El desarrollo adolescente en el ámbito de la preservación familiar: Una propuesta de intervención psicoeducativa
Abstract
Se reflexiona acerca de las necesidades de intervención de los adolescentes que crecen en entornos familiares en riesgo, examinando para ello distintos indicadores de su nivel de desarrollo. Se describen los programas psicoeducativos de formación y apoyo parental en el marco de la preservación familiar como una propuesta específica de intervención para promover el desarrollo de estos menores; concretamente como ejemplo se presenta el programa de Formación y Apoyo Familiar.
Full text
1 Título: El desarrollo adolescente en el ámbito de la preservación familiar. Una propuesta de intervención psicoeducativa. Autores: Dra. María Victoria Hidalgo García. Profesora Titular*, v[email protected]s Dra. Lucía Jiménez García. Profesora Interina*, [email protected] Dra. Susana Menéndez Álvarez-Dardet. Profesora Titular**, [email protected] D. José Sánchez Hidalgo. Profesor Colaborador*, [email protected] Dña. Bárbara Lorence Lara. Personal Docente e Investigador en Formación**, [email protected] *Universidad de Sevilla. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. C/ Camilo José Cela, s/n, 41018, Sevilla, España. **Universidad de Huelva. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Campus el Carmen. Avda. Tres de Marzo, s/n. 21071. Huelva, España. Resumen: Se reflexiona acerca de las necesidades de intervención de los adolescentes que crecen en entornos familiares en riesgo, examinando para ello distintos indicadores de su nivel de desarrollo. Se describen los programas psicoeducativos de formación y apoyo parental en el marco de la preservación familiar como una propuesta específica de intervención para promover el desarrollo de estos menores; concretamente como ejemplo se presenta el programa de Formación y Apoyo Familiar. Palabras claves: intervención familiar, riesgo psicosocial, preservación familiar, adolescencia, desarrollo adolescente, programas psicoeducativos, formación y apoyo parental.
2 En la actualidad, existen pocas dudas acerca del papel que desempeña la familia como contexto de desarrollo primordial en el que niños y adolescentes crecen, se socializan y adquieren las competencias necesarias para convertirse en miembros activos de la sociedad. Fruto de esta consideración, la mayoría de las propuestas actuales dirigidas a promover el desarrollo infantil y adolescente desde presupuestos ecológico-sistémicos incorporan entre sus estrategias de intervención aquéllas dirigidas al seno familiar (Minuchin, 1985). Así, disfrutamos de un consenso general acerca de que distintas propuestas de intervención con la familia favorecen no solamente la salud o bienestar del sistema en su conjunto, sino también la satisfacción de muchas de las necesidades de desarrollo de sus miembros, particularmente de los más jóvenes. En el caso de la adolescencia, por ejemplo, se ha destacado el beneficio de este tipo de intervenciones para promover la consolidación de la identidad personal, el fomento de la autonomía, el respeto a la individuación, el respaldo a la independencia, así como la expresividad afectiva y el equilibrio de la libertad (Fishman, 1990). El beneficio de este tipo de actuaciones para el desarrollo de los menores en general y para chicos y chicas adolescentes en particular ha sido especialmente señalado en situaciones de riesgo psicosocial. Por desgracia, existen contextos familiares con dificultades para satisfacer adecuadamente las necesidades básicas de sus miembros y por tanto para garantizar su desarrollo integral (Rodrigo, Máiquez, Martín y Byrne, 2008). En estas situaciones, se entiende que la intervención familiar no solamente es deseable, sino necesaria, para garantizar la salud familiar y un adecuado desarrollo de los menores que crecen en ellas. En este artículo se reflexiona en torno al desarrollo adolescente en situaciones de riesgo psicosocial, ofreciendo algunos datos empíricos que permiten ilustrar las necesidades de intervención que presentan estos chicos y chicas. Así mismo, se describen los programas psicoeducativos de formación y apoyo parental como una modalidad de intervención para promover el desarrollo de estos menores. A modo de ejemplo de este tipo de actuaciones se describe el programa de Formación y Apoyo Familiar (FAF), como una propuesta específica de intervención psicoeducativa con potencialidad para promover el desarrollo adolescente en el marco de la preservación y el fortalecimiento familiar. La filosofía de la preservación y el fortalecimiento familiar como marco de intervención en situaciones de riesgo psicosocial Como acabamos de señalar, existen contextos familiares denominados en situación de riesgo psicosocial por sus dificultades para promover la
3 salud familiar y asegurar el adecuado desarrollo de sus miembros, particularmente el de los niños y adolescentes que crecen en su seno. Aunque no cabe duda de que bajo esta etiqueta pueden encontrarse una gran variedad de situaciones familiares diferentes dada la complejidad de los procesos que conducen al riesgo psicosocial, como rasgo común se trata de familias donde los responsables del cuidado, atención y educación del menor, por circunstancias personales y relacionales, así como por influencias adversas de su entorno, hacen dejación de sus funciones parentales o hacen un uso inadecuado de las mismas, comprometiendo o perjudicando el desarrollo personal y social del menor, pero sin alcanzar la gravedad que justifique una medida de amparo, en cuyo caso se consideraría pertinente la separación del menor de su familia (Rodrigo et al., 2008, p. 42). La preocupación por estos entornos y su repercusión en el desarrollo infantil y adolescente no es novedosa, si bien hemos experimentado una gran evolución en la comprensión del riesgo psicosocial desde un enfoque basado en el déficit hacia la adopción de un enfoque positivo y fortalecedor de la familia (Sousa, Ribeiro y Rodrigues, 2007). En consecuencia, como Rodrigo y sus colegas se han ocupado amplia y acertadamente en describir (2008), en la actualidad existe un acuerdo general en considerar que en situaciones de riesgo psicosocial el desarrollo de los menores en general y de los adolescentes en particular debe ser abordado desde una nueva filosofía de la preservación y el fortalecimiento familiar. Desde esta filosofía existe consenso en que (1) El ámbito de intervención incluye a todas las familias con necesidad de apoyo para satisfacer las necesidades de sus miembros y promover sus competencias (Chaffin, Bonner y Hill, 2001); (2) Las dificultades familiares pueden adquirir diversas formas y, por tanto, es necesario diversificar los servicios y modalidades de apoyo a las familias en función de sus necesidades (De Paúl y Arruabarrena, 2001; Littell, 1997); (3) Es necesario adoptar una concepción activa de la intervención con familias en situación de riesgo dirigida a la promoción del buen trato, del bienestar infantil y de la salud familiar. Esta nueva filosofía supone, por tanto, abrir un espacio de prevención y de segunda oportunidad desde un enfoque positivo hacia las familias (familia como factor de protección del menor) para que éstas, con apoyos adecuados, puedan seguir cumpliendo con sus funciones y asumiendo sus responsabilidades hacia el cuidado de los menores (Ryan y Schuerman, 2004; Sousa et al., 2007); (4) Debe asumirse un enfoque comunitario y de co-responsabilización, en el que la sensibilidad comunitaria, la cooperación con las familias, la coordinación interinstitucional y la
4 potenciación de los recursos naturales adquieren un papel fundamental (Martín, 2005; Thieman y Dall, 1992). En nuestro país, esta filosofía de la preservación y el fortalecimiento familiar y su importante papel para el desarrollo infantil y adolescente se ha venido materializando, en gran medida, en las intervenciones que se realizan desde el ámbito de los servicios sociales. La Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor introdujo el concepto de riesgo y estableció que la mejor forma de asegurar la protección de la infancia es promover la satisfacción de las necesidades de los menores como eje de sus derechos y de su protección (Ley 1/1996, Boletín Oficial del Estado núm. 15). Como consecuencia de dicha legislación, se han incorporado los servicios sociales y por tanto las entidades locales al sistema de protección a la infancia haciendo que aquéllas, ante situaciones de riesgo, se hayan convertido también en entidades competentes en materia de protección de menores y contemplando así una figura jurídica que define la situación de aquellos niños y adolescentes que se encontraban en el ámbito de su familia en circunstancias de desprotección menos graves que las de desamparo pero de evidente riesgo para su desarrollo (Rodrigo et al., 2008). En consecuencia, en la actualidad, desde los servicios sociales de nuestro país la familia es considerada una fuente importante de estabilidad y de apoyo para el menor y, por tanto, la intervención familiar dirige todos sus esfuerzos a que pueda seguir manteniendo estas funciones del modo mejor posible, con el fin último de garantizar siempre que sea posible la satisfacción de las necesidades de los menores dentro de la familia de origen (Mondragón y Trigueros, 2004). El desarrollo adolescente en el ámbito de la preservación familiar. Algunas necesidades de intervención Desde hace algunos años venimos realizando una investigación en el marco de los servicios sociales de la ciudad de Sevilla 1 , en la que hemos tenido ocasión de evaluar a una amplia muestra de niños y adolescentes, parte de los cuales crecen en familias en situación de riesgo psicosocial por razones de preservación familiar. Entre otras cuestiones, en el marco de esta investigación hemos tenido la oportunidad de examinar distintos indicadores del nivel de desarrollo 1 La investigación a la que nos referimos y en la que se enmarca el Programa de Formación y Apoyo Familiar se inició en 2003 al auspicio de un convenio de colaboración con la Delegación de Bienestar Social del Ayuntamiento de Sevilla y, desde 2007, se realiza bajo la cobertura de un proyecto I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (SEJ200766105).
5 adolescente, obteniendo resultados que corroboran con datos empíricos las situaciones de dificultad a las que se enfrentan los chicos y chicas que crecen en situaciones de riesgo psicosocial por razones de preservación familiar y que justifican la puesta en marcha de actuaciones encaminadas a favorecer su desarrollo (Jiménez, 2007, 2009; Lorence, 2008). Para los objetivos de este trabajo hemos seleccionado algunos de los datos obtenidos de los chicos y chicas adolescentes de nuestro estudio, una submuestra (N = 232) con edades comprendidas entre 11 y 17 años (M = 13,05, DT = 1,88) e integrada en porcentajes muy similares por chicas y chicos (48,43% y 51,57% respectivamente). Como ya hemos señalado, uno de nuestros objetivos ha sido analizar cómo crecen y se desarrollan los hijos y las hijas de familias en situación de riesgo psicosocial. Entre otras actuaciones, y tras obtener el oportuno permiso de sus progenitores, nos pusimos en contacto con los centros escolares donde estos menores estudiaban y solicitamos a los tutores que completaran diferentes instrumentos de cara a evaluar, de manera detallada, distintos indicadores de desarrollo de los chicos y chicas adolescentes que crecen en familias usuarias de los servicios sociales comunitarios. Además, los tutores aportaron la misma información pero referida a un grupo de comparación, formado por algunos compañeros del grupo-clase seleccionados de forma aleatoria. En definitiva, se obtuvo información de una muestra de menores que crecen en familias usuarias de los servicios sociales comunitarios por razones de preservación familiar (en adelante, grupo de riesgo) y un amplio grupo de comparación que no recibía intervención familiar (en adelante, grupo de comparación). Un 41,38 % de esta submuestra constituye el grupo de riesgo mientras que el 58,62% restante forma el grupo de comparación. En cuanto a los instrumentos utilizados en el estudio, junto a información sobre el nivel de participación en el contexto escolar, la existencia de necesidad de apoyo educativo y la tasa de repetición de curso académico, los tutores completaron en relación a cada chico o chica las escalas Social Skills Rating System (SSRS, Gresham y Elliot, 1990), que ofrecen información acerca de los problemas de ajuste, las habilidades sociales y la competencia académica (en esta investigación, con un índice de fiabilidad superior a ,80 en todas las escalas). Tomados en su conjunto, los informes de los tutores nos permitieron disponer de información detallada sobre distintas dimensiones del nivel de desarrollo adolescente, abarcando aspectos relacionados con el ajuste personal (problemas de internalización y externalización), el ajuste social (habilidades de autocontrol, cooperación y asertividad) y el ajuste escolar (tasa de absentismo escolar y de repetición de curso académico, necesidad de apoyo educativo y competencia académica).
6 Un examen inicial de la información obtenida puso de manifiesto que un 30,60% de los chicos y chicas adolescentes del grupo de riesgo era absentista. De este porcentaje de menores que faltaba al colegio injustificadamente, un 64,11% de ellos lo hacía de forma permanente, en la totalidad de las ocasiones antes de haber finalizado la Educación Secundaria Obligatoria. Las cifras oficiales disponibles para la población general muestran porcentajes menos elevados, incluso cuando consideramos situaciones familiares de desventaja socioeconómica en las que la tasa de absentismo escolar no alcanza el 25% durante la adolescencia (National Center for Education Statistics, 2006). Por lo tanto, nuestros resultados indican que las situaciones de absentismo escolar se muestran particularmente alarmantes en situaciones de preservación familiar. Entre los adolescentes que participaban en el contexto escolar examinamos su nivel de ajuste en comparación con su grupo de iguales. La información preliminar ofrecida por los tutores académicos sobre el ajuste escolar de estos menores puso de manifiesto una mayor necesidad de apoyo educativo que sus iguales, Χ 2 (1,186) = 8,36, p = ,004, así como una mayor tasa de repetición de curso académico, Χ 2 (1,175) = 23,82, p = ,000, con una relevancia clínica moderada y elevada respectivamente, V = ,21 y V = ,37. Algunos autores que han informado de resultados similares han argumentado que los chicos y chicas adolescentes que crecen en situaciones de riesgo psicosocial acceden al contexto educativo con necesidades educativas específicas para las que en muchas ocasiones el entorno educativo no es capaz de dar respuesta. En consecuencia, estos menores pueden encontrarse en situación de especial vulnerabilidad para experimentar problemas en el ámbito educativo, vulnerabilidad que suele saldarse con resultados académicos más negativos que los de otros chicos y chicas (Dowrick y Crespo, 2005; McLoyd, 1998). Además de examinar algunos indicadores de ajuste escolar, llevamos a cabo un análisis multivariado de varianza (MANOVA), en el que incluimos las distintas dimensiones de desarrollo cuantitativas evaluadas por las escalas SSRS como variables dependientes (problemas de internalización, problemas de externalización, autocontrol, asertividad, cooperación y competencia académica), con el grupo de procedencia como variable independiente (riesgo o comparación). Los supuestos estadísticos se cumplieron satisfactoriamente y la disparidad en el tamaño de los grupos fue controlada empleando los resultados ofrecidos por la Traza de Pilliais. Los resultados de este análisis pusieron de manifiesto la existencia de indicadores de desarrollo particularmente negativos entre el grupo de chicos y chicas adolescentes procedente de familias usuarias de los
7 servicios sociales. Así, el grupo de riesgo se diferenció de forma estadísticamente significativa y clínicamente relevante del grupo de comparación en el conjunto de dimensiones de desarrollo evaluadas, F(6, 183) = 5,18, p = ,000, con un tamaño del efecto moderado en magnitud, η 2 parcial = ,14. En la Tabla 1 se recogen tanto los estadísticos descriptivos como la contribución individual de cada dimensión de desarrollo a esta diferenciación inter-grupos. Como puede observarse en dicha tabla, los menores de familias usuarias de los servicios sociales por razones de preservación familiar presentaron una mayor tasa de problemas de ajuste (tanto internalizantes como externalizantes), menos habilidades para la interacción social (en sus vertientes de autocontrol, cooperación y asertividad), así como una menor competencia académica. Fueron particularmente la competencia académica, así como los problemas de ajuste y las habilidades cooperativas las dimensiones que según los coeficientes discriminantes estandarizados contribuyeron con un mayor peso a esta diferenciación. Tabla 1. Estadísticos descriptivos y contribución de cada dimensión al contraste inter-grupo sobre el nivel de desarrollo (MANOVA) M ( DT ) F (1, 189) Coef. discrimin. estand. Grupo de riesgo Grupo de comparación Problemas de internalización 0,68 (0,46) 0,49 (0,43) 8,80** 0,34 Problemas de externalización 0,92 (0,63) 0,57 (0,52) 18,66*** 0,48 Habilidades de autocontrol 0,98 (0,51) 1,28 (0,48) 17,49*** -0,16 Habilidades cooperativas 1,06 (0,54) 1,37 (0,59) 13,94*** 0,30 Habilidades asertivas 1,04 (0,42) 1,22 (0,40) 9,3** -0,01 Competencia académica 2,59 (0,99) 3,31 (1,16) 20,72*** -0,66 Nota. Las dimensiones incluidas en esta tabla abarcan un rango teórico de 0 a 2 puntos, a excepción de la dimensión competencia académica, que comprende un rango de 1 a 5 puntos. ** p < ,01 *** p < ,001 En definitiva estos resultados sirven, en nuestra opinión, para ilustrar la existencia de un perfil de desarrollo específico entre los chicos y chicas adolescentes que crecen en familias en situación de riesgo psicosocial por razones de preservación familiar; perfil caracterizado por la presencia de algunos indicadores negativos no acordes con las expectativas normativas para su momento evolutivo. Se trata de resultados en consonancia con otras investigaciones realizadas sobre el
8 tema, en las que se ha puesto de manifiesto de forma reiterada que estos menores experimentan particulares dificultades tanto en el ámbito personal como en el escolar y por tanto presentan necesidades de intervención que deben ser atendidas de forma específica en comparación con la población comunitaria (e.g., Combs-Orme y Thomas, 1997; Rodrigo et al., 2004; Svedin, Wadsby y Sydsjö, 2005; Werrbach, 1992). Desde una comprensión ecológico-sistémica, sin duda podemos hallar factores explicativos que contribuyan a esclarecer estos resultados en diferentes niveles del ambiente en que se desarrollan estos chicos y chicas adolescentes. En el pasado hemos informado de la presencia de variables tanto personales como contextuales que podrían contribuir a su comprensión (Jiménez, 2009). Entre estas variables, tanto nuestro equipo de investigación como otros autores que se han ocupado de examinar el desarrollo de los adolescentes en situaciones de riesgo psicosocial han documentado el importante papel que juegan distintos aspectos de la dinámica familiar de estos entornos en la configuración de estos particulares procesos de desarrollo (e.g., Bradley, 2002; Díaz-Aguado y Baraja, 1993; Jones y Prinz, 2005; Shipley, 2000). En definitiva, creemos que los resultados con los que hemos ilustrado algunos aspectos del desarrollo de los chicos y chicas adolescentes que crecen en familias en situación de riesgo psicosocial ponen de manifiesto la existencia de necesidades de intervención específicas entre esta población. A este respecto y, teniendo en cuenta las particulares situaciones de dificultad que se acumulan en los entornos familiares en los que crecen estos menores, el familiar puede constituir un marco de intervención idóneo desde el que promover el desarrollo adolescente. A continuación se describen los programas psicoeducativos dirigidos a madres y padres como una propuesta de intervención familiar mediante la que promover el desarrollo adolescente en el marco de la preservación familiar y, posteriormente, se presenta el Programa de Formación y Apoyo Familiar como ejemplo de esta modalidad de intervención. Los programas psicoeducativos dirigidos a madres y padres como modalidad de intervención en el ámbito de la preservación familiar De acuerdo con la filosofía de preservación y fortalecimiento familiar descrita al inicio de este trabajo, los servicios ofrecidos en este marco de actuación combinan la mentalidad controladora del enfoque jurídico de la protección del menor con una mentalidad capacitadora de las familias típica de los programas psico-educativos de apoyo a los padres (Rodrigo et al., 2008). Se trata de intervenciones que comparten características
9 importantes como la intensidad de la actuación, su focalización en la familia como objeto de la intervención y la capacitación familiar para que sus miembros asuman el control de sus vidas (Littell, 1997; Thieman y Dall 1992). Sin embargo, a su vez dichos servicios pueden adoptar diversas formas, incluyendo entrenamiento de habilidades parentales, aprendizaje de contenidos psico-educativos, técnicas de manejo conductual o sesiones de terapia familiar (Cusick, 2001). Una de estas modalidades consiste en los programas psicoeducativos de formación y apoyo para madres y padres. Se trata de programas que tienen como objetivo la formación y el apoyo a los padres a fin de optimizar el ejercicio del rol parental y, con ello, obtener consecuencias beneficiosas para el desarrollo de los hijos e hijas (MacLeod y Nelson, 2000). A continuación, nos ocuparemos de destacar brevemente sus principales características (véase Hidalgo, Menéndez, Sánchez, Lorence y Jiménez, 2009 para una descripción más minuciosa). En primer lugar, cabe señalar el carácter preventivo y promotor de los programas psicoeducativos para madres y padres. Incluso en el marco de la preservación familiar, estos programas no están pensados para tratar a familias en situaciones de crisis graves o con problemáticas ya muy enraizadas en la dinámica familiar, sino para capacitar a los padres y que no lleguen a cristalizarse dichas situaciones problemáticas (Rodrigo et al., 2008). Ese carácter preventivo hace que este tipo de programas puedan resultar beneficiosos en cualquier momento del ciclo vital familiar, aunque pueden resultar especialmente adecuados en momentos de transición en los que se agudizan las necesidades de apoyo, como es la llegada de los hijos a la adolescencia. En segundo lugar, frente a otras modalidades de intervención familiar, lo más destacable de este tipo de programas es su carácter formativo y educativo. Se trata de ofrecer a los padres oportunidades de aprendizaje y desarrollo, desde un planteamiento basado en las competencias existentes y por tanto en el fortalecimiento parental, así como en el reconocimiento de las diferencias individuales y de la diversidad de familias y contextos socio-culturales, asegurando en todos los casos que los padres sean capaces de construir un escenario familiar adecuado para el desarrollo infantil y en el que se garantice el bienestar de los menores (Rodrigo, Máiquez, Martín y Rodríguez, 2005). En tercer lugar, y en consonancia con los datos empíricos disponibles acerca de las competencias más importantes para un adecuado desempeño de la maternidad y paternidad (Azar y Cote, 2002; White, 2005), entre los contenidos propios de los programas psicoeducativos para madres y padres se incluyen tanto habilidades específicamente educativas (características del desarrollo infantil, estilos
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