La arquitectura como integración
Full text
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La a qui ec u a
comoin eg ación
Víc o Pé ez Escolano
En el on ispicio de la con oca o ia de es e cu so se afi -
ma que la a qui ec u a, po defi nición, es «una p o esión
abie a, que abaja en colabo ación con o as discipli-
nas». En consecuencia, la o mación del a qui ec o, o
como aho a se dice, el ap endizaje de la a qui ec u a es á
abocado a basa se en la complejidad disciplina y a eje -
ci a la ans e salidad como eje cicio pe manen e que
el a qui ec o debe domina si quie e alcanza esul ados
en las misiones que la sociedad le demanda. No se a a,
pues, de adqui i an solo las habilidades específi cas de
un ofi cio, o los ecu sos cien ífi cos y écnicos que capa-
ci an pa a esol e de e minados obje i os es ablecidos,
sino que en la a qui ec u a se in eg an pa áme os y di-
mensiones he e ogéneos cuya in eg ación se p oduce en
un p oceso holís ico, en el que se pe sigue no la simple
suma de soluciones pa ciales, sino la c eación de una es-
pues a in eg al a eque imien os plu ales.
O a efl exión de pa ida con Ma c Wigley, quien
ememo a el sen ido da winiano de la a qui ec u a, y
afi ma que «la especie a qui ec ónica sólo puede sob e-
i i si exhibe una biodi e sidad de o mas y un ap o i-
sionamien o cons an e de mu aciones que p o ean de
una agilidad a las condiciones cambian es del en o no»1.
Compa o la selección de los es e e en es disciplina-
es (a qui ec u a, paisaje y u banismo) que, como amas
de un á bol, se enlazan en el concep o de los p oyec os
in eg ados. La in eg ación p oyec ual se iene u ilizan-
do ecuen emen e e e ida a las coo denadas écnicas,
se a e del modelo in eg ado con in o mación pa a la
cons ucción, o al modelo in eg ado de p og amación y
de efi ciencia de cos es económicos.
Si los a qui ec os se suelen sen i a aídos po
é minos p oceden es de o as amas de la ciencia, la
sociología o la fi loso ía, ambién el sen ido y la ue za de
las palab as p opias de la disciplina a qui ec ónica, son
ecogidas po o as p o esiones, po o os campos de co-
nocimien o. P oyec o, palab a esencial que se ha ex en-
dido a odo el desa ollo cien ífi co. Como es é ica o es-
au ación se u iliza en ac i idades ajenas al con encional
en endimien o a ís ico. El p opio é mino a qui ec u a
se ha ins alado, po ejemplo, en la in o má ica. Son é -
minos que han de enido polisémicos. No es una ap o-
piación de la in eg idad de su signifi cado, sino del alo
añadido que o o ga su p ecisión y efi cacia semán ica. Po
1 An hony Bu ke y The ese Tie ney (eds.), Ne wo k
P ac ices. New S a egies in A chi ec u e and Design,
P ince on A chi ec u al P ess, Nue a Yo k, 2007.
2 Miguel Ángel Ba e o, «La in e disciplina en el
abo daje académico del hábi a social in o mal:
Fundamen os, líneas de acción y obs áculos a pa i
de la ca e a de a qui ec u a», en Re is a INVI nº 56,
San iago de Chile, mayo 2006, pp. 16–30.
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consiguien e, no se a a de cae en el also juego dia-
léc ico de su sen ido compe encial, ni mucho menos de
pe enencia, sino asumi que en esas p ác icas y usos se
e ela la plu alidad de mi adas, in e p e aciones y p o-
posiciones posibles an e hechos de e minados, ealida-
des cons a ables, que equie en espues as y soluciones.
Es la mani es ación elocuen e de la dimensión plu idisci-
plina que ope a en el econocimien o del medio ísico y
en su ans o mación.
A qui ec u a, es nues o concep o cen al his ó i-
co, u banismo el concep o cen al con empo áneo, pai-
saje es un concep o cen al ac ual. A los es hemos de
e e i nos, jun o a los que debe apa ece un cua o é mi-
no, pa imonio, en an o que pied a de oque espec o a la
es ima que demos o no al esul ado de la acción in eg ada
del p oyec o, en an o que hecho cul u al.
La di e sidad de las mi adas ha pe mi ido e-
conoce aspec os de la ealidad que la ins i ución a -
qui ec ónica no con emplaba. La bi u cación de la a -
qui ec u a y la ingenie ía es pa adigmá ica. Pe o son
muchos las conside aciones que se pueden hace al
espec o. La a qui ec u a y la geog a ía, la a qui ec u a
y la a queología, la a qui ec u a y la sociología, la a qui-
ec u a y la economía, e c. No hay ama del sabe , de las
ciencias humanas y sociales, de las ciencias y écnicas
adicionales o a anzadas, que no sean suscep ibles de
se ap eciadas po la a qui ec u a, que lo hayan sido o
que lo puedan se .
Den o de es e econocimien o de la dimensión
mul i e in e disciplina en el ho izon e p oyec ual se i-
sualizó el hábi a social «in o mal», a pa i de su inicial
abo daje académico desde la sociología. Y den o de ese
p oceso, en que medida el deba e sob e la pob eza ocu i-
do en la décadas fi nales del siglo pasado en Amé ica La i-
na, ajo consigo cambios signifi ca i os en los en oques
ofi ciales, dado que esul aba imp escindible in eg a los
aspec os de la de e minación ísica, an es pasados po
al o. Consecuen emen e, en las escuelas de a qui ec u-
a se ha ido p oduciendo la inco po ación de ese aspec-
o de la ealidad u bana. La «pob eza» pasó de oma se
como un «es ado», en una concepción unidimensional, a
es ima se como un p oceso, en una concepción mul idi-
mensional (P og ama Hábi a o mulado en la Segunda
Con e encia de las Naciones Unidas sob e Asen amien-
os Humanos, Hábi a II, Es ambul 1996). Los P og a-
mas de Mejo amien o Ba ial en Amé ica La ina han e-
nido a demos a «la necesa ia in e disciplina iedad que
es a nue a concepción ofi cial del p oblema habi acional
social demanda a los equipos écnicos que deben ope a
es as polí icas y la insufi cien e o mación académica de
g ado que al espec o eciben con encionalmen e es os
p o esionales, en pa icula los a qui ec os»2. El cambio
PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO62
3 Josep Ma ia Sos es, «Paisaje y diseño», en
Cuade nos de A qui ec u a nº 64, Ba celona, 1966,
pp. 28–29. Y en Opiniones sob e a qui ec u a,
«A quilec u a 10», Colegio O icial de Apa ejado es
y A qui ec os Técnicos-Gale ía Lib e ía Yeb a-
Conseje ía de Cul u a y Educación de la Comunidad
Au ónoma, Mu cia, 1983, pp. 289–298.
4 Ca los Ga cía Vázquez, El des anecimien o de lo
u bano en el Cin u ón del Sol, Gus a o Gili, Ba celona,
2011.
5 Ee o Saa inen, (1943, 1967): The Ci y: I s G ow h,
I sDecay, I s Fu u e, MIT P ess, Camb idge Mass.,
1943 (ed. cas . La Ciudad. Su c ecimien o, su declinación
y su u u o, Limusa Wiley, México, 1967).
6 aa. , Te i o io y Pa imonio. Los Paisajes Andaluces,
Ins i u o Andaluz del Pa imonio His ó ico, Se illa, 2003.
7 S ephan Oe e mann, The Pano ama: His o y o Mass
Media, Zone Books, Nue a Yo k, 1997.
8 Sil ia Bo dini, S o ia del pano ama. La isione nella
pi u a del xix secolo, O icina Edizioni, Roma, 1984.
9 Fe nando Chueca Goi ia, In a ian es cas izos de la
a qui ec u a española, Dossa , Mad id, 1947.
que se iene p oduciendo en de e minadas egiones del
plane a es á condicionado po la quieb a de la con en-
cional concepción eli is a en la selección de obje i os a
a on a . En España es ele an e el paso adelan e dado
con la implan ación de en oques y p og amas in e dis-
ciplina es, así puede ap ecia se en la Uni e sidad Se illa
(e sas), en el cu so de lib e confi gu ación Ges ión social
del hábi a , impulsado po el p o . Es eban de Manuel,
quien lide a la ong A qui ec u a y Comp omiso Social; o
en pos g ados y abajos de in es igación.
En ese en oque no es posible a anza sin la a i-
culación ans e sal del conocimien o. Ni ello signifi que
que se demande a los a qui ec os una con e sión, aban-
donando las coo denadas «bu guesas» de la a qui ec u a.
Es un hecho que la a qui ec u a, en su acompasamien o
con el iempo, ha ido e olucionando con inuamen e, de
mane a que las ideas y p ác icas que se han educido a
mi a a ás y ei e a el o ecimien o de soluciones ie-
jas a p oblemas nue os, han e minado consumidas en su
p opia escle osis. Vol amos, pues, al sen ido i o de las
coo denadas bajo las que se nos con oca.
Hace casi medio siglo, Josep Ma ia Sos es3 analiza-
ba las elaciones en e paisaje y diseño, y obse aba como
an iguamen e, «an es de p oduci se la escisión en e pla-
neamien o y espon aneidad», los sis emas adicionales
egulaban con la debida fl uencia los enómenos de c eci-
mien o ga an izándose la cohe encia y a monía de los e-
sul ados ya que «e an afi nes a las leyes na u ales». P oduci-
da al escisión, la cul u a u banís ica con empo ánea iene
necesi ando una sis ema ización que, cada ez más, end á
en el análisis del hecho u bano y e i o ial, la mo ología
del ambien e, y su comp ensión his ó ica, el undamen o
humano del que ca ece la dinámica de la economía u bana
más adical4, o del en oque no menos adical del ecologis-
mo en endido como u opía de la espon aneidad na u al,
ac i ado ambién hace medio siglo, y hoy ponde ado bajo
los p incipios de la sos enibilidad medioambien al.
Con an e io idad Eliel Saa inen5 afi maba que «la
planifi cación hacia el u u o debe ma cha en é minos
de fl exibilidad. Mien as más fl exibilidad in unde el dise-
ñado a su p oyección, mayo es se án las opo unidades
que end á el u u o diseñado de coo dina su diseño
con o me a la ida». La ida, cen o de la a qui ec u a.
Donde hay ida, ac i idad humana, se p oduce la a qui-
ec u a. Y como el desen ol imien o de la ida compo a
espues as di e sas a simila es demandas, es que ida y
fl exibilidad son líneas de coo denadas donde se efl eja el
g an don humano, la di e sidad.
El Con enio Eu opeo del Paisaje, a ado auspi-
ciado po el Consejo de Eu opa, ap obado en 2000 pe o
con en ada en igo en 2004, u o uno de sus p eceden-
es más ele an es en la Ca a del Paisaje Medi e áneo
(Ca a de Se illa, 1992). El paisaje quedaba asumido en
su in eg idad, consolidando la idea de que el paisaje se
econoce y defi ne según como lo emos. El eje cicio de
una ac i idad senso ial, de la que es án do ados odos los
se es i os, que se asciende en la es imación humana de
la ealidad ci cundan e, en la que habi amos sea o no de
mane a es able. Una necesidad social que pa iendo de
su alo es imonial, puede hace se efi caz en la o dena-
ción e i o ial, y ascende se en su es ima pa imonial,
en el que los alo es del espacio i ido y sen ido co idia-
namen e e mina o mando pa e de la iden idad huma-
na, en sen ido es ic o6.
63La a qui ec u a comoin eg ación Víc o Pé ez Escolano
El paisaje es como habi an las pe sonas, donde se
confi gu a la exis encia humana. Es po ello que la idea
que du an e an o iempo iden ifi caba al paisaje, en cuan-
o que géne o pic ó ico, con las isiones de la na u aleza,
de i ó al en o no de la ida humana, y no a su ausencia.
La alsa dico omía de géne os en e paisajes (na u alezas
i as) y na u alezas mue as (manipuladas), aspasó los
in e eses de los a is as con empo áneos. Los paisajes
u banos, paisajes del habi a , como I cos u o i (1929)
de Si oni, se componen a la mane a de alguna na u aleza
mue a de Mo andi de diez años an es. Como la de De Pi-
sis (1944) adquie e la escala espacial del Mulino (1938) de
Rosai. Una expe iencia posible al isi a el ecién abie o
Museo del No ecen o en el A enga io de Milán.
Un museo siemp e es una expe iencia singula de
c eaciones en las que se e elan los alo es del paisaje
humano. Eje cicios de obse ación c ea i a y pe cep-
i a que hoy se nos o ecen desbo dados en las infi ni as
posibilidades abie as po las nue as ecnologías de la
in o mación y la comunicación. Ven anas concen adas
en el uso p i a i o e indi idual que en o os momen os
solo e a posible ealiza median e el eje cicio social del
espec áculo. Los pano amas cumplie on en una coyun-
u a empo al conc e a esa fi nalidad7. An es de la apa i-
ción del cinema óg a o, en el que la ep esen ación del
espacio- iempo ensaya a inédi as mane as de o ece
ealidades i uales en las que las pe sonas cumplie an
el papel de p o agonis as de los acon ecimien os, la e-
p esen ación del en o no p óximo o lejano, na u al o cul-
u al, o de hechos his ó icos singula es, como las g andes
ba allas, se alió de la ep esen ación pic ó ica ci cula
con enida en un pabellón ad hoc, de magni ud bas an e
pa a gene a , jun o con el e ismo de la composición de
las imágenes, el asomb o y la admi ación de los isi an-
es8. Es as a qui ec u as del a ifi cio, c eadas pa a simu-
la paisajes y acon ecimien os, alcanza on popula idad
du an e el siglo xix. En sus a qui ec u as los isi an es
ocupaban el espacio cen al pudiendo e a su de edo el
espec áculo isual. Su c isis no impidió que las maque as
siguie an cumpliendo pa ecidas ilusiones, pe o aho a en
una isión ci cundan e, y que in eg adas en un eco ido
aboca an a una esu ección de las simulaciones en la e-
ma ización de pa ques de ocio o luga es cul u ales.
La ep esen ación ha sido un obje i o humano
pe manen e desde los o ígenes. Figu as, símbolos, luga-
es, inculados a la ac i idad co idiana o a los acon eci-
mien os singula es. La fi nalidad es exp esa la olun ad
de fi jación de la exis encia cuya defi ni i a ma e ializa-
ción se p oduce median e la a qui ec u a. Los p ocesos
ci iliza o ios y las mani es aciones cul u ales decan an
las condiciones geog áfi cas y climá icas en los a ibu os
es uc u ales de la a qui ec u a mien as que los más
ci cuns anciales se inculan a la e olución ecnológica, a
los alo es es é icos y a la o ien ación del gus o. La es a-
bilidad y a iación de la composición o mal de las ob as
esponde a la e olución de las demandas. En la a qui ec-
u a española, a mediados del siglo xx, la infl uencia de
los a a a es his ó icos gene ales y nacionales se io com-
pa ida po la e olución de la cul u a a qui ec ónica que,
ambién en nues o país, o eció cie as peculia idades.
La ue za de las ideas iden i a ias de i ó hacia una
sagaz in e p e ación de la his o ia de la a qui ec u a espa-
ñola lle ada a cabo po Fe nando Chueca Goi ia en su en-
Robe Bu o d, sección de «The Ro unda», el pano ama de Leices e
Squa e, Lond es, 1801
PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO64
10 aa. , Mani ies o de la Alhamb a, Di ección Gene al
de A qui ec u a, Mad id, 1953. Pos e io men e, Dossa ,
Mad id, 1981, y Fundación Rod íguez Acos a-Colegio
de A qui ec os, G anada, 1993 (con es udio p elimina
de Ángel Isac). C . ambién aa. , El Mani ies o
de la Alhamb a. 50 años después. El monumen o y
la a qui ec u a con empo ánea, «Monog a ías de la
Alhamb a 1», Pa ona o de la Alhamb a, G anada, 2003.
11 Ped o Salme ón, La Alhamb a. Es uc u a y paisaje,
Fundación Caja G anada-Ayun amien o de G anada,
G anada, 1977. Nue a edición: Tin a Blanca-Pa ona o
de la Alhamb a, Có doba, 2006.
12 An onio Gámiz Go do, La Alhamb a naza í. Apun es
sob e su paisaje y a qui ec u a, Uni e sidad de Se illa-
IUACC, Se illa, 2001.
sayo In a ian es cas izos de la a qui ec u a española9. Re-
conoce cie os alo es pe manen es en la a qui ec u a de
una nación es aba a la o den del día, pe o sin duda ese lib o
es uno de los abajos más b illan es en p ocu a lo. Lo que
subyace en la idea de la «españolidad» de cie as es uc u-
as y o mas, no solo esponde a un p opósi o ideológico a
a o de un adicionalismo, po cul u al ambién polí ico,
sino que acen úa los lími es de «segu idad disciplina », en
an o que es ablecimien o de lími es e oac i os an e la
insegu idad, la ines abilidad, que se de i aba de la conso-
lidación de los nue os p incipios mode nos en la a qui ec-
u a y la ciudad as la Segunda Gue a Mundial.
F en e a los plan eamien os his o icis as, pe o
ambién e ac a ios a las composiciones canónicas del
mo imien o mode no, una e ce a ía pa a la a qui ec u a
española se plasmó en un documen o de un g an signifi -
cado, el Manifi es o de la Alhamb a10. El g an monumen o
g anadino o ecía una g an lección de a ibu os his ó icos
pe o ajenos a la egulación académica y al his o icismo eu-
opeo. La a qui ec u a naza í había decan ado alo es que
son p opues os po Chueca, edac o del manifi es o, a sus
compañe os de Mad id en una singula Sesión de C í ica
de A qui ec u a que el Colegio de A qui ec os y su e is-
a A qui ec u a enían desa ollando desde años a ás. En
e ec o, pa iendo de la c isis del 98, he eda el consecuen e
e o hispanis a, pe o supe a la in e p e ación es ilís ica
de Vicen e Lampé ez, op ando po la ía c í ica iniciada
po Leopoldo To es Balbás. Sali de la «g a e deso ien-
ación» debe ía p oduci se median e el desa ollo de una
nue a mi ada, de «ojos de a qui ec o», ex ayendo conclu-
siones del « o midable depósi o de a qui ec u a esencial»
que la Alhamb a o ecía. Se llega a afi ma la exis encia de
un asomb oso «pa en esco en e es e edifi cio del siglo xi
y la a qui ec u a ac ual más a anzada»: la acep ación del
módulo humano; la esolución de plan as de mane a asi-
mé ica, pe o o gánica; los olúmenes pu os y since os; el
uso económico y es ic o de los ma e iales. Y subyace, de
mane a menos explíci a, la e e encia a su cualifi cación
del luga , an ex ao dina io en la confi gu ación del paisa-
je, enma cada en un apa ado dedicado a los ja dines, que
u o su pa icula deba e.
En é minos eó icos gozó de algún econoci-
mien o, po ejemplo po pa e de Albe o Sa o is, que
en onces, como Gio Pon i, ya ealizaba isi as a Espa-
ña, pe o no u o especial impac o en la a qui ec u a de
la época, ya plenamen e ac i ada la ecupe ación de los
plan eamien os mode nos ansnacionales. No obs an e,
es signifi ca i o que una ob a como la illa Ugalde en Cal-
de as de José An onio Code ch y Manuel Valls, ajenos al
manifi es o, en su publicación en la e is a A qui ec u a,
Mani ies o de la Alhamb a, 1953 «Villa en Calde as», en Re is a
Nacional de A qui ec u a nº 144,
diciemb e 1953, p. 25
65La a qui ec u a comoin eg ación Víc o Pé ez Escolano
su di ec o Ca los de Miguel haga mención al manifi es o
pa a e ela su adecuación al paisaje. La adecuación geo-
g áfi ca es consubs ancial al complejo g anadino, como lo
efl eja el le an amien o académico (1766–67) de Villa-
nue a, He mosilla y A nal. Pos e io men e p e alece án
los es udios de o den a queológico e his ó ico, pe o en
las úl imas décadas se consolida ían los en oques pai-
sajís icos in eg ales, c uciales pa a la o denación ac ual y
u u a del conjun o, como mues an los concu sos sob e
los nue os accesos, p ime o en el p oyec o ejecu ado de
Hubman y Vass, y más ecien emen e en el de Ál a o Siza
Viei a y Juan Domingo San os. De igual modo los análi-
sis ex uales y las pe cepciones g áfi cas han adop ado esa
cualidad como mues an los lib os de Ped o Salme ón11
o An onio Gámiz12, po ejemplo. El paisaje cul u al es un
pode oso ins umen o de in eg ación disciplina , pa i-
cula men e elocuen e en las espues as a qui ec ónicas
a luga es complejos.
Sin nega las i udes de los escena ios inmedia-
os de la ida co idiana, la escala e i o ial confi e e al
p oyec o a qui ec ónico in ensidades y iesgos. Es e i-
den e que, en la his o ia con empo ánea, el desa ollo
u bano y el enómeno de la conu bación han demandado
los mayo es a ances en la ac i idad de la a qui ec u a y la
ingenie ía. Pe o en la escala e i o ial, la o denación del
e i o io ha esc i o capí ulos pa icula men e b illan-
es. En el úl imo medio siglo España ha esc i o uno de sus
más d amá icos episodios en el desa ollo deso denado
de sus cos as, especialmen e en el Medi e áneo, a esul-
as de las demandas desbocadas del u ismo de masas;
Ál a o Siza y Juan Domingo San os p esen ando su p oyec o Pue a
nue a, encedo del Concu so In e nacional de Ideas A io de la
Alhamb a 2011
E ich Hubmann y And eas Vass, Nue os accesos a la Alhamb a,
1989–1996
PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO66
13 eua/auia (eds.), His o ia y e olución de la
colonización ag a ia en España, ieal (map)-i yda y sg
(mapa)-dga e i u (mopu), Mad id, 1988–91.
14 José Luis Fe nández del Amo, «Un poblado de
colonización. Vega iana», en Re is a Nacional de
A qui ec u a nº 202, oc ub e 1958, pp. 1–14.
15 F ancisco Ja ie Sáenz de Oíza, «El pueblo de
Vega iana», en A qui ec u a, ol. I, nº 7, julio 1959,
pp. 25–28. También en «Vega iana. Cáce es», en
Cuade nos de A e nº 4, ma zo-ab il 1959 (ca álogo
exposición A eneo de Mad id).
16 aa. , Kindel. Fo og a ía de A qui ec u a, Fundación
coam, Mad id, 2007.
17 Alejand o de la So a,«El nue o pueblo de Esqui el,
ce ca de Se illa», en Re is a Nacional de A qui ec u a
nº 133, ene o 1953, pp. 15–22 ( ep oducido en Manuel
Calzada Pé ez y Víc o Pé ez Escolano, Pueblo de
Esqui el, Se illa. 1952–1955. Alejand o de la So a,
Colegio de A qui ec os, Alme ía, 2009).
una ue za económica po en ísima que no se ha sabido
conduci , sal o excepciones, con la a monía que ga an i-
za a alo es en la explo ación de esa indus ia, y la p o-
longación fi me de sus a ibu os na u ales y climá icos.
Pe o en el sis ema fl u ial de España se esc ibió
un capí ulo ele an e que ha mos ado p odigiosamen e
las posibilidades de la ans e salidad en benefi cio de lo
que podemos en ende como cul u a a qui ec ónica. Los
desequilib ios e i o iales de la península ibé ica ue-
on examinados desde fi nales del siglo xix al ampa o de
la inno ación de las disciplinas geoeconómicas, y su p o-
yección en las ideas fi losófi cas y polí icas de ca ác e p o-
g esis a. La egene ación de la sociedad debía pasa po
la mode nización del espacio e i o ial, pa a lo que el
a iado sis ema fl u ial debía se i como es uc u a me-
dian e su egulación a fi n de con ibui a la in ensifi ca-
ción de la ag icul u a median e el egadío. En un país de
ca ác e u al, en el que el sec o p ima io pesaba en e a
un escaso y pa cial desa ollo indus ial, el ideal de la co-
lonización ue un e e en e del p og eso. A las canaliza-
ciones se inie on a suma la cons ucción de p esas, que
con el paso del iempo demanda ían de la ingenie ía ci il
una de sus ac i idades más signifi ca i as, en especial al
in eg a se en sus fi nes el consumo u bano e indus ial del
agua, con la p oducción de ene gía eléc ica como obje i-
o des acado. Pe o o o campo específi co de la ingenie ía,
la ag ícola, ino a confl ui en la efl exión mul idisciplina
en el azado y cons ucción del sis ema de colonización
pa a los que los a qui ec os ue on eque idos13.
Las icisi udes his ó icas de la España del siglo xx
conduje on a que, a pesa de los plan eamien os de las
décadas an e io es, como po ejemplo el concu so pa a la
cons ucción de pueblos de colonización en sec o es del
Guadalqui i y del Guadalmella o, con ocado en plena
IIRepública, u ie a que se en la la ga ayec o ia de la
dic adu a de F anco, cuando se p oduje an las nume osas
ac uaciones que en odas y cada una de las cuencas hid o-
g áfi cas con o ma ían uno de los capí ulos más in ensos
de in eg ación disciplina . El juicio c í ico sob e la colo-
nización in eg al ha pues o en su e dade a magni ud la
elación éxi o/ acaso mi ado desde dis in as posiciones
o ecidas po la geog a ía, la economía o la his o ia. Ja-
ie Monclús y José Luis Oyón lle a on a é mino los es-
udios más a anzados al espec o desde el pun o de is a
a qui ec ónico y u banís ico, po más que más ecien e-
men e se hayan sucedido nue os abajos sob e el ema.
La ans e salidad disciplina quedó defi ni i amen e
in eg ada en un amplio sis ema e i o ial condensado
en una ed de núcleos de población cuyas cualidades a -
qui ec ónicas, econocidas en ejemplos des acados como
Vega iana (Cáce es) o Esqui el (Se illa), o man pa e
des acada de la his o ia de la a qui ec u a española de la
segunda mi ad del siglo.
El Ins i u o Nacional de Colonización, c eado en
oc ub e de 1939, ue una de las emp anas inicia i as del
égimen. Las docenas de a qui ec os, jó enes en su mayo
pa e, que abaja on pa a el inc, pueden es a ep esen-
adas en José Luis Fe nández del Amo, el más ac i o de
odos ellos, y el que más infl uyó en desa olla los alo es
de ape u a disciplina . En su caso con pa icula empe-
ño pues o en in eg a las a es plás icas en la a qui ec-
u a, undamen almen e en las iglesias. Vega iana14, su
ob a más econocida, ha sido es udiada desde múl iples
pun os de is a, pe o ecién inaugu ado, F ancisco Ja ie
Sáenz de Oíza le dedicó al pueblo en 1959 palab as suges-
i as: «Ya es á, po ob a de colonización, el agua ab iendo
67La a qui ec u a comoin eg ación Víc o Pé ez Escolano
su cos de pla a sob e la ie a: ahuyen ando de paso a la
encina que se e ugia en el pueblo nue o pa a, an es de
mo i , b inda un úl imo se icio al homb e: la somb a
benefi ciosa y la sies a g a a bajo el sol ab asado de es a
seca Ex emadu a. Vega iana nace con á boles. Es cu iosa
la es adís ica pa a los á boles de Pa ís o Nue a Yo k. Ve-
ga iana les gana desde su niñez po que el a qui ec o supo,
en e encinas y con encinas, le an a una geome ía pe -
ec a de casas blancas. El enca go que el poe a eclama
mien as llenándoos a
el hacha de cal ija es,
¿nadie can a os sab á
encina es?
Lo cumple el a is a a qui ec o, po que Vega iana es una
o ma poé ica de deci : y si la ans o mación en egadío
—hacha pa a la encina— ba e el á bol, ahí es á el nue o
pueblo dándole cobijo en sus calles, en un mu uo in e -
cambio á bol-homb e de amo y subsis encia»15.
Un comen a io que siguió, meses después, a la
ejempla y exhaus i a publicación, con ca o ce páginas
y ein icinco o og a ías de Kindel (Joaquín del Palacio).
Como dijo Ignacio Bisbal, en el ca álogo de la exposición
dedicada a Kindel en 2007, «Kindel y Fe nández del Amo
se encuen an en un momen o cla e de sus ayec o ias,
y en es e p oyec o conc e o ambos con e gen pa a da
como esul ado algunas de las imágenes canónicas de la
a qui ec u a de es a segunda mode nidad de los cincuen-
a»16. Dis in a, pe o no menos signifi ca i a había sido la
di usión del p oyec o de o o pueblo ele an e, Esqui-
el17, al que Kindel ambién o og afi a á, jun o a o a de-
cena de poblados del inc. Seis años an es, Esqui el se pu-
blica con un ex o de Alejand o de la So a acompañando a
unos cincuen a dibujos que explicaban po meno izada-
men e el p oyec o. So a cuidó con esme o las ocho pági-
nas que se imp imie on en un papel especial. Incluso en
sus publicaciones, es os dos pueblos compi en y se com-
plemen an en el p opósi o de ep esen a la conquis a
a qui ec ónica alcanzada en es e episodio de la España
con empo ánea.
So a confi esa que en Esqui el in en ó oma como
maes os a los albañiles pueble inos. Una o ien ación
Joaquín del Palacio, Kindel, Vega iana, Cáce es, 1958 Alejand o de la So a, is a aé ea de Esqui el, Se illa, c.1955
PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO68
18 Ídem, «A qui ec u a y Na u aleza» (con e encia
p onunciada en el cu so de Ja dine ía y Paisaje),
Escuela Supe io de A qui ec u a de Mad id, Mad id,
1956.
19 Ídem, «Sesiones de c í ica de la a qui ec u a.
La a qui ec u a y el paisaje», en Re is a Nacional de
A qui ec u a nº 128, agos o 1952, pp. 35–48.
que p ocu a alcanza en la escala humana pe o de la que
se aleja en el azado, que es ígido po que «nació de una
ez». Racionalidad que le sepa a del modelo popula , pin-
o esco, que se es imula desde el inc. Una decan ación
de los alo es sencillos que apa ecen en el es udio sob e
la i ienda popula de Leopoldo To es Balbás, y en la
ap oximación que lle a án a cabo los a qui ec os mode -
nos como Fe nando Ga cía Me cadal o el ga cpac en su
e is a AC. En los años cincuen a se in ensifi ca es e in e-
és po lo e náculo a o ecido po las e isiones empí i-
cas que se es án gene alizando. La excu sión de Richa d
Neu a po ie as de Cas illa o los dibujos de Al a Aal o
en su es ancia de 1951 son buenos ejemplos.
No es sólo la simplicidad decan ada del case ío u-
al; es ambién un in e és po la escala supe io del pai-
saje. En las escuelas de a qui ec u a la ja dine ía eme ge
como p eceden e del paisaje. Las con e encias impa i-
das en 1956 en la Escuela Supe io de A qui ec u a de
Mad id, e inmedia amen e publicadas, son muy ilus a-
i as de has a que pun o la in eg ación in e disciplina
es c ucial en es e p oceso. Reco da algunas de ellas: Las
masas o es ales en el paisaje, po el ingenie o de mon-
es Pío Ga cía Escude o, El paisaje en la ca e e a, po el
ingenie o de mon es Jaime Foxá, Recu sos o namen ales
de la ege ación espon ánea, po el ambién ingenie o de
Mon es Luis Ceballos, mien as que el a qui ec o Víc o
Esc ibano Ucelay lo ha ía sob e la O namen ación ege-
al de los pa ios co dobeses. En el mismo ciclo Alejand o
de la So a in e ino sob e A qui ec u a y Na u aleza18.
Vale la pena eco da como se inicia:
«Realmen e es impo an e el es udio de la Na u-
aleza. Imp esiona su con emplación y las consecuencias
«El nue o pueblo de Esqui el, ce ca de Se illa»,
en Re is a Nacional de A qui ec u a nº 133,
ene o 1953, pp. 15 y 16
75La a qui ec u a comoin eg ación Víc o Pé ez Escolano
po unanimidad po el pleno municipal, y que ob u o el
P emio Pays.Med.U ban a las buenas p ác icas de ámbi o
eu opeo. Ese documen o se undamen a en el econoci-
mien o del Guadalqui i y sus aguadas como es uc u a
y sopo e ope a i o de Có doba. En años an e io es, ue
obje i o esencial la in e ención sob e el ío u bano y sus
bo des, median e un conjun o de p oyec os ejecu ados
en su mayo pa e (como, po ejemplo, la ehabili ación
del Molino de Ma os y los ja dines del Balcón del Gua-
dalqui i , de Juan Na a o Baldeweg). Aho a se a a ía
de po encia la ida social y económica median e el o a-
lecimien o y desa ollo de ac i idades cul u ales in eg a-
das en el fl ujo de espacios abie os y edifi cios adecuados
en cada una de las aguadas iden ifi cadas, has a alcanza
los elemen os nue os c eados en la i ifi cación del Gua-
dalqui i co dobés como boule a d cul u al.
Si se compa a el plano que es i uye el e i o io
de Có doba y Madina al-Zah a a mediados del siglo x
con la ealidad ac ual del desa ollo u bano, pod ía deci -
se que lo que ue el e i o io de Madina al-Zah a o Ma-
dina al-Zahi a gua da co espondencia con lo que se ía
hoy del ae opue o al A enal. Un paisaje ans o mado
pe o con subs a o geog áfi cos pe manen es en el juego
de la infl exión del cu so del Guadalqui i . Río a iba, Ma-
dina al-Zah a es sólo una e e encia sin iden idad ísica,
a la espe a de que la a queología sea capaz de descub i -
nos esa segunda y meno ciudad pala ina en el ámbi o
de lo que conocemos hoy como A enal. Pe o ío abajo, la
ciudad de Abde amán III es una ealidad an ás ica que
ejemplifi ca ía algunas de las efl exiones de Julio Ca o
Ba oja sob e la localización geog áfi ca de las ciudades.
Un conjun o a queológico excepcional del que enemos
un amplísimo conocimien o, como mues a el ecien e
compendio de su di ec o An onio Vallejo T iano. Sus a -
iculaciones con el e i o io es de al in ensidad e impo -
ancia, que lo que en p incipio ue un suges i o yacimien-
o a queológico, impulsado po Rica do Velázquez Bosco,
hoy es un sis ema de alo es cul u ales ex ao dina ios,
cuyo úl imo hi o es el Museo p oyec ado po Fuensan a
Nie o y En ique Sobejano. Una ob a de in eg ación en el
paisaje como apo ación de nues a época a una comple-
jidad que an es había sido analizada y o denada median-
e un Plan Espacial de disposiciones cla as pa a un am-
plio en o no, en el que las cons ucciones ilegales e an, y
son, su mayo pelig o.
Las piezas apiladas po Velázquez Bosco expues-
as al ai e lib e, balbucían un diálogo desa iculado de la
memo ia del luga . Un siglo después, un con enido mi-
ado eme ge del museo exca ado po Nie o y Sobejano,
que se enheb a con el camino de llegada desde Có doba.
Un paisaje pues o en alo en su mismidad. Como apun ó
Pessoa, pa a mejo se lo que somos, más que lo que e-
mos. O como dijo Na a o Baldeweg, in e inien e en el
conjun o, «pa a e lo que ya sabemos e ».