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Democracia y cohesión social en el Perú la promesa y el problema de Julio Cotler

Martín Sánchez, Juan

Abstract

Este artículo analiza la relación que las nociones de democracia y cohesión social han tenido con la trayectoria intelectual de Julio Cotler. Se de-fiende que los conceptos sociopolíticos son pro-ducidos y puestos en circulación por los campos intelectuales de las sociedades concretas, con el nivel polémico y la sedimentación social que esos campos conllevan. Julio Cotler se refirió a la relación entre democracia y cohesión social, en alguna de sus obras en forma explícita, y en otras, casi todas, de manera más difusa. Se analiza su papel como intelectual clave en la se-gunda mitad del siglo XX peruano y tres asuntos que hilvanan su producción sobre Perú: la ar-gumentación histórica, la cuestión indígena y la democracia. Desde una perspectiva que une a R. Koselleck, U. Eco y P. Bourdieu, y sin pretender un estudio compilatorio, el análisis recae en al-gunos textos y argumentos ejemplares de Cotler

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ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 209 DEmOCrACIA y COhESIón SOCIAL En EL PErú: LA PrOmESA y EL PrObLEmA DE JULIO COTLEr DEMOCRACY AND SOCIAL COHESION IN PERU: THE PROMISE AND PROBLEM OF JULIO COTLER registro bibliográfico MARTÍN–SÁNCHEZ, JUAN «Democracia y cohesión social en el Perú: la promesa y el problema de Julio Cotler», en: ESTUDIOS SOCIALES, revista universitaria semestral, año XXIX, n° 57, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral, julio–diciembre, 2019, pp. 209-233. Descriptores · Describers Cotler / Perú / cohesión social / democracia / intelectuales / representación Cotler / Peru / social cohesion / democracy / intellectuals / representation recibido: 21 / 01 / 2019 Aprobado: 24 / 05 / 2019 JUAN MARTÍN–SÁNCHEZ · Departamento de Sociología, Universidad de Sevilla (España). E–mail: [email protected] resumen Este artículo analiza la relación que las nociones de democracia y cohesión social han tenido con la trayectoria intelectual de Julio Cotler. Se defiende que los conceptos sociopolíticos son producidos y puestos en circulación por los campos intelectuales de las sociedades concretas, con el nivel polémico y la sedimentación social que esos campos conllevan. Julio Cotler se refirió a la relación entre democracia y cohesión social, en alguna de sus obras en forma explícita, y en otras, casi todas, de manera más difusa. Se analiza su papel como intelectual clave en la segunda mitad del siglo XX peruano y tres asuntos que hilvanan su producción sobre Perú: la argumentación histórica, la cuestión indígena y la democracia. Desde una perspectiva que une a R. Koselleck, U. Eco y P. Bourdieu, y sin pretender un estudio compilatorio, el análisis recae en algunos textos y argumentos ejemplares de Cotler. Abstract This article analyzes the intellectual career of Julio Cotler in its interaction with the notions of democracy and social cohesion. It argues that the intellectual fields of a specific society define and spread socio–political concepts according to the controversial intensity and the social sedimentation that these same fields entail. In some of his writings, Cotler explicitly referred to the relationship between democracy and social cohesion, but this concern also appeared in a more diffuse way in almost all his life work. Exploring Cotler’s role as a key intellectual in the Peru of the second half of the 20th century, this article focus on three issues deeply embedded in his work: the historical argumentation, the indigenous question and the democracy. Inspired by R. Koselleck, U. Eco and P. Bourdieu, it examines some Cotler’s illustrating works and key arguments within the context of his broad intellectual production. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] DOI [ 10.14409/es.v57i2.8805 ] 210 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] I. PrESEnTACIón El objetivo del artículo es relacionar dos preocupaciones que han llegado en paralelo: por una parte, el proyecto de investigación sobre el desarrollo histórico del concepto de cohesión social en América Latina; por la otra, realizar una semblanza crítica de la trayectoria intelectual de Julio Cotler12. Al analizar uno y otro asunto, aparece la democracia como proyecto de transformación de sociedades «tradicionales» en sociedades «modernas», en las que las instituciones políticas y civiles propician la justicia social, la igualdad y la libertad de personas y colectivos. El vínculo entre la cohesión social, la democracia y el esfuerzo intelectual de Julio Cotler queda establecido de manera muy clara en el libro recopilatorio de 1994 Política y sociedad en el Perú, donde en sus conclusiones Cotler asevera: «el país enfrenta el reto de construir una comunidad política democrática para asegurar su cohesión social; desafío frente al cual estamos condenados a ser optimistas» (Cotler, 1994: 15). La tesis central del artículo sostiene que las nociones de cohesión social y de democracia son conceptos históricos polémicos, incluso esencialmente controvertidos, y, por tanto, están fuertemente afectados por tres factores: los debates entre intelectuales, el papel que estos juegan en las sociedades nacionales de referencia y los desarrollos, más o menos consistentes o contradictorios, de las instituciones que configuran esa sociedad hacia dentro y fuera de las mismas. Un breve análisis de la trayectoria intelectual de Julio Cotler es una buena manera de abordar esta tesis en el Perú, y así discutir el entramado histórico–intelectual de dos temas: por un lado, el modo de entender la cohesión social (en sentido amplio) en el Perú y los problemas reales con los que se ha vinculado, entre los que estaría la ausencia solidaridad nacional; y, por otro lado, la democracia como proyecto frente una 1] Este trabajo se ha desarrollado dentro de los proyectos de investigación: «Formas y representaciones de la cohesión social. Una perspectiva histórica a partir de experiencias sudamericanas. 1860-1930» HAR2015-65564-R, dirigido por Ricardo González Leandri, y «Los reversos del indigenismo: sociohistoria de las categorías étnico–raciales y sus usos en las sociedades latinoamericanas» HAR2013- 41596-P, dirigido por Laura Giraudo. He contado con los comentarios y críticas de los colegas de ambos proyectos, así como de investigadores de Perú. En especial, quiero agradecer el apoyo y los comentarios de Patricia Zárate, Raúl H. Asensio y Guillermo Rochabrún. Este último hizo muchas y pertinentes críticas al borrador del texto que no siempre he podido resolver. Igualmente agradezco los comentarios de quienes hayan revisado el texto para su publicación. 2] Con todo el afecto, quiero recordar y agradecer la cordialidad académica, no exenta de críticas, que desde 1994 encontré en el doctor Julio Cotler. El 5 de abril de 2019, falleció en Lima, rodeado de familiares, amigos y amplio reconocimiento. Sirva este artículo como sincero homenaje a tu trayectoria y compromiso. 1 ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 211 muy problemática cohesión social–nacional del Perú y la necesidad de una promesa que hilvane el futuro y el pasado del país. Es fácil acceder a una biografía básica de Julio Cotler y colocarla entre muchas otras biografías, acontecimientos y procesos que dibujan todo un siglo del Perú, que irrumpió con el golpe de Sánchez Cerro contra Leguía en 1930 y se diluyó con la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en 2003. Cotler nació el 12 de abril de 1932 y ha fallecido, faltándole 7 días para su 87º aniversario, el 5 de abril de 2019. Contó con reconocimiento y relevancia intelectual desde joven hasta sus últimos años. Sin ser el protagonista de ese siglo del Perú, sí logró cierto protagonismo en la vida peruana e internacional, convirtiéndose en uno de los intelectuales peruanos más destacado de ese siglo. Su obra intelectual incluye una importante producción bibliográfica, la participación en proyectos de investigación y la contribución al campo intelectual peruano, en la que los temas tratados resultan iterativos, pues en su recurrencia se incluyen variaciones que los mantienen en vigor. En un primer apartado de este artículo, se discute el doble carácter de nociones sociohistóricas y controvertidas que tienen los conceptos de cohesión social y democracia. El objetivo es dibujar un esquema de los principales retos que dichas nociones subrayaron en el advenimiento de la modernidad política y que aún retienen en la reciente recuperación que de ambos conceptos se está haciendo en las dos últimas décadas, recuperación muy vinculada con los objetivos generales de algunos organismos internacionales como la CEPAL, el PNUD o la Unión Europea. Ambas nociones participan de los problemas de representar (describir y normar) el cambio global de uno a otro modelo de sociedad. El segundo apartado desarrolla una breve discusión sobre la trayectoria intelectual de Julio Cotler. Desde la perspectiva de Umberto Eco, interesa más el «autor modelo» que el «autor empírico» (eco, 1997), sin por ello ignorar que las argumentaciones que identifican al primero son parte de la experiencia vital del segundo. Por lo anterior, se atenderá más a las estrategias argumentales de la obra de Cotler, que a los detalles de su biografía, a los que apenas se acudirá para mostrar el nexo entre la obra, el campo intelectual y los procesos históricos básicos del Perú. En el tercer apartado se analizan tres asuntos centrales en la argumentación general de la obra de Cotler —la historia, la cuestión indígena y la promesa democrática— y cómo forman parte de lo que varios autores, entre ellos Cotler, pero también Lechner, llamaron «el descubrimiento de la democracia en América latina» en la década de 1980 (cotler, 2006b). 212 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] II. LOS COnCEPTOS y SUS InTELECTUALES Aquí defiendo, de manera muy sintética, que los conceptos, como los de democracia o el de cohesión social, son parte de las historias sociales e intelectuales3 de comunidades humana concretas a lo largo del tiempo; comunidades y conceptos que se enlazan y solapan en el mediano y largo plazo de las distintas sociedades y civilizaciones humanas. En ese sentido, la historia de la democracia es más longeva y compleja que la desarrollada sobre la cohesión social. Pese a las muchas discontinuidades sociales y saltos cognitivos, la primera se proyecta hasta la Grecia antigua. La segunda, la cohesión social, se crea como noción específica para dar cuente del moderno descubrimiento de la sociedad como realidad institucional distinta a las voluntades de las personas y a su mera agregación. Sin embargo, ambas nociones contienen sentidos que las vinculan, incluso de forma anacrónica: la democracia siempre tuvo una dimensión social–comunitaria de construcción del mundo humano en el que compartir los privilegios y las obligaciones de la vida en común, ya fuera en la Atenas de Pericles o en la Argentina actual; la cohesión social siempre ha subrayado que la vida en común es un problema de producción y sostenimiento de la propia estructura social que excede y ordena las experiencias particulares. De este modo, se puede buscar la cohesión social en las democracias recientes y antiguas (evitar o gestionar las parcialidades por linaje, riquezas, trabajos, credos, origen, etc.), ya fuera como condición o como resultado. También se pueden relacionar las formas que adopta la cohesión social en una determinada sociedad, más o menos compleja, con uno u otro tipo de a democracia o con formas política no democráticas. Esta referencia mutua estaba presente en la preocupación de Durkheim, que explicitó dicho problema durante el difícil y cuestionado advenimiento de las sociedades industriales y la democracia parlamentaria. La relación política y sociológica entre democracia y cohesión social ha seguido presente en los debates académicos, políticos, burocráticos y sociales que se han desarrollado con profusión e intensidad desde finales de los años 80 y, más intensamente, desde la segunda mitad de los ’90 y la primera década del presente siglo. Debates que han tenido como principal patrocinador al Consejo de la Unión Europea y sus objetivos de lograr una mayor integración entre las 3] El carácter intelectual no deriva de un tipo concreto de personal, rol social o función asociada a una sociedad histórica particular, sino al hecho de producir y usar ideas sobre, y para, la vida colectiva. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 213 diversas sociedades nacionales que participaban del proyecto europeo. América Latina esa promoción de la relación entre democracia y cohesión social lo han ejercido instituciones, gobiernos e intelectuales como la CEPAL, FLACSO, la CONEVAL en México o el IEP en Lima4. Aún más, podríamos alargar los conceptos, sin forzarlos, y encontrar una cierta continuidad de los debates latinoamericanos de hoy con los ocurridos en el comienzo del siglo XX, en la gran crisis de los años 30 o durante las modernizaciones de los años 1950 a 1960, una continuidad escalonada que constituye un verdadero acervo del pensamiento social y político latinoamericano (sorj y martucelli, 2008). De este modo, si en los debates de la Unión Europea se reactualizan las preocupaciones por la cuestión social histórica y las amenazas de la guerra, la integridad nacional y la depresión económica, en América Latina se trazan puentes con la cuestión indígena y los indigenismos, con las inmigraciones y las emigraciones, con las demografías exponenciales, con las urbanizaciones sobrevenidas, con las políticas económicas pendulares, con las industrializaciones, con la producción y distribución de la riqueza, con los diversos tipos de mercados de trabajo, con los Estados pretendidos y acumulados, con las identidades plurales, con las ciudadanías aluviales, etc. Ante semejantes retos, los proyectos democráticos que pretendían la cohesión y la justicia social fueron las únicas ofertas políticas e intelectuales, como el dramático siglo XX no permite ver en Europa y América Latina (hobsbawm, 1999). En este artículo no se pretende hacer la historia de este largo siglo de discusión, pero sí es necesario tener presente ese marco histórico como realidad social estructural en el que los conceptos comparten protagonismo con los intelectuales y con las nuevas burocracias de las sociedades modernas, sean gubernamentales, privadas, académicas o internacionales. En esta perspectiva, los conceptos del mundo social son históricos en un doble modo. El primero sería la sedimentación de la que habla Koselleck al referirse a la composición semántica de todo concepto en tres niveles de profundidad temporal (larga, media y corta) que, a su vez, son parte y muestra de la capacidad que cada concepto ha tenido en diversos procesos 4] En un comentario al borrador de este artículo, Guillermo Rochabrun, destacado profesor de teoría social en Perú me apuntaba que con el ascenso de la extrema derecha pareciera que esos esfuerzos hubiesen sido muy poco efectivos. Esto me hace pensar en que el vínculo estrecho entre democracia y cohesión social puede estar marcado por modo socializante de entender la política que habrían compartido los socialdemócratas y los democratacristianos europeos durante la segunda mitad del siglo XX, y que habría tenido cierta proyección en otras regiones del planeta, aunque esto sería asunto de otro artículo. 214 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] sociales para aportar sentido a las experiencias y a las expectativas de las distintas generaciones de personas implicadas (Koselleck, 1993 y 2012). El segundo modo en son históricos es el de ser parte constitutiva de la realidad social histórica que el concepto muestra de manera performativa (reproductora e innovadora). En este modo, los conceptos son elementos fundamentales de campos sociales específicos, en los términos de Bourdieu, como el intelectual, el académico, el administrativo, el político o el de las relaciones internacionales (Bourdieu, 2008). En esos campos, los actores colectivos, como podrían ser el Ministerio de Trabajo, la CEPAL o la Fundación Ford, y los actores individuales —cualquier intelectual5 reconocido, como Ernesto Laclau o el propio Julio Cotler—, promueven y usan conceptos con los que se vinculan hasta, llegado el caso, su apropiación, como sería el caso del «triángulo sin base» de Cotler, la «cohesión social» según la CEPAL o la democracia según el PNUD. Si aunamos estos dos modos, podemos estudiar cómo los conceptos son parte de la construcción de sentido que las personas experimentan en sus relaciones sociales de manera fáctica, y cómo son elementos en la constitución de las instituciones sociales6. Esto es determinante en las ciencias sociales, pues está implícito en su modo de observar y en la realidad observada. En las ciencias naturales, la relación entre el concepto y la realidad guardan un alto nivel de autonomía, de manera que aquello a que se refiere el concepto de gravitación mantiene sus cualidades con independencia de lo acertado que este concepto sea para observarla, interpretarla o manipularla (en este último caso, la relación sí pierde autonomía). Sin embargo, las realidades sociales a las que se refiere el concepto de democracia no mantienen igual grado de independencia respecto de su conceptualización, pues sin esta no ocurre esa realidad social de referencia en el modo en que el propio concepto la permite configurar; es decir, no hay democracia sin una conceptualización activa 5] Una interesante aproximación a la definición y al papel social del intelectual, que en parte inspira este artículo, se encuentra en Alexander, planteamiento en el que los intelectuales lo son en tanto promotores, con éxito, de conceptos y narraciones con las que construir las representaciones colectivas de la sociedad articulan las movilizaciones sociopolíticas (ALEXANDER, 2016). 6] No es el caso entrar aquí en la abigarrada discusión sobre qué elementos son predominantes en la realidad social de las instituciones, si sus aspectos simbólicos, culturales o nominales, por una parte, o los más prácticos y materiales, pero sin duda que esa discusión señala una dimensión fundamental de la realidad social humana como es que la especie, en sus diversas historias y agrupamientos, es resultado de una, aún vigente, evolución natural, social y cultural simultánea (SEARLE, 1997). ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 215 de esa democracia en la propia vida política que se trata de observar, por más disputada que pueda ser esta conceptualización. Las prácticas de la vida política en las asambleas de la antigua Atenas eran indisociables de las concepciones, incluso regladas jurídicamente, que de aquellas se tenían. Esto era una realidad tiempo antes de que Aristóteles escribiera su libro La política y este se convirtiera en canon para discutir la vida que precedió a su escritura y para la que, siglos después, se ha intentado en las democracias modernas. El caso del concepto de la cohesión social es diferente, pero sigue quedando dentro de ese marco general que distingue a los conceptos de las ciencias naturales y a los de las ciencias sociales. Aquí, la realidad a la que se refiere —la reproducción del orden social a partir de su defensa solidaria, no necesariamente igualitaria, en situaciones de riesgo para su continuidad— puede ocurrir con cierta independencia de que tengamos un concepto para observarla e interpretarla; así podemos identificar problemas de cohesión social en sociedades históricas antes de la aparición del concepto en las ciencias sociales de finales del siglo XIX. Pero, hasta cierto punto, sólo cuando se desarrollan conceptos y prácticas de defensa del orden social ante los problemas, de diversa índoles, de su continuidad, ocurre la realidad social a la que nos referimos cuando hablamos de cohesión social en sus diversos términos y modalidades; es decir, también aquí la construcción social del concepto es parte de la realidad observada e intervenida, pero en este caso el protagonismo de esta construcción lo tienen las ciencias sociales, que crean el concepto, y las burocracias de observación e intervención en la sociedad de las que esas mismas ciencias han participado y en los que el concepto de cohesión social es recreado institucionalmente. Se pueden identificar tres asuntos o problemas con los que se construye la noción de cohesión social. El primero sería la producción y distribución fáctica (material en sentido amplio) de los elementos de la vida colectiva, sus condiciones físicas, biológicas, demográficas, geográficas, etc., con los que ocurre y en los que ocurre la vida de las personas y sus relaciones más o menos institucionalizadas. Este aspecto es al que se suele referir la literatura como el más descriptivo, incluso estadísticos, ya sea elaborado desde encuestas o con la reelaboración de registros administrativos (esperanza de vida, estado civil, gasto público, etc.). El segundo aspecto implica un juicio sobre los compromisos de la vida compartida, ya sea que ese juicio se realice de manera ritual–adscriptiva, como suele ocurrir en la vida cotidiana en que los participantes ejercen el juicio como prueba de sus derechos 216 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] y obligaciones de pertenencia, o sea que se desarrolle en instancias «imparciales», que remiten a algún tipo de generalidad normativa, como ocurre en las instituciones de justicia, en el sistema educativo o en los medios de comunicación. Este aspecto aparece bajo los rótulos de normativo, moral, sustantivo, identitario, cultural, simbólico, etc., y, aunque se ha tratado de observar con encuestas de opinión y relatos etnográficos, suele crear una cierta suspicacia en las aproximaciones académicas por lo que tiene de demanda valorativa entre los observadores y los observados. Un tercer aspecto tiene que ver con la permanente y conflictiva reconstrucción del vínculo entre los dos aspectos anteriores a lo largo de diversas generaciones de personas que forman el mundo social bajo observación. A este tercer asunto nos referimos con el concepto de historia y a los dos anteriores, a falta de consenso, podemos llamarlos articulación o funcionalidad fáctica, para el primer aspecto, y solidaridad para el segundo. Al preguntarnos por la cohesión social de una sociedad nos estamos preguntando por la historia de su articulación funcional interna y externa y por la solidaridad moral (en las muchas modalidades de conflicto y consenso) entre las personas y colectivos que la forman. Así, por ejemplo, la cuestión indígena habría sido el principal reto a la cohesión social en países como Perú porque mostraba a los «indios–indígenas» en una posición que impedía los compromisos solidarios mutuos entre estos y el «resto» del país. Como veremos, este esquema de tres aspectos7, o problemas, de la cohesión social ha estado presente en la trayectoria intelectual de Julio Cotler desde los primeros textos que le dieron notoriedad, como «La mecánica de la dominación interna y el cambio social» de 1967 (cotler, 1994), hasta el texto «Las paradojas de la democracia peruana» de 2013 (cotler, 2013). Mantendré la hipótesis de que el gran papel que juega la argumentación histórica en el trabajo de Cotler tiene que ver con su esfuerzo por mantener la relación entre estos tres asuntos a lo largo de su obra. La longevidad intelectual de Cotler, su intensa participación en discusiones de fuera y dentro del Perú, y la diversidad de problemas abordados explicarían los desplazamientos entre distintas tradiciones, disciplinas y problemas intelectuales, pero esa misma longevidad y diversidad de asuntos hacen difícil 7] En un esquema más amplio de historia conceptual habría que incluir el campo semántico del concepto con las aproximaciones y distancias, sinónimos y antónimo más o menos completos, etc., como las que ha tenido con las nociones de «integración social», «conflicto», «individualismo», «corporación», etcétera. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 217 explicar la continuidad en las tesis fundamentales que encontramos en sus obras; esta sería el resultado de una preocupación y un esfuerzo, con modulaciones y aprendizajes, por vincular los problemas de la cohesión social con la posibilidad de constituirse en un país democrático. Sobre ese otro gran concepto, la democracia, la propia trayectoria de Cotler ha sido distinta, incluyendo cambios más marcados en la argumentación y la perspectiva intelectual. Esto está relacionado con la propia participación política de Julio Cotler, pero también con los muy significativos cambios del debate sobre la democracia que ha vivido América Latina y los países occidentales en general. Y por supuesto tiene que ver con el carácter más controvertido8 del propio concepto de democracia frente al de cohesión social. Este carácter controvertido de la noción de democracia se despliega en tres maneras de conquistar, construir y comprobar9 el concepto: la primera, la de historiar los regímenes políticos y distinguir a los que son democráticos de los que no lo son, postulando una historia que deviene en prototípica; la segunda, el desarrollo de los debates y trabajos en filosofía y teoría política que establecen el conjunto semántico y pragmático con el que disputar el sentido de la democracia y del calificativo democrático; y, la tercera, el posicionamiento sociohistórico desde el que se hace esa historia y en el que se desarrolla esa controversia, algo fundamental para entender los modelos de vida colectiva desde los que se discute y para los que se discute. Encontramos estas tres maneras con que se constituye la noción de democracia en textos «ejemplares», como son los dos volúmenes del Informe sobre la democracia en América Latina, con el programático subtítulo Hacia 8] En su reciente defensa de tesis doctoral, el mexicano Álvaro Caso ha analizado el concepto de democracia como un buen ejemplo de lo que en filosofía se conoce como «conceptos esencialmente controvertidos», caracterizados, fundamentalmente, por la vaguedad semántica, el papel de ejemplos paradigmáticos y de ideales, la complejidad interna y la disputa valorativa. Conceptos como el de democracia, ni tienen ni pueden ni deben tener una única interpretación válida, aunque esto no los hace completamente indeterminados y abiertos a cualquier uso o interpretación. La tesis doctoral de Álvaro Caso, aún inédita, se titula «Una propuesta para el tratamiento de conceptos vagos e internamente complejos; la democracia, un ejemplo», y fue presentada en la UNAM en 2017. Agradezco a, Caso el que compartiera el texto de su tesis y los debates que tuvimos sobre el asunto en ciudad de México. 9] Con esta triada se está haciendo una paráfrasis de la ruptura epistemológica que Bourdieu, Chanboredon y Passeron propusieran en El oficio del sociólogo, y que, hasta cierto punto, está presente en la producción de conceptos intelectuales, en lo que estos tienen, en nuestra época, de enmarcamiento dentro de las ciencias sociales. 224 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] individualizada, descomunitarizada. Es otra juventud con anhelos diferentes a los que habrían representados inmigraciones20 anteriores, como las de los jóvenes José Matos Mar, Mario Vázquez y Héctor Martínez21 en los años 1940, o Maruja Martínez22 en los años 1960. En este texto sobre la cultura de esos nuevos jóvenes, el largo recorrido histórico se acorta y la sobredeterminación estructural se relaja, aunque persiste la desarticulación estructural y la debilidad estatal como esquema de explicación que recuperan al autor de Clases, estado y nación. La tremenda crisis socioeconómica, de violencia y de expectativas que abaten al Perú entre 1988 y 1992 parecía darle razón a las muchas precauciones que Cotler ponía a la democratización de los años 1980 (cotler, 1994). Una democracia ingobernable se convertía en el marco propicio para la irrupción de Fujimori como «outsider» al frente de una heterogénea y coyuntural coalición autoritaria. Las descripciones e interpretaciones del «fujimorismo» como práctica política (antipolítica) y reconfiguración del régimen político ponían, de nuevo, al Cotler analista de las transformaciones sociales y las dependencias internacionales frente a las obligaciones morales de la promesa de un país democrático. Todavía en 2013, en su texto «Las paradojas de la democracia peruana», encontramos los temas habituales asociados con una cohesión social incompleta y un régimen democrático de baja calidad: las segmentaciones sociales, las discontinuidades culturales, el clientelismo, la economía internacionalizada y dependiente, la inestabilidad, las ciudades y las ciudadanías de aluvión, etc. Como en otras obras de los ’90 y del nuevo siglo, para explicar desarrollos políticos específicos, Cotler ofrece una representación de conjunto sobre la (no) integración social de la sociedad peruana y la debilidad de la democracia. Aunque la argumentación historicista de 20] Cotler habla de «inmigraciones» cuando se refiere al éxodo del mundo rural al urbano de la costa por su equivalencia con las migraciones internacionales por lo que tiene de paso de un mundo a otro en el que se vive como «extranjero» pese a situarse bajo las mismas fronteras nacionales. 21] Tres muy destacados representantes de la primera antropología profesional en Perú que migran jóvenes a Lima y desde aquí regresan a la «comunidades indígenas» de las que, en cierto modo, partieron. Son una generación de experiencias y expectativas previas y contrarias a las de Julio Cotler, limeño, de familia inmigrante extrajera, que «descubre» el Perú rural durante su deportación a Huancayo con 19 años. 22] En la conversación con Julio Cotler en 2017, me habló y recomendó el magnífico libro autobiográfico de Maruja Martínez Entre el amor y la furia, como parte y ejemplo de una juventud política inmediatamente posterior a la del propio Cotler y anterior a la democratización del Perú. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 225 larga duración se ha diluido, estos trabajos nunca terminar de romper con aquel preámbulo histórico que construyó para explicar al gobierno militar de Velasco. Desde que triunfó a finales de los años 1970 como reescritura de la promesa peruana, la estrategia argumental de Cotler ha desplegado una gran capacidad para, con modificaciones sustanciales, mantener la consistencia a lo largo de varias décadas. Y en esa consistencia, que constituye a Cotler como autor modelo identificable, ha estado siempre la tensión vital y profesional del autor empírico, el Julio que desea intervenir en la mejora del país en que vive sin renunciar a las explicaciones científicas de la realidad. IV. LOS PrObLEmAS DE LA PrOmESA InCUmPLIDA Más arriba señalé que los conceptos de cohesión social y de democracia muestran sendos esquemas de tres dimensiones o problemas en su capacidad de significar y actuar en la realidad social. La funcionalidad fáctica, la solidaridad y la comparabilidad histórica, en el caso de la cohesión social. Las historias prototípicas, el campo normativo–ideológico y el posicionamiento sociohistórico, para la siempre controvertible democracia. En lo que resta de este artículo, se apuntan algunos asuntos paradigmáticos de la obra de Julio Cotler en los que analizar las tensiones entre estos dos conceptos. Un primer asunto es el papel de la historia como realidad social y como argumentación. En la conversación con Cotler en julio de 2017, insistía en que la sociología debe poner su atención en el presente de las sociedades y proyectarse en los futuros más probables23, distanciándose del exceso historicista habitual en Perú. Para el Cotler más reciente, el carácter histórico de la realidad social sigue vigente, pero la argumentación de largo recorrido pierde peso. Esto lo podemos ver en la comparación entre sus dos obras sobre el Perú de envergaduras equivalentes24, su 23] También decía que esto es lo que hacen las ciencias sociales en países desarrollados, en contraste con lo que se hace en Perú, aunque esta afirmación no parece tan convincente y, de nuevo, puede indicar más de la propia trayectoria de Cotler, crítico del indigenismo historicista, que de lo que ocurre en los campos intelectuales de países como Francia, Estados Unidos o Perú. 24] Más allá de esta equivalencia material, son muchas las diferencias en las dos obras y difícil su análisis comparado. Pese a ello, en los términos de ensayo de este artículo, no es ilegítimo tal análisis. 226 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] libro más famoso, Clases, estado y nación en el Perú, y su otra gran monografía, Drogas y política en el Perú, la conexión norteamericana. El primero es un buen ejemplo de ensayo de sociología histórica, en el que las estructuras sociales de larga duración —la herencia colonial en sus dos facetas, «el carácter dependiente de la sociedad peruana» y «la persistencia de las relaciones coloniales de explotación de la población indígena» (cotler, 1992: 386–387)— condicionan las sucesivas transformaciones de mediana duración —la reorganización colonial tras la independencia o el advenimiento de los «caudillos constructores» como Leguía, Odría y Velasco— y convierten en epifenómenos u oportunidades perdidas los acontecimientos de la vida cotidiana. La siguiente cita es un ejemplo de cómo los cambios en las costumbres sociales y las estrategias de adaptación apenas modifican la estructura de dominación de largo plazo: «ayer como hoy, bastaba que los indios se cortaran el cabello, hablaran castellano y se vistieran con ropas europeas para que pasaran por mestizos, ocuparan cargos intermedios, no especificados legalmente, entre la población blanca y la indígena» (cotler, 1992: 53)25. En el segundo libro, el abordaje es distinto desde el subtítulo, La conexión norteamericana, que evita un determinismo en la relación de dependencia por más que siga presente, y desde el índice, que revela una estructura temática sin linealidad temporal. Es un buen ejemplo de sociología política que usa los argumentos históricos y la investigación empírica —etnografía de campo, bibliografía especializada, prensa, informes oficiales, etc.— para describir y explicar el papel de la «trama» social constituida por «contradictorios actores e intereses, legales e ilegales, internacionales y nacionales, públicos y privados, civiles y militares, que se proyectan en diferentes aspectos de la economía y de la política, y condicionan el rumbo del país» (cotler, 1999: 263)26. Los condicionamientos estructurales y la historia que ordenan las relaciones de causalidad persisten, pero con modificaciones sustanciales en la argumentación que re–dibujan al autor modelo con el que discutir. La argumentación histórica de Cotler es consecuente con las corrientes intelectuales y su noción básica sobre el «cambio social»: la del paso de sociedades 25] Los mejores análisis que conozco de este libro de Cotler son los de Guillermo ROCHABúN (2009 [1978], 2006). Agradezco mucho al autor el que compartiera conmigo el texto no publicado de 2006, así como otras observaciones que me comunicó en correo electrónico. 26] En la investigación que sustenta este libro, Cotler contó con la relevante colaboración de la socióloga Patricia Zárate, que realizó el trabajo de campo en las zonas cocaleras de la selva peruana. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 227 tradicionales a modernas, en el que nace la noción de cohesión social y se proyecta la democracia como institucionalización de la modernidad política. La principal trampa de este argumento era y es el «teleologismo» de la historia natural y de las comparaciones con sociedades mutuamente inconmensurables. Clases, estado y nación era un libro de 400 páginas que debía de ser el preámbulo desde el que explicar la frustración democrática que supuso el gobierno militar de 1968. Aunque el análisis de cada coyuntura histórica y de sus encadenamientos es minucioso, la explicación de las tramas efectivas que dan cuenta del Perú como continuidad remite a constreñimientos negativos, como la falta de trabajadores asalariados o de administraciones públicas autónomas, cuyo sentido deriva de la sociedad por llegar27. La narración remota de este libro profundiza los problemas de ese argumento, mientras que, en el libro Drogas y política, la acotación histórica al siglo XX y el acento en lo que sí ocurren reducen el teleologismo y la historia por defecto. Aquí, no hay argumentos de continuidad entre estructuras sociales evolutivamente distintas, no hay museo vivo de historia, sino descripciones de estrategias y reconfiguraciones sociales entre distintos ámbitos, actores y tiempos: la cohesión social y la democracia no son necesidades históricas, sino conceptos políticos con los que evaluar la vida colectiva de una sociedad. Un segundo asunto por destacar en la obra de Cotler es la preocupación por los «indígenas» como marca moral de la desarticulación social y la dominación colonial. Su texto «La mecánica de la dominación interna y el cambio social en el Perú», de 1967, pretendía superar las representaciones del Perú como sociedad dualista o desmembrada. Sin negar del todo estas tesis, Cotler se preguntaba sobre cómo se articulaban las situaciones de dominación de los indígenas con la estructura general de dominación del país y con los procesos de cambio que estaba viviendo. La interpretación es brillante y detallada: no se trataba de una constelación de mundos independientes sólo relacionados por la mirada del ensayista (astrólogo), sino un sistema de fuerzas sociales que el sociólogo (astrónomo) puede revelar con el análisis. Las «líneas de casta» que separaban y vinculaban a «indios» con mistis, cholos y hacendados en el espacio rural, tenían un papel y una historia respecto de 27] Para el sentido de la historia que en los años 1970 seguía Cotler es fundamental el uso que hace de György LUKÁCS (1970) en las conclusiones de Clase, estado y nación, y que, pese a la diferencia de lenguaje, no estaba tan alejado de la sociología histórica de Barrington Moore, la teoría de la modernización o la teoría de la dependencia. 228 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] oligarcas, políticos y capital extranjero. Esas situaciones de extrema explotación, dispersión y heteronomía social que se podía observar en el mundo indígena peruano, no se debía a ningún carácter intrínseco y se podían encontrar en otras sociedades colonizadas como las estudiadas por A.G. Frank, P. González Casanova o en el Harlem neoyorquino de los años 60 (cotler, 1994: 21). Se trataba de una realidad histórica objetiva, que incluía la aceleración del cambio en el Perú de los años 1960. Pero por relevante que la descripción sociológica fuera para el distrito de Pisac, en Cuzco, o para Vicos, en Ancash, su importancia para entender el Perú no estaba en su menor o mayor representatividad a nivel nacional, sino en la factura que la connotación peyorativa de «la mancha india» instalaba en la «promesa peruana»; es decir, la cuestión indígena, fundada en realidades socioeconómicas, era un problema radicalmente moral que impedía una verdadera solidaridad nacional. Y para Cotler la evidencia estaba en el hecho de que ningún partido o movimiento político relevante defendiera el sufragio universal, algo que no llegaría hasta la Constitución de 1979 por insistencia de los militares (cotler, 1994: 129). En los años 1970 y 1980, la cuestión indígena se había disuelto tal como fue concebida por los indigenismos, pero los desprecios regionales, étnicos y racistas persistían y alargaban la cadena de líderes autoritarios y movilizaciones populistas (cotler, 1994: 12–13). Esta estrategia argumental, que muestra al autor modelo, es congruente con el Julio Cotler que conoció la violenta vida de las comunidades y las haciendas en los años 50 y entendió que allí no había ninguna gente especial, autóctona, natural, que reivindicar, sino que los términos indio o indígena eran denominaciones de una herencia colonial que había que superar mediante la justicia social y la igualdad de la ciudadanía, mediante la democracia de todos y para todos. El tercer problema es la noción de democracia en la obra de Cotler, asunto en el que mejor se observa la tensión vital entre el deseo de justicia social y el rigor de un intelectual con vocación internacional. En los textos de los años 1960 y 1970 sobrevuela la pretensión de una «democracia socialista» que se apunta en la entrevista de 1979 con Hildebrandt (1981: 281–291). Pero, ¿cómo diferenciarla de la «democracia participatoria» que promovían los intelectuales civiles del gobierno militar o de la «democracia capitalista» criticada por Stanley Moore? No bastaba el «plan» del gobierno de Velasco de articular la población mediante la participación corporativa y la provisión estatal de justicia social, en tanto se acababa con la sociedad oligárquica. Tampoco era válido el modelo europeo de democracia representativa, ya que en América Latina conducía a la impotencia de las reformas parciales o a golpes militares. ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 229 En un texto de 1980, «Intervenciones militares y transferencias del poder a la civilidad en el Perú» (cotler, 1994), que participaba del programa de investigación sobre «transiciones a la democracia» liderado por Guillermo O’Donnell, Phillippe C. Schmitter y Laurence Whitehead, Cotler hacía una acotación del proyecto democrático desde el análisis de la coyuntura y la trayectoria histórica del Perú: «Los problemas que el régimen constitucional debe resolver pueden resumirse así: la regularización de las relaciones entre los partidos, la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder constitucional y la incorporación de los intereses populares al Estado. En el caso de que el régimen constitucional no avance en la resolución de estos problemas, es muy probable que los tradicionales conflictos políticos y sociales cobren dimensiones desconocidas y produzcan el desgarramiento de las frágiles instituciones nacionales, hecho que acarreará nuevas intervenciones militares, esta vez de naturaleza anti populista» (cotler, 1994: 137). Esta cita pierde significado si se la desgaja del texto, pero, también, si sólo se la ve como una conclusión crítica tras el gobierno militar. Es más productivo leerla como el proyecto sobre la democracia que Cotler estaba promoviendo para las décadas posteriores. El enmarque constitucional le permite delimitar el carácter político de la democracia, por más que sigan presente las tramas sociales, los patrones culturales y los dilemas morales sobre la integración de la comunidad nacional y su construcción en un proyecto de país. Cotler desarrolla su discurso sobre la democracia con el análisis histórico de las instituciones y los actores en el Perú y comparándolos con procesos canónicos de otros países. Es «obvio» que la institucionalización de la competencia partidaria, la subordinación política de los medios de violencia y la representación política de las mayorías sociales son los fundamentos de cualquier estado democrático de derecho. Cotler usa conscientemente el lenguaje de la teoría política dominante en el campo intelectual liberal–social, y lo hace posicionando su interpretación y su responsabilidad intelectual. La apelación a la democracia socialista, realizada un año antes de escribir este texto, pierde intensidad. Se puede argumentar que esos elementos constitucionales de la política democrática ya estaban en el Cotler de los años 1960, en su análisis del empresariado y la política en la Venezuela de esa década (Cotler, 1968), pero es en los años 1980 cuando la noción de democracia deja de ser la etapa histórica necesaria que cancele la inmoral herencia colonial y supere el capitalismo periférico, 230 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] para convertirse en un marco de derechos, reglas, instituciones y metas que sirvan para denunciar y enmendar a las actuaciones política del presente. Un cuarto de siglo más tarde (cotler, 2013), cuando evalúe la quinta transición a la democracia en el Perú tras la caída del gobierno de Fujimori, el proyecto sociológico e intelectual sobre la democracia mantendrá su vigencia. IV. COnCLUSIOnES En este artículo, he puesto la atención en los textos que avalan el esfuerzo intelectual de Cotler, tratando de «interpretarlos», en sus propios términos, para los objetivos de investigación aquí planteados, pero sin «usarlos» arbitrariamente. Esta distinción metodológica fundamental, que defendiera Umberto Eco, ha enmarcado el trabajo que sostiene este artículo. La tensión vital que el propio Cotler muestra reiteradamente en su obra, entre el rigor de la autonomía intelectual y el deseo de mejorar el Perú, era una tensión compartida por muchos otros intelectuales peruanos con soluciones provisorias distintas, incluso contradictorias. Cotler participaba de esa «promesa peruana» que los intelectuales peruanos del siglo XX escrutaban en los problemas y las posibilidades de la historia peruana. Una indagatoria de más de cinco décadas, en la que el sentido del cambio social fue el principal objeto de estudio, por más continuidades estructurales que aparecieran en sus descripciones sociológicas. Y este es el asunto clave en la noción de cohesión social, un concepto que, con descripciones funcionales, apunta a una sociedad más integrada y solidaria, moralmente superior, pero que aún no existe o que está en riesgo. Este concepto enmarca el análisis sociohistórico que Cotler hacía de la sociedad peruana, así como los problemas políticos del Perú prometido. En esa pesquisa sobre la continuidad y el cambio, Cotler participaba de uno de los objetivos fundadores de las ciencias sociales: conocer las dinámicas del cambio social para dirimir racionalmente las opciones políticas. En las décadas centrales del siglo XX, los científicos sociales no sólo pretendían mostrar el sufrimiento humano que suponía el cambio de sociedades tradicionales a sociedades modernas —la vieja cuestión social del advenimiento de las sociedades modernas—, también querían reducirlo y «pacificar» el proceso. Para muchos era un problema técnico (los experimentos de cambio social en el Vicos de los años 1950 o tecnó- ESTUDIOS SOCIALES 57 [ISSN 0327-4934 / ISSNe 2250-6950] [julio-diciembre 2019] 231 cratas neoliberales), para otros un ejercicio de voluntad moral en la conducción de la historia (el gobierno de Velasco Alvarado o «el APRA salvará el Perú»). La opción de Cotler ha sido la democracia, como desarrollo social y político que permanentemente confronta proyectos distintos y realizaciones conjuntas. Pero la propia idea de democracia ha sido siempre controvertible, un concepto cargado de aporías renuentes a las leyes de la historia. Las aproximaciones y modificaciones en el discurso de Cotler expresan esa dificultad para convertir a la democracia en un mecanismo de construcción de la cohesión social y de superación de las constricciones históricas. Los conceptos de las ciencias sociales son elementos de las mismas tramas sociales que tratan de representar, de modo que sus usos no sólo muestran la realidad social sino que también inciden en su desarrollo. Es lo que hacía Julio Cotler cuando en 1967 mostraba una desarticulación social funcional a la dominación oligárquica en la que el indígena era una metonimia de esa dominación y no una identidad pretérita a rescatar, argumento que convertía en inmoral el no promover el sufragio universal para todos los mayores de edad. También cuando historiaba, con narraciones de épocas y estructuras de larga duración, el dilatado preámbulo del gobierno militar. Y cuando reconstruía la noción de democracia junto a otros intelectuales latinoamericano de los años 1980 y 1990. Si bien en la obra de Julio Cotler no encontramos una discusión teórica de los conceptos y su papel en la investigación y la trama social, el análisis de sus principales textos sí nos permite mostrar los usos que ha hecho de ellos a lo largo de cinco productivas décadas. En muchos momentos quedó atrapado en argumentaciones teleológicas y defectivas, en razonamientos circulares entre lo que faltaba en la cohesión social y las causas de esa falta de cohesión, y en nociones de democracia elusivas por ajenas a la realidad histórica del Perú o débiles por atenerse a las condiciones realmente existentes. Como intelectual crítico en el Perú, Julio Cotler muestra las constricciones del campo intelectual que él mismo contribuye a crear y transformar. 232 JUAn mArTÍn–SÁnChEZ [Democracia y cohesión social en el Perú: Julio Cotler] [pp. 209-233] referencias bibliográficas ALEXANDER, JEFFREY C. 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