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Dinámica urbana y planificación en el espacio turístico

Moreno Peralta, Salvador

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46 cues iones u banas2/3 Dinámica u bana y plani icación en el espacio u ís ico Sal ado Mo eno Pe al a. 47 Sal ado Mo eno Pe al a El iempo de ocio, como una pa e in ínseca al iempo i al de la mayo ía de los ciudadanos de occiden e, cons- i uye uno de los g andes emas de es e pe íodo en e si- glos jun o a an os o os de una época cuya his o ia se es á esc ibiendo al minu o: emas como la globalización de los me cados, o igen de su po encia y, como hemos is o, de su debilidad, el desa ollo de las ecnologías de la in o mación y la comunicación, las diáspo as mig a o ias, la c isis de las ideologías con la caída del Mu o de Be lín en 1989 y la que se es á p oduciendo jus amen e aho a en la ibe a Su del Medi e áneo que echa po ie a esa cómoda ce idumb e in e p e a i a que iden i icaba el i eden ismo yihadis a con lo musulmán, sin que nadie hoy sea capaz de hace una mí- nima p ospec i a de los cambios que en el mundo puedan p oduci a co o plazo es os enómenos. Desde las p og esi as educciones de la jo nada labo al a lo la go del siglo XX, en episodios que jalonan las conquis as del mo imien o ob e o, has a la ac ual up u a del p incipio de economía clásica que ligaba la p oducción al empleo, lo cie o es que el iempo acan e, el de no- abajo, eme ge de un modo u o o como un elemen o esencialmen e cons i u- i o del iempo i al del homb e y la muje mode nos, con en idad p opia, y no como el “nega i o” del iempo de la p oducción, según podía en ende se en la concepción a- dicional. Pod íamos deci que eclama hoy el de echo al abajo implica eclama en el mismo ac o el de echo al iempo lib e que p opo ciona la in e upción pe iódica del iempo p oduc i o, según las modalidades, con enios y pac os que se den en cada uno de los escena ios de la p oducción. La e olución del sis ema capi alis a en el mundo occiden al nos ha lle ado a que las ue zas del abajo hayan pasado de su única acepción de p oduc o es a su doble de p oduc o es y consumido es, has a el pun o de que es, p ecisamen e, la magni icación de es e úl imo ol lo que ha de e minado en el mundo la explosión de los me cados. (Pod íamos deci , no sin i onía, que el uncionamien o del sis ema, an es que abajado es, lo que necesi a es consumido es). Y den o de es os me cados, el más impo an e del mundo po el lujo de capi ales que mue e y el e ec o impulso de economías inducidas es, sin luga a dudas, el me cado del iempo lib e y del ocio, el me cado del u ismo. E ec i amen e, hoy nadie discu e el ca ác e e dade amen- e es uc u an e del Tu ismo como un sec o económico con au onomía p opia, cuya p esencia en el PIB de muchos países y egiones apo a el mayo peso po cen ual y que, conside ando en é minos globales odas las ac i idades con él elacionadas, supone un 10% del PIB mundial, con una abso ción del 10% del empleo, con i iéndose así en el p ime sec o económico del plane a. Algo que desde el pun o de is a de la p oducción, cons i uye un pila básico de la economía andaluza, conc e amen e el 12,1% del PIB y 11,1% del empleo -con una especial concen ación en el li o al y en la Cos a del Sol malagueña- y que, desde el pun o de is a del consumo el u ismo es algo an “na u al” como el consumo de los elec odomés icos o los elé onos mó iles mul iusos, has a el pun o de ins ala se en nues a co idia- neidad como la a mós e a que se espi a, sin que seamos capaces de oma las necesa ias dis ancias pa a el p o undo conocimien o de una ac i idad humana, de un enómeno social, que concie ne a millones de amilias, de p oduc o- es y usua ios. Supongo que, al i mo e iginoso que hoy lle a la his o ia, sea ex emadamen e di ícil oma cie as pe spec i as con espec o al p esen e y, po lo mismo, ela- bo a una “ciencia” o una “ iloso ía” del Tu ismo como g an enómeno de masas de los iempos mode nos. Es an plu al, comp ome e an as cosas el Tu ismo -hos ele ía, es au a- ción, ecu sos paisajís icos, his o ia, a e, cul u a, e i o io, 48 cues iones u banas2/3 u banismo, cos umb es, olklo e, e c . -que es di ícil sus- ae se a la isión sec o ial, pues es mucho lo que se puede deci desde an os y di e sos ángulos. Pe o al a siemp e una isión in eg al del Tu ismo, una isión omnicomp en- si a de odos los ac o es que en él in e ienen y de la que puedan ex ae se unas leyes gene alizables, capaces de e- sol e la cues ión p imo dial de oda zona que enga en el u ismo su uen e p incipal de subsis encia: la ga an ía de un desa ollo u ís ico, i al, económico y ecológicamen- e sos enible. Y así es amos, aún hoy, después de más de medio siglo de la eclosión del u ismo de masas, p esos de una pa adoja, de una con adicción insal able: que el p in- cipal sec o p oduc i o del plane a cons i uya pa a muchos su p incipal amenaza. Y es que, u gidos po la inmedia ez en la explo ación de los ecu sos u ís icos, ha al ado una isión del u ismo como sis ema o, si conside amos la es- peci icidad de sus ac o es - iempo de p oducción y espacio de e e encia, ac i idades y e i o io, gen es y luga es- una isión del u ismo como au én ico ECOSISTEMA SOCIAL en el que odos sus ing edien es dispe sos sean conco dados hacia una especie de “equilib io ecológico” que asegu e su sos enibilidad en e a las amenazas siemp e la en es de la dep edación, la sa u ación, la pé dida de compe i i idad y el de e io o i e e sible de los luga es que oca. Tal ez en un in en o de a oja un poco de luz pa a desanu- da es a pa adoja debamos e e i nos a unos o ígenes, que no po e iden es esul an menos ol idados: las e iden es elaciones en e la economía y el e i o io. Hoy día, an e la apa ición en escena de esa especie de genios malignos e inma e iales que nadie e, que escapan a los con oles polí icos de los es ados sobe anos y que nadie es capaz de localiza en un luga p eciso como son los emibles MER- CADOS, pa ece que la economía ue a un conjun o de leyes ascenden es y cap ichosas como las eleidosas sen encias de los dioses g iegos, sin ninguna conexión con el mundo e enal, pe o no es así. Jamás lo inconc e o global u o an- a elación con lo conc e o local; jamás el ubicuo y ans e - sal espacio de los lujos y las edes u o una e e encia más di ec a en el espacio de lo eal, como han demos ado las e oluciones de Túnez y Egip o. Si uno se oma la moles ia de na ega po In e ne y e las elaciones en e la econo- mía china y su aducción e i o ial e á la eno me igencia de las llamadas economías de aglome ación, es deci , que allí donde se da la mayo concen ación de lujos de capi- ales, de ansaciones come ciales, de ges ación y ans e- encia de inno ación y conocimien o son las es á eas más supe pobladas del plane a, como el gol o de Bohai, con el eje de Beijing-Tiajin y su inaba cable á ea de in luencia, el del a del ío Yang se, con Shanghai como capi al y el del a del ío Pe la con las zonas económicas especiales de Guang- zhow, Shenzen y Zhuhai como núcleos p incipales (una es- 49 Sal ado Mo eno Pe al a pecie, sal ando las in ini as dis ancias, de nues os polos de desa ollo as el Plan de Es abilización de 1959). Pe o no enemos que i nos an lejos en el espacio y en el iempo: en la Cos a del Sol malagueña, po ejemplo, los municipios u ís icos con mayo es ecu sos económicos son aquellos en los que se da la mayo concen ación demog á ica. Así pues es inexcusable habla de la es echa elación del sec o p oduc i o con su espacio ísico de e e encia, de la economía y del e i o io, de la plani icación económica y de la e i o ial y, de una mane a ecu en e y algo cansina, como una se pien e de e ano, ol emos a habla hoy de planeamien o u bano y u ismo. Planeamien o u bano y u ismo son dos palab as, dos con- cep os, dos mundos que lle an más de cincuen a años cami- nando en nues o país y, especialmen e en el li o al medi- e áneo de nues a egión, po ace as di e en es, mi ando cada uno pa a o o lado. Es una his o ia de desencuen os, de desencajes en e un con inen e -el planeamien o u bano- demasiado es echo pa a un con enido - el u ismo- que le desbo da, como un aje mal co ado, como si a Pau Gasol lo is ié amos de Messi. Pe o no quisié amos da a en en- de que el u ismo ue a, en sí mismo, una ue za de c eci- mien o expansi a que hicie a sal a po los ai es cualquie posibilidad de con ención, pa a conclui que la plani icación u bana no haya se ido pa a nada y, aún más, que el des ino de los planes u banís icos -en conc e o de los PGOUs de los municipios u ís icos- no ue a o o que el de se ul- ne ados, como si el incumplimien o de lo plani icado ue- a la condición misma de su desa ollo. Pe o a la is a del de e io o medioambien al de algunos de nues os des inos u ís icos más ac isolados enemos odo el de echo del mun- do a pensa que lo ocu ido sí es la ulne ación sis emá ica del planeamien o, cuando la cosa es más compleja. Po lo p on o podemos es a segu os de lo siguien e: a. Que no exis en luga es más plani icados en es e país que los e i o ios u ís icos y, en conc e o, el li o al me- di e áneo, desde los años sesen a has a nues os días. b. Que los e ec os más pe niciosos sob e el e i o io que hoy puedan impu a se al desa ollo u ís ico se deben, p ecisamen e, al cumplimien o de los planes de o de- nación u bana, no a su ulne ación. Todo lo que consi- de amos hoy esencialmen e pe e so- las mu allas de ho migón, la in asión del medio li o al, la masi icación, la sob edensi icación o des ucción de los núcleos u ba- nos adicionales, e c.,- se ha p oducido, p ecisamen e, en es ic o desa ollo de las de e minaciones del planea- mien o u bano. “Planeamien o u bano y u ismo son dos palab as, dos concep os, dos mundos que lle an más de cincuen a años caminando en nues o país y, especialmen e en el li o al medi e áneo de nues a egión, po ace as di e en es, mi ando cada uno pa a o o lado” 50 cues iones u banas2/3 c. Pues ha sido el planeamien o u bano el que decidió que los he mosos núcleos de a qui ec u a adicional y popula c ecie an y ue an ocupados en los años sesen a exac amen e igual que se ocupa on los cin u ones pe- i é icos de nues as ciudades, con bloques aislados de apa amen os con la coa ada a qui ec ónica de es a ha- ciendo “a qui ec u a uncionalis a”, sinónimo de mode - nidad, a pesa de habe sido ya discu idos en el CIAM de 1938. Fue el planeamien o u bano- y no su ulne a- ción- el que decidió que no hubie a g andes di e encias en e la “lógica” que subyace en cualquie polígono de i iendas de la Ob a Sindical del Hoga y la con igu- ación de lo que pod íamos llama “núcleo du o” de To emolinos, Fuengi ola, Cal iá Benido m o La edo. Fue el planeamien o u bano el que, ala mado po es as abe aciones as la ecesión po la c isis del pe óleo a mediados de los se en a, decidió encauza el desa ollo u ís ico po los de o e os de o as abe aciones aún mayo es, como la a qui ec u a olcló ica, alsa e impos- ada- mezcla de pueblos mexicanos, cashbas mag ebíes y deco ados de Simbad el Ma ino- que son los llamados “Pueblos Medi e áneos”, que es como una a qui ec u- a e nácula de ida y uel a il ada po el ópico de la mi ada anglosajona. Fue el planeamien o u bano el que, ala mado igualmen e po el pa áme o “al u a edi- icable” y con unas cínicas esonancias de índole eco- logis a decidió emula al “sp awl” ame icano con eno - mes, con usas y di usas u banizaciones esidenciales, e ozmen e de o ado as de suelo, pe o de poca al u a y una densidad lo su icien emen e baja como pa a no da luga a la a lo ación de un mínimo de ida u bana comunal, odo ello con casas aisladas o adosadas bajo la coa ada- de nue o la coa ada cul u al- de los p inci- pios de la “ciudad ja dín” de Howa d y Unwin. Es hoy el planeamien o u bano el que, c eyendo p opicia un p oduc o a qui ec ónico con olable, ha semb ado las lade as de las segundas y e ce as líneas de cos a con bloques escalonados de Plan a baja+2+á ico, como si el escalonamien o a qui ec ónico u ie a po sí mismo un eliz acoplamien o con la inclinación de las lade as, con las leyes na u ales de la opog a ía. Bien, e a ine i able que es ando en e a qui ec os nos lanzá- amos ápidamen e a habla de los con lic os en e Tu is- mo y A qui ec u a, pe o el e dade o p oblema es de más calado. Y es que el planeamien o u bano casi nunca ha en endido el u ismo, y po ahí quisie a con inua es a di- se ación. Aunque sean sob adamen e conocidas, me ece la pena e- co da b e emen e de qué bases pa imos. Jun o con la emi- g ación, sabido es que el Tu ismo ue la g an uen e de cap ación de di isas a p incipio de los sesen a del pasado siglo pa a abandona la au a quía e inicia el despegue económico conocido como “milag o español” (podemos conside a nos hijos del mayo del 68, de la T ansición de- moc á ica, de la e olución in o má ica, de cualquie a de los hi os que han de e minado los de o e os de la his o ia ecien e pe o, sin duda ninguna, odos los españoles de hoy somos hijos o nie os del Plan de Es abilización económico de 1959. Tenía azón la gua dia ci il de la época en p ohi- bi los bikinis: se empezó ole ando un bikini en las playas y se acabó en un égimen de libe ades democ á icas con una minis a de De ensa emba azada. Si F anco le an a a la cabeza ). Pe o pasada una p ime a época de ascinación po un ipismo ligado a una inocencia casi “ ousseauniana”, ápidamen e pudo e se cómo lo que el u ismo ealmen e es aba haciendo e a unciona como mo o del sec o in- mobilia io, que e a donde ealmen e se p oducía la máxi- ma acumulación de capi al. 51 Sal ado Mo eno Pe al a En los ciclos económicos expansi os y, sob e odo en los paí- ses en ías de desa ollo (como ue nues o caso y hoy lo es el de Ma uecos, po ejemplo), ya se sabe que no hay sec o más ag adecido que el inmobilia io: gene a unas ápidas y ele adas plus alías, ac i a el consumo y el empleo en di e - sos subsec o es y di unde el op imismo sicológico de quien pe cibe es a aumen ando su ni el de ida. No impo a que sea una indus ia e oalimen ada con poco alo añadido y consumido a insaciable del ac i o “suelo”: las o alezas del c ecimien o hacen ol ida siemp e las amenazas de la ece- sión, y no hay pa ido polí ico que se esis a a la en ación de apun a se a la ies a, po más que cua o c isis en los úl i- mos ein a años debe ían habe sido su icien es como pa a pone un poco de acionalidad en el modelo de p oducción. La c isis más ue e de las aludidas ue sin duda, la del pe- óleo de mediados de los se en a del pasado siglo, que aca- bó con las isiones aylo is a y o dis a de la p oducción y puso in a es décadas de Es ado del Bienes a . En lo que a noso os se e ie e, la c isis ue más bien de o e a que de de- manda, pues si bien el enca ecimien o del pe óleo desenca- denó un aumen o gene alizado de los p ecios y una pé dida del pode adquisi i o de nues os clien es u is as, nues o país seguía siendo compe i i o en los p ecios. (Sin qui a le mé i os a los es ue zos pe manen es del sec o , lo cie o es que pa e de nues a solidez y desa ollo u ís ico se ha basa- do en la en aja compe i i a de los p ecios; cuando és os se han equilib ado con los de los países emiso es, especialmen e as la en ada en la zona eu o, España ha enido que com- pe i con la excelencia de sus p opios ecu sos. En unos casos lo ha log ado, pe o en o os pudo comp oba cómo es aba an e una c isis de o e a, que empezaba a de e io a se en la deg adación y sa u ación ambien al de algunos luga es, en el descenso de calidad de algunos se icios, po no habla del desc édi o in e nacional po algunos escándalos inan- cie os, como ue el caso de SOFICO, en los se en a y, más ecien emen e, la co upción u banís ica de an os municipios cos e os en odo el li o al español, aunque el caso de mayo epe cusión mediá ica haya sido la Ma bella del modelo Gil y los espan osos e ec os publici a ios de la Ope ación “Malaya”. En de ini i a, odas las ci cuns ancias que lle a on a la nece- sidad de edac a años más a de los Planes de Excelencia Tu ís ica en municipios u ís icos sa u ados (los planes Fu u- es) y, después de no habe ap endido ninguna lección, ol e a eedi a esa “ oma de conciencia” median e el ac ual Plan Quali ica, po ejemplo). Hoy, sin emba go, es amos an e el desconcie o de una e- cesión global, una c isis que es de o e a, de demanda y de modelo económico, sencillamen e, po que ha desapa ecido el dine o. La ine cia del Tu ismo sigue siendo ue e, aun- que, a ni el mundial, se haya p oducido un descenso del 8% con espec o al 2008 en los cua o p ime os meses del año, y de un 10% en Eu opa, que cons i uye nues o p incipal me cado. En Andalucía sigue uncionando como el p inci- pal mo o económico de la egión, concen ando el 12% de la mano de ob a aunque, según Analis as Económicos de Andalucía, se p e é una caída del la demanda ho ele a de un 12% y un descenso en el á ico aé eo del 16%. Es sabido que la polí ica del gobie no se a anó en exo ciza la c isis po el simple p ocedimien o de no nomb a la, des- de ese dudoso c i e io, de inspi ación bu sá il, de que el pesimismo llama al pesimismo. Bien, no con ibuyamos a inc emen a lo, aunque es emos en pleno incendio, pe o sí hagamos de una ez alguna e lexión sensa a, una ad e - encia p uden e: el incendio se apaga á, a de o emp ano y en onces se ha á e iden e lo que ocul aba su co ina de humo: la aíz p o undamen e esquizo énica de la polí ica u ís ico-u banís ica de nues o país, una cons an e desde el p ime Plan de Desa ollo de 1960 has a nues os días. Ya en onces, como exp esa Fe nando Te án en su clásico es- cues iones u banas2/3 52 udio “Planeamien o U bano de la España Con empo ánea”, la Di ección Gene al de U banismo del Minis e io de la Vi- ienda mani es aba su se ia inquie ud po la especulación inmobilia ia y el iesgo de que la ausencia de plani icación acaba a ma ando la gallina de los hue os de o o de nues as cos as u ís icas, mien as las Comisiones P o inciales de U banismo, al in y al cabo ins umen os locales del mis- mo Pa ido Único, hacían caso omiso de las di ec ices de Mad id. (Conocida es la anécdo a del Minis o de In o mación y Tu is- mo, Al edo Sánchez Bella, que, escandalizado an e la con emplación de una ba e a de edi icios desde el Palacio de Cong esos de To emolinos, p egun ó i i ado quién había hecho eso. Alguien del séqui o le espondió disc e amen e jugándose el pues o: “Noso os, seño minis o”). Hoy como aye , la misma Adminis ación que ha ole ado sub ep iciamen e el desmán u banís ico como condición necesa ia pa a la acumulación de capi al y el c ecimien o económico es la que se en oca luego en un capa azón no - ma i o y bu oc á ico que igno a po comple o la ealidad sob e la que ac úa. Y és e es pa a mí el aspec o cla e de la cues ión. Segu amen e son de sumo in e és las medidas co- yun u ales que desde el sec o u ís ico se es én a bi ando pa a sal a la empo ada: no en o en si es una buena me- dida paga es noches de ho el po el p ecio de una, o que los iaje os de Rynai iajen de pié como en un au obús u - bano. Dejo eso pa a los expe os en capea empo ales. Me in e esa más in en a ansmi i humildemen e mi opinión sob e el e dade o con lic o de base que ha exis ido siemp e en e la plani icación u bana y la ac i idad u ís ica. Y és e no es o o que el hecho de que nunca, epi o, nunca, el plani icado u bano ha sabido en ende la especi icidad concep ual, enomenológica, ísica, del espacio u ís ico. El espacio u ís ico no es un espacio u bano no mal. Es una ins ancia anímica, un e i o io de la imaginación, de los anhelos del se humano pa a sa is ace sus necesidades El Tu ismo son ecu sos, pe o és os no son nada si no se con ie en en p oduc os que in e ac úen en e ellos, en sine gia, o eciendo una e sión di e sa, ica, i al del hecho u bano. 53 Sal ado Mo eno Pe al a de ocio, de e asión, la exci ación de lo inusual, la di e- enciación de lo co idiano. Y aún con el in e esan ísimo enómeno del llamado “ u ismo esidencial”, en el que el u is a pasa de se un en e ansi i o a se un “ciudada- no”, adop ando o a geog a ía dis in a a la de su o igen como luga de esidencia pe manen e o cuasi pe manen- e, es a opción encie a ambién una cie a componen e de an asía, de e asión anímica hacia o o luga que es ísico, pe o ambién del espí i u, de un imagina io que es pe sonal y a la ez colec i o. Cuando, llegadas las acacio- nes, nos embu imos en el dis az de u is a y nos desplaza- mos a cualquie luga , és e ha sido escogido en la agencia de iajes según nues a p opia an asía- o la que e haya sabido ab ica el as u o endedo - pe o siemp e con iamos en que los luga es de elección se compo en como se es- pe a de ellos. ¿Que es o es una icción, una impos u a, una en a de geog a ías hipe eales? Tal ez sí, pe o ambién lo e an la Toscana o G ecia pa a los iaje os del G an Tou en el siglo XVIII y XIX. Bo ges decía, “¡qué lindo se habi a- do es de una ciudad que haya me ecido un g an e so!”. A eces bas a un e so pa a con e i un luga en u ís ico, (la Alejand ía de Ka a is) un modes o monumen o ca gado de his o ia, (la abe na de Zu ich donde su gió el dadaísmo, la casa donde se inició la composición de la Ma sellesa en Es asbu go ) los es os de un pasado indus ial, (como la ans o mación de la ía de Bilbao o el Pa que Dwisbu g-no e de Renania, sob e las an iguas ins alaciones de la undición Thyssen) o los escena ios de e en os glo iosos, (como el cam- po de Wa e lo, el cabo T a alga o las playas de No mandía) incluso los escena ios del ho o y el dolo (los campos de concen ación de Aushwi z, Dachau o Mau hausen) nada es- capa hoy a la posibilidad de que odo enga una dimensión u ís ica, po que el sec e o es á en la mi ada del iaje o, y esa mi ada se educa, se con o ma, se ab ica, se es imula. La indus ia u ís ica no consis e en es a a a un japonés haciéndole pasa po chanque es ilamen os de cebolla e- bozada, sino en enseña le cómo la luz de Se illa, Cádiz o Málaga e e be a en sus ca ed ales, en sus calles y en las achadas de sus pueblos blancos, en los esplendo es de los pa ios se illanos o los mis e iosos de la jude ía co dobe- sa, o en las mu allas de la Alcazaba alme iense con una anspa encia inusual, y que esa misma luz es la que saca la gen e a la calle animándola con un bullicio de ke messe pe manen e. El Tu ismo son ecu sos, pe o és os no son nada si no se con ie en en p oduc os que in e ac úen en e ellos, en sine gia, o eciendo una e sión di e sa, ica, i al del hecho u bano. Nos sigue cos ando mucho abajo pensa en el Tu ismo, no sólo como una indus- ia, como un sec o p oduc i o, como un lapso empo al en la ida de la mayo ía de los ciudadanos p oduc o es/ consumido es, sino como un hecho u bano, un enómeno esencialmen e u bano, pe o con unas singula idades que no somos capaces oda ía de inco po a a la, digamos, no malidad de una o ma de ida co idiana. Seguimos iendo lo u ís ico como la “ ema ización” de un luga , como un a ibu o que le cae a una ciudad encima que a eces pa ece e ol e se al g i o de : ¡Po a o , déjenme se una ciudad au én ica, y no una impos u a ema izada pa a espo ádico consumo de o áneos en empo ada al a! ¿Cómo podemos en onces plani ica esas ciudades, esos luga es, con el mismo en oque, con las mismas ó mulas adminis a i as, con los mismos eglamen os que los g i- ses escena ios de nues a co idianidad, con sus elaciones u ina ias en e el abajo, la esidencia y la cuo a de ocio se- manal, odo ello en luga es seg egados? ¿Cómo se pueden bu oc a iza espacios que pe enecen al eino de la an asía? ¿Cómo pueden se obje o de los mismos eglamen os, las mismas leyes, los mismos es ánda es, una ciudad indus io- sa de la sub-bé ica que una conu bación del li o al medi e- áneo? ¿Cómo una misma Ley u banís ica puede con em- pla bajo el mismo p isma Lucena que Ma bella?) 54 cues iones u banas2/3 Pe o, sin pe de de is a la c isis, y sin el ánimo p e encioso de apo a un ece a io de soluciones, cen émonos en al- gunas ideas de cómo el planeamien o u bano puede hace en e a esa c isis en nues o e i o io u ís ico más p óxi- mo, conocido y emblemá ico, la Cos a del Sol y su “hin e - land”. De en ada hemos de deci que la Cos a del Sol ocupa un luga p i ilegiado en el ma co de la Nue a Economía, po muy en c isis que és a se encuen e. La geog a ía de los lu- ga es ue es, en esa Nue a Economía, es la de aquellos en los que pueden da se simul áneamen e las es unciones básicas en que se despliega la ida en la mayo ía de los se es humanos del mundo ecni icado: la esidencia, el ocio y el abajo ( unciones que en el u banismo adicional- oda ía hoy consag ado po la legislación igen e- se desa ollaban en espacios seg egados), siemp e que en ellos se dé el ac o aglome an e de los es ing edien es, es o es, esa capacidad de sa is ace el mayo núme o de exigencias ciudadanas, y de la mejo mane a posible, que hemos llamado calidad de ida (clima, in aes uc u as, acceso a la Red, acilidad de anspo es, máxima capacidad de in e cambio modal, co- nexión con los g andes cen os emiso es del u ismo cen- oeu opeo, “hin e land” cul u al, uni e sidades, calidad de los se icios, comple a asis encia médica, y p eexis encia en el en o no de núcleos u banos que apo en ac o es de iden idad, p oximidad y capacidad de e e encia a lo local). El espacio u ís ico de la Cos a del Sol y, po ex ensión, odo el li o al andaluz, desde Ayamon e a Pulpí, con odas sus ca encias y necesidades, ep esen a esa iqueza, complejidad y di e sidad con las que la ciudad, lo URBANO, se exp esa en el mejo de sus egis os. Esa DIVERSIDAD, en e a o os des inos uni uncionales y mono emá icos, es la con- dición esencial de la o aleza u ís ica hoy, y, po an o, de es e e i o io cuya imagen de ma ca “Cos a del Sol”, con odas sus c isis, a a a es y de e io os, lo ienen si uado en el mapa mundial desde los comienzos del u ismo de masas. (No es po casualidad, pues, que las ciudades más u ís icas del mundo sean aquellas capi ales que más peso especí ico de DIVERSIDAD pueden acumula , como Nue aYo k, Lon- d es, Pa ís o Be lín, po ejemplo) Po que, en de ini i a, y aquí adica la indiscu ible no edad de la Cos a sob e enida en los úl imos años, con la eclo- sión del u ismo esidencial en la conu bación cos e a se supe pone una g an a iedad de usua ios que, en su con- jun o, anuncia un ipo de sociedad (y sociabilidad), con su co ela o en el modelo u bano, absolu amen e nue o, complejo, an ico cul u al y u banís icamen e como di í- cil de en ende si le aplicamos las iejas len es del u ba- nismo adicional. El modelo u bano de la Cos a del Sol es, como decimos, el de una conu bación, un con inuo u bano gene ado po unas pau as y es a egias de ocupación que ya hemos apun ado, pe o que no duda íamos en cali ica de indi e enciado; y es jus amen e ese cali ica i o lo que nos debe ía es a o ien- ando la a ea a segui , es o es, log a que ese espacio, e - dade o e lejo a escala educida de la ac ual sociedad u ba- nizada mundial- que es con ínua en su u banización, pe o discon inua en su uncionalidad, en sus in ensidades y en sus signi icados, pueda se , p ecisamen e, di e enciado, iden i icado como una sucesión de LUGARES, es deci , ámbi os que sean en sí mismos como una especie de e lejo o mic ocosmos de la ciudad oda, que desde ellos no se en- ga la sensación de es a en una si uación pe i é ica, ma gi- nal o subu bial, sino con odas las conno aciones de la cen- alidad, en endiendo po és a la complejidad de unciones que en aña el i i : la esidencia digna, los come cios, los equipamien os, el espacio público, los luga es de ocio y, en la medida en que hoy lo posibili an las Nue as Tecnologías, los espacios labo ales. ¿O es que no pueden se ambién u- ís icos los espacios labo ales? 61 Sal ado Mo eno Pe al a en el e eno de la o e a cul u al y hay un segmen o, el de- po i o, so p enden emen e sin explo a si excep uamos los campos de gol , a eces denos ados po i acionales ap io is- mos. C eemos que el g an po encial de Málaga, el dis in i o, el exclusi o, es á en su u ismo de in ie no, pe o és e, des- pués de an p olongado abandono, end ía que se ein en- ado de nue o y desde su p opia esencia u ís ica, que alude más a ins alaciones depo i as, cen os de Al o Rendimien- o, Escuelas y, en de ini i a, a equipamien os, que a p omo- ciones inmobilia ias. Po o o lado, y como a gumen aba lúcidamen e el esc i o Michel Houellebecq- úl imo P emio Goncou - en e al a qui ec o Rem Koolhaas, no hay que ene epa os en que la cos a acoja a un buen núme o de eu opeos de una e ce a edad que, en algunos casos, empie- za a los 55 años desde el pun o de is a labo al. Resul an insul an es las opiniones que cali ican la Cos a como el “asilo de Eu opa”, cali icando peyo a i amen e al segmen o demog á ico de los jubilados, cada ez más nume oso, con más espe anza de ida y con al o pode adquisi i o, en una conside ación d ás icamen e con a ia a la isión supues a- men e in eg ado a de la Ley de Dependencia. Po úl imo, no quisie a e mina sin una mención a las nue- as ecnologías del conocimien o aplicadas a la inno ación y al desa ollo. Nadie discu e el papel es uc u an e del Tu- ismo en nues a economía. Pe o so p ende la con adicción en e la ehemencia con la que eclamamos su ca ác e ne- amen e indus ial y la ela i a debilidad que en el sec o ha enido la aplicación consecuen e del I+D+i que en cualquie p oceso indus ial es el eje medula de su supe i encia. No hace mucho en e el aplauso de unos y el ecelo de o os, el p esiden e de la Jun a de Andalucía p esen ó el Plan de Inno ación del Tu ismo Andaluz. Pueden es a jus i icadas las dos pos u as: es a ola ilidad del dine o, es a alquimia inancie a de esas hipo ecas “sub p ime” que nos ha lle ado a la uina y a una abulosa sob e alo ación de la nada, iene algo que e con es e acío simbólico en el que lo a uno de los mi os del p esen e: la INNOVACIÓN como undamen o de la compe i i idad, y es lógico que ecelemos del concep o. ¿Es que acaso ese concep o no e a el que impulsaba ya a Ga- lileo, a New on, al in en o de la ejedo a “Jenny” o al de la egona “Vileda”? ¡Na u almen e que hace al a inno ación pa a se compe i i os en cualquie cosa!, pe o el “que in en- en ellos” de Unamuno sigue aún is emen e igen e en un país como el nues o que in ie e menos en inno ación que Bulga ia o la República Checa. (Aye mismo 2.500 cien í icos en iaban al gobie no un mani ies o con a los d ás icos eco - es p esupues a ios en Innno ación) Además, la inno ación es un medio pa a aplica lo a algo, y no- pe dónenme la ex- p esión- ese hue o pedo en bo ija que iene su in en su p o- pia disolución. Po o a pa e, en una economía globalizada uno no puede se compe i i o en el e eno que quie a sino en el que le dejen. Va ia la geog a ía p oduc i a del plane a es una emp esa i ánica que sólo es á al alcance de países que unen su gal anización en o no a un lide azgo con el “ca pe diem” de una coyun u a económica p opicia. Pe o a noso os nos dejan se compe i i os en un sec o como el Tu ismo, lo cual no es una mala no icia sabiendo, como epe idamen e hemos dicho, que supone el 10% del PIB mundial empleando al 10% de la mano de ob a, siemp e y cuando, e ec i amen e, apliquemos el conocimien o y la inno ación a los mé odos, a los p oduc os y a los p ocesos. Aplica la inno ación al u ismo es una cues ión de supe i- encia. Pe o pa a ello empecemos a aplica la inno ación a la comp ensión de un e i o io e ocando unas leyes u ba- nís icas espesas y gene alis as que han dejado i ados a los alcaldes en la complejidad de sus con lic os, han igno ado la di e sidad opológica de una egión que duplica en supe - icie a la de Suiza, han dispa ado los cos es del planeamien- o y su ejecución con ámi es in e minables que no enían o o obje i o que alimen a la p opia bu oc acia o sa is ace exigencias g emiales, so p e ex o de de ende los alo es de cues iones u banas2/3 62 la na u aleza y los de echos de los ciudadanos. Sólo con el espí i u esencialmen e an ibu oc á ico que encie a la inno- ación pod emos deja de mi a con len es iejas p oblemas que son nue os y al ez así, esos dos concep os que an- dan po ace as pa alelas mi ando pa a o o lado, u ismo y planeamien o u bano, se den cuen a de que esos e i o ios de la imaginación que son los espacios u ís icos pueden se ambién luga es donde lo co idiano se con ie a en una an asía pe manen e. Hay pocos luga es en el mundo así, y nues a egión, en la ica complemen a iedad de sus di e sidades, puede se uno de ellos si, a despecho de nues- a in ame bu oc acia, conseguimos subi nos al en de la imaginación.