scieee Open visual document viewer

Nuevas propuestas para la historia del baile flamenco

Berlanga, Miguel Ángel

Abstract

La música y el baile han sido excluidos durante mucho tiempo como temas de investigación en el flamenco. Esto ha distorsionado nuestra percepción de este particular arte. La investigación sobre el baile, y en concreto sobre sus orígenes y primera etapa de desarrollo, puede contribuir a superar viejos estereotipos. El artículo se centra en dos tipos de ambientes de bailes que podemos considerar preflamencos: los precedentes teatrales, y la reelaboración gitana de los bailes de candil. Se realiza un visionado en “clave preflamenca” sobre las danzas en la tradición del teatro menor español: jácaras y entremeses del Siglo de Oro, sainetes y tonadillas del siglo XVIIII y sainete andaluz de la primera mitad del XIX. Hoy sabemos que los primeros ambientes flamencos surgieron como una particular reinterpretación gitana de los bailes de candil andaluces. Pero también la tradición bolera, más allá de constituir una escuela de danza bien diferenciada, transmitió algunas de las convenciones dancísticas que influyeron en el baile flamenco.

Full text

Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 105 Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco MIGUEL ÁNGEL BERLANGA Uni e sidad de G anada [email p o ec ed] Resumen La música y el baile han sido excluidos du an e mucho iempo como emas de in es igación en el lamenco. Es o ha dis o sionado nues a pe cepción de es e pa icula a e. La in es igación sob e el baile, y en conc e o sob e sus o ígenes y p ime a e apa de desa ollo, puede con ibui a supe a iejos es e eo ipos. El a ículo se cen a en dos ipos de ambien es de bailes que podemos conside a p e lamencos: los p eceden es ea ales, y la eelabo ación gi ana de los bailes de candil. Se ealiza un isionado en “cla e p e lamenca” sob e las danzas en la adición del ea o meno español: jáca as y en emeses del Siglo de O o, saine es y onadillas del siglo XVIIII y saine e andaluz de la p ime a mi ad del XIX. Hoy sabemos que los p ime os ambien es lamencos su gie on como una pa icula ein e p e ación gi ana de los bailes de candil andaluces. Pe o ambién la adición bole a, más allá de cons i ui una escuela de danza bien di e enciada, ansmi ió algunas de las con enciones dancís icas que in luye on en el baile lamenco. Abs ac The exclusion o music and dance as esea ch opics, has dis o ed ou pe cep ion o lamenco. Resea ch abou Spanich dance, and pa icula ly abou hei o igins and ea ly de elopmen , can help o o e come old s e eo ypes. This pape ocuses on wo kinds o en i onmen s ha we conside p e lamencos: hea ical p eceden s, and popula dances (bailes de candil) ein e p e ed by he andalusian gypsies. We ocus in "key p e lamenca" abou he spanish dances pe o med in he sho d ama ic o ms: jáca as and en emeses om he Golden Age, saine es and onadillas o eigh een h cen u y, andalusian saine es o he i s hal o he nine een h. The bole o, beyond ha e o igina ed a dis inc school o dance, o igina ed some o he con en ions o lamenco dancing. The i s lamenco dance pa ies a e analyzed as a gypsy ein e p e a ion o Andalusian dances o lamp. 1. In oducción El p o agonismo excesi o que la lamencología ha o o gado al can e, ha lle ado a que muchas his o ias del lamenco se eduzcan a la na ación de hechos y anécdo as e e idas a la ida de los can ao es, igno ando casi po comple o el baile, que es el oco en el que con luye oda la exp esión lamenca: música y danza. A gumen a emos la cen alidad del baile en el desa ollo his ó ico del a e lamenco, y nos de end emos en sus p eceden es his ó icos, desde el siglo XVI has a el XIX. La hipó esis gene al que a gumen amos es que el nacimien o del lamenco –que cabe si ua a p incipios del siglo XIX– ue el esul ado de una eliz conjunción de adiciones p e ias, popula es y ea ales. Y que la in e acción cul o-popula es cons i u i a del lamenco, y más en conc e o del baile. Nos cen a emos en la adición ea al p ime o, y después en los ambien es popula es de bailes ein e p e ados po los gi anos. 2. El baile lamenco en el ma co del baile español Siendo el p opósi o de es a comunicación analiza solo algunos hi os de la in luencia his ó ica de la danza española en el baile lamenco, deja emos las e e encias a la An igüedad y la Edad Media. 2.1 El Renacimien o y el Ba oco En España, al menos desde el siglo XV se di e encian dos adiciones dancís icas o ‘escuelas’: una más popula , la del baile, y o a de danza, a is oc á ica, muy en con ac o con las adiciones Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 106 co esanas eu opeas, como la bo goñona, la i aliana, o la inglesa. Hay au o es como Robe o Pla (1995) que man ienen que las baxa danzas eu opeas más an iguas deno a ían o igen español. Sea lo que sea, en el siglo XVI la dis inción en e las danzas y los bayles es aba más o menos de inida. Las danzas, p ac icadas en las ies as eales y de la nobleza, desplegaban pasos g a es y mesu ados, pe maneciendo los b azos es á icos. Los bayles e an del pueblo, y admi ían ges os más lib es de b azos y pie nas y mayo desen ol u a del cue po. Pe o al menos desde el siglo XVI ya se obse an as ases en e las danzas a is oc á icas y los bailes popula es (Mo eno Muñoz, 2010: 54-56). Los maes os de danza gus aban de mon a nue os pasos pa a la nobleza y la ealeza, inspi ándose no pocas eces en los bailes o danzas de cascabel, que e an las popula es y que hacían ecuen e uso de las cas añuelas. Aís las cas añuelas ue on inco po adas a algunas danzas españolas du an e los siglos XVI y XVII, p oceso que se obse a bien en la danza ea al. F en e a las danzas eu opeas, las danzas españolas de es a época des aca on po su desen ol u a y po el uso ecuen e de las cas añuelas. En el siglo XVII cabe di e encia es adiciones o escuelas: a) La popula , escasamen e o malizada, muy a iada y a iable. Conocidas con ecuencia como danzas de cascabel, incluían una amplia ipología: bailes de pa eja, danzas de palos, de co o, alegó icas...); b) Un es ilo más in e nacional o eu opeo con elemen os compa idos con o os países; y c) Las ci adas po algunos au o es como danzas mix as (Delei o y Peñuela, 1944, Díez Bo que, 1978). A pa i de esc i os de la época (Lope de Vega, Ce an es...), Díez Bo que po ejemplo dis ingue en e Danzas de cuen as o co esanas (Galla da, Pa ana, Alemana, Pie de Gibao, To neo...), Bailes de cascabel, ealizados en ambien es popula es como co ales, es ejos eligiosos, euniones y ies as ecinales y amilia es (Pollo, Villano, Ras ojo, Cana io, Za abanda, Esca amán, Capona, Seguida...) y danzas mix as que mos aban semejanzas con las co esanas, pe o e an an popula es como los bailes. Y es que, al igual que en los ambien es popula es se imi aban cie os elemen os co esanos, en los co esanos se adap aban elemen os popula es. Ruiz Mayo domo (1999) ha indi iduado algunas ca ac e ís icas dis in i as de las danzas españolas que podemos llama mix as: la abundancia de lo eos al es ilo de la ac ual je ezana, las uel as de pecho en los homb es, la ele ación de las pie nas, los gi os múl iples, a ios ipos de enzado de pies... Y po supues o el mayo uso de los b azos. Son p eceden es que ci s aliza ian poco después en la Escuela Bole a en el siglo XVIII. De hecho en el Discu so sob e el A e del Danzado y sus Excelencias, esc i o en Se illa en 1642 po el maes o Juan Esqui el, se encuen an ya pasos ca ac e ís icos de es a escuela. 2.2 El siglo XVIII. La Escuela Bole a En el a ado de Baile de Mingue e I ol (1764) apa ecen ci adas po p ime a ez en un a ado de es e ipo las seguidillas y los andangos: “El lenguaje co eog á ico que encon amos po p ime a ez en Esqui el [1642] iene su con inuación en el a ado de Mingue e I ol A e de Danza a la F ancesa añadido en es a e ce a imp esión con odos los pasos, o mo imien os de danza a la española […] edi ado en Mad id, ap oximadamen e hacia 1737”. Es e a ado “man u o su igencia has a 1764, en que es sus i uido po o o del mismo au o y con p ác icamen e el mismo con enido, eliminando las desc ipciones de danzas y denominándose B e e a ado de los pasos del danza a la Española que hoy se es ilan en Seguidillas, Fandangos y o os añidos”. (Ruiz Mayo domo, 1999: 305). En ada la segunda mi ad del siglo XVIII, su gió en España una co ien e cas icis a, populis a, exp esión de la eacción en e al p edominio de lo i aliano y lo ancés en las modas, y po ende en la danza. Es e cas icismo, muy p esen e en saine es y onadillas, se o jó con una buena dosis de e e en es ópicos del su peninsula –pa icula men e andaluces– y mad ileños, como la imi ación, en e la gen e jo en acomodada, de usos y cos umb es popula es de Andalucía, de lo gi anesco y la je ga en caló. Ca o Ba oja (1993: 364) lo ca ac e izó como gi ano ilia, es ilización, pos u a es é ica agi anada, manie ismo, gus o po la jue ga y la guasa: “Da el golpe bailando, Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 107 can ando, luciendo, e ando [...] hay como una a ec ación de 'dandysmo' popula que ex aña a cie as gen es y o ende a o as”. La Escuela Bole a que su ge po es os años ecoge y mani ies a es e cas icismo y majismo incluso en la es imen a. En ella se p oduce una cu iosa mezcla: jun o a las he encias de las danzas mix as de siglos an e io es, un cie o e inamien o diechiochesco –del que no log a sus ae se– y el aludido majismo, andalucismo y gi anismo. La es é ica bole a e ue za, en e ec o, las endencias p e ias del baile español, y en conc e o la impo ancia del b aceo y las cas añuelas. Así había desc i o el b aceo del baile español Ma ie Ca he ine D’Aulnoy oda ía en plena época ba oca (1691, casi un siglo an es del asen amien o de la escuela bole a): “Las ac ices aían cas añuelas y usaban pequeños somb e os. Es cos umb e cuando bailan, y cuando danzan la za abanda, pa ece que no ocan el suelo, de lo lige o como se deslizan. El es ilo es bas an e di e en e al nues o; mue en sus b azos muchísimo y con ecuencia ele an sus manos sob e su cabeza y el os o con a eba ado a g acia, ocando las cas añuelas admi ablemen e”. (D’Aulnoy, 1986: 62). Lo que desc ibe el ex o de Madame D'Aulnoy es una za abanda de inales del siglo XVII. Obsé ese el uso de b azos y cas añuelas, las g aciosas aslaciones de la baila ina po el escena io... El en e o ex o casi se adeap a ía a la desc ipción de un baile bole o ac ual. Compá ese con el modo de ca ac e iza el baile bole o ac ual un g upo de baile, en su página web 1 : La g an di e encia con el balle la ma ca la Escuela Bole a con la u ilización de los b azos: el llamado b aceo a la española, de al a complejidad écnica e in e p e a i a, con la complicación añadida de las cas añuelas o palillos que deben se ocados al mismo iempo que e olucionan b azos y pies. […] En cuan o al cue po, de la cin u a pa a abajo hay un pa ecido eno me con el posicionamien o co po al del balle ; sin emba go hacia a iba se c ea un dibujo global di e en e, más ligado y edondo. El o so que se en ega, que a anza y se equilib a con la posición de la cabeza, es el inicio del dibujo cu o de los b azos, mo iéndose en cí culos que se ace can o se alejan del cen o co po al. Pues bien, a p incipios del XIX el baile lamenco e oma á es a adición de las danzas mix as, que ya había e omado la Escuela Bole a. Pe o mien as la danza bole a se nos apa ece como la di ec a con inuado a de es a adición ea al –a la que se añaden elemen os popula es– el baile lamenco p ocedía de los ambien es popula es, de los que ecibe los elemen os an iguos de las danzas de cascabel, an o en la música de la gui a a y en el compás (compás de 12/8 al e no, compases de 6/8, abundancia de i mos e na ios, asgueados), como en los pasos de baile, (uso abundan e del b aceo y un pa icula uso del zapa eado). A la consolidación de la Escuela Bole a en los escena ios con ibuyó el auge de la onadilla escénica –piezas de ea o meno can ado y de ambien ación populis a, ep esen adas en el in e medio de las comedias–, en las que abundaban los bailes, muy acep ados po el público. Los e e en es andaluces no ue on p edominan es en las onadillas de en e 1750 y 1780. Pe o ue on c eciendo paula inamen e: las seguidillas disminuye on en a o de las i anas, es deci canciones bailables –o al menos con abundan e uso de la ges ualidad–, in e p e adas a solo 2 po una muje . La p o agonis a de la i ana e a una can an e/ac iz y en es e sen ido cabe e en las i anas he encias de la p ác ica de las jáca as del ea o meno del siglo XVII, así como an eceden es de las can an es/baila inas de canción andaluza del siglo XIX y de las cuple is as del XX. 1 h p://www.melomanos.com/discs/index.php?ac ion=show_in o& e _disc=SRD- 19&Disc_Session=a2 66168ac45a17c 1ce577d5db5cd9c#Los%20bailes. Consul a 14 V 2011. 2 La p esencia de bailes a solo de muje no e a nue a en España. Hay e e encias a ellos en la An igüedad, en la Edad Media, en el ea o desde el siglo XVI. Sabemos de baila inas amosas como Ma iana de Rueda (siglo XVI), Be na da Ramí ez (XVII), Ri a Luna, Ca men la Condesi a (XVIII)... La p esencia emenina en los escena ios españoles ue supe io a la de o os países eu opeos. Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 108 2.3 El baile andaluz en los ea os a p incipios del siglo XIX En las úl imas décadas del XVIII c eció la p esencia de baila inas andaluzas en la Co e – pa icula men e gadi anas–, y hubo un auge de los bailes, en onadillas y o os géne os de ea o meno . En los años de en esiglos (XVIII-XIX), los bailes incluso hacían apa ición sin ama a gumen al alguna, como in e medios de ob as. E an bailes de pa eja –una o más, o en ío– y bailes a solo ipo i anas, como el zo ongo, el polo, el olé o la cachucha. Es os bailes con inua on en los saine es y comedias de emá ica andaluza, géne o jocoso 3 que he edó la p opula idad de la onadilla jus o cuando és a decaía, a pa i de 1810. Abunda on los saine es de ama simple e incluso inexis en e: una sucesión ápida de escenas co as, con pe sonajes popula es de odo ipo, de gi anos y de ex anje os -con ecuencia idiculizados- (Can os Casene e, 2006). Desde Andalucía, con Cádiz y Se illa a la cabeza, es as ob as llegaban a Mad id, donde an o se p odiga on que en la década de 1840 su gió en e los c í icos un mo imien o de echazo (Rome o Fe e , 1999: 77). Y es que la p esencia andaluza en Mad id ue in ensa en odo el siglo XIX. Si en los años 40 el echazo al andalucismo ba a o se p oyec ó con a los saine es, a pa i de los años 80 y en la gene ación del 98 oma ía un ca iz an i lamenquis a. Can os Casena e (2006: 89-90) eseña en e los bailes de moda en la escena ea al gadi ana de p incipios de siglo XIX a los bole os, las se illanas co ale as, el olé, el zo ongo, el jaleo y el zapa eado. Repa emos en la mezcla de elemen os popula es (léase no academizados) y bole os. A su ez, y ambién a caballo en e lo popula y lo académico, ese eseñado auge de bailes a solo –desde el úl imo cua o del siglo XVIII– que seguían su p oceso de agi anamien o: p ime o bajo el nomb e de zo ongos, polos, i anas, cachi ulos… y ya en el siglo XIX, bajo los nomb es de El Olé, La Cachucha, el Jaleo de Je ez, La Malagueña y el To e o, El Vi o... Con o me a anza el siglo XIX abunda on cada ez más bailes in e calados en los saine es. También en los ea os eu opeos, especialmen e desde la década de 1820, iun a on los núme os de danza andaluza, casi siemp e independien es de oda ama a gumen al. Es e iden e que es os ambien es de ea o meno con ibuye on al su gimien o de la escuela de baile lamenco en una de sus e ien es: la ea al, en la que lo andaluz popula agi anado, como se ha is o, ue adqui iendo una p esencia c ecien e. Si en ellos no siemp e apa ecen los elemen os gi anos, sí que abundaban los e e en es gi anescos. Pensamos que se á uc i e á una in es igación de allada sob e las in luencias de es a adición dancís ica ea al en el baile lamenco, de ca a a p ecisa las con inuidades en e, po un lado la za abanda, las jáca as o los cana ios, con el olé y el i o de la adición bole a, así como con los jaleos gi anos de p incipios de siglo, o las solea es y aleg ías de unas décadas después. 3 El siglo XIX. La nue a o e a lamenca Has a aquí hemos a ado de la adición dancís ica ea al como uno de los an eceden es inmedia os de la escuela de baile lamenco, hemos p e endido a gumen a que asigna la c eación del baile lamenco a los ambien es gi anos en exclusi a –sin e e encias a es os ambien es ea ales–, equi ale con undi la pa e con el odo. Asigna a un supe icial gi anismo –del que hizo gala una pa e de la lamencología de la segunda mi ad del siglo pasado– oda la explicación del lamenco, sin e e encias a la his o ia de la música y danza española, como si los gi anos andaluces hubie an i ido aislados del es o de la población, es un e o de en oque impo an e. Aho a bien, an cie o nos pa ece es o como que el mundo del baile lamenco no p ocede di ec amen e del baile bole o y ea al. Reseñada la impo ancia del baile ea al en el su gimien o del lamenco, analiza emos o o ipo de ambien es popula es en los que los gi anos sí ue on p incipales p o agonis as: el de las ies as p i adas –la o a ca a de la moneda de los o ígenes del lamenco–, que comenza on a p odiga se en o no a los años 20-30 del siglo XIX. 3 Su mejo ep esen an e andaluz de inales del siglo XVIII, y de los más in luyen es, había sido el gadi ano Juan Ignacio González del Cas illo. Ya en el siglo XIX des aca on Tomás Rod íguez Rubí y José Sanz Pe e. Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 109 Las p ime as ies as lamencas ue on ies as de ca ác e p i ado y público a la ez: mon adas no pa a el ecinda io –pa a la comunidad que celeb a–, sino pa a in i ados dis inguidos y pa a cu iosos, p e io pago de algún ipo de en ada. Con aban con una no edad de la que ca ecían los aludidos ambien es ea ales: al se una especie de eelabo ación del i ual adicional de los bailes de candil (Be langa, 2000), o ecían un ambien e de ce canía muy dis in o al de los ea os: la cons ucción simbólica del cí culo, la elación con el g upo, con la comunidad que jalea y a opa… O ecían jus amen e la 'au en icidad' que comenzaban a demanda los o áneos y una incipien e a ición. La ausencia de escena io de es os nue os espacios ( enían luga en casas pa icula es) y el p o agonismo gi ano de es as ies as, p opició que el baile lamenco se consolida a como baile solis a, de ámbi o educido. Es en el baile a solo donde el baile lamenco mos a á su pe sonalidad dis in i a. Es a nue a o e a, la de las ies as lamencas p i adas, iun ó a pa i de los años 20 y 30 del siglo XIX, no an es. Po esos años lo español exó ico eñido de andalucismo ya se había pues o de moda en Eu opa, a a és de las baila inas bole as (los lamencos aún no habían comenzado a sali al ex anje o). Es o hizo que muchos iaje os eu opeos ecala an en Andalucía buscando los bailes “en su e dade o ambien e”. Y un pa icula ipo de espues a a esa nue a demanda u o en onces un des acado p o agonismo gi ano. Los gi anos iane os ue on los p ime os que o e a on con éxi o es a especie de al e na i a a los espec áculos ea ales. Y odo indica que la o e a iun ó y se asen ó en muy poco iempo. 3.1 Fies as p o o lamencas An es de la consolidación de es a nue a o e a, hay es imonios espo ádicos de ies as gi anas que, sin deja de se bailes de candil, mos aban ya elemen os p óximos al lamenco. En la ies a desc i a po Cadalso en sus Ca as Ma uecas ( echada en la década de 1770 o p ime os 80), los gi anos ue on los p incipales p o agonis as. Hubo can e y baile, bajo la u ela y con ol del ío G ego io, je e del clan y animado p incipal de la elada. (Cadalso, 1971: 38-41). Se eseña el ambien e uidoso de la ies a, los bailes a sólo a ca go de des acadas jó enes gi anas (se ci a un polo bailado), la p esencia de cas añuelas, palmas, gui a a... Modos muy ce canos a lo lamenco. Pe o e a una ies a p i ada ocasional, no cons i uida como o e a o ganizada. En una hacienda u al no exis e la posibilidad de demanda que o ece la ciudad. El lamenco es un enómeno u bano y o ganizado. Repa a en es e de alle no es una simple su ileza: es lo que más dis ingue un baile de candil adicional –en p incipio ce ado a los ex años– de una ies a lamenca, abie a a o áneos: dos plan eamien os muy dis in os. Es lo que se deduce ambién de la compa ación en e dos de las Escenas Andaluzas de Se a ín Es ébanez Calde ón, esc i as unas décadas después de la escena desc i a po Cadalso. En La Ri a andaluza, escena publicada po p ime a ez en 1832 (Es ébanez Calde ón, 1985: 65-75), se desc ibe una ies a que aunque no es en una zona u al, sino en un ba io de una ciudad andaluza (un ba io de las a ue as de Málaga), sigue las pau as de un baile de candil a la mane a adicional. Apa ecen los jó enes sepa ados po sexos, las dueñas o mamás de las chicas, dos o es ‘p ohomb es’ que eje cen de au o idad, gui a as, pla illos, cas añuelas, coplas imp o isadas... En el momen o de la puja o i a, azuzada po el i ado , los del ba io consiguen bu la se del seño i o isi an e, que acasa en su in en o de liga con una de las chicas, la eina de las ies as. En los bailes adicionales, hacia el o áneo –hacia quien no o ma pa e de la comunidad que celeb a– los celeb an es mues an una ac i ud dis an e, de indi e encia e incluso echazo. 3.2 Las p ime as ies as lamencas Muy dis in o es el p ocede de los p o agonis as de una de las Escenas, Un baile en T iana 4 . El ex o sugie e la exis encia de una p opaganda po pa e de los o ganizado es de la ies a pa a cap a público, una o e a o ganizada (Es ébanez Calde ón, 1985: 253). Se de alla la ac i ud ecep i a de los 4 Su p ime a e sión pa ece da a del año 1831. Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 110 p o agonis as de la ies a hacia los isi an es. La escena no desc ibe un baile de candil más, sino un ipo de ies as-espec áculo que los ‘ lamencos’ iane os ya o e aban en algunas casas. Es as ies as es aban adqui iendo po esos años modos y mane as especí icos, ecu en es. Tal ipo de o e a es able no la encon amos, que sepamos, ni en el muy p e lamenco Cádiz de los mismos años, ni en la ciudad de Málaga (que seguía con sus bailes de candil en el ex a adio), ni en G anada, cuyos gi anos del Sac omon e oda ía no habían o ganizado sus zamb as de mane a es able. Incluso algunos da os nos hablan de que en la ciudad de Se illa esa ‘o e a’ enía p eceden es aún más an iguos. Es a ac i ud, no solo de acogida, sino de búsqueda de un público po encial, comenzaba a se habi ual, al menos en el se illano ba io de T iana. P eceden es inmedia os de dicha ac i ud se encuen an ambién en T iana desde al menos 1812, según nos eseñan a ios a ículos de p ensa de la época. Así lo e e lejado O iz Nue o en es a ículos pe iodís icos apa ecidos en e 1812 y 13 en un pe iódico de Se illa (El Tío T emenda o Los c í icos del Malecón. En: O iz Nue o, 1990: 17-28). En el p ime o de ellos se na a cómo un g upo de iane os oma la inicia i a de agasaja al gene al Cas años con un jaleillo p obe en una casa. Una cosa e a hace un jaleo pob e en una casa pa icula , y o a muy dis in a o ece lo a pe sonajes de us e. En ealidad los gi anos enían o eciendo espec áculos de danza desde oda su his o ia conocida (la no edad aho a es á en que esa p ác ica se a a consolida como o e a es able). Po ejemplo sabemos po el Lib o de la Gi ane ía de T iana, que en 1747 los gi anos con mo i o de la subida del ey Fe nando VI hicie on cua o danzas de homb es y muje es. Y ambién en esa ob a se lee que ya en 1742 “la gen e iba a la Gi ane ía pa a dis ae el ocio con la cuad illa de la Jimena, que p epa a la danza del Cascabel Go do en la que iban doce gi anas mozas”. Una mues a más de la especial incul u ación de los gi anos iane os. Loa pasos que se die on desde en onces se pueden as ea en ex os de Es ébanez Calde ón, Richa d Fo d y William Beck o d en la década de los 30, Teó ilo Gau ie y Alejand o Dumas en la década de los 40, y Cha les Da illie en la de los 60, en e o os. Richa d Fo d, un acomodado a is óc a a inglés que i ió en Se illa en e 1830 y 1833, desc ibió en é minos gene ales es as unciones lamencas en casas pa icula es –especialmen e en T iana–, obse ando que e an o ganizadas po gi anos y que e an de pago (Fo d, 1988: 356-58). Además de p esen a las como habi uales ya po esos años, Fo d esc ibe sin odeos que se pagaba po acudi a ellas, que el baile habi ualmen e e a a sólo y solía co e a ca go de muje es. Ci a la imp o isación de coplas y de alla que con ecuencia es as unciones e minaban en peleas: dos he encias de los bailes de candil. Así pues, en la década de 1830, las ies as en casas p i adas, sob e odo de gi anos iane os – con cie o p o agonismo subsidia io de no gi anos- comenzaban a se muy ecuen adas. Po aquellos años, el inglés William Beck o d as p esencia lo que él cali icó de abu ida sesión de ea o musical, ue in i ado a p esencia a los músicos ‘en su ambien e’. Sus palab as sob e es a elada son de en usiasmo y apo an la isión asomb ada y algo pe pleja de un ou side . Repa a en que el g upo de músicos se disponía en cí culo con sus gui a as, ap eciando “las más o iginales des iaciones de odas las eglas musicales”. T as lanza se a pa icipa él mismo en el baile, queda en usiasmado po la a mós e a de emoción que en ol ía a odos (Plaza, 1999: 503). 3.3 Las ies as lamencas salen de T iana A pa i de 1840, c ecen los es imonios de pe sonajes que as p esencia bailes españoles en los ea os de ciudades andaluzas (bole os de salón), son in i ados a acudi a una unción p i ada. Po esos años comenza on a habili a se salas en locales más cén icos de la ciudad. Es os nue os espacios imi an o asladan el ambien e de las ies as de las casas pa icula es de T iana. La no edad es á en que las unciones comienzan a se en locales públicos adecen ados pa a ello en zonas más cén icas de la ciudad. Sabemos que los o ganizado es de es as ies as no solo e an gi anos. Alejand o Dumas de alla aspec os de la eunión que p esenció en la plan a supe io de un ca é en Se illa. Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 111 3.4 Un nue o impulso: las academias de baile A anzados los años 40, la inco po ación de un nue o espacio supond á un impo an e paso en la popula ización de los espec áculos gi anos 5 . Nos e e imos a su en ada en las academias de baile bole o. Po e e encias del se illano dia io El Po eni , la p ime a academia de baile que comenzó a in eg a al mundo de la gi ane ía lamenca en sus ensayos públicos ue la de don Miguel Ba e a, en la calle Ta i a de Se illa, a pa i del año 1845 (O iz Nue o, 1990: 36). E an academias de baile español pe o daban cabida, en algunos espec áculos públicos que o ganizaban, a las bailao as gi anas y can ao es. En 1847, el ame icano S. T. Wallis desc ibió una unción en una de es as academias, a la que ue in i ado po un guía. Los lamencos, ligados a un u ismo incipien e, iban ganando nue os espacios: la demanda c ecía y es os nue os espacios con ibuían a consolida la. Con es e paso, los ambien es lamencos más especí icamen e gi anos uel en a encon a se con el mundo ea al y bole o –si es que alguna ez andu ie on sepa ados–. Desde muy p on o encon amos como dos endencias en el lamenco, una más gi ana y o a más andaluza. José Luis Na a o ha esc i o a p opósi o del in e cambio de in luencias en e ámbi os gi anos y académicos, que la baila ina se illana Ampa o Ál a ez, La Campane a –es aba en el culmen de su ca e a en o no a 1850– “enca na mejo que nadie los esul ados de esa emblemá ica simbiosis de es ilos y mane as que dio luga al nacimien o del baile lamenco. Conjugó como pocas la elegancia de la escuela bole a con la ga a” (Na a o, 2005: 42). En e ec o La Campane a, siendo baila ina bole a, bailaba con p opiedad y dominio las aleg ías y el jaleo gi ano. Pe o ya sabemos que esas dos endencias siemp e se han in luido mu uamen e. 4. Conclusiones El es udio de los o ígenes his ó icos del baile lamenco ayuda a comp ende es e a e como un p oduc o de amalgama de in luencias p e ias, en e las que cabe des aca a) la adición popula de bailes (los bailes de candil), b) su ein e p e ación gi ana, p incipalmen e la acaecida desde p incipios del siglo XIX, y c) la adición ea al de baile, pa icula men e la man enida en el ea o meno , desde el siglo de O o en adelan e. Una in es igación de allada en o no a los cambios y con inuidades en e de e minados bailes del siglo XVI en adelan e, como es el caso de las za abandas, las chaconas, los cana ios, las jáca as... (S. XVI-XVII), así como de las i anas y o as canciones bailadas o ep esen adas del siglo XVIII y XIX, y su elación con los jaleos de los siglos XVIII y XIX (en sus e siones más ea ales o más gi anas) puede a oja da os in e esan es sob e los o ígenes y el desa ollo his ó ico del baile lamenco. Miguel Ángel Be langa Uni e sidad de G anada Bibliog a ía ÁLVAREZ CABALLERO, Ángel. El baile lamenco. Mad id, Alianza, 1998. AMORÓS, A. – DÍEZ BORQUE, J.M. (Coo d.) His o ia de los espec áculos en España. Mad id, Cas alia, 1999. BERLANGA, Miguel A. Bailes de Candil andaluces y ies a de Ve diales. O a isión de los andangos. Málaga, Dipu ación, 2000. BUSTOS RODRÍGUEZ, An onia Aux. “Di e imen os en el siglo de o o español” Danza a e (6), 2009: 36-47. CADALSO, José. Ca as Ma uecas. Na a a, Sal a , 1971. 5 Toda ía no ecibían el nomb e de lamenco: p ime o ue la ealidad aludida, después su denominación. En endemos que pone el acen o en el o igen del é mino lamenco no es una cues ión cen al pa a dilucida los o ígenes del lamenco. Nue as p opues as pa a la his o ia del baile lamenco 112 CANTOS CASENAVE, Ma ie a. “José Sanz Pé ez y el andalucismo ea al del siglo XIX”. En: ROMERO F. Albe o / MORENO M., And és. Manuel Ga cía: de la onadilla escénica a la ópe a española (1775-1832). Se icio de Publicaciones de la Uni e sidad de Cádiz, 2006: 87-104. CAPMANY, Au elio. “El baile y la danza”, en Folklo e y Cos umb es de España. Ba celona, Ma ín, 1931, ol II: 169-418. CARO BAROJA, Julio. Ensayo sob e la li e a u a de co del. Mad id, Is mo, 1990. ----. De e nología andaluza. Málaga, Se icio de Publicaciones de la Dipu ación, 1993. DAVILLIER, Cha les. - DORE, Gus a e. Viaje po España. Se illa, Fundación Machado, 1988. DIEZ BORQUE. José Ma ía, Sociedad y ea o en la España de Lope de Vega. Ba celona, Bosch,1978. D' AULNOY, Ma ie Ca he ine. Relación del iaje de España. (Ga cía Me cadal ed.), Mad id, Akal, 1986. FLÓREZ, Ma ía Asunción. Música ea al en el Mad id de los Aus ias du an e el Siglo de O o. Mad id, ICCMU, 2006. GAMBOA, José Manuel. Una his o ia del Flamenco. Mad id, Espasa Calpe, 2005. MARRERO, Vicen e. El enigma de España en la danza española. Mad id, Rialp, 1959. MORENO MUÑOZ, Ma ía José. La danza ea al en el siglo XVII. Se icio de Publicaciones de la Uni e sidad de Có doba, 2010. NAVARRO, José Luís. El baile lamenco. Una ap oximación his ó ica. Có doba, Almuaza a, 2005. ORTIZ NUEVO, José Luis. ¿Se sabe algo? Viaje al conocimien o del A e Flamenco en la p ensa se illana del XIX. Se illa, El ca o de la nie e, 1990. PLA, Robe o. La Baxa danza y la Al a (S. XV-XVI). Comen a ios al CD del mismo í ulo. Mad id, Hispa ox, CDM 5 65725 2, 1995. PLAZA, Rocío. El lamenco y los omán icos. Un iaje en e el mi o y la ealidad. Se illa, Bienal de A e Flamenco, 1999. ROMERO FERRER, Albe o. “La adición del saine e andaluz en el ea o cómico del siglo XIX”. Sc ip u a (15), 1999: 77-88. ROMERO FERRER, Albe o / VALLEJO MÁRQUEZ, Yolanda. “El es udio del ea o andaluz del siglo XIX. Ma e iales y ecu sos bibliog á icos”. Cuade nos de Ilus ación y Roman icismo (11), 2003: 67-93. RUIZ MAYORDOMO, Ma ía José. “Espec áculos de baile y danza”. a) “De la Edad Media al siglo XVIII” (273-318); b) “Siglo XIX” (319-334). En AMORÓS, A. – DÍEZ BORQUE, J.M. (Coo d.) His o ia de los espec áculos en España. Mad id, Cas alia, 1999. SUAREZ PAJARES, Ja ie . “El Bole o. Sín esis his ó ica”. En La Escuela Bole a. Encuen o In e nacional. Mad id, Minis e io de Cul u a, 1992: 187-193.