¿Cabe todavía hablar de identidad personal?
Abstract
Aunque sigue siendo posible hablar de identidad personal, el yo en las sociedades individualistas de capitalismo avanzado ha sufrido una serie de cambios: masificación, anonimato, anemia moral, debilitación del carácter, etc. No obstante, estos cambios no fuerzan el pesimismo cultural.
Full text
THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007.
¿CABE TODAVÍA HABLAR DE IDENTIDAD PERSONAL?
Vicen e San élix Vida e. Uni e sidad de Valencia.
Resumen: Aunque sigue siendo posible habla de iden idad pe sonal, el yo en las sociedades
indi idualis as de capi alismo a anzado ha su ido una se ie de cambios: masi icación, anonima o,
anemia mo al, debili ación del ca ác e , e c. No obs an e, es os cambios no ue zan el pesimismo
cul u al.
Abs ac : E en i i ’s possible o speak o pe sonal iden i y ye , he sel in he indi idualis
socie ies o ad anced capi alism has su e ed a se o changes: o e c owding, anonymi y, mo al
anemia, weakening o he cha ac e , and so on. Howe e , heses changes don’ make cul u al
pessimism compulso y.
Que yo sepa, en e las nume osas e o mas adminis a i as auspiciadas po
nues o ac ual gobie no no cons a la de aboli el documen o nacional de iden idad.
Al con a io. Si las inicia i as de algunos p esiden es au onómicos llega an a
p ospe a no se ía descabellado pensa que los documen os nacionales de iden idad
p oli e asen y que odos llegá amos a ene más de uno.
Es a posible in lación de documen os iden i a ios es a ía, po lo demás, muy
aco de con los iempos. Mi bille e a es á cada ez más acía de dine o y más llena
de documen os que me iden i ican, algunos de ellos de ac edi ada e icacia an i-
dep esi a (o os al con a io, cla o): pe misos de conducción, ca nés de uni e sida-
des o de ideoclubs, pases de ú bol, a je as de c édi o y de unos conocidísimos
g andes almacenes, y así un la guísimo e cé e a.
Aun sin hace epojée ninguna es os enómenos me pa ecen an palma ios que
la espues a a la p egun a que aquí nos con oca se me an oja e iden e: ¡pues cla o
que cabe segui hablando de iden idad pe sonal! Es más, me a e e ía a apun a
que después de aquel a ídico 11-S del 2001 la iden idad nunca ha sido an impo -
an e, po lo menos pa a quienes u ilizan los ae opue os pues, jus o es econoce lo,
quienes op an po medios de anspo e más exó icos que el a ión, como las pa e as
o los cayucos, suelen i indocumen ados, po lo que esul an muy di íciles de iden i-
ica (aunque muchos de ellos, ¡qué cu ioso!, is en p endas con los colo es de mi
equipo o con los del e e no i al).
Lo sien o po De ek Pa i ya que, como odos Vds. a buen segu o sab án, es e
p o eso de Ox o d nos ecomendaba hace algo más de dos décadas que dejá amos
de p eocupa nos po nues a iden idad, que enunciá amos al p incipio del in e és
p opio, y que nos hicié amos odos budis as. Pa ece que el pe sonal no le ha hecho
demasiado caso.
Me aleg o po Pe e S awson ya que, como odos Vds. sab án igualmen e, es e
p o eso , ambién de Ox o d, ya nos ad e ía hace casi medio siglo que el de pe sona
e a un concep o básico, necesa iamen e p esen e en cualquie posible esquema
concep ual. Al menos de momen o, el mundo no pa ece habe le desmen ido.
Bien, en es e pun o debie a conclui yo mi in e ención. Se me ha in i ado a
que dé una espues a a una p egun a y ya lo he hecho. Y además, bien o unda. Me
asal a, sin emba go, cie a incomodidad. Po expe iencia sé que en es e ipo de ac os
los ponen es suelen explaya se algo más. Y po expe iencia ambién sé que las
cues iones que se plan ean en los cong esos de iloso ía nunca suelen se an senci-
llas, de modo que al inal las espues as ampoco suelen se lo. ¿No se á que no he
exp imido adecuadamen e la p egun a? Po si acaso, ol e é un poco sob e mis
pasos. Espe o que al inal lo que consiga no sea sólo embo ona mi espues a.
Vol amos a conside a , aho a con un poco más de de enimien o, las esis de
Pe e S awson. An es aludía a ellas con ap obación, pe o aho a las oy a ep oba ,
aunque sea pa cialmen e.
Como dije, la opinión de es e dis inguido ilóso o oxoniense e a que el de “pe so-
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na” es uno de esos concep os básicos que, po comunes a odo posible esquema
concep ual, cons i uyen el obje o p opio del análisis de una me a ísica que iene po
obje o el desc ibi la in e conexión en e, p ecisamen e, es e ipo de concep os.
No oy a impugna semejan e concepción me a- ilosó ica de aigamb e, en
úl ima ins ancia, kan iana. Simplemen e quie o llama la a ención sob e una
consecuencia especialmen e impo an e que la misma iene pa a la cues ión que nos
aemos en e manos, a sabe : que la con ie e en poco menos que en una i iali-
dad.
Si el de “pe sona” es un concep o básico, necesa iamen e p esen e en odo
posible esquema concep ual, y si un concep o ca ece de con enido a menos que, de
alguna mane a, haya c i e ios que ijan la iden idad de –es o es, que pe mi an
disc imina a– los indi iduos que lo sa is acen, p egun a si oda ía cabe habla de
iden idad pe sonal es an acuo como p egun a si oda ía cabe habla , po ejemplo,
del espacio y del iempo. La espues a es, y siemp e se á, e iden emen e sí.
No quie o nega que haya algo de co ec o en la esis s awsoniana. De hecho,
ya ad e í que mi ep obación a la misma se ía sólo pa cial. No sé ya dónde leí
(aunque si me o za an a ello c eo que pod ía hace memo ia) que en odos los
lenguajes na u ales conocidos hay ecu sos especiales pa a la e e encia a los se es
humanos, el equi alen e de nues os p onomb es pe sonales. De mane a análoga,
desde el campo de la an opología cul u al Ma cel Maus ya publicó hace mucho
iempo un amoso ensayo en cuyo í ulo se cali icaba al concep o de “pe sona” de
ca ego ía uni e sal del espí i u humano. Hay, pues, buenos apoyos an o ilológicos
como an opológicos pa a la esis de S awson.
Pe o la esis de S awson no es solamen e que haya un concep o de pe sona,
más o menos equi alen e al nues o, en odo posible esquema concep ual que
hubie a de esul a nos in eligible. Su esis es bas an e más ue e y más discu ible.
Su esis es que en odo posible esquema concep ual hay un mismo concep o de
pe sona, un concep o que, po ello mismo, ca ece de his o ia, lo que cons i uye una
ca ac e ís ica común a odos los concep os que S awson p e endía con e i en
obje o de análisis en su me a ísica supues amen e desc ip i a.
Aunque he dicho que no en a ía a c i ica las posiciones me a- ilosó icas
s awsonianas, no puedo e i a apun a que aquí el au o de Indi iduals hace gala
de la misma obia a la his o icidad que an o ca ac e izó a la iloso ía analí ica, y
que an o sigue ca ac e izando a sus suceso es y he ede os.
La uni e salidad del concep o de pe sona no exige, en modo alguno, que en odo
esquema concep ual engamos que encon a exac amen e el mismo concep o de
pe sona. Ni siquie a que podamos des ila una especie de abs ac o común denomi-
nado que cons i ui ía algo así como el núcleo necesa io y ascenden al que ecu-
b en los di e sos concep os, empí icos y con ingen es, de pe sona (nó ese, dicho sea
de paso, que el candida o s awsoniano a juga al papel: el de suje o ap opiado de
a ibución de p edicados psicológicos y ísicos, es cla amen e inadecuado, dado que
a menos que se sea un ca esiano de obediencia es ic a nos da á como esul ado
que los animales ambién son pe sonas).
Un equisi o menos exigen e, y mucho más ealis a, se ía el que pos ula a que
en los dis in os esquemas concep uales encon a emos concep os que p esen a án
pa ecidos más o menos es echos –en cualquie caso no siemp e los mismos– con
nues o concep o de pe sona.
De hecho, quien lea el ensayo de Ma cel Maus al que an es hacía alusión pa a
apoya empí icamen e las ap io ís icas esis s awsonianas quizás no pueda e i a
cie a sensación de desconcie o, pues los concep os de “pe sona” de algunas de las
cul u as que allí p esen a el pad e de la con empo ánea an opología ancesa
esul an cie amen e muy di e en e del nues o. Y o o an o pod íamos deci del
“Do kamo” melanesio es udiado po o o no able an opólogo ancés: Mau ice
Leenha d .
En ealidad, ni siquie a hace al a desplaza se a cul u as pa a noso os “exó i-
cas”. La ex añeza se puede consegui más domés icamen e con simplemen e
consul a en un dicciona io de la ín –ese idioma ances o del nues o– el signi icado
del é mino “pe sona”. E iden emen e, la “másca a de ac o ” que allí se ecoge como
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p ime a acepción del é mino es á muy lejos del “indi iduo de la especie humana”
que da, como acepción p ime a, el dicciona io de nues a Real Academia.
Dado que el cas ellano es una lengua empa en ada con el la ín y nues a
cul u a ambién lo es á con la cul u a la ina, se ía posible econs ui , al menos a
g andes asgos, el p oceso de me a o ización que condujo desde aquella p imo dial
signi icación ea al a es a signi icación apa en emen e cuasi-biológica. Muy p oba-
blemen e end íamos en onces que p es a a ención a disciplinas an dispa es como
la g amá ica, el de echo o la eología paleo-c is iana.
Pe o no eman, no oy a en a en el de alle. Me he pe mi ido es as alusiones
sólo pa a apun a los lími es de la alidez de las esis s awsonianas, que bien
pod ían se ep esen a i as, en lo ela i o al pun o de la obia a la his o icidad, del
esplendo y de la mise ia de lo que se dio en llama la iloso ía analí ica.
Aun si hay buena pa e de e dad –y yo así lo c eo– en la esis s awsoniana
según la cual el de pe sona es un concep o “ca ólico” –en el sen ido de uni e sal,
aunque ambién en el o o, en el de apo ación de la iglesia ca ólica, se ía co ec o
e e ido a nues a pa icula concepción de la misma– ello no signi ica que en odas
las cul u as ayamos a encon a exac amen e el mismo concep o de pe sona, ni
siquie a un mismo núcleo común e inal e able que e es i ían los di e en es concep-
os empí icos; ni ampoco, po supues o, que el concep o de pe sona ca ezca de
his o ia. Dicho sea de paso, lo mismo pasa ía con los concep os de espacio y de
iempo que an es poníamos a í ulo de ejemplo.
Aho a bien, si es o es co ec o, si el de pe sona es un concep o “his o iado”,
en onces la p egun a que se nos ha plan eado puede no se an inocen e como en
p incipio pa ece, y la espues a, con unden e y ob ia, que al p incipio dimos, pod ía
exigi ma izaciones.
En e ec o, si el concep o de pe sona es his o iado quizás no haya que oma se al
pie de la le a la p egun a po si oda ía cabe habla de iden idad pe sonal –p e-
gun a que, como imos, hab ía que esponde con un “desde luego que sí”– e in e -
p e a que lo que ealmen e se nos quie e p egun a es si no se han p oducido
cambios, y cambios muy d ás icos, en la mane a de en ende lo que signi ica se uno
mismo.
Sólo que, ¡ay!, si és e es el sen ido de la p egun a yo no sé si han hecho bien en
in i a me a o ma pa e de es a mesa (ni si yo he hecho bien en acep a es a
in i ación) pues, me emo, és a es más una p egun a ap opiada pa a un sociólogo o,
en odo caso, pa a un psicólogo social, que pa a un pu o ilóso o como yo. Pido pues
su condescendencia –po no pedi lisa y llanamen e su pe dón– pa a con las especu-
laciones que an a eni a con inuación.
Vamos a supone , de hecho yo así lo c eo, que, en e ec o, en los úl imos iempos
(dejémoslo así de inde e minado) se ha p oducido un cambio d ás ico en la mane a
de en ende lo que signi ica se uno mismo. Aho a bien, p egun o yo a mi ez, ¿po
qué hay que p esupone , como pa ece habe p esupues o quien o muló la p egun a
que da í ulo a es a mesa edonda, que es os cambios ponen en pelig o incluso el que
quepa segui hablando de iden idad pe sonal? Al in y al cabo, como ya apun é, las
p ác icas de iden i icación de las pe sonas siguen a la o den del día, si es que no
es án más igen es que nunca an es.
Quizás la cla e de odo es e asun o es é en el signi icado de la exp esión “se
uno mismo” que hemos u ilizado pa a e e i nos a la iden idad pe sonal. Es a
exp esión, a di e encia de o as apa en emen e homólogas, como “se la misma
pied a”, iene unas conno aciones axiológicas de las que es as úl imas ca ecen. No
en ano no ha al ado quien ha hecho del manda o “Sé quien e es”, el p incipal
impe a i o é ico. Y aho a, al in, sacamos a la luz algo que puede esul a de la
mayo impo ancia, a sabe : que la ca ego ía de pe sona no es una ca ego ía simple-
men e on ológica, que la misma iene conno aciones axiológicas, é icas. De hecho, ya
lo dejó esc i o Tomás de Aquino: lo que la noción de “pe sona” añade a la de “hom-
b e” es la conno ación de dignidad. Po eso, no en odas las cul u as se ha econoci-
do pe sonalidad a odos los homb es. Sin i más lejos, e a máxima del de echo
omano que los escla os ca ecían de ella.
Si enemos en cuen a odo es o, la p egun a a la que nos en en amos cob a una
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dimensión adicional a la que ya habíamos apun ado. Desde luego no es la p egun a
i ial de si en nues a cul u a los se es humanos siguen disponiendo de c i e ios
pa a iden i ica se y e-iden i ica se. Ob iamen e, la espues a a es a p egun a es sí.
Más bien equi ale a la p egun a que ya hemos o mulado de si en nues a cul u a
se han p oducido cambios d ás icos a la ho a de en ende lo que signi ica se uno
mismo. Cambios, añadimos aho a, que e osionan la impo ancia o el alo de se lo,
la dignidad pe sonal.
Es como si, después de odo, la ecomendación de Pa i se hubie a lle ado a la
p ác ica. Sólo que no po que odos hayamos enunciado al p incipio del p opio
in e és y nos hayamos con e ido al budismo; no pa a bien –como pensaba Pa i –
sino pa a mal. Implíci a en la p egun a que nos concie ne pa ece eni , en suma, la
asunción de un pesimismo cul u al (aunque p obablemen e ue a mejo deci
ci iliza o io) que, aunque quizás de aigamb e ge mánica, e minó po con agia a
buena pa e de los in elec uales del siglo XX. En cualquie caso, pa a decidi si es e
pesimismo es o no jus i icado debe íamos empeza po ene siquie a sea un bosque-
jo de algunas de las líneas maes as de es os cambios.
Casi al p incipio de mi in e ención hablaba de la p oli e ación de documen os
de iden i icación en las sociedades de capi alismo a anzado –po empeza ya a
u iliza ca ego ías socio-económicas–. Pues bien, sospecho que en es a p oli e ación
el pesimis a ci iliza o io que nos in e oga lejos de e un ealce de la impo ancia
de la iden idad pe sonal e á un sín oma cla o de su decadencia. Al in y al cabo, si
uno necesi a an o documen o que lo iden i ique es po que… ¡pe sonalmen e no le
conoce casi ni Dios! Pa a en a en el cielo, o pa a i al in ie no, es de espe a que
no se necesi e pasapo e. Pe o pa a comp a en unos g andes almacenes, si no
que emos paga al con ado, necesi a emos p esen a un documen o que nos iden i i-
que, po que hay al ísimas p obabilidades de que quien nos a ienda no nos conozca.
Dicho de o a mane a, es a p oli e ación de documen os iden i ica o ios es la
p ueba más palpable de que i imos en una ía sociedad de masas, compues a de
indi iduos anónimos los unos pa a los o os, y no en ninguna cálida comunidad
a e nal. Y ya que hemos llegado a es e pun o, no es a ía de más que omásemos
no a de la inconsis encia que hay en e saca en p ocesión el an asma de la comu-
nidad é nica y ei indica , a la ez, la necesidad de un nue o documen o de iden i i-
cación. Si de hecho esa comunidad exis ie a, y no ue a pu amen e imagina ia,
desde luego no eque i ía ningún documen o que ac edi ase la pe enencia a la
misma.
Vol iendo a nues o asun o, ya enemos, pues, un mo i o pa a el pesimismo. No
es p eciso insis i en la mala p ensa que las masas han enido siemp e en e los
in elec uales. Posiblemen e con azón. Pues en la sociedad masi icada las elaciones
pa ecen deshumaniza se some idas a p o ocolos egidos cada ez más po una
acionalidad pu amen e ins umen al, y el denos ado p incipio del in e és p opio
pa ece más igen e que nunca. De hecho, a ios han sido los sociólogos – Ch. Lasch,
po ejemplo– que hace ya iempo cali ica on a nues a cul u a de na cisis a. No ue
pues en ano, pod á eco da nos el pesimis a, que cuando Home o hubo de imagi-
na se el Hades lo pobló de se es en ánsi o hacia el anonima o.
Po o a pa e, el anonima o, si no conduce lisa y llanamen e a la impunidad, al
menos a o ece el debili amien o de los impe a i os mo ales. Nada más usual que
la expe iencia de pe mi i nos pequeñas (o g andes) ansg esiones que jamás nos
pe mi i íamos en un con ex o amilia cuando nos hayamos en uno que nos esul a
ajeno. Sospecho que la mayo ía no elegi ía la sala X que ienen jus o debajo de su
casa pa a en a a e una película po no.
Aho a bien, dado que en es a sociedad de masas en la que i imos pa ecemos
es a de o icio, po así deci lo, ins alados en el anonima o, ¿no se á o a consecuen-
cia cola e al de la misma cie a anemia de los ideales mo ales que debie an se i
de ideal egula i o de la pe sonalidad? Más de una ama ga queja en es e sen ido he
leído en las páginas esc i as po los de enso es de una mo al de la au en icidad. El
caso de Cha les Taylo , po ejemplo. He aquí, pues, una segunda azón pa a el
pesimismo. Las sociedades de capi alismo a anzado, sociedades de masas, pobladas
de indi iduos anónimos, ienden a gene a pe sonalidades mo almen e anémicas.
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Po o a pa e, si los ho izon es mo ales –po se i nos, ya que acabamos de
menciona lo, de la exp esión del p opio Taylo – que o ien an la pe sonalidad dejan
de eje ce una ue e a acción, o a consecuencia que pa ece ine i able se á la
agilidad, cuando no la incons ancia, del ca ác e . Pe o sin ca ác e , ya lo sabía
Wi gens ein, ni siquie a el mayo de los alen os alumb a á la genialidad.
Es a olubilidad del ca ác e p opia de los indi iduos de las sociedades de
capi alismo, co elaciona ía po lo demás bas an e bien con cie os enómenos
sociológicos como pod ían se , a í ulo de ejemplo, la c isis de las ocaciones o la
e osión de ins i uciones has a hace poco conside adas e e nas.
En e ec o, sospecho que la mayo pa e de los indi iduos no desean se es o o
aquello, sino que p esos del ideal de una elicidad que algunos, despec i amen e,
han cali icado como canalla (Gus a o Bueno), sólo aspi an a ene un abajo lo más
cómodo y mejo emune ado posible. C eo que es o, y no una llamada ocacional, es
lo que explica que la odon ología o la isio e apia sean algunas de las i ulaciones
uni e si a ias que gozan de mayo demanda.
En cuan o a la e osión de las ins i uciones has a hace poco conside adas inamo-
ibles sólo eco da aquí que en nues o país el po cen aje de di o cios en los
p ime os diez años de ma imonio ya supe a el cincuen a po cien o, lo que, aunque
oda ía no nos si úa en la media de los países de nues o en o no (como suele
deci se) no es á nada mal si enemos en cuen a que, al menos sob e el papel, somos
un país ab umado amen e ca ólico.
Si alguien, alguna ez, iden i icó la pu eza de co azón con que e una sola cosa,
desde luego hay que conclui que la mayo pa e de los indi iduos de las sociedades
de capi alismo a anzado son de co azón bas an e impu o. Pa ecen desea an as
cosas, que bien se puede deci que no desean se iamen e ninguna. Y po ello ampo-
co es de ex aña que la apa ía haya sido conside ada (po ejemplo, po Lipo e sky)
como o a ca ac e ís ica p opia del indi idualismo de las sociedades de masas.
Quizás pod íamos segui enume ando ca ac e ís icas del yo ípico de nues a
época, pe o el iempo empieza a ap emia y po lo demás pienso que ya disponemos
de ma e ial su icien e pa a a icula una espues a a la p egun a que se nos plan-
eaba. ¿Cabe segui hablando de iden idad pe sonal? Si con es a p egun a se inquie-
e si los se es humanos seguimos disponiendo de c i e ios y ecu sos pa a iden i i-
ca nos y e-iden i ica nos, la espues a es ob iamen e sí. Si la p egun a se in e p e-
a en un sen ido más p o undo, como in e ogando po si se han p oducido cambios
signi ica i os y p o undos en la mane a de en ende lo que es se uno mismo,
cambios en la es uc u a de la subje i idad, en la pe sonalidad ípica de los miem-
b os de nues as sociedades, la espues a es oy con encido de que sigue siendo
igualmen e a i ma i a. Sospecho que el yo de las sociedades de capi alismo a anza-
do ende á a es a más masi icado, a se más anónimo, na cisis a, mo almen e
anémico, débil de ca ác e y apá ico que el yo de o as sociedades.
Sin emba go, y no quie o deja duda alguna sob e es a cues ión, no c eo com-
pa i el pesimismo ci iliza o io an ípico de an os in elec uales del pasado siglo
(lo que no quie e deci que sea un op imis a; en es e caso op imismo y pesimismo
son posiciones más bien con a ias que con adic o ias, ambas pueden es a igual-
men e ue a de luga ). Po eso, quie o acaba mi in e ención plan eando algunas
dudas ace ca de la jus i icación de es e pesimismo.
Lo p ime o que quizás debie a p egun a se el pesimis a es si pod ían ex i pa se
los supues os males de la subje i idad que él deplo a sin enuncia igualmen e a
cie os alo es que muchas eces se asumen, implíci a o explíci amen e, como
indiscu idos. Po que, po ejemplo, la masi icación de nues as sociedades no es una
ca ac e ís ica g a ui a de las mismas; más bien pa ece una consecuencia di ec a de
la e osión del s a us y de las consecuen es endencias iguali a is as que ya Gellne
ió como una de las ca ac e ís icas ípicas de las sociedades mode nas (indus iales,
las llamaba él). Quizás la única al e na i a se ia y cohe en e a la sociedad de masas
ue a la eins au ación de una sociedad a is oc á ica, pe o no debié amos ol ida ,
como cie amen e no ol idaba Nie zsche, que la con apa ida de la misma es la
ins i ución de la escla i ud.
De mane a análoga, podemos queja nos de la ialdad que las elaciones huma-
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nas adquie en en una sociedad de masas y de que las mismas pa ecen suje as a los
impe a i os de una acionalidad pu amen e bu oc á ica e ins umen al. Pe o hay
que ene en cuen a, cuando es o deplo amos, que o o asgo básico de nues as
sociedades, igualmen e sub ayado po Gellne , es su mo ilidad, una mo ilidad que
no cae, de nue o, caída del cielo sino que iene mucho que e con esa ex ao dina-
ia di isión del abajo que es á en la base de ese inc emen o de la p oducción que
pe mi e que las nues as sean sociedades de la opulencia y del consumo. Pues bien,
en una sociedad mó il una buena pa e de los encuen os en e sus miemb os
end án, po necesidad, un ca ác e espo ádico y o ui o lo que no pa ece deja o a
opción que el p o ocolo es anda izado o el caos. Po lo demás, la an denos ada
acionalidad bu oc á ica uel e a es a en sin onía p o unda con los alo es iguali-
a is as es anda e de las sociedades democ á icas. Si el igilan e del pa king de la
uni e sidad deja a a su sob ino apa ca el coche sin la p ecep i a a je a, aunque
su sob ino ue a abajado de la uni e sidad no deja íamos de conside a lo un caso
de nepo ismo.
Yendo aho a más al ondo de la cues ión pod íamos incluso p egun a nos si los
alo es que el pesimis a pa ece lamen a son, compa a i amen e al menos, eal-
men e an lamen ables. Se deplo a la anemia mo al de la pe sonalidad ípica en
nues as sociedades. Igualmen e, como una le anía, oímos la quejumb e po la al a
de ca ác e , po la apa ía, po el na cisismo que pa ece aqueja a nues a pe sonali-
dad.
Bien, ya Ma x y Engels señala on en ese ex o magis al que sigue siendo El
mani ies o comunis a cómo el capi alismo ac úa de e icaz co osi o de la mo alidad,
pe o a di e encia de lo que un mo alis a ha ía Ma x y Engels no eían p ecisamen e
en es o un aspec o nega i o del capi alismo. An es al con a io. Y es que lo que no
se suele señala po quienes año an una mo al ue e es el papel ep eso que las
mo ales de es e ipo suelen ene . La obsesión po el ca ác e y la genialidad ya
sabemos a lo que conduce, en la mayo pa e de los casos al coque eo con el suicidio
o con la locu a –quien enga dudas, puede lee con p o echo los dia ios pe sonales
de Wi gens ein, ya que an es hablábamos de él; o epa a en la biog a ía, b e e, de
su maes o Weininge –. Y en cuan o al ma imonio, una ez despojado de su háli o
sag ado, es muy posible que nos pa ezca que no queda, una ez más, sino el ío
cálculo de las en ajas que la con i encia con o a pe sona nos puede epo a . Pe o
ha íamos bien en no ol ida que el modelo pa ia cal ha sido el que el Dios judeo-
c is iano ha enido san i icando en nues a cul u a. Un modelo que impone un
égimen de ma ginación b u al y sis emá ico de la muje del que es pieza cla e la
domes icación de su deseo –pues los a ones siemp e u ie on más ácil la asg e-
sión de un o den que en de ini i a les ese aba el papel de pad es pa ones– .
Quien se escandaliza de la iolencia domés ica que eje cen, mayo men e, los hom-
b es con a las muje es, en una g an can idad de casos mien as se hayan en
p oceso de sepa ación o di o cio, y quie en u iliza es e da o como a ma a ojadiza
con a la sociedad en la que i imos, que no ol iden que los asesinos ma an jus a-
men e po que an es las asesinadas ue on suyas, pe o cada ez lo son menos.
Concluyo. No hace al a se demasiado pe spicaz pa a da se cuen a de que si las
sociedades capi alis as alien an la igencia del p incipio del in e és p opio –pied a
de oque de buena pa e de las o mulaciones del an denos ado u ili a ismo–, las
sociedades de capi alismo a anzado no hacen sino a anza en es e alien o. Como
humeano que soy, no dudo de que en los se es humanos no odo es egoísmo, de que
ambién o man pa e de nues a na u aleza cie os ins in os al uis as –la simpa-
ía, de la que hablaba aquel g an y buen escocés– . Pe o, apa e de que la mayo
pa e de las p opues as apa en emen e al uis as que o as sociedades, o la nues a
p opia du an e muchos siglos, han adop ado han sido en bene icio no de cualquie
o o sino de un o o muy pa icula y siemp e el mismo, apa e de es o, decía, po si
acaso c eo que se ía mejo no some e nues o al uismo a la du a p ueba de los
juegos de ganancia ce o. Pues sospecho que cuando el dilema sea que alguien gane
a cos a de que o o pie da, se án muy excepcionales los casos en los que elegi emos
se noso os mismos los que pe damos. Po eso, y pa a e mina diciendo algo a
p opósi o de aquellos indocumen ados cuya sue e, a pesa de habe me exp esado
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Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
an es bas an e cínicamen e a p opósi o de ellos, me p eocupa mo almen e bas an e
más que la de la de los débiles yos que nues as sociedades de consumo des ilan, no
c eo que el simple humani a ismo y las buenas in enciones bas en pa a soluciona
el p oblema. Mucho me emo que no pod án gana es e yo masi icado, mo almen e
débil, al o de ca ác e , na cisis a e incons an e al que, no sé si conscien e o incons-
cien emen e, pa ecen aspi a , mien as no queden plenamen e in eg ados en es e
cambalache en el que, como dijo aquel g an sociólogo que ue En ique San os
Discépolo, pa ece habe se con e ido nues o mundo desde mediados del siglo XX.
G acias.
Vicen e San élix Vida e
Dp o. de Me a ísica y Teo ía del Conocimien o
Facul ad de Filoso ía
Uni e sidad de Valencia
[email p o ec ed]