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Haciendo historia con historias: narrativa y holocausto judío

Cabillas Romero, María

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99 Mas igualdad. Redes pa a la igualdad HACIENDO HISTORIA CON HISTORIAS: NARRATIVA Y HOLOCAUSTO JUDÍO Ma ía Cabillas Uni e sidad Pablo de Ola ide Cada cul u a, y cada momen o his ó ico, cuen an con una ex ensa a iedad de ins umen os pa a ga an iza la comunicación en e sus miemb os. En e ellos, sis emas semió icos como el lenguaje cuen an con un papel p incipal. Enma cados en nues as u inas dia ias, es os sis emas de e minan cómo nos elacionamos con nues as ealidades has a un pun o que a menudo nos pasa desape cibido. No siemp e somos conscien es de la in luencia y la especi icidad cul u al que ma can nues a o ma de ac ua , p edeci y con ola los acon ecimien os del día a día. Es a in luencia diluida la encon amos ambién al explo a cómo nos ep esen amos men almen e nues as acciones y la o ma en que nos acomodamos en es as coo denadas cul u ales. Es a idea ue ampliamen e expues a po el psicólogo uso Le . S. Vygo sky (1962) en su abajo. Pa a Vygo sky el uso del signo p ime o iene luga en la acción: u ilizamos nues as he amien as cul u ales en un ma co de in e acción social en el que o os nos guían, nos enseñan cómo ac ua en cada si uación. No es has a después que es e plano in e psicológico iene luga en un plano in e no, in apsicológico, en el que el indi iduo ac úa po sí mismo según lo ap endido. El in e és de es a idea apa ece al conside a cómo eme ge nues a subje i idad, cómo nos o jamos suje os a pa i de la dinámica en la que es os planos se en elazan. Las epe cusiones de es as dinámicas en el concep o de subje i idad son impo an es, ya que in oducen el ac o cul u al en lo más único del suje o: sus o mas de sen i , imagina , pensa , y en de ini i a, expe imen a y pe cibi los componen es de su expe iencia. La simplicidad de la ó mula del desa ollo que plan ea Vygo sky es sólo apa en e, ya que más que condensa un p incipio básico cons i uye un pun o de pa ida de un desa ollo pe sonal en el que lo idiosinc á ico a ín imamen e ligado a lo cul u al. La especi icidad his ó ico-cul u al de lo que ap endemos ma ca nues as acciones co idianas, ales como come (con cubie os, palillos, manos), pe o ambién nues as unciones psicológicas, de e minando cómo usamos unciones ales como la memo ia, la a ención o la in eligencia (Vygo sky, 1962). Dada la co idianeidad con la que nos en en amos al mundo y a nues a subje i idad desde es a especi icidad, a amen e necesi amos da nos cuen a de ella. La conciencia de lo especí ico se pie de, si es que alguna ez se iene, y la no malidad se uel e in isible y compulso ia. Es en es e ma co como ap endemos a pe cibi , y a da cuen a de quiénes somos y qué nos ha pasado. Y uno de los ins umen os más impo an es en es e sen ido es el lenguaje. La apa ición del lenguaje, pa a Vygo sky (1978) de e mina un pun o de in lexión en nues a o ma de elaciona nos con la ealidad, y uno de las po encialidades que hace es o posible es la de la ep esen ación. A a és del lenguaje podemos des incula nos del aquí y aho a, habi ando ealidades no p esen es y haciendo posible que o os la habi en. Es o pe mi e nue as o mas de comunica nos, y no menos impo an e, nue as o mas de pe cibi y de da sen ido a nues as expe iencias. Como he amien a cul u al el lenguaje lle a insc i a es a misma especi icidad cul u al, y como el semiólogo uso Mikhail Bakh in (1986) indica es al ap ende el lenguaje median e su uso como nos ap opiamos de las o mas pa icula es adsc i as a es a especi icidad. El lenguaje conlle a una o ma de elaciona nos con la ealidad que a más allá de la a qui ec u a idiomá ica y que se cons uye sob e un sis ema de ep esen aciones socio-cul u ales his ó icamen e de e minadas. Es po es o que al ap ende a habla es amos así ap endiendo a abo da la ealidad desde pe spec i as de e minadas que moldean nues as o mas de en ende y de ac ua en cada si uación. Es a in luencia, a pesa de que a amen e sea conscien e, de e mina nues as o mas de in e p e a y da sen ido a nues a ealidad y a nues o yo. Así cons uimos nues as his o ias. 100 Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem) La in luencia de la cul u a en nues a subje i idad apa ece así como una dimensión di ícilmen e sepa able de la dimensión indi idual o idiosinc á ica. F u o de coo denadas socio-his ó icas y cul u ales, las o mas de pe cibi y de da sen ido que ap ehendemos a lo la go de nues a ida in e ac úan di ec amen e con nues as o mas de elabo a los sen idos y las pe cepciones sob e quiénes somos, y qué ha sido nues a ida. La elación en e es e ma co no ma i o y nues a cons i ución como suje os ha sido abo dada po la ilóso a ame icana Judi h Bu le (2001) en elación a la e sión que elabo amos sob e quiénes somos. Bu le pa e de la idea de modo de subje i ación p opues a o igina iamen e po el ilóso o ancés Michel Foucaul . El concep o de modo de subje i ación es especialmen e indicado aquí, al hace e e encia a cómo la His o ia nos cuen a sob e las posibilidades disponibles pa a cons i ui nos como suje os: quiénes somos y quiénes podemos se . A pa i de aquí, Bu le examina cómo el p oceso de con a sob e sí mismo apa ece inculado a egímenes de isibilidad. Es os egímenes no son más que el sis ema de ep esen aciones y no ma i as sociales que ca ac e izan a un g upo cul u al en un de e minado momen o his ó ico. Como égimen de isibilidad, es e sis ema de e mina la capacidad de econoce median e mecanismos que cuen an al suje o qué iene que e , y cómo iene que e lo. En é minos de Foucaul , es e e apa ece elacionado con la epis eme del momen o his ó ico: con igu aciones de sabe es y de posibilidades de en ende . Al mo e nos po o maciones his ó icas di e en es encon amos mane as de deci , y no menos impo an e, de e , especí icas del momen o en cues ión. Es así como se con igu an egímenes discu si os que de e minan lo isible y lo enunciable, haciendo posible de e minadas men alidades y de e minadas o mas de pensamien o (Deleuze 1987). Aunque desde un en oque di e en e, Bu le coincide con Vygo sky al iden i ica a la in e acción que es ablecemos con los demás como la o ma en que nos ap opiamos de es as epis emes. Pa a Bu le , es os ma cos no ma i os y sus o mas de mi a especí icas enma can las elaciones que es ablecemos con los demás desde que nacemos. Mediando es as in e acciones, es e ma co p oduce in eligibilidad: nos p o ee de é minos y ó denes con los que o ganiza el caos de la ealidad. De aquí eme ge el econocimien o y nues as o mas de mi a , de da sen ido y de in e p e a . Las e siones de noso os mismos que elabo amos, como señala Bu le (ibíd.), apa ecen po an o dislocadas ya que ni la gene alidad impe sonal de es e ma co no ma i o, ni su ho izon e empo al coinciden con el del suje o que cuen a. Nos cons i uimos po an o en base a isibilidades con las que no coincidimos, y ello iene consecuencias: “The o ma i e quali y o hese in e ac ions p oduces a necessa y opaci y in ou unde s anding o ou sel es” (Bu le 2001:21). La imposibilidad de con a -nos, de ago a el sen ido de lo que somos es el pun o de pa ida de las his o ias en las que una y o a ez in en amos da sen ido. Al mismo iempo, la sepa ación in anqueable en e la idiosinc asia del suje o y las o mas que la cul u a le o ece no impide que las segundas no in luyan y modelen a la p ime a. Como Bu le (ibíd.) señala, las in e acciones son o ma i as: nos cons i uyen, o jando o mas de in e p e a y de con a a iculadas sob e las epis emes impe an es. Ap endemos a mi a , a da sen ido, según es as o mas. Sob e la base de es as o mas compa idas se e ige la posibilidad de comunica , en su sen ido o igina io de compa i . Sólo podemos con a aquello que el o o pueda conoce po sí mismo, en su expe iencia, o en sus posibilidades de ep esen ación. En es e sen ido, no sólo el lenguaje sino las o mas de a icula lo en nues as na a i as acili an la a ea de elabo a e siones sob e lo que nos ha ocu ido y sob e quiénes somos. La impo ancia de es as líneas de sen ido, de es as isibilidades, apa ece inculada po an o a las his o ias que con amos y, no menos impo an e, a las pe cepciones e in e p e aciones con las que es as na a i as nos cuen an. Los ma cos de isibilidad que nos cons i uyen nos acili an po an o la cons ucción de las his o ias po las que explicamos quiénes somos y cuáles son nues as expe iencias. Ellas simpli ican la a ea de da sen ido y de in e p e a nues as expe iencias. La unción de las mismas en nues as idas se o na undamen al si enemos en cuen a que como B une apun a: “We expe ience he wo ld because we 101 Mas igualdad. Redes pa a la igualdad unde s and i in ce ain ways, no ice e sa. Meaning is no a e he ac ; i is some hing we expe ience, as i we e, a e a i s exposu e o na u e in he aw. Expe ience is al eady an in e p e a ion” (1995: 19). Las o mas de sabe con la que nos do a nues a cul u a a ec an así las o mas en las que nues as unicidades eme gen, o jando cómo nos emos: nues as expe iencias, nues as emociones, ecue dos, y en de ini i a, nues as iden idades. Cul u almen e in luenciadas e indi idualmen e c eadas, nues as na a i as es án en la base de nues a subje i idad. Ellas in luencian las o mas en las que nos elacionamos con lo i ido: cómo le damos sen ido, cómo lo i imos y cómo lo a iculamos en o ma de memo ias e iden idades. T as explo a cómo a ec an las líneas de isibilidad y de sen ido a los p ocesos de con igu ación del suje o esul a di ícil po an o, casi a i icioso, sepa a qué en nues as na a i as pe sonales co esponde al suje o y qué a su cul u a. Las no malidades en que nos basamos es án hechas de los momen os que i imos, los signi icados que les damos, y las líneas que cul u almen e nos p o een o mas de sabe y pode . La in e acción dinámica en e lo indi idual y lo cul u al a ejiendo las na a i as que, dinámicamen e, an ejiendo la His o ia a pa i de la elación en e suje o y cul u a. Es así como la His o ia su ge de las his o ias, la cul u a de sus miemb os, en una in e in luencia cons an e en la que los cambios a ec an a ambas dimensiones. Aho a bien, a lo la go de la His o ia encon amos momen os de e minados donde es a a monía se ompe, in oduciendo un acío de sen ido di ícil de cub i . El suje o se encuen a expues o en su unicidad, ca en e de líneas que sopo en sus o mas de en ende y de con a se. En es os casos la indi idualidad, la ue za c ea i a y la de e minación a e y a que los demás ean es lo que pe mi e que nue as na a i as eme jan. La esc i u a ep esen a un ins umen o especialmen e indicado pa a la elabo ación de es a na a i a al in oduci una dis ancia que acili a la e lexión (Ong, 1986). G acias a la sepa ación que pe mi e al suje o espec o de lo que cuen a la esc i u a cumple un ol doble, ac uando como un espacio de ep esen ación y como mediado del p oceso de con a , y de los diálogos que es e p oceso conlle a (Cabillas, 2009). Si bien en la esc i u a el suje o ecu e a los ma cos de isibilidad que conoce, el po encial del lenguaje y de la na a i a pa a ep esen a in oducen un ma gen de acción que puede lle a a la esc i u a a i más allá, ins au ando nue os cánones de exp esi idad. El episodio del Holocaus o Judío ep esen a un capí ulo de la his o ia en que es o se pone de elie e. Desp o is as de ma cos de e e encia y de “no malidades”, las dis in as es a egias na a i as con o mando es a li e a u a e elan cómo cada pe sona se elaciona con su esc i u a y con sus o mas de exp esa se. G acias a es as na a i as el Holocaus o como episodio his ó ico aspasa las expe iencias indi iduales, con i iéndose en pa e de la memo ia cul u al uni e sal. Lo in e esan e aquí es que, si hoy la memo ia del holocaus o judío o ma pa e de la His o ia, uni e sal y con mayúsculas, es g acias a la mi íada de his o ias, conc e as y en aizadas en le as minúsculas, que se en en a on con el desa ío de explica lo inexplicable. La esc i u a sob e el Holocaus o su ge así de es ue zos indi iduales, de pe sonas que se en en an a con a desde sus econs ucciones, haciendo His o ia con sus his o ias. El p oblema adical que ma ca a es as his o ias, no obs an e, concie ne al p oceso mismo de con a , a la o ma de da sen ido a los con enidos de los que es án hechas las na a i as, a las expe iencias de las que nacen. Las líneas que o o a hubie an cimen ado las idas de los supe i ien es en no malidades áciles de comunica , de compa i , de en ende y de p edeci , se nublan an p on o se pasa el umb al. La en ada en el campo los in oduce en un nue o espacio de signi icación donde los e e en es au omá icamen e quedan obsole os, inse ibles, y dolo osamen e inú iles. Como el análisis explo a, el cambio de ho izon e de signi icación que Auschwi z ep esen a se e leja en el uncionamien o del égimen de las SS, pe o ambién en la expe iencia del con ex o, del espacio y del iempo, y sob e odo, de se suje o. La a ea de encon a un lenguaje que comp ehenda es e uni e so concen aciona io, como Delbo lo llama, ecae sob e la a ea de con a . Es a si uación ma ca a la mayo ía de na a i as que con o man el es imonio del Holocaus o Judío. T as la Segunda Gue a Mundial, la cons ucción de la His o ia se e amenazada po el silencio asociado a es a al a de pa áme os. En es e sen ido S. Felman (1999) des aca las ideas de Benjamin en su Tesis sob e la Filoso ía de la His o ia (1940), ayendo al p ime plano el iesgo 102 Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem) asociado a la cons ucción de es e capí ulo de la His o ia. Pa a Benjamin, «El his o iado o el eó ico» se encuen an « educidos a al a-de-habla (speechlessness): sin he amien as p e ab icadas o discu si as, sin discu so sob e la his o ia que sea su icien e pa a explica la na u aleza de es a gue a» (en Felman 1999: 208). Las expe iencias que es a gue a ae consigo son an inimaginables que equie en un desplazamien o adical de nues os ma cos de e e encia, y de nues as iloso ías de la his o ia (ibíd.). En es e sen ido la p opues a de Benjamin consis e en una eo ía de la His o ia como auma, y una eo ía co ela i a de la con e sión del auma en insigh . A lo la go de la His o ia, el auma de las íc imas ha quedado educido a un silencio a modo de al a-de-habla, ya que las íc imas ca ecen de un lenguaje con el que a icula sus expe iencias. Es p ecisamen e es e silencio lo que las eo ías adicionales de la His o ia han dejado ue a, al ma gen, y lo que, como Felman (1999) apun a, Benjamin ae al p ime plano al in en a da le oz en su eo ía. En el análisis que sigue el én asis ecae p ecisamen e en el p oceso de a iculación de una de es as oces, la de Cha lo e Delbo. Reco iendo dis in os aspec os de su na a i a la discusión se cen a á en las di icul ades que conlle a supe a es a al a de habla y la necesidad de encon a nue as líneas de sen ido en las que ehicula lo incomunicable, lo in-compa ible. La oz de cha lo e delbo: “in en a mi a , in en a e ” Cha lo e Delbo nace en un puebleci o ce ca de Pa is, Vigneux-su -Seine, en agos o de 1913. Desde muy jo en se in e esa po la polí ica de izquie das, alis ándose en la Liga F ancesa de Jó enes Comunis as. Como en muchos o os casos su inculación o icial con el pa ido acaba al conoce se la ealidad de la dic adu a de la Rusia comunis a. Pese a es o, su ideología se man iene du an e oda su ida e inspi a en ella ob as como Les belles le es, donde la au o a c i ica ía el colonialismo ancés. Poco después de habe ing esado en el pa ido, Delbo se casa con el ac i is a comunis a Geo ge Dudach. T as su ma imonio empieza a es udia Filoso ía en La So bona, pe o poco después descub e que su e dade a pasión es el ea o y decide dedica se a ella po comple o. Comienza a abaja como asis en e del ya po en onces conocido di ec o y p oduc o de ea o Louis Jou e . Debido a su abajo con Jou e Delbo iaja a Amé ica del Su y es allí donde se encuen a cuando F ancia es ocupada. Jou e insis e en que espe e en la segu idad de la dis ancia, pe o al ecibi no icas de amigos depo ados y ejecu ados Delbo decide ol e . Una ez en F ancia se une a los mo imien os de esis encia jun o a su ma ido y a sus amigos. Su obje i o es de ende a su país publicando ma e iales sub e si os, e incluso una e is a li e a ia. De es e modo buscan despe a a los anceses y ancesas del sopo p o ocado po las sensaciones de segu idad y de con ol que o ecen el pode alemán. No du a án mucho sin emba go, po que Cha lo e Delbo, su ma ido, y el amigo de ambos, G. Puli ze , son a es ados en el piso de la pa eja en 1942. Su ma ido ing esa en p isión. Meses después, a Delbo le pe mi en isi a lo pa a despedi se an es de que ue a usilado. Delbo ambién ue enca celada, pe o su des ino es di e en e: al inal del año un en la lle a ía a Auschwi z. El con oy lle aba 230 muje es, la mayo ía no-judías. En a on en el campo can ando La Ma sellesa. Todas es aban de e minadas a no suble a se al dominio nazi, a no deja se gana . Sólo 49 ol e ían. Años más a de, Delbo esc ibi ía Con oy a Auschwi z (1965), elabo ando una se ie de biog a ías b e es pa a da cuen a de es as muje es, de quiénes ue on y qué sabe es a icula on con sus idas y sus esis encias. La esc i u a con la que Delbo se en en a a muchas de es as expe iencias cons i uye un ejemplo de na a i a que ae al en e la ue za de la de e minación indi idual. En el ho izon e en el que su ge su oz las líneas de isibilidad enmudecen, y es g acias a su de e minación a “lle a la palab a” que su es imonio eme ge. La na u aleza de las expe iencias asociadas a episodios his ó icos como el Holocaus o Judío anula el ho izon e de sen idos cul u almen e es ablecidos y Delbo esc ibe, como decía Machado, haciendo camino al anda . Al esc ibi Delbo ins au a un égimen de isibilidad, de signi icación, en el que apa en emen e podemos en a y compa i con ella lo que cuen a. Delbo nos dice que la isibilidad es el p incipio que guía la esc i u a, e incluso nos ins a di ec amen e con un “in en a mi a , in en a e ” 103 Mas igualdad. Redes pa a la igualdad (1995). No obs an e, al hace nos mi a Delbo nos hace pa ícipes de lo especí ico de nues os ma cos de pe cepción, de la agilidad de las líneas que pe mi en que eamos, que en endamos, y en de ini i a, nos con on a con que lo que emos no si e. En una es a egia con ecos pos mode nos, Delbo desmon a nues as ce ezas con on ándonos con su al a de uncionamien o al hace nos sen i en p ime a pe sona que lo que pensamos que sabemos no nos si e. Uno de sus poemas más conocidos ansmi e es a idea: O ú que sabes Sabías Que el hamb e hace que us ojos b illen y la sed Te los nubla O ú que sabes Sabías que puedes e a u mad e mue a Y no sol a una lág ima O ú que sabes Sabías que po la mañana deseas la mue e Y po la noche la emes O ú que sabes Sabías que un día es más la go que un año Un minu o más la go que una ida O ú que sabes Sabías que las pie nas son más ulne ables que los ojos Los ne ios más du os que los huesos El co azón más i me que el ace o Sabías que las pied as del camino no llo an Que hay una sola palab a pa a el miedo Una pa a la angus ia Sabías que el su imien o es ilimi ado Que el ho o no se puede con ene Sabías es o Tú que sabes (1995: 11) En es e poema Delbo nos si úa como lec o es en la posición de conocedo es. Desde el p incipio nos ubica en es e “ ú” que sabe. Pe o es o es sólo pa a des ona nos de ella casi de inmedia o al desmon a lo que sabemos. Pa a consegui lo su esc i u a se si e de conocimien os que al es a inculados a nues as pe cepciones co idianas, se ac i an casi sin que nos demos cuen a haciendo que pa icipemos di ec amen e de lo que dice. Delbo usa imágenes y asociaciones que o man pa e de nues o día a día y que isualizamos sin p oblemas: la mue e de nues a mad e y llan o, las dis in as du aciones de un día y un año, la du eza de los huesos y la agilidad de los ne ios, el co azón y la agilidad de las emociones… y son jus o es as imágenes co idianas, áciles y casi au omá icas, las que Delbo nos desa icula en es e poema. Nos con on a con ealidades que se oponen a las nues as y hace que compa amos lo que ella sabe: que nues o conocimien o no llega, no si e pa a en ende lo que pasaba en el campo. Las coo denadas que enma can las i encias del campo es án insc i as en un con ex o di e en e. El iempo y el espacio son di e en es: Auschwi z como expe iencia anscu e en iempos y espacios dis in os, alienados de nues os i mos co idianos, de los espacios que habi amos. Es e ma co empo al-espacial a ec a di ec amen e a la ida en el campo al acoge al suje o en unas coo denadas que, como e emos aho a, ca ecen de conexión con las has a en onces expe imen adas. Tiempo y espacio se uel en ex años. El iempo en el campo adquie e la len i ud de una agonía: 104 Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem) SS con capas neg as han pasado. Han con ado. Es amos oda ía espe ando. Es amos espe ando. Du an e días, el día siguien e. Desde la mi ad de la noche, hoy. Espe amos. El día apun a. Espe amos al día po que una debe espe a algo. Una no i e en la expec a i a de la mue e. Una la espe a. No enemos expec a i as. Espe amos sólo lo que pasa. La noche sigue al día. El día sigue a la noche. (…) (1995:22) En es e agmen o Delbo consigue ap esa su expe iencia del iempo en una pau a que, de alguna mane a, nos engulle en un i mo desencajado. La espe a agoniza sin obje i o, sin el i mo na u al de las u inas co idianas en las que i imos. Es a espe a, es e iempo es ancado se ace can más a la mue e y Delbo consigue que lo sin amos. En cuan o al espacio, Auschwi z no iene e e encias geog á icas, escapa a lo conocido: E a una llanu a desolada Al lími e de un pueblo La llanu a es aba cubie a con hielo Y el pueblo Ca ecía de nomb e. (1995: 14) Es e espacio es innomb able, escapando a cualquie iden i icación posible. Auschwi z como espacio pe manece bo oso, esis iéndose a se localizado: Es e pun o en el mapa Es a mancha neg a en el co azón de Eu opa Es e luga ojo Es e luga de uego es e luga de hollín Es e luga de sang e es e luga de cenizas Pa a millones Un luga sin nomb e. De odos los países de Eu opa De odos los pun os en el ho izon e T enes con e gían Hacia el luga sin nomb e Ca gados con millones de humanos Volcados allí desconociendo de dónde Volcados allí con sus idas Memo ias Pequeños dolo es Eno me asomb o Ojos p egun ándose Engañados Bajo uego Quemados Sin sabe Dónde es aban. 105 Mas igualdad. Redes pa a la igualdad Hoy la gen e sabe Han sabido du an e a ios años Que es e pun o en el mapa Es Auschwi z. Es o es lo que saben El es o C een sabe lo. (1995: 138) Delbo consigue con su na a i a anspo a nos a un Auschwi z como espacio desconocido, en el que la humanidad apa ece como e azos de se humano, pa es despojadas de la o alidad de la pe sona a la que cons i uían. Así, a los millones de humanos olcados en Auschwi z nos los iden i ica como hollín, sang e, cenizas, ojos que se p egun an po dónde es án, dónde quedan sus memo ias, sus idas, sus cue pos. Su se una pe sona, en un ho izon e i al humano. Auschwi z desa ía así los lími es de lo que podemos conoce y lo que podemos imagina , y Delbo nos mues a a pa i de es as escenas, desgajadas, desga adas, cómo Auschwi z insc ibe al suje o en un égimen de signi icado inhumano que en nues o conocimien o se educe a un pun o en el mapa. El p ime sín oma de es a al a de humanidad que los ecibe en Auschwi z es la ma ca que los iden i ica como cadá e es: Todos es aban ma cados en sus b azos con un núme o indeleble Todos es aban des inados a mo i desnudos Los a uajes iden i icaban a los homb es mue os de las muje es mue as (1995:13) A a és de la selección de es as mi adas Delbo nos inse a en la o ma de se suje o, en el ho izon e de signi icado que Auschwi z inaugu a pa a la ida en el campo, ex endiéndose como espacio y iempo, y no menos esencial, como la ma ca que en el cue po ins au a al indi iduo como se -pa a-mo i . Auschwi z apa ece así como la abolición de lo no mal, de lo conocido, de la posibilidad de en ende y de en ende nos; en de ini i a, Auschwi z ep esen a la mue e del suje o en ida. En su na a i a Delbo consigue que nos inse emos en una nada de espacio y de iempo que pa en de un des ino mo al a uado en nues o cue po. La esc i u a que da cuen a de es a especi icidad, no obs an e, es á a a esada de di icul ades que concie nen a Delbo como pe sona, como habi an e de egímenes en los que la ida-no mal ha al e nado con la ida-como-mue a. Es as di icul ades, como emos a con inuación, se elacionan di ec amen e con la esc i u a como p oceso de cons ucción subje i a. Esc i u a como econs ucción El es imonio de Cha lo e Delbo o ma pa e de una li e a u a que nace de la necesidad de aspasa el lími e de lo li e a io y que jun o con Delbo iene en e sus ilas a au o es como P imo Le i, Ellie Wiesel, Paul Celan, Jo ge Semp ún o Ma gue i e Du as. La di e sidad es é ica que encon amos en es a Li e a u a del Lími e, como Geo ge Ha mann la denomina, cuen a con un ac o común: la ín ima elación que gua da es a esc i u a con la mue e del suje o que esc ibe. El dolo ísico y men al de las expe iencias sob e las que se cuen a es la huella dis in i a de una na a i a en la que el sen ido y el signi icado de la na a i a se elabo an en una es echa elación con la mue e. Como Olney (1972) apun a: “Dea h imp esses us wi h he need o ind a meaning, o ind an end, in he sense o a goal o a pu pose and no in he sense o a me e cessa ion o annihila ion, o li e” (104). En el caso que nos ocupa, el es imonio de Cha lo e Delbo nos ela a la lucha po alcanza una na a i a que dé cuen a, p ecisamen e, del no-sen ido que supuso la mue e eal y simbólica que Auschwi z ma ca en la His o ia. Su na a i a busca que eamos, que sin amos, y que alcancemos a imagina la dis ancia en e nues as ealidades y la ealidad del yo en el campo. Juega así con los ma cos de ep esen ación, con 106 Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem) la di e encia espacio- empo al, men al, con las dis in as posibilidades de en ende qué es un se humano. En su es ue zo po compa i lo que pa a noso os es inimaginable Cha lo e Delbo no nos p i a del dolo que supone que es e ho o ca ezca de sen ido: He uel o De un mundo más allá del conocimien o Y aho a debo desap ende Po que de o o modo eo cla amen e Que no puedo segui i iendo (230). El alo de Delbo y de su esc i u a eside p ecisamen e en a icula una na a i a que la hace esis i se a es e deseo de acili a su ida al desap ende . Más que la des ucción de Auschwi z en ella la na a i a de Delbo se a iesga a lo con a io: la cons ucción de qué pasó, quién ue ella en el campo. Pa a ello Delbo a icula un desdoblamien o, di e enciando en e el yo del campo y el de después: Es oy de pie en e mis cama adas y pienso pa a mí que si algún día uel o y me decido a explica lo inexplicable, di é: “es aba diciéndome a mí misma: ienes que aguan a de pie mien as pasan lis a. Tienes que consegui aguan a un día más. Es po habe aguan ado hoy que algún día ol e ás, si es que uel es. Es o no es así. En ealidad no me decía nada a mí misma. (…) No pensaba nada. No sen ía nada. E a un esquele o de ío, con el ien o soplando a a és de las g ie as en e las cos illas del esquele o (1995: 64). Delbo nos e ela en es e agmen o un in en o po di idi se en dis in as consciencias, en compa imen os impe meables, cada uno gobe nado po sus p opias leyes. Es a agmen ación es algo que encon amos en muchos supe i ien es que po ejemplo nos cuen an que “nacie on y mu ie on en el en”. En Delbo, es e enómeno oma la o ma de dos yoes, que ella di e encia como el del campo y el de después. Lo in e esan e aquí es cómo el yo del campo es econs uido, ec eado po el de después. Delbo nos cuen a cómo en el campo no se pensaba, ni se sen ía, ni se hablaba con uno mismo. Es aho a al esc ibi que Delbo se posiciona en aquel yo sup imido, ea i ándolo en su na a i a al con a desde su pe spec i a. La e lexi idad que acili a la esc i u a pe mi e que Delbo se desplace de un yo a o o, ocupando lo que en é minos Baj inianos (1986) llama íamos dis in as oces, y esc ibiendo desde las posiciones que, en iempo y en espacio, ocupa cada una (Holquis , 1990). En es e agmen o Delbo u iliza la inmedia ez del p esen e y nos lle a a su yo de en onces haciéndonos incluso pa ícipes de lo que pensaba con la idelidad de una ci a ex ual que, además, nos e ela la espe anza de es e yo po hace jus o lo que es á haciendo desde el yo que ha uel o: con a sob e la ida en el campo de concen ación. P ecisamen e ahí, nos uel e a desmon a lo que c eemos que sabemos. Con un p esen e que se impone adicalmen e y sin que lo espe emos, nos descoloca: “Es o no es así”. El yo del después mi a al del campo, posicionado en un c ono opo que le pe mi e imagina sus deseos, sus espe anzas e incluso in e anima las en una ci a ex ual. No obs an e, en es e econs ui se Delbo nos cuen a la e dad: el yo del campo es aba sup imido, no sen ía, no pensaba. No e a. La posición del yo del campo es su icien emen e ue e como pa a no ol ida . A pesa de las sepa aciones en e subje i idades y memo ias que Delbo a icula, es e yo de Auschw iz, como Delbo apun a, i e jun o a ella: Hay eces en que cede y e ela odo lo que con iene. Sob e los sueños la conciencia no iene pode . Y en esos sueños me eo a mí misma, sí, a mí misma al y como sé que es aba: apenas pudiendo sos ene me sob e mis pies, mi ga gan a ígida, mi co azón la iendo sal ajemen e, congelada has a los huesos, sucia, oda piel y huesos; el su imien o que sien o es an insopo able, an idén ico al dolo su ido en onces que lo sien o ísicamen e, lo sien o po odo mi cue po que se uel e una masa de su imien o, y sien o la mue e aga ándome, sien o que me mue o (en Delbo, 1995: 3). La piel del au ocon ol no es in alible, y en el e eno oní ico su p o ección desapa ece dejando paso al yo de Auschwi z, que como emos sigue in ac o. En su esc i u a Delbo uel e a es e yo, a su posición en el campo y es desde allí que selecciona, o ganiza y a icula una na a i a eme gida en el uni e so concen aciona io. El alo de Delbo y de su es imonio no consis e me amen e en las es a egias na a i as con las que consigue que eamos, sino en el eje cicio de memo ia que nu e una 107 Mas igualdad. Redes pa a la igualdad esc i u a basada en una uel a al campo. Como apun a Lamon (2000-1) Delbo es la au o a de una memo ia de la memo ia que nos pe mi e e y sen i la expe iencia del campo supe ando el desa ío del deseo de ol ida , y consiguiendo di igi su esc i u a hacia la ecupe ación de su se -suje o en el campo y hacia la ealidad-en-el-campo. Delbo di e encia en e dos memo ias: mémo ie o dinai e y mémo ie p o onde. La p ime a consis e en la memo ia de lo co idiano, y egula al yo de después cuyo ho izon e de signi icados coincide con el nues o. Lo o dina io, no obs an e, no puede coincidi en su caso con nues o o den, la expe iencia en el campo lo impide. El yo del campo se egula po la memo ia p o unda. Lange (en Delbo 1995) explica es a elabo ación en la esc i u a de Delbo. La memo ia o dina ia se enca ga de con a nos Auschwi z como pa e de una c onología, limi ándose a es e episodio como un hecho. Al mismo iempo, la memo ia p o unda se enca ga de eco da nos que es e pasado ni es pasado ni lo se á nunca (xi). Rede iniendo es a di e enciación, Lange nos cuen a que Delbo apun a o as dos a ian es mnémicas: memo ia ex e na y memo ia de los sen idos. Pa iendo de Delbo, Lange (ibíd.) nos cuen a cómo la memo ia ex e na coincide con los p ocesos de pensamien o. La esc i u a no p ocede po an o de la memo ia p o unda, sino de la ex e na. No obs an e, Lange iden i ica en la memo ia de los sen idos al ac o que hace que Delbo nos anspo e, nos ansmi a, la expe iencia en p ime a pe sona. Es la memo ia de los sen idos la que Delbo mo iliza pa a hace que eamos y que compa amos lo inexplicable. Pese a es as explicaciones acionales y a las es a egias na a i as que posibili an el con a se de Delbo, en su esc i u a de ec amos la angus ia de una ce eza insoslayable que si úa a Delbo en la soledad de sus expe iencias con una na a i a eco ida po di icul ades (Cabillas, en p ensa). Si bien noso os podemos acompaña la, in en ando mi a e in en ando e , Delbo es la que ha es ado y sigue es ando en la expe iencia en sí, en la expe iencia que cuen a. Es desde es a expe iencia desde donde esc ibe, y su oz esuena en los ecos con que puebla las palab as. En el siguien e agmen o emos un ejemplo de es o: Soy o a. Hablo y mi oz suena como o a cosa que una oz. Mis palab as ienen desde ue a de mí. Hablo y lo que digo no es dicho po mí. Mis palab as deben iaja po un camino es echo del que no deben des ia se po miedo a alcanza es e as donde se ol e ían incomp ensibles. Las palab as no necesa iamen e ienen el mismo signi icado. Tienes que oí los deci “casi me caí. Me asus é” ¿Saben ellos qué es el miedo? O “Tengo hamb e. Tengo que ene una ba i a de chocola e en la bolsa”. Dicen es oy asus ado, engo hamb e, engo io, engo sed, me duele, como si es as palab as no pesa an. (Delbo 1995: 264). La dis ancia desde la que suena su oz nos lle a al campo, sepa ando el yo de en onces del que esc ibe es as líneas. El espacio que sepa a nos si úa en ma cos de e e encias dis in os, en egímenes de signi icados incompa ibles: la isibilidad no llega. Hay que abaja la y el camino de la in eligibilidad es es echo y du o. Pa a que lo sin amos Delbo nos si úa jun o a ella en una oposición a los demás. Pa a ello nos con on a di ec amen e con el ma co de no malidad en el que se insc ibe el uso de palab as que no necesa iamen e ienen el mismo signi icado. El peso de las palab as de Delbo nos e ela cómo su esc i u a se ci cunsc ibe al espacio del abismo que nos sepa a. Aunque mi emos y aunque in en emos segui la nunca se emos capaces de compa i del odo, de habe es ado ahí, de pode en ende lo que nos cuen a. La di icul ad de es a esc i u a es á en que se o igina como una aducción imposible, el lenguaje no si e del odo, los pa áme os de signi icación nunca pueden coincidi . Y sin emba go Delbo esc ibe y esc ibe, en cada una de sus ob as un in en o de explica lo inexplicable. El alo de Delbo es el esc ibi desde la ce eza de que es o es imposible: Haz p egun as Pe o no sabes qué p egun as Y no sabes cómo p egun a las Así que indagas Sob e cosas simples Hamb e Miedo Mue e Y no sabemos cómo con es a No con las palab as que ú u ilizas Nues as p opias palab as Tú no puedes en ende las Así que p egun as cosas más simples Cuén anos po ejemplo Cómo se pasaba un día