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Las narrativas de la biotecnología

López Baroni, Manuel Jesús

Abstract

Sobre la biotecnología se proyectan ideologías, prejuicios, expectativas y temores que nada tienen que ver con la ciencia y sí por el contrario con la naturaleza humana. Además, la confluencia entre esta disciplina y las denominadas tecnologías disruptivas desdibuja aún más su contenido. Pues bien, con objeto de deslindar nítidamente los aspectos puramente científicos de los culturales e ideológicos, incluido el esoterismo, hemos construido un modelo con dos variables y cuatro combinaciones posibles. Estimamos que el análisis de las diferentes narrativas que receptan la biotecnología contribuirá a clarificar los retos que presenta esta materia.

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DOI: http://doi.org/10.12795/Argumentos/2018.i21.03 Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA THE NARRATIVES OF BIOTECHNOLOGY MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI [email protected] Universidad Pablo de Olavide RECIBIDO: 10/03/2018 ACEPTADO: 18/07/2018 Resumen: Sobre la biotecnología se proyectan ideologías, prejuicios, expectativas y temores que nada tienen que ver con la ciencia y sí por el contrario con la naturaleza humana. Además, la confluencia entre esta disciplina y las denominadas tecnologías disruptivas desdibuja aún más su contenido. Pues bien, con objeto de deslindar nítidamente los aspectos puramente científicos de los culturales e ideológicos, incluido el esoterismo, hemos construido un modelo con dos variables y cuatro combinaciones posibles. Estimamos que el análisis de las diferentes narrativas que receptan la biotecnología contribuirá a clarificar los retos que presenta esta materia. Palabras clave: Biotecnología; transgénico; organismo modificado genéticamente; tecnologías disruptivas; tecnologías de la sospecha. Abstract: About biotechnology are projected ideologies, prejudices, expectations and fears that have nothing to do with science and, on the contrary, with human nature. In addition, the confluence between biotechnology and the so-called disruptive technologies further blurs its content. Well, in order to clearly define the purely scientific aspects of cultural and ideological aspects, including esotericism, we have constructed a model with two variables and four possible combinations. We believe that the analysis of the different narratives that receive biotechnology will help to clarify the challenges presented by this discipline. Keywords: Biotechnology; transgenic; genetically modified organism; disruptive technologies; suspicion technologies. Introducción La biotecnología es una disciplina prácticamente inabarcable, que tiene por objeto materias tan dispares como la energía, la agricultura o la biomedicina de última generación. A la vez, sus temáticas tradicionales están siendo flanqueadas por investigaciones que rozan la ciencia ficción, como las relacionadas con la vida sintética y la inteligencia artificial. En esencia, la interacción entre la biotecnología, las ciencias cognitivas, los big data y la informática auguran un futuro prometedor, en lo que a reflexión (y preocupación) se refiere. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 48 Pues bien, precisamente por la existencia de relaciones transversales entre campos del conocimiento tan lejanos entre sí, resulta difícil analizar de una forma coherente y sistemática las cuestiones que suscita la biotecnología. Por ello, nos conformaremos con presentar una fractal de la situación actual. El punto de fricción sobre el que nos vamos a centrar es en el cruce entre la biotecnología y las ciencias sociales. En efecto, sobre la biotecnología se proyectan ideologías, prejuicios, expectativas y temores que nada tienen que ver con la ciencia y sí por el contrario con la naturaleza humana. Entre estas proyecciones se sitúan dicotomías o tricotomías como marxismo/neoliberalismo; patriarcado/ feminismo; globalización/ multiculturalismo; tecnoutopismo/milenarismo; laicismo/panteísmo/monoteísmo, etc. La confluencia entre los aspectos puramente científicos de la biotecnología, esto es, los elementos endógenos y propios de la disciplina, y los factores exógenos que hemos citado, de naturaleza cultural e ideológica, provoca que la complejidad desemboque con facilidad en la perplejidad. Pues bien, las preguntas que vamos a abordar, que no es lo mismo que resolver, son las siguientes. a) ¿Es legítima la biotecnología en sí misma? Una de las paradojas de la disciplina que analizamos es que, mientras nadie discute la moralidad de la medicina, la química o la física, en el caso que analizamos se ha invertido la presunción de inocencia y los biotecnólogos han de argumentar constantemente por qué su mera existencia no constituye una afrenta contra la humanidad. Estimamos que desarbolar esta imputación, equivalente epistemológico del racismo, contribuirá, con las clarificaciones pertinentes, a la defensa de este colectivo. b) ¿Cuándo comenzó la biotecnología a ser un problema? La cuestión en este caso no reside en mostrar cuándo apareció la biotecnología moderna, soporífera temática que suele desembocar en el esencialismo, sino a partir de qué momento las ciencias sociales y las humanidades se percataron de que la biotecnología contemporánea arrostraba dilemas tan perturbadores como desasosegantes. c) ¿Cuándo es ético modificar la naturaleza? Partiendo de la premisa de que toda especie viva, incluida la humana, interfiere con su entorno, la cuestión es reflexionar sobre a partir de qué momento deja de ser esta observación participante legítima y comienza a ser una agresión contra natura. d) ¿Cuál es el criterio de demarcación de lo ecológico? En este caso nos planteamos en qué momento un discurso, actuación, programa o paradigma deja LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 49 de ser ecologista, arquetipo de la moralidad neokantiana, y se convierte en nefando crimen de ecocidio. e) ¿Cuál es el criterio de demarcación de lo transgénico? Aunque a priori parece que es una distinción obvia, el análisis de las definiciones que nos ofrecen los diferentes expertos nos sume con facilidad, por su insuficiencia, en la más absoluta pesadumbre. Como veremos, no resulta nada sencillo hallar criterios verificables e indubitados que diferencien con la suficiente nitidez un organismo modificado genéticamente de un transgénico, y a su vez, estas dos categorías del resto de seres vivos. h) ¿Debemos juridificar la ciencia ficción? El problema que nos planteamos con esta cuestión es si la bioética y el derecho deben intervenir ante escenarios improbables pero no imposibles, o, por plantearlo de otra forma, cuál es el momento adecuado para actuar. Si se hace muy pronto, se corre el riesgo de regular predicciones fantásticas, deslizándonos sin remisión alguna por la pendiente del ridículo; pero si esperamos, entre dubitativos y contemplativos, a la política de hechos consumados, puede que sea demasiado tarde para escenarios hipotéticos pero no fantasiosos en los que está en juego la existencia de la vida misma. I) ¿Es suficiente la autorregulación científica? El principal instrumento que emplea la comunidad investigadora para prevenir resultados imprevisibles es la moratoria científica. Ahora bien, ¿nos basta con su sentido común, prudencia, humanidad, etc., en contextos donde se movilizan ingentes sumas de dinero? ¿Acaso los científicos no son susceptibles de ser infectados por el humano virus de la ambición, el poder o la megalomanía? Y por último, dado que es un colectivo sometido a un especial estrés por la demanda social para que sean competitivos, innovadores, etc., e incluso, como si no fuera bastante, hasta emprendedores y generadores de empleo, ¿realmente podemos pedirles más? ¿Acaso no nos conduciría a una temeraria delegación de nuestra responsabilidad simplemente porque no nos esforzamos lo suficiente en comprender el alcance de sus investigaciones? Pues bien, con objeto de clarificar estas cuestiones, a menudo enmarañadas con discursos tan enrevesados como inconsistentes, hemos creado un modelo con dos variables y cuatro combinaciones posibles. En este caso, las dos variables son “biotecnología tradicional” (la forma de intervención del ser humano en la naturaleza desde nuestros orígenes) y “biotecnología moderna” (las MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 50 técnicas, recursos y objetivos de la biotecnología contemporánea). Dado que hay dos variables, las combinaciones son cuatro, que resumimos a continuación: 1 Primera combinación: Biotecnología tradicional (0); Biotecnología moderna (0). En este paradigma situaremos los discursos de quienes sostienen que no hay ruptura ni hiato entre lo que los seres humanos hemos estado haciendo durante miles de años y la época actual. Son las narrativas de la continuidad, que abogan por no alarmar a la población ni a las autoridades públicas. El grafismo 0-0 reflejaría esta ausencia de hiatos entre el pasado y el presente. Segunda combinación: Biotecnología tradicional (1); Biotecnología moderna (1). En este paradigma situaremos los discursos de quienes argumentan que la biotecnología moderna es cualitativamente diferente a la de épocas pretéritas, pero que basta con el principio de precaución para avanzar con seguridad. El grafismo 1-1 refleja la idea de que, aunque ambas formas de biotecnología son relevantes, existe un hiato nítido y sustancial entre ambas. Tercera combinación: Biotecnología tradicional (1); Biotecnología moderna (0). En este paradigma situaremos los discursos de quienes sostienen que la biotecnología moderna cosifica a los seres vivos y legitima el capitalismo neoliberal, por lo que es una disciplina inmoral en sí misma. El grafismo 1-0 refleja la idea de que solo son legítimas las técnicas tradicionales de intervención en la naturaleza (selección y cruce), de ahí que aboguen por prohibir cualquier forma de biotecnología moderna. Cuarta combinación: Biotecnología tradicional (0); Biotecnología moderna (1). En este paradigma situaremos los discursos que sostienen que lo mejor (o peor) está por llegar, lo que incluye tanto las narrativas tecnoutópicas, que estiman que la tecnología resolverá la cuestión humana, como las predicciones apocalípticas y distópicas que advierten sobre la pronta extinción de la especie humana e incluso de la vida misma. Cada uno de estas cuatro combinaciones conlleva axiomas o puntos de partida que juegan el papel de actos de fe apriorísticos; un vocabulario específico compuesto de expresiones, ideas o conceptos cuyo significado varía de paradigma en paradigma (v. gr., qué es un transgénico); una definición sui generis de la biotecnología; preguntas solo comprensibles dentro de un paradigma; funciones y principios específicos de la bioética; y, por último, anomalías, es decir, contradicciones o cuestiones irresueltas. 1 Empleamos un modelo análogo al empleado por Gustavo Bueno en ¿Qué es la ciencia? y por Castilla del Pino en su Teoría de los Sentimientos. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 51 Estimamos que esta forma de analizar brevemente la situación de la biotecnología clarificará las diferentes narrativas que abordan esta disciplina, clarificación imprescindible para la toma de decisiones. Primer modelo: “biotecnología tradicional (0)”; “biotecnología moderna” (0)” Los axiomas básicos de las narrativas pertenecientes a este paradigma son los siguientes: 1º) No hay una diferencia cualitativa entre lo que hacían los primeros agricultores y la ingeniería genética contemporánea. 2º) No resulta necesario crear principios específicos de la bioética para resolver los problemas que se presenten, bastando para ello con los cuatro tradicionales. Además, estos solo serán aplicables para las cuestiones que se susciten en biomedicina, pero no en otros campos, como la agricultura, la energía, etc. 3º) No hay diferencias sustanciales entre los organismos modificados genéticamente y los transgénicos, de un lado, y el resto de seres vivos, de otro. 4º) La diferencia entre organismos naturales y artificiales (v. gr. entre el maíz natural y el maíz transgénico) es de naturaleza metafísica. La historia del origen del maíz y del perro son dos buenos ejemplos para comprender la justificación de estos cuatro axiomas. Hasta los años ochenta del siglo pasado hubo un enconado debate acerca del origen del maíz. 2 Reeves y Mangelsdorf defendían que el maíz contemporáneo descendía de un maíz ancestral, probablemente ya extinto, el maíz tunicado, lo que favorecía indirectamente los argumentos a favor de la existencia de una continuidad entre ambos tipos de maíz y, por tanto, que esa modificación no fue un proceso tan difícil ni tan artificial. Sin embargo, en tiempos recientes se ha demostrado que el maíz contemporáneo procede de una especie de las gramíneas denominada “teosinte” que existía en México y en Mesoamérica. 3 Hace unos ocho mil años, los habitantes de esas tierras procedieron a un laborioso, ingenioso e intuitivo método de cruzamiento mediante selección hasta lograr que una planta con solo dos hileras de granos, escasamente nutritivos, se convirtiese en el maíz que alimenta hoy a millones de personas. 2 BEADLE, George: “El origen del maíz”, Investigación y Ciencia, nº 42, marzo, 1980. 3 KATO YAMAKAKE, Takeo Ángel: “¿Cómo y dónde se originó el maíz?” Investigación y Ciencia, nº 347, 2005. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 52 Este dato nos demuestra que el maíz contemporáneo no es un alimento natural, esto es, generado azarosamente por la naturaleza, sino que es una creación estrictamente humana. El maíz no solo existe porque los seres humanos lo hayan creado, sino que sin los seres humanos desaparecería, ya que si no se recogen los granos estos caerían demasiado cerca de la mazorca, con lo que no madurarían. 4 El segundo dato relevante para nuestro estudio es que el maíz es la consecuencia de la expresión de cinco genes del teosinte. 5 , 6 Los indígenas lograron, aun sin saber qué son los genes, la modificación genética del teosinte. En puridad, el maíz natural contemporáneo sería un organismo modificado genéticamente, en concreto, el teosinte. Estos datos son los que vertebran discursos como el de la catedrática Capell Capell, ante el parlamento español, que sostienen que “El maíz es una planta totalmente artificial, no existía; es una planta que ha sido fruto de la tecnología humana”. 7 De forma análoga a lo que ha sucedido con el maíz, también se ha discutido durante bastante tiempo el origen del perro. Los estudios más recientes indican que el perro actual no procede del lobo contemporáneo, sino de un lobo ancestral, ya extinto, del que proceden ambos, los perros y los lobos que conocemos hoy día. Para nuestro objeto de estudio, lo relevante es que el perro también es una creación humana, ya que nunca existió en estado salvaje en la naturaleza. Aunque es un misterio cómo se produjo la transición entre el lobo ancestral y el perro, se sabe que los seres humanos lograron en dos ocasiones, en Asia y en Europa, mediante técnicas de cruzamiento y domesticación, que estos surgieran ex novo en la naturaleza. Además, quienes lo consiguieron eran cazadores recolectores, y no agricultores, ya que el espectro de fechas varía entre los 18.000 y los 32.000 años a.C., bastante antes de que apareciera la agricultura, con lo que resulta razonable vincular la domesticación del lobo a las necesidades de la caza. 8 , 9 , 10 , 11 4 MANGELSDORF, Paul: “El origen del maíz”, Investigación y Ciencia, 121, Octubre, 1986. 5 KATO, Op. cit. 6 SERRATOS HERNÁNDEZ: El origen y la diversidad del maíz en el continente americano, Greenpeace, 2009. 7 CAPELL CAPELL, (2013): Catedrática del Departamento de Producción Vegetal y Ciencia Forestal de la Universidad de Lleida, e investigadora de agrotecnio. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. Comisiones. Núm. 460, 19 de noviembre, p. 13. 8 VILÁ, Carles: “Domesticación del perro. Relaciones entre perro y lobo”, Investigación y Ciencia, marzo, 1999. 9 MORELL, Virginia: “Evolución del lobo al perro”, Investigación y Ciencia. Septiembre, 2015. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 53 Si caminamos por nuestros parques, plazas y calles, observaremos infinidad de razas de perro. La reflexión que debemos hacer es la siguiente: la naturaleza no produce cosas como los caniches, los perros salchicha, o los chuchos mismos, porque se los hubiesen comido. Es más, sin nosotros, los perros desaparecerían de la faz de la tierra, ya que no están evolutivamente adaptados a valerse por sí mismos. Quizá los perros salvajes sí hayan aprendido a sobrevivir, pero la inmensa mayoría de las razas que conocemos estaría condenada a la extinción. Desde esta perspectiva, el perro, como el maíz, y al igual que sucede con la inmensa mayoría de las frutas y hortalizas, es tan artificial como los ordenadores. Han sido creados por los seres humanos, y no por la naturaleza. Hemos sido nosotros, aun desconociendo qué eran, no ya los genes, sino las células mismas, quienes hemos modificado inconscientemente la dotación genética de determinados seres vivos ancestrales (el teosinte, el lobo, etc.) hasta lograr la aparición de seres vivos artificiales. 12 Por ello, quienes se guarecen bajo la narrativa de este primer paradigma sostienen que la división dialéctica clásica entre lo natural y lo artificial, o entre lo natural y lo cultural, es pura retórica, una distinción metafísica. La mera existencia humana conlleva una intervención en la naturaleza, una modificación, alteración y recreación para adaptarla a nuestras necesidades, al igual que sucede, por cierto, con el resto de seres vivos. Basta recordar cómo, en su momento, un determinado tipo de bacteria produjo como desecho el oxígeno que ha permitido la vida compleja, incluida la nuestra. Por ello, todos los discursos acerca de la vuelta a los orígenes, el agroecologismo, la comida natural, ecológica, orgánica, etc., serían pura mistificación, y quienes defienden estos conceptos estarían empleando expresiones análogas a los teólogos con la santísima trinidad. La defensa de un mundo prístino, sin intervención humana, donde el ser humano toma de la madre 10 LAURENT, A. F. Frantz, Victoria E. Mullin, Maud Pionnier-Capitan, Ophélie Lebrasseur, Morgane Ollivier, Angela Perri, Anna Linderholm, Valeria Mattiangeli, Matthew D. Teasdale, Evangelos A. Dimopoulos, Anne Tresset, Marilyne Duffraisse, Finbar McCormick, László Bartosiewicz, Erika Gál, Éva A. Nyerges, Mikhail V. Sablin, Stéphanie Bréhard, Marjan Mashkour, Adrian Bălăşescu, Benjamin Gillet, Sandrine Hughes, Olivier Chassaing, Christophe Hitte, Jean- Denis Vigne, Keith Dobney, Catherine Hänni, Daniel G. Bradley, Greger Larson, (2016): “Genomic and archaeological evidence suggest a dual origin of domestic dogs”, Science, 03 Jun, 2016. Pp. 1228-1231. 11 FREEDMAN, AH, Gronau I, Schweizer RM, Ortega-Del Vecchyo D, Han E, Silva PM, et al: “Genome Sequencing Highlights the Dynamic Early History of Dogs.” PLoS Genet 10(1), 2014. 12 La posibilidad de domesticar los zorros para que se conviertan en animales domésticos como los perros ahondarían en este proceso de modificación intencionada de la naturaleza. TRUT, Lyudmila&DUGATKIN, Lee Alan: “Zorros convertidos en perros”. Investigación y Ciencia, nº 490, julio de 2017. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 54 tierra lo que necesita, y no más, sin alterarla ni contaminarla, sería el equivalente al paraíso perdido judeocristiano, donde la biotecnología jugaría el papel que tuvo la manzana que mordió Eva. Teniendo esto presente, podemos comprender la definición de la biotecnología que aparece en la Enciclopedia Británica: “La utilización de la biología para resolver problemas y hacer productos útiles”. De la infinidad de definiciones que podemos rastrear en libros y documentos es la más sencilla, ya que rompe con la dicotomía biotecnología tradicional versus biotecnología contemporánea. Lo que hacían nuestros antepasados es lo mismo que hacen los científicos actuales en un laboratorio: modificar la dotación genética de los seres vivos (“utilizar la biología”) para adaptarlos a nuestras necesidades (“resolver problemas”) y emplearlos como fuentes de alimentación, energía o modelos humanos (“productos útiles”). Esta definición justifica que la bioética no deba intervenir en la biotecnología. A no ser que se planteen cuestiones específicas en biomedicina, donde bastará con el arsenal de los cuatro principios de la bioética, en el resto de materias (agricultura, seres vivos no humanos, energía, medio ambiente, vida artificial, etc.) no resulta legítima la intervención, dado que la participación de un bioeticista sería tan anómala como su presencia en el consejo de administración de un banco. La no intervención de la bioética se justificaría además porque no existe propiamente una diferencia sustancial entre los organismos genéticamente modificados y el resto de los seres vivos. Si no hay diferencias entre la agricultura tradicional y la biotecnología moderna, ¿por qué iban a existir los transgénicos? El mejor ejemplo de este modelo lo podemos observar en el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), que no distingue entre las técnicas tradicionales de cruzamiento y la ingeniería genética contemporánea. 13 Es más, 13 Así, se puede observar esta mezcla entre agricultura tradicional y biotecnología moderna en la página web de USDA, UNITED STATES DEPARTMENT OF AGRICULTURE “Agricultural Biotechnology: A range of tools, including breeding techniques, (…) Genetic modification: The production of heritable improvement in plants or animals for specific uses, via either genetic engineering or other more traditional methods. Some countries other than the United States use this term to refer specifically to genetic engineering. (…) Transgenic organism: An organism resulting from the insertion of genetic material from another organism using recombinant DNA techniques: (…) Traditional breeding: Modification of plants and animals through selective breeding. Practice used in traditional plant breeding may include aspects of biotechnology such as tissue culture and mutational breeding” En https://www.usda.gov/topics/biotechnology/biotechnology-glossary. Última visita en febrero de 2018. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 55 reconocen expresamente que su definición de “organismo genéticamente modificado” no es equivalente a la de la Unión Europea, que como analizaremos en el siguiente modelo sí distingue entre estos organismos y el resto de seres vivos. La consecuencia práctica de este batiburrillo conceptual, o monismo (“todo es lo mismo”), la podemos constatar en lo que recién ha sucedido con un determinado tipo de champiñón. Empleando la novedosa técnica de ingeniería genética CRISPR, un grupo de científicos ha silenciado un grupo de genes en un champiñón natural, logrando con ello que conserve su color original más tiempo. Cuando estos científicos preguntaron al Departamento de Agricultura norteamericano si se le aplicaría a este champiñón la legislación vigente para los transgénicos, la respuesta oficial fue que no hacía falta, ya que no se estaba ante un transgénico (Hall, 2016). Si generalizamos este suceso, podemos prever que cualquier ser vivo que sea modificado con la técnica CRISPR no será considerado un organismo modificado genéticamente ni un transgénico, con lo que pasará del laboratorio a la cadena alimenticia directamente, al igual que sucede con la fruta u hortaliza lograda con las técnicas tradicionales de cruzamiento. La Unión Europea está pendiente de pronunciarse sobre esta temática, pero cabe augurar que no seguirá el trazo grueso de sus homólogos norteamericanos. ¿Cuáles son las anomalías que podemos observar en el paradigma que analizamos? Examinemos uno de los bioeslóganes propagandísticos de las multinacionales que comercializan transgénicos, Monsanto: 14 Cultivos extensivos: Utilizamos la mejora genética tradicional y la biotecnología para producir semillas que se desarrollan como cultivos más fuertes, más resistentes, y que utilizan los recursos naturales de manera más eficiente. Hortícolas: Combinamos la mejora genética tradicional con técnicas modernas para crear verduras más llenas de vitalidad y sabor que pueden soportar mejor los desafíos de la naturaleza. (nota: las cursivas son nuestras). Como podemos observar, sutilmente se califica a la agricultura que practicaban nuestros antepasados como “mejora genética tradicional”, con lo que indirectamente se está postulando que la biotecnología contemporánea hace lo 14 MONSANTO, Se publica el informe de sostenibilidad de Monsanto para el año 2014. En http://www.monsantoblog.es/se-publica-el-informe-de-sostenibilidad-de-monsanto-para-el-ano- 2014/. Última visita en febrero de 2018. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 62 cosifica la naturaleza; 3º) La biotecnología moderna es un instrumento del patriarcado; 4º) La biotecnología moderna es inmoral en sí misma. El vocabulario constaría de dos campos semánticos. El primero estaría compuesto de términos con connotaciones positivas para este paradigma, con expresiones como agricultura tradicional, agroecológico; comida orgánica; desarrollo sostenible; multiculturalismo, glocalización (actúa globalmente, piensa localmente), justicia social, campesinado, indigenismo, ecofeminismo, etc. Y el segundo campo estaría compuesto por términos o expresiones con connotaciones negativas, como transgénico, semillas terminator, capitalismo, neoliberalismo, multinacionales, biotecnología, patriarcado, etnocentrismo, etc. Podemos hallar numerosas publicaciones con imputaciones hacia la biotecnología moderna, pero no una definición exacta de qué es, desde esta perspectiva, la disciplina. Pues bien, tomando como referencia el vocabulario comentado, nos atreveríamos a sostener que los defensores del presente modelo definen tácitamente la biotecnología de la siguiente forma: Es el instrumento del capitalismo neoliberal, patriarcal y occidental, para cosificar a los seres vivos, incluida la especie humana. ¿Qué función juegan los principios de la bioética en este paradigma? El peso estaría en el principio de justicia, entendida en el sentido de “justicia social” (colectivización, redistribución, no alienación, etc.). Y probablemente es esta concepción de la justicia la que ha dado lugar al principio de soberanía alimentaria, principio que condensa los valores de quienes abogan por este modelo. ¿Qué anomalías podemos hallar en el presente modelo? La principal anomalía que podemos hallar en este paradigma es la errónea identificación de los “transgénicos” u “organismos modificados genéticamente” con el neoliberalismo capitalista. En efecto, mediante un paradójico proceso de metonimia, los biotecnólogos se han transmutado en el equivalente al hombre blanco, burgués, de alto nivel económico, cristiano protestante, arquetipo del colonialismo y el imperialismo. Se pueden observar las contradicciones de esta injustificada imputación en las corrientes que apoyan la soberanía alimentaria. El marxismo nunca fue ecologista. La unidad de interés del discurso comunista era el proletariado. Había que mejorar las condiciones de vida de la clase obrera, y el medio ambiente, los seres vivos no humanos, eran tan instrumentales como la hoz y el martillo de la bandera comunista. El lema marxista “La tecnología permitiría la reafirmación del hombre como `ser LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 63 genérico´” abogaba, entre otras cosas, por la ciencia como medio de desalienación de la clase trabajadora. 31 De hecho, la primera norma de envergadura en la Rusia comunista de rango equivalente a las occidentales, de 1918, llevaba por título “Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado”, y es fácil imaginar cuán lejos estaban las preocupaciones ecologistas en su articulado. Colectivizaba los recursos naturales, pero no se establecía ninguna protección con respecto al medio ambiente. La Constitución de 1924, que crea la URSS, no contenía referencia alguna sobre el medio ambiente. La Constitución soviética de 1936, en su artículo 4, estableció que la base económica de la URSS era el sistema socialista de economía, basado en la propiedad socialista de los instrumentos y medios de producción, “afirmados como resultado de la supresión del sistema capitalista de economía (…)”. El artículo 6 colectivizaba los recursos naturales y el 14.q atribuyó a la Administración del Estado la competencia para “establecer los principios básicos del usufructo de la tierra, del subsuelo, de los bosques y de las aguas”. En el artículo 118 hay una referencia interesante al “crecimiento constante de las fuerzas productivas de la sociedad soviética” que muestra su verdadero objetivo: el crecimiento económico. Lo que queremos resaltar es que no se estableció ninguna referencia a la protección del medio ambiente. Es más, hasta la Constitución de la URSS de 1977, pocos años antes de su hundimiento, no se establece un artículo específico para la protección de la naturaleza, en concreto, en el art. 67: “Los ciudadanos de la URSS tienen el deber de cuidar la naturaleza y proteger sus riquezas”. El artículo 147 completaba esta obligación, atribuyendo a los soviets locales el deber de proteger la naturaleza. La realidad es que la expresión “protección del medio ambiente” no es una preocupación en el ámbito soviético hasta 1988, justo un año antes de que se hunda la Unión Soviética, y en el contexto de la catástrofe nuclear de Chernóbil. De hecho, es Gorbachov quien cita esta preocupación medioambiental en su último discurso ante el Soviet Supremo. 32 En el caso de la Cuba castrista todavía es menos evidente esta protección del medio ambiente. Así, el artículo 58 de la Ley Fundamental de Cuba, de 1959 establecía la obligación del Estado de proteger los “lugares notables por su belleza natural”, sin más referencias, y la Constitución cubana de 1976, en una fecha tan cercana como los años setenta, y a diferencia de su homóloga soviética, 31 LYNCH, Enrique: reseña a Blumenger, “Historia del espíritu de la técnica”, Traducción de Pedro Madrigal, Pre-Textos, Valencia, 2013. El País, febrero de 2014. 32 GORBACHOV, Mijail, Informe presentado en el duodécimo periodo extraordinario de sesiones del Soviet Supremo de la URSS de la undécima legislatura. 29 de noviembre de 1988. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 64 no establece ninguna referencia de protección al medio ambiente. En contraste, la Constitución española de 1978, que no es un precisamente un dechado de espíritu ecologista, sí establece una referencia expresa a esta temática en su artículo 45. La contradicción que supone que gran parte de los movimientos marxistas contemporáneos se opongan a los transgénicos en sí mismos (no solo a las multinacionales que los comercializan, sino a la tecnología en sí misma), se puede observar con toda su crudeza en la propuesta que efectuó en 1990, en Andalucía, la coalición Izquierda Unida, dominada mayoritariamente por el Partido Comunista. En efecto, en dicha fecha IU propuso en el parlamento andaluz que se preparara al campesinado para receptar las nuevas metodologías procedentes de la biotecnología, algo por otra parte coherente con la trayectoria histórica del marxismo: mejorar las condiciones de vida del proletariado y el campesinado. 33 Pues bien, poco más de veinte años después, esa mismo partido político propuso, también ante dicho parlamento, que se prohibieran los transgénicos en suelo andaluz. 34 ¿A qué se debe el giro “ecologista” del marxismo? Entre 1989 y 1991 se hunde la URSS y desaparece el muro de Berlín. El marxismo occidental contempla con estupor cómo el comunismo se ha hundido solo y ha de enfrentarse a la cruda realidad del estalinismo, de Pol Pot en Camboya, o la oportunista reconversión de China en un capitalismo de Estado. Pues bien, la sustitución de la lógica de la Guerra Fría (capitalismo versus comunismo) por la lógica de la Globalización (extensión por el planeta del modelo liberal occidental 33 “El nivel de tecnología medio de la agricultura andaluza en relación a estas técnicas clásicas es suficiente. desde luego; sin embargo, estamos asistiendo en la actualidad a un segundo proceso de renovación tecnológica en la agricultura que viene de la mano de la biotecnología. Me refiero a técnicas nuevas de producción, por ejemplo, por reproducción asexual en tubos de ensayo, de árboles y de plantas que el producirlas en la naturaleza a partir de la semilla cuesta muchísimo más tiempo y garantiza una menor homogeneidad; se trata de técnicas también que pueden mejorar la resistencia a las inclemencias del tiempo o de los agentes bióticos sin dañar el medio ambiente”. MEDINA PRECIOSO, Grupo parlamentario de IU, Proposición no de Ley sobre valoración de personal en investigación agraria, 27 de marzo de 1990, p. 6.654. 34 Propuesta de Izquierda Unida (Partido Comunista y otros). “Por eso, en esta proposición les planteamos que este Parlamento inste al Gobierno de Andalucía para que, (…) se prohíban los ensayos experimentales en cultivos transgénicos en el territorio andaluz, haciendo especial hincapié en el maíz transgénico NK 603 y en el trigo transgénico. También consideramos necesario que se prohíba el cultivo del maíz MON 810 y la patata Amflora en todo el territorio andaluz. Que avancemos en un corto, medio plazo, largo plazo, se suspendan las importaciones de materias primas de alimentos transgénicos, principalmente la soja y el maíz para alimentación animal.” QUINTANA CAMPOS, Diario de Sesiones del Parlamento de Andalucía, nº 51, IX Legislatura, 26 de septiembre de 2013, p. 105. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 65 y su modo de vida -Huntington, Fukuyama-) es lo que lleva a la narrativa marxista a identificar esta con el capitalismo neoliberal. Por ese motivo, sustituyen el discurso de la revolución proletaria mundial, que ya no es viable, por el discurso ecologista, al considerar que este ecologismo es una forma de lucha contra una globalización que consideran neoliberal. La biotecnología ha tenido la mala suerte de aparecer en el lugar equivocado en la fecha equivocada. En efecto, en 1994 comienzan a comercializarse los transgénicos. Pues bien, el hecho de que esta comercialización la llevara a cabo una empresa que después adquirió la multinacional norteamericana Monsanto, a la que para más inri se identifica con el tristemente famoso agente naranja de la guerra del Vietnam, ha provocado que la izquierda marxista posterior a la caída del muro de Berlín identifique a los transgénicos, no ya con las multinacionales, sino con el neoliberalismo mismo, reconvirtiendo a los biotecnólogos en el equivalente a los brokers de Wall Street. Resulta razonable pensar, a la luz de los textos constitucionales soviéticos, que si la URSS hubiese dispuesto de esta tecnología, habría competido con EEUU también en el terreno de los transgénicos, sin que nadie hubiese visto esto como una herejía burguesa. Por ese motivo resulta tan desconcertante que el marxismo contemporáneo mantenga un duro mano a mano con la iglesia católica a la hora de emprenderla a golpes contra la ciencia y la tecnología: esta contra la reproducción asistida y la investigación en células madre embrionarias, y aquel contra los transgénicos. Algo similar ha sucedido con el ecofeminismo. En consonancia con el panteísmo oriental de Vandana Shiva, este tipo de discursos sacraliza la naturaleza, proceso de deificación que ha sido mimetizado por el ecofeminismo occidental. El resultado de esta adaptación narrativa es que se identifica a la mujer con la naturaleza, a la que se idealiza; al hombre, con la cultura, entendiendo aquí cultura como modelo capitalista/ occidental/ depredador/ neoliberal/colonizador; y a la biotecnología, como el último juguete de la ciencia occidental voraz y depredadora que pretende domeñar la naturaleza. Pues bien, este proceso de simplificaciones y mistificaciones acarrea graves perjuicios, entre otros, precisamente a la mujer campesina. Como sostiene la propia FAO (2011), 35 para poder igualar las condiciones de vida de la mujer campesina frente al hombre es necesario romper lo que denominan la “brecha tecnológica”, esto es, recurrir a la tecnología más avanzada, lo que incluye los transgénicos. 35 RANEY, Terri; LOUDER, Sarah, and GHANEM, Hafez: El estado mundial de la agricultura y la alimentación. Roma, IT: D - FAO. 2011. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 66 Por decirlo de otra forma, los organismos modificados genéticamente no son en sí mismos antifeministas (basta recordar la historia del maíz o del perro) ni enemigos de la clase obrera. Otra cosa es el neoliberalismo capitalista, que con su imparable proceso de privatizaciones y mercantilización de lo humano monopoliza en estos momentos la tecnociencia. Pero no es legítimo imputar a la biotecnología en sí misma las deplorables condiciones de vida del campesinado, incluidas las mujeres, en tantos lugares. Más bien al contrario, es precisamente la tecnología la que, siguiendo el antaño, y hoy olvidado, discurso marxista basado en el racionalismo y no en el esoterismo, puede mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Por último, el discurso indigenista tampoco está exento de contradicciones. Si leemos la constitución boliviana, paradigma del indigenismo, observamos constantes referencias a la naturaleza (art. 403), a la convivencia armónica entre los seres humanos y esta, etc. En consonancia con este espíritu, el artículo 405 prohíbe la producción e importación de transgénicos. Sin embargo, un poco más abajo, en el artículo 409, se establece que “La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por ley.” Es decir, el Estado arquetípico de los movimientos indigenistas prevé expresamente que ese mismo Estado, panteísta y respetuoso con la naturaleza, se reserva el derecho a producir transgénicos cuando lo estime necesario. El hecho de que nadie se tome la molestia de leer la constitución boliviana completa explica estas confusiones. El resultado de estas narrativas se puede observar en la historia del tristemente famoso arroz dorado. Un grupo de investigadores, altruista y generosamente, modificó genéticamente un tipo de arroz para que pudiera ser consumido por una población especialmente necesitada. No solo era más nutritivo, sino que evitaba millones de casos de ceguera en niños por déficits de la vitamina A. 36 Greenpeace hizo campaña contra el arroz dorado porque contaminaba la naturaleza. El boicot, que indirectamente ha generado ataques y destrucción de cosechas, logró que este tipo de arroz transgénico no se distribuyera. En 2016, más de cien premios Nobel publicaron una carta colectiva en la que acusaban a Greenpeace de crimen contra la humanidad por su ataque contra los transgénicos en general, y el arroz dorado en particular. Estas contradicciones son las que están presentes en el modelo que hemos analizado. Si la población sigue creciendo exponencialmente, la tierra cultivable 36 SOBERÓN MAINERO, Francisco Xavier (2005): La ingeniería genética, la nueva biotecnología y la era genómica (3ª ed.). México, D.F., MX: FCE- Fondo de Cultura Económica. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 67 y los cultivos tradicionales no van a poder dar de comer a tanta gente. 37 Otra cosa es el modelo económico a escala mundial, pero esto necesitaría una discusión aparte. Por otro lado, si el maíz o el perro se hubieran producido de forma consciente en un laboratorio en vez de crearlo de forma inconsciente a lo largo de miles de años, ¿consideraríamos que el maíz natural o el perro son agresiones ecocidas contra la naturaleza, en concreto, contra el lobo o el teosinte, de donde proceden? Además, la intrahistoria del vocabulario que emplea el paradigma que analizamos tampoco es que ayude mucho en el necesario proceso de clarificación de conceptos e ideas. Cuando se califica un alimento como “orgánico” se está atribuyendo a dicho alimento la cualidad de producto natural, prístino, incontaminado, puro e inmaculado. Sin embargo, “orgánico” significa estrictamente que tiene como componente el carbono (DRAE), y se suele olvidar que el agua no es un compuesto “orgánico”; que el plástico puede ser también un compuesto “orgánico”, aunque se cree artificialmente; que un transgénico puede ser tan orgánico como los organismos no transgénicos (bastaría con que tuviera, y en efecto, lo tienen, carbono); y que el creador de la célebre expresión “comida orgánica”, el filósofo Rudolf Steiner, tan alabado en los libros de agroecologismo, 38 publicó obras con títulos como El pensamiento intuitivo como sendero espiritual (1886); El cristianismo como hecho místico (1902); Teosofía: una introducción a los procesos espirituales en la vida humana y en el cosmos (1904); La ciencia oculta: un bosquejo (1910), alcanzando el éxtasis del esoterismo con el libro Lucifer y Ahrimai. Diez conferencias antroposóficas, que trataba sobre la demonología, el satanismo y el luciferismo. 39 La famosa encuesta del sociólogo Pardo (“ocho de cada diez españoles opina que los ‘tomates ordinarios` no tienen genes, en tanto que los tomates modificados genéticamente, sí” 40 ) es la consecuencia de este batiburrillo de creencias. 37 BÁRCENA, Alicia, Katz, Jorge, and Morales, César, eds.: Los transgénicos en América latina y el Caribe: un debate abierto. Santiago de Chile, CL: B - CEPAL. 2004. 38 Así, podemos observar su influencia contemporánea: “El movimiento de la agricultura orgánica internacional data de hace más de 70 años. (…) siendo el austríaco Rudolf Steiner, filósofo y educador, quien en 1924 expresó los principios de una agricultura fundada en un criterio antroposófico. Sus principios están en contra de los excesos de los fertilizantes químicos porque “matan la tierra y a los microorganismos del suelo” y aconseja utilizar “compostas” o abonos preparados con ciertas sustancias vegetales susceptibles de jugar un papel biocatalizador”. QUISPE LYMAYLLA, Aníbal: Tecnologías alternativas para la producción de alimentos sanos y nutritivos. México, D.F., MX: Plaza y Valdés, S.A. de C.V., 2007. 39 Enciclopedia Británica. Voz Rudolf Steiner. 40 BENITO, E. El País, 31 de julio de 2003. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 68 En resumen, cómo conciliar la justicia social con la ciencia y la tecnología, que precisamente pueden coadyuvar a dicha justicia, sin caer en el pensamiento mágico, es el principal dilema del paradigma que hemos estudiado. Cuarto modelo: “biotecnología tradicional (0)”; biotecnología moderna (1)” El grafismo 0-1 subraya que lo relevante es la biotecnología moderna, de ahí el (1), pero, a diferencia del segundo modelo que estudiamos, se resalta que lo mejor (o peor) está por llegar, ya que la biotecnología está enlazando con otras materias, como la inteligencia artificial o la vida sintética, que suponen un hiato no solo con la biotecnología tradicional, sino con la propia historia de la civilización humana. El “0” subrayaría que nuestra existencia misma es solo una fase de transición hacia un mundo posthumano, cuyo momento inicial, esto es, cuando un ente creado por nosotros nos rebase, denominan “singularidad”. Los axiomas básicos de las narrativas pertenecientes a este paradigma son las siguientes: 1º) La tecnología resolverá los problemas sociales, económicos y políticos humanos; 2º) La tecnología permitirá que alcancemos la inmortalidad, la eterna juventud, la conciencia virtual, etc.; 3º) O, por el contrario, caminamos sin remisión alguna hacia algún apocalipsis tecnológico que acarreará la extinción de la vida. El mayor problema que constatamos en este tipo de narrativas reside en la dificultad inherente a calibrar el grado de probabilidad, o verosimilitud, de los diferentes escenarios que se nos presentan. En esencia, las narrativas que podemos situar en este paradigma juegan con la psicología humana, al reproducir los mitos que podemos rastrear en infinidad de relatos del pasado, de ahí que en general se considere poco serio prestarles atención. Sin embargo, la dicotomía tecnoutopía versus distopía es demasiado simple para valorar lo que está en juego. Para analizar con el suficiente rigor esta temática debemos comenzar por tratar de definir la biotecnología a partir de un comentario efectuado desde la primera línea científica: La emergencia de tecnologías innovadoras como la inteligencia artificial, la nanotecnología y la biología sintética está borrando las fronteras de nuestra distinción entre la materia viva y la no viva. 41 41 DEPLAZES, Amna; HUPPENBAUER, Markus: “Synthetic organism and living machines”, Syst Synth Biol, 3, 2009, pp. 55-63. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 69 Aunque no es propiamente una definición, la reflexión nos resulta útil para lo que queremos mostrar. Hasta ahora, la bioética y la biotecnología llevaban el prefijo “bio” porque su objeto eran los organismos vivos. Nunca nadie previó que algún día íbamos a tener que lidiar con organismos híbridos que no sabemos muy bien si pertenecen al reino de los seres vivos o al de la materia inerte, como sucede con los robots, la biología sintética, la inteligencia artificial o los nuevos materiales. Simplemente carecemos de recursos intelectuales para prever escenarios a medias entre la ciencia ficción, el milenarismo y, todo quede dicho, la estupidez humana. Las preguntas son muy sencillas, pero no por ello de menor alcance. 1º) ¿Debemos ocuparnos también de esto? O por decirlo de otra forma, debemos juridificar la ciencia ficción, es decir, regular escenarios hipotéticos, improbables, casi imposibles, solo porque lo que está en juego sea, en última instancia, la vida misma; 2º) ¿Debemos regular el riesgo existencial, es decir, aquellas situaciones donde el peor escenario posible sea la extinción de la especie humana; 3º) Ante este tipo de escenarios, ¿basta con la autorregulación científica, cuyo único instrumento son las moratorias, o debemos ir más allá e intervenir ante el menor atisbo de alarma? Pues bien, para poder responder, aunque sea parcialmente, a estas preguntas, debemos comenzar por preguntarnos qué es propiamente la ciencia ficción. Para ello debemos distinguir entre: a) ciencia ficción propiamente dicha, que es la que propone la violación de las leyes de la naturaleza (viajar más rápido que la luz; soslayar la entropía, etc.). Las constantes cosmológicas estaban ahí cuando devino la conciencia humana, de forma que no podemos contrariarlas debido a que son reglas inherentes al universo en que vivimos. Es cierto que siempre se puede especular con agujeros de gusano, multiversos, etc., pero debemos partir del apriorismo de que todo no es posible, y que hay reglas fijas, absolutas e inmutables en la física, aunque no sepamos el porqué. En resumen: violar estas reglas es ciencia ficción; b) ciencia ficción impropia. Estaría representada por aquellos escenarios que no violan ninguna ley de la naturaleza (nada impide poblar Marte, por ejemplo), pero que no son viables porque carecemos de la tecnología adecuada para llevarlos a cabo (no disponemos de materiales adecuados para proteger a los astronautas de la radiación solar durante varios meses, por ejemplo, de ahí que no podamos colonizar Marte). La imaginativa mente de Julio Verne explotó precisamente esos escenarios, por eso algunos se han cumplido, no porque el ser humano pueda violar leyes de la naturaleza, sino porque solo era cuestión de tiempo que construyéramos submarinos o viajáramos a la Luna. MANUEL JESÚS LÓPEZ BARONI Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 70 Muchos de los escenarios que podemos analizar en la biotecnología contemporánea pertenecen a esta categoría, a la ciencia ficción impropia. Así, un equipo de varios premios Nobel dirigidos por George Church está intentando crear un ser humano sintético (o sintetizado). Para ello han recaudado cien millones de dólares, de los tres mil que costará el proyecto, y se han dado un plazo de diez años. 42 Aunque no prevén embarazar a una mujer con un embrión construido íntegramente en un laboratorio, sino emplear las células como modelo para las enfermedades humanas, es obvio que si lo lograran lo cambiarían todo, absolutamente todo. La pregunta es: ¿es posible conseguir algo así con nuestra tecnología actual? ¿Y con la futura? Previamente, George Church había propuesto recuperar a los neandertales clonando su ADN y embarazando a una humana; 43 y también a los mamuts. 44 Izpisúa dirige un proyecto internacional para lograr que los cerdos puedan generar órganos humanos en su interior. El loable proyecto, que pondría fin a la incertidumbre de los trasplantes, contempla también hipotéticos escenarios que hacen perder el sueño. El propio Izpisúa nos ilustraba sobre el riesgo que supone que células humanizadas se vayan al cerebro del cerdo y este razone; o que acabe en el aparato reproductor y un cerdo con un espermatozoide humanizado preñe a una cerda con un óvulo humanizado, generando un embrión cuyo estatus es mejor no imaginar. 45 Ante este tipo de posibilidades, ¿debemos intervenir estableciendo reglas apriorísticas para impedir escenarios improbables pero no imposibles? ¿O es mejor simplemente esperar, dado el escaso riesgo de que algo así pueda ser real? De este tipo de preocupaciones deriva el concepto de “riesgo existencial”, de Bostrom, 46 esto es, situaciones en las que la vida en el planeta puede quedar seriamente comprometida. Ahondando en esta temática, resulta sintomático que entre 2011 y 2014 se hayan creado tres organismos participados por universidades públicas 42 BOECKE, J; CHURCH, G.; HESSEL, A.; KELLEY, N; ARKIN, A.; CAI, Y.; CARLSON, R.; CHAKRAVARTI, A.; CORNISH, V.; HOLT, L.; ISAACS, F.; KUIKEN, T.; LAJOIE M.; LESSOR, T.; LUNSHOF, J.; MAURANO, M.; MITCHELL, L.; RINE J.; ROSSER, S.; SANJANA, N.; SILVER, P.; VALLE, D.; WANG, H.; WAY J.; YANG, L.: “The Genome Project-Write”, Science, 8 July, 2016. 43 CHURCH, George: Regenesis, How Synthetic Biology Will Reinvent Nature and Ourselves. Ed. Regis. 2011. 44 CHURCH, George: “Volved a la vida”, Investigación y Ciencia. Octubre de 2013. 45 IZPISÚA Belmonte, Juan Carlos (2017): “Órganos humanos fabricados dentro de animales”, Investigación y Ciencia, enero. 46 Bostrom, N.: "Existential risks: analyzing human extinction scenarios and related hazards", Journal of evolution and technology 9, 2002. LAS NARRATIVAS DE LA BIOTECNOLOGÍA Argumentos de Razón Técnica, nº 21, 2018, pp. 47-76 71 prestigiosas dirigidos a estudiar única y exclusivamente los “riesgos existenciales”: el Fondo Skoll para las Amenazas Globales, el Centro para el Estudio de los Riesgos Existenciales de la Universidad de Cambridge, y el Instituto Riesgos Catastróficos Globales (GCRI). También están proliferando publicaciones bastante agoreras acerca de nuestro futuro inmediato (¿Por qué el futuro no nos necesita?, del creador de Java, Bill Joy; Nuestra hora final. ¿Será el siglo XXI el último de la humanidad?, del cosmólogo Martin Rees, etc.). Junto al análisis de riesgos sobre los que nada podemos hacer (eventos cosmológicos, básicamente, como que nos arrase la explosión de una supernova cercana), se ponen de manifiesto los riesgos de la tecnociencia contemporánea. Pues bien, en los informes y publicaciones que han emitido estos organismos e investigadores, la biotecnología ocupa un lugar privilegiado. En 2011, un grupo de investigadores holandeses y otro norteamericano logró, provocando en laboratorio las mutaciones adecuadas, que el virus de la gripe aviar fuese transmisible entre seres humanos. Su objetivo era demostrar que la naturaleza puede provocar algo así de forma espontánea y azarosa, por lo que debemos estar alertas y anticiparnos creando vacunas. El problema es que el virus de la gripe aviar no se transmite de humanos a humanos, solo de animales a humanos, y cuando nos contagiamos, la tasa de mortalidad es del 60% (el virus de la gripe española, que mató a 50 millones de personas, tenía una tasa de mortalidad de tan solo el 2%). Pues bien, una vez efectuados los experimentos, los investigadores mandaron los resultados a Nature y a Science. La Administración Obama trató de impedir su publicación, pero al final, después de muchos debates, se publicaron. 47 ¿Qué sucede si dicho virus modificado en un laboratorio se escapa? ¿O si alguien reproduce el experimento? ¿Quién decide el nivel de riesgo que hemos de asumir colectivamente? Existe un proyecto denominado iGEM, algo así como el equivalente al “hazlo por ti mismo” del software libre, solo que en la biología sintética. ¿Puede un equipo de estudiantes, por curiosidad, ambición o temeridad, lograr algo como lo que hicieron los holandeses y los norteamericanos? Los investigadores principales sostienen que no, ya que la tecnología necesaria es muy sofisticada. Pero volvemos a la cuestión de la ciencia ficción impropia: ¿qué significa exactamente “tecnología sofisticada”?, ¿por cuánto tiempo es sofisticada?, ¿es sofisticada para China, Rusia, etc.? Esto nos lleva a la cuestión de la autorregulación científica. Como hemos comentado anteriormente, a principios de los años setenta del siglo pasado se 47 LÓPEZ BARONI, Manuel Jesús: “Implicaciones éticas de las investigaciones con virus: el Principio de Colaboración Global”, Revista Bioética y Derecho, 2015, pp. 37-52.