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Carta póstuma a Pitt-Rivers. Variaciones sobre el peto y la coleta

Maïllis, Annie

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 16, Se illa, 2003, págs. 243-258 CARTA PÓSTUMA A JULIAN PITT-RIVERS VARIACIONES SOBRE EL PETO Y LA COLETA1 DI Annie Mai1lis Ins i u d'Es hé ique e de Sciences del' A Que ido Julian Pi -Ri e s: 1 ein i és de junio de 1992, en Pa ís y con mo i- o de una jo nada de es udio consag ada a la E nología y Tau omaquia, mien as us ed iden i i- caba el pe o del caballo del picado ecibiendo el as a del o o con los es idos de luna es ojos sob e ondo cla o de las gi anas (macho que hinca su sexo en la alda del caballo- ame a), odas las mi adas se posa on sob e mi blusa de luna es ojos sob e ondo blanco y el público son eía escu- chando su in e p e ación e ó ica de mi a uendo ... Sólo us ed, que ido Julian, no se dio cuen a de la di e ida analogía; cuan- do se la señala on, con undido, se·ap esu ó a o ece me una dedica o ia de su ex o como desmen ido de la abusi a com- pa ación: «Pa a Annie Maillis, cuya he mosa blusa de luna es nada iene en común con el pe o del caballo de picado ». 'T ad: Jean-Ch is ophe Ga cía-Baque o La ezzi 244 Annie Mai'/lis. Los e nólogos son poe as, que en lo que los demás no en e igno an lo que odos en. Michel Lei is, del que us ed se conside a he ede o, encama la p ueba más ehacien e, ya que sus b illan es ideas sob e la semiología de - la au oma- quia hacen juego con los pases poé icos más log ados. Es o debe en ende se no sólo en cuan o que el e nólogo es capaz de hace poesía sino, ambién, en que la e nología aplicada a la au omaquia (al igual que oda p oducción que se ciñe a su p ác ica, incluidas las que p e enden la más pu a obje i i- dad), es á elacionada con la poesía en su sen ido más noble: la poesía hace su gi a la luz cla i icado a de las palab as la esencia ocul a de las cosas. El e nólogo-poe a e ela en el espejo de la au omaquia, po encima de las apa iencias, su sen ido anspa en e. Incluso las eseñas más ecnicis as, que p e enden se es ados de la cues ión casi cien í icos de la ea- lidad au ómaca, desdoblan su e e en e, p e endidamen e obje i o, con un lenguaje especí ico, codi icado, un lengua- je sec e o e impene able pa a los p o anos y de ahí, sace , es deci , apa e, sag ado. El idioma de las eseñas, como el de - los dogones in es igado po Lei is, cons uye, así, un uni- e so en el que los iniciados se econocen. Incluso los c o- quis explica i os de los códigos sexuales ac i os en las au- omaquias eu opeas, elabo ados po nues o amigo F ede ic Saumade, poseen an o la belleza depu ada de los signos cabalís icos como el igo del esquema cien í ico. Le ag adezco ambién, que ido Julian Pi -Ri e s, habe con i mado, con su al a au o idad, la idea de que en ma e ia au omáquica no exis e una sola e dad: en e ec o, la co ida no es ni un depo e ni una ciencia sino una o mida- ble máquina de p oduci sen ido y, po ende, discu so, de a- Ca a pos uma a Julian Pi -Ri e s. Va iaciones sob e el pe o y... 245 mando emoción y es o es el p i ilegio del i o. Así decía us ed del o o que «pe enece al e i o io de los sueños más que al de la economía polí ica» (Pi -Ri e s, J.: 1983, pp. 281-297). Si us ed no igno a nada e e en e a las obligacio- nes écnicas y eglas au ómacas, cuyo conocimien o es esencial pa a ap ecia el e dade o en i e, ampoco ol ida ponemos en gua dia con a la en ación de ceñi la al ámbi o es echo de una p ác ica limi ada a su es ic o espe o. Así, los sa casmos de los que c i ican sus in e p e aciones ajenas a una comp ensión pseudo-cien í ica de la co ida es imo- nian una p esunción y una isión co a de su espec áculo, cuya iqueza iene p ecisamen e de su polisemia. La co ida es, en e ec o, un espec áculo c ucial en an o que es un c uce de caminos -las palab as son de Lei is-de signi icados que no se excluyen los unos a los o os, sino que se in e elacio- nan o yux aponen. ' Como hicie on Víc o Tu ne , Ma ce! Mauss y Michel Lei is, us ed se ha dedicado a obse a la labilidad de los sig- nos p esen es en el i ual au ino. Los símbolos, no sólo «pueden posee simul áneamen e signi icados dis in os y con adic o ios» (Pi -Ri e s, J.: XVI, 1994.) si no que su mu ación, en el in e i.o mismo del desa ollo de la co ida, au o iza un amplio abanico de in e p e aciones y pe cep- ciones y explica, ambién, an o la g an dispa idad de su público como la di e sidad de sus en oques: las discusiones pos -co idas ace ca del mismo espec áculo is o po odos acaban, así, po mos a el p o ocolo in ínseco de la ce e- monia au ina. La co ida es una cues ión de isiones más que de is as y nadie iene el monopolio de su sen ido. Es á si uada bajo el signo de la ambigüedad, de la di e sidad y de 246 Annie Mai1lis la e e sibilidad de los papeles que us ed dis inguió en el cambio de e cios, cambio que el poe a Jean Coc eau am- . bién cap ó: «El g an mis e io de la Fies a consis e en es a pa adoja de dos ad e sa ios que, cada uno en su umo, se eminizan y eencuen an su p e oga i a de i ilidad» (Coc eau, J.: 1957 y Malllis, A: 1997) La ascinación expe imen ada an e el espec áculo au- ino pa icipa de es a ambi alencia de signos y de su duc ili- dad. Po o o lado, la co ida es la pues a en escena, con un o malismo ya consag ado, de un mismo mi o polisémico, ein e p e ado en cada lidia, según las sensibilidades de las épocas e indi iduos. Roland Ba hes ha p ecisado la na u a- leza eu ó ica y e elado a del mi o: «o ganiza un mundo ( ... ),un mundo cubie o de e idencia; undamen a una eliz cla idad: las cosas pa ecen signi ica po sí mismas». (Ba hes, R: 1957). La ep esen ación au omáquica que se e allí goza, pues, de una inmedia ez a la que la ía- oz de las palab as obs aculiza. Coc eau esc ibía que «La co ida y el lamenco son un lenguaje que se habla con el cue po» (Coc eau, J.: 1957) y pensamos, igualmen e, en la ascinación de Malla mé an e la danza, en la medida que, a semejanza de la au omaquia, ins i uye, según And és Schae ne , un luga donde «se p esen a el mi o, si no en su es ado pu o, al menos despojado de odo a ilugio de esc iba, escapando a la i ia- lidad del lenguaje usual y a sus aiciones. La esc i u a co - po al; exp esión que los e nólogos en idia ían aún a Malla mé ( ... ) es, de odas las o mas de comunicación, 1a más ca gada de sen ido y la más uni e salmen e desci able (Schae ne , A: 1983). En la e ó ica de sus igu as, la sin a- Ca a po s uma a Julian Pi -Ri e s. Va iaciones sob e el pe o y... 24 7 xis de los pases y la g amá ica de sus códigos, la au oma- quia ehicula un lenguaje que us ed ha in en ado desci a , no a a és de p incipios in angibles sino de leyes p opias con « i emes» (u ilizando su misma palab a) así como de su sensibilidad pe sonal. Po que la au omaquia, además de sí misma, habla de o as muchas cosas y, sob e odo, de uno mismo. La glosa de Lei is «me a ísica- a iga de Tesem> había apo ado la imagen del labe in o y de su hé oe, ma ado undado , con mo i o, quizás, de es a búsqueda de un sen i- do jamás ago ada, es a búsqueda de un más allá de las apa- iencias sensibles aducido en su e imología po la palab a g iega me a isica - ambién adop ada po us ed. De ahí el en ado de l9s pa ida ios de la in e p e ación uní oca y con- o able de los ecnicis as en e a es as conclusiones suyas, cie amen e discu ibles, pe o legí imas y ecundas. Si la au omaquia es á egida po ciclos ema ios (el de los e - cios; la al e nancia de los ma ado es; la iada, público, o o, y ma ado ; las es i udes eologales, pa a , manda em- pla ); ... es á ambién si uada bajo el núme o dos: dualidad y duelo, es el luga de una dico omía en su espacio a qui ec- ónico ( uedo, g ade íos), luminoso (somb a y sol), simbó- lico ( o o luna - o ma de los cue nos y oscu idad de su pelaje-y ma ado sola - aje de luces-), agonís ico ( ue za con a in eligencia, oscu an ismo con a Luces), mí ico (Apolo con a Dionisio; Hé cules y Ón alo, e c.). Es e epa o se uel e a encon a en su pe i e ia: de en ada, los animalis as se oponen a los a icionados, di ididos, a su ez, en e o is as (que ap ecian sob e odo el comba e que o e- ce el animal) y o e is as (que alo an la habilidad del hom- 248 Annie Mai1lis b e ), di ididos, asimismo, en e de enso es de un es ilo u o o, po ejemplo, en e Joseli is as y Belmon is as, como hoy día en e .Poncis as y Tomasis as. Es a dualidad se encuen a incluso en e los exége as: an isac i icialis as y sac i icialis as de los que us ed o ma pa e; los deba es sob e su pos u a son pa e in eg an e de la bipa ición exis- en e en la au omaquia, de su i ual. «La écnica de la au omaquia es complicada y cada de alle posee una unción p ác ica al mismo iempo que con ibuye, po su alo simbólico, a la signi icación de la o alidad del i o», esc ibió us ed (Pi -Ri e s, J: Le sac i i- cie du au eau, 1983). Yo ambién quisie a en ega me a cie as e lexiones basándome en las suyas, p osegui con us ed un dialogo pos :-mo em. Quisie a ol e .sob e algu- nos de es os de alles, pues la mul iplicidad de signi icados que se les pueden da se undan y con unden en la unidad del i o. Comencemos po el pe o, mo i o de su amable a ención conmigo. l.- DEL PETO Según us ed, el o o debe en en a se al caballo es i- do con aje de gi ana -es deci , es ido de muje des e - gonzada-que llega a posee , e ec i amen e, «cla ando sus cue nos bajo su alda» (Pi Ri e s, J.: 1983) ¿Quién pod ía nega la ue e conno ación sexual de lo que llamamos el encuen o»? Sin emba go, e a aún más e iden e el encuen- o o igina io, cuando el caballo no es aba p o egido po el pe o, impues o, obliga o iamen e, desde 1928, po P imo Ca a pos uma a Julian Pi -Ri e s. Va iaciones sob e el pe o y... 249 de Ri e a, lo que p o ocó la condena po pa e de los . pu is as, como Heminguay, o de los aman es de los símbo- los, como Picasso, ambos a ligidos po es a pe e sión del i o au ino. El aldón del caballo, como p o ección pa a impedi la pene ación del as a, se ha in eg ado a díamen- e en el i ual. Con la ocul ación del ien e equino, el sim- bolismo sexual se ha disminuido en g an medida. La ob a pin ada po Picasso en la década de 1920 mos aba su as- cinación po el des ipamien o del iejo ocín de amando sus ísce as y ipas as el celo mo al del o o. Lei is am- bién ilipendia el pe o y la nue a concepción del e cio de a as que se de i a de él, denunciando «el caballo hipóc i- amen e acolchado» Mi oi de la au omachie o el «sucio engaño de los pe os (g an es imen a de cagalaolla)» To o. J ean Coc eau, o o poe a mayo de la co ida, apoya á es a imagen dep eciada del pe o en su poema Las bellas damas del o neo: «A los Picado es ellas silba on/ sus iejas al- das de o neo/ de apices enían aspec o/ sob e un caballo que se ahoga». G acias al pe o, el caballo sal a su ida pe o al p e- cio de su disimulación, de su desapa ición y de una dis o - sión de la sue e de a as: pie de su es a us de íc ima pa a · con e i se en una simple pieza del disposi i o des inado a cas iga al o o; su adopción ambién ha es ado, pa cial- men e, mé i o al caballe o: el picado queda excusado de la necesidad de sopo a plenamen e la embes ida del o o, en en ado, de aho a en adelan e, a la casi inexpugnable mu alla del g upo ecues e. La imagine ía a la que hacía us ed alusión, que ido Julian, es deci , la muje -caballo pene ada po el o o y que se e en Masson o Picasso, es 250 Annie Ma llis · pe inen e pe o es á elacionada con una p ác ica an e io al po e del pe o, que d;i luga a o a lec u a que, sin exclui la suya, la comple a, supe poniéndose a ella. Supone la adop- ción del pe o de p o ección una mues a de la nega i a, as la ca nice ía de la G an Gue a (1914-1918), de o ece el espec áculo de la sang e de amada de una íc ima inde en- sa? Es a nue a concepción se eac i a en Picasso con la imagen desga ada-desga ado a del caballo del Guemica que denuncia el su imien o de los inocen es masac ados, lejos del lasci o enlace caballo- o o de sus ob as an e io es a la gue a. Con el pe o que e i a la mue e del caballo, la condición de íc ima sólo incumbe al o o, pe o es e mue e luchando, como el hé oe g iego, y su na u aleza excepcio- nal de b a u a y nobleza puede in eg a lo en la es e a de lo sag ado, hé oe sac i icial cuyos es os eciben las aclama- ciones de un público en pie y an e los que ambién se des- cub en los que los a as an po el uedo. En adelan e, el ins- an e he oico, an es ese ado a la pica y a la es ocada, se concen a en la sue e sup ema, a i icando la de ini i a sup emacía del ma ado a pie sob e el picado , educido al papel de sang ado , abucheado a menudo y ebajado, en ocasiones, a la es e a de lo g o esco. Debemos en onces e en la imposición del pe o el sín oma ci ilizado de un mundo donde el asesina o de un inocen e (el caballo) desac edi a ía' al o o en bene icio de la au en ica sue e sup ema, donde cada comba ien e a ies- ga su ida? Hab ía que in e p e a la p o ección que impi- de al as a hundi se en el ien e y que hace acasa al macho como una alego ía del coi us in e up us, emblemá- ica de una condición emenina eajus ada a o as unciones Ca a pos uma a Julian Pi -Ri e s. Va iaciones sob e el pe o y. .. 251 Fig. n.º 41.- P o . Pi -Ri e s an e el a co omano de la ciudad de Medinaceli con mo i o de la celeb ación de la ies a del To o de Fuego (Fo . de au o desconocido, A chi o Pi -Ri e s, Maison René Ginou es, Uni e sidad de Nan e e, Pa ís). 258 Annie Mai'llis BIBLIOGRAFÍA Ba hes, R. (1957): My hologies. Edi . du Seuil, coll. Poin s. Coc eau, J. (1957): La co ida du p emie mai. Pa is, · Be na d G asse ,. Lei is, M. (1938): Mi oi de la au omachie. Pa is. G.L.M Ma llis, A. 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