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Discurso de contestación

García Fernández, Carlos

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DISCURSO DE CONTESTACION Po CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ * l. EL HOMBRE En el día de hoy, la llegada de un jo en poe a a la Aca- mia cons i u ye un acon ecimien o que ya de po sí se ía g a o, pe o que esul a más g a o oda ía si se a a de un excepcional po e a se illano que ha iun ado en plena ju- en ud. Viene una ez más a des ui el in undado p ejuicio de qu e es as pue as no se ab en a la ju en ud, cuando p eci- samen e es á iniendo a es a casa sang e moza, sa ia nue a a eno a el añoso oli o, pe o sin que el mismo pie da su ca ác e . Todos conocéis la calle Doña Ma ía Co onel, «o illada de na anjos donde i ió y mu ió Alb e o Lis a y nació Joa- quín Ca o Romeo; aquí aspasando una pue a humilde , es á el Con en o de San a Inés». Así empieza en su lib o de las calles de Se illa Manuel Fe and y con inúa hablán- donos de la inmedia a So Angela de la C uz, ambién inculada es echamen e a la poesía, en la que nacie on Na ciso Campillo y Fe nando Villalón y donde i ió Ra- ael Lasso de la Vega, casi ol idado en su pa ia, muy ce ca de donde ino al mundo B al as a del Alcáza . «Zona de p i ilegio, e izada de espadañas, con calles cla as pa a p egones, en e con en os, palacios y p esencia en el ec ue do y la leyenda de unas muje es ex ao dina- • Sec e a io 1. 0 de la Co po ación cuando leyó es e dis c u so y Vicedi ec o en la ac ualidad. 24 CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ ias: Es ella Ta e a, Ma ía Co onel y esa zapa e i a a lo di ino que u e Angela de la C uz.» Poco más end íamos que deci de la ca lle después de lo dicho po Fe and, pe o en el núme o 23 de la misma, en una casa se illana con ma ce as de aspidis as y cancela de hie o o jado, el 21 de no iemb e de 1940, nace un niño, hijo de Joaquín Ca o y Reyes Rome o, se illanos ambos, de la Maca ena. Es e niño se bau iza en Sa n a Ca- alina. Es su pad ino don José Mad id Villa o o que an es lo ha bía sido de la boda de sus p ad es , h e m ano del ma a- do de o os, malagueño, Paco Mad id, lo que pone la semilla en el niño de su u u a labo de c í ico au ino, lab o que no desdeñó el pa ia ca de las le as se illanas, don Luis Mon- o o y Rau ens auch. Las p ime as le as las ap ende en el colegio de las monjas de San Vic en e de Paúl de la calle So co o, donde ha ce la p ime a comunión y más a de, en diciem b e de 1971, se casa con Inmaculada Rod íguez Guzmán, na u a l de Ronda, ciudad a la que iene dedicado su úl imo lib o, que es una guía en que no se sabe que admi a más, si el p imo de la s o og a ías o la ju s eza poé ica del com en- a io. De su ma imonio iene Joaquín Ca o es niñas , la se- gunda y la e ce a, gemelas. Mas ol amos a su ida escola , que con inúa en los He manos de las Escuelas C is iana s has a qu e a iba al Bachill e a o en el Colegio de los Escolapios en la Plaza de la Paja, en el palacio que ue del duque de Osuna, eci en - emen e de ibado. Po es e colegio, medio siglo an es h abía pa sado un í- mido es udian e, el g an poe a Luis Ce nuda, qu e ecue da en «Ocnos» al pad e An onio, p o eso de P e cep i a Li e- a ia que despe a a en él una ocación que había de ll e- a le a las más al as cumb es de la poesía. Allí se despi e a ambién, al olo del ma a illoso magnolio del ja dín, la ocación li e a ia de Joaquín Ca o Rome o. Las o as dis- ciplinas le p oducen edio, sólo le gus an la li e a u a y el dibujo. DISCURSO DE CONTESTACIÓN 25 Pe o o l amos a la calle Doña Ma ía Co onel, la más adecuada pa a el nacimien o de un poe a, que en el e ce amo de ella qu e, según Al a ez de Bena ides, se llamó del Ma molillo, los dos an e io es e an de San a Inés y del A co de San Felipe. Nace en una casa linde a con el Palacio de las Dueñas, dond e el 25 de julio de 1875 había nacido An on io Machado. Desde su cua o se en ese hue - o y ese ja dín que pe manecen en la ob a del llamado g an po e a de Cas illa, po que la can ó en e so en o ma pa- alela a como la había can ado en p osa Azo ín, pe o que como dice Dámaso Alonso, lle a inse o con inuamen e en su ob a el ecue do de ese hue o y ja dín se illanos. Todos hemos acudido alguna Nochebuena al Con en o de San a Inés espe ando que se e pi iese en el momen o de alza la hos ia el sace do e, el milag o de que mae se Pé ez ocase sus ma a illosos aco des en el ó gano, al como lo ecue da Bécque en la más he mosa de sus leyendas. Venido al mundo en es a calle, pudo deci el g an poe a Jo ge Guillén, en un p ólogo en e so a su an ología «Vi i sob e lo i ido»: Viendo nacía el poe a cómo en su mundo imnedia o la g acia se da comple a. Es os e sos son pa e de una sem blan za p ólogo y eco- gen s in é icamen e el en can o de es e ba io que con ocía Jo ge Guillén mucho po i con e cue ncia a isi a a una ía suya monja p o e sa en el con en o de las Ca meli as, donde, po cie o, h abía o o magnolia ma a illo so qu e le inspi ó una poesía. Es a g acia poé i ca es la que hace que Joaquí n Ca o Ro- me o a lo s quince años empiece a co labo a en «El Co eo de Andalucía», has a los ein idós, y que en es as p ime a s colabo aciones llam e pode osamen e la a en ción del que ha- bía de se su maes o y m en o de sus p ime os pa sos, Ra- ael La ón. 26 CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ Siguió en « El Co eo de And alucía» ha s a los ein idós años, que pasó al ABC, donde aho a abaja. Ha publicado diez lib os y ha colabo ado en «Ins ula », «Ca acola», «Blan- co y Neg o», «Cuade nos de Ago a», «Poesía Española», «Azo », «Rocamado », «Semana» y o as muchas e is as; c eó con su maes o Ra ael La ón la colección «La Mues a» y ganó en 1961 el p emio Sánchez Bedoya, de es a Academia; en 1963, el Miguel Maña a de la H e manda d de la San a Ca- idad; en 1965, el p emio Ad ona i s; en 1967, el p emio José Ma ía Izquie do del A eneo de Se illa. P emios ob enidos o- dos po o ación unánime y en usia s a, apa e de o os me- no es en que no nos de enemos. Po emas suyos han sido adu- cidos al i aliano y al ancés, y igu a en impo an es an o- logías poé icas -nacionales y ex anje as-, dicciona ios y enciclopedias que se ía polijo enume a . Le han dedicado semblanzas poé icas Jo ge Guillén, a la que hemos aludido an es, y Ge a do Diego en «El Jánda lo», que po cie o, iene jun o a la que gene osamen e es e g an poe a hizo de mí, semblanza de Joaquín que po su g acejo no me esis o a copia . Así en un o illejo nos dice: Tan de Se illa A lequín JOAQUÍN lle a en la ca a el desca o CARO de quien con ai e o e o ROMERO acaba -ella al e o e o- de qui a se la ca e a y p eswni de poe a po JOAQ UÍN, CARO y ROMERO. Le han elogiado An onio To a , Guille mo Díaz-Plaja, José Luis Cano, nues os Juan de Dios Ruiz-Cope e y F an- cisco López Es ada y o os muchos c í icos, pe o epe imos que su e dade o pad ino en la po esía ue Ra ael La ón, pa a el que hemos pedido al Ayun amien o de Se illa, hace iempo, el ó ulo de una calle. DISCURSO DE CONTESTACIÓN 27 Vicen e Aleixand e le hizo su manda a io pa a ecoge el 20 de ene o de 1978, el nomb amien o de Se illano de H o- no pa a celeb a la concesión del P emio Nobel. Es e es Joaquín Ca o Rome o. TI. EL POETA Su poesía es cla a, limpia, anspa en e, sin cae en ex- cesos de no edades e íme as, pe o sin incidi en a caísmos. Su p osa es una p osa de poe a, pues o que pe iodis a y na ado lo es po añadidu a, su condición de ini i a es la de poe a. Nues o c í ico dice que «con una palab a a ilada, hi- ien e, pe o sin desga a , el poe a ho ada la supe icie os- ca oma de unas es uc u as en las que el homb e se sien e solo en su bullicio, insolida izado como un anseún e». Así lo de ine Juan de Dios Ruiz-Cope e. Su poesía es la de un con inuado de esa escuela de que an ce e amen e nos ha hablado, esa escuela que dio g a- cia se illana a las es o as concebidas con ígidos moldes de G ecia y de Roma, pe o un poe a mode no del que se ha dicho que es del iempo y del amo . Del iempo sí, po que como dijo An onio Machado, la labo del poe a no es o a que la de man ene la palab a en el iempo, e e nizándola y es ando al momen o lo que ie- ne de ugi i o: Se di ía que el iempo no sale de es a alcoba que es más bien el espacio quien se mue e y ans o ma. Como el iempo no le p eocupa, acude a las uinas de I álica, a la que nos dice que llega con dos mil años de e- aso, «pe o a iempo de halla la», po que le agua daba des- de an es de su llegada con el ma a illoso p eceden e de su homónimo Rod igo Ca o. Abundan los emas sencillos, en aquello qu e O ega llamó 28 CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ p imo es de lo ulga , encon ando la honda palpi ación poé ica a a és de lo co idiano y así can a a una casa de ecindad: ... la casa gua daba de la pob eza el es ilo, en un pa io pa a odos, abie o, cuad ado, lilnpio. Y en es as poesías que can an las cosas sencillas, hay un e iden e sen id o social no en los é minos de u ilización po- lí ica y de ebeldía, sino en unos é minos humanos y con sen ido c is iano que a an de ennob l ece la pob eza y ha- ce nos e odo lo que ha y de he mo so, h e o ico y noble en ella. Es un espí i u el de es os e sos qu e nos ecue da el de algunas desc ipciones de Fe nán Caballe o en sus no elas, ya que como dijo Azo ín, es a au o a supo digni ica la pob eza lib ándola de odo el desp ecio que habi ualmen e exis e ha- cia ella. Así hay un sone o que no esis imo s a la en ación de lee . LA CESTA DEL ALMUERZO Es u o aye ll ida, amo , compzws a de cosas muy sencillas, muy humanas: sali a abaja po las mañanas con el almue zo den o de una ces a. Yo e que ía así, muje modes a de condición, de o i gen, con semanas de sueldo escaso, de a iga y ganas, dejando al hijo con la mesa pLL es a. Qué pocas aleg ías, cuán o es ue zo ence aba la ces a del almue zo -agua de agos o en una humilde zanja. Y llo o al eco da la cace ola y el pan y la ce eza y la na anja que hablan de i desde la ces a sola. DISCURSO DE CONTESTACIÓN 29 Mas apa e del iempo y las cosas humildes, como dice ace adamen e Juan de Dios Ruiz-Cope e, a pa i de su e - ce lib o «El iempo en el espejo», inco po a una nue a pe s- pec i a, la del amo . Ambien almen e es e lib o es una in- dicación de la poesía amo osa cuando ya pa ecía asis i se a sus exequias. Es ace ada la obse ación y sien e y can a el amo en ausencia, no con el dolo de Don Quijo e cuando se sen ía « e ido de pun a de ausencia», sino más na u al, menos a ec- ado, eco dando al se amado con cie o e ichismo. Te huelo y no e encuen o en u es ido. Vien o de decepción, ca ne de ausencia. La soledad, el in, la consecuencia po las ca icias que aquí al an mido. Y más adelan e, Aquí el peine, la so ija, acíos de dedo y melena, es i uyendo una llama, sup lan ando una e idencia. Mas no siemp e es la ausencia la que mue e su in spi a- ción, sino la p esencia ísica y ma e ial. Si en la ausencia dice que se sacude la ni ebla de un sueño que nunca due me, en la p esencia nos habla de ... el ins an e sup emo en que los cue pos pa ecen as os sin paz ni gobie no. o cuando muchacho aún dice a una muj e mayo que él: Llé ame a us ein a y cinco años, enséñame cómo el iempo es de ce ca is o. 30 CARLOS GARCÍA l'ERNÁ~DEZ Y en o a ocasión e la ealidad como cue po y iempo cumpliéndose en la ma e ia, p odigándose, ganando ba allas. Cie o que puede alega se que algunos de es os e sos es án en los amables linde os de lo escandaloso , pe o no es así po que su ca l idad poé ica ena odo lo que en ell os puede habe de a e ido. Finalmen e, hay un hecho qu e ecoge de la p ensa: en un pueblo de un condado húnga o ha sido descubie a una umba con dos esquele os es echa men e ab azados desde hace mil escien os años. La no icia conmue e al poe a y an e e llo exp esa su so - p esa de sabe cómo dos i os enazmen e ab azados pe - die on la ida, p egun ando: «¿a qu é p ecio?», y nos dice qu e han ap endido a se e e no s amándose. Es un poema b e e y pa é ico que ae a nues a memo- ia aquel can o de la Di ina Comedia en que D an e dialoga con Paolo y F ance sca de Rímini, condenados po habe sido so p end idos po la mue e en un mom e n o de amo ilíci o. No es un poe a de an os Joaquín Ca o Rome o, no es uno de esa se ie de poe as que dijo Pemán qu e si se ba a- jab an las poesías y las i mas se ía ácil la con usión y muy di ícil dis in gui los. En sus e sos hay un p op ós i o: Me p opu se sal a unas palab as, esuci a una emoción, de ende algo bello o algo jus o. lll . EL DISCU RSO El discu so que c on es amos es un p imo . En p im e lu ga iene el ecue do al Académico qu e le p ecedió en su sillón, que es p ecisam en e Ra ael La ón, el que u e su ma es- o y guió sus p ime os pasos en los é min os que con oda since idad nos acaba de ela a . Ra ael La ón, a quien el Ayun amien o de Se illa, p esidi do po don Ma iano Pé ez DISCURSO DE CONTESTACIÓN 31 de Ayala homenajeó con mo i o de habe le sido o o gado el P emio Nacional de Li e a u a . Es udia en el discu so Joaquín Ca o, la p o unda suges- ión po la an igüedad clásica en la poesía se illana y empie- za eco dando cómo nació la Academia Ho aciana, más a de con e ida en la de las Le as Humanas. Mas se emon a a los iempos p imi i os de la Escuela Se illana, y empezando po Gonzalo Ma ínez de Medina y Juan de Mal La a, Menand o bé ico, sigue pa a de ene se en Juan de la Cue a, en Jiménez de Enciso, en Be múdez Al a o, has a llega a A guijo, el g an p óce «Mecenas cla o y di i- no O eo», que dominó como nadie el sone o y pasa a Fe - nando de He e a, uno de los g andes poe as de la lengua cas ellana que es el c eado de la escuela poé ica de Se illa y que es un in elec ual en el sen ido mode no de la palab a, ejemplo i o de ocación, cuya maes ía iene dos emas ca- pi ales: el amo y la pa ia, especialmen e la pa ia chica, ya que su en usiasmo po Se illa no iene lími es. Menéndez Pelayo es ima, con o os c í icos, que los gé - menes del gongo ismo que es aban ya en Ga cilaso, se am- plían en He e a, así que podemos deci que és e es un puen e en e Góngo a y Ga cilaso; su más cla a i ud es su sensibilidad al espec áculo na u al que hace que segu a- men e es a usión del alma con el paisaje sea, según Díaz- Plaja, una an icipación omán ica de He e a. Nos habla ambién de F ancisco de Rioja, poe a iquísi- mo en adje i os que ae una g acia nue a a la poesía, p e- sen ando bellos espec áculos plás icos y que, según el ci ado Díaz-Plaja, hay que llega a ios siglos después has a Juan Ramón Jiménez pa a encon a algo análogo. Sus desc ipcio- nes de las lo e s, la osa, el cla el, el jazmín, pensamos nos- o os que son un p eceden e de aquellas lo es en que se de- iene con cie o gus o olup uoso Fede ico Ga cía Lo ca. Rod igo Ca o, con sus a ias e siones del poema «Las Ruinas de I álica», que es udió en un p imo oso abajo el ca ed á ico don An onio Sánchez y Sánchez Cas añe ; F an- cisco de Med ano, el más ho aciano y el más la ino, Fe nán -