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El estudio del patrimonio arquitectónico en el siglo XXI desde una perspectiva multidisciplinar

Jiménez Martín, Alfonso

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Estudios sobre arquitectrs y arquiteetura {s. XIII-XXI) B*goña Alsnss Ruiz Slatz Yillanueva Znbizarreta {Canrds) Segunda parte.La ciencia hoy para el estudio de la arquitectura t@a t1,11##@ill;+,t¡Nlillriiittti EL ESTIIDIO DEL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO EN EL SIGLO XXI DESDE UNA PERSPECTIVA MULTIDISCIPLINAR Alfonso Jiménez Martín Universidad de Sevilla Creo que podríamos estar varios meses hablado del tema que me han propuestol, meses que aburrirían a los menhires, pues esto de explicar el Patrimonio por medio de palabras suele degenerar en divagaciones conceptuales insoportables y a todo género de vejaciones, tanto al Patrimonio como a quienes escuchan o leen, pues debéis saber que los arquitectos, además de los difusos estudios universitarios que crrsamos con calificaciones de analfabetos, estudios que cada vez son más letrados y menos técnicos, también estudiamos para ser como dioses y no podemos por menos que explayar nuestros poderes en cuan- to nos ponen un micrófono por delante, incansables en nuestro afán de ilustrar y redimir. Como lo que menos deseo es aburrir voy a enfocar la cuestión de manera leve en la forma, ácida en la expresión y levemente pasota en el fondo, pero como ya tengo más enemigos de los que me he buscado, me referiré exclusivamente a mis propias actividades, de modo que si obtengo algún nuevo oponente no será por la vía de las alusiones críticas. Ni que decir tiene que, al elegir la modalidad autobiográfica, ejerzo la faceta demiurgica aneja a mi título de arquitecto, aunque guiado por una pretensión medianamente decente: mi vida profesional es ya tan larga y tan baqueteada que, si bien no puede servir como ejemplo, al menos vale como reflejo de la evolución de las circunstancias que concuffen en el tema propuesto. Me interesa señalar, como final de esta introducción, que este artículo no es el desarrollo exacto del esquema que expuse verbalmente en aquel Seminario, ni siquiera la trascripción de una hipotética grabación de mi charla, pues mi exposición de entonces se basó en las imágenes, por 1o que ahora es imposible ofreceros el montaje gráfico de aque- 1 Es de justicia darle las gracias alaDra. Villanueva Zubizaffeta por sus atenciones y, por aquello de la solera en el trato de amistad, le presento mi agradecimiento más rendido a la Dra. Alonso Ruiz. A los asistentes al seminario origen de este texto y a los lectores de la redacción final, les agradezco su presencia en caso de los primeros, pero sobre todo, su indulgencia ante esta exposición académica tan atípica, pero debéis considerar que, con la edad que tengo, ya no hay solución para mi pensamiento ni para mi expresión. 267 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XX| lla tarde vallisoletana. Ahora hay más reflexión y bastante menos descripción, en un inten- to, seguramente fracasado, de aclarar mi pensamiento en estos problemas; comenzaré desplegando, a través de mi propia experiencia, la irregular, paulatina y deficiente implantación de los estudios interdisciplinares; continuaré con unas consideraciones bastante ácidas sobre el concepto de modernidad, o contemporaneidad que se aplica en este tenitorio del Patrimonio y, para acabar, desarrollaré un problema con el que me tropiezo casi todos los días, como es el de la conservación de edificios eclesiásticos que, según creo, es uno de los que caracterizan al tema que nos ocupa y en el que la perspectiva interdisciplinar manifiesta toda su ootencia. I. LA EDAD DE LA INOCENCIA Para situaros empezaré contando mi vida, o al menos la parte que se puede publicar sobre mis primeras andanzas en el Patrimonio. Aunque mis biógrafos, es decir, mi madre y mi alzheimer, dicen que recuerdan que con once años yo declamaba el romance de Howard Carter y Tutankamón en el Valle de los Reyes, a mi me parece que empecé a interesarme por los edificios antiguos ya crecidito, concretamente en el verano de 1967, cuando leí a un auténtico "niño prodigio", el onubense don Diego Angulo Íñiguez que, con apenas treinta años, ya era catedrático de Universidad y poco después produciría manuales que han sido de consulta obligada durante decenios en las facultades de letras e incluso en alguna de arquitectura pero, sobre todo, fue para mi el autor de la enciclopédica Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XII, XIV y X'P, que leí en la primera quincena de aquellas vacaciones. En lapágina 12 de este libro publicó Don Diego lo siguiente: "En segundo término me referiré a la interesante ermita del Castillo de Almonaster (fig 1) en la Sierra de Aracena, cuya divulgación es urgente y sería de desear que se atendiese a su conservación con el mayor esmero. Como puede advertirse en las reproducciones que publicó, sus soportes están .formados con materiales clósicos y sus arcos tienenforma de herradura, aunque no siempre de una manera indudable. La actual capilla principal no se abre en el muro en que tetminan las arcadas sino en el paralelo de ellas, mientras que en frontero se encuentra una puerta precedida de su pórtico, que lo mismo que la capilla son indudables agregaciones hechas al cuerpo de la ermita con posterioridad a la Reconquista y que nada tienen que ver con é1. En el centro del muro donde termi- 2 Angnlo tñrgtez,1932 268 Segunda parte. La ciencia hoy para el estudio de la a¡quitectura nan las arcadas existe un pequeño rehundimiento, que se manifiesta al exterior por un saliente estrecho y deforma cilíndrica3, según puede apreciarse en la (fig. 2). Publico también la importante lópida sepulcrala que se encuentra ante la gran capilla antes aludida y el trozo de decoración también visigoda que se encuentra aprovechada en una de sus dos puertas (figs. 3 y 4). Fuera de la ermita, pero casi tocando con sus muros, existe tallada en la roca una sepultura deforma corriente trapezoidal, pero con un saliente en uno de los lados para la cabeza. La orientación de las arcadas de la ermita, me parece recordar que es muy análoga a la parroquia, y en este caso el saliente cilíndrico corresponderá a oriente,. se trata muy probablemente de una iglesia visigoda". Gracias a las fotos que salpicaban aquellas páginas, cuyo tono sepia y contornos desvaídos le prestaban un notable encanto, medio entendí lo que describía aquei gran historiador del arte, de cuyas afirmaciones no dude ni por un instante, extrayenáo una conclusión básica: a ciento y pico de kilómetros de mi casa existía una iglesia prerrománica, tan real como las que sólo conocía a través de fotos, pero cuyos nombres, Bande, Naranco, Lena, Quintanilla, Nave, evocaban para mi el tipo de arquitectura que más me podía gustar entonces, antes de que el lavado de cerebro de una escuela de arquitectura de los años sesenta arrinconase tan retrógrados gustos en beneficio exclusivo de las formas del entonces ya vetusto Movimiento Moderno. Un tórrido día del mes de julio de aquel año de 7967,llegué por vez primera a Almonaster la Real, donde, tras toparme con la Iglesia en forma dé párroco que por tres veces negó la existencia del edificio que yo pretendía ver, conseguí finalmente identificar y visitar la ermita visigoda. Las imágenes publicadas en 1932 correspondían bastante bien a lo que, sin interferencias ni obstáculos, pude contemplar a mis un.hu, durante un par de horas, annque era evidente, incluso para un estudiante que pronto empezariael segundo curso de Arquitectura, que se habían hecho obras de restauración que pennanecían incon- J Obsérvese la curiosa forma de describir este elemento, perfectamente identificable por su tipo, lo que viene a demostrar que ni por asomo entendió el autor del texto el origen de la forma cillndrica. 4 El tamaño de la losa, carente de texto o slmbolos específicos, era de 1,39 por 0,69 m., datos que tenlan que haber levantado la sospecha de que su uso no había sido fune¡ario. 5 "La visité hace varios años e intenté que el Ministerio conceüese alguna cantidad para ligeras obras de reparación, pues el monumento se conservaba fundamentalmente bien. Entonces no pudo ser, pero poriortuna el cura pii,rroco, Sr. nod.íi.", Ma¡tln, conocedor de su valor, tenía interés en su conservación" (nota del te;to original de 1932). 269 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XXD c1usas6. Debo recordar que ya entonces el edificio, de propiedad municipal, estaba a disposición de quienes quisieran visitarlo, aunque era necesario pedir las llaves en el Ayuntamiento, propietario del edificio, circunstancia que explica la estudiada ignorancia parroquial. Volví aquel verano ufiavez más y todas las que pude durante el curso siguiente, de tal manera que entregué como "investigación" para la asignatura de Historia delArte un cuadernillo artesanal de cincuenta y dos páginas, muy ilustrada, que aún conservo tras rescatarla de un montón de trabajos similares que, por pura rutina, nos obligaban a redactar y que, evidentemente, nadie leía ni evaluaba. Como era de esperar, mis páginas eran una glosa de las de Angulo, acompañadas por los primeros planos que levanté en mi vida y unas pésimas fotos en blanco y negro. Pronto olvidé aquel trabajo pues, poco tiempo después, gracias a mis omnívoras lecturas, me convencí de que el admirado investigador y catedrático modelo no tenía ni la más remota idea de lo que había sido aquel edificio en origen pues, siguiendo una gloriosa tradición universitaria, cuando 1o descubrió, describió y publicó sólo manejaba recuerdos, fotos y notas de una etapa anterior de su vida. Con el tiempo averigiJré7 que todo era cosa de estudiantes, y no me refiero sólo a mis ingenuas investigaciones, sino también a la información sobre la ermita que manejó don Diego, desde la única visita que hizo al lugar antes de escribir el libro, siendo estudiante, hasta los datos que le procuraron sus alumnos, pues uno de ellos fue profesor mío y me contó como se fraguó aquel libro. Eran cosas de estudiantes, ninguno de los cuales se había percatado de que la ermita visigoda era una mezquita en la que estaban engastadas una docena de piezas romanas y visigodas. II. TODO.EN.UNO Este primer fiasco en mi vida investigadora me dejó un prejuicio que aún opera en mi subconsciente: salvo de las novelas, no me fio de ningún libro, especialmente los que escriben los catedráticos, aunque el catedrático sea yo mismo. Así es que durante muchos años, quizás hasta mediados de los ochenta, actué como un arquitecto-orquesta, grupo-de- investigación-individual, restaurador-todo-en-uno, pues, alavez y por el mismo precio, fui o Las habían dirigido los arquitectos Rodríguez Cano (1932-3) y Hernández Giménez (1956-65). 7 Con el tiempo (1983. Sevilla: Ayuntamiento) fui coeditor de la reedición de1 libro de 1932, contribuyendo con un prólogo que no le gustó a don Diego Angulo, que quizás esperaba un elogio más encendido. 270 Segunda parte.La ciencia hoypara el estudio de la arquitectura *qá)i6tiiw¡ii i t'|F4lwa*ir, |€1ái#tú r;:Íitiuf::@@&lirr Lrrii *rir4ltili i:L!r!l arquitecto8, aparejadorg, técnico en seguridadlO, historiador del artell, arqueólogol2, delineantel3, documentalistal4, diseñadorl5, etc. Hice todos estos papeles porque, saivo cuatro amigos de mi misma edad e inmersos en la misma dinámica universitaria (a saber: milicontrato-tesis-boda-oposición), no conocí, entre l97I y 1985, a nadie que fuera profesional de estos temas y aún menos que estuviera dispuesto a trabajar por amor a la arquitectural6, ya que entonces el funcionamiento económico de lo disciplinar se basaba exclusivamente en los miserables honorarios que la Administración pagaba al arquitecto, es decir, tarde y mal y con rcbaja. Eran tiempos en que los estudios preliminares, las fichas-diagnostico, los inventarios, las intervenciones arqueológicas autónomas o los trabajos de documentalistas eran espejismos de ciencia-ficción, pues la única perspectiva interdisciplinar es la que quisiera y pudiera mantener voluntariamente cada arquitecto, pues para ello tenía que ienunciar a parte de sus emolumentos, sin abandonar sus responsabilidades. Eran tiempos en los que el modelo de arquitecto restaurador que me hubiera gustado seguir eru "f d" Don Félix Hernández Giménez, de quien fui ayudante en varias obras en ltálica,pues aprecié como valores decisivos su minuciosa observación personal, los dibujos puntillosamente medidos, aunque secos y sin alardes, el respeto a las huellas del pasado y la disciplina a la hora de añadir formas nuevas, sólo las justas y necesarias; ciertamente sus resultados no eran un prodigio estético, ni resultaban abrumadoramente evidentes sus razones. Dero eran v son trabajos honestos. En aquella época no sólo no me planteé la posibilidad de actuar de otra manera. pues, además de las razones aludidas, los encargos que recibí me pedían implícitamente 8 Titoludo en 1971. 9 Titulado en 1966. 10 Titoludo en 1965. 1 1 Fui profesor en la Facultad de Geografia e Historia, especialidad de Historia del A¡te, durante varios cursos. 12 Bi.tt que me lo hicieron pagar los "arqueólogos profesionales" de la época, que tenían como tltulo académico cualquier otro, menos el inexistente de arqueólogo, y cuyos veraneos profesionales, con alguna escasa excepción, para nada se contaminaban en yacimientos medievales, quedando éstos en manos de personajes al margen de la ley: curas, arquitectos, archiveros, eruditos locales, niños de "Operación Rescate", adolescentes de las escuelas-taller y maestros, muchos maestros. 13 Aúo rigo en ello, pero mediante Fotogrametría. l4 Recono"co, por vez primera en público, que es la faceta que más me divierte seguir ejerciendo, quizás porque en la actualidad ser arquitecto se ha convertido, casi en exclusiva, en un gestor de documentos. 15 Pecado del que me he arrepentido numerosas veces, pero en el que recaigo periódicamente. 1 6 Ni q.,e decir tiene que no me estoy refiriendo al reducido grupo de amigos de cuyo tiempo y conocimientos abusé generosamente. 271 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XX! que interviniese sobrepasando 1os límites legales de mi profesión. Así, en la primera obra de cierto fuste que me encargó laAdministración, 1o que me pidieron, en primer lugar y de manera casi exclusiva, fue que rescatara de una ciénaga urbana varios miles de piezas arqueológicas descubiertas en una serie de campañas de excavaciín, disiecta membra qtrc jamás documentaron ni publicaron sus responsableslT, y no me estoy refiriendo a una ermita medieval perdida en la Sierra de Huelva, sino al teatro romano de Itálica, de tal manera que el ministerio del ramo lo que me pedía es que hiciera de arqueólogo de un yacimien- to despanzurrado. Me tomé tan en serio mi papel de investigador que, en mi deseo de ofrecer servicios completos a la causa, publiqué mis trabajos en la mezquita de Almonasterl8 y firmé la primera publicación monográfica sobre la arquitectura del citado edificio teatralle; a tenor de las reacciones parece que me pasé de rosca cuando publique mi intervención y mis investigaciones sobre el acueducto20 de la ciudad romana de Baelo Claudia, ubicada en el Estrecho, justo donde arriban las pateras, pues, aunque la franquicia postgrado que teniala exclusiva del yacimiento, según para qué, conocía mi artículo, no lo quiso publicar por no ser yo becario de la misma, pero ello no evitó que lo usara para que las autoridades ministeriales ordenaran la inmediata suspensión de mis actividades en la conservación del yacimiento, de tal forma que ni las obras del teatro, ni las de la basílica ni las de los tres templo del foro se completaron de la manera que yo tenía prevista. En aquella etapa quemé una de mis facetas pseudoprofesionales, pues nunca volví a ejercer de arqueólogo, habida cuenta que los de entonces, pocos pero bien disciplinados por los catedráticos del ramo, ejercían un control muy corporativista: bastaba con que alguien sacara los pies del plato, o que intentara meterse en el coto, para que con discreción y eficacia se le prohibiera excavar o publicar. Resumiendo. En los años setenta del siglo XX, como arquitecto autodidacta que era en estas cuestiones de Patrimonio2r y freelance por imposibilidad de ejercer de otra manera, no supe que debía trabajar en equipo, y si lo hubiese sabido no se como hubiera I / En esta época empecé a recluta¡ colaboradores ajenos al mundo de la construcción, comenzando con el arqueólogo don José Manuel Rodríguez Hidalgo. 18 Jiménez, 1975. \9 Ji^én"r, 1982a,1983 y 1989a; Jiménez, Rodríguez y Montero, 1991. Paradas las ob¡as en 1993, facilité todos mis datos a la doctora Rodríguez Gutierrez, que publicó, entre otros, un libro monumental sobre el teatro y sus circunstancras (Rodríguez Gutiérrez, 2004)-En aquella época (1988-1993) contmtamos a dos equipos de arqueólogos distintos para que realizasen las excavaciones pertinentes y asi lo hicieron, pero se reservaron los datos obtenidos para otros fines (publicaciones propias y tesis doctorales propias, respectivamente) de tal manera que volvimos a actuar sobre los restos de un edificio indocumentado. 2o Jiménez, 1g74. 21 Sigue siendo una asignatura pendiente de la universidad de Sevilla la formación de arquitectos en temas patrimoniales, pues la "línea curricular" que existe en el vigente plan (Arquitectura y Patrimonio) es cualquier cosa menos línea. 272 Segunda parte.La ciencia hoy para el estudio de la arquitecfura 4t*rtiiiii !4jffiWr;)iiiii ll,,3$iffiB}i |,?1ft&. podido contratar al equipo, si es que hubiera llegado a conocer a sus posibles miembros, ni hubiera tenido a mi alcance alguna manera honrada de pagarles sus emolumentos; los tiempos han mejorado, pero conviene advertir que no tienen retroceso, ni siquiera para juzgar aquellos inocentes años con los parámetros de éstos, tan metodolóeicos. III. EL CAMINO DE MUNIGUA La revelación de que se debía actuar de otra manera, pues el cambio siguió siendo una quimera durante mucho tiempo, me alcanzóhacia 1971, cuando empecé a colaborar con el Instituto Arqueológico Alem¿án de Madrid, pues la otra institución extranjera con la que ttabajé en aquella época estaba tan atrasada, metodológicamente hablandá, como nosotros y además dominada por la prepotencia; con los alemanes, en las excavaciones de Munigua, supe que hasta las fotografias eranmateriapropia de un especialista, y que para cada disciplina existía un abanico de expertos, cuyas intérvenciones se producían gracias a una planificación seria y a unas aportaciones económicas adecuadas; guardo ,rn i"..r"rdo imborrable de la primera vez que pude contemplar el trabajo riguroso de Schlunk cuando analizaba las piezas figuradas, armado con una cultura enciclopédica y un arsenal fotográfico perfecto, realizado por el experto que venía de Alemania cuando la iluminación natural era la adecuada;la conciencia exacta de mis carencias se me hizo patente en el Tbrrassenheiligtum, el Santuario de Terrazas de aquel municipio romano, cuando observé a varios profesionales, bien distintos a los becarios talluditos que veraneaban en otras excavaciones, clasificando la cerámica de campañas anteriores, cuidadosamente signada y amorosamente almacenada, o cuando seguí al incansable Hauschild, de quien mJdeclaré alumno in pectore, absorto en la silenciosa autopsia dibujada de las formas arquitectónicas, maestro de un cauto materialismo arqueológico que pocas veces he detectado después. En el Municipium Flavium Muniguensis mi papel consistió en realizar las interv"n.ion", como arquitecto que la normativa nacionalista de entonces impedía realizar a este gran investigador, con lo que el proceso (investigación, intervención y publicación) quejaba completo, cosa que en la ayudantía de don Félix nunca llegué a ver, pues sólo una yez) a lo largo de su dilatadísima vida profesional, publicó el maestro venezolano-catalán-cordo- bés sus acfuaciones22. Como mi papel era estrictamente técnico nunca me planteé publicar nada de lo que observé en el yacimiento romano: bastante tenía con ,""á-porr"ro". 22 Srs publicaciones ajenas a los temas de Geograffa Histórica se pueden contar con los dedos d.e una mano, y en ninguna de ellas dio cuenta de lo actuado, ya que lo que le interesó publicar fueron conclusiones sobre la historia del edificio o edificios en cuestión, po¡ lo tanto la inmensa mayoría de sus trabajos de restauración sólo están documentados en los papeles de su legado personal, depositado en el Museo Arqueológico provinciar de córdoba. t 273 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XXf ::til it : Fruto de esa aproximación empírica fue la apertura disciplinar que refleja mi tesis doctoral23, en la que las excavaciones, adecuadamente integradas en el proceso general de una investigación sobre arquitectura histórica, las dirigieron arqueólogos, pero el resto aún fue labor exclusiva de mi frenética actividad personal, tan frenética que sólo recordarla ya me produce cansancio; creo que algunos, ahora que el "matrix Harris" es cosa asumida, recordarán mis "diagramas de Pert" de la Puerta de Sevilla en Carmona, que expresabanla síntesis de relaciones diacrónicas. Tuve bastante suerte con mi tesis pues, además de publicarse, se construyó unos años después, cuando ya me había incorporado, plenamente convencido, al trabajo multidisciplinar; en las obras que proyecté y dirigí en la Puerta de Sevilla participaron restauradores de pinturas, expertos en carpintería, más arqueólogos, un socio que calculaba, un aparejador que medía y presupuestaba, etc. La formación de los equipos de intervención de aquella obra, siempre poco nutridos en función de las características del objeto, partió de dos circunstancias concretas: la primera fue el convencimiento colectivo de que la investigación ya estaba hecha en gran parte, lo que posibilitó la pronta redacción de proyectos, incluso cuando los encargos los recibió otro equipo, como han demostrado las obras emprendidas muchos años después; la segunda es que se asumió, quizís como consecuencia del dato anterior, que los trabajos de los distintos especialistas se desarrollarían respetando las diferentes esferas profesionales, incluso la del arquitecto, cuyas decisiones estaban en este caso avaladas por todos los trabajos previos y por la conveniencia de dotar al resultado de cierta unidad formal; es decir, eran equipos de todos-juntos-pero-no-rebu- jados, bien distintos de esas multitudes en las que un título de arquitecto, o a veces ninguno, cubre las responsabilidades derivadas de decisiones colectivas de diseño, en el que entran alegremente profesionales a los que ni su formación académica ni su marco profesional les attoriza a ello; un ejemplo servirá como muestra: al realizar la primera línea del metropolitano de una ciudad andal-tza se ha exhumado,prácficamente a tiro hecho, la base de una muralla medieval que estaba perfectamente localizada y de la que en la misma ciudad ofrece tramos completos, hasta con los merlones; pues bien, al exhumarla todos han fingido una gran solpresa, con 1o que el proceso sehaparalizado, que es lo que pretenden las empresas constructoras, dando tiempo a que incluso los arqueólogos intervinientes hayan presentado un diseño de cómo debieran quedar expuestos los maltrechos restos, proyecto que la valora como si fuera la única de la localidad, a cambio de destrozar visual y conceptualmente la calle histórica donde ha salido. Creo que todos, como ciudadanos, estamos perfectamente capacitados para opinar lo que se nos apetezca sobre los temas patrimoniales, pero también estoy convencido de que, cuando se actúa con profesionalidad, cada profesión debe limitarse a la esfera que las leyes le reconocen. Afortunadamente, 23 Jiménez, 1989b 274 f-¡ :f,l:<f..t , ,.*-+,,''-.=.,!"t::* desamortización, los poderes públicos se encontrasen de buenas a primeras convertidos en los propietarios casi absolutos del Patrimonio español, sin curas a mano a los que echarles las culpas. Habida cuenta de la extensión, variedad y estado del patrimonio eclesiástico español, creo que la reflexión debe hacerse por sectores de tal manera que, por razones de mi actividad profesional, sólo me atrevo a estudiar lo que concierne a las catedrales, pues además son éstas las edificaciones que marcan la pauta en lo que concierne a la conservación activa, ya que el resto del patrimonio religiosó lo que -rr".t u es justamente lo contrario, una notable tendencia al abandono, convirtiéndose por tanto en objeto de la acción subsidiaria de los poderes públicos especializados. No quiero entrar ahora en detalles formales pues, salvo excepciones muy raras, las catedrales no suelen caer en manos de los apóstoles de la modernidad, ni me interesa tratar cuestiones técnicas, pues su variedad desbordaría este texto, ni siquiera a lo que concierne a lo que se denomina patrimonio inmaterial, ya que es muy evidente que, tras un siglo de paulatina decadencia, las ceremonias religiosas, a compás con la bonanza económica y quizás en sentido inverso a las creencias, viven una época de esplendor, al menos .n ".tu "iuAu¿ de Sevilla. por cierto, el tema del patrimonio catedralicio, da oportunidad de insistir en una obviedad: las cated¡ales, aunque sólo sea por el tamaño, son los mejores campos posibles para eltrabajo de equipos, bien nutridos y, sobre todo, bien estructurados, lejos á" "ro, consejillos de especialistas de cabecera que tanto gustan a algunos. VII. RELIGIÓN O TURISMO Es relativamente f;ícil reunir un colorido ramillete de críticas a la labor eclesiástica en el terreno de la conservación de las catedrales, valoraciones negativas procedentes de medios, instituciones y personas ajenos a creencias y prácticas religiosas,-que denuncian varios modelos de mala gestión, por no decir de manifiestas ilegalidades ; partede los argumentos que suelen aparecer en críticas de este tipo son de carácier fiscal o presupuestario, aludiendo a las aportaciones que la iglesia catélicarecibe del Estado. Tu-po"o ,o' raras las críticas de quienes se situan, por convencimiento o por estrategia, en posturas típicas de creyentes, e incluso desde el puritanismo más pietista, denunciando hechos más sutiles, de los que afectan más a las conciencias que a las leyes. Las críticas, especialmente las publicadas, cuentan con una ventaja: la Iglisia rro ,.ré1" reaccionar ante ios ataques de este género, dando muestras de una notoria ialta de pulso que tiene cualquier interpretación menos lapráctica de la mansedumbre evangélica. Tengo la impresión, seguramente personal e intransferible, de que, cuanto más racional, transparente y eftcaz es la gestión de una catedral en términos láicos, tanto más 281 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. Xil-XXI) arecian las críticas desde perspectivas creyentes, aunque la función material primaria, las celebraciones religiosas, incluso su esplendor, queden perfectamente garantizados por la parte "civil" de la gestión del templo. Sospecho que una parte sustancial de los vecinos de una localidad con catedral preflteren el uso que de estas se hacía hace veinte o treinta años, cuando las telarañas y el servilismo mendicante eran lo más notorio, en vez de la forma que se va generalizando en todas ellas, como es la autosuficiencia económica, basada en la coexistencia de funciones religiosas, culturales y turísticas. Los argumentos que animan estas críticas tienen, en muchos casos, una justificaci6nfalaz, pues el periodista de turno, el portavoz de la asociación de vecinos, el mandamás conseryacionista. el concejal pasajero de trenes baratos..., sostienen que cualquier edificio religioso, pero sobre todo las catedrales, se construyeron con el esfuerzo de los habitantes de la ciudad, con el dinero exprimido a sus padres, abuelos y bisabuelos, argumento cuya solidez está lejos de ser una evidencia. El endeble conocimiento histórico que lleva a sostener tal cosa, como antesala de la criticay la exigencia, creo que se basa sobre todo en kilómetros de celuloide y video que nos ofrecen las imágenes de apiñados y fervorosos extras pseudomedievales, sucios, tullidos y harapientos que, con arrobadas miradas de fe dirigidas a lo alto, llenan los templos de las películas, edificios inconmensurables en los que las formas, sin importar las cronologías ni las mezclas, se unifican en una mística atmósfera luminosa. Son muchas las series de televisión y tiras de tebeos que ofrecen imágenes de orondos canónigos, de mirada tan codiciosa como estulta, en raros hábitos de mendicantes, recogiendo limosnas en ese peaje al purgatorio que representan los pórticos de los templos, paso obligado de manadas de peregrinos analfabetos, ya exhaustos tras las anuales visitas de los mismos clérigos a sus míseros campos, exigiendo los oomalos usos", o sus equivalentes en el celuloide, las pemadas, los diezmos y otras forma primitivas de la declaración de la renta. Entonces, en la Edad Media que inventó Hollywood, si que estaban las catedrales llenas y no ahora, cuando sólo en las fiestas de exhibir, los vecinos acceden alacatedral en cantidades apreciables. La catedral de Sevilla, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987, es objeto de críticas muy variadas, que examinaré según su origen, empezado por las que proceden de ámbitos locales; entre éstas están las publicadas por periodistas, a menudo bajo formulas retóricas basadas en recuerdos infantiles, sobre la base de una catedral que hace mucho tiempo que dejo de existir, si es que alguna vezfue; también son críticas las cartas publicadas o dirigidas ala catedral, las hojas oficiales de reclamaciones que en ella están disponibles y, cómo no, las expresiones, más o menos airadas, que se oyen a personas que ven frustrado su deseo de acceder al edificio en algún momento concreto, a veces con la santa intención se ahorrarse unos metros de callejeo expuestos al inmisericorde sol de Sevilla o al chaparrón tropical de primavera. En la mayona de los casos quienes formulan tales críti- 282 Segunda parte. La ciencia hoy para el estudio de la arquitectura ':ilt .t .1=:iii ru¡r;:isiltfii lw*riililiii :r iii?il€:ir]iiiiii i i cas directas manifiestan explícitamente, o por su atuendo, su condición de turistas, lo que no obsta para que esgriman argumentos de índole religiosa y fiscal e incluso su vinculación genética con quienes, al estilo de Hollywood, construyeron la catedral parala redención de sus pecados. A veces las críticas aprovechan alguna disfunción observada en actos ajenos al culto, tales como las que tienen a bien manifestar los asistentes a conciertos cuyo acceso cobra otra entidad, actos en los que la catedral colabora cediendo gratuitamente su espacio y a veces bastante más cosas, tales como personal, electricidad y limpieza. Otras veces las críticas proceden de usuarios de ciertas instalaciones de la catedral, ajenas al culto y la oración, que miran con cara de asco a los turistas a los que deben, por ejemplo, la posibilidad de consultar, gratis y cómodamente, la documentación sobre el pasado del edificio. El origen de tales críticas es, paradójicamente, la base de la subsistencia de la catedral hispalense, que sólo permite el acceso libre a las zonas y actividades de índole religiosa en los horarios establecidos, que abarcan más días, más horas y más espacio que en cualquier otra catedral española, según el esquema que detallaré más adelante. El resto de las horas el personal destinado a este fil solicita29 a todas las personas o grupos que acceden el edificio por motivos turísticos una aportación económica individual y personalizada, que gestiona de forma transparente y publicada; no es este el único recurso, pero si el más importante, pues igualmente cobra a quienes, con motivos comerciales, desean filmar los valores patrimoniales que contiene, filmaciones en las que están vedadas las ceremonias o actuaciones de figuranie. A estas contribuciones directas, cuyo destino expondré seguidamente,hay que sumar ayudas varias, pues cada vez es mas estimable la aportación indirecta de las instituciones que, para compensar préstamos de piezas para exposiciones, las restauran a su costa; otras ayudas le llegan alacatedral a través de acuerdos para el manteniendo de determinados servicios, como las bibliotecas y los archivos, y las que, aunque muy variables y dispersas, permiten a restaurar espacios o elementos concretos a través de convenios puntuales, ayudas que la catedral agradece pero que no solicita. Si no fuera así, si el mayor templo gótico del mundo, ubicado en una ciudad plagada de monumentos, muchos de ellos ruinosos o cerrados, capital de una comunidad autónoma la más rica en patrimonio de toda la Península lbérica, tuviese que recurrir a la aportación subsidiaria de los poderes públicos, agotana la catedral sola todos los recursos disponibles, con lo que el resto de sus incontables monumentos estarían mucho peor que ahora. La adminishación de los fondos así obtenidos permite llevar adelante la iniciativa en la conservación y restauración del edificio, con las aportaciones indicadas, así como colaborar a la de otros templos de la diócesis; las iniciativas culturales organizadas o consentidas por la catedral dentro de sus muros también se alimentan de esos fondos, desde larealización de tareas sistemáticas de catalogación, investigaciones (documental, arqueo- 29 Ni qn" decir tiene que existe una amplia casuística de reducciones y gratuidades. 283 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XXI) |:)i!i'=:.1]j.::1..*,.||..j.&¿|L.'.'1|!.&ljii)|'|'||||4|W lógica, gráfrca...) al acceso gratuito, reducido, para escolares, universitados y jubilados, tanto de forma individual como colectiva, pasando por actos y muestras públicos que, con determinadas vinculaciones religiosas, a veces bastante difusas, se celebran bajo sus bóvedas, aunque en muchas ocasiones tales actividades suponen una significativa reducción del horario destinado al turismo, es decir, implican la renuncia expresa a cobrat, a cambio de gastar, como ya he indicado, en electricidad, limpieza, personal, alquileres y seguridad. Un elemento de crítica, tal vez el más disparatado, es el que se basa en la idea de que este panorama (entrada mediante pago y crecientes funciones culturales) es algo nuevo; por ello conviene recordar que la situación presente tiene un muy lejano origen histórico, la época en los habitantes de su torre, la Giralda, exigían una "limosna" a quienes pretendían subir al único mirador de la ciudad, actividad puramente turística acreditada por floreados letreros del siglo XVII arañados a punta de puñal en sus azulejos. A comienzos del siglo XIX el cabildo inició una política, nunca explícita pero sistemáticay continua, de creciente musealización, consecuencia directa de un interés muy precoz por la monumentalidad del propio edificio, convertido en objeto de contemplación desde su entorno gracias a los cuidadosos derribos del XV[I, así como a la implantación del primer neogótico de la Península,y la muy precoz investigación y publicación de sus valores artísticos, auspiciaday subvencionada por el cabildo. El desarrollo cultural, al lado del cultual, se acrecentó con la incorporación de obras de arte procedentes de otros edificios religiosos, ofreciendo una alternativa al saqueo generalizado de la ciudad que protagonizaron los oocuriosos impertinentes", ya que el gobierno que desamortizó los bienes eclesiásticos no previó que hacer con los miles de objetos valiosos que arrojaba al mercado, así que las iglesias hicieron el papel que luego desempeñaron los museos; además se produjo la concentración de los objetos de mayor valor en lugares específicos del conjunto catedralicio, los más seguros, dando origen al "Tesoro", fenómeno de carácter muy general en la iglesia española y eue, aunque tenga complejas raíces medievales, en nuestro caso se refiere a aspectos puramente artísticos30. El tercer aspecto a considerar es que, en simultaneo con el proceso de musealización y monumentalización, se fueron abandonando dependencias que no se prestaban a otros usos, sobre todo apartir de los años en que las propiedades agrícolas y urbanas de la catedral disminuyeron drásticamente. Comenzó asivnacierta distribución de espacios que, con independencia de sus valores arquitectónicos, sacralizó de forma casi fetichista ciertos ámbitos y convirtió otros en residuos vergonzantes. En cualquier caso la catedral hispalense, que fue objeto de una prolongadísima campaña de restauraciones sistemáticas de corte 30 Lugnttu Paul, 2004 284 Segunda parte.La ciencia hoy para el estudio de la arquitectura violletiano, iniciada en1827 y que no se ha detenido hasta agotar todas sus posibilidades en 1992, mantuvo un interesante equilibrio entre la tradición y la modernidad, pues, por ejemplo, conservó el Coro en su lugar y no vendió o perdió en el siglo XIX ni uno sólo de los elementos fundamentales, y no tan fundamentales, de su rico patrimonio mueble. VIII. RELIGIÓN INTERIOR Este proceso, perfectamente explicable en términos de historia general de la Iglesia española, corrió paralelo al que afectó específicamente a la ciudad de Sevilla completa, en cuerpo y alma, pues la decrépita metrópolis indiana se dedicó a la concienzuda preparación de su esplendoroso presente turístico; no sólo asumió gustosa el invento foráneo de la Feria de Abril y de todo el folklore urbano de ella derivado, sino que contribuyó con ahínco a la expansión, prolongación y masificación de la Semana Santa, parcja de 'oeventos emblemáticos", como sistemáticamente se les denomina, que fueron convenientemente arropados por tópicos urbanos que, examinados uno por uno, demuestran su novedad: el albero, la cal,los naranjos, las losas de Tarifa, las rejas historiadas, las cruces de mayo, las procesiones y veladas de los barrios, etc., etc.La inventiva no sólo no se agotó con el siglo XIX, sino que año por año, hasta ftnalizar el XX, se ha reforzado con certámenes, procesiones, romerías, muestras, veladas, ferias y otros sucesos festivos, más o menos justificados en indicios o errores históricos. Volvamos al interior de la catedral mientras la ciudad se recrea en el parque temático de si misma en que se ha convertido; consta que a comienzos del siglo XX el acceso al Tesoro de la Catedral quedó bajo el control de los seglares que vivían en la Giralda, los campaneros y sus familias, de cuyas ganancias daban una parte al Cabildo, que intervenía como simple consentidor de una actividad turística creciente; mas adelante, cuando aparecieron los guías profesionales, las agencias especializadas y, finalmente, la industria del ocio, el sistema se complicó, pero no cambió en 1o esencial, como no ha cambiado aún en otras catedrales, donde esta actividad quizás se ha modernizado y se ha puesto en manos de empresas, o antiguos empleados, que comparten los beneficios con el Cabildo; las mismas personas siguen administrando la venta de artículos religiosos, turísticos o folklóricos, en el interior del edificio y se encargafi de gestionar los aspectos materiales y organizativos de ceremonias, tales como bodas y bautizos. En perfecta sincronía con esta creciente presencia de furistas en Sevilla se ha producido a lo largo del siglo XX la reducción de las actividades religiosas cotidianas, atrofia conectada con varios datos básicos cuyas causas y relaciones no es fácil estableceq pero que aparentemente se han producido en este orden: por efecto de la Desamortización menguó, hasta desaparecer, el ejército de beneficiados, racioneros, completos o por mita- 285 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. XIII-XXI) des, sacristanes, cantores, acólitos y demás oficios que poblaban las iglesias antes; seguidamente influyó, y mucho, la aparición de réplicas laicas de los sacramentos, empezando por un hecho poco recordado, como fue la prohibición de enterramientos en las iglesias en los años centrales del siglo XIX, que retiró de los edificios religiosos un conjunto de actividades económicas y sociales importantes, pues siempre fueron pujantes y populares las relacionadas con las postrimerías; después vino la reducción del número de seminaristas y sacerdotes, de tal manera que los que permanecen en activo desarrollan tal pluriempleo que no pueden estar todo el día en sus respectivas iglesias; finalmente la simplifrcación e inteiorización de las creencias ha propiciado el panorama actual. En una palabral. a efectos puramente religiosos los templos están sobredimensionados. Ni que decir tiene que los edificios religiosos, en cualquier caso, carecen de recursos o instalaciones o comodidades destinadas al público, sin diferenciar los turistas de los fieles, ya que todos son iguales ante lafalta de atenciones. Este panorama es un hecho verificable a 1o largo y ancho de la geografía española, cosa que no sucede en todos los países, pues no hay mas que enffar en una iglesia mexicana o filipina parahallar fieles a cualquier hora, gentes intensamente religiosas a quienes no parecen molestar los turistas, al revés que en nuestras latitudes, donde los escasos fieles suelen manifestar una indisimulada hostilidad hacia quienes acceden a los templos con atuendos, objetos o intenciones distintos de los que se consideran apropiados. Ante la doble tesitura, deserción de los fieles e invasión de otras actividades, los templos, especialmente las catedrales, se ha planteado el problema de compatibllizar, en función de sus posibilidades, la distribución del tiempo y del espacio entre culto y turismo, siguiendo varios modelos, cuyos motivos, hasta hace diez o doce años, eran puramente ideológicos, en función de la mayor o menor edad de obispos y cabildos, y que en la actualidad creo que están en relación directa con los accesos y la extensión del edificio, ligeramente matizados por las tradiciones locales. El primer modelo es el pietista, e hipócrita, que podemos definir con una etiqueta muy demagógica, "no te cobran por rezaf', pues nada impide teóricamente el paso a los fieles que visitan sus advocaciones tradicionales en las escasas horas en que los edificios están abiertos, pero también se advierte que es literalmente imposible rczar ante ellas con un mínimo de recogimiento o silencio, incluso en muchos casos quienes oran arÍelareja de una capilla cerrada a cal y canto se convierte, inmediatamente, en protagonista de videos y fotos de los turistas, para quienes todo es motivo de recuerdo; efectivamente, 'No te cobran por rezat''... pero no puedes Íezar, en estas catedrales de horario y espacio promiscuo. La situación llega a ser tan agresiva que, en ciertas catedrales que siguen este modelo de mezcla funcional, se han visto obligados a establecer un espacio reservado exclusivamente para fieles, aislando alguna capilla en un lateral de la marea turística, 286 Segunda parte.La ciencia hoy para el estudio de la arquitectura ¡,*ffi4$l : I1i!1ffi donde, con la debida protección de un servicio de seguridad severamente uniformado, los fieles pueden refugiarse para oÍat, después de competir con los grupos de turistas, que han accedido al templo sin trámite alguno, hasta alcanzar trabajosamente el remanso de tranquilidad previsto para ello. Creo que esta situación viene forzada por la imposibilidad de dar un acceso directo e independiente a este espacio protegido, pues, por lo que he podido comprobar, los responsables de algunas de estas catedrales son conscientes de los problemas indicados pero, por la raz6nque sea, no se atreven o no pueden aplicar alguna de las otras dos soluciones posibles. Ni que decir tiene que la citada "reserva espiritual" es la coartada perfecta para establecer otras, pero esta vez de cobro, que afectan a espacios cuyo interés se supone exclusivamente turístico: el precario museo, la cubierta, la cripta donde reposari las reliquias del titular, etc, etc, cada uno con su correspondiente tarifa, su control y sus prescripciones escritas. Otras catedrales han cortado por lo sano: hay horas de culto y horas de turismo, pero nada de coexistencia, de modo que la oración sólo puede realizarse en el ámbito catedralicio por la mañana temprano o por las tardes, además de los domingos, como era de esperar, aunque en algunas, como las de ciudades pequeñas, las misas ni siquiera son ya diarias, pues otros templos, mas pequeños, sostenibles y acogedores, han usurpado las escasas tareas pastorales que tenían las catedrales. El resto del tiempo, que es casi todo, Ia catedral, desamortizada por la propia jerarquia eclesiástica, es un museo más o menos extenso, mejor o peor organizado, sin más uso religioso que las velas que agonizan al pie de las rejas. En la catedral hispalense, que pertenecía al primer modelo hasta 1986, la situación, tras numerosos tanteos y matizaciones, se puede resumir en que se han establecido dos esquemas distintos paxa compatibilizar las funciones tanto en el tiempo como en el espacio; está, en primer lugar, lo que denominaré "régimen de culto", que habilita horarios de mañana, dos horas y media los días laborables y toda la maflana los domingos y festividades, durante las cuales el templo 1o es en exclusiva, por lo que permanecen cerrados la sala de exposiciones y los espacios museísticos, el claustro y la torre3l, de tal manera que los vigilantes, menos militarirzados que en otros lugares, intentan que la presencia de turistas, perfectamente inevitable en cuanto no dependen de un guía profesional, no distraiga a los fieles, que sólo ocupan una décima parte del espacio disponible, pues no acuden más, salvo en la festividad mensual de san Judas; para ello el personal prohibe el uso de cámaras, las explicaciones en voz altay el nomadeo indisimulado, pero apenas si puede evitar el acceso a quienes alegan devociones sobrevenidas. Seis días por semana, la catedral se usa en lo que llamaré "régimen de turismo", pues durante estos días la capilla Real exclusivamen- Jl Permanecen abiertos los aseos, que son los únicos públicos en todo el entomo de la catedral 287 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arquitectura (S. Xil-XXI) te a culto durante unas ocho horas como media, mientras la catedral gótica la usan casi exclusivamente32los turistas durante una media diaria que no llega a las seis horas, accediendo a todos los ámbitos cuya protección se puede gararrfzar, fotografiando y filmando lo que quieren33; los domingos el acceso turístico, en idénticas circunstancias, es gratuito wta vez concluidas las celebraciones matinales. Las ceremonias que se celebran en las mañanas de días laborables, que suelen ser como media dos mañanas al mes, cambian el régimen turístico por el cultual, siendo necesario adelantar el cierre del horario de turismo por las tardes cuando se celebran ceremonias vespertinas, que por lo general son también dos como media por mes. Este esquema semanal deja margen para otras muchas actividades. Un ejemplo: en los días que estoy cerrando este escrito, al comienzo de la primavera de 2006, se puede verificar que en la catedral de Sevilla, al final de la tarde, durante tres horas, se han desarrollado simultáneamente cinco actividades: mientras en la Capilla Real se celebraba una boda, una más de las que cubren todas las horas disponibles los viernes y sábados3a, se celebraba uno de los conciertos de órgano gratuitos del programa de un ciclo tradicionaI, al que asistían una seiscientas personas, orientadas al contrario que si estuvieran asistiendo a misa; ambos actos, de carácter público, contaron con la concurrencia de numerosos turistas35; simultáneamente, en la Sala Capiítlar, se presentaba de forma semipública un libro sobre temas históricos y artísticos, ante cien personas que asistían al even- to directamente, mientras otras cuarenta lo seguían por un circuito cerrado de televisión: al terminar se siwieron unas copas en el patio del Mariscal; en el Trascoro una familia, desahuciada de la chabola que habitaba en el Vacie, ante la negativa municipal de permitirles "acampar" en las Casas Consistoriales, 1o han hecho en la Catedral, donde estuvieron unos quince días, formando un reducto con sillas en las que cuelgan pancartas de protestas y así permanecen las veinticuatro horas del día; finalmente las limpiadoras, discretamente, preparan las capillas y zonas intermedias paru que al día siguiente el edificio pueda desarrollar sus actividades normales de un día laborable: la celebración de varias misas tempraneras, incluida la solemnidad coral, el trabajo de varios equipos de conservación, algunos investigadores36, la actividad de una escuela-taller doble, las tareas de los J¿ Esta exclusividad es parcial, pues quienes alegan deseos de ora¡ ante una imagen concreta (recordaré la de San Antonio, la de san Judas u otra cualquiera) tienen el paso franco, incluso accediendo por la salida. 33 Sin mucho éxito se les insta a que no usen flashes ni focos. 34 Siendo completamente gratuita la celebración de bodas y bautizos en la catedral, la agenda se cubre con años de anticipación. 35 Al igual que sucede con las ceremonias, es literalmente imposible impedir el acceso de turistas, salvo los grupos numerosos. 1Á- JU Incluso arqueólogos excavando por cuenta del cabildo. 288 Segunda parte. La ciencia hoy para el estudio de la arquitectura investigadores en el archivo y la biblioteca y la presencia de una número de turistas que, si se trata de un miércoles, puede superar los cuatro mil; la catedral hispalense es el mayor templo gótico del mundo y por eso puede permitirse el lujo de sostener tantas actividades alavez sin molestarse mutuamente y sin desdoro de ninguna de ellas, siendo muy evidente que lo religioso imprime carácter pero el turismo proporciona los recursos. Resumiendo. Las iglesias españolas de este siglo XXI están vacías gran parte del tiempo, de tal manera que, habida cuenta de sus megalómanas dimensiones y crecido número, hay en ellas espacio y tiempo para todo, incluso para el estudio y la conservación de su patrimonio arquitectónico y mueble desde una perspectiva multidisciplinar. 289 Ars et scientia. Estudios sobre arquitectos y arqütectura (S. XI[-XXI) .._-:::r 1)|W*tit ,1: REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ANGULO ÑIGUEZ, D. 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