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La desgraciada Teresa : Nueva relación en la que se da cuenta de la amorosa conversación que tuvo un Sacerdote con Cristo Señor Nuestro, habiéndosele aparecido en forma de pobre, pidiendo limosna á su puerta y el desastrado fin que tuvo una criada su

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» - ' j2^ J9 Nnmeríf 42. LA DESGRACIADA TERESA. nueva RELACION EN LA QUE SE DA CUENTA DE LA AMOROSA -^Qnv&’.sacian que tuvo un^Sacerdote con Cristo Señor Nuestro, ha% btendosele aparecido en forma de pobre, pidiendo limosna ásu puerta yel desastrado fin que tuvo una criada suya llamada Teresa. Sacro Dios incomprehensible. Criador del Cielo ytierra. Rey supremo de los reyes, donde todo bien se encierra, áquien Angeles, ySantos adoran con reverencia, ylos hombres obstinados v con avaricia, ysoberbia { \ quebrantan los Mandamientos de lá Santa Madre' Iglesia, sin mirar, que descendió Cristo del Cielo ála Tierra, ynació de Madre Virgen, quedando intacta Azucena. Haced mi Dios poderoso, con vuestra santa clemencia, que resignado en tu gracia pueda proseguir mi idea. sin tener contradictoria: 'una maravilla nueva esplicaré ámi auditorio, atención que ya comienza. En el famoso obispado de Tuy, áquien señorea este tachonado. Cielo de luminantes estrellas, hay un pequeño lugar, que confinan sus haciendas en raya de Portugal, llamado Peña Salguera. El Párroco de este pueblo es D, Jacinto Vareta, noble anciano, venerable, fervoroso en tal manera, que muchas necesidades remediaba con su hacienda. aba posada álos pobres; mas una maldita hembra de una criada que tenia, con propasada soberbia, átodos los ultrajaba con palabras desatentas; pero el Santo Sacerdote decía: calla, Teresa, no me ultrajes álos pobres, porque el pobre representa áCristo, yal pobre debes tratarle con reverencia; porque aquel que al pobre ofende grande castigo le espera; yasí, si quieres gozar de la gloria verdadera, vístete de la humildad, deja la infame soberbia, que Dios al humilde ensaisa, yal soberbio le condena. Ella respondió: señor, no meta ysted tania arenga; me espanto que su merce^d de vagamundos se crea, que estos que piden limosna es gente muy lisongera, yme lleve ámi el demonio, si yo de ellos me creyera. De esta suerte maltrataba con palabras desatentas átodos los pobrecitos, que llegaban ála puerta ápedir una limosna: ¡oh que fea es la pobreza! pero el mismo Dios la amó, yasi nadie la aborrezca. Cansado su Mageslad de esta abominable fiera, quiso con traje de pobre dar áentender su grandeza. Llegó Dios, como quien es, del Sacerdote ála puerta, pidiéndole una limosna con soberana modeslíii yel Párroco venerable? sacó de su faltriquera un ochavo, yle besó con humilde reverencia: Tome Hermano, dijo áCristo; mas la Mageslad suprema, respondió: un poco de pan estimara que me diera. Dijo el Sacerdote, sí, con voluntad santa ybuena se lo daré, hermano mió: dále limosna, Teresa, no detengas áese pobre, que yo me voy ála Iglesia. Mas la maldita criada respondió con aspereza ¿un ochavo no es limosna? ¿le dan mas allá en su tierra? parece pobre soberbio: limosnas con tantas tretas ni el.deraonio lo j.gra-de,£e,_^ Mas la Magestaíí Suprema respondió con mansedumbre, diciendo: hija Teresa, ¿das algo de tu salario? mira por ti no te pierdas ¡qué llano es el mendigante! solo por esa respuesta no ha de llevar un bocado de pan; ycerró la puerta. Quedóse Cristo en la calle: ¡oh soberana grandeza de Dios Todopoderoso! ¿qué temeridad es esta? ¡que una mujer despechada desprecie asi su grandeza! Con pasos muy amorosos Cristo caminó ála Iglesia donde estaba el Sacerdote esperando que viniera algún hombre, para que le asista con reverencia V ^crifici^ Tque Cristo llef |.e le dijo: • conmigo venga/ ^'uSará la 3íisa, /que los hombres de estg tierra siendollia de trabajo, pocos vienen ála Iglesia. Celebrado el Sacrificio, se salieron de la Iglesia, yle dijo: Hermano mió, /quiero que conmigo venga /écomer hoy ámi casa; álo cual dió por respuesta el Redentor de las almas: Mucho estimo la fineza, que yo por ese interés no hice tal diligencia: venga. Hermano, que es mi gusto de que usted coma ámi mesa. En íln, llegaron ácasa, -XiUSgo.á comer se apresta el Sacerdote', yal p0bi:e___ le sentó ásu mano diestra. Dijo entonces la criada. ¿no saldremos de quioieras con estos zarrapatrososi® Yel amo dijo, Teresa, no te muestres tan altiva, presta un poco de paciencia. Digo la verdad, señor, que el pobre en una cazuela puede comer áun rincón; con esto se salió fuera para traer la comida, yel Sacerdote con tiernas razones le dijo áCristo: Dígame. Hermano, en su tierra están férliles los campos, ósi acaso hay buenas muestras? Aesta razón respondió el que todo lo gobierna: Muy buenos están los campos. ha de haber buena cosecha en este año en que estamos, la esperanza no la pierdan, que Dios ha de enviar agu| ; en Abril, yes cosa cierta, ' también en el mes de Mayo porpl principio se espera. Respondió: Hermano, ySeñor, eso para Dios se queda, que los hombres no podemos penetrar tan alta empresa. Esto están cierto yseguro, dijo Dios, como Teresa, vuestra criada, se haya dentro de aquel cuarto en tierra, ysiete horribles demonios, de gatos en la apariencia, le comen el corazón, las entrañas, yla lengua. El santo .Ministro entonces atemorizado queda, casi sin vital aliento; pero recobrando fuerzas quiso salir de la duda tan lastimosa ytan fiera; yal tiempo de lavantarse un gran resplandor le cerca celestial, yle detuvo antes de salir afuera. ¿Qué es esto. Señor, qué es esto? Soberana Omnipotencia, Padre de misericordia, prorumpió con voces tiernas todo confuso yturbado; el rostro volvió ála mesa, yyió que el pobre no estaba alli: con gran reverencia un Divino Crucifijo vido estar sobre la mesa; al instante de rodillas se postró yla tierra besa, diciendo: Padre amoroso, Soberana Providencia, cuando merecí. Señor, esta visita tan buena, siendo yo el mas vil gusano que se sustenta en la tierra.? Hecha ya esta rogativa, áDios le pidió licencia para llevar con amor su Magestad ála Iglesia. Al instante las campanas .se tocaron, sin que fuerzas humanas áellas llegasen, ylos hombres con presteza se vinieron ápoblado, dejándose sus haciendas: al ver tan grande prodigio maravillados se quedan. Formando acompañamiento le llevaron ála Iglesia, puesto en el Altar Mayor ásu Magestad le dejan. Volvamos ála criada, que iuertemente atormentan aquellos siete demonios, como referido queda. Al ver tan grande desgracia toda la gente se queda atemorizada; yluego previene con diligencia aquel santo Sacerdote el conjurarlos; yapenas que comenzó los conjuros, los siete todos se alteran. Dijo: de parte de Dios, yde bajo de obediencia me habéis de decir ahora la causa de esta miseria. Si diremos, le responden, atiende ánuestra respuesta: Nosotros hemos tenido del Altísimo licencia, para castigar furiosos estaTJPJTTr desatenta. Dijo el imo: ámi me el cargó de la Soberbia: yel otro: ámí la Avarit, ¿La Lujuria ádonde qued esto ámí. dijo el tercero, me toca la diligencia; dijo el cuarto: ámí la Ira, que álos faltos de paciencia; les pongo muy bien la mano, con sobrada diligencia; el quinto dijo: la Gula es mia esta dependencia; el sesto dijo: la Envidia, yátoda maldita lengua, maldiciente, injuriadora, castigo con grande fuerza; el sétimo dijo; yo castigo bien la Pereza de aquellos que infamemente dejan las virtudes buenas. Con esto la arrebataron,_ con alaridos^ yTjtrejás vá diciendo por los aires; maldita seas Soberbia, que por despreciar al pobre roe veo entre tantas penas. Este es el fin que ha tenido la desgraciada Teresa: yde este asombroso caso: al Obispo se dió cuenta; su Ilustrísiraa ha mandado, que se publique, yestienda en España porque átodos sirva de ejemplo, yenmienda. Ypidamos áJesús, , que nos libre ynos difienda de tan notables desgracias, ysiempre su luz perpélua nos alumbre para que gocemos la gloria eterna. Gjrmona.—1854.—Imprenta de D. José M. Moreno. K.