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La “Operación Pisuerga”: el fracaso de un proyecto editorial de la Prensa del Movimiento

Sanz Hernando, Clara

Abstract

La Prensa del Movimiento puso en marcha en 1953 la “Operación Pisuerga”, una iniciativa para reflotar los ruinosos diarios Libertad, de Valladolid; Imperio, de Zamora, y La Voz de Castilla, de Burgos. El pretendido ahorro de su impresión conjunta en los talleres del vallisoletano, con la utilización de páginas comunes, derivó en un rotundo fracaso. Los hundió aún más. El trabajo se centra en la publicación burgalesa, a quien esta medida perjudicó especialmente. Tras cinco años en la capital del Pisuerga, regresó a su antigua sede en peores condiciones y tocada de muerte.

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23/10/2017 La “Operación Pisuerga”: el fracaso de un proyecto editorial de la Prensa del Movimiento institucional.us.es/ambitos/ Clara Sanz Hernando Universidad de Burgos [email protected] English Version: The “Operation Pisuerga”: the failure of an editorial project of the Press of the Movement. La Prensa del Movimiento puso en marcha en 1953 la “Operación Pisuerga”, una iniciativa para reflotar los ruinosos diarios Libertad, de Valladolid; Imperio, de Zamora, y La Voz de Castilla, de Burgos. El pretendido ahorro de su impresión conjunta en los talleres del vallisoletano, con la utilización de páginas comunes, derivó en un rotundo fracaso. Los hundió aún más. El trabajo se centra en la publicación burgalesa, a quien esta medida perjudicó especialmente. Tras cinco años en la capital del Pisuerga, regresó a su antigua sede en peores condiciones y tocada de muerte. Palabras clave: Imperio, La Voz de Castilla, Libertad, Operación Pisuerga, Prensa del Movimiento. Abstract: The Press of the Movement launched in 1953 the “Operation Pisuerga”, an initiative to revive the ruinous daily Libertad, of Valladolid; Imperio, of Zamora, and La Voz de Castilla, of Burgos. The alleged saving of their joint printing in the workshops of the Valladolid, with the use of common pages, resulted in a resounding failure. He sank them further. The work is centered on the publication in Burgos, to which this measure especially harmed. After five years in the capital of the Pisuerga, returned to its former headquarters in worse conditions and touched to death. Keywords: Imperio, La Voz de Castilla, Libertad, Operation Pisuerga, Press of the Movement. 1. INTRODUCCIÓN La victoria del bando rebelde tras la Guerra Civil supuso una ruptura drástica con respecto a la concepción liberal de la prensa que se mantenía durante la Segunda República (Fandiño, 2009; Gómez y Treserras, 1989; Terrón, 1981). Se acaba la pluralidad informativa y se da paso a una prensa dogmática y excluyente; de un sistema libre -más o menos imperfectose pasó a un sistema autoritario basado en un férreo control de los medios de comunicación, y a los periodistas se les asignaba el papel de conformadores de la opinión pública, de propagandistas de la verdad que defendía el nuevo Estado. La Ley de Prensa de 1938, dictada por el ministro Ramón Serrano Suñer, devoró a los medios de comunicación y los convirtió en meros instrumentos para legitimar un régimen que se había impuesto por la fuerza. Sobrevivieron a la guerra tres grupos mediáticos, los únicos que contaron con autorización expresa de las autoridades: prensa privada, de la Iglesia y del Movimiento. A pesar de la relativa variedad que aparentemente podrían haber aportado, había poca pluralidad en el universo periodístico franquista, sobre todo por la homogeneidad de los contenidos, determinada por la censura, las consignas y el control de las fuentes informativas impuestas por la totalitaria norma (Barrera, 1995; Delibes, 1985; Fernández Areal, 1971, 1973; Gubern, 1980; Martín de la Guardia, 2008; Pizarroso, 1989; Sevillano, 1998; Sinova, 1989), que los igualaba hasta parecerse como gotas de agua. La Prensa del Movimiento (Álvarez et al., 1989; Bullón y Togores, 2002; García et al., 2002; Montabes, 1989; Zalbidea, 1996), el grupo mediático más importante en cuanto al número de cabeceras durante el franquismo – 1/14 después de la Guerra Civil ya era todo un emporio formado por 40 diarios–, fue la que más se aplicó en la defensa de las políticas del régimen, adoptando un papel de auténtica prensa de combate ideológico dirigida férreamente desde Madrid. Esta maquinaria propagandística, que durante los primeros años desatendió los aspectos económicos de sus explotaciones, hubo de hacer frente a las importantes pérdidas que ya registraban algunos de sus periódicos en la década de los cincuenta. Precisamente, para atajar la situación por la que atravesaban Libertad, de Valladolid, Imperio, de Zamora, y La Voz de Castilla, de Burgos, es por lo que Prensa del Movimiento emprendió en 1953 la “Operación Pisuerga”, una iniciativa para reconducir tres de sus más ruinosos periódicos. La medida puesta en marcha por la Delegación Nacional de Prensa, de quien dependían estos diarios oficiales, pretendía ahorrar costes imprimiendo las tres publicaciones en los talleres de Libertad, desde donde se pilotaban las páginas comunes de nacional e internacional. Mientras, en las diezmadas sedes de Zamora y Burgos permanecieron unas minúsculas redacciones para hacer las páginas locales. A la “Operación Pisuerga” ya se ha referido Ricardo Martín de la Guardia (1994) en su monografía sobre Libertad. El fin que ahora nos proponemos, con la utilización de fuentes documentales primarias del Archivo General de la Administración, AGA, es abordar esta cuestión con un nuevo enfoque centrado en cómo afectó este experimento editorial a La Voz de Castilla. Partimos de una hipótesis de origen historiográfico, puesto que, tal y como explica Álex Mucchielli (1996: 248), el objetivo de este tipo de hipótesis es retomar las conclusiones de estudios análogos y, empleando otras fuentes o colocándose en un terreno diferente, verificarlas, matizarlas o confirmarlas. Pues bien, nuestro punto de arranque se concreta en que la “Operación Pisuerga” fue una iniciativa fallida que empeoró la situación económica de los diarios afectados, y en especial la del diario burgalés, que prácticamente tuvo que colgar el cartel de “cerrado por traslado” con su marcha a Valladolid. Profundizaremos en cómo se llevó a cabo esta medida de ahorro, en los medios con los que contaron los rotativos movimentistas para ponerla en práctica, las causas que aconsejaron abandonar la iniciativa y las consecuencias que acarreó para La Voz, que hubo de regresar a su antigua sede a finales de 1958 en peores condiciones económicas y con su reputación maltrecha. Dentro de la pluralidad metodológica con la que aproximarnos a nuestro objeto de estudio, nos hemos decantado por las perspectivas histórica, con la que reconstruiremos la evolución de la “Operación Pisuerga”, y comparativa, que permitirá ir más allá del examen simultáneo de los diarios analizados y obtener conclusiones sobre si esta pretendida medida de ahorro provocó en los rotativos comportamientos similares o diferentes. Para comprender el devastador alcance de esta medida, el artículo arranca enmarcando y contextualizando la prensa que se configuró bajo el primer franquismo (Fuentes y Fernández, 1997; Sánchez y Barrera, 1992; Seoane y Saiz, 2007), la etapa que comprende los años que van desde el final de la Guerra Civil hasta 1959, haciendo especial hincapié en la Prensa del Movimiento y en los periódicos que protagonizaron este proyecto. El apartado más amplio entra de lleno en cómo se llevó a cabo este rudimentario experimento de páginas comunes. Para ello, ha sido una suerte contar con el testimonio del entonces periodista de La Voz de Castilla, Luis Ángel de la Viuda, que vivió el desmantelamiento del diario burgalés y las precarias condiciones en las que hubo de trabajar la exigua Redacción que permaneció en Burgos. Tras dar cuenta de los catastróficos resultados que esta iniciativa cosechó durante cinco años, abordamos las razones esgrimidas por la cadena para finiquitar la “Operación Pisuerga”. El trabajo finaliza con un breve apartado de conclusiones, donde se recogen los principales argumentos expuestos. 2. LA APLASTANTE UNIFORMIDAD DE LA PRENSA Debido al tajante descenso en el número de publicaciones que se produjo con la victoria del bando franquista, desaparecieron casi 200 cabeceras de diarios, subsistieron 54 y surgieron otras 50 (Chuliá, 2001: 64). ¿Qué prensa, además de la del Movimiento, sobrevive en la dictadura? Las empresas periodísticas a quienes las nuevas autoridades permitieron seguir adelante fueron las de Editorial Católica, cuyo principal exponente fue Ya; periódicos católicos de empresas privadas, como Diario Regional (Valladolid); monárquicos como ABC (Madrid y Sevilla), o los carlistas, cuya principal cabecera fue El Pensamiento Navarro (Pamplona). Junto a estas publicaciones reemprendían la marcha una serie de diarios con lealtades políticas menos marcadas, 2/14 aunque todos dentro del campo conservador: La Vanguardia (Barcelona) o El Norte de Castilla (Valladolid). Desde el punto de vista formal, estamos ante una prensa terriblemente uniforme, muy pobre estéticamente, muy aburrida. Unos medios (Martín de la Guardia, 1994: 55) amorfos, anodinos y recurrentes en su manera de enfocar cualquier tipo de información. Mucho tenía que ver con esa pobreza formal la política informativa de férreo control, a través de la censura y las consignas que establecía la Ley Serrano Suñer, que evidentemente provocaban una monotonía y mediocridad aplastantes (Dueñas, 1969: 14). Pero junto a este factor, el escaso atractivo de las cabeceras venía determinado también por la penuria de recursos de todo tipo que se vive en las dos primeras décadas después de la guerra. Así, además de los problemas de escasez de papel con los que tuvieron que lidiar en muchos momentos de la posguerra, los medios estuvieron condicionados por la imposibilidad de renovar sus rotativas. Por lo que a la Prensa del Movimiento se refiere, grupo al que pertenecían los tres diarios que protagonizaron la “Operación Pisuerga”, surgió durante la Guerra Civil como consecuencia de las incautaciones que la Falange realizó de periódicos republicanos, así como de bienes y patrimonio de partidos y agrupaciones que integraban el Frente Popular. Estas incautaciones constituyeron las “rapiñas bélicas”, como las denominará González Calleja (1990: 496), que servirán a la Falange para ir creando un grupo de empresas periodísticas de primera magnitud. Tras el Decreto de Unificación de FET y de las JONS de abril de 1937, pasaron a depender del Estado. No obstante, no sería hasta un año después de acabado el conflicto bélico cuando se cree oficialmente la Prensa del Movimiento, mediante la Ley de 13 de julio de 1940. Sus cabeceras crecieron y pronto formaron un imperio informativo. En los años posteriores a la Guerra Civil, la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda (DNPyP) se había convertido en el mayor editor de publicaciones periódicas de España. En 1944 ya poseía 37 diarios, 8 semanarios y 7 revistas mensuales. Según declaraciones de la propia Prensa del Movimiento, la tirada ascendía a 1.077.000 ejemplares (Nieto, 1973: 93). En cuanto medios dependientes absolutamente del poder, dirigidos desde arriba, en lo que constituía todo un modelo de dirigismo institucional (Zalbidea, 2002: 557), la homogeneidad entre ellos era completa y apenas si había diferencias por muy distantes geográficamente que estuvieran. Al margen de las localidades donde se editaran, lo cierto es que todos ellos respondían a un mismo patrón y podría darse la máxima de que “leído un periódico, leídos todos”. 3. LA VOZ DE CASTILLA, EL ÚLTIMO PERIÓDICO DEL MOVIMIENTO De los tres diarios a los que nos referimos, Libertad (Martín de la Guardia, 1994) fue el pionero. Nació como un semanario combativo de los jonsistas en 1931 y dejó de publicarse el 10 de agosto de 1932. Reapareció de nuevo el 27 de agosto de 1936, convirtiéndose en diario dos años más tarde, unas veces matutino y otras vespertino. El primer número de Imperio data de 29 de octubre de 1936 y el de La Voz de Castilla de 1 de septiembre de 1945, lo que convierte a esta publicación en la última de la Prensa del Movimiento en salir a la calle (Sanz, 2015). La fundó el entonces jefe provincial del Movimiento y gobernador civil, Manuel Yllera, y no pertenecería plenamente a esta red de periódicos hasta noviembre de 1952. Su arranque presentó algunas singularidades, pues aunque su propiedad siempre la ostentó la DNPyP, su explotación corrió a cargo de la FET y de las JONS de Burgos [01]. Esta doble dirección con la que nació el rotativo ocasionó más de un encontronazo entre los responsables de Madrid y Burgos, empeñados ambos en controlarlo ideológicamente. Precisamente, estas luchas por el poder (Sanz, 2016) salpicaron a la Redacción, que se vio envuelta en más de una ocasión en este fuego cruzado. Una característica relevante de los periódicos movimentistas es que no nacieron con una finalidad comercial o lucrativa, sino política, en cuanto su objeto no era obtener beneficios, sino difundir los principios esenciales del Estado. El proyecto de La Voz de Castilla, sin embargo, a pesar de que perseguía estos fines ideológicos, al servicio del régimen, buscaba también rentabilidad económica. Yllera creó La Voz con los recursos de la Falange burgalesa, pero bajo la forma jurídica de Sociedad Anónima [02]. Con esta argucia pretendía que el periódico, que formal y oficialmente formaba parte de la Prensa del Movimiento, funcionara con plena autonomía de la Delegación Nacional de Prensa [03]. 3/14 Estaríamos así ante una nueva singularidad de La Voz de Castilla respecto a la creación de los diarios de la Prensa del Movimiento, puesto que el periódico salió con una clara vocación empresarial. Yllera quería un altavoz ideológico, sí, pero también un negocio. No era esta característica común a los diarios movimentistas, que lejos de proponerse objetivos mercantiles, serán “mitad políticos, mitad culturales” (Iglesias, 1975: 70-71), por lo que tuvieron que sostenerse con subvenciones de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. Sin embargo, “aquí radicó uno de los dramas de esta amplísima red de medios de comunicación” (Martín de la Guardia, 1994: 61), porque con el paso del tiempo tuvieron que competir dentro de las leyes del mercado: “Una cosa eran las grandes declaraciones de principios y otra la necesidad de ordenar racionalmente la complejidad de una estructura económica de este tipo”. Estos diarios mantenían privilegios respecto a los de iniciativa privada: estaban exentos de todo tipo de impuestos y gozaron de un trato preferente a la hora del reparto de los cupos de papel. Además, frente a los privados, que debían esforzarse por dar al capital un interés y que habían de atender a las diferentes amortizaciones, la Prensa del Movimiento “podía permitirse el lujo de despilfarrar el dinero, ya que ni debía pagar impuestos ni atender a amortizaciones, ya que la mayor parte de sus instalaciones y maquinaria era incautada” (Barrera, 1995: 62-63). A pesar de estas prerrogativas, lo cierto es que, salvo excepciones, no supieron aprovecharlas, y en los años cincuenta algunos ya se encontraban en apuros. “Un gigante con pies de barro”, así define Ricardo Martín de la Guardia (2008: 50) el estado económico por el que atravesaba la Prensa del Movimiento en esta década de los cincuenta. Sus problemas financieros, la dificultad de dirigir adecuada y eficazmente desde Madrid tantas cabeceras provinciales, su escasa difusión y la competencia comenzaron a ser preocupantes. En 1956, solo 16 de los 46 periódicos presentaban un balance positivo, y sobre todo Marca. Arriba, el diario nodriza de esta prensa oficial, perdía más de 2,1 millones de pesetas y se manifestaba incapaz de remontar la crisis. Por el número de cabeceras, el Movimiento controló hasta 1958 el 35,7% de los medios, sin embargo, en cuanto a difusión, pasó de representar el 37% de la totalidad de los diarios existentes en 1945 al 11% en 1970. Precisamente, esta década de los setenta marcó un punto de inflexión en esta Prensa del Movimiento, en la que se produjo un empeoramiento económico considerable. Sus pérdidas a comienzos de 1981 ascendían a 10.000 millones de pesetas (Alférez, 1986: 144). En 1978, con motivo de la nueva situación política española, se comienza a pensar qué destino dar a estos periódicos herederos del franquismo y dependientes de la Secretaría General del Movimiento. La cuestión se resolvió con su absorción por parte del Estado y la creación del órgano autónomo Medios de Comunicación Social del Estado (Montabes, 1989: 62). Años después, el Consejo de Ministros de 16 de mayo de 1984 puso fin a las 22 cabeceras que aún seguían abiertas entonces. Fueron privatizadas mediante el sistema de subasta. 4. LA “OPERACIÓN PISUERGA” La Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, única responsable ya en 1953 de La Voz de Castilla, solicitó al entonces director, Fernando Ramos, un informe de la marcha del diario burgalés. Así transmitía Ramos la dura competencia que representaba Diario de Burgos, con 63 años de existencia, y que gozaba de un gran prestigio. Se ha sabido apoyar en los medios eclesiásticos y militares […] afluye al Diario de Burgos de manera espontánea la publicidad […] Al mismo tiempo van a él directamente las noticias. Nuestro equipo de redacción es enormemente más ágil, pero, sin embargo, a veces nos pisan determinadas informaciones locales porque se las brindan a ellos en exclusiva y bajo reserva [04]. No se le escapaba al director tampoco la fuerte resistencia de algunas “personalidades burgalesas” a colaborar con La Voz. “Acaso hay de antiguo un fuerte bloque de oposición al periódico del Movimiento, pero en ninguna otra población he advertido esta gran diferencia en el trato a dos periódicos”, aseveraba. Señalaba que la tirada de 2.600 ejemplares de La Voz de Castilla no había experimentado el avance deseado, 4/14 al igual que la publicidad, porque era de general conocimiento en Burgos que el periódico de la competencia tiraba diariamente 8.000 ejemplares [05]. Consideraba el director que hasta que el periódico no ganara prestigio y difusión, todo aumento de la publicidad debía ser forzado, puesto que “solo de modo extraordinario y por presiones ha podido conseguirse lo que hasta ahora se ha hecho”. A estas alturas, la cadena de Prensa del Movimiento ya era consciente de que se había hecho cargo de una publicación deficitaria, con pérdidas mensuales superiores a las 30.000 pesetas. En un intento de cortar por lo sano esta sangría, junto con la que también experimentaban otros periódicos vecinos como Libertad o Imperio, se decidió acometer una novedosa iniciativa que perseguía ahorrar costes tirando de forma conjunta los tres rotativos castellanos. El acuerdo se tomó el 27 de noviembre de 1953, siendo director de La Voz Francisco Javier Jiménez González y cuando ya Imperio se venía imprimiendo en Libertad desde el mes de junio [06]. Se dio paso así al denominado “Complejo del Pisuerga”, conocido igualmente como “Operación Pisuerga”, mediante el cual el trío de periódicos se imprimiría en el taller de Libertad. Todos utilizarían páginas comunes de nacional, internacional… y solo las de carácter local y provincial serían las propias de cada publicación. Una idea muy avanzada para su época la que puso en práctica el entonces vicesecretario de Secciones de la Delegación Nacional de Prensa, Juan José Pradera –hasta 1952 director de Ya–, pero que resultaría un fiasco a la postre por la falta de medios con la que tuvieron que lidiar los periódicos implicados [07]. Los tres diarios, cuya característica común era que constituían una ruina para la cadena de Prensa del Movimiento, acabaron el ejercicio 1953 incumpliendo los planes de la Gerencia de Provincias. En el caso de La Voz de Castilla las pérdidas reales fueron de 358.538 pesetas, 118.538 más de las previstas. El agujero de Imperio fue de 314.603 pesetas, rebasando las previsiones en 214.603, y Libertad acabó el año con números rojos que alcanzaban las 633.603 pesetas, 273.603 más de los resultados previstos. En la clasificación de las publicaciones de la Gerencia de Provincias, 25 de ellas obtenían beneficios –en los cuatro primeros puestos aparecían las joyas de la cadena: Levante (Valencia), La Nueva España (Oviedo), La Voz de España (San Sebastián) y Alerta (Santander)– y 13 tenían un saldo negativo, entre las que figuraban los diarios castellanos [08]. Comenzaron, pues, los preparativos. Para ello, en una reunión conjunta a la que asistieron el gerente de Publicaciones de provincias, los directores de Libertad, Imperio y La Voz de Castilla, y el gerente especial de la zona de Castilla, se organizó el reparto de cargos administrativos, de Talleres y de Dirección. Una de las principales preocupaciones fue la de mejorar tanto la impresión como la rapidez de tirada de los tres periódicos para que ninguno perdiera los primeros correos y la distribución estuviera asegurada [09]. En el nombramiento de responsables cayó el director de La Voz, que pasó a ser director adjunto en Valladolid, y el gerente, Gregorio Carrero, que quedó a las órdenes del gerente extraordinario para la zona de Castilla. La Voz lanzó su primer número desde los talleres de Valladolid el martes 19 de enero de 1954. Presentaba un nuevo aspecto, en lo que representaba el abandono del tabloide con el que venía saliendo desde junio de 1951 y el paso a formato berlinés para adaptarse al de Libertad. Lógicamente, la impresión de los tres periódicos a un mismo tamaño se traducía en un ahorro de costes. Dos días antes se advertía a los lectores de los cambios que se avecinaban, y entre los que se contemplaban nuevo formato y una mejor impresión y calidad de papel “para llegar a ser el periódico que Burgos merece y debe tener”, si bien se ocultaba que estas novedades se llevarían a cabo desde Valladolid [10]. En Burgos se produjo un desmantelamiento total de La Voz de Castilla, tanto de su Redacción como de sus Talleres. Su maquinaria fue desmontada y distribuida entre las publicaciones de la Prensa del Movimiento. Su inmueble de la calle Santa Cruz quedó absolutamente vacío y con un aspecto lúgubre y de total abandono, asemejándose más a un garaje que a una sede de un periódico, según describe Luis Ángel de la Viuda, uno de los redactores que vivió la “Operación Pisuerga” [11]. 4.1. Un resultado “catastrófico” Los responsables de la Gerencia de Provincias llamaban la atención en 1954 sobre los periódicos insolventes, entre los que se encontraban los tres de la “Operación Pisuerga” [12]. En el mencionado ejercicio, su déficit se 5/14 elevaba a 1.544.567 pesetas, de las cuales 416.452 correspondían a La Voz de Castilla, y las más importantes, de 756.169 pesetas, a Libertad, que era el más hundido con diferencia. Por tanto, el primer año de impresión en los talleres vallisoletanos La Voz empeoró sus resultados, a pesar de los recortes aplicados [13]. La Gerencia llevó a cabo nuevas restricciones que dieron resultado en el siguiente ejercicio 1955, con una disminución de las pérdidas cercana a las 600.000 pesetas -se situaron en 985.157 pesetas [14]-. Este balance fue posible tras la aplicación de nuevos recortes en las tres publicaciones, principalmente en la Redacción, donde se amortizaron plazas de plantilla y se sustituyeron por colaboradores. No obstante, La Voz aumentó sus gastos de Dirección, por cuanto en 1955 contará ya con un director propio [15], Carmelo Martínez. Se redujo también, con carácter general, la partida de Administración, pero en el caso particular de La Voz se originó un aumento en “Comisiones, Agentes y Agencias de Publicidad” a pesar de haber bajado los ingresos publicitarios. Ello es debido a que en el año 1954 eran obtenidas ayudas económicas por parte del jefe provincial de Burgos con carácter de publicidad directa. Este hecho no se ha producido en el año 1955, siendo ello causa no solamente de una disminución de las cifras brutas de publicidad obtenida, sino de un mayor porcentaje de comisiones [16]. El conocimiento de este dato hace pensar que La Voz de Castilla estaba aún peor de lo que reflejaban los informes económicos, pues realmente no solo vivía de las ayudas que desde Madrid llegaban a la Prensa del Movimiento, sino que mantenía el apoyo de la Jefatura Provincial, pese a que ya en el mencionado ejercicio no era la responsable del periódico. No era la única Jefatura Provincial que echaba una mano a sus periódicos. La de Valladolid, ante la disminución de la tirada que se produjo en Libertad, consiguió aumentar las suscripciones, de 1954 a 1955, en nada más y nada menos que 67.703 ejemplares. Es más digna de tenerse en cuenta la baja producida en venta en capital y corresponsales, índice de la poca aceptación de este diario [Libertad]. En contraposición se registra un considerable aumento en el número de suscriptores conseguidos por iniciativa del jefe provincial [17]. En cuanto al notable descenso de tirada de La Voz de Castilla -47.938 ejemplares menosresaltamos que disminuyeron los ingresos por la venta a corresponsales, pese a que subió el precio del ejemplar. Además, y aunque las suscripciones aumentaron en 21.235 ejemplares anuales, lo cierto es que costaba cobrarlas, lo que venía a engrosar el saldo deudor, por haberse conseguido de forma “un tanto forzada” [18]. Imperio había mejorado sus ingresos por publicidad, coincidentes con una leve recuperación de su tirada en 5.936 ejemplares. Se atribuía este progreso al cambio de formato como consecuencia de su impresión en Valladolid. En la inspección que se realiza a los tres diarios en octubre de 1956, y a dos meses de concluir el ejercicio, la comparación entre las pérdidas de los primeros ocho meses de 1955 y los de 1956, arrojaba ya un aumento de 222.049 pesetas. El incremento de los gastos se derivaba fundamentalmente del refuerzo de las materias primas al incorporar los periódicos un mayor número de páginas, lo que redundó en nuevos gastos de mano de obra en Talleres. Además, se acentuó la partida destinada a sufragar los costes de las colaboraciones y de las agencias informativas, así como los gastos de venta integrados “por el aumento de jornales, así como por el mayor número de correos perdidos este año y que han originado considerables gastos en la utilización de coches de alquiler” [19]. Si en el año 1956 el agujero económico de los tres diarios fue de 1.509.688 pesetas [20], al año siguiente prácticamente se duplicó, alcanzando la desorbitada cifra de 2.979.162. Cuatro años después de la puesta en marcha del “Complejo del Pisuerga” nada se había solucionado y la situación se hacía más insostenible. El jefe de la Sección Técnica de Prensa, en carta dirigida al delegado nacional, Jesús Fueyo, calificaba de “catastrófico” el resultado de esta experiencia y proponía que La Voz volviera a imprimirse en Burgos [21], y que Libertad pasara a ser un periódico de mañana, de forma que volviera a componerse junto a Imperio “con la sola modificación de dos páginas”. 4.2. Medios escasos, noticias atrasadas 6/14 La “Operación Pisuerga” no solucionó los problemas de los diarios castellanos. Los insuficientes medios con los que se puso en marcha lo ejemplifica bien la penuria que se vivía en la Redacción burgalesa. Como se ha referido, las páginas de nacional e internacional eran comunes a los tres periódicos y desde Burgos se encargaban de hacer las dos locales y una de deportes. Por la mañana se preparaban aquellas noticias que entraban en hora y se enviaban redactadas a Valladolid por tren. Lo que sucedía a partir de las cinco de la tarde había de contarse a la Redacción vallisoletana mediante conferencia telefónica. El redactor de turno iba tomando nota a golpe de máquina de escribir, así que no era raro que se cometieran errores de toda índole en la trascripción que se hacía no solo de las noticias, sino también de la publicidad. La Voz tuvo que renunciar a publicar más de una información que se producía fuera del horario de cierre. Y eran muchas, pues la edición se adelantaba para que diera tiempo a imprimir los tres periódicos y pudieran ser distribuidos en hora para no perder los correos. Precisamente, el diario burgalés recibió en estos años numerosas quejas de suscriptores. La distribución desde Valladolid resultaba más complicada que hacerla desde Burgos capital, y en algunos casos los interesados, hartos de los retrasos, llegaron a pedir la cancelación. Contamos con numerosos testimonios de lectores de la provincia [22], como el del empresario de Briviesca Domingo González, quien anunciaba su baja por no recibir con puntualidad los ejemplares de La Voz y verse obligado a adquirir Diario de Burgos. Otro señor de Ubierna escribía en diciembre de 1957 que “desde mediados de noviembre y hasta ahora va faltando cuatro días […] si seguimos así tendré que darme de baja antes de lo que quería, porque yo pago para leer las noticias del día”. La empresa Semillas Ebro se da de baja porque el periódico “no llega a las 9 de la mañana” y prefiere comprarlo a esa hora en el quiosco; la Hermandad Sindical de Gumiel de Hizán se quejaba de que el diario faltaba todas las semanas por lo menos una vez y hay semanas que hasta dos veces. “Estamos conformes con La Voz de Castilla –decía–, pero en las condiciones que la recibimos no”. De estas pegas deja constancia Luis Ángel de la Viuda (2010: 239), entonces un jovencísimo aprendiz de periodista en La Voz de Castilla. A ellas también se refería el delegado del Ministerio de Información y Turismo en Burgos, Emilio Villalaín, en sus partes mensuales de prensa, en los que aludía a que debido a que el periódico se confeccionaba en Valladolid, en la información local aparecían errores tipográficos en nombres y apellidos de personas así como noticas atrasadas [23]. Los fallos no acababan de desaparecer, por lo que ya prácticamente al final de la “Operación Pisuerga”, en abril de 1958, enviaron al redactor burgalés Javier Salgado [24] a los talleres de Libertad para ocuparse de la corrección de las páginas de Burgos. 4.3. El final de la aventura vallisoletana Fueron varias las opciones que se barajaron para intentar frenar las galopantes pérdidas provocadas por el “Complejo del Pisuerga”. Antes de decidirse por la alternativa que suponía la vuelta a casa de La Voz de Castilla, hay que reconocer que los directivos de la cadena le echaron imaginación. A propuesta del administrador de Libertad, César de Paz Cadenas, pensaron en cerrar La Voz de Castilla y, a cambio, comprar Diario de Burgos por cinco millones de pesetas, que era la cifra que pedían sus propietarios [25]. La consideraba el administrador una “buena inversión” por su tirada –sobre 10.000 ejemplares en 1957–; por sus ingresos en publicidad, estimados en dos millones; sus beneficios de más de un millón de pesetas anuales, y porque su rotoplana y sus cuatro linotipias se encontraban en buen estado. Desde Madrid no vieron con buenos ojos la operación, por lo que la desecharon alegando que las posibilidades de Tesorería no permitían “desembolsos de esta importancia” [26]. En el informe se añadía además que incluso comprando Diario de Burgos persistirían algunos gastos de La Voz, como por ejemplo “los del personal que allí se encuentra en la actualidad y que no ha habido forma de quitárselo, no obstante no dar rendimiento”. Proponía una solución tajante: Vender, si es posible, el título del diario La Voz de Castilla, ya que únicamente pérdidas ocasiona a la Prensa del Movimiento en todos los tiempos y su tirada de 1.600 a 1.800 ejemplares diarios no justifica razones políticas; y editar en Valladolid, por la noche, el diario Imperio, con una plantilla mínima y hacer el semanario Libertad los lunes. 7/14 Como segunda opción sugerían editar en Valladolid, en jornada de noche, los diarios Imperio y La Voz de Castilla, y convertir a Libertad en semanario para ser publicado los lunes. Desde la Administración del periódico vallisoletano se llegó a plantear que Libertad y La Voz de Castilla pasaran a ser vespertinos editados en Valladolid, mientras que Imperio podría imprimirse en los talleres de la Gaceta Regional de Salamanca, ambos como diarios matutinos [27]. La propuesta se descartó por los problemas de distribución con los que se podría encontrar el periódico burgalés. Si este salía de tarde y se editaba en Valladolid, a los suscriptores –1.030 del total de su tirada que se cuantificaba en 1.600– les llegaría con un día de retraso, “con lo que prácticamente no tendría interés ninguno” [28]. El administrador de La Voz de Castilla, Manuel Margarito, defendía la vuelta a Burgos [29] del diario. Argumentaba que se reducirían sus gastos si se eliminaban los de personal de Valladolid que se venían repercutiendo en La Voz. Si además se instalaba una rotoplana, en lugar de una rotativa, la disminución de pérdidas sería aún más considerable. Finalmente, se apoyaba en el ahorro que supondría dejar de pagar al personal de Talleres horas extraordinarias y la duplicidad de jornada de trabajo; las conferencias telefónicas para mandar información; los gastos de franqueo de paquetes y por portes y acarreo, o los taxis que se utilizaban para transportar desde Valladolid los periódicos cuando la tirada llegaba tarde y se perdía el tren. Otras razones de carácter logístico eran argüidas también por el administrador. En primer lugar, aludía a los continuos retrasos con que las suscripciones llegaban al norte de la provincia, de tal forma que el periódico se había quedado “casi sin lectores”. Y, en la capital, pasaba tres cuartos más de lo mismo. Los antiguos suscriptores se han ido divorciando del periódico progresivamente porque al ir entrando en el secreto de que La Voz de Castilla no se edita en Burgos empezaron a no considerarlo como totalmente suyo. A esto han contribuido, decisivamente, las continuadas mezclas de noticias de Burgos y Valladolid, e incluso de Zamora […] Fallos de información local, nacional y extranjera han terminado por aburrir a más de mil quinientos suscriptores de plaza, que poco a poco se han ido retirando de nuestras páginas para aceptar las del periódico de la competencia Diario de Burgos [30]. Los ingresos publicitarios se resintieron con su estancia en Valladolid. En el estudio que hizo la cadena de la publicidad insertada en 1958 en diarios y revistas de la Prensa del Movimiento, en relación con los dos años anteriores, La Voz ocupaba siempre los puestos de cola. En 1956, cuando la Prensa del Movimiento dedicaba una media del 16,96% de sus páginas a publicidad, La Voz mantenía el puesto 30 de las 42 publicaciones, con un porcentaje del 11,90%. En 1957, el puesto 41 de 50, con un 11,73%, y en 1958, cuando el promedio subió a 19,90%, ocupaba el 40 de 52, con el 12,59% de inserciones publicitarias. El documento señalaba que el promedio que se producía el último año en toda la cadena “quedaba aún muy lejos del 33,33%” que debían alcanzar como mínimo estas publicaciones [31]. En el mes de abril de 1958 comenzaron los preparativos para el regreso de La Voz a su sede burgalesa de la calle Santa Cruz. El diario, que no había publicitado su marcha, cuestión que ya se encargó de airear Diario de Burgos [32], sí informó de los pormenores de su vuelta en primera página [33]. Así pues, La Voz comenzó a imprimirse de nuevo en Burgos, pero no desde el mes de julio de 1958 como se anunciaba, sino que su llegada se retrasó al 24 de septiembre [34]. Después de cinco años de “Operación Pisuerga”, La Voz ya estaba en casa otra vez. 5. DIARIOS RUINOSOS, PERO ÚTILES AL RÉGIMEN A pesar de haberse considerado la propuesta de cierre para La Voz de Castilla después de la fallida “Operación Pisuerga”, la Delegación Nacional de Prensa le concedía una nueva oportunidad. Después de casi 15 años de vida y su manifiesta falta de rentabilidad, el periódico se ponía en pie nuevamente, a sabiendas de la dificultad que entrañaba esta empresa con un Diario de Burgos imparable y con una sociedad burgalesa a quien le costaba comprar y anunciarse en el periódico. No era el único diario, tal y como veremos, con problemas. De esto era consciente la dirección de Prensa del Movimiento, quien además de saberse la “más amplia empresa periodística de España, con 38 diarios, 5 semanarios y servicios de crónicas y colaboraciones”, también conocía 8/14 su realidad: “Muchos periódicos -sobre todo en pequeñas provinciassuponen un sacrificio económico para Prensa del Movimiento, que puede compensar gastos de tales publicaciones con las ganancias de otras de gran tirada” [35]. En 1958 La Voz de Castilla cerraría con un balance negativo de 1.028.535 pesetas [36], que se incrementarían al año siguiente (1.139.202), cuando ya se imprimía en Burgos. En el ranking de los resultados de explotación del ejercicio 1959 en toda la Prensa del Movimiento, La Voz de Castilla y Libertad, en cuyos resultados se incluían los de Imperio, figuraban entre los más deficitarios. De las 51 explotaciones existentes, teniendo en cuenta las provinciales, las de Madrid, así como las revistas, ocupaban los puestos 47 y 50, respectivamente. Los números rojos de Libertad se situaban en 2.237.900 pesetas. Al vallisoletano solo le superaba Arriba, que entonces tenía ya unas pérdidas de 8.662.323 pesetas [37]. Sin ningún tipo de paliativos, el diario vallisoletano era una explotación ruinosa, y las cifras negativas se dispararían aún más si tuviéramos en cuenta que al incluir Imperio en la explotación con Libertad se aminoraban las pérdidas reales de este. (Martín de la Guardia, 1994: 187) En cuanto a la tirada, los números tampoco les sonreían a las publicaciones castellanas, que en los últimos cinco años, de 1955 a 1959, ocupaban prácticamente las últimas posiciones [38]. Libertad pasó de 1.546 a 2.220 ejemplares; Imperio, de 2.744 a 3.504, y La Voz de Castilla, de 1.829 a 1.390. Estos datos confirman lo perjudicial que fue la “Operación Pisuerga”, y en especial para La Voz de Castilla. Lejos de resolver sus problemas económicos, se agravaron con una clara disminución de sus ventas. A los lectores no les pasó desapercibida la merma de calidad de la que venían hablando sus responsables que, como hemos visto, contribuyó a socavar la reputación del periódico. Lo cierto es que La Voz de Castilla hacía agua se mirara por donde se mirase, de forma que desde el momento mismo en que se instaló de nuevo en Burgos la amenaza sobre su cierre estuvo siempre latente. En un análisis que se realiza de la situación económica, financiera y administrativa de la Prensa del Movimiento de enero de 1958 a 31 de agosto de 1960, La Voz de Castilla acumulaba en estos 32 meses pérdidas por valor de 3.019.662 pesetas. De las 34 explotaciones que arrojaban beneficios, las seis primeras y que constituían la base de la cadena eran Marca, Levante, La Voz de España, 7 Fechas, La Nueva España y Alerta. Por el contrario, de las 17 que daban pérdidas destacaban por su importancia Arriba, Libertad, Diario de África, La Voz de Castilla y Jornada. No justifica la plaza de Burgos las pérdidas que provoca, teniendo en cuenta que la tirada de este diario es de 1.349 ejemplares, cifra que como puede comprenderse es ridícula teniendo en cuenta la población de esta provincia, lo que a nuestro juicio supone realmente un desprestigio. Por dicho motivo, creemos que lo acertado sería suprimir este diario […] Se hace preciso a nuestro juicio el estudio de la rentabilidad política de estos diarios, toda vez que el desarrollo económico es tan desastroso, puesto que sus posibilidades son limitadas y de sobra conocidas en el transcurso de los años [39]. Pese a las reiteradas llamadas al cierre de La Voz de Castilla que se realizaban desde los diferentes departamentos económicos de la cadena de Prensa del Movimiento, el diario seguía adelante. Lo mismo sucedía con Libertad. Todavía en esta década de los cincuenta prevalecía el interés político de estas publicaciones. Esto cambiaría a mediados de los años setenta, cuando se puso en marcha la “operación desguace” (Pascual, 1993: 475) de los rotativos movimentistas. La Voz de Castilla fue uno de los primeros en cerrar, el 24 de enero de 1976. Libertad aguantaría hasta el 17 de junio de 1979, e Imperio se fundiría con El Correo de Zamora el 11 de junio de 1963. Bajo esta cabecera cesaría su actividad en 1984, después de que el Consejo de Ministros pusiera fin a la cadena. Salió a subasta junto con las otras 22 cabeceras que por entonces aún seguían abiertas. 6. CONCLUSIONES En la retahíla de traspiés que la Delegación Nacional de Prensa fue acumulando en la gestión de la amplísima 9/14