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La sociología de la emoción y la emoción en la sociología

Bericat Alastuey, Eduardo

Abstract

En este artículo se presenta una síntesis de las aportaciones teóricas de tres pioneros de la sociología de las emociones: Thomas J. Scheff, Arlie R. Hochschild y Theodore D. Kemper. El profesor Scheff ha desarrollado un prolongado, amplio y riguroso programa de investigación empírica y teórica sobre la vergüenza y el orgullo, a las que considera las emociones sociales por antonomasia. La profesora Hochschild, frente a lo que constituye práctica habitual de la sociología, incorpora las emociones como una vía de acceso clave para el conocimiento de cualquier fenómeno o situación social. El profesor Kemper, a la inversa, muestra la va l i d ez y necesidad de la perspectiva sociológica para comprender las emociones, cuyo origen y fundamento deriva, en la mayor parte de los casos, de un determinado tipo de relación social. Teorías sociológicas de la emoción, explícitamente concebidas como tales, no pueden encontrarse en la tradición sociológica antes de la década de los ochenta del presente siglo. La sociología, hasta ahora inmersa en la principal corriente cultural de la modernidad, caracterizada por un racionalismo, un cognitivismo y un positivismo a ultranza, tan sólo había incorporado tratamientos residuales o circunstanciales de la emoción. Ahora bien, resulta inconcebible un actor social cuyo universo simbólico esté exclusivamente compuesto de ideas o cogniciones. En este universo podemos encontrar también valores. Y en este universo también encontramos, sin duda, emociones. Emociones que son reflejo, condición y substrato último de toda reflexividad humana y social. Tanto la descripción como la explicación y comprensión sociológica de la realidad será incompleta, por tanto falsa, si no se incorpora al actor sentiente en los juegos humanos de interactividad e intercomunicación.

Full text

La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Ed u a do Be ica Alas uey Un i e sidad de Málaga. De p a amen o de So c i o l o g í a Campus El Ejido, s/n. 29071 Málaga. Sp a i n e b e i c a @ u c m . e s Re s u m e n En es e a ículo se p esen a una sín esis de las apo aciones eó icas de es pione os de la sociología de la emociones: Thomas J. Sche , A lie R. Hochschild y Theodo e D. Ke m- p e . El p o eso Sche ha desa ollado un p olongado, amplio y igu oso p og ama de i n es igación empí ica y eó ica sob e la e güenza y el o gullo, a las que conside a las emociones sociales po an onomasia. La p o eso a Hochschild, en e a lo que cons i u- ye p ác ica habi ual de la sociología, inco po a las emociones como una ía de acceso cla- e pa a el conocimien o de cualquie enómeno o si uación social. El p o eso Ke m p e , a la in e sa, mues a la a l i d ez y necesidad de la pe spec i a sociológica pa a comp e n- de las emociones, cuyo o igen y undamen o de i a, en la mayo pa e de los casos, de un de e minado ipo de elación social. Teo ías sociológicas de la emoción, explíci amen e concebidas como ales, no pueden encon a se en la adición sociológica an es de la década de los ochen a del p esen e siglo. La sociología, has a aho a inme sa en la p incipal co ien e cul u al de la mode nidad, ca ac e izada po un acionalismo, un cogni i ismo y un posi i ismo a ul anza, an sólo había inco po ado a amien os esiduales o ci cuns anciales de la emoción. Aho a bien, esul a inconcebible un ac o social cuyo uni e so simbólico es é exc l u s i amen e com- pues o de ideas o cogniciones. En es e uni e so podemos encon a ambién a l o es. Y en es e uni e so ambién encon amos, sin duda, emociones. Emociones que son e l e- jo, condición y subs a o úl imo de oda e lexi idad humana y social. Tan o la desc ip- ción como la explicación y comp ensión sociológica de la ealidad se á incomple a, po an o alsa, si no se inco po a al ac o sen ien e en los juegos humanos de in e ac i idad e in e c o m u n i c a c i ó n . Palab as cla e: sociología, eo ía sociológica, emociones, sen imien os. Abs ac . The sociology o emo ion and he emo ion o sociology This a icle p esen s a syn hesis o he heo e ical con ibu ions o h ee pionee s in he ield o Sociology o Emo ions: Thomas J. Sche , A lie R. Hochschild and Theodo e D. Ke m p e . P o esso Sche has de eloped a leng hy, ex ensi e and igo ous empi ical and h e o e ical in es iga ion p og amme on he emo ions o shame and p ide, which he con- side s o be social emo ions pa exc e l l e n c e. P o esso Hochschild, con a y o he habi ual p ac ice in sociology, inco po a es emo ions as a key means o access o comp e h e n s i o n o any phenomenon o social si ua ion. P o esso Ke m p e , on he o he hand, demons- a es he alidi y and necessi y o he sociological pe spec i e in o de o unde s and Pape s 62, 2000 1 4 5- 1 7 6 emo ions, in mos cases o igina ing in and undamen ally de i ed om a ce ain ype o social e l a i o n s h i p. Be o e he 1980's, sociological heo ies on emo ions, explici ly concei ed as such, we e no p esen in sociological adi ion. Imme sed in he main cul u al cu en o m o d e n i y, cha ac e ised by a e en a ionalism, cogni i ism and posi i ism, un il now Sociology had only inco po a ed esidual o inciden al ea men o emo ions. Howe e , a social ac o whose symbolic uni e se is exc l u s i ely made up o ideas o pe cep ions is i n c o n c e i able. The uni e se also includes alue, and, wi hou a doub , his uni e s e includes emo ions. These emo ions a e a e lec ion, a condi ion and he inal subs a um o all human and social e l e x i i y. The desc ip ion, explana ion and sociological unde s- anding o eali y will be incomple e, and he e o e alse, i he sen ien ac o in he human play o in e ac ion and in e communica ion is no inco po a ed. Key wo ds: s o c i o l o g y, sociologycal heo y, emo ions, eelings. 1. In o d u c c i ó n La sociología del conocimien o, aplicada es a ez a la p opia disciplina socio- lógica, debe á en en a se muy p on o con la a ea de explica un enigmá i- co e impe donable ol ido. Sólo aho a, sólo desde nues o ho izon e posmo- de no, aho a que el elo de la mode nidad empieza a asga se y el sis ema mues a ya algunas de sus más que idas y sag adas cohe encias, podemos p egun a nos cómo y po qué la sociología, ciencia del es udio de las lógicas de acción social y de las es uc u as sociales, ha p escindido du an e casi dos- cien os años de una dimensión humana an ín imamen e inculada a la sociabilidad como la cons i uida po los a ec os, las pasiones, los sen imien- os o las emociones. La «cons ucción social de la ealidad», aplicada en algu- nos casos epe ida, ípica y ópicamen e a los enómenos más pe e g i n o s , insus anciales e i e l e an es, ha p es ado escasa conside ación a la e a l i d a d emocional de los se es sociales conc e os y a la ealidad emocional de las sociedades. La pos ulada «imaginación sociológica» ampoco ha osado as- pasa el umb al a ec i o, ni siquie a cuando la pa icipación de las emocio- nes en la acción y en la es uc u a social esul a e iden e po sí misma. Ri os, ca isma, legi imidad, c eencias, a l o es, elaciones in e pe sonales, concien- cia de clase, iolencia, sen imien os nacionales, eligión, e olución, des ia- ción social, p i ación e l a i a, p opaganda, comunicación, e c., e c., pa e c e n di íciles de en ende y explica sin una conside ación sociológica de las emo- 1 4 6 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey 1. In o d u c c i ó n 2. Theodo e D. Kempe : pode y es a us en las elaciones sociales 3. A lie R. Hochschild: no mas sociales y es uc u a social 4. Thomas J. Sche : ínculos sociales segu os e insegu o s 5. Bi b l i o g a í a Su m a i o ciones. Pe o ya sabemos que las e idencias son engañosas. Sabemos desde hace iempo que oda conciencia, incluso la sociológica, es á cons eñida po el a b ú . G an pa e de los maes os de la sociología, A. Com e, V. Pa e o, E. Du kheim o M. We b e , ubicados in elec ualmen e en el paso de la sociedad adicional a la sociedad mode na, hubie on de a a los enómenos a ec i- os, po lo que las emociones no es án o almen e ausen es en sus abajos. Sin emba go, como co espondía a la nue a época, es as emociones ocupa- ban un luga ma ginal y, lo que es más sin omá ico, esidual en el conjun o de su ob a. Pod ía deci se que lucha on con a las emociones sin oda ía se capaces de elimina las. Sin emba go, cuando la mode nidad se impuso en odos los ó denes de la ida, la imp on a posi i is a ba ió del pensamien o sociológico cualquie e e encia emocional. En los casos más ambiciosos de eo ía social, como en Talco Pa sons, se hubo de ecu i a é minos ex a- ños, como el de «ca exis», pa a que la e e encia emocional adop a a la ca e- go ía de un concep o cien í ico. Incluso en es os casos, el a amien o de la emoción en la sociología ha sido siemp e esidual, gené ico e i e l e a n e . Los sociólogos clásicos, como decimos, no deja on de ene en cuen a las emociones en sus eo ías, pe o, dado el es a u o ma ginal que les o o ga o n , su abajo no si ió al desa ollo de una explíci a sociología de las emocio- nes. Más bien ocu ió odo lo con a io. Max Webe puede conside a se un buen caso ilus a i o del a amien o esidual de las emociones, po un lado, así como del uso de emociones en la p opia es uc u a de sus eo ías y con- cep os más undamen ales. El ca ác e esidual es pa en e en la escasa a en- ción que p es ó en su ob a a la «acción a ec i a», así como en su p o p e n s i ó n a iden i ica es e ipo de acción con la conduc a pasional, sepa ando de es e modo azón y sen imien o (We b e , 1979). Po o o lado, algunas de sus esis no se sos ienen sin ene en cuen a el eslabón emocional. El a gumen o cla- e de la é ica p o es an e y el espí i u del capi alismo se es uc u a en un juego causal que comienza en el análisis ideológico de una eligión, sigue con los e ec os emocionales que es a ideología p o oca en sus adep os, básicamen e c uel humillación, y e mina con la modi icación de pau as conduc uales c l a es pa a el desa ollo del capi alismo, con el conocido e ec o pa adójico de ado a a Dios en el e bo, mien as se ado a al bece o de o o en la p ác ica. Su esis incluye con explici ud y cla idad el componen e emocional en el aná- lisis sociológico (We b e , 1998), si bien es e hecho ha enido escaso eco en la sociología pos e io . E. Du kheim ambién iene en cuen a el componen e a ec i o en su es u- dio del suicidio, en las espues as colec i as a enómenos de des iación social, o en las p ác icas i uales. Una sociología del i ual y de la sac alidad que sólo puede en ende se cabalmen e a endiendo a los ínculos a ec i os que cons- i u yen la esencia de lo social. En Du kheim con i en las ideas ace ca de la n a u a l eza undamen almen e a ec i a del o den social (obje o), con las ide- as que p e a l e c i e on en la sociología pos e io ace ca de la necesidad de a- a los enómenos sociales en an o cosas (mé odo). La iqueza de los análi- La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 4 7 sis sociológicos de G. Simmel ampoco podían exclui o almen e la dimen- sión emocional del se humano, como así mismo sucede en la ob a de A. Com e, V. Pa e o, Ch. H. Cooley, T. Pa sons, G. C. Homans, R. Collins, N. Luhmann, E. Go man y o os muchos. Sin emba go, no exis e en ninguno de ellos ni un econocimien o explíci o de las emociones, ni unos concep os emocionales que cons i uyan elemen os cla e de sus modelos. En es os soció- logos, po egla gene al, como señala ace adamen e el p o eso Sche , no exis en o os concep os de emoción que los omados en p és amo del lenguaje común, po an o me os é minos del lenguaje, pe o en ningún caso con- cep os que adquie en su sen ido cien í ico en el ma co de una eo ía. Exis en ambién ob as sociológicas que inco po an en mayo medida o a- an di ec amen e, incluso a eces sin nomb a lo, el mundo social de los sen- imien os. Una e e encia cla e, en es e sen ido, es la ob a de No b e El i a s El p oceso de la ci ilización, donde nos na a p ocesos psico y sociogené icos asociados al au ocon ol de los impulsos emocionales y a modi icaciones de la es uc u a emo i a de las sociedades en la mode nidad. G an pa e de los análisis de Go man, como se comen a más adelan e, mues an las conduc- as ex e nas de los encuen os sociales desde la pe spec i a del e c o n o c i- mien o o negación del es a us de los pa icipan es en la in e acción social, p o- ceso di ec amen e asociado a los sen imien os de de e encia o espe o en unos casos, y de u bación o e güenza en o os. Richa d Senne y Jo n a h a n C o b b, en The Hidden Inju ies o Class, e a an el con enido emocional de los a b a j a d o es de cuello azul de Bos on, mos ando las he idas ocul as de la dig- nidad de homb es que ocupan posiciones sociales in e io es en una sociedad me i oc á ica que p oclama la iden idad en e capacidad y posición social. Tamo su Shibu ani, en su eo ía sociológica del u m o , publicada bajo el í ulo Im p o ised Ne w s, no deja de señala , en la a iada y ica colección de casos que apo a, el con ex o o clima emocional del que suelen su gi y nu i - se los u m o es. Wi l l a d Gaylin, en The Rage Wi hin. Ange in Mo d e n Li e , es udia la na u aleza, las unciones y los con ex os sociales en los que eme - ge la abia, una abia con enida, común, no explosi a, en las sociedades con- empo áneas. F ank Fu edi, en Cu l u e o Fe a , se p egun a ace ca de las a zones sociales del miedo, de la sensación de iesgo e ince i d u m b e e s p e c- o del mundo y de la sensación de descon ianza en e a los o os que cunde en la posmode nidad. La lis a de es udios e in es igaciones ci adas pod ía ácil- men e amplia se (Hi schman, 1999; Du p u y, 1999; Gi n e , 1998), pe o es os ejemplos bas an pa a deja cons ancia de la exis encia y el a ance de una socio- logía de las emociones. Teo ías sociológicas de la emoción, explíci amen e concebidas en an o ales, no pueden encon a se en la adición sociológica an es de la década de los ochen a del p esen e siglo. En conc e o, conside ando las p ime as publi- caciones e l e an es como pun o de e e encia, el nacimien o de la sociología de la emoción se emon a al año 1975, con la apa ición en la sociología no - eame icana de algunas ob as pione as. En 1975 A lie Russell Ho c h s c h i l d publica, en un capí ulo de lib o, The Sociology o Feelings and Em o i o n s; Tho- 1 4 8 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey mas J. Sche o ganiza en San F ancisco la p ime a sesión sob e sociología de las emociones du an e el Cong eso de la Ame ican Sociological Associa ion, y Randall Collins e lexiona sob e las elaciones en e i ual, pode y ene gía emocional en Con lic Sociology. Theodo e D. Kempe publica A Social In e - accional Theo y o Em o i o n s en 1978; Thomas J. Sche , Ca ha sis in He a l i n g , Ri ual and D a m a en 1979, y Da id R. Heise, Unde s anding e en s. A ec and he cons uc ion o social ac ion en ese mismo año. También apa ecen en on- ces los p ime os a ículos sob e sociología de la emoción en las e is as socio- lógicas de mayo p es igio (Ke m p e , 1990: 3-4). Pese a sus ein icinco años de exis encia, la sociología de la emoción sigue siendo una subdisciplina desconocida en muchos ámbi os académicos y comunidades cien í icas. Si bien ya cuen a en su habe con algunos impo - an es log os, su mé i o p incipal es iba en que ab e un impo an e ho izo n e de es udio social, necesa io ambién, en mi opinión, pa a el desa ollo de me a eo ías sociológicas que subsanen el sesgo acionalis a que a ec a a casi odas ellas. En es e a ículo no se p e ende hace un esumen de los log o s ob enidos, un es ado de la cues ión o una conside ación c í ica de los mis- mos. Tan sólo se quie e p esen a la ob a de es impo an es pione os en es e campo: Thomas J. Sche , Theodo e K. Kempe y A lie R. Ho c h s c h i l d . En el con enido del a ículo no se encon a án apenas e e encias a los in ensos e in e esan es deba es me a eó icos p esen es en es a subdisciplina. Se ha op ado, al con a io, po expone las es eo ías siguiendo lo más ce - ca posible el espí i u y la le a de cada au o , sin e izando en un modelo o - mal de concep os su núcleo eó ico. Es obligado señala , desde aho a, que las sín esis aquí ealizadas no e lejan en absolu o la iqueza de ma ices p e s e n- e en la ob a de es os au o es, algo que conside o una aición al sen ido a- ándose del su il mundo de los a ec os. Aquéllos in e esados po o as e i- siones de la sociología de la emoción, ya publicadas, que incluyen los deba es me a eó icos aquí omi idos, pueden ecu i en e o os a los siguien es a í- culos: Sho (1979), Go don (1981), Kempe (1981), To e g osa (1982), She (1983), Go don (1985), Kempe (1987), Thoi s (1989) y Ke m p e (1990a). Po es ic as azones de espacio, ampoco se han podido inclui o as eo ías sociológicas de la emoción, en e las que cabe des aca la deno- minada A ec Con ol Theo y, desa ollada inicialmen e po o o pione o de la sociología de la emoción, Da id R. He i s e1. Los es au o es seleccionados si en al iempo pa a pone de e l i e e lo que a mi en ende cons i uyen las es líneas de abajo que la sociología iene an e sí, al conside a como uno de sus obje os de es udio la ealidad emocional de los se es y las es uc u as sociales. Es os es campos son: la sociología «de» la emoción, la sociología «con» emociones, y la emoción «en» la sociología. La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 4 9 1 . Es a eo ía cons i uye un es ue zo sis emá ico po inclui el componen e a ec i o en los modelos sociológicos del in e accionismo simbólico, modelos que desde su o igen, en G. H. Mead, p e s c i n d i e on de las emociones. Ve : Heise (1979), Sm i h - L o in y Heise (1988) y MacKinnon (1994). En sen ido es ic o, la sociología «de» la emoción iene como in el es u- dio de las emociones haciendo uso del apa a o concep ual y eó ico de la sociología. Se a a de una sociología aplicada a la amplísima a iedad de a ec- os, emociones, sen imien os o pasiones p esen es en la ealidad social. La un- damen ación capi al pa a es e campo de es udio se encuen a en el hecho, señalado adecuadamen e po la eo ía in e elacional de Ke m p e , de que la m a yo pa e de las emociones humanas se nu en y ienen sen ido en el ma - co de nues as elaciones sociales. Es o es, la na u aleza de las emociones es á condicionada po la na u aleza de la si uación social en la que los homb e s sien en. Son exp esión, en el cue po de los indi iduos, del iquísimo abani- co de o mas de elación social. Soledad, en idia, odio, miedo, e g ü e n z a , o gullo, esen imien o, enganza, nos algia, is eza, sa is acción, aleg ía, abia, us ación y o o sin ín de emociones co esponden a si uaciones sociales especí icas. És e es el obje o p opio de la sociología de la emoción, es udia las elaciones en e la dimensión social y la dimensión emocional del se humano. Y és a es p ecisamen e la g an apo ación de Ke m p e , más allá de sus e o es o de sus imp ecisiones. El au o , en conc e o, elaciona dos con- cep os cla e de la sociología, el es a us y el pode , con cua o emociones n e g a i as (dep esión, e güenza, culpa y miedo), dando luga así a una expli- cación sociológica de las mismas. Sin a ende a la pe spec i a elacional, cla- e de la pe spec i a sociológica, no pueden en ende se la mayo pa e de las emociones humanas. De es e modo, la sociología ab e y legi ima un ho izo n e de es udio. Pe o la sociología no sólo ha de p eocupa se de desen aña la sociabili- dad de las dis in as emociones y sen imien os humanos, sino que debe inclui las emociones como un elemen o más a ene en cuen a en los es udios c o espondien es a odas y cada una de sus disciplinas. La sociología, según hemos dicho, ha es ado ealizando sus es udios sin conside a en absolu o, o sólo ma ginalmen e, el con enido emocional de los enómenos sociales que i n es igaba. En es e sen ido, la sociología «con» emociones e p esen a la olun ad de inco po a el componen e emo i o a nues os es udios, del mis- mo modo que We b e , po ejemplo, lo incluyó a la ho a de elabo a la esis an e io men e comen ada. Sin un ma izado análisis emocional apenas pue- den en ende se enómenos como el pa io ismo, el nacionalismo o, en gene- al, la iden idad colec i a. Habi ualmen e se es udian con p ecisión las ide- ologías nacionalis as, pe o bas a con una p egun a de un cues iona io de encues a pa a de e mina el «sen imien o nacional». A lie R. Hochschild, en es e sen ido, nos mues a una ía de cómo la inco po ación de las emocio- nes en el es udio sociológico puede con ibui decididamen e al descub i- mien o de nue os enómenos sociales, así como a la p ecisa de inición de su n a u a l eza. Senne es udió la i iencia emocional de miemb os ubicados en de e minadas posiciones de la es uc u a de clases y con ello con ibuyó am- bién al en endimien o de esa misma es uc u a de clases. Collins ha es udia- do el uso de las emociones en la dinámica de pode , y con ello con ibuye al en endimien o del pode . En el peo de los casos, dado que en odo enómeno 1 5 0 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey social es án implicados indi idual o colec i amen e suje os sen ien es, el es u- dio de sus emociones p o p o ciona á al sociólogo da os añadidos. En el mejo de los casos, es a inclusión le puede ab i la pue a a nue as pe spec i as, nue- as isiones de la ealidad social que hubie an pasado desape cibidas de no a ende a la es uc u a y a los p ocesos emocionales implicados en un de e - minado enómeno. Hochschild ambién nos mues a, undamen almen e, que las emociones no son un absolu o biológico, sino que es án condicionadas po las no mas sociales, y que pa icipan de la e lexi idad ca ac e ís ica de odo enómeno social. En úl imo é mino, a la sociología le queda la a ea de inco po a la emo- ción a su núcleo me a eó ico2 undamen al. Segui p escindiendo de las emo- ciones no cons i uye sólo un lamen able ol ido, cons i uye un e d a d e o sui- cidio, una enuncia delibe ada a la legí ima aspi ación po log a explicaciones comple as de la ealidad y de los p ocesos sociales. Thomas J. Sche es sin duda el au o que más p o unda y igu osamen e abo da el es udio de las emo- ciones desde una pe spec i a me a eó ica esencial a la sociología. Se a a en es e caso de un es ue zo po incopo a la emoción «en» la sociología, es ue - zo que se sus en a sob e la comp ensión social de los sen imien os de e - güenza y o gullo. Pa a Sche es os sen imien os son exp esión di ec a del ín- culo social y de inen la na u aleza de es e ínculo. Más allá de los ínculos i n s umen ales que puedan uni nos a las pe sonas, nues os ínculos p o p i a- men e sociales se de inen y alimen an po los p ocesos emo i os de la e - güenza y el o gullo. Una in e acción social no suscep ible de p o oca nos e - güenza u o gullo no cons i uye un ínculo social en sen ido es ic o. De ahí que el es udio de es os sen imien os sean esenciales, an o en el es udio del o den como del con lic o. La sociología «de» las emociones, así como la sociología «con» emociones, con ibuyen al desa ollo de es a línea de aba- jo capi al iniciada po Thomas Sche , abajo que pone de nue o sob e la mesa la p egun a ace ca de qué es un ínculo social, p egun a cla e pa a el d e s a ollo de una nue a sociología cla a y dis in amen e di e enciada, an o de los pa adigmas económicos como de los psicológicos. 2. Theodo e D. Kempe : pode y es a us en las elaciones sociales La eo ía sociológica de las emociones de Theodo e D. Kempe se sus en a s o b e dos p esupues os básicos. El p ime o pone de e l i e e el hecho de que «la inmensa mayo ía de los ipos de emociones humanas de i an de los e s u l- ados eales, an icipados, imaginados o e c o dados p oduc o de la in e acción elacional» (Ke m p e , 78: 32). El segundo, un co ola io del p ime o, sos ie- ne que pa a en ende los ipos de emociones, así como su génesis, se á nece- La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 5 1 2 . Pa a una p ecisión de los concep os de me a eo ía, eo ía y empi ia, al y como son u i- lizados en el ex o, e : «El es a u o del mé odo en la in es igación social», en Be ica , 1988, p. 91-102. sa io con a p e iamen e con un modelo que sis ema ice el juego, la esencia y las posibles consecuencias de i adas de las elaciones sociales. Pese a que el au o a i ma sin ningún géne o de duda la na u aleza biológica de las emo- ciones, emi e a la si uación social en la que se insc ibe el suje o pa a expli- ca su desencadenamien o in e io . Es o es, exis e un ínculo necesa io en e subje i idad a ec i a y si uación social obje i a, lo que en úl imo é mino jus- i ica el p oyec o de aplica la pe spec i a sociológica al es udio de las emo- c i o n e s3. Si la mayo ía de las emociones humanas se nu en en el con ex o de las elaciones sociales y si, como muchos au o es a i man, el obje o p opio de la sociología es el es udio de es as elaciones, es ob io que el conocimien o acumulado po es a disciplina puede ilumina aspec os esenciales del mun- do a ec i o. El modelo de la eo ía socio elacional de las emociones, expues a po Kempe en su ob a A Social In e accional Theo y o Em o i o n s4, no conside a el complejo en amado de las ac i idades écnicas que ealizan los se es huma- nos, ac i idades inculadas a la di isión social del abajo y o ien adas a la e a- lización de la a ea, sino an sólo sus ac i idades e l a c i o n a l e s, es o es, aquéllas en las que el cumplimen o de los obje i os o la sa is acción de los deseos y demandas de «un» indi iduo sólo pueden log a se po la necesa ia m e d i a c i ó n de «o o». Es en es e ámbi o donde eme gen, pa a Ke m p e , las dos dimen- siones básicas de la sociabilidad, el p o d e y el es a u s. ¿En qué posibles modos las mediaciones del indi iduo A pueden ajus a se a los obje i os o a las demandas y necesidades del indi iduo B? O, dicho de o a o ma, ¿Po qué hace A aquello que B quie e que haga? Como espues a, el au o p opone dos explicaciones analí icamen e independien es: «bien A hace lo que quie e B p o que es á eal o po encialmen e coaccionado po B a hace eso, o bien A hace lo que B quie e po que A quie e hace lo pa a o o ga un bene icio a B» ( Ke m p e , 1978b: 28). Es o es, o bien A es á obligado po B a hace lo que hace (dimensión elacional de pode ), o bien A hace lo que hace o l u n a i a m e n e (dimensión elacional de es a us). Es e modelo elacional se sus en a sob e una conc e a me a eo ía, cono- cida como eo ía del in e c a m b i o,y desa ollada po G.C. Homans y P. M . Bl a u e n e o os, en la que los indi iduos, esencialmen e sepa ados en e sí, cons- i u yen uen es e c í p ocas de e u e zos posi i os o nega i os, de p emios o cas- igos, de ecompensas o p i aciones. Un juego elacional de in e c a m b i o basado en el da y en el e c i b i , en el que se pos ula el deseo de g a i icacio- 1 5 2 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey 3 . Kempe es á p óximo al en oque du keimiano, po cuan o o ien a su eo ía al descub i- mien o de cuáles son, y cómo ope an, los ac o es sociales ex e nos al indi iduo que e o- can, condicionan o de e minan sus emociones. Es una eo ía de las emociones en la que la si uación social se concibe como es ímulo ex e no, y de ahí su ca ác e posi i is a. A es e espec o, e el apa ado «The S imulus P oblem», Kempe (1978b: 11-20). 4 . He aducido los é minos Social In e a c c i o n a l como «So c i o elacional» pa a dis ingui el en oque del au o de aquéllos o os basados en el pa adigma del in e accionismo simbó- l i c o. nes y la a e sión a las p i aciones, así como la mediación del o o en an o condición ins umen al del balance de g a i icaciones5. En es e con ex o me a eó ico, Kempe en iende el concep o de es uc u a social como dis i- bución desiguali a ia de posiciones en los dos ejes de pode y es a us, es o es, conside a ambas dimensiones en el sen ido escala , po lo que los indi iduos cuen an siemp e con can idades e l a i as de mayo o meno pode y es a us6. Kempe en iende «po p o d e acciones que son coe c i i as, basadas en la ue - za, amenanzan es, que u ilizan el cas igo, e c., y que po lo an o p o d u c e n una elación de dominación y con ol de un ac o sob e el o o. Es a de ini- ción de pode sigue más o menos la adición de We b e , que en endía el pode como la capacidad pa a log a los p opios ines, incluso con a la e s i s e n c i a del o o. La es uc u a social consis e, en pa e, en las posiciones e l a i as de unos y o os en la dimensión de pode . El e s a u s, po o a pa e, es una dimensión escala que e leja la can idad de olun a ia y no coac i a aquies- cencia, ap obación, de e encia, ecompensas, ap ecio, apoyo emocional o i n a n c i e o, incluso amo , que los ac o es se o o gan unos a o os. Como en el caso del pode , algunos ac o es eciben más es a us o menos» (Ke m p e , 1981: 337). Es a us, po an o, queda de inido «como un modo de e l a c i ó n social en el que exis e compo amien o olun a io o ien ado a la sa is acción de los deseos, demandas, ca encias y necesidades de los o o s »7( Ke m p e , 1978b: 378). Cada ac o , como esul ado de una de e minada in e acción, puede e c i- bi ecompensas po ob a de las coacciones que eje ce sob e el o o o puede ecibi ecompensas o ecidas olun a iamen e po el o o. Al mismo iem- po, ese ac o pa icipa á en in e acciones de las que esul e una meno can- idad de ecompensas, bien po que no puede eje ce coacción sob e el o o La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 5 3 5 . Kempe sigue el pos ulado exp esado po G. C. Homans en «Social Beha io : I s El e- m e n a y Fo ms, Nu e a Yo k: Ha c o u , B ace and Wo ld (1961), según el cual las emo- ciones de i an de los esul ados de la in e acción social, es o es, del in e c a m b i o. Allí Homans elaciona la i a y la culpa con la iolación del p incipio de jus icia dis ibu i a inculado a su eo ía del in e c a m b i o. Recibi menos de lo que uno c ee que me ece p o- duce abia; cuando uno ex ae del in e cambio más de lo que me ece (siemp e en com- pa ación con o as pe sonas), se gene a el sen imien o de culpa. Con odo, el desdobla- mien o dimensional de Kempe en é minos de pode y es a us, y sob e odo la inclusión de és e úl imo, no sólo en iquece su eo ía, sino que ambién aleja al au o del pa adig- ma del in e cambio social. 6 . Kempe acep a que es a isión de la es uc u a social no es muy común en e los soció- logos, y ha sido c i icado po ello, y po su concepción de es a us, po F anks (F a n k s , 1989), Hoschchild (Hochschild, 1981) y Fine (Fine, 1981). Pe sonalmen e sos engo que no habla de es uc u a, en el sen ido es uc u al- uncionalis a, sino de dos o ien aciones p ác ico-in encionales de es a i icación ope an es en el juego de elaciones sociales is- a - i s . 7 . Una dis inción más ma izada del concep o de es a us lo iden i ica con la es ima y el ca i- ño (siemp e olun a ios), mien as que puede equipa a se a p es igio o au o idad sólo cuan- do las ecompensas asociadas se con ie an olun a iamen e, es deci , que el ac o e a l m e n e c ea que el o o las me e c e . En la medida que los sen imien os se conside an pa e de la conciencia, no me os impulsos biológicos, queda abie o el p oblema de su signi icado, aspec o cla e desde la pe spec i a in e accional. Pa a Hochschild, las emo- ciones es án o ien adas a la acción, como en Da win, que las conside aba p o oacciones, pe o ambién es án o ien adas hacia la cognición. En p ime é mino, es án adicalmen e condicionadas po nues as expec a i as p e i a s . En segundo é mino, cumplen una unción de señal, son algo así como un sex o sen ido que indica la au o e l e ancia pa a el p opio ac o de una si ua - ción dada. Las emociones e lejan la pe spec i a i al del ac o en sus con- ex os, ma cando de es a mane a una ía de acceso di e en e pa a el análi- sis de las de iniciones de la si uación y, po ende, pa a el análisis social1 9. Hochschild elaciona en su sociología de las emociones: expe iencia emo- cional; ges ión emocional; no mas emocionales; es uc u a social, e ideolo- gía (Hochschild, 1979). Las emociones es án ca gadas de signi icados, de sen idos anclados en unos especí icos con ex os sociohis ó icos, con ex os en e cuyas dimensio- nes me ece la pena señala la dimensión n o m a i a, la dimensión e x p e s i ay la dimensión p o l í i c a ( Hochschild, 1975: 288). La p ime a se undamen a en el hecho de que las no mas sociales no sólo se aplican a la conduc a y al pen- samien o, sino ambién a las emociones. Podemos habla , en onces, de la exis- encia de «no mas emocionales» ( eeling u l e s). Las si uaciones sociales indu- cen un conjun o de emociones en los ac o es, pe o ambién inco po an c o n oles que a ec an a sus sen imien os. Las no mas emocionales cons i u- yen un modo de con ol social que de inen lo que debemos sen i en di e - sas ci cuns ancias, indicando cuál es el sen imien o ap opiado y deseable en cada caso. Es as no mas esul an apenas pe cep ibles cuando sen imos lo que debemos sen i , pe o se mani ies an en o ma de d i s o n a n c i a cuando nues o s sen imien os se des ían de lo indicado po la no ma. Debemos es a aleg e s en las ies as y is es en los une ales. Las no mas indican la i n e n s i d a d, la d i e c c i ó n y la d u a c i ó n del sen imien o. Un legí imo en ado, po ejemplo, se puede p olonga más allá de lo que de e mina la no ma; puede se inap o- piado po su exc e s i a o escasa in ensidad; o incluso no es a jus i icado en absolu o en esas ci cuns ancias, a las que co esponde ía no ma i a m e n e o a emoción. La legi imidad de un sen imien o puede se de es clases, c l í - n i c a, m o a l y s o c i o s i u a c i o n a l. En la p ime a el sen imien o se des ía de lo que puede se el ango de emociones de un ac o no mal o sano; en la segunda el juicio a ec a a la legi imidad mo al de sen i o no sen i algo; en la e c e- a se a iende al luga y si uación conc e a en que el ac o es á sin iendo o mani es ando una emoción. La cul u a, pese al escaso in e és mos ado has- 1 6 0 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey 19 «Los sen imien os nos dicen “qué hay allí a ue a desde donde es amos”» (Ho c h s c h i l d , 1990: 119), comunican in o mación al suje o sob e el mundo ex e io , sea na u al, social o pe sonal, desde su p opia pe spec i a. En es e sen ido podemos conside a que las emo- ciones cons i uyen un da o absolu o, del que no puede p escindi el análisis social, ni mic o ni mac o s o c i o l ó g i c o. «Sien o, luego exis o». La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 6 1 a aho a po los sociólogos, es á plagada de no mas emocionales que e g u l a n qué, cuando, cómo y cuan o debemos sen i . Pensando en el ca ác e p o o a c i o de las emociones, no ha de ex aña - nos que el con ol emocional cons i uya una cla e e l e an e del con ol social, un modo de pa icipa en la cons i ución del o den social. De ahí que cuan- do el ac o sien a una emoción dis in a a la es ablecida po la no ma, am- bién sen i á el e ec o de la disonancia o des iación emocional. Los demás sue- len deja cla as mues as de al disonancia cuando e señalan, po ejemplo, «que no enías de echo a en ada e así», «que no debes sen i e an culpable», «que debe ías es a más con en o» o «que us celos son absu dos». El pinchazo de la disonancia espolea ges iones emocionales po pa e de los ac o es, es d e c i , no sólo «sen imos algo» sino que ambién « a amos de sen i algo», hacemos es ue zos po modi ica nues os es ados emocionales. El concep o de ges ión emocional (emo ion managemen o emo ion wo k) « e i e e las accio- nes po las que in en amos modi ica el g ado o la cualidad de una emoción o sen imien o» (Hochschild, 1979: 561). Es a ges ión no es, sin emba go, como en o as eo ías, me a s u p e s i ó n o e p esión de sen imien os indeseables, sino ambién en muchos casos e o c a c i ó n o es imulación de de e minados sen imien os deseables pe o inicialmen e ausen es. En un es udio empí ico en el que se pedía a los suje os e c o da y comen a algún episodio emocio- nal de sus idas, se puso de mani ies o an o la disonancia no ma i a que a ec- aba a la mayo pa e de episodios na ados, como los es ue zos y las écni- cas u ilizadas po los suje os pa a modi ica sus es ados emocionales. Al igual que exis en no mas emocionales, ambién exis en «no mas de e x p esión emocional» (e x p ession u l e s) que señalan al ac o qué emociones, has a qué g ado y en qué ci cuns ancias pueden se exp esadas. El ac o aquí se some e a una me a cons icción ex e na de la conduc a que deja in ac os sus au én icos sen imien os. En la ida co idiana, muchos de los comen a ios que ecibimos de los o os, e i e en exc l u s i amen e la con eniencia o no, la jus i icación mo al o no, de mos a una de e minada emoción en un espe- cí ico con ex o social y a unas pe sonas conc e as. Las emociones, que de una p a e señalan la au én ica pe spec i a i al del suje o, en an ambién en el juego de la ida social como emociones comunicadas, ab iendo así la pue - a de la inau en icidad2 0. El con ol ope a en muchas ocasiones sob e la más- ca a emocional, dejando libe ad al indi iduo pa a sen i en sus aden os lo que buenamen e quie a. En el caso an e io es amos sólo an e un cambio ex e io de la conduc a 2 0 . No puede in aes ima se la dis inción en e expe iencia emocional y exp esión emocional, así como sus concep os a ines. Po ejemplo, la «neu alidad a ec i a» que pa ece ca ac e- iza algunos ámbi os sociales, es p oduc o de la aplicación de é eas no mas de con i- nencia exp e s i a, an es que sín oma de una absolu a ausencia de emociones. Me o d o l ó- gicamen e implica que es p eciso ene en cuen a las su iles o mas en que la emoción es comunicada. En cul u as exp e s i as la emoción es ob ia, pe o ello no signi ica que no es é p esen e en cul u as menos exp e s i a s . 1 6 2 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey e x p e s i a. Sin emba go, cuando Hochschild habla de ges ión emocional se e i e e a un cambio eal en los sen imien os, modi icación que puede ob e- ne se po dos di e en es mé odos. El p ime o se denomina «ac uación supe - icial» (s u ace ac ing), en la que el suje o u iliza un cambio de exp e s i ó n como medio pa a modi ica sus sen imien os eales. El segundo, o «ac uación p o unda» (deep ac ing), se basa en modi ica di ec amen e el sen imien o po medio de cambios en nues o oco pe c e p i o sob e la si uación, o po accio- nes isiológicas, como puede se espi a p o undamen e pa a calma se. El segundo ipo de ges ión puede asimila se a los consejos que Cons an in S a- nisla ski daba a sus alumnos pa a gene a un sen imien o au oinducido, pues al ac o no le bas aba con exp esa las emociones, sino que, en su opinión, debía expe imen a las ealmen e (Hochschild, 1983: 35-55). En suma, el ac o no sólo cuen a con sus expe iencias emocionales, y con la comunica- ción de sus sen imien os como modo de in e cambio social, ambién puede, y habi ualmen e lo hace, ope a sob e sus emociones, po cualquie a de los dos mé odos disponibles. En su dimensión polí ica, las emociones es án inculadas a sanciones sociales, así como al en amado de la es uc u a social. Po ejemplo, en el caso de la en idia, se da la ci cuns ancia de que su con ención no ma i a se apli- ca a odos po igual, mien as que las condiciones sociales de su e o c a c i ó n es án desigualmen e dis ibuidas. En el caso de la abia, la i a o el en ado am- bién ope an no mas emocionales, pe o en la p ác ica es os sen imien os sue- len ene como des ino u obje i o gen es con un meno ni el de pode social. A di e encia de la en idia, la abia ci cula po canales de meno e s i s e n c i a , a de a iba a abajo, y no de abajo a a iba. Así mismo, se puede de ec a una j e a quía del humo y de las b omas, u ilizadas más ecuen emen e po aquéllos que ocupan posiciones sociales más al as. Los pode osos disponen de adecuadas ba e as y enos con a la exp esión de hos ilidad po pa e de los o os, «los pode osos no sólo ob ienen una can idad desp o p o cionada de ecu sos como dine o o p es igio, sino que ambién dis u an de más e c o m- pensas a ec i as»; «En consecuencia, los pode osos y quienes ca ecen de pode i en di e en es mundos, no sólo ísicos y sociales, sino ambién emociona- les» (Hochschild, 1975: 297). Un ejemplo de es a elación en e emociones y es uc u a social es el an- ás ico es udio publicado bajo el í ulo The Managed He a . Comme c i a l i z a - ion o Human Fe e l i n g s, en el que se a anza desde la lógica del o den emo- cional en el ámbi o del mundo p i ado, has a su ins i ucionalización en el ámbi o socioeconómico del abajo. Se a a de un es udio sob e los e q u e- imien os p o esionales, de ca ác e emocional, de las aza a as o asis en es de uelo que abajan pa a las compañías aé eas. Aquí se e idencia que el a- b a j a d o , sob e odo en de e minadas ocupaciones del sec o se icios, no ende esencialmen e ue za ísica, como en los o ígenes de la indus ialización, ni ende conocimien o o capacidad acional, como en una ase pos e io , sino que ende ambién sus emociones. Exis e po ello iesgo de alienación y ex añamien o, como bien señaló C. W igh Mills al sos ene que cuando « endemos nues a pe sonalidad al ende bienes o se icios nos implicamos en un g a e p oceso de au oex añamien o, p oceso cada ez más común e n e los abajado es de los sis emas capi alis as a anzados» (Ho c h s c h i l d , 1 9 8 3 ) . El sis ema emocional que ope a en el abajo no es ya el mismo conjun- o de no mas emocionales, modos de ges ión emocional e in e cambio social que aplicamos en nues a ida p i ada. El sis ema su e en sus es elemen- os una a n s m u a c i ó n condicionada po los impe a i os de la lógica econó- m i c o - p o d u c i a, en es e caso. En p ime luga , «la ges ión de las emocio- nes deja de se un ac o p i ado y pasa a se un ac o público, comp ado en un lado y endido en el o o». Ya no es un in en o espon áneo de modi i- cación (emo ion wo k), sino un plan p ede e minado y coac i o (e m o i o n l a b o ); deja de se una ges ión emocional p i ada, y pasa a se un abajo emo - c i o n a l p ú b l i c o. En segundo luga , «las no mas emocionales ya no cuen an con la disc ecionalidad p opia de la negociación con los o os en un ámbi o p i- ado, sino que es án o malmen e publicadas» en manuales de la compañía, en guías p o esionales, en p og amas de en enamien o, así como en la mis- ma publicidad. Una seño i a guapa, amable y son ien e es el modelo de elación emocional que se ansmi e como es e eo ipo y como no ma de a- b a j o. En e ce luga , el sis ema se ca ac e iza po un in e cambio social que c i cula po canales es echos; puede habe luga es escondidos a lo la go del pasillo, pe o hay mucho meno ma gen pa a la na egación indi idual po las aguas emocionales» (Hochschild, 1983: 118-119). El abajo emocional público p edomina sob e el p i ado, que ci cula aho a po una co ien e sub- e ánea. El abajado debe con ola sus emociones, pe o las compañías le piden, además, no sólo una ac uación supe icial, sino una p o unda, no sólo que son ían, sino que sien an la amabilidad que o ecen y que dis u en con la son isa. Las/os asis en es de uelo ienen que ap ende a compo a se pe sonal- men e en elaciones de po sí impe sonales; ienen a eces que sopo a los en ados o las b omas de los clien es; ienen que ep imi en odo caso sus p o- pios en ados, y ienen que son eí y se amables. La son isa, que en el ámbi- o p i ado y en el ma co de la au en icidad es una señal de place , aleg ía, d i e imen o, amis ad, e c., es sepa ada de su unción habi ual de exp esa un sen imien o pe sonal y incula nos al o o, y pasa a se la exp esión del sen- imien o de la emp esa (Hochschild, 1983: 127). El abajado se en en a al dilema de la « alsa son isa», oponiéndose ambién a los planes de la compa- ñía en una especie de g u e a de la son isa. En odo caso, pa ece e iden e que el abajo emocional es un componen e básico de los eque imien os labo a- les de muchos pues os de abajo en las sociedades de se icios, un es ue zo y un abajo donde, a di e encia de la ida p i ada, impe a la no ma de la inau en icidad, con igu ando pe sonalidades alienadas que en an en con lic o consigo mismas. El caso de las/os asis en es de uelo no es el único y, como pun o de con- as e, puede mos a se el sis ema emocional de o as ocupaciones, como La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 6 3 1 6 4 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey po ejemplo los cob ado es de mo osos. «El p oyec o de las asis en es de uelo es ealza el es a us del clien e, ele a su impo ancia; «el pasaje o pue- de algunas eces no ene azón, pe o nunca se equi oca». Cada ac o de se - icio es un anuncio publici a io. Al con a io, las escenas inales del cob o de m o osos acaban gene almen e educiendo el es a us del consumido , con o me el cob ado de mo osos abaja desgas ando la p esumible esis encia del con- sumido a paga » (Hochschild, 1983: 139). El cob ado puede llega a humi- lla al consumido , sob e odo cuando es á an e una pe sona que no e c o n o- ce su e güenza, lo que suele acompaña se con las espues as de i a que an as eces ienen que sopo a es os abajado es de la «ca a de pe o» (pa a e d u- ci en lo posible es as exp esiones de i a y hos ilidad), y de la p oyección de « e güenza» (pa a cob a cuan o an es sin llega a las e apas inales, emocio- nalmen e más du as)2 1. En cualquie caso, abajo emocional egulado y com- p ado al que se en some idos, con mayo o meno in ensidad, de una u o a mane a, un 38,1 % de odos los empleos de Es ados Unidos en el año 1970, siendo es e po cen aje del 55,2 % pa a las muje es, y del 27,7% pa a los hom- b es. Ocupaciones como médicos, e n d e d o es, dependien es, cama e o s2 2, abogados, clé igos, elaciones públicas, p o esionales de los medios de comu- nicación, p o e s o es, sec e a ias, e c., e c., se pa ecen en la necesidad de e a- liza abajo emocional. En conjun o, un 61,6 % de odos los empleos exis- en es en ocupaciones del sec o se icios, siendo un 81,3 % pa a las muje e s , y un 37,6 % pa a los homb es (Hochschild, 1983: 234-242). El es udio de las emociones ambién puede o ien a se hacia el análisis del sis ema emocional que po an las ideologías, ancladas en dis in as posicio- nes de una es uc u a social y, po an o, asociadas a dis in os modelos o p a ones de in e c a m b i o. Una de e minada c u l u a emocional con iene, «ade- más de las no mas emocionales, c eencias ace ca de las emociones (como «el amo du a siemp e» o «una pe sona puede mo i de pena»), y nociones a c e ca de cómo debemos a ende , codi ica , ap e c i a , ges iona o exp esa los sen imien os. La cul u a emocional queda e lejada en lib os de consejos, películas, a ados eligiosos, eo ías psiquiá icas o leyes (po ejemplo, qué c o n s i u y e un c imen pasional) (Hochschild, 1990: 124). Y se e leja ideo- lógicamen e de acue do con modelos inculados al o den de las cas as o de las clases sociales, al de los g upos é nicos o a los del géne o. A es e úl imo ámbi o de es udio, es deci , al análisis de la es uc u a emocional de la exis- 2 1 . Es ob io que sis emas aplicados po las emp esas de mo osos, como «El cob ado del ac», se basan en la p oyección de e güenza sob e la ed de elaciones sociales del mo o s o. T a- an de cob a sin el ecu so a la ue za « ísica», u ilizando en cambio el ecu so de la « ue - za emocional». 2 2 . En el caso de cama e os y, en gene al, de los abajado es de la hos ele ía, cuyas condiciones de abajo y ida es oy in es igando a a és de g upos de discusión, es cla o el e m e n- do cos e de abajo emocional que conlle a. Dado que su ni el de es a us compa ado con el del clien e suele se bas an e in e io , la in e elación emocional en es os casos es aún más dolo osa, a eces humillan e, como así es exp esado en los mencionados g u p o s . La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 6 5 encia co idiana de los géne os en el seno de la ins i ución amilia , Ho c h s- child ha dedicado dos in es igaciones publicadas bajo los í ulos The Se c o n d Sh i y The Time Bi n d . En la p ime a analiza las ensiones emocionales y las ideologías de géne- o en pa ejas en la que ambos miemb os abajan, pa ejas en las que se ac e- cien a la necesidad de negocia quién, y en qué p o p o ción, ha á el «segun- do u no», es o es, el abajo de la casa. Analiza los oles ma i ales, a los que los miemb os aen ideologías de géne o simila es o con lic i as, así como nociones de lo que un ma ido y una muje «debe a» y «me ecen de» uno de o o. Analiza el cos e emocional de las es a egias de géne o según el c u c e de es posibles ideologías, una a d i c i o n a l , o a i g u a l i a i a y o a de a n s i - c i ó n ( Hochschild, 1990: 125). «La combinación de las ideologías de géne- o de los ac o es, y el esul ado eal de la in e acción de la es a egia de cada miemb o pa ecen de e mina sus sen imien os ace ca de la di isión del abajo en casa». Po ejemplo, us ación, con lími es no ma i os pa a la exp esión de la i a, en suma, esen imien o, en las muje es con ideales igua- li a ios de géne o cuyos ma idos echazan compa i el abajo del hoga ( Hochschild, 1990: 132). La economía de la g a i u d o in e cambio de dones en los que se basa la pa eja ambién queda a ec ada, y con ella los sen i- mien os. Una lo , que ae el esposo, o un pas el de manzana que cocina la esposa, pueden p oduci emociones di e en es a las espe adas as un e g a- l o. Las a eas de la casa, así como el abajo ex e no, salen de la economía de la g a i ud o del in e cambio de dones, y pasan a se exigidos como debe- es u obligaciones, al e ando de es a o ma la e ocación emocional (Ho c h s - child, 1989a y 1989b). Un análisis simila de la es uc u a emocional de la amilia, en T h e Time Bi n d, enía aho a po obje o analiza la a ención que los pad es que abajan p es an a sus hijos y el iempo disponible pa a es a con ellos. Es e « e ce u no», el de a ención a los niños, como lo denomina Ho c h s- child, se impone ago ando casi en su o alidad el « iempo de amilia», es d e c i , ansmu a es e iempo en un iempo de es és, de abajo emocional, de plani icación de a eas, asemejándose cada ez más al iempo de aba- jo p o d u c i o. Si la imagen emocional ípica del hoga es dulce y e l a j a n- e, el an iguo descanso del gue e o, en es as amilias al menos «casa» y « a- bajo» in ie en su sen ido emocional. Aho a es en la emp esa donde las pe sonas ob ienen econocimien o, donde se es imula y se e c o m p e n s a , donde se man ienen las elaciones sociales más icas y en iquecedo as. Y es o explica, en pa e, po qué los abajado es apenas hacen uso de las polí i- cas de lexibilización y educción del iempo de abajo que ienen a su dis- posición en la emp esa. El iempo de amilia, y su luga social co e s p o n- dien e, la casa, es án dejando de se un mundo emocional a ac i o ( Hochschild, 1997). 4. Thomas J. Sche : ínculos sociales segu os e insegu o s2 3 En opinión del p o eso Sche , odas las eo ías sociales con ienen en su i n e i o , más o menos explici ados, unos p esupues os me a eó icos ace ca de la na u aleza humana y de sus uen es de mo i ación. La eo ía sociológica de la e g ü e n z a de Sche ambién pa e de un supues o mo i acional que la ins- pi a. Es e supues o nos p opone que «el man enimien o de los lazos o ín- culos sociales es el más c ucial de los mo i os humanos» (Sche , 1990: 4). Como su p incipal co ola io su ge una imagen de las elaciones sociales en la que los se es humanos, en odos y cada uno de sus encuen os, se en e n- an a una si uación en la que su ínculo social con el o o es «cons uido, man- enido, epa ado o dañado» (Sche , 1994: 1). Cada con ac o ab e es os cua- o, y sólo es os cua o, posibles esul ados de la in e acción social en é minos del más básico de los mo i os humanos. El es ablecimien o, man enimien o, mejo a o dañado de nues os íncu- los sociales hace e e encia a una clase especial que Sche denomina « íncu- los segu os» (s e c u e social bond). Son aquéllos en los que el indi iduo man- iene espec o del o o una adecuada dis ancia social, ni demasiado es e c h a ni demasiado holgada. Esa dis ancia óp ima de in e acción donde el indi i- duo ni es anulado o engullido po la elación o el g upo, ni ampoco se encuen a o almen e aislado. Cons i uye en esencia un balance en e la in a- d i e enciación y la sup adi e enciación del indi iduo espec o del gupo. «Un a óp ima di e enciación implica ce canía po que e q u i e e cie o conocimien- o del pun o de is a del o o. Pe o ambién implica dis ancia, la acep ación del o o como un se independien e de mí. Un ínculo social in ac o no implica necesa iamen e acue do, pe o sí conocimien o y acep ación de acue - dos y desacue dos», «implica se capaz de man ene lazos con o os que no son ú mismo», e «implica mu uo en endimien o que sea no sólo men al sino ambién emocional»2 4 ( S c h e , 1990: 4-5). En los ínculos insegu o s, a la i n e sa, el indi iduo es á en uno de es os dos casos posibles, o bien a dema- siada dis ancia social del o o, o bien a demasiada poca, es deci , bien en una si uación de «a i s l a m i e n o de» (i s o l a i o n), o bien en una de «a b s o c i ó n p o » (e n g u l m e n ) la elación o el g u p o2 5. En el p ime caso el indi iduo se cons- i u ye como un yo au ónomo, di e enciado y po en e, pe o adolece de ade- 1 6 6 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey 2 3 . He o denado lógicamen e la es uc u a de la eo ía sociológica de la e güenza pa a aci- li a an o la comp ensión como una exposición sucin a. En ealidad, la génesis y el desa- ollo de la eo ía nada iene que e con es a o denación, es desde luego más labo iosa y, has a cie o pun o, in e sa al cu so de exposición que aquí se ha adop ado. 2 4 . El ínculo social segu o es á elacionado con un es ado de a u n e m e n , un es ado de sin- onía o a monía que no implica necesa iamen e consenso, pe o sí comp ensión y e c o - nocimien o de los di e en es pun os de is a y posiciones de los suje os. Ve capí ulos 3, 4 y 5 en Sche (1997). 2 5 . La idea de aislamien o (i s o l a i o n) y abso ción (e n g u l m e n ) p ocede de M. Bowen (1978), Family The a py in Clinical P a c i c e. Nu e a Yo k, Jason A onson. Bowen es uno de los un- d a d o es de la eo ía de los sis emas de amilia. cuadas ligadu as con el o o, es á aislado2 6. En el segundo caso, la dis ancia social casi queda anulada, y el indi iduo es engullido po el g upo, no deján- dole cons i ui una en idad di e enciada. El indi iduo desapa ece sumido, inme so o abso bido po la elación o el g u p o. Pa es esenciales de su indi- idualidad, como pensamien os, c eencias o a l o es, son sac i icados en a as del g u p o. En suma, los ínculos segu os es ablecen la única o ma de s o l i - d a i d a d que lle a a la coope ación, «son la ue za que man iene una sociedad unida» (Sche , 1990: 4). Los ínculos insegu os, al con a io, señalan dos o - mas de a l i e n a c i ó n, aislamien o y abso ción, que pueden lle a a la desin e- g ación y al con lic o. Es a ipología de ínculos encuen a su o igen y e lejo en la p opia eo- ía del suicidio de E. Du k h e i m2 7. El suicidio egoís a eme ge en con ex os cul u ales y socie a ios donde p edomina el indi idualismo y la al a de ade- cuados lazos sociales. El suicidio al uis a, al con a io, apa ece allá donde se exige al indi iduo una leal ad o al, donde el yo es á an ín imamen e unido al g upo que no es sino un adminículo suyo. Pa a Sche , como pa a el mis- mo Du kheim, es os dos es ados del ínculo social son pa ológicos, y no sólo conducen a una más al a asa de suicidios, sino que ambién ponen en iesgo la supe i encia de la p opia sociedad. Una sociedad abso ben e no deja luga a la c í ica ni a la mani es ación de pun os de is a al e na i os, lo que di icul a los p ocesos de adap ación que oda sociedad en cambio e q u i e e . Una sociedad a omizada en indi iduos aislados pone en iesgo el en endi- mien o cogni i o y la sin onía a ec i a necesa ias pa a la colabo ación y la m o ilización comuni a ia. ¿ Po qué es la e güenza, en opinión de Sche , la emoción social po an o- nomasia?, ¿de dónde de i a su impo ancia a la ho a de explica el o d e n social, sea pací ico o con lic i o? Sche sos iene, siguiendo la es ela eó ica de Ch. H. Cooley, que la e g ü e n z a y el o g u l l o son las emociones sociales bási- cas po que ambas señalan al indi iduo el es ado del ínculo social. Se n i m o s o g u l l o2 8 cuando nues a elación con el o o es segu a, no co e el iesgo de p e de se o alla , el lazo es i me, y hace que nos sin amos anquilos y con- iados. Podemos sen i e güenza en dos casos. Cuando nues o ínculo es á amenazado o es insegu o, cuando nos sen imos echazados, es o es, dis an- ciados de los demás, o cuando dec ece nues a alo ación en la au oimagen La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 6 7 2 6 . El concep o de l i g a d u a s es omado y u ilizado aquí en el sen ido expues o po R. Da h- e n d o en su ob a Op o unidades i ales. És as in eg an a su ez una adecuada combina- ción de opciones yl i g a d u a s . 2 7 . El conjun o de la ob a de Sche no es sino un diálogo pe manen e con la ob a de E. Du k- heim, a quien complemen a median e la inclusión de las emociones en un esquema me a- eó ico simila . 2 8 . Hay dos di e en es ap eciaciones mo ales del o gullo. Una es á asociada al o gullo exc e- s i o, al injus i icado o a la sobe bia. Pe o es e o gullo no cons i uye sino una o ma de ais- lamien o y dis anciación. El o gullo legí imo, po el con a io, es el que sen imos en la a monía de ap eciaciones mu uas en e dos pe sonas, sean amigos, pa eja, discípulo o alum- n o. Ese o gullo es el que ma ca el es ado segu o del ínculo. que nos o mamos desde la pe spec i a del o o. Po ejemplo, cuando uno espe a la llamada de sus amigos pa a sali el sábado y el elé ono no suena. También sen imos e güenza, en segundo luga , cuando es amos undidos o sumidos en la elación, cuando no exis e espacio pa a la au onomía y pa a la d i e encia. Po ejemplo, cuando el adolescen e sale a comp a opa con su m a d e y le impone su gus o en e a lo alo ado y acep ado en el g upo de amigos. Ambos casos pueden in e p e a se como una doble mane a de al a al espe o debido hacia el o o, de no mos a le el adecuado ni el de de e- e n c i a . Así pues, la e güenza es la emoción que egula el es ado de nues o s l a zos sociales. Y su ge ambién en un con ex o social, en el dominio de la dimensión in e c o m u n i c a i a del se humano. Cha les Ho on Cooley ue el p i m e o en o mula una mecánica de sociabilidad que incluía en el mode- lo un componen e a ec i o. Cooley, condensando su concepción del yo social o yo - e s p e j o, en una ci a ya clásica, señaló: «Una au oidea de es e ipo (el yo social) iene es elemen os p incipales: la imaginación de cómo apa e c e m o s an e la o a pe sona; la imaginación del juicio de és a sob e al apa iencia, y una especie de au osen imien o, como o gullo o mo i icación» (Cooley, 1902: 152). Es deci , hay un juego de pe cepción cogni i a, un juego de a l o- aciones, y inalmen e su ansmu ación en un juego de emociones. Cu a n d o el o o nos e bien, nos halaga, o pensamos que nos e bien o nos halaga, s i e m p e en é minos e l a i os a unos de e minados a l o es, nos sen imos bien, legí imamen e ogullosos de la pe sona que somos, po eso con en os. Pe o cuando imaginamos que el juicio del o o es nega i o, o somos some- idos a la ejación del idículo o del insul o, en onces sen imos e güenza, un sen imien o que nos mo i ica, un sen imien o que duele. Es o es, «la e - güenza es la emoción social po an onomasia en an o su ge de la supe i s i ó n de nues as p opias acciones median e la pe cepción del yo, de la pe sona, des- de el pun o de is a de los o os» (Sche , 1990b: 281). La ue za de es a emoción en los encuen os sociales ca a a ca a se mues- a una y o a ez en los mil episodios de in e acción que desc ibió o o g an sociólogo, E in Go man. En 1956 publica un a ículo en The Am e i c a n Jo u nal o Sociology, i ulado «Emba asmen and Social O ganiza ion», don- de señala un sen imien o de la amilia de la e güenza, conc e amen e la u bación, el es a en una si uación emba azosa, como una amenaza p e s e n- e en odo con ac o social: «pa ece no exis i encuen o social que no pueda llega a se emba azoso pa a uno o más de los pa icipan es» (Go man, 1956: 265). Los ac o es, mi ados desde esa pe spec i a, andan siemp e ocupados en la a ea de sal a la ca a, de e i a la u bación y log a el adecuado ni el de d e e encia (Go man, 1970). Cuando un niño ya mayo se suel a de la ab a- zade a mien as mon a los caballi os in an iles, es á sin iendo e g ü e n z a . Cuando un es udian e que abaja en una pizze ía es is o po sus compañe o s es posible que sien a e güenza. Cuando en un es ablecimien o público en a- mos en el se icio inco ec o, es posible que sin amos e güenza o que p o- oquemos la isa2 9. 1 6 8 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey El p oblema de la e güenza, sin emba go, es que nos a e gonzamos de es a a e gonzados, y así sucesi amen e en una e s p i al a ec i a. És a es una de las azones po las que, pese a lo que cab ía espe a de las ideas de Cooley y de los análisis de Go man, la e güenza es una emoción de baja isibilidad. En p ime luga , el uso y signi icado e náculo del é mino e g ü e n z a e s mucho más e s i c i o del que se de i a de es a eo ía sociológica. Incluso es un é mino que pa ece sólo aplicable a enómenos de la niñez, pues sólo a los niños se les pe mi e es a a e gonzados. Sin emba go, odo lle a a pensa que la e güenza es á an p esen e en los niños como en los mayo es, si bien negada en mayo medida y ep imida con más ue za en los adul os. La sociedad mode na, en opinión de Sche , ep ime sis emá icamen e es a emo- ción. Basada desde el o igen en la up u a de ligadu as sociales, cimen ada s o b e el mi o del indi idualismo, es a sociedad ha negado y ep imido la e güenza po cuan o en sí misma pone de mani ies o y e c u e da la alsedad del mi o, es deci , la imagen de una sociedad compues a po indi iduos pe - ec amen e au ónomos que no suspi an po un ínculo social segu o (Sche , 1990: 12)30. Un cua o asgo que condiciona la baja isibilidad de es a emo- ción es que cons i uye en ealidad, no una única emoción, sino una a m i l i a e m o c i o n a l, en la que se incluyen el pudo , la imidez, el idículo, la u bación, la humillación y o as muchas a i a n e s . De las azones apo adas se de i a el hecho de que la e güenza, aún es ando p esen e, no pueda se ácilmen e econocida ni po el p opio suje- o, ni po un obse ado ex e no. De ahí la necesidad de una enomenolo- gía de es a emoción. En odo caso, lo impo an e es ene p esen e que la e - güenza e oca sen imien os dolo osos, au oin ingidos, p oceden es de una a u o - e aluación nega i a ealizada po el suje o desde la pe spec i a del o o , o o p esen e o ausen e, conc e o o gene alizado. El ges o p o o ípico de la e güenza es baja la is a o cub i se la ca a con las palmas de la mano. Ta m- bién en el discu so o al o esc i o pueden encon a se indicaciones di e c a s , como los é minos «humillado» o «a e gonzado», pe o no es es o lo más e- cuen e. A eces se exp esa en símbolos de abandono, sepa ación o aisla- mien o, ma cando así el con ex o social de su e ocación. A eces e i e e n si uaciones de idículo, aquéllas donde el suje o es ebajado d ás icamen e en la alo ación social po incompe encia mani ies a, la de un on o, la de un payaso o la de una pe sona «absu da». También en las que el suje o se mues- a incapaz an e los o os, inep o, impo en e, in e io , insegu o, sin mé i o, La sociología de la emoción y la emoción en la sociología Pape s 62, 2000 1 6 9 2 9 . Go man nunca a ó di ec amen e las expe iencias emocionales de los ac o es, aunque es a- ban siemp e implíci as en sus análisis. Tan sólo desc ibió e in e p e ó las conduc as ex e - nas de los ac o es, como las que se ac i an en los i os de paso que acompañan a la en a- da en una ins i ución social (humillación), o como las conduc as, exp e s i as, de las pe sonas que se encuen an con o as que mues an un es igma ísico di e en e (ho o ) . 3 0 . El mi o del indi idualismo ambién iene e ec os epis emológicos en las ciencias sociales, y conduce a isiones simplis as de la ealidad humana, ajenas a la compleja sociabilidad insc i a en ella desde el o igen (Sche , 1990: 12). 1 7 6 Pape s 62, 2000 Ed u a do Be ica Alas uey — (1990b). «Socializa ion o Emo ions. P ide and Shame as Causal Agen s». 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