Identidad híbrida y migración en "Más allá del mar de arena" de Agnès Agboton y "El vientre del Atlántico" de Fatou Diome
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271 Mas igualdad. Redes para la igualdad IDENTIDAD HÍBRIDA Y MIGRACIÓN EN MÁS ALLÁ DEL MAR DE AREnA DE AGNÈS AGBOTON Y EL VIEnTRE DEL ATLÁnTICo DE FATOU DIOME Mar Gallego-Durán Universidad de Huelva1 La exploración de narraciones migrantes escritas por mujeres de la diáspora africana contemporánea conduce a una reconceptualización de la llamada “nueva” identidad europea al incluir una gran pluralidad de definiciones híbridas y liminales. Agnès Agboton en Más allá del mar de arena y Fatou Diome en El vientre del Atlántico se revelan como magníficos ejemplos de textos afro-europeos que cumplen dos objetivos principales: Por una parte, ambas autoras incorporan las voces de estas mujeres al mosaico cultural actual, y por otra parte, demuestran las múltiples dificultades en los procesos de adaptación tanto identitarios como culturales a los que deben enfrentarse estas mujeres en sus constantes idas y venidas entre, al menos, dos culturas y dos cosmovisiones diferentes y, en muchas ocasiones, divergentes. Además, las dos obras enfatizan la importancia de la transmisión de un modelo cultural híbrido a las siguientes generaciones de afrodescendientes europeos, replanteando nociones cruciales de ciudadanía y de pertenencia múltiple. Identidades híbridas: habitando la diáspora “I accept myself / unequivocally free / unequivocally black / unequivocally beautiful” (Campbell 2006: 74).2 En el marco de los estudios diaspóricos contemporáneos, el proceso de construcción y reconstrucción de identidades híbridas, a caballo entre culturas, ocupa un lugar central. Para comprender los intensos debates teóricos en torno a la configuración de dichas identidades culturales, resulta necesario repensar el propio concepto de identidad cultural siguiendo la línea que propone Stuart Hall en su clásico trabajo sobre el tema: “La identidad cultural […] es un modo de ‘llegar a ser’ así como de ‘ser’. No es algo que existe ya, trascendiendo lugar, tiempo, historia y cultura. Las identidades culturales vienen de alguna parte, tienen historias. Pero, como todo lo demás que es histórico, están sometidas a constante transformación” (Hall 1997: 52). Toda identidad cultural es, pues, fluida y se encuentra en continuo proceso de mutación y cambio. Por ello, el sentido de identidad no puede permanecer inalterable, sino que depende de una multiplicidad de factores que lo modula y modifica tales como el género, la etnicidad, la clase social, la edad, la orientación sexual, y un largo etcétera. Pero al mismo tiempo, en la definición identitaria el relato de lo pasado, las “historias” de las que habla la cita, posee una gran importancia, hasta el punto que Hall también sugiere que las identidades “[…] son los nombres que damos a las diferentes formas que las narraciones del pasado nos posicionan, y en las que nos posicionamos nosotros mismos” (1997: 70). Por tanto, el pasado narrado adquiere una enorme significación en el proceso de constitución de una identidad cultural funcional y satisfactoria. Este proceso de creación y recreación de identidades culturales es incluso más complejo cuando nos enfrentamos a las llamadas identidades híbridas o liminales, puesto que en este caso las lealtades o pertenencias a más de un paradigma cultural problematizan la formación de identidades múltiples. Recurrimos aquí a las elaboraciones teóricas del híbrido cultural propuestas por Homi Bhabha, ya convertidas en referencias ineludibles. Así Bhabha afirma que “el híbrido cultural rompe la simetría y dualidad entre ser/otro, dentro/fuera” (1994: 112). De hecho, la teoría de la hibridez cultural bhabhiana representa un reto importante al pensamiento neokantesiano binario, promoviendo la ruptura de las jerarquías duales que conceden privilegio inexorablemente al primer elemento en cada par binario, 1) Esta investigación ha sido financiada gracias al Ministerio de Ciencia e Innovación (Ref. FEM2010-18142). 2) “Me acepto a mí misma/inequívocamente libre/inequívocamente negra/ inequívocamente bella”. Todas las traducciones han sido realizadas por la autora.
272 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) especialmente evidente en la oposición entre el sujeto y el otro/s (u otras). Al desafiar la rigidez del orden jerárquico dominante, la hibridez cultural crea las condiciones propicias para el desarrollo de posibles (y plausibles) formulaciones alternativas del propio concepto de ser y de pertenecer. Así pues, dicha hibridez florece en el “Tercer espacio de enunciación” definido como “el espacio intersticial entre identificaciones fijas [que] abre la posibilidad de una hibridez cultural que aloja la diferencia sin una jerarquía asumida ni impuesta” (Bhabha 1994: 4). Y es precisamente ese tercer espacio el habitat ideal para discutir nociones de identidad y diferencia dentro de la diáspora, como nos enseña Hall: La diáspora se define, no por esencia o pureza, sino por el reconocimiento de la necesaria heterogeneidad y diversidad: por una concepción de “identidad” que vive con y a través de, no a pesar de, la diferencia; por una hibridez. Las identidades diaspóricas son aquellas que están constantemente produciéndose y reproduciéndose a sí mismas de nuevo, por medio de la transformación y la diferencia (1993: 402; énfasis del autor). Desechada, pues, cualquier conceptualización de corte esencialista sobre la diáspora y las consiguientes identidades diaspóricas que la pueblan, el paradigma de la hibridez cultural se antoja como un instrumento idóneo para investigar la naturaleza fluida y cambiante de dichas identidades, pero también como un modo apropiado para reflejar sus reivindicaciones sobre el respeto a la diferencia o el derecho a una ciudadanía de pleno derecho. Como la cita arriba mencionada expresa, el sentido de identidad es codependiente de, complementario a, la diferencia, por ello se debe insistir en lo que Toby Miller explica como “el reconocimiento de la diferencia en y por el mainstream” (2001: 2). Ese reconocimiento implica el derecho a la diferencia, a “[…] ser diferente (en términos de raza, etnicidad o lenguaje nativo) con respecto a las normas de la comunidad nacional dominante”, pero que a la vez no comprometa “el derecho a pertenecer, en el sentido de participar en los procesos democráticos del estado-nación” (Rosaldo 1994: 57). Los debates recientes sobre la ciudadanía y migración, sobre quién reúne las condiciones necesarias para llegar a ser ciudadano o ciudadana de un determinado estado, adquieren nuevos matices si se observan a la luz de una afirmación rotunda de la diferencia y la hibridez cultural como criterios de carácter positivo, ya que contribuyen al enriquecimiento cultural de esos pueblos y estados. Mucho más aún si a esos debates se les añade el importante componente diaspórico, intentando equilibrar la necesidad de pertenecer y participar en el estado-nación en el que se vive, como se ha comentado anteriormente, y seguir manteniendo los vínculos con el resto de la diáspora. Si nos centramos en la diáspora africana, estos dos polos se encuentran siempre presentes. Por un lado, se incentiva lo que Wendy Walters denomina la “búsqueda de conexiones diaspóricas con otras personas negras en el mundo” (2005: vii). Pero además Dorothy Mosby incide en la compleja realidad diaspórica: “Cruces múltiples –las raíces y rutas de muchas experiencias colectivas que articulan la identidad étnica, cultural y nacionalpero que […] revelan los lazos de los descendientes africanos con el estado-nación así como la conexión con la comunidad diaspórica mas allá” (2008: 10). En ese ir y venir entre el estado y la comunidad diaspórica se entretejen identidades híbridas ricas y multiformes que permiten un mayor entendimiento del mismo sentido de identidad cultural que abraza la pluralidad y la diferencia en toda su extensión y complejidad. 2. identidades afro-europeas femeninas: realidades híbridas y pertenencia múltiple “Ser negro da lo mismo/ en cualquier latitud/ Black is black” (McField en Obando et al. 1998: 25)3. 3) “Lo negro es negro”.
273 Mas igualdad. Redes para la igualdad En las dos obras escogidas, Más allá del mar de arena, autobiografía publicada por Agnès Agboton en 2005, y la novela de Fatou Diome El vientre del Atlántico que vio la luz en 2003 (en su original en francés), se delinean los contornos de identidades híbridas y diaspóricas de mujeres afro-europeas, así como las formas variadas en que estas identidades intentan reconciliarse y reconciliar su legado multicultural con la necesidad de afirmarse en la nación-estado que las alberga: España en el caso de la primera y Francia en la segunda. En ambas publicaciones se narra el periplo existencial de dos mujeres de origen africano (Benin y Senegal respectivamente) que deciden migrar en primera persona, es decir, son protagonistas e iniciadoras del proceso migratorio, pero por muy diversas razones: amor para Agboton y mejora económica para la protagonista de la obra de Diome. En primer lugar, Agboton parece invocar lo que muchos críticos y críticas definen como “la vida entre dos mundos” que caracteriza la experiencia migrante, como ya he comentado en otro momento.4 Habitar cotidianamente la diáspora lleva a Agboton a ensalzar el papel crucial de la diferencia en toda su riqueza de matices, abogando por la integración de sus dos herencias culturales en la poética imagen del árbol: “Soy un gran árbol, con las raíces hundidas en la tierra roja de Hogbonu y las ramas que se levantan hacia el cielo azul del Mediterráneo” (2005: 105). Es por ello que Agboton se presenta como una firme defensora de las identidades híbridas por la gran riqueza que aportan a ambas comunidades, la de origen y la de destino, además de constituirse en modélicos correctivos culturales a las tendencias monolíticas que tienden a articular tanto la identidad como la cultura en singular. En el mundo contemporáneo actual, completamente móvil y globalizado, es imposible seguir detentando una visión claustrofóbica y unívoca de ambas cuestiones, Agboton insiste. Para la autora, la clave reside en el respeto (que no tolerancia por cuanto implica de actitud paternalista y dominante) a la diferencia, tanto a nivel identitario como cultural. Así el árbol de Agboton puede expandir su significado al presentir el tercer espacio de enunciación bhabhiano al que nos referimos con anterioridad. Ana Zapata-Calle también registra la importancia de asociar la creación identitaria propuesta por Agboton al tercer espacio de Bhabha: “La creación de este espacio diferente, ni blanco ni negro, pero ambos al mismo tiempo, que podríamos asociar al concepto del tercer espacio de Homi Bhabha, es uno de los propósitos que mueven a Agnès Agboton a escribir Más allá del mar de arena” (2009: 2).5 Agboton enuncia precisamente en esa pertenencia “a dos o tres lugares distintos” (2005: 72) esa posibilidad sugerida por una hibridez cultural que desestabiliza fronteras e identificaciones fijas, poniendo en cuestión cualquier intento de jerarquización frente al binarismo impuesto. La identidad multicultural que aflora en la narración de Agboton consigue resquebrajar los cimientos del pensamiento fundamentalista basado en una noción de identidad cultural ficticia que se muestra como permanente y sin fisuras, por ende instrumentalizada hasta la saciedad en los discursos quasi-nacionalistas en la actualidad. Así la autora nos advierte de los peligros que acechan al mundo contemporáneo: “Mucho me temo, y todos los indicios me lo confirman, que el mundo corre cada vez más deprisa hacia el reino de las verdades absolutas, sin matices. Y las verdades absolutas son la semilla de la incompresión” (2005: 109). Como señala acertadamente Inmaculada Díaz Narbona, las consecuencias directas de esas verdades absolutas han sido, “por una parte, […] la exacerbación de los nacionalismos, y por otra, […] la difuminación de los contornos identitarios” (2010b: 231). Frente a ese dogmatismo de verdades incuestionables, Agboton nos acerca a una realidad híbrida y moldeable, que permite replantearse otras identidades, bien es cierto que diversas y difuminadas, pero más acorde con la posible fusión cultural y el aprendizaje mutuo, para mostrar el camino hacia un entendimiento con conocimiento.6 4) En “Integración e hibridez en Más allá del mar de arena de Agnès Agboton” que se publicará en el próximo número de la revista Afroeuropa, previsiblemente en 2012, 5) Del mismo modo, Inmaculada Díaz Narbona hace referencia a Bhabha al estudiar la obra de Agboton: “Es lo que diría Homi Bhabha: ‘no hay pertenencia necesaria o eterna’, y que Agboton resume del siguiente modo: ‘no somos una realidad inmóvil, cerrrada’” (2010a: 251). 6) Zapata-Calle también destaca la importancia de ese entendimiento y conocimiento mutuos, debido a los peligros inminentes que se ciernen sobre nuestras sociedades actuales (2009: 17).
274 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) Diome nos presenta un retrato incisivo y mucho más descarnado de lo que significa habitar la diáspora en un identidad híbrida, a caballo entre dos culturas, dos lenguas y dos países. Así Valentina Tarquini lo expresa desde el principio de su artículo: “El vientre del Atlántico de Fatou Diome es sobre todo, desde mi punto de vista, un viaje al origen íntimo de la hibridez” (2009: 1). En lo referente a esta novela, resultan altamente reveladores los tintes autobiográficos de la narración,7 puesto que la confusión de géneros contribuye a crear un tono más íntimo y sugerente. También destaco este elemento porque parece acercar la obra de Diome a la de Agboton, a pesar de las obvias y marcadas diferencias entre ambas. De hecho, la concepción de la obra como un viaje íntimo a la hibridez podría aplicarse a ambos relatos. En el caso de la protagonista de Diome, Salie, la hibridez caracteriza su existencia, pues vive navegando siempre entre dos aguas. Salie muestra su angustia vital al sentirse acosada por un sentimiento constante de extranjería, incluso cuando vuelve a Senegal: “una extranjera en Francia, era tratada como una forastera en mi propio país” (2006: 139). De hecho, termina convirtiéndose en la “Otra” con respecto a la población que aún reside en la isla subsahariana de Niodior de la que emigró: “Para mí, volver es lo mismo que irme. Voy a casa como una turista en mi propio país, ya que me he transformado en la Otra para las personas que continuo llamando mi familia” (2006: 116; énfasis de la autora). Esta posición de alteridad con respecto a su familia ha sido interpretada como una situación de marginalidad o liminalidad, como lo refleja Dominic Thomas: “está posicionada en el espacio transnacional caracterizado por una especie de liminalidad social y cultural a la que alude Salman Rushdie en su noción de ‘doble falta de pertenencia’” (2006: 251). Pero desde mi punto de vista, resulta más productivo realizar la lectura de ese posicionamiento a través del paradigma de la hibridez cultural, y desde allí hallar sentido a su condición de exiliada permanente. Para Salie la condición de exilio resulta mucho más fuerte e intensa que cualquier otra: “siempre en exilio, con raíces en todas partes” (2006: 127). Por ello, la protagonista describe con toda suerte de detalle lo que denomina “las miserias del exilio” (2006: 160), en las que figuran marcadamente sus sentimientos de nostalgia y de culpa. Resulta particularmente interesante explorar esa idea de culpabilidad en la narración de Diome, puesto que revela dos cuestiones primordiales para comprender las diferencias entre Agboton y Diome. Por una parte, su exilio está perfectamente justificado en la narración debido al carácter marginal que el personaje detenta también en la sociedad isleña de Niodior en la que le tocó nacer como hija ilegítima, y por tanto cargando con el peso de la conciencia de una culpa que determina su propia vida, y más aún su exilio como una huida hacia delante.8 Pero como ella misma matiza, “el exilio es mi suicidio geográfico” (2006: 161), ya que a partir del momento en que decide marcharse vivirá en un estado de exilio perpetuo atormentada por continuas dudas e incertidumbres sobre su posición y su identidad. Es por ello importante resaltar la cuestión de la memoria que aparece indeleblemente asociada a esas reflexiones identitarias, que tiene mucho que ver también con la elaboración de Hall sobre la conexión entre identidad y “las narraciones del pasado” comentada previamente. En una cita clarificadora la protagonista dice: “Mi memoria es mi identidad” (2006: 162). La fusión de ambos conceptos parece privilegiar, pues, el pasado sobre el presente, la comunidad de origen sobre la de destino. De hecho, la narración se encuentra jalonada por múltiples muestras de las dificultades inherentes a la condición de exilio permanente con respecto a su afiliación, y su incuestionable (aunque realmente compleja) lealtad a Senegal, a su familia y a su cultura. Pero esta visión de memoria-identidad se complica si se tiene presente que ella se siente siempre y en toda circunstancia como una “extraña” o una “intrusa” (2006: 162) hasta cuando se refiere a su propia familia, como indiqué anteriormente. Incluso más que el caso de Agboton, la pertenencia múltiple conduce a la protagonista a un sentimiento de extranjería, una suerte de esquizofrenia interna, que se considera clave para entender la base de las identidades multiculturales e híbridas. Como ya hemos visto, estas identidades deben dedicarse 7) Otras voces críticas también enfatizan la naturaleza autobiográfica de la obra y las diversas conexiones entre la novelista Diome y la protagonista Salie (Tarquini 2009: 2; Galvagni 2010: 111). 8) Katherine Galvagni también comenta la alienación que Salie experimenta con respecto a la cultura tradicional de origen y el modo en que esta alienación se incrementa al marcharse a Francia (2010: 107).
275 Mas igualdad. Redes para la igualdad a continuas negociaciones y adaptaciones culturales para poder sobrevivir al complejo entramado que las obliga a una “doble o triple lealtad” en palabras de Rik Pinxten (citado en Onghena 2006: 178). Pero además, y a pesar de esas dificultades percibidas de modo más angustioso por la protagonista de Diome, lo que termina brillando en la narración es un sentido de identidad que trasciende límites y fronteras, y afirma la hibridez en todo su potencial: ¿El hogar? ¿Allí? Como soy un híbrido, África y Europa se preguntan confusamente qué parte de mí les pertenece […] Busco mi país en lugares donde se aprecia a la gente con identidades complejas, donde no hay necesidad de desenredar las varias ramas. Busco mi país donde la fragmentación de identidad se desdibuja (2006: 182-3). Toda una declaración de intenciones en la que reverberan muchas de las cuestiones que se han analizado en este estudio, sobre todo en relación a la importancia de mantener el sentido de identidad propio sin necesidad de jerarquizar sus distintos componentes o de ocultar algunos a favor de otros, por tanto una construcción identitaria mucho más representativa e inclusiva. Además, la afirmación de esa noción de identidad como compleja, indudablemente, pero también maleable y enriquecedora, aporta una nueva mirada a la tan debatida cuestión de ciudadanía y pertenencia, en la que se prefiguran otros lugares en los que se valore la diferencia y que puedan constituirse como verdaderos hogares para esa conceptualización sobre identidades híbridas. 3. hogares, naciones y generaciones en la “nueva” europa “We feed the children with our culture that they might understand our travail” (Nikki Giovanni en Campbell 2006: 5)9. Para ambas autoras la reflexión sobre las identidades híbridas y la pertenencia múltiple es fundamental no sólo para su propia introspección interna, sino como legado que transmitir a las generaciones futuras que tienen muy presente en sus respectivos libros. En el caso de Agboton, su relato autobiográfico está dirigido a sus hijos como representantes de una nueva generación de afrodescendientes españoles, a los que pretende transmitir un profundo sentimiento de orgullo por su legado cultural mixto: A veces pienso que vosotros dos, los hijos que he tenido con mi marido, un hombre blanco, sois mi aportación a un nuevo mundo, a un mundo necesario, a un mundo imprescindible para frenar esa locura que parece sumergirnos. Somos una familia, un grupo mestizo. En todos los aspectos que el mestizaje puede adoptar. Y estoy orgullosa de ello (2005: 19). En su defensa del mestizaje, de la hibridez, Agboton está sentando las bases para el cambio de paradigma que ella entiende tan básico y necesario en el panorama actual para acabar con la exclusión, el racismo y los prejuicios contra el o la diferente, el “Otro” o la “Otra”. En ese sentido, Agboton augura el nacimiento de una “nueva nación mestiza de afrodescendientes españoles” en palabras de Tarquini (2009: 16), en los que ella jugaría el papel de matriarca. La autora, pues, impulsa una nueva configuración social y cultural en la que las identidades híbridas, pluriculturales o transnacionales puedan sentirse “en casa”. Del mismo modo, Diome parece tener en mente a esas nuevas generaciones de jóvenes africanos como su hermano Madické que ansian desesperadamente lograr el “sueño europeo” y por tanto convertirse en afrodescendientes en la diáspora, en su caso en afro-franceses. El relato de la cruda realidad migratoria intenta prevenirlos contra el llamado “virus de la emigración” (Rosny 2002: 623), sin mucho éxito. La protagonista se da cuenta de que el mítico viaje a Europa se ha convertido en “una especie de colonización mental”, pues “todo lo deseable viene de Francia” (2006: 32). Por ello, en el contexto africano Salie pretende ofrecer un correctivo al describir las condiciones reales de la inmigración en Francia, tanto en su caso como doméstica como en el de otros que lo intentaron y fracasaron estrepitosamente. Sin embargo, Salie sabe que el flujo migratorio seguirá a pesar de haberse consolidado como “las nuevas cadenas de la esclavitud” o “la estructura del nuevo apartheid” (2006: 154). Mientras las condiciones en África no 9) “Nosotras nutrimos a nuestros vástagos con nuestra cultura para que puedan entender nuestros esfuerzos”.
276 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) mejoren, existirán nuevas generaciones de afrodescendientes dispuestos a arriesgarlo todo para encontrar un “hogar” en Europa. Pero el énfasis en la narración de Diome está sobre todo focalizado en la hibridez, como Galvagni precisa: “Aunque reescribe actos discursivos de verdadera denuncia, los contrapone con un testimonio del proceso de creolización que se está desarrollando en el paisaje global contemporáneo, un paisaje que es múltiple y variado” (2010: 104). Por tanto, la denuncia se registra en muchas ocasiones en la obra debido a las terribles condiciones económicas y sociales que siguen empujando a nuevas generaciones de africanos y africanas a las peligrosas aguas del Atlántico para buscar una vida mejor, ese verdadero “hogar” más allá del hogar, del país que los vio nacer. Pero al mismo tiempo, Diome es consciente de que esa nueva esclavitud actual que está produciendo la situación de globalización a nivel mundial también ofrece grandes oportunidades para forjar un nuevo tipo de sociedad multicultural y plural en la que el mestizaje se convierta en el fundamento, la piedra angular de una “nueva” Europa que permita integrar a afroeuropeos y afroeuropeas como ciudadanos y ciudadanos de sus diferentes estados. Y así contribuir a negar los efectos adversos de lo que Díaz Narbona denomina “la epidermización de la no ciudadanía” (2010b: 233), desenmascarando cualquier dogma racista o xenófobo que dificulte la plena ciudadanía. Además, esa nueva sociedad facilitará el camino para que las nuevas identidades híbridas perfiladas por estas dos autoras encuentren un sentido de pertenencia satisfactorio en su doble vertiente de relación a la nación-estado concreto y a la comunidad diaspórica africana en su totalidad. Y sólo entonces, esas identidades habrán llegado a “casa”. Hogares, refugios, ensenadas se evocan, pues, en estas obras, donde el color malva predomine, como la novela de Diome muestra tan bellamente al final: “Prefiero el malva, ese color moderado, una mezcla del calor africano rojo y el azul europeo frío. ¿Qué hace al malva tan bonito? ¿el azul o el rojo?” (2006: 183). El malva de Diome junto con el árbol de Agboton postulan de manera poética la necesidad de encontrar ese tercer espacio donde habitar la diáspora no signifique obligatoriamente sufrir la desolación, el aislamiento y el exilio permanentes, sino al contrario, donde se pueda coexistir en libertad e igualdad, perteneciendo a varios universos culturales simultáneamente, sin por ello caer fácilmente en las trampas diseñadas por los esencialismos y los fanatismos exacerbados. Ambas autoras inciden, por tanto, en la construcción de una “nueva” Europa en la que las voces de estas mujeres afro-europeas sean tenidas en cuenta.
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