El vanaglorioso: Comedia en prosa / [Nericault Destouches] ; traducida del francés en cinco actos [por José Clavijo]
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COMEDIA EN PROSA, ÉL VANAGLORIOSO. traducida del FRANCES EN CINCO ACTOS. ACTORES. , padre de el Vizconde, j , ^^cQnde^ de Allegranza , amante dé jüü. hermano de , . , haxo él nombre de Luisa , cria- Seb '^<^hastian. > padre de Fernando. Ferna^ido , hermano de Isabel. Dionisio f amante de Isabel. Crispin , criado del Vizconde. Chaves, lacayo del Vizconde. Roqíte j Escribano, ACTO!. se EN A I. Crispin solo. • Luisa no parece. Creo que la bribona ha querido burlar de mi, y me ha citapal-a este sitio tan temprano , solo por ^arme chasco. Por esta picardía me mudo ^hofa mismo. Pero, ola j volvámosla su ^^edito; aqui viene. S C E N A II. . r . Luisa y Crispin. SeScir Don Crispin , servidora de Vm. Criado muy humilde de la amable sirde una ama diviná. “^•Cumplimiento tan rendido merecerla -parte una gratulatoria muy exprej pero fáltame la retorica para poder ‘‘^sempañarla 5 y asi se contentará Vin. esta cortesía. Pero dotando chanzaS;, .^2le he hecho esperar mucho? Si he de hablar con franqueza, tarde— ^illo has venido al reclamo , reyna. Quisiera haber estado aqui antes. Antes era yo tan vivo , que en hacién¬ denle esperar, rabiaba j y en llegando á al¬ borotárseme los cascos, á Dios mi dinero, ya la eda-^ ha refrenado estas vivezas. Luis. Me alegro que seas ya hombre de asiento. Crisp. Y harta vergüenza tengo de ello, Luis. Vergüenza de ser hombre estimable? Crisp. Para contigo si j pues creo que ceá menos juicio seria mas apreclabie á tus ojos. . . . ■ Luis. A mis ojos ? huiría de ti si fueses me¬ nos contenido. Crisp. Ya estoi en los autos , y entiendo la frasecilla. Yo te parezco muy viejo par.! ser tu quebradero de cabeza , y quieres hacer de mi un marido honrado. Luis. Te engañas mucho, porque yo ao te busco ni para galan ni para marido, Crisp. Pues di, que es lo que quieres y que •asunto nos ha traído aquí. Luis. Quiero que los dos juntos hagamos aqui un cabildo. - Crirp. -Y sobre qué? •' ’’ Luis. Sobre tu Amo y nTÍ’'Ama. Crisp. Mui bien: me convéngo.* Esto de níai’* murar de los Amos es cosa muy sabresá. Luis. Hemos de tratar la materia sin ocul¬ tarnos nada j pues discurro que sirviéndo¬ les los -dos de concierto podremos ser úti¬ les á entrambos. Crisp. El pensamiento es bellísimo : digo q*je me place, Ltñs. Otro tanto oro. Ef Vizconde tu Amo es un-hombre mui frió j y tan serio qu^ después de seis meses que vivo en casa, RUji no he podido hablaale un quarto Ala A hü-
..ft' hora. ¿Qiíétdiantres de capacter es el suyo? qucdese esto entre ios dos; yo he rastrea¬ do , que mi Ama le quiere : sin embar¬ go no debe contar mucho tiempo con su íprnura , y ijo porque la falte juicio, cbmpreherision , prudencia , gracias , ni atractivos ; sino porque su amor no tiene el dón de la perseverancia. Dicen.'que an¬ tes de amarse, es necesario conocerse bien. Isabel le ha amado antes de conocer¬ le. Con todo f no llegará á ser tan ciega *u pasión que se oculten á sus ojos todos los defectos del amante. Si ella los busca, los encontrará sin dificultad j y después de algunos esfuerzos será suya la victoria. Entonces avergonzad><le su elección vol¬ verá á recoger su corazónj y sus incen¬ diosvendrán á pasaren frialdades. Sobre -todo , ei> tocándola en casamiento , alJi fue Troya. ^ ™ i^ un carácter donoso. Un corazón tierno, pero ligerito. Un alnva vivaracha y fogosa, con sus ribetes de atolondrada 5 mas no obstante contenida: en conclusión pajarera. No por cierto, ni es cascabel, ni pa- . jarera, y mucho menos artificiosa: ama tiernameate y de muy buena fé. Mas no se dexa aprisionar. Ahora dime todas las qualidades de tii Amo el Vizconde, que quiero saberlas únicamente para poder servirle mejor. Creenae que le he cobra¬ do afición sin saber porque 5 y tu propio o veris por experiencia desde hoy. Pien¬ so pues el^ moejo de fixar el cariño de. mi Ama , evitando que conozca sus defectos si tiene algunos, para ponerme en disposi¬ ción de p-ecaver qualquiera rompimiento.: ve descubriéndome todas sus nuliuade.s. aunque intrepido yvivo, es de razón bellísimo. Ve aqui mi primer ' Luis. Vamos al segundo. S C E N A III. Luisa , Cris pin y Cha'ves. 4 Crisp. Bien venidoChaves j ¿ que Señor Vizconde ? ,. Ckov. Jugando quedaba, y hacia muy su negocio , que es lo mas imporíautsá dexar desplumado á un botarate de" Andaluz, tan salvage, que por lo menos pareció un bestia j pero en tanto q"® jura y se destruye, nuestro Amo sa su dinero callandito. ^ Crisp. ¿Y porque te has venido tan presW- Cbav. És que vengo á tratar contigo gocio. Crisp. Y qué negocio ? * Cbav. Vengo á pedirte que me ajustes ^ cuenta. Crisp. A mi? Cbav. Como t» eres ertuantem de huestr^ .r»*./. I.» VI LUClUtCill UC Amo , y á él no hay Christiano qt-*^ atreva á hablarle una palabra, es ter ocurrir á ti. • Crisp. Note entiendo, Chaves: yo nía por hombre de mas meollo. Servir* su Señorita el Señor nuestro Amo es cha ventaja. ¿Porque quieres despedírt®' dime Ja verdad. ¿Qué hai en esto? Cbav. Nada mas, sino que tu hablas muCP* y él no habla nada. ■ ' Crisp. E! caso es singular y la quexa inaudita* Chav. Tal como Vm. me vé, Señorita tienen aqui dentro por un simple-; y ocho meses qse hace estoi con mi esta es la hora que aun no rae ha una palabra. Crisp. ¿Pues que te importa eso"? . r'A__O _ • ' 2 , Y, . intención, fiab.are sin r. »jü j y voy ya á pintárte¬ le de pies á ów..>eza : sus buenas partidas . serán mi primer punto , sobre el qual se- «e muy sucinto : sus defectos , el segundo, y en este habrá mucho que decir. No dirás que te oculto nada. Primeramente, su ti- u o e Vizconde de Alegranza es eos» real y verdadera j y sus humos de grande, «atúrales j porque es de familia muy dis¬ tinguida. ^ Lu’s. Adelante. Crisp. Es guapo, y está estimado en la tro¬ pa. Aseguran que hará fortuna. Es hombre honor ^ tiene fama de integro j y Cbav. ¿Cómo que? queme importa ? 2 se debe tratar de esta suerte á los que| ^ tljs sirven ? es razón que yo esté todo un , en su quarto , y ni quisiera se digne d' reñirme ?' por amor de él perdí yó mejor Ama, que::-quería que la habl^' ■ rao y la iiablaran siu parar , y ella , cerraba el pico. Todos los dias antes d^ echar Dios su luz ya nos había pueító ‘ todos que ni pintados. Aquello di regalo, Luis. ¿Conque tu quieres que te riñan? ^ Ci^íiv. No me disgusta eso, eon tal q»® ^ pes-
*^onda. Responder es hablar. Siquier*' «sto es vida. Mas con el Señor Vizconde, Weno ! no se ha de decir un si ni un no;, mismo no chista una palabra. Digo que X^isiera mas vivir con un moro. Yo que de dar mi voto sobre todo quáuto ms crió , el silencio, me degüella»y: /erieVm? ' Acaba. Jlorand. Es preciso gue yo salga de ^ qne rebiente. gusta su sencillez y su despejó. No digo mas de la pura verdad á fe C)-¿* ”®®brc de bien. Mira , aunque nuestro Amo hace guar- ^®*dencio á sus criados, no dexan, por experimentar los efectos de su 1¡- ''tildad 5 tráelos siempre bien comidos, tif'i '^^^l^Mos,y pagados liberal y pwn- Pues todo .eso para mi no monta un suma , es menester que se le hable, tema. * *jmo se apodera de mi la melancolía. ^ 0 tuve antes un Amo del qual rae acorlos dias de mi vida , y no pue~ volver á servirle porque murió. Las J^í^veniencias que mehacia.no eran cosama- ^°‘'-dabame mal de comer, pagabarae peor Salario r'gaxes? no tenia ninguno ; y por . ’'6gular me traía casi tan desnudo en in-* c jmo enverano.Con todo ésto leque- 3 - mucho. Porqué? porque á vueltas de esto hacia reir, y por mi parije podía da- J’^S quanto se me antojaba.. Llamábame amigo , su querido , su Caballerito j y j. Víamos ambos como hermanos. Mas al J.Q Vizconde lleve bercébu si le quie- ’ ®mmpre está haciendo el pabo emdentro de ■ s í mismo; con una cara. Saludador y Fariseo. No hai fidal- ^ lan tieso y finchado como él: parece no almuerza , come, merienda ni sino dardos y asadores. Yo no puedo j Ifirle- y hablando en buen romance, me ^®ve Pilaros si sirviera á semejante Amo, el me hiciera Condestable, o guarn-o menester un poco de paciencia , y Perar qi,e se acostumbre á ,tu figura. Vehega el dia en que su Sefiote hable. Entre tanto dexa que se prealguna ocasión favorable, H-ace di^» años que le sirró y a«« me »tTev« á hablarle sino es con motivo urgente. Liiíf. á Crisp. Me dá lastima este pobre muchacho ; haz (jTie siquiera le diga algu¬ nas palabras. Chüiu Mire Vm. ma.s quisiera <íos palabras que dos doblones. Chrisp. Haré lo posible. Chav. Finalmente , no gastemostiempo: una de dos , ó hablarme , ó despedirme. A. ©ios. Esta es mi ultima determinación : no dirás que no te lo previne^ verás st yo sé, hablar , si en esto no pone samieada. vase. S GEN A IV. ÍMisa y Cris pin. Crisp. Me compadece como á tr este pobre Chaves. Luis. Por lo visto , el Yízcoutde es un Señorterrible. Crísp. Este era cabalmente mi segundo punto. Luis. Muy bien. Crisp. Su política consiste en estar siempre hecho de pencas con ios criados. Pensaría’ envilecerss si Ies hablase la mas a-sinhaa' palabra j y si el criado se la dixera m.xndaria plantarle en Ja calle. Finalmente, <para hacer en dos palabras su pintura.) e* el hombre mas vano que ha nacido dq mugeres; trata con desprecio á todos sus inferiores , y con los iguales se toma u» tono de gravedad que nadie le perdona. Vivé tan desvanecido de su Abolengo , y tan hueco de su nobleza, que se tien#- aquí abaxo por el unico vicho de su espe¬ cie j á mas desto, está tan satisfecho» de su ingenio , que decide en todo con ma¬ gisterio , estimándose por persona dtf mé¬ rito superior en toda linea : desprecia a todo el genero humano , y admi ras 3 en--' toramente á si propio. En fin , es el mas dominante , el mas cumplido y el mas va¬ naglorioso de todos los mortales. Luis^ Ha , ha , ha. Crisp. ¿De que te ríes? Luis. De que su fausto, su altanería y orgx- 11o hacen el contraste mas gracioso coa las humildes calidades de su competidor, que de miedo de hablar no se atreye á despegar los labios , y quando dice algu¬ na palabra es con tal timidez que le salen ios A a «Ar
4 t colores á la cara como st'fuéra unji doncella. Siendo tan rico y de casa tan ilustre j'siempre parece que se anda arrastrando ; y se .explica mas por cortesías que por palabras. Crisp. Por vida mia que el contraste es de los mas perfectos, y no dudo que veninos efectos graciosísimos: entiendo que es Don Dionisio ese meliíluo ribalj pero mi Amp. con sola una mirada le hará salir como • Fernando tiene la virtud y prudencia un anciano, S C E N A V. Sebastian , Luisa y Crispin. Seh. Buenos dias, mi querida hija j da un abra 70 muy apretado. ¿Pues como perro con maza. -Luts, y este Vizconde tan presuntuoso es igualmente rico? á lo menos lo parece. Crisp. Rico ? no , gracias al Señor 5 y esto es lo que algunas veces le suele ajar la vanidad : todas sus rentas si la memoria no me engaña estPlvan en una pensión y en su economía : sabe bien todos los jue¬ gos y tiene fortuna en todos, j y por este medio mantiene un tren tan magnífico, Ltm. ¿Y es Vm. q^uien hace su fortuna?- Crisp. Sij gracias á mi política. A veces sue¬ le tomarse conmigo algunas libertades. Me le enojo y él so sonríe : un ceño algo agrio, pero reverente, y tal qual palabri¬ ta desabrida le atraen á lo que quiero: . -también suele contenerme con qiiatro ó seis dobJotiís, y como Dios me ha dado este corazón tan bellisimo, sus dineros me ponen como un guante, Luis. Vm. rae ha impuesto en todo el cuen- to , y yo Je quiero instruir en lo que ha de suceder; y es , que el Vizconde por -SUS pasos contados va á perder quanto an¬ tes el afecto de Isabel. A lo menos si no procura ocultarla su natural - altivo , no hai qtie d’udar en ello. Es niña dé un ge¬ nio dulce , afable y cariñoso; y ningún vicio aborrece mas que la altivez, no obs¬ tante la quantiosisima dote que le está des¬ tinada : todos sus discursos y modales son sencillos, comedidos j atractivos y muy honestos. Wrtsp. Con que según eso , hará muy mala pareja con mi Amo? Luis. Seguramente tendrá su pasaporte sino procura contenerse. Dele Vm. este aviso. (.jisp. Es tal su altivez::— Luis. Oigo ruido : creo que ha de ser mi Amo , no me dexes soJa con él. Crisp. Que ? es tan poco de fiar ese cepo viejo ? ^ Luis. Con cinqüenta y tantos años á la cola es jnas verde que todos los jove¬ nes; y lo que maravilla es que su hijo yes de mi ? Luis. Reserve Vm. su fineza para mi Seb. He, conque si ! parece que te bthla 5 ' Acabo de llegar del campo impacial',. por volver á verte he venido corrie' ;f)ClO' 2 est® Qué mozo es este ? y ios dos solos no me gusta. Luis. Estábamos los dos hablando Amo el Vizconde de Alegranza. Seb. ¿Es ese Caballero el que se me ha p'’®' puesto para mi hija? Crisp. Si Señor. Seb. Me han escrito que le escoja por y®''. . -¿0 no , y no estoy muy inclinado á consO en ello. Me ló ponderan mucho, y á entender que es hombre de honor gran calidad. Pero deseo saber si es ia^ . pido , atolondrado , garboso y bebeá®i porque yo quiero todas estas prendas ® •el que hubiere de casarse con mi hija. Apuradamente ha hecho su retrato. ^ tas son las calidades por donde mas Seb. Brabo. ¿Gusta él de buena mesa 5 i echar sin melindre' á las de San rlano? Crisp. Oh! es el mas famoso de el Regiiui®’'^ to : en Pedro Ximenez tiene su casa sol® riega ; y su habitación diaria en Ja ■ de la gran cruz de Malta. ^ Seb. Ese es mi hombre : es menester qu®. otro vaya tomando el portante. Luis. Quien ? Don Dionisio? ^ Seb. Ese mismo : me anda rondando en 0 no. Es hombre que en el vino que bo, pone Ja tercera parte de agua. Este io^*, viduo enfadoso de puro cumplido, me tieJ’»‘ ya aburrido á cortesías. Mi yerno agtta ! por el siglo de mi padre echarla á pasear, aunque fuese pariente Preste Juan. Ahoia vamos á tener lio lance, porque dicen que mi muge*' le destina á mi hija: sabe ella que 7^‘'¿g el dueño de mi familia, de mis hijos 7^^ ella, y que dispondré en todo como ¡ dé la gana : pero á todas estas, ' muger aqui dentro ?
Si SeficJr. Tu dirás á mi Señora esposa, que desesta misma tarde es menester que marelle para la quinta. ^'«^..Pues porqué? “^'¿• Porque j porque estoi yo aqui: bueno. pregunta! J^«>.Pero::- r/'. En esta casa estamos mui estrechos^ se |rabaia á toda prisa en reedificar ^luego r.uestra , que será bastante capáz j y pondré gran cuidado en que puedan verse desde lexos nuestros quartos, a fin de-que Cubriéndonos á mi y á ella un mismo te— j ^,^ 0 ; no se conozca que vivirnos juntos. iñs. Voi á ver si puede hallarse mi Señora., No } noj tengo que decirte dos palabras^ y rji chico, vete á buscar á tu Amo á toda '''goncia; dile que es menester que nos co- ^^^^zcanios los dos sin perdida de tiempo. I Amo llegará dentro de un instante. [ yo le aguardo aquí. Vé á aguardarlo allá fuera j retírate. ! § CE NA VI. , Sebastian , y Luisa. Gracias á Dios que nos han dexado so- y mi viva ternura::- ¿poro done te Vas ? Voi á asistir á mi Ama , que me está V , filiando, f'*' No ,al. í'? ■ oy® Vm? T : Yo ? no. . , Pues yo la oigo , y me voi corriendo, esta s,uerte. ‘ aguarde. £1' Seüor , quiere Vm. que roe riñan ¿ ’ ¿Quien habia de tener aqui dentro esa ? quiero que todos los de mi casa ^^.niiren como su Ama. Que muger, hijos, >':''lados, todos te obedezcan. A mi Señor ? 5 ha pensado Vm. lo ^ 5 ''edice? '.'Si, mi Reynita , yo te hago soberana r mi corazón y de todos mis bienes. Ese idioma .es un poco obscuro, y no entiendo. • Me explicaré mejor. Tu me has apri- ®tonado con tu belleza y atractivos, y es— resuelto á hacerte rica. Para desemba- ' ^^za.rnos de-la importunidad del vulgo quielo primero ponertf casa a ptwte , alba— 5 jada soberbiamente^ Yo iré á cenar conti go todas las nochés : te costearé los cria¬ dos j un tren magnifico y lucido : galas, aderezos 5 nada te faltará ^ y mi carino cuidará de satisfacer anticipadamente quan- to apeteciere. Eutiendesme ahora? Luis. Si Señor j admirablemente. Seb. ¿No te ha alhagado el oído este discur¬ so? dime, ¿qué £s lo que respondes á vis¬ ta de estos partidos ? Luis. Que no puedo aceptar. la. proposición de Vm. sin consultar,,antes á una Señora mui buena á quien respeto mucho. Seb. y quien es ? ^ Luis. Mi Señora , su esposa de Vm. Seb. Como diantres , á mi muger! Luis. Si Señor, si Vm. no lo tiene á mal, sé que se interesa en todo lo^que me está bien j y no dudo que quedará mui enamo¬ rada de verme abrazar un genero de vida tan dulce. Seb. Te burlas ? Luis. Dios me libre. Voi también á tomar pa¬ recer de la Señorita y del Señorito , sus hijos de Vm. Creo que los tres quedarán mui edificados del cuidado que quiere Vm. tener de una pobre huérfana , y conmovi¬ dos al ver que la dá la mano pará ponerla en tan'bello camino5 y finalmente, de que su caridad iiáya llegado á brillar tanto al .cabo de-sus años, que intenta arruinarlos, por colocar una doncella. Seb. Qué ? ¿ lo tomas en ese tono ? Luis. Si Señor : lo tomo en este tono. Y fifvase Vm. de aprender á conocer á sus criados.. Un corazón como el mió desprecia las riquezas , quando es menester obtener¬ las por medios infames. Seb. Qué briboná ! á mi se me’juega seme¬ jante'pieza? ¿no hai quien me deteiiga á esa picara ? SCENA VIL Sebastian , Fernando y Luisa. Fern. Padre mió , ¿qué es io que Vm. tiene? Seb. Nada. Fern. Está Vm. enfermo? Seh. '^o me siento bueno. ¿Qué es lo que quieres ? Fíí'í;; Quién? yo? he oído pedir socorro y con el s>:sto que era razón tener vine vo¬ lando. Ssb, Eso es tomarse demasiado trabajo. ■ Coa
Ccui Luisa me basta. Fern. Pero; Seb. Tu presencia me morti/ica. Vete. Fern. Yo, Señor, ¿desampararos en tal ur¬ gencia ? me guardaré de ello. Luisa, yo cuidaré de mi Señor padre; y tu'vé cor¬ riendo á decir á mi madre que venga al momento. Seb. Pues paraque la necesito y ó, vergante ! luuis. Voi á llamaria. Seb. ó Fern. Estate quieta ; y tu sal al punto. Fern. Si es necesario para dar gusto á Vm. el que se quede Luisa, quedese. en hora buena ; pero juro que tampoco yo le de¬ sampararé en esta ocasión. Veo á Ym. mui alterado; sus ojos están demasiado encendi¬ dos; y me recelo algún accidente. Sientese Vm. un poco: Vm. está aun fatigado del camino. Es necesario contemporizar algo mas con su edad. Llamemos al medico. sahend. Que medico ni que alforja? vo no he menester médicos ni jaropes. Tu me ia pagaras, traidor. S C E N A vm. Fernando y Luisa, Luis. Lo ves ? Fern. Si; ya veo hasta que exceso tan in¬ digno se ha dexado arrebatar mi padre. Qué exemplo para mi! |qud pesadumbr¿ para mi madre! no me admira que su dé¬ bil salud Je obligue á renunciarla socie¬ dad ; pues.pasando la vida retirado siem¬ pre en su aposento , se ha dexado donümar de la hypocondria. Luis. To quiero irme de aquí. Fern. No, no; nada temas. Sobre todo , no¬ sotros te defenderemos bien de mi padre. Luis. Ya lo sé ; mas en íin quiero irme • ya te lo he dicho. ’ ^ Fern. ¿Consideras lo mucho que me aflije esa palabra ? si tu me dexas me moriré de sentimiento : bien sabes mi-designio. Luzs. Me haría mucho honor si pudiera afecruarse mas es imposible : conosco la ter¬ rible distancia que va de ti á mi. Mi pre¬ tensión es precisamente un matrimonio formal. tu me lo has ofrecido, mas vo lo yuardo en vano. Cada dia , cada instante destruye mi esperanza. Tus parientes son pod^rosoí f y «a caudaí mmmsQ deb^ oerte aspirar a partidos muí ‘ Sobre todo , juzga tu si los dos somos chos el uno para el otro. j Fern. El 'amor lo iguala todo, y mi enamorado encuentra en ti rodas las y virtudes que aseguran fa felicidad de vida. , Luis. Acuérdate que soi una pobre, quiera sé quien son mis padres. ÍF’É'rn. Entendimiento, gracia, herniOSi'''J estos son tuí tesoros , tus parientes y títulos. Luis. ¿Te lisongeas, Fernando, de poder cer que consienta tu padre en nuestro ^ Sarniento? Fern. ¿Y porque no podremos casarnos si®* consentimiento? Luis. Tu si, pero yo no. Fern. Yo puedo hacer que nos casen creto. Luis. No , Fernando , no pienses en esó! ^ matrimonio ha de ser publico , ó no ^ casare. No Soi yo muger capáz de nerme al peligro::- Fern. Tu no tienes nada que temer. ■ busca este viejo? Luis. Aunque parece tan miserable , su dencia es grandísima ; y es el único que me ha quedado en este mundo. de dos años ha que este virtuoso aiuC sensible á mi situación pone su principa cuidado en asistirme : en él encuentro guia acertada. Asi , hazme el gusto de xarme a solas con él por algipios ñutos. Fern. De buena voluntad ; pero cuidado volvamos á vernos luego en el quarto d® mi hermana. S C E N A I X. ^herto y Luisa. •^Ib. Es posible que llegó ya el en ^1 ^ vuelvo á verte? este feliz encuentro me ma de gozo. Luis. Mui avergonzada estol de que me ^ lie Vm. en el estado en que me Veo. ¿Pues qué haces aquí ? Luis. Quanto puedo para ocultarme: sin bargo: Qué? Luis. Estoi sirviendo. ^Ib. Válgame Dios ! ¿conque ipara ocup^^* en este exerc^cio,-te saliste del
advertirmeJo. Antes venia Vm. á visitarme con fre— 9^>encia ; mas de algún tiempo á esta par- ® me habia olvidado: después de esto se e murió nú madre : vlme afligida, in- Müieta, sin tener noticia de Vm. sin es-- i P^mnza , sin apoyo. ¿Qué recurso había en tai conflicto? la Señorita de ; casa cjue es al presente mi Ama* y mi ^'ga estaba á la sazón en el Monasterioj '^.compadecida de mi aflicción , me ofre— O cürtesmente al tiempo de salir empe¬ cen favor mió su valimento con su j . Ce, y me juró 'que me tendria no por Vis • sino por compañera j no pude reno c>fertasin embargo ese sacrificio: uejfó de costarme muchas lagrimas j jcú desgracia lo quiso asi j y ved aquí ^/¿l'^sventñras. , ‘ cruel fortuna! y dime, ¿te guarda ¿puraque te dio?' sir . ^ siquiera me consuela en tan triste que yo hubiera evitado á no ha- ^^fnielo estorvado mis achaques, reducien- 'Oe a vivir seis meses hace en un retiro, ° fin ¿puedo creerte ya mas feliz ? . ' -iodo quanto se' puede serio sirviendo íuis í 'C ‘oupicj-a Vm? yo no sé que esperanza «o y sostiene interiormente que perdido nada de mi viveza, esperanza es bien fundada : qmzá mui en breve el momento deseado: p^íOrtuna se va cansando de perseguirte-, éiine , ¿con quien hablabas quando cono • Señorito de casa : si Vm. le « 3 /^ Je estimarla mucho. fQj^^Y®^ne tu le estimas ? qué ? j te sonxuién ? yo ? ¿ pues me culpará Vm. le haga justicia ? yi^^Vél es joven , galan, rico::- ¿te freqüencia ? efecto nos vemos á menudo, ciñ joven , amable y sin experieniííij. i,!^‘nchos y peligrosos escollos I Cq* Vm. en la seguridad áe, que mi es superior á mi condición 5 y qui ^*^60 principios seguros contra qual— vy/¿, Acontecimiento. ' coa eso ¿ «as «» ¿ 7 te decía ese joven ? Luh. Fernando se llama. El nombre no es del caso: se trata de informarme enteraiffente de quanto te decía. Luis. Que me amaba. yílb. Nada mas ? Luis. Nada mas ; ya lo díxe. Alb. Me engañas. Luis., No puedo ocultar á Vm. nada. Pu'eí Señor, este joven me ha ofrecido , que si yo quiero se casará conmigo de secreto. Alb. De secreto? mira que quiere engañarte. Luis. No, yo respondo de él. Con todo, Jejos / de rendirme, acetando su corazón he reúsado su mano , á iiiénos que sus parientes aprueben su designio; ellos seguramente lo rehusarán. Asi para evitar todo rumor pi¬ do'á Vm. que me saque de aquí desde ma¬ ñana, y aun desde esta misma noche. Alb. Oh ! niña verdaderamente digna de suerte menos infeliz I. lo que me pides es una prueba insigne de tu virtud y de tu dis¬ creción. Es necesario revelarte ya Jo que te he tenido oculto hasta este punto: tu puedes aspirar á la mano de Fernando , y aun desposarte coft él á gusto de «u padre. Luis. Yo, Señor? Alb. Mas te-digo , al momento que ellos lle¬ guen á conocerte, se tendrán por dichosos en poder formar este enlaze , y aun solici¬ tarán este honor respetando en ti el merit» de tu virtud y el de una cuna ilustre. Luis. Vm. se burla de mi: ¿porque mi madre hasta que murió tubo tanto cuidado de ocultarme mi suerte ? ¿vive mi padre? Alb. Vivo está : te ama , y vendrá en per¬ sona á sacarte de aquí. Luis. ¿Y porque me ha abandonado de este modo en tanto tiempo? Alb. Sabrás las razones: pero es menester que permanezcas aqui hasta que él se ma¬ nifieste , y que guardes silencio : cuidadoj qu-e este es punto mui importante. Luis. ¡ Es posible que yo soi de nacimiento ilustre I á menos de que Vm. me informe de raiz de todo este misterio, no lo creo. Alb. No , bastante te he dicho : aguarda 3 . tu padre para saber el resto. A Dios: ha,^ dime , ¿vive aqui dentro ei Vizconde d< 3 ^ Alegranza? Luis. Si, ya ha algunos quantos meses, Alb. Necesito hablarle. Sej&or , creo que recibirá á Vm. imjj
t mal en ese humilde trage. Me le han pin¬ tado como sugeto de una presunción in- ' soportable. Yo sabré abatírsela. Luis. Insultará á Vm. sin ía menor duda. He discurrido un medio que le corregi¬ rá. Hasta luego. Ten entedido que lo que hace resaltar mas un nacimiento ilustre son las buenas prendas del corazón ; y que ' hai medios muy eficaces para hacerlas bri¬ llar. Y pues la suerte cruel te ha robado tus bienes , procura acaudalar otro tesoro mas precioso : sé rica de virtudes , y estas sean tu patrimonio. ACTO II ■ ',) S C E N A r. Luisa sola. Luis. En fin, qué debo hacer ? alegrarme, ó entristecerme? lo que rae ha dicho Alber¬ to es bellisimo para .lisongear mi puntita de amor propio. Sin enrbargo, quanto mas pienso‘en su discurso, le encuentro menos apariencia de verdad. El buen hombre vi¬ no de intento á burlarse de mi. Pero no, que es mucho lo que me estima, para creer que pretenda hacerme tal burla. Creo penetrar su estratagema. Lo que intenta es hacerme altanera pafaque me repute superior á Fernando ; el buen viejo usó de este ardid para oponer la vanidad al amor. Si, si j bien,mirado todo me con¬ vence de que no es otra cosa. Que en bre¬ ve he caído de la cumbre de todas mis ' grandezas ! me he vuelto á quedar Luisa; y conjurada la suerte;;- pobre Luisa! ¡qué poco te ha durado tu Imperio! estube dor¬ mida : tube un sueño agradable; y al dis- ■ pertar me encuentro otra vez tristemen¬ te reducida á md estado antiguo. S C E N A 11. ' • 'Fernando y Luisa. Fern. Por mas que he estado esperándote: " pero como sola y retirada? sque haces aqui? Luis. Delirar. Fern. Es imposible que aquel viejo que vino á verte no tedíese alguna pesadumbre. ''Luis, Al contrario. Fern. ¿ Pues qual es la causa de tu desv Luis. Una cosa que sin duda debería aleg me , es cabalmente la que me aflig®- Fern. A fé mia que el caso es de íu® inauditos. ^ Luis. Tu me tendrás por loca, por lo digo; con todo, creo que el lance sea ^ efecto de una sagasidad extremada. Fern. No te cgniprehendo. Explican^ misterio. «^5 Luis. Se me ha prohibido; pero por L se me ha ordenado un silencio ptu . conozco que no puedo tener secreto P^j. contigo.; esí' carga que no se hizo hombros. ^ Fern. Pues vaya/acaba de explicarte me este gusto. Luis. Bien creo que este era el mejor ^ de curarme; pero si te hablo te ^ reir de mi. Fern. Qué ? puedes tu:;- ¡í Luis. Jura que no harás burla aunquo y diga lo que te dixere. Fern. Jurolo. ^ Luis. Mi sencillea, ó por mejor decir bebería pide esta precaución; y quiero que me saques de una duda* cúchame, Fern. Te escucho. Luisk. Me ha dicho ese buen hombre;y* á hacer burla. Fern. Ya te he dicho que no. Luis. Fernando, antes de explicarme que te pregunte una cosa ; pero me o .j respónder ingenuamente , y sobre' sin ningún elogio. Fern. Veamos. Luis. ¿Encuentras en mi ningún aquel señorío que engendran el nacio‘'^j¡í distinguido y la buena crianza? que mis modales y mi conversacip^'^jS'' drán hacerme pasar por muger de ctr tancias. Fern. Un amante es juez sospechoso que se aeM* .p que me has inspirado^ desde luego r® ¡oi y veneración. ¿ Qué ha ' podido caO ) tu gerarchia ? tus riquezas ? ^0" Cielo ; suspiro cada vez que consio^ jií estado á que te ha reducido la soert®^ ¡,3 embargo, su conato en humiH®'‘,jílf«' sido vano. En fin , de quálesquieta i-í que procedas , lo que sé es qo*^ quien no nbta en ti 3 primera
de nobleza que. se percibe, qtie cautl- y en esto no digo mas que lo que te¬ jados dicen. ' La respuesta es alagueña; % pero es j,^g'Jalmente sincera? á fé de Caballero. Pues, Fernando , quiero que sepas lo acaban de decirme j y me es muy graj porque su efecto recaerá también so- Es pues, que tengo la honra de pro- ^aer de una familia ilustre y conocida, j, ® no sé si habrán querido engañarme. Koj verdad te han dicho, yo fio j y me ^ jurarlo. * p ‘ ^^sndose. Muy bien. te suplico:ah Cielos! no sé como “^arte: mas en fin, si es que me tienes gua cariño , te ruego por el encarecida- ®nte que persuadas á que es justisima de; te jdea que se te ha dado de ti rhisma , y '^^_que el amor zeloso de tus derechos ® rinda el primer tributo que : te de- . Arrodillasele. Fernando, levántate: me dexas confusa. Qué? estár tu sirviendo á mi hermana? ya me acuso de haber sido tan remiso desengañarla y haberla expuesto á que no faltara al respeto.-Mi padre me da pesa- ^^‘tibre , y sé que mi madre á veces suele ,^niar un tono algo severo contigo j asi voy ^ prevenir á toda mi familia , y temo: :- He aqui que mi secreto ha caldo en ^^^y buenas manos. Lo primero que se me fy^vino fué ) que no me diera á conocer, '^onque si tu dices una palabra á qualquie- , lexos de servirme: :- Pues bien j callaré. Tengo una aleno 5 me contendré. No ternas i silencio , que viene Isabel. S C E N A III. Isabel f Fernando y Luisa. ^'^^londo corriendo á encontrar ó Isabel. Isab. Fernando que te burlas de mi? Fern. No, no, quando sepas::- Luis. Baxo á Fernando. Vete de aqui.^ Fern. Hermana mia, qiiando hables a Luisa:;- Isab. Bien ^ prosigue. Feríi. Tenia siempre respeto. ^ Isab. Respeto? Fern. Si, porque esta Señorita (quiero decir Luisa^ tiene ciertamente sobrados funda¬ mentos, para exigir de ti y de todos noso¬ tros::;- á Dios, jy ase precipitadamente. S C E N A IV. Isabel y Luisa. Isab. No sé que juicio hacer de un discurso tan vago. Qué dices tu de él: creo que mi hermano desvaria. Luis. O cosa muy parecida. Isab. Y cómo tenerte yo respeto ? esto tien» mas .alma. ¿Me confesarás si es verdad io que imagino ? Luis. Qué , Señora ? . Isab. Que mi hermano te ama. Oh! si, si, me lo dice el corazón , y tu aturdimiento confirma mi sospecha. Luis. Y acaso que me amára sería algún pe¬ cado ? Isab. No , pero: :- Luis. Si hubiera de darle crédito le he pare¬ cido linda; pero bueno; no creo nada. Isab. Porqué ? Luis. Porque se ha hecho moda en los Caballeritos no querer á ninguna, y decir mil requiebros á quantas vén. Isab. No; mi hermano no es de aquellos requébradores inconstantes que andan de es¬ trado en estrado ofreciendo sus inciensos. Tengo bien conocida su sinceridad; y si ha dicho que te ama , no miente. Luis. j^lee;remente. De veras? Isáh. Si, sin duda: ¿parece que la cóaversa* clon no te disgusta? Luis. Pues qué? Isab. Lo comprehendo. ^ Luis. ¿Y que es lo que Vm. comprehende? Hermana mia : tengo una gran nove- , ix«^. Q ue mi hermano es tu'amante, y á buen » ■ que contarte. seguro que no ama a una ingrata. Tu tienes un corazón heroico y un alma delicada. Luis. Pues vea Vm. aqui lo que hai en esoj I<ui contarte. P ¡Hemosla hecho buena! , Mi corazón no puede contenerse. Voi- A Dios , hermana mia. ... A Dios : te burlas ? ¿pues no nqe dices Isab. Vaya, gran jiovedad? No es Nada. dice, que si yo no fuese lo que soy:: Luis. Me estima en tanto extremo, que re¬ putaría* por su mayor felicidad el poder
i6 te, siquiera con alguna mirada tierna, pe¬ ro me contuve por no manifestarla mi flaqueza. Crifp. ¡Qué extremo de bondad! P^izc. Como el padre lo gobierne, se hará la boda con grande ostentación. Yo con mi so¬ beranía he aturdido al buen hombre; ya comprime su genio, y casi no se atreve á tutearme. Criíp. Ese hombre ha conocido .lo que V. S. vale j pero con todo pongo las orejas á que V. S. no logra desbastarle. P^ízc. Y porqué? Crisp. Porque ya es viejo y á criado doblez. Por otra parte cuenta con que su inmensa riqueza es equivalente quando menos á un - nacimiento hidalgo. P^izc. tíl quiere persuadirlo asi 5 pero sin embargo nadie se lo cree.'Veolo claramen¬ te 5 y estol aserrado que él mismo á pe¬ sar de toda su riqueza, conoce que necesi¬ ta ennoblecerse, y comprar el oropel de un casamiento ilustre. Esta es ambición común de los hombres nuevos. La avaricia es al principio su pásjon dominante j pero luego que ésta está satisfecha y han hecho su fortuna , dambian de objeto y corren tras los honores. Don Sebastian, hidalgo flamante ,’ é hijo ’de un padre afortunado, que colmándole de hacienda no pudo sa¬ ciar Sus deseos, solicita entroncarse con Ja nobleza antigua , y su hija tiene sin duda la propia flaqueza. Un hombre como yo lisongea su ppsuncion j y esto es lo que de¬ be hacerme duplicar mi magestad. Asi, quiero aprovecharme de las ventajas de mi cuna para atraerlos á la humilde diferen¬ cia que deben á mi calidad. Voy á hacer¬ los creer por medio de mis discursos que mi padre subsiste siempre en aquel estado, briilante',niagniíico y suntuoso , que por tanto tiempo sostuvp nuestra antigua no¬ bleza j y persuadirlos que por lo tocante á conveniencias en que estriva su altanería, no les cedo en nada. Crisp. Pero, y si descubren lo contrario? por¬ que un criado antiguo de mi Amo el pa¬ dre de V. S. me ha contado algunas veces las fuertes desgracias que le acontecieron: yquizá::- J^izu El tiempo las ha hecho olvidar. Por otra parte nuestra Provincia donde antes mi padre era tratado como un Principe, dista tanto de Madrid, que seguramente estas gentes no tienen hasta ahora noticia de nuestros infortunios. Asi; mo tu discreción; ;- Cmp. CreaV.S;^ P^iz.':. Basta de arengas. Los efectos JO de' decir. Crisp. Disponga V. S. de mi lengua j la g - bernaré como se me ordenare. P'^izc. Si te preguntaren acerca de mi hacie da, sin meterte en individualizar naíi*j responde asegurando, que por lo menos_ riqueza iguala á mi nacimiento j espedí* mente á Luisa persuádeselo mucho, hs ^ medio mas seguro de establecer este to , porque tiene mucha mano con toda familia. Crisp. En mi anima jurada que Y. S. , u» contemplar á esta chica. Ella me ha dic» que le quiere muchísimo. ' ^ P^izc.- ¡Contemplar yo á mna criada! ®^ avergonzarla de semejante baxeza. ' to en que sin decir que vas conmig® concierto, emplees-tu sagacidad en Pero aqui viene j salte afuera, y caso, cuidado que hagas bien tu pap®^* j Crisp. Oh \ Quando es menester mentir 0° ® falta descoco. * S C E N A IL Isabel , el P^izconde y Luisa. j Isab. En muy buena ocasión encuentro a Vm. pues mi padre gusta que convor^.^ mos los dos un instante. Me ha destio^ para Vm. El asunto va de veras. , P'izc. ¿Puedo Jisongearme de que no da en ello, y de que confirmará Vii’* L felicidad ? es cierto que aspiro á ¡mano ^ pero también quiero §er . .¿Osarla pretender esta gloria ? me abi® por oír palabra tan hechizera. Luis. Sé su intención; y en efecto ere® ^ Vm. Señor, puede vivir satisfecho. ^ j. p El Vizconde después de haber mirado á P sa con desden , dice á Isabel. . ¡y P^izc. Vaya , hagame Vm. la fineza de ^ ponder por si misma. ' q-, Luis. Señor , una doncella no dice á yo te amo : el callar en tal tiempo, ficiente respuesta á la pregunta de P^izc. ¿Siempre habla Vm. *por interpre^®' Isab. Como es mi amiga y tan discreta Eizc. Amiga de Vm? Isab, Si , Señor.
una criada de Vm.? á lo Es yo por fal la tenia. ella ' 5 pero me es grato tener en hací» amiga , cuya compañía *’«ro “f iük 2 ¿ti^ne Vm. por so compañera á Vm ^creyera que fuese la bondad de y'"'' excesiva. ^¿2c, ma,. tiene su modo de pensar; C alV á mi toca:- Ván"^’ . "^^^conde de Alegranza es un liso y llano , bien me lo haj’Jnto'^ ®”cuentro en ella un bello corazón aijj: bastante entendimiento , candor, do y ^elo , que no puedo pagarla to- ’ porque al fin:~ K padre de Vm. el dia en recibir el premio de mi amor? es parece un poco pronto. Quiza jor a uos conozcamos algo meexárni efectuarse el matrimonio , y nació respectivamente nuestras incliipovi fiarnos de los primeros Vna No basta el que nos anime esté f^®P®usion mutua ; es menester que cI amor. 'Jaba H hablar francamente, no aguar- ^Ue 1 reparos. Creí merecer Seat* . ^°^^ 2 ;crn de Vm. ratificase el con- Vop de su padre con sincero fertro ’ ^ viendome instar sobre nues- Uo j^®^niiento , me hiciese el honor de Y ®^crse en escrúpulos, estij^ yo creí merecer á .Vm. el de no fUfts tanto , si quería hacerme favorj ino(jg^*^®fumiendo de su persona con mas feche , se manifestarla menos satisbict.^*, y esta duda obsequiosa que estu¬ que á Vm. calmaría una sospecha querría disipar. f Pechu^ podremos salper qual es esa sosqual^® Un defecto que perjudicaría á Vm. antes. SCENA III. ^ > e/ Vizconde , Fernando y Luisa! %, fr > ^an j ^^una mia, ;es cierto lo que acadecirme? ^ • Que ? . I? Fern. Que fe easi5 con este Caballero. . Vizc. Tengo Ja satisfacción de esperar que su resolución merecerá el beneplácito de Vm, Fern. Creo:- Vizc. Y Vm. pudiera hacerme diverso cum¬ plimiento. quiere irse. Le quedaría harto mas obligado. Vuelvo á verme con su pa¬ dre de Vm. para coheluir el tratado. • Fern. Podrá Vm. tal vez encontrar en ello algún obstáculo. Vizc. Yo? Fern. Lo recelo. Vizc. Me hará el favor de decirme quien po¬ drá causarlo. ¿Quién podrá atravesárseme? Fern. Pero:— mi madre quizá:- Vizc..,^\i. madre de Vm? Fern. Si', Señor. P"izc, riyend. Será chanza, Isab. a Luisa. El se toma un tono demasiado imperioso con mi hermano, Vizc. ¿Pues no sabe que yo adoro á esta Se¬ ñora? ¿y que un amigo de ambos me ha propuesto para ella? Fern. Señor , Vm. me perdone. Vizc. Me asombra Vm. Fern. Porqué? Vizc. Contaba con que seria mía esta Seño¬ rita. Me había imaginado que mi gerarquia y nacimiento mereciesen algún res¬ peto y diferencia j y omitiendo otras mu¬ chas razones que podía alegar si fuese tan jactancioso que quisiera alabarme , solo las dichas inclinarían á mi favor á mi Señora su madre de Vm. Pero me engañé. Ya lo veo. Qué remedio? quizá estaba demasiado preocupado á mi favor. Si, debo de tener algún defecto que ignoro ; pero lexos de ofenderme ó irritarme el desprecio j nunca lo atribuiré sino á mi poco merko. Fern. Qué? ¿nosotros despreciar á Vm.? Vni. Sefior'ños hace mucho honor en pretender á mi hermana. Vizc. Ah , Señor! dexemos esto. Con mas risa desdeñosa. Fern, Pero si va á decir verdad , hace mu¬ cho tiempo que mi madre se ha declarado á favor de Don Dionisio. Vizc. Oh! Don Dionisio es hombre admi¬ rable. Fern. No tanto ^ pero hablando ingenuamen¬ te , es digno de ser estimado j y aunque no tan joven sabe hacerse querer. Es ric» sin altanería. VizQ, Vm, va i aterrarme coa el lucido re-» Q tra-
II trato que quiere hacer de él. Voi ya re- • conociendo mi temeridad en querer com¬ petir con rival semejante. Pero sea lo que se fuere , me lo han pintado por absoluta¬ mente original. Si, si , és menester abrir los ojos, y confesar que todo qnanto se celebra en mi , es ventaja, mui débil, y que desde el punto que se me quiere poner en parangón con Don Dionisio , es hacerle agravio el detenerse en votar á favor suyo. iLuisa. d Jsab. Qué? ¿nb le admira á Vm, esta humilde respuesta? Isab. No me dexo alucinar. Esta modestia, • en mi opinión no es otra cosa que orgullo disfrazado. í^'izc. Señora , mi amor pretendía á Vm. en vano : fue poco circunspecto y demasiada vivo. Se me opone un competidor á quien es necesario respetar. Isub. sonrknd. Don Dionisio dispénsará á Vm. ese respeto. ^izc. haz. cortesía. Me hará muchisimo ho¬ nor. Fer:i. Pero sin que sea esto ofender áVm. no hai disputa en que tiene mil calidades ad¬ mirables. Sobre rodo , quanto mas se le procura convencer de ellas , tanto se mauinesta mas modesto. Jamás torna en bo¬ ca su esfera y calidad. Vizc. Y hace Úiscretisiniamente. Se agravia¬ rla si exágerase su nacimiento. Fern. Es mui hidalgo. f^izc. Se tiene la coadéscendencia de creér¬ selo. Fern. Es mui fácil de .probar. f-.izc. Y pT)r vida mia que es quanto puede hace/. No es este asunto que se h.ará creer á gerites como yo. Sin vanagloria pues soi enemigo de ella ,• me atrevo á lisongcarme, que si Don Dionisio fuera de alguna fami¬ lia medianamente distinguida , ño tuviéra¬ mos semejante disputa , porque la conoce¬ rla yo. Pero hasta ahora ni siquiera su nombre ha llegado á mis oídos : prueba que su nobleza es de fecha reciente. Fern. No es eso lo que dicen las gentes. /- í.ai. Le adulan. Sino vaya un exemplo. Vm. Señor , ¿no habla .oído mi nombre antes de haberme visto? Fern. Juro á Vm. que no. Fizc. Peor para Vm. porque el titulo de Alegranza no es voz aerea , sino nombre \le una Isla del mar Atlántico , en que hai un palacio famoso. La historia había en cien, partes de mis abuelos , y aplaude^ zañas. Sírvase Vm. leerla ,Y j somos los hijos de la casa de -¿jiios corno tengo entre mis vasallos tres _ hidalgos mas nobles que Don Dionis Fern.' Creolo muy bien. Vizc. Las gentes de distinción lo sau cho_ mejor que yo , que no dire este* asunto , porque es razón ser m y enemigo de vanaglorias. Fern. Hace Vm. muy bien : el ¡gin- Vizc. Lo detesto. Los Señores perdemos ' pre en vanagloriarnos , y nada mejor que la humildad : ¿se vá Vm- Fern. Si , Señor , le dexo a Vm, el y me voi encantado de su modestia. Vizconde tocándole con la mano- Vizc. ¿Seremos en adelante amigos íotn Fern. Eso es hacerme mucho honor. por' parte;- , poi> Vizc. Servidor de Vm. . si viere Vm. ^ - Dionisio , hagame el gusto de que no me obligue á cederle. Lo puede hacer es , renunciar la esperan^^,^^; casarse con su hermana de Vm- 7 ^ oJ de visitarla. Dígale Vm. que creo tendrá la imprudencia de provocar^^j^^jo que haga algún arresto. Porque le á Vm. formalisímamente , que si tuna se pusiere de su parte , nos v® las caras. _ .ge? Fern. No puedo decir mas , sino qus tendido el razonamiento de Vm. y L, dré en noticia de Don Dionisio. S C E N A IV. Isabel , el Vizconde y Luisa- Isah. Con fuerte desprecio trata Vr«' rivales. ■ Vizc. En mi opinión , nadie debe de eso. No soi altivo j pero no lerar que pretenda oponérseme nisio. Creo que un ccnípetidor ^ ■ pedir í” , es muy poca casa para impf _ clon á un ¡loinbre de mi gerarquia- Isab. i A un hombre de mi gerarquis- ^ -.¡rb ■ prepon me asombradme parece clei^ Vizc. Según los sugetos : convengo en que se. adapta á muy pocos j P® que puede permitÍrseme. _ / Vj Isab. Entiendo. El ci-elo ha criado i con tantas prerrogativas j que
®as profundo rendimiento todo el gener© ^humano. Cómo? iVm. toma el partido de mi competidor? ‘ No ; pero ahora que ha salido mi her- ^^00 j p^g permitirá Vra. que le hable con ^anqueza , y censure su orgullo para con Dionisio. V^’ agradecimiento esperaba yo de . 01- discurria que mi intrepidez seria la Pcoeba de mi amor, Podia Vm. decir de su amor propio. ^ quanto veo me acredita que tiene Vm. ^I^acho menos amor que vanagloria. Uno y otro me animan. Como mi va- ^§¡oria solo apoya los intereses dél amor JiCüdido , no pudo'sufrir la preferencia inyá'ia con que se me amenazaba delante de misma : dice Vm, que soi altivo y hablo con arrogancia^ Pero en resu- ) áqual es mi vanagloria? nada mas la^ ®\ honor. Es cierto que este gusta de estimación y del respeto , pero enmedio esto j 23 también sincero, generoso y , ^Snanimo. Y para decirlo en dos palaalgo mas que esto , jorque es y ís siempre la fuente de todas las virtudes, fistói persuadida de los efectos del ho- ¿peto tendrá el propio honor una tan alta de si mismo , que prorrumpa exageraciones tan jactanciosas?' el ver- ”'*dero honor es menos presuntuoso j no sé ''vanagloria j aguarda á que le aplaudan. La '^viidad es la que cansada de esperar los ^®gios , y engreída con los derechos que , ^j'^tende arrogarse cree ganar la estimapor medio de la osadía de exigirla. P^*''^_lexos de' salir con su intento , ofen- ^ ^frita y denigra todo el lustre del mas ^¿.;^Pjeto mérito. Sírvase Vm. decirme ¿á que proposidistinción? l^exaré al cuidado de Vm. la aplicapor emprender la apología de la mo- ®stia. Digo, que mediante ella se recola dUerencia del mérito verdadero , ^P^rente. El uno siempre quiere lucir- ^ - El otro lo luce con efecto j pero sm ^ffcversejamás á pretenderlo , ni aun á siquiera : el uno es vano y sober— ) el otro no conoce la vanagloria ni de El gosta del boato , y de la j ’^pa , el verdadero teme hasta el mas resalte. Aquel aspira á concillarse los respetos. Este se contenta solo con mere-' cerlos. Aun diré mas. Las gentes que lo¬ graron un nacimiento ilustre , se deben dis¬ tinguir por la afabilidad , agrado , dulzura y'atractivo del genio 5 pues el orgullo es efecto ordinario de la hidaiguiz postiza. f^izc. Este razonamiento está mui elegante, ¿pero que quiere Vm. decir con el? Luisa mejor que yo se lo dirá a Vm. queda á su cuidado interpretarlo 5 pues ya me parece que le irrita. f^zzc. No j hagame Vm. el favor de oírme. Esta doncella es al fin una criada de Vm. y no conviene darla ese encargo, Isab. En conociéndola Vm. la distinguirá de las de su clase.; entre tanto la estimación que hiciere Vm. de ella, será prueba de la que hace de mi. Ella conoce mi humor. Oigala Vm. aprovéchese , y sepa merecen mi cariño. A Dios. vase> S C E N A V. FA Vizconde y Luisa, Vizc. Qué? te has quedado'? Luis. Dispense Vm. mi atrevimiento , y dexeme hablarle siquiera por esta vez. Es preciso hablar á 'V^m. asi me lo han man¬ dado , y yo tenia unas ganas de ello que ' me moría; pues sin saber porque:- Vizc. Tu estilo familiar me importuna y me disgusta. Luis. Vm. no piensa mas que en su noblezaj pero es menester explicarle lo que le aca¬ baron de decir : conviene á saber , que tan¬ to mas pequeños parecen los sugetos, quan¬ to quieren hacerse mas grandes. Vízc^ Qué ? tienes el arrojo;- Luis. Sí , yo tengo el arrojo 5 y el crasísimo yerro de, Vm. me obliga á probarle, hasta que punto llega el extremo con que le amo: ■ Vm. Señor se pierde. Vizc, ¿Cómo que me pierdo ? Luis. Su orgullo de; Vm'. se ha descubierto: sus altanerías, sus humos de Señor se han manifestado á pesar de la política con que las disimulaba. Es mui traidora la vana¬ gloria. El razonamiento de mi Ama es un .retrato de Vm ., y su discernimiento le pintó con todos sus coloridos. No puedo ca¬ llar , aunque lo sienta la vanagloria. No diré á Vm. que mude de natural , porque este no se muda : lo sé mui bien. Tampo¬ co le diré que destierre su genio , porque
él se voíverá por Ja posta. Pero le digo, que trate de reprimirse , y que á lo me¬ nos procure disimular delante de Isabel. Muestresele Vm. por algún tiempo de su humor , y sacrifique la vanidad al interes. Este es mi parecer. Tomelo Vm. ó no. Mi corazón es el que únicamente me ha dicta¬ do esta lección provechosa. Pero la vana- . gloria está irritada , y parece que se dis¬ gusta de ella. Beso á Vm. las manos , y «oi su servidora. luase. S C E N A VI. El Vizconde solo. E'izc. ^Conque ya no es licito conocer un hombre lo que vale? ¿saber estimar su dig¬ nidad pasa aqui por defecto ? ¿estos Aldeanillos tratan de arrogancia los pensamien¬ tos que inspira un nacimiento alto? si me Eizc. Y tiene Vm. sobradísima razon J ro que asunto le trae aquí? hable Vm* ceremonia. Dion. Don Fernando es mi amigo. ¿Lo sab« Vm? Eizc, Qué me importa? Dion. Si he de dar crédito á su relación j ^ cierto me ha dexado algo sorprendici j poco ha que me honró Vm. en su presen cia con un soberano desprecio. . Eizc. El exaltaba á Vm. demasiado , y dixe mi sentir. ¿Se ha ofendido de 2 la delicadeza de Vm. Dionisio haciend. cortesía. Ah Señor, bas ' Me conozco : creo que hai sobrada raz para decir mal de mi. Pero se me afin también respecto de mi Señora Doña í® bel que me prohibía Vm. visitarla. _ ^ Eizc. Eso, es precisamente lo que dirían Vm. que pretendí. peyera de ^to.. no ; quiero sugetarme á Dion. Creí haber entendido mal. mi mismo. El amor y el interes me dan la Eizc. Porqué? Tcnh / VT pneciso reprimirme delante de Dion. Exige Vm. de mi un sacrificio e. el indigno competidor con cruel , y dudo mucho poder obedecerle* que se me amenaza , va á verme tai qual SOI j desde este mismo instante si se atreve a disputarme el objeto que amo. Quiero to¬ mar algún conocimiento de este hombre¬ cillo , y hablarle en tono que le dexe mas avisado. S C E N A VII. El Vizconde y Dionisio , haciéndole muchas cortesías. Dton. Señor , no vendría á turbar la quietud de \m. sino para ofrecerle mis respetos. •Hace tiempo que le debia este servicio y no era justo diferirlo mas. E'izc.^ Agradecidísimo Señor;:- ¿ de quando acá nos conocemos? Aunque no tengo la honra de ser co¬ nocido de Vm. tendré muy en breve Ja de hacérmele conocer. Mi nombre jamás se desmintió 5 pero::- Vizc. Eso bien puede ser. D¿on.^ Tal qual sea , pues es preciso que Vm. Je honre n me llamo Dionisio. -Vizc. Ya lo habla adivinado : luego conoci á Vm. por las cortesías. Dioniíio con modo humildísimo. Dion. Nunca podré hacer á Vm. todas las que quisiera para significarle lo mucho que le rsípeto, Vizc. en tono de mofa. Lo duda Vm? Dion. Hasta ahora jamás me habia sefltw tan poseído de mi amor. Vizc. Yo le curaré á Vm. , Dion. Señor , desespero de ello , y acabo asegurarlo asi á mi Señora Doña Isab^V ^ á su madre. Vizc. pomend. el sombrero. ¿Y ese cuflip*^ miento ha venido Vm. á hacerme? Dion. Con turbación , pero clarisimarneo^' La naturaleza se ha mostrado con^i^^^ mas madrastra que madre, y me ha forío^ do inilexibilisimo y terquísimo sobr® do quando se me quiere dar la Ley* • Vizc. Advierto á Vm. que conmigo ao h terquedad que valga. Dion. La mia es invariable. Quanta mas ^ ra la hacen mas se obstina j y por lo ^ hace á la altivez , jamás podrá nadie o marla. Vizc. Es mucho atrevimiento el suyo eo nir á insultarme. ¿Un villanillo se ha^ arrojará cometer insolencia semejaniO' ^ Dion. Yo , Señor? no he venido mas pedir á Vm. una merced. Vizc. Y qual es? ^ Dion. Que me haga Vm. el gusto y la boa de que nos matemos aqui. Vizc. La merced es muy grande en Vjh, es un temerario , no me conoce. fO
P es fuerza darle psto. Y el honor que lene de ser uno de mis competidores , va levantarle á la esfera de mis iguales. ‘'Onisio en tono burlón poniéndose sus Dio r» guantes. Quedo reconodisimo á este insigne fa- } y voi á probar que mi corazón no es ^•'^digno de él. ®^sta de ceremonias. Voy también á, Ppebar á Vm. que es exponerse á mucho lesgo el tener la osadía de retarme. Mechan mano á las espadas. SCENA VIII. H^izconde , Dionisio y Sebastian. Qué es esto? en mi casa, voto á Sata- ¿en mi casa hacer semejante alboro- • por vida de la muerte, que el prime- 7^. ”que:;_ '^^respeto me contiene, c* ¿se ha quedado Vm. mudo , Se- ^izc p''''^•'ado? ^ion p fortuna no era persona temible. ‘ Eso era menester haberlo visto. A lo ^nos aseguro que si alguno hubiera de de esta casa no seria Vm. ¿z(j‘ } pero seré yo. p la licencia de decir á Vm:- ^•Ereo que en esta coyuntura un Padre es el Amo. ‘Convengo en eso. también yo me tomo la licencia Su 7 y á pesar de mi muger y todos ^dietas te lo quiero enseñar , si es que ja Vizconde ama á mi hihe t derecho de pretenderla. Yo me Ve/^'^ado la licencia de escogerle para Hi hija se há conformado , y se to- ^5. ^dicencia de sugetarse á mi autoridad, tod’ sin lisongearte de otra cosa contra I3 ^ Apariencia , toma tu pasaporte y haz t¿o./®^^esia. tOd luengo la honra de responder a dicho , que mi Señora su esposa no es de ese dictamen. Alen? muger no es de este dicta- Per ' tengo ya empeñada mi palabra^ quip Señora fuere tan loca que me Por 1^ nieter en marañas , la Señora y tu . ^ potestad que Dios me ha dado to^ ^¡on y portante á un mismo tiempo. ’ ^0 adoro á su hija de Vm. y el coht 21 sentimiento de su madre me permite aspi¬ rar á la dicha de agradarla j desde el ins¬ tante en que me excluyeren las obedeceréj pero hasta entonces tengo mis derechos y he de mantenerlos. vase. SCENA IX. SI Vizconde y Sebastian. Seb. ¡Qué obstinación! Vizc. De esto tiene la culpa Don Fernando* Yo me vengarla de él si Vm. no fuere sur padre. Seb. Pues yo quiero hacerlo , y le mataré í palos , ó desde esta tarde misma le echa¬ ré de mi casa, al belitre. El me ha jugado cierta pieza;:- eh! ya , ya j paciencia: Vizc. Es un Señorito muy pagado de per¬ sona de importancia. Seb. Un retrato de la madre , un menteca¬ to , un cabecilla que quiere hacerse en¬ tendido y no es mas que un parlanchin. Ah! reniego de la mala hembra. Con sur tontito afable , modesto y aimivarado , es un Herodes , un Pilatos , y todo esto coir grandísima frescura. En este mismo ins¬ tante delante de mi propia hija acaba de notificarme en términos muy nivelados y retóricos, pero malignos y satíricos , que me ha de dexar si te escojo por yerno: respondíla , que estaba resignado á sufrir . esta desgracia desde el instante que pro— nunciára la sentencia. Que desde ese mis¬ mo punto podía marchar por ese mundo redondo á su buena ventura. Sobre esto hu¬ bo mil lagrimas y soponcios. Isabel y Luisa vinieron corriendo á socorrerla con sus plañidos j y ahora quedan las tres juntas haciendo el duelo por ceremonia : porque en llorando una muger llora luego la otra, y llorarán todas quantas fueren viniendo. Vizc. Según eso , nuestro proyecto encontra¬ rá grandes dificultades. Seb. Las allanaré , ó se verá quienes calle¬ ja. Lo que acaban de decirme de ti , me ha regocijado el corazón. No te habla te¬ nido por hombre tan poderoso. jQué diantre! me aseguran que tu padre hace un gran papel en sus estados. Vizc. Andad , andad querido , que en lle¬ gando á conocerme se corregirá Vm. de sus familiaridades , y no íqteará á una peiv £0AA de £ni clase. Seh.
24 Se¿, Lo hago sin pensar en ello, á fé rftia. El habito me arrastra : pero en fin me sugetaré al ceremonial. |Me lo promete Vm? Seb. Si prometo ¡ descuida, que te daré gusto. f^izc. Mui\bien : bello modo de corregirse. Seb. Oh! echemos tu Señoria á un lado por ahora , y consultemos que debo hacer para lograr mi fin. JP^izc. El consejo que doi á Vm. es , no con¬ sentir dexar la cosa á la ventura , ya que por lo perteneciente á mi vaya cada qual dando su voto. En una palabra ^ Vm. de¬ be valerse de su autoridad para vencer qualesquiera dificultades. Seb. Si tu quieras ayudarme::— P^izc: No , Señor. Lo que si aseguro á Vm. es , que en poniéndose Vm. por su parte de acuerdo , estol pronto á concluir por la mia. vase. S C E N A X. Sebastian solo. Seb.'E.^ preciso que yo esté dado á barra¬ bas para poder sufrir la ventolera de se¬ mejante Don Quixote , y que la ambición me haya trastornado la cabeza j pues quando estoi mas rematado me detiene su im¬ perio. Voi á romper j pero detengámonos. Si tomo este partido , veme ya despojado de mi autoridad. El Amo dependerá en adelante de la Señora : buen honor hicie¬ ra á los Señores maridos. No j no sucede¬ rá nada de esto. Me habia segado la co¬ lera, pero el honor rae vuelve en mi acuer¬ do y me anima á pelear. Vamos á ello por amor de él, y para hacer dos higas ^ mas de quatro;:- ACTO IV. S C E N A I. Sale^it por diferentes puertas del teatro, Crispin primero andando aprisa , fuisa y Crispin. ' Luis. Qué? ¿te pasas asi sin mirar? Crisp. Ah! Reyna , perdóneme Vm. ño la ha¬ bia visto : ¿tenia Vm. algo que mandarme? Luis. Si : quisiera que me instruyeses de ciertos capitules. Crisp. Puedo hacerlo? Luis^. Seguramente. i Crisp. Pues me agravia Vm. en dudarlo- Luis. Pero me temo que te cueste alguu pugnancia. Crisp. No hai sino hablar. Soi hombre lo haré todo por acreditar á Vin. mi fio y darla gusto. Veamos qual es esa tan repugnante que me manda hacer- Luis. Decidme aqui una verdad. Crisp. Apuradamente me cuesta menos- Luis. Para entrar en la materia : ¿hss'^ alguna vez el palacio dp Alegranza? , Crisp. Si le he visto? cien veces. Esto / se llama mentir con desvergüenza. ^ Luis. ¿Tiene una situación tan bella cotel nos asegura? ^ Crisp. Como qué? es el palacio'mas que hay en todas las Alpujarras : visto de lexos forma un planisferio;:- Liiis, Planisferio? ¿qué voz es esa? Crisp. Son términos del arte. • . '0 Luis. Creolo. Pero explícame ¿qué sigo* esa palabra? Crisp. Me es facilísimo j y paraque Vm. formar juicio de él, voy á aquel sobervio palacio , aunque era J mejor para vista' que para contada. ' Vm. cuenta que está situado sobr® gran colina : descubrense desde luego <!’ ■ . ce toffeoneá de figura orbicular, centros ocupa una pechina. En los ángulos tiene quatro-pirámides , Y ellas quatro estatuas equestres de loS fO ^ ros. El pórtico es una erupción dori^^ que sirven de estípites dos bastidores vexes , y á los lados hay seis parap®^^^,jj seis nichos. El frontispicio , ó fachadasembrado todo de Fierabrases de Tiene de la misma materia tres ciento® . sehta y cinco balcones , y entre balcón dos pasacalles y un carcax. Eo los jardines , las cascadas , los y montes, todo colocado vertical^’® forma el planisferio. ií Luis. He aqui Vm. un palacio prodigio®^' confieso. Crisp. Sin vanidad , creo que te habrá P recido bellísimo. .g¡jí Luis. ¿Conque ese es el lugar adonde su' Corte el padre de nuestro Vizconoo-^^^^ Crisp. Si, Reyna , y ahora haz tu op® Fmeontrarás que en todo el Reyno ^ titulo que se mantenga con mas
*5 : muables, caballos , picadores, tre- ^ssobervios, mesa de estado de Enero á nero, dos escuderos , seis pagea, do- Esticos sin numero y bien portados. Topuede mantenerse sin rentas. ‘ Señor de in- Cfj riquezas. Puede juzgarse por su magnificencia, que en las relaciones de Vm, en~ ^uentro cierto defectillo : ó Vm; miente p 'a vez , ó mentía poco ha. mentiroso que xno tiene memoria cogido fácilmente. Si he de, creer á g’U* ahora , el padre del Viconde es un riquísimo , y Vm. mismo me aseguotra conversación que no era mas n” ^Confieso lisamente que ese argumento ,? bene quite j yo soi por naturaleza veri- ’ pdto también soi bien mahdado, : ios , en la substancia son ciertisimos , y mentira solo ha consistido en un anacro- ^ uismo. ^ 3 ganie. Vm. el favor de declararme dnigi^a. Quinze años antes era ciertisimo quan- . del padre : después cambió todo , y ‘ pobre hombre ha venido á parar á un lastimoso. Pasa el buen Señor una infelicísima ^ pero mi Amo queriendo ? obstante hacer figura , acaba de redud a su antigua grandeza , mediante una ^^^ciou muy pomposa , que es efecto de ^'^uidad únicamente. • P^escuide Vm. que no tiene nada que j yo indiscreta, si hiciera jSmvio ai Vizconde. Tengo hechas pronCÍ Pdrque llegue á ser feliz. Don ¥&r- (Q, d es quien incesantemente se opono á - ''ds mis esfuerzos : voy á hacerie que t de apoyarlos j pero él viene á muy Cr¿,7\ocasion. 0^* .'P'^^ubien yo me voy a muy buena ^siouj pties él viene aqui buscándote, va. S C E N A II. Fernando y Luisa. tono de desden. Cierto que me tiecontenta. P^os si querrás reñirme? ' bastante giotivo tenia. Pern. Y porque , si puede saberse? Luis. Por sus historias. ¿No dice Vm. que los mas leves preceptos mios son para Vm. leyes? Fern. Cierto., , Luis. Pues sin embargo, delante del Señor Vizconde me ha hecho Vm. conocer que no hace mucho caso de ellos. Su afición le ha arrebatado contra mi gusto á patroci¬ nar á Don Dionisio. Fsrn. Lo que digs á mi Amigo fue , que ha¬ bía llegado el atrevimiento hasta proferir amenazas contra él. No le dige otra cosa: por lo demás es hombre de espíritu , y no de.bia escuchar sino al honor. Luis. Sino al honor ? ese discurso me fatiga y me enoja. Fern. Pero porque razón ? Dionisio es suge- to de mérito. Luis. Digo á Vm. claro y sin que me quede otra cosa interiormente , que si Vm. no emplea todas sus fuerzas con eficacia, paraque el Vizconde se case con su hermana, y en desterrar de aqui á ■ ese enfadoso D. Dionisio ^ Luisa , ó bien sea Señora , ó lo que Dios fuere servido , no se casará con Vm.- en su vida. Esta es mi deténni— nación : veamos ahora la de Vm. v Fern. Pero perqué motivo? viendo á Alher^ te. Qué diantres de senectud , que siem¬ pre viene á interrumpir nuestra conversa-, cion! Luis. Me precisa hablarle. vas$, S C E N A III. Alberto y Luisa. Alh. Vuelva, y te encuentro otra vez con la misma compañía. Luis. Si i pero estábamos riñendo, D. Fer¬ nando ha dado en la manía de querer es¬ torbar que pretenda á su hermana el Se¬ ñorito que vive aqui dentro- Alh. ¿Y ' tu apoyas al Vizce/nde de Alegranza? Luis. Sf, Señor , contra todos y por todos caminos. Es verdad que él es tan presun¬ tuoso que DO puede tolerarse su altivez. ' Nada respeta , con nadie contemporiza j y quanto.mas le conozco, mas me aturde su vanagloria. Alh. Me afliges! Luis. ¿Y no me dirá Vm. porqué? A\h% Pero tu, ¿porque te interesas en lo que á él
^4 á él le toca? ¿es posible que se muestra tan insensible á tu zelo , que no se mani¬ fiesta alguna atención , ó reconocimiento? Zuis. No paga mis buenos oficios sino con de¬ saires : pero no importa ; encuentro mil atractivos en servirle. ^Ib. ¿Qué es lo que oigo? Santo Cielo! jqué bondad de corazón por una parte! ¡que ex¬ tremo de insensibilidad por otra ! ó abomi¬ nable orgullo! no hay vicio mas digno de castigo , ni mas funesto á los mortales. Queriendo sugetarlo todo á sus derechos injustos , sufoca hasta la voz de la misma humanidad. Luis. Y en mi lo experimento. ■ /ilb. Espero que tu has de ser el consuelo de un padre sumamente infeliz. Luis. Señor , cada Instante me habla Vm. de él. Hoy dixo Vm, que se me habia de pre¬ sentar , pero no ha parecido : ral vez Vm. me engaña. JÍlb. Ten un poco de paciencia , no tardará en descubrirsete. Luis. ¿Pues porqué retarda este feliz instante? ¿porqué no viene á ofrecerse á mis ansias ? ■ ^Ib. Teme que á pesar de tus buenos deseos te aflija su presencia. Luis. A mi ? será posible que haya pensado tal cosa? j^lb. Recela que sus desastres acreedores á la mayor compasión, quizá resfrien algún tanto tu amor. Luis. Que mal me conoce. .^Ib. En fin , quiere que estés prevenida de su desgracia antes que él llegue. Quizá esperarias verle en su auge , y le encontra¬ rás en un estado lastimoso. Luis. Me será mas estimable ; y lexos de inportunarme , verá como mi corazón pene¬ trado de su infortunio duplica la ternura y cariño con que le ama. Bañada en lagri¬ mas le haré poseedor de lo poco que tengo antes que el sol se ponga : mi amor ser¬ virá de lenitivo á sus desgracias. Haré por él quanto me sea posible. No tengo dine¬ ro , pero tengo vestidos ricos que presenta’rle. Guardo un diamante que me dexó mi madre. Lo empeñaré todo , ó lo vende¬ ré para mi padre : dichosa yo si pudiera manifestarle hasta donde llega mi amor. ./ilb. Detente : da algunas treguas á mi ter¬ nura : dexa respirar un instante á mi alma. T» amas á tu padre? pues ya ao se repu¬ tará por infeliz, ^ Luis. ¿Pero como es tan tibio ¡K tisfacer mis deseos? ¿no me dirá menos que monstruo ha sido la causa miserias? y^/b. Qué monstruo? Luis. Si. , y^lb. El orgullo , el orgullo de tu vanidad disipó toda la hacienda. Su á causado desgracias inauditas. Luis. Pero cómo? yílb. Habiendo disputadola el paso lugar publico cierra Dama de alta ca ^ Ja hizo una injuria sangrienta y cru Dama se encendió contra ella on 'Toifl' mortal. El marido de la Señora quiso^ gar su afrenta y desafió á tu padre. j bien sus medidas , y hallándose solo^ ^ algunos momentos , tubo su furor u nestas resueltas. Quería vengarse y P® w alü la vida. En una palabra. Tu padr® fendiendo Ja suya mató á su enemigo j P ro sin mas auxilio que su espada. !l> rientes del muerto llevaron tan adela® venganza , que por un efecto del ^5, lificaron de asesinato este infeliz cOi® No faltaron testigos sobornados qu® yaran la impostura. Se Ies dió padre irritado de esta injuria se 1< pero en vano. Ocultóse j y en , condenó una sentencia , y para libra*^ un cadahalso , le fué preciso Portugal. Pocos dias después , tu que acababa de destetarte entonces } só llevándote consigo á hacerle cOí^P^f- en su fuga. Eu fin , el orgullo la diós® recido-, y la conduxo al sepulcro. Luis. Cielos! ¿qué es lo que escucho* ¿ ^ que no era mi madre aquella con tube en el Convento , y á quien tanto? ^ ¿ Alb. Era tu Ama de leche. Esta siguió^ ^^5/ orden que la dió-tu padre; dos años ^ pues de su desgracia volvió á esta te traxo consigo para educarte en ciendo ser tu madre y ocultando tu Luis. Pero puraque fué este misterio? ¿P razon se me ha dexado ignorar mi Alb. Paraque tu modestia no fuera á tu desgracia , y para ahorrarte sentimientos y pesares en quanto ^ (ii no mejoraba tu suerte. Asi Jo disp®^^^f¡) padre ; y su precaución te era por entonces.
bló deseos de verle ; y tiematr ® le puede suceder. ¿Cómo se an ^ manifestarse subsistiendo aun 1 , sentencia? p ‘¡ amigos suyos , tan fieles como jp .®'^osos en Ja Corte, bien asegurados de jjpg^®^'®;'^eia emplearon sus oficios con tan cia” durante su dilatada ausen- ' Al se volviese á ver la causa, p'^ j dos falsos testigos confesaron su calumnia, y padecerán en breve de ella. Tu padre se ha mante- 5 Oculto dos años, esperando las reacah^ *^0 estos poderosos socorros. Ahora an de darle la noticia de que es Jlegain^ oiooiento feliz en que tendrán fin sus trabajos. '^á'd'n exponga. Temo alguna novetía *ni algún lazo oculto. ¿No sebiis Prudente que fuésemos nosotros á ^On/a ^ adelantemos á su impaciencia y quie^'"^ muestro cuidado. Vamos, Señor: en sus pies y morir de gozo de p “®ties que ir muy lexos para gozar el n-^ ^^cgria. Tu quieres ir á buscarle, y aqp- ‘®!t) te le ha enviado. Si, hija mia, ‘ tienes á tu desgraciado padre. El te ¿ajj. ^ diabla y está delante de ti. á sus pies. Qué? ¿esVm. Cielos! ¡qué alegre está mi alma! 4 Í/¿ del instante mas dulce de mi vida! jQp^'^'^antate , hija mia , conozco tu corafelj l/o te lo habla predicho. Tu serás mi ^ '^idad • pero quanto temo volver á ver ^.^ermano! hermano! ¿y quien es ese? tui^ A’^izconde de Alegranza. pira I donde estoy! ¡apenas puedo res- • n ' ^ C01102 1 quedar quando te hermana suya? hija mia. ■ duda que los dos procedemos de la ■ ^ha familia. Si : el Vizconde es mi her- • desde que le vi, le conoció mi co- *he entre sus mismos desaires. Ya no tifp ^tavilla el desfallecimiento que expe— ^Ih. eri su presencia. posible que previniéndoselo tu codespreciase el ingrato! ah! quiero '^Orio ^ permita el tiempo , hacer que te ífe para gozar de su confusión en tu ♦ eiicia. 25 Luis. ¿No debo yo descubrírmele hasta en¬ tonces? . Alb. No : voy á llamarle. Le hablaré co» brio ; merece que tome con él el tono de padre , y dé una aspera reprehensión á sw altanería. Luis. La experimentará Vra. si acaso él no le conoce. Alb. No : ya nos hemos visto : me conoce. Retírate , hija mia , que viene aqui unoj y cuidado que guardes el secreto. Luis. Padre mío , Vm. me encontrará obe-^ diente á quanto me mandare. Besal. ía nía. vase. S C E N A IV. Alberto y Crispin. Crispin deteniéndose'"4 contemplar á Alberto. Alh. ¿Está en casa el Vizconde de. Alegranza? Crisp. en tono bronco. ¿ Qué se ofrece? Alb. Quiero hablarle. Crispin mirándole de hito en hito, Crisp. Hablarle? quién ? vos? Alb. Si. Crispin con desprecio. No ha lugar. Alb. ¿Y podréraos saber la razón? Crisp. Está su Señoría ocupado. Alb. Aseguróte , que por mas ocupado que se halle , luego que sepa que yo quiero ha¬ blarle dará licencia. Crisp. con arrogancia. Eh! ¿y quien sois vos? Alb. Soi::- pierdo el sufrimiento; un hombre á quien enfada mucho tu insolencia. Crisp. ap. Tiene razón por vida de Cris¬ pin. Siempre vuelvo á caer , y quiero dar¬ me yo mismo el castigo. A Alberto. Se¬ ñor , veo que no gustan á Vm. mis pala¬ bras -y peró mi presunción tiene rauchisima disculpa. Alb. ¿Y se puede saber qual sea? Crisp. Pata decirlo breve , la razón es que (no haciéndome mucha merced) soi algo botarate y quixote. Alb. Anda , que no lo es mucho quien se conoce. Crisp. Mi Amo es por lo regular tan imperio¬ so y altivo , que su exemplo me haee serlo también j pero tengo la fortuna de que la razón y el juicio abrevian mis ímpetus de «nentecateria y vanidad. Ya vió Vm. coma al instante baxé de tono : pero hagame Vm. el favor de decir su nombre. Alh. Dígale Vm. hijo mió , que tenga á bien permitir que venga á pedirle Ja respuesta de una carta que pata él te entregaron hoi X> dtt
iS be á tu esposo. ,, Se¿>. Pienso que Vm. se burla? esta es Ese nombre 'ha sido la causa de este ^ ror. Ven, hija mía, abraza á tu herían”' Seó. Su hermana , la doncella de mi hij^' ^Ib. á el r^izc. Una aventura tal es 1 ^ jor prueba de los rebeses de la --t dig®’ gracias al Cielo, que tu hermana es j-• . • ^ „ . . __ que y® de su nacimiento. Su virtud antes la restablece en su primera esfera, ko- .t Fern. Que feliz mudanza! pienso morir Isab. á Luis. Me intereso en Ja felicidad % el Cielo te presenta. * Luis, al F'izc. Acaba de compietar mi dad., reconociéndome por hermana F'izc. Eso será para mi un particularb*”^ gusto, y lo, tendré á mucha honra. Seb. á ^Ib. También yo por mi parte <1®^^ ro que mi familia pueda dár un acoiu^ decente á su hija d^ Vm. que si con el ñero se compran Jos melones ; „ plata no faltará nobleza. Tengo un Marquesado en concierto , y quiero mi hijo le ofrezca á'los pies de su nO'^**' A o! r\- .. T._ ^ _ yin a Jivja pica UC su Asi , .Don Roque, es necesario hagn que esta tarde misma quede concluido , -XT.^ ^ _ . , _ ¡aÁOtí ™ 5 !“ Acércate-, Dorotea , 7 hacer, jurare yo que es Vm. su padre. ’ ' uíilberto levanta y abraza al Fizo onde. Exáminando tu corazón , temblé , me estremecí j pero finalmente la naturaleza se ha explicado á pesar de todo tu orgu¬ llo. Qué de atractivos tiene para mi cora- ^ zon el triunfo de este instante! ya es justo poner fin ^ todos tus remores , y olvidar todos tus desvarios que quedan bien casti¬ gados. Serenare , hijo mió. Ya nuestros in¬ fortunios se acabaron. El Cielo manifestán¬ dose mas propicio á nosotros , ha confun¬ dido la malicia de todos nuestros émulos. Nuestro Augusto Monarca instruido de mis iniortunios acaba de poner termino á mis miserias , mediante un justo decreto por el que se me reintegra en mi honor y s“ te restituye un padre restablecido en sus an¬ tiguos derechos , hacienda y ge 'archia Fn una palabra Resteblecido L%do el'es¬ plendor que debe acompañar á mi naci¬ miento. Acabo de recibir esta alegre no¬ ticia y es extremado mi gozo de poder participártela yo mismo. Santo Cielo! qué es lo que escucho? lortunaj es posible que tu favor imiala la dicha al mérito y la virtud? si; tu m°e resti¬ tuyes mis bienes, mi nobleza , mi clase. Y ya de hoi en adelante será cum olida mi alegría. J^lb. Pues comienzas á ser mas venturos^, sé también en lo sucesivo mas modesto.' dicho: doy á entrambos los parabienes. Lo que acabo dé saber era lo que menos esperaba para escoger por mi yeino a su hijo de Vm. porque sacándole su quixotada , por lo demás es un guapo r.lüco. Aquí están nuestras capitulaciones: fírmelas Vm. sin ceremoiTía. ^Ib. Aunque nuestra suerte ha mudado en¬ teramente de semblante , debo dar á Vm. las gracias de la merced.que le hace: y para recompensarla aun mas dignamente, quiero hacer duplicado enlace con la casa de.Vm. Seb. Cómo? para su hijo de Vm. á mi Fern. á Luis. Soy perdido. Set. Es mucha honra para mi familia. Me dexa Vm. que no quepo en el pellejo' de contento. Pero esta aquí su hija? Barcelona : Por la Viuda Piferrer v d ^ ¿ administrada por Juan Seiloa*'J en Madrid, en la de Quiroga, negocio. Vease Vm. luego con el vetav.- j y ^^^uidado que mañana no despierte ^ hijo,sin ser ya Marques. .í^I ahora cohtento? Fzzc. No puede hacerse mas. ayei^.ñueno.Vamos pues á celebrar este p®'® ^ Isab. Mi corazón acabó de declararse P® Vm. pero temo sus aitivezes. Fizo. El amor tomará á su cargo confori’®^’ nuestros genios. Cuente Vm. con su Vea que debo hacer para darla gustovoluntad , sus deseos serán mi único nor>^^ ■ ^It. Mi hijo es vanaglorioso; pero tiene bu® corazón ; este Jo enmiende todo. .. Seb. Si ; Vm. tiene razón. Y aunque encaprichado de un póquillo de vanag^ ria, en atención á su verdadero meri®^^ puede disimulársele. Fizc. No ; no aspiro ya ' mas que á de mi mismo ; quiero seguir solamente * leyes del amor y delfespeto; y pueselJo®^ me han abierto los ojos , espero que ayuden á vencerme. Acabo de conocer es necesario hacerse amar ; y confieso la presunción y vanagloria no acarrean uu que indignación y aborrecimiento. N.