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Las huelgas de los obreros : memoria premiada con accéssit, único premio concedido por la Real academia de ciencias morales y políticas en el concurso ordinario de 1885 sobre el primer tema del programa de 26 de junio de 1883

Aller, Domingo Enrique

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Ji .9, 9-,91,.45 HUELGAS DE LOS OBREROS MEMORIA PREMIADA CON ACCI-SSIT ÚNICO PREMIO CONCEDIDO POR LA EAL ACADEMIA DE CI _J\ CIAS YORALS Y POLÍTICAS EN EL CONCURSO ORDINARIO DE 1885 SOBRE EL PRIMER TEMA DEL PROGRAMA DE 26 DE JUNIO DE 1883 ESCRITA. POR DON DOMINGO ENRIQUE ALLER Abogado y Notario eu Lalín (provincia da Pontevedra). Si alguien os dijere que podéis enriqueceros de otra manera, que no sea por medio del trabajo y de la economía, no le hagáis caso : es un impostor. FRANcsus.) MADRID TIPOGRAFÍA DE LOS HUÉRFANOS Calle de Juan Bravo , núm. 5. 1886 t - DE ti Artículo 43 de los Estatutos de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, «En las obras que la Academia autorice ó publique, cada autor será responsable de sus asertos y opiniones: el Cuerpo lo será únicamente de que las obras sean merecedoras de la luz pública. » Artículo 100 del Reglamento, «Sólo la edición académica de las obras premiadas será propiedad de la Corporación. » Regla  del Programa de 26 de Junio de 1883. «Los autores de las Memorias ú obras á que la Academia adjudique el premio ó accéssit , conservarán la propiedad literaria de ellas. » TEMA PRIMERO del P p ogrma de P6 b Julo de 1883 propuesto para el concurso ordinario dd 1885. " Concepto económico y jurídico de las huelgas de los obreros: examen de sus causas: medios de precaverlas ó de atajarlas; derecho del Estado para reprimirlas.,, DICTAMEN de los Sres. Académicos D. Manuel Colmeiro y Vizconde de Campo Grande, relativo á las Memorias presentadas al concurso ordinario de 1885 sobre el tema primero. Los que suscriben, encargados de informar acerca de las Memorias presentadas sobre el tema primero del concurso para el año de 1885, tienen la honra de someter á la Academia el resultado de su atento estudio. El tema mencionado es el siguiente: "Concepto económico y jurídico de las huelgas de los obreros: examen de sus causas: medios de precaverlas ó de alejarlas: derecho del Estado para reprimirlas. „ Las Memorias presentadas son dos: la primera lo fué el 10 de Agosto del corriente año, con este lema: "Si alguien os dijere que podéis énriqueceros de otra manera que no sea por medio del trabajo y de la economía, no le hagáis caso: es un impostor. — Benjamín Franeklin. „ La segunda, presentada el 30 de Setiembre último, tiene el siguiente lema: "La civilización es el vapor. ¡ Qué absurdo! esto define á algunos economistas.  Balines. „ I I Invirtiendo el orden de la presentación manifestarán los que suscriben, en primer término su parecer acerca de la segunda de las Memorias, que juzgan muy inferior á la primera. Precédela una introducción en 19 cuartillas dobles, ó más bien hojas, de las 309 de que la Memoria se compone; escritas todas ellas en letra dé difícil lectura por lo diminuta, y con frases de dificil comprensión por lo abstracto y oscuro de las ideas y por lo embrollado de la forma gramatical. Ya, desde la introducción empieza el autor, como todos los lauclatores tempor'is acti , á lamentar la ausencia de épocas pasadas, cuyo recuerdo arrebata su imaginación, asegurando — son sus palabras — que "el aliento científico de nuestra época es empequeñecido y desaparece como átomo imperceptible entre las sublimes concepciones de los siglos pasados y apenas si logramos ligeras adquisiciones en su construcción metódica, total. „ Los adelantamientos modernos son para este autor felices casualidades "trabajadas y aprovechadas cuando la Providencia las puso en nuestras manos. Aunque más adelante añade que por ellas " el agua muerta en el fondo de un pozo ó en envenenadas lagunas, sin mas fondo al cual caer, también es aprovechada por el hombre que enciende bosques debajo de ella, para que el calor evapore al afina y le dé este vapor en su fuerza expansiva alas para volar, y le preste fuerzas para vencer las mayores resistencias de la naturaleza.„ Esta misma vaguedad en las ideas y esta misma oscuridad en los conceptos, dominan en toda la Memoria; de la que puede decirse que sólo se ajusta al tema en los títulos de las partes en que se divide; pero repitiendo los pensamientos hasta tal punto que, leído III uno de los capítulos, pueden darse todos por leídos. La primera parte, ó sea el concepto de las huelgas, la subdivide en lo que llama calificaciones económica, moral y jurídica de las mismas; y en un conjunto de mal perjeñadas frases, culpa en la primera calificación á la ciencia económica de ser causa de las huelgas; como al estudiar la calificación moral no quiere que en ella intervenga la razón individual por opuesta á lo que llama criterio único moral; y con respecto á la calificación jurídica proclama una abstracta interpretación del derecho, por la que el Estado sea salvaguardia de los intereses económicos de la Sociedad. Pasando en la segunda parte á las causas de las huelgas, se limita á exponer lo que todos los días leemos en periódicos y folletos, acerca de los abusos de la libertad y de la propaganda por medio de la prensa y de las asociaciones; sin que olvide la divulgación de la primera enseñanza, censurada con estas palabras: "Se ha visto una enseñanza anterior á toda otra enseñanza, que es medio para lograr adelantos ulteriores, en la instrucción primaria, y todos los esfuerzos se han dirigido á divulgar esta enseñanza, sin atender bastante en que por su mismo carácter de medio necesario para lograr instrucciones superiores, no responde por sí sola á ningún objeto ni remedia necesidad alguna.,, Entrando después en el estudio. del medio de precaver las huelgas, no tiene reparo en participar de los sueños que conducen á una organización total de la ciencia económica aplicada á lo que llama Sociedad económica bajo el más acentuado criterio socialista, con el correspondiente acompañamiento de ataques á las clases elevadas, tan usual en la demagogia blanca como en la roja. Además de esto expone las opiniones más conocidas acerca del salario y de la participación del obrero en las ganancias, presentando como nuevo un sistema mixto, no sólo expuesto por varios publicistas, sino empleado en diferentes fábricas; y entre otras en nuestro mismo país, ó sea en la fundición de hierro "La Felguera„ en la provincia de Oviedo. Por último dedica algunas páginas á la represión de las huelgas, considerándola un derecho del Estado por el carácter'jurídico de la intervención del hombre en la esfera económica; derecho que debe realizar estableciendo leyes que atemperándose á las circunstancias sean, según la altisonante frase de este autor, declaraciones hechas por la razón social que representa el Estado. Con este rápido bosquejo es de esperar que se convenza la Academia, como convencidos se hallan los firmantes, de que la Memoria número 2 no puede ser objeto de premio, ni siquiera de accéssit. Más concreta y mejor ordenada la que lleva el número 1, pasa la comisión á examinarla. Consta de 125 cuartillas dobles de letra menuda, y después de una parte preliminar, en la que expone el autor las nociones más admitidas acerca del capital y del trabajo y de la oferta y la demanda, entra de lleno en la cuestión, dividiendo el escrito en otras seis partes. En la 1 a invierte el orden del terna, declarando que le parece preferible estudiar antes las causas de las huelgas, que sus aspectos económico y jurídico, y al realizarlo, traza una historia de los esfuerzos huma- nos, ó sea del trabajo, con citas de Baudrillart y de Prince Smith, que coinciden en gran manera con los artículos que en el fournal de Eeonomistes publicó Molinari sobre las leyes naturales de la Economía política en los meses de Octubre de 1884 y Marzo, Junio y Julio de 1885. Antes de entrar en el examen de las causas de las huelgas, procede al estudio de las huelgas mismas, dividiéndolas en permanentes y transitorias; y declarando permanentes las que se derivan de la naturaleza, cuando el hombre trata de sobreponerse á fas leyes ineludibles por las que se gobierna el orden económico; y transitorias todas las demás, hijas del tiempo y de las circunstancias y que por depender de la voluntad humana pueden modificarse y disminuirse en intensidad y duración, y hasta desaparecer en su mayor parte. Las verdaderas huelgas, dice este autor, nacieron con la libertad del trabajo, porque ni el esclavo ni el siervo podían concertarse ni entenderse para llegar á la coalición previa que supone toda huelga. En un capítulo que dedica á indicaciones históricas, después de sentar que por fortuna los huelguistas no han llegado á reunirse en una aspiración universal, presenta un estudio de las huelgas en Inglaterra, Alemania, Suiza, Bélgica, Francia, América y España, bastante exacta, en algunas apreciaciones; y cita hechos oportunos aunque repetidos en publicaciones diversas, y muy particularmente en una obra titulada Les Corporations d'arts et métiers et les syndicats pro fessionnets en France et á l'etranger, par P. Hubert Valleroux. En este estudio, como en toda la Memoria, muéstrase el autor resueltamente individualista, corno lo prue- XII tra la rica y los vicios que la miseria trae consigo; pero desconfía de la instrucción primaria obligatoria y desearía que la Iglesia impusiese á los párrocos de las poblaciones rurales el deber de dedicarse á esta enseñanza, aunque fuese estipulando con sus feligreses una módica retribución. En cuanto á las demás enseñanzas, ó sea la segunda y la, superior, encuentra viciosa la reglamentación, excesivo el número de nuestros Institutos y Universidades y el de los alumnos que en ellas se educan; pretendiendo que nos dediquemos con mayor ahinco á la agricultura y á la industria extractiva, como las más apropiadas á nuestro suelo; y lamentándose, sin pensar en sus propias aspiraciones cuando tales lamentos hace, de que sean tantos en España los que aspiran á brillar por medio de la ciencia. Como es natural aplica la doctrina que deja sentada al examinar "el derecho del Estado en la 'represión de las huelgas,,, distinguiendo las violentas de las pacíficas, y afirmando que la misión del Estado enfrente de estas últimas es puramente negativa; porque se reduce á una simple abstención de aquello á que no se puede. obligar. Lo mismo procede en. su concepto con el derecho de reunión y asociación para declarar las huelgas, que deben ser respetadas y que muchas veces más bien las evitan que las desarrollan; de lo que deduce que no deben oponerse obstáculos á. los Trades Unions y demás asociaciones semejantes, como no sea regular su ejercicio por medio de la publicidad, porque no procede mutilar un derecho por el abuso que de él puede hacerse, y la libertad colectiva debe como la individual. Cita á este respecto el ejemplo de la Gran Bretaña, cuyas leyes de 1871 y 1875 distinguen, en las coaliciones lícitas, las violaciones de la 'libertad individual, las amenazas y las imposiciones de los huelguistas , pero respetan la huelga pacífica; cita también el ejemplo de Francia, donde la Asamblea constituyente prohibía en 1791 las asociaciones de ciudadanos de un mismo oficio para tratar de sus asuntos comunes, mientras la ley de 1874 autoriza las coaliciones y las huelgas con restricciones contra las que alteran el órden público y se valen de la violencia; y cita, por último el art. 556 de nuestro Código penal de 1870 que castiga á los que se coligan con el fin de encarecer ó abaratar abusivamente el precio del trabajo ó regular sus condiciones, cuando la coligación hubiese comenzado á ejecutarse; lo cual indica, en concepto del autor, que no impide los actos preparatorios y que la huelga ha de ser abusiva; apoyándose para estos asertos en la opinión manifestada por el señor La Serna, de que lo que se castiga es el fraude, el desórden material y los demás excesos que puedan ocurrir, pero no la huelga misma; deduciendo de todo ello que el Derecho vigente en España, aunque poco claro y preciso, se ajusta á los principios á que deben ajustarse las relaciones entre el Estado y las clases trabajadoras en la cuestión de las huelgas; sin embargo de lo cual al sintetizar su pensamiento se inclina bastante á un sistema preventivo con estas palabras: "Justicia y libertad: he aquí nuestra divisa. El poder ejecutivo, siempre vigilante y atento á conjurar los conflictos, deberá adoptar las medidas de precaución suficientes para prevenirlos: es el órgano de que se vale el Estado para dirigir la policía de seguridad y nadie le disputa el derecho de acudir á la coacción cuando el individuo ó las colectividades se salen de la XIV esfera que les trazan las leyes y tratan de sobreponerse á ellas. El_ Gobierno cumple con amonestar á los perturbadores, sean ó no huelguistas, para que desistan. de sus propósitos; si no ceden, ó cuando delinquen se resisten á entregarse para ser juzgados por los tribunales; nada más justo que el empleo de la fuerza para sujetarlos.,, Del exámen' que antecede y del detenido estudio de todo el desarrollo del tema, resulta, en concepto de los firmantes, que el autor de esta Memoria se halla al corriente de las doctrinas hasta ahora conocidas en la materia de que trata; y que las expone. con buen método y correcta aplicación á lo que se le pedía. De todo lo que deducen, que, si bien no ofrece todas las condiciones necesarias para que pueda concedérsele el premio prometido, tiene mérito suficiente para que se le pueda otorgar el accéssit; y así lo proponen á la Academia. Esto no obstante, antes de que se proceda á la publicación de esta Memoria, si se aprueba el presente dictamen, deberá someterse el autor á algunas correcciones que la comisión juzga indispensables son las siguientes: La primera, que desde luego estará en el pensamiento de todos los Sres. Académicos, por los párrafos citados de la Memoria, es la que debe sufrir la frase, muy repetida por cierto, de paros de trabajo, que no tiene significado en nuestro idioma, el cual no contiene el sustantivo paro sino significando el habitante de la isla de Paros, que también denominamos gario. Dicha frase deberá por tanto ser sustituida, según convenga á la narración, por huelga ó por suspensión ó interrupción del trabajo. XV Lo mismo sucede con la frase, en diversas partes repetida también, de despido de obreros en vez de despedida de los mismos. En la página 20 vuelta, menciona los comedores públicos á, precios sumamente baratos .para prevenir la miseria, que no son otra cosa que las cocinas ó comidas económicas, recientemente bautizadas en Madrid con el nombre de Tienda-asilo. En la página 54 hay un confeccionamiento que debe ser ejecución ó procedimiento; en la 56 vuelta, un estado de salariato , que debe ser estado de los salarios; y en el resto del escrito algunas otras violencias (le lenguaje que demuestran que el autor se ocupa mucho en la lectura de libros extranjeros ó en los folletos con que la Internacional perturba la lengua patria al mismo tiempo que el buen sentido de nuestras masas obreras. Hay también en la Memoria algunas faltas ortográficas que corregir : impugnidad está escrito en las páginas 12 y 124; indegnizados, en la 87, y en la 13, Glascow, en vez de Glasgow. Todo ello, como queda expresado, deberá ser corregido si la Academia se digna aprobar este dictamen, que respetuosamente le someten. Madrid 10 de Diciembre de 1885. anuel El Vizconde de - . Campo -Grande. s LAS HUELGAS DE LOS OBREROS PRELIMINAR Ya se considere el capital simplemente como trabajo acumulado ó, prescindiendo de la, metonimia, como resultado de un trabajo anterior, en cuanto se destina á auxiliar á otro ulterior, es lo cierto que no puede concebirse la producción sin su concurso inmediato y constante. La modificación y la transformación que experimenta la Naturaleza por medio de este agente combinado con el trabajo inmediato para adaptarla á las necesidades humanas, es la obra no interrumpida del hombre, que ha sido destinado por el Creador para conservarse y perfeccionarse, á trueque de continuados esfuerzos de su inteligencia y de sus músculos. Al lado de esta necesidad surge otra no menos imperiosa: el hombre figuraría en el mundo corno el más imperfecto de los seres criados si no se asociara con sus semejantes: es, pues, esencialmente sociable, y del principio de sociabilidad se desprende la ley de la división y avión (lel trabajo, y como su consecuencia la separación - 8 - defunciones y el variado concurso con que cada cual contribuye 'á su mantenimiento y desarrollo, los unos suministrando el resultado de sus trabajos anteriores, y los otros invirtiendo sus fuerzas de una manera inmediata. Así, toda la función económica de la humanidad se sintetiza en estos tres elementos combinados: NATURALEZA - con sus materiales y fuerzas; TRABAJOaplicación inmediata de las facultades humanas; CAPITAL — trabajos anteriores destinados á auxiliar el trabajo actual. El producto, ó sea el resultado de la acción de estos tres elementos, es lo que se aplica á la satisfacción de. las necesidades humanas. Ahora bien: si fuese un solo individuo el que realizase el fenómeno de la producción, á él únicamente correspondería el producto; pero como en el medio social los dos últimos elementos -- traba y capital — los suministran ó pueden suministrarlos distintos individuos, de aquí que el producto, como obra de todos , á todos corresponde, y llegamos al punto de su distribución entre los que concurren .á obtenerlo, cómo se verificará ésta? ¿hay alguna ley que la regule...? El capital, como auxiliar indispensable del trabajo, ha aparecido desde el momento en que hubo uno que, estimando como más provechoso economizar el todo ó parte de un producto que consumirlo en el acto, lo dedicó á facilitar una nueva producción. El producto ahorrado puede utilizarlo el mismo que lo obtuvo ó cederlo á otro con igual objeto. Este segundo supuesto es una de las bases principales del Cambio. Por lo tanto, el producto conseguido con el auxilio del capital, se distribuirá entre los que verificaron el trabajo que se empleó en su obtención y los que suministraron el ca- 9 pital auxiliar de este trabajo,—Es la fórmula más precisa, háganse las distinciones que se quieran, entre la, función del empresario, la del capitalista y la del obrero. En el principio de las sociedades la distribución del producto se realizaría según convenios sencillísimos entre los que lo obtenían, tan sencillos corno las operaciones que ejecutaban; pero andando los tiempos, el fenómeno de la producción se complica, hasta el extremo que nos demuestra la potencia industrial de nuestros días, sin que por eso hubiesen variado en nada las bases elementales. del cambio. — Son infinitas las combinaciones en que se manifiestan el trabajo y el capital, y únicamente en fuerza de la ley de la oferta y el pedido es dable determinar en principio la base bajo la cual se distribuye un producto entre sus factores. Concurren éstos en cantidades desiguales, y la concurrencia nos hace distinguir el costo de producción del precio corriente, y tiende sin cesar á equilibrarlos; por fin, en el mercado se fija de un modo definitivo este último, y de él salen las retribuciones del capital, de la dirección, de la mano de obra, en una palabra:, la compensación de todos los servicios, que entraña el producto, que se suponen anticipados por uno ó varios de los que han. intervenido en prepararlo. Y en qué medida se realiza el reparto?---He aquí el gran problema: el origen de la lucha entre capitalistas y trabajadores, entre empresarios y obreros.— Aquéllos toman sobre sí el éxito bueno ó malo de sus empresas, y satisfacen por punto general en salarios adelantados los servicios que demandan de los que ponen el trabajo: el salario oscila, sube ó baja según la enunciada ley de la oferta y el pedido, según la proporción que exista entre el número y calidad de los obreros que se ofrezcan para trabajar y la 2 — 1 0 — posible necesidad que hubiere de ellos por parte de los capitalistas ó de los dueños de las empresas. La oscilación en el alza ó baja de los salarios es un hecho natural que se conoce desde que se ha utilizado esta forma de retribuir el trabajo, y como consecuencia de ella comenzó á sentirse el clamoreo de la clase obrera, sobre todo desde principios de este siglo, y mucho más desde que la industria, especialmente en ciertos ramos, se aglomera en inmensas factorías de una potencia colosal. Los que suministran el trabajo hacen notar la desproporción que existe, en su sentir. entre las fabulosas ganancias que en general realizan las empresas y la parte mínima que se adjudica á los trabajadores individualmente considerados. De aquí la lucha, que se presenta bajo varias formas según el momento histórico por que atraviesen las crisis económicas de todo género, las aspiraciones políticas y el carácter peculiar de cada pueblo; y como sin el trabajo no es posible producir, es obvio que una de las formas en que había de manifestarse la guerra, era la abstención colectiva de los trabajadores negando su concurso al empresario ó al capitalista, declarándose en HUELGA. De este modo aprendió la clase obrera que por medio de las huelgas podría mejorar su suerte, y así exige unas veces aumento de jornal, otras reclama la reducción de las horas de trabajo, etc. Las huelgas constituyen un mal grave que aqueja á nuestro sistema industrial, y aunque su origen no es reciente, hoy han tomado carta de naturaleza en los pueblos manufactureros y se extienden á los campos , en donde la propiedad de la tierra está demasiado reconcentrada, y sería imperdonable mirarlas con indiferencia. 11 — Antes de examinarlas bajo su aspecto económico ' jurídico, para estudiar su legitimidad á la luz de los principios que sustentan de consuno la Economía y el Derecho, conviene averiguar las verdaderas causas que las originan. Las indicaciones hechas apenas ofrecen la parte más saliente de la cuestión: tiene ésta su raíz en la misma naturaleza del hombre, y en la serie de transformaciones que ha experimentado á través de los siglos como sér sociable . y capaz de mejora. Causas primordiales de las huelgas. Es sabido que el trabajo humano más sencillo, más rudimentario que pueda concebirse, encierra necesariamente una cantidad de esfuerzo intelectual: el último peón de albañil no realizaría las operaciones que ejecuta si pudiéramos suponerle por un momento desprovisto de inteligencia. De aquí que los esfuerzos del hombre en cuanto trabaja, se clasifiquen en musculares ó materiales y en «intelectuales, y que unos y otros se combinen en todo acto productivo en proporciones diversas, según la clase de trabajos que le es dable ejecutar á la humanidad. Como todo esfuerzo es una pena en mayor ó menor grado, y toda pena implica un sufrimiento, y por otra parte sin el esfuerzo no es posible alcanzar la satisfacción, el hombre ha procurado en todos los tiempos aminorar los esfuerzos cuando encontró forma de hacerlo sin detrimento de las satisfacciones. El esfuerzo material humano en la obra de la producción disminuye de un modo progresivo á medida que el hombre consigue apoderarse de las fuerzas de la - 18 tenacidad con que se manifiestan, aun á trueque de salimos de los puntos que comprende el tema propuesto. Indicaciones históricas. Aunque á simple vista pareciesen iguales los propósitos que las . clases trabajadoras intentan realizar por medio de las huelgas , es lo cierto que se presentan con diferentes caracteres en los diversos países en que se producen, y de aquí la utilidad de hacer algunas observaciones para que pueda formarse un juicio aproximado de las mismas. De ellas resultará sin duda una tendencia determinada de la población obrera que se señala por el afán de mejorar de estado, pero el carácter peculiar de cada pueblo y la influencia directa de sus instituciones y de sus costumbres imprimen unsello peculiar á la cuestión, que se hace indispensable tener muy en cuenta, porque contribuye, y no poco, á aminorar la gravedad del problema apreciado como un obstáculo perturbador en la marcha progresiva de las sociedades. Si — lo que no acontece hubiera una perfecta armonía entre los proletarios de todos los puntos del mundo civilizado en que acaecen las huelgas, éstas serían más temibles y se haría casi imposible alcanzar los medios de atenuarlas ó de procurar su disminución. Por fortuna, como veremos en seguida, no han logrado — no obstante los esfuerzos de la Internacional—un acuerdo unánime en sus aspiraciones los trabajadores de los, pueblos de Europa ni de América para fundirse en unpensamiento idéntico; y es que lasleyes que presiden, el orden social se imponen y flotan — 19 — por encima de todas las disonancias, sean cualesquiera la múltiples combinaciones que se utilicen con ánimo de sustituirlas: á la corta ó á la larga los resultados patentizan su ineficacia y se retrocede al buen camino. Echemos una ojeada á los países en que más se acentuaron las coaliciones obreras para dar vida á la huelga. INGLATERRA.—La historia contemporánea del trabajo no cuenta en ninguna parte del mundo con la abundancia de datos que suministra la Gran Bretaña en todo lo que con las huelgas se relaciona. Prescindiendo de los hechos anteriores al presente siglo, desde que en 1810 se cruzaron de brazos en Lancáster 30.000 obreros negándose á trabajar por espacio de cuatro meses, hasta el presente, los centros manufactureros ingleses eran focos casi permanentes de paralización de trabajo. En medio de las violentas sacudidas que experimentó la nación en la mayoría de sus Condados por efecto de sus prolongadas huelgas, Sheffield y IVIanchéster y aun Birmingham fueron los puntos más combatidos por estos hechos perturbadores, á que acompañaban el asesinato, el incendio y el saqueo, y, como consecuencia obligada, la destrución y ruina de inmensos capitales que alimentaban la fuerza productiva de éstas y otras industriosas ciudades. El mal se propagó con una tenacidad digna de mejor causa; y como consecuencia de la parsimonia con que se procede en todas las cuestiones en Inglaterra y el respeto que allí se tributa á las libertades públicas, la perturbacion se hizo á cada paso más intensa; huelga - 20 ---- ha habido que duró nada menos que nueve meses. Por otra parte, aunque se prescinda del derecho que se reconozca en el obrero para coaligarse con sus compañeros y dejar de trabajar, la justicia y el Gobierno parecían impotentes en algunos casos para reprimir las violencias ocasionadas por las huelgas ; y ante la impunidad que suele acompañar á los crímenes cometidos por las muchedumbres, se alarmó la opinión pública, y la aristocracia y la clase inedia clamaron por un lenitivo que contuviera tal desbordamiento. — Pide el Gobierno autorización á las Cámaras para nombrar comisiones que investiguen cuanto pudiera relacionarse con la lucha empeñada entre patronos y obreros, y se forman de individuos de todas las clases sociales y partidos políticos: el 3 de Junio del 1867 celebran sus primeras sesiones en Sheffield y el 4 de Setiembre del propio año en Manchéster. Bastó sólo esto para que se mitigaran algún tanto los ánimos exacerbados por la contienda; y merced á nuevas modificaciones introducidas en las leyes relativas al ejercicio de los derechos de reunión y asociación, al espíritu de concordia mejor entendido y practicado en esta última época entre empresarios y trabajadores y al lenitivo que por de pronto ofrece el desarrollo gradual de la cooperación, las huelgas no acusan en el Reino Unido la misma gravedad de los anteriores decenios, ni son tan frecuentes. Sin embargo, y para que se vea hasta qué punto se connaturalizaron en aquel país industrioso, baste saber que en 1877 hubo 191 huelgas en 79 gremios, que costaron á las Trades Unions 30 millones: en 1879 se produjeron en todo el reino 277, de las cuales 4 consiguieron su objeto, 17 terminaron por avenencia y en las- 'restantes sucumbieron los obreros; en sólo el mes — 21 — :do Enero tuvieron : lugar 36 huelgas. —Según cálculos .hechos por M. Frith , por consecuencia de una huelga habida en estos últimos años en las minas hulleras del Condado de York, perdieron los propietarios 500.000 libras esterlinas y los trabajadores 250.000: y agregando á estas sumas las que dejaron de percibirse por transportes, que gravaron sobre las compañías de ferrocarriles, resultó una pérdida total de 872.000 libras en 'cuatro semanas que duró la huelga. Parecerá contradictorio que en un pueblo esencialmente práctico, como lo es sin duda Inglaterra, en donde suele calcularse con madurez sobre los intereses de todas las clases, se hubiesen enconado tanto los :ánimos entre empresarios y trabajadores. La historia nos relata hechos horribles que sólo se explican por los yesabios antiguos que aun conserva el proletariado de cuando se hallaba sumido en una espantosa miseria: ya • en 1822 en Glasgow se cegaba con ácido sulfúrico á dos obreros que no habían querido hacer causa común con sus camaradas; con posterioridad en Sheffield se volaba la casa del obrero Fearnough por separarse de la sociedad de los afiladores; á otros se les asesinaba impunemente, y se incendiaban y saqueaban fábricas importantes, dejando en la miseria común á opulentos capitalistas. No obstante la gravedad suma de estos hechos y otros que sería prolijo . referir, se equivocaría grandemente el que pretendiese formar un juicio aproximado de la huelga inglesa, sin apreciar otra multitud de circunstancias que concurren en aquel pueblo especial. Se hace preciso, sobre todo , tener muy en cuenta el espíritu de asociación profundamente arraigado en Inglaterra, causa principalísima de su esplendor y pujanza industrial y mercantil, porque, del mismo modo — 22 -- que los ingleses acometen, asociándose, y realizan las mayores empresas, así también en esos momentos de crisis en que sobrevienen las huelgas de los obreros, éstos aunara sus voluntades para destruir con igual perseverancia y energía que lo harían para edificar. Así es que las huelgas en Inglaterra no se presentan, ya desde su comienzo, como el resultado de una. simple coalición momentánea debida á una baja de jornales ó á otro cualquiera de los motivos que las provocan: la clase obrera. se preparó desde la aparición de las primeras • huelgas importantes para utilizarlas como 'un medio calculado de alcanzar á cada paso sucesivas ventajas. Las ligas de oficios — Trades Unions , Treses Societies son la prueba más palmaria de este aserto: su creación es sabido que tiene por fin principal promover y sostener las coaliciones y las. consiguientes huelgas; datan ya de principios de este siglo, vivieron fuera de la legalidad hasta el ario de 1824, y lejos de decrecer, reunen capitales formidables y se abren paso por entre multitud de obstáculos hasta conseguir el respeto de la ley, y en 1871 la calidad de personas civiles. Al principio de estas ligas eran la base en que se apoyaban las huelgas sin distinción; de igual manera franqueaban sus cajas para sostener las que creían justas que las inmotivadas y violentas; por el contrario, ahora investigan con cuidado las causas que las han producido, y sólo facilitan recursos materiales cuando aparecen disculpables en sus pretensiones: en otro caso se concretan á servir de mediadores entre obreros y empresarios. Algo neutraliza este juicio favorable que merecen 'en la actualidad las ligas inglesas de oficios, el haber dado vida . y desarrollo á la Asociación internacional de — 23 — trabajadores; pero aun así es menester convenir que esta temida asociación no presenta en la Gran Bretaña la gravedad que aparenta en otros países. Salvas por supuesto excepciones no despreciables— que no destruyen la regla el obrero inglés se sirve de la Internacional como de un nuevo elemento que ha venido á robustecer los que ya le eran familiares para su tenaz propósito de mejorar sus salariós y conseguir á fuerza de perseverancia otras ventajas: no por eso se vale de ella para destruir los fundamentos en que descansa el orden económico y la sociedad en general. Si por un instante se prescinde de los crímenes de que solían ir acompañadas las huelgas en Inglaterra y se penetra en el fondo de la cuestión obrera, se podía observar que es débil, efímero y variable el apoyo que encuentra el socialismo entre los trabajadores ingleses. Podrá notarse una fe inquebrantable en sus propósitos para alcanzar cada día una nueva ventaja valiéndose de la huelga, habrá en la mayoría de los casos un extravío de fuerzas que podrían ser mejor empleadas; no obstante, la lucha apreciada en conjunto no podrá estimarse como una negación de la legitimidad del capital ni de la necesidad del salario. Intentarán por todos los medios mermar las utilidades de aquél cuando lo explota el empresario, idearán resortes con que acudir á las bajas de éste, al fin uno y otro salen triunfantes de la contienda, y la misma clase trabajadora los proclama irreemplazables en sus vastas asociaciones cooperativas de consumo y aun en algunas de producción. — Todos sabernos lo del reconocimiento legal del pauperismo; nadie ignora la existencia domiciliaria ejercida á costa de la contribución de pobres; pero tampoco es lícito desconocer que el Gobierno ha prestado su --24 -- concurso á la solución de varios problemas ligados á la suerte de los trabajadores con un tino y prudencia que sólo se observan en aquel país. Y ¿qué no diremos de la valentía con que ha sabido sustituir el régimen prohibitivo por el libre-cambio? ¿Por qué, pues, no ha de ser dable esperar de su influencia decisiva en el mundo de la industria sucesivas transformaciones que contribuyan á disminuir los inconvenientes que resultan de las actuales relaciones de hecho entre el capital y el trabajo? -- A pesar de los graves males que todavía la aquejan, sobre todo en Irlanda, dada la fuerza incontrastable de la opinión, no es aventurado apreciarla corno una poderosa garantía de los principios en que descansa el orden social tan combatido en el continente. Y no destruyen este juicio las disonancias que puedan recogerse entre los escombros y ruinas de sus terribles huelgas , porque son hechos casi necesarios de toda lucha empeñada. cuyas consecuencias no pueden muchas veces medirse ni precisarse en el instante de producirse el conflicto. Al lado de esos atentados y de las pérdidas que ocasionan los huelguistas , se observa ese espíritu práctico que ha sabido conferir la necesaria intervención á todos los elementos de que la sociedad se compone para resolver los problemas que afectan á las clases trabajadoras. II ALEMANIA.-LOS pueblos que forman el corazón de Europa inspirados casi todos en una tendencia opuesta al antiguo personalismo germano, obedecen en general á una misma ley en el orden político y en el económico: 25 en ambos órdenes figura el Estado como una hidra de cien cabezas parte obligada de cualquier evolución social ó política por insignificante que parezca. Así como el individualismo económico tomó cuerpo y consistencia en la escuela de Manchester, y ya antes se venía preparando por los fisiócratas, por los discípulos de Adam Smith. y por la reacción que más tarde se operaba en Francia contra los excesos revolucionarios, así en el centro de Europa crece hoy de día en día el socialismo que patrocina el Estado, por el afán de limitar y constreñir la universalidad de las leyes económicas y encerrarlas dentro de las fronteras nacionales. Contribuyen á robustecer esta tendencia los socialistas llamados de cátedra poniéndose al servicio incondicional de los poderes públicos, que no cejan en su empeño de subordinar las cuestiones que afectan á la clase trabajadora, á las aspiraciones encaminadas á la reconstitución del antiguo Imperio germánico. Las huelgas en Alemania, si bien frecuentes, no lo son tanto como en Inglaterra ni ofrecen ese aspecto aterrador é imponente que ha conmovido la industria británica en la segunda mitad de este siglo. El Estado estuvo siempre excesivamente atento á conjurar los peligros que pudiesen amenazar el orden público; sin temor de ingerirse de plano en el régimen industrial legislando sobre materias ajenas á su competencia. La agricultura tiene en el centro y en el Mediodía de Europa una importancia considerable de que carece en Inglaterra, país esencialmente fabril y manufacturero; y la industria agrícola es la que menos se presta á dar vida y desarrollo á las huelgas que buscan la concentracion de la población obrera en las fábricas y factorías. No por eso se crea que los pueblos del centro de 4 — 26 — Europa son ajenos á las conquistas que la civilización moderna ha alcanzado en la industria fabril y manufacturera: querernos únicamente apuntar un hecho que, en nuestro sentir, influye lo bastante para juzgar de distinto modo la huelga en los países alemanes que en los ingleses. Por lo demás, no puede desconocerse que allí como aquí hay espíritu de asociación, y que tampoco faltan genios emprendedores que en pocos años convierten pequeños pueblos como el de Essen en centros productores de 60.000 habitantes, y en el cual el famoso Krupp beneficia 60 millones de kilogramos de hierro al año dando ocupación, en sus vastos talleres á 10.000 obreros. Pero, estas grandezas se equilibran y contrapesan con otros elementos vitales del país que entretiene la agricultura, y entre todos presentan una variedad de fuerzas que aminoran los inconvenientes de la unidad. Tanto es así que una de las huelgas que más ha llamado la atención en Alemania fué la producida por los 10.000 forj adores de la fábrica de Essen, que dejaron de trabajar por espacio de un mes. Y ¡qué significa esta huelga ante las formidables explosiones de Sheffield y de Manchester! Sea de ello lo que q uiera, es lo cierto que la clase trabajadora alemana se encuentra solicitada por el socialismo de arriba que le suministra el Estado con el apoyo de los hombres de ciencia, y por el socialismo de abajo debido al séquito que obtiene en aquellos países la Internacional y siendo esto así, claro es que las huelgas se corresponderán con esta doble corriente, aunque sin alcanzar las proporciones de las inglesas ni mucho menos iguales resultados. Las reminiscencias gremiales y los resabios del feudalismo han de influir todavía por algún tiempo en el modo de ser del obrero — 27 alemán, que se ve por otra parte solicitado con empeño, de un lado por los partidarios de Schulie, que perseveran en sus propósitos . de aplicar la cooperación al crédito, r de otro por la democracia socialista, que Jacoby ha tratado de implantar desde el Parlamento, y Lasalle, y hoy -su sucesor Hasendever, con su infatigable propaganda, y por las doctrinas de Babel y Liebnech, que buscan la redención del proletariado en los procedimientos de fuerza. Los diferentes partidos que intentan por distintos caminos la constitución definitiva de estos países, han de absorber la atención pública y atenuar la gravedad de las cuestiones puramente sociales, subordinándolas á las aspiraciones deaquéllos en el orden político. Mientras no se fije de un modo estable la suerte que está reservada á esos pequeños Estados que conservan aún sus humos de independencia enfrente de .Prusia, la clase obrera fluctuará entre estas. encontradas corrientes, y se irán paliando las dificultades que á ella se refieran durante una época más ó menos dilatada, cuyo término es difícil adivinar. La ilustración en ningún país se halla tan difundida como en Alemania, hasta el punto de que en Prusia saben por lo menos leer, escribir y contar un - 76 por 100 de sus habitantes; y es corriente que no . existe ningún resorte superior á la cultura para preparar la armonía entre los intereses de las diversas clases sociales borrando esas antiguas y perniciosas diferencias en el orden civil y político entre los de arriba y los de abajo, al paso que se facilitan las soluciones pacíficas para zanjar. las dificultades entre patronos y obreros en los momentos en que estallan las huelgas, siendo éstas menos imponentes y duraderas. Por eso, acaso, no están, tomadas en conjunto, salpicadas de esa multitud de crímenes de — 34 — puntos, los obreros belgas tratan de mejorar de condición, y se extravían al emprender la lucha; y cuando la importancia de la industria reclama su aglomeración en las fábricas, en ocasiones se valen de la huelga como medio de imponerse á las empresas. Pero, las leyes universales del trabajo no se vulneran impunemente, y á los desaciertos suceden los desengaños, que sirven de dura enseñanza para el porvenir. Además, los conflictos á que han dado margen las huelgas y en los cuales hubo que acudir á la fuerza para zanjarlos, no deben atribuirse sólo á las tendencias disolventes de una parte de sus obreros, sino á las profundas crisis motivadas por las rivalidades franco-prusianas , que influyen de rechazo en su régimen político y económico. Situada esta pequeña comarca entre dos potencias de primer orden que se miran de reojo, se verá atraída por ellas en opuestos sentidos. y su misión tendrá que limitarse por ahora á ir contemporizando en las cuestiones exteriores á trueque de resolver las interiores con el amplio criterio liberal, que echó profundas raíces en. Bélgica desde 1830, en que se emancipó de Holanda. I V FRANCIA. Sería vano empeño pretender sintetizar con fidelidad el pensamiento dominante de la clase obrera francesa. Este país ha sido teatro, en lo que va de siglo y á fines del pasado, de los hechos más sorprendentes y trascendentales que registra la historia contemporánea, aunque notándose en su sucesión tal heterogeneidad que no es extraño se tilde de veleidoso é impresionable el carácter francés. De igual modo se — 35 — lanza Francia en pos de la realización de los ideales democráticos que venía preparando la filosofía del siglo xvm y proclama sobre el cadáver de un rey guillotinado á la faz de la atónita Europa los derechos del hombre, que se somete dócil á la voluntad omnímoda de Napoleón Bonaparte. Tan pronto se deja influir por la reacción personificada en Carlos X, como acepta la monarquía popular de Luis Felipe para venir á parar al gobierno socialista de 1848 con la proclamación franca y desembozada del derecho al trabajo y los ensayos desastrosos de los talleres del Luxemburgo. Parece definitivamente constituida durante los diecinueve años del imperio de Luis Napoleón III, y cuando es preciso aunar todas las voluntades para resistir á los alemanes, se entrega en París á todos los excesos y crímenes de la Colion9oze en medio de las bombas de un ejército invasor. Se la considera aplastada por los inmensos desastres y pérdidas materiales, y al poco tiempo se levanta pujante y vigorosa para satisfacer en un momento una considerable indemnización de guerra elevando su crédito á una altura que nadie esperaba. Por fin, en 1878 demuestra en una concurrida Exposición nirersal  y ya se prepara para otra que es capaz de resistir todos los embates de la fortuna y de realizar los más atrevidos pensamientos que puedan concebir los pueblos cultos. Su situación topográfica, la variedad de su clima y la fertilidad de su suelo, le permiten dedicar gran parte de éste con ventaja á las producciones agrícolas, superándole en la manufactura únicamente Inglaterra, Bélgica y los Estados-Unidos. La ciencia cada día torna allí mayores vuelos contando con una serie de hombres ilustres en todos los ramos del saber, no faltando, por - :36 - lo que á las sociales se refiere, esforzados adalides ni á Ja causa del más denigrante comunismo, ni al socialismo radical y templado, ni á la escuela ecléctica, ni á la, individualista y liberal: todas están dignamente representadas y procuran poner de su parte la opinión publica. En Francia, pues, se condensan y equilibran • las distintas fases que ofrece la actividad humana en ejercicio, en grado tal, que dentro de ciertos límites puede decirse que se basta á sí misma. Los obreros franceses fueron parte obligada, en todas las convulsiones políticas y sociales de su patria, y se advierte en sus tendencias la misma variedad que acusa el conjunto. Las huelgas aparecen unas veces con marcadas aspiraciones socialistas como sucedió en algunas de Rouam , otras se originan de la oscilación que sufren los salarios por efecto de las crisis industriales y mercantiles, otras las motivan los deseos de los proletarios hacia la fijación de un inínhwanz, del salario , para ponerse segun ellos dicen -- á cubierto de la miseria y del hambre: en todas partes se deja sentir el carácter inquieto y aventurero del obrero francés, sin que falten disturbios que alteren la tranquilidad de centros industriales como Lyón, Sedán, el Crezot, etc., y que corra, la sangre en. algunas colisiones que tiene que reprimir el ejército. Ni es maravilla que así sucediese. En donde el Estado traspasa los límites de su competencia y se hace director forzado del trabajo, y destina los fondos que salen de la masa general de los contribuyentes á erigir talleres en que figura como empresario después de reconocer legalmente el derecho al trabajo , y vota empréstitos para alimentar las masas de trabajadores... se desmoronarán por sí mismas todas estas creaciones artifi- ciales, pero queda oculto en el fondo el espíritu de insubordinación, que asomará la cabeza donde quiera. que encuentre un pretexto, como por ejemplo los que dan lugar á las huelgas. El segundo Imperio, por lo que á la suerte y vicisitudes de los trabajadores se refiere, no se ha cuidado más que de vivir al día, y transige con ellos por medio de concesiones s-emisocialistas , á la vez que dificulta la libre iniciativa en el desarrollo de las asociaciones obreras. Habiendo sido los obreros dueños de los destinos de Francia en 1830 y sobre todo en 1848, — aunque por poco tiempo — tenían que quedar reminiscencias con las cuales se creyó equivocadamente que era preciso contemporizar en lo sucesivo; y por eso el Gobierno imperial , legislaba en favor del obrero y lo protegía como individuo, tratando de sujetarlo como clase. Los resultados no correspondieron al intento, como lo prueba el costoso desengaño de 1871: paliábanse las dificultades adormeciendo al trabajador con una inútil protección, y cuando éste pudo despertar como clase demostró con creces que no se había olvidado de 1848, aprovechando ahora el apoyo de la Internacional. Mucho tememos que andando los tiempos suceda otro tanto en Alemania. Las sociedades obreras en Francia no se sustraen de la ley general que influye todas sus instituciones; toman bastante incremento después de 1862 las que tenían por objeto el ahorro, el socorro mutuo y aun la cooperación, protegidas y hasta subvencionadas algunas, pero sobre todo infinklas directamente por el Estado: el mismo Emperador dió de su peculio propio millón y medio de francos para la constitución de una cooperativa. En cambio las que nacían espontáneamente en- — 38 -- tre los obreros , vivían en el misterio, perseguidas por la ley que quería ver en todas ellas focos de propaganda política para cambiar la forma de gobierno, ó que se inspiraban en el principio de resistencia para promover las 'coaliciones y sostener las huelgas. La opinión no formuló todavía su voto decisivo sobre estos asuntos: muéstranse los unos enemigos de toda intervención oficial en la marcha de las sociedades obreras, que creen deben dejarse entregadas á sus propios y espontáneos esfuerzos; otros son decididos partidarios de la ingerencia del Estado en todo lo que se relacione con la cuestión obrera, y no faltan, como siempre, sostenedores de soluciones intermedias que tratan de combinar y amalgamar ambos extremos. La clase obrera á su vez. no descansa, y su parte más sesuda comienza á desconfiar de la, eficacia de la huelga como remedio para concluir con los inconvenientes que atribuye á la moderna organización industrial: la supresión del salario es su desiderátum, siguiendo en esto las huellas del socialismo de cátedra, y protestando no apelar á la violencia sino á las conquistas graduales que esperan conseguir por medio de sucesivas modificaciones que se prometen en el régimen económico y social contemporáneos. Las huelgas continúan, no obstante, en Francia, y aun en Noviembre del año último (1884), hubo manifestaciones obreras bastante graves en Mout-martre v Chantilly, en que tuvo que intervenir la fuerza pública: es raro, sin embargo , ver reproducidas colisiones sangrientas como las que conmovieron la industriosa ciudad de Lyón, y ceden por lo general á beneficio de los medios de avenencia que allí se practican, de los cuales habremos de ocuparnos con la extensión debida en otra parte. ESPAÑA. —En España como en Francia, la cuestión social y la económica han ido siempre ligadas á la política. Tiene escaso arraigo entre nosotros el espíritu de ' asociación; nuestro carácter altivo é independiente se presta poco á la acumulación de fuerzas que exigen las grandes empresas. Aunque la unidad política domina de hecho en España desde los Reyes Católicos, las regiones que la componen no quieren desprenderse de las costumbres locales. La variedad del clima entre el Norte, el Centro y el Mediodía; las diferencias notables en la estructura de su suelo y en las producciones; el carácter peculiar de sus moradores, por efecto de los varios orígenes de que proceden, son todos motivos más que suficientes para considerar este país como un conespecialísimo para el cual es difícil idearmedios que preparen una verdadera cohesión entre las partes que lo constituyen. ¿Qué extraño es, en vista de esto, que se hubiese distinguido en todas las épocas por una excesiva concentración de fuerzas en los poderes públicos, dominando el Estado casi por completo todos los elementos vitales aun en aquellos momentos en que por la corriente de los sucesos se impone la democracia? De aquí en les de abajo el afán de esperarlo todo de los Gobiernos; en los de arriba el empeño de sujetarlo todo á los moldes de una complicada y veleidosa reglamentación administrativa, y en los menos escrupulosos el desembarazo con que buscan su medro personal á la sombra de agios, impunidades, privilegios y protecciones desastrosas. - 40 --- La clase obrera no parece dominada de un pensamiento uniforme á través de las continuas revueltas que se sucedieron en España desde la implantación del régimen parlamentario. El trabajo se distribuye entre multitud de ocupaciones que carecen de la imnediata conexión que hace comunes las aspiraciones de los obreros empleados en industrias semejantes por la concentración de brazos, que tanto facilitan las coaliciones y las huelgas. Las industrias manufactureras prosperan en Cataluña, en parte merced á la excesiva protección que se les dispensa por la adwora: hoy toman cada día más incremento las extractivas en varios puntos de la Península por la abundancia de minas en explotación. La agricultura y la ganadería, no obstante las favorables condiciones de nuestro suelo, encuéntranse sumidas en un lamentable estado de atraso que todos deploramos. Bajo este último aspecto son notables las diferencias en la actual constitución de hecho de la propiedad del suelo: en Extremadura y en Andalucía se halla concentrado en pocas manos; en Galicia, Asturias y provincias Vascongadas sumamente dividido aun fraccionado. De tales diferencias resulta que en estas últimas regiones la cuestión obrera no tienen razón de ser, y por eso no han tenido nunca que lamentar los excesos y desmanes de los trabajadores ni conocen apenas lo que es la huelga. Por el contrario en las primeras no es raro ver cómo en determinadas épocas, favorables á punibles expansiones que no encontraban un enérgico correctivo por parte de los Gobiernos ni de los tribunales, se agitaban los obreros del campo y se repartían las tierras, talando y destruyendo viñedos y olivares. Hay á veces huelgas en algunas localidades protegidas por la internacioval, que cuenta aquí. con — 41 -- sus afiliados, que por cierto no suelen ser de los más comedidos: destilan aún sangre en Andalucía las heridas abiertas por la Mano-negra que, lanzándose por la pendiente del crimen, terminó en las manos del verdugo. Peores todavía que las huelgas, resultado de verdaderas coaliciones, son las forzosas que ocurren cuando escasean las cosechas, ó sufren notables quebrantos por otras causas las producciones agrícolas, complicándose con esa especie de tira y afloja de nuestro sistema rentístico y aduanero, dependientes en un todo del criterio personal de cada uno de los múltiples partidos políticos que consiguen apoderarse de las riendas del GoEn donde más se repiten y acentúan las huelgas es en Cataluña, porque dentro de los límites de su prosperidad relativa, es casi el único punto en que se encuentra la clase obrera en las fábricas. Alguna que otra población podrá experimentar de vez en cuando los efectos de una huelga, como sucedió en Béjar en este año (1885, ) pero sin la gravedad que tienen estos hechos en los centros verdaderamente manufactureros. Tampoco faltaron aquí buenos deseos á los gobernantes: en 1856 se iniciaron informaciones parlamentarias para estudiar la cuestión obrera; volvieron á ocuparse las Cámaras de estos asuntos en 1871, y extremada la política en 1873, se exageró la acción del Estado mezclándose directamente en la organización del trabajo, como lo prueba la ley de esta última fecha reglamentando el de los niños; y se pretendió ir más adelante todavía queriendo fijar el maximum de las horas diarias del de los adultos. El decreto de 5 de Diciembre de 1853 y disposiciones cs — 42 complementarias posteriores, se inspiran en los mejores propósitos respecto á la suerte de las clases trabajadoras, y es lástima que tropiecen con la apatía de todos y especialmente con la de los interesados en primer término: en las informaciones que tuvieron lugar hasta ahora los que llevan la voz de los obreros se muestran recelosos de nuestros partidos políticos y les domina un — no sabemos — si justificado ó injustificado pesimismo. Por eso vemos con más interés la acción individual y colectiva que obra impulsada por movimientos propios y espontáneos que brotan de la moderna organización económica y que da vida á las sociedades de socorro mutuo, á las cajas de ahorro, á las escuelas de artes y oficios, á la Institución libre de enseñanza, á las ligas de contribuyentes y asociaciones de agricultores, etc.; y aunque pocos ejemplos pueden citarse entre nosotros, el hecho es que la ingerencia del Estado en estos asuntos, aquí, como en todas partes, ha sido siempre funesta y desgraciada. En cambio ya tendremos lugar y espacio para demostrar lo mucho que resta que hacer sin acudir á este Dens ex machina, y por lo que á las huelgas concierne, dejaremos consignado que estamos muy lejos de aquellas convulsiones terribles provocadas en otros puntos por estos hechos perturbadores, hoy menos frecuentes, y con mayor razón en España, porque no lo permiten ni la multiplicidad y variedad de ocupaciones en que se halla distribuida la clase trabajadora, ni la escasa concentración de capitales dedicados á explotaciones en grande eScala. No se nos tilde por esto de optimistas, ni se nos crea acaso dominados por la idea de que debemos cruzarnos de brazos ante los problemas sociales de actualidad; pero, así y todo, se nos figura que de la mayor parte de las desdichas y sufrimientos, reales ó aparentes, que puedan afligir á nuestra clase obrera, no tienen la culpa las clases que sufren. El mal procede de causas más hondas y complejas que luégo examinaremos. vi AMÉRICA.—EstadosUnidos. Omitimos ocuparnos de los otros países de Europa, como lo haremos con casi todos los de América, aunque en 11110s y otros existan motivos para que deban preocuparles en mayor ó menor grado las cuestiones sociales contemporáneas. Como en ellos no ostentan las huelgas ese carácter amenazador que tienen en los que hemos recorrido, estaría por demás entretenernos en hacer indicaciones que no habían de influir en el juicio que de ellas se forme en general. Esta observación pudiera hacerse extensiva á España si no mediaran otras consideraciones, que á nadie se ocultan, para incluirla en este trabajo. La América se verá por mucho tiempo exenta de los inconvenientes que en Europa trae consigo la desproporción entre su reducido suelo — apropiado — y la población que se ve precisada á sostener. Allí por hoy todo es grande y majestuoso, y los extensos territorios de una feracidad, inconcebible en el antiguo continente, todavía vírgenes, ofrecerán á las poblaciones de la costa un refugio efica.císiino para alimentar con poco esfuerzo no sólo á sus moradores, sino á los europeos y aun asiáticos que buscan en América ocupación lucrativa. No debe por lo tanto sorprender á nadie que las coaliciones obreras europeas y esas sub- — 50 -- de llevarla hasta ese punto, en fuerza de este móvil poderoso, el empresario procura las mayores ganancias prolongando las horas de trabajo hasta donde le es posible, aparte de que no todas las empresas se ajustan á una igual duración de la mano de obra; el obrero procura á su vez disminuirlas sin detrimento de su jornal. Por otro lado, cada día toma mayores proporciones el deseo que se advierte en las clases trabajadoras de salir de esa oscuridad en que en general se enéuentran sumidas, que se llama ignorancia, obstáculo principal que se opone á la disminución de los males de la época presente. Y como el deseo de saber comienza por 'buscar los medios de instruirse, el primero de todos es, el tiempo, que los obreros quieren alcanzar reduciendo las horas de trabajo. Nadie pone en duda la legitimidad de estas nobles aspiraciones; mas como el sacrificio del industrial es inmediato, no se conforma con los quebrantos que en mayor ó menor escala afectan á todas las industrias, por la solidaridad que las une, cuando la ley ó la huelga le estrechan á reducir el tiempo de la ocupación diaria de sus trabajadores. De aquí ese interminable pugilato, los unos por agrandar y los otros por achicar lo que ha dado en llamarse el día normal de trabajo. Cuarto. —Cuando ocurren desequilibrios entre la oferta y la demanda de brazos , y la primera excede . considerablemente á la segunda, al empresario ó capitalista no sólo le es dable reducir el salario de sus obreros. sino escoger entre éstos los más baratos por razón del sexo, la edad ó la destreza. Aunque no en todas las in- ' dust s ria,s ni en las distintas operaciones de una misma : fabricación se. hace factible confiar la mano de obra á —.51 — las mujeres, niños y aprendices, en muchas hay una cantidad de trabajo en que pueden sustituir á los adultos ya adiestrados, sobre todo desde los prodigiosos adelantos de la maquinaria; y así, á simple vista, parece que, aumentando la cifra total de los que viven del salario, se resiente la proporción entre éste y los medios de existencia; y entonces los operarios adultos acuden á la huelga para excluir de las fábricas á las mujeres, á los niños y á los aprendices. Este hecho está ligado con una cuestión palpitante que da sobrada materia á algunas escuelas y á los estadistas y filántropos para esgrimir el género declamatorio y presentar en todos los casos al capitalista y al empresario como monstruos inhumanos que no reparan en explotar la debilidad de la mujer y la inocencia del niño á trueque de conseguir su medro personal. Por supuesto que al salirse de la región serena de la ciencia, en que la razón debe calcular con imparcialidad el pro y el contra de todas las cuestiones, se abre ancho campo al socialismo, que se apodera de estas aparentes disonancias y las abulta y exagera á su modo. excitando los ánimos de los obreros ya predispuestos en su favor. Quinto. —Las máquinas, como es sabido , se ciñen á economizar trabajo muscular, no ahorran ni un átomo de inteligencia, sino que, por el contrario, esta facultad se desarrolla y perfecciona á medida que el hombre triunfa de la naturaleza y la sujeta á su servicio. Ya dejamos consignada esta ley consoladora; pero como una gran parte de los trabajadores está dedicada á ejecutar las operaciones que poco á poco va simplificando la maquinaria, ésta introduce á veces perturbaciones momentáneas, con especialidad en el trabajo — - manual ó de ejecución. Nadie deja de convenir en la exactitud de este hecho porque es incuestionable: y aunque también lo es que está mitigado por un sinnúmero de circunstancias que reducen. extraordinariamente sus efectos, es lo cierto que sirve en ocasiones de pretexto á los obreros para apelar á las coaliciones y á las huelgas. Sexto. --El deber más imperioso de todo empresario consiste en velar por la seguridad personal de los obreros á quienes da ocupación. Se observa, sin embargo, que éstos se ven forzados con frecuencia á trepar por andamios poco seguros ó recorrer galerías y túneles á punto de desmoronarse. Tampoco es demasiada la solicitud con que se atiende á la duración diaria de los trabajos malsanos, sin que haya de atribuirse toda la culpa al empresario, pues el obrero empleado por horas, por pieza ó á destajo. estimulado por la. ganancia, prolonga su ocupación más allá de lo que su salud le permite. Sucede, por último, que cuando algunas industrias exigen el empleo de precauciones higiénicas, los patronos -- si pueden -- las eliminan del costo de producción, causando males sin cuento á los trabajadores. Estos y otros inconvenientes. hijos de un punible y mal entendido egoísmo, son otros tantos motivos que presentan los obreros como causas suficientes para, echar mano de su remedio favorito, la huelga. A este tenor nos sería fácil extendernos indefinidamente sobre los motivos que los obreros aducen en cada caso pretendiendo legitimar las huelgas , los. trastornos y las pérdidas que con ellas ocasionan, Los enumerados son los más frecuentes, y de todos modos no sería posible seguirlos á través de las conti-, — 53 m'as vicisitudes que todos los días se originan dentro del taller y de la fábrica, De estos motivos que muchas veces como luégo veremos — habrán de" calificarse con justicia de meros pretextos, se desprende que las causas de las huelgas deben estar ligadas con casi todos los aspectos del titulado Probleiwt socictl, puesto que la huelga constituye una de sus principales manifestaciones. No será, por consiguiente, la ciencia económica la llamada á estudiarlo y resolverlo por sí sola, sino que habrá que acudir al auxilio de la Moral, del Derecho, de la. Política y al de la Religión misma, porque el problema abraza toda la, vida del hombre, ya se le considere en su propia personalidad como un todo completo, ya como sometido á las condiciones por que se rige el mecanismo social de que es una parte integrante. Tendremos, pues, muy presentes estas observaciones al recorrer las causas principales que motivan las huelgas, pues de no hacerlo así no sería posible, al buscar los remedios, acudir al auxilio de estos órdenes de conocimiento sin haber fijado de. antemano los precedentes sobre que obran de una manera directa. Entremos en el examen circunstanciado de las causas de las huelgas. II El mundo moderno, con todas sus imperfecciones, aventaja á los tiempos que pasaron bajo cualquier punto de vista que se haga la comparación. Los landatores temporís acti prescinden con propósito deliberado de una circunstancia que es preciso tener muy en cuenta - 54 si se ha de juzgar con imparcialidad la época actual comparada con cualquiera de las otras que la precedieron: no quieren fijarse en que hoy todo se discute y comparece ante el tribunal de la "crítica sin que nada se sustraiga á su dominación. No bien surge un conflicto, aparece una injusticia ó se inicia un sistema, allí está el análisis para estudiarlo en todas sus fases y manifestaciones: la libertad y los medios de propaganda son armas poderosas de los tiempos que corremos. De aquí el que podamos hacernos cargo, desde el primer momento en que se sienten, de los males, los vicios y los defectos que nos molestan. Antes, el interés de los que dominaban les sugería miles de trabas con que embarazar y entorpecer la libre discusión, y permanecía en el misterio cuanto se relacionaba con las causas de que procedía el malestar de las clases que sufrían, y sólo más tarde pudo la historia con sus revelaciones inclinar en nuestro favor la balanza del progreso. Así y todo no nos ciega el optimismo hasta el extremo de desconocer la importancia de los problemas cuya resolución se reclama con urgencia; tal vez con demasiada precipitación: se pretende caminar tan á prisa que no es extraño tropecemos á cada paso. Hechas estas salvedades , aparece no obstante como una de las causas más salientes de la gravedad con que se presentan las cuestiones sociales contemporáneas la desproporción que en sentir de muchos se advierte entre los progresos realizados en el orden material y los que se refieren al orden moral y aun al intelectual. Es verdad que la ciencia no es ahora patrimonio de una casta privilegiada: está al alcance de todas las inteligencias, 'y no es raro ver cómo, por virtud de ella; se elevan multitud de individuos de las clases que malamente se — 55 — titulan desheredadas pero,. si se las considera en con-, junto, les falta mucho todavía para ponerse al nivel reclamado por los medios materiales de que pueden ser y son participantes. Distinguiendo cual se debe el uso del abuso, es lo cierto que nuestros obreros viven dentro de la posibilidad de satisfacer cada día nuevas necesidades, y si la prudencia y una constante previsión hijas de una educación sólida no vienen en su auxilio, ¿cómo hemos de quejamos de - que el derecho de la fuerza que les da el número continúesobreponiéndose á la fuerza del derecho? La clase obrera se resiente, en general, de la falta, de educación técnica: atribuye al trabajo manual demasiada importancia, y en cambio se la niega á los otros agentes económicos, porque desconoce los primeros principios de la ciencia que no debiera ignorar; defiende con energía los - derechos que le pertenecen, cuando no los exagera, y se olvida de los deberes correlativos, porque carece de, los medios indispensables para apreciar el íntimo enlace que existe entre éstos y aquéllos y con-vencerse de que el goce de los Linos exige por necesidad el cumplimiento de los otros, y estos medios hay que buscarlos en la instrucción.. El aprendizaje de la mano de obra, si se le examina en conjunto, es por todo extremo empírico. Los jóvenes que por necesidad ó por vocación se dedican á los trabajos manuales no poseen siquiera los conocimientos que abraza la instrucción llamada, primaria, los unos en absoluto y . los otros de un modo tan imperfecto que no les sirve para nada; así es que se ven obligados á iniciarse en los trabajos por mera imitación, sin que les sea posible darse cuenta del porqué de la más sencilla de las operaciones que ejecutan. Llegan por fin á la - 56 edad viril sin otras nociones en su oficio más que la, facilidad en la ejecución de un número determinado de movimientos musculares ó la destreza en el manejo de algunas herramientas para producir muy contados objetos 6 una parte de éstos. De nada sirve que el industrial, previsor, ponga al alcance de sus obreros libros, modelos ú otros medios adecuados para cultivar su inteligencia; importa poco que se erijan bibliotecas populares si han de hallarse casi desiertas. Una educación primaria más completa, debe preceder á estos laudables esfuerzos que se idean para difundir los conocimientos útiles, y desgraciadamente arrastra una vida lánguida y perezosa, sobre todo entre nosotros. Según el censo de población de 1860, en España no sabían leer ni escribir un 75 por 1() de sus habitantes. Y no somos nosotros solos; esta cifra, se elevaba hace poco en Italia á un 78 por 100. Son innumerables los inconvenientes que trae consigo el atraso intelectual de las clases trabajadoras. En esos vaivenes que experimentan las industrias, ¿quién no ve embarazados y perplejos á los operarios despedidos de las fabricas y talleres cuando su trabaj o 110 es necesario por la introducción de una máquina, por falta de salidas, etc., para dedicarse á otras Ocupaciones aunque sean similares? Pues casi todo depende de la carencia de educación técnica para poder generali<lar. Atenidos á aquellas operaciones que aprendieron con el ejemplo de otros ya adiestrados — que se lo dan de mala, voluntad y con formas ásperas y hasta brutales se les oye todos los días lamentarse de la falta de trabajo, teniéndolo tal vez á la mano con sólo que su aprendizaje hubiese sido un poco más racional. Y ¿qué no diremos de esa tenacidad de los habitantes del campo, que resisten toda innovación en los procedimientos aplicables á la agricultura? ¿Hay otro medio de vencerla que no sea la instrucción? Si el obrero encargado de la parte infinitesimal de un producto tuviese algunas nociones del con janto . ¿no disminuirían en número v en intensidad las paralizaciones forzosas de trabajo? Estos inconvenientes suben de punto si se les examina bajo el aspecto de la influencia moral que ejerce la. educación. El hombre que lo ignora todo. que está limitado á un duro trabajo mecánico que ejecuta casi por instinto; que no dedica alguna hora de descanso á lecturas provechosas, se lanza por la pendiente que le o • ecen los placeres brutales. y la embriaguez, la, crápula y el juego comienzan insensiblemente á apoderarse de él basta que por fin llegan á subyugarlo por completo. Se olvida de su mujer y de sus hijos, de la asistencia á sus ocupaciones. decrece su jornal y forma, parte del contingente siempre dispuesto á engrosar las filas de los huelguistas — cuando apelan á la violencia — si no termina por emprender de una manera franca ó embozada la; carrera del crimen. Como lo liemos indicado en la resella histórica, que precede. la cultura en las clases inferiores es uno de los principales resortes para que desaparezcan las diferencias, antipatías y desvíos que las separan del roce Ncontacto con las superiores. La experiencia diaria demuestra que el aprecio á que se hace acreedor el obrero está en razón directa de sus modales, de su aseo, en fin de todas esas condiciones que constituyen lo que en lenguaje usual se llaman decencia y educacíin, perfectamente compatibles con todos los estados y ocupaciones sociales; y para adquirirlas tiene que comenza • por instruirse, por cultivar su espíritu. De otro 8 - modo el ignorante -será como hasta aquí — instrumento inconsciente del ilustrado, y continuarán esos rencores mal encubiertos que afectan á todo el organismo social y. que gravitan de una manera inmediata sobre la cuestión concreta de las huelgas. No son menos deplorables los efectos que producen el olvido y el menosprecio de los deberes religiosos y morales. Ha dicho Proudhón, y se ha repetido después, que " toda cuestión social entraña en el fondo una cues- „ tión religiosa, „ y así es la verdad. Mal se concibe el ser humano sin una creencia más ó menos clara y distinta de la Providencia. Se penetra en. esas tribus salvajes, cuyos individuos casi se confunden con las bestias, y en todos la idea de Dios preocupa sus conciencias . embrionarias: para oir afirmar su negación — doloroso es confesarlo hay que buscar al hombre civilizado de las populosas ciudades que nos asombran con sus grandezas. He aquí la prueba más decisiva de la proposición que dejamos sentada : la cultura moral y la intelectual no corresponden , ni con Mucho, á la rapidez con que hemos progresado en el orden material. ¿Habrá acaso que condenar como nocivos los progresos materiales? Tan lejos de eso; el progreso en todos los órdenes de la vida es siempre un bien: ni puede culparse á los adelantos realizados . en el orden material de que los morales no marchasen paralelos. Lo que hay es que, cegado y embriagado el hombre con los triunfos óbtenidos sobre la materia, en vez de elevar su espíritu á la Primera Causa, origen de su perfeccionamiento, se olvida neciamente de ella, deja de existir para él una -responsabilidad de ultratumba, y' sus • pasioneS se desbordan sin tasa ni medida. Por — 59 — mucho que se discurra, serán inútiles las tentativas que se dirijan en busca de un lenitivo que reemplace al que nos ofrece la Religión. Ni vale oponer á estas indicaciones la singular especie de que el descreimiento y el indiferentismo cuentan también con sus prosélitos ilustrados que se encargan de extraviar las conciencias de los ignorantes sin darse cuenta de ello las más de las veces. Esta observación, lejos de disminuir, agrava las que dejamos consignadas; y es que no todos los males deben achacarse á los de abajo: de muchos tienen la culpa los de arriba, y entre todos forman el desconcierto del que resulta la relajación de los vínculos morales. La ley del deber no excluye á nadie y obliga, más de cerca al que posee los medios necesarios para prever las trascendentales consecuencias de su falta de cumplimiento, que á las masas, acaso inconscientes á quienes arrastra el sofisma por sendas peligrosas. Tanto es así, que las clases trabajadoras siguen en sus hábitos y costumbres una línea paralela á los hábitos y costumbres de las otras clases sociales, que tienen sobre las primeras un ascendiente poderosísimo en todo lo que se refiere á la moralidad, porque muchas acciones reprobadas por la moral á fuerza de ser repetidas por los de arriba llegan con el tiempo á relajar y extraviar la opinión y pasar por lícitas y corrientes entre las masas. Díganlo la lotería, las fortunas improvisadas á la sombra de la Administración pública y á costa del contribuyente, la, deshonestidad y el libertinaje entronizados acaso con más refinamiento en los salones aristocráticos que en la humilde buhardilla, el excesivo lujo que conduce á la disipación, los espectáculos que atraen la concurrencia en razón directa de su inmoralidad, etc. Si las — 66 — mano de obra, que si bien no puede calificarse de permanente, ni mucho menos , entorpecerá el mejoramiento y bienestar de las clases trabajadoras. No es esta tampoco la primera vez que se hacen notar los inconvenientes que trae consigo el afán de brillar por medio de las carreras literarias, sobre todo en aquella parte de la población que, contando con modestos recursos, debiera dedicarlos al fomento de la agricultura y de la industria. Semejante extravío en ningún país se deja sentir con tanta viveza como en el nuestro, mediando la circunstancia de acentuarse en la población rural., si cabe, con más tenacidad que en la de las ciudades. Tenemos un abogado por cada mil habitantes, y los médicos exceden de esta proporción; existen sesenta y tantos mil eclesiásticos entre seglares y regulares, y en cambio no llegan á treinta mil las escuelas públicas de todas clases. Estas cifras salen en gran parte de las familias medianamente acomodadas de los pueblos rurales que alejan á sus hijos del hogar doméstico y del cuidado de las tierras, en cuyo mejoramiento podrían emplear sus afanes con provecho propio y de la sociedad, para convertirlos en "abogados sin pleitos, „ ó en "médicos sin enfermos, „ distrayendo sumas de consideración en sus estudios. Los que carecen de medios de fortuna para dar pábulo á esta manía, tampoco se avienen con las faenas agrícolas de tardíos rendimientos, y se lanzan en busca de un salario en las manufacturas ó de una plaza de escribiente en las oficinas, y la agricultura se estaciona y languidece en los moldes estrechos de procedimientos rutinarios por falta de capitales y de la iniciativa y dirección que muchos de estos maniáticos debieran imprimirle. De aquí: 1.°, ese notable desequilibrio entre — 67 — la industria agrícola y las fabriles que convierte la nación en un sér fenomenal con una cabeza enorme constituida por las ciudades, y un cuerpo raquítico y endeble formado por los campos casi desiertos y sobre todo muy mal cultivados; 2.°, esa plaga que titulan empleomanía y su corolario la burocracia, que al decir de Montalembert, "crea una muchedumbre de hambrientos ca- „ paces de todos los furores con tal de satisfacer su apetito, y de todas las bajezas cuando están hartos;,. 3.°, ese aumento aterrador, en fin, del número de los que no trabajan ó que imprimen una dirección torcida y estéril á su actividad y la disminución de los verdaderos trabajadores. ¿Hemos de extrañarnos en vista de todo esto que las subsistencias se encarezcan, que el precio de la mano de obra se pronuncie en baja y que la miseria tienda, de vez en cuando, sus negras alas sobre nuestra población obrera? Pues así y todo, y á pesar de la magnitud de estos obstáculos, no cabe apreciarlos como permanentes porque dependen del torcido rumbo que se imprime á las fuerzas sociales, y cederán á medida que la verdadera cultura se generalice y que desaparezcan algunos estorbos legales. Es también de influencia poderosa para la cuestión que tratamos, y se desprende de los anteriores motivos la abundancia ó escasez de los capitales destinados á la producción. Si el capital y el trabajo son dos elementos que deben guardar proporción en la medida conveniente, una cantidad mayor de trabajo exigirá otra igual cantidad de capitales para sostenerlo, y las contingencias que éstos sufran se dejarán sentir en la mano de obra, porque la demanda de brazos estará en razón directa de los capitales empleados en las industrias. Así corno este agente es materia inerte é infecunda - 68 - sin el concurso vivificador del obrero, así también la potencia productiva del trabajador se pierde en el vacío si no la sostiene un capital proporcionado; son dos fuerzas recíprocamente necesarias y que marchan indisolublemente unidas aunque las pongan en movimiento personalidades distintas. Cuánto tendremos adelantado para el bienestar de todos, incluso para las clases trabajadoras, el día en que éstas, exentas de preocupaciones, se penetren de una verdad tan sencilla como fecunda! No fatigaremos al lector con el examen de las causas que puedan derivarse de los trastornos políticos y sociales que tanto influyen en la baja de los salarios, ni de las que tienen su asiento en otras calamidades que afligen á la humanidad, como las guerras, las pestes, sequías y terremotos, mitigadas hoy por la facilidad y rapidez de las comunicaciones, que hermanan los intereses de todo el mundo, y por la intervención eficacísima de la diplomacia en las contiendas internacionales. Fácil es que ya nos hayamos extendido demasiado, y se presuma que la enunciación de verdades tan sencillas sea impropia de un trabajo de esta índole; pero como forman la premisa obligada en todas estas materias, nos sirven ahora para afirmar: que adonde quiera que dirijamos nuestra vista nos encontraremos con que los salarios, sólo por excepción, dejarán de corresponder con las necesidades de los trabajadores, sin que existan razones sólidas en que apoyar la desproporción permanente que se alega como causa de las huelgas. La causa existe, pero está constituida por estos y otros accidentes y obstáculos agravados por nuestros errores, que unas veces se harán sentir con tenacidad y otras desaparecerán del todo para volver ál — 69 ----- manifestarse más tarde, aunque sin contener la tendencia natural á nivelar en todas las industrias el precio del trabajo con el de los medios de existencia y con el sucesivo mejoramiento de las clases obreras. ¿ Cómo concebir de otro modo el progreso económico? ¿ Cómo conciliar esa desproporción permanente del salario con ese sinnúmero de sociedades de previsión fundadas con el ahorro y aun las mismas de resistencia? ¿De dónde salen los enormes capitales que sostienen estas sociedades, de que nos ocuparemos en otro parte, no siendo de los sobrantes de los salarios? II. Uno de los errores más trascendentales en que incurren las clases trabajadoras, que casi los resume todos, es el empeño en considerar el capital y el trabajo como dos enemigos irreconciliables. Y no son los obreros los que difunden y propalan este falso concepto: distinguidos escritores emplean con frecuencia la tan sabida frase de la guerra entre el capital y el trabajo aun al combatir los extravíos del socialismo. Las masas ignoran el valor de la metáfora, y se acogen de buena fe al testimonio de los economistas para persuadirse de la existencia efectiva de la lucha, cuando precisamente entre ambos factores median relaciones tan íntimas y estrechas que no se conciben el uno sin el otro. En buen hora que se reconozca como un hecho de actualidad ese antagonismo , pero no entre el capital y el trabajo, sino entre capitalistas y trabajadores, que extiende, por desgracia, su pernicioso influjo á la plaza pública, al meeting, al club y á los congresos de obreros, sin respetar el interior del taller y de la fábrica. El trabajador aprecia únicamente su retribución — '70 — personal; la compara con la del sabio, con el beneficio del empresario, con el interés del capitalista y, en fin, con la de cada uno de los múltiples factores que con él intervienen en la producción; y cuando las industrias prosperan la encuentra siempre menor, porque así lo exige el cumplimiento de leyes inexorables de todos sabidas — y de cuya eficacia es imposible que se sustraiga el obrero. Se desespera y reniega de su suerte; no quiere reparar por qué en la misma fábrica otros compañeros suyos suben de grado en grado á los puestos superiores y mejor retribuidos; se fija en que una mayoría flotante está atenida á un salario, y entre los que componen esta mayoría se cambian sus impresiones á cada momento. ¿Cómo hemos de extrañar que la - ruin pasión de la envidia llame algunas veces á las puertas de su corazón, sobre todo en esos días de sufrimiento que le ocasionan las crisis del trabajo? De aquí los recelos en el régimen interior de las fábricas, la tirantez de relaciones, que se mantienmen fuerza de la necesidad, que obliga al obrero á trabajar para obtener un salario y al dueño de la empresa á valerse de él para la ejecución de la mano de obra; la indiferencia de los unos por la suerte de los otros, que no dejará de manifestarse hasta con verdadera fruición ante el éxito desgraciado de la empresa..Y¿ Y cuando ésta prospera ? Entonces el obrero se aviene mal con las notables diferencias entre las utilidades; desmaya en el trabajo; se le apremia á que le imprima más actividad; se le reprende si no se presenta á la hora convenida, cuando no se le descuenta parte de su jornal ó se le despide ; y como por otra parte al empresario no le es permitido desperdiciar ningún detalle bajo la pena de que le salgan errados sus cálculos y la de exponerse á una pérdida — 71 — segura, á cada paso introduce en los reglamentos de régimen interior modificaciones. más severas á que han de sujetarse sus operarios. En principio Jas - medidas reglamentarias son:absolutamente indispensables: la dirección es el alma de toda empresa colectiva, y exige la obediencia de los que trabajan para obtener un resultado que requiere la unión y concierto de varias fuerzas. Cuando todas las cine concurren comprenden los deberes propios de cada una, la sumisión es voluntaria y se hace fácil y llevadera; mas como el fin á que aspiran es idéntico, es decir, el beneficio que cada uno espera alcanzar, y éste le creen desigual, la desigualdad extravía á unos y otros y la concordia desaparece para cambiarse por las recíprocas medidas :que impongan á cada factor sus deberes. Al llegar á este punto, el empresario extrema cuanto puede los preceptos reglamentarios, y el obrero se esfuerza á su vez para eludirlos: cuando la necesidad no admite espera transige con toda clase deimposiciones; llega empero un momento de desahogo , ó la aglomeración de muchos les hace conocer su fuerza, ó comprenden los apuros de la empresa de los cuales sólo le es dable salir con su. cooperación,. ó reciben excitaciones de afuera, y en todos estos casos echan mano de la huelga para exigir la reforma de las medidas de régimen interior de cuya observancia dependía su salario. Algunas veces estarán en su derecho; la huelga, sin embargo, no podrá pasar de un débil paliativo que provoque una reforma momentánea. Si la tirantez de relaciones se reproduce; si las manos y los pies no prestan la debida sumisión á la cabeza, se sustituyen los trabajadores mal avenidos con otros más dóciles, ó --72si éstos consiguen imponerse, se cierra la fábrica y perece un fondo, mayor ó menor, de salarios; y como éstos se proporcionan con los capitales circulantes, la huelga en tales casos no resuelve ni atenúa el problema, sino que, por el contrario, lo agrava en perjuicio de los obreros. III. Las expresiones 'mínimum, de salario y máximum de horas de trabajo inventadas por los que quieren redimir á los trabajadores manuales, vienen á coincidir en sus efectos. Al empresario le sería indiferente que se le estrechara á reducir las horas diarias del trabajo que calcula indispensables para el éxito de su empresa, que se le señalase un tipo de salario del cual no pudiera descender: en ambos casos los resultados serían idénticos; el costo de producción habría de encarec,efsg de igual manera, y siendo mayor que el precio que tuviesen en el mercado los artículos producidos , su ruina sería inevitable. El mínimum de salario debería estar en relación directa con el precio de las subsistencias. y este precio — según liemos vistó — es de todo punto imposible fijarlo de antemano para una época dada. Un señalamiento de esta clase exigiría también que se midiese por. un mismo rasero á todos los trabajadores sin establecer distinción alguna entre el diligente y el holgazán, entre el hábil y el inexperto, porque á todos alcanzaría de igual manera ese pretendido derecho á la existencia á costa del empresario. Desde el momento en que se reconociese en el trabajador el derecho á un salario mínimo permanente, estaríamos de lleno dentro de la nivelación de. esta forma de recompensa pro- - '7 3 - puesta por Luis Blanc , echaríamos por tierra las causas á que obedecen las diferencias de la retribución del trabajo que con tanta lucidez analiza el sabio Adam Smith, y hasta serían un mito las desigualdades naturales que Saint-Simón tenía muy presentes para distinguir de capacidades y proclamar su sabida máxima, que encierra un fondo de verdad incuestionable dentro de la libertad. El obrero hábil conoce demasiado la importancia de su capacidad productiva sobre la de sus camaradas que le son inferiores, y no consiente en ninguna de las categorías en que se quiera distribuir á los trabajadores, que los menos aptos ó diligentes se le igualen en retribución ; por eso el salario mínimo cuenta con pocos prosélitos entre las clases obreras cuyos individuos tienen muy bien sentados sus derechos personales para transigir con semejante igualdad. Así es que el concierto en este punto se hace difícil si no imposible. No sucede lo propio con el máximum de las horas de trabajo. Sea cualquiera el tiempo diario que los obreros dediquen á sus tareas, puede caber la oportuna distinción para remunerarlos según su capacidad, y como aquí la injusticia no afecta á la clase. saltan por encima de la reconvención evangélica, y les importa poco no ver la viga en el ojo propio: ven la paja en el del empresario, y la suerte de éste es lo de menos, porque coincide con sus aspiraciones resumidas en una frase: guerra al capitalista; y así se valen del tiempo para aumentar por este medio sus retribuciones ó salarios. La ley es impotente para fijar el máximum de horas de trabajo jo aun dentro de un sistema socialista puro, porque la naturaleza y condiciones especiales de cada industria exigen una desigualdad flotante en la duralo - 74 — ción diaria de la mano de obra; y aunque fuese posible—que no lo es—clasificar y agrupar con exactitud todas las industrias, señalando á cada clase ó grupo. las horas diarias de trabajo, sería Menester cerrar la puerta á todo progreso, impedir toda modificación en la manera de producir, reclamada por los nuevos métodos ó procedimientos, que requieren suma elasticidad en la tarea diaria del trabajo de ejecución. No siempre se detuvo el legislador ante estas consideraciones; y á pesar de ellas se ingirió á veces en el régimen interior del taller, fijando la duración de la mano de obra; mas como el orden natural y las leyes por que se gobierna tarde ó temprano se imponen por . encima - de todos los obstáculos, sucedió que las tentativas de la ley han sido infructuosas, y cuando se extremó su cumplimiento, los resultados no correspondieron al propósito, sino que fueron diametralmente opuestos. Los trabajadores no lo ignoran; y el Estado, al mezclarse en estos asuntos, lo hizo con timidez y á medias, salvo en algunos casos -fugaces en que se apoderó de esta fuerza el socialismo; de modo que aquéllos atribuyen la ineficacia de las medidas legales á la falta de. energía por parte del legislador, porque los unos desconocen y los otros no quieren reconocer la imposibilidad de desplegarla, á no sustituir todo el régimen industrial contemporáneo por una organización caprichosa que abrace la vida económica de la humanidad en su conjunto y en sus. detalles, lo cual — por fortuna — es y será irrealizable. Los obreros, no obstante, perseveran tenaces en sus propósitos, y los alientan de una parte los socialistas radicales, que no desperdician ninguna ocasión de, atizar la tea de la discordia, y de otra esas escuelas intermedias que se fijan en algunos puntos para dar al traste de soslayo con el sistema industrial. Confúndese de un modo lastimoso la cuestión de horas de trabajo con la falta de instrucción de los operarios, y para hacer la causa de éstos más simpática, suelen asociarla á las quejas y lamentos que exhalan los enemigos del trabajo del niño y de la mujer en las fábricas. Al llegar aquí la timidez legal, ante la duración y la forma del trabajo de los adultos, se trueca en osadía tratándose del trabajo del niño y del de la mujer y se echa mano de la ley para arreglar el de éstos. ¿ Cómo, pues, ha de extrañarse que aquéllos traten de conseguir con las huelgas lo que el Estado niega á los primeros y concede á los segundos ? Después de todo, ¿ quién sufre el quebranto por consecuencia de la reglamentación del trabajo sino el dueño de la empresa, ya sea el trabajo reglamentado el del niño, de la mujer ó el del adulto ? Si el industrial no puede distinguir ¿por qué ha de poder hacerlo el Estado ? preguntarán con razón los obreros. La lógica es inflexible; y en fuerza de la lógica intentan, valiéndose de la huelga llenar los vacíos que encuentra» en la ley: ni 7 más ni menos. IV. El incremento que tomó la maquinaria en la industria moderna, debido al poderoso auxilio del vapor, simplificó de un modo extraordinario la mano de obra, facilitando la sustitución del trabajo de los varones adultos por el de la mujer, el del niño y el de los aprendices. Como el jornal de todos éstos, en igualdad de condiciones, es menor que el de aquéllos, las em- - 82 - guíente, no perder de vista las ventajas inmensas, incalculables y permanentes de las máquinas para la sociedad, ante el inconveniente accidental que puedan ofrecer para uno ó varios individuos. A la altura á que ha llegado el empleo de la maquinaria, cuando las empresas disponen de los recursos y medios necesarios para sustituir el trabajo manual con los procedimientos mecánicos, la huelga es impotente en la mayoría de los casos. Las dificultades se concretan á la paralización forzosa de los obreros sustituídos por las máquinas que suelen asociarse á otros y formular entre todos exigencias que trastornan por el momento la marcha ordenada de la industria en las localidades en que acaecen tales hechos. A esto quedan reducidas las tan decantadas causas de las huelgas que se achacan á las máquinas. Admitiendo el supuesto de que la coalición se realice y que consigan los trabajadores de una localidad dada detener por algún tiempo la instalación de una máquina , ¿ qué resultado satisfactorio podrán obtener los huelguistas...? El colectivismo, sin dejar de ser un absurdo, dentro de sus falsas premisas es más lógico: conoce que la huelga en estos casos no conduce á nada práctico; no ignora que, si la invención es útil, tarde ó temprano se aplicará por encima de todas las resistencias, y corta la dificultad por lo sano negando la propiedad individual de todos los instrumentos del trabajo, del capital en sus variadas formas, y proclama su usufructo colectivo. Podemos adelantar más aun: como de falsos supuestos sólo brotan conclusiones extraviadas, resulta también más razonable en la apariencia la teoría de Sismondi: " Cada uno en su casa, cada uno para sí, „ porque al menos la supresión total de las — 83 --- máquinas dejaría á todos los obreros en posesión del trabajo que la producción exija, y no implicaría la repugnante distinción que resulta de las aspiraciones de los huelguistas cuando consiguen suspender la introducción de un procedimiento nuevo, quedando en pie todos los inconvenientes reales ó ficticios que quieran atribuirse á las máquinas. Véase por dónde venimos á colegir que la huelga motivada por los pequeños perjuicios que sufran unos cuantos obreros debido al uso de un procedimiento mecánico, es menos disculpable que esas teorías extremas que abogan por su total supresión ó por su disfrute colectivo. Tales teorías ostentan cuando menos el mérito de la franqueza; se las puede apreciar en todas sus aberraciones y desvaríos, y abrigar la seguridad de que no saldrán del terreno de la utopia. VI. Más en razón estarán los obreros cuando sus pretensiones se concreten á rehusar instrumentos defectuosos, entendiendo por tales aquellos que no ofrezzan las condiciones necesarias de seguridad. Cabe en lo posible que el interés exagerado del fabricante no le deje ver los peligros que puedan sobrevenir del deterioro de las máquinas, y entonces están en su derecho los operarios para obligarle á que las reponga ó en otro caso abandonar la fábrica ó el taller. La huelga que se funda en tales motivos—si fuesen ciertos —será siempre legítima .y evitará fatales accidentes. Enemigos de toda traba que se encamine á entorpecer la marcha natural de las industrias, vemos en la huelga en estos casos un medio que sustituye con ventaja las fiscalizaciones y reconocimientos que serían indisp en- - 84 - sables para precaver los siniestros en el interior de las fábricas ó en otras explotaciones industriales. Tampoco deberá censurarse la huelga si se dirige á obligar á las empresas á que adopten todas las precauciones compatibles con la naturaleza de industrias lícitas y útiles que ofrezcan inconv enientes para la seguridad personal ó para la salud de los obreros por razón de las materias laborables, por lo expuesto de los trabajos ú otras causas análogas. Si la índole de la ocupación exige el laboreo de sustancias nocivas ó la práctica de operaciones arriesgadas, como los jornales en estos casos son crecidos, acontece que alucinados los obreros por el cebo de la ganancia y los patrones por el afán de economizar , se olvidan de los deberes que á unos y otros corresponden; y ante ambos escollos sólo es posible por punto general confiar en la:prudencia de empresarios y trabajadores, sin perjuicio de que las leyes penales prescriban severos castigos para los casos en que la imprudencia de las empresas fuese manifiesta y criminal. Fácilmente se colige de todo lo expuesto que sería interminable la lista de las causas ó motivos que provocan las huelgas, como por ejemplo: cuando se proponen abolir el trabajo por pieza y á destajo; variar la forma y manera de trabajar; excluir de las fábricas á los operarios extranjeros; fijar la hora de salida los sábados y la de las comidas ; las dimensiones de las piezas y de proscribir el trabajo por la noche. Adelantemos más todavía, insistiendo en las salvedades que quedan consignadas, que esta lista no podrá cerrarse nunca porque á cada paso aparecerán nuevos hechos que añadir á los ya enumerados, y á otros muchos que omitimos por no ser prolijos, que los trabajadores — - 85 - equivocados ó engañados — procuran resolver por medio de las huelgas. Pasemos á juzgarlas bajo los dos aspectos que exige el tema objeto de este ensayo. Concepto económico y jurídico de las huelgas« Tan difícil es la tarea de investigar las causas mediatas é inmediatas de las huelgas, como fácil la de emitir un juicio respecto á las mismas. Tratándose de inquirir con algún fundamento la raíz de que proceden habrá siempre divergencia de pareceres ; cada cual las hará derivar de una ó varias de las transformaciones á que están sujetas las sociedades en sus continuas y no interrumpidas mudanzas: será raro que coincidan en sus asertos, y no obstante todos tendrán razón, puesto que, corno ya lo hemos advertido , media un íntimo enlace entre los innumerables motivos que provocan los sufrimientos y las desdichas de la humanidad. Por el contrario, al apreciar el fenómeno con pequeñas diferencias coinciden todas las opiniones, desde los que se muestran sus declarados enemigos hasta los que procuran disculparlas como un medio tolerable de mejorar la suerte de las clases trabajadoras. Para nosotros este trabajo de apreciación se hace todavía más fácil, porque el examen circunstanciado de sus causas no puede hacerse sin averiguar la legitimidad de cada una de ellas, lo que equivale á juzgarlas en detalle según los fines que se proponen en cada caso. Vendrá, pues, á ser esta parte de nuestro bosquejo como el complemento y el resumen de la anterior. ---- 86 La huelga cuando es voluntaria supone por regla general tirantez de relaciones entre los que concurren con su trabajo, con sus capitales, con sus luces y su experiencia á la obra de la producción: significa que no hay acuerdo entre los intereses de cada uno de los agentes productivos; que pretenden sobreponerse los unos á los otros, ó cuando menos hacer triunfar una nivelación preconcebida, que puede ser justa ó injusta, apelando para ello á la abstención y saltando con frecuencia por encima de las prescripciones del deber. Sin pasar adelante, aun dentro de estos límites la huelga es por todo extremo funesta: nada resuelve en definitiva. Tanto se proponga un aumento de salarios, evitar su disminución, cercenar las horas de trabajo, ó cualquiera de los varios fines que toman los huelguistas como punto de partida, resulta ineficaz, porque entorpece el libre desenvolvimiento de las leyes económicas entre las cuales existe una perfecta solidaridad. Ni podría suceder de otro modo, pues á nadie le es permitido vulnerarlas, á no ser bajo la pena de introducir una perturbación en la marcha de la sociedad de que forme parte, ya se refiera la ley vulnerada á la producción, á la distribución ó al consumo de la riqueza. — Tales leyes semejan en conjunto un lago tranquilo á cuya superficie es imposible tocar en cualquiera de sus puntos sin que toda ella se conmueva. Examinémoslas bajo su aspecto económico. -87— El trabajo, si se le considera con relación á las retribuciones que le pertenecen, es una mercancía como otra cualquiera que se cotiza en la plaza y está sujeto á todas las fluctuaciones que se rigen por la ley de la oferta y la demanda. Es obvio que con esta apreciación no se rebaja en lo más mínimo el nobilísimo concepto de la personalidad humana. Cualquier obstáculo ó entorpecimiento que impida ó retarde el cumplimiento de esta ley, es, pues, un mal que tiene que afectar por necesidad á toda la evolución económica. El precio del trabajo forma parte del costo de producción; el precio corriente de los productos significa, ó debe significar, la compensación de los anticipos hechos por todos los que de un modo próximo ó remoto han intervenido en su ejecución hasta presentarlos á la venta. Por lo tanto, si se interpone una causa que. altere la libre cotización de alguno de los factores, se. convertirá en una excepción relativamente á los demás; dejará de sufrir las consecuencias de la competencia que gravitarán sobre los restantes con arreglo á las circunstancias del momento en que concurran, ocasionándoles un perjuicio igual — sino mayor — al beneficio que hubiese experimentado el factor sustraído. Esto es precisamente lo que pretenden los huelguistas: sustraerse de la concurrencia, dejando que los empresarios y los capitalistas debatan y disminuyan sus intereses con tal de que á ellos no les alcancen los efectos de aquella ley. A esto vienen á quedar reduci- - 88 - das las aspiraciones de los obreros dentro de un régimen exento de monopolios y privilegios legales. Pero, ¿las huelgas ponen á cubierto al operario de las fluctuaciones del precio de su trabajo? De ningi'm modo: lo que hacen es agravar su situación. No en vano se han calificado de armas de dos filos que hieren al inexperto que las maneja, porque por encima de la ilusión que por de pronto pueda alucinar en algunos casos á los obreros, está la realidad de las cosas que se deja sentir casi instantáneamente: no bien se altera la relación de los factores que gozan de plena libertad en su manera de obrar, la solidaridad que los une les hace partícipes en todas las consecuencias. I. El empresario que se ve acosado por una huelga cederá acaso á las exigencias de ,los obreros ínterin pueda sostener sus operaciones sin pérdida: desde el instante en. que ésta sobrevenga, ó reemplaza á los huelguistas por otros trabajadores, ó suspende su explotación industrial ó cierra su fábrica; y, como tuvimos ocasión de observar antes de ahora, perece un fondo que se destinaba á satisfacer salarios, por cuya razón éstos, lejos de aumentar, tendrán que pronunciarse en baja. Primer efecto de las huelgas, tal vez el más desastroso. II. Entre la producción y el consumo median relaciones tan íntimas y estrechas, que siempre que se perturban sobrevienen crisis económicas de todas clases, paralizaciones y trastornos tanto más intensos y duraderos, cuanto mayor fuere la perturbación sufrida. — 89 — Aquellas relaciones las sostiene la industria mercantil que es el 'intermediario entre productores y consumidores. Pues bien: cuando las coaliciones y las huelgas paralizan la fabricación de uno ó varios artículos en un punto determinado, el comercio que se surtía de estos artículos cambia de rumbo, abandona el punto productor que ya no tiene que suministrarle, y busca la mercancía en otros sitios. ¡ Cuántas pérdidas, cuántos quebrantos no experimenta la producción hasta reponerse y adquirir de nuevo la clientela . la parroquia ahuyentada por las huelgas! El obrero. bien que trabaje ó devengue un jornal, bien que carezca de ocupación ó se declare en huelga, necesita alimentarse y vestirse: podrá dejar. de trabajar, pero no de consumir. Como la satisfacción de las necesidades es apremiante, las clases trabajadoras desvían la colocación de sus ahorros y economías de esas instituciones benéficas y previsoras que influyen poderosamente para atajar los azares del porvenir, y dan vida á esas otras sociedades de resistencia destinando sus fondos á sostenerse cuando huelgan. De aquí el consumo improductivo de inmensos capitales, que invertidos en otra forma, al paso que les servirían para remediar los males que las aquejan, serían un nuevo fondo de salarios que aumentando el capital circulante exigiría mayor número de brazos y haría subir los jornales. ¿Se quieren ejemplos? Podrían aducirse tantos como huelgas ha habido. M. Reclus se entretuvo en echar la cuenta de las pérdidas ocasionadaspor varias huelgas que tuvieron lugar en Preston, Padiham, Clithero , Blackburn, Asthon, Colue, Bolton y 12 - 90 — Londres, eligiendo una de cada punto. La operación dió el siguiente resultado: 4.901.650 días de jornal perdidos, con 57.336.550 francos tirados á la calle por los huelguistas en los días que dejaron de trabajar. IV. Así como la función económica considerada. en conjunto forma un todo cuyas partes están. estrechamente unidas entre sí, de igual modo también el buen ó mal éxito de cada una de las industrias en que se ocupa la actividad humana influye en las restantes, en razón. directa del grado de dependencia en que se encuentren unas de otras, de suerte que la paralización voluntaria del trabajo en cualquiera de ellas, trae en pos de sí la paralización forzosa en las demás. Se declaran en huelga los operarios que trabajan confeccionando zapatos; pues no tardarán en quedar sin trabajo, aunque quieran y deseen trabajar, los que se ocupan en preparar las pieles: á la clausura de los obradores de calzado provocada por una huelga, si es intensa y duradera, sigue la de las fábricas de curtido. Resultado: operarios que no trabajan porque no quieren dejan sin trabajo á otros que quieren trabajar. No creemos necesario advertir que los efectos inmediatos que se desprenden de este sencillo ejemplo , no se detienen ante las fábricas de curtido; á la corta ó á la larga van repercutiendo de unas en otras industrias hasta influir .en todas de una manera lastimosa. Resumiendo, podremos concluir sin temor de equivocarnos, que las huelgas traen consigo de un modo inevitable: 1.° la paralización industrial más ó menos — 91 - intensa y duradera en el país ó comarca en que acontecen; 2.° el consumo improductivo de los capitales que los huelguistas destinan á su sostenimiento durante la suspensión de los trabajos, capitales que dejan de serlo para convertirse en meras cantidades gastadas estérilmente; 3.° la huelga forzosa de los trabajadores de otras industrias, ó por lo menos una baja en sus salarios. ¿Cuál es, por consiguiente, el concepto económico que de ellas deberá formarse...? Al llegar á esta fase de la cuestión nos salen al encuentro con sus reconvenciones las escuelas socialistas de todos matices que, aceptando por un instante el régimen industrial contemporáneo, y partiendo de la imperfección originaria de las instituciones humanas, pesan — á su manera — los inconvenientes de las huelgas y afirman que les sobrepujan sus ventajas. Aceptemos el debate en este terreno, y veamos hasta qué punto podrán estar en lo cierto, pero antes hagamos una salvedad que ya queda consignada en otra parte: cuando la huelga se propone el cumplimiento de un fin moral ó humanitario para cuya realización sea impotente el libre desenvolvimiento de las leyes económicas, la calificamos de legítima; tal sucede en los casos en que se trata por su medio de desechar instrumentos defectuosos que ofrezcan peligro para la vida del obrero, ó de adoptar las precauciones higiénicas posibles en toda clase de trabajos, y otros parecidos. Aunque la economía no sea del todo extraña á estos contratiempos debido á las estrechas relaciones que mantiene con la moral y el derecho y el recíproco auxilio que se prestan, el remedio en tales casos pudiera ser tardío ó ineficaz, y la huelga tal vez prevenga accidentes desgraciados. - 98 — fiarnos que los capitalistas industriales procuren á su vez resistirlas y que empleen para ello todos los resortes que les sugieran los aprietos en que muchas veces les colocan los huelguistas...? Asegura Adam Smith (Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones), que los patronos se entienden siempre coaligados de una manera tácita para, estacionar los salarios, hasta el extremo de ser mal visto entre ellos faltar á este compromiso presunto. Algo absoluta nos parece la proposición del ilustre profesor de Glasgow; pero aun dando por supuesto el interés de todos los empresarios para resistir el aumento de los jornales, este interés colectivo cederá ante el interés personal de cada uno cuando las circunstancias le brinden con pingües beneficios aun á trueque de subir los salarios á sus trabajadores; y que estas circunstancias pueden darse— y se dan á cada momento — nos lo prueba la práctica de cada día y la misma ley de la concurrencia que gravita con igual fuerza sobre el precio del trabajo y sobre el beneficio de las empresas. La libertad en la producción no permite el que los capitalistas empresarios ajusten á un mismo molde el empleo de sus capitales á no exponerse á una limitación de beneficios; y ya se sabe que el productor busca ante todo el mayor lucro posible. Trasladémonos empero á un pueblo ó á una comarca fabril acosada por las huelgas de obreros, y que éstos consigan ir venciendo en detalle la resistencia que opongan los patronos á sus pretensiones. ¿Qué sucederá? Que cesarán por completo los efectos de las leyes que la ciencia proclama para contestar á la guerra con la guerra, y que el espíritu de conservación une á los capitalistas ó empresarios para buscar en la -- 99 — unión la fuerza que les falta aislados. En estos casos no es el temor á la censura que dice Smith lo que los conduce á coaligarse, sino el peligro común que les amenaza, y sobrevienen esas ligas de los patronos, conocidas en Inglaterra con el vocablo lock-out, para cerrar simultáneamente las fábricas, para despedir de acuerdo los obreros que tienen por díscolos, para reducir los jornales y, en fin, para estrechar por todos los medios á los trabajadores á que depongan sus abstenciones. Conclusión: que ínterin impera la concurrencia, ella se encarga con pequeños intervalos de nivelar las utilidades de todos los coproductores, sin excluir las del empresario; pero desde el momento en que los obreros acuden á la huelga, los capitalistas-industriales contestan á su vez con sus coaliciones; ó lo que es igual, la huelga de los trabajadores engendra la de los capitalistas. Sea, pues, cualquiera el aspecto bajo el cual haya de juzgarse la huelga — aunque quisiéramos omitir otra multitud de consideraciones que se refieren al orden moral — siempre aparecerá como un arma destructora con que se invade el campo de la industria para cohibir la libertad, paralizar la producción, ahuyentar los capitales é imposibilitar la concordia entre los representantes de los diversos intereses que sostienen el orden económico. Dejemos á los sectarios de la Internacional, que tanto empeño manifiestan por sostener viva y tenaz la guerra que las clases obreras han declarado al mecanismo industrial contemporáneo, que resuman los conceptos que quedan expuestos en estas últimas páginas. Para ello extractemos algunos párrafos del informe que emitió la Sección de Lieja á propósito de las huelgas en — 100 — el Congreso de Bruselas. (La Internacional ya citada; pág. 87.) Dicen los informantes: que "dado el estado ac- „ tual de la sociedad, la libre concurrencia es la única, „ garantía que puede existir entre el productor y el consumidor, y que la huelga destruye esta garantía 77 7/ coartando la libertad de las transacciones y sustitu- „ yendo la violencia y la fuerza al mutuo acuerdo y reciprocidad indispensables ; „ y añaden : " que la 57 huelga es una lucha que aumenta los motivos de 17 odio entre el pueblo y la clase media, y separa más 77 „ y más dos clases que debieran unirse y entenderse. La coalición, ya la promuevan los patronos ó los 51 obreros, reconoce un mismo punto de partida: cada 77 uno aspira á medrar en detrimento del otro; tiene el mismo resultado definitivo ; causa arbitrariamente 77 una alza ó una baja en el valor de los productos 77 desnaturalizando la ley de la oferta y la demanda, 71 haciendo brotar la desconfianza en donde debieran 77 77 reinar la confianza y la reciprocidad. „ Fijándose en los resultados de las huelgas, se expresan los informantes de Lieja en los siguientes términos: " La huelga, tan fatal en su origen, es casi siempre ,2 funesta en sus resultados; es como una espada de dos filos que hiere al inexperto que la empuña. Pasando „ por alto las cantidades empleadas en sostenerla y la „ pérdida de producción, resultado de la paralización del trabajo—pérdida de producción que siempre se tradu57 ce por un encarecimiento general cuyas consecuen77 cías sufren todos trae en pos de sí: 1.° la sumisión onerosa de los obreros que, faltos de capitales , no „ pueden luchar por mucho tiempo; 2.° el llamamiento „ de obreros extranjeros que les ocasionan una concu57 rrencia desastrosa; 3.° la clausura de los talleres, ó - 101 - /5 cuando menos la despedida de una parte de los obre- /7 ros; 4.° la quiebra del patrono; y que como consecuen77 cia, los obreros faltos de pan y de trabajo se vean obli- ,' gados á su vez á hacer la competencia á los trabaj adores de otros talleres y á causar ellos mismos la baja de 7/ 57 los salarios contra la cual se habían alzado. Finalmen51 te, la huelga concluye con frecuencia por el motín, viniendo así á unirse la violencia física á la moral: la fuerza se sobrepone al derecho, y el obrero indefenso 51 es ametrallado en nombre del orden y de la justicia.„ 57 Una sola palabra que se añadiera á esta exactísima pintura de las huelgas, haría decaer la fuerza de la verdad con que están retratadas. Quede, pues, sentado por propia confesión de parte, que aun haciendo caso omiso de los crímenes de que está salpicada su historia, son una perturbación lamentable de funestas consecuencias para todos. Cómo deben juzgarse bajo su aspecto jurídico? II La libertad del trabajo, así se refiera al individuo como á las colectividades, es una condición necesaria que la ciencia económica reclama con imperio para el trabajador y que el derecho sanciona y garantiza en los pueblos cultos; de aquí el reconocimiento de todas las manifestaciones de la actividad humana sin más limitación que la impuesta por los deberes recíprocos para la coexistencia del derecho de todos. Si aun existen privilegios y monopolios que viven á la sombra del Estado, podrán algunos de ellos mantenerse, como se pretende. por una razón puramente histórica, resistirán los intereses creados la desaparición de - 102 - los restantes, pero no excluye á ninguno el anatema inexorable que fulmina la ciencia; así es que para nuestro objeto nos basta dejar consignada la libertad económica tal como hoy se la entiende y reconoce por la generalidad. Aplicada esta doctrina á las relaciones que median ó pueden mediar entre el trabajador — el obrero — y el empresario ó capitalista, no ofrece dificultad alguna práctica ínterin que no traspasen el límite de la esfera del individuo; es decir, que el trabajador y el empresario entran de lleno en las bases jurídicas por que se rigen los contratos, y la ley garantiza el cumplimiento recíproco de los compromisos que se hubiesen contraído ; pero cuando unos ú otros se unen y conciertan para buscar en la asociación un apoyo á sus pretensiones, entonces ocurre la duda sobre si aquellas relaciones cambian de naturaleza y exigen en su virtud la aplicación de diferentes reglas jurídicas. El Estado, como órgano que se encarga de la declaración y de la aplicación del derecho, debe reconocer en principio la legitimidad dé toda asociación, de todo concierto, para cualquiera de los fines humanos con tal que no vulnere los preceptos jurídicos necesarios á la existencia y al desenvolvimiento del individuo y al de la sociedad en general. Y debe ir más adelante todavía; porque cuando la asociación responda al cumplimiento de los fines propios del sér humano para su conservación y progresivo desarrollo, el Estado con su reconocimiento debe reconocerle la personalidad suficiente para erigirla en cierta manera en un organismo dentro de la sociedad, aunque sin ingerirse en la forma de realizar sus propósitos. Por el contrario, si el objeto y fin de la asociación no reune las condiciones necesa- — 103 — rias á este propósito, pero al propio tiempo tampoco infringe las reglas jurídicas que amparan al individuo y á la sociedad; para el Estado semejante asociación es indiferente , y sin faltar á sus deberes como órgano del dere-. cho, dejará de prestarle sú sanción: existirá de hecho bajo el amparo de las bases generales que garantizan la libertad de todos, sin que la ley reconozca de ningún modo su existencia. Tenemos, pues, que dentro de la esfera jurídica el principio de la libertad de asociación puede ofrecer en su desarrollo tres distintos aspectos que analizan los expositores de derecho público de la siguiente manera: 1.° atentar la asociación contra los fines racionales que la naturaleza humana asigna al individuo y á la sociedad que le cobija en su seno, en. cuyo caso la ley debe condenarla y proscribirla, 2.° proponerse la, realización de uno ó varios fines racionales humanos, corno acontece con las sociedades industriales, mercantiles, científicas, artísticas y religiosas: entonces el poder público las ampara y las protege . después de reconocer . su personalidad como la de los individuos; 3.° y, por último, encaminarse á la prosecución de un fin, que sin atentar contra las bases esenciales de la sociedad, no corresponde á ninguno de los medios que dentro de la naturaleza individual y social del hombre se estiman corno adecuados al cumplimiento de su destino humano: tales entidades pasan desapercibidas para el derecho y carecen de existencia ante la ley. ¿ En cuál de estas situaciones podremos comprender las ligas obreras cuando se proponen debatir colectivamente con los representantes del capital las bases bajo las cuales han de prestar su concurso á la obra de la producción de la riqueza? ¿Qué diferencia jurídica — 104 podrá existir entre el trabajador que dispone aisladamente del empleo de sus fuerzas, y un conjunto de trabajadores que se unen. y se asocian con idéntico objeto? Dentro de un régimen de libre competencia el obrero ajusta el precio de su jornal, su duración y las demás condiciones que considera convenientes para. trabajar ó dejar de hacerlo, sin limitación alguna: los pactos y contratos que con. tal motivo se celebren son perfectamente lícitos á los ojos de la ley. Pues bien, de que una de las partes contratantes la forme un solo individuo ó que sean algunos ó muchos,. la naturaleza.. del contrato no varia: la personalidad dueña del trabajo como la que posee el capital son en su esencia idénticas, bien que cada una de ellas esté concentrada. y circunscrita, en cada acto, en un individuo ó que se unan varios para constituirla. Al Estado como órgano del derecho no le es permitido establecer distinciones en este punto. Aun no para aquí todo: la libertad en el orden. eco- .nómico, como en los demás órdenes de la vida humana. no se concibe sin la responsabilidad; las dos se compenetran de tal manera, que una sin la otra serían un mito. Es libre y responsable el obrero porque ajusta el precio de su trabajo como le parece más oportuno, no pudiendo atribuir á la voluntad de otro el que su beneficio salario — resulte menor que el del dueño de la empresa; éste á su vez es libre y responsable porque elige el. género de industria que mejor le parece ó en armonía con sus inclinaciones y facultades, y á él sólo pertenece el éxito favorable ó adverso de sus empresas y desvelos. Si, pues, la ley limitara la extensión de cada uno de estos factores, desaparecería la libertad y con ella. la responsabilidad económica. — 105 — Dentro de esta libertad y de ésta responsabilidad el trabajador — bien ó mal entendido — puede sentirse ó juzgarse impotente en momentos dados para fbrinular sus deseos al establecer con su patrono las bases de sus compromisos, y busca la . fuerza que le falta en la unión con los de su clase que se encuentran en idénticas ó parecidas circunstancias; y ¿ ha de responderle el Estado de la diferencia posible  si la hubiere—entre el jornal que consiga por sí solo y el que le sea factible alcanzar uniéndose á sus compañeros? Estaríamos dentro de las garantías que el socialismo reclama para asegurar los jornales míniwos, y llegaríamos sin tropiezo de ningún género al reconocimiento del derecho al trabajo. Que las clases obreras se equivocan—se dice— cuando acuden á las coaliciones para, alcanzar un alza de los salarios, porque la ilusión del momento se desvanece ante los desengaños; que las huelgas de los trabajadores obligan á los empresarios á coaligarse á su vez, de modo que si los primeros se asocian para imponerse á los últimos, éstos buscan también en la unión la de.- fensa y se neutralizan las fuerzas como si debatieran individualmente sus respectivos intereses. Todo ello es incontestable; pero, si no interviene la coacción, al Estado no le incumbe dirimir tales contiendas, ni rectificar semejantes errores: es la lucha pacífica dentro del terreno puramente económico, y las leyes que lo presiden se encargan de restablecer la armonía perturbada. Como dice Alfonso Foy, la civilización no prosigue su camino sino con la carga y la responsabilidad de los peligros que trae consigo la extensión cada. vez mayor de los derechos del individuo, entre los que figura como uno de los principales el de asociarse para todos los fines de la vida humana. 14 - 106 Mas de que las coaliciones obreras y su corolario la huelga exijan la tolerancia de la ley por falta de términos hábiles para prohibirlas sin vulnerar á sabiendas el derecho de asociación, no se sigue que haya de prestarles su concurso ni su apoyo. Una dolorosa experiencia nos atestigua sus funestos resultados, aunque prescindiéramos del análisis que acabamos de hacer para juzgarlas bajo su aspecto económico; y el que alguna que otra vez hubiesen abogado por los fueros de la justicia, no es razón para apreciarlas en conjunto como un instrumento de progreso y de cultura social, sino corno una causa perturbadora que con frecuencia se excede y trasciende al orden público. Por lo mismo — lo repetimos — para el derecho deben ser indiferentes, debe desconocerlas ínterin no traspasen los límites donde empieza la coacción y la violencia, en cuyo caso los hechos punibles que á su sombra se cometan caen de lleno dentro de la esfera de las leyes penales. Basta por ahora sobre este asunto, sin perjuicio de ampliarlo al explanar la última parte del tema, cuya materia tiene con ésta una relación inmediata. Medios que directa ó indirectamente pueden contribuir á aminorar las huelgas y sus efectos. ¿ Existen algunos para precaverlas ó para atajarlas? No es nuestro ánimo al llegar á esta altura en el ensayo que sometemos al fallo de la respetable Corporación que ha de juzgarlo, analizar todos los medios propuestos para mitigar ni para suprimir — si posible fuese -- las huelgas. Semejante análisis nos llevaría — 1 0 r 7 — demasiado lejos y tendríamos que entrar de lleno en el campo del socialismo, aceptando sus premisas ó desechándolas de plano sin más contemplaciones. Tal sucedería, por ejemplo, con el mínimum legal del salario, la reconstitución de los gremios y otras especies vertidas al presente, que por cierto no han hecho fortuna entre los economistas porque pugnan con los primeros principios de la ciencia del trabajo. De algunas de ellas ya nos hemos hacho cargo, aunque de pasada; y así limitaremos nuestras investigaciones á la cooperación en sus variadas formas, á la participación en los beneficios y á los jurados mxtos, cerrando esta sección con nuestro humilde parecer sobre la existencia ó no existencia de medios para precaver ó atajar las huelgas. ¡La cooperacion! He aquí una palabra que, no obstante su moderno empleo en el sentido en que vamos á estudiarla, ha tornado ya carta de naturaleza en el vocabulario económico é invadido todas las inteligencias que se preocupan de las cuestiones sociales. Hombres de distintas opiniones y afiliados á las más opuestas escuelas han parado mientes en su examen, proclamando sus excelencias y atribuyéndole diferentes efectos. Quién como Jhon Stuart-Mili cree que la asociación cooperativa ha de regenerar las masas populares y la misma sociedad en general; ó como Luis Mano, que ha de ser la alianza íntima del capital y del trabajo, la organización de la previsión con la base de la mutualidad; ó como Clamageran, un resultado necesario en el orden económico del sufragio universal - 114 - dor á las ganancias: en la fábrica cooperativa está cifrado el porvenir de cada uno de los socios; las utilidades eliminadas del preciso consumo van á engrosar el capital social para extender la manufactura, su crédito y reputación; una crisis industrial, un contratiempo cualquiera puede dar al traste con las esperanzas más halagüeñas, y los infelices obreros quedan reducidos á sus propias fuerzas personales y obligados á demandar un salario. No sucede lo mismo con las de crédito. Este poderoso agente de los tiempos modernos, difundido entre los trabajadores, no les impide dirigir el empleo de sus fuerzas á la consecución de un jornal ó á trabajar á destajo ó por pieza. Por una parte disponen de su actividad eligiendo el género de ocupación para que se consideren más aptos, y el tiempo, el sitio y la forma de emplearse con más ventajas ; y por otra confían sus pequeñas economías á esos Bancos que las reunen para que alcancen la potencia y la eficacia de los grandes números; acuden á ellos en los momentos de apuro; reciben de vez en cuando el dividendo de las utilidades ó las conservan lucrativamente en las Cajas, y en épocas determinadas toman parte en el nombramiento de sus gerentes é intervienen las operaciones y los balances de tales sociedades, siendo todo ello perfectamente compatible con SUS tareas cotidianas. Si de esto pasarnos á las dificultades para instalarse unas y otras asociaciones, nos hallaremos con que las de producción aunque se reduzcan y concreten á los géneros de industria que demandan menos capital en edificios, máquinas y primeras materias, resultará que, ó el campo de sus operaciones ha de ser tan exiguo que no puedan competir con otras empresas poderosas ya existentes, ó dependerán del crédito, según antes decíamos, y los — 115 — intereses de los capitales que se les faciliten, absorberán casi en su totalidad los beneficios precisamente cuando más los necesitan. En cambio las de crédito podrán iniciarse con modestia y reducir el círculo de sus primeras tentativas á la exigüidad de los capitales aportados, porque sus miembros no cifran la diaria subsistencia en el dividendo como sucede con las de producción. Constituyen, por decirlo así, un suplemento, una reserva que el trabajador estima como una garantía para el porvenir y con la cual hace frente á necesidades perentorias en las crisis del trabajo que puedan alcanzarle. ¿ Será aventurado apreciar estas diferencias como una de las causas de la prosperidad de la obra de Schultze comparada con la efímera de las cooperativas de producción? Las de consumo han sido más celebradas que ninguna de las otras, porque sus iniciadores los equitables pionners de Rochdale supieron conquistarse un lugar distinguido en la historia contemporánea, merced á las singulares dotes que se requieren, para dar principio en 1844 á la realización de su pensamiento con el exiguo capital de 700 francos , y contar en 1864 con un contingente de 4.700 asociados, un capital propio de 5.000.000 de reales, habiéndose hecho compras en sus almacenes durante el año por valor de 15.000.000 y obteniendo sus miembros un beneficio total de más de 2.000.000. Tales progresos, que en general no decaen, sirvieron para que las cooperativas de consumo invadieran la mayoría de las localidades de la Gran Bretaña, absorbiendo una buena parte de su población obrera, y se generalizaran á otros puntos del antiguo y del nuevo continente. Aunque sus primitivas operaciones se ceñían á apro- - 116 - vecharse de las ventajas de las compras hechas al por mayor, no tardaron en asociar á sus fines la obra productora — como elemento secundario -- cuando sus capitales se lo han permitido, montando fábricas de harina y filaturas para no depender de empresas extrañas en la producción de los artículos sobre los cuales giran. Y no contentas con derramar su acción bienhechora entre los asociados, sus almacenes cuentan con numerosa clientela del público en general que toma parte en sus progresos y vicisitudes por medio de variadas é ingeniosas combinaciones. Los reparos hechos respecto á las cooperativas de crédito y de producción los consideramos perfectamente aplicables á las de consumo. También éstas se concilian mejor que las de producción con el moderno organismo industrial, porque en sus bases esenciales se concretan á alimentar y vestir á los obreros y sus familias á costa de los menores gastos posibles, asegurándoles la bondad de los géneros y la exactitud de su peso y medida, á la vez que les facilitan la posibilidad de economizar — consumiendo — una parte de sus salarios, y sin distraerles, que es lo esencial, de sus diarias ocupaciones. A semejanza de las de crédito constituyen una invención feliz llamada á prosperar, dentro de ciertos límites, donde quiera que los trabajadores asociados en esta forma se aproximen á las dotes personales que quedan enumeradas. ¿Habremos de inspirarnos en el juicio crítico que hace M. Cernuschi (Ilusiones de las sociedades cooperativas) de estas sociedades para saber hasta dónde llega su eficacia como medio de disminuir las huelgas? ¿Sería prudente reducirlas á un mero ensayo pasajero sin consecuencias trascendentales, debido al nobilísimo — 117 deseo de mejorar la condición de las clases trabajadoras? ¿Serán, por el contrario, la panacea llamada á extinguir el proletariado y con él todos los sufrimientos reales y ficticios, accidentales y permanentes que puedan mortificar á los pueblos cultos...? La cooperación considerada como un movimiento espontáneo dentro de la libertad que hoy poseen todas las clases sociales para agruparse é imprimir á los esfuerzos individuales la eficacia de que carecen obrando en el aislamiento, es una consecuencia precisa del desarrollo de los principios que proclama la escuela liberal, digan lo que quieran los que motejan de atomístico al individualismo que se cobija bajo la fórmula del laisser (aire, laisser paser. El desenvolvimiento práctico de las verdades que constituyen los diferentes órdenes del conocimiento no se alcanza con un solo impulso; es la obra lenta de generaciones sucesivas que por caminos, muchas veces no adivinados ni previstos, y siempre precediendo la necesidad á la satisfacción, se van acercando al desideratum aunque no lleguen nunca á realizarlo por completo. Por eso las sociedades cooperativas no pueden considerarse como una tendencia opuesta al individualismo económico, sino como su natural complemento; aparecieron cuando debían aparecer, y toman cuerpo y consistencia después de haber fracasado todos los ensayos de las utopias socialistas y comunistas, corno una protesta de las ideas anárquicas que bullen en las sociedades modernas; como la confirmación y la ratificación espontánea, por parte de las clases proletarias cuando las guía la cordura y la sensatez de los axiomas económicos y sociales que les sirven de punto de partida para cimentar sobre ellos tales sociedades. -118-- Si pues no pueden desviarse, sin exponerse á un fracaso, de los sanos principios que proclamaban los delegados obreros en la Exposición de París, nos será lícito entresacar de su constitución interna las siguientes conclusiones: - Que reconociendo la necesidad del capital para instalarse, habitúan á las clases trabajadoras al ahorro y á la economía haciéndoles comprender la precisión de hermanar aquel poderoso agente con el trabajo, desviándolas de las otras sociedades de resistencia sin cuyo concurso no se conciben las huelgas; —Que conociendo por sí mismos los obreros asociados la imposibilidad de determinar 1.a intensidad productiva de ambos agentes, se familiarizan con las diferencias en el reparto de beneficios, y se persuaden de que sólo á este precio es posible la producción; y como las cooperativas tienen que sujetarse á la ley del mercado que regula su competencia con las empresas á ellas extrañas, se convencen también los trabajadores de la ineficacia de las huelgas para el logro de los fines que por su medio intentan alcanzar; Que facilitando á sus miembros la coparticipación en la propiedad de un capital más ó menos respetable, rehuyen todo medio que directa ó indirectamente pueda atentar contra su existencia; y por lo tanto los obreros afiliados á las cooperativas no acudirán á la huelga aunque destinen su Jrabajo á otras empresas para obtener un salario; Que no siendo posible en las cooperativas la fusión completa y absoluta de las entidades que representan el capital y el trabajo — como lo prueban sus auxiliares ó jornaleros — las clases trabajadoras observan, sin salir de sus propias y exclusivas asociaciones, — 119 -- la legitimidad y la necesidad del salario, y por más que tengan que demandarlo en otras explotaciones extrañas, se conformarán fácilmente, en fuerza de la propia experiencia, con la desigualdad de beneficios, sin echar mano de la huelga para cercenar los que pertenecen al capital y á la dirección; Que no obstante los fracasos á que están expuestas, las cooperativas que prosperan , sobre todo las de crédito y de consumo, acumulan capitales respetables, que son un nuevo fondo de salarios, que ayudando á elevar el precio de la mano de obra, disminuyen los motivos que provocan las huelgas; Que si corno queda consignado, y se confiesa por los obreros, para que las cooperativas subsistan, es necesario que sus miembros reunan las condiciones personales de que nos liemos hecho cargo, tales condiciones ó cualidades constituirán otros tantos medios de alejar de las huelgas á la parte no despreciable de la población obrera, que entretiene la asociación cooperativa. De estas conclusiones podremos colegir que la cooperación, sin elevarse — ni mucho menos — á la categoría de un resorte eficaz que concluya con las huelgas, es un poderoso lenitivo que influye de un modo notable para precaverlas, ya que no para atajarlas; y tanto más digno de aprecio cuanto que ha surgido por virtud del propio esfuerzo de las clases sociales de donde sacan también las huelgas su contingente para manifestarse: la enfermedad y el remedio brotan de un mismo manantial. Congratulémonos, pues, de que, sin acudir á medios artificiales y coercitivos, se vayan disminuyendo gradualmente los males que nos aquejan dentro de los fueros de la libertad y del cumplimiento de nuestros recíprocos deberes. — 120 Veamos ahora el papel que ]e corresponde desempeñar ante las huelgas á la participación en los beneficios. II Antes de entrar en materia conviene precisar con claridad la significación y el alcance de la frase participación en los beneficios. Generalmente se da á este vocablo demasiada latitud, siendo así que en rigor debe concretarse á un tanto por ciento de las ganancias que los dueños de las empresas puedan ofrecer á sus trabajadores además de los jornales por que se hubiesen ajustado. Es un mero suplemento de salario que depende en absoluto de la prosperidad y bienandanza del establecimiento que lo promete y que cesa desde el instante que sobrevienen pérdidas, en cuyo caso el trabajador tendrá que contentarse con su jornal, que flota por encima de todas las eventualidades. La participación en los beneficios no significa, como algunos pretenden, la asociación del obrero á la empresa, porque, como es sabido, carecernos al menos por hoy de una fórmula que allane las dificultades anexas á hacerle responsable de las pérdidas , ni mucho menos las que se oponen á otorgarle el derecho de fiscalizar las operaciones y la administración de la fábrica para considerarle asociado á la misma. Casi todos los ensayos practicados hasta ahora, con el mejor deseo, demuestran de un modo incuestionable que el obrero no se allana á que su jornal se sujete á las fluctuaciones de la industria en que lo devenga. El precio convenido de su trabajo es un sagrado al que — 121 — no puede tocarse para cimentar sobre la eventualidad de su cobro la realización de ningún pensamiento que tienda á excitar su actividad productora, interesándóle en el buen éxito de los afanes del empresario. Sufrirá su descenso y hasta su cesación temporal en fuerza de las leyes inflexibles que regulan los precios del trabajo como el de cualquiera mercancía; pero no tolerará que tal quebranto pueda sobrevenir como resultado de un pacto social con el empresario ó capitalista. El ejemplo del pintor M. Leclaire y algún otro que pudiera citarse en que se han ideado ingeniosas combinaciones para hacer responsables de las pérdidas á los obreros nada prueban, pues otros muchos demuestran lo contrario, y, por ahora, no se ha dado el caso de que subsistiese la inteligencia entre patronos y trabajadores bajo la base de responder unos y otros de las pérdidas cuando éstas alcanzaron á los últimos; díganlo si no, el funesto desenlace de MM. Briggs y Compañía, y tantos otros que al llegar los momentos difíciles para todos tuvo que aguantar el fracaso el único agente económico que reune las condiciones precisas para asumir la responsabilidad de los quebrantos: el capital. ¿Por qué? Porque el obrero es una entidad moral inalienable; un todo que no puede fraccionarse ni adjudicarse en pago como una mercancía, y se lleva consigo la fuerza de sus brazos y la destreza adquirida, únicos elementos con que contribuye á la función económica; y, por el contrario, el capital en sus diversas manifestaciones crece ó mengua, se destruye, muda de dueño y se sujeta, en fin, á todas las transformaciones imaginables por virtud de las cuales puede desaparecer en todo ó en parte para el que lo maneja. Tenemos, pues, que la frase participación en los benefi16 — 122 — cios, expresa gráficamente la evolución iniciada á mediados de éste siglo para extender á todas las industrias el laudable propósito de interesar al obrero en el éxito de la empresa, porque, en efecto, sólo es realizable este pensamiento bajo la condición de alejarlo de toda pérdida: el beneficio y nada más que el beneficio es el único móvil capaz de despertar su simpatía hacia el capital que auxilia con sus fuerzas productivas. Si alguna duda pudiera ocurrir sobre este primer punto, por lo que toca á la ingerencia del obrero en la fiscalización de la empresa, existe una completa conformidad tanto de parte de los más acérrimos defensores de este nuevo ensayo como de los que se muestran recelosos de la eficacia desmedida que se le atribuye. Todos á una voz afirman la imposibilidad de otorgar al obrero el derecho de ingerirse en los secretos de la fabricación y el de fiscalizar por sí mismo la exactitud de los balances, y lo someten de plano á la confianza que le inspire el dueño del establecimiento. Ni podría ser de otra manera, á no concluir con la primera de las condiciones exigida en todo linaje de industrias: la unidad de dirección y de mando. Por lo tanto el empresario dirá en cada caso, bajo la exclusiva garantía de su palabra, el importe del beneficio que concede á cada uno de sus operarios, ó les satisfará sólo sus jornales exentos de todo riesgo, y cuando las utilidades permitan tales suplementos le aplaudirán como aplaudían al fabricante inglés Jeremías Read; pero cuando la suerte se muestre adversa, • el jornalero — con raras excepciones — volverá la espalda. Si, pues, el obrero en esta forma de recompensa no ha. de participar de los contratiempos ni es posible concederle respecto á los beneficios otras seguridades — 123 — fuera de la honradez y buena' fe de su patrono, claro es que. faltan términos hábiles para otorgarle medio, alguno coercitivo que le sirva para obligar jurídicamente al empresario á la satisfacción del tanto por ciento de las ganancias á que, según sus cálculos, se considere acreedor. Queda reducida la participación á una mera largueza del patrono, un verdadero estímulo ó un premio que señala á sus operarios según la impor¿ancia de las utilidades, acomodable á muchas y variadas formas en su distribución, y reservándose en todo caso la facultad discrecional de suspenderlo ó retirarlo. Para penetrar en las causas que han contribuido á que este sistema se ensayase en algunos puntos de Suiza, Alemania, Estados-Unidos y sobre todo en Francia, sería menester en la mayoría de los casos correr el velo que oculta el sagrado de las intenciones. Es innegable que las clases sociales en general y especialmente las que más de cerca se rozan con la de los trabajadores, procuran aliviar los sufrimientos que á éstos aquejan, ya difundiendo entre ellos la instrucción, ya asociándose á las obras benéficas que se proponen socorrerlos en sus desgracias, ya fomentando gratuitamente con sus caudales las instituciones populares de todo - género, ya, en fin, repartiendo con ellos sus utilidades dentro de la misma fábrica y del taller. Aunque mucho resta que hacer en estos asuntos, es preciso convenir que la indiferencia ante los males ajenos podrá ser un defecto en el individuo, pero por fortuna es raro en el conjunto: la masa social tiene más corazón que cabeza. No obstante, la participación en los beneficios tal como nosotros la comprendemos, no es sólo hija de estos nobles afectos; encierra una parte no -- 130 — tenidas por los jurados mixtos; en un total de cuarenta y tantos mil casos de los muchos en que han entendido, veintitantos mil se zanjaron '  amistosamente; y si hemos de dar crédito á algunas estadísticas, se eleva á un 95 por 100 la cifra de los laudos que consiguieron resultado favorable. _En 1873 funcionaban en este país 112 jurados, ó como allí se les llama, Conseils des prndents hommes, habiendo entendido en 29.900 casos. ( Revista de Evgel-1876) En los demás países, incluso Alemania, no revelan por ahora el interés que ofrecen en Francia é Inglaterra. Dígase lo que se quiera estas dos naciones serán por mucho tiempo, cada una por su estilo, las iniciadoras de casi todos estos movimientos que se están llevando á cabo en las sociedades modernas. ¿Hay alguna semejanza entre estos tribunales de avenencia tal como se han constituido en Francia y los que aparecieron más tarde en la Gran Bretaña? En ambos países se proponen idénticos fines, pues todos se dirigen á prevenir y zanjar los conflictos entre las empresas y los operarios en los momentos difíciles en que ocurren ó están á punto de suscitarse las desavenencias para sustituirlas por la concordia. Pero, en su constitución, en la manera de funcionar y en la forma y efectos de sus laudos se advierten diferencias muy notables: los jurados mixtos franceses comenzaron por desequilibrar los dos elementos que entran en su composición reservándose el capital un voto más hasta 7 que en 1848 no pudieron sustraerse de los acontecimientos político-sociales por que atravesó Francia y entraron á formarlos por partes iguales, fabricantes y operarios, al mismo tiempo que se introducía la novedad de elegir los miembros pertenecientes á esta úl- — 131 tima clase los de la primera y viceversa, y alternando por trimestres en la presidencia. El segundo imperio no se olvidó de los jurados in-, dustriales para someterlos á su régimen centralizador, la ley designaba las condiciones precisas para intervenir en la elección de sus miembros, reservaba al Gobierno la elección de sus presidentes y el de los secretarios se confiaba á los prefectos; por último, el Emperador podía disolverlos por medio de un decreto. Como la ingerencia del Estado en esta clase de asuntos es por punto general desastrosa, sucedió que no satisfechos aún los gobernantes franceses con tanta modificación, desandan el camino andado y en 1868 autorizan los jurados homogéneos ó sea la formación de sindicatos de operarios solos y otros parecidos para los industriales. ¡Fuerzas diseminadas que para aprestarse á la lucha tienen que organizarse por sí mismas — lo cual tropieza con serias dificultades que son otras tantas garantías de orden — las organiza el Gobierno facilitando su agrupación por clases en vez de dejar que se fundieran en el jurado mixto libremente constituído ! La ley francesa y la costumbre no se detienen ante la consideración dé que el jurado mixto es sobre todo un buen consejero, é imprimen en cierta manera fuerza civil de obligar á sus decisiones, facultándolos para imponer hasta tres días de arresto, multas y retener modelos, marcas y sellos de fábrica, y lo que es más grave todavía, registrar é inspeccionar el interior de los establecimientos industriales. Con muy contadas excepciones, los Gobiernos en Inglaterra proceden de distinta manera. Después de garantizar el derecho de reunión y asociación pacíficas - 132 - para todos los fines de la vida, esperan confiados en la libre iniciativa individual, prefiriéndola á la intrusión del poder público, para acudir á las necesidades de todo género que puedan sentirse en las crisis industriales y del trabajo. Basada la grandeza de aquel país en los progresos que allí alcanzaron la manufactura y la fabricación, una larga experiencia les demuestra que tales elementos se desarrollan y vigorizan con más permanencia entregados á sus propias fuerzas que con la tutela uniforme de la ley, que ha de desconocer constantemente el terreno que pisa sin conseguir en ningún caso la resolución satisfactoria de los conflictos, sino aplazándolos para que se reproduzcan sin cesar. Así, los jurados mixtos deben su existencia en Inglaterra á una persona de origen humilde, á M. Mundella. Aprovechándose este industrial de las huelgas continuadas que asolaban á la ciudad de Nottingban, sobre todo las que promovían los medieros, provocó una. reunión de fabricantes y operarios en la cual ambas clases designaron sus delegados, acordando las bases del jurado mixto, sin que el Gobierno tuviese intervención alguna en tales actos. Corno era consiguiente, la variedad de industrias y ocupaciones exigía que estos tribunales de avenencia se amoldaran á las condiciones de cada una; y como no había por medio como en Francia el estorbo de la ley, no tardó en aparecer el jurado de M. Kettle en Walverhampton (1864), que difiere bastante del de Mundella. Estriba el de éste, como es sabido, en la confianza que fabricantes y operarios depositan en sus respectivos delegados, mientras que el de Kettle tiene, como punto de partida, una tarifa previa de salarios que subsiste durante un año; ambos, no obstante, se ciñen en los detalles á las exi- -133-- gencias de cada localidad, se apoyan en el ascendiente moral que tienen sobre sus comitentes, y sus laudos son verdaderos consejos que llevan consigo la garantía de una imparcialidad que á todos se impone sin violencia. ¿ Cómo si no, sin contar con la sanción de la ley, había de darse el caso de que, de cada diez asuntos en que han entendido sólo uno ha pasado al jurado en pleno resolviéndose los nueve restantes por las comisiones encargadas de proponer la conciliación? Entre nosotros no ha podido por ahora implantarse el jurado mixto á pesar de las tentativas que se han hecho con este objeto. No hablemos ya de esfuerzos individuales ni siquiera para ensayar este poderoso recurso imitando á los ingleses, pues nuestros centros manufactureros no se encuentran en condiciones propicias para que la libre iniciativa individual de los fabricantes protegidos por el arancel, fuese acogida y secundada con sinceridad por las clases trabajadoras. Interin que el Estado garantice el beneficio á los primeros, las segundas no cesarán de clamar porque se les garantice á su vez un salario permanente. Después de todo no vemos diferencias notables entre ambas pretensiones, y no faltarían medios ingeniosos para echar sobre las espaldas del consumidor la carga de . sostener sin contingencias á los operarios que entretienen nuestras industrias fabriles, como sostiene desde ab initio la imposición de los fabricantes que viven á expensas de la Aduana. Recientes están los sucesos parlamentarios provocados por los representantes de la región catalana al discutirse el modus vivendi precursor de un tratado comercial con la Gran Bretaña, que abonan esta digresión, y la amenaza 'separatista que de una manera embozada se deja traslucir en ciertos docu- - 134-- mentos que tienen idéntico origen. nos hagamos ilusiones; unas mismas causas han de producir constantemente resultados análogos. Volviendo á nuestro asunto, decíamos que se habían hecho tentativas para introducir en nuestra industria el jurado mixto, y si no partieron de la libre iniciativa particular, es visto que habían de tener su origen en las esferas del poder, y así fué en efecto. En las Cortes del bienio de 1854 á 1856 se presentó un proyecto de ley que quedó en tal estado, y les cupo igual suerte á otros dos presentados en 1870 y 1873, hablándose del jurado por incidencia en el art. 8.° y transitorio de la ley de 24 de Julio de este último año, sin que se hubiese V - u - lto á tratar de este asunto hasta el decreto Moret, que no sólo se refiere al jurado mixto sino á todos aspectos y manifestaciones que ofrece el problema social por lo que se refiere á las clases trabajadoras, con el fin dominante de reunir datos para averiguar hasta dónde alcanza su gravedad en España. ¿Es esto decir que desconfiemos en absoluto de que nuestra patria llegue á tener verdaderos jurados mixtos? De ningún modo: es que sin negar la utilidad que hoy pudiéramos prometernos de su creación, nuestra industria fabril no alcanza la importancia que tiene la de otros países en que absorbe gran parte de sus fuerzas productivas, obligándole una imperiosa necesidad á acudir á toda clase de lenitivos para mitigar los efectos de las luchas formidables que estallan entre verdaderos ejércitos de obreros y opulentos empresarios que concentran capitales fabulosos en una sola explotación industrial. Conocemos las huelgas en algunas de nuestras regiones y otras diferencias que suelen suscitarse entre capitalistas y operarios; así y — 135 — todo las aspiraciones y propósitos de nuestras clases trabajadoras no constituyen ni con mucho, al menos por ahora, el foco de nuestro malestar, que es demasiado complejo. El jurado es un excelente recurso á que debe acudirse cuando se den términos hábiles para implantarlo; su. aplicación sería de dudosa eficacia en ciertas y determinadas industrias y ocupaciones en que la mano de obra no exige la aglomeración de trabajadores en un punto dado. He aquí el motivo que, á nuestro modo de ver, ha influido más de cerca para que esos proyectos de ley se olvidaran apenas enunciados en el Parlamento. ¿Vendrán los jurados mixtos por obra y gracia de la ley? ¿Surgirán espontáneamente de la iniciativa privada ? Estamos tan acostumbrados á esperarlo todo de arriba, que no será difícil se reproduzcan aquellos olvidados _proyectos con las modificaciones que sus nuevos autores tengan á bien introducir en ellos. Por ahora sería prematuro cuanto se dijese sobre el particular: veremos lo que hemos adelantado para la obra el día que se reunan los datos á que aspira el decreto de 5 de Diciembre. Nuestro modo de pensar sobre la materia coincide con los principios que sustenta la escuela liberal, que expondremos en pocas palabras. ¿De dónde nació la idea del jurado mixto? Del reconocimiento de dos entidades distintas y libres, corno lo son las clases obreras que representan el trabajo y las que representan el capital, que pugnan por agrandar sus intereses. ¿Cómo imaginar en vista de esto ningún medio para dirimir sus contiendas, compatible con la libertad que todos querernos y debernos respetar, que no sea creación de las — 136 — mismas clases interesadas? Ha de ser obligatoria la constitución del jurado legal tal como se ha intentado hasta ahora? No; pero la ley— se dice—lo constituirá cuando lo solicite cualquiera de esas entidades que ponen el trabajo ó el capital, ó las dos á la vez: en estas bases están calcados los proyectos que hemos mencionado. Y ¿ no se ve que en este último caso, es decir, cuando lo soliciten fabricantes y operarios , sobra la ingerencia de la ley, porque si lo desean de veras para nada necesitan de su intervención oficiosa? Si lo solicita una de las partes y la otra se queda rezagada, ¿qué procedimiento empleará la ley para compelerla á que preste su concurso á una obra que tiene que comenzar por cimentarse en la concordia á que aspira? Demos de barato que se obliga al obrero ó al patrono á aceptar el cargo de jurado; ¿qué confianza ha de inspirar á ambas partes contendientes un tribunal de avenencia así compuesto? Sus laudos, partiendo de esta constitución legal, tendrían que ser obligatorios, pues en otro caso la ingerencia de la ley sería inútil , obraría en el vacío, dado que fabricantes ú operarios quedasen en libertad para volver la espalda á las decisiones del jurado. Si aun así nos empeñásemos en establecer los jurados legales, seamos francos: dejémonos de medias tintas, y que el Estado se encargue sin rodeos de orillar los inconvenientes que resultan de las crisis industriales y de las del trabajo en todos los casos, sin hacer distinciones odiosas é injustas. No se hable más de libertades económicas: déjese el campo expedito al socialismo. Que el jurado mixto libremente constituído y en el cual se equilibren los dos elementos que lo componen, es un medio superior á todos los conocidos y ensayados — 137 — para reducir los efectos de las huelgas y para evitar en muchas ocasiones que lleguen á producirse, está fuera de toda duda. Partiendo del respeto sagrado que han -conseguido el capital y el trabajo y de la responsabilidad que á ambos agentes acompaña en su libre desenvolvimiento, nada más natural que sus representantes ventilen por sí mismos sus diferencias alejando toda intrusión. extraña. Véanse algunas de sus ventajas: Primera. — El trabajador encontrará en su igual, á quien ha confiado la defensa de sus intereses, una garantía irreemplazable: el fabricante se dará por muy satisfecho con que otro de su clase se encargue de vindicar su proceder con sus operarios ante una asamblea á que éstos mandan sus delegados. Pesarán y aquilatarán la justicia de las pretensiones de cada uno para resolverlas por medio de un veredicto que sea eco fiel de la equidad; Segunda. — El jurado libre es á la vez un remedio poderoso para evitar sin extorsiones exigencias imprudentes, porque se sabe de antemano que serán rechazadas por el consejo de árbitros; Tercera. — En las variadas formas á que se presta esta institución, permite que sus miembros se renueven sin cesar, y los obreros, sobre todo, reciben á cada paso lecciones provechosas de sana economía incomparables con los rencores mal reprimidos que tanto daño ocasionan entre las masas; Cuarta.— Es un medio á que puede acudirse con ventaja para contener en lo posible el descenso de los salarios más allá del tipo natural, y que, por el contrario, se eleven cuanto lo permitan la situación de cada género de industria y el modo de ser especial de cada localidad; 18 -- 138 — Quinta.-- Como dice el Conde de Paris (Asociaciones obreras en Inglaterra), su influencia moral es de gran valía, porque las reuniones de operarios y fabricantes, las discusiones que se suscitan y el término pacífico de sus desavenencias , originan relaciones de amistad y de concordia entre unos y otros que permiten confiar en que á cada paso se estrecharán más y más estas dos clases sociales á medida que se vayan penetrando que tienen forzosamente que vivir juntas y armonizar sus intereses. IV Prometimos cerrar esta sección de nuestro trabajo con el examen de los medios de precaver ó de atajar las huelgas, respondiendo así á las exigencias del tema del concurso. Si hasta aquí una crítica severa podría hallar, tal vez en lo que llevamos dicho, algún motivo en que apoyarse para tildar nuestros asertos de un exagerado individualismo, sospechamos que en cuanto nos queda por decir se extreme este calificativo hasta considerarnos afiliados todavía más allá de la escuela economista liberal. No nos sorprendería este juicio, porque no es el socialismo radical el enemigo á quien tienen que temer las libertades económicas: aparentando respetarlas, priva hoy, entre muchos hombres de ciencia, otro socialismo menos impetuoso que coincide perfectamente con las aspiraciones y los deseos de casi todos nuestros partidos políticos militantes, permitiéndoles enlazar sus principios de gobierno con los que sustentan aquellos en Economía. — 139 — Como la ciencia del trabajo es un auxiliar tan indispensable para el régimen de los pueblos que no puede darse un paso en materias de gobierno sin acudir á sus luces y enseñanzas, y la escuela liberal se encontró al comenzar su propaganda con un régimen social privilegiado - , se dice por algunos que su misión ha terminado ya, ó cuando menos que necesita el refuerzo de otras ideas nuevas para amoldarse á las exigencias de la época presente. No es difícil señalar el origen de esta tendencia. Los economistas creen, y con sobrado motivo, que falta mucho aun por hacer, ó si se quiere por deshacer; y como lo que queda del antiguo régimen es el único refugio en que se apoyan ciertas escuelas políticas apoderadas de los destinos de la mayoría de los pueblos cultos, se acogen á los modernos socialistas que visten con nuevo ropaje los rancios sistemas de los antiguos — y así esas escuelas se persuaden que podrán entorpecer, ya que no les sea posible impedir de un modo definitivo, el triunfo de la libertad. A no ser por este extraño maridaje políticoeconómico, el nuevo socialismo no hubiera alcanzado tanto séquito, y sería más fácil la tarea de vencerlo en el terreno de los hechos. Dejémoslo que cobre bríos, que ya vendrán los desengaños. Nosotros daremos fin á nuestro trabajo sin salirnos de las bases fundamentales de la escuela liberal, convencidos de que dentro de ella caben y pueden desarrollarse con holgura todas las manifestaciones del pensamiento que encierren ideas fecundas y de aplicación práctica para el bienestar del individuo y de la sociedad. Es tan abundante nuestra habla castellana en voces y acepciones, que toda cuestión propuesta exige casi siempre, antes de entrar en materia, fijar el valor de