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Las cartas sevillanas del joven Sigmund Freud

Pérez Varas, Feliciano

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L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD Feliciano P ÉREZ V ARAS Universidad de Salamanca Un libro escrito en colaboración por el historiador y germanista austriaco Ferdinand Opll y nuestro amigo y compañero, el también historiador y germanista Karl Rudolf, me puso sobre la pista del tema que voy a exponer seguidamente. El libro, titulado Spanien und Österreich, presenta una visión panorámica de las relaciones históricas y culturales mantenidas entre España y Austria desde la Edad Media hasta nuestros días. 1 Al hilo de las relaciones desarrolladas en el siglo XIX, Opll y Rudolf reseñan un hecho para mí desconocido y que excitó irresistiblemente mi curiosidad. Hacia 1870 Sigmund Freud, el que sería luego famoso fundador del psicoanálisis, se dedica al estudio autodidacta de la legua española y durante muchos años mantiene correspondencia en español con Eduard Silberstein, un amigo y compañero del Leopoldstädter ComunalRealund Obergymnasium, situado en un típico barrio judío de Viena, en el que Freud ingresó en otoño de 1865 y permaneció cursando la Segunda Enseñanza hasta 1873. La correspondencia, de la que hay constancia durante diez años, se inicia mediado el bachillerato (la primera carta es de 1871, cuando Freud tiene 15 años), se mantiene a lo largo de los estudios de Medicina y continúa hasta el doctorado de Freud en 1881. La última carta es del 24 de enero de 1881, poco antes de la graduación. Esta colección epistolar, que no es, lamentablemente, un intercambio porque solamente contiene las cartas de Freud a Silberstein (que éste conservó cuidadosamente), pero no las de Silberstein a Freud, fue editada con el título Sigmund Freud. Jugendbriefe an Eduard Silberstein, 1871-1881 por Walter Boehlich con un interesante epílogo del editor y una nota biográfica de Rosita Braunstein Vieyra, nieta de Eduard Silberstein. 2 De ese epílogo procede la información relativa a Silberstein contenida en las líneas siguientes. 1. Eduard Silberstein, el destinatario De Silberstein se sabe muy poco, pero lo más interesante a nuestros efectos está recogido en el epílogo de Boehlich, que nos sirve de fuente. Judío, como Freud, nacido 1 Págs. 167-169. Vid. Bibliografía 2 Vid. Bibliografía. F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 142 en Rumanía, la unión fraterna entre ambos debió surgir en el Gymnasium, en el que Freud hizo unos estudios brillantes que le valieron la jefatura de su curso durante siete años y le confirieron una cierta autoridad sobre los compañeros. Es posible, también, que la amistad, que se extendía a las familias, naciera o se intensificara en el balneario de Roznau, cercano a Freiberg (Pribor en checo) la ciudad natal de Freud, balneario al que las madres de ambos acudían regularmente acompañadas de sus hijos. De cualquier modo, la unión perduró tras los años del Gymnasium aunque en la Universidad Freud y Silberstein siguieron caminos diferentes. Freud, que especuló algún tiempo con la idea de estudiar Derecho, se decidió a última hora por la Medicina, mientras Silberstein cursó Derecho, primero durante dos semestres en la Universidad de Leipzig, y luego, desde el semestre de invierno de 1875, en la de Viena, en la que Freud cursaba ya Medicina, sin demasiado entusiasmo. No obstante, el contacto debió mantenerse, entre otras cosas porque ambos acudían a las clases que impartía en la Universidad de Viena el filósofo Franz Brentano Eduard Silberstein se doctoró en Derecho en 1877 y regresó a Braila, la ciudad de Moravia donde residía su familia, y allí vivió, hasta su muerte en 1925, sin ejercer como jurista y disfrutando de alta consideración social. Durante los tres o cuatro años que van desde que Silberstein abandona Viena hasta 1881, en que cesa la correspondencia en español entre ambos, los encuentros debieron ser escasos, pero la correspondencia se mantiene. Motivado tanto por la separación física como por los distintos caminos que uno y otro seguían a esas alturas (según confiesa el propio Freud en una carta que mencionaré luego), hacia 1881 se inició en la hasta entonces unión fraternal un enfriamiento, perceptible no sólo en el cese de la correspondencia, sino también en el testimonio de una carta de Freud a Martha Bernays, a la que conoce en 1882, de la que se enamora apasionadamente y con la que se casa en 1886. En esa carta se habla de un paulatino distanciamiento, pero entre ambos subsistió una relación, atestiguada por el siguiente triste suceso y por un par de cartas mucho más tardías. Eduard Silberstein se había casado con una muchacha quince años más joven que él, que enfermó de melancolía depresiva, por lo que, a mediados de mayo de 1891, Eduard la envió desde Braila a Viena para que fuera tratada por Sigmund Freud, que tenía ya un considerable prestigio profesional y una acreditada clínica privada. La joven esposa de Eduard Silberstein llegó a la puerta de la clínica acompañada de una sirvienta, a la que ordenó esperarla allí, y entró en la casa, pero no fue a la clínica, sino que desde el tercer piso se arrojó a la calle y murió en el acto sin haber visto a Freud. De esas dos cartas tardías a que acabo de referirme, la primera, de Freud a Silberstein y escrita en alemán, es de abril de 1910 y deja ver que la comunicación entre ambos no es frecuente, al menos por parte de Freud, que se disculpa por no haber contestado una carta de Silberstein (Boehlich 1989: 213). De todas maneras, trasluce una nostálgica cordialidad, pide a Silberstein noticias detalladas de su vida y le cuenta incidencias de la propia. La otra, muy posterior, puesto que es de abril de 1928, cuando Freud tiene ya setenta y dos años, está dirigida al presidente de la logia B’nai B’rith de la ciudad de L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 143 Braila, que, según se deduce de la nota biográfica de Rosita Braunstein Vieyra, la nieta, era una logia judeo-masónica (Boehlich 1989: 214). La asociación B’nai B’rith, cuyo título hebreo significa “Hijos de la Alianza”, había sido fundada en Nueva York en 1843, estaba reservada a judíos, tenía finalidad filantrópica y su ritual no tenía ninguna relación con el de la masonería La carta de Freud (Boehlich 214) está motivada por el homenaje que la logia había dedicado a Eduard Silberstein, muerto en 1925. Aunque Freud no lo especifica, el homenaje –según se desprende también de la nota biográfica de la nieta– había consistido en dar a la logia de Braila el nombre de Silberstein junto al de otro hermano francmasón. Puesto que la carta no sólo descubre hasta qué punto seguía vivo el afecto a Silberstein, sino que ofrece algún dato sobre la relación entre ambos tras el regreso de éste a Braila, merece la pena recogerla. Freud, que era miembro de la rama vienesa de la misma logia, escribe al presidente esta carta: Hochgeerter Herr President und Lieber Bruder, es hat mich tief ergriffen zu hören, welche Ehre Ihre Loge dem Andenken meines verstorbenen Jugendfreundes, Dr. Eduard Silberstein erwiesen hat. Ich habe mehrere Jahre meiner Knaben– und Jünglingszeit in intimer Freundschaft, ja in brüderlicher Gemeinschaft mit ihm verlebt. Wir haben, ohne Lehrer, spanisch miteinander gelernt, Cervantes gelesen, unterschrieben unsere Briefe aneinander mit den Namen der beiden Perros en el Hospital de Sevilla: Scipione und Berganza.– Teilten wohl auch ernstere Interessen. Später trennte uns das Leben und die räumliche Entfernung, aber frühe Freundschaft kann nie vergessen werden. – Auch sah ich ihn von Zeit zu Zeit, wenn er nach Wien kam, mußte mich einmal um seine erste Frau bekümmern.– Sie haben recht, ihn als ausgezeichneten Menschen zu feiern.– Er war grundgütig, und es war ein milder Humor in ihm, der es ihm gewiß leichter gemacht hat, die Schwere des Lebens zu ertragen. Ich empfehle mich, heute ein kränklicher Mann von 72 Jahren, Ihnen und allen Brüdern der Loge in Wohlwollen, Bruderliebe und Eintracht. Ihr Freud La fórmula de despedida “con afecto, amor fraterno y concordia” era el lema de la logia B’nai B’rith. 2. La conexión con la lengua española El hecho sustancial está explícitamente declarado en la carta anterior, en la que Freud, hablando de los años de su adolescencia y su juventud vividos con Silberstein, escribe: “Aprendíamos juntos español sin profesor, leíamos a Cervantes, firmábamos nuestras cartas del uno al otro con los nombres de los dos perros del Hospital de Sevilla: Escipión y Berganza.–.” El fragmento, como habrá podido observarse, contiene dos errores. Uno es permanente y Freud no lo corrige nunca: es el que hace a Cipión y Berganza perros del F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 144 Hospital de Sevilla, cuando en la novela cervantina lo son del Hospital de Valladolid. Walter Boehlich da una explicación verosímil para este error contumaz: Freud y su amigo no debieron leer la obra de Cervantes completa, sino sólo un fragmento en alguna antología, y presumiblemente el amplio fragmento inicial en que Berganza cuenta su vida en su Sevilla natal hasta llegar al Hospital de la Resurrección de Valladolid. El otro error, el de llamar “Escipión” a “Cipión”, es achacable al largo tiempo transcurrido desde que Freud y su amigo Silberstein firmaban sus cartas con los nombres de los perros cervantinos. Pero, si se me permite una ironía benévola, diré que al hombre que incluyó el inconsciente en su terapia psicoanalítica, su inconsciente le ha jugado una mala pasada. Me explicaré. Por los años en que los dos amigos empiezan a comunicarse epistolarmente en español y a firmar sus misivas con los nombres de Cipión y Berganza, Freud (y Silberstein, por supuesto, también) vienen sintiendo ya la presión hostil del antisemitismo. Freud lo confiesa en su autobiografía, en la que hay fragmentos emocionantes, como el que sigue: Aníbal … fue el héroe preferido de mis años de escolar. Como tantos otros en esa edad, con respecto a las guerras púnicas yo no había dedicado mis simpatías a los romanos, sino a los cartagineses. Cuando, en los cursos superiores, surgió en mí la primera noción de las consecuencias de proceder de una raza extraña al país en que habitaba, al tiempo que los sentimientos antisemíticos de mis compañeros me inducían a tomar una actitud propia, la figura del general semita se alzó a mis ojos con altura aún mayor. Aníbal y Roma simbolizaban para aquel muchacho el enfrentamiento entre la tenacidad del judaísmo y la organización de la Iglesia Católica. 3 Hay que reconocer la ironía yacente en el hecho de que, cuando por efecto del tiempo transcurrido y descarriado por la similitud formal y fonética, Freud equivoca el nombre del perro cervantino, le dé el nombre del famoso linaje romano, cuyo vástago más ilustre, Escipión el Africano, fue precisamente el vencedor de su ídolo, Aníbal. La ironía es aún más aguda si se tiene en cuenta que el nombre del perro que él llama Escipión era el pseudónimo elegido por el propio Freud. La idea de servirse de una lengua extranjera, desconocida para el entorno, como medio de comunicación entre los dos amigos pudo nacerles del mismo sentimiento de claustrofobia y de acoso que les suscitaba el antisemitismo de su medio ambiente, aunque conviene no olvidar que ésta es una inclinación frecuente en la adolescencia, que pretende hacer su mundo exclusivamente suyo ocultándolo a los demás detrás de un sistema de claves. Por qué la lengua elegida fue el español es cuestión que no parece posible aclarar. Opll y Rudolf suponen que Silberstein, procedente de Rumanía, pudiera ser de 3 Freud, S., Gesammelte Werke. Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 1968, vol. II-III, p. 220. Este fragmento está recogido, en traducción española de Antonio de Zubiaurre, en el catálogo de la exposición documental organizada por el Goethe Institut Sigmund Freud, 1856-1939, que recorrió países de varios continentes, y que el entonces denominado Departamento de Germanística de la Universidad de Salamanca presentó en el Colegio Mayor Arzobispo Fonseca del 31 de enero al 13 de febrero de 1977. L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 145 origen sefardí, suposición que presenta indicios a favor y en contra. Por un lado, su procedencia rumana hace más presumible su adscripción al grupo asquenazí, es decir, el de los judíos de Europa Central y Oriental, y en esa dirección apunta también un recuerdo recogido por su nieta en la reseña biográfica incluida por Walter Boelich en la edición de las cartas de juventud de Freud: Su nieta cuenta: “He liked the Yiddish language.” (Boehlich 1989: 219). Este cariño de Silberstein por el “Yiddish”, la lengua de los judíos askenazíes, parece situarlo en esa órbita. Sin embargo, otro recuerdo recogido líneas adelante, apunta al grupo de los judíos sefarditas, los procedentes de España, cuando dice la nieta: “I rimember his love for me, the charming ditties he composed for me in Spanish, and the stories he used to tell me.” (Boehlich, ibidem). Esas encantadoras cancioncillas que Silberstein componía en español para su nieta, podían, efectivamente, ser compuestas por él para la niña, o podían ser las canciones, las narraciones y los romances que los judíos sefarditas se llevaron consigo de España y han conservado amorosamente hasta nuestros días. La presunción de que el contacto o la familiaridad con la lengua sefardita haya podido servir de incitación para la dedicación de Freud al estudio del español tampoco se ve fortalecida por el fragmento de una carta de agosto de 1873, sino más bien al contrario. En esa carta (Boehlich 1989: 37), escrita con un léxico y en un tono de irrespetuosa petulancia juvenil, hay un fragmento (que por su desparpajo no me resisto a copiar literalmente) en el que Freud le cuenta a Silberstein lo siguiente: Mit einem Comptoir-Esel habe ich gesprochen (ich habe gesprochen, er hat ge-ia-t), der sowohl in seinem Castilianisch als im Spagnuolischen zu schreien versteht. Dir großem Sprachforscher teile ich gern einige Resultate meiner Untersuchungen mit. Anstatt para qué sagen sie para lo que, für aprender gebrauchen sie “embesar” (“einküssen” wörtlich übersetzt), ein Perfekt kennen sie nicht, sondern sprechen meistens im Präteritum “Yo no tuve nada”. Das “e” am Ende sprechen sie überdies wie i aus. El fragmento ofrece materia para un comentario largo, empezando por los errores que contiene. Por ejemplo, en el participio del verbo “iahen” falta la “h”. Y “embesar” no quiere decir, literalmente traducido, “besar” o “besuquear”, como él interpreta, sino “aprender” y “enseñar”, porque se deriva de “invitiare” y no de “basiare”. Pero lo que nos interesa del pasaje, fundamentalmente, es el testimonio que implica: si el judeoespañol, la lengua sefardí, le resulta extraña, curiosa, es evidente que no estaban –ni él ni Eduard Silberstein– familiarizados con ella, que no era la lengua de sus círculos familiares ni la propia de su ascendientes. La auténtica razón de su dedicación al español es, hoy por hoy, una incógnita, pero caben presunciones como la de que Freud y Silberstein habían idealizado a España convirtiéndola en una vieja patria idílica de los judíos. A esa presunción incita un pasaje de una carta (Boehlich 1989: 205) que volveré a mencionar luego y en la que puede leerse: “….era mi intención dejarme caer en esa disciplina, [se refiere a la Farmacología] de manera que no la estudiaba sino en el día antes del ejamen (Ereb, F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 146 como dicen los antiguos Castellaños)…” 4 “Ereb” es una palabra hebrea que significa “víspera”. Y si los antiguos castellanos hablan hebreo, pues… la deducción parece obvia. En una carta escrita muchos años más tarde, datada concretamente en Viena el 7 de mayo de 1923, y dirigida al traductor de su obra al español, Luis López-Ballesteros y de Torres, dice Sigmund Freud: “Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal “Don Quijote” en el original cervantino me llevó a aprender, sin maestros, la bella lengua castellana.” 5 Hay que conceder crédito a la declaración de Freud, no obstante, es de rigor esbozar un par de observaciones. Por una parte, resulta sorprendente que a tan temprana edad (Freud tenía 15 años cuando comienza el intercambio epistolar con Silberstein y el estudio de la lengua española había comenzado antes) hubiera madurado ya como objetivo para el estudio del castellano el propósito de leer el Quijote en su lengua original. Por otra parte, entre las alusiones a la literatura española ni predominan ni abundan las relativas a la inmortal novela cervantina. Hay, sí, la permanente alusión, explícita o implícita, al Coloquio de los perros, de los que los dos amigos toman los nombres como pseudónimo académico. Y hay –de acuerdo con la aguda interpretación de Boehlich– una referencia implícita a Los tratos de Argel, como se verá páginas adelante. Pero (salvo distracción por mi parte) de Don Quijote no hay más que una mención, que es, sin embargo, explícita y contiene una doble declaración: la de poseer un ejemplar del Quijote y la de haberlo leído. Está en una carta alemana datada en Viena el 30 de enero de 1875 (Boehlich 1989: 101), en la que después de contarle a Silberstein (que por entonces estudia en Leipzig) su plan de vida, se queja, al final, de que el tiempo no le llega para leer más allá de una pizca de Lessíng o de Goethe, aparte de las obras de Lichtenberg, y remata la misiva del siguiente modo: Von fremder Literatur entfremde ich mich immer mehr, nur unlängst las ich ein Kapitel im Don Quixote und erlebte eine kleine Idylle. Das war um sechs Uhr, ich allein in meinem Zimmer vor einem kräftigen Schüssel, die ich mit Heißhunger verzehrte, und las die schöne Szene, wie der edle Doctor Pedro Rescio (sic) de Tirteafuera, was im Spanischen etwas Fürchterliches bedeuten muß, dem armen Sancho die Bissen vor dem Mund wegtragen läßt. […] Leb wohl und sei herzlich gegrüßt von Deinem Sigmund Ich schicke Dir hiermit den Don Quixote, das bekannte Exemplar, aus dem ich gelesen habe, das mir deshalb besonders wert ist und von dem ich hoffe, daß Du es anders empfangen wirst, als wenn es ein neuer, um ein gleichgiltiges Geldopfer erkauft wäre. 6 4 En todos los casos, de aquí en adelante, se mantiene la literalidad de los textos españoles de Sigmund Frteud tal como los reproduce W. Boehlich, respetando no sólo la ortografía, sino también la grafía y los signos de puntuación. 5 Freud, S., Obras completas, Tomo III, p. 2821. 6 Permítaseme la observación de que gleichgiltig no es una errata, sino una variante austriaca de gleichgültig . L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 147 En cualquier caso, España y lo español le merecían por aquella época una atención considerable, y en las cartas escritas a Silberstein en alemán pueden encontrarse alusiones como ésta, en una carta del 22 de agosto de 1874 (Boehlich 1989: 66), en la que se gloría de la organización e importancia de su Academia Española y escribe: “Zu einer Zeit, da alles die Spanische Republik anerkennt, scheint die Spanische Akademie, an Organisation und Bedeutung ein unerreichtes Musterbild für ihren mütterlichen Organismos […].” No es posible saber a qué alude Freud en su juicio, como tampoco es posible saber a qué se refiere (aunque es de presumir que comenta alguna noticia contenida en la carta anterior de Silberstein) cuando en otra carta del 1 enero de 1875, también en alemán, tras el comentario sobre la reunión familiar de Nochevieja (Boehlich 1989: 95), escribe de pronto en español: “¡Pobre España!” Y añade seguidamente un verso del Wilhelm Tell de Schiller: “Wann wird der Retter kommen diesem Land?” España era, ciertamente, una obsesión y un refugio ideal en sus fantasías juveniles. En una larga carta alemana del 7 de marzo de 1875 (Boehlich 1989: 112), en la que comenta enamoramientos juveniles de Silberstein y cuestiones de actualidad cultural y política, añade un largo apéndice en español, al que pone el título Parte oficial.Cosas de la Academia Española o Castellana, y en el que entre otras cosas dice: Otro punto es, que propone D. Cipion la introducción de siguientos terminos en el estilo oficial de la A. E., cuales términos no son nuevos, pero viejos y bien conocidos y merecen ser sacados en limpio para el uso de los miembros de la A. E. Llamanse los miembros d. l. A. E. “perros”, que es su mayor titulo, que tienen ni tendrán, llamese “Sevilla” el mundo, en que están y el hospital de Sevilla el pais en que viven, es decir la Alemania. Llamese en fin el paradero, en que están, la “cerra” (ó si otra palabra es, que quiere decir “Dicke” y que el famoso Cervantes en el lugar que V. conoce, ha usado, sea esa otra palabra). Así l. m. d. l. A. E. jamás digan de alguien “ha muerto”, sino ha salido de Sevilla, jamas digan ha dejado la Alemania sino ha quitado el hospital de Sevilla y jamas digan ha viajado en Alemania, de Viena a Berlin, sino digan, ha mudado de cerra. Viena llamese con otro nombre y asi también Berlin, pero los nombres no quiero proponer, sino dejo a Vm. de proponerlos, que viva mil y doscientos años y sea dos mil años mantenido como desea Su D. Cipion La frase incomprensible “Llamese en fin el paradero en que están la ‘cerra’ (ó si otra palabra es, que quiere decir ‘Dicke’ y que el famoso Cervantes en el lugar que V. conoce, ha usado sea esa otra palabra” la explica con agudeza el editor de las cartas, Walter Boehlich: En la comedia de Cervantes Los tratos de Argel dos cautivos cristianos hablan del camino para su fuga, en el que se eleva una montaña “que se llama el Cerro Gordo”. Freud, que escribe basándose en el recuerdo de la lectura de la obra cervantina, no sólo ha cambiado el género gramatical convirtiendo “cerro”· en “cerra”, sino que confunde el significado de las dos palabras, “cerro” y “gordo”. Alguna vez más hispaniza Freud la geografía austroalemana. En carta fechada en Viena el 13 de marzo de 1875 (Boehlich 1989: 114) escribe: F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 148 ¡Querido Berganza! Ich bin noch erstaunt, daß Du den Aufenthalt in Cadiz einem Besuch in Madrid vorgezogen hast. Du siehst, ich nehme deine Termini an und wünsche Dir Glück zur ingeniösen Verbesserung meines Vorschlags.– Soll ich vielleicht schließen, daß es Deinem principio zulieb geschehen? Oder hast Du die Absicht, nach Madrid zu stiefeln, bloß aufgeschoben? Ist letzteres der Fall und gelangst Du wirklich nach der capital de España, tierra prometida de la A. E., so schicke mir von dort einen “Cartel des hospital”, einen Lektionskatalog zu Deutsch, ein, damit ich ersehen kann, was für Genüsse unserer dort harren . Boehlich interpreta, con razón sin duda alguna, que el nombre de Madrid sustituye al de Berlín y que Cádiz es la denominación escogida para la ciudad de Braila. Pero como puede observarse, la invención corresponde a Silberstein, que ha aceptado la invitación formulada por Freud en la carta anterior. Las letras “A. E.” son, como siempre, las iniciales de “Academia Española”. Después de esta hispanización de su ámbito vital, no puede extrañarnos que Freud se permita la humorada de datar de vez en cuando en Sevilla cartas que escribe en Viena, una humorada que repite hasta cuatro veces y de la que más adelante me ocuparé con detenimiento. 3. El español de Freud No sabemos cuándo comienzan los dos jóvenes el estudio del español. Cuando se inicia la correspondencia regular, en 1871, Freud tiene ya del castellano un conocimiento, aunque ciertamente precario. Pero por entonces ya está constituida la Academia Española o Academia Castellana que han fundado y que no tiene más que dos miembros, ellos dos, pero que tiene unos estatutos que prescriben. “hacer uso y uso frecuente de la Noble Lengua Castellana” (según escribe el propio Freud en una de las cartas), y que tiene incluso su propio sello, que han construido los dos académicos artesanalmente, con tan poca pericia que no han advertido al grabarlo que en la impresión se invierte el dibujo, y así el sello, en lugar de mostrar las iniciales AE, muestra las iniciales EA. Y, como toda Academia que se precie, los académicos eligen en ésta, también, un pseudónimo, que piden prestado a los dos perros del Coloquio de Cervantes: Freud firma como Cipión, y Silberstein se esconde tras el nombre de Berganza. Al comienzo de la correspondencia Freud no parece tener todavía muy asimilada su personalidad académica, y en una de las primeras postales (19, enero, 1872, Boehlich 5) se equivoca doblemente al firmar. Primero porque quiere firmar como “Berganza”, que era el nombre correspondiente a Silberstein, y luego porque no escribe “Berganza”, sino “Braganza”, esto es, el nombre de la última casa real portuguesa y de la bella ciudad capital del distrito de Braganza. Claro que, años más tarde, Eduard Silberstein cometerá el mismo error y firmará una misiva con el nombre de Cipion, lo que motivará un comentario desenfadado de Freud, que ofrece a su amigo la posibilidad de intercambiar los apodos. L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 149 Tampoco el sistema de aprendizaje nos es conocido, salvo lo que Freud confiesa en la carta dirigida en 1928 al presidente de la logia B’nai B’rith, cuando, recordando los años de juventud vividos en amistad fraterna con Silberstein, escribe: “Aprendíamos juntos español sin profesor”. Ahora bien, esa afirmación no justifica, a mi juicio, el aserto de Walter Boehlich en su epílogo cuando dice que los dos amigos llevaron a cabo su estudio de la lengua española “ohne Lehrer, ohne Grammatik, ohne Lexikon, gegründet auf die Lektüre eines Lesebuches, das ich nicht habe ermitteln können.” (Boehlich 1989: 231). Es sencillamente inadmisible, por grandes que fueran las dotes lingüísticas de los dos muchachos, la hipótesis de que han extraído simplemente de sus lecturas de literatura española sus conocimientos de la lengua castellana. Resulta por otra parte inverosímil que dos muchachos que han estudiado durante años una lengua no hayan adquirido alguna vez un diccionario. Han manejado, sin duda alguna, una gramática, tal vez anticuada, y un diccionario (tal vez tan antiguo como la gramática), que, con las limitaciones lógicas de su método autodidacta, les ha dado un conocimiento rudimentario de la sintaxis, de la morfología y de la ortografía y del léxico, en el que Freud comete con frecuencia yerros típicos del uso estudiantil del diccionario. De todas maneras, la relación de Freud con el diccionario español es extraña. Dos veces, al menos, se excusa por no escribir en español debido a que no tiene un diccionario a mano. Una vez en una curiosa carta, fechada en Viena el 13 de agosto de 1874, escrita predominantemente en alemán, pero con fragmentos en español e incluso en griego y en latín, en la que dice al comienzo (Boehlich 1989: 58): “Ich würde Dir gern spanisch schreiben, wenn ich jetzt ein Wörterbuch besäße; aber ohne ein solches mich auf spanischen Grund und Boden zu begeben, wag` ich nicht recht, ohne einen Rückhalt zu haben für alle Fälle, da mir etwas passieren sollte.” De donde cabe deducir que otras veces ha dispuesto del auxilio de un diccionario. Y un año después, en carta fechada en Viena el 9 de septiembre de 1875 al regreso de su viaje a Manchester (Boehlich 1989: 142), vuelve a escribir: Vor allem, daß ich nicht Spanisch schreibe, daran ist ein guter Vorsatz schuld. Weil ich mich herzlich schäme kein Diccionario zu besitzen, habe ich beschlossen, mir eins zu kaufen. Wenn ich eins einmal haber werde, wird mir das schreiben sehr erleichtert sein, ich werde öfter spanisch schreiben, wozu also schon heute spanisch schreiben, wo ich das Wörterbuch noch nicht besitze? Du siehst, das ist korrekte Faulenzerlogik. Para valorar debidamente este comentario es preciso tener en cuenta que a esas alturas, entre postales y cartas totalmente españolas y cartas alemanas con incisos en español, ha escrito ya más de veinte misivas. ¿Sin diccionario? Pero hay, además, indicios consistentes de que no ha sido así. Porque, por ejemplo, ¿de qué antología puede haber sacado Sigmund Freud la expresión con que inicia una de sus primeras postales (19,1,72), que dice: “Asgo con mucho gusto la ocasión…” El presente de indicativo del verbo “asir” es en español de uso escasísimo, por no decir nulo, y resulta poco menos que imposible encontrarlo en literatura, salvo en uso irónico o burlesco al modo de Pedro Muñoz Seca en La venganza de Don Mendo. Más verosímil parece la hipótesis de que Freud haya buscado en el dicciona- F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 156 Con todas las saludaciones posibles tu fiél y muy affeccionado Cipion no imperador romano, mas perro en el hospital de Sevilla God besser’s. Amen. He aquí, que me ocurre otra cosa de escribirte!. ¿Ha Verónicas a Braila, con las cuales puedes danzar? En toda parte he dicho de ti, que eres danzador furioso, así que los machos hacen la cruz sobre de tu nombre y las hembras se mueren de deseo, de verte. Espero que no te he embarazado con esa tacha, porque mucho me reiría. Cipion el mismo p. e. l. H. d. S. que fui La carta no ofrece apenas pasajes oscuros, pero aparte de la construcción “bufelar”, que ya he comentado, merece mención algún detalle más. Por ejemplo, la firma “no imperador romano, mas perro…” parece un juego de palabras, ahora consciente, entre Cipión y “Escipión”. Sólo que ningún Escipión fue emperador romano. “God besser’s”, es una fórmula Yiddisch equivalente a “Dios lo arregle”. Y con “Verónicas”, en opinión de Boehlich, Freud parece aludir a muchachas fáciles. En la firma hay una pequeña distracción, puesto que en las iniciales de la frase “el mismo p. e. l. H. d. S. que fui”, y que quieren significar perro en el Hospital de Sevilla, en el artículo ha escrito la “l” en lugar de la “·e” inicial. La siguiente carta datada en Sevilla (Boehlich 1989: 181-82), larga y defectuosa, es casi un año posterior y dice: Sevilla, 13 de Ag. 1876.- Querido Berganza ¿Así os habeis vuelto martiro? ¿Acaso queréis ser canonizado después de esa vida, lo que no sería cosa muy difícil, considerando, que van canonizando hoy días al gran Cristoforo Colon, el que no hizo otra cosa sino descubrir otra tierra , mas hermosa y mas dichosa, en la cual se acabó con el Papa y la Iglesia? Y vosotros, quien inmoló su salud en el altar del derecho canónigo, para saber y hacer público al mundo, el como vestían los obispos y con cuales razones podían deshacerse de sus “sobrinas” usadas, no tendríais vosotros más esperanza de Colon? Pero soy lleno de esperanza que tengáis todavía lejos de ser sujeto al refrán: De mortuis nil nisi bene – y por esa razón vuelvo a deciros como dice muchas vezes antes, que habeis estudiado muy a tontas y locas y que mereceis algún castigo y que sea grave bastante, para ser sentido y recordado. Así era con derecho, que la suerte os dio que copiar mil vezes “Constantinquelle”, que es maestro de escuela muy cuerdo. Pero quedese V. aquí con sus castigos, que hemos de hablar de otra cosa. En primer lugar no [hay varias palabras borradas] muerto Fernan Caballero, o Cecilia Böhl de Faber, que era mujer nuestro autor e hija de un mercadero aleman, pasaba los primeros doce años de su niñez en Alemania [interrumpido] Gran dicha que tiene esa letrilla, [borrado] de tres dias soy escribiendola sin pode [falta el resto de la línea]. En esos dias han llegado mi madre y hermanas [falta el resto de la línea] han referido maravillas de V… L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 157 otra interrupción; en ese momento acabo de echar medio vaso de agua sobre esa pobre carta. Quizás para coronar la obra no llegará, y entonces creerá V. que yo he olvidado su existencia y mis deberes de amistad. Puede ser que ya lo cree ahora, porque yo no he enviado arco de geigolina, como V. pedía en su carta. Ha de saber V. que en ese momento está delante de mis ojos el maldito instrumento de tortura y que mañana por cierto V. lo tendrá, pero le ruego de usarle con moderación alguna, considerando su salud endeble y también de mi parte hay un respeto porque cada vez que V. suena el geigolino, a mi me suena la oreja izquierda. Vease otra maldicha [desdicha] en ese momento, que ha de figurar un klecks oval, puntado, cosa que tal me desconcierta, que voy á acabar, prometiéndole otra carta mas racional en los prójimos dias, lo que no quiere decir que su respuesta no ha de ser cuan mas pronta. Con mil respetos su Cipion, el cual no irá a Triest Respetos a su madre y tía. Su hermana ya goza de la posesión de los libros. La carta, tan accidentada como el mismo Freud cuenta, merece un rápido comentario. Efectivamente, el arzobispo de Burdeos, Ferdinand Donnet, había solicitado en 1873 la canonización de Cristóbal Colón, que fue rechazada cuatro años más tarde por la Congregación de Ritos (Boehlich 1989: 181 y ss). La ironía sobre las “sobrinas” usadas de los obispos se comenta sola. La incidencia de copiar mil veces “Constantinquellle” debe referirse a alguna anécdota de su vida escolar. La muerte de Fernán Caballero no era más que un falso rumor, puesto que Cecilia Böhl de Faber murió en realidad casi un año después de escrita esta carta. Las peculiaridades lingüísticas han sido ya comentadas. La tercera carta datada en Sevilla (Boehlich 1989: 205) es cuatro años posterior, más corta, he aludido antes a ella, y tiene el siguiente tenor: Sevilla, Julio 24 1880. ¡Querido mio. Berganza! Por eso te annuncio que he pasado bien mi segundo ejamen teorético con unas penas y apresiones muy grandes, porque no alcanzaba el tiempo para la farmacología y era mi intención dejarme caer en esa disciplina, de manera que no la estudiaba sino en el dia antes del ejamen (Ereb, como dicen los antiguos Castellaños). Pero me favorecia la dicha y ahí soy sano y salvo y quiero irme mañana sobre el Semmering con dos rosas (una mi hermana y la otra hermana de Señorita Fanny) y estarme con mis doñas allí dos dias ó mas ó menos, hasta que habiamos gastado nuestros escasos dineros. Vuelto te escribiré mas y ahora te ruego, que me respondías, así que halle cartas de ti en casa cuando vuelvo. No era tarda mi respuesto, esperando yo revivir después de tanto trabajo, que en todos miembros siento. Por ahora basta eso; que iré á ver Bettelheim en el hospital y no tengo mucho tiempo tambien soy muy cansado. Le ruego traer mis respetos a su madre y hermana y le saludo. quedando como siempre era su fiel Cipion p. e. e. h. d. S. y m. d. l. A. E. Las impropiedades y errores de lenguaje, en general, son inteligibles. Tal vez convenga aclarar que la frase inicial “Por eso” quiere decir “Por esta [carta]”, y que F ELICIANO P ÉREZ V ARAS 158 la expresión “ahí soy sano y salvo” equivale a “aquí estoy sano y salvo”. Acaso, también, procede llamar la atención sobre cómo ha trasladado al español el giro alemán “mich fallen lassen” en la forma “dejarme caer”, equivalente a “dejarme suspender”. O precisar que cuando escribe “me favorecía la dicha” quiere decir “me favoreció la suerte”. En cualquier caso, el progreso es evidente, aunque más en el allegamiento de léxico que en el dominio de la gramática. La firma tiene aquí las iniciales correctas, y la segunda parte de la coletilla “y m. d. l. A. E.” quiere decir, lógicamente, “y miembro de la Academia Española”. Y la última carta con data de Sevilla (Boehlich 1989: 208) que es también la última carta de esta correspondencia, es de seis meses después, y dice: Correspondencia de la Academia Española 1881 Sevilla 24 Januar 1881 ¡Querido Berganza! Te hago saber dos nuevas, una de cercano y penible, la otra de muy lejos y mas alegre. Es para comenzar con lo triste que hoy también no se han encontrado dos caballeros gallantes, que conmigo aventuren ensayar la dicha asi que una semana de mas pierdo, y cuando mas sea favorecido por la fortuna no podré llamarme doctor antes de medio del prójimo mes. Me muerdo las uñas y me digo: “Tu l’as voulu Georges Dandin”. Sigue la novela mas gozosa. Es que mi sobrina Ana de Odesa, la cual tu conoces, se ha desposado a un ingeniero de un camino de hierro ruso y juzgan todos de allí ser un partido muy bueno. Así que sabes todo lo que sé yo de nuevo y estas rogado llegar a verme una de esas tardes, que siempre estaré en casa. Saludote y quedo tu fiel Cipion p. e. e. h. d. S. m. d. l. A. E. etc La carta resulta inteligible con pocas explicaciones: la expresión “una de cercano y punible” quiere decir, naturalmente, “una cercana y lamentable”. La mención de los dos “caballeros gallantes” plantea mayor dificultad, porque no se puede saber si ese término inventado, –“gallantes”– está montado sobre el,sustantivo,”gallo” por la idea de pelea (que parece lo más probable), o es una escritura errónea de “galantes”. En cualquier caso, se trata de los dos contradictores que debían actuar en su tribunal de doctorado. La expresión “ensayar la dicha” quiere reproducir la expresión castellana “probar fortuna”. Y la cita francesa “Tu l’as voulu Georges Dandin” corresponde a la obra de Moliere Georges Dandin (Boehlich 1989: 209). “La novela mas gozosa”, en las últimas líneas, equivale a “La novedad más gozosa”, un error extraño debido a una distracción tal vez, porque líneas arriba ha escrito correctamente “nuevas” para “noticias”. Y aquí acaban no sólo las cartas datadas en Sevilla y las cartas españolas, sino también las cartas alemanas a Eduard Silberstein. La correspondencia se interrumpe con una brusquedad extraña, al menos por parte de Freud. Al año siguiente, 1882, Freud conoce a Martha Bernays, se enamora apasionadamente de ella, y parece que L AS CARTAS SEVILLANAS DEL JOVEN S IGMUND F REUD 159 Martha, su trabajo y sus investigaciones relegan por entero al olvido la amistad con el amigo de la infancia. Hay otra carta de Freud a Silberstein escrita en alemán, fechada en Viena 29 años más tarde, el 28 de abril de1910, en la que Freud se disculpa por no haber contestado una felicitación de Silberstein. Es difícil descartar la sospecha de que Silberstein siguió escribiéndole a Freud sin obtener respuesta de éste. De todo lo expuesto se deduce fácilmente que es mucho más lo que se podría decir de este capítulo poco conocido de la vida de Sigmund Freud. He intentado decir todo lo que cabe en el marco temporal de una ponencia. No sé si lo he logrado. B IBLIOGRAFÍA B OEHLICH , W. (ed.), Sigmund Freud. Jugendbriefe an Eduard Silberstein, 1871-1881. Frankfurt am Main: S. Fischer, 1989. F REUD , S., Gesammelte Werke. Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 1968, vol. II-III, p.220. F REUD , S., Obras Completas en tres tomos. Traducción española de Luis López-Ballesteros y de Torres. Madrid: Biblioteca Nueva, 1981, 4ª ed. L EUPOLD -L OWENTHAL , H.(ed.), Sigmund Freud, 1856-1939, Catálogo de la exposición documental organizada por el Goethe-Institut. Wien: Goethe-Institut, 1976. O PPL , F./ R UDOLF , K., Spanien und Österreich. Wien: Jugend und Volk, 1991.