Técnicas, valores y responsabilidad política. Una sugerencia desde el pragmatismo
Abstract
Se propone una perspectiva para la consideración de la articulación entre técnicas y valores desde una óptica pragmatista. Técnicas y valores son entendidos como estrategias de resolución de problemas en las que lo axiológico y lo técnico se complican. No hay técnicas sin valores pero n o hay valores sin técnicas. La idea de una oposición entre ambos procede de la ideología o del empleo de recursos filosóficos inadecuados o insuficientes.
Full text
TÉCNICAS, VALORES Y R ES PO N SABILIDAD POLÍTICA. UN A SU GERENCIA DESDE EL PRAGMATISMO MANUEL P AVÓN Univer si d ad de Sev ill a Uni da d Asociada C.S. I. C. -U.S. 1 irlmpr @c t v.es Re s umen : Se propone una per spec tiva para la consideración de la artic ul ación entre técnicas y valores desde una óptica pragmatista. Técnicas y va l ores son entend idos como estrategias de reso lución de problemas en las qu e lo axiológico y lo técnico se co imp li can. No hay técnicas sin valores p ero no hay valores sin técnicas. La idea de un a oposic ión entre ambos procede de la ideología o del empleo de recursos filos ófi cos inadecuados o insuficie nte s. Abstract: In th is article, a pe rspective is proposed fo r the consideration of th e articulation between tec hn iques a nd valu es from the pragmatist point of view. Techni ques and values are u nd erst ood as st rategies for the resolut ion of problems in which thc axiological and the tec hnical are co-i mplica te d. Techn i ques without val ucs do not exis t, but there is no value withou t techniquc. The idea of an opposition herween both comes from the ideology and use of inadequate or insufficient ph ilosophical resources. Las paginas que si gue n r esp o nde n a u na inquietu d: ¿corremos el peligro de que la racio na lid ad a bd ique po r fin ante el empuje de la i deo l ogía, la propagan da y la fuerza? El pr esente traba jo ha sido desarrollado en el marco de las activida d es investigadoras de la Un i dad Asocia da de Investigación en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Consejo Superi or de Inves ti gaciones Científicas y Universi dad de Sevilla). Ar;:ume n1os de J..)a z r'm 'técnica, Nº S (2002) pp . 139 ~ t 75
140 MANUEL PAVÓN Si se quier e y para expresarlo co n términos meno s resbaladizos ¿existe el peligro de q ue Ja em presa de l pen sam ie nt o racional, de la argumentación razonable y sin violencia, el resp eto por l os hechos ( por •cargados• que es tén), todo eso vaya al sumidero de la Historia ante el avan ce de la id eo logía, de la propag anda y de la fuerz a? No se haría más que constatar un h ec ho si se afirma po r una par - te que no sería la primera vez, y por otra que para muchos los pe li - gros qu e pued a co rrer el racionalismo no deb e rían se r ca lifi cados como - pe ligro· y sí recibidos como buenas noticias. Pa ra mí sí se trata de un peligro, de u na ame naza . No fr ente a un co njunto de r ea lizaciones, au nque también, sino u na amena za para el sistema de valores sobre los que se edificó una civilización y que per - mitió la formación de la soc iedad civil. Una sociedad en que los ser es h uma n os tienen derechos (y se su pone que pueden esp erar que les sean re conocid os y a ser asist id os en su defensa) no por el hecho de ab razar un c redo religioso, o por t ener tal o cuá l característica, sino porque al formar parte de un a misma es pecie partici pan de una misma comunid ad, según el viejo sueño kantiano. Repi to que hablo de valor es y no de perfe ctas realizaciones, pero añadiré que su deficiente realización no hace urgen te su destrucción y su consid era ción como cont ravalores. Su cede qu e el peligro de que la id eología, la propaganda y la fuerza acaben con los cimientos de una civilización a doptan hoy como una de sus formas principales, la de la toma de posición ante el desafío de cómo e nfrentarn os a l as incertidumbres del d es arrollo tecno l ógico. La t éc ni ca es poder, y las técnic as c on las que contamos tienen un poder de transformación del teji do so ciocultural y socioeconómico (y po r s upue s to del e ntorno eco ló gico) que apenas alcanzamos a ente nder. Si sabemos ya que una dimensión importante de ese p oder de transformación es la capacidad de de struc ción . En el futuro, es e mismo desarro ll o incrementado a ún de man era logarítmica, hará del p oder al go q ue posib lement e no p oda m os imag in ar siquiera. ¿ Qui é ne s r espo nd erá n del ejercicio de ese poder y ante quiénes?, ¿podemos pensar en condiciones de posib il idad bajo las cuales pu eda sostenerse Ja noción de r espo nsabilidad política, es decir, de mantener la ca pacidad de r es po nd er políticamente de la gest i ón de Jos siste mas
TÉCNICAS, VA LORES Y RESPONSABILIDAD POÚTICA ... 141 socio técnicos?, ¿qué recursos, si es qu e hubi era, ofrece nu estra cultura p ara formular la responsabilidad política en el entorno tecnológico de l presente y de l inm ed iato futuro? Hay mu chas ocasiones en que a lb e rgo la inquietud de que nos espera n sólo dos alt erna tivas. O el establo robotizado que pronostica la escatología de Moravec, o la horda primitiva a la que según muchos habría que regresar. Digo que siento inquietud ante esa alternativa porque no soy partidario, vamos. Ninguno de esos escenarios me a traen , ambos me repel en, los do s me par ecen tan imposibles como inde seables. De forma creciente, el debate sobre el desarrollo tecnológico re - sucita conceptos y aserci ones que ya demostra r on su capacidad para genera r sufrimi ento , hambre y muerte. Se r ed actan desde panfletos a sesudos estudios académicos sustenta d os p or pl an teamie nt o que co ndujeron al gulag; y paralelamente se l es oponen discursos que seña l an Ja única vía de salvación: más mercad o y más tecnología. Precisamente po rque éste es un tiempo de crisis, una ép oca de dislocación del pensamiento y la reflexión ante los retos que ofrece el mundo y Ja sociedad tecno lógica, justamen te por eso cada vez es mayor la apelación a l os valores. La ética se ha puesto de moda. Es asu n- to gra to al pensamiento políticamente correcto de nuestros días. En consonancia con la inquiet ud que he manifestado, me ocuparé de técnicas, de valores y de responsabilidad política. Sostendré a lo largo de e ste trabajo un presupuesto: moral y política son inseparabl es en el senti do de que un pronunciamiento moral del que no se siga o no pueda seguirse una práctica política es un brindis al Sol. Si el enu nciado de un valor no con ti ene alguna indicac i ón so bre la manera en que una práctica po lítica concebible pudiera realizarlos es un brindis al Sol. Con eso no pretendo entrar en ninguna cuestión sustantiva sino tan só lo aclarar los supuestos de mi posición. Por eso precisaré algo más. Un pronunciamiento moral o el e nun cia do de un valor tal que s ea ob jetivamente imp os ible que se siga una práctica política que los realice no son un brindis al So l sino algo amoral. No algo qu e tran sgre de éste o áquel sistema de val ores sino algo que vuelve imp os ible todo compo rtamiento moral, todo ethos políti co , toda convivencia civ il , toda acción responsable.
142 MANUEL PAVÓN A partir de la mera expos 1c1 on de este supues to , prosegu1re con una aproximación a la crítica de las tendencias dominantes en el debate sobre el desarrollo tecnológico. Comenzaré por plantear algunas preguntas muy senci ll as y hasta banales , que sin embargo pronto condu - cen a asuntos de mayor peso. ¿Es lícito matar a un ser humano sano para sa lvar a otro enfermo (por ej emplo para transplantarle su corazón o su hígado)? Obviamente no. Éticamente hablando la pregu nta es trivial. Y sin embargo sucede. Varios departamentos policiales consiguieron no hace mucho tiempo deten er a unos infames que habían montado un terrible tráfico de órganos. Secuestraban y asesinaban niños para vender sus órganos. Organizaciones de defensa de los derechos humanos han denun ci ado que en China, donde la p ena de muerte se aplica a conductas que en la sociedad occidental ni siquiera son delitos o son delitos menos graves, sin consentimiento de los ejecutados o de sus familias, son extraídos los órganos y empleados en trasplantes de los que, como no puede ser menos, se beneficia directamente la Nomenclatura. La cuestión moral en es te caso no es la licitud o ilicitud, sino Ja eficacia con que Ja policía o en general las instituciones prevengan que sucedan tales crímenes. Ahora bien, ¿es lícito matar a un an imal sano para satisfacer ciertas necesidades humanas? Hubo un tiempo en el que la respuesta hubiera sido que sí sin matiz alguno. Desde luego Descartes no hubiera dudado gran cosa. Hoy día sin embargo ant es de ofrecer una respuesta pediremos una aclaración: ¿cuál es son esas necesidades? Porque si es Ja alimentación, mucha gente dirá que no es ilícito matar animal es para comer y que el vege terianismo aunque pueda ser muy sano no constituye una obligación moral ni es precisa ninguna política destinada a imped ir que se consuma carne animal. Pero si la necesidad no es la alimentación, la salud o la comodidad, ¿y si la necesidad fuera en realidad un lujo, co mo por ejemplo una preferencia gastronómica? Para los niños de mi generación, que crecimos viendo en TV la serie Flipper en la que un delfín participaba como protagonista en aventuras divertidas, matar delfines porque hay gente a las que les gusta su carne no está bien.
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABILIDAD POLÍTICA ... 143 Naturalmente se argumenta que por qué delfines sí y no l angostas2. Pero ésa no es la cuestión. La cuestión es que el desarrollo de Ja civilización nos ha conducido a ver en la vida animal un valor, al go valioso que no debe ser despilfarrado. Comenzamos a sentir inquietud ante el hecho de que se cacen tiburon es, se les corte la aleta dorsal (plato exquisito en algunas cocinas) y se tire el resto del cuerpo al mar. En Tailandia existe un lujo gastronómico que se sirve en los más se lectos restaurantes. En una mesa especial se coloca un pequeño simio, se sujeta su cabeza en unos orificios practicados para el caso, el camarero con un go l pe diestro desprend e la pa rte superior del cráneo y los comensales proceden a tomar cuchara das del cerebro co n el mani to todavía vivo. La empatía hacia los animales, la sensibilidad frente a su sufrim iento es relativa a las culturas. Es muy posibl e que un aficionado al cere bro de pequeños monos sienta una repugnan cia similar a Ja nuestra ante la fiesta taurina. Pero aun admitiendo esa contextualización, el fenómeno cultural existe. Por eso , en estos días, no es ningún disparate plantear esta pre - gunta: ¿es lícito matar a un animal sano para sa lvar a un ser humano enfermo (para aprovechar sus ór ganos en un trasplante, por ejemplo)? Hace tiempo formular esa cuestión hubiera sido considerado una extravagancia. Hace muy poco tiempo los que respondían rotundamente que no, qué es ilícito matar a un animal para salvar a una persona, y que la vida animal no só lo es un valor sino un valor igual al de la vida humana, eran tachados de maximalistas y en todo caso considerados políticamente marginales. Lícito o no lícito se ha hecho. Ha habido intentos de transpl antar corazones de primates a seres humanos. Con el resultado de que han muerto los do s. Quiero decir que mientras había gente, poca y marginal, que clamaba en protesta por el sacrificio del pobre simio, se escapaba vivo (era el único que lo hacía) el problema de que unos médicos estaban dispuestos a mata r primat es y humanos con el fin de ex - perimentar una técnica, co n objeto de realizar una experimentación. La polvareda suscitada por los maximalistas y la oposición que desperta- J.M. Mendiluce, en una entrevista co ncedida a un pe ri ódico cuando esté tr abajo estaha ya terminado, desde su posición ecologista señala este extremo e indica la poca atención que se presta a las babosas (El Mund o, 15 de Agosto de 2002).
144 MANUEL PAVÓN ba su extremismo consumían una energía necesaria para al go importante: regular la experimentación con animales y seres humanos, y atajar la sobe rbia y la imprudencia de muchos médicos. Pero si no hac e mucho a ún estos maximalistas, que ponían en el mismo nivel e inclu so por encima el val or de la v id a animal y de la vida humana , era n marginales, es decir, que se movían en zonas muy alejadas del poder mediático, político, académico y económico, la situación ha camb i ado mucho en poco tiempo. DE LA SONRJSA Al GEN OC ID IO Theodor Kaczynski, Unabomber, se dedicó du r ante va ri os años (de Mayo de 1979 a Abril de 1995) a env i ar cartas-bomba a científicos, ingenieros y directivos de emp resas de alta tecnología. Como consecuencia de sus aten t ados murió una persona y sufrieron heridas otras varias. Tales act os fueron atribuidos por la policía a un grupo radical. Al final fue dete nid o este licenciado en matemáticas por la Universidad de Harvard y antiguo profesor de la Universidad de Berkeley. Es un h om bre de gran inteligencia y preparación intelectual. No es un indocume ntad o ni un fanático febril o atolondrado. Es un extremista y desde luego un marginal, en el se nt ido que se acaba de apuntar. En septiembre de 1995 el New York Times y el Washintong Post publicaron, bajo amenazas de nuev os atentados , el texto íntegro de un largo d ocume nto (el famoso Unab omber 's Manifesto) que sin dud a está muy pensado y qu e me r ece un a reflexi ón se ria3. Pues bien, hay una página muy divertida en Internet 4• Propone el siguiente juego: de doce citas tomadas de l Unabomber's Manifesto y de Earlh in the Balance 5 de Al Gore se pide al lector que marque u no de los n ombres para atribuir la cita a uno u otro. Puede obtenerse en http://www.paralibros.com/jonas/Rpress/PRUbomb.htm, en inglé s, y una versió n en españo l en http://www.síndomínio.net/ecotopía/te x to s/ una bombcr.html. 4 Http ://o urworld.co mpus erve.com/ homepag es/ ke n_crossman/Gor e.ht m. 5 Gore, A. , Eartb in t he Balance. Ecology and the Human Spirit, New York, Pc nguin Books, 1993.
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABILIDAD P OLÍTICA ... 145 He cump li mentado el test, y obte ni do un score muy pobre (sólo un 42%). Cl aro que utilizaba la memo r ia sin recurrir a l os textos y dejándome llevar más que nada por la in tui ción. Yo atribuía a Gore siete de los items, cuando en realidad sólo seis son suyos. Lo que pasa es que yo erraba y co nfundía las atribuciones, dando a Go re lo que era de Kaczynski y al revés. La anécdo ta revela al go que la lectura de ambos doc umentos confirma: la asombrosa similit ud de los pl anteamientos de ambos en mu - chos aspectos centrales. Gore viene a ser una versión edul cor ada de Kaczynski, o éste una h ard del primer o . Kaczynski es un extremista (con denado a muerte y conmutada la sentencia, permanece actualmente en p risión) y un marginal, Gore no es un extremista y des de luego no pue de decirse que se mueva en zonas alejadas del poder po lítico y mediático. El exvicepresidente de los EEUU al que fal taron unos pocos votos para alcanzar la presidencia no es un marginal. Tampoco lo es David M. Graber (un alto funcionario no rteamericano responsable de la ges - tión medioambiental), el cual se pronuncia en estos términos: ni la fe - licidad humana, ni ciertamente su fecundidad, son tan importantes como un planeta salvaje (. .. ). en alg ún lugar· de la línea evolutiva (. .. ) incumplimos el contrato (con la Naturaleza y nos conve1·timos en ttn cáncer. Somos una plaga para nosotros mismos y para la Tierra (. .. ). Hasta el momento en que el horno sap i ens decida 1·eintegrarse a la Naturaleza, algun os de nosotros sólo podemos aspirar a que aparezca el vims adecuada6. El señor Graber mantiene con t oda tranquilidad que como desc onfía de que el hamo sapiens t ome por sí mi smo la decisión de regr esar al est ado de naturaleza, restaurando un pl aneta salvaje, espera que un virus acabe con to da o por lo me nos la mayor parte de los seres humanos. No es de extrañar, hay autores (cercanos a la posic i ón de la deep ecology) que recomien dan red ucir la población humana a cien millon es . Otros, más generosos , propone n no pasar de quinientos. En todo caso una cifra compat ible con el objetivo de una Naturaleza no esquil - mada por la humanida d. ó L os Angel es Tim es Book Rev ie w, as p rin t ed in t he Orange Count y, 28 Octubr<.: , 1990 .
146 MANUEL PAVÓN Por cierto que nadie negará en serio que la explosión demográfica sea un problema. O que las conclu siones de la Co nferencia de Río de Janeiro sobre la Población, una de cuyas co nclu sio ne s es la necesi - dad de reducir la población humana (tema que, junto a la propuesta de frenar el d esar rollo tecnológico, se rá dis cutido en la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible a celebrar en Johannesburgo) sea un foro insolvente. Pero la propuesta básica del Deep Ecology Movement, fundado por el filósofo noruego Ame Naess, consiste en que el valor supremo es la potencialidad evolutiva de la biosfera en su totalidad. Los seres humanos son sólo parte de esa totalidad y su existencia no tiene más valor que la de los animales o incluso los minerales, ni tampoco esa existencia tiene una especifici dad que la distinga de animales, plantas o minerales. Reconfortados con esta doctrina hay quienes, dado que la vida humana no tiene más va lor que la inte grid ad de una roca, concluyan que no ti ene ningún valor y esperen un virus sa lv ador o alguna otra cosa que garantice que varios miles de millones de personas desaparezcan de la mancillada faz de la Diosa Tierra7• Surgen así movimientos como el Voluntary Human Extinction Movement o se esgrimen argumentos como el sigu ient e: en cuanto a los sentimientos es Jo mismo una rata, un cerdo o un niño. Todos son mamíferos, todos sienten dolor. No hay ninguna base racional para sostener que los seres humanos tengan derechos especiales ... 6 millones de personas murieron el los campos de concentración, pero seis mil millones de pollos morirán este año en los mataderos8. •No hay base racional para sostener que los seres humanos ten - gan derechos especiales•, • un niño es lo mismo que un cerdo o una rata•, ·el dolor de las ratas y los cerdos tiene la misma naturaleza mo - ral que el de un niño ·, • es de lamentar que murieran seis millones de personas en la Shoah, pero igual de l amentable que la muerte de no sé cuántos pollos•. Tal es lo que piensa la fund adora de People far the Ethical Treatm ent of Animals (PETA), Ingrid Newkirk, ex oficial de la US Navy. 7 R Al Gore empleó la expresión ·Diosa Tierra• en la Confer encia <le Kyoto. Chicago Tri hun e, 6 <le Diciembre de 1989, citado en
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABILIDAD POLÍTICA ... 1 47 Nuevamente podría hablarse de maximalismo y de extremismo. Pero el presidente de la Deep Ecology Foundation e impulsor del Programa Pumalín9, no está alejado de los centros de poder económico, por el con trario es Douglas Tom pkins , multimillonario norteamericano. Al Gore piensa que la moderna civilización industrial, como está organizada actualmente, colisiona violentamente con el sistema ecológico de nuestro planeta. La ferocidad de este asalto es impresionante, y las horribles consecuencias han ocurrido tan rápido que superan nuestra capacidad de comprenderla.s1°. Asimi smo, lo que ya es otra cosa, mantiene que las atrocidades de Hitler y de Stalin, y los pecados técnicos de los que cooperaron entonces, son inconcebibles si no se tienen en cuenta la separación entre hechos y valores, y entre conocimiento y moralidac/11. Esta alusión de Gore conviene subrayarla. El positivismo fue, en efecto, la racionalización y por lo tanto la legitimación de la revo lu ción industrial. Esta legitimación fue po sible entre otras cosas porque se empleó una epistemo logía según la cua l pertenecían a órdenes por completo diferentes (y que había que mantener separados) el ámbito de lo que es cognitivamente vál id o (lo cual se puede elucidar objetivamente mediante procedimientos lógicos o exper imen tales) de lo que consideramos valioso, moralmente aunque no sólo. Lo que co nsideramos valioso no es dilucidable mediante ningún procedimiento ni analítico ni empírico, quedando pues del lado de la cre en cia privada. El conocimiento cer tificado (lo válido) y la moralidad (Jo valioso ) pertenecían a esferas com pletamente diferentes. Se afirmaba así, por una parte, la autonomía de los ep istém ico respecto de lo axíológico, pero también la preeminencia exclusiva y excluyente de lo metodológico en el ámbi to del conocimiento. La creencia subjetiva, moral, ideológica, religiosa, etc, quedaba fuera y por debajo del conocimiento certificado. Es curio so Ja cantidad de gente que da por supues to algo que no es de suyo ev ide nte ni mucho meno s. No es indiscutible que ent re la conce pción positivista y el desarrollo de las ciencias y las tecnologías haya una relación causa l. ? Este programa pers i gue compra r graneles extensiones de tierra para dedica rlas a pa r ques naturales en los que no hay a presencia humana algu na . 10 Earth ill rhe Balance, pg. 269. 11 mechanical sins es la expresión que empica . O.e., pg. 256.
154 MANUEL PAVÓN la influencia de un a forma de totalitari smo que además se recubre de un matiz de n eo paganismo. Ahora bien , ese discurso es en mi opinión filosóficamente exec rable, moral mente perverso y política me nte muy peligroso. ¿Para qu é sirve un discurso qu e desde ciert as base s filosó fi cas sustenta pronunci amientos morales cuya realización política exige el genocidio a escala planetari a', no sirve para nad a des de el punto de vista de la respue sta política a los probl emas del desarrollo tecnológico. Una cierta política se p odr ía hacer, pero no co nsistiría en una gestión res ponsable del desarrollo tecno lógico. Una moral de la que no puede seg uir se un a práctica política, es otra cosa p ero no moral. ¿Alguién puede pensar en serio que podría este rilizarse volu nt aria o involuntariamente al 95% de las perso nas para alc an zar el equilib rio con la Diosa Tierra, incluso con la aplicación de un grado inaudito de violencia alguién puede pensa r en serio que sería posible? ¿alguién que esté cue rdo pu ede creer que la espe cie humana ace ptará su ex tinc ión porque se supon e qu e es una obligación mo ral y eco ló gica? Esto no sirve para nad a más que para la ex pr esión de supues tos buen os sen timientos. Seguidamente veré de expo ner qué otra cosa es ése discurso. DEL GENOCIDIO A LA IRRESPONSABILIDAD Poco despu és de su detención , dur an te un interrogatorio, se le pr egu nt ó al Albert Speer (máx imo r espo nsable de la produ cción militar ale mana durante la Seg unda Guerr a Mundial) si había leído Mi lucha. R espo ndió que · ape nas lo había ojeado·. Desgraciadamente es muy pos i ble que fuera ve rd ad. Digo qu e desgraciadamente porque es posible que su entrega a la e mpresa hitleriana quizás no se debió a un a co nvicción profunda en la criminal ideología nazi. Y de esa entr ega no cabe duda: a pesar de la escasez de materias primas y de mano de obra, a lo qu e se unían la s derro tas militares y (en gra do men or de lo previst o) las destruccion es pr od ucidas por los b om bardeo s masivos, la prod ucción de guerra alemana er a en 1945 m ayo r que al co mi en zo de la guerra.
TÉCNICAS, VALORES Y RESP ONSABILIDAD POLÍTICA ... 155 A eso hay que añadir que Alemania contaba con un corto número de cazas y cazabombarderos a r eacción (imbatibles por cualquier av i ón de la época), con prototipos de helicópteros y de cohetes, a lo que habría que sumar el programa diri gido a obtener un arma nuclear. Si Alemania hubiera podido contar con la ventaja que estas armas hubieran supuesto, y manteniendo su poderío industrial como Speer había consegu ido, el desen l ace quizás hubiera sido diferente. Con todo , es pos ible que la eficac ia de Speer, sin duda ejemplo de gestión de un macrosistema sociotéc nico, no viniera motivada por su fe ideológica si no por algo incluso más siniestro todavía. Y es que alguien como Himmler, que llevó una id eología política al gr ado de exaltación pseudorreligiosa, puede come ter crímenes horrendos y execrables. Ejemplos desafortunadamente no faltan, la nómina sería muy larga. Pero un tec nócrata eficiente es un in strumento de destrucción mucho más devastador. Es un tópico, pero es verdad, que malvados y criminales siempre los ha habido, pero lo nuevo, lo propio de la civilización industrial, es la capacidad de destrucción y de maldad que se de sencadena con la combinación de la racionalidad tecnocientífica co n la ceguera moral. Es más, lo crucial reside en que la pr i mera sea la causa de esa ceguera. Lo s in iestro reside en que al guien co n el inmenso poder que oto rga la tecnología moderna sea al mismo tiempo un idiota desde el pun- to de vista político y moral, es decir, un irresponsa bl e. En su reciente trabajo La ética en la profesión de ingeniero. Ingeniería y ciudadanía 23 , Mitcham y García de la Huer ta se hacen eco de l caso Speer (en el prefacio redactado por el segundo) como ejem plo de la forma en que Speer justificaba su respon sabilidad. Para ellos existe, en cuanto a la responsabi li dad de los ingenie ros, algo similar a lo que sucede co n los militares. Si és to s esgrimen el prin - cipio de · obediencia debid a• como excu l pa torio (dejando la re sponsabilidad al que da la orden y no al que hace posible que ésta se cumpla), ex i ste en los ingenieros una lealtad al sistema en el que realizan su trabajo. De ese mod o, la r es pon sab ilidad se diluye porque ya no es al go refe r ido a una acción sino a la lógica interna de un sistema desp erso nalizado. 2.1 Mítcham, C. Y M. García de la Huerta, La ética en la profesión de ingeniero. Jngeníeria y ciudadanía, Santiago de Chile, Departamento de Estudi os Humanísti cos de la Facultad de Ciencias Físicas y Ma temá ti cas, 200 1.
156 MAN UEL PAVÓN García de la Huerta to ma el ejemplo de Sp ee r como típico de esta despersonalización de la responsabilidad p orque, en efecto, S pe er (en su defensa durante el proceso de Nuremberg, en alegatos post erio res y en sus Memorias) considera que en último té rm ino la barbarie oc urr ida durante la Segunda Guerra Mundial se d ebió al desarrollo de la técnica moderna 24 . De •curio samente heideggeriano • califica García de la Huerta el ar gu mento de Speer. En mi opinión el ar gumento de Speer es más burdo que t odo eso , y en todo caso no tendría sólo r eso nancias heideggerianas sino de una fo rm a de pensar que recorre bu ena parte del pensamiento del siglo XX. En sus Memorias25 dice S peer : durante los años cruciales de mi vida, deslumbrado por las posibilidades de la técnica, me puse a su servicio. Respecto de ella, no me queda al final sino escepticismo. Ese escepticismo frente al po der de la ciencia lo comparte Spee r con Heidegg er (suponiendo que pudiera calificarse como tal la posición de éste, que no es el caso) pero tambi én co n Weber. Y con Husse rl, el cual veía en la tecnificación del pensar la anulación de éste y el origen de la barbarie. Ortega, que calificaba al es peciali smo de barbarie alber - gaba i deas afines. Pero Wittgenstein, en el Tractatus viene a dec ir algo muy parecido: todo el len guaje queda reducido a cálculo y por tanto a técnica, por eso pensar queda fuera del lenguaje, por eso · de lo que no se puede hablar, hay qu e ca ll ar·, porque tod o el ámbito de lo decible se ha co nvertido en un entorno técnico y, así, no queda si no el silencio, no que da si no ca llar. Adorno y HorKheimer, y no digam os Marcuse, consideran que toda la racionali dad ha devenido poder , se ha hecho una misma cosa con el pode r, porque toda ella se ha convertido en instrumento, en técn ica. Habermas ve ame naza da la eticid ad porque todos los contextos de práctica human a se van con virtiendo en con textos de acción según fines técnicamente definidos. To da la pol ítica ser convertiría en técnica, y toda respon sabilidad en lógica int erna de la razón i nstrumental. 24 ibid. pgs. 13-14. 25 Speer, A., Memorias, Barcelona, Plaza y Janés, 1965 (to da s las citas textual es es tán tomadas de l capítulo 35).
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABIUDAD PO LiTIC A ... 1 57 Finalmente, ese esce pticismo pesimista ha llevado a que la crítica a la ciencia y la tecnología sea hoy d ía el vector principal de la cr ítica social y de la crítica de la civiliz ación t ec nológica. Por ello decía que la argumenta ció n exculpatoria de Speer m ás que de conno taci ones heideggerianas pro ce de de algo mucho más exte ndi - do: la dislocación de la estruct ura axio lógi ca de la sociedad como c onsecuencia del adven imiento de la civilización tecnocientífica. S peer sosti ene que · dejando aparte la depravac ión humana • en la Alemania hitleriana actuó un factor nuevo en la Historia: la de Hitler fue la primera dictadura de un estado industrial en los tiempos de la técnica moderna, una di ctadura que, para ejercer el dominio so bre el propio pueblo, había sabido seroirse a la perfección de todos los med i os técnicos. Resulta inter esante q ue Speer ( un arquitec to que nunca tuvo grandes inquietu des intelectuales) plantee un argumento que se ase meja mucho al de Heidegger de después de la guerra o a las po siciones de la Escuela de Frankfurt: la técnica es al go inseparable del fenó me no del totalitarismo. E incluso dando un pa so má s, la técnica es condición de posibilidad de l totalitari smo y en sí mi sma no puede ge ne rar otra fo rma de gobierno que el totalitario. Como dice Speer: las dictaduras de otros tiempos precisaban de homb res de grandes cualidades, incluso en los puestos de mando infer iores, h ombres que supieran pensar y actuar po r su propia cuenta. El sistema autoritario de la época de la téc nica puede prescind ir de ellos; so lam ente con los medios de telecomun icac ión se puede mecanizar el trabajo del mando inferior. En consecuencia, su rge el tipo de ejecutor de órdenes, ca rente de espíritu crítico 26 • Se gún est o, la técnica moderna no só lo no precisa de per sonas que sepan pensar y actuar co n concienc ia y con espíritu crítico (personas respons ables, pues) s in o que la p ro pi a existencia de esa técnica hace prim ero innecesario y después impo sible t oda responsabilidad, toda concien cia y todo es píritu crítico. Como puede verse, hay aquí algo análogo al principio de " obediencia d eb ida., só lo que ya no es · debida · s ino inexorable. Si e ndo así, la re spon sabi lidad en un s istema 26 Por cier to qu e ésta es una muestra más <l e lo fácil que resulta autoengañ arse. El mismo Speer narra en sus Memorias de qu é forma se incr em entó la produ ctividad al sustituir el sistema rígidame nte au torita ri o por otro en el que se facilitaba al máxi mo la información en horizontal y se concedí a más capacidad de decisión a los es cal ones intermedios. De h echo hizo, y con buenos resultados, lo que <lice qu e no se puede hacer.
158 MAJ\UEL PAVÓN socio t éc ni co com pete só lo al grado más alto de capacidad en la toma de decisiones. Por deba jo del m ando sup remo es posible e inclu so necesario presc ind ir de sujet os de r espo n sa bilidad porque pueden y deben ser sus tituid os por ejecu tor es me cánicos. P ero Spee r (en el sigui ente párrafo al que ac abo de citar) de for - ma inconsciente consigue co nvertir un argum ento falaz en un argumento perverso: los crímenes de aquellos años no eran sólo el fruto de la personalidad de Hitler. La enor midad de aquellos delitos debía ser atribuida tambi én a qu e Hitl er fue el pri mero en poder servirse de fa técnica para su proliferación. Acabo de afirmar que el ar gumen to era fala z y se convierte en perverso . Justificaré ante to do lo segundo . In med iatame nte de spués de decir que la técnica permite concentr ar todo el poder (y por tan to toda res pon sabilidad) en una ma no y que por debajo de ella sólo hay un me canismo y no ser es hum a nos , al final resulta que no só lo Speer (que se pu so ·al servicio de la técnica·) sino el mismo Hitler tenían el po d er pero no la responsabilidad, ya que a la p os tre inclu so Hitler no era sino una prol o ng ación del automa tismo de la técn ica mo de rn a. El argume nt o es perverso no porque excu lp e a unos malvados, es perverso porque sos t iene que la t écnica vuelve imposible la r esponsabilidad moral y política. Pero esta perversión se apoya en una falacia. La fa l acia no reside en la consideración de la t éc ni ca como co n dición de po sibilidad de la d epravació n. Consiste en sostener que la t éc nica no sólo sust itu ye a la práctica moral y política, sino que la vuelve imposible. O dicho con otras palabra s, co nsi ste en decir que la t écnica hace imp osible toda de liberación en términos de racionalidad axiológica. Por fal az que sea, este argumento presi de la mayor parte de la reflexión sobre la civilización tecn ocien tífica desde hace ya mu cho tiempo . Speer consig ue engañarse a sí mi smo (puesto q ue afirma que no pretend e defenderse sino comprende r) mediante una sutil sust itución del principio de •Obediencia debida · por una sue rte de determinismo t ec - nol ógico según el cual a pa rt ir de la técn ica la s acciones qu e tienen lugar so n in ev itables. He eleg ido el ej emplo de Speer porque de forma tosca y simplista ilustra algo que quiero pon er de reli eve: cómo un determina do tipo de a rgum e nt aci ón conduce a legitimar y justificar la irresponsabilid ad po-
TÉCNICAS, VALOR ES Y RESPONSABILIDAD POLÍT ICA ... 159 lítica. He cali fi cado esa argumentación que, repito, co nsi de ro muy extendida en el p ensamie nto de l siglo XX, como falacia que con duce a una perversión. E insisto nuevame nt e e n que esa falacia es congruente con la forma en qu e nu estra cultura se representa a sí misma m edia nte una re fl exió n cuyas raíces son ont ol ógicas y teol óg icas (véase el caso de H. Jonas) pero cuya co nclus ión es e l pesimismo moral que impregna los tratami ento s de la ciencia y la tecnología. Obviamente no voy a inclin arme por el optimismo moral o por alguna versión que reviva el neutralismo. Lo que pretendo sugerir es la necesidad de modificar la inercia de la reflexión, cambiando de marco ontológico y, como diría Mcluhan, sus tituyendo los dictámenes morales acerca de la tecnociencia por un afán de comp ren derla. P or su pue s to que no me prop ongo, porque no pu edo, ll egar tan lejos. Me limitaré a prop one r una per spec tiva d esde la cua l la refl ex ión supere la tendenci a a q ue la irrespon sa bilidad política sea su conclusión. Empezare por tanto sosteniendo que en esa reflexión hay co mponent es que obstacu lizan e incluso impiden la formulación de un modelo de responsabilidad polít ica frente a la ciencia y la tecnología. UNA R EI FICACIÓN Y DOS ESCATOLOG ÍA S He seg uido ha sta aquí dos itinerarios. El primero conducía de Ja sonrisa que hasta no h ace mucho de s pertaba el ex tremismo de los defensor es de la dignidad y los der ec hos de los animales 27 o la que cabía esbozar an te la similitud de plant eamiento de Gore y Unabomber, a la consideración de que la v ida humana no tie ne más dignidad que la integridad de una roca e incluso a considerar que la vida hum ana es la más indigna, ya que só lo los humano s hemo s agredido a la · madre naturaleza•. Por otra parte , un conce pt o (el de tecnol ogía) es reifi cado , lo reificado personalizado como agente de una agresión, de un cr imen 27 Por mi parte cons i dero que abordar la cuestión de la dignidad animal (de lo que se derivaría un código de ob ligaciones humanas) no es sólo co nveniente en genera l o incluso correcto d esde el pun to de vista moral, opino que es crucial pa ra una comp ren sión de la natura l eza h uma n a. V eáse un excele nt e tratamie nt o del asu nto : Macln ty re, A ., An im al es racionales y dependient es. Por qué los seres humanos necesi tam os las virtu de s, Barcelona, Paidós, 2001, especialmente l os cap ítul os 3 a 7.
160 MANUEL PAVÓN cósmico, y por último demonizado como un poder en sí mismo destructor y malvado. Ese itinerario conducía a detectar un mecan i smo en el fondo del nuevo panteísmo: lo que es una metáfora se reifica, lo reificado es luego personificado (haciendo de lo reifi ca do un su j eto de dignidad y derechos, fero zm ente atacados por los seres humanos). Por último lo personifica do es divinizado de tal sue rte que la responsabilidad se diluye en cu lpa y ésta deviene en un cr edo p seudorelig ioso mediante el cual la naturaleza prevalece sobre la humanidad, y és ta no adquiere su propia i den tidad sino en relación con su culpa y co n el castigo redentor. El genoci dio se convier te así, en la mejor línea del totalitarismo, no só lo en debe r moral sino en una nece si da d mo ral y natural. El segu nd o nos ha ll evado de l horror an te el genocidio y la arg umentación exculpatorio de uno de sus principales causantes a un argu - mento que consagra la imposibilid ad de la responsabilidad dado que el poder de la técnica moderna es ilimitado, o a que ésta hace de suyo ilimitado al pod er. No es sor prend en te esta coincidencia en tre un nazi como Speer, un vicepre siden te de EEUU como Al Gore, un radical viol en to como Theodor Kaczynski, Unabomber, milit antes de movimientos ecologi stas o ant itecn ol ógicos en genera l. Sugerir alguna aproximación entre el ecologismo y el nazismo sería más una estupidez que una ruindad. Señal ar el paralelismo en la argumentación no lo es. Y tampoco lo es indi car un hecho: un panteísmo difuso que hablaba de los valores de la tierra y de la raza, una exa lt ación de la vida en términos r ed ucent eme nte biol óg i cos o una concepción darwinista de las r elaciones entre los seres humanos, formaba p arte componente del imaginario nazi. Pero eso no es importante. Lo im por t an te es q ue Speer coincide co n Unabomber en que la técnica es un poder ilimi tado que acaso pueda ser des truido pero nunca sometido a contro l o límite alguno. En el mundo de la técnica es imposible una orientación axiológica de la con - ducta y mucho menos la práctica política. Asistimos con todo esto a un fenóm eno que sería sorprendente en una sociedad secularizada si no fuera porque es una realidad que se va impo niend o, institucionalizando y propagan do mediante los resortes de los po der es mediáticos, académicos , políticos y económicos: el advenimiento de una nueva escatología.
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABIUDAD PO LÍTI CA ... 161 Una nueva doctrina s obre el final de los tiempos y el advenimien- to de la Ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén en la que al fin reinarán la paz y la justicia28• Unabomber, la Deep Ecology o Mª J. Guerra, por recoger algu no s de los ejemplos antes mencionados, coinciden en que la destrucción de la sociedad tecnológica e industrial será una catástrofe apoc alíptica, un genocidio sobre toda la especie, pero en todo caso un Apocalipsis inevitable y un genocidio redentor que hará posible llegar por fin a la Nueva Jerusalén en la que la sagrada alianza con la Diosa Tierra, rota por el pecado original de la tecnología, volverá a sellarse. Por cierto que la escatología es una dimensión esencial del pensamiento totalitario. Éste justifica la inaudita violencia que ejerce sobre la población como una nece sidad dictada por la existencia de enemigos de la Ciudad de Dios. Y por la necesidad de realizar un esfuerzo titánico y colectivo para facilitar su advenimiento. Pero lo que me interesa primordialm ente no es poner de manifiesto loa perfil es totalitarios de la tecnofobia en general o del ecologismo como posición moral en particular, aunque no sea necesario llegar al llamado ecofascismo para encontrarlos. La tecnofobia es u na actitud más que una pers pe ctiva elabora da, en to do caso procede de la reacción ante las tensiones provocadas por la socie dad industrial, y como decía antes, de la dislocación del sis t ema de valores a que da lugar el desarrollo tecnológico. Cua nd o la tecnofobia se convierte en activi smo político radical (como neoluddismo o como ecologismo) se apoya en una escatología a partir de la cual se percibe la destrucción de la socied ad t ec nológica como cond ici ón in - dispensable y al tiempo inevitable para alcanzar la Ciudad de Dios, pa ra llegar al reino de la paz y la justicia cósmicas. Pero el león y el co rdero no pacen juntos, la naturaleza no es el reino de la paz y la justicia. Poner al mi smo nivel a las víctimas de la Sboah y a los pollos, no es solamente una memez, no es solamen te ex presión de un maximalismo má s o menos extravagantes, equivale a esc upir en el ro st ro de todas l as víctimas porque no se tiene respeto a 28 Me apresuro a decir , con el mayor pl acer , que me aprop io <le esta afortunada imagen (la Ciudad de Dios) debida a Andoni Alonso y a Iñaki Arzoz. Antes de realizar las últimas correcciones había escrito ·Paraíso Terrena l·, pero sin <luda tien e más fuerza esta expres ión.
162 MANUEL PAVÓN la vida y a Ja dignidad humanas (a las de los otros, a las del enem igo) . Col ocar en el centro de la consideración moral a la biosfera, expu lsan - do a los seres humanos como pretende la Deep Ecology, negar la es pecificidad de la naturaleza human a r especto del resto de la natu raleza (incluyendo lo inanimado), no eleva a las rocas al nive l de partícipes en una comunidad, degrada a los seres h umanos hasta en nivel del mero objeto, de mera abs tracción. Pero por si no tuviéramos bastante con todo esto, lo cierto es que no hay una s in o dos escatologías, no hay solamente uno sino dos dis - cursos religiosos, y dos inercias hacia el totalitarismo. La tecnofilia adop ta hoy de forma creciente formas pseudoreligiosas, fórmulas neopaganas. Frente al Apocalipsis de la escatología panteísta tecnofóbica, la tecnofilia nos augura un futuro de continuas maravillas tecnológicas, hasta llegar a una Nueva Jerusalén cibernética y biotecnológica en la que quedarán desterradas la enfermedad, el hambre, todo sufrimiento y todo conflicto. Y en la que , cómo no , reinerán la paz y la justicia, no mediante la destrucción de la tecnología sino precisamente por medio de su apoteosis. En un libro estupe n do (o para dar gusto a los autores: en un estupendo ciberensayo), A. Alonso e I. Arzoz h an ex pl orado el carác ter escatológico y hermético del discurso tecnófilo que hoy día predica la propagación de la cibercultura2<1. Para ellos el discurso tecnocientífico tiene ca da vez más un tinte hermético, de prédica religiosa mezcla de mística y conocim i ento revelado por una inst ancia no hum ana. De este modo, se supone que la t ecno logía irá realizando poco a poco las promesas de la ciencia, y en su momento advendrá una Nueva Ciudad de Dios. Al final se cum plirá el sueño de la mod ernidad: la tecnociencia nos habrá traído el paraíso (la abundancia, la salud, la libertad, la paz ... ) a la tierra: sus profecías tecnológicas suponen un Apocalipsis feliz, en el que a la disolución de la realidad-mundo le sucede precisamente el advenimiento de la tecno-utopía hermética, la Nueva Ciudad de Dios ccomo nuevo • mundo digital., esto es, lo más parecido a una recreación tecnológica del cielo 30 . Pa ra A. Alonso y para I. Arzoz esa Nueva Ciudad de Dios es, en realidad un Ciberimperio, frente al cual propugnan la existencia de u na 29 A lonso, A. e l. Arzoz , l.a Nueva Ciu dad de Dios. Un juego cihercultura/ sobre el Jecno-bermetismo, M adrid, Siruela, 2002 . .lO O.e., pg. 87 .
TÉCNICAS , VALORES Y RESPONSAfllUDAD POLÍTICA ... 163 ciudad ciberateniense que la propia cibercultura ha hecho posible. Es lo que diferencia al tecnófobo con inercias totalitarias del crítico ante la tecnofilia. El primero no diferencia a lo s niños de las ratas, el segundo (como hacen Alo nso y Arzoz) está atento al di scu r so que presenta al desarrollo t ecno l óg i co como un va l or supremo, legitim ando con ello todas sus consecuencias sociales, eco lógicas y culturales. Está atento para detectar en ese discurso las componentes totalitarias que lo constituyen. Alonso y Arzoz entien den que en el caso del discurso de la tecnociencia ese totalita rismo consiste en que la instauración del Ci be rimperio no sería sino el triunfo definitivo (y definitivamente excluyente) del mito amer i cano 31 • No es nece sario estar p or comp l eto de acuerdo con ambos, ni en sus conclusiones ni en sus presupuestos (es mi caso) para ver lo acertado de su análisis: el carácter escato lógico del discurso tecnofílico. Otros, como Mark Dery 3 2, se habían hecho eco de esta concurrencia entre religiosidad y cibercultura. De todas formas mi alusión a la tecnofilia no pretend e dar una vela a Dios y otra al Diablo. Hubo un tiempo en el que uno podía golpear en la cabeza al comunismo siempre que de vez en cuando se pateara al capitalismo. Se podía denunciar la tiranía soviética a condición de que se proclamarán los horrores del otro lado. Por mi parte no pretendo equilibrar mi crítica a una escatología con Ja crítica de otra que aparentemente se le opone. La cuestión es que la tecnofobia y la tecnofilia, que serían términos referen tes a actitudes culturales o a r eacciones cu lturales frente a la representación de la sociedad tecnológica, devienen formas de religiosidad (con su moral y su escatología). Las llamaré, pues , ecola tría :S 3 y tecnolatría. La primera diviniza Ja metáfora de la naturaleza, coloca a la biosfera como valor supremo, considera la tecnología un crimen contra el bien supremo y ve en el Apocalipsis que destruirá la sociedad industrial el acontecimiento que permitirá el advenimiento de la Ciudad de Dios. 31 Alonso y Arzoz estab l ecen una continuidad entre el judaísmo y la nueva religión hermética del digitalismo; hay un desplazamiento de l pueb lo elegido , que esta vez es el norteamericano , pero el digitalismo es una verdadera religión, la religión que sostiene al Ciherim perio y que se realiza en éste, o.e. pgs. 118 -11 9. 32 Dery , M., Velocidad de escape. La cibercu/tura en el final del siglo, Madrid , Siruela, 1998. 33 Se ha propuesto el término ·ecosofía· (con claras resonancias de •teosofia ·) para pronunciamientos del ecologismo radical.
170 MANUEL PAVÓN Yo cr eo que sí, que el concepto de ideología resulta adecuado. Pero para justificarlo he de hacer algunas precisiones. El núcleo de esas ideologías es, como ya expuse, el mismo: la reificación del concepto de técnica y su consi deraci ón como un poder ilimitado que sólo puede ser destruido pero no normativamente con - trolado ni gestionado según prácticas axiológicamente es tru cturadas. Para la tecnolatría cualquier limitación del avance tecnocientífico sólo es posible mediante la destrucción de las bases que hacen posible el conocimiento de la ciencia y la tecnología. Para la ecolatría existe el imperativo moral de llevar a cabo esa des t rucción . Por eso am bas de vienen una forma de pensamiento escatológico en el que el final de los tiempos vendrá ma r cado por la de strucción de la tecnología o por el advenimie nto de un Paraí so terrenal en el que habrá abundante le che y miel tecnocientíficas. En cualquiera de ambos casos, la práctica política se vuelve imposible y co n ello la responsabilidad. La acción política sólo pued e dirigirse o bien a la destrucción o bien al fomento de la tecnología. Es decir, deberá mantener se ·fuera• de ella. Concebir a la tecnología co mo un poder ili mitado ajeno a toda práctica y por ello a toda responsabilidad, es ideología. Cumple la función ideológica de producir una falsa conciencia (imposibilidad de control de la técnica) cuyo resultado es impedir toda práctica y diluir toda responsabilidad. En el caso de la tecnolatría la localización de un interés legitimado y ju st ificado por esta ideología es sencillo. En el caso de la ecolatría al go menos. Ciertamente no sería difícil en el caso de Go re. Su ecolatría le lleva a proponer una especie de ·Plan Marshall· global. Y es que · lo verde vende ., es decir, · lo verde se vende·. De forma que hay toda una in du stria verde que demanda e insume capitales (con impor tantes perspectivas de desarroll o) . Gore es , en realidad, un yuppie que hace de su supuesto ecologi smo una forma de presentar a la industria verde como una necesidad global. Pero incluso para formas más radical es y sinceras de ecolatría, es posible mantene r la n oción de ideología. Y en que la ideo logía no es solamente falsa conciencia, su autén tica función soc ial es la de producir buena conciencia, co n cienc ia satisfecha.
TÉCNICAS, VALORES Y RF~'> PO NSABTLIDAD POL ÍTI CA .. . 171 Esa buena conciencia ecolá trica (que al final impide la conc ie ncia cabal de los problemas ecológicos) se exti ende cada vez más, como tal buena conciencia que pu ede llevar a proponer planes inviables, o como buena conciencia promovida com o reacción frente al ex tremismo, por ejemp lo, de l os ·ecofascist as .. Tecnolatría y ecolatría son ideolo gías que ocultan una realidad: que nuestra sociedad no tiene más que dos heurísticas para enfrentar la innovación tecnológica, el miedo y el lucro . La ecolatría ti ene al segundo como gran aliado, el lucro es el motor de la tecnolatría. Actual mente la investigación en ci encia y tecnología tiene un im - pulso (el lucro) y un freno (el miedo). Pero no hay más controles en la nave, y eso que es compleja y poderosa. La metáfora del vehículo viene al caso porque la eco latría y la tecnolatría se convierten e n escatologías porque só lo cuenta n con un recurso: el miedo o el lucro, lo que impone una cierta concepción del tiempo. Si só lo podemos acelerar o frenar (y si ambas cosas conducen a la incertidumbre) no cabe sino ir hacia delante indefinidamente (hasta un progresivo advenimiento del Paraíso terrenal) o detenerse definitivamente (con la inevitable catástrofe a la que seguirá el Paraíso de la paz entre la biosfera y todos sus com pon entes). Consideremos s in emba rgo lo sig uiente. La tecnología electrónica ha modificado radicalme nt e la estructura del espacio geográfico, económico y social; asimismo ha sup uest o la transformación profu nda de los ámbi to s del trabajo, el pen samie nt o y la comun icación. Las biotecnologías han supuesto un paso de giga nt e en la trans - mutación de la naturaleza en cultura. Un animal es un ente natural, un animal clonado es un ente ar tificial; d el mismo modo , las biotecnol ogías están cambia nd o la id entidad cultural del cuerpo huma no; por último, su desarrollo previsto supondrá un a revolución en ámbitos tan diversos como el de la producció n económica , los proces os de soc ializ ació n o las instituciones jurídicas. La apa ri ció n de un l enguaje digital comú n produce un efecto sinérgi co entre diferentes ca mp os tecno lógicos (electróni ca , informática y biología, principalm ente) .
172 MA N UEL PAVÓN La investigación tecn ocie ntífica presupone ahora no ya una carga teórica sino tecnológica que obliga a redistribuir de un modo comp l etamente nuevo la relación entr e teoría y experi enci a. El desarrollo de la nanotecnología, el de la investigación en cri sta - l es líquidos o en materiales inteligentes, el avance de la robótica y la cibe rnética, y por supuesto la ingeniería genét ica, abre n ámbitos a la actividad tecnocientífica cuyas c onsec uencias económicas, sociales, jurídicas y políticas no alcanzamos sino a imag in ar (y seguramente a imaginar equivocadamente). Si el panorama ya era com plejo y si el pod er de la tecnología era ya enorme, esto no hace sino incrementarse y lo hará más en un futu - ro inmediato. Y sólo contamos con un freno y un ace lerador. Y dos posibilidades, detenernos a costa del genocidio, o proseguir no se sabe a costa de qué. En la medida en qu e impiden que se forme una responsabilidad política (una conciencia de la responsabilidad ante la innovación tec - nológica) la ecolatría y la tecnolatría son ideologías y además formas de pensamiento políticamente peligrosas. Es peligroso propi ciar la irresponsabilidad ante fenómenos complejos y poderosos. Y moralmente perverso, y filosóficamente execrable. Ahora bien, el problema es cómo acceder a la crítica de esa ideo - logía. La r es puesta no puede ser más que una: comba tie nd o su núcleo , la reificación de la tecnología y la consideración de que es imposible cualquier orientaci ón axiol óg ica de la actividad científica y tecnológica. Como he venido diciendo, la reificación de un concepto, y la con - versión de esa reificación en el eje estructurad or de toda una cultura, es un a fa lacia filosófica. La tecnología no sólo no es inseparable de la práctica social, es una práctica social. En otro lugar 48 he expues to mi posición al respecto: la ciencia y la tecnología son complejos de actividades humanas institucionalizadas. La tecnología es, a su vez, resultado de una red extremadamente complicada de interacciones entre estrategias de microinstituciones en las cuales entran en relación agentes humanos (individuos, grupos, empre- 48 Pavón, M, ·Desafios éticos <le Ja nueva ingeniería· en Reboto Hernán<lez, A. (coord .. ), Jngenieria Industrial. 150 años en España, SP IC Un iversi dad de Valladolid, Va lladolid, 200 0.
TÉCNICAS, VALORES Y RESPONSABILIDAD POLÍTICA ... 173 sas, instituciones de investigación, medios de comunicación, sindic atos) , age nte s no humanos (energía, tierra, animales, genes, moléculas) y conocimiento 49 . La tecno logía es un a dimensión de la práctica humana, y se crea en una cultura , es decir , en el plexo de una estruct ura en la que interaccionan símbolos, técnicas, valores, creencias, teorías, expres ion es, expectativas, etc., etc. Por ello, en Ja medida en que la relación entre práctica y técnica es necesario enfocarla de forma sisté mica y no analítica (como si en las prácticas sociales y cu lturales hub iera co mpartimie nto s estancos) es necesario tambi én eliminar la noción de un supuesto conflicto entre las técnicas y las prácticas. Lo que hay es un conflicto de valores entre aque llos que satisfacemos mediante técnicas y aquellos que necesitan de su realización mediante otro tipo de prácticas. De sde un punto de vista pragmatista las técnicas y lo s valores tienen en comú n qu e sirven a la resolución de problemas. Los seres hu - manos tenemos intereses, necesidades, expectativas respecto de nuestro entorno, y propósitos. Algunos de ellos se satisfacen mediante la definici ón de valores (y su realización mediante la práctica polític a); otros son sat isfechos mediante estrategias de práctica técnica. Somos resp onsables de nuestras técnicas, al igual que lo somos de toda nuestra pr áctica social. Somos res pon sables porque somos los que actua mos. Obviamente, Ja acción se estructura en función del entor no tecnológico, pe ro igualmente del entorno axiológico. Cualquier cosa que le pase al me di o natural o a nosotros mismos , so mos nosotros quienes Jo hacemos. Empleando técnicas en la mayor parte de los casos, pero no só lo. Habría que insistir en este aspecto, la responsabilidad no puede diluirse (aunque sí impedirse su ejercicio) porque no hay posibilidad de sepa r ar las técnicas de l os valores, no hay camino para que ·lo téc - nicamente posible sea limitado por la moral·. Las técnicas realizan valores puesto que satisfacen necesidades, intereses o propósitos, al igual que otro tipo de pr ác ticas (las instituciones jurídica s) . 49 Pavón, M ., o.e ., pg . 353.
174 MANUEL PAVÓN El problema reside en la evaluación de la tecnología (y por lo tanto en su gestión política). Reside en que hasta ahora hemos evaluado la s técnicas, h emos considerado · buena ingeniería· a determinadas i mp lementaciones tecnológicas que satisfacían un sistema de valores que hoy día o no basta o es contraproducente. Lo que necesitamos no es que la moral vuelva ·indisponibl es a las técnicas·, necesitamos una reflexión profunda de los valores y, en consecue ncia, de las operaciones de evaluación de las tecnologías. Prime - ro, qué valores vamos a definir como los centrales en la convivencia civil; segundo , qué desarrollos tecnológicos satisfarí an esos valores. Lo que no se puede, porque es ideológico, es proponer lo impo - sible: sostener algo tan inimagin able como que el problema del control del desarrollo tecnológico no sea un problema técnico. Es, sin duda, un problema pol ítico, pero es que la mayor parte de los problemas políticos demandan técnicas. Como decía Habermas, no es cosa de que la política se aplique a la re solución de cuestiones técnicas, que se reduzca a la aplicación de técnicas, y que como práctica se convierta en procedimiento. Ciert o, pero no lo es menos que los problemas que la tecnología plantea exigirán soluciones instituciona les, jurídicas, ed u ca ti vas ... normalizadoras y socializadoras. Pero, en sí mismo, el problema de una política de la tecnología (que no podrá ser sólo una administración de los recursos asignados a la investigación) implica asimismo cues tiones técnicas, y exigirá prácticas técnicas. Cons idé rese, por ejemplo, el problema de la biodiversidad. Ésta es un bien, al go valioso en sí mismo y desde luego para l os seres h umanos. Ahora bi en, el peor enemigo de la biodiversidad , co mo dice Mosterín50, es Ja agricultura (y yo añadiría que en general el aprovec hamiento industrial de la vida vegetal y animal). Por ello lo más se nsato se ría detener la roturación de las tierras, incluso devolver parte de los terren os de cultivo a la vida salvaje. Una vez más, lo que surge aquí es un conflicto de valores: aliment ar se res humanos es una necesidad (y un valor), preservar la biodiversidad es un bien (y un valor). La so l uc i ón exige una política median te la cual so Mosterín, J., Ciencia viva. Reflexiones sobre la aventura intelectual de nuestro tiempo, Madrid, Espasa Ca lp e, 2001, pgs. 212 ss.
TÉCNICAS, VA LORES y RESPONSABILIDAD POLíncA ... 175 se repriman ciertas soluciones técnicas y se bus qu en otras: el aumento de la productividad de la tierra cultivada. Los transgénicos pr oporcionan u na oportunidad excelente para paliar en parte el drama. Pero abren también incertidumbres (de hecho se está limitando su desarrollo). La alternativa pa ra lo s tecnólatras es: explotación a fondo de las oportunidade s, relato del maravilloso mundo que vendrá gracias a la biotecnología ... y mir ar para otro lado respe cto de las incertidumbres. La de algunos (muchos) ecólatras consiste en soste n er que como la incertidumbre de las nuevas te c nología s no puede con trolarse, hay que admitir la escasez como algo insoslayable . La biodiversidad a cambio del hambre, o el hambre a cambio de la biodiversidad. La cuestión es que , si la alternativa es inviable, entonces no es una alternativa sino una fórmula que sirve a la buena conciencia y a la soberb ia de científicos e intelectual es. La tecnología a bre oport un idades y tambi én incertidumbres. Y exige un a respons ab ilidad política que las gestione. Lo malo es que la incertidumbre no puede reducirse a cero, el principio de Jonas no es una heurística, es un lamento. Lo que no puede hacerse es oponer al reino del riesgo y la incer - tidumbre (el de la tecnología) un pretendido reino de certidumbres: el de la moral. La práctica, como la técnica, abre oportunidades pero también incertidumbres. La cuestión, en suma, es di seña r modelos de ac ción política res - ponsable. Y lo m ás urgente para eso es desmontar los discursos que legitiman la irre spo nsabilidad frente a la tecnología, es decir, frente a n oso tros mismos.