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Segregación, Intervención Urbanística y Cambio Social en Sevilla. La Gentrificación del Sector San Luis-Alameda en el Marco del Planeamiento General de 1987

Díaz Parra, Ibán

Abstract

La presente tesis se presenta como continuación del proyecto de investigación defendido en el marco del programa de doctorado Ordenación del Territorio y Estrategias Ambientales, que tuvo por título Procesos de gentrificación en Sevilla en la coyuntura reciente.

Full text

SEGRE G A CI ÓN, INTER V ENCI ÓN URB A NÍS TIC A Y C A M BIO SO CI AL EN SE VILL A L A GENTRIFICA CIÓN DEL SEC TOR S A N LUIS- A L AMEDA EN EL M A RCO DEL PL A NE A M IENTO GENERA L DE 1987 Programa de doctorado: “Ordenación del Territorio y E strategias A m bientale s”. Director: Víctor Ferná ndez Salinas Doctorando : Ibán Díaz Parra INDICE: INTRODU CCIÓN, HIPOTESI S, OBJETIVOS Y METODO LOGÍ A 1. Introducción 2. A ntecedent es 3. Objeti vos 3.1. Obje tivos a niv el teó rico 3.2. Obje tivos a niv el me todológico 3.3. Obje tivos a niv el social y de praxis 4. Hipótesis 4.1. Proposición principal 4.2. Proposicion es secundarias 5. Metodología 5.1. Marco metodológico 5.2. Esquema de l estudio empírico 5.3. Demostración 5.4. Espe cificaciones metodológicas 5.4.1. Análisis so ciodemográfico y autocorrelación espacial 5.4.2. Entrevistas cu alitativas 5.4.3. Análisis d e contenido y discurso 5.4.4. Re conocimiento directo del sector caso de estudio 6. Las fuente s y su tratami ento 6.1. Fuentes estadísticas 6.1.1. Censo y padrón 6.1.2. Tratam iento de las unidades espacia les 6.1.3. A gregados de variables 6.1.4. O tras fuen tes estadísticas 6.2. Fuentes cartográ fica s 6.3. Fuentes bibliográficas 6.4. Fuentes documentales 6.5. Ent revistas M A RCO TEÓRICO Y CONCEPTUA L I. EL ESTU DIO DE L A GENT RIFIC ACIÓN. CONCEPT O, DEB ATE, GEOGR A FÍ A Y APROXIM A CIONE S EM PIRIC AS 1. Conceptuali zació n y debate so bre la gentrific ación 1.1. El con cepto de gentrificación 1.2. ¿Gentrificación o elitiz ació n? 1.3. Debate teórico e ideológico en torno a la gentrificación 1.4. Geo gra fías de la g entrificació n 2. El estudio empíri co de la gentri ficac ión 2.1. El estud io de la gentrificación en el marco de la geografía social 2.2. Renovación urbana, cambio social y desplazamiento forzoso II. GENTRIFIC A C I ÓN Y C APIT A LI S MO. M ERC A DO, AGENTES Y DIMENSIÓN HI STO RIC A DEL PROCES O. 3. Mercado d e suel o residencial y cicl os de vida 3.1. El mercado de suelo residencial 3.1.1. Mercado y renta 3.1.2. E l escalón diferencial de renta 3.1.3. Mercado y segregación 3.2. Filtración y ciclos de vida de los vecinda r ios 3.2.1. Filtrado resid encial 3.2.2. Ciclos de vida 4. La inter vención sobre el centro urbano 4.1. La interv ención hi stórica so bre los centros urbanos 4.1.1. La in terv e nción mo derna sobre el centro urbano 4.1.2. La in terv e nción conse rvacionista 4.2. Ciudad postindustri al y recupera ción de los centros urbano s 5. Grupos soc iales en torno al pro ceso de gentr ifica ción 5.1. El suje to gentrificador 5.1.1. E l sujeto gentri fica dor en la estructura de cla ses contemporánea 5.1.2. Consumo y estética de la gentrificación 5.2. La població n despl azada 5.2.1. E spacio gentrificable y población desplazada 5.2.2. E l desplaz amie nto forzoso 5.3. Comunidades culturales 5.3.1. Géne ro y gentrif icación 5.3.2. Etnia y gentri f icación 5.3.3. A rtistas y gentrif icación 5.3.4. Sexualidad y gentrificación ESTUDIO EMPÍRC O: I NTERVEN CIÓN URBA NÍS TICA Y CA M BIO SOCIAL EN SEVILLA . LA GEN TR IFICA CIÓN DE SAN LUIS- A L A MED A I. C A M BIO URB A NISTICO Y SOCI A L EN SEVILL A EN TORNO A L PL A N GENER A L D E 1987 1. Segregaci ón histórica, dis curso y planifi cación. La transformació n de Sevilla en el marc o del PGO U de 1987 1.1. Sevilla con carácter previ o al P lan General de 1987 1.1.1. Dife renciación socio-espacial histórica de la ci udad 1.1.2. E structura urbana y plane amiento 1.2. El Plan Gene ral de 1987 y el PEPCH de Sevilla 1.2.1. Discurso y sig nificación del Plan General de 1987 1.2.2. E l análisis del Plan sobre la ciudad 1.2.3. P ropuesta de ciudad 1.2.4. E l Plan Especial de Protección del Casco Histórico de S evilla 1.2.5. La mirad a cualificada sobre el planeamiento de 19 87 1.2.6. Un modelo de ciudad para Se vi lla 2. Vivienda y socie dad. Estudi o empíri co de la transfo rma ción de la ciudad entre 1981 y 2006. 2.2. Cambio sociolaboral 2.2.1. E structura sociolaboral de Sevilla 2.2.2. De scripción de la di fe renciación socio-espacial por barrios 2.2.3. Identificació n de clústeres mediante análisis de auto correlación 2.2.4. Mod ificaciones en la geografía sociolaboral de la ciudad 2.3. Cambio demográ fico 2.3.1. Crecim iento y características de la población 2.3.2. Crecim iento y envejecimiento por sectores 2.3.3. Pobla ción extranjera 2.3.4. Variacion es residenciales 2.4. Precios de l suelo y estado de la edificación 2.4.1. La cuestió n de la vivienda en Sevilla 2.4.2. E volución del estado de la edificación 2.4.3. E l régimen de tenencia 3. A coso inmo biliar io y des plaza miento 3.1. El de splazamiento en su perspectiva histórica 3.1.1. E l vaciamiento de los barrios históricos de Sevi lla 3.1.2. La mirad a cualificada sobre desplazamiento 3.1.3. Do s fases diferenciadas del desp laz a miento histórico 3.2. El aco so inmobiliario con objeto de desplazamiento 3.2.1. Loca liz ación del acoso inmobiliario en Sevill a 3.2.2. El acoso con objet o de des plazamiento. Aproximación a partir de los archivos de OTAINSA 3.2.3. La mirad a cualificada sobre acoso inmobiliario 3.2.4. Tipifica ción de tácticas y agentes 4. La gentrific ación a escala de Sevilla 4.1. T ipificación de los sectores urbanos 4.1.1. La cam biante geog raf ía social de la ciudad 4.1.2. Secto res que promocionan socialmente y gentrificación. 4.2. El espacio gentrificable en base a la experiencia de Sevi lla 4.3. Conclusiones provisi ona les 4.3.1. ¿P rocesos de gentri f icació n en Sevilla? 4.3.2. Gent ri fica ción e intervención pública. El Plan General d e 1987 4.3.3. La burguesía a salariada en Sevilla 4.3.4. Gent ri fica ción y acoso inmobiliario 4.3.5. La gentrificación como expansión del clú ster de la burguesía asalariada 4.3.6. Gent ri fica ción y patrimonio II. L A GENTRIF IC ACIÓN DE S A N LUIS- A L AMED A 5. Descripció n del sector S an Lui s- A la meda 5.1. Localización y delimita ción del ámbito de estudio 5.2. Desarrollo urbano histórico del espacio 5.3. Elementos del plano urbano 5.3.1 Aspect os generales del entramado urbano 5.3.2. E jes v iarios 5.3.3. E spacios libres 6. Planeamient o, d isciplinamient o e i ntervención. La c o nstrucción de un espacio segu ro y at racti vo 6.1. Planeamie nto d e de sarrollo. De las interv encion es frustradas a la configuración definitiva de San Luis-Alameda 6.1.1. Primeros intentos de interv ención . Del proyecto de pa rking al p lan de ree quipamiento 6.1.2. La intervención sob re Sa n Luis. ¿Planes de reforma o planes de protección? 6.1. 3. El Plan Urba n 6.1.4. La in terv e nción def initiva sobre la Alameda 6.2. De la estig m atización al disciplinamiento. L a cre ación d e un espacio seguro 6.2.1. E stig m atización y degradación del sector 6.2.2. E l disciplinamiento del espacio 6.2.3. Discurso de la estig mat ización 6.3. Intervención, rehabilitación y ocio. La creación de un espacio atractivo 6.3.1. Interv e ncione s sobre el esp acio púb lico, d e sventramiento y edificios em blema 6.3.2. Políticas de rehabilitación y construcción d e v ivienda 6.3.3. Identida d, ocio y auge de la industria cultural 6.3.4. Discurso de la recuperación 7. A nálisis de l cam bio urba nístico y so cial 7.1. Cambio sociodemográfico (1981-2006) 7.1.1. La pob lación de San Luis-Alameda en el censo d e 1981 7.1.2. E l cambio social y demográfico ent re 1 981 y 2006 7.1.3. Perfil de los nuev o s vecinos 7.2. T rans fo rmación de la edificación 7.2.1. Sustitu ción de la edificación residencial catalo gada 7.2.2. Tran sformación del entorno edilicio 7.3. Espa cios públicos y de so ciabilidad 7.3.1. Tran sformación del entorno come rcial 7.3.2. Tran sformación del espacio público y su apropiación por grupos sociales 8. La percep ción d el cambi o 8.1. Viejos vecinos, nuevos vecinos 8.1.1. Ca racteriz a ción de los entrevistados 8.1.2. Re sultados de la codificación del contenido de la s entrev istas 8.2 La perce pción del cambio por los viejos vecinos 8.2.1. La percep ción del pasado por los viejos vecinos 8.2.2. La percep ción de la transformación por los viejos vecinos 8.3. La pe rcepción del espacio por los nuevos vecinos 8.3.1. Identida d, seguridad y re fo rma 8.3.2. Sociab ilidad y aburguesamiento 8.4. Con fluen cias y diverg encias de los discursos 9. Estrategia y mod elo de gentrifi cació n en San Luis- A l am eda 9.1. Una estrategia d esde la adm inistración para la gentrificación de S an Lu is- Alameda 9.2. San Lu is-Alameda como espacio social 9.2.1. La destru cción cr eativa de l espacio 9.2.2. ¿P roceso caótico o varios procesos? 9.2.3. E l carácter contradictorio de la gentrificación 9.3. Etapas del proceso de gentrificación en San Luis-Alameda CONCLUSIONES FINALES 1. Sobre la metodología 1.1. Ind icadores y escala s 1.2. Aspe ctos cualitativos –aspectos cuantitativos 2. A portacion es a l a discusión te órica 2.1. ¿Consumo o producción? 2.2. ¿Proceso positivo o negativo? 2.3. Los límites de la gentrificación. Clase y g rupos so ciales 3. A po rtaci ones a un modelo alt ernati vo de ge ntrificació n o aburguesami ento r esidencial 3.1. La cuestión sociodemográfica 3.2 La cuest ión politico- econ ómica 3.3. La cuestión urbanística 4. Prognosis 4.1. Respecto de la administración pública 4.2. Respecto de la sociedad civ il A NEXOS Anexo I: Casuística del acoso inmobiliario. Anexo II: Le gislación con afección sob r e las problemá ticas tratadas. Anexo III: Cod ificación para el análisis de contenido. Anexo IV : Modelos de entrevista. Anexo V: Fichas para el análisis del paisaje urbano. BILIOGRA FÍ A ÍNDICE DE FIGUR A S ― Aclarar e l papel de la gen trificación en el desa rrollo urbano reciente de la ciudad. 3.3. Objetivos a nivel soci al y de praxi s ― Contribuir al conocimien to y la d ifusión de este tip o de procesos, e n general, y co ncretamen te en la ciudad de Se villa, a pa rtir de su comp rensión como un fe nómeno de im portancia f undamental en la re estructuración urban ística y social d e la c iudad de la s ú ltimas décadas, co n consecuen cias especialmente importantes para el centro histórico. ― Seña lar y d enunciar el desplazamiento y el aco so a in quilinos como una de las consecuencia s negativas fundamentales del p roceso. ― Identificar las f ormas de intervención y la s p rácticas que de f orma m ás efectiva podrían combat ir, corregir o atenuar la gentrif icación. 4. Hipótesis 4.1. Proposi ción general Los se ctores obreros de la ciudad histórica, comprendiendo aquí el recinto amu rallado y su s arrabales, han sufrido una fue rte transformación a nivel urban ístico, social y demográfico en las tres últimas década s. Descartando la existencia de un p roceso de gentrif icación po dría argumen tars e que la t ransformación fundame ntal d e los secto res históricos es una repob lación de sectores que ha n sufrido un fuerte p roceso de envejecimien to y abandono previo. P or lo tanto la caracte rística principal sería el rejuvenecimie nto y e l incremento de la població n de estos bar rios, n o la promoción social. La promoción social que hu biera podido p roducirse sería próxima a la p romoción so cial media d e la pobla ción sevillana du rante el periodo de tiempo de estudio. En este sentido no se trat a de p r oceso s con especia l signi fica ción. Proposició n 1: Por el con trario, af irmamos que e l p roceso de cambio en los antiguos sectores obreros de l centro histó r ico de la ciudad coincide con el modelo e xtraí do de l ma rco teórico aquí e xpuesto, correspondiente a un proceso de gentrificación. Las características fu ndamentales del p roceso serían los cambio s en la posición relativa de varios sect ores de la ciuda d en la est r atificación so cial de la ciudad, pasando de una situación d e e scasa valorización a situarse po r encima de la media respecto de los indicadores de estatus soci al. E sto es consecuen cia de la sustitución de u na pobla ción de b aja estra tificación social por u na de mayor estratif icación so cial, cumpliend o un cierto pap el d entro de la salida de la p oblación de baja est rati f icación e l de splazamiento f orzoso. Un camb io social v in culado y simu ltáneo a la r ehabilitación del e spacio p úblico y privado del sector. De acue rdo co n la definición asumida en el marco teórico la transfo r mación social se produciría de forma simultánea a la rehabilitación del parque de viviendas y la mejora d e las co ndiciones de habitab ilidad general. Así mismo, se e xcluy e n d e la def inición adoptada los p rocesos de prom oción s ocial generado s en secto re s urbanos que hayan sufrido importantes colonizaciones de nuevos su elos que no tuviesen con anterioridad un uso re sidencial. El modelo d e gen tri fica ción e xtraído d el marco teórico es present ado en el siguiente cuadro (Cuadro 1), que resume las co ndiciones juzg a das suf icientes para identificar un proceso como gentrificación y los efectos cuantificables y por tanto dete ctables: Cuadro 1. Model o de g entrifica ción extraído del marco teórico Espacio gentrificado Espacio gentrificable Efecto es perado Nivel educativo Elevada cualificación Baja cualificació n Incremen to de la propo rción de universitarios Condición sociola boral Asalariad os en trabajo s de elev ada cualificación Asalariad os en trabajo s de baja cualificación Incremen to de la ratio sociolab oral entre profesionale s y técnicos y trabajadore s manuales Espacio privado Viviendas e n buen es tado y con p recios elev ados Viviendas e n mal estado y dev aluadas Reducció n del número de viviendas en mal estado e increme nto de los precio s de la vivienda Sucesión Hogares de estab lecimiento reciente Indicios de desplaz amient o de pobla ción con escasos recursos Elevada p roporción de hogares e stablecidos en las últimas décadas. Elevada p roporción de acoso/de splaz amie nto. Fuente: E laboración propia. 4.2. Proposi ciones secundarias Proposició n 2: El caso de Sevilla, como ejemp lo de gent rificación, tiene características de terminadas po r cuestiones estructu rales como serí a el m ayor peso del estado y el elevado peso d e la fu nción pública. Estas y otras cuestiones determinan un modelo de gentr ifica ción con di fe renci as n otables respecto a la generalida d de lo s ca sos en el m edio anglosajón. En concret o se propone un mod elo de gent rificación p lani f i cado y dirigido p or el estado como principal a gente. En Sevilla e l p roceso de gentrif icación se ha producido f undamentalm ente en el marco de aplicación del P lan General de 1987, duran te e l cual se ha producido uno de los elementos fu ndamentales del p roceso, la rehabilitació n d el espacio público, infraestructuras y do tacione s, a tr avés de un a fue rte y lo calizada intervención pública, que se h a p roducido de fo rma pareja al incremento del resto de condiciones n ecesarias del proceso: incremen to de los p recios del suelo, mejo ra de la calidad de la mercancía vivienda y prom oción social de la pobla ción residente. Proposició n 3: El elemento fundamental def in ito rio d el sujeto gentrificador es su estratificación social, má s elevada que la c omunidad previamente est ablecid a en e l espacio gent ri f icable. En el caso de S evilla, como e jemp lo de caso med iterraneo, el s u jeto gentrificador puede definirse como una bu rguesía asalariada, en gran medida vinculada a la función pública. El proceso de promoción social viene aco mpañado por un proceso de repob lación parcial y de rejuvenecim iento de la población . El proce so d e gentrificació n puede aparecer con notable s diferencias, respondiendo a variaciones n otables sobre un modelo básico e xpuesto en el marco teórico. Los el e mentos fundamentales del m odelo son l a promoció n social de la población ― hacia unos valores característicos de nicho de la burguesía asala riada ― , la mejo ra d e las in fraestructuras y equipamiento s urbanos y la m ejora de la calidad de la mercancía viv ienda . Ot r os aspe ctos a menudo señalado s, com o la importancia d e comunid ades culturales y é tnicas o la fem inización de la po blación, son hechos a m enudo relacionados con los proceso s de gentrificación, y que pueden ser u na parte importante de los proceso s en casos c oncreto s, n o tratándose de condiciones necesarias del proceso , respond iendo p or lo tanto a variacione s particulares d el m odelo de gentrifica ción. Un cen tro urb ano con un cierto declive de mográfico y en proceso de transfo r mación of rece múltiples posibilidades que p ueden ser aprovechad as por diferente s pe r files sociales y demográficos: gays, mujeres, jóvenes o artistas. La c a racterización de unos u otros com o gentri ficado res depende de su pertenecía a la burguesía as alariada y de su capacidad para f inanciar con sus ahorros o su endeudamiento el p roceso de transfo r mación física del lugar en un sector gentrificado. Por otro lado, com unidades que no podrían ser calificada s d e gentrificadora s tie nden a jugar un p apel fu ndamental como grupo bisagra o grupo de transición entre el p eriodo de dominio de los grupos sociales de me nor estrati fica ción social y el gentrificador def initiv o del e spacio. Proposició n 4 : Puede estab lecerse una relación pos itiva en tre la p romo ción de los sectores u rbanos h istóricos de la ciudad, ca r acterizada por el incremen to del estatus social, la m ejora del e stado d e la vivienda y e l incremento de l os precios de la viv ien da, con la aparición de casos de acoso a inquilinos con objeto d e desplazamiento. Proposició n 5: La gentrificación de determinados sectores d el centro h istórico se produ ce e n el m arco d e una expansión de sect ores co n una estratificación alta y co ntigua a los sectores gentrificados. En la te rminología emp leada en este trabajo, una expansión de los clúst eres tradicionales de los grupos sociales de estratificación a lta, localizados en los tres principa les e nsanches de la ciudad. En este sentido han d e desvincularse los pro cesos de gentri f icació n de un regreso a la ciud ad de las clases me dias suburbanas , a l menos en el Estado y en los pa íses del ámbito mediterráneo. Proposició n 6: En el caso de Sevilla el p roceso d e gentrificación viene respaldado por una puesta en valor del p atrimonio histórico d e los sectores gentrificado s, un hecho co n no table peso en lo s casos d e estudio a pesar de no tratarse tam poco de un a condición ne ce saria d el proceso. Patrimonio e identidad del espacio supo nen un elemento f undamenta l que perm ite la creación de una renta monopolística para el lugar. La in tervención sobre dete rminados sectores del centro histórico se re aliza en el marco de un consenso social sobre la necesida d d e d isciplinar e l espacio. Consen so generado a partir d e un discurso f undamenta do en la estigmatización, co mbinad o c on la exaltación y fet ichiz a ción como espacios centrale s geogr áf ica e históricamente para la ciuda d. 5. Metodología 5.1 Ma rco metodológico Esta tesis d octoral parte de tres principios fundamentales: ― Def inir u nos objetivos claros para la i nvestigación, procurando que el resultado material del trab ajo sea u na aportación relevante en té rminos sociales. Pa ra ello, la prognosis será una parte fund amental de la conclusió n. ― Fundam entarnos e n un trab ajo empírico qu e sea reproducible y verificable s, y cu yas principales con clusiones puedan ser s omet idas a l criterio de falsabilidad. ― La relevancia en un estudio sobre p rocesos sociales com plejos de este tipo pasa por hacer é nfasis en la com prensión del proceso, por lo que en ningún ca so la investigación se limitará a la explicación de lo acontecido. Este trabajo tiene la inten ción de adscribirse p lenamente a la corri ente de la geografía so cial y aunque parte de interés por los méto dos históricos de ilust res sociólogos y geógrafos como Henri Lefebv re, David Harvey, Richa rd Peet, Horacio Cape l o Neil S mith, no por ello se renu ncia a la inclusión en la metodo logí a de té cnic as y metodo logías quizás ajenas a ellos. Se parte aquí d e la concepción de la gentrif icación como un p roceso inme rs o en las dinámica s estructu rales de la ciudad cap italista, d entro de un marco concreto de regulación y en el con texto de la h egemonía de la ide ología neolibe ral. Un proce so necesa riamente inte rpretado desde una perspectiva d e clase y de conf licto, en el que subyacen e stra t egias de acumula ción capitalista. No o bstante, tan importan te como la reflexión t eórica resu lta de interés p ara esta investigación la demostración empí rica d el proceso, utilizando herram ientas cuantitativ a s cuando estas puedan resultar de utilidad como instrument os para el análisis de la realida d compleja que a quí se t rata . Por e llo se tra tará de sacar el máximo rendimiento al estudio empírico y se utilizarán técnicas in fe renciales d entro del tra b ajo q u e permitan contri buir a la consistencia y objetivida d del m ismo. Así mismo, se ha procurado la inclu sión de aproximaciones más subjetivas, disce rniendo ese espacio pe rcibido en el que ha ce énfasis E.W . Soja (2008) f uertemente influido por L efebv re. P or lo tanto, se hará uso de he rramientas de análisis cualitat ivo cuando esta s sea n necesarias, procurando que las conclusio nes extraídas sean verifica bles y reprodu cibles. Una metodo log ía ne cesariam ente híbrida para trabaja r un fenómeno complejo y con múltip les f acetas, un a necesidad que ya e xponía David Ley en su principal obra sobre gentrificación (LEY, 1996). Partimo s de la existencia de una determinada prob lemática en el ámbito urban o de la ciu dad de Sevill a y que genera a lgunas preguntas generales fundamen tales. Se trata de un as p reguntas genera les y provisiona les p artiendo de las cuales se trabaja sobre un marco teórico que pudiese satisfacerlas. ― ¿Quién es e l sujeto gentrif icador? ― ¿Qué e lementos coinciden n ecesariamente pa ra h ablar de un proce so de gentrifica ción? ― ¿Qué d iferencias pod emos encontra r e n casos e studiados en u n contexto como e l sevil lano respecto de los casos más estudiados, e n su m ayor parte en el mun do anglosajón? ― ¿Cuáles so n las características q ue convierten en pot e ncialmente gentrificable a un espacio? ― ¿Se han prod ucido procesos de gentrificación en Sevilla? ― ¿Qué papel h a juga do la administración en el caso de Sevilla? ― ¿Qué e strategias se han desarrollado sobr e los se ctores gentrificados? ― ¿Qué papel jue ga el acoso inmobiliario en relación a la gentrificación? A p artir de e stas preguntas fun damentales se construye un marco teórico lo suficientemen te amp lio, fundamen tado en las tradicio nes intele ctu ales que han trabajado sobre este tipo de proce sos. El objetivo último de l ma rco teórico es exponer un tipo o modelo d e sector gentrificado y d e gentrif icador que nos permita la comprobación. A sí mismo, el marco teórico nos permite just ificar l a elección de un determinado periodo identi ficado con l a e tapa p lenamente postfordista de la ciudad, y permite aproximar la ele cción del ámbito esp acial hacia e l cent ro urbano de la ciud ad, dentro del cu al se e legirán los se ctores para su estud io particular. A partir de este marco teórico, los ob jetiv o s y las pregunta s com prendidas e n la justif icación, realiz amo s varias h ipóte sis o pro posiciones sobre la cuestión principal de la gentrificación en Sevilla. Para que un estudio cumpla las con diciones de f alsabilidad, f undamental para una investigación co n gran conte nido empírico, tien e que reunir las siguien tes condicio nes según Castells (1986): ― Una estruct ura sistem ática de proposiciones ine quív o cas que esta blez ca unas relaciones observables dadas entre hechos empíricos dete r minado s. ― La estructura sistemática de proposiciones hab ría de tener sen tido en cuanto a la teoría global que la informa. ― Todos los hechos han de establecerse empíricamente . El modelo analítico del trabajo consiste en la exposición de las prop osiciones, estab lecimiento de unas reglas de demostración y muestra d e la corresponde ncia entre las proposiciones y las observacione s. Como muestra e l marco teó rico que fun damenta este trabajo, el fe nómeno de la gentrificación y su e studio alca nza p ro f undid ades y matices que son dif ícilmente d iscernibles a través de un trab ajo puramente cuantitativo. En este sentido resulta f undamental la int roducción del a nálisis h istórico y d el a nálisis de los asp ectos más subjetivos. Como mé todo d e investigación geoh istórica se p arte de un proceso histórico analítico, f undamentado en un ma rco teórico general, en el que se realiza el análisis de la realidad escrita, fe chando los a contecimiento s exactamen te. A continuació n se p asa a una f ase histó rico-g e nética , con e l e studio de las mod ificaciones aportadas a la e structura en cu estión por e l de sarrollo ulterior y por su subo rdinación a estructuras de conjun tos, realizando una clasif icación genética de las f ormaciones y estructuras en e l m arco del proce so de conjunto (LEFEBV RE, 1971, p. 71). Las entrevistas esta rán debidamen te justificadas y se rvirán, e n prim er lugar, e n comb inación co n el aná lisis de la documen t ación histórica, para co mprensión del de sarrollo de l proceso, tanto a nivel de Se vi lla com o en los est udios de caso particu l ares. En segundo lugar serán fundamentales para describir la percep ción del proceso por parte de los diferentes agentes implicados. Los aspectos paisajísticos y subjet ivos se aprehende rán a través d el trab ajo de campo, la observación in situ y las entrevistas. El análisis visual-perceptivo del paisaje de los sectores urbanos elegidos como estudios de caso s e comp lementará con entrevistas de sujeto s pertenecientes a los grupos so ciales implicados en e l proceso. El estu dio se realizará a u na e scala d e ciudad, de limitada p or el té rmino mun icipal d e Sevill a, pa ra luego trat ar la casuí stica pa rticular dentro del Casco centro histórico, que se rá el laboratorio so cial, tal como interpretaba este concepto Lefeb vr e, donde analizaremos la m anifestación d e f uerzas sociales y donde apreciaremos los resu ltados tangibles de las “macrodecisiones” (LEFEBRVRE , 1971, p. 109) 5.2. Esque ma del estudio empírico El estudio em pírico se desarrolla en dos e sca las fundamenta les: La prim era comprende la tot alidad de la ciud ad de Se vil la y se div ide en tres seccione s claramente diferenciadas: En una primera s ección se pro cede a u n análisis del cambio social y u rbano entendidos como p roceso h istórico, enmarcado en u n determinado contexto tempora l, f undamentado sobre el a nálisis de la documentación existente, bibliograf ía y p laneamiento d e la ciudad, así com o las apo rtaciones realizadas por las entrevistas en profundidad con informantes privilegiados. Un análisis histórico-inte rpretativo e histórico-constructivo. En una segunda sección, se procede a la descripción de los d atos arrojados por una serie de variables empíricas, análisis esencialmente sociodemográfico. La elección de las variables est á f undamentada e n el marco teórico. Dichas variables se dividirán en tres grupo s, aquellas que arrojan inform ación sociolab oral, aquellas que a rrojan inf ormación sociodemográf ica y a quellas que ofrecen información sobre el estado y ca racterísticas de la mercancía vi vienda. La fuente fundamental utilizada serán los cen sos de población y vivienda , correspondien tes a los años 2 001, 1 991 y 1981, complementado con el a cceso al padrón de habitantes y o tras fu entes estadí st icas. La tercera se cción tratará en d etalle la cu estión d el desplazamiento y de l a coso a inquilinos co n o bjeto d e desplazamiento para el conjunto de la ciu dad de Sevilla, u tiliz ando la ca suística e ncontrada en la e xploración de los archivos d e OTAINSA para ca racteriz a r a gentes y estrategias impleme ntadas. Un resulta do fundamen tal de e ste capítulo será la loca liz ación de la in cidencia de los casos de a coso con objeto de desplazamiento en la ciudad. Un último capítulo dentro de e sta pa rte del estud io unifica rá la inf ormación y lo s análisis permitiend o identifica r aquellos sectores en los que se ha producido un proceso de gen tri fica ción en b ase a la def ini ció n d el m ismo que se ha extraído del m arco teórico. Este primer paso servirá para delimitar los e lementos que han convertido a un espa cio e n potencialmente gentrificable. E l desarrollo d e esta parte permitirá así m ismo confirmar o descartar algunas de las propo siciones iniciales. Cuadro 2: Esquema de la primera parte del estudio empír ico Capítulos Fue ntes Trabajo reali zado Producto parc ial Producto global Sección 1 B i bl io g r a fí a . D o c u m e n t o s d e p l a n ea m i e n t o. E n t re v i s t a s c o n i n f o r m a n t es c u a li f i c a do s . A n á li s i s h i s t ó r i c o . A n á li s i s d e d o c u m e nt o s . A n á li s i s d e l d i s c u r s o . D e f i n i c i ó n d e l a s e g r eg a c i ó n s oc i a l h i s t ó r i c a d e l a c i u da d . S i g ni f i c a c i ó n d el P G OU d e l 8 7 e n l a c i u d a d . I m p a c t o d e l p l a n ea m i e n t o s o br e l a s e g r eg a c i ó n s oc i a l p r ev i a . R el a c i ó n d e l a s d e t e r mi na c i o n e s d e l p l a n ea mi e n t o, el c a m bi o s o c i o d e mo g r á fi c o y el d e s pl az a mi e n t o y a co s o i nm o b i li ar i o . T i p i fi c a ci ó n d e s e c to r es u r b a n o s . D ef i ni ci ó n d e l e s p a c i o g e n t r i fi c ab l e . D es c ar t e/ c o n fi r ma ci ó n d e p r o p os ic i on es d e p a r ti d a. Sección 2 C en so y P a d r ó n . B i bl io g r a fí a. A n á li s i s s o c i o d e mo g r á fi c o . A n á li s i s d e c l ús t e r es . V a r i a c i ón d e l a s e g r eg a c i ó n s o c i a l . V i nc u l ac i ón d e v a r i a b l e s s oc i al e s, d e mo g r á fi c a s, d e v i v ie n d a . Sección 3 B i bl io g r a fí a. E n t re v i s t a s c o n i nf o r m a n t es c u a li f ic a d o s . E x pl o t ac i ón de a r c hi v o s de O T A I N S A. A n á li s i s h i s t ó r ic o . A n á li s i s d e c o n t en i d os d e l ar c hi v o . V i nc u l ac i ón d el a c o s o i n m ob il i ar i o c o n ot r as v ar i ab l es D ef i ni ci ó n d e e s tr at eg i as . Fuente: E laboración propia. En la segunda p arte se procederá a l a nálisis pormenorizado del sector urbano elegido como e studio de caso en el apartado anterior, a nálisis que se dividirá en cuatro secciones de diverso tamaño: Una primera sección ded icada a i n troducir la casuí s tica a t ravés de un breve análisis d el espacio urbano que la conforma. Una segunda sección se procederá al análisis de l plan eamiento de desarrollo sobre e l sector desde la década de los ochenta y a su ejecución. Una te rcera sección ded icada a la reconstrucción histórica del proce so y el análisis d e las e strat egias des arrolladas en el espacio a partir de fuentes secundarias. Definiendo la estrategia de sarrollada para la interv e nción d el espacio, su s fases y su significación en la historia reciente de la ciudad. Una cuarta sección se dedicará a la evaluación de la transformación social y urban ística del espacio. T ransformación de l p aisaje urbano, su stitución de l a edificació n y cambio s cu antificables a partir d e la explotación de lo s censo s de pobla ción y v i vienda. La q uinta y últim a sección comp lementa la se cción anterior a través de un breve aná lisis de contenido a partir de entrevistas cualitativas con vecinos. Las proposiciones d e partida del trabajo se co nfirman en gran me dida e n la primera pa rte del trabajo. Permite just ificar la elección de l est udi o d e c aso, como el caso que p resenta los indicadores más e videntes de gentrifica ción. Además , se def ine en b ase a e sta primera a proximación empírica, las características d el espacio gen tri fica ble, como un tip o particular de e spacio permeab le socialmente. Cuadro 3: Esquema de la segunda parte del estudio empírico Capítulo Fuentes Trabajo desarrollado Pro ducto Producto global Sección 1 B i bl io g r a fí a. C am p o I n t er pr e t ac i ón d e l s e ct or u r b a n o . Def inición de la estrategia emp leada para la transfo r mación del espacio . Delimitación de la respon sabilida d de la adm inistración. Tipo y peso de los discurso s desarrollados sobre la zona. Identificación de los grupos sociocultu rales colonizadore s y relación entre ellos. Modelización del pro ceso en base al e studio de ca so. Sección 2 D oc u m e n t o s d e p l a n ea mi e n t o A n á li s i s d e l o s d o c u m e nt os d e p l a n ea mi e n t o. A n á li s i s d e l a i nt er v e n ci ó n p ú b li c a a t r av é s d e l os d o c u m e nt os d e p l a n ea mi e n t o. Sección 3 B i bl io g r a fí a. H em er o t ec a. D oc u m e n t o s d e p l a n ea mi e n t o. A n á li s i s d e c o n t en i d o. A n á li s i s d e d i s c u r s o. A n á li s i s h i s t ó r ic o- c o n st r uc ti v o . R ec on s tr u c c i ó n e i nt er p r et ac i ón h i s t ó r ic a d e l a i nt er v e n ci ó n . I n t er pr e t ac i ón de l d i s c u r s o h e g e m ó n i c o . Sección 4 F u e n t e s f ot o g r á f i c as . C en so y p a d r ón C at ál og os PE P 1 y 2 C am p o A n á li s i s h i s t ó r ic o- c o n st r uc ti v o . A n á li s i s d e c o n t en i d o. R ec on o ci m ie n t o di r ec t o. C ua n ti fi c ac i ó n d e l c a mb i o s o c i o d e mo g r á fi c o y s u st i t u ci ó n d e t i p ol og í a s . D ef i ni ci ó n y l oc al iz a ci ó n de l os g r u p o s s oc i o - c u l t u r al e s . Sección 5 E n t re v i s t a s c u a li t at i v as . A n á li s i s d e c o n t en i d o y d i s c u r s o. P e r c e p ci ó n s o br e el pr oc e s o. I n fl u e n c i a de l d i s c u r s o h e g e m ó n i c o . Fuente: E laboración propia. En la segunda parte del trabajo se confirman la s p roposiciones que quedaron pendien tes y o que reque rían un mayor n ivel d e prof undización. Permite profundizar en la vinculación y las estrate gias d e la administración pública, definir la relación d e grupos culturales con el pr o ceso y estab lecer un a propuesta de modelización en base al caso específico. definicio nes o perativas o códigos en ba se a los cua les se trata rán los documento s. El análisis de co ntenidos se h a utilizado fundamen talmente para el an álisis d e la info rmación apo rtada po r la edición sevillana del d iario A BC e ntre 198 1 y 2006, lo s documentos de plan eamiento y la s entre vistas cualitativas. En la primera pa rte del trabajo empírico se ha realizado est e tipo de trabajo sobre los documento s d e planeamiento y entrevistas en prof undidad c on in formantes cualificad os. En l a segunda p arte, a las entrevistas cu alitativas y a los documento s de p laneamiento, se ha añadido la edición sevill ana del d iario ABC. En este sen tido, se han localizado tod as las noticias que hiciesen referenc ia d irecta a la Alameda de H ércules, ca lle o ba rrio de la Fe ria y calle o barrio de San Luís. El máximo rigor que pue de ofrecerse a quí sería el de reproductib il idad de los resultados of recidos. Para e ste tratam iento reprodu cible se parte de una se ri e de có digos, elabora dos e n f unción d e los objetivos de l trabajo y con definicio nes inequív oc as, que serán ap licados a la s fuentes d ocumentales2. La cuant ificación de dichos códigos p uede a rrojar un cierto t ipo de inform ación de carácter cuantitativo, a l m ismo tiempo que permite u n t ratamiento sistem ático de la in f ormación a la hora de e xtraer información cualitativa. Análisis de d iscurso Dentro de l conjunto de contenidos se ha atend ido a la carga ideológica de los mismos, su sceptible de conforma r un discurso. Los discursos son componentes cruciales del ejercicio del poder, en la medid a en que perm iten mod ificar la visión que la gente tiene de sí misma y de su ent orno. El principal interés es identifica r e l d iscurso desa rrollado p or periodistas, técnicos y p olíticos con respecto al espacio gentrificable y la gentrificación en sí. Técnicos, intelectuales y periodista s generan discursos particulares, que se convierten por su difusión en hegemónicos . E l d iscurso intelectual, periodístico y técn ico tiene la may or inf luencia sobre el con junto de la so ciedad y d e la política local. Se trata d e expresione s claramente ideológicas que al m ism o tiempo que refleja n una interpre tación de la realidad influyen so bre la m isma en la medida e n que el discurso es asumido por la sociedad. El an álisis de contenidos y d e d iscurso es u na herram ienta de investigación utilizada e n d iferentes disciplina s de las ciencias so ciales. La incorporación d el estud io de l lenguaje del discu rso, en e ste caso refe rido a un e sp a cio, es f ruto del giro lingü ístico d e las c iencias sociale s, así deno minado por ser el lengua je el núcleo centra l de la reflexión (KNOX y PINCH, 2006). Def inición de discurso (IÑIGUEZ y ANTAKI, 1994, citado por IÑIGUEZ, 2003 ): “Un d iscurso es un conjunto de p rácticas lingüísticas que mantienen y promueven ciertas relacion es so ciales. El aná lisis consiste e n estudiar cómo estas prá cticas actúan en el prese nte manteniendo y promoviend o estas 2 Los códigos y sus def inicio nes están recog idos en el ANEXO III . relacione s: es sa car a la luz el pod er del lenguaje como una p ráctica constitu yente y reg ulativa.” Según Van Dijk (20 05): “L as ide ologías, así def inidas, tie nen muchas f unciones cognoscitivas y sociales. En prime r lu gar (…) o rganizan y fun damentan las representacio nes sociales compa rtidas p or lo s m iembros d e grupos ideológicos. Se gundo, son en ú ltima inst ancia la ba se de los discursos y otras prácticas sociale s de lo s m iembros de grupos sociales como miemb ros de grupo. En te rcer lu gar , permiten a lo s miembro s organizar y co ord inar sus accione s conjuntas y sus in teracciones con miras a las meta s e intereses del grupo en su con junto. Finalmente, f uncionan como p arte de la interfa z sociocognitiva en tre las estructuras (las condiciones, etc.) sociales de grupos por un lado, y sus discursos y otras prácticas sociales por el otro”. Se ha desarrollado un a nálisis de l discurso con atención a las siguien tes cuestiones: ― Sabe r quién habla. ― Identificar h ilos discursiv os. ― Actores que no participan en la creación de los d iscursos. ― Analizar las representacione s de la realidad existente y lo s procesos que la s sostienen. ― Encuadrad las ideolog ías que imp onen los discursos hegemónicos. Las fuentes sobre las que se tra baja este análisis son: documentos de planeam iento, publicacione s cien tí f icas y p ren sa. De esta f orma se pretende analizar la represe ntación del espacio que se rea liza desd e la s fuentes con auto ridad e influencia en la sociedad. Al mismo tiemp o se comparará el discurso analizado con las percep ciones recogida s en la se rie de ent revistas cualitativas, e valuando la incidencia en las mismas. 5.4.4. Reconocim iento directo del sector caso de estudio El territorio del análisis viene delim itado por las calles San Luis, Re lator y Castellar, así com o por el pa seo de la A lameda d e Hércu les. Es la e scala de toda la segunda p arte del traba j o empírico. E l ob jetivo fu ndamental del trabajo de ca mpo es el reconocimiento en la escena urbana d e los p rocesos, agentes y estrate gias p lanteados en las p roposiciones de partida del trabajo y la transfo r mación de l en torno cu ltural generada po r el proce so. Una determinada estética y su transformación se utiliza aquí co mo un indicador d e l a gentrifica ción -reconocer el propio pro ceso, su dimen sión, d istr ibución e intensidad - y un medio de identificar la ap r opiació n del e spacio por parte de grupos sociocu lturales. Lo s he chos geográficos se desa rrollan se asocian en e l lugar dando p or f ruto una determinada conf iguración del espacio y una dete r minada estética de los elementos que lo compo nen. Para con seguir e ste objetivo, el análisis de la escena urbana ha atend ido tanto a los c omponentes f ísico-espaciales c omo a los sociales. Respecto d e los primeros se atiende al a nálisis del e spacio público analizando espacios libres, inf raestructuras, servicios y mobiliario urbano, su existencia, su estado , su antigüedad y su distribu ción; al análisis de la ed ificación, sus e lementos construct ivos, estado , ant igüedad y estét ica; a los espacios come rciales, tipologías, estética y antigüedad; atendiendo a la escena urban a que confo rman en conjunto. Re specto de los segundo s se centran en la pe rcepción extraída de la p resencia d e grupos sociales y de sus rela ciones en el e spacio y con el esp acio, la de tección de con centración d e perfiles sociale s, segregación de perfiles sociales y de uso s del espacio, hacinamiento o masificación de espacio s, f alta de a propiac ión d e ot ros, marginación de grupos sociales en relación con el espacio, signos de o stentación, marginalidad, identidad o comunidad en los elementos físicos del espacio. Este tipo de trabajo de cam po h a perm itido el re conocim iento de todo e l sect or y la codificación de elementos físicos y sociales en base a los objetivos y propo siciones del trabajo. La información recogida puede d iv idirse en : ― Aspectos relacionados con e l espacio pú blico: Características generale s, materiales, diseño, uso, carencias y apropiación por g rupos sociale s identificables. Presencia y grado de vi sibilida d de grupos sociales identificables en los esp acios públicos. L ocalización en el ámb ito espacia l delim itado de ap ropiaciones del espa cio público p or parte d e grupos socia les identificables y diferenciable s. ― Aspectos relacionados con loca les que asum en funcion es social es y que en este trabajo, por la s particulares caracterí st icas del espacio, son fundamen talmente locales comerciales. V inculación de e spacios come rciales a grupos sociales diferenciables. Codificación de las tipologías d e espa cios comerciales y loca lización en el ámb ito espacial delimitado . ― Edificación residencial: Ed ad, morfología, plantas, ocupa ción y usos, estado de conservación, etcétera. A nálisis de la t ransformación de la ed i f ic ación residencia l a través de la comparación de la información recogida en el trabajo de camp o con lo s catá logos de la e difica ción disponibles, realizados du rante la década de los noventa. La tran sformación de la edifica ción residencial ha sido sometida a un tratamien to sist e mático co n el objetivo de obtener información c u antificable sobre la transformación de la viv ienda y ana liz ab le d e f orma objetiva. Para ello se han utilizado varias ca tegorías p ara ind icar las transformaciones sufrida s por la edifica ción: ― Redesa rrollo: Edificios que han sido demolidos y que han sido sustituidos por un edificio de nue va planta. ― Rehab ilitación: Obras realizadas para mejorar las condiciones d e habitabilida d, seguridad, accesibilidad, etcétera . Se opera sobre construccione s que prev iame nte e staban deterioradas, en mal estado o ruinosas. En la mayorí a de los ca sos supone una tran sformación de la estructu ra, cubiertas, cerram ientos exteriores, insta laciones, a cabados de a lbañilería y pavi men tos, carpintería, etcétera. ― Reforma: Obras realiz ad as p ara transformar las condiciones de h abitabilidad, seguridad, est ética de las viviendas, o perándose sobre ed ificios que ante rior mente estaban en bue n e stado de conse rvación y por lo tant o no necesitaban de un pro ceso de rehab ilitación. Se ha diferenciado e ntre reforma integral, cuan do se transforma la est ructura, cubiertas, cerramiento s, instalaciones, etcétera, y reform a menor, cuando no supone una transformación radical del edificio. 6. Las fuente s y su tratami ento Las fue ntes utilizadas son diversas de f orma similar a las té cnicas de análisis impleme ntadas, algo ju zg a do nece sario por la complejidad y lo polifacético d el proceso q ue m otiva este trabajo. Las fuentes u tiliz ada s se d ivi den en fu entes estad ísticas, fuentes cartográficas, fu entes bibliográfica s, fuentes documen tales y entrevistas. Las f uentes bibliográf icas cuen tan con e special im portancia en el marco teórico y met odológico del trabajo, a sí como en apartados específ icos del análisis. En concreto a quellos en lo s que s e realiza u n an álisis histó rico analítico de la ciudad o del discurso técnico sobre la misma o un sector co ncreto. Las fu entes e stadísticas y cartográf icas son explota das a lo largo d e todo e l trabajo . Las f uentes estad ísticas cobran especial importancia en la primera parte del trabajo, donde la ba se f undamental d el est udio empírico sobre la gentrifica ción e n Sevilla se fu ndamenta en el trata miento de d atos esta dísticos. No obstante, e n la segunda pa rte de l análisis, se vuelve a recu rrir a los datos estad ísticos, e sta vez con menor protagonismo, para tratar un a casu ístic a particular. Las fue ntes ca rtográfica s son la s cartograf ías ba se o pla nimetrías utilizadas para desarrollar la ca rtografía temática propia de l trabajo. Es necesario re señar que se ha procurado, en la medida de lo posible, expresar la información recu rriend o a la cartografía temática, lo que viene justificado por la adscripción de la presente tesis do ctoral a la disciplina geo gráfica, así como por el importan te componente espacial de los temas tratados. Las f uentes documentales ha n sido im portantes e n diferentes momentos d el análisis. La información d e este ti p o se ha implementado en el tratamiento histórico-an alítico de la p roblemática . En m enor me dida, la inform ación ha servido para e xpresar datos estadísticos. Las entrevistas cualitativas se han u tilizado d e f orma complementaria a otras fuentes, reforzando, introduciendo cuest ion es perceptuales y subjetivas que pretenden enriquecer e l análisis. 6. 1. Fuentes estadísticas 6.1.1. Ce nso y padr ón Las principales fuentes est adísticas u tilizadas son el Ce nso de Po blación y Vivienda y el Pa drón Municipal de Habitantes. El Padrón Municipal es un registro a dministrativo, cuya f ormación, manten imiento y gestión co rresponde a cada uno de los m unicipios existent es en el Estado . Sus d atos co nstituyen prueba de la residencia y d el domicilio en el térm ino municipal. El Ce nso d e Pob lación e s una estadística y su fo rmación corresponde al Instituto Nacional de Esta dística. Los d atos que recoge e stán a mparados por el secreto estadístico, a l contrario que en el Padrón. El Pa drón es un registr o d e d atos persona le s regulado po r la Ley de Ba ses de Régimen Local y po r la Ley de Protección de Datos. Los datos que de ben recogerse para ca da persona y prueb an la reside ncia y el do micilio, po r lo cua l los ú nicos da tos que contiene son lo s que perm iten la identificac ión: nomb re y apellido s, sexo, lugar y fe cha de nacim iento, n acionalidad y DNI. El único d ato que ha cer refe rencia a la co ndición social en e l Pad rón de Sevilla es el n ivel d e estud ios, por lo que las caracte rísticas d e la población que pu eden e studiarse son muy lim itadas. E l Censo por su parte p ermite estudiar la actividad, ocupación , etc. , de lo s distinto s colectivos, así com o las características de las viviendas en que residen (JURADO, 2004). El Ce nso se realiza cad a diez a ños m ediante cuestionarios censales que se entregan y se re cogen e n cada una de las vivie ndas existentes. Mientras el Padrón es un registro permanente. Anteriormente esto s se renovaban cada cinco años mediante n ueva inscripción de todos los residentes, realizándose conjuntame nte con los ce nsos en l os a ños coincide ntes. Con est e tipo de sistema si una persona se inscribía en más de u n domicilio se co ntabilizaba dos veces y si no podías ser localizada, no se contab iliz a ba (JURADO, 2004). La L ey 4/199 6, de 10 de e nero, por la que se modifica la Ley Re guladora d e las Bases del Régimen Local, suprimió las renovaciones y condujo a l a informatización d e todo s los p adrones y su t ransformación en un registro continuo d e las entradas y salidas d e pob lación. A pe sar de esto los pa drones siguen siendo especialmente sensibles a la s dob les inscripcio nes, en e special en e l caso de los e xtranjeros (JURADO, 2004). El caso es que las diferen cias entre las cifras publicadas p or los Se rvi cios de Estadística d el Ayuntamiento de Sevilla en ba se al Padrón Mun icipal d ifiere n ligeram ente con respecto a las cifras de los censos de población antes y después de su modif ic ación en 1996. Además de su utilidad para el estudio de las d inámicas demográf icas, el padrón es un medio indispensable p ara e l a cercamiento a la realidad de la inm igración extranjera en un m unicipio dado, f undamentalment e dif erenciando la población de nacionalida d extranjera, siendo considerados ex t ranjeros, según la legislación vigente , aquellos que ca recen de n acionalidad española. A este respecto, la inscripción e n el Pad rón Mun i cipal es un a cto voluntario que requiere la esp ecificación d e u n d omicilio y que está ab ierto a to das las personas extranjeras, documentada s o no, por lo que propo rciona inf ormación bastante completa a nivel es tadístico. Además, el empadronamiento de la pobla ción inmigrante extranjera es necesario para accede r a la asistencia sanitaria y educativa p or lo que es una de las p rincipales fu entes dispo nibles para el estudio de esta población. E sto, a pesar de que pueda existir u na b olsa impo rtante d e población extranjera no empadronad a o , por el contrario, como afirma Urdiale s, que el número de extranjeros pueda e star sobrevalorado por la dif icultad de detectar empadronamientos dobles (URDIALES, 2007). 6.1.2. Tra tamiento de las unidades espaciales Para la rea lización de esta te sis do ctoral se solicitaron dato s a l Área de Aten ción a Usuarios del INE para los censos de 19 81, 1 991 y 2001 a escala de sección ce nsal. Los datos solicitados hacían referen cia a variables relevantes para el proceso que oc upa este trabajo, esto es, datos soci o laborales y demográficos ref eridos a la po blación y d atos sobre e l estado y caracte rísticas del parque d e v iviendas. Esta f uente, interrumpida e n 2001 f ruto de la p eriodicidad d ecenal de los censos, se ha complementado con el acceso al Pad rón Municipal de Sevilla. Los datos del P adrón Mun icipal utilizados hacen referencia al añ o 20 06, en el cual f inaliz a el periodo de estudio . P or la naturaleza diversa de p adrón y censo, la in forma ción recogida en el padrón difiere notableme nte y e s m ucho más pobre respe cto de datos de stoc k con respecto a la del censo. Su utilización se ha ceñido fundamentalmente a datos demográficos. Siguiendo a Carmen Ocañ a “(…) la esc ala m unicipal resulta in suf iciente para comp render a spectos claves de las ma yores poblaciones u rb anas(…)” (OCAÑA, 2 005, p . 7). Censo y padró n p ermiten obtener datos desagregados a escala de s e cción censa l. Este niv el de de sagreg ación implica ciertas comp licaciones cuando se pretende trabajar co n datos de stock re ferentes a momento s muy distante s en e l tiempo. Esto es así dado que este tip o de unidade s espaciales tiende a variar nota blemente a lo largo de l tiem po en base a las ganan cias o pé r didas d e po blación. Por su puesto, a lo la rgo d e 25 a ños, la carto grafía cen sal de S evilla h a variado n otab lemente. Para solucionar esta cuestión f ue f undamental la cesión de información por p arte de los Se rvi cios d e Estad ística del A yuntamiento de Sevilla, que prop orcionaron i nformación para seguir el rastro de las secciones a lo largo de veinticinco a ños. En 1991 había 442 seccion es c ensales, 46 8 en 1981 y 51 0 en 2001. En 1 981 había una h iper f ragmenta ción de las secciones, con m ultitud de secciones con pocos habitante s, m ientras que e n 2001 cre cen varios se ctores urban os formando la desagregación de secciones de l 91. Siguiendo de nuevo a Carmen Ocaña, a la hora de desarrollar un análisis sociodemo gráfico, ex istirían do s e strategias respecto a la cu estión d e la s unidade s espaciales. La primera, la división del espacio urbano en barrios asum iendo la identidad prop ia e n e l con junto de la ciud ad de estas u nidades espacia les. La s e gunda se ría la e xplotación de pequeñas u nidades pa ra explorar a través d e ellas la estructura del espacio urbano. Frente a esta d iatriba se ha opta do por la prime ra op ción, y esta elección viene justif icada f undamentalm ente por d os razo nes. En primer lugar, dad a la impo rtancia d el a nálisis histórico en e ste trabajo, se h a ju zg ado más ade cuad a la utilización de unidades espaciales con ident idad reconocible para una me jor comp lementariedad ent re el análisis documenta l y el análisis estadístico. P or otro la do, u na vez realizado el t rabajo de buscar las correspondencias e ntre las seccione s censales a lo largo del pe riodo de tiempo que abarca el est udio, y dadas las profund as m odificaciones existentes y la d iversidad de la na turaleza de las m ismas en diferent es sectores de la ciudad, hubo que optar po r agregar las se cciones e n unidade s e spaciales de rango superior. De e sta m anera las unidade s esp aciales utilizadas, ta nto para el an álisis estadístico, com o p ara la representació n gráfica, son agrupa ciones de seccione s censales denomin adas barrios. Las unidades-b arrios ha n sido f recuentemente utilizadas por los Servicios d e Estad ística del Ayuntamiento de Se vil la e n la últim a déca da, y la a utoría corresponde a e ste gr upo de técnicos. Se trata ría de unidades e spaciales de tamaño medio, entre las secciones censa les y los d istritos, q ue permiten identifica r sectores urbanos co n una identidad y ca racterísticas comune s. Utilizamos estas unidades geográf icas de rango superior para evitar las numerosa s mo dificaciones que h an sido ejecutada s sobre las secciones censale s entre 1981 y 200 6. Antes de realizar una a gregación d e se cciones censale s que pud iera juzgarse caprichosa , o antes de realiz a r un aná lisis en profundidad a partir del cual realizar la agrupación-sectorización más adecuada, algo que escap a por completo a lo s ob jetivos de esta te sis, se ha elegido utilizar las agr upa ciones de se cciones rea liz adas y utiliza das por los Servicios de E stadística de l Ayuntam iento de S evilla. Sob re estas se han realizado a lgunas modificaciones puntuales y sob radamente justificadas , esto es, la se gregación d e barrios que co ntienen sectores de na turaleza extremadamen te di fe rente y p udiese ser c onveniente su investigación po r separado: Trian a Casco Histórico ha sido d ividido e n Triana Cava No rte y Triana Cava S ur, mie ntras que el barrio de Nervi ón ha sido dividido en Nervión Ensan che y Ner vión B arriada. O tros barrios que son utilizados actu almente po r los S ervicios de Esta dística h an de bido ser s uprimido s por carece r de seccione s censales p ropias en 1981 o por su escasa relevancia. Estos son los casos de Ba rriada P i neda, que ha sid o integrada en Ped ro Sa lvador, de La Buha ira, que ha sido integrada e n Nerv ión E nsanche y S an Matías, que h a sido integrada en Las Naciones. Las agregacione s de barriada s han sido inevitables, las desagregaciones responden a los conocimien tos p revios de l autor sobre la geogr af ía social de la ciudad y su utilida d será demostrada o no con el análisis. 6.1.3. A gregados de variables Los da tos s ociolaborales están tomados del Cen so de P oblación y V ivienda para lo s ocupados may o res de 16 años en 1981, 1991 y 2001. Los agregado s y la s variables socio laborales del censo que in cluy e n son los siguientes: ― Pobla ción ocupada vinculada al se ctor primario: Su carácter e s m arginal, y el principal int erés e s comprobar cómo se r educe e l ya paup érrimo peso del sec tor primario en los 2 0 años qu e cubre e l estudio. Incluye las categorías empresarios ag rarios con asalariados, empresarios agrarios sin asalariad os, miembros de co operativas agrarias, direct ores y je fes de empresas agra rias y resto de trabajadores agrarios ― Emp resarios con asalariados: Empresarios no agrarios con asalariados ― Emp resarios sin asalariados: Empresarios no agrarios sin asalariados ― Profesio nales, técnicos y asimilad os: Categorí a que incluye las variables profesionale s, técnicos y asim ilados p or cuenta propia, p rofesionales, técnicos y a sim ilados por cuen ta ajena y je fes de los departamentos administrativos y comerciales y d e la administración pública. E n el censo de 2001 se distingue el grupo, también incluido a quí, profesio nal es e n ocupacion es exclusivas de la administración púb lica. ― Miembros de cooperativas: Miembros de coo perativas no agrarias ― Directivos y alto s fun cionarios: Directores y gerentes de empresas no agrarias y altos funcionarios. ― Trabajadores del sector serv icio s con c ualificació n m edia o baja : Inclu y e resto del p ersonal a dministrativo y comercial y resto d el p ersonal de los servicios . ― Trabajadores de cuello azul: In cluye op erarios cualif icados y sin cualificació n, así como contramaestres. ― Profesio nales de las fuerzas armada s. Se ha suprimido el agregado no clasificados , d ado que en el censo de 1981 existía pe ro no se referí a nece sariamente a población o cupada mayor de 16 años, d ado que en la variable CSE apa recían también, y a l cont rario que en el 91 y 01, diferentes tipos de no a ctiv o s y de pendientes, y el resultado de est a variable e ra lo b astan te grande en comparación con lo s o tros año s de referenc ia como p ara sospe char que p odría in cluir alguno s tipo s de ina ctivos o depend ientes. Existe un a notable variación entre e l número de individuos clasificables que puede aco ger una sección. Por ejemplo, l a s secciones cens ales ten ían un promedio d e 539 individuos ocu pados m ayores d e 16 y clasif icables en 2001, pero el ran go es amplio y pu ede variar entre 1 00 y 1 .000 , por lo que se imp one la necesida d de trabajar con datos relat ivos. Otro agregado ut iliz a do es e l d e los 35 países con e l m ayor Índice de Desarrollo Humano, que son: Islandia, Noruega, Australia , Canadá, Irlanda, Suecia , S uiza, Jap ón, P aíses Bajo s, Francia, Fin landia, Estados Unidos, España, Dinamarca, Austria, Reino Unido, Bélgica, L u xemburgo, Nueva Zelanda, Italia, Hong Kong, Alemania, Israel, Grecia, Singap ur, Corea d el S ur, Eslovenia, Chipre, Portugal, Brunei, Barb ados, República Checa, Kuwait, Malta y Qa tar. E sta es una lista de países p or Ín dice de Desarrollo Humano incluida en el Inform e sobre Desarrollo Hu m ano 20 07/2008 del Program a de l a s Nacione s Unidas para el Desarrollo, com pilado en base a d atos de 2005 y publicado el 27 de noviembre de 2007 (PNUD, 20 07). Estos 3 5 países se han visto red ucidos a 33, debido a la supresión de la Repúb lica Checa y E slovenia, dada la inex istencia de estos países en 1981. 6.1.4. O tras fuentes estadísticas Como ya se h a m encionado, en determinados momentos se le ha dad o un tratamien to estadístico a la información o btenida a p artir d e las fue ntes documenta les. Estas esta dísticas responden a la fiabilidad depositada sobr e las prop ias fuentes y son re presentativas exclusivamente d e la inform ación contenida en estas fuentes documenta les. De esta fo rma, los datos sobre desalo jados o sobre casos de acoso obten idos de los archivos de OTAINSA expresan inf ormación sobre los contenido s de ese archivo, pero en ningún ca so sobre e l total de los casos de acoso o los desalojos a caecidos en la ciudad. Otra f uente utiliz a da, en este caso de fo rma muy puntua l y co mpleme ntaria, ha sido e l banco de da tos de la Sociedad d e Tasación S. A., sob r e la evolución de los precios de la viv i enda en Sev illa y Esp aña. La dificultad a la hora de encontrar f uentes de información co n el suficiente r ango temporal y nivel de desagregación ha resul tado en una gran limitación para este traba jo . 6. 2. Fuentes cartográficas La base utilizada para realiz ar los mapas temát icos es la planimetría desarrollada por la Dirección Ge neral del Catast ro, depe ndiente d el Ministerio de E conomía y Hacienda del Estado español. La mayor parte de la cartograf ía temática desa rrollada para e st e trabajo se basa en un idades e spaciale s denominadas barrios, polígonos que cubren superficies identificables de la ciudad. Estas unidades, def inidas por los Servicios de E stadística d el Ayuntamien to de Sevill a, han sido m odificadas para e ste traba j o. Se h an dividido polígonos y agregado otros, algo ya indicado en el epígrafe anterior. P or otro lado se ha ajustado la generalidad de las unidade s espaciales a las zonas residenciales. La s unidades-barrio orig inales cubrían la t otalidad del mun icipio de Sevilla, sin tener en cuenta la existencia de suelos no urbanizados o uso s no residenciales. De e sta f orma se ha n p odido excluir los sectores no urban izados o los distritos indu striales de la ciu dad, sin carga residen cial. El tra tamiento de la cartografía se ha realizado f undamentalmente a pa rtir de dos sistemas de información geo grá fica : Geoda y Gvsig. De f orma puntual se ha u tiliz ado Corel Draw y Photo shop para a spectos relacionados exclusivamen te con el diseño. 6. 3. Fuentes bibliográficas No se debe pasar p or a lto que la b ibliografía utilizada en esta te sis do ctoral es amp lia y variada. P odríamos dividir la b ibliograf ía utilizada en t res sub grupos: bibliograf ía técnico-meto dológica, b ibliografía de l marco t eórico y bib liografía sobre la historia de la ci uda d. El primer grupo comprende las principales referencias teóricas en base a las cuales se ha const r uido e l cuerpo de esta tesis doctoral, re ferencias metodo lógi cas y té cnicas d iversas. Algunos de los principales refere ntes teóricos a la hora d e redactar este documento son geógrafos y sociólogos críticos o radicales, sin po r ello renunciar a otras orientaciones met odológicas que pu diesen resultar com plementarias. Así, referencias obligatorias se rían David Harvey, Henri Lefeb vre, Neil Sm ith o Manu el Castells. Sin emba rgo estas aproximaciones teóricas se han complementado co n propue stas técn icas o metodo lógi cas que se ha n consid erado com patibles, aunque su em pleo sea menos hab itual, como las de Anselin o Soja. Respecto de la bibliografía en ba se a la cu al hemos construido el ma rco teórico, centrado ya e n la cuest ión de la gentrif icación, se ha tratad o en la med ida de lo posible re alizar una aproximación a la s diferentes y a veces enfrentadas fo rmas de ver e l proces o. Así debemos citar de nuevo a Neil Smith (1996 ), con sus apro ximaciones ma rx istas, Da vid Le y (19 96), neoweb erianas, y Caulfield (1994), postmodernas, por citar a los más representativos. Es también necesario reseñar el que sea quizás el libro más completo y más accesible sobre las teorías d e la gentrif icación publicado hasta la fe cha, Ge ntrification, de Lees, Slater y W yly (2008) El último grupo de textos se trata en el análisis y se han utiliz ado fundamen talmente par a realizar la aproximación histórico-an alítica a la ciudad de Sevilla y a sus dife rentes sectores urbanos. 6.4. Fuentes document ales Se ha trabajado con tres arch ivos, e l arch ivo gene ral de la Gerencia de Urbanism o d el Ayuntamiento de Sevilla, el archivo de casos de OTAINSA y la Heme roteca Municipal de Sevilla. El primero de los a rchiv o s ha sido consultado para la obtención de diferentes tipos de documenta ción, fundamentalmente pl a nos y docume ntos de planeam iento. Dentro de e ste archivo se ha accedido a la colección de planos históricos de la Gerencia; esto s d ocumentos, así co mo los document os d el planeam iento hist órico de la ciudad, con especial at ención al Plan Ge neral d e 1987, han servido a la reco nstrucción y análisis histórico d e la ciud ad. L os documento s de p laneamiento gene ral, así com o los especí f icos ref eridos al sector a naliz ado en la segunda parte de este trabajo, han sido utilizados para la aproximación histórico-analítica. Los e xpedientes con sultados en e l archivo de O TAI NSA comienz an co n la apertu ra de la propia oficina en 2004 , por lo que l a in f ormación tiene una evidente limitación en cua nto a su rango tempo ral. Se han estudiado 133 expedien tes, cerrados e ntre la f echa d e apertura de la O TAINSA y h asta 2 006, comp lementados con ot ros 201 expedientes iniciados entre estas fe chas pe ro toda ví a abierto s. Por ú ltimo, en la Hemero teca Municipal de Sevilla se ha co nsultado la ed ición sevillana del diario ABC edición de Sevilla desde 1981. La elección de este diario viene dada por ser una publicación con el ra ngo te mpo ral m ás amplio, que cubre t odo el siglo XX en su e dición sevillana, con u na gran cantid ad de información sobre la ciudad, y por se r e l periódico m ás vendido en la ciudad. Debido a esto se ha con siderado su h emeroteca como óptima tanto pa ra la búsqueda de información como para evalua r el pape l de la prensa en la elabo ración de determinados d iscursos con in terés pa ra la t emática de este trabajo . Se ha utilizado la fuent e de la ed ición Sevillana de ABC realizando bú squeda sobre n oticias referidas al sector elegido como caso de e studio para esta tesis. La información así obte nida ha servido para complementar la aproximación histórico-an alítica al sector. científica, teniendo en cue nta además que los estu dios específicos sob re el proceso siguen siendo escasos en lengua ca stellana. El a rtículo, en su búsque da de un término en castellano alternativo al neolo gismo gentrificación, descarta de f orma demasiado rápida e l término aburguesam iento por resultar d emasiado im preciso. Sin e mbargo no queda suficientemen te argumentada la mayor precisión de elitización. La principal d ebilidad d el té rmino elitizació n, según a quí se entiende , es expresada en el propio artículo de García Herrera. Cuando deshecha e l término aristocratización ha ce referen cia a la evidencia de que no son m iembros de la aristocracia quien es protagonizan el f enómeno. En el mism o sentido, desde este trabajo, se cu e stiona el hecho de que el grupo que p rotagoniza e ste fenómeno suponga una elite social. Los términos más u tiliz ado s han hecho referen cia a uno de los agen te s implicados, el grupo social que consume la m ercancía vivienda recua li fica da y que cambia con su presencia el carácter del sect or. Dado el fuerte contenido d e clase del p roceso y su con tex tualización en am plios pro cesos d e cambio social a nivel global, el debate termino lógico debería comenzar por expone r una conceptu alización de la e stratificación en clases de la sociedad d onde se desarrolla el proceso en cuestión. Según la RAE, el término elite ha ce referencia a una min oría selecta y rect ora. Herrera ut iliza la co ncept ualiz ación de Pareto co mo un grupo con imp ortante vinculación de riqueza, pe rtenencia a f amilias relevantes y bue nas co nexiones sociales. La vinculación d el proceso a una clase media o media-alta en la mayor p arte de la b ibliogr af ía existente n o coincide c on una m inorí a s electa y rectora, sin o con un grupo acomodado, amp l io numé ricamente y en expansión en el con texto histórico en el que ocurren estos procesos. El término elite, tal como se concibe en este trabajo, haría referencia a un estrato de directivos, altos f uncionarios o empresarios. Un grupo m ás reducido y que acu mula más poder d entro de la so ciedad y que po dría esta r vinculad o a casuísticas concreta s pero no a todas las que pod emos incluir dentro de este tipo de proceso s. Se trata por lo ta nto de un término e xcesiv a mente restrictivo, con respecto al sujeto “protagonista ” de l pro ceso si, com o s e e xpone m ás adelante en este marco teórico, este pu ede ser u n sujeto en el que predominan asalariados té cnicos y profesio nales de diferente tip o: a rquitectos, abogad os, profeso res, in vestigadores universitarios, un am plio est rato de los trabajadore s de cuello b lanco, etcétera, que aun teniendo un capital económico y cu ltural que l es permite conv e rtirse en protagonistas de este tipo de procesos, n o tienen por qué coincidir co n la elite de una dete rminada so ciedad. Se coincide aquí en m ayor m edida con Sargata l al respe cto de que “no son las clases sociales a ltas las que se ins talan en el centro urba no, sino una pa rte de las clases med ias (...)” (S ARGATAL , 2001). Aburguesam iento sería la traducción m ás f iel de l término, tan im precisa, por poder hace r ref erencia a pro cesos má s amplios o d e diferente carácter, como gentrifica tion. Si bien es cie rto que el uso del término an glosajón ha p arecido circunscribirse má s al proceso de cambio de se ctores urbanos que a procesos sociales más generales, algo que no parece f actible para el térm ino aburguesam iento. Para limar e sta a spereza lo m ás a propiado serí a a ñadir e l adjetivo residencial, y de hecho “aburguesamiento residencia l” es el término óptimo para referir a la gentrificación en castellano sin u tiliz ar un anglicismo. La cuestión aquí, de n uevo, sería hast a qué p unto el grupo protagonista del proceso puede se r referido b ajo el té rmino burguesía. L a aceptación e n este trabajo d e este t érmino viene d ada por la concep tualización de la estratif icación social e n clase s que se realiz a d entro de e ste mismo m arco teórico y que asocia al sujet o gentrificador co n lo que algunos aut ores han venido a denom inar “burguesía asalariad a”. El uso de este término, además, co ncede todo el c ontenido de clase que los princip ales au tores a nglosajones reivindican para e l proceso (LEES, SLATER y W YLY 2008). Un recient e artículo de Ricardo Du que sobre la cuestión conclu ía tomando parte por la adaptación al ca stellano del t érmino gentrification , es decir, “gentrificació n”. Esto por la dificultad de l idioma pa ra aceptar nu evas p alabras, para f acilitar el inte rcambio d e conocim ien to a nivel int ernacional y p or la prudencia necesaria a la hora de tra tar u n término que refiere un proceso ha st a el m omento fundamentalm ente obse rvado y definido en el extranjero (DUQUE CALVACHE, 2010). Admitiendo e stos argum entos, da do que no es uno d e los objetivos de este trabajo solucionar el debate termino lóg ico y p ara no añadir más confu sión al en tendimiento d e un proceso ya de por sí complejo , se h a optado en este traba jo p or u tiliz ar el vocablo m ás extendido hasta el mo mento, gentrifica ción, entendido como un proceso de a burguesamiento residencial. 1.3. Debate teórico e ideológic o en torno a la gentrificación Los geógrafos David Le y y Ne il Sm ith se han convertido en los p rincipales referentes para el estudio de la gen tri f icación desde a proximaciones diferentes y que en un principio pueden p arecer enf rentadas. David Le y p resentó en 1 978 el docum ento “Inner city resu rgence units in s ocietal co ntext”, do nde esta blecía una t eoría b asada en la demanda. De esta f orma, l a gent ri f icación se ría consecuen cia de la reestructu ración económica, sociocu ltural y demográfica del espacio urbano (citado en S ARGATAL, 20 00 y LEES , S LATER y W YLY 200 8). Los cambios e n la estructu ra e conómica de l ca pitalismo darían lugar a un nuevo grupo social asalariado auspiciado por el aumento de la importancia del sector servicios y de los t rabajadores técnic os y p rofesionales, con un ma yor poder adquisitivo que la trad icional clas e ob rera. Este s e ría el sujet o, q ue podría ma terializarse en una nueva clase so cial, que pu ja p or los espacios residencia les céntricos. L a tenden cia dentro de la investigación que estable ce David Ley tie ne su pri n cipal debilidad en la po ca importancia que se le da a l papel de la oferta y de los promotores. L a oferta sería en este caso una consecuen cia directa de una demanda preexistente. Como respuesta a las pro puestas de David Ley surge o tro enf oque con ceptual propuesto po r Ne il S mith, que publica en 1 979 el artículo “Towards a th eory of gentrifica tion: a ba ck to t he cit y m ovement by capita l, no t peop le” e n e l Journal of the A merican Pla nning Association (IBÍDEM). Smith centra su atención en la produ cción del espacio gentrificab le. Este a utor def iende que el establecim iento de u na teoría so bre la gentrif icación debe incluir el estudio de la demanda y de la oferta , pero o torga prioridad a la oferta en su explicación , de mo do que los factore s económico s estructu rales son lo s preponde rantes. Los agente s que ejercen como m otor de la gentrificación s on a quellos con c apa cid a d de influir en el mercado inmob ili a rio: institu ciones de crédito, grandes promo tores, etc. El punto central de la teoría de Smith reside en e l rent-gap o escalón d iferencial de renta ob tenible mediante un uso más lucrativo del suelo . Esta op osición entre interpretaciones desde la producción, con énfa sis en la s necesidad es del ca pital y su reproducción, e interpretaciones desde la demanda, con énfasis en las c uestiones culturales, podrían ser vistas como aproximaciones al pr oceso desde tradiciones marxi stas, por u n lado, y weberianas p or otro, según W ill iams ( W ILLIAMS, 1986 p. 6 5). Sin embargo, actua lmente, existe cierto conse nso sobre la posibilida d de conciliar est os puntos de vista, e n la med ida en que a mbos parten de análisis co n un marcado carácter materialista, e n lo s que mien tras, Da vid Ley se c en tra e n los gentrificado res como grupo social, Smith se interesa por el p apel del proceso a nivel estructura l. En la actualidad la ma yor parte de investig acione s prete nden agrupar tratamien tos del proceso de sde el consumo y d esde la producción; d e esta forma Lees caracteriza el proce so tanto por su relación con los cicl os del mercado inmobiliario, com o po r los c ambios en las p referencias de háb itat de los p rofesionales y nuevas clase s medias (LEES, 2000). Las llamadas a supera r e ste debate y com binar ambas pe rspectivas so n num erosas: “Gentrificatio n illustrates th e importance of b oth processes of production and profit-ma king on the one h and, and p rocesses of consumpt ion and life styl e choice on the other” ( BONDI, 19 91, p. 90). B ondi propone superar la dico tomía entre explicaciones del lado de la demanda y explicaciones del lado del consumo interpretando la gentrificación como un proceso constitutiv o d e clase (BONDI, 1991 ). Slater t ambién denuncia la e xageración respecto d e la oposició n en tre las e xplicaciones del lado de la dema nda y de la p roducción, al mismo tiemp o que invita a h acer é nfasis en la cu estión de los desplazamientos forzosos como cuestión fund amental de la gentrificación (SLATER, 2006). Pese al conse nso alcanzado, no deja de existir u n cierto an tagonismo e ntre diferen tes visiones, entre aque llos más interesados en e l estudio d el su jeto gentrificado r y los cam bios culturales que provoca su e mergencia y a quellos interesados en los efect os de estas prácticas so ciales so bre pob laciones vulnerables, o , má s aún, en tre visiones compla cientes del p roceso y perspe ctivas crí ticas. Otra cu estión teórica se ría el pa pel de la gentrificación como refugio de capitale s en periodos rece sivos. Por ejemplo, en un p rimer momento , Smith y otros aut ores asocian el proce so a las crisis e conómica s en t orno a la d écada de 1970 (e n SMITH y L EFAIVRE, 1 984, p. 46 o en SMITH y W ILLIAMS, 1 986, pp. 29-30). En e ste sentido, existen estu dios que confirman el p apel d e los ciclos e conómicos en la a celeración de l proceso. FREEMA N y BRACO NI afirman que la rece sión pe rmitió que a la industria inmobiliaria le f uera rentable la reinversión en viviendas p rotegidas, crean do la s condiciones que expandie ron el proceso d e gen trificación en muchas ciudades (FREEMAN y BRACONI, 2004). De hech o, en la década de los noventa algun os auto res creían que el pro ceso irí a remitiendo en im portan cia, vinculando el proceso a coyunturas concre tas d el mercado inmobiliario e n la década de lo s ochenta (es el caso de BOUNE, 1993). Más recien temente, sin embargo, se ha venido a imponer la id ea de que la gent ri fica ción d ebe se r vista como un p roceso indepen diente d e coyunturas concreta s; con la pe rvivencia del proceso durante el period o recesivo en to rno a 1990 y el auge in mobiliario po sterior, prácticamen te han desaparecido las duda s sobre l a gentrificación como un fenómeno duradero ( afirmado por LEES, 2 000 o FREEMAN y BRACONI, 2004). Tan importante como el deba te teórico es e l de bate ideológico so bre estas cuestiones. Como concepto polémico, la gentrif icación cuenta con firmes defenso res y acérrimos ene migos. Este debate podría interpreta rse com o u na traducción a la comunidad científica d e los in tereses enfre ntados en t orno al proceso . P or u n lado, u na administración púb lica y un cap ital inmobiliario claramente interesados en el desa rrollo de estos procesos en sus cen tros urbanos, así como una cla se media gentrificadora que pref iere verse a sí misma como “repobladora” o “pionera” antes que com o “colonizadora”, en e l sentido más negativo de la palab ra; por otro lado grupos que se ven despla zados fuera de estas zona s por las d inámicas del m ercado y no p ocas veces por la intervención de las f uerzas de seguridad del estado ( SMITH, 1996), así co mo voces crí ticas en las ciencias sociales, el periodismo o la política. Muchos autores co inciden en afirmar que la gentrif icación es un efe ct o conside rado gene ralmente deseable p or p arte d e la adm inistración p ública, en base a que en mu chos caso s el pro ceso de degrada ción de la ciudad central parece haberse revertido a través de estas dinámica s transformadoras. Desde un p unto de vista lib eral, la p olítica u rbana de be p romover e l crecim iento económ ico en la ciudad central, est imular la m igración de los grupos con ingresos altos y me jorar e l entorn o f ísico. Desde un punto de vista m ás so cial, la p olítica urb ana en los centros empo brecido s debería dirigirse a la redistribución de opo rtunidades y recurso s hacia lo s grupos de baj os ingresos (BAILEY y DOUGLAS , 1997). Bailey y Douglas hace n una inte resante revisión de cóm o la política púb lica hacia los ce ntros empobrecidos en Re ino Unido ca mbió d e sig no con l a introdu cción de la ideología neo liberal. En la d écada de 1970 se imponía una visión n egativa d e la gentrificación dirigiéndose las políticas públicas a f renar el despla zamiento a tra vés de la con strucción d e vivienda s prote gidas sta tes y housing a ssociations . Co n That cher e n el gob ierno y co n la implan tación del modelo neo liberal, e l discurso se red irige ha cia una visión positiva d e los mismos procesos en lo s que se alude recurrentem ente a la respon sabilidad individual de los ciudadanos (IBÍDEM). Curi osamen te, c on el cam bio hacia el gobierno laborista en la dé cada de los noventa no se revertiría e sta t endencia sino que existirí a un cierto co ntinuismo en la s p olíticas de promoción de la gentrifica ción (LEES, SLATER y W YLY 2008). David L ey, p or su parte, reúne alguna s citas intere santes d e los alcaldes d e St . Paul y Baltim ore, a p ropósito d e la pe rcepci ó n po sitiva de l proceso desde e l ámb ito polí tico 11 . 11 Alcalde de S t. Paul en 1977: “Som ething is ha ppeni ng in our inn er c ities (…) as a r esult of the fuel crunch, as a resu lt of a ne w l ife st yle, as a res ult of housi ng qualit y or resid ential qu alities that f rank ly c annot be m atched b y new cons truction (… ) there is a v ery d iscerni ble ret urn to th e cities”. Alca lde de Ba ltim ore en 1977: “p eople are star ting to com e back and liv e here ( …) t he y are beginni ng to f ind out ther e is s om ething a live here. T he y ´re com ing back f or (…) lif e, prid e and acti vity” (LEY, 198 3, p. 45). Un argume nto h abitualmente ut iliz a do para defend er o promover la recualificació n de lo s cen tros urbanos e s la denun cia de la gran concentración de mise ria que se ha b ía acumulado a lo largo de gran parte de l siglo XX en estos se ctores. Sin em bargo, no se debe pasar por alto que la co ncentración de pobreza en los centros históricos no debería ser mejor ni peor que la concentració n de la pobreza en gue tos periféricos. P or otro lado, una de las críticas m ás comun es a la gent rificación son el de splazamiento y la reducción del stock d e viviendas ase quibles para grupo s con ba jos recursos e n los centros urba nos (SMITH, 1996 o LEES, SLATER y W YLY 2008). En su exhau stiv a revi sión de la bibliografía sob re gentrificac ión Lees, Slater y W yly (2008) e xponen la con traposición a nivel ideológico e ntre lo que po dría denom inarse te sis del revanchismo , cu yo principal auto r sería de n uevo Ne il Smith, y tesis d e la emancipación, cuyo e xponente má s claro es sin duda el canadien se Caulfield. La prime ra e xpondría una visión negativa de la gentrifica ción como una estrategia de clase a través de la cual las c lases a ltas recupe ran el ce ntro urbano a bandonado durante dé cadas y o cupado po r las clases bajas. La segunda expondría una visión positi va d e la gentrificación como f orma de e xpresión de las nuevas clases medias polí t icamente progresistas, rechazand o la ri gidez d e los suburb ios y creando espacios hete rogéneos y a biertos donde m ujeres, h omosexuales y minorí as étnicas tend ría una libertad d e la que n o dis frutarían en las z onas residenc iale s suburbana s. Uno de los autores más críticos con e l proceso sería Neil Sm ith. En su libro The new Urban Frontier (SMITH, 1996) realiza una int eresante comparación e ntre la colonización del Oeste americano y la colonización de los viejos centros urbanos degradados po r parte del capital inmobiliario y los nu evos “pioneros” de clas e med ia. De igual forma que en la conquista d el Oeste, los nativ os ame ricanos se m imetiz ab an a lo s ojos d e la ideología co loniz a dora a nglosajona con un medio salvaje que hab ía que civili zar, la cla se o brera re sidente en los centros u rbanos se ignora entonces com o su jeto, quedando cosificada como parte d e un med io ambiente degrada do que ha y que rehab ilitar; obviando los proceso s de expulsión como precepto necesario para recualificar el se ctor desvalorizado y e mpob recido. De esta forma el concepto de “fron tera” y “pionero ”, u tilizados por la ideolo gí a neolibe ral que promueve y def iende la gentrifica ción, sirven según Smith para o cultar un p roceso de “co nquista”. Aunque no fa lta quien afirma, de sde posturas muy ale jadas, que la resisten cia o la crítica a estos proceso s tiene mucho de resentimiento racial y/o d e cla se (FREEMAN y BRACONI, 2005 ). La aportación de Caulfie ld es destacable por su pa rticular p unto de vista en el que coincide una perspectiva p olítica p rogresista y po stmode r na con un entu siasmo pro gentrificación poco común e n lo s a utores d e izquierdas. E s muy citado su artículo “Gen tri fica tion an d Desi re” pa ra e l Can adian Rev ie w of Sociology and Anthropology, así como e l posterior volumen Toronto´s Citiy form and e veryday live. Gentrification and Critical Social Pract ice , que desde u na visión con m arcado carácter postmo derno proporciona u na particular visión de la gentrificac ión como un p roceso progresista y em ancipatorio. La gentrificación y los nue vos e spacios produ cidos serían una crítica a la a rquitectu ra y a la opresión modernista, en la qu e lo s trabajadores d e la in dustri a cu ltural despla zarí a n la s práct icas culturales y ec onómicas m arginales y anquilosad as de la ciu dad. Un tipo d e proyecto eman cipa torio que se reduciría, n o obstante, a lo que Ca ulfield, entre otros, denom ina gentrificador marginal, un co ncept o sobre el que se volverá a trabajar más ade lante (CAULFIELD, 19 89 y 1 994 ). Estas po siciones n o son a isladas y gua rdan una fu erte relación con la vinculación de los grupo s de artistas y boh emios a alguno s procesos de gentrifica ción. Po r e jemplo, al o tro lado del At lántico, Came ron y Coaff ee celebraban más recie ntemente la indust ri a cu ltural como motor d e la recupe ración de barrios d egradados, d enominando la intro ducción d e artistas y bohem ios en la s p ri mera s fase s del p roceso como “gentrificación p ositiva” (CAMERON y COAFF EE, 200 5), y es inevitable asociar estas cuestione s con la celebración de la “clase creativa” de Richard Florida (FLORIDA, 2003). Slater llama ba la atención en 2006 sobre el progresivo pred ominio de las perspe ctivas acríticas en las aproximacio nes a la gen trificación, denunciando la excesiva atención a las nue vas clases medias gentrificadora s, la celebración de la “clase creativa” y la concepción de cu ltura y ca pital como fuerz as comp lementarias, m ientras se igno ra sistemáticamen te a los grupos despla zados (SLATER, 2006). E ste autor denuncia el discurso de Ca ulfield, que habría ten ido continuidad en otros auto r es com o Andres Duany e n 2 001 12 . Tamb ién ha ce referencia a la omisió n del término gentrificación y la con cepción del proce so c omo una me ra re población, ignorando a la pob lación d esplazada, siendo este el caso de T allon y Brome ly (IB ÍDEM, p. 745). S haw (2008 ) y Freeman (2008 ) responden a Slater, la primera afirmando la independencia de la gent ri fica ción de la e xistencia o n o de u na población de splaz ada , y el segundo rec ordando la d ificultad de encontrar d atos empíricos sobre estos desposeídos. E s e sta una de l as grandes carencia s e n los estudios sobre gentrifica ción, como lam entan Slate r o W acq u ant, un grupo que se vincula habitualmen te a una clase obrera pasada de m oda y p rácticamente invisible en la investigación social que la h a sustituido po r las cu estiones de e tnicidad, pobre za urbana o criminalidad 13 . Los argumen tos a f avor d e la gent ri f icació n ha n tendido a ca racteriz arla, po r encima de todo, como una oportunidad h istórica para f renar la de cadencia del centro u rbano, suponiendo incluso un b eneficio p ara los resid entes p revios d el centro u rbano en la medida en que propicia la aparición d e nuevos alojam ientos y estimula el establecimiento de servici os adicionale s. Estos argumentos son defendidos entre otros por FREEMAN y B RACONI 14 . Fren te a esto, Bond i matiza que la gent rificación no se de sarrolla nece saria m ente sob re vecindarios desvitalizado s y cultura lmente moribundos, sino que en ocasiones destruye comunidades de clase trabajadora muy vitales. De e sta forma la s 12 “G entrification reba lances a concen tration of povert y by providing the tax base, r ub-off work ethic, and political ef fectivenes s of a m iddle class , an d in th e proces s impr oves th e quali ty of life for all com m unity´s resident s”, (IBÍDE M, p. 741) . 13 “T here are worker s, to be sure, but the work ing c lass as such is u nf ashionable , inscr utable, unnoticed if n ot invis ible... the class ic s tudies of ‘t raditional working-c lass neighborh oods ’ ...have disappe ared, t o b e r eplaced b y inquiries into e thnicit y and segr egation, on the one hand , and urban povert y and stre et crim e on the other ” ( W ACQUANT, 200 8, p. 200) . 14 “this reurba nization of the m iddle and prof essional clas ses presents a histor ic o pportunit y to reverse centra l-city d eclin e and to further other wi del y acc epted socie tal g oals (…) ex isting residents of inner-c ity neighborhoods could benefit direc tly f rom gentrification if it brings new housing i nvestm ent and stim ulates additiona l reta il and cu ltural s ervices” (FREE MAN y BRACONI, 2 005 p. 39). “eleccione s de estilo de vida” de unos pasarían por encima de la vida de o tros (BONDI, 1991). Resulta cla ve en e l debate ideo lógico el a rgu mento del desp lazamiento f orzoso de la población sustituida. Ya se ha m encionado que Pa cione afirmaba e sta como la mayor co nsecuencia social de la gen tri fica ción (PACIONE, 19 90, P.112). Sin em bargo, FREE MAN y BRAC ONI aseveran que la gentrif icación puede suceder sin proceso s rápidos y masivos de expulsión de la pobla ció n más d ébil, si n o a través de una sucesión que seguirí a el ciclo de vida d e la s viviendas. E sta afirmación se ap oya en e l trabajo empírico de los aut ores sobre Nueva York. As í, e n un periodo suficiente d e tiempo, u n vecind ario puede gentrifica rse sin desplazamiento fo rzoso y con una s ta sas de movilidad moderadas en la medida en que los ind ivi duo s que llegan nue vos al barrio tienen u n estatus social más a lto que los que se van. Según el estud io, los inquilinos con bajos ingr esos de los b arrios en gentrif icación querrían m enos un despla zamiento que los de otros ba rrios por las m ejoras respecto d e la dispon ibilidad de ser vicios, equipamientos y se guridad (FREEMAN y BRACONI, 200 5). Muchos autores resaltan so bre e ste debate la esca sa d emostración em pírica del desplazamiento forzoso d e la población que ha e xistido hasta a hora, a pesar de las tres décadas d e es tudios sobre los p rocesos de gentrificació n (po r ejemplo FREEMAN, 2008, respondiendo a SLATE R, 2006). Resulta paradójico que, año s antes, P acione afirmase la e scasa e videncia de la supuesta contribu ción de los procesos de gentrificación a la economía urbana 15 . En cualquier caso, la m ayoría de los autores, incluidos FRE EMAN y BRACO NI, asumen que independientemente d el m ayor o menor peso de los despla zamientos no voluntarios, si los desalojos forzosos de po blación pobre son una consecuencia del p roceso, es la obligación del científico social estud iarlos como una característica d el proce so, y la de la administración pública mitigarlos. 1.4. Geogra fías de la gentrificación Uno de los elemento s espa ciales de la gentrificac i ón en base a l cual se pu eden hacer u nas prim eras genera liz acione s, es su ubicación en los c entros u rbanos de las ciudades medias y grand es con un cierto grado de desarr ollo. En e l mundo an glosajón estaría vinculada a l Central Business District y su primer anillo re sidencial obrero, ob jeto de una notable degrada ción y abandono a lo largo d el siglo XX fru to de la s uburbanización residen cial de las clases medias. En Europa, y en especial para las ciudades med iterráneas, resulta f undamental su aso ciación a los centros históricos y su renovación urbana. Las p rimeras grandes ren ovaciones u rbanas de este tipo orientada s a crea ción de e nclaves residencia les y comerciales para las clases me dia s en centros degradados y pobla dos po r clases humildes, cuando no marginales, se produ cen en EE.UU., come nzando por los centros urbanos de P hiladelphia, Pittsbu rgh, Cincinnati o Baltimore desde finales de la década de 1970 , mientras 15 “There is little f irm evidence on the net contr ibution to a cit y. (...) little is k nown a bout th e net im pact of revitalizat ion on t he financ ial situation of a ci ty” (PACION E, 1990, p. 11 2). que en la década siguiente se multip licaron los locales de ocio, cultura y consumo vinculados a los centros urb anos reh abilitados (GARCÍA VÁ ZQUEZ, 2004). El de sarrollo geográfico desigual del proceso dentro de una misma ci udad tampoco es ignorado en la bibliografía e xistente. Boune percibe una gentrifica ción fragmentada que se desarrolla en a lgunos vecindarios, pero no en todo el centro u rba no (BOUNE, 1993). En su a nálisis sobre la gentrif icación de Manhattan, Neil Smith describe cómo el proceso se desarrolla en dife rente s tiempos en d iferentes se ctores, con una gentrificación temprana del S oho en la década de 1970 y co n un notable boom en la década de 1980, m ientras el Lower East Side, cuya tran sforma ción se inicia e n la dé cada de 1980, encuent ra una re sistencia mucho m ayor y n o se con solida hasta la década siguiente (SMITH, 1996). Sin em bargo, el proceso no se circunscribe a E E.UU., García Vázquez e xpone como eje mplos emblemáticos d el proceso s ectores tan d ispares como Le Marais en París, Kreu zberg en Be rlín o No tting Hill en Lond res (GARCÍA VÁZQUEZ, 2004 ). Otra cu estión sería e l he cho d e que su e studio se ha centrado p redominantemente en las grandes ciuda des del mundo de sarrollado. Lees, sin em bargo, sugiere que la gen trificación no sólo afecta a e stas grandes megápolis, también se han comprobado procesos de gentrificación en ciudades med ias, entre las que cita Vancouver, Manchester o Auckland (LEES, 2000). W illiams comp ara los casos d e Australia, Gran Bret aña y Esta dos Unidos. A nivel de simple obse r vación, la gent ri f icación en el mundo parece un proceso bastante uniforme que da lugar a medios urbanos esté ticamente similare s en los cen tros urbanos de muchas ciudades. No ob stante los mercados de la vivienda en los tres países tie nen variaciones significativas respe cto de la demanda y oferta de vivienda, estructuras institucionales, estructuras salariales, re gulación del mercado y organización finan ciera. La prop orción de in qui linos propietarios en la clase obrera australiana ha sido mucho mayor que en Gra n Bretaña o EE.UU., e n parte debido a los ele vados salarios y la menor oferta d e viviendas. El control de los alquileres y la intervención pública en el m ercado de la vivienda co n carácter previo a la década de 198 0 ha sido especialmente importante en Gra n Bretaña; e sto habría influido en el proceso tanto como las políticas poste riores de acce so a la propiedad para la clase obrera m ediante la privatización de l parque público d e viviendas co n e l th acherismo. W illiams destaca a su vez e l caráct er m ás clasista y jerárquico de la s ociedad britá nica. Por su parte EE.UU. destacaría por la elevada proporción de alquileres y el m ayor im pacto del abandono de la edificació n en sus ce ntros urban os, así como por el e norme p eso de la cuest ión racial ( W ILLIAMS, 1986, p. 58-59). Aunque la gen trificación se ha estudiad o principalmen te en EE.UU., Cana dá, Europa Occidental y Australia, este pro ceso no es ajeno a o tros ám bitos con menor n ivel d e desa r rollo, o con un d esarrollo má s re ciente. Así, de f orma reciente han aparecido e studios sobre p rocesos de gentrificación en nuevos países industrializados ( W ONG, 2006 ) o en los países d el a ntiguo Bloque del Este. En estos, la caída del muro y la entrada del capitalismo e n Europa del Este h abrían gen erado proce sos similares en ciudade s c omo Praga (SYKORA, 1999), Moscú (BADYINA y GOLUBCHIK OV, 20 05) o Budap est (SMIT H, 1 996). Badyina y Go lubchiko v h acen un trabajo interesan te al co ntextualizar la gentrifica ción en el antiguo Blo que del E ste, ubicando los procesos en el tránsito del Moscú comunista al Moscú neolibe ral. Un p lanteamiento qu e refuerza los posicionam ientos que t ienden a vincular gen trificación co n políticas neolibe rales (BADYINA y GOLUBCHIKOV, 2005). Smith, aun def endiendo lo s facto res comunes de los pro cesos de gen trificación en diferentes ámbitos geo gráficos, admite las f uertes diferencias entre la Europa cont i nental y el m undo anglosajón. Diferencias que ac haca a cuestiones políticas vinculadas al control de la política de vivi end as p or p arte de gob iernos con tendencias socialdemócratas . Por e jemplo, pueden e xistir menores niveles d e desinversión en los centros u rbanos europeos, un m ercado del sue lo más intervenido, diferencia s respecto de la cuestión racial y dif erentes econom ías del consumo (SMITH, 1996). En sus e studios d e caso, Sm ith describe la gent rificación en Ám st e rdam como un fen ómeno tardío y p arcial, a p artir de la desregularización y la retracción de la intervención del Estado en la déca da de 1980 . Antes la inte rvenci ón p ública había permitido que la proporción de vivienda s vacías o de edificios subman tenidos en el parcelario con cierto grado d e ant igüedad nun ca f uera extremo. Ademá s, la regulación e statal del m ercado de su elo lim itaba las posibilida des de fo rmación de un escalón de renta. Por ot ro lado, la re gulación de la prostitución y la expansión del menudeo de drogas lim itan la gentrificación en a lgunos sectores del centro urbano, como el Barrio Rojo (IBÍDEM). En comparación con el m undo anglosajón, la gen trificación de la d écada de 1980 en Ám sterdam retiene una cierta m ezcla de clase s sociales en la ciud ad, al menos a med io p laz o . No es extraño encontrar pisos gentrificados y caros junto a viviendas so ciales de n ueva p lanta o apartament os rehabilitados para la clase t rabajadora. En el mun do anglosajón, aunque e sto también ocurre, según Smith, e l poder del m ercado la convierte en una sit uación mucho má s transitoria. En B udapest, la gentrificación en tra de la mano de la a pertura a l mercado, y se asocia en el centro urba no d e la ciudad a la demanda de espacio p ara oficinas e, incluso, a la demanda de residencias para profesionales extranjeros. En París po r su parte se p roduce una gentrificación dispersa en diferente s barrios, con una m enor vinculación a l centro h istórico, por se r gran parte de este zona de residen cia bu rguesa des de la refo rma de Haussmann. El auto r af irma que la gentrifica ción de Parí s es ta rdía y sólo pue de empezar a conside rarse a pa rtir de la dé cada de 1980, en gran m edida debido al fu erte control del estado so cial respecto del mercado de la vivienda y d e los a lquileres, y a una desregularización ca uta desde f i nales de la década de 1970 (IBÍDEM). La gentrificación en el mundo a nglosajón es h abitualmente má s rápida , más extendida y más completa en los vecindarios que afe cta. Las razones son estructu rales y aun así n o pu ede decirse que se trate de experiencias radicalm ente diferentes 16 . 16 “It is dif ficult to argue th at N Y, with a vast lan dscape of gentrif ication, h as les s in c omm on with Am sterdam than with Hous ton or L os Ang eles; that dow ntown dis investm ent in Phoen is is m ore severe t han in Glasgow or Lille; that the new c apitalism in Buda pest m ore resem bles that in Paris or th e caut ious g entrif ication of Oslo than it does that of Phila delphia; or t hat an ywhere i n En España el estudio de la gentrificación es relativamente reciente y muy circunscrito a de terminados ámbitos. En un estudio r e ciente, García y Rodríguez seña laban la existencia de tan s ólo 50 referen cias bibliográficas incluidas e n 1 4 revistas, correspo ndientes en su p ráctica totalida d a la ram a de la Ge ografía o con una participación mayoritaria de geógrafos. De estos, sólo poco más d e la tercera parte a bordaba ef ectivamente el e studio de la gentrifica ción, m ientras el resto m encionaba el proce so o bien de scribía algunos de sus rasgos definidores sin ut iliz ar e l té rmino (GARCÍA HERRERA y DíAZ RODRÍGUEZ, 2008). Dentro del Estado español destacan las apo rtaciones realizadas desde la Universidad d e Barcelona, y principalmen te sobre esta ciudad, fundamen talmente las escritas por colaboradores habituales de las revistas Biblio3W y S cripta Nova . De entre e llas resultan pioneras las aportaciones de García Herrera y Sa rgata l Bataller, la primera con su propuesta de uso del término “elitización” para estos p rocesos en castellano (GARCÍA HERRERA, 2001) y la segund a aportan do un notable marco te órico, principa lm ente deudor del mundo anglosajó n, para posteriores inv e stigaciones (SA RGA T AL, 2000). Dos añ os d espués, desde M adrid, se realiza una nueva aportación con e l objetivo d e establece r u n marco t eórico a partir de l cual a naliz ar l os p rocesos de gent ri fica ción en el Estado (RODRÍGUEZ, VÁZQUEZ y DOLORES, 2002). El t rabajo de G arcía Herrera y S argatal ha continuado a lo largo de la p resente década, la primera con su investigación sob re el caso del Cabo -Los Llanos en Santa Cruz de Tenerife (GARCÍA HERRERA, 2003), y la se gunda, quizás la auto ra más fecunda en cuanto a n úmero de artículos, con sus estudios so bre El Raval (SA RGATAL, 2001) y sobre e l Casc Antic de Ba rcelona (IBÍDEM, 20 02 y 2003). Otros au tores han continuado publican do investigaciones sobre la gentrificación en Ba rcelona en la p resente d écada, a través de Scripta Nova . Es el caso de Tabakman sob re el Casc An tic (TABAKMAN, 2001), Narrero sobre Pob le No u (NARRERO, 200 3) o Magrinya y Maza sobr e el esp acio po rtuario de la ciud ad (MAGRINYA y MAZA, 2 005). Recientemente destaca la aportación de Manuel Delgado sobre el papel del a rte y la cultura en la recualif icación de sectores urbanos (DEL GADO, 2008). 2. El estudio empíri co de la gentri ficac ión 2.1. El estudio de la gentrificación en el marco de la ge ografía social El est udio d e la gentrificación, como p r oceso so cial u rbano, debe esta r necesariam ente vinculado al e studio de la segregación urb ana de los grupo s sociales. Como es lógico, el estu dio de la s egunda es m uy anterior y much o más vasto que el de la primera. Tanto el e studio de la segregación com o el estudio de la gen trificación encuent ran a lgunos de su s princip ales referentes en las investigaciones realizadas por Engels y B ooth en la In glaterra ind ustrial del siglo XIX. The housing cu estion o The Condition o f the working class in Enga lnd han sido the U S has se en a faster gentrificatio n th an Buda pes t s ince 1989. In t erms of gentrificatio n, I suspect that Paris and Am sterdam , for all the ir ow n diff erences, have m ore in c omm on with Baltim ore and Seattl e than with Rotterdam and Rom e” ( SMITH, 1996, p . 185). una reclamación h echa p or los propieta rios por el uso de su sue lo, y supo ne una reduc ción de la plu svalí a cread a por los producto res, d e ahí el se ntido peyorativo d el concepto de rentista y los caracteres parasitarios que se asigna n a los mism os (IBÍDEM). T oda renta se basa en el p oder d e monopolio p rivado sobre ciertas partes del p laneta, lo que permite esta corriente de ingresos sin que medie en principio activi dad productiva 18 . Harvey atribuye a l suelo urbano una serie de características específicas como mercancía. Por un lado, destaca por tratarse de una mercancía orig inal e indestru ctible, que no requiere ma ntenimiento y que no est á re stri ngido por un ciclo de vi da, al mismo tiempo que las m ejoras realizadas sobre el mismo (edif icios) tienen un cicl o de vida largo. Por otro la do es una mercancía con una localización fija, q u e no puede ser tran sportada, lo que confiere priv ile gios monopolistas a la p ersona con dere cho a determ inar el u so de ese sue lo. Las propiedades monopolísticas del sue lo permiten crear, para una mercancía- lugar, un pr ecio monopolista, determinado po r la apetencia de com pra y la capacidad de pago d e los com prado res, independientemente del p recio dete r minado por lo s costes del p roducto ( HARVEY, 1 977). El caráct er monopolístico de la mercancía suelo pod ría jugar un papel fundame ntal en la demanda de determ in a dos espacios urbanos, limitados y escasos, como el centro urba no. Otro co ncepto de ut ili d ad son las “rentas de m onopolio” de Dav id Harvey, que introdu cía en su a rtículo “El arte de la rent a”. En relación con lo anteriormente expresado, e stas serían una renta que pe r mite incrementa r los ingresos de una actividad e conómica, duran te un periodo de tiem po, gracias a l cont r ol exclusi vo de una merca ncía que en alguno s a spectos es única e irreproducible. Aunque duran te la mayor pa rte del capítulo Harvey utiliza el ejem plo d e los viñedo s, sus refle xiones so n perfectamente transferible s a l me rc ado d e su elo urb ano. Por supuesto , e n ambos caso s, e l suelo y, má s allá, e l lugar, re sultan dete r minante s e n la creació n d el monopolio. Dete rminados lugares, en ba se a su ide ntidad y esp ecif idad, tienen la capacid ad de g ene rar m ercancías monopolísticas, a través de denom inaciones de origen formales o a través d e la come rcialización del propio espacio (a través del negocio inmob iliario, hoste lero, e tcétera.). La ventaja m onopolística vendría dad a f undamentalmente por la ubica ción (IBÍDEM, 2007, b). Estas rentas de m onopolio de un d eterminado espacio u rbano permitirían una cierta variedad de estrategias, como “crear escase z retirando el suelo o el recurso de lo s usos actua les y esp eculando sob re sus valores f uturos” siendo “la singula ridad del Picas so o d el emplazamiento la que f orma aquí la base del precio de mo nopolio” (IBÍ DEM, p. 418), una singularidad que p aradójicamente podría de saparecer cu anto m ás comercializables se vuelven d ichos artículos y menos sin gulares y especiales parecen, lo que lleva a concluir que “La insulsa homogene idad adjunta a la p ura me rcan tilización bo rra las ven tajas d e monopolio” (IBÍ DEM, p. 420). 18 Los g eógraf os m arxistas c om o Har vey y Sm ith han pr eferido utilizar el térm ino re nta de su elo en lugar de valor de suelo, por su vinculaci ón a la teorí a c lásica del valor, al no ref lejar el prec io de la t ierra u na cant idad d e f uerza de tr abajo apl icada a la m ism a c omo sí lo harían la m a y or parte de las m ercancías . 3.1.2. El esca lón diferencial de renta Una clave f undamental de la inte rpretación estructural de gentrificación por Smith es la diferenciación e ntre la re nta del su elo cap italizada y la rent a del suelo po tencial. La primera es el ingr eso eco nómico actual reci b ido por el propietario de una parcela de suelo a cambio del de recho a usar ese su elo, dado u n determinado uso presente. La renta de suelo p otencial se rí a el in greso eventua l si e ste f uera p uesto en su u so óptimo. Para Smith la d ife re ncia entre la renta del su elo capitalizada y la ren ta po tencial sería el e scalón d ife rencial de renta que a ctúa como motor d e la gentrif icación de los centros urba nos (SMITH, 1996). El capitalismo e stá siemp re bu scando nue vos es pacios donde invertir y diseñand o nuevos espacio s p ara la acumulación de cap ital. El resultado es una dinámica de inversión y de sinversión a lo largo del t iempo y el espacio en un continuo p roceso de desarrollo geográfico desigual (HARVEY, 2 007 a, 2 001 y 1977). La in versión urbana y el crecimiento conducen inevitablemen te a produ cir de sinversión y escalon es dife rencial es de renta para sectores u rbanos envejecidos, cuanto mayor es el esca lón m ayores son la s oportunidade s de negocio para inversores, promotores y espe culadores, en la medida en que puedan p rovocar la t r ansfo rmación del sector, a traer a las clases m edias y alcanzar la ren ta potenci al que tie ne el suelo (SMITH, 1979). Con el tiempo la s estructuras u rbanas se d eterioran y se deprecian. L os propietarios de edificios e n barrios po bres y envejecidos e ncuentran cad a vez menos justifica ble m antener u na edificación, m ás c uando ésta acoge in quilinos de bajo s ingresos. La lógica capita lista lleva a gastar el m ínimo absoluto en e l manten imiento de la estructura m ientras se extrae la m áxima renta posible de los inquilinos, que no será m ucha, a la e spera de futuras p osibi lidade s de redesa rrollo y revalorización. Se produce lo que cono ce mos como desinversión, la decadencia de l ba rrio se acelerará y los resident es de ingresos moderados serán su stituidos por reside ntes progr esi vamente más pobres y con menos opcio nes de elegir un sitio mejor para vivir (IBÍDEM, 19 96). El e scalón d iferencial de renta explica la gentri f icació n como product o de la inversión y desin versión en el mercado d e suelo urbano . El desarrollo urb ano y los ciclos de vida de los vecindarios gener a n una tensión creciente e ntre la renta capitalizada y la po tencia l hasta hacer llegar esta diferencia a su punto máximo. Conform e el escalón entre la renta p otencial y ca pitalizada se ensancha , se genera un incentivo cada vez más f uerte para la intervención sobre lo s sectores desv alorizado s (LEES, SLATER y W YLY 2008). De toda s formas, aun acep tando la gene ralidad de la propuest a, resulta difícil tomar est a teo ría como suf iciente en sí mism a pa ra explicar de la gent ri fica ción. Una postura únicamente centrada en ella podría conducir a conclusiones excesivamente deterministas. Como se h a apuntado e n ocasiones, e l esca lón de renta n o determina la gentrificación, ni tienen que ser l os barrios con mayores escalone s de renta en los que se prod uzca el proceso. Deb e haber necesariam ente o tros fa ctores que h agan q ue la gentrificación actu é e n un espacio y no e n otro (IBÍDEM). 3.1.3. Mercado y segrega ción Pasando a la cuestión de la segregación , existe en los aut ores, fundamen talmente m arxistas o ne omarxistas, que hem os mencionado , y como denuncia ba E dward S oja (SOJA , 2008), u na te ndencia a con cebir la segregación socioe conómica e n el medio urbano como un a realidad inevitable. Una consecuencia inevitable, efe ctivamente, de la existencia de un m ercado de suelo y de una diferenciación so ciolaboral, una conse cuencia ine vitable por lo tanto de la ciudad ca pitalista. A pesar de las afirmaciones de S oja, el tiempo parece ría haber dado la razón a estos autores. La Escuela de Chicago le ga un d eterminado e squema de segregación de la ciudad que ha llegado hasta n uestros días. Espe cialmente difund ido el m odelo de círculos concéntricos de Burgess, modificado a p osteriori p or Hoyt, con los inmigrante s recientes en el centro u rbano y los grupo s con mayores ingresos en los s uburbios ( PICÓ Y SI ERRA, 2010). L os urbanistas neoclás icos estuvieron f uertemente influidos por los modelos de e sta escuela, incluyéndo los en el m arco teórico neoliberal. De e sta forma se empiezan a fund amentar la distribución de lo s g ru pos sociales todo en términos de equilibrio y de soberanía d el consumidor. La f orma y la función d e la ciudad eran e ntendidas como res ultado de las d ecisiones realizadas por innumerables in dividuos autónomo s. La racionalidad del con sumidor llevaba a elegir en tre un a serie d e opciones con e l objetivo de m aximizar la u tilidad. En el m odelo trad icional de Alonso o Muth, la s clases med ias y los prop ietarios m ás ricos tiene p referencia por m edios reside nciales esp aciosos y pued en pagar fácilm ente los gasto s de transpo rte generados p or la d istancia de los sub urbios de baja intensidad. Los consumido res de ingresos más ba j os se amo ntonarían en el centro p ara estar más cerca del trabajo (LEES, SLATER y W YLY 2008). Los so ciólogos y geógrafos rad icales toman p arte d e los m ateriales e laborados en este marco neoliberal pero cuestionan en gran medida la autonomía del consumido r. Lefebvre afirmaba la segregación com o una realidad c on tres dimensiones suce sivas, o en ocasiones sim ultaneas según afirma e l au tor , fundamen tadas en la diferencia ción salarial y en la id eología, e n d ecisione s voluntarias de los grupos diferenciados y program ada p or la intervención pública (LEFEBVRE, 1969, pp. 113 - 114). Harvey por su parte pa rece d ar el énfa sis fundamental a la d iferenciación salarial y a l tra tamiento de suelo y vivienda co m o me rcancías, en un contexto más liberal que Lefebvre. Para Harvey e l á rea urba na sería ed ificada d e m odo secuencial a lo largo de u n amp lio periodo de tiempo, d onde la gente y las actividades toman p osiciones de fo rma secuencial. El uso d el suelo se ría así u n prob lema secuencia l de empaquetam iento del espacio en p a rcelas de difere nte uso, en el que lo s primeros e n e legir tendrían mayores posibilidades de elecció n, y los ú ltimos en elegir n o tendrían ninguna posibilidad de elección. Dada la existencia de un mercado de suelo y una disparidad de ingresos, respecto d e la u bicación en la ciudad, lo s prime ros que eligen so n los que m ás in gresos tien en. “Por tan to, llegamos a la conclusión f undamental de que el rico p uede d ominar e l espacio mien tras que el pobres se encuentran atrapado en él” (HARVE Y, 1977, p. 179). Esto está relacionado con lo que se denomina excedente de consumidor entendido como diferencia entre lo que un ind ividuo pa ga por un bien y e l máximo que estaría dispu esto a pa gar con tal d e no pa sar sin él. E l excedente aumen tarí a con el nivel de ingresos, dado que el grupo m ás rico só lo tien e que pujar un poco má s de lo que pueden pagar sus co mpetido res p ara elegir cualquier ubicac ión en la ciudad . E l grupo más po bre, a l ser el últim o en e ntrar en el mercado, ha de hacer f rente a unos proveedores de servicios de alojam iento que se encuentran en una situa ción casi monopo lística. Podemos prever en las zonas más po bres, de e sta f orma, u na explotac i ón po r parte de inmobiliarias (m árgenes excesivos) y de los prop ietarios (alquileres excesi vos) que sald ría d el excedente d e consumo, ante la f alta de capa cida d d e e lección del pobre. Los p ropietarios del suelo en este caso tienen el mon opolio del sumin istro d e viviendas a una c lase de inquilinos con b ajos ing resos (IBÍDEM). Una v e z estab lecida, la configuració n socio-esp acial de la ciudad e s d ifícil de transfo r mar, a pe sar de que la p ráctica política realice esfuerzos en e ste sentido, pese a “las buenas in tenciones human istas y las bu enas volunta des filosóficas, la práctica tiende a la se gregación. ¿Por qué? Por razones teóricas y en virtud de causas sociales y políticas. (…) Social y pol íticam ente, las estrate gias de clase (inconsciente s o conscientes) apuntan a la segregación” (LEFEBV RE, 1969, p. 115). No obstante la geografía so cial de la ciu dad varía. Ha rvey exponía en los años setenta un ejemp lo tomado del contexto estadounidense. El pob re eje rce una presión social que puede variar de fo rma e ir desde su mera presencia, a través de u na exhibición de t odas aquellas pato logí a s sociale s que se encuentra n relacionada s con la pobreza, hasta los di sturbios. Esta sería la base del “estallido”, como u na presió n física y socia l d e a bajo hacia arriba que pue de invertir la o cupació n secuencial del e spacio, y hacer que los pob res de splacen a los ricos (HARVEY, 19 77). La gentrifica ción es ot ro p roceso que altera la geografía so cial de la ci udad p ero operando en sentido contrario. David Ley abo rda la cuestión de l m ercado de suelo de sde un a perspectiva no marxista, lo que da lugar a un a e xperiencia notablemente diferente. E n primer lugar, afirma que la situación del inquilino en el me rcado de la viv ienda está dete r minada , en cierta med ida, pero no exclusiv ame nte, por los ingresos de este, de igual f orma que las posibilidad es d e elección en el mismo qu e afirmaban los e conomistas n eoclásico s son también exagerada s. Otros factore s que influirían en su ubica ción se rían el tip o de t enencia, tamaño de la fam ilia y la proporción de l ingreso familiar que se gasta e n el alojam iento , factore s que podrían separar inquilinos con ingresos idénticos (LEY, 1983). El au tor a dmite que las co nstriccione s en e l ingreso serían por lo ta nto dete r minante s en e l acceso a un determinado tipo de viv ie nda. No o bstante, n o habría que olvidar los f actores de la f ase del ciclo de vida, o el estatus de mino ría étn ico-cultural. Ad emás estos facto r es con mayor peso se encuentran difum inados y confu sos p or la influencia de las cu estiones act itudinales y la preferencia de estilos de vida (IBÍDEM). 3.2. Filtración y ci clos de v ida de los vecindarios 3.2.1. Fil trado residencial A pesar de que, como men cionaba Harv e y (HARVE Y, 1 977), los cambios en la ubicació n de los grupos so ciales e n el espa cio urba no son complicado s, estos se producen, y la gentrif icación e s precisamente un cambio en u na dete r minada distribución y se gregación social de la ciudad. Existen diferentes teorías que explican la transformación en la conf iguración social d e sectores urbanos. Estos cambio s fueron trata dos p or la Escuela de Ch icago, y la influ encia d e este grupo de sociólogos se deja sentir en las cien cias sociales a lo largo d e todo el siglo XX. Ya se ha tratado la p roximidad de los procesos de gentrifica ción con los procesos de invasión -sucesión de scritos por la Escuela de Ch icago, y que implicaban fundamen talmente la invasión de un área social de un grupo étn ico por o tro g rupo y su suplan tación a u n cierto plazo. Filtrado residencia l e s un concepto introducido por Ho yt, e l cu al obse rvaba cómo los nuevos b arrios era n casi siem pre co nstruidos p ara p ropietarios de altos ingresos y có mo cuando las vivienda s y los vecindarios e nvejecían se producía el “filtrad o hacia abajo” que hacia las vivienda s progresivamente m ás asequibles para grupos p rogresiv ame nte con menos recursos (en LEES, SLATER y W YLY 2008). La migración d e los propietarios co n mayores ingresos desde sus propiedades en vejecidas hacia nuevas residenc ias crearía u na serie de vacantes p ara grupos con menore s ingresos y las me joras en la vivienda se filtrarían h acia los grupos con menos ingresos. El desplazamien to de los grupos de estatus alto estaría a sociado con e l de creciente est atus so cial del vecindario y p or la obsolescencia del dise ño o el e stilo a rquitectónico en r e lación c on nuevos d esarrollos residenciales de lujo (LEY, 1983, pp. 248-249). Este proceso de filtración de arriba a ab ajo se inv ertiría en el caso de l a gentrifica ción. E n esta f iltración hacia arriba 19 , los inquilinos pobres serían despla zados p or la renovación o la demo lici ón d e lo s edificios de la ciudad central. La creación simultánea de viviendas d e alto p recio en el centro a través del re emplazo de vivienda s d e bajo precio e n un inf lado y d emandado me rcado regional d e la construcción hab ría t ransformado el f iltrado en un mecanismo socialmente regresivo se gún Le y (IBÍDEM, p. 250 ). En el proceso de gent r ificac ión e starí an implicad os amb os, p rocesos de f iltrado residencia l ha cia aba jo y ha cia a rriba. Un f actor que se repite en los casos de gentrifica ción es la decadencia de un vecinda rio, aso ciado genera lmente con el efecto de dete rioro del en vejecimiento de los e dificios. Cuando se prod uce l a decaden cia, aquellas familias pobres que p uedan intenta rán desplazarse hacia las zonas con un s tatus mayor hasta que eventua lmente las unidades son ocupada s por los ind ividuos más pobres, ejercien do a su vez u n ef ecto depre sivo sob re l os valores de la propiedad. L os rendimientos decrecientes al propietario-arrend ador lo desincentivarán d e m antener en buen estado l a vivienda. Esta transición h acia los p ropietarios m ás pobres puede ser también a sociada con el incremento en lo s efecto s desmo raliz an tes de las su bcul turas de la pobre za. L os res u ltados f inales de estos p rocesos co m binados pue den ser el abandono y la emergenc ia de ce ntros mue rto s en las ciuda des, pon i endo Da vi d Ley co mo e jemplo el S outh Bronx. Con el avance del sector de bajos ingresos, esa zona d e ruina y aba ndono p uede transm itirse como una o la a los vecindarios adyacentes (IBÍDEM, p p. 253-254). La d ecadencia prev ia y est e filtrado hacia abajo s e ría una c ondición previa en muchos a u tores para la gentrifica ción, especialmente entre aquellos def ensores del escalón d iferencial de renta como explicaci ón f undamental del proceso. 19 Up-filtering en Le y ( 1983). Pacione trata también la cu estión del filtrado (en PACIONE, 1990 y 200 1). Tanto para Pacione como pa ra David Le y, el abandono del centro urbano e stá asociado al d esplazamiento de l a pobla ción con m ayores ingresos a las áreas suburbana s, una idea re currente en el mundo anglosajón. El abandono del centro urbano vendría d ado por el deterioro f ísico de la ed ificación, la redu cció n de las rentas, la asociación de e ste sector a determinadas patologías sociales y el “white f light”, o desplazamiento de la población b lanca con ingresos altos a los s ectores suburb ano s (IBÍDEM, 2001, p. 1 98). Este p roceso d e suburbanización vendría dado a su v ez por: el incremento de los estratos salariales a ltos, que permite el acceso a la propiedad en las áreas subu rbanas; la difu sión d el a utomóvil privado como formu la de desplazamiento; y la construcción de au topistas para tránsito m asiv o (IBÍDEM, p. 22). Argumentos también recurrente s, que podemos en contrar por ejemplo en Peter Hall, que también m enciona l a tardía di f usión del f enómeno suburbano como o pció n residencia l masiv a en Eu ropa (HALL, 1994). Pa ra el caso de la Europa continent al, o espe cí f icam ente d e E spaña, son la s op ciones residenciales de pisos en bloques de viv ienda s subvencionadas la s que se vi nculan al abandono de los centros históricos (v e r por eje mplo CAPEL, 1978). 3.2.2. Ciclos de v ida Pacione vincula e l abandono y recualfica ción de los centros urbanos a las fa ses de ciclos de vida de los vecindarios que afect arían a la posici ón de un dete r minado se ctor en e l m ercado urbano d e sue lo. Citando a Downs, Pacione (1990 , pp. 111-112) mencio na un mo delo d e cinco fa ses por los que pa saría un vecindario en su proceso de envejecimiento: ― Estab le y viable: vecind arios sanos, nuevos o viejos e stables, en los cuales los valores de la propiedad suben. ― Decadencia menor: áreas viejas con bajo nivel de servicios y es tat us so cial . Con deficiencias físicas menores y d ensidad e n aumento. Los valores de la prop iedad permanecerían estables o se incrementa rían ligeramente. ― Decadencia clara: sectores domin ados por el alquiler f rente a la propiedad, habitualmen te inquilinos pobres, con notable ab sentismo por p arte de los propietarios, def icienci as menore s en la ed ificación y a lta d ensidad d e pobla ción. Su asocia ción a un estatus socioeconómico bajo, debilitaría la confianza en el fut uro d el área y comenzaría el aba ndono de las viviendas. ― Deterioro a lto: se ctores donde la mayor parte de las viviendas requieren reparacio nes de gran envergadura. La s p ropiedades sólo encontrarían demanda en los grupos so cioeconómicos más b ajos. La rentabilidad de alquilar viviendas se ría baja y pod ría p roducirse una h uida del capital inmobiliario. ― Insano e inviable: vecind arios en un esta do te rminal y co n abandono generalizado. La expect ación sobre el f uturo d el á rea serían n ulas y lo s residentes se rían aquel los con el estatus socioeconómico má s bajo. Boune realiza también una interesante clasificación de los barrios se gún la fase del ciclo de vida en la que se en contrarían (recogido en PACIONE, 2001, p. 199). En este, los vecindarios p asarían de una situación con estándares elevados de ca lidad en la construcción, e levado p eso de edificios un i fam iliares, baja densidad y estatus social alto, a un proceso de perdida de calidad, en el que p asarían a p redominar los edificios plurifamiliares, se reduciría e l est atus social y la calidad de la edi f icación. La ca ída progresiva del estatus del vecindario co nduciría a la pérd ida y envejecimiento de la población, que culmina ría con su renovación, mediante i ntervención pública o renovación privada, o pciones que da rían lugar a e scenarios fu turos r ad icalmente diferen tes. Este proceso de decadencia y re valorización de un vecinda rio es fun damental en la teoría del esca lón d iferencial de rent a de Neil Smith que, por supuesto, debe dete nerse también en la cuest ión de los ciclos de uso a la hora de teorizar el p roceso de gentri ficación. P ara este autor , cu ando un b arrio e s construido, duran te su prim er ciclo de uso , la ren ta de suelo tiende a incrementarse por la expansión u rbana que lo s ub ica en un su elo pro gresiv a men te próximo al cent r o urbano. A largo plazo, sin em bargo, tendría a decrecer por d istint o s motivos: avances en la productividad que perm itirían constru ir estructuras a precio s más bajos, obsolescencia de los es tilos y, sobre todo, la n ecesidad de reparaciones confo rme avanza e l tiem po, costes q ue se añ aden a la vivienda , o qu e se acumulará n si no se realiza u n adecuad o ma ntenimiento. La desvalorización puede hacer decrecer e l precio de la vivienda pero esto depende de cómo este actuand o la ren ta de su elo en un determinado sector urbano . Si no se hacen reparacio nes de m antenimiento e l propietario verá como p ierde valor su inversión (SMITH, 1996). Los p ropietarios ob tienen su principal ingreso del incremen to del precio d e venta so bre el pre cio de compra. Lo s arrend adores son e xclusiv a men te inversores, mientras los prop ietarios ocu pantes son a la v e z inversores y consumido res. Lo s arrendado res reciben su principal ingreso del alquiler, lo cual provoca o puede provocar un m enor inte rés e n la re alización d e reparacio nes (HARVEY , 19 77). Este subma nten imiento libera capital para los arrendado res que p uede ser invertido en otro lu gar, p or ejemplo en inversiones inmobiliarias m ás rentables. A pe sar de e sto, un vecindario d esvalorizado p uede resu lta r rentab le, suponien do un nicho de c o nsumo de mercancía vivienda para grupos con escaso p oder a dquisitivo. La caída de valor y ren ta puede compensarse con la ausencia d e reparaciones, e l hacin amiento y la s ubdivisión de la viv ien da p ara obtener más unidades de alquiler. No o bstante, si los arrendadores no p ueden obtener suficientes ingresos que compensen los co stes de los edificios (n o sólo reparacio nes, también agua, electricidad , etc.), los edif icios so n abando nados . La desvalorización d e un se ctor puede conducir a s u m arginación o a generar las condiciones para una fut ura rev alorización , en base a la generación de un escalón diferencial de ren ta . Cuando el e scalón e s lo suficientemente g rande como para que los p romotores p uedan comprar la ed ificación b arata, p agar los costes y benéf icos de los construct ores para re habilitarla, pagar los intereses de los créditos n ecesarios y vende r a u n precio que incluya plusvalías satisfactorias p ara e l propio promotor se prod uce la reca pitalización d el sector urbano y la ina uguración de un nuevo ciclo de vida (SMIT H, 1996). Esta situación sería, se gún David Le y, especialme nte determinante en a quellos casos en los que existen controle s so bre las renta s y los alquileres, a l m ismo tiempo que un mercado progresivamente dinámico. En este caso se gen erarían grandes incentivos para vende r a propietarios indiv iduale s edif icios que estaban fundamentalmente d edicados a l alquiler. Se su giere también que e ste escalón pod ría ser e specialmente importante en el caso d e Europa occide ntal y su estado má s inte rv encion ista, pudiendo añadirse a las no tables dif erencias de la gentrifica ción en Esta dos Unido s y Euro pa, po r la e xistencia d e co ntroles de renta, le gislaciones f avorable s a los in quilinos o moratorias (LEY, 199 6, p. 50-51 ). 4. La inter vención sobre el centro urbano El valor que ad opte una localización en la ciudad depende e n gra n medida de las decisiones sobre la inversión de capital pú blico o privado. La ausencia de intervención continuada del a gente público sobre el espacio público co nllevará la desvalorización y la d isminución de la renta po tencial d el suelo. Por otro lado, el capital público puede actuar de forma independiente a l mercado, invirtiendo en sectores desvalorizados para regenerarlos, lo que conllevará u na revalorización, o adquiriend o suelos poco dema ndados para construir viviendas barata s (SMITH, 1996). Es por lo tanto ne cesario un exa men detenido del rol del capital público en la intervención sobre el centro urbano, las dife rentes forma s de intervención sobre los centros h istóricos y el rol que se asigna a los centros urba nos en la ciudad post industrial. 4.1. La interv e nción his tórica sobre los centros urbanos La cuestión de la inte rvención sobre el c entro urbano ha a doptado diferentes forma s a lo la rgo d e la historia. Aquí, el valor histórico de los centros urbanos europeos pod ría jugar un p apel m ucho m ás im portante de l que puede haber jugado en el m undo anglosajón . El aná lisis de la inte rvención histórica sobre estos pued e proporcionar a lgunas claves p ara la com prensión del p roceso que han viv ido estos e spacios urbanos hasta llegar a la situación actual. La cuestión de la h istoria y e l pa trimonio de los se ctores urbanos cen trales podría tomar e special relevancia para lo s procesos de gentrif ic ación en e l ca so de las ciudade s cont i nen tales e uropeas. En cualquier caso el c o ncepto de centro h istórico n o deja d e ser difícil de de li mitar. Una def inición op erativa de ciudad histó rica nos la proporciona Gaja, re f iriendo este concepto a aquellos tejidos urbanos existentes antes d e mediados de l siglo XIX que n o hayan sid o transfo r mados en un sentido moderno. Por otro lado, el m ismo a utor define centro urb a no com o “ámb ito recto r, y espacialmente dominante, de la vida social y, so bre todo , de las relaciones d e intercambio” (GAJA, 19 92, p. 4). En este sentido, se considera opo rtuno e l u so del concepto “ce ntro histórico”, dado que combina esos tejidos existentes preindustriales con el concepto de centro, como centro originario a pa rtir de l cu al surge la ciudad a ctual y que n unca ha dejado de contene r funciones centrales en la ciudad eu ropea. El tratam iento d e los centros h istóricos ha supuesto u na cuestión fun damental a lo largo de los d os últim os siglos. La nece sidad de su refo rma y su recualificació n eme rge principa lmente en el siglo XIX por d iferentes m otivos. Gaja cita a Piccina to, el cu al a firma que bajo la ba ndera del progreso y la innovación se va a defender a lo largo de los siglos XI X y X X que “sanear el centro h istórico (expulsa r a sus habitante s) es un a operació n ne cesaria para insertar dicho patrimonio histó rico acumul a do en el nuevo g ran mercado urbano” (IBÍDE M, p. 7). Gaja diferencia dos te ndencias fundamenta les: conservacionistas e intervencionista s. Los prime ros pretenderían resp etar básicamente la morfo log ía urbana , alterando su u so y contenido social. Los segund os pretende rían de struir la ciu dad preexistente, sustituida por otra d e mu y diferen te modelo formal (IBÍDEM). No ob stante, la s posiciones intervencionistas radicales cuentan con poco p eso en el momento a ctual, mien tras que posicion es co nservacionista s ti enden hoy día, y cada vez más, a valorar también no sólo el medio f ísico, sino el medio social d el espacio h istórico. A este respecto : “últimamente se puede detecta r u na est rategia, en a lgunos sectores de la promoción inmobiliaria, de r enunciar, en de terminadas ocasiones, a la ren ovación urbana, si empre que sea p osible rehabilitar l os edificios, expulsar a sus primitivos ocupante s y transf ormar los usos, aunque en todo caso ciertas condicio nes de calidad del entorno ― tipológicas, morfo lóg icas, estructu rales, (…) ― son exigidas. De lo cont rario la reh abilitación urbana se califica de inviable, y la degrad ación generalizada prepa ra la inevitable re novación (...)” (IBÍDEM, p . 43 ). Estos cambios en las pe rspectivas del tratamiento del centro histó rico se han producido en base a que pocos ho y se cuestionan e l patrimo nio y el ent orno histórico, como u n valor que pote ncia la renta de l suelo y atrae a determinados tipos de consumidor. 4.1.1. La intervención moderna sobre el centro urbano Podría iniciarse una breve historia de la intervención moderna en los centros históricos con la reforma de París p or e l B arón Hau ssmann, prime ra reforma de gran relevancia en una ciuda d de primer orden, aun que sin duda podrían buscarse antecedentes men ores. En 1850 en París predom inaba el trazado med iev a l, una ciu dad con streñida po r su s m urallas con una trama de calles estrecha s y de trazado irregular, al m ismo tiempo que crecía la ind ustria urba na y la ciud ad se colmataba con m igrantes procedentes del campo y que pasaban a engrosar las f ilas del prole tariado urbano, especialmente hacina do y levantisco en e sta ciudad. Desde 1789 había ha bido otros varios levantam ientos populares urb anos que habían pue sto en serios aprietos a las clases dirigentes, como los d e 1830 y 184 8. En est a ú ltima re vuelta el ejército había llegad o a u tilizar piezas de artillería en combat e callejero con tra su propia pobla ción. A este respecto Ha ussmann teorizaba que las e strechas callejue las y la dif icultad circulatoria habían f avorecido a la guerrilla urban a y a las barricada s frente al ejército que deb ía aplastar estas revuelta s. La o tra cara de la mone da era el desplazamien to suburbano de los burgueses con mayor poder adquisitivo que, de alguna fo rma, re nunciaban así a un a ciu dad que era del populach o. Lowy toma varias citas d el L ibro de los Pa sajes de Be njamin: un historiado r de la época af irmaba: “La s calles Saint-Den is y Saint -Martin son (…) la be ndición de los amotinados (…). Un puñad o de i nsurrectos t ras una barricada man tenía en ja que a u n re gimiento”. E l p ropio W alter B enjami n afirma: “La actividad de Haussmann se integra en el imperialismo de Napoleón III. El cual fa vorece al capita l f inanciero. (…) El v erda dero ob j etivo de los trabajo s de Ha ussmann era p roteger la ciud ad contra la gue rra civil. Q uería hacer imposible para siem pre e l levanta miento de barricadas en P arís (…). L a amp litud d e los b ulevares debe p rohibir la construcción de barricadas y nue vas brecha s deben acercar los cuarteles a los barrios ob reros” (LO W Y, 2008). La intervención de Haussm ann supone la apertura de grandes a venidas sob re la tram a histórica que de rriba barrios en teros y sólo re speta los grand es monumentos, al m ismo tiempo que compensa a la ciudad con toda una serie de m edidas higienistas. Potencia la expulsión de la p oblación co n menos recursos a la pe ri fe ria urba na y recu pera para la burguesía parisina un centro urbano ren ovado en gran me dida (ver LO W Y, 2008, o HARVEY, 2008). A sí, “La reforma i nterior haussmanniana acaba con el m odelo integr ado socio - espacia lmente de la ciu dad preindustrial, introd uciendo otro se gregado por clases” (GAJA, 1992 p. 12), al menos pa ra el caso de París. Por su parte, la contempo ránea reforma de Viena supone una adapta ción a la sociedad libe ral, a través de un m odelo a lternativo a la reforma interior. Así, los tejidos de nueva crea ción se integran con los de l centro histórico, respetando la monumentalidad y e l ca rácter histórico del cent ro, pe ro dánd ole una nue v a funcionalidad, expulsando a las clases p opulares y reconvirtiéndolo en ce ntro come rcial, adm inistrativ o y rector. En este caso, la op ortunidad que se brinda al capital inmo biliario, de constru ir un anillo u rbano de e nsanche com o área burguesa, permite proteger la est ructura monumental del centro histó rico vienés (IBÍDEM). Engels aporta su opinión sob r e esta cuestión: “En realidad la burguesía n o conoce má s que un mé todo para resolver a su manera la cuestión de la vivienda, es decir, para resolverla de tal suerte que la solución cree siempre de nuevo e l problema. Este mé todo se llama «Haussmann» (...) El resultado e s e n toda s partes e l m ismo, cua lquiera que sea e l mot iv o invocado: las callejuela s y los callejon es sin sa lida m ás escandaloso s desapa recen y la bu rguesía se glorifica con un resultado tan g randioso, pero, (…) callejuelas y callejones reapa recen prontamente en otra parte, y muy a me nudo en lugares muy próximos! (...) Todos los fo cos de ep idemia, esos a gujeros y sótanos inmundos, en los cuales el m odo d e produ cción capitalista encierra a nuestros obreros noche tras noche, n o son liquidados, si no sola mente (... ) trasladados a o tro lugar” (citad o en H A RVEY, 197 7). Podrí a resu ltar incluso frustrante la actua lidad que tienen estas palab r as para e l caso que nos ocupa. Estas refo r mas que desembo can en la expulsión de las clases populares del centro h istórico son también m encionadas po r Neil Smith, y s in e mbargo excluidas de lo s procesos de gentrificación, aso ciadas a la coyuntura económ ica del postfordism o e ideológica-cultural del postmode rnismo (SMITH, N., 1 996). Más re cientemente Harvey volvía a señalar el urbanismo del Pa rís del segund o imperio como un posib le antecedente de la gentrificación citando para e llo este extracto de una o bra de Balzac: “(…) en los ed ificios de cat egoría y en las casa s e legantes co n portería, co n aceras y tiend as, los especuladores tienden a d esalojar a los ele mentos indeseables, familias sin rent as y a cualquier clase d e inquilino desagradable, mediante los ele vados alquileres que exigen. De esta ma nera, los barrios se deshacen d e la po blación con mala fama” (en HARVEY, 2008, p. 47). El se gundo gran asa lto modernista so bre el cen tro histórico se pr o duce de l a mano d el urbanismo f uncionalista. Las implicaciones so ciales d e la producción en serie conllevaron la derrota de la estética f rente a la funcionalida d que supone esta corriente. L a f orma de un ob jeto debía def inirse exclusivamente en base a su fu nción, sin orname ntos superfluos. L e Corbusier concibe la vivi end a como una máquina d e h abitar, m ientras que la p resión dem ográfica y la f uerte dimensiones co n caracterí sticas ho mogéneas, o un grupo muy reducido con una enorme conciencia de sí mism os e interés común que le s llev a a un a unidad de a cción. La f ormulación de la gent ri f icació n como un proceso constitu yente d e cla se se enlaza co n la diferenciación de u na nueva clase m edia urbana procedente de elementos de la cla se m edia suburbana u otros elementos de las estrategias residencia les no-urbanas. P or otro lad o, la constitu ción de clase sólo pued e ser entendida e n términos de posiciones relativas y se debe articular d e alguna forma con las relacion es sociales del capitalismo pasado. L as identidades de clase están sujetas a co nstante negociación y renegociació n a t ravés de las prácticas sociale s que e xpresan la mediación entre estructura y organism o (BONDI, 19 91). Smith, ademá s de sus e xplicaciones más estructurales, no ha dejado d e prestar ate nción a la cu estión de clase en el p roceso, enten dido, por supuesto , p or tratarse de un autor ma rxista, como u n conflicto d e clase (SMITH y LEFAIVRE, 1984). El proce so en su interpretación t radicional se pe rcibe como un conflicto ent r e la clase ob rera y las n uevas clase s me dias, y au nque enf oques más cultura les han introducido cuesti o nes de género o de sexualida d, resulta fundamental para la ma yor p arte de los estudio s la cuestión de clase y especialmente la confo rmación de las nuevas clases medias postfordistas. Es posible discernir grupos de di fe rente extracción social marchar atraídos hacia estos espacios gentrificables, a veces de fo rma sucesiva, a veces de forma simultánea. E stos espacios ce ntrales se pres entan como sectores consolid ados de la ciudad, a l mism o tiempo que vacíos dem ográficos, que atraen f lujos proc edentes de o tras zonas con mayor pre sión d emo grá fica o cultural. Espacios h eterotóp icos, espa cio heterogéneo de lu gares y relaciones (FOCAULT, 1986), que ofrecen multitud de po sibilidades y que pe r miten escapar a las constricciones de los espacios rígidos, reglados y p erfectamente estab lecidos y definidos, tanto del suburbio como del bloque de viv i endas. Estos esp acios sufrirían la sucesiva, o simultanea, ap ropiación, po r parte de diferen tes grupo s pe rtenecientes a dife rentes clases sociales. Apropiación como proceso según el cual el grupo transforma e n su beneficio un espacio que con a nterioridad le era ajeno, m odelando al mism o tiempo la ciudad con su actua ción, tal como comprendía este término Lefebvre, y que p ermite la práctica de l habita r “… ha bitar, para el individuo o para el grupo, es aprop iarse de algo. Ap ropiarse no es tener en propiedad, sino ha cer su o bra, modelarla, forma rla, poner el se ll o p ropio” (LEFEBVRE, 1 971, p. 210). La relación de los grupos con e l espacio daría lugar a nu evos sectores d ominados p or grupos sociales id entificables. La vinculación al esp acio pa rece ser un elemento fundamen tal a través del cual un grupo social alcan za un idad d e acción, conciencia e incluso “poder hacer”, o al m enos así p odría d educirse de la visión d e los p articularismo s militan tes de Harvey (HARVE Y, 2 001) o de otros ejemplo, com o el estudio de Castells sobre San Francisco (CASTELL S, 1 986). Clases sociales y grupos sociales tienden a adoptar loca liz acione s concret as en el espacio u rbano; la cuest ión socio laboral resultaría determinante e n relación a la e xistencia de u n mercado d e suelo, como ya se ha expuesto con anterioridad. Ademá s de est e factor prim ordial inf luir ían o tra serie de f actores, in ternos al grupo o externos a é l. Tiende a habla rse de la co nformación de enclaves cua ndo predom inan lo s f actores interno s al g rupo, la búsqueda de apoyo mutuo, protección, facilitación de servicios particula res, etcétera. Gene ralmente, se hab la de guetos cuando predomin an los facto res externos, como la estigma tización o la discriminación del cole ctivo por parte de la socied ad (KNOX y PINCH, 2 006). Estas cuestio nes podrían ser e specialmente relevantes para la asociación de determinados grupos a los espacios gent rificado s o gentrificables, h omosexuales, mino rías étnicas o in cluso grupos empobrecidos y marginados socialmente. 5.1. El sujeto gentrificador 5.1.1. El sujeto gentrificador e n la estructura de clases contemporánea El sujeto gentrificador ha sido ampliamente tratado en la bibliografía sobre la gentrifica ción, definido de forma prototípica como un soltero sin niño s qu e asume el riesgo de invertir sus ahorros en una vecindario deteriorado, pero cercano a su trabajo, elementos que según Beauregard componen u na especie de tipo id eal weberiano (BAUREG ARD, 1986, p. 37). Este tipo ideal es reco gid o por David Ley com o un hogar de clase m edia h abitualmente sin hijos, a menudo so lteros, p rincipalmente por deba j o de los 35 años de edad, emp leado en el sector d e servicios a vanzados, que recibe salarios m oderados o e levados a pe sar de su edad y con p equeña s proporcione s de m inorí as racia les o nacionales (LEY, 1996, p. 35). E n cualquier caso parece justificable el he cho d e que tantos autores se ha yan centrado en este suje to social, dado que, como men ciona Beauregard, sin este grupo todo el proceso dejaría de existir. Se ha t endido a id entificar la gentrifica ción con el fen ómeno de los young professiona ls , jóvene s profesionale s que t rabajan en lo s distritos f inanciero s cercano s al centro urbano y que se trasladan a este in crementando los p recios de las viviendas y propiciando la sustitución de pob lación y comercios (GARCÍA VÁZQUEZ, 2004). Lees y mu chos ot ros autores anglosajo nes pref ieren utilizar el térm ino n uevas clases medias (LEES, 2000). E n la cultura an glosajona e ste tipo de clase media viene a asociarse con la d enominación de professionals , profesionale s y técnicos demandados y de cuello blanco. Los gr upos de profesionales co n salarios altos aumentan en número y e n impo rtancia en la ciudad postindustrial a p artir de los cambios en las econom ías de estas ciudades en e l po st f ordismo. Castells se ha esme rado en demostra r empíricamente una progresiva polarización en la clase asala riada en los países desa rrollados, entre salarios altos y sala rios bajos, a medida que las condicio nes que crearon la clase media de corte f ordista van desapareciendo (CASTELLS, 2005 y 1 996). La emergencia de este grupo de asalariados con elevados salarios se a socia a lo s camb ios en la e structura económ ica, a la desindustrialización, a la desloca lización industrial y a la eme rgencia de las ciudades como centros de negocios y la progresiva imp ortancia del espacio para of icinas e n el ce ntro urbano , que d emanda tra bajos de elevada cualificación . Esta ubicación del se ctor f inanciero, los se rv icios a vanzados y las oficinas e n genera l en el centro urbano, ofrece una e xplicación com únmente usada al desp laz a miento de las nuevas clases medias al centro urbano, es decir, la pro ximidad a su centro de trabajo, a lgo repetido hasta la sa ciedad en LEY, 1983, BEA UREGARD, 1 986 o SMITH, 1 996, por citar algunos. De esta manera, los grupos salariales alto s se de splazarí a n a l cent ro urbano de sde los suburb ios, al m ismo tiempo que parte de los grupos sala riales me dio-bajos podrían de splazarse a los suburbio s siguiendo la descen traliz a ción d e la industria m anufa cturer a . Beauregard realiza e sta afirmación (B EAUREGARD, 1986, p. 42) sin hacer referen cia a la distribución d e lo s precios de la viv ien da en la ciud ad, lo que en un determinado mome nto podría r eforzar esta argumentació n. Una de las principales características de la burguesía asalariada ha sido su habilidad para explotar el p oten cial eman cip atorio de la ciudad h istórica, creando u na nue va clase urbana culturalmente s ofisticada y me nos conservado ra que la clase m edia tra dicional. La gentrificación según Ley se ría la manifestación espacial de esta nueva clase generada por e l postford ismo (LEY, 1 996). Otro tér mino utiliz a do para referir a este grupo, i deológicame nt e progresista, sería el de “bo bos”, p or burguesía b ohemia, que combina la étic a laboral burguesa con la cultura bohemia (LEES, SLATER y W YLY 2008). El proce so d e co loniz a ción de lo s centros históricos vendría así dado p or su deseo de trascendencia y la reivindicación de su posición so cial a pa rtir de su ubicació n céntrica y ca rgada de simbolismo en la ciuda d. A su vez, se relacio na su emergencia con el boom de oficinas en la ciudad central y el reequipamiento de los mismos, atrayendo fam ilias sin hijos de jóvenes ejecu tivos, profesio nales y estudian tes (LEY, 1983). La gentrificación aseg uraría ademá s la p osición social de l a burguesía asalariada, sensible a los riesgos de pe r der su p osición social por la pé rdida de trabajo o por el empeoram iento de sus condiciones salariales y o de consumo. Frente a est o la cre ación de un sector urbano dese able como e spaci o residencia l y de consumo y e l co nsecuente incremento de las renta s y los precios de la mercancía ub icada en ese e spacio, afian zarí a su posición como propietarios d e una m ercancía progresivam ente valorizada (BEAUREG ARD, 1986, pp. 45-46). Así, dentro del colectivo gentrif icador, podría haber tanto pione ros urbanos buscando gangas y especu ladores buscando ben eficios rápidos que compra n casa s, un par de bloques por d elante de la o la de renovación. Así, graci as a e ste sujet o, e l efecto de contagio se expande (LEY, 1983). No obstante, Beau regard m atiz a que n o debe considerarse la prop ieda d como un elemento ne cesario para la inclusión en e l grupo gentrificador. Así, un individuo o un nucle o familiar reducido p uede op tar por el a lquliler en un edificio reconvertido e n a partamentos de lujo en a lqu iler, siend o esto parte d el proce so de gent ri fica ción. (BEAUR EGARD, 1 986, p. 46). Por la natu raleza más liberal de las eco nomías anglosajon as, los fun cionarios quedan e n su mayor parte excluidos de esta denominación, m ientras que en otros p aíses como Francia f ormarían u na parte fu ndamental de la m isma, en lo que Jean Claude Millner d enomina “burguesía asa lariada”. E sta bu rguesía asalariada sería un gru po caracterizado por la ob tenció n de u n “sobresa lario”, justif icado po r l a inversión en la f ormación del p rofesional, técnico, d irectivo o funcionario. E ste so bresalario y el «so breconsumo» que perm ite conf ormarían las ca racterísticas materiales bá sicas que lo defin irí an c o mo clase soci a l (MILLNER, 2 003). Independie ntemente de la denominación que se le o torgue al grupo gentrificado r, su ca racterística fundamental res ulta s e r la posibilidad de elección en la ocupación se cuencial del e spacio en b ase a un nivel de ingresos por encima de la med ia (HARVEY, 1977). Es por esto que parece m ás adecuado el uso d el térm ino bu rguesía asa l ariada , o el má s colo q uial, aunque anglosajón , p rofessionals , que el ambiguo termino nuevas clases medias, menos pa ra referirse a un grupo que resu lta privilegiado y po r e ncim a de la med ia en el momento de poder elegir su ubicación en la ciudad. 5.1.2. Consum o y estética de la gentrificación El e stilo d e consumo de la bu rguesía asa lariada se ría en pa rte un c onsumo conspicuo, que hace énfasis en la exhibición pública de la adquisición de mercancías. Esto serí a f acilitado por la p osposición de las responsab ilidades fam iliares, relacionadas con el retraso del matrimonio y el primer hijo, y el ahorro. La exhibición de la propiedad sobre a rtículos de con sumo sería parte fundamen tal de la identidad de los gentrificadores poten ciales. El deseo de exhibir esta capacidad de consumo, así como la búsqueda de relaciones sociales propias de solteros o de parejas sin hijos, tende ría a bu scar espa cios públicos d e exhibición y relación, a lgo que en contraría en el cent ro urbano pe ro no en los suburbio s, con u n mayor co mponente de privacidad (BEAUREG ARD, 1986, pp. 43-4 4). En re lación a esta exhibición del consumo resulta de gran u tilidad el concepto de capital simbó lico, defin ido como el acopio de bie nes de lu jo que garant izan el gusto y la d istinción del propietario (BORDIEU, 2003). Con respecto a la vivienda Bordie u af ir m a que “en tanto que bien m aterial e xpuesto a la percep ción d e todos (…) e sta prop iedad e xpresa o revela, d e f orma más dete r minante que otras, e l ser social de su propietario, sus posibles, como suele decirse, pe ro también su s gustos, (…) y que, al objet iv arse en b ienes visibles, d a pie a la apro piación simbó lica efectuada p or los otro s, que d e este modo e stán e n d isposición de situarlo en el espa cio so cial situándolo en el espacio d e sus gusto s” (IBÍ DEM, p. 35 ). La estética de la gentrificación negocia demarcacio nes y distincion es d e clase a tr a vés de la conversión de cap ita l cultural (gusto) en capital económico (pre cio). Venturi d escribe b ien es te h echo para un ámbito geográfico e histó rico dete r minado af ir mando que “para las clases m edias suburbanas (…) que no viven en una mansión anterior a la guerra si no en una versión más pequeña, perdida en un gran e spacio, la identidad d ebe p rovenir del tratam iento simbó lico de la fo rma de la casa, sea mediante la estilización que sum inistra el constructor (…) sea a través de una v ariedad de ornamentos simbólicos agregados más tarde p or e l p ropietario” (cita do en HARVEY, 2004, p. 1 00). Sobre esta cuestión, para W illiams las rehabilitación de viv ienda s edwardianas o victorianas y el hecho de v ivir en áreas c o n historia, reflejan y refuerzan el proceso a través del cual est os grupos sociales b uscan una identidad. Una expresión o inclu so una estrategia compensatoria de parte de l gentrificador, po r su po sición contradictor ia en la estructura social ( W ILLIAMS, 1986, p. 68). A este respecto Harvey af irma que “fuerz as pode rosas (…) han establecido nuevos criterios de gusto ta nto en el a rte com o en la vida urbana, y se han aprovechado de ambos. P or con siguiente, si asociam os la idea de cap ital simbó lico con la búsqueda d e me rcados, la riqueza simb ólica (…) tien e mu ch o que decirnos so bre f enómenos urbanos como los de remo delación, p roducción de una comunidad (real, imaginada o simplemen te puesta en venta por los produ ctores), re habilitación de los paisajes urbano s y recup eración d e la historia (otra vez, real, imaginada o simplemente reproducida como pas tiche)” (HARVEY, 200 4, p. 102). El cap ítulo de Ja ger en el ref erencial libro Gentrification of the City pu ede ser el primero en t rabajar sobre la conform ación de una e stética concreta de la gentrifica ción. Se gún él la cuestió n esté tica ilustra la dim ensión de clase del proceso y la dinám ica constitu yente de clase social de la cual la gentrif icación sería una parte fundame ntal en la m edida en que guettos se transforman en barrios victoriano s y las casa s se convierten en inversiones culturales a sí como significan tes de la p romoción so cial d e sus ocupan tes. La estét ica victoriana que adopta la gentrif icación en algunos barrios expresa no sólo la dista ncia con respecto a la clase trabajadora sino también respe cto de las clases m edias conservado ras. Así, la reutilización y re ciclaje de edi ficios h istóricos, o incluso de im itaciones de edificios históricos, generarían un territorio con un paisaje para los gent ri ficadores, d elimitado y demarcado (JAGER, 1986). Otros au tore s relacionan los signf icantes estéticos de la gentrifica ción má s co n un paisaje postmoderno que explícitamente historicista, don de se produce un collage d e forma s arquitectón icas del pa sado y e l p resente en una fu sión eclé ctica de deta lles clásicos y contemporáneos (en LEES, SL ATER y W YLY 2008, p. 116). La preocupación por la arquitectura de la bu rguesía as alariada tiende a comb inarse po r un interés m ás general po r el arte. El poder a dquisitivo cre a la oportunidad para e l consumo a rtístico, y e l arte se transfo r ma en una parte fundamen tal de los patrone s de co nsumo de la s nuevas clases medias, como forma de inversión, sím bolo d e estatus y f orma de expresión. Zukin introdu ce el concepto de modo de pro ducción artístico, como e l uso d e industrias cu lturales en un territorio p ara a traer ca pital, estra tegia económica ba sada en el arte y el patrimonio que permitiría e xtraer b enef ici os de u n e ntorno construido (ZUKIN, 1989). La es tética y las p autas de consumo de la gen trificación no se limitan a la arquitectura. El gentrificador vendría acomp añado de toda una serie de espacio s d e co nsumo d e diferente tipo d onde el gen trificador realizarí a sus deseos de sociabilidad y exhibición de un os dete rminados patrones de consumo y un determinado estilo de vida. Así, com ercio de estilo ofrecería al gentrificado s, ademá s de los h elados de gourmet, la n ouvelle cousin e o las leccione s de baile, la jact ancia de e ncontrarse en una d eterminada tienda en ese vecindario y comp rando un producto pa rticular, lo que contribuiría a incrementa r la concepción del e status social del consumidor. De est a m anera la rehab ilitación y trans f ormació n de establecimientos comerciales en estab lecimientos con “est ilo” contribu iría a la gent rificación d el pa rqu e residencia l, apoy ándo se mutuamente 22 . Zukin utiliza el termino “boutiquing” p ara referir la gen trificación de los locales come rciales d e un sector urbano. Afirma que boutiques o b ares de d iseño se han convertido en alguno s de los signos más vi sibles de la g entrificación. Locale s com erciales que cub ren las n ecesidades m ateriales de los nuevos vecinos acomodados, así com o sus necesidades de capital cultural, y q ue contrastan con los viejos comercios dirigidos a una clientela más p obre, más 22 “(…) the purchase and rehabilitat ion of existing com m ercial estab lishm ents as neighb orhood begins to gentrif y contri bute to f urther residenc ial gentrif ication. T he two are m utuall y supportiv e” (BEAUR EGARD, 19 86 P.44). tradiciona l y meno s procliv e a d esplazarse (IB ÍDEM, 2009, p. 47 ). Para Zukin la gentrifica ción es una práctica cultural mu ltidimensional, lo que no quita que afirme que esta prá ctica tiene su s raíces en su utilidad como medio d e acumulación de capital y como medio de reproducció n para lo que aquí denom inamos burguesí a asalariad a (IBÍDEM, 1987, p. 143). 5.2. La población des plazada 5.2.1. Espacio ge ntrif icable y pobla ción desplaza da El mod elo de e spacio gentrif icable es un bar rio de teriorado, devaluado p or su escaso nivel d e con serv a ción y a men udo por su degradació n social, pero a su vez cén trico o progr esivamente cént rico. El vecindario gentrif icable e st á asociado a clases con ingresos bajo s o moderad os. No obstante podría e xistir un cierto vací o respecto d e la cuestió n, ya que en el m undo anglosajón las numerosa s a proximaciones a las nuevas clases medias com o sujet o gentrificado r no han tenido su contrapartida en el sujeto desplazado. La mayor parte de los e studios se refie ren a la poblac ión d esplazada, de forma quizás algo indeterminada, como clase o brera, sin llegar a profundizar excesivamente en la s caracte rísticas d e este grupo en lo s d istintos casos estud iados, a lgo sob re lo que se lamen tan Slater o W acquant (SLATER, 2 006, y W ACQUANT, 200 8). Este ú lti mo menciona el co ncepto de underclass, que podríamos traducir por subp roletariado u rbano, y la gran a tención de la que gozó en la dé cada de 1980. Un concepto que d entro de la cultura anglosajona posee connota ciones mo rales y raciales evident es. ( W ACQUANT, 2008, p. 201). En este sentido, en los fenómenos e studiados en el Estado esp añol, los barrios o breros h istóricos que han sufrido una d egradación pareja de l nivel de conservación urban ístico y de su s edificios han encontrad o conviviendo junto a una cla se obre ra envejecida y con esca sos recursos a elementos má s propios del lumpen, que fueron introdu ciéndose de fo rma paralela a la desv a lorización de los ed ificios (LEÓN VELA, 2002). Siguiendo a Beauregard, la p oblación m as pro cliv e a ser despla zada es aquella que vive en edificios baratos pero deseables arquitectón icamente, cercano s a l distrito de negocios. Mu chos son m arginales en el mercado de trabajo o están fuera de él: desempleados, jóvenes trabajadores, ancianos, personas depend ientes de subsidios e i ndividuos cercan os a la lí nea de la pobreza (BEAUREGARD, 1986, p . 4 9). De scripción que coincide co n las variables utilizadas por Atkinson en su estudio sobre la población desplazada en Londres, salv o p or el m ayor peso que e ste últim o da a los obreros cualificados (ATKI NSON, 2000). Estos grupos e starían viviendo en esa s l o caliz a ciones por una vari eda d de razones: alquileres barat os, significado simbólico del barrio, ventajas espacia les p roporcion ada s por la localización , vinculadas a la disponib ilidad de servicios púb licos u opo rtunidades d e trabajo. En diferentes caso s esta localización pue de ser un a cuestión de elección o puede ser una cuestión de ausencia de p osibilidades de e lección. E n cualquier ca so, su existencia e s una cuestión d e creación y localización de la pobreza urba na 23 . Aunque Beauregard, al igua l que otros aut ores, vincula est a pobreza urban a a la migración del campo, a la existencia de trabajo s manuales en la ciud ad y a la paulatina dism inución de los m is mos en épocas recientes, es e sta una problemá tica que sin duda tra sciende e stas cue stiones y a los proces os de gentrifica ción e n sí m ismos. Por o tro lado, la con stante a sociación que realizan este y m uchos o t ros auto res de los de splaz ado s, u rbanitas pobres, con e l trabajo m anufacturero, ob via e l increment o de los pue stos de t rabajos, tempora les, precarios y con salarios pírricos en e l sector servicios. E n ocasiones, dentro de la te orización sob re la gentrificación, pareciera que la nueva economía de la ciudad postindust rial sólo hubie se p roducido trabajos profesionale s y directivos de alto s salarios, cuando investigaciones centradas en los camb ios sociales de est as ciudade s señala tamb ién el crecimie nto d e los grupos asa lariados con bajos ingresos (CASTELLS, 1996, o SASSEN, 2 007). Otra caracte rística que suele encontrarse en la pob lación vulnerable de este tipo de zona s es e l envejecimien to (ver por e jemp lo FERNÁNDEZ, 2003). Se trata de b arrios an tiguos colonizados mucho t iempo a trás y en los que la fa lta de inversión no ha atraído masivamente a nu evas o leadas de inmigrante s al barrio. Pu ede ha berse est ado introduciendo pob lación de f orma constante pero no de forma m asiva, de tal fo rma que la tasa de envejecimiento d el barrio es muy ele vada. Este env ejecimie nto de la poblac ión puede resu ltar beneficioso para los agentes favorables a la gentrificación, en la medida en que el elevado número de defu nciones irá dejan do gr a n p arte del parcela rio li bre p ara s er gentrificado . T ambién llegado el caso , un anciano será mucho más reacio a organizarse, y sería f ácilmente amedrentad o si se tuvieran que ju gar dete r minada s bazas como la de la ruina para desalojar el edificio. Un factor que p arece dete rminante en muchos ca sos, au nque n o en la totalidad de los casos, es el predomino del alquiler. La pob reza vincula a este sujeto a la vivienda e n una relación contract ual de alquiler y lim ita lo s recursos disp onibles a la hora de resistir su desplazamiento, sopo rtando los i ncrement os en e l alquiler, adquiriend o otro alojam iento en el m ismo sector urba no o presionando a n ivel p olítico (BEAUREGARD, 1 986, p. 50). David L ey m enciona la mayor movilidad residencial de los inquilinos respecto de los prop i etarios, proba bilidad de movilidad que puede verse in crementada entre las mino rías ét nicas , solteros, etc. Una movilidad que se convierte en forzosa en e l caso de procesos de reno vación urbana o f uertes variaciones en e l precio d e los alquileres (LEY, 1983). Un est udio en Bristol señ alaba un 20% de cambio s de re sidencia forzosos, fuerteme nte re lacionados con sectore s urbanos con e statu s soc ial bajo y a lta proporción d e alquileres. (IBÍDEM, p. 242). Además, el efecto sobre la pob lación autóctona de pende en gran medida de si e stos son propietarios o inquilinos, da do que para los p rimeros, una revalorización de l sector urbano 23 “ T heir location m a y be a m atter of c hoice; it m ay have s temm ed f rom a lack of c hoice. Nonethe less, the ir ex istent e here is a m atter of the cr eation and loca liton of the i nner-cit y poor” (BEAUREG ARD, 19 86, p. 49). sería sin duda po sitiva 24 . Claro que u na mayoría de f amilias co n la propie dad de sus vivienda s, en un vecindario con ciertas pote ncialidades, dificulta ría notablemente la gentri ficación. Por otro lado la c onse cuencia l ó gica de un v e cindario e n d ecadencia, envejecido y con f uerte pe so del alquiler, es el subman tenimiento del mismo por pa rte de los propietarios, vinculándose el cam bio social al cambio d el medio físico (SMITH, 199 6). La po blación tradicional p oco puede ha cer pa ra defenderse de los e nvites del mercado inmobiliario debido a sus características sociales como població n con escaso nivel cultural, escasa c apacidad de autoorganización y e levado envejecimie nto. “El perf il de l vecino q ue s e impone en los ú ltimos años se acerca a l de m ujer, con más d e 65 años, vi uda , co n una pe nsión muy por debajo del salario m ínimo in terprofesional, ana lfabeta fu ncional y con capacidad de organización colectiva muy b aja” (FERNÁNDEZ, 2 003). Este perfil inf luye de cisiv ame nte en la escasa capa cidad de reac ció n d e los poblado res tradicionales ante e ste tipo de proceso s. A este respecto Fernánde z Salinas afirma: “La s poblac iones tradicionales (…) p oseen en este juego de transfo r mación urbana un p eso e specífico escaso, que no es otro que el que se deriva d e su capacidad de influencia real, tanto e conómica como po lítica” (IBÍDEM). 5.2.2. El des plazamient o forzoso Más allá de la he terogeneidad que pu eda encon trarse e n e ste grupo, su f actor común sería su sensibilidad a suf rir un desp laz amie nto forzoso. En e ste sentido Freeman y Braconi proponen delimitar el su ceso desplazam ie n to a aquel med iante el cual un inquilino es f orzado a abandonar su re sid encia por condicio nes que af ectan a su a lojamiento o su s aled años inmed iat o s, est ando este desplazamiento f uera d e la ha bilidad razona ble del inquilino p ara controla rlo o p revenirlo. O curre a pesar de que e l inquilino cumpla todas las condicio nes contractuales previas pa ra ocupar la vivienda; se hace la ocupación continuada de la vi vienda por parte del inquilino imposible, mu y dif ícil o impo sible de pagar 25 . Otra s def iniciones delimita rían el desplazamiento como categoría vinculada a la gent ri fica ción com o a quel a sociado a la actividad privada, incluy endo el abandon o, la demolición, el desalojo , cam bios en el condom inio, eje cución d e hipotecas y f inalización del co ntrato de arrendamiento (FR EEMAN y BRACONI, 2005, P. 4 1). Para Pacione el despla zamiento se p roduciría fu ndamentalmente de cuatro formas: p or el desalo jo de inquilinos de b ajos ingresos d e ed ificios dest inados a su rehab ilitación p ara acoger in quilinos de ingreso s superiores; la imposibilidad a 24 “Vigdor ar gues tha t a nswerin g this quest ion req uires one to know whether gentrif ication results in a n eighb orhood that t he original resi dent s find preferabl e; whether the orig inal neighborhoo d residents are owners or r enters, for as owners the y would s tand to benefit from a rise in prop erty valu es” (F REEMAN, 20 08, p. 188). 25 “ W hen an y h ousehold is for ced to m ove from its residence b y c onditio ns whic h affec t the dwelling or its imm ediate surroundings, and: Are be yond the h ousehold´ s reas onable abil ity t o control or prev ent. Occ ur despite t he househol d´s having m et all prev iousl y im posed co nditions of occ upancy. Mak e continued occupanc y b y that househo ld im poss ible, hazard ous, o r unaff ordable” (FRE EMAN y BRACO NI, 2005, p. 41). largo plazo para fam ilias o residentes de edad avanzada c on ingresos moderados d e pagar im puestos sobre la p ropiedad progresivamente e levados; la incapa cidad d e los nu evos n úcleos fam iliares fo rmados por hijos de la comunidad tradiciona lmente establecida en el espacio gentrificado d e encontra r alojam iento asequible; migración de residentes f ue ra d e un área por la pérd ida de las redes sociales en las que se fundamentaba su espacio d e vi da (PACIONE, 1990, pp. 117-118). David Ley af irma que el desp lazamiento f orz oso ha emergido como el ma yor dilema de la revitalización de partes d e la ciudad c entral en ciud ades norteamericana s y europea s, siendo más severo en ciudades con grandes centros urbanos enfocado s al empleo en oficinas y con escaladas de p recios como Londres, Nueva York, S an Francisco o T oronto. Según diversos estudios, a f inales de la dé cada de 1970 , en Seattle el 25% de los arrendatarios, 2 7 % de los inquilinos con ba jos ingresos, y el 34 % de los viejos que se desplazaron, lo hicieron de forma fo rz osa (LEY, 1983, p. 2 50). El desplazamiento además implica la imposib ilidad de adquirir otro alojamiento en e l mismo sector u r bano por la presión de los p recios del suelo, provocan do e l inevitable desmembramie nto de la comunidad 26 . El desp lazamiento de las f amilias de clase trabajadora ref lejaría su posición débil en el mercado de la vivienda . Pac ione ve para dójico el h echo de que esta pobla ción se concentrase en su mome nto en el centro urbano p recisamente por su limita do poder adquisitivo, y que actualme nte se vea d esplaz a da p or la misma razón (PA CIONE, 1999, p. 117). El desplazamiento de lo s inquilinos tradicionales p uede verse reducido a una transacción económica, es decir, al pago po r p arte del p ropietario o d el promoto r de una ca ntidad v a riable de d in ero a cambio de que el inquilino abandone l a propieda d. Aunque en otros muchos c a sos para cons eguir el despla zamiento se gene ralizan un a serie de té cnicas de a coso inm obiliario. En diversas obras sobre la gentrificación se hace referencia al aco so inmobiliario y a las práct icas sem icriminales de los caseros co mo u na de las e xpresiones más alarman tes de la gentrificación (LEES, SLATE R y W YLY 2008). El acoso inmobiliario p uede definirse como con junto extendido de p rácticas y accione s, toma das p or pa rte de la propied ad o de promotores, con el ob jetiv o de forzar el desplazamie nto de los inquilinos de un inmueble dado , de forma voluntaria, haciendo inhabitable el edificio o forzoso, co nsiguiendo u na orden de de salojo. So bre este tipo d e técnicas generalizadas en todas las ciu dades med ias que sufren estos p rocesos v ersa e l v o lume n cole ctivo El cielo esta enlad rillado. Entre el mobbing y la violencia inmobiliaria y urbanística (VVAA , 2006). E n este libro se diferencia entre acoso f ísico y a rquitectónico, y acoso legal e institucio nal. En e l prim ero se incluiría e l aban dono del deb er de conservación por parte del propietario, e i ncluso la realización de actos d e sabotaje y ob ras d irigidas a causar daños en la est ructura del edif icio, o a hacerlo inhab itable, lo m ás común; o la utilización de o tros recursos como las amena zas o la insta lación de vecinos molestos. E n e l segundo grupo se incluiría la búsqueda de la declaración de r u ina del edificio, consecuencia p or 26 “Qualitativ e evidenc e establish es be yond dispute th at gentr ification in itiates a disruption of comm unity and a cr isis of af fordable ho using for work ing c lass peop le (…)” (SLAT ER, 2006, p. 752). otro lado de l a bandono del deber de conserv ación, sub idas desorbitada s del alquiler cua ndo fu ese est o posible , n egativa a recoger el pago del alquiler, e tc. (IBÍDEM). Es co mplicado esp ecificar el d estino d e los desplazados ante la fa lta de datos. Smith afirmaba, citando otros estud ios, que existía un t endencia a concentrarse alrededor del viejo vecind ario, p ero por el m omento existen pocos e studios fiables al resp ecto (SMITH y LEFAIVRE, 1984, p. 57 ). Por otro lado, e l desplaz a mien to no só lo se lim ita a una m ovilidad reside ncial forzosa. La llegada de tie ndas de lujo tiende a d esplazar los viejos y peque ños come rcios de proximidad de los que dependía el b arrio previamente. El p roceso de e xpulsión sería bastante sim ilar al del aspecto re sidencial del sector, estos desaparece rían pau latinamente en la m edida en que f ueran incapaces de pagara la sub ida d e las ren tas, o pued en verse obligados a ce rrar a m edida que su clien tela habitual se desplace fuera del barrio (ZUKIN, 2009). La e xpulsión suele trasladarse a los espa cio s de visibilidad social, y no sólo a los lo cales comerciales, también a l espacio p úblico, donde las person as que acostumb raban a cong regarse en la calle para determinadas activi dad es de sociabilida d o esparcimien to vinculada s a un esta tus social b ajo, p ueden hacer sentir inc ómodos a los nue vos vecinos. Los prime ros p ueden ser desp lazados por la pre sión so cial y la in tensificación de la v igilancia policial, la cual incrementa el resentimien to h acia las terrazas que privatizan el espacio p úblic o (IBÍDEM P. 48). El su jeto de splazado p or lo tanto sería el u rbanita pob r e, que p uede ser interpretado como un estrato de la clase o brera, con una relación preca ria co n su vivienda y con su acceso a ingresos, dependiente a menudo de su bsidios y potencialmen te diverso en cuanto a sus caracterí st icas demográficas, aunque a menudo aso ciado a una p oblación en vejecida por la n aturaleza de los vecindarios gentrif icables de los centros urbanos. 5.3. Comunidades cult urales Por comunidades culturales entendemo s un grupo de persona s que comparte n un conjun to de significan tes com unes (KNOX y PI NCH, 2 006). L a cultura no es ajena a la condición sociolabo r al, y e s común habla r de una cultura burguesa o una cultura obrera. Aquí nos re fe ri mos a iden tidades cu lturales ajena s en principio a la co ndición so ciolaboral (au nque f orzosamente e ste aspecto deba jugar un cierto pap el). Estas ide ntidades ha rían referen cia al género, a la sexualidad, a la ideologí a y o a la etnia, en los casos que aquí se van a referir. Resulta fundamental referirnos aquí a Caulf ield, q u e a f irma q ue aun que l a gentrifica ción se ha aso ciado a u na clase med ia con ingresos alto s, los participante s en el p roceso h an tenido una gr an diversidad a nivel de mográfico (y social p odríamos añadir), algo que c omprueba en s us e studios de caso en Toronto. Los grupos que se introducen e n el centro urbano incluyen trabajadore s a tiempo parcial, trabajadores de la industria cultu ral o profesionale s de elevados salarios, que habitan el espacio pagando o un alquiler o adquiriendo una vivienda en propiedad, de ideolo gí a progresista o neolibe ral, así com o un mayor o m enor peso de la s cuestiones de gén ero o sexualidad (CAULFIELD, 1 994, p .124). Boune ha ce una cla sificación de tres grandes grupos que ap arecen habitualmente sobrerrepresentados en los ESTUDI O EMPÍ RCO : IN TER VE NCIÓ N U RB A N Í STIC A Y C A M BIO SOCI AL E N SEVILLA. L A GEN TRIFIC A C I ÓN DE S A N L UIS- ALA M ED A . I. CA M BIO URBA NISTICO Y SOCI AL EN SEVILL A EN TORNO A L PL A N GENERAL DE 1987. 1. Segregaci ón histórica, dis curso y planifi cación. La transformació n de Sevilla en el marc o del PGO U de 1987 1.1. Sevilla c on caráct er previo al Pl an General de 1987 1.1.1. Diferenci ación socio-espacial histórica de la ciudad. La caracterización social y u rbanística de Sevi lla a su en trada en la dé cada de los ochen ta es la propia del period o que podríamos denominar como a lta modernidad de la ciudad, hac i endo referencia fun damentalmente a las déca das de los cincue nta, sesen ta y sete nta. Un pe riodo caracterizado p or un dete r minado po sicionamiento f rente a l crecim iento y la reno vación u rbana, por un alto grado de in terv ención de la administración pública -no tan to en la ordenación del e spaci o co mo e n sectores económ icos clave, como el merca do de la vivienda-, y por la con solidación de la segregación sociolaboral que le es característica a la ciudad. Figura 1: Factores de diferenc iación sociolaboral. Fte: Elabo ración propia. En la f igura 1 se re presenta e l mode lo seguido para interpret ar la se gregación histórica de Sevilla. Co menzando po r los co n dicionante s del emplazamie nto y el d esarrollo urbano pre-capita lista, éste a su vez dete rminado por el p rimero. Cuestiones com o el relieve, la e xistencia de zonas inu ndables y no inun dables, la d irección predominante de los vientos, etcétera , establece rá sectores m ás asequibles para su coloniz ación y otros menos. Los sectores m ás a propiados tenderán a aco ger f unciones recto ras y e lite socia l. Estas cuest io nes darán lugar y consolida rán un di fe renciación d el valor del suelo. U n mercado de suelo. Con el su rgimiento del mercado de sue lo u rbano se establecería la diferen ciación de la ciudad en fun ción de los precios del s uelo, que se superpone a lo s element os previos que o torg an f orma, fu nciones dife renciadas y est ructura a la u rbe. La d iferenciación de precio s unida a las diferencia s de clase, dan lugar a la segregación soc io-espacial típicam ente capitalista. S obre la seg regación establecida, los agentes pri vado s desa rrollan estrategias de clase que producen y repro ducen una de terminada geografía so cial, f rente a la cual la inte rvención pública n o hace sino racionalizar los dete rminantes d e un sistema de ocupación del es pacio residencial basado en un me rcado de suelo y consumido res con ingresos diferenciados. “Con la formació n de la sociedad urbana, co n el d esarrollo de la realida d urbana y la crecien te importancia de la problemática urbana la misma sociedad, la m isma práctica socia l se p retende integrado ra, busca integrar, se p ropone explícitamente la int egr ación, y, sin e mba rgo, es segregadora.” (LEFEB VRE, H. 1971 p 22 3) Polari z ac ión no rte-sur. Emplaz a m iento y desarrollo ulte rior. Para comp render la diferenciación socio-e spacial capitalista en la ciudad de Sevilla no resulta baladí retrotraerse , al meno s, h asta la segunda m itad del siglo XIX, cu ando la ciuda d todavía se limitab a a su re cinto amurallado, o incluso mucho más atrás, hasta su primera colonización. Esto se deb e a que la particular distribución d e los grupos soci ale s en l a ciudad co mien za en su recinto histó rico y traspasa la vieja muralla pa ra reproducirse en los sucesivos desarrollos urbanos modernos. Comenzando por la cue stión d el e mplazamien to, la segregación so cial de Sevilla tiene, en primer lugar, un m arcado carácter SO-NE, u n hecho que h a venido a e videnciarse e n num erosos textos de carácte r científ ico a sí com o en documento s oficiales, como las memorias de los plan es generales que ha n sido redactado s para la ciudad. Esta componente tiene, en primer lu gar, una b a se geog ráf ica, dada por el emp laz a mien to topográfico de l a ciu dad y po r la d irección predominante de l os vientos, que comp arte p recisamente e sa componente S O-NE po r la ubica ción de Sevilla en la fosa del Guadalquiv ir y a orill as de su estuario. El p rimero de e stos factores determina la ub icación del nú cleo original prerromano en el extremo sureste del actual ce ntro histórico, mient r as las sucesivas expansion es d el recinto amurallado llevan la e xpansión de la urbe fundamen talmente hacia el norte y hacia los suelos m ás próximos al cauce del río, dan do lugar al enorme cent ro histó rico con el que cuenta la ciu dad en la actua lidad29. La ciudad de Sevilla se reduc e prácticamente a su recinto amurallado y su s arrabale s, con algunas inte rvenciones extramuros de escasa importancia, prácticamen te hasta e l 1 900, y e s en este lim itado espacio en el que se engend ra la segregación moderna de la ciud ad. La particular topografía de este recinto, da lu gar a que el no rte d e la ciudad histórica sea una zona de consolid ación más tardía que el sur. En el extremo sur del centro se localiz an las cotas más elevadas y p or tanto protegidas de las crecidas del rio y su s afluente s, sin emba rgo la e xpansión d e la ciudad medieval s e producen hacia el no rte, dado que la expansión hacia el sur y ha cia e l este se vería dificultada por los cauce s origi nales de los arroyos Tagarete y Tama rguillo. Dada su t ardía colonización y las dif icultades d e su topografía, en el n orte se mantienen hast a prácticamente el siglo XX vari os gr ande s vacíos urban os. E l más impo rtante de ellos la Alam eda de Hé rcules, ha sta e l siglo XVI un ce nagal insalubre fruto d e su origen co mo antiguo b raz o d e río de l Guadalquivir. A partir de e sta fecha se deseca la zona y com ienza su colo nización, que sigue en gran med ida las curvas de n ivel a lrededor de la vieja laguna, algo toda ví a percep tible en l a trama urbana. El resto d el trazado al norte de la ciudad procede d e viejos arrabale s ubicados sobre a ntiguos camin os rurales y todavía en la segunda m itad del XIX cue nta con un gran número de huertas y de espacio s sin colmatar por el crecim iento urbano30. Esto se ría determinan te a la hora de of recer suelos para el crecimiento industrial y residencia l posterior. De esta fo rma, el n orte, excepción hecha del noble barrio d e San Lorenzo, ofrece suelo para acoger la inm igración p rocedente del campo andaluz y extremeño, que se h acinará aquí y en los a rr aba les e n viviendas co lectivas, así como para las pequeñas industrias que se multiplican en la zona en la s últimas décadas de l XIX31. Es to confiere a l sector un carácter humilde y en cierta med ida industrial y obrero desde fechas tempranas. En consonancia con lo anteriormen te expuesto, el sur de la ciu d ad acoge desde antiguo los edificio s nobles y de r epresentación del poder p olítico y religioso: A lcázar, Ayu ntamiento, Catedral y Pala cio A rzobispal. E stos ed ificios se agrupan en torno al re cinto originario de la ciudad, en cotas elevadas y a resguardo de las f recu ente s crecidas del río. Po r otro lado, la dirección de los vientos se ñalada, viene a reforzar la p olariz a ción recom endando la ubicac ión al noreste de la ciudad de los edificios in salubres y deno stados, como e l hospital de San L ázaro para leprosos, de l siglo XIII, o el Hospital de las Cinco Llagas, 29 Una s íntesis de l a ev oluci ón histórica prem oderna de la c iudad pu ede c onsultar se en POZO BARAJAS, 2 003. 30 Pu ede c om probarse e n la cartogr afía histórica de la ciudad, par a lo que res ulta de sum a utilidad el tr abajo de J OAQ UÍN CORTÉS et al (1992) . 31 Sobre esta cu estión es interes ante la c onsulta de ALMUEDO PALM A (1996). del siglo XVI 32 . A e sto s se les suman el cementerio de San Fernando y el man icomio de Miraflores en el siglo XIX. Respecto de la preferencia d e la pequeña industria p or el norte de la ciud ad, esta fue suf icientemente inventariada por Almuedo Palma (ALMUEDO, J. 1996). En el extremo noreste son f recuentes los sect ores que se u rbanizan para acog er es tablecimientos fa briles. A sí, la cla se obrera local va a tom ar posicion es en base a la proximidad a su s lugares de trabajo, al m ismo tiempo que se ve privada de o tros emplazam ientos. En e ste m arco tiene su mayor desarrollo la forma m oderna po r excelencia de alojamien to obrero en las ciudades anda luzas, e l “pa tio de vecinos”; sob re cu ya historia y signif icación existe una abundante bib liografía33. La vivienda colectiva en torno a un patio, con compartimentos reducidos y ser vicios c olectivos, va a ser la protagonista del hábita t obrero, aunque la presión demográfica, paulatinamente, va a orienta r la construcción obrera hacia la casa de vecinos, en torno a un o o dos ojos pa tios, y al increm ento del núm ero de p lantas. Es tamb ién al no reste de la ciudad d onde se localizan algunas de las prime ras intervenciones pública s m ás relevantes, con el o bjetivo de dar cabida a estas clases traba jadoras. Reformas orientadas a penet rar e n la s grande s ma nzanas medievales para au mentar la edificab ilidad, como los pasajes Valvanera o González Quijan o. Una v e z agota das la s posib ilidades del suelo industrial y re side ncial en el centro histó rico, la Sevilla o brera se expand irá h acia el norte, apoyándose en la avenida Mira f lores y en la Carretera Carm ona, q ue se convertirán en eje s industriale s y sobre los que se establecerán algunas de las prim eras barriadas obreras periféricas de a utoconstrucc i ón, como El Fontanal, Árbol Gordo o Los Carteros, p or me ncionar alguna s de e llas. La barriada de auto construcción será el segundo gran hábitat obrero d e la ciu dad, co n especial relevancia entre la primera década del siglo XX y la d écada de los cincuenta. Se trata de a ntiguas explotacion es hortícolas o p rados que se parcelan y se vend en a las f amilias inmigrante s que acuden a Se vil la, y sobre los que se de sarrollan viviendas unifamiliares a p artir de lo s esc asos recursos d isponib les, a menudo cu briendo el ca mino d esde un ba rrraquismo in icial hasta, p oco a poco, dar lugar a estructu ras m ás co nsolidadas34. Las barriadas de esta s características son numerosa s y se distribuyen por la ciudad empezando a confo r mar su primera periferia obrera . Al norte de la ciudad se sum an a los ya men cionados, la Corza, el Po lo obrero y la Ba chillera. Ot ra forma coetánea de b arriada obrera, de m ucha meno r impo rtancia numé rica, es la compue sta po r las diversas iniciativas de vivienda s barat as que, en mayor o menor medida, pretend en seguir las pro puestas d el mo vimiento d e la ciudad jardín , con predominio de las viviendas ad osadas en forma de chalet. Uno de los ejemp los más característicos de este tipo de hábitat en Sevilla se encuentra sobra la avenida Miraflores, la barriada de Retiro Obrero. 32 O al m enos a esta razón s e le ti ende a atribuir, la b ibliografía existe nte, la d istrib ución d e tan señaladas e dificaci ones (ver RO MERO MO RAGAS , 1998). 33 Con un salto h istórico no desdeñab le po dem os mencionar d esde MO NTO TO (1996) a FERNÁNDEZ ( 200 3). 34 Sobr e este ti po de h ábitats obreros a fin ales de la déc ada de 1970 s e rea liza el interesa nte trabajo de LU CAS y RIOS (1980). Ya esta blecida una clara geogra fía social de la ciudad, la zon a norte quedará consagrada a la co nst rucción d e barriadas de bloques d e pisos e n m anzana a partir de la década de los cincuenta, en gran parte viv ien das su bvencionadas o directamen te construidas por el Estado, comenzando por La Barzola y El Carmen, a la s que seguirán un b uen num ero d e d iminutas barriadas, en principio mu y def icient es, tanto en su pobre e dificación como en la ca rencia de las mínimas do taciones e inf raestructuras. En este co ntexto surgen a lgunos de los sectores m ás densamente poblados d e la ciudad, don de se desarrolla este tercer h ábitat obrero, con gran p rotagonismo de la intervención pública y cuyo objetivo e s alo jar al máximo número de pe rs ona s en e l menor espacio po sible. En el ma rc o del Plan Gen eral de 1 963 se desarrolla el Po líg o no Norte . S an Diego emp ieza a con struirse en 19 71, un a ño antes se había comenzado Sa nta María d e Ordás , también de dimens iones considerables, a f inales de la misma década se desa rrollan Lo s Arcos, pero, al no rte de la ciudad, sin d uda, la sucesión de p romociones de este tipo de m ayor tamaño habrá de ser Pino Montano, que com ien za a e dif icarse en 19 73 co mo un p royecto del Patronato Municipal de la Vivienda. El sur de la ciudad es f ruto de un desarrollo urba no radicalmente diferente. A sí, los e nsanches burgueses, d enominados de spectivamente en algun os documento s como p roto-ensanches 35 (sic), se dirigen significativamente al su r y al o este. La primera expan sión urbanística mode rna e xtramuros se p roduce con la construcción del Pa rque de las Delicias, al su roeste de l cen tro, una intervención románt ica d el sigl o XVIII que se ve reconfigurada con la intervención de 1825 propiciad a p or el Asist ente Arjon a. E n el p lano de Alvarez Bena vides d e 1868 apa rece ya, vinculad o al establecimiento de la línea de l ferrocarril Sevilla-Córdo ba, el prime r y diminuto ensanche d e la ciudad , en tre e l centro h istórico y el rí o, al suroeste del primero36. L as ope raciones de ref orma interior co nfirman d e nuevo est a tendencia , redu cidas durante el XI X a la apertu ra y reforma de pla zas, las principa les intervenciones s e localiz a n e n la parte m ás nob le del centro como se rían los caso s de la plaza del Museo y la plaza Nueva (MELERO, 2 005 a p. 147). Más am biciosa es la operación que da lugar a la a venida d e la Con stitución en 191537, centro f inanciero de la ciud ad en su extremo sur, llamado a convertirse e n una versión reducid a en cul de sac de la Gran Vía madrileña . Los ensanche s más ambicioso s, a partir de los a ños veinte, se dirigirán pr imero a l su r, L a Palmera-Borbolla, y m ás tarde h acia suroeste, e l tardío e nsanche de Los Remedios, configurando los principales sectores residenciales de la e lite socia l sevillana h asta la actua lidad. Poste rior men te algunas de las iniciativas priv a das dirigidas a construir barrios de clase media, como el caso emblemático de Bami, c onsolidan esta t endencia socioespacial hast a fechas recientes. En estos ámbitos se p roduce el p aso de las típicas b arriadas burguesas de carácter suburbano, como E l Porvenir, a los bloques d e pisos con viviendas de grandes dimensiones en el Prado de S an Sebastián y Los Remedios. U na 35 Por ejem plo en la m em oria del Plan Genera l de 1 987 36 Este y otros m apas histór icos de la ciuda d f ueron edi tados por la G erenc ia de Urbanism o en JOAQUÍN CO RT ES et al (1 992). 37 Ver por ejem plo LUC AS Y RÍO S (1980). tendenc ia que volverá a cambiar con el au g e de las promociones sub urbanas en el áre a me tropolitana, de la que se tiene con stancia desde la década de los sesenta, pero que alcanzarí a su verdadero auge e n lo s años o chenta, co n la confirmación de algunas d e e stas n uev as com unidades residenciales suburbana s como e spacios emblemáticos de la élite so cial local, ca so parad igmático de Simón Verde. Diferenciació n Este-Oeste. Las grandes barreras se gregadoras. La expansión ha cia el este de la ciudad se inicia en la segun da dé cada d el siglo XX co n la urb anización de los antiguo s te rrenos de l co rtijo de Maestree scuela, en el sect or ur bano que pa saría a denominarse Nervi ón 38 , resolviéndose en los años veinte su prob lemática comunicación con el cen tro a través d e la co nstrucción d e tres puentes que superaban la s vías d el f errocarril, de norte a sur sobre las vías de Oriente, E duardo Da to y E nrama dilla. Este ensanche , que ha recogido a menudo e l adjetivo de “fracasado”, sirvió ad emás para acoger se rvi cios pú blicos ta les como en nuevo m atadero municipal, varios cuartele s de la guardia armada y la nueva cárcel provincial. Aquí, a ni vel local se gen era una d inámica segregadora p ropia, p or ubica rse los nuevos barrios obreros, de au toconstrucción (barriada Ne rvión) o de viviendas barata s de promoción (Ciudad Jardín), en el extremo este d el n uevo cont inuo, junto a la margen derecha del encauzamiento del arroyo T amraguillo. Así, la geografía socia l d e este lien zo de la ciuda d tendría un f actor fundamental e n la presen cia de la cana liz ació n del mencionado arroyo -objeto de v e rtidos sin control y f oco de insalubridad en su m omento-, en la altimetría de la zona y en la ma yor o menor proximidad al centro urbano. El ensanche se ubica entre la vaguada del viejo arroyo Tagarete y la canalización d el T amarguillo, so bre una elevación de terreno en cuyas cot as más elev adas se encuentra el espacio central de éste de sarrollo, la Gran Plaza. Escalando la loma desde el oeste se loca liz a el ensanche burgués propiamente dicho, d e vivi end as unifam iliares s uburbanas de grandes d imensiones. En la vertiente de la canalización del Tamarguillo y prácticam ente junto a su cau ce artif icial, las barriadas obreras. En el sector a l este del arroyo quedaba el barri o obrero de autoconstrucción del Cerro d el Á guila y la barriad a Am ate –in icialmente un nú cleo cha bolista-, a estos, a partir de la década de los cincue nta, se les sum an nue vas barriadas de auto construcción (La P lata, Palmete, Su Em inencia o Padre P ío ) y barriad as obreras de blo ques d e pisos, primero L as Candelarias y de spués Los Pajaritos, Madre de Dios y Rochelambert 39 . En el extremo sur de la ciuda d, de nuevo, enco ntramos una dinámica segregadora propia, fun damentada ésta vez e n la pre sencia de la s vías de l ferrocarril S evilla-Cádiz. Mient ras e l en sanche se ub ica al oest e de la s vías, en fecha s tempranas surge al este el b arrio ob rero de l Tiro de Línea, que combina 38 La aproxim ación m ás reciente sobre este s ector urbano y su pr oblem ática es el de Ángel a Lara en L ARA (2009) . 39 Sobre este s ector urb ano contam os c on dos obras Pilar Alm oguera y AL MOGUERA ( 1989) y A LMOGU ERA y HERN ÁNDEZ ( 1999). promoción de vivienda s ba ratas y au toconstrucción. Me rc ado e inte rvención pública continúan con esta lógica a partir de la expansión a partir de promocion es de clase m edia e iniciativa privada, apo yados sobre las arte rias fundamen tales d el e nsanche sur, al oeste de las vías, mien tras al este se ubica el emblemá tico Polígono Sur, de iniciativa pública. Las islas sociales de Sevilla Estas líneas generales no imp iden la ap arición de ba rriadas aje nas a la lógica expuesta , siendo destacab les la apa rición de San ta Clara, barrio d e corte suburbano y de cierto prestigio a l noreste de la ciudad, o el barrio de auto construcción de Bellavista, al sur, en base a coyuntura s específicas. Santa Clara, al no rest e de la ciudad, se coloniza como una zona reside ncial para militares p rocedente s de las ba ses norteame ricanas establecidas en la región, lo que le otorga un aspecto de suburb io anglosajón tan ajen o a la ciudad, con chalets e spaciosos y de buena calidad. Con el progresivo desman telamiento de las bases militares, los vecinos originales van abandona ndo el barrio y deja ndo su lugar a familias de clase media autóctonas. Este peculiar origen da lu gar a un sector residen cial de elev a do po der adquisitivo que, casualmente, se encuentra flanqueado por dos de las promocion es de polígonos d e vivienda o brera m ás cara cterísticas de la ciuda d, el Polígono S an Pablo, en sus diferentes fa se s, y el Parque A lcosa. Bellavista se consolida como barriada e n l a década de los cu arenta, en el extremo sur del m unicipio, extremadamente aleja da en su origen del continu o urbano e incluso separada d e la ciudad por el río Gu adaira. Comparte origen y características con T orreblanca, en e l e xtremo este de la ciudad, y Vald ezorras, al n orte y todavía c onsid erablemente aisl a do. Estas ba rriadas ob reras d e auto construcción se consolidan e n gran m edida a partir d e la construcción de sendos campos de con centración y trabajos forzados, cuya fu nción era construir el Can al del Bajo Guada lquiv ir que pe rmitiría la creación de la Zona Regable d el Bajo Guadalquivir . Próximas a Bellavista y alejadas, e n principio, de l continuo urbano, se construirán otra s promocio nes o breras, excepciona lmente ub icadas al o este de las ví as de l f errocarril. Es el caso d e la barriada de casas b aratas Elca no y, más adelante, en plena ef ervescencia de la intervención púb lica en vivienda s, la barriad a de Pedro Salvador. La ubica ción de esta cuña suroeste de barriadas de c arácter o brero, escapa a las d inámicas expuestas con anteriori dad y han de conce birse incluidas en una dialé ctica cen tro-periferia. Figura 2: Factores de la dife renciación socio-espacial de Sevilla. Fte: Elabo ración propia. Los f actores de la d iferenciación so cio-espacial d e S evilla en base al análisis histórico realizado se ha n rep resentado gráficament e en la figura 2. En síntesis, la dife renciación social histórica de Se vill a adop ta la siguiente geografía en su entrada en la década de los ochenta: Tiene e n prime r lugar un a componente suroeste-noreste que tendría su origen en las características p ropias del emplazamiento de la urbe Sevillana , así como en su desarrollo urb ano primitiv o. Esta polariz a ción comienza en el pr o pio centro h istórico y se rep roduce en ba se a las dinámicas de mercado y eleccion es d e los agente s económicos en primer lugar que determina un a valorización diversa d e los diferentes f rentes d e expansión de la ciudad durante la primera m itad del sig lo XX, y en la racion aliz a ción por parte del estado de las propias d inámicas del m ercado a la ho ra de situa r las principale s promo ciones de inicia tiva pública a partir de la década de los cincuenta. Tiene un c omponente este-oeste, fundamentado en l a exi stencia de d os barreras urb anas como serían la línea del ferrocarril Sevilla-Cádiz y la Ron da del Tamarguillo que sepa ran sectores de ensanche burgués de la primer a mitad de l silgo XX, de secto res de bloques de piso s en manzana de carácter obrero y d onde prima la p romo ción púb lica y fu ndamentalmente colonizado s entre las décadas de los cincuenta y de los setenta.. Fuera de e stas din ámicas generales se p roduce la aparición de un a se rie de islas disp ersas p or e l t erritorio, d isimiles co n respect o a sus sectores urbanos contiguos, y que tiene su origen en las dinámicas propias, locales y particulare s, que dan lugar a su desarrollo y colo nización, y que coincide n en su carácter pe riférico. En la evolución y consolidación de estas dinámicas se gregadoras se conf igura n una variedad d e háb itats obreros por un lado y p rivilegiados p or o tro (T abla 4). El hábitat de cla se obrera p asa d e su ubicación h istórica en las vivi endas colectivas del centro y arrab ales a las ca sas, generalm ente unifamiliares, d e lo s barrios d e aut oconstrucción, a menudo próximos a l chabolismo, de la prim era periferia obrera de la ciudad. En lo s casos priv i legiados den tro de las clase s hum ildes, lo s hogares pa san a las mejor equipad as promociones d e casas barata s, influidas por el movimiento de la ciu dad jard ín. Y de a quí a los polígonos de viv ie ndas propio s del funcionalismo. Las c lases a comoda d as p asan de ca sas p atio y las ca sas se ñoriales, unifamiliares d el cen tro histó rico y de e spacios centrale s de Triana, a los ensanche s de carácter suburbano, lejos de las estrecheces d e la congestionad a ciudad. De a quí, e n un ca mbio que solo puede t ener una explicación cu ltural-ideológica, a los blo ques d e p isos e spaciosos y equipa dos del mo vimiento moderno. Finalmente, se habrí a produ cido un nuevo é xodo a espacio s suburbanos alejad os de la ciud ad, supe rándose el límite m unicipal de Sevilla. Cuadro 7 : Evolución de los hábitats de cla se obrera y clases bajas y de clase me dia-alta en Sev i lla. Periodo Hábitat de clase obrera y clases bajas Periodo Hábitat de clase media- alta Tipo parad igmático Localizació n Tipo parad igmáti co Localizació n 1850-1900 Casas y patios de vecinos Centro histórico y arrabale s (San Bernardo, San Gil,…) 1850- 1900 Casas-pat io y casa s señoriale s. Centro Histórico y Triana 1900-1940 Barriadas de auto construcci ón. Periferia obrer a (Fontanal, Los Carteros, Cerro del Águila) 1900- 1940 Chalets suburb anos . Desarrollos del tipo ensa nche burgués. Expansion es a pa rtir de la ciudad histórica. Hacia el sur y est e (Porvenir y Nervión) Promo ciones de vivienda s barata s. Tipo logí as de Periferia obrer a (Ciudad Jardín, Retiro Ciudad Jardín. Obrero) 1950-1980 Bloques de pisos en man zana formando polígonos. Periferia obrer a (Candela ri as, Polígono Sur, Pino Montano) 1940- 1960 Bloques d e pisos. Ensan ches suroeste st e y pa rte de los ensanche s sur y est e (Prado de San Seba stián, Los Remedios) 1970- 1980 Nuevas comunidad es de chalets suburb anos . Coma rca del Aljarafe (Simón Verde) Fuente: E laboración propia. 1.1.2. Estructura urbana y planea miento. Con carácter previo al P lan General de 1987 Sevill a se encontra ba con un trazado ferroviario prob lemático, un sistema de carretera s insuf iciente para las dimensiones que había adquirido la ciudad, una e scasa integración con el río y un centro h istórico, ronda histó rica inclu ida, o bsoleto. A esto se le su maban un notable d éficit de equipam ientos y elevada s densidade s que afe ctaban tanto a las b arriadas obreras com o a gran pa rte d e las d estinadas a cla ses medias y acomodada s, lo que en su co njunto conf iguraba “(…) una ciu dad escasame nt e atractiva p ara el d espegue de actividades p roductivas innovado ras” (FERNANDEZ, 199 3 p. 3 88). Frente a esta situación , en el marco d el Plan Gene ral d e 1987, se procede a la reestructuración de la ciudad. Las cuestiones fundamen tales respecto de la estructura morfo lógica co n las que se enfrentó el plan pod rían resumirse en las siguientes: El tra z ado ferroviario El trazado f erroviario h a venido a con ve rtirse e n uno de los elementos caracterizadores d e la co nfiguración de la c iudad de Sevilla. Un trazado problemá tico, conf lictivo desde su implantación, que ha venido a resultar en un lastre pa ra la ciudad en diferentes sentidos. El f errocarril se est ablece en la ciudad e n 1859, sien do f undam ental p ara el auge industrial de la segunda mitad del siglo XIX. E l com plicado trazado que describe en torno a la ciudad t iene su o ri gen en la competencia entre la burguesía se vill ana y gadita na. Como proyecto a poyado por el cap ital local gaditano se con stituye la Compañía de Ferr ocarril d e Sevil la a Jerez y de Puerto Real a Cádiz que ejecuta el tra yect o ha cia el su r, h acia el Pue rto de Cádiz, desvinculand o la línea del Guadalquivir. Po r su parte , de f orma llega a la redacción del documento “Ad aptación de l Plan General de 1963 al nuevo t exto de la Ley de l Sue lo” e n 1982, u n texto que tiene por objeto corregir algunos de los excesos de l mencion ado P lan. E n es te se ntido, pa ra pro teger el patrimonio histórico, allí don de los p rocesos d e su stitución tipológ ica ha bían sido má s destacados, se de limitan áreas de espe cial protección denomin ados “conjuntos urbano s de ed i f icación tradicio n al”, en las que se co rrig en las ordenanzas aplicadas h asta ese momento. Se f rena así l a destrucción del parcelario original y se conse rvan las t ipologías edifica torias primitivas, n o solo en el centro h istórico, sino también en otros se ctores que a la po stre quedarían excluidos de l conjunto histórico de clarado, por ejemplo el barrio de Ciudad Jardín. La s reformas del P lan de Reforma Interior del Ca sco Antiguo y del P lan de Re forma I n terior de T riana ab ordan los procesos d e transformación d el centro h istórico y del a rrabal de Triana con u nas ordenanzas de conservación, que relacio nan el interés arquitectónico de ca da e dificio con el tipo de intervencione s que precisa, acomodando los p arámetros a la situación existente, reduciendo los aprovechamie ntos y vinculand o los a spectos estéticos y tipológicos. En gen eral pa ra el conju nto del Plan Gen eral supone un vuelco conservacionista , delim itando u n a serie de conjuntos urb anos, q u e so n excluidos de la aplicación de la ordenanza zonal corresp ondiente. Sin embargo, este giro, fundamentalmente no hace sino prorrogar la inte rvención d efinitiva sobre lo s espacios históricos de la ciudad. Expan sionism o desa rr ollista Desde f inales de la década d e los cincuenta, y con un papel privilegiado d el sector público, la ciudad había crecido enormemente , con su apogeo e n las décadas p osteriores. Este proceso res ulta e n parte de l a fue rte ca rencia de alojam ientos salubre s, la m ultiplicación d e los núcle os chabolistas y los fu ertes proceso s m igratorios d esde el campo andaluz y extreme ño a la ciud ad que justif ican la u rgencia con la que s e de sarrollan mu chas piezas d el tejido urbano de la época. Durante este periodo, Sevi lla no p ara d e inc rementar su p oblación y d e expandirse, alcanzando 548.072 habitantes en 1 970 ( G ONZALEZ DORADO, 1975 p.32). Estos h echos resultan e n un crecimiento que generalmente e s ju zg ado f alto de coherencia interna, sin estructu ra general y sin modelo de ciudad. El objetivo es multip licar los alojamiento s que vienen faltos d e las mínima s infraest ructuras que corresponden al suelo urbano, al m ismo tiemp o que el sistema general de espacio s libres y d otaciones d e la ciu dad es prácticame nte inexistente . L os nuevos barrios, juzga Fe rnández Salinas, carecen incluso de “elementos generado res de referencias para la identificación de sus vecinos” (FERNÁNDEZ, 1993 p 38 8), elementos que , en su mome nto, juzgara tan impo rtantes para la vida urbana Henri Lefeb vre43. 43 “En las c iudades históric as, los m onumentos tienen f unciones tan c om plejas que el concepto d e función no c ons igue agot arlas. R ecuerda n y evoc an. H acen pr esente s un presente y un futuro. Son la m em oria de la Ciuda d y su cim iento… Los sím bolos las cubren; sím bolos generalm ente m al com prendidos, que se dilu y en de generac ión en gener ación, pero tan ricos que la per cepción deno m inada estét ica s ólo a lcanza genera lm ente la som bra de los sim bolismos.” (LEFEBVRE, 1971 p. 130) El P lan G eneral de 1946, aun que, como ya se ha mencionado, escasamente aplicado, genera grandes expectativas de crecim iento ante la gran ca ntidad de suelo urbanizable que propone. Esto se t r aducirá en p romociones d e b loques de ed ificios, gen eralmente d ispersos y mal cone ctados, co n e l centro urbano y entre sí. En este m arco surgen barriadas como El Ca rmen, La Barz ola, San José Obrero o las Candelarias, que, sumados a las numerosas barriada s de auto construcción, van dibujando un p rimer a nillo obrero en torno a la ciudad. Con e l siguiente planeamiento gen eral, e n 1 963 , se con solida es ta p rimera periferia o brera con n uevas promocio nes y con u n gran p eso del agen te pú blico por lo general, desarrollandose los tres grandes p olígonos d e v ivien das de la ciudad. E l plan delimita una serie de sectores de expansión que incluy en zonas residencia les, un esp acio verde de ciertas dimen siones y un polígono industrial, con la voluntad e xplí cita de ace rcar el trabajo a la s residencias de los obreros. De la e jecución d e este p lan es de stacable la e norme expansión resid encial hacia el norte, hasta Pin o Montano, y hacia el noreste, Políg ono San Pablo y Parque Alco sa. T ambién se proyecta la ocupación del Polígono Aeropuerto, cuya colonización se vería prorrogada p or la adaptación de l plan a la nueva Le y del Suelo. Apenas publicado e l Plan del 63, comenzaron a redactarse los planes de desarrollo, tanto p riv ados como públicos, da ndo lugar, de n uevo, a una sucesión de pa quetes urba nos escasamente interconectados entre sí, alg o especia lmente evidente e n la expansión de la ciudad hacia el norte a partir de una m ultitud de promociones de bloques de vivienda para la clase ob rera que prácticamen te se amo ldan a la trama h eredada de la huertas sobre las que se desarrollan y de las q ue, a m enudo, h eredan el n ombre. El PGOU d e 19 87 advertiría que estos p l ane s “no solo son incapaces de desarrollar el mod elo de ciudad del planeamiento general, sino que aisladamen te (…) su potencialidad ordenado ra es mínima”. Ante la falta de ejecuc ión de los sistemas generales previstos, e l plan eamiento g ene ral se limi ta a posibilitar la puesta en e l mercado de los suelos susceptib les de edificación. “El crecim iento, edi fica ción y urban ización han p recedido a l planeamiento, cu ya f un ción se lim ita a legalizar dichas ope raciones (…) La f unción del p laneamiento se reduce a se r un instrument o que le giti m a la activi dad e int ereses d e los agente s inmobiliarios…” se denunciaba en la memoria del PGOU de 1987 (GERENCIA DE URBANISMO, 198 7 a p. 14). Como se ha mencionado, el desa rrollismo desbocado del pla neamiento local se vería fre nado a partir de la red acción d e una nue va ley del su elo y de la aparición d e las prime ras corporacione s d emocráticas. El documento de adaptac ión a la nueva L ey d el Suelo, de 1982, se p uso por objet ivo con trolar el crecimien to de la ciudad, a mortiguando los excesos del anterior planeamiento. De e sta form a reduce conside rablemente e l su elo programado en e l Polígono Aeropuerto y en Pino Monta no e n u na proporción, resp ectivamente, de l 6 0 % y del 65 %. La ocupa ció n d e e stos suelos será un a cuest ión a tratar por e l Pla n Gene ral de 1987. Cuadro 8: Dia gnostico de la c iudad, previo a la redacción del Plan General de 1987. Ferrocarril Doble trazado que e strangula la ciudad. Línea Sevilla-Cádiz: segrega el cen tro de su pe ri fe ria al Este. Línea Sevilla-Córdoba: priva la m ayor parte de la ciudad de su río. Estructu ra viaria Estructu ra radiocon céntrica inconclu sa. Sobrecarga de la Ronda Histórica Difícil comunicació n entre periferias Dialéctica ciudad -rio Privación d el río en la ma yor parte del frente urbano. Centro h istórico Abandono progresivo d el caserío Operacione s puntua l es de reforma interior. Deterior de l patrimonio arquitectónico Expansión urba na Desestructu rada y caótica Altas densidad es de población Carencias dot acionales Fuente: E laboración propia 1.2. El Plan General de 1987 y e l PEPCH de Se v i lla 1.2.1. Discurs o y si gnifica ción del Plan General de 1987 En 1 987 se aprueba el nu evo plane amiento general p ara la ciudad de Sevilla. Es el plan que va solucion ar los problemas que h abía lastrado la ciudad duran te todo e l siglo XX, com o son e l trazado del f errocarril y la relació n con el río, gracias f undamentalmente al soterramiento y nue vo trazado f erroviario a su paso po r la ciudad. O tro d e los ob jetivos importantes de l plan va a ser acabar con e l abandono y deterioro de gran parte del centro histórico de la ciuda d. En sí mismo el plan no es excesiv ame nte innovador. La red v ia ria y a estaba planteada de forma m uy a proximada en e l Plan G ene r al de 1 946, y la finalmente ejecutada e s práct icamente idéntica a la propuesta del PGO U de 1963, con e scasas variaciones. Así mismo , gran parte de las de ter mina ciones con respecto al trazado ferroviario, ya e ran propuestas re cogidas en el Plan Ferroviario de 19 53 y en el Plan General de 1963. Lo que ha ce re almente espe cial al plan es la gran dispo nibilidad de recursos con la que s e encu entra a la h ora de afron tar la s necesari as reformas urban ísticas, un h echo íntim amente relacionado con la inminente Exposición Universal d e 1992. Y es que no se puede concebir e ste p lan sin la exposición . Sus de terminaciones están en parte condicionada s por la cita, de igual m anera que las o bras pa ra la exposición van a r eestru cturar la ciudad y a yudar a corregir al gunas d e sus pro blemáticas más acucia ntes. El cum plimiento y la mayor ce leridad de a lg unos proyectos también van a venir de terminado s po r esta cita. No es baladí que este p lan se redacta se a poco s años de la aprobación de la adaptación del PG OU de 1963, en o ctubre de 1982, recogiendo no obstante gran parte de sus propuestas. Cabe cuestionarse hasta qué p unto el plan de l 87 se hubiera realizado en e l momen to en el que se realiza si no se hubiese te nido en cu enta la inm inente celeb r ación de la Exposición Universal. A este respecto, el cond icionamiento es ta l, que la Isla de la Cartuja, se de de l macroevento, queda fue ra de las determinaciones y ám bito d el plan, a pesar de estar in tegrada en el mun icipio d e Sevilla y ser com petencia del plane amiento general su ordena ción . A sí, la excl usión una p ieza tan importante de la urbe, cualitativa y cua ntitativamente , es una imposición que viene d ada a los redacto res, como ellos m ismos ind ican: “Tales v a riables se han fijado institucionalmen te de ma nera previa a la re dacció n de este Plan Gene ral, y se adoptan en él como prem isas de partida o de mandas d e la E xposición” (GERENCIA DE URBANISMO, 1987 a, p. 158). El plan se enmarca e n la Ley del S uelo d e 1979, en ba se a la cua l ya se hab ían redactado los planes de Valladolid, Salamanca, Málaga, Co ruña, Gijón, etcétera. Re sulta tardío, p or lo tanto, entre los nuevos plane s generales de las ciudades e spañolas y es de claradamente un plan de urgencia, redactado casi a contrarreloj. El documento se elabora en apen as 20 mese s, un plazo que los propios redactores reconocen como escaso, d ebido a la n ecesaria ejecu ción de las refo rmas estructurales cons ideradas indispe nsables para la cita d e la exposición. A lo largo de las memorias d e inf ormación y propue sta se hace referencia en numerosa s ocasiones a la urgencia con la q u e se redacta el plan. Según consta en estos documentos el t exto suscita en principio cierto rechazo, que los redacto res ach acan a la n ovedad de las solu ciones aportadas o a la insuficien cia de explicación y d ebate. Así m ismo, se ju zg a que muchas de las decision es s on adoptadas con urgencia , lo que las priva del grado de m adurez al que se h ubiese pod ido llegar tras una inf ormación y d ebat e más p rolongados y extensos. El n uevo P GOU no so lo se va a llevar a cabo, una novedad dentro del planeam iento local, sin o que va a ser ejecutado con la máxima ce leridad, al menos en sus a spectos f undamenta les, en los prime ros año s d e aplicación del mismo y a ntes de 19 92. Inversione s que en otras circunstancia s se hu bieran dilatado much o m ás en e l tiempo se concentran e n unos poco s años. Y es que la enorm e inversión pública -requerida para llevar a cabo la reestructuración que el plan propone para la ciudad-, no hubiera sido posible sin la realización de convenios previos con los organismos inv e rsores del Estad o y la Junta de Anda lucí a, cu ya predisposición es taba claramente vinculada a la c elebración del macroe vento. A p esar de no encontr arse exento de su s propias con tradicciones, la crítica a las int ervenciones pasadas e s u na consta nte en el plan. E l planeam iento ante rior esta ría basado, según la memoria de inform ación, e n una f ilosofía del “crecimient o po r el crecimien to”, fu ndamentado en variables ca si exclusivamen te demográficas y económ icas. Frente a e sto p retende plante arse el p lan como un proyecto de ciudad. “En el caso d e Sevilla se ha m ostrado cómo la asistencia del Esta do durante los años se senta se d irige, sobre todo, a conseguir una ciudad má s grande y no a const ruir la ci ud ad en sí m isma ” (IBÍDEM, p . 30). Hay una crítica clara a l desa rrollismo y a las f ormas de intervención del urban ismo anterior, que denota quizás la difusión d e la crítica al movimien to moderno desde varias escue las de arquitectura. Una inf luencia ideológica que ya se h acía eviden te en la m odificación del Plan del 63. L as llamadas a prestar aten ción al aspecto cu alitativo de la o bra pública, la s referenc ias a la crisi s económ ica, a la dep endencia o al subdesarrollo de Anda lucí a, sitúan la r et órica e n u n á mbito progresista y crítico, acorde con el primer P lan General de la ciudad realizado por un ayuntamien to democrático. Sin em bargo, la mayor importancia de este pla n para la ciudad se basa en la resolución de los sistemas generales, pend ienteS h asta la f echa, concibie ndo la urbe com o u n centro fundamentalmente terciario en el m arco d e la reestructu ración económica posterior a la crisis d e la dé cada de lo s se tenta. En esta coyuntura una serie d e p osibilidades se abren para la ciudad frente a las nuevas d emandas del ca pitalismo postindustrial, op ortunidades que serán realizables e n la m edida en que la ciudad ofrezca u n adecuado so porte. En este sentido, el plan tiene por objetivo con seguir un a ciudad atractiv a, es pacio acondicionado y abierto a esas nuevas oportunidade s. 1.2.2. El anális is del Plan sobre la ciudad El sistema de c omunicaciones Uno de lo s p rincipales ob jetivos de la crítica d el p lan a la conf iguración urbana de la cuidad es e l sistem a gene ral de comunicacio nes. Un apartado dentro del cual da e special relevancia a la cuestión del trazado d el f errocarril y la red viaria y pasa p rácticamente de puntillas sobre el puerto y el aeropuerto. La e structura fe rroviaria seguía en este mo mento te niendo los mismos problema s que en el m omento d e su con ce pción, agrandado s por las m ayores dimensiones de la urbe. Las modificaciones p ropue stas y eje cutadas por e l planeam iento anterior fu eron e scasas- ya me ncionadas e n el capitulo anterior-, no eje cutándose alg unas de la s modificacione s indispensables, como la estación principa l única e n Santa Justa y la supresión del ramal entre esta y San Bernardo -en éste plan propuesta de sote rramiento-. Por otro lado, l a mayor intervención realizada a pa rtir del Plan de 1963, e l ram al ex terior de La Negrilla, est aba, según la m emoria d e infor mació n de l PGOU de 1 987, en franco de suso, y lo s r ama les de Torneo y S an Be rnardo man tenían un rosario de inst alaciones o bsoletas o inf rautiliz adas. Su diseño privaba la ciudad d el rio, estrangulaba la ciudad al este y al noreste y e ra inút il pa ra e l transporte de cercanías en el ámbito de la aglomeración. Además condenaba a e xtensiones impo rtantes de suelo, tanto en el b orde del rio, como en el centro urbano, a ser áreas degradadas y zona s sin consolidación urbana, para las que se prescribe desde la memo ria del plan “una urgente cirugía” (IBÍDEM, p.38 ). La red viaria de carreteras, fundamentalmente radial, es con siderada “absolutamen te i nsuficiente ”, r equiriendo mejoras puntuales en las penetraciones de Chapina, Luís Montoto y Avenid a de la Palm era. Una cuestión f undamental sob re la que llama la a tención la memo ria d el p lan es sobre la necesidad de una carretera de circunvalación exterior. Respecto a la trama interior de la ciuda d, e sta s e veí a ento rpeci da especia lmente por las n umerosas barreras que encont rab a, algunas suprimib les y o tras no: el rí o, las d efen sa s cont ra crecid as y e n e special el muro de To rneo y la estructura fe rrovi aria. Ante la f alta d e un mo delo globa l de comunicacione s p ara la ciudad, la est ructura racioconcéntrica resultaba incompleta e insuf iciente, con un a serie de avenidas que convergí an sin distinción hacia una saturada ronda histórica, y escasa s e in acabadas avenidas de circunvalación qu e podrían permitir una m ejor comunicación entre los diferen tes sectores urbanos d e la perife ria. Las rondas de circun valación de la ciudad estaban sobr ecargada s y dete rior adas , de biendo canali zar todo el tráfico de la ciudad por u nas pocas rutas, incluido s los tráf icos interurbanos relacionado s con la ruta Mad rid-Sevilla-Huelva. Había p or lo tanto que buscar una f orma de sacar del c entro de la ciudad el t ráfico que no tenía a llí n i su origen ni su destino. El plan aseguraba que la cap acidad del aeropuerto, cuya demanda iba en detrimento, era suficiente para garantizar la demanda e n previsión d e una evolución norma l. Además, las instalaciones habían sido reformadas y se encontraban e n b uen estado, por lo que n o se reco mendaba ninguna intervención y m ucho menos una ampliación de l m ismo. A pesar de e sto, e l plan deja abierta esta última po sibilidad a nte las nece sidades que pu diesen surgir de la Exposición Un iversal de 1992. Finalmente se ejecuta ría u na costosa amp liación diseñada por Moneo. El cent ro histórico El plan llam a la atención por la pé rdida d e inten sidad del uso residencia l, con una n otable regresión demográfica e industrial. Estos u sos estarían en p arte siendo sustituidos por una creciente terceriz ación del sector centro-sur d el casco, que aunaba las f unciones de centro come rcial y f inanciero de la ciudad, compartido con los ejes de A sunción y V irgen de L uján en Lo s Remedios. Las funciones t erciarias de la mitad sur del centro se fundamentan en las opera ciones de re fo rma interior que dieron lugar a la actual Av e nida de la Constitu ción y a la apertura de La Campana en 1915, gene rando el centro financie ro y varios ejes co merciales de la ciudad. Est os se vieron reforzados, y recupe rados de una previsible de cadencia a f inales de la dé cada d e los sesenta po r el establecimiento de dos grandes su perficies comerciales en las Plazas d el Duque y la Magdalena, Corte Inglés y Corte fie l respectivamen te, que reafirman la función come rcial en el sector sur del centro histó rico. Se h ace hincap ié en la notab le diferenciac i ón de u n no rte, más pob lado aunque también má s de gradado y un sector sur con un población con m ayor p oder adquisitivo y co n una funció n de centro u rbano para toda la ciudad . “El continuo proceso de recualificación del casco su r ha sido históricamente parale lo al manten imiento de la marginalidad u rbana al no rte. Hoy, aunque el su r contiene alguna zona especialm ente degradada o algún sector de población con rentas bajas, es e l ca sco n orte y, sob re todo, su cuad rante NE e l que presen ta los más intensos y extensos proce sos de degradació n y ru ina, combinado s con el asentam iento de las rentas má s bajas. ” (IBÍDEM ,p.135). De San Luis se afirma que es con mu cho el sector más decadente y ruinoso de la ciudad. Las escasas piezas industriales, c on bajo nivel d e actividad, se situaban principalmen te e n bo rdes d el casco, especialme nte en el interior del sect or NE. En este subsector predominarían los pequeños talleres y dest acaría la f ábrica de sombreros de la Calle Helio tropo, que era prácticame nte la única instalación de tipo fabril en uso. En el cuadrante sur la densidad comercial supe raba la m edia de l a ciudad, y concentraba el 40 % de la s actividades directivas de la ad ministración pú blica, el 3 0% de las of icinas p riv a das y el 26 % de las entidades b ancarias. Un centro urbano, comercial y fin anciero que se extendería d esde e l sur de l centro histórico hacia la avenida de la Palmera y que tend ría una incipiente competencia en el ensanche este de la ciudad, u n enclave f inanciero-comercial menos conso lidado pero de gran poten cialidad en tre los e jes San Fran cisco Javier, Luis Mon toto, Eduardo Dato y Avenida de la Cruz del Campo. La tasa d e crecimiento de la población del cen tro histórico fue ne gativa ent re 1960 y 19 82, e specialmente pa ra e l no rte en el p eriodo 65-70, un -12,83%. El crecimien to en el norte fue p r ácticamente nul o en tre el 82 y el 85, pero b astante positivo p ara el sur, especia lmente en el 84-85. En la m emoria se calcu laba que el cent ro tenía cabida , en e l momento de la redacción d e la mem oria, para entre 12.50 0 y 15.000 nuevos habitantes. En la memoria del Plan se co nsidera e l casco bien equipado, aun q ue se tiene en cuenta la necesidad de incluir nuevas dotacione s ante un virtual increm ento de s u población. El mayor d éf icit se concentraría en los esp acios verdes y los equipam ientos deportivos, mie ntras e l déf icit de equipa mientos do cente s sería bajo. Se hac ía hincapié también en la ne cesi d ad de la renovación d e las redes de abastecimiento y alcanta rillado. Según la m emoria e l aparcamiento “es una de las d otaciones decisivas p ara apo yar la r ecuperac ión residencial del casco” (IBÍDEM, p . 111). El déficit sería especialmente fu erte en e l cuadrante no reste. Ante un v irtual crecimiento de la población h abría que reequipar el ce ntro en este sent ido. La E xposición Universal de 1992 El recinto de la Exposición universal era e l ma yor de sarrollo previsto para la ciudad, escapando por co mpleto a l control del planeamiento. Se estimaba el número d e visitantes en 17 millones, y el tamaño del recinto quedó e stablecido primero en 1 40 h . en 1 981, pa ra ser aum entado en 2 15 h . en 1983. La superficie ed i f icada seria de 300.000 m² . En la memoria se subraya la f uncionalidad de este tipo de ev e ntos como “instrumento s destinados a dirigir la evolución p osterior de la ciu dad” (IBÍDEM, p. 157 ). No obstante, una exposición de este tipo puede servir a varios objetivos de ntro d el desarrollo urbano. El más eviden te es servir co mo medio de co lonizar nu evo suelo m ediante las i nf raestructuras y equipam ientos desarrollados, función que cump lió en su mome nto la Exposición Iberoamericana de 1929. En esa línea, la localización de la E xpo de bía ser exterior a la ciud ad p reex istente . O tra función de la exposición , má s acorde con el discu rso gene ral del p lan, sería que e sta fuera un medio para transfo r mar la ciudad ya existente . Desde un principio, en 1981 , se concibió la exposición com o un a nuev a colonización, en contrando una sa lida a los f rustrados inten tos anteriores de ocupación d e la Ca rtuja, destinando ésta a u na m asiva operación de crecimien to residencia l. Sin embargo, el discurso había variado unos años después, y el plan aseguraba que Se vill a n o afro ntaba una necesid ad de crecimien to. Más que la expansión de la ciudad , e l plan pro pugna que “(…) la Expo const ituy e un factor adicional para p roponer un ade cuado p roy e cto globa l de ciudad , (…)”. El plan pretendía de la exposición que c ontribu yese a la tran sforma ción y mejo ra de la ciuda d existente , desbloqueando las refo rmas e structurales demandadas por la ciudad d esde ha cía años: sistema f erroviario, siste ma viario y relación ciud ad-rio. “(…) c onceb ir la E xpo co mo m otor o palan ca d e recomposición de la ciudad, es el criterio fundame ntal para diseñar la f orma de su implanta ción” (IB ÍDEM, p . 157). Otro objetivo sería construir e l menor número posib le de elementos que sirvi eran en exclusiva a la e xposición. 1.2.3. P ropuesta de ciudad Se parte de la h ipótesis de que Sevilla n o af ronta un crecimien to cuantitativo y de extensió n, por lo q u e el p lan se centra en la recomposición de la urbe. Se pretende introducir los elementos estructurantes para dar coherencia a la ciudad. El ferrocarril Una de las propuestas más importantes del plan e s la reestructuración del tejido ferroviario a su paso po r la ciudad. Una prob lemática fun damenta d e la ciudad a todas luces po r s u obso lescencia y por la genera ción de fortísimas barreras internas, cu ya solución te ndrá implicacio nes para la p osterior generación de una trama vi aria m ás coherente, pa ra la recuperación de la relación en tre e l río y l a mitad norte de la cuidad y pa ra la ree structuració n de dete r minado s sectores poco consolidados. El ob jetivo del p lan f ue que e l fe rrocarril permaneciese en la ciu dad, ob viando ante riores p ropuestas, pero integrándose en e lla, sin generar barreras inf ranqueables. En líneas generales la reforma p ropiciada por el plan se basó en la ut iliz a ción de parte de l as ins t alaciones exi stentes, la elim inación de instalacio nes obsoletas y la recreación de l ramal inte rior a través d e su soterram iento co n una f unción exclusiva d e t ransporte de viajeros y con u na nueva y única e stación ce ntral. En p rincipio se prop uso S an Be r nardo como estación central, pero tras la resolución del conf licto e ntre la Gerencia y el primer equipo redactor se impu so la opción de S anta Justa. Una propuesta amb iciosa pero n o arriesgada, pues tenía desde un prime r momento asegurada su viabilidad econ ómica a través d el acu erdo de la adm inistración loca l con la Junta de Anda lucía y el Ministerio de Transportes. Para recomponer la ciudad en base a la reestructuración del tr azado de su ferrocarril se proponen tres opera ciones fundamentales: 1 ) la recuperación de la p erdida relación ciudad-río, con la supresión d el rama l entre San Jerón imo y Plaza de A rmas y la remodelación d e Torneo (ver Figura 5). 2 ) La rem odelación del ento rno de San Bernardo so bre la base del soterramien to d e la línea del ferrocarril. 3) La localización de la nueva e stación de Santa Ju sta con la consiguient e modificación de su entorno urbano. La red ferroviaria resu ltante se f undamenta en dos líneas interiores a la ciudad que d ejan entre sí la m ayor parte del sector este de la ciuda d, completada con un n uevo ram al de conexión con la línea d e Hu elva que cruza e l río a l norte de la isla de la Cartuja . La línea m ás inte rior sirve al tráf ico de p asajeros con San ta justa como esta ción central, m ientras que la línea de la Negrilla, a l nore ste, se propone como alternativ a al tráf ico de mercancías. En los terrenos de la antigua fábrica Cross-Pirotecnia Militar, se construye un nuevo apeadero, que recoge la d enominación de San Bernardo y que atiende las ne cesidades de conexi ón de e sta zona estratégica. Un te rcer apeadero se localizaría en la prolongación sur de la Ronda del Tamarguillo, junto a l Ho spital Virgen de l Rocío. T odaví a se constru irían dos a peaderos más. Uno e n el conjunto u rbano de Sevilla Est e, que sumado a las estaciones y apeaderos existentes da lugar al actua l tren de circunvalación d e la ciudad, que se ocu pa exclusivamen te del cu adrante este de la misma. Toda ví a otra esta ción se ubicaría e n el inte rior de l recinto d e la Exposición, a provechando el ram al hacia Huelva, utilizada tan solo para los pocos meses que d uró la e xposición y actua lmente en absoluto abandono. Resulta fun damental para la cuidad la desaparición vir tual d e su supe rficie de la horquilla que aprisionab a el centro histórico al Este y al Oeste . E l so terramiento desde Santa justa a la calle Bogotá permite la completa regeneración del denom inado “cuadrilátero de San Bernardo”. En e l e spacio dejado p or el soterram iento se proponen u na serie d e vías con cebidas como calles interiores de los paquete s residenciales ent re San Francisco Javier y los ar rabales al este del casc o, con jardín urban o en la Buharia acom pañando los importante s restos arqueológicos existentes en la zona. El levantam iento de las e structuras ferroviarias so bre Torneo , su gerido por el Co misariado de la E xposición Universal, da rá lugar a una nuev a gr a n ví a y a la reestructuración de todo el frente del rio desde Chapina hasta San Jerónimo. Sin embargo, parte del trazado ferroviario p ermanece rá como f uerte barrera, en concreto en el cu adrante sur de la ciudad desde la Avenida Cardenal Bueno Monreal, sepa r ando las barriadas de clase m edia-alta d esarrolladas sobre los ejes de La Palmera y Borb olla, de los b arrios obreros y e n ocasiones conside rablemente degradado s que componen el Po líg o no Sur. Esto d a lugar a uno de los sectore s más claram ente segregados y p olarizado s d e la ciu dad. Un paso a trás con respecto a propue stas anteriores, d ado que tanto el Plan Ferroviario de 1953 como el Plan General de 1963 p rescribían la desaparición comp leta de esta barrera. Figura 5. Desmantelamiento del ramal del ferrocarril sobre Torneo El sistema viario La función del tra zado v iario const ituye q uizás el eleme nto de may or impo rtancia a la hora de configurar forma lmente la ciudad. Las in terv e nciones propuesta s son numerosas y m odelan en su co njunto una nue va estructura para la ciudad de Sevi lla. En consonancia con l os planes anteriores y con la realidad existe nte, e l Pla n propone consolidar y m ejorar el sistema de co municaciones radio concéntrico, con su dob le vertiente, vías radia les que comunica n el ce ntro con la periferia y vías d e circunvalación que permiten lo s d esplazam ientos en tre las distintas la vía en zona fu ndamentalmente residencial. El plan se encuen tra con sue los vacantes a la espera de nuevos u sos, en otros do nde se m antiene la actividad industrial y zona s que plan tean problemas infraest ructurales y obsolesce ncia previéndose su levantamiento. Aquí se prevé el increm ento de la carga come rcial terciaria de la zona y desa rrollos residencia les en Cisneo Alto o sobre la vieja f ábrica de p erfumes Bordas, que d ará lugar e n f echas recien tes a la promoció n de elevada estratificación social denominada Nue va Rosaleda. En las proximidades, h acia el este, en el en torno d e Santa Ju sta, el Plan dispone de u n gran número d e solares libe rados p or RE NFE p ara nuevas opera ciones residenciales que se realizarán, princip almente, a lo largo d e la década de 1990 . La n ueva centralidad a dquirida p or la zona a partir de la construcción d e la E stación, otorga un previsible estatus so cial elevado a e stas nuevas operaciones res idenciale s. Destacan la ordenación de los suelos intersticiales entre lo s ba rrios de La Corza, Ta rtessos y San José Obrero y el ferrocarril. Junt o a este desarrollo se ejecuta la rotonda de Kansa s City , entrad a a la ciu dad d esde Madrid, do nde se preveían p rincipalmente usos terciarios. Tamb ién son abundante s las intervenciones residencia les junto a la avenida Nuevo To rneo. El plan pone en juego los suelos libres entre P ino Monta no y la zona industrial de San Jerónimo, sin de scuidar la colmata ción d e bo lsas intersticiales como las existentes en S an Jerónimo o la confo r mación y com plementación de los borde s d el rio y Pa rque de Miraflores, un desarrollo en curso en e l momento de aprobación del P lan. E n la zona d e Palme te se prevé la construcció n de edificacio nes sobre los bo rdes de la S-30, y d esarrollos reside nciales de baja densidad y equipam ientos que integren y dote n las inconexas “parcelaciones marginad as” (sic) existentes, dot ando el sector de un cierto orden terr itorial (IBÍDEM, p. 173). Otro b uen número de pequeños desarrollos re sidenciale s se disemin an por la prolongació n de San Francisco Javier, la actua l avenida Diego Martinez Ba rrio, vinculado a la reforma de l trazado viario, lo que da lu gar al re desarrollo de la Cross Pirotecn i a, sector vecino a San Bernardo, dentro de la que pasaría a llamarse milla de oro sev illan a. El desarrollo del extenso sector denom inado en el planeamiento “Polígono Aeropuerto ” dará lugar al co njunto de ba rriadas de clase m edia de Sevilla Este , que colmatarán los suelo s entre Parque Alcosa, Torreblanca y la zona de Palmete -El Pino. El nuevo d esarrollo, que se compo ne de hasta cinco planes parciales, incluye equipamiento metropolitano, equipamiento local, zonas de residencia s unifamiliares y bloques de viviendas en m anzana, así com o la expansión de la zona industrial preexistente. Esto, se un e a l mencionado desarrollo de los B ermejales que combina nuevos equipam ientos, espacios verdes , sue los de dicados a usos te rciarios y desarrollos reside nciales u nifamiliares y en bloques de viviendas en m anzana. Esta o peración implica, así mismo, la recualificación d e la vieja b arri ada obrera de E lcano med iante una o peración de rehabilitación en vivienda y urba nización. Tamb ién s e prevé su inte gración con Heli óp olis, Reina Merced e s y Benito Villama rín. Además de los nuevos de sarrollos previstos son d e stacables l a s recalif icaciones posteriores. Una de las má s llam ativas es el PERI-GU201, aprobado e n Junio de 2 001 a propuesta del T eniente Alcalde Delegado de Urbanism o, que pe rmite la reca lificación de los sue los de la vieja fa ctoría Uralita, en poder de la promoto ra Arenal 2000, con lo s consiguientes y enorm es beneficios especulat ivos. La ope ración da lugar al de sarrollo de la urban izació n Jardines de Hércules, sob re una superficie de más de 230.000 m ² al n orte d e la barriada d e Bellavista, que p ermitirá la construcción de alrededor de 1.50 0 viviendas. 1.2.4. El Plan E special de Protección del Casco Histórico de Sev i lla En el PGOU de 1 987 se reseñab a la necesidad de redacción de un Plan Especia l d e Protección del centro histórico d e la ci udad, a justado la Le y de Patrimonio Histórico Español y u n Catalogo que perfeccio nase el régime n de protección de e lementos del Conjunto Histórico. Los a nteriores planes gene rales habían inclu ido no rmativas y ca tálogos pa ra la protección de los valores histó ricos y cu lturales de la ciudad dent ro de sus textos. El catalo go del plan de 1 946 daría lugar a la base documental del libro Arquitectura Civil Sevillana, que incluye un buen núme ro d e edif icios h oy desaparecidos, lo que da fe de su e scasa utilidad. Por su parte, el PRICA de 1968 e s juzgado d e forma negativa ta nto por este docum ento como p or todos los posteriores, c o ntribuyendo por lo general al d eterioro y al derribo indiscrimina do de l ca serí o . Políticas a las que se pondría freno con e l po sterior mod ificado de p rincipios de los ochenta. “… la p rimera Corporación democrát ica logr ó f renar, m ediante la aproba ción de distintas medidas caute lares, el pro ceso de tran sformaciones y demo liciones…que su puso, no solamente un inme nso d espilfarro eco nómico y u na de strucción irreversible del valioso p atrimon io arquitectónico y de los am bientes históricos de Se vill a, sino también u nos graves efectos sociales , a l llevar con sigo la expulsión de inquilinos en modestas co ndiciones y contribu ir a la decadencia de lo s barrios tradiciona les. (GERENCIA DE URBANISMO, 1995 a p. 19) La primera d eclaración de conjunto histórico p ara la ciudad d e Se vil la se remontaba a la dé cada d e los sesenta , e n el m arco d e la Ley d e Pat rimonio de 1933, en la que se deli mita un sector que incluía e l ba rrio d e Santa Cruz y el ento rno de la Catedral. Delim itación que no se ampliaría a la totalidad del recinto amurallad o h asta la d écada de los n oventa. En noviembre de 1990, med iante real decreto, s e aprueba la “Declaración de am pliación del Con junto Histórico-Artístico de Sevilla” sobre una superficie de 783.5 Ha s, en lo q ue sería el Conjunto Histórico más grande de Esp aña y uno de los m ayores de Europa. Un espacio que co ntaba en ese momento con 215 m onumentos, 57 Biene s de Inte rés Cultural y 3 edificios declarados P atrimonio de la Humanidad. La necesidad de redacción de un p lan parcial venia dada como obligación para los conjunto s históricos declarados por la le y de 1985 de patrimonio histórico. En 19 92 se f irma un “Convenio sobre el Proceso para la Re d acción d el Planeam iento d el Conjunto Histórico de Se vil la” entre la Gerencia de Urbanism o y la Consejería de Cultu ra y Medio A mbiente d e la Junta de Anda lucí a. En dicho convenio se acordaba que s ería de aplicació n la excepciona lidad prevista en el artículo 32.2 de la L ey de Patrimon io 1 /91, y que implica form ular e l planeamien to de m odo parcial y por zonas con características homogéneas en lugar de redactar un solo p lan de pro tección para toda la ciudad histórica. A sí, en Mayo de 1994 se realiza la prese ntación del “Avance del P lan Especial del Conjunto Histó rico de Sevilla” po r parte del Ayuntam iento hispalense. Este avance que se remite a la Con sejería de Cultura contiene básicamente una sect orización a partir de la cual se realizaran los PEP de cada zona, una cla sificación de estos PEPs y uno s o bjetivos y directrices básicas. En Septiembre de 1994 la Direcció n General de Bienes Culturales resuelve f avorablemente la sectorización y el Avance del PEP CH. La delimita ción del Conjunto Histórico sob re e l que se interviene había sido aprobada previam ente p or la conse jería de Cu ltura y Medio Amb iente en Sept iembre de 1990. Abarca este el recinto amu rallado y sus arrabales históricos, donde se encontraría e l ámbito de estudio de e ste trabajo. También el ensanche al s ur de la ciudad, El Po rvenir y el recinto d e la Exposición Iberoamericana del 29, así co mo e l Hospital de la s Cinco Llagas, la Huerta de la Salud y el m onasterio de la Cartuja. El Avance contiene, adem ás de l a sectoriz ació n del conjunto h istórico, una serie d e d irectrices que deberán ser aplicadas en los PEP de cada sector. Directrices p ara la reforma y reh abilitación, p ara la p rotección del p atrimonio arqueológico, para la e laboración del catalogo, para la ordena ción de l tráfico, transpo rte y aparcamientos y para la ubicación de act ivi dade s y equipamientos. En el d ocumento del PEP CH se h ace explicita la voluntad de s uperar la “revolución ep istemológica del conse rvacionismo e n e l pensamiento urban ístico”, y f rent e a esto pret ende aportar un a visión m ás p ragmática de la intervención sobre el me dio histórico f uera de la “voluntad d e inmovilismo o muse ística” (IBÍDEM). El documento se enf renta a la p roblemática de un patrimonio “rico y extenso” al mismo tiempo que en un def ici ente estado de conservación, un centro histórico de enormes d imensiones y gran diversidad morfo lóg ica y fu ncional. En los objetivos del Avance se concreta la d irección que van a tomar en cierta med ida lo s planes. Dentro de este plan resulta espacialmente interesante el objetivo principa l de potenciar ciertos ejes. S e pretende la protección de los grandes ejes h istóricos de la ciu dad, con men ción explícita de Sa n Luis y Busto s Tavera. Tanto este eje como la calle Macarena y la cal le Feria se marcan como objetivos de recu peración histórica y ambien tal, recomendando la amp liación d e sus a cerados, la recuperación d el arbolado y su pot enciación como zonas comerciales y de pase o. Con el o bjetivo del aprovechamiento come rcial de l recinto histórico, se pre tende tamb ién la pote nciación de zonas peatona les y d e paseo, así como fa cilitar el acceso al in terior del Casco a residentes y a a ctividades comerciales. En todo momento se en tiende que la prot ección de l patrimonio histórico debe servir para la p romoción urbana de la s zonas señalada s, lo cual se hace evidente en la m edida en que la m ayor parte de los objetivos se dirigen al problema de la movilidad y al o bjetivo de pe rmeabilizar el recint o histó rico, potenciando el tran sporte pú blico y los a parcam ientos para residen tes. Se prevén aquí tamb ién planes d e ayuda a la rehab ilitación privada d e viviendas y locales, cam pañas d e m ejora del pa isaje urbano y rehabilitacione s pú blicas de edificios sin gulares. Dentro d el capítulo de pro tección del pa rcelario, de form a algo alea toria, se protege el p arcelario d el b arrio de San Bernardo y el situado entre la Calle González Cua drado y la Alameda de Hércules, sin emb argo esto n o sucede con a lgunos parcelarios m ucho más an tig u os. L as zonas desprot egidas coincide n con la s operaciones de reforma in terior recogidas p or el plan general que imp lican mod i f ic acione s en el viario, como San Julián, T riana y especia lmente San Luis. Se indica que “dentro de la ciu dad intramuros, e n la zona n orte, e xisten tramos poco evolucionados, d e origen islámi co, y que o bien se ha redactado un planeamien to esp ecial solu cionando los prob lemas dete ctados o son pro puestas pa ra la redacción del m ismo con posterioridad ” 44 . No de ja de llamar la ate nción que se p rote ja e l parcela rio má s reciente y se destruya e l más a ntiguo. Además, en algunas zonas el planeamiento exige una parcela mínim a muy g r ande, lo que obliga a la agregación de parcelas. Se ha ce men ción a la n ecesidad de un control la te rciariz ación d el casco por las m olestias que pueda p roducir al vecind ario que pu diera “acaba r decidie ndo el traslad o a barrios má s tranquilos”. De alguna f orma queda implícito en esta men ción e l interés por po tenciar la zona m ás en su asp ecto residencial de lujo, que en su aspecto co mercial, f uera de un a se rie de ejes y e spacios especia lmente idóneos pa ra la actividad e conómica, como se rían los ca sos de San Luis, Feria y Alamed a. De los d iferentes sectores e n los que se va a dividir en Con junto Histórico, p ara la reda cción de planes especiales de protección, se diferen cian tres gr upos: ― Secto res que est án dot ados del instrumento ordena cístico y norm ativo que permite la protección y el desarrollo del ámbito; y por lo tanto u na v e z aprobado el a vance procede ría la co nvalidación defin itiva de l planeam iento se ctoria l, Art. 3 1 de la Ley 1/1991 de Pa trimonio. É ste sería el caso de los planes especiales de San Luis y San Bernardo . ― Secto res donde se considera que e l planeamiento vigente es e l idóneo y que permite la protección y desarrollo de sus ámbitos. Caso de San G il- Alameda. ― Secto res que requieren un a nálisis e n profundidad de l que podría n derivarse alteraciones tipomórficas como es el caso de S anta Paula-Santa L ucia y Triana. L a priorida d entonces e s convalidar los pla nes de refo rma interior ya reda ctados para Sa n Luis y S an Be rnardo y que se consideran fundamen tales para el desarrollo urbanístico del sector. Lo m ás de stacable a la hora d e analizar los dife rentes procesos y los diferentes resultados de los PEP, e s la aprobación urgent e de los PEP de San L uis y San Bernardo. Los PERI que a similaban est os PEP h an sido responsables de la s mayores transf ormaciones de la trama urbana y del parcelario prod ucidas en las dos últimas décadas en e l conjunto h istórico, caso e specialmente notable en San Luis. Po r lo tanto resp ecto d e los sectores de San Luis o San Berna rdo, 44 El conjunto histórico d e Se villa. Avanc e del Plan Espec ial de Protecc ión. dif ícilmente se puede hab lar de un plan de protección , se trata en todo caso de plane s de reforma interior sum ados a un ca tal ogo del patrimon io inmueble. Una contrad icción soberana pues, en e l caso de San Luis, un Plan de Protección del Patrimonio destruye el parcelario, la trama y promueve co n ello la sust itución de la edificación. Po r o tro lado, e s n otable en gen eral la f alta de interés p or e l patrimonio etnológico, y por la po blación y las act ivi dad es trad icionales de la zona, si se e xceptúan, y tímidam ente, lo s PEPs de l Secto r 3 y 14 (San Julián y Triana). Si el PG OU se vio fuertemente condicionado a la hora de cumplir sus dete r mina ciones, en un primer m omento, por la nece saria redacción del PEPCHS, los PEP d e los dif erentes secto res del Conju nto Histórico, a su vez, se han visto f uertemente condicionados po r la s dete r mina ciones que el PGOU había estable cido. P arece que se pervi rtiera e l Art. 30 de la Ley de Pa trimonio, y en lugar de a daptarse e l p laneamiento urbanístico a las n e cesidades de protección del patrimonio, es la protección del patrimonio l a que se acaba adaptando al planeamiento urbanístico. De esta forma ambos plan eamientos se sol a pan y com plementan. En a mbos casos frente a la re tórica de protección d el pa trimonio, son predominantes las opera ciones de ape rtura y prolongación d e calles, dirigidas a sanear esta s zonas, que a su vez da n lugar n uevas promociones inmobiliarias. A esto h abría que suma r el mutis que la mayoría d e los planes, con la e xcepción quizás d el de San Julián, ha cen de l desplazamiento de la población tradiciona l y, concretam ente en e l norte del Casco, de la desaparición de la actividad artesanal. Los grados de p rotecci ón pred ominantes so n el D y e l E los cua les p ermiten la reforma integral y la demolición, respectivamente, p or lo tanto la practica sustitución de l edificio, los que tie nen n ivel d e ca tegoría C se rán re formado s a través d e sucesivas r efo rmas p arciales y re distribuciones. Estos grados de protección son per fectamente compatib les con l a gentrifica ción, tanto de l a edificació n co m o de la p oblación, permitiendo v i viendas de mayor tamaño, garajes, transformación de vivi enda s colectiv as e n unifamiliares, etc. Algo que se u ne a la total au sencia d e m edidas encaminad as a evitar la s ustitución de la pobla ción y la actividad. Respecto a la d elimitación del P EPCH, aunque e xceda el ámbito de este trabajo , h ay que reprochar la aleatoriedad con la q ue se incluye el e nsanche Sur pero se olvida casi p or completo el en sa nche histórico E ste de la ciudad, o la e xclusión d e los e jes indu striales y barriadas ob reras de fina les del s. XIX y principios de l XX sob re la Ca rretera Carmona y la Avenida de Miraflores, donde queda mucho m ás patrimonio histórico-arquitectón ico que po r ejemplo en los arrabale s de San Roque o la Calzada, prácticamente derribad os entre las décadas de 19 70 y 19 80. En este se ntido sigue la línea del P lan General de 1987 redu ciendo la s áreas de protección dictadas por la revisión de l Plan del 63. 1.2.5. La mira da cualif icada sobre el planeamiento de 1987 Se han recogido opiniones cualificadas sobre e l pla n para comp lementar la información anterior. La id oneidad de lo s informante s seleccionados fue explicitada ya en los apuntes metodológicos al principio de este trabajo. Nóte se que la totalidad de los inf ormantes so n tra bajadores té cnicos o p ro f esionale s, fundamen talmente geógraf os y arquitecto s, con la excepción d e un a bogado, y en su mayoría vinculados profesiona lment e a la Gerencia de Urbanismo del Ayuntam iento de Sevilla. La op inión generalizada sobre el Plan , como expresa el geógraf o Martín García, e s pos itiva, a lgo que viene d ado pa ra su capa cidad de resolver dete r minado s conflictos que arrastraba la ciudad desde ha cía casi un siglo. No obstante, se t rata t ambién de un p lan con p untos débiles, y los informan tes seleccion ados se destacan por sus aportaciones críticas. Las op iniones s obre el p laneamiento anterior también han sido co nsultadas. Existe una consen so sobre el p lan de 1963 como un p laneamiento desa rrollista y d esafo rtunado p ara la ciudad. P epa Garcí a Ja én, geógrafa, técnico d e la Gerencia de Urbanism o y co laborad ora del Plan Ge neral de 198 7 comenta : “(…) e l plan de l 63 era un plan muy d e desarrollo de infraestructuras (…) y planteaba un sob redi m ensionamiento d e la ciud ad para aque ll os tiempos”. Añade que t anto este p laneamiento como e l a nterior no llegaban a p lantear modelos urba nos coherentes,”(...)eran plane s básicamente de infraestructuras”. Frente a este planeamie nto, la revisión de 1 982 supone un vuelco n otable, dada po r la atención especial pa r a el ca sco, amenazado por el desarrollismo d e las década s precedentes. En p alabras de Garcí a Jaén: “el casco corría m ucho peligro, de d esaparecer…no hab ía ninguna caute la en ese sentido”. Ante est a situación, el p lan d e 1 982, en el ma rc o en el que se e jecuta, con el primer ayuntam iento democrático d e la ciudad f rut o d e u na coalición d e izquierd as, puede ser visto como e l planeamiento prog resista y con servacionista por excelencia “(…) fue un do cumento que salv ó de la piqueta a un m ontón de edificios en e se momento”. Sobre el Plan Gene ral de 1987, A ntonio Martín Ga rcía, af irma que fue u n plan conflictivo d esde un p rimer moment o. Las d eterminaciones previas co n respecto a la exposición y, so bretodo, respecto a los te rrenos liberados por RENFE, generó una cierta tensión entre los redactores. De e sta forma , au nque el p lan se enca rgó en principio a un equipo exterior, “(...) post eriormente hubo una crisis entre la Gerencia y el equipo que d irigía Dam ián Queros y se te rminó haciendo por la propia g e rencia”. Para Ga rcía Jaén, que intervino en la redacción final del document o, el Plan fue “(…) más de l o mismo. Fue u n docume nto de plani f icación q u e bebía del ante rior, te nemos que seguir crecien do (...) P rácticamente se co pian todas las inf raestructuras (de anteriores pla nes)…no ha y grandes novedades”. Martín García co incide e n este aspecto, “es el plan del 46 cuarenta a ños desp ués, con pocas modificaciones”. Se gún David Góm ez, Plan General de 1987 y Expo 92 fueron la escusa para h acer cierto tipo de reformas urbanísticas: “algunas eran obviamente necesarias desde hacía mucho tiempo y otras, b ueno, simpleme nt e se eligió cierto modelo y se a decuó a l territorio pa ra dar cabida a ese modelo por el que se había optado.” Para García-Tapial u no de los p rincipales problemas d el planeamiento fue la cuestión de la isla de La Cartu ja, y el que esta se e xcluy ese del plan eamiento, teniendo po r conse cu e ncia el acabase siendo, todavía en la actualidad, una pieza escasa mente inte grada en el te jido u rbano, ajena a la ciud ad. Otro elemento trascendental pa ra la ciudad y a mpliamente criticado es el d estino de los suelo s li berados por RENFE, donde García-Tapia l a punta a u na intervención a ltamente especu lativa. P ara la reest ructuración de la ciudad, reestructu ración de emergencia y con fecha de entrega en 199 2, son indispen sables lo s acuerdo s con RENFE, lo que habría e mpujado a la adm inistración local a incrementar la ed ificabilidad por encima de lo recomendab le en los solares libera dos, atendiendo a las demandas de la emp resa pública . Como resultado, las n uevas edifica ciones superan notablemente en altura a las viejas barriadas de su entorno y, habitualmente diseñada s como urb ani zaciones cerradas en m anzana, p rivan de la posibilidad de incrementa r los espacios libre s y las dotacione s de sectores urbano s con fuerte s caren cias en e ste sentido como son Macarena o Santa Just a. Martín García achaca en parte las desa venencias en tre el equipo que inició la redacción del p lan y la Ge rencia a e stas cuestiones. Los desacuerdos ha brían sido derivados (…) básicam ente de la reforma de la red arterial f erroviaria, eso generó mucha tensión po r los co nvenios co n RENFE y la ap uesta d efinitiva po r Santa Ju sta.” Los ac uerdos a este respecto se e stablecen se gún Martín García con ca rácter previo a l Plan de 1987, por lo que e ste venía de terminado no solo p or la Exposición d e 1 992, sino t ambién po r los comp romisos ad quiridos con RE NFE. Es f ruto de un convenio e ntre el E stado, la Junta de Andalucía y el Ayuntam iento de Sevilla, que participan de la f inanciación d el costo . Para el entrevistado “esa e s un a de las cosa s que chirrían m ucho, porque a cometer med iante convenios, que no es ni más n i menos que un contra to p riv ado, la ordenación de a lgo que tanto af ecta a la estructura de la ciud ad(…) “. S e critica el dest ino final de estos suelos para un uso de viario y a prov echa miento lucrativo en todas su s má rgenes, con una intensidad residencial muy alta, necesaria para que “salieran los números”. Con est a determ inación se pierde la oportunidad de d edicar esta s grandes bolsas de suelo a un “uso más d el interés general”. Además, habría e xistido “un a inflación tanto de la v aloración de los sue los como de la inten sidad d e o cupación d e los m ismos, para ha cerlo lucrativo a los p romotores priv ados (…)”. García Jaén califica la o peración d e a lgo “tr emendo”. En sus propias p alabras: “(…) soterrar las vías signif icaba liberar un mo ntón de su elo que había que llenar, (…) RENFE p uso sus condicion es (…) y o quiero co nseguir las p lusvalías de esa liberación de su elo (…)” Las plusvalías d e RENFE se habrí an pa gado fundamen talmente e n a ltura: “se calif icaron esos sue los para edif icación residencia l de alto n ivel (…) una edi f icación muy alta (…) hicieron números y decidieron que necesitaban que esos suelos tuvieran u n valor x”. Otra cuestión comentada es e l desarrollo de S evilla E ste. El de nominado Polígono Aeropuerto es el área más compleja que desarrolla e l pla n general, por sus eno rmes d imensione s y p or la s inf rae structuras existentes. L egado por el planeamie nto de 1963 y encajonado entre las carreteras de Málaga, Su Eminencia y Madrid. S egún no s comenta García Jaén: “se delimitó como un gran p olígono d e e xpansión de la ciudad, p ero se concretó en el PGOU de l 87(…) es una de las típicas o portunidades que daba la legislación franquista para acumular sue lo. Se comp raron eso s suelos casi a p recio d e saldo , e r an suelos muy periféricos, con un valor e scasísimo (…) el Ayuntamiento permitía que se h iciera con esa s bolsa s de suelo una sola propiedad, que fue Inmobiliaria O suna, y que ha tenido ese suelo retenido hasta que le ha parecid o desarrollarlo. ” Las recalif icaciones po steriores seguirían esta tónica especulad ora, a este respecto Ángel Monge apunta en su entrevista al ca so de la r ecalif icación de URA LITA com o u n o de las reca lificaciones m ás escandalo sas de los últimos tiempos en la ciudad de Sevilla. Berme jales, junto con S evilla Este, son l as dos grande s co loniz acione s de nuevo su elo residencial que se desarrollan en el marco del Plan de 1987. Frente a las opiniones ne gativas sobre Berme jales, los dife rentes inf ormantes consultado s tie nden a coincidir en señalar el d esarrollo de Be rm ejales como una de las piezas de te jido urbano m ejor de sarrolladas p or e l plane amiento. Sobre su origen Ga rcía Jaén com enta que “era n todos su elos comprado s por el Ayuntam iento (…) h abí a un altísimo po rcentaje de viv ien da social, se le da ría entrada a eso s suelos a co operat ivas de trabajadores y a viviendas so ciales y otra parte iría de stinada a promoc iones p riv adas (…) hay u n reparto social que es interesante, ha sido p olémico e n algunos casos porque las v ivien das sociales pueden suscitar algún tipo de re chaz o, p ero ahí se ha aposta do f uerte (…) la act itud de la ad ministración fu e contundente, se hicieron viviendas sociales, con polémica, pero ahí están”. Otra cu estión, la f undament al p ara este trabajo, es la de la transformación del centro histórico y su r elación con el planeamien to. La práctica totalidad de los consultado s coincide e n la importancia del plan eamiento de 1987 p ara l a transfo r mación del centro histórico de la ciu dad, aunque también se repiten l as referenc ias a planeamiento posterior, concretamente a l Plan Urban y al Plan Especia l de Protección del Conjunto Histórico. En primer lugar, el plan parece suponer una reacción con tra el conservacionismo anterior, de tal form a que, según José García-Tapial, p rácticamente, se habría bajado un nivel de protección a cada edi fica ción. Para Martín García el modelo de t ransformación para el centro histórico vi ene dado en gran m edida po r la proximidad a la Expo 92: “d ada la proximidad del recinto de la Expo al centro histórico, éste e ra una d e las apu estas de l pla n”. Ángel Mo nge 45 vincula e ste h echo, d irectamente, a l desplazamiento de la pobla ción con menos recursos, algo en lo que coin cide con David Gómez: “en cuestión de transformación social de algunas zonas de la ciu dad, pus o la base a ciertas transformaciones que se d ieron e n las zona s que más sufrieron algunos año s después d el 92 aquí en Sevilla. Ya se sabía lo que iba a suponer la transf ormación de la Cartuja y el PGOU a parte de co locar rondas (…) también se puso las b ases para u na transformación d el barrio de Sa n Luis (noreste del centro histórico) (…)” En éste sentido, la proximidad al recinto de la Exposición Universal ha bría sido “la e spuela q u e má s a dinamizado”. 45 Jefe de la Oficina Técnica de Asesoramiento al Inquilino en Situació n de Acoso. Nos recibe en una me sa de reuniones donde se rea liz an las en trevistas con inquilinos y propietarios, presidida por una pegatina en la p uerta que reza “Stop desa lojos”. 1.2.6. Un mode lo de ciudad para Sevilla Cuadro 9. Debilida des y fortal ezas de l a redacción-ejecuci ón del PGOU de 1987 Fortalezas del plan Debilidades Redacció n-ejecución Elev a do gr ado de cump limiento. Eme rgencia en la redacción. Ausen cia de participación. Comunicaciones Mejora signif icativa del sistema general de comunicacione s. Falta de integración de la isla de la Ca rtuja e n la cuidad. Centro h istórico Recupe ración e conómica del centro histórico y arrabale s. Desprote cción del patrimonio con respe cto al planeam iento anterior. Barreras Elimina ción d e la h orq uilla del f errocarril sobre el centro urba no. Nueva ba rreras: S30 y Carretera de Má laga. Permanencia de la b arrera ferroviaria e n el extremo sur de la ciudad. Nuevos desa rrollos Control sobre e l crecimien to. Especu lación con la recualificació n de terrenos industriale s: Jard ines de Hércules y RENFE. Fuente: E laboración propia. El cuadro 6 presenta una sí n tesis de las debilidades y fortale zas de l Plan Gene ral d e 1 987. Este PGOU es, ante todo, e l prime r pla n que consigue llevar a ca bo una p ropuesta de mod elo de ciudad para Se villa. En e ste sentido da lugar a un sistema general de comunicaciones co herente, a l mism o tiempo que da sol ución a algunos de los principa les problema s q u e arrastró la ci udad duran te la m ayor pa rte del siglo XX, princip almente la cuestión del t razado del ferrocarril y el r ío. Es un plan contenido en cuant o a nuevos d esarrollos, que se vuelca en la ciudad ex istente y que p ermite, efectivame nte, sentar las ba ses para la re cuperación socioeco nómica del centro h istórico. No obstante , la crítica al desarrollismo an terior que da parcialmente en evidencia ante las mod ificaciones posteriores o rientadas a la recalificació n d e te rren o s, así co mo por la cu estión de los co nvenios con RENFE o la merma en cuant o prote cción del patrimonio. El é xito de l p lan se debe, sin duda, en gran m edida, a la E xposición Universal de 1992, que permite la afluenc ia de recursos ne cesarios para llevar la reestructu ración de la ciudad a cabo. Es, no obstante, un plan que pone la ciudad a dispo sición de la ex p osición, a pesar de que constantem ente s e refie ra e l macroevento com o un in strumento al se rvi cio de una mejor ordenación d e l a ciudad. Sin duda la exposición y las reformas r ealizadas fueron ben eficiosas p ara la ciu dad, pero no es m enos cierto que a lgunos de los costoso s equipamientos son e scasamente justificab les fu era d e las necesidad es coyunturales del evento (amp liación del aeropuerto y ram al del ferrocarril h asta la Cartuja). Por ot ro lado, la ordenación independiente de la Cartuja ha conllevado a largo plazo el que est a pieza d el te jido urba no cu ente con una notable desconexi ón co n respecto al resto de la ciudad. La re cuperación económica de zonas d egradadas d el centro es un hecho palpable, y vinculad o a esto , e s ne cesario a ñadir que la conflu encia de u n planeam iento que tendió a d esproteger co n u n una Gerencia de Urbanismo proclive a los derribos ayudó a d estruir una parte importante del pa trimonio arquitectón ico y et nológico a l a ciudad, a l mismo tiempo que propiciaba l a rehab ilitación de estos se ctores urbanos. Esta e s una cuestión fu ndamental que se t ratará en los siguientes capítulos. 2.1.2. Descr ipción de la diferenciación socio-espacial por barrios Se ha rep resentado la ratio socio laboral en tram os de la de sviación típica en torno la m edia de la seri e p ara los años 19 81 y 20 01 (Figura 9 ). A prime ra vista encontramos que para a mbos años la mayor p arte de lo s barrios se en cuentran entre la media y una des vi ación t ípica por de bajo de la m edia. En segundo lugar se h ace evidente e l in cremento del nú mero d e barrios situ ados por encima de la media. Figura 9. Ratio social. Desviación respecto de la media Fuente: Elabora ci ón p ropia a partir los censos de población y vivienda de 1 981 y 2001. En 1981 e stos valores conf irman la diferenciación socioe special e xtraí da del análisis h istórico, con un marcado carácter suroeste -noreste. Los valores p or encima de una desviación típica por e ncima d e la m edia se co ncentran exclusivamen te en Los Re medios y en El P orvenir-Palmera, e nsanches su r- oeste y sur de la ciu dad. L os valores en tre la media y un a desviación típica por encima de la me dia se con centran al sur de la ciudad, suroeste d el centro histórico y sector Nervión, e nsanche e ste de la ciudad, así como la isla de Santa Clara, al noreste. Se confirma la interpretación histórica de una polarización suroeste-noreste, así como las barreras sociales, que a parecen perfectament e def i nidas e n la f igura 9. Las ví as d el f errocarril a l sur de la ciudad expresan una contundente f rontera que se para todo el sector obrero de Polígono Sur-T iro de Línea al e ste d el sector de e levada estratificación so cial de P orvenir-Bami. Sin e mbargo, la barrera del Tama rguillo aparece difuminada en la figura, ubicándose en mayor med ida en e l arco de circun valación que formarían la A venida d e Ciudad Jardín, Avenida de la Cruz de l Cam po y A venida del Greco, que sepa rarían e l área de influencia de Nervión, de lo s sectores ob reros a l e ste (Ciudad Ja rdín y barriada Nervión primero y T res Ba rrios-Amate después) y a l no reste (Po líg ono San Pablo). E sto vendría da do por la u bicación d e barriada s obreras al oe st e de la Rond a del Tamarguillo en tre el proto-en sanche burgués y e l secto r ob rero de grandes dimensiones al este de la ronda, en una ubicación en su o rigen denosta da por la proximidad al Arroyo Tama r guillo. En 1981 , también se percibe en e l p lano una matizable po larización centro- periferia. Un centro que se ría ce ntro-suroeste, pe ro que aún a sí loca liz a sectores periféricos co n valores so ciales bajo s en la periferia obrera loca l de Triana y en los ba rrios obre ros en el e xtremo su r de la ciudad, Be ll avista-Pedro Salvador. Sin embargo, en 2001 e sta situa ción tiende a difuminarse, a med id a que los sectore s obreros en la p eriferia su r oeste van ado ptando valores por encima d e la media, quedando la zona d e El Tardón-El Carmen al o este y Bellavista al su r, por debajo de la media. En 2001 se suman a valores por encima de la media un elevado número de barrios co n continuidad espacia l. Es el caso de toda la zona entre e l ensanche de Ne rvi ón, Santa Justa y el c entro histórico, afectado por la reforma del trazado d el f errocarril. P asan a u bicarse por encima de la m edia sectores al sur de la ciud ad anteriormente p eriféricos, hasta el d esarrollo de Berm ejales; sectores entorno a Santa Justa (Fon tanal, San José Obrero y Huerta de la Salud ); prácticamente la totalidad d el centro histó rico e xcepción hecha de San Julián, y el arrab al de T riana. Po r su pa rte, Sa nta Clara se aleja d e la m edia, pasando a ubicarse entre una y dos desviaciones t ípicas. Figura 10. Ta sa de paro. Desv iación respecto de la media Fuente: Elabora ci ón p ropia a partir los censos de población y vivienda de 1 981 y 2001. De f orma complementaria se representan los da tos para la tasa de paro y la propo rción de población ocupada con estudios universitarios, dos cocientes que son utilizados habitualm ente para indicar la caracterización social d e sectores urbanos. La tasa de paro se h a visto ligeramen te incrementa da entre 1981 y 20 01 en la ciu dad de Se vil la, pasando de ub icarse en algo menos de un 21% a algo más de un 23% en 2001. La p roporción de població n ocup ada con estud ios u niversitarios ha sufrido cambios notables, p asando, de form a similar al ind icador de la ratio so ciolaboral, de e star po r debajo de l 8 % en 1981 a e star cerca de l 9% en 1991 y p or encim a del 10% en 2001. El p rimer indicador, representado en la f igura 10, vuelve a sit uar l o s sectores desfa vorecidos en la perife ria o brera de la ciudad, y los privilegiad os en torno a los clásicos e nsanches burgueses. La evolución temporal de ja cla ra la evolución po sitiva d e los ind icadores en el conju nto de barrios del norte del centro histórico, S anta Justa y el entorno de La Pirotecnia, a l sur de San Bernardo. La acumulación de los valores más p ositivos tiende a reforzar su concentració n en torn o a l cen tro del Prado de San Sebast ián-San Be rnardo y los espacio s aledaños: Nervión, La Florida, centro-sur y Porvenir. Es especia lmente notable la a cumulación de bar riadas co n valores por encim a de la me dia de la tasa de paro al norte de la ciudad, en el extremo norte de l distrito Macarena y e n el d istrito Macaren a Norte, as í como la co ncentración d e los valores alto s para es te indicador, más alejados de la me dia, en Tres Barrios- Amate y en el P olígono Sur y su e ntorno, a más de dos desviaciones típicas por encima de la media. Por otro lado, es notabilísima la mejora d e dete r minado s sectores históricos de l centro, algunos de lo s espacios de colonización más antigua de la ciu dad, y especialmen te e l norte o n oreste del centro histó rico y Triana, especial, si no fundame ntalmente, su extremo norte. Pasan de situarse por en cima de la m edia a situarse por d ebajo, el norte d e Triana, El T ardón, San G il, Feria, San Julián, San Loren zo, Fontanal, Pirotecn ia, Santa Justa, Pedro Salvador y Berme jales. Figura 11. P roporció n de universitarios. Desv i ación re specto de la media Fuente: Elabora ci ón p ropia a partir los censos de población y vivienda de 1 981 y 2001. La proporción de población ocupada con est udios univ ersitarios vuelve a confirmar las ten dencias au nque parece suf rir una m enor variación en el periodo 1981-2001 (Figura 11 ). S i es notab le e l m ayor alejamiento d e la m edia que se produce en 2001 en los sectores de Polígono Sur y Tres Ba rrios-Amate. Existen varias unid ades que pasa n de tener una prop orción de universitarios por d ebajo de la me dia a situarse p or encima, en los ca sos de los Berm ejales y Sevilla Este, se trata de zonas que estaban prác ticamente por desarrollar en 1981, cu ando a penas e xistí a n pe queñas barriada s en estas un idades espacia les com o E lcano, e n la unidad denominad a com o Bermejales. T iene mayor interés este cambio en el extremo norte del cent r o, con cret a mente e n el barrio de San Gil -el rest o de barriadas adyacen tes mejoran su posició n también notablemente au nque sin cambiar de tramo -, así com o la promoción del secto r en torno a Sa nta Justa y el e xtremo no rte d e la cuña de barriadas obreras al suroeste, adyacentes a la zona de Sa n Be rnardo-Buhaira. Pa san de situarse p or debajo de la me dia a situarse por en cima, el no rte de T riana, San Gil, T riana Oeste, Barrio L eón, Pirotecnia y Las Hue rtas (d entro d e la zona de inf luencia de Santa Justa). La di ferenc ia e ntre la media del in dicador ratio sociol a boral para los c inco barrios con los valores m ás bajos y los cinco con los valores má s a ltos en 1981 era de 6 40 puntos. En 2001 est a diferencia se h abía incrementado a 1339 puntos. El ra ngo d e la d istribución pasa de 833 a 16 14.12. L a d iferencia entre el valor m edio de los casos situados por de bajo del se gundo cuartil y los caso s por en cima del segundo cuartil pasa de 215 en 1981 a 530.35 en 2001. Los o tros dos indicadores t ambién han incrementado la diferencia en tre ba rrios, la t asa de paro de 25 a 28 p untos, incrementándose el rango de la d istribución de 27 a 30.5, y la proporción de població n ocupada c on estudios universitarios de 23 a 2 6 puntos pa sando el rango de 2 5.3 a 27.2. To do parec e indicar un incremento de la polariz ación socioespacial. Los indicado res u tilizados ref lejan lo s camb ios producidos en la geograf ía social de la ciu dad. P rocesos simultáneos con d irecciones muy d iferenciadas, el a lejamiento de la me dia, para todos los indicadores sociales, de amplios sectores de la p eriferia obrera de la ciudad , a l mism o tiempo que lo s secto res de la elite l ocal s e expanden y se alejan en dirección o puesta, ref lejan el incremento de la p olariz a ción socio-esp acial. Mientras determinadas p osiciones relativas se man tienen re forzando a lo largo del t iempo su diferenciación, son no pocos los s ectore s de la ciudad qu e cam bian su posición relativ a ha cia lo que se revela como un a promoción socia l de sus habitantes, pasando de posicion es por debajo de la media en cuanto a ratio de profesionales y técnicos y prop orción d e habitantes con estudio s su p eriores y p or encim a d e la media en cuanto a ta sa de paro, a la situació n opue sta. Es necesario se r prud ente aquí y comp render, en base a los capítulos anteriores, la promoció n social de l a mayor parte de estos secto res como la colonización de vacíos urban os, como es el ca so del entorno Santa Justa, Sevilla Este o Bermejale s. 2.1.3. Identifica ción d e clús teres mediante análisis de autocorrelación. En la figura 12 se representan lo s valores p ara los i ndica dores locales de auto correlación e spacial utiliz and o como u nidades las unidades denom inadas barrios. Los resultado s pare cen representativos d e la tendencia a la confo rmación de lo que parecen dos grandes clústeres, f ruto de una ciudad polarizada socialmente en dirección suroeste-noreste. Aunque e sta tendencia parece constante en los tres m apas producidos, no d eja de ser evident e la tendenc ia a la a grupación de pequeños clústeres significa tivos que d esemboca en la co nformación de do s grand es c lústeres de signo opuesto. T ambién es especia lmente sig n ificativ o el crec imiento y consolidación del clúster de profesionale s y técnicos asalariados, al suroeste. Figura 12. Clús teres sociolaborales Fuente: Elabora ci ón p ropia a partir los censos de población y vivienda de 1 981 y 2001. Los mapas refuerzan la informació n extraída de los índices globa les, con un a situación del clúste r de valores b ajos, casi ina lterado a lo la rgo de los tres año s de referencia, generando un conjunto salpicado de tre s clústeres periféricos. Estos f orman el a nillo in terrumpido de la periferia obrera de la ciudad . Con un clúster de gran tamaño al norte, cub riendo pa rte de los d istritos Macaren a y Macarena Norte, al sur, e n la cuña de suelo al este de las ví a s del ferroca rril, desde Po líg ono S ur hasta pirotecnia y al est e, d esde la Plat a a Rochelambe rt. Clúster que se consolidan y expande n espe cialmente en 2001. Al m ismo tiempo, dentro del grupo de valores bajos, aparecen una serie d e islas rodeadas de valores altos. Estas aparecen com o una c onstante en la zona de Pirotecn ia y Tiro d e Línea, situación justifica da po r la p roximidad a los barrios burgueses de l ensanche sur, al m ismo tiempo que s egregados de esto s p or las vías d el f errocarril, y Be llavista, e n el extremo sur de la ciudad. T ambién apare cen otros d o s sectores identificados como islas de valores b ajos rodeados de valores disimiles d e forma ef ímera. Es el ca so d e los Be rmejales en 1981, donde la única zona residencia l que existí a e n e ste momento era el pequeño barrio obrero d e E l Cano, y, to davía en 199 1, el se ctor sur d e Triana, contiguo a l protoensanche de Lo s Remedios y a l extrem o sur del ce ntro histórico. Sin embargo el p rincipal interé s de e ste trabajo es e l crecim iento del clúster de profesionale s técnicos y asalariad os. É ste se e ncuentra conformado e n 1981 por los dos sectores históricamente burg u eses por excelencia, los dos ensanche s de las primeras d écadas de l siglo XX: El P orvenir y Nervión, S in embargo la situación pa rece h aber c ambiado notablemente en 1991 , cuando los do s sectores aparecen ya un idos, una vez anexionad o el sector escasamente consolidado con a nterioridad y no tablemente degr adado que confo rmaban la actual Bu haira y Sa n Bernardo . Al mismo tiemp o, se p ercibe la expansión de é ste clúster de la burguesía asalariad a. Por un lado h acia e l sur, con la consolida ción de u n clúster continuo en esta zona y con la desaparición de Bermeja les como isla de valores bajos, u na vez iniciada la exp ansión de este f rente urbano, y ha cia el norte , engullendo los sectores al sur del centr o histórico. En 2001, se con solida todo e l sector a l oest e la Avenida d e la Cruz del Campo, como pa rte del clúster d e la b urg uesía a salariada, y la expan sió n hacia el n orte, engullendo Triana y la m ayor parte del centro histórico, h asta llegar al norte del mismo, incluyendo el barrio d e Feria. El clúster de valores altos presenta cont inuidades respecto de su ubicación en el tiempo y discon tinuidades, generadas principalmente por su expansión. Por tanto, las cuestiones más rese ñables aquí son e l incremento d e la p olarización socio-espa cial, así como crecimiento y consolidación del clúste r d e la burguesía asa lariada, a costa del centro histórico. Se evidencia la consolidación del clúster sur por la desapa rición progresiv a de islas rod eadas de valores disimiles. La s unidade s con valores signi ficativos d e auto correlación espacial p ara una e stratificación so cial elevada se ha n f undido a lo largo de los tres censo s en un solo clúster, engullendo las unidades ubicadas e ntre e llos, gran p arte del centro histórico y arrabale s de la ciudad, y se constata así mismo una expansión ha cia la perif eria sur y oest e d e la ciudad. P or este motiv o , la diferen ciación centro suroeste-pe ri feria, que se hacía e vidente en las repre sentaciones gráfica de lo s d atos de 1981, queda por la UE a través del P lan Urban S an Lu is- Alamed a. Plan este u ltimo a través del cual se pretendía f inanciar ta nto parte del p laneamiento d e desarrollo sobre San Luis, como la reurban ización de l pase o de la Alameda, f ina lment e excluido, y que se llevaría a cabo poste riorm ente co n profundas modificacio nes a través de su cesivos y con tradictorios p lanes d e reurbanización en la p rimera década del siglo XX I. 6.1.1. Primeros intentos de intervención. Del pro y e cto de parking al plan de ree quipamiento A mediados de la década de los setenta, González Dorad o afirmaba so bre la intervención pública en el no rte del centro histórico q ue la ausencia de obras impo rtantes de urba nísi mo durante el siglo XX hab ía s ido la no ta p redominante y que, junto con la a usen cia de centros recto res, m arcaba la not able diferen ciación entre el norte y e l sur del viejo recint o int ramuros (GONZALE Z DORADO, 19 75 pp. 480-481). En efecto, p r ácticamen te, la única o peración de impo rtancia que llega a re alizarse en el c uadran te no reste con ca rácter previo a la déca da de los o chenta e s e l “(…) f rustrado pro yecto del P olígono de S an Julián (…)” (CARDOSO, 1983 p. 19) inmerso en las políticas d e ren ovación urbana y en el urb anismo f uncionalista propio de la s décadas de los sesenta y setenta. En la década de los se senta comenzó el derribo d e este barrio de origen m edieval u bicado en el e xtremo noreste del ce ntro. Las e xpropiaciones forzosas s e p rolongaron d urante añ os y suprim ieron una buena parte de los corrales d e vecinos y las viviendas colectivas o breras de la zona. No obstan te , aunque se llevó a ca bo una importante dest rucción de t rama m edieval, edificació n popu lar y patrimonio etno lóg ico, e l p royecto de polígono no llegó a realizarse y el redesa rrollo del se ctor quedo relegado a la co nstrucción “(…) por parcelas y un t anto cap richosamente, resultando un conjun to de blo que desiguales ajenos completamente a l espíritu del barrio” (CARDOSO , D. 1983 p. 19). A e ste redesarrollo f uncionalista, ubicado de forma p róxima pero f uera d e los límites del ámbito e spacial de este estudio le suceden otras dos intervencione s que af ectan al e spacio má s emb lemático d el sector. Se trat a de los proyectos de m etro y de aparcam iento su bterráneo que afectarían a la Alameda de Hércules en la segunda mitad de la década de los setenta. El primer p royecto de met ro para Sevilla se remont a a 1976. En mayo d e este año se constituyó la Com isión Asesora de l Plan d el Metro de Se vill a que previó tres líneas para la ciudad, pasando la primera de ellas por la Alamed a de Hércules. Los gastos se disp a raron de tal forma que construir el pozo d e acceso a la f utura estación d e la Alame da, entre el 76 y e l 77 costó 30 m illone s de pesetas d e la época. En m arzo de 1980 había doscientos seten ta metros de túne l construido y e l princip al obstá culo era la lucha contra el agua que dif icultaba y enca recía lo s trabajo s. Aunque h acía año s que se veía inviable en la form a e n que estaba plantead o, no fue hasta ma rz o de 19 86 cua ndo se suspendió definitivamente e l proyecto. Se habían tardado diez años en llegar a la co nclusión de que las dificultades técnicas im posibilitaban la rentabilidad de un metro en la ciudad en ese momento. El p royecto d e b oca de metro, junto con el simultáneo proyecto de parking subterráneo, fue interpretado en s u momento como e l prime r intento de gen erar expectativas sobre el cap ital privado para fomen tar la revitalización de l deprimido m ercado inmobiliario de la zona (BARBE R et al, 2006). En 1977 se redacta el Plan Esp ecial de Renovación Urbana del sector de la Alameda de Hércule s, el cual preveía la reg ularización radical de los límites de la pla za, la realización de amplias ví as d e accesos y la const rucción de un gran aparcamie nto subterrá neo. La propuesta fundamen tal del plan era re configurar la Ala meda como fondo de saco para la pene tración del tráf ico rodado e n el centro m ediante la construcción d e un aparcam iento subterráneo para 2 .300 vehículos. Un gigantesco aparcamiento d e cinco plantas que o cuparía tod o el viario de la A lameda e imposibilitaría la con se rvación d e los árboles, merm ando en gran m edida su uso com o zona d e esparcimie nto. Para su ejecución hu biera sido n ecesaria la alteración de tres cuartas pa rtes de lo s edif icios qu e delimitaban el paseo, sustit uidos p or ed ificios d e m ayor altu ra, a sí co mo la demolición de la totalidad de los e dificios de la m argen occidental de la ca lle Calatrava que h ubiese fu ncionado como eje d e penetración pa ra el aparcamie nto (POZO Y BARAJAS, 2003). Otra pa rte importante del p lan se centraba en u na propue sta de f omento de la terciarización del esp acio, pensado aquí como una prolongación funcional del espacio comercial gene rado en el Duque a partir de la instalación d el Corte Inglés una década atrás. La Alameda te ndría u na ubicación e strat égica entre las grande s superficies comerciales del centro u rbano y los te rrenos de la I sla de la Cartuja, los cuales, come nta Pozo y Ba rajas, emp iezan en esta época a situarse “en el punto de m ira” d e la especulación inmob iliaria, que ve en ellos la futura mayor expansión residencial de la ciuda d (IBÍDEM). En este se ntido, en la m emoria d el Pla n pod ía leerse “(…) ta ngente h oy todavía a la Zona Come rcial del m ismo (el centro ), su fut uro inmed iato va a supo ner una etapa de inexorable revitalización de su caserío que de lupanar marginado h a de pasa r a convertirse e n un a importan te zona com ercial (...)” (GERENCIA DE URBANISMO, 198 4 p.7). Para Pozo y Ba rajas el objetivo de l plan era la gene r ación d e expecta tivas económ icas sobre la zona, a l a que seguiría una d inámica de exped ientes de ruina, e xpulsión del vecind ario y red esarrollo orien tado ha cia el se ctor te rciario. Un proyecto que e ncontraría u na fuerte contestación de la ciu dadaní a (POZO Y BARAJAS , 2003 ). El plan fue ale gado por la Delegació n en Se vill a de l Co legio de Arquitectos, po r el colectivo d e A rquitectos A rguelles y fue inf ormado desfa vorablemente por la Com isión del P atrimon io Histórico-Artístico. Fundament almente se coincidía en e stimar que se deb ían modificar los criterios del plan, valoran do aspect os como la re vitaliz a ción del carácte r reside ncial frente al co mercial– terciario, restau ración de su caserío, re cuperación y dignifica ción de l viejo sentido lúdico del sector. En este sentido, la d ecisión d e frenar d efinitiv ame nte e l proyecto de apa rcamiento y te rciarización, p odría enmarcarse en un camb io de e strategia respe cto a los ce ntros histó ricos, de la terciarización a una revitalización má s cen t rada en su aspecto r esiden cial- inmobiliario. La cara opuesta del plan d e 1977 s ería el Plan Especia l Alameda-Feria, aprobado e n 1983 y p ublicad o en 1984, con la pretensión de profundizar en las dete r mina ciones del mo dificado del PRICA, desa rrollando una idea urbana de la Ala meda e instrumentalizando u n p lan de ree quipamiento de la zona . L eón Vela valora a certadamente los planes del 77 y del 83 como contrapue stos aunque unidos en su falta de realización (LEÓN VEL A, 2000). Con la primera corpor ación municipa l d emocrática, constituida en 19 79, se produ ce un notable cambio de rumb o en el campo urbanístico. Una de las med idas que se toman es la re visi ón del pla neamiento y en concreto del Plan de Re fo rma Interior del Ca sco A ntiguo, in tegrado en el P GOU de 1963. El documento encarg ado de ac tualiz ar el P RICA, se aprobaría en octubre de 1981, se publicaría en 1983 y sería olvidado p oco de spués a raí z del frenesí urban ístico despertado por la Exposición Universal de 1 992. E ste MoPRICA venía ma rcado por un giro ideo lógico en el urba nismo como p olítica y co mo técnica, influido tanto por la ap ertura dem ocrática co mo po r el f ortalecimiento tempora l en el país d e la s ide as de corte conservacionista . De esta f orma, lamentaba y denunciaba las o peraciones espe culativas y de structoras que había prop iciado el planeamiento desarrollista an terior con el incremento de la edificab ilidad en el centro histórico y la f alta de pro tección d e las tipologías locales. Una de las novedades del documento fue la delimitación de u na serie de Conjuntos Urbanos de Est udio Especial. Entre ellos se incluía e l “S ector d e la Iglesia y Escuela s d e San Luis”. Para este espacio, p ropiedad de la Diputa ció n Provincial d e Sevilla, se p lanteaba una remodela ción viaria e ncam inada a mejo rar la s comun ica cio nes d el sector, con un diseño e, in cluso, con unos argumentos que se aproximan en gran medida a los utilizados f inalmente en la década de los no venta p ara su int ervención d efinitiva. E l pr o yecto sería retomado d entro de los PERI del P GOU de 1987 en el P EP-2 San Luis. En es te sentido el MoP RICA no es u n pla n tan ignorado como tiende a juzgarse, al menos en e ste caso. Así, el análisis que s e realiza d e la zona, aparece rec ogido de f orma m uy aproximad a en el P la n E special de Protección 2 de l Conjunto Histó rico d e Sevilla, red actad o má s de un a década d espués. S on especialmente re levantes las co nsideraciones despreciativas sobre la t rama me dieval, que el m odificado del PRICA ju zg a “en e sta do embrionario” (GERE NCIA DE URBANISMO, 1984 p. 47 ) y el PE P “poco evolucion ada”. Ambas apre ciaciones conducen a decidir su t ransformación para “impo ner orden en un a tra ma laberíntica, saturada de adarves y callejon es sin salida” ( ModPRICA, 1983, p. 47). Dentro de esta propuesta se incluy e ta mbién la futura pla za entre Sa n Luis y Sa n Bla s, que permitiría la contemp l ación de la cúpula de la a ntigua capilla de l hospicio y la dedica ción a viviendas de prot ección of icial y equipa mientos de las parcelas resultan tes de la operación de reforma. P or otro lado, la o peración de permeab iliz ación propuesta sobre la trama u rbana b uscaría la con exión e ntre San Blas, Inocentes, Mercurio y Prada y la de la calle San L uis con Inocentes. Tamb ién apa rece a q uí la reco mendación de u n Estudio d e Detalle para comunicar Heliotropo con Clavellinas a t ravé s d e la vieja fábrica d e sombre ros, en e ste momento en pleno funcionamiento. De fo rma simultánea al Mo PRICA se redacta el Plan Especial Alame da-Feria, siendo este, fundamentalmente, u n plan de reequipamiento , que quedaría rápidame nte obsoleto po r la in minente redacción de un nuevo PGOU para la ciudad. El Plan cubre tres o bjetivos: la profundización en la s determinaciones arquitectón icas del MoPRICA, desarrollar una id ea urbana sobre la Alameda e instrument ar u n Plan de Ree quipamiento del Sector. Esto se pre tendí a llevar a cabo a t ravés de la realización de una nueva catalogación d e la edificación, e l estab lecimiento d e normas de protección para salvaguardar el patrimonio, la mejo ra urbana de la Alameda enfo cada a su uso lúdico, la resolución de los estud ios de detalles propuestos en el MoPRICA y la realización de un plan de reequipam iento del sector. De forma sim ilar al caso de San Luis, algunas de las propuestas concretas pa ra el esp acio de la Alamed a de Hércules so n b astante próximas a las f inalmente ejecutada s e n la primera dé cada del siglo XXI. Una b uena parte de los edificios emb lemáticos d e la recuperación d el sector, a tra vés de su expropiación , rehab ilitación y transf ormación en equipamientos culturales, administrativos, asistenc iales o d eportiv o s, venían reco gidos en est e plan. Para la pla za en sí se p retendía fa cilitar los usos cu lturales y lúdicos, la recuperación de la continuida d, el establecimien to de quio scos y la restricción del tráfico rodado , elementos t odos ellos que serían reco gidos por los proyecto s de reurbanización llevados a cabo dos décadas después. Frente a la fu nción terciaria y de aparcamiento, MoPRICA y Pla n Especial, consagraban e l pa seo de la Alameda a un uso cultu ral y recre ativo, planteando una actuación de mejora urba na, mucho más que la reforma in terior p ropue sta en el d ocumento a nterior. De e sta f orma, y e n cont estación al plan del 77, protege toda s las f incas d e la margen este del p aseo y la repo sición de elementos característicos. T ambién se presta a tención e special al e dificio má s emb lemático de la zona, el p alacio d e las S irenas, e n m anos priv a das en ese momento , sobre el cual se amplía la protección. 6.1.2. La intervención sobre San Luis . ¿Planes de reforma o planes de protección? El nue vo Plan General y sus determinacione s para San Luis-Alameda Los elementos fundament ales que e l documento definitivo del Plan G enera l de 1987 aporta a l a zona desde el planeamiento son los PERI C3 y C4, que afectan a la zona de S an Luis. A demás, el n uevo PGOU re coge el test igo del abortado MoPRICA, dando cobertura dentro del planeamiento general a las diversas a ctuacion es de e quipamiento y a lo s p royectos d e reurbanización que se realizarán po steriormente. Por otro lado, en el momen to de p ublicación de su avance, en 1 985, el p laneamiento r ecoge in tervenciones drásticas sobre el ento rno de la Alameda, que serían desechadas rápidamen te. La propuesta sobre la Alamed a re cogida e n el avance proponía u na operación de desventramiento que ab riera e l paseo hacia la calle Reso lana, mo dificando el bo ulevard de ta l f orma que penetrase en el centro histórico desde su ronda de circunvalación. La inte rvención se propone como una ampliación hacia el norte del propio paseo, lo cual, por supuesto, su pondría e l de rribo d e un bue n número de edi fica ciones entre este y la Ron da Histórica, concreta mente la man zana formada por Pa checo Nuñe z de Prad o y Peral (ver F igura 3 7). Ant e la polémica desatada po r las contunden tes intervenciones de reforma pro puestas para el centro h istórico, e l d irector de la Oficina del PGOU –hasta su desvinculación - Damián Que ro a seguraba e n una rueda de prensa que “(…) n o todo el casco h istórico d e la ciudad tie ne carácter monumental y hay mu chos sectores- co mo el com prendido entre la calle Sa n Luis y María A uxiliadora- en los que ha y que a ctuar para lo grar su saneam iento (…), no to do el casco es una joya.” Y co ntinuando con la reform a de la Alameda “(…) no vamos a ec har a la gente de s us casas c on metralletas ni co n bulldozers (…) los proced imientos u rbaní sticos actuales son muy o tros (…)” (AB C, 27-11-1985). La intervención cuenta d esde u n principio con mala prensa, con u n inf orme desfa vorable de t ráfico (ABC 19-12 -1985) y con cierta opo sición vecinal a partir de la con stitución en el m ismo año de su anuncio de la Asociación en Def ensa de la Alameda de H ércules, fundament almente compuesta por afect ados y simpa tizantes. E sta y otras interv e ncione s recogidas en el avance d el Plan Gene ral suscitaron un f uerte rechazo y f inalmente n o fueron recogi das en e l documento definitiv o (BENVE NUTY CABRAL, 1987). Figura 37: Plano de la i nterv ención sobre la A lameda re cogida e n el avance del P GOU de 1987 Fuente: ABC 1 9-12-85 Independie ntemente de esta propuesta abortada, entre la aprobación d efinitiva del plan en 1987 y la importan te cita d e 1992, s e desa rrollan intervenciones fundamen tales en el entorno de San L uis que influyen de forma determinante en su centralidad. Qu izás la más re levante sea el levantam iento del ra mal ferroviario con la rem odelación d el To rn e o, con lo que la zona queda comunicada con la tam bién rem odelada dársena de la ciu dad, incluyendo su nuevo paseo flu vial (ver Figura 3 8). No menos importante la construcción del próximo pu ente d e la B arqueta, que comunica d irectamente con la Alamed a de Hércules a través de l a ca lle Calatrava y que con duce al nuevo f lamante recinto de la Exposición Universal de 1992 sob re la Isla de la Cartuja, y p osteriorm ente comunicará d irectamente con uno de los elem entos p lanificados para el aprovechamien to de las co stosas inf raestructuras, e l parque d e atraccione s I sl a Mágica. En tercer lug ar, entre 19 91 y 199 2 se ref orma el viejo h o spital de las Cinco Llagas, que a lbergará a partir de ese mom ento el Pa rlamento And aluz , la mayor intervención que se realiza sobre el patrimonio histórico-artístico de Sevilla en e l marco d e la Exposición Uni versal. Una d ecisión que puede interpretarse como la rup tura con la tendencia permanente a lo largo d e la historia d e la ciud ad de u bicar los e dificios repre sentativos de la s instituciones y de los poderes fácticos e n el sur burgués d e la ciudad. Ot ra interpretación, más acorde con lo a quí defendido , sería que se integra e n una estrategia p or introdu cir el se ctor histórico y pat rimonial de Macare na en la Sevilla más no ble y céntrica. Figura 38: Ramal ferrov ia rio se parando el norte del centro his tórico del río Fuente: BARBE R et al,. 2006. Figura 39: Primera propuesta de reforma interior para Sa n Luis en el marco del P lan General de 1987 Fuente: ABC Respecto del planeamiento de desarrollo en el interior de la zona desta can lo s PERI C3 y C4, cuya aprobación inicial se produjo en el Consejo de la Gerencia de Urbanismo por unanimid ad e l 16 de Noviemb re de 1989. E l contenido de los plane s es extremadamente si milar a las determinaciones recogidas en el MoPRICA para el Con ju nto Urbano de Estudio E special de San Luis, léase la apertu ra del eje norte-sur de sde calle Relator a plaza d e lo s M aldonado s a través de la plaza d el Cronista y calle San Bla s y la reu tilización de l solar trasero del a ntiguo no viciado de San L uis para la co nstrucción de un a n ueva plaza y ed ificios d e viviendas. La mayor pa rte de estas o peraciones se llevarían a cabo durante la década de los noventa, no así la nuev a pla za en call e Infantes o la nueva calle p erpendicular a Gonzalez Cuadrad o que debía unir San Luis con Correduría y que nunca llegarían a realiz a rse (ver Figura 39). Estos planes habrían d e seguir un tortuoso camino hasta pod er se ejecutados aproximad amente una dé cada después. El principa l ob stáculo con e l que se encontraban era la legislación autonóm ica so bre patrimonio, que det erminaba sobre e l conjunto histórico la a utoridad de la Con sejería de Cultura mien tras no se redactase el correspondiente catálogo y p lan de pro tección. El paso siguiente fu e articular amb os planes en un ú nico Plan Esp ecial d el Á rea d e Rehab ilitación de San Luis. El diagnostico del plan e ra claro, expon iendo la situación de “deterioro f ísico y social” de la zona . Una población en vejecida y juventud con alto índice de paro, en viv ienda s en ré gimen de alquiler con rentas mínima s y pésimas condiciones de h abitabilidad . Para el plan solo una decidida intervención pública, con un apoyo a la privada que continú e el p roceso, pueden llegar a resol verlo. P or otro lado, por su u bicación San Luis e ra una pieza f undam ental para la rehab ilitación del cuad rante noroe ste de l ca sco antiguo, la intervención tenía en cuenta su posición central y contab a con que su rehabilitación c olaborase e n la solución de la p roblemática de las zonas colindante s (GERENCIA DE URBANISMO, 1987 b). El p lan para San Luis se a prueba inicialmente en 1989, y pro visionalm ente en octub re 199 0 por el consistorio, au nque f renado p or la Con sejerí a de Cultura a la espera d e la redacción del PEP CH para la ciuda d de Sevilla. Un año después, se publica el informe preceptivo de la Jun ta, e n e l que se opon en a las m odificaciones de las aline aciones viarias, n o acept ando como a decuada la valoración de los inmuebles catalogados. Ese mismo año e l Colegio de Arquitectos realiza a legaciones criticando la transfo rmación de la tram a histórica q ue suponí a e l plan. I nforme y a legaciones serían f inalmente ignoradas. El difícil camino h acia un plan de reform a inte rior para San Lu is En 1991 corporación hispalen se y Jun ta de An dalucía inician un ace rcamiento para tratar de d esbloquear la s intervencion es previstas sobre el centro histórico. Jose Nuñez, de legado de Urbanism o, expresa la inte nción d el Ayuntam iento d e hacer u n plan por sectores en lugar de un plan glob al para todo el conjunto “(…) lo que, a su juicio, pe rmitiría e l ir liberan do ya de la tutela de la Comisión d el P atrimonio algunas zonas de la ciudad, ya suficientemente estud iadas y def inidas, como pueden ser San L uis o S an Bernardo, e n las que las actua ciones e stán co ngelada s a la es pera de que la Junta de e l visto b ueno definitivo a los respectivos p lanes esp eciales (…)” Sa n Luis y San Bernardo “(…) qued arían prote gi d as p or las p ropias disposiciones del Plan Gen eral (…)” (ABC, 26 -11-1991). Esta voluntad sería la que f inalmente p rev a lecería, au nque la intervención sobre estos sectore s clave de l Co njunto Histó rico no pod ría rea li zarse en el marco de la Exposición Universal, com o sin d uda hub iera sido el dese o de los políticos locale s y ten dría que espe rar a la segun da m itad de la década de los noventa . Mientras tanto, entre 1 992 y 19 94, a pe sar d e la com plejidad del proce so de decaden cia de barrio s como S a n Luis o San Bernardo, la culpabilidad del abandono y el d eterioro de l patrimonio parece recae r sobre la Junta, dado que Cultura impide la aprobació n de los resp ectiv o s PE RIs hast a que no se re dacte el PEP, o a l meno s así tien den a e xpresarse los p olíticos y la p rensa local. En este period o, la convivencia de pa rtidos d istintos en la corporación mu nicipal y en el gobierno autonómico dio lugar a una situación conflictiva co n la cu estión del p atrimonio como trasfo ndo e implicaciones profund as para la f orma de intervención urbanística sobre los e spacios históricos. De ntro de las declaracione s en prensa d e los políticos lo cales p arece ignorarse e n todo momento , tanto las raíces profun das d e la deca dencia de dete rminados sectores histó ricos, como las razones de la su peditación del p laneamiento urbano a la prot ección del p atrimonio histór ico . Un eje mplo b astante claro de esto es la siguiente cita de Ro jas Marcos: “El alcalde señaló las últim as opera ciones realizadas en San Gil, como el acu erdo rea lizado con la Jun ta de Anda lucí a pa ra desbloquear el casco h istórico d e Sevilla, y re alizar su reforma por pa rtes” (ABC, 15-1, 19 93). La ne gociación del plan de protección es interpretada por el propio alcalde c o mo la negociación de l a reforma, cuand o ambos concepto s deberí a n ser sustan cialmente diferentes. En este momento la prote cción del p atrimonio pasa a ser el respon sable absoluto de la degradación del centro h istórico: “Soledad B ecerril respon sabiliz a de la situación d el ba rrio de San Bernardo a la Comisión del Patrimonio. Considera inadmisible su lentitud en la tra mitación de licencias”. Soledad Becerril, p róxima a lcalde de la ciudad a partir de 1 995, “(…) con sidera que t anto la s ituación d e San Bernardo como la d e otros b arrios de la zona norte del casco históri co co mo San Luis se de be a que el planeam iento urban ístico ha p ermanecido congelado du rante décadas y se han p araliz a do las licencias (…)” confundiendo la p articular situ ación de San Be rnardo a ra íz de las decision es d el PGO U de 1963 con la degrada ción gen eraliz a da de los barrios histó ricos populares y ap rovechando pa ra asociarlo con la “incomoda” vigilancia del p atrimonio (ABC, 5-5-1993). Una vez e xpuesto al pú blico d urante un mes, el PEPCH e s aprobado en el último p leno del Ayuntamiento ante s de las vacaciones de verano, el 2 9 de julio de 1994, y la Dirección Ge neral de Bienes Culturales de la Junta, en su informe del 22 de septiemb re, acepta la se ctorización. El Plan de San Luis se ría aprobado d efinitivamente el 26 de Septiembre de 1994 p or ví a d e urgencia para se r integrado en el PEP CH h omologado como P EP del secto r 2 correspondien te a S a n L uis. E n ese m omento se producen div ersas alegacione s d e p articulares que cuestionan la corrección de la tramitación, solicitand o la nu lidad de l Plan p or defecto d e f orma, las cuales n o llegan a fructif icar. Esta nueva situación deja las ma nos libres a la co rporación local pa ra intervenir tanto en San Luis como en o tros sectores histó ricos sin la tutela de la Jun ta de Anda lucí a. Sa n Luis se con vertirá a sí en el p rimer ba rrio h istórico de la ciudad en el que el Ayuntamiento actuará completamente liberado de la tutela de la Comisión de Patrimonio. Esto se anuncia en su momento , a demás, co mo una agilización en la conce sión de todo tipo de licencias a particula res, sobre las cuales ten drá potestad absoluta la Gerencia de Urbanism o. Por o tro la do, ya desde este momento , se anu ncia la intención de con tar p ara la in tervención con fondos del proyecto Urb an de la Comunidad Europea. De esta f orma, a partir de 1 994 se entremezclan d os plane s de refo rma in terior, un plan d e protección y un p lan de carácter más integral como es la iniciat iv a Urban, para la intervención en una porción relativame nte pequeña d el centro histórico, aun que sin duda enormemente comple ja. El Avan ce del PEPCH y los PEP 1 y 2 Los datos presentados en e l do cumento de a nálisis del Plan Urban, recogidos en los prime ros año s de la dé cada de los noventa, e ran con tundentes: un 40% de pa rados, alrededor de 25 ca sas de prostitució n con cerca de 1 000 prostitutas, 20 chutaderos con a lrededor de 300 heroinómanos, el 69 % de la pobla ción no supera los e studios primarios, etc. T odo esto para una pobla ción alrededor de los 7000 h abitante s censados. Otro problema en e l que se h acía hincap ié era el en ve je cimiento de la p oblación con un 20% c on edades superiore s a los 6 5 añ os (AYUNTAMIENTO DE SEV ILLA, 1 995, pp. 2-6). Aunque el Plan Urban, tal y com o es co ncebido en Bru selas, no incluye la posibilida d de dirigir dinero a la re habilitación de viv ie ndas, el proyecto realizado p or la Gerencia d e Urbanismo re aliz ó un inventario de casas en mal estado, llamando la atención sobre e ste problema como uno de los mayores obstá culos para la regeneración d e la zona. A sí, af irmaba que en 1994 un 20% del caserío se encontraba e n m alas cond iciones, a demás de existir 5 1 casas en e stado de ruina y 39 solares (IBÍDEM, pp. 2-6). El do cumento p ropue sta del P lan Urban, además de su análisis de la zona , presen taba propuestas d efinidas sobre las que se harían pocas m odificaciones. Se dividí an éstas en dos planos principales, el so cial y el u rbanístico. En el plano social se proponía como objetivo “la as istencia so cial y sanita ria de la pobla ción, la promo ción soc ial y cu ltural de la zona y políticas concreta s p ara la reactivación de la e conomía d el barrio y e l em pleo”, todo ello con el loable f in de m ejorar las cond iciones de vida del los h abitantes de San Luis- Alameda. En el plano urbanístico, las propue stas se cent raban en la me jora d e las inf raestructuras, equipamiento s y dotacion es. Así, en la propuesta del plan, las líneas de actuación se dirigían hacia la rem odelación total del mobiliario urbano, remo delación del ace rado y asf altado y su stitución de la s redes de saneam iento y ab astecimiento, recogiendo ade más en el prop io docum ento las actua ciones del PEP-2, respe cto de la apertura de nuevas vías y rea juste de alineacione s (IBÍDEM). Otra d e las intervenciones fu ndamentales era la reh abilitación de tres e dificios emb lemáticos en e st a do próximo a la ruina y que serían destinado s a equipam ientos de d istinto tipo: el pala cio de los Marquese s d e la Algaba, El palacio de la S irena y las Naves Sin ger. Estas rehabilitaciones para su uso con fines so ciales supondrán los ma yores de sembolsos del Plan Urban, 265 ,5 millone s de Pts/ 1.599.397,59 € pre supuestados para la rehabilitación del Palacio de lo s Marqueses de la Algaba y 10 8 m illones d e P ts/ 65 0.602,41 € para la Ca sa d e las Sirenas. Dentro de e sta serie de obras de gran presupuesto e im pacto so cial se incluye el p royecto de reha bilitación inte gral del p aseo d e la Alameda, incluido en la propues ta Urba n pero que te ndría que ser excluido d e dicho Plan por exceder el presupuesto (IBÍDEM). En Febrero del 1998 la Gerencia de Urban ismo p ublicaba un texto co n el nombre de “Aná lisis de l Plan Urban”, en e l que se h acía inventario de las actua ciones llevadas a cabo con dinero Urban en lo s seis años ante riores. E n este texto se publicaban los gastos de la d ot ación económica Urban, reflejando claramente los d esequilibrios que supus o su d esarrollo. En e ste sentid o el d ato mas relevante e ra que el 6 2% del presupuesto se h abía dirigido hacia actua ciones urbanísticas e infraestructuras, m ientras que solo un 29% del dinero in vertido fue dirig ido a p rogramas so ciales y de fo rmación, que eran los [Document text truncated for crawler view.]