que elegantemente, sin interés, sin sospecha siquiera, decíamos, va desestructurando como de pasada la dura consistencia tradicional de la gramática del lenguaje. Pongámonos, primero, en el mundo de Nietzsche, en el nudo agobiante del pensar y del lenguaje que encierran en uno mismo, y después en el de hoy, en el desasimiento, desapego, desinterés, distensión respecto a las aventuras íntimas del pensar y el lenguaje. Hoy, el pensar y el lenguaje no son mi mundo, que es el mundo, sino el mundo sin más, diríamos. Hoy, el dicho de Gorgias “las palabras no son las cosas” no es traumático, porque las palabras mismas (los signos virtuales de un lenguaje digital) son cosas. Nietzsche (a) En el Nietzsche al límite de la razón de los últimos meses de lucidez se evidencian las tensiones del pensar y del lenguaje, y su trágica (trágico-cómica para mayor ironía) ilusión. Seguramente ella y ellas, desde el espíritu, se unieron a la podredumbre final de la sífilis enlarvada desde Bonn para explosionar su cabeza. Cuando en septiembre de 1888 vuelve a Turín desde Sils, donde había compuesto en ese verano sus dos últimos grandes libros, el Anticristo y el Crepúsculo, 6 Ejemplo: ¿qué podría hacer la crítica filosófica-filológica con una proposición como ésta sacada de un texto científico: “Hemos visto cómo se crean las partículas fundamentales o partículas subatómicas más pequeñas de la masa física a través de un proceso acentuado de torsión de la globina o estructura reticular de la gravedad que genera un estado de agregación de la materia diferente, donde la principal característica es la acumulación de energía elástica en rizos o caracolillos de masa resonante”? Repárese también en el lenguaje inexcusablemente metafórico de la ciencia. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 22 Nietzsche abandona el plan de su "obra capital", la que llamaba en los borradores "La voluntad de poder", y con ella la filosofía7. Parece que, cansado de la nieve y de las altas cumbres del pensar, en los últimos meses de lucidez, quiere dar un giro liberador hacia la praxis, eligiendo para ello "la gran política": fundaría un partido para organizar la eliminación de todos los mal nacidos, degenerados, enemigos de la vida y apóstoles de la moral y del progreso; emprendería así una aniquilación gigantesca, que afectaría a todos los encarrilados en la vía de desarrollo de la humanidad desde Grecia, desde que Sócrates se inventó el otro mundo, cuyas desgraciadas figuras paradigmáticas subsecuentes han sido el "reino de dios" cristiano o la "sociedad sin clases" comunista8. El 7 de enero de 1889 se volvería definitivamente loco. Se perdería en la niebla, descontextualización de mundo, dispersión del núcleo tradicionalmente configurado y personalmente asumido en todas sus tensiones, que había provocado con su crítica demoledora. No quedaba nada, o nada más que imágenes confusas: eterno retorno, superhombre, voluntad de poder. Precisamente lo artificioso y forzado de este proyecto de acción -no el proyecto mismohace pensar que sus planteamientos políticos y todo su giro a la praxis, si no son locura ya y si la son también, significan un intento de salida de un calvario interior con el que no pudo como hombre y que no era otro de fondo que la asunción de un nuevo pensamiento y lenguaje o, por decirlo así, la sustitución del dios muerto9 o la incorporación del superhombre. (Todo ello en el ideal, por 7 Luego ya no escribiría más (en octubre y noviembre en Turín) que el Ecce homo, esa extravagante autobiografía de antihéroe, el Nietzsche contra Wagner, un panfleto cabreado y polémico, y los 9 Ditirambos a Dioniso, un violento aullido, lamento, danza, frente a los corsés de la razón y del lenguaje: su último grito, ya liberado, al límite de la razón. Y, naturalmente, las llamadas "notas de locura": aquellas 17 misivas descabelladas que entre el 30 de diciembre de 1888 y el 6 de enero de 1889 envía a muchas partes y gentes, en las que, entre otras cosas, dice haber tomado posesión de su reino, como primera medida quiere enviar al Papa a la cárcel, decide perseguir a los Hohenzollern, fusilar a "Guillermo" (el emperador), a Bismarck y a todos los antisemitas, etc.; notas que firma como "el crucificado", "Dioniso", "César", etc. El uso del lenguaje en todas estas obras últimas, sobre todo en los Ditirambos, tanto como síntoma de insania incipiente significa en cierto modo también una deconstrucción de sus mismos presupuestos sintácticos y semánticos, una utilización suya anticipadoramente virtual, a-real o hiper-real, por decirlo así. Podría advertirse, en general, una cierta autoconciencia de ello. Cfr. Crepúsculo, "Sentencias y flechas", 15; Anticristo, Prólogo; Ecce homo, "Por qué escribo tan buenos libros", & 1; incluso Gaya ciencia, & 365. 8 Cfr. Ernst Nolte, Nietzsche y el nietzscheanismo, Alianza, Madrid 1990. 9 Fue en su muerte a la razón, en la locura, que le llegó antes que la extinción física, cuando Nietzsche asumió, efectivamente, el puesto del dios muerto, como él mismo, ya enajenado, Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 23 supuesto, que es, sin embargo, la realidad más íntima del espíritu y, como tal, de las tensiones humanas.) Nietzsche quiso también arrojar su cáliz, liberarse de sí mismo, de su destino, de una tensión interior suprema sin salida que le causaban otras cuestiones más arduas que las de la "gran política". La fundación de su partido y todo su proyecto disparatado de acción no parecen más que un último intento de huída de alguien que ve que va encerrándose en el círculo eterno de soledad de la unicidad de lo divino, en la superconsciencia del círculo, en una definitiva tensión sobrehumana que había de ser liberadora de lo “último”, lo más remoto, retirado y escondido del ser humano, o demasiado humano, pero que, a pesar de todo su entrenamiento en la soledad del pensar, no puede asumir todavía como definitiva serenidad del espíritu sin perecer en ello. Porque él no era sino Zaratustra, el profeta del eterno retorno, el precursor del superhombre, el Dios asustado de Getsemaní. (b) Si la dialéctica de melancolía e ironía constitutiva del espíritu humano superior falla10, por lo que sea, también por la sífilis, quizá no haya otro modo mejor de en un tono sublime y terrible al mismo tiempo, parece que susurraba el 8 de enero de 1889 a Overbeck, que había ido a Turín a recoger los despojos racionales del amigo. Una locura bienaventurada, sin memoria alguna, sin gesto alguno, olímpica y divina, en otra nube galáctica. Su definitivo descanso de espíritu. Una vegetal ironía. Más de lo que merece en cualquier caso cualquier dios racional. 10 La melancolía, enfermedad del genio desde Aristóteles, limes sagrado o campo de nadie confuso y ambiguo que protege la frontera hacia la locura, enajenación, salida de sí, es conciencia clara de los límites humanos, pero permanencia sentimental e intelectual en ellos, porque de algún modo se atisba desde ellos algo ulterior, excesivo, oscuro pero más excelente que lo que queda atrás, que ya no interesa: sólo interesa aquello que supera la condición humana de hecho, como si hubiera un modo de vivir sin vivir en uno. Es la condición del creador, del ser excepcional: artista, científico, filósofo (y político, añadía Aristóteles en sus Problemata). La ironía es la voz de la melancolía: aceptación consciente de los límites humanos en que se mueve la vida, y forma de vida distante (consciente, con cierto humor) a esa condición impuesta. (Cfr. L. Wittgenstein, Luz y sombra, Pre-Textos, Valencia 2006, 35ss.) Que se sepa esa condición (¿por qué saber los límites?) y que se sepa impuesta (¿qué razón hay para ello?) es lo inquietante realmente del y para el ser humano. Y esa inquietud oscura e incomprensible, inexplicable, sin objeto concreto alguno de inquietud, es el origen de la dialéctica humana superior entre melancolía e ironía, que caracteriza al genio. El genio siempre es raro, un tanto loco e insane para quien determina las condiciones normales de cordura y para quienes las aceptan. Pero permanece en la cordura, más bien su lucidez es suprema, hiperconsciente. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 30 verlas desde un contexto analítico que no vale de nada porque no cuestiona nada, es decir, porque sus preguntas o cuestiones no tienen sentido a ese nivel. “Ilusión” no dice nada cuando “realidad” tampoco, o viceversa. Hoy, virtualmente, no son Que la ilusión virtual carece de la tensión de la grandeza trágica nietzscheana, no es mejor ni peor, ni lo contrario. Que por eso quizá le amenace otro tipo de tragedia que la del espíritu: que, perdida entre los signos, esa ilusión que se ignora como tal olvida los aconteceres y se hace en cierto modo culpable por virtualizar lo real sin regreso, es cosa que sólo importa a algún terco. No se pueden plantear cuestiones de hoy en conceptos de ayer porque pierden todo su sentido. Y hoy la realidad no importa como no importa la ilusión, bastante tiempo se ha perdido con esas cuestiones en más de dos milenios de otro mundo: la ilusión de lo otro llevó a religiones y revoluciones. Nietzsche debía haberse dejado también de ilusiones de ilusión. No hay más que esto y el juego a arreglarse lo mejor posible (“explicaciones” en vez de “revoluciones”, diría Sloterdijk12) en esto. ¿Esto? Estas condiciones de mundo que aparecen sin mayor justificación que un act in good, si buenamente se quiere. En las que, por lo que importa, la información es total pero es verdad que no tiene muchas repercusiones prácticas. Saturados de información e imágenes, no salimos de ellas. En ellas dramatizamos el mundo, alejados supuestamente de él. A pesar de toda información y de su bombardeo en el lenguaje transmisivo de los media se sigue fumando, la X del GAL sigue libre, siguen la pobreza y el hambre campando a sus anchas sobre gran parte del mundo, se sigue creyendo en la virginidad de la Virgen mientras el sida hace estragos... Convertida en mera retórica de sí misma, a la información no la define esencialmente el acontecer sino su mera calidad de información o de noticia y su interés como tal, y mientras dure. Mejor, desde luego, para los profesionales mediáticos (periodistas, escritores, ensayistas, académicos), si se trata de una primicia editorial, un adelanto informativo o, por encima de todo, una exclusiva. Las noticias (o acontecimientos editoriales o artísticos) se ofrecen unas al lado de otras al mismo nivel: todas son noticias, acontecimientos virtuales; sean las que sean se dan con el mismo ánimo profesional, periodístico o cultural. Por debajo de la prosopopeya de la mueca de tristeza obligada, es incluso posible percibir el guiño alegre autosatisfecho de un profesional con una exclusiva dramática entre las manos. Repugna un tanto escuchar eso de la tinta todavía húmeda o la noticia todavía caliente o del libro recién cocido, la autosentimentalización y autoarenga de importancia, ética y profesionalidad por parte de los publicistas de todo tipo, las 12 Cfr. Peter Sloterdijk, Esferas III, Siruela, Madrid 2006, “Nunca hemos sido revolucionarios”, 71-73. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 31 poses de genialidad de los escritores. Cuenten lo que cuenten cada uno de ellos, a todo lo impregna ese halo patético en el que prácticamente se resume el mensaje más claro que envían o quieren enviar. (¡Más o menos como la conciencia trágica de la ilusión de que hablábamos!) La información toma el lugar de la verdad o es más verdadera que ella. Primero, porque un hecho -o algo en generalno informado es como si no existiera. Y segundo, porque la credibilidad de que goza su información, en tal caso, es absoluta debido al poder de los propios medios y sobre todo al llamado "tiempo real" de una trasmisión instantánea, simultánea, que no sólo impresiona, sino que excluye además cualquier confrontación al representar el paradigma de todas las posibles. Es más, el tiempo real reseca cualquier realidad objetiva, verdad, acontecimiento, aunque lo estemos viendo en la pantalla, porque impide cualquier contextualización en el hiper-espacio-tiempo de lo virtual, donde lo real como tal ya no tiene mayor interés ni sentido que el de la información. El tiempo real, virtual en el espaciotiempo y en la imagen, impide con su sincronía cualquier forma de articulación o serialización razonablemente discursiva de lo real. Es una ilusión (para entendernos) que traga lo real en el vacío e inasibilidad del instante informativo. Sin pasado ni futuro, y con un presente fugaz, todo se agota en una simultaneidad en la que, como dice Baudrillard13, los actos ya no encuentran su sentido, los efectos ya no encuentran su causa y la historia ya no puede reflejarse en ella. Ni la historia ni la civilización. La lista de best sellers, los primeros estantes de los VIPS o librerías, por decirlo así, marca el tiempo real de la cultura de hoy, es decir, determina “el nivel de ciencia, artes, ideas y costumbres” de la sociedad actual. Hay tanto y tan extenso repertorio biblio-icono-gráfico que sólo el factor propagandístico, y por tanto mercantil, parece que sirve de criterio de elección y discriminación. La sociedad de la información permite todos los juegos de lenguaje, los almacena digamos, pero sólo distribuye los que interesan a un mercado manipulado por una comprensión capciosamente “liberal” de la igualdad de oportunidades y, por tanto, de la competencia. Siempre suelen ser liberales los que están en el poder o en una condición social privilegiada, los que pueden “liberar” prebendas porque les sobran e interesa darlas, no los que las merecerían y no las tienen. Dote o beneficio massmediático es la gran categoría que tiñe los diferentes niveles del modo de vida de hoy. Liberalidad de un postcapitalismo generoso con lo que le mantiene, y por ello. Todos somos profesionales liberales en este sentido, liberalizados más bien. En el trasfondo de 13 Para esta idea, como para otras muchas del texto que sigue, cfr. Jean Baudrillard, Pantalla total, Anagrama, Barcelona 2000, 31ss., 71ss., 95ss., 101ss., 125ss., 203ss. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 32 la maquinaria está el fantasma de los “señores del aire”, el control virtual, la mesa de mezclas del “gran estudio”, tácitos artistas de mundo, discjockeys poderosos, trasgos de silicio, funambulistas de bolsa, inversores anónimos de papel fantasma. La fantasmagoría ya no es metafísica, es virtual, sólo parece que existe pero causa efectos reales. La ilusión es hoy virtualidad; la tragedia íntima, estrés por el riesgo compartido en una tela de araña global agitada, en la espuma inconsistente: el andamiaje fundante de mundo hoy. Un mercado de intercambio de dinero e información a la velocidad de la luz, casa cobijo de nadie, rastro callejero electrónico para cualquiera. La condición humana de siempre, sólo que tempestivamente aggiornata. (b) Sí, es lo de siempre, pero de todo ello no hace falta tomar conciencia hoy, lo obvio es obvio y esta sociedad no pierde tiempo en plantearse lo obvio, la revolución ya no es posible ni siquiera en concepto, la reflexión crítica se considera inútil, basta el suave encorvamiento de la flexión ante el destino... Todo ello es el agua natural en que se mueven las espumas de la virtualidad. Este mundo sólo da la sensación de que es real, pero con eso basta, parece funcionar inocentemente. ¿Cómo quedan en lo virtual, entonces, aquellas categorías nietzscheanas de la ilusión lingüística? Hiperbolizemos un tanto para entendernos. (Al estilo de Baudrillard, Flusser, Weibel14..., y con ellos.) En general, frente a la ilusión trágica del pensar y del lenguaje por su irreducible distancia a lo real, y frente a la permanente tensión de espíritu que conlleva su consciencia: esa ilusión conceptual e inocente (no reflexiva, crítica, consciente) de que hablamos, si es que puede llamarse todavía ilusión. En lo virtual todo es imagen, todo es convención y consenso, todo podía ser de otro modo, y así se asume tácitamente, sin más, con despreocupación por lo contingente y por la contingencia de su asunción en el pensar y el lenguaje. Lo virtual no tiene espesor, no dura, no sigue un orden superior del ánimo, un ritmo soterrado de consciencia, y no puede provocar, por tanto, tragedias ni tensiones espirituales, tan poco sólidas y serenas como profundas en un mundo sin alma. Quizá psicológicas sí, porque la levedad de mundo contagie decadentemente el ánimo de supervivencia. Pero esos males de nervios no importan aquí, la depresión endógena es un epifenómeno más de la forma de vida actual, el único resto, quizá rastro, de un fantasma anímico que nos queda, substituto poscapitalista (de un capitalismo integral en el que todos 14 Cfr. sus artículos en: Ars electronica, ed., Philosophien der neuen Technologie, Merve Verlag, Berlín 1989. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 33 tienen derecho, según su capacidad adquisitiva, a participar en la feria de vanidades y vivencias) de la antigua melancolía del genio, fruto del mutuo estrés compartido y generado inmanente, intrascendentemente en la telaraña del mundo virtualizado. Frente al círculo del eterno retorno de aquella ilusión y tensión: reversibilidad y desaparición en ella. La reversibilidad infinita, la reproducción e involución eterna de iconos, en la que no vuelve nada ni nadie, vuelve sólo el propio círculo, su vacío, su girar sin fin, en un proceso nihilista de signos que acaba con lo real, donde el signo, dado que tampoco su uso en ese inverosímil vacío le carga de otro contenido conceptual o semántico, es ya el propio significado (en eso consiste precisamente su virtualidad). Y la inmersión total (fantasmal, ausente, vacía, inconsciente) en las rodadas de esa reversibilidad, como precio de una navegación cósmica por signos virtuales de disponibilidad infinita, de combinatoria siempre abierta. Uno se introduce en un lenguaje virtual sin la trascendencia de la mirada, sin la mediatez de la escritura inventiva. No hay nadie ni nada en frente. No hay más allá del texto virtual. Ni siquiera hay alguien o algo acá sino un innominado user de computer, un nódulo virtual. Le puede a uno la posibilidad combinatoria abierta, pero plana y vacía. No existe un más allá de la pantalla; ni del espejo, que ni siquiera te devuelve tu propia imagen. No se descubre nada en el hiperespacio más allá de los parámetros de búsqueda prefijados, nada en lo real más allá de los cuantificables bits de información. No hay libertad de espíritu, no hay poiesis, el espacio mental de libertad y descubrimiento de lo virtual es mera simulación, virtual él también. Tampoco hay una causa final, un objetivo o destino último: el sistema gira sin fin y sin finalidad y su única posibilidad de subsistencia es la huída ciega hacia adelante, la reproducción e involución al infinito. Frente al encierro en aquel círculo de eterno retorno: la trasparencia inasible e inconsciente de la campana virtual. Lo virtual nos encierra como una campana de vidrio invisible, donde vivimos como la mosca, golpeándose una y otra vez contra las paredes sin entender, importar en este caso, que pueda haber algo que delimita su espacio, que la separa del mundo exterior o que la mantiene presa. No es una mosca wittgensteiniana que arremeta desesperadamente contra los límites de lo sígnico para superarlo en otra dimensión de significado de lo real, consciente tanto de su arremeter como de la impotencia y absurdo definitivos de su esfuerzo. No se trata de una mosca melancólico-irónica... Aquí todo es signo, cristal, trasparencia, encierro imperceptible, inconsciente, no hay nada real tras el vidrio, no se hace cuestión ni hay conciencia de ello, incluso la imaginación de lo real, o del trasfondo de significado, ha desaparecido. Se vive tranquilamente encerrado entre signos sin imaginación alguna, sin conciencia alguna. No hay nada que imaginar, ni nadie para hacerlo: todo sale del vacío o la nada de la pantalla del computer, por cuya planicie no deambula precisamente el espíritu. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 34 Frente a la soledad de aquel encierro y a la amenazante locura de su asunción: vacío absoluto, olvido, ausencia, ilocalización. El sujeto y el objeto, y la relación que los constituye como tal, son también virtuales. Su-jeto y ob-jeto son ausencias, ni abajo ni en ninguna dirección hay algo firme. El objeto es, en tal caso, la ausencia evocada por el vacío del signo en su eterna reversibilidad. Y el sujeto, a parte de prótesis técnicas y usuario de ellas, es una ausencia sin más, disimulado en los signos o perdido en ellos, ilocalizable, desaparecido, incluso para sí mismo, no hay ni que buscarlo, no tiene sentido ya hablar de una entidad así. Reducido, en su cubículo, a un punto neurótico sin dimensión, que mira a la pantalla de los media, contemplando unas imágenes que por su vivacidad y colorido son más reales que él mismo, un nódulo virtual más. Olvidado de sí, diluído en la red informática, en el espacio inasible de lo virtual. La identidad es la de la red, no la de los individuos, de modo que en esa estructura volátil en realidad no hay problema alguno de identidad o alteridad, ni por tanto de soledad o locura. El sujeto se realiza perfectamente en la virtualidad, en su vidrio, sin tensión alguna, trasparente en la trasparencia, fuera de sí pero en ninguna parte (entre un sí mismo sin lugar y un lugar sin sí mismo, diría Sloterdijk15), inconsciente de sí o sin referencia alguna en un sí mismo, sin la autoconciencia e intencionalidad que parecían distinguirle antes como humano y que ahora son muy poco, rastros del espíritu de antaño, en tal caso, decíamos... Cuando está perfectamente realizado se convierte automáticamente en objeto, signo entre signos. Pero no se trata del punto cero yo-mundo de toda trascendentalidad, del microcosmos, del sujeto cuyo mundo es el mundo. Se trata, más bien, de la perfección del artificio: no hay referencia subjetiva alguna a las cosas, que, por tanto, tampoco son objetos. Y si en este momento crítico de disolución en la telaraña virtual de lo objetivo y subjetivo no cunde el pánico por fin, el horror vacui redentor, el vértigo que conmocione, y todo queda más bien en el éxtasis de la comunicación interactiva, en la mística del olvido de sí y del mundo, en la droga del screen, la panza del sistema ha engullido definitivamente, un buda feliz electrónico. Lo que se dice locura, tensión espiritual extrema que rompa un ánimo grande, como la nietzscheana, no amenaza nunca en esta soledad ausente, en este encierro inasible de lo virtual, en este zen virtual. (c) Pero las cosas pueden verse (igual, aunque) de otro modo. Tiene razón Baudrillard en que todo esto conlleva una pérdida de realidad, de identidad, de pensamiento 15 Cfr. Peter Sloerdijk, Esferas II, Siruela, Madrid 2004, 865-868, cfr. “En camino a las sociedades de paredes finas”, 863-871. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 35 crítico. ¿Y qué? ¿Qué son hoy todas esas cosas y para qué sirven, dada su historia? Quizá lo virtual aniquile esos pesos pesados conceptuales de realidad, identidad, crítica, superándolas en concepciones nuevas, mucho más ligeras, mucho menos esperpénticas. Según se miren las cosas, efectivamente. Quizá sea un paso hacia el futuro. Es verdad que lo virtual encarna el principio de no-identidad, de la disolución del sujeto, del objeto, de la relación sujeto-objeto y, además y ante todo, de sus relaciones acostumbradas, que suponen tradicionalmente la contextura de lo real. Es verdad que se da una especie de fusión nuclear morfológico-semántica en ello que impide el pensar acostumbrado, por cuanto explosiona sus categorías en una nebulosa. [Las categorías acostumbradas del pensar tienen muchísimos años, originariamente se inventaron para explicar y dar sentido a un mundo galácticamente diferente a éste, luego se han repetido más de dos milenios con pequeñas o grandes remodelaciones, pero siempre en torno a lo mismo, formas de lo mismo, más de lo mismo, siguen las mismas, no dejan ver el mundo de otro modo porque no permiten plantearlo de otro modo, son el lenguaje básico en el que tienen sentido las preguntas. Y, a no ser que se piense que en la Atenas clásica se produjo la epifanía pneumática de la philosophia perennis (como en Jerusalén la teofanía única y verdadera), que los griegos dieron con la esencia inmutable de la naturaleza humana (y los judíos con Dios), creyendo además que hay tal cosa, es sospechoso el hecho de que hoy tengamos los mismos paradigmas de sentido (excepto los científicos) que servían hace 2500 o más años para describir o explicar el mundo de entonces. Efectivamente (por lo que importa al sentido y a sus criterios paradigmáticos: éticos, políticos, religiosos), nuestro Dios es viejísimo, el de Abrahán, y se dice con razón que nuestra política está ya toda en la República y toda nuestra moral en la Ética nicomaquea, o en Platón y Aristóteles en general. ¿Es que Platón, el primero, fue tan listo? Se pregunta Wittgenstein.] ¿Hace falta hoy para algo el concepto de sujeto, de realidad, y el subsecuente de crítica (planteado desde ellos), de cuya pérdida habla Baudrillard? ¿Sirven para describir nuestra concepción del mundo o son también hipótesis ya innecesarias para ello, como se hizo hace dos siglos la de Dios en la mecánica celeste laplaciana? Quizá su pérdida redunde en otra concepción de lo real, del pensar y del lenguaje, que describa mejor un mundo que desde hace un siglo, por la invención de la electricidad, y desde hace medio, por la del circuito integrado, ha evolucionado a escala geométrica. Esa especie de fusión nuclear de que hablamos significa también, si se entiende críticamente, la bancarrota de todos los modelos tradicionales de pensamiento, que de una forma u otra han sugerido, o impuesto, hasta ahora significado, contexto o, en una palabra, orden universal. Se trata de una especie de estrategia dadaísta que Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 36 lleva a cabo la superación radical de las ideologías, no en el discurso, sino desde dentro, como descomposición o disolución de sus mínimos elementos: los signos, que ya no son más que signos reversibles sin otro significado que su misma calidad de signo en el vacío de su reversibilidad infinita. En el reino de los signos nada es lo que es y se sigue otra legaliformidad que la de lo que se llama realidad: los objetos, extraídos de su contexto y convertidos en pura forma moldeable a capricho, digitalizados, cifrados, se trasforman en signos puros que flotan libremente, más allá del principio de identidad y significado, esperando el crash, la colisión de texturas y planos simbólicos diferentes, que los enmarque de algún modo en su desenfadada lógica. Lo virtual ataca no sólo los objetos tradicionales sino su función simbólica: la de ser portadores de significado y fermento de una totalidad de sentido, y, con ella, el propio concepto acostumbrado de realidad como sistema de objetos. Una cosa u objeto se define ahora como mera condición de agregado de su mutabilidad, reversibilidad; como forma fenoménica virtual fluyente; como el número cero de sus variaciones; como la configuración de partida, en el sistema, de su serialización; como una posibilidad cualquiera entre otras. (El lenguaje correspondiente, como software de prótesis técnicas.) Todo vale igual en ese reino. La discrecionalidad del anything goes, la indiferencia del cualquiera dentro de la configuración sistemática, es el momento constitutivo de lo digital: el vacío del sistema, donde reside precisamente la enorme capacidad del computer. Ello permite elegir un lenguaje de programación u otro, ampliarlo discrecionalmente e incluso cambiar o adaptar su sintaxis y semántica. Y la identidad del sujeto se agota en manipular esa dispersión. (d) ¿Y el lenguaje mismo, cómo queda? Muy influído, para bien o para mal, según se quiera, por los nuevos criterios informáticos, que imperceptiblemente se trasladan a la vida corriente. Tendencialmente queda como sigue. Sin historia, sin tiempo, sin realidad y sin correspondencia o referencialidad claras. Sin sujeto ni objeto, interacción de signos en el vacío o la web digital. Sin memoria ni contexto, significando en tiempo real una instantaneidad que siempre se escapa en lo incondicionado de lo que se llama “presente absoluto”. Sin distancia a las cosas, sin polos de referencia, sin criterios de verdad en la parafernalia mediática. Sin paisaje en las autopistas de la información. Vacío y extático, no significándose sino a sí mismo en esa trasparencia virtual de los signos. Artificioso, no simbólico. Sin la articulación lógica de antaño, como la realidad. El proceso nihilista de signos -sin significado e infinitamente reversiblesacaba con la realidad dada y con el nombrar acostumbrado, en un mundo del que ya no podrá decirse que Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 37 él está por una parte y los signos por otra. Sin objeto que significar porque el objeto está desintegrado en una función sígnica vacía, descompuesto como portador de sentido y significado, decíamos. Trasformados en cifras, en signos puros, y con ellos la realidad, los objetos, y la realidad, permiten hasta procesamientos no semánticos, artificiales, totalmente formales: semánticas y sintaxis discrecionales, decíamos, nuevos mundos. (El lenguaje de la teoría de cuerdas funciona en 16 dimensiones, de cada una sale coherente y consistentemente un mundo, el único problema es que no se sabe cuál de ellos es el nuestro.) El signo lingüístico, el nuevo fetiche del lenguaje frente al significado de antes, cuyo carácter digital o virtual supera la materia cruda tanto como la realidad conceptual, se eleva, sin contexto ni significado, desde el absoluto silencio, calma, quietud, vacío, ausencia, sin ruidos y puro. La fonología esencial al viejo lenguaje creador de la palabra divina cuando no había nada, al lenguaje y sones que luego quedó en la naturaleza, al lenguaje cuya sonoridad -y grafíaencerraba y expresaba así la esencia de las cosas, se supera aquí en este mutismo extático en el que se abre como un agujero negro donde se percibe una ausencia total, una nada verdaderamente vertiginosa, casi como aquella en que reside y que define al dios más profundo conceptualmente, el negativo de la mística. (En este sentido, definía Böhme el lenguaje como "el exhálito del abismo", siendo ese abismo el Dios nada.) Bien pensado, la nada, o abismo o vacío digital, como ausencia, sin profundidad alguna pero insondable, como el Ungrund de Böhme, profunda hasta alcanzarse a sí misma en el infinito, es decir, ausente hasta de fundamento de ausencia, falta de todo hasta de falta de todo, es paradigmática. Y en este caso hoy no tiene más misterios que los del computer. El signo releva al significado en tanto que no refleja ya la realidad objetual, aunque tampoco la aniquile o ignore, si se quiere: la traspone y eleva a un nivel semiológico nuevo. La arquitectura gigantesca, sobrehumana, de lo digital, de la red universal de información, como antaño las catedrales por ejemplo, es un monumento de contexto y de orden universales, supone una unio mystica nueva, una especie de metafísica digital16, que promueve una intersubjetividad inédita hasta ahora y de posibilidades inexcrutables por ahora. Un usuario así de un computer se siente y sabe ejecutor de un plan trasmitido, puede experimentar el vértigo de que hablábamos antes, pero lo asumirá como aquel horror vacui ante la infinitud de la materia que en otros tiempos fue tan fructífero para la investigación científica humana: el mejor finiquito de cualquier mística en el intento de acercar (lógica y no ideológicamente) el concepto de lo divino, vacío de teología, al ánimo, 16 Cfr. en este contexto, Martin Burckhardt, "Digitale Metaphysik", en Merkur 42 (1988), 528-533. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ISIDORO REGUERA 38 a la inteligencia y a la vida práctica del hombre. La mística de la intertextualidad, como supraconcepto en el que desaparecen los de subjetividad, autor, obra, significado, etc. (y oposiciones como original-copia, cita-opinión, modelo-imagen, etc.), decíamos. Si a esa intertextualidad, a esa red inexcrutable de textos y lenguajes en la que desaparece el autor y el hablante, la obra y el texto, etc., añadimos la consciencia posmoderna de que todo ha sido formulado ya alguna vez y que sólo queda por tanto la cadena sin fin de significantes para buscar algún sentido, en tal caso, entendemos que el propio concepto de lenguaje, con todos los adjetivos de escuela que se le pongan (incluídos los minimalistas del significado, excluído el del significado-uso y el del lenguaje-acción humana, no acto-de-lenguaje), es el que quizá esté muriendo, como insinuábamos al principio. No se puede pensar ya del mismo modo sobre el lenguaje y lo real, ni siquiera en la línea crítica que inauguró Nietzsche: ni aquel lenguaje-ilusión ni aquella realidad trágica existen ya, es decir, se comprenden como antes. Que las palabras no sean las cosas, insistimos, es algo que ya no inquieta. Inquietó desde el siglo V antes de Cristo hasta el XX después. (e) Estos nuevos signos insignificantes, significantes sin significado, de lo virtual, digital, informático, vistos con buenos ojos son, por eso mismo, signos hipersignificativos: no necesitan significado para significar, digamos, y han superado así cualquier lógica tradicional de lenguaje y mundo. En este sentido, son signos hiperhumanos e hiperreales. Son signos hiperhumanos porque superan la tragedia nietzscheana de lo real y el lenguaje, esencialmente necesarios uno para otro pero imposibles de conectar esencialmente. Ahora ya no hay oposición entre ilusión y realidad en el lenguaje, ni entre ser y devenir en lo real. Se asume el círculo de la reversibilidad eterna como forma normal de vida y pensar, unos porque no se enteran de otra cosa, los dormidos, y otros, los despiertos, porque desde sus nuevos presupuestos no son capaces ni de imaginar esas tensiones entre opuestos, o de imaginar su interés, en el nuevo elenco de cuestiones con sentido. ¡Por fin, podíamos decir, el vacío del propio pensar y lenguaje, el vacío de lo real mismo, puros uno y otro, como han deseado siempre las más grandes escuelas de sabiduría milenarias! Mucho más allá de asunción alguna, estética o no, de la ilusión. Mucho más allá del vacío de aquellos vapores del mundo verdadero o de lo supremamente real. Más allá incluso de que la ilusión sea lo real y viceversa. Ese lenguaje trágico ya no tiene sentido: no hay realidad ni ilusión, ni vapores ni verdad, en sentido trágico. Lo necesario e imposible a la vez no provoca tensión alguna, ni encierra en ella, ni explota la Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40 ILUSIÓN Y VIRTUALIDAD 39 cabeza, no provoca valoración ni interés alguno, en un mundo y un lenguaje donde el principio de identidad, y por tanto de contradicción, no valen, y donde el propio círculo es virtual, reversibilidad virtual. Esta maquinaria y este mundo virtual es, por seguir hablando así, el ánimo inocente del superhombre próximo, es decir, no de otra cosa que del estado de humanidad que sigue. Esos signos hiperhumanos (hoy) son los signos del superhombre, su modo de ver las cosas, por encima de cualquier concepto, o más allá del bien y del mal. Del superhombre que imaginó Nietzsche, que imaginamos nosotros y que seguirán imaginando todas las generaciones, cada una el suyo. Del ser humano del futuro, pues. Superhombre o metrociudadano. Son signos hiperreales porque su falta de materialidad, su formalidad máxima, disuelve la realidad en un código numérico que ya no refleja o constituye subjetivamente la realidad desde supuestas categorías mentales aprióricas - subjetivas siempre de algún modo, como formas de una supuesta sensibilidad, entendimiento o razón que nadie ha visto-, sino que la traspone digital, matemáticamente a un nivel semiológico nuevo, decíamos, en una especie de sobrepujamiento de lo dado, en una especie de nueva categorización trascendental suya, ya no subjetiva a fin de cuentas, sin los problemas que la subjetividad - trascendental o noconlleva siempre. De modo que (imaginemos un sonido natural digitalizado, por ejemplo, un sonido puro, que no depende ya del trasfondo natural de ruidos acompañantes o de las condiciones de emisión y recepción) ya no tiene sentido relevante hablar aquí de referencia (la referencia o el significado ha sido superado en la pureza del signo), como decíamos, ni de los dualismos modeloimagen, original-copia o, en general, realidad-figura. Descifrada, digitalizada, virtualizada, sobre esa materia prima de los signos puros, sobredimensionados de realidad por su pureza, la naturaleza puede manipularse a discreción sin proyectar nuestras supuestas categorías mentales sobre ella, sin oscuridades subjetivas por dentro ni metafísico-nouménicas por fuera. Porque, en efecto, tampoco se puede imaginar ya una sobre-realidad ausente, substraída a nuestra espera pero persistente en limitarnos aunque sea como una mirada o un remordimiento. Lo real-real, digamos, queda abolido, acabado para siempre: habría que enterrarlo definitivamente y definitivamente terminar su duelo, y con ello la historia de un pensamiento como el nuestro, que comenzó -y siguebuscando un trasfondo más real que la realidad misma. En el fondo se trata de un triunfo o de una superación del programa kantiano17. Lo virtual ha producido la elisión o desvanecimiento de ese último fundamento de realidad a pesar de todo, de esa extraña cosa-en-sí que Kant tuvo que mantener aún (conceptualmente, en su 17 Cfr. en este contexto, Christoph Türcke, "Philosophie. Eine Kolumne", en: Merkur 42 (1988), 57-62. Argumentos de Razón Técnica, nº 13, 2010, pp. 15-40