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Vivencias

Busto Rodríguez, Alicia

Abstract

Desde que empecé a trabajar con las manos de manera consciente decidí que quería usar mi trabajo para, de alguna manera, curar emocionalmente; curarme a mí, y curar a todo aquel que pudiera usar mi proyecto artístico como medicina. Considero que el artista hoy debe estar más cerca que nunca de la sociedad, de las personas, porque hoy somos más conscientes que nunca de los dolores que la gente vive y sufre, debido a la hiperglobalización en la que vivimos. Es por eso por lo que debemos mirar hacia las problemáticas sociales y mostrarlas al mundo. En este momento la traba social que yo, personal y artísticamente, percibo es la cuestión psicológica y emocional, ya que siento que pertenezco a una generación donde esta es una cuestión que golpea a los jóvenes de forma estructural, viéndose la tasa de suicidio duplicada en pocos años por múltiples motivos, y no podemos pasarlo por alto; por esto procuro utilizar mi trabajo como un medio de canalización para dejar salir los traumas, para que estos no se apropien de mí, y a la vez pueda servir de manto para todo aquel que sienta frío en su corazón. Hasta ahora he tratado, a través de diversas disciplinas, de comprender por qué me han tocado los miedos que me acompañan en mi vida, para aprender a convivir con ellos, y darles un aspecto y una forma que me hagan sentir menos vacía; es por eso que he tratado y sigo tratando cuestiones como el fallecimiento de mi padre, en un intento de acabar con un duelo de alguna forma anormal, y con ello rebuscar todos los temores que ese acontecimiento me despertó, como el miedo a la muerte o la cuestión religiosa. También me ha resultado profundamente interesante investigar el imaginario existente en la cultura andaluza entorno al luto, y en especial a cómo lo he vivido en mi hogar desde niña, utilizando en ocasiones elementos del seno materno. En cualquier caso, el objetivo siempre será meramente el del autoconocimiento. Por todo esto, en el siguiente texto académico haremos un breve pero intenso viaje a las entrañas de la, a veces tortuosa y a veces amorosa, relación entre el artista y el dolor emocional.

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VIVENCIAS Alicia Busto Rodríguez Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 5 Título: Vivencias Autoría: Alicia Busto Rodríguez Tutoría: Miguel Pablo Rosado Garcés Trabajo Fin de Grado Universidad de Sevilla Curso 2021-2022 Enfermedad, muerte y locura fueron los ángeles negros que velaron mi cuna y, desde entonces, me han perseguido durante toda mi vida. Edvard Münch A mamá y papá. Gracias siempre. STATEMENT Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 17 Desde que empecé a trabajar con las manos de manera consciente decidí que quería usar mi trabajo para, de alguna manera, curar emocionalmente; curarme a mí, y curar a todo aquel que pudiera usar mi proyecto artístico como medicina. Considero que el artista hoy debe estar más cerca que nunca de la sociedad, de las personas, porque hoy somos más conscientes que nunca de los dolores que la gente vive y sufre, debido a la hiperglobalización en la que vivimos. Es por eso por lo que debemos mirar hacia las problemáticas sociales y mostrarlas al mundo. En este momento la traba social que yo, personal y artísticamente, percibo es la cuestión psicológica y emocional, ya que siento que pertenezco a una generación donde esta es una cuestión que golpea a los jóvenes de forma estructural, viéndose la tasa de suicidio duplicada en pocos años por múltiples motivos, y no podemos pasarlo por alto; por esto procuro utilizar mi trabajo como un medio de canalización para dejar salir los traumas, para que estos no se apropien de mí, y a la vez pueda servir de manto para todo aquel que sienta frío en su corazón. Hasta ahora he tratado, a través de diversas disciplinas, de comprender por qué me han tocado los miedos que me acompañan en mi vida, para aprender a convivir con ellos, y darles un aspecto y una forma que me hagan sentir menos vacía; es por eso que he tratado y sigo tratando cuestiones como el fallecimiento de mi padre, en un intento de acabar con un duelo de alguna forma anormal, y con ello rebuscar todos los temores que ese acontecimiento me despertó, como el miedo a la muerte o la cuestión religiosa. También me ha resultado profundamente interesante investigar el imaginario Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 18 existente en la cultura andaluza entorno al luto, y en especial a cómo lo he vivido en mi hogar desde niña, utilizando en ocasiones elementos del seno materno. En cualquier caso, el objetivo siempre será meramente el del autoconocimiento. Por todo esto, en el siguiente texto académico haremos un breve pero intenso viaje a las entrañas de la, a veces tortuosa y a veces amorosa, relación entre el artista y el dolor emocional. VIVENCIAS Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 21 I Cuando llegué por primera vez, vi aquella enredadera, un payaso haciendo animales con globos y el letrero pulido y dorado que todos los alumnos recordamos con cariño. Mi madre pensaba que no podría sobrevivir sola, y en cierta medida tenía razón. Mi padre tampoco se sentía seguro de la decisión, pero él no criaba cobardes ni vagos, y así me educó, en la dureza de la vida, y en el esfuerzo diario, sin tiempo para flaquezas; un hombre cuyo miedo sólo habitaba en su ceño fruncido, pero nunca en sus firmes manos. Esta es mi historia, como bien podría ser la de cualquiera; la historia de una alumna más, que llegó hace demasiados traumas a la puerta de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, acompañada de una madre tierna y preocupada, y de un padre inaparentemente enfermo. Ojalá todo esto fuera solo una novela, o un ensayo, o un simple borrón en la libreta de algún escritor, pero el temblor de mis manos mientras escribo cada una de estas palabras es un hecho, una realidad, y no me arrepiento de nada. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 22 II Aún recuerdo aquellas figuritas hechas con cáscaras de nueces y plastilina, los recortables que yo misma dibujaba para luego vestir con ropitas de cartón, o los silbatos que papá me hacía con semillas secas de chirimoya. La creatividad siempre estuvo presente durante mi infancia, y es algo que me salvó de las garras del aburrimiento veraniego en múltiples ocasiones, en un barrio donde casi no quedaban niños de mi edad. Muchos artistas empiezan a dibujar desde pequeños, y cuando crecen anhelan seguir siendo niños, y así continúan dibujando y creando, para ser niños felices eternamente. En algún punto del camino mi niña interior quedó sepultada bajo una avalancha de dolores existenciales, y dejé de oírla, y cada día lucho por seguir buscándola entre los escombros, entre los bloqueos y las sequías artísticas, y de vez en cuando consigo vislumbrarla, y juego con ella, aunque sea por un rato, para sentir que aún puedo salvarla. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 23 III Recuerdo que, en algún momento de mi niñez, cuando aún era demasiado pequeña para entender lo que me estaba ocurriendo, sufrí en silencio un ataque de pánico, que no supe gestionar, y aún me sobrecoge el recordarlo. Una noche, mientras me encontraba viendo la televisión con mi familia después de cenar, un pensamiento me atravesó como un rayo, me heló la sangre y me rompió en pedazos la inocencia; fue el momento en el que fui consciente del concepto de eternidad, y de que un día, según me decían los adultos, tendría que enfrentarme a ella, porque la carne no es eterna, pero la consciencia sí. Esa fue la primera vez que deseé que Dios no existiera, para poder apagar mis pensamientos cuando todo hubiera acabado. La sola idea de convivir eternamente conmigo misma me aterró hasta el punto de provocarme un ataque de pánico con escasos ocho años. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 24 IV A lo largo de mi vida he tenido que convivir con diversas etapas depresivas. La primera que recuerdo de manera consciente fue tras la muerte de mi padre. En aquellos dos años de depresión vivía con el sueño, la actividad y la alimentación totalmente alterados, pasando las noches en vela sin ser capaz de conciliar el sueño, porque no podía dormir si no escuchaba ruido en la calle, en la casa, y sabía que había sol fuera, así que dormía de día. Pasaba las noches comiendo de manera enfermiza y sin pausa hasta el dolor, en un intento de callar la necesidad de llorar, gritar y quitarme la vida, y veía series y películas toda la noche, todas las noches, para no oír mis propios pensamientos. Por aquel entonces acababa de entrar en el segundo año de carrera, y era incapaz de ir a clase, vivía de noche, y a veces dormía diez o doce horas, cuando conseguía agotarme física y mentalmente lo suficiente como para caer dormida; o me despertaba a la hora a la que debía entrar a clase, en un intento de querer poner orden y seguir con mi vida, pero casi nunca era capaz, y me quedaba en la cama, lamentando mi inutilidad, a oscuras, y pensando en cómo había llegado hasta ahí. Viví alrededor de un año sin apenas contacto con mi familia; mi madre me llamaba a diario, y yo no era capaz de coger el teléfono y hablar. Era superior a mí fingir que todo estaba bien, pero me parecía aún peor la idea de tener que decirle que necesitaba ayuda, ya que eso implicaba sumar más dolor a toda mi familia, aunque ojalá hubiera sido capaz de pedir auxilio. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 25 Poco a poco, tras dos años aproximadamente, fui retomando la normalidad con mi familia, ellos fueron conscientes de que estaba viviendo una dura depresión, y fui encaminando mis estudios como buenamente pude, hasta ser capaz de volver a hacer una matrícula con diez asignaturas, e ir a clase casi cada día. Me resulta prácticamente imposible conseguir recordar qué ocurrió en todos aquellos meses, más allá de lo descrito, y de uno o dos recuerdos un poco más concretos. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 32 VIII A veces, aunque joda, patologizar puede salvarnos la vida. Durante toda mi vida he bailado entre las emociones más decadentes y excitantes habidas, con las consecuencias que ello conlleva; desde la fuerza más incansable al encontrar proyectos emocionantes que llenaban mi vacío existencial como ser humano, hasta la mayor de las miserias sintiendo que mis demonios me consumían la vida haciéndome desear acabar con el sufrimiento de una puta vez, pasando por sentirme la persona más seductora y divertida del mundo, o quizás un absoluto desecho. Mientras tanto silencio, náuseas, gritos y un deseo continuo por sentirme jodidamente viva a cada segundo, durante 26 largos años. No recuerdo haberme sentido serena jamás, desde que tengo uso de razón. Es que ella es así, es un poquito rara. Incomprensión, aislamiento, desesperación, soledad. Trastorno límite de la personalidad… …o eso me dijo aquel psicólogo. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 33 IX El peor enemigo de la creatividad es la duda. (Plath, 1953:239) Hay personas que dejan de asearse; hay personas que dejan de comer, ode dormir; otras dejan de ver a sus amistades y familia; hay algunas que sufren tanto que se sienten incapaces de desarrollar su trabajo y su vida con normalidad. Cuando llega ese estado, yo dejo de crear. Las luces se apagan, y todo queda a oscuras, en un maldito silencio sepulcral que parece que durará eternamente. A veces piensas desde el fondo de tu bloqueo creativo en hablar, susurrar suavemente para romper ese silencio, pero este puede llegar a ser tan aplastante y abrumador, que la sola idea de abrir la boca te provoca palpitaciones. Pierdes de vista tus objetivos como persona, dejas de acordarte de lo feliz que te hacía, y te sumes en un sopor, porque el ser humano es animal de costumbres, y duele salir de la zona de confort. Y un día decides que está bien así, que quizá te equivocaste al creer que eras especial, y que a lo mejor deberías simplemente sobrevivir, como el resto, y disfrutar de las pequeñas cosas, sin mayor grandilocuencia. Y La Duda te alquila una habitación en tu cabeza, y les cuenta a todos los vecinos que en el fondo eres una inútil, que tu obra no le interesa a nadie, y que mejor deberías dedicarte a otra cosa. Para, cállate. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 34 X Respira, estoy aquí, ¿vale? Todo va a estar bien, tranquila. Tranquila, sé lo que sientes, o quizás no. En cualquier caso, para, y calla la vocecita que te susurra todas las noches que abandones mientras intentas dormir, porque eres mucho más que tus dudas, porque ellas te pertenecen a ti, no tú a ellas. Úsalas, utilízalas a tu favor y no dejes que jueguen en tu contra, porque si dejas que hablen el tiempo suficiente te ensordecerán, y no podrás oírme. Respira, estoy aquí, ¿vale? Todo va a estar bien, tranquila. APORTACIONES ARTÍSTICAS Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 37 En este apartado veremos las aportaciones artísticas de la autora, junto con un breve comentario sobre cada una de ellas, y en su conjunto. Comenzamos con la pieza titulada La Ceguera. En esta obra la autora decide exponer las limitaciones emocionales provocadas a raíz de una infancia religiosa, en este caso cristiana católica, que nos hace crecer como adultos sesgados emocional, política y espiritualmente. De una manera clara y evidente vemos a una mujer cegada por una mitra papal, que no le deja ver la realidad del mundo, y que deformará permanentemente su forma de desenvolverse en la sociedad como individuo. De esta forma la autora desea mostrar la necesidad de crecer sin imposiciones morales, que no éticas, ya que las normas religiosas en muchas ocasiones van en contra de las necesidades y la realidad de nuestro tiempo; de ahí la importancia de tener un entorno que nos fomente el autoconocimiento, el respeto al prójimo y el pensamiento crítico, sin que sea necesario involucrar el factor del miedo a Dios en la ecuación. Esta será la primera obra que dará forma a la voz plástica de la artista, encontrando la comodidad en el realismo policromado, donde dará forma a su realidad propia vista con perspectiva. La autora actualmente se encuentra trabajando en una serie de piezas con este mismo aspecto, que verá pronto la luz. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 38 La Ceguera Resina acrílica 50 x 40 x 30 2019 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 39 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 40 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 48 En la tercera fotografía titulada La vergüenza vemos una tímida mujer esconder sus lágrimas tras un abanico. Desde hace siglos el abanico ha llevado consigo un lenguaje propio, para comunicarse con el enamorado, ideado para el cortejo, para sugerir y responder a nuestro amante. Es en la madurez y la senectud que nos olvidamos de este lenguaje y pasamos a utilizar el abanico de una forma vacía, con otra utilidad mucho más mundana, como puede ser el que vemos en esta ocasión, la de dar intimidad a la viuda que llora por su hombre. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 49 La vergüenza Impresión en acetato sobre caja luminosa 59,4 x 84,1 cm 2019 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 50 Naturaleza muerta Impresión en acetato sobre caja luminosa 59,4 x 84,1 cm 2019 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 51 Por último, en la Naturaleza muerta, vemos un bodegón floral, una especie de hermosa ofrenda de flores que se funden entre sí, y que se arropan unas con otras, en un intento casi fantasmal. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 52 En la última obra que veremos de la autora, La Obligada, hablaremos de feminidad, agresión, poder y su representación pública. En esta pieza, con un carácter mucho más sólido y consistente a nivel plástico que el resto de las obras aquí revisadas, podemos ver en un solo vistazo, de una manera clara y sin rodeos, la experiencia física y psicológica en la que millones de personas se han visto involucradas a lo largo de toda la historia; mujeres cisgénero o no, adultas o no. En la obra se presenta un único cuerpo, que tampoco pretende representar a cada individuo de la sociedad de manera obvia, pero sí de manera subrepticia a través de su mensaje. En representación de las agresiones vividas por mujeres, dentro y fuera de sus cuerpos. Por las invasiones físicas y emocionales, para que cada día tomemos mayor conciencia de su existencia y podamos erradicarlas de manera efectiva, y dejen de ser la norma y normalidad de la vida de miles de millones de personas. Porque todas hemos pasado o pasaremos por una agresión, ya sea de la forma más obvia y trágica, o de la forma más sutil y socialmente aceptada. Para que los cuerpos, femeninos y no femeninos, resurjan desde una perspectiva nueva, históricamente sesgada, la de las artistas. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 53 La Obligada Resina acrílica 58 x 35 x 23 cm 2021 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 54 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 55 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 56 EL ARTISTA Y LA ENFERMEDAD MENTAL Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 65 En el siguiente apartado conoceremos a cuatro artistas y su relación con la enfermedad mental. Haremos un breve recorrido biográfico para cada uno de ellos, e intentaremos comprender su convivencia con sus respectivas dolencias psicológicas. Comenzaremos por el conocidísimo Vincent Van Gogh. Casi cualquiera podría reconocer su pincelada sin conocer necesariamente su obra en profundidad, pues consiguió dar un carácter particular al postimpresionismo que aún hoy seguimos intentando comprender y estudiar. El artista nació en 1853 en Países Bajos, y comenzó su andadura entre lienzos a sus 32 años aproximadamente, creando alrededor de 900 cuadros y 1600 dibujos, en una carrera tan desgraciadamente breve de tan sólo 5 años, hasta el momento de su muerte. El artista consiguió desarrollar una pintura totalmente fuera del marco de los artistas de los Países Bajos, dando una nueva forma y color a la realidad a través de sus obras, bebiendo del impresionismo, estableciéndose, así, como un visionario adelantado a su tiempo, provocándole esto una extrema dificultad para dar salida a sus obras. Figura 2. Autorretrato. (Vincent Van Gogh. 1889) Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 66 Es por muchos conocido el desgraciado final de Vincent Van Gogh, y de la turbulenta y dolorosa vida que llevó, sin embargo, pocos saben de la enfermedad mental que parece ser que padeció, la bipolaridad. Aparentemente podemos identificar que padeció bipolaridad de tipo I si prestamos atención a los brotes de tipo psicótico que sufrió durante su vida, y de las etapas depresivas que sabemos que vivió gracias a las cartas que escribió a su hermano Theo, y que aún hoy se conservan en su mayoría. Estas etapas depresivas y maníacas dejan entrever la posibilidad de que, como ya hemos dicho, debió padecer bipolaridad de tipo I, enfermedad fuertemente marcada por el ciclado anímico entre altos y bajos, con fases altas, llamadas manías, plagadas de brotes psicóticos, alucinaciones y fuerte agresividad en algunas ocasiones. Esta enfermedad provocó en el artista una gran actividad en las etapas de manía, ya que es típico que las personas con bipolaridad aumenten su actividad en estos ciclos, y enfoquen toda su energía ya sea en trabajar, aumentar su vida social, etc., además de disminuir drásticamente sus horas de sueño, ya que se encuentran en una etapa donde no sienten cansancio físico, y se sienten con más poder y energía que nunca. Probablemente este sea uno de los motivos por los que consiguió crear tal cantidad de obras en tan solo cinco años de actividad plástica. Las personas con bipolaridad, en los episodios de depresión, al igual que las personas con depresión unipolar, frenan en seco su actividad, ya sea a nivel laboral, social e incluso personal, provocando en ellos un letargo en su movilidad, su habla y su vida diaria. Estas etapas Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 67 depresivas suelen ser más acentuadas en los bipolares tipo II que en los bipolares tipo I, y tienen episodios de hipomanía, en lugar de manía, por lo que no sufren de estados de psicosis ni alucinaciones, simplemente aumentan su actividad y se sienten más plenos y activos que de costumbre, por lo que dificulta enormemente aun hoy su diagnóstico. Una vez comprendida la enfermedad podemos conocer un poco mejor la vida del artista. En cualquier caso, no debemos pensar que la impresionante calidad de su obra sea gracias a la enfermedad, pues Van Gogh era un gran estudioso de la historia del arte, además de un artista sin ningún miedo a la experimentación plástica, siendo estos los verdaderos motivos de su grandeza como pintor, y no la enfermedad mental que le tocó padecer. Séraphine Louis nace en el seno de una familia profundamente empobrecida en el año 1864, al norte de Francia, en un pequeño pueblo llamado Arsy; quedará huérfana a los seis años, y será rechazada por su hermana, su ya única familia, por lo que acabará con tan sólo siete años trabajando como pastora, hasta ser acogida en el convento de Senlis, a los diez años de edad. Las monjas del convento asistirán a la gestación de una mente perturbada por tan duras vivencias con tan corta edad, estos traumas le provocarán una marcada introversión y un amplio mundo interior. Sin embargo, este Figura 3. Fotografía de Séraphine Louis. (ca. 1920) Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 68 aislamiento también dificultará su inserción en el convento, provocando que no le permitan ser monja. Desde joven sintió un fuerte apego a Dios y su creación, por lo que dedicó su vida a apreciar la naturaleza, y más tarde también a pintarla, algo que le serviría de canal para expresarse sin necesidad de utilizar palabras, y también como consuelo frente una vida profundamente solitaria. Tras veinte años en el convento decide marcharse y buscar una nueva vida fuera de ese lugar, y comienza a trabajar limpiando las casas de la burguesía de Senlis. A los 38 años, tras muchos años sin pintar, pensando que esa infantil etapa había acabado, tuvo una alucinación, y comprendió que debía retomar su obra y dedicarse a representar la naturaleza, obra divina de Dios. No fue esta su primera alucinación, pero sí la que cambió su vida para siempre. Ahí comienza su andadura, limpiando de día y pintando de noche, en pequeñas tablillas al principio, debido a sus pocos recursos. Pronto comenzaría a experimentar con los materiales, utilizando tierras, moliendo plantas y extrayendo su propia sangre para usarlos como pigmentos. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 69 En las pinturas de Séraphine podemos ver continuamente representaciones de la naturaleza, obras llenas de color y formas orgánicas y sensuales, con una pincelada que decidieron los historiadores catalogar como de estilo naïf; no tenía formación artística más allá de la que recibían las niñas de su tiempo, pero ella hizo propia la pintura a través de un carácter duro, sensible y observador, que la ayudó a ver el mundo de una forma diferente. Un día, un conocido marchante de arte de la época, de los más importantes de Europa, encontró uno de sus cuadros en una de las casas que Séraphine limpiaba, y quedó profundamente embaucado por la viveza de sus colores, la vibrante pincelada y la brutalidad con la que esas flores parecían querer hablarle a la cara. Comenzó así la carrera profesional de Séraphine, de mano del marchante Wilhelm Uhde. Uhde comienza a coleccionar las obras de Séraphine, pagándole ocho francos por cada cuadro, pero, tras un año de relación entre marchante y artista, estalló la Primera Guerra Mundial, separándoles irremediablemente, y frenando en seco toda posibilidad de continuar con su carrera, naturalmente. Sin embargo, no se rendirá, y seguirá pintando, aún con mayor pasión, realizando sus mejores obras, para Figura 4. Racimos y hojas rosadas. (Séraphine Louis. 1929) Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 70 poder retomar el trabajo con Uhde una vez acabada la guerra, trabajo que se verá de nuevo frenado por culpa esta vez del crack financiero de 1929, mientras intentaban preparar su primera exposición individual como artista. Esta situación de desesperación para la sociedad no ayuda a la salud mental de Séraphine, que comenzará a dejarse llevar por sus psicosis y paranoia, provocando un fuerte escándalo público, el cual le lleva directa al centro psiquiátrico. Sufre psicosis crónica con delirios de grandeza. Es pintora. Los delirios han aumentado. Escándalo nocturno. Tez pálida. Admitir. (Hoja de admisión Hospital mental de Erquery. c. 1930) Y allí fue donde finalmente murió, a los 78 años de edad, empobrecida y psicótica, y sin haber podido dar debidamente a conocer su arte al mundo. De esta dura biografía podemos comprender la fuerte voluntad del artista frente a las vicisitudes de la vida, y de las consecuencias que el trauma puede traer a la mente de quien lo sufre. Fue muy diferente la experiencia de Yayoi Kusama respecto al encierro psiquiátrico, si la comparamos con la de Séraphine. Todos los artistas que son sinceros son psicológicamente conflictivos. Si uno piensa en Munch y Van Gogh, por ejemplo, está clarísimo. Yo no soy una excepción. Ese tipo de artistas, entre los que me incluyo, padecen por la creación artística y sufren tanto psicológica como económicamente. (Kusama, 2013) Yayoi Kusama, para muestra un botón, ¿o un lunar? Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 71 La viva representación de las consecuencias vitales del trauma en la infancia. Kusama tuvo que ser espectadora de la pasarela de amantes de su padre, para mantener a su madre informada de cómo su marido mantenía relaciones sexuales con otras mujeres, a la vez que crecía en el duro entorno de la segunda guerra mundial. Desde niña desarrolló un trastorno obsesivo compulsivo, que además de hacerla sufrir la ha hecho ser la artista que todos conocemos. La eterna repetición como patrón diario, algo psicológicamente inevitable debido a su trastorno, se convirtió en su seña de identidad, y la convirtió en uno de los mayores iconos del arte pop. Durante quince años vivirá inmersa en la contracultura neoyorquina, deseando encajar y ser acogida por la masa de artistas y consumidores de cultura de la época; también será ingresada en repetidas ocasiones por el agotamiento físico y mental provocado por el sobreesfuerzo diario. Una mujer racializada, en una ciudad en pleno auge capitalista, pero con muchas intolerancias aún por resolver, en una ciudad aún dominada por los artistas masculinos. Nueva York la masticó durante Figura 5. Autorretrato. (Yayoi Kusama, 2010) Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 72 largo tiempo, el suficiente para que otros artistas pudieran explotar su forma de ver el arte, hasta que decidió escupirla, por ser alguien que no encajaba. Conocía a Warhol, muchas veces quedábamos para discutir sobre arte, aunque no compartía su visión ni su conducta. Terminó copiando mis ideas, y se hizo famoso por la repetición y la acumulación Muchos otros artistas intentaron ayudarla a vivir únicamente de su arte, pero no fue suficiente, a pesar de ser una cara lo suficientemente conocida en el panorama artístico de la época. Un día estaba mirando el estampado de flores rojas de un mantel. Y, de repente, lo vi también cuando miré al techo, cubría las ventanas, todo el cuarto. Hasta a mí misma. Me asusté, sentí que comenzaba a autodestruirme. La artista decide volver a Tokio en 1973, casi huyendo de una ciudad que no supo valorarla a pesar de sus esfuerzos y su talento, y que sólo pudo masticarla y exprimirle todo lo que llevaba dentro. No era la primera vez que Kusama sufría una alucinación, pero esta vez la haría ingresar voluntariamente en el centro psiquiátrico de Seiwa, con una Figura 6. Fotografía de Yayoi Kusama. (2013( Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 73 fuerte depresión, y sintiendo que su trastorno la estaba desquiciando. Casi cincuenta años después allí sigue, disfrutando de la introspección favorecida por la reclusión voluntaria entre su taller y el centro psiquiátrico, con la sola necesidad de crear de manera sincera, desde el corazón y el fondo de su propia cabeza, ahora con una carrera boyante, desde que el 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia, y el mundo pudo ver su arte ahora con una mirada nueva. Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 80 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 81 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 82 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 83 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 84 Alicia Busto Rodríguez VIVENCIAS 87 BIBLIOGRAFÍA -PLATH, Sylvia. Diarios completos. Barcelona: Alba Editorial, 2000 -CLANCE, Pauline Rose; Suzanne Ament IMES, 1978. “The impostor phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention” Psycotherapy: Theory, research and practice, nº 15 #3 pp. 241-247 -FÖLDÉNYI, László. Melancolía. Barcelona: Galaxia Gútemberg, 2008 (Orig. 1984) -BERGLER, Edmund. The writer and psychoanalysis. Editorial Doubleday, 1950