Necrología del Señor Doctor Don Fernando Belmonte y Clemente
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NECROLOGIA DEL SESOII doctor DON FERNANDO BELMONTE YCLEMENTE I <5 ^Jlcnioto. SEVILLA
NECROLOGIA DEL SEÑOil DOCTOR Don Fernando Belmonte yClemente ESCRITA YPUBLICADA EX CLLAIPLIMIEXTO DE ACUERDO DE DA REAL ACADEMLV SEVILLANA DE BUEÑAS LETRAS POK JOSÉ GESTOSO YPÉREZ ACADÉMICO NUMERARIO -OOO^OOOSE VILLA XjA ANDALjUCÍA moderna Sauceda, 11 MDCCCXCV. ©NACION
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»6uii C^Konicío, 4' BBVILIj A ísJ 1la idea de la muerte despierta en nosotros tristeza ymelancolía, si al evocar su pavorosa sombra sentimos que llega hasta el corazón el frío hálito del sepulcro; cuando pensamos que en aquel estrecho lugar se han hundido para siempre los seres que amamos en la vida, de los que sólo restan, al presente, recuerdos, que eslabonados, nos conducen desde la cuna ála fosa, sentimos el alma oprimida bajo el peso del dolor, ylas lágrimas resbalan por el rostro, porque ellas son el más fiel lenguaje del seutimiento. Pero si al contemplar las tristes cenizas de aquéllos hallamos trocados en polvo, juventud, sabiduría, talentos yvirtudes, ensueños de gloria, esperanzas de inmortalidad, aspiraciones infinitas j)róximas árealizarse, si la segur implacable no hubiese cortado una existencia que sólo alentaba para todo lo noble, lo generoso, lo grande; decidme. Señores Académicos, si ante tal ejemplo de la humana condición puede permanecer el alma impasible ysi ha de serme fácil encauzar mis ideas yexponer ordenadamente los singulares méritos que .adornaron al que en vida fue nuestro ilustre amigo el Señor Don Fernando Belmonte yClemente. Muy justo es que los que le sobrevivimos pretendamos salvar del olvido su recuerdo; mu}" digno de loa que áél rin- •damos testimonio indeleble de cariño yde admiración, más pa-
_12 — tíidos (le citas históricas, ele ligei'os trazos con lápiz, de copias de inscripciones ynotas paleográficas, yasí de esta suerte llegó áreunir noticias de casi todas las ramas de la arqueología, gunos do a(iuelIos c.uadernosq)asaron por nuestras manos, revelando cuanta era su constancia ysu amor {)or las memorias de la antigüedad en sus gi-andes manifestaciones, lo mismo que en las de nuestras industrias artísticas, así pues no era extraño, ver en a(|uellas páginas, junto ála descripción de un monumento ojival, el dibujo de una tela, de un mueble, de un arma musulmana, al lado de una muestra paleogrática visigoda, un vaso italo-griego, óromano, finalmente, todo cuanto salía á su })aso era por él anotado, enriqueciendo así el tesoro de sus conocimientos de un modo extraordinario. Permaneció en la Corte hasta el año de 18(58, en el cual, á 25 de ’hmio, obtuvo por oposición el nombramiento de Ayudante de tercer grado del cuerpo de Archiveros Bibliotecarios y Anticuarios con destino ála Biblioteca provincial de Sevilla. Contento ysatisfeclio en su modesto empleo, fue nombrado catedrático suplente de Legi.slación Comparada, en la Facultad libre del Doctorado de Derecho en esta Universidad, cargo que ejerció desde 18(58 al 70, obteniendo el mismo título en propiedad á20 de Febrero del año último citado, la cual desempeñó con aplauso de sus compañeros yalumnos hasta Seiúiembre de 1872. T)e 18(50 datan los primeros trabajos que publicó, ópor lo menos de que tenemos noticia, insertos en la acreditada Revista de Mlosofía, Literatura y(hencias, fundada por su doctísimo maestro yamigo del alma el Sr. D. Federico de Castro, única persona tal vez, que ])or el respeto ycariño que Belmente le profesaba, pudo vencer su repugnancia, yobligarlo ádar ála imprenta los frutos primeros de su sa))er en materia ñlosótica. Su artículo intitulado Lirlitúnio ySí'voro es un tmbajo biográfico-
—]3—'* crítico acerca de los insignes obispos de Cartagena yMálaga que florecieron áfines del siglo XJ. En números iinnediatos fueron publicados los que llevan ])oitítulo Ksfttdio mbrc destoicismo en la Edad ]\fo(lcrK<i, yáasáe esta fecha hasta 1S74 no hallamos en la inencionada llevistasu firma, (pie entonces aparece en el tomo VI, al pié del artículo r/e ana inscripción romana de CastUleJa dd Campo. En los mencionados trabajos aparecen desde luego dos cualidades que brillan siempre en todo cuanto escribió, la sencillez yla erudición. Bien {)ue(le asegurarse que no hay en ninguno de ellos i)alabras ociosas, ni pensamientos fútiles óvulgares. Desdeñando las innecesarias ])ompas del lenguaje^ apartóse invariablemente de los efectos de oropel, [)ara atendei’ ála sobriedad ygravedad del discurso. En cuanto ála doctrina, procuraba sintetizar, sin que incurriese nunca en rebuscados alardes de falsa erudición. Sus severos pi-incipios en materia de crítica literaria, revelábanse contra la turba multa de escritores, fieles continuadores de a(j[uellos ingenios del siglo XVll, que no podían tratar de ningún asunto profano ni religioso sin remontarse al Paraíso Terrenal para buscar en él los o]-ígenes de todos los humanos conocimientos. Las repetidas instancias de sus amigos, yde los personajes (|ue ála sazón dirigían el revuelto mar de la república, á que servían de estímulo sus nobles ypatrióticos ideales, con los (jue juzgaba posible la regeneración del país, decidiéronle á abandonar entonces su retiro, como dejamos dicho, ycual caballeresco ])aladín de la llamada Edad Media, llevando por divisa el bien por el bien, sin amiúciones que satisfacer ni en espera de otro galardón más que el que resulta del cumjdimiento de sagrados deberes, atento sólo ála voz imperiosa de su conciencia, aceptó el acta de Diputado áCortes por la capital de la provincia de Huelva. En verdad que hubiera sido difícil ásus electores encontrar
—14 — sujeto (jiie más de buen í^rado se sacrificase por los intereses del distrito. La ])ureza de sus principios, sus vastos conocimientos, su juventud, abnegación éindependencia presentábanlo como modelo, yes seguro, ([ue habría ostentado posteriormente la misma alta investidura, si las miserias humanas no le hubiesen mostrado el negro abismo donde van á})arar las ilusiones, los ideales ylas utopias juveniles. En dos ocasiones tuvo la honra de dirigir su voz ála Cámara, la una en la sesión de 17 de Febrero de 1873 yla otra en 28 del inismo mes yaño. En la primera llamó la atención délas Cortes acerca de la conveniencia (pie reportaría ála provincia que representaba, de que el ferrocarril que se había obligado áconstruir la casa Matheson yde Londres adquirente de las famosas minas de Jtio-tinto, fuese no de vía especial, sino de servicio general, y en la segunda pronunció un correcto discurso en defensa de la enmienda por él yotros señores .Diputados presentada, al capítulo de la sección 2.*'^ de los Presupuestos del Ministerio de Fomento, para el año económico de 1872 al 73, la cual tenía por objeto regularizar de más acertada manera el servicio del. Cuerpo facultativo de Ingenieros de montes, sin que se gravasen las cargas del Tesoro, ni aumentaran las cifras de los grandes gastos del presupuesto. En este discurso dió pruebas de sus profundos conocimientos en la materia, yal par el espíritu levantado que informaba todas sus acciones, el cual apreciado por el dicho Cuerpo facultativo, manifestóle su gratitud celebrando en honra de su defensor un bampiete, en que se le tributaron las mayores muestras de consideración v afecto. Más si durante el periodo do aquellas Cortes no le hallamos batallando en la tribuna como fogoso orador, si su palabra fue tan pocas veces escuchada, no })or eso dejó de cumplir con los deberes de su cargo, ora gestionando concesiones en bien de la
-35 - ]>i‘oviiicÍH, ora defendiendo Jos intereses de los pueblos, ora por último amparando con su iníiuencia los derechos de cuantos á él acudían, jjei’o sin que jamás descendiese álo que hoy llamamos política menuda, que se funda en el caciquismo yen el interés personal, por él tan condenada como aborrecida. No debemos pasar inadvertido un rasgo de su carácter: jamás solicitó destino para nadie, ni pidió gracia, ni credencial alguna para conservar así Jainde])endenciay libertad de sus actos como político. Conducta tan desusada, proceder tan extraño, captóle más yniás las sim])atías de los mismos gobernantes, quienes enaltecían yresj)etaban la severidad de principios yentereza de carácter del novel diputado, más propia del peso de los años, (]ue de las aspiraciones juveniles. Concluida aquella legislatura volvió ásu puesto gozoso, y con el propósito irrevocable de a]')nrta.rse de la j^olítica activa, dedicándose en cuerpo yalma al culto délas Letras yde la Arqueología, ante cuyos altares pensaba, desde sus años juveniles, ofrendar las muestras de sus talentos con una obra digna de su ingenio yde su sabiduría. Refiéreme, señores, ála Historia (le la provincia de Hnelva, obra ciertamente monumental y que no ha visto la luz pública, ])orque para concluirla como él la pensó, necesitaríase álo menos de una inteligencia tan privilegiada como la suya, cuando no de varias, que reunidas sumasen los diversos conocimientos ({ue él sólo poseía. Sin que le arredrase la magnitud de la empresa, ocupábase en las vacaciones en estudiar unas veces los archivos de los |)ueblos, otras las formaciones geológicas, tan importantes en aquella región, la fauna yla fiora, los monumentos artísticos, la topogi'afía, la estadística, en una palabra, cuantos datos histój-icos, científicos yartísticos, podía ir allegando con su singular actividad; ycomo apéndice de la parte puramente histórica, había acumulado multitud de noticias, para escribir un volúmen bio-
-16 - gráfico do los hijos ilustres de la provincia. Labor incesante, penosísima, reservada sólo álos prmlegiados de la inteligencia, verdaderos mártires del trabajo, muchos de los cuales, han sucumbido como él, sin lograr ascender ála cima donde irradia el sol deslumbrador de la inmortalidad. Para que él hubiese visto coronados sus anhelos, habría necesitado alcanzar doble edad de la (¡ue contaba al bajar al sepulcro. Llena su alma de ilusiones yde esperanzas, amantísimo de su provincia, quiso dejarle este testimonio de su afecto, sin sospechar que en él había de cumplirse el tan sabido axioma Ars lon<ja, vita hrevis- y así, en vez de satisfacerse con erigir un edificio que acreditase sus nobles propósitos, acumuló materiales para levantar un monumento, tan grandioso, tan vasto, como eran los horizontes que él abarcaba con los ojos de su poderosa inteligencia. (ánco volúmenes en 4.*^ español ha dejado manuscritos, en los cuales, bajo el epígrafe general de NoHcias históricas de la provincia de Huelva, acumuló datos de todo género, que una vez ordenados pudiesen facilitarle la realización de sus pensamientos. Nos ha legado por tanto los materiales áque decían los antiguos, aparato para escribir una historia, y¡ojalá! llegue día que convenientemente dispue,stos salgan áluz pública, pues este ,sería el imperecedero homenaje que acreditase ála nueva generación el singular mérito de nuestro amigo; mientras tanto, permitidme que consigne ligeramente el contenido de cada uno. de los volúmenes. C/Omprende el primero un Diccionario biográfico de hijos ilustres de la provincia, precedido de erudita introducción. Trata en el segundo particularmente de la misma provincia, sus límites, divi.‘=?ión. costa, ríos, arroyos, industria, minas, comercio, instrucción pública, costumbies, tiempos prehistóricos, inmigraciones de pueblos, dominación romana, incripciones que se corisen'an de esta época, origen yculto del ídolo Sa-
liunhona, memorias visig'üticas, i]Tiii)CÍón musulmuiia, los Kurmandos, Niebla, la familia de los Jaldoiies, importancia que adquiere aquella villa durante el período musulmán, hechos culminantes de su historia, reyes de taifa ysaqueo que sufrió en la mitad del siglo XI. El volumen tercero contiene los extractos de los Libros de Actas del Municipio de Trigueros, y, finalmente, en el cuarto y quinto reunió interesantísima colección diplomática desde los siglos XIII al XVIII inclusive. Bien puede aumentarse este caudal inapreciable con los varios legajos, cuyo contenido hállase íntimamente relacionado con su gran obra, pues dedicó uno de ellos áamontonar noticias de toda: índole acerca de su pueblo natal^ yel otro álas referentes áHuelva; además se han hallado dos legajos de paleografía, dos de arqueología general yrelativos ánumismática, sigilografía, aljamiado ycantares populares. He a(juí. Señores, lo que le debe la provincia de Huelva, lo (pie hizo en j)ró de la historia yde la arcpieología pátrias, los iri’efragables testimonios de su gran valer áfuerza de sacrificios conquistados, de lalior incesante, de singular entusiasmo. ¿Qué galardón merece (juien tan entrañable ydesinteresadamente amó ásu pátriaV reconqiensa más honi-o.sa ha de otorgarse al oscuro obrei’O de la inteligencia, al mártir del trabajo, que sucumbe en la más noble de las luchas, que la de salvad su memoria del olvido? Más })rosigamos el relato de los heclios de su vida ydejemos álas Corporaciones, que representan hoy los intereses de la provincia de Huelva, escojer los medios adecuados para pagar la deuda cantraída con su iuolvidaldo hijo; que harto fácil ha de serles yasí lo reclaman sus altos merecimientos. Quince años sirvió en la Biblioteca Provincial, en cuyo largo período no tuvo más que un ascenso, el de Ayudante de se-
-]8 - guiulo grafio, yús^te por el Eecalafón del Cuerpo de Archive' ros; lo cual demuestra que ni quiso acudir ásu influencia, ni aún hacer valer sus legítimos derechos en más de una ocasión en que se vió postergado álos advenedizos yambiciosos, que escalaban los puestos de su carrera sin más título que la abusiva autoridad de un Ministro. En los últimos años que sirvió su destino en la referida Biblioteca, ocupóse además durante los domingos ydías festivos en estudiar detenidamente los monumentos de esta Ciudad, en compañía de su íntimo amigo el reputado escritor yarqueólogo señor don Claudio Boutelou, atesorando en infinidad de cuadernos, preciosas observaciones históricas yartísticas, que, de ser publicadas, prestaríase con ellas un servicio inestimable á los entendidos, pues comprenden no sólo los estudios de los edificios, sino de cuantas preciosidades se han salvado hasta hoy de la ignorancia yde la rapacidad. Otro escrito suyo: tan erudito como interesante para nuestra historia, vió la luz pública en las notas de don Federico de Castro ála Historia de los Musulmanes españoles, que aquel profesor tradujo del orientalista Dozy. Refiérome ála Carta sobre monedas arábigas acuñadas en España desde la invasión hasta la entrada de los almorávides, trabajo que lleva la fecha de 20 de Julio de 1877 ydemuestra sus no vulgares conocimientos en la numismática musulmana, adquiridos de su sapientísimo maestro el señor don Antonio Delgado, cuya pérdida lloran aún los amantes del saber. Apreciadas por sus contem})orá neos las singulares cualidades que adornaban ánuestro compañero, esta Real Academia brindóle gustosísima con uno de sus escaños, eligiéndolo miembro numerario en 2‘.) de Diciembre de 1877. Su discurso de recepción, que lleva la fecha .de 8de Febrero del siguiente citado año, demuestra que a(;ogió con marcada complacencia tal honra, pero su invencible modestia fue causa
—19 — (le haber dilatarlo tanto el acto público de su recepción, qué, transcurrido con exceso el plazo reglainentai-io para ingresar, fue dado de baja con sentimiento de todos, que ni lograron vencer su modestia ni decidirlo áque leyese en público su discurso. Nuevamente electo en bde Marzo de 188S, tomó posesión en 2b de do Junio del mismo año. El téma escogido para su discurso filé «Bosquejo de las ceremonias ytiestas con que se acostumbraban celebrar los matrimonios en el siglo XI». Permitidme que os recuerde las partes de que consta este eruditísimo trabajo, cuya lectura tuvimos el placeide escucharle y (jue, con harta tristeza para mi alma, paréceme que aún la oigo do sus labios emocionados ytrémulos por la solemnidad del acto. Después de un sucinto exordio en que consignó algunas consideraciones acerca del estado social yde las costumbres de nuestra pátria en aquella centuria, reseñó las bodas notables entonces celebradas, tratando seguidamente del consentimien- to de los contrayentes yde los padres, petición de la novia, vistas, arras yregalos, ceremonias religiosas, privilegios del matrimonio yde los casados, vestidos de la época, convites, regalos y ej)italamios, y, por último, de los juegos ycabalgatas. Los estrechos límites de ((iie disponía para desenvolver cada uno de estos temas, lleváronlo ábosquejar un cuadro tan sintético, que sólo para quien como él abarcaba el vasto conjunto con todas sus incidencias ypormenores, pudo ser hacedero el condensar la materia, utilizando solamente los datos imás interesantes ycaracterísticos, avalorando con ellos su discurso ámodo de lucientes perlas engarzadas por artííice peritísimo en rica joya de oro. Nada hallaréis, pues, supéríluo ni fuera de propósito; antes bien, los datos ycitas van consignados con tal tino yoportunidad, que sin esfuerzo podemos reconstituir con la fantasía el animadísimo cuadro en que la religión ylas artes manifestóbanse, en
—‘20 — toda sn coinnovodora sencillez la jn-iinera, yen todos sus esplendores las segundas. Kn cuanto ála forma literaria os diré que brillan en este, como en todos sus escritos, la claridad, concisión ypureza de lenguaje, (pie su])o acomodar discretamente álas exigencias de nuestras costumbres ynecesidades, tan diferentes boy de lo (pie fueron en las pasadas centurias, jiero sin que por esto amenguase ódebilitara lo castizo de la dicción, ([ue álas veces ])retenden algunos conseguir valiéndose de rebuscados arcaismos. La delectuosa organizaci()n r[ue durante varios años había tenido el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios yAnticuarios, de la cual aún quedan reliquias, durante cuyo tiempo hulio de ser considerado, nó como patrimonio del saber, sino del favoritismo que proveía con nombramientos do gracia los puestos vacantes, con lo cual se dificultaban los ascensos reglamentarios, fué causa de (pie nuestro compañero, que tantas veces se vió postergado ánulidades afortunadas, solicitase un jmesto en este Archivo general de Indias, en virtud de la B. O. de 11 de Mayo (le 188(3, (pie concedía álos individuos del Cuerpo de Archiveros el derecho de prestar sus servicios en dicho Establecimien- to. Xombrado, pues, oficial 4."', en 14 de Noviembre del referido año, obtuvo tres ascensos en 30 de Julio v20 de Noviembre del año siguiente, alcanzando el título de oficial 1." en 20 de Agosto de 188o, cuyo destino fué el jio.strero que sirvió. En este nii.smo año fué nombrado miembro correspondiente de la Sociedad numismdtica de Fihldelfia. Su espíritu infatigable ysu constancia hallaron en aquel singular emporio de noticias históricas referentes al Nuevo Mundo, ancho campo en que manifeslarse y, como el obrero ([ue lentamente va colocando un sillar sobre otro hasta ver fabricado el edificio, así poco á[loco reunió los materiales que dieron por resultado los tras tomos M. M. SS. yun voluminoso
—2l — legajo sin ordenar, (jne conocen los amantes del saber con el título de Colección Helnionte, yacerca de los cuales diremos breves frases-. Para estimar en todo lo que vale este trabajo, que las vidas de muchos no habrían bastado para ver concluido, preciso es tener en cuenta no sólo los vastos conocimientos de su autor, sino poseer el espíritu de la moderna crítica en él prodigiosamente encarnado. Mnmedio del abrumador fárrago de los pa- ])eles que examinaba, era forzoso i)rimero saber quilatar la importancia de los datos llamados áconstituir la colección, extractando luego de los documentos matrices las partes esenciales, para lo cual requeríanse raros conocimientos yexqucsito tacto, y, por liltimo, ordenarlos con tal acierto que el hombre estudioso hallase pronta yfácilmente satisfecha su curiosidad. ¿Y qué intento se proponía el autor al acometer empresa tan árdua? Él mismo nos lo da áconocer con los epígrafes que puso álos voliimenes titulándolos Colección de documentos histáricos, noticias ye.rtractos puestos en orden alfabético] ¡jero si deseáis que particularize, os diré que sólo quizo facilitar la biisquoda de documentos curiosos en los ramos de la historia, de la arqueología, de las artes }>ellas yde las industriales, de la biografía, del comercio, descubrimientos, colonización, etnografía, etc., etc. La sencillez de la clasificación empleada, la claridad yesmero con que extractaba los originales, acj'editan su })ericia ysus talentos. Bien quisiera daros más cumplida explicación de estos trabajos, pero réstame aún ocuparme en otro, que no debo en modo alguno pasaren silencio yque, siguiendo en lo po.sible el or <len cronológico, correspóndeme tratar ahora de él. Las reiteradas súplicas de su amigo el conocido coleccionista de antigüedades don Basilio Jesús García, moviéronlo al cabo para que le dedicase un ligero trabajo destinado áformar parte del curioso (V)dice venatorio (|U9 aquél había comenzado
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