Culturas y comunicación globalizada
Abstract
Lo complicado de la estructura narrativa de las identidades es que hoy día éstas se hallan trenzadas y entretejidas a una diversidad de lenguajes, códigos y medios que, si de un lado son hegemonizados, funcionalizados y rentabilizados por lógicas de mercado, de otro lado abren posibilidades de subvertir esas mismas lógicas desde las dinámicas y los usos sociales del arte y de la técnica movilizando las contradicciones que tensionan estas nuevas redes de mediación.
Full text
Culturas y comunicación globalizada Jesús Martín Barbero I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp-175-192
Culturas y comunicación globalizada 175 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 CULTURAS Y COMUNICACIÓN GLOBALIZADA CULTURES AND GLOBAL COMMUNICATION I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp175-192 Resumen Lo complicado de la estructura narrativa de las identidades es que hoy día éstas se hallan trenzadas y entretejidas a una diversidad de lenguajes, códigos y medios que, si de un lado son hegemonizados, funcionalizados y rentabilizados por lógicas de mercado, de otro lado abren posibilidades de subvertir esas mismas lógicas desde las dinámicas y los usos sociales del arte y de la técnica movilizando las contradicciones que tensionan estas nuevas redes de mediación. Abstract What makes difficult to understand narrative structure of identities today is that these are interweaved to different languages, codes and media which, if on the one hand are made functional and profitable by market logics, on the other hand are opened to possibilities of subverting these same logics, from social uses of art and technique that bring about contradiction in these new mediation nets. Palabras clave Cultura / Comunicación / Globalización / Tecnología / Internet Keywords Culture / Communication / Globalisation / Technology / Internet Sumario 1. Comunicación y cultura en la era global. 2. Mediación tecnológica del conocimiento y lazo social. 2.1. Peculiaridades latinoamericanas de la sociedad del conocimiento. 2.2. Un entorno de saberes difuso y descentrado. 2.3. Cambios en los mapas laborales y profesionales. 3. Transformaciones de la visualidad cultural. Summary 1. Communication and culture in the global era. 2. Technological mediation of knowledge and social tie. 2.1. Latin American peculiarities of society of knowledge. 2.2. An environment of vague and disoriented knowledges. 2.3. Changes in working and professional maps. 3. Transformations of cultural visibility. Jesús Martín Barbero
Jesús Martín Barbero 176 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 El pensamiento actual acerca de las relaciones entre cultura y tecnología llega mayoritariamente a conclusiones desesperanzadas y se detiene. Los conservadores culturales dicen que la televisión por cable es la última ofrenda de la caja de Pandora y la transmisión por satélite coronará la torre de Babel. Al mismo tiempo una nueva clase de intelectuales, que dirige los centros en que operan las nuevas tecnologías culturales e informáticas, habla confiadamente de su ‘producto’. Ninguna de esas posturas es un suelo firme. Lo que tenemos es una pésima combinación de determinismo tecnológico y pesimismo cultural. Así, conforme una tras otra de las viejas y elegantes instituciones se ven invadidas por los imperativos de una más dura economía capitalista no resulta sorprendente que la única reacción sea un pesimismo perplejo y ultrajado. Porque no hay nada que la mayoría de esas instituciones quiera ganar o defender más que el pasado, y el futuro alternativo traería precisa y obviamente la pérdida final de sus privilegios. Raymond Williams L a mirada intelectual aún hegemónica sobre las relaciones entre comunicación y cultura es todavía la que separa y opone el elevado ámbito de la cultura al mundano y mercantil espacio de la comunicación. Un purismo, exacerbado por la banalización de la comunicación y la perversa mercantilización de los medios, está reconduciendo a hacer de la cultura el desnudo ámbito de lo simbólico, como si ese ámbito no hubiera estado siempre entrecruzado por el oscuro espesor del intercambio social que anuda la creación a la producción y al ejercicio del poder. Quizá el mejor ejemplo de la insoslayable hibridación entre cultura y comunicación se halle hoy en la fecunda relación entre música y sensibilidades jóvenes: haciendo parte del más próspero y sesgado negocio mediático, la música es a la vez parte de la más expresiva experiencia de apropiación, de creatividad cultural y de empoderamiento social por parte de los jóvenes (Ferraroti, 1995; Cruces, 1998; Gil Calvo, 1985). Pero no sólo entre las elites intelectuales, también en la gestión de las instituciones culturales, lo que concierne a los medios es aún mirado sospechosamente desde un complejo-reflejo cultural apoyado más en la nostalgia que en la historia, lo que está impidiendo asumir en serio la heterogeneidad de la producción simbólica (Lahire, 2005; E. Maigret,2005) que hoy representan las culturas para poder responder a las nuevas demandas culturales enfrentando sin fatalismos las lógicas de la industria cultural. Lo que a su vez implica asumir que aquello que pone en juego la intervención de la política en la comunicación y la cultura no concierne solamente a la gestión de unas instituciones o unos servicios, a la distribución de unos bienes o la regulación de unas frecuencias sino a la producción misma del sentido de lo social y sus modos de reconocimiento entre los ciudadanos. Es por ahí que pasan unas desfasadas concepciones de la
Culturas y comunicación globalizada 177 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 comunicación que siguen desconociendo la competencia comunicativa de los ciudadanos. La comunicación de las culturas deja entonces de tener la figura del intermediario entre creadores y consumidores para asumir la tarea de disolver esa barrera social y simbólica descentrando y desterritorializando las posibilidades mismas de la producción cultural y sus dispositivos. Corroborando esa imbricación entre cultura y comunicación emergen los dos procesos que están transformando radicalmente el lugar de la cultura en nuestras sociedades: la revitalización de las identidades y la revolución de las tecnicidades. Los procesos de globalización están reavivando la cuestión de las identidades culturales –étnicas, raciales, de género, locales, regionaleshasta el punto de convertirlas en dimensión protagónica de muchos de los más violentos y complejos conflictos internacionales de los últimos años, al mismo tiempo que esas identidades están reconfigurando la fuerza y el sentido de los lazos sociales, y las posibilidades de convivencia en lo nacional y en lo local. Y es que en cuanto proceso de inclusión/exclusión a escala planetaria, la globalización está convirtiendo a la cultura en espacio estratégico de compresión de las tensiones que desgarran y recomponen el “estar juntos”, y en lugar de anudamiento de todas sus crisis políticas, económicas, religiosas, étnicas, estéticas y sexuales. De ahí que sea desde la diversidad cultural de las historias y los territorios, de las experiencias y las memorias, desde donde no sólo se resiste sino que se negocia e interactúa con la globalización y, por tanto, desde donde se acabará por transformarla. Pues lo que galvaniza hoy a las identidades como motor de lucha es inseparable de la demanda de reconocimiento y de sentido. Y ni el uno ni el otro son formulables en meros términos económicos o políticos, pues ambos se hallan referidos al núcleo mismo de la cultura en cuanto mundo del pertenecer a y del compartir con. Razón por la cual la identidad se constituye hoy en la fuerza más capaz de introducir contradicciones en la hegemonía de la razón instrumental. De otra parte, atravesamos una revolución tecnológica cuya peculiaridad no reside tanto en introducir en nuestras sociedades una cantidad inusitada de nuevas máquinas sino en configurar un nuevo entorno o ecosistema comunicativo. Es al constituirse en tercer entorno (Echevarria, 1999) –que se imbrica en los entornos natural y urbano/socialcomo la tecnología digital está configurando nuestros modos de habitar el mundo y las formas mismas del lazo social. 1. Comunicación y cultura en la sociedad global E ntender la actual mutación cultural nos está exigiendo asumir que identidad significa e implica hoy dos dimensiones distintas pero hasta ahora diametralmente opuestas. Pues hasta hace muy poco decir identidad significaba hablar de territorio y de raíces, esto es de raigambre densa, y de tiempo largo, de memoria ancestral y simbólica. De eso y solamente de
Jesús Martín Barbero 178 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 eso estaba hecha la identidad. Pero decir identidad hoy implica también –si no queremos condenarla al limbo de una tradición desconectada de las mutaciones perceptivas y expresivas del presentehablar de redes, y de flujos, de migraciones y movilidades, de instantaneidad y desanclaje. Antropólogos ingleses han expresado esa nueva identidad a través de la espléndida imagen de moving roots, raíces móviles, o mejor raíces en movimiento. Para muchos del imaginario sustancialista y dualista que todavía permea la antropología, la sociología y hasta la historia, esa metáfora resultará inaceptable, y sin embargo en ella se vislumbra alguna de las realidades más fecundamente desconcertantes del mundo que habitamos. Pues como afirmó el antropólogo catalán Eduard Delgado: “sin raíces no se puede vivir pero muchas raíces impiden caminar” (Delgado, 2000). El nuevo imaginario relaciona la identidad mucho menos con mismidades y esencias y mucho más con trayectorias y relatos. Para lo cual la polisemia en castellano del verbo contar es largamente significativa. Contar significa tanto narrar historias como ser tenidos en cuenta por los otros. Lo que entraña que para ser reconocidos necesitamos contar nuestro relato, pues no existe identidad sin narración ya que ésta no es sólo expresiva sino constitutiva de lo que somos (Bhabha, 1977; Marinas, 1995). Para que la pluralidad de las culturas del mundo sea políticamente tenida en cuenta es indispensable que la diversidad de identidades pueda ser contada, narrada. Y ello tanto en cada uno de sus idiomas como en el lenguaje multimedial que hoy los atraviesa mediante el doble movimiento de las traducciones -de lo oral a lo escrito, a lo audiovisual, a lo hipertextual- y de las hibridaciones, esto es de una interculturalidad en la que las dinámicas de la economía y la cultura-mundo movilizan no sólo la heterogeneidad de los grupos y su readecuación a las presiones de lo global sino la coexistencia al interior de una misma sociedad de códigos y relatos muy diversos, conmocionando así la experiencia que hasta ahora teníamos de identidad. Lo que la globalización pone en juego no es sólo una mayor circulación de productos sino una rearticulación profunda de las relaciones entre culturas y entre países, mediante una des-centralización que concentra el poder económico y una des-territorialización que hibrida las culturas. Si tanto individual como colectivamente las posibilidades de ser reconocidos, de ser tenidos en cuenta y contar en las decisiones que nos afectan, dependen de la expresividad y eficacia de los relatos en que contamos nuestras historias, ello es aun más decisivo en este permanente “laboratorio de identidades” que es América Latina. Trazaré a mano alzada algunos trazos del mapa en que se sitúan los principales cambios en el mapa de las identidades culturales: las formas de supervivencia de las culturas tradicionales, las oscilaciones de la identidad nacional y las aceleradas transformaciones de las culturas urbanas.
Culturas y comunicación globalizada 179 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 En lo que se refiere las culturas tradicionales –campesinas, indígenas y negras– estamos ante una profunda reconfiguración de esas culturas, que responde no sólo a la evolución de los dispositivos de dominación sino también a la intensificación de su comunicación e interacción con las otras culturas de cada país y del mundo (Mato, 1996). Desde dentro de las comunidades esos procesos de comunicación son percibidos a la vez como otra forma de amenaza a la supervivencia de sus mundos –la larga y densa experiencia de las trampas a través de las cuales han sido dominadas carga de recelo cualquier exposición al otropero al mismo tiempo la comunicación es vivida como una posibilidad de romper la exclusión, como experiencia de interacción que si comporta riesgos también abre nuevas figuras de futuro. Ello está posibilitando que la dinámica de las propias comunidades tradicionales desborde los marcos de comprensión elaborados por los antropólogos y los folkloristas: hay en esas comunidades menos complacencia nostálgica con las tradiciones y una mayor conciencia de la indispensable reelaboración simbólica que exige la construcción del futuro (García Canclini, 1990: 280). Así lo demuestran la diversificación y desarrollo de la producción artesanal en una abierta interacción con el diseño moderno y hasta con ciertas lógicas de las industrias culturales, el desarrollo de un derecho propio a las comunidades, la existencia creciente de emisoras de radio y televisión programadas y gestionadas por las propias comunidades, y hasta la presencia del movimiento Zapatista proclamando por Internet la utopía de los indígenas mexicanos de Chiapas (Sánchez, 1998; Alfaro, 1999). A su vez esas culturas tradicionales cobran hoy para la sociedad moderna una vigencia estratégica en la medida en que nos ayudan a enfrentar el trasplante puramente mecánico de culturas, al tiempo que, en su diversidad, ellas representan un reto fundamental a la pretendida universalidad deshistorizada de la globalización y su presión homogeneizadora. La identidad nacional se halla hoy doblemente des-ubicada: pues de un lado la globalización disminuye el peso de los territorios y los acontecimientos fundadores que telurizaban y esencializaban lo nacional, y de otro la revaloración de lo local redefine la idea misma de nación. Mirada desde la cultura-mundo, la nacional aparece provinciana y cargada de lastres estatistas y paternalistas. Mirada desde la diversidad de las culturas locales, la nacional equivale a homogenización centralista y acartonamiento oficialista (Schwarz, 1987: 27). De modo que es tanto la idea como la experiencia social de identidad la que desborda los marcos maniqueos de una antropología de lo tradicional-autóctono y una sociología de lo moderno-universal. La identidad no puede entonces seguir siendo pensada como expresión de una sola cultura homogénea perfectamente distinguible y coherente. El monolingüismo y la uniterritorialidad, que la primera modernización reasumió de la colonia, escondieron la densa multiculturalidad de que estaba hecha cada nación y lo arbitrario de las
Jesús Martín Barbero 180 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 demarcaciones que trazaron las fronteras de lo nacional. Hoy las identidades nacionales son cada día más multilingüísticas y transterritoriales. Y se constituyen no sólo de las diferencias entre culturas desarrolladas separadamente sino mediante las desiguales apropiaciones y combinaciones que los diversos grupos hacen de elementos de distintas sociedades y de la suya propia. A la revalorización de lo local se añade el estallido de la, hasta hace poco unificada, historia nacional por el reclamo que los movimientos étnicos, raciales, regionales, de género, hacen del derecho a su propia memoria, esto es a la construcción de sus narraciones y sus imágenes. Reclamo que adquiere rasgos mucho más complejos en países en los que, como no pocos en América Latina, el Estado está aún haciéndose nación, y cuando la nación no cuenta con una presencia activa del Estado en la totalidad de su territorio. Pero es en la ciudad, y en las culturas urbanas mucho más que en el espacio del Estado, donde se incardinan las nuevas identidades: hechas de imaginerías nacionales, tradiciones locales y flujos de información trasnacionales, y donde se configuran nuevos modos de representación y participación política, es decir nuevas modalidades de ciudadanía. Que es a donde apuntan los nuevos modos de estar juntos - pandillas juveniles, comunidades pentecostales, guetos sexuales - desde los que los habitantes de la ciudad responden a unos salvajes procesos de urbanización, emparentados sin embargo con los imaginarios de una modernidad identificada con la velocidad de los tráficos y la fragmentariedad de los lenguajes de la información. Vivimos en unas ciudades desbordadas no sólo por el crecimiento de los flujos informáticos sino por esos otros flujos que sigue produciendo la pauperización y emigración de los campesinos, produciendo la gran paradoja de que mientras lo urbano desborda la ciudad permeando crecientemente el mundo rural, nuestras ciudades viven un proceso de des-urbanización (Martin-Barbero, 1996: 44) que nombra al mismo tiempo dos hechos: la ruralización de la ciudad devolviendo vigencia a viejas formas de supervivencia que vienen a insertar, en los aprendizajes y apropiaciones de la modernidad urbana, saberes, sentires y relatos fuertemente rurales; y la reducción progresiva de la ciudad que es realmente usada por los ciudadanos, pues perdidos los referentes culturales, insegura y desconfiada, la gente restringe los espacios en que se mueve, los territorios en que se reconoce, tendiendo a desconocer la mayor parte de una ciudad que es sólo atravesada por los trayectos inevitables. Los nuevos modos urbanos de estar juntos se producen especialmente entre las generaciones de los más jóvenes, convertidos hoy en indígenas de culturas densamente mestizas en los modos de hablar y de vestirse, en la música que hacen u oyen y en las grupalidades que conforman, incluyendo las que posibilita la tecnología informacional. Es lo que nos des-cubren a lo largo y ancho de América Latina las investigaciones sobre las tribus de la noche en Buenos Aires, los chavos-banda en
Culturas y comunicación globalizada 181 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 Guadalajara o las pandillas juveniles de las comunas nororientales de Medellín (Salazar, 1990; Margulis, 1994; Reguillo, 2000). Lo complicado de la estructura narrativa de las identidades es que hoy día ellas se hallan trenzadas y entretejidas a una diversidad de lenguajes, códigos y medios que, si de un lado son hegemonizados, funcionalizados y rentabilizados por lógicas de mercado, de otro lado abren posibilidades de subvertir esas mismas lógicas desde las dinámicas y los usos sociales del arte y de la técnica movilizando las contradicciones que tensionan las nuevas redes intermediales. Por más que los apocalípticos –del último Popper a Sartoriatronen con sus lúgubres trompetas nuestros ya fatigados oídos, ni la densidad de las visualidades y sonoridades de las redes son sólo mercado y decadencia moral, son también el lugar de emergencia de un nuevo tejido social, y un nuevo espacio público, de un nuevo tejido de la socialidad (Finkelevich, 2000). Desde la contradicción que ha convertido a los perversos videos de Montesinos en la más mortal trampa para él y sus secuaces, y en un colosal instrumento de lucha contra la corrupción en Perú, hasta la resonancia y legitimidad mundial que la presencia en la red del comandante Marcos ha generado para su utopía zapatista. Ahí está el Foro Social-Mundial de Porto Alegre subvirtiendo el sentido que el mercado capitalista quiere dar a Internet, y contándonos por esa misma red los extremos a que está llegando la desigualdad en el mundo, el crecimiento de la pobreza y la injusticia que la orientación neoliberal de la globalización está produciendo especialmente en nuestros países. Mientras Microsoft y otros buscan monopolizar las redes, montones de gente, que son a la vez una minoría estadística para la población del planeta, son también una voz disidente con presencia mundial cada día más incómoda al sistema y más aglutinante de luchas y búsquedas sociales, de puesta en común de experiencias sociales, políticas y artísticas. Entonces, tanto o más que objetos necesitados de políticas, la comunicación y la cultura son tornadas por la globalización en un campo primordial de batalla política: el estratégico escenario que le exige a la política densificar su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciudadanos, para enfrentar la erosión que sufre el orden colectivo. Que es lo que no puede hacer el mercado (Brunner, 1990: 11) por más eficaz que sea su simulacro. Pues el mercado no puede sedimentar tradiciones ya que todo lo que produce “se evapora en el aire” dada su tendencia estructural a una obsolescencia acelerada y generalizada, no sólo de las cosas sino también de las formas y las instituciones. El mercado no puede crear vínculos societales, esto es verdaderos lazos entre sujetos, pues éstos se constituyen en conflictivos procesos de comunicación de sentido, y el mercado opera anónimamente mediante lógicas de valor que implican intercambios puramente formales, asociaciones y promesas evanescentes que sólo engendran satisfacciones o frustraciones pero nunca sentido. El
Jesús Martín Barbero 182 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 mercado no puede en últimas engendrar innovación social pues ésta presupone diferencias y solidaridades no funcionales, resistencias y subversiones, ahí lo único que pude hacer el mercado es lo que él sabe: cooptar la innovación y rentabilizarla. Ahí se sitúa justamente la reflexión de Arjun Appadurai, para quien los flujos financieros, culturales o de derechos humanos, se producen en un movimiento de vectores que hasta ahora fueron convergentes por su articulación en el estado nacional pero que en el espacio de lo global son vectores de disyunción. Es decir que, aunque son coetáneos e isomorfos en cierto sentido, esos movimientos potencian hoy sus diversas temporalidades con los muy diversos ritmos que los cruzan en muy diferentes direcciones. Lo que constituye un desafío colosal para unas ciencias sociales que siguen todavía siendo profundamente monoteístas, creyendo que hay un principio organizador y compresivo de todas dimensiones y procesos de la historia. Claro que entre esos movimientos hay articulaciones estructurales pero la globalización no es ni un paradigma ni un proceso sino multiplicidad de procesos que se cruzan y se articulan entre sí pero que no caminan todos en la misma dirección. Lo que se convierte para Appadurai en la exigencia de construir, pero a escala del mundo, una globalización desde abajo: que es el esfuerzo por articular la significación de esos procesos justamente desde sus conflictos, articulación que ya se está produciendo en la imaginación colectiva actuante en lo que él llama “las formas sociales emergentes” desde el ámbito ecológico al laboral, y desde los derechos civiles a las ciudadanías culturales. Esfuerzo en el que juega un papel estratégico la imaginación social, pues la imaginación ha dejado de ser un asunto de genio individual, un modo de escape a la inercia de la vida cotidiana o una mera posibilidad estética, para convertirse en una facultad de la gente del común que le permite pensar en emigrar, en resistir a la violencia estatal, en buscar reparación social, en diseñar nuevos modos de asociación, nuevas colaboraciones cívicas que cada vez más trascienden las fronteras nacionales. Arjun Appadurai escribe textualmente: “Si es a través de la imaginación que hoy el capitalismo disciplina y controla a los ciudadanos contemporáneos, sobre todo a través de los medios de comunicación, es también la imaginación la facultad a través de la cual emergen nuevos patrones colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana. A través de la cual vemos emerger formas sociales nuevas, no predatorias como las del capital, formas constructoras de nuevas convivencias humanas” (Appadurai, 2000:7).
Culturas y comunicación globalizada 189 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 generalizada” como una sociedad trasparente (Vattimo 1990: 73). Entendiendo por eso la suma de la autorregulación, que resulta de la retroacción y la circulación constantes, y la transparencia que proporciona la existencia de un lenguaje al que serían traducibles todas los idiomas y discursos. Estaríamos ante una sociedad capaz de "ordenar y traducir esas nubes de socialidad a matrices de imput/output, según una lógica que implica la conmensurabilidad de los elementos y la determinabilidad del todo” (Lyotard, 1984:10). Transparente es entonces una sociedad en la que ser y saber se corresponden puesto que lo que ella es coincide con la información que posee acerca de sí misma. Ello significa que lo social, tanto en su trama cultural como política, pierde su opacidad al superar la naturaleza conflictiva de sus relaciones, y descubrir que su más valiosa riqueza se halla en la información acumulada. No resulta entonces tan extraño que ante el vacio de utopías que atraviesa el ámbito de la política se vea llenado en los últimos años por las utopías provenientes del campo de la tecnología y la comunicación: “aldea global”, “mundo virtual”, “ser digital”, etc. Y la más engañosa de todas, la “democracia directa” (Monguin, 1994: 109), atribuyendo al poder mismo de las redes informáticas la renovación de la política y dando por superadas las viejas formas de la representación por la expresión viva de los ciudadanos que se hallaría en la votación por Internet desde la casa o emitiendo telemáticamente su opinión. Esto es convirtiendo la opinión pública en la tramposa democracia de la encuestas y los sondeos. Estamos ante la más tramposa de las idealizaciones ya que en su celebración de la inmediatez y la transparencia de las redes cibernéticas lo que se está minando son los fundamentos mismos de “lo público”, esto es los procesos de deliberación y de crítica, al mismo tiempo que se crea la ilusión de un proceso sin interpretación ni jerarquía, se fortalece la creencia en que el individuo puede comunicarse prescindiendo de toda mediación social, y se acrecienta la desconfianza hacia cualquier figura de delegación y representación. Acompañando ese proceso emergen también hoy nuevos regímenes estéticos especialmente ligados a la mutación que sufre el arte cuando la digitalidad y la conectividad comienzan a poner en cuestión la excepcionalidad de las “obras” y a emborronar la singularidad del “artista”, desplazando los ejes de lo artístico hacia las interacciones y los acontecimientos. Quizá los primeros en sentirse tocados han sido los museos por la con-fusión que afecta ya tanto al sentido de las prácticas artísticas como a los modos de valorar/valorizar sus productos. Pero adonde apuntan los cambios es mucho más allá de lo que concierne al acceso virtual a las resguardadas obras de arte o a la venta del arte a través de la web. Nos hallamos en el umbral de cambios profundos en el sensorium colectivo que vislumbrara W. Benjamin, al estudiar el surgimiento y formación de la ciudad moderna, pero en la que ya entrevió una “estética
Jesús Martín Barbero 190 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 del desecho” en su estudio sobre todo lo culturalmente marginal: los pasajes comerciales, la moda, la publicidad, los juguetes, los espejos, etc., y ello a partir de una concepción de la propia sensibilidad como montaje de fragmentos y residuos, de arcaísmos y modernidad. La relación del arte con las tecnologías de la información señala hoy no sólo un modo de divulgación o difusión de estilos y modas, de configuración de públicos y mercantilización de formas, sino un espacio de tensiones fecundas entre residuos y emergencias, entre contemporaneidades y destiempos, un espacio de des-ordenamiento cultural. Pues sólo desde ese des-ordenamiento el arte puede seguir entregándonos, en este desencantando cambio de siglo, el mínimo de utopía sin el cual el progreso material pierde el sentido de la emancipación y se transforma en la peor de las perversiones. En su encuentro con la creación artística actual, la experimentación tecnológica que posibilita la red digital o net/art (Lafargue, 2002; LaFerla, 2000; Machado, 1996) hace emerger un nuevo parámetro de evaluación y validación de la técnica, distinto a su instrumentalidad y su funcionalidad al poder, el de su capacidad de significar que, junto con la “voluntad de creación”, permiten al arte desafiar, y en cierto modo romper, la fatalidad de una revolución tecnológica cuya prioridad militar y usos predatorios están amenazando la existencia misma de nuestro planeta. Lo anterior no significa en modo alguno que la creación se confunda con el mero acceso, o que la interactividad se reduzca en muchos casos a navegación programada. Pues la web representa una nueva modalidad de cooptación que pone al arte de manera mucho más sinuosa en manos de la industria y el comercio, con lo que al hacer pasar todo lo nuevo por la misma pantalla la web torna aun más difícil diferenciar y apreciar lo que de veras vale, y la instantaneidad del acontecimiento artístico puede comprimir la duración hasta el punto de volverlo irrescatable del flujo, esto es radicalmente efímero e insignificante. Desde hace años Virilio y Baudrillard han advertido que el vértigo general de la aceleración, al confundir la compulsión de las experimentaciones estéticas con la exaltación de lo efímero y desechable, produce una estetización creciente de la vida cotidiana cuyo efecto es el emborronamiento no sólo del aura del arte sino de los linderos que lo distancian del éxtasis de la imagen en su infinita proliferación (Virilio, 1993). Pero todo eso no anula la enorme posibilidad de performatividades estéticas que la virtualidad abre no sólo para el campo del arte en particular sino también para la recreación de la participación social y política que pasa por la activación de las diversas sensibilidades y socialidades hasta ahora tenidas como incapaces de interactuar con la contemporaneidad técnica, y por tanto de actuar y de crear.
Culturas y comunicación globalizada 191 IC - 2009 - 6 / pp175 - 192 ISSN: 1696 - 2508 Referencias bibliográficas Alfaro, Rosa María y otros (1998): Redes solidarias, culturas y multimedialidad, Quito: Ocic-AL/Uclap. Appadurai, Arjun (2000): “Grassroots Globalization and the Research Imagination”, Public Culture N° 30, Duke University Press. Bhabha, Homi K. (Ed.) (1977): Nation and narration. London: Routledge. Cruces, F. (coord.) (1998): El sonido de la cultura. Textos de antropología de la música, Rev. Antropología N° 15-16, Madrid. Brocano, Fernando (2000): Filosofía del cambio tecnológico, México DF: Paidós/UANAM. Brunner, José Joaquín (1990): “Cambio social y democracia”, in Estudios Públicos, N°39, Santiago. Castells, Manuel (1997): La era de la información, Madrid: Alianza. Delgado, E (2000): “Cultura, territorio y globalización” en J. Martin-Barbero/F.Lopez (coords.) Cultura y región, Bogotá: CES-Universidad Nacional. Dubar, Claude (2000) : La crise des identités: interprétation d’une mutation, Paris : PUF. Drucker, P. (1999): La sociedad postcapitalista, Buenos Aires: Sudamericana. Echeverría, Javier (1999): Los señores del aire, Telépolis y el Tercer entorno, Barcelona: Destino. Ferraroti, F (1995): Homo sentiens. Giovani e música: la rinacita della comunitá dallo spirito della nuova música, Napoli: Liguore. Finquelevich, Susana (coord.) (2000): ¡Ciudadanos a la red! Los vínculos sociales en el ciberespacio, Buenos Aires: Ciccus/La crujía. García Canclini, Néstor (1990): Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad, México D.F: Grijalbo, México. Gil Calvo, E. (1985): Los depredadores audiovisuales. Juventud y cultura de masas, Madrid: Tecnos. Gruzinski, Serge (1994): La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a “Blade Runner”, México DF: F.C.E. Lafargue, Bernard (coord.) (2002) : Anges et chiméres du virtuel. Figures de l’art 6, Pau : PUP. La Ferla, J. (Comp.) (2000): De la pantalla al arte transgénico, Buenos Aires: Libros del Rojas. Lahire, B. (2004) : La Culture des individus. Dissonances culturelles et distinction de soi, Paris: La Découverte. Lechner, Norbert (1995) “En América Latina: la visión de los cientistas sociales”, Caracas: Nuevasociedad, n° 139. Lyotard, Jean F. (1984): La condición postmoderna, Madrid: Cátedra. Machado, A. (1996): Maquina e imaginario. O desafio das poéticas tecnologicas, Sao Paulo: Edusp.
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