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Regionalización pluviométrica de Andalucía: análisis de su red de observación para la gestión medioambiental

Aguilar Alba, Mónica

Abstract

Son escasas las investigaciones dedicadas a las clasificaciones y las regionalizaciones climáticas de Andalucía, pues aunque existen muchos trabajos que analizan el comportamiento pluviométrico de la región, pocos abordan la dimensión espacial. Las clasificaciones climáticas han demostrado ser un instrumento eficaz para la comprensión de las complejas variaciones del clima, al aportar un esquema de síntesis cuyo objetivo principal es identificar regiones con patrones de comportamiento similar. En esta investigación hemos llevado a cabo dos propuestas de regionalización pluviométrica de Andalucía, identificando zonas homogéneas de variabilidad y caracterizando cada una de ella, lo que nos ha permitido conocer la diversidad de regímenes existentes en la región, adentrarnos en la comprensión de su comportamiento y en los factores explicativos que los determinan. En Andalucía la red de observación pluviométrica histórica está experimentando un deterioro progresivo desde los años setenta y que continúa en la actualidad. Esto supone una grave pérdida de información, especialmente en el caso de estaciones con series históricas o en emplazamientos de especial relevancia, como las zonas aéreas o de montañas, con escaso número de observatorios. Esta situación hace que cada vez sean más frecuentes las llamadas a crear nuevos sistemas de observación, específicamente diseñados y gestionados para la vigilancia del clima que garanticen un mínimo de calidad o bien a la consolidar una red de referencia formada por estaciones espacialmente representativas, seleccionadas entre las que ya existen, objetivos que se pueden alcanzar llevando a cabo regionalizaciones climáticas. Por esta razón, otro objetivo de nuestra tesis ha sido analizar el banco de información pluviométrica histórica y actual de Andalucía, a fin de evaluar su representatividad, la información que aportan estas redes y su capacidad para satisfacer los requisitos de vigilancia del clima. Únicamente así, podremos avanzar en la evaluación de los futuros impactos de los cambios del clima en nuestra región, garantizada por una red básica de observación de referencia óptima que permita cumplir los objetivos regionales del Programa de Adaptación al Cambio Climático. El uso de regionalizaciones climáticas aplicadas a la gestión medioambiental, basadas en trabajos científicos, sigue siendo todavía muy escaso. De ahí que la identificación de las características climáticas específicas por subregiones, pueda proporcionar una nueva base de información dirigida a la formulación de políticas para la gestión del agua o para la planificación socioeconómica en sectores directamente influenciados por el clima, como la agricultura, la energía, el turismo, etc.

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REGIONALIZACIÓN PLUVIOMÉTRICA DE ANDALUCÍA. ANÁLISIS DE SU RED DE OBSER VACIÓN PARA LA GESTIÓN MEDIOAMBIENTAL Doctoranda : Mónic a Aguilar Al ba Direct o ra: Mª Fernanda Pit a López Departamento de Geog rafía Física y Análisis Geog ráfic o Regional. Facultad de Geografía e Hi s toria Sevilla 2015 A mi padre, Marina y Silvio que iluminaron mi vida INDICE Agradecimientos Resumen ...................................................................................................................................... 1 Abstract ....................................................................................................................................... 3 CHA P TE R 1 ................................................................................................................ 5 1. Introdu ction ................................................................................................................................ ............ 6 2. Objectives ................................ ............................................................................................................... 8 3. Structure of th e thesis and fund amental content b y chapter ............................................................. 10 CAP ÍTU L O 1 . IN TROD U CC IÓN ……… …… ……… …… ……. . ……………………… ………………………… .. 15 1.1. Introd ucción, objetivos y estructura d e la tesis .......................................................................... 16 1.2. Importancia del estu dio de la precipitación e n Andalucía .......................................................... 16 1.3. Contexto científico e inter és para la gestión am biental .............................................................. 19 1.4. Objetiv o s y estr uctura d e la tesis .............................................................................................. 24 1.4.1. Ob jetivos .............................................................................................................. 25 1.4.2. E structura de la tesis ............................................................................................. 26 PRIMERA PARTE . ZO NA DE ESTUDIO Y FU ENTES DE INFORMA CIÓN CAP ÍTU L O 2 . Z ON A D E ES TUD IO Y FU EN TES D E INF OR MAC I ÓN ……… …… …… …. ……… .. 35 2.1. Marco geo gráfico 2.2 . Caracter ísticas pluviomé tricas gener ales ................................................................ ...................... 38 2.3 . Elección de los datos d e prec ipitación para la investigación .......................................................... 41 2.4 . Fuentes de informac ión pluviométrica .......................................................................................... 42 2.4.1. Agencia Estatal de M eteorología ............................................................................................ 43 2.4.2. Servicio Na cional de Informaçâo d e Recursos Hídricos d e Portuga L ................................ ....... 45 2.4.3. Otras fuentes ........................................................................................................................... 45 2.5 . Tratamiento inicial de la información y b ases de dato s disponibles .............................................. 45 2.5.1. De puración d el banco d e datos de la AEME T y SNIRH ............................................................ 48 2.5.2. La base de datos MOPREDA S .................................................................................................. 51 2.5.3. Base d e datos para la regionalización pluviométrica .............................................................. 51 2.6. OTRAS fuent es de inform ación y p rogramas informáticos ................................................................ . 52 SEGUNDA PAR TE . M ARCO TEÓRICO Y ESTADO DE LA CUESTIÓN CA P ÍTU LO 3 .CL AS IF IC ACI ON ES CL IM ÁT IC AS Y R EGI ON AL IZ AC IÓN …… ……… …… …… ……… 61 3.1.Introduc ción. Dificultad de p recisar los co nceptos de clasificación y regional ización ..................... 62 3.2.Clasificacion es y regionalizac iones en Climatolog ía. Breve aproximac ión histórica. ....................... 66 3.2.1.Los orígene s de las grand es clasificaciones mun diales (s. XIX - 1945) ........................................... 67 3.2.2.La revolución cuantitativ a en la climatología geo gráfica (1945 -1970) ......................................... 70 3.2.2.1. Con sideraciones gene rales en el seno d e la geografía física ............................................... 74 3.2.2.2. Una etapa difícil para la climatología geográfi ca ................................................................ . 77 3.2.3.Desde lo s años 70 hasta la actualidad ................................ .......................................................... 81 3.2.3.1. La preocupación medioambienta l en climatol ogía .............................................................. 82 3.2.3.2. El presente de la s clasificacione s y regionalizacio nes climáticas ........................................ 84 3.3.¿Es lo mismo c lasificar que r egionalizar? ....................................................................................... 89 3.3.1.Dimen sión geográfica d e estos concepto s ................................................................................... 91 3.3.2.Fundamento s básicos d e las clasificacione s climáticas ................................................................ 96 3.3.2.1. Singularidad de los sistemas de c lasificación ..................................................................... 99 3.3.3.Una mirad a desde otras d isciplinas ............................................................................................ 102 3.3.4.Concepto y utilización actual de estos t érminos ................................................................ ........ 10 7 3.3.5.Regionalización y climato logía regional ...................................................................................... 1 11 3.4.Consideraciones geo gráficas sob re las regionalizacione s climáticas ............................................. 11 4 3.4.1.La escala d e trabajo ................................................................................................ .................... 11 4 3.4.2.Cartogra fía y representa ción espacial ................................ ........................................................ 1 20 3.4.3.El prob lema de las front eras espaciales ..................................................................................... 1 23 3.4.4.Importancia d e las redes de medición climática ........................................................................ 12 5 3.4.5.Regionalizar e s, a pesar de su aparente objetividad , un pro ceso subjetivo ............................... 12 7 3.5. Conclusiones sob re las regionaliz aciones c limáticas. .................................................................... 1 30 CA P ÍTU LO 4 . M ÉTO DOS D E R EG IO NAL IZ AC IÓN DE LA P RE CIP IT ACI ÓN ……… …… …… …. . 14 1 4.1. Introd ucción a los m étodos de regionalización en climatología .................................................. 142 4.1.1.Técnicas multivarian tes ........................................................................................................ 144 4.1.1.1.Análisis de conglomerados ............................................................................................... 149 4.1.1.2.El Análisis de Compon entes Principales ................................................................ ........... 153 4.1.1.3.Regionalización en mú ltiples pasos ................................ .................................................. 158 4.1.2.Consideracion es sobre las técnicas de r egionalización de la precipitación ............................... 161 4.1.3.Nuevas aproxima ciones ............................................................................................................. 164 4.1.3.1.Análisis de conglomerados temporal ................................................................ ............... 164 4.1.3.2.Análisis de componentes prin cipales y con glomerados espaciales .................................. 166 4.1.3.3.Inteligencia artificial y aprend izaje de máqui nas .............................................................. 167 4.2. Estado d e la cuestión so bre los e studios de r egionalización en España ................................ ....... 170 4.2.1.Regionalizaciones p luviométricas objetiva s ........................................................................... 174 4.2.2.Regionalizaciones p luviométricas de Andalucía ........................................................................ 177 4.2.2.1.Aportaciones realizadas p or organismos pú blicos ........................................................... 177 4.2.2.2.Re gionalizacio nes en el ámbito a cadémico ...................................................................... 180 4.3. Consideracion es finales ............................................................................................................... 187 TERCERA PARTE. ME TODOLÓGÍA CAPÍTULO 5 . RESENTACIÓN METODOLÓG ICA GENERAL ......................................... 201 5.1. Introdu cción ................................................................................................................................ 202 5.2. Líneas meto dológicas de la investigación .................................................................................... 204 5.2.1.El análisis de la red d e observación pluvio métrica .................................................................... 205 5.2.1.1.Análisis histórico ............................................................................................................... 206 5.2.1.2.Las redes de observación meteorológi ca actuales ........................................................... 208 5.2.2.Regionalización plu viométrica de Andalucía ............................................................................. 210 5.3. Aplicación pr áctica de la investigación a la gest ión ambiental ..................................................... 211 5.3.1.Evaluación d e la red activa según la ca lidad de las s eries .......................................................... 212 5.3.2.Representatividad de la red actu al según los criterio s de la OMM ................................ ............ 213 5.4. Esquema gener al de nuestra investigación .................................................................................. 215 CA P ÍTU LO 6 . EL EC C IÓN MET ODO LÓ GI C A ................................ ................................ 217 6.1 . Introd ucción y justificación meto dológi ca . ………………… …………………… ………………… …………….. ....... 2 19 6.1.1.Análisis de conglom erados versus an álisis de comp onentes principa les .................................. 220 6.1.2.Ventajas del análisi s de conglomerados ................................ .................................................... 222 6.1.3.Limitaciones del an álisis de con glomerados ................................ .............................................. 224 6.2 . Consideracion es sobr e los datos d e entrada y su tr atamiento ……………………… ……………………… ….. 226 6.2.1. Consideraciones g enerales………………… …………… ………………………… ……………… … ………..……… …….227 6.2.1 .1 .Autocorrelació n espacial ................................................................................................ .. 228 6.2.1.2.Escala y órdenes de magn itud de las medici ones ............................................................. 229 6.2.1.3..Estructu ra temporal de las seri es ................................................................ .................... 230 6.2.1.4.Normalidad de los datos y funciones de di stribución d e las variables ............................. 232 6.2.1.5.Valores atípico s y ausentes ................................ ............................................................... 233 6.2.2.Los datos de p recipitación mensual en n uestra inv estigación ................................................... 233 6.3. El análisis d e conglomer ados ……………………… …………………………… ………………… …………… ……………….2 35 6.3.1.Elección del tipo d e análisis de cong lomerados ................................................................ ......... 235 6.3.2.Análisis exploratorio metodológico ........................................................................................... 251 6.3.2.1.Análisis exploratorio sobre el efecto de los d atos de entra da ......................................... 252 6.3.2.2.Análisis exploratorio metodológico sobre el clúster jerárquico ....................................... 254 6.4. Elección d e la metodo lógica fi nal ……… ………………… ………………………… ………………… ………………… …… 2 56 CUARTA PARTE. RESULTADOS CA P ÍTU LO 7 . L AS R ED ES DE OB SE RVA CI ÓN PL UV IOM É TRI CA EN A N DAL UC ÍA ............ 267 7.1. Introdu cción ................................................................................................................................ 268 7.2. Estudio h istórico de la r ed estatal y su configuración .................................................................. 269 7.2.1.El marco histórico ge neral y las primeras m ediciones climática s .............................................. 270 7.2.2.Evolución de la r ed de observación en An dalucía ................................................................ ...... 274 7.2.2.1.Prime ra etapa. L os inicios de la ob servación meteorológica (1800 -1910) ....................... 278 7.2.2.2.Se gunda etapa. La creación d e la red de observación (19 11 -1950 ) ................................ . 286 7.2.2.3.T ercera Eta pa. La expan sión y consolidación (1951- 1960) ............................................... 292 7.2.2.4.Cuarta etapa. El esplendor (1961 -1985) ........................................................................... 298 7.2.2.5.Quinta etapa. Crisis y aparición de nuevas re des (1985 -2012) ........................................ 302 7.3. Las redes ac tuales de ob servación pluviométr ica en Andalucía ................................................... 311 7.3.1.Introdu cción: el subsistema CLIMA ............................................................................................ 312 7.3.2. Las redes de la Agen cia Estatal d e Meteorología ...................................................................... 319 7.3.2.1.Red de Estacio nes Meteorológica s Automáticas (E MA) ................................................... 320 7.3.2.2.Re d de Estacio nes Principa les ........................................................................................... 321 7.3.2.3.Re d de Estacio nes Secund arias ......................................................................................... 322 7.3.3. Administración Auto nómica. Rede s de la Junta de Andalucía .................................................. 323 7.3.3.1 . Consejería de Medio Ambi ente ....................................................................................... 323 7.3.3.2. Consejería de Agricultu ra y Pesca .................................................................................... 329 7.3.4. Las Confederacion es Hid rográficas: el Sistema Au tomático de I nforma ción Hidrológica. …….. 33 3 7.3.5. Universidades y Centros de Investigación ................................................................................. 337 7.3.6.Otros observatorios. Redes privadas ......................................................................................... 344 7.4. Conclusiones ................................................................ ................................................................ 348 CAPITULO8. RESULTADOS DEL ANÁLISIS EXPLORATORIO METODOLÓGIC O ............ 359 8.1. Resultados d el análisis explorato rio para la e lección metodológica 8.1.1.Análisis explorato rio sobre el efecto de los d atos de entra da ................................................... 362 8.1.1 .1 .Valoración del periodo de estudio y número de estaciones ............................................ 363 8.1.1 .2 .Efe cto de la e stacionalid ad de las series de pr ecipitación ................................................ 369 8.1.1. 3. Inclusión de nu evas variables ........................................................................................... 372 8.1.1.4.Valoración de las pruebas ................................................................................................ . 376 8.1.2.Análisis exploratorio metodológico sobre el c luster jerárqu ico ................................................ 377 8.1.2.1.Dif erentes d istancias de similitud entre elem entos ......................................................... 37 9 8.1.2.2.Dif erentes tip os de algoritmos de a grupamie nto ............................................................. 388 8.1.2.3.Análisis de componentes prin cipales y cluster ................................................................ . 398 8.2 .Selección m etodológica final ........................................................................................................ 401 8.2.1.Presentación general ................................................................................................................. 402 8.2.2.Caracterización de la s zonas ...................................................................................................... 406 8.3.Comparació n con otras re gionalizaciones ................................ .......................................................... 417 CAPITULO 9. REPRESENTATIVIDAD DE LA RED DE MEDICIÓN ACTUAL SEGÚN LA PROPUESTAS DE REGIONALIZACIÓN PLUVIOMÉ TRICA PARA ANDALUCÍA .............. 423 9.1. La repre sentatividad de las red es de med ición climática ............................................................ 424 9.1.1.¿Qué entendemos p or representatividad de la red d e estaciones? .......................................... 425 9.1.2.Importancia d e la representatividad d e la red en los estudios cli máticos ................................ . 428 9.2. Represen tatividad de la red pluviométrica d e Andalucía según la OMM .................................... 429 9.3. Evaluación de la red activa según la cal idad de ser ies de pre cipitación ....................................... 433 9.3.1.Estado actu al el número de lagunas d e las series pl uviométricas ............................................. 436 9.3.2.Estado actu al según la longitud ................................ ................................................................ . 437 9.3.3.Estado actu al según el número de lagun as y la longitud ........................................................... 440 9.4. Regionalización , represen tatividad y estado actu al de la red p luviométrica ............................... 446 9.5. Hacia una o ptimización de la r ed de obser vación pluviométrica ................................................. 451 9.6. Reconoc imiento de las redes d e medición en el co ntexto de cam bio climático ........................... 455 QUINTA PARTE. CON CLUSIONES Y PERSPECTIVAS FUTURAS CAPITULO 10. ...................................................................................................... 461 10 .1. Conclusiones ................................................................ ............................................................. 463 10 .2. Perspec tivas futuras luvio métrica de Andalucía según la OMM ................................................. 474 CAPITULO 11.BIBLIOGRAFÍA ................................................................................. 477 CAPITULO 1… ..................................................................................................................................... 478 CAPITULO 2 … ..................................................................................................................................... 480 CAPÍTULO 3 ........................................................................................................................................ 485 CAPÍTULO 4 ........................................................................................................................................ 493 CAPÍTULO 5 ........................................................................................................................................ 503 CAPÍTULO 6 ........................................................................................................................................ 504 CAPÍTULO 7 ........................................................................................................................................ 509 CAPÍTULO 8 ........................................................................................................................................ 516 CAPÍTULO 9 ........................................................................................................................................ 518 CAPÍTULO 10 ...................................................................................................................................... 520 ANEXOS ANEXO 1. Resultad os completos d el análisis explorator io sobre los d atos de entrad a ANEXO 2. Resultad os completos d el análisis explorator io sobre la elecc ión metodológica ANEXO 3. Códigos en lenguaje R e mpleados en los cálculos de los análisis ANEXO 4. Resum en estadístic o de la re gionali zación en c inco zonas ANEXO 5. Descripc ión estadística d e la regionalización en nueve zon as ANEXO 6. Resum en estadístic o de la re gionali zación en n ueve zonas ANEXO 7. Aplicac iones y casos p rácticos sob re region alizaciones y r edes de r eferencia climáticas vii ÍNDICE DE TA BLAS CAPÍTULO 2 Tabla 1.2. Estaciones de la base de datos para la regionalización pluviomét rica. ......... 51 CAPÍTULO 3 Tabla 1.3. Result ado de las bú squedas en G oogle Acad ém ico d e estudios climá ticos encontrados a partir de los térmi co s regionali zación y clasificación. ....................................... 109 Tabla 2.3. Corr espondencia entre l as escalas geográfic as y climáticas .................................... 118 Tabla 3.3. Siste ma de clasificación j erárquica de ecosis te mas, a dif erentes escalas espaciales … … …………… …… …………… … …………… … ……… ……………………………… … ……… ....... .............. 119 CAPÍTULO 4 Tabla 1.4. Alg unos ejemplos de regi o naliz aciones re alizadas mediant e análisis clu ster según sus ................................................................ ................................................................................... 152 Tabla 2.4. Alg unos ejemplos de regi o naliz aciones re alizadas mediant e ACP/Cluste r según sus objetivos pub licados a part ir del año 2000. ................................ .............................................. 160 Tabla 3.4. Comparaci ón métodos de clasificación estad ístico s y de aprendiz aje de máquinas 1 68 Tabla 4.4.Princip ales aportaciones a las regionalizaci ones en España ..................................... 176 CAPÍTULO 6 Tabla 1.6. Consid eraciones sobre l o s datos de entrada en los proc es os de regional ización. .. 227 CAPÍTULO 7 Tabla 1.7. Nú m ero d e observatorios medio y total al fin al de cada etapa ............................... 277 Tabla 2.7. Esta cio ne s de los centros territ o riales de An dalucía. ................................ ............... 290 Tabla 3.7. Nú m ero d e estac iones pluviométricas p or décadas desd e 19 40. ............................ 295 Tabla 4.7. Princip ales red es de observación meteorológica in te gradas en el CLIMA. .............. 316 Tabla 5.7. Esta cio ne s automática s de la AEMET (acti vas en 2013) por pro vincias. .................. 320 Tabla 6.7. Esta cio ne s princi pales de la AEMET (acti vas en 2013) p or provincias. .................... 32 1 Tabla 7.7. Esta cio ne s secundari as de la AEMET (activa s en 2013) por pr ov incia s. .................. 322 Tabla 8. 8. Es taciones de la red SI VA (activas en 2013) por provincias. ................................... 325 Tabla 9.7. Esta cio ne s de la red EARM (activas en 2013) por provincias. .................................. 328 Tabla 10.7. Estaci ones de la red RIA (a ctivas en 2013) p or provincias. .................................... 330 Tabla 11.7. Estaci ones de la red RAIF ( activ as e n 2013) por provincias. .................................. 333 Tabla 12.7. Estaci ones meteorológica s automáticas de l CSIC en Doñana. ............................... 3 39 Tabla 13.7. Estaci ones del Instituto de Agricu ltura Sost enible (CSIC) ...................................... 3 40 Tabla 14.7. Variabl es que miden las e stacion es de la Direcci ón General d e Tráfico. ............... 345 viii CAPÍTULO 8 Tabla 1.8. Interp retaci ó n d e los val o res del ín dice medio de Jaccard segú n Henni ng ............. 361 Tabla 2.8. Pr o cedimi ento del análisis clus te r emplead o en las pruebas 1 y 2. ......................... 364 Tabla 3.8.Zonas plu viométricas id entificadas en las pru ebas 1 y 2. ......................................... 369 Tabla 4.8. Pr o cedimi ento del análisis clús te r empl eado en la pru eba 3. .................................. 370 Tabla 5.8. Pr o cedimi ento del análisis clús te r empl eada en la prueba 4. .................................. 373 Tabla 6.8. Esta cio ne s y fue nte de infor mación de los análi sis. ................................................. 378 Tabla 7.8. Pr o cedimi ento del análisis clús te r empl eada en la prueba 5a. ................................ 380 Tabla 8.8. Pr o cedimi ento del análisis clus te r empl eada en la prueba 7. .................................. 388 Tabla 9.8. Pr o cedimi ento del análisis cluster empleada en la prueba 8. ................................ .. 391 Tabla 10.8. Pr ocedimiento del anál isis cluster emple ada en la prueba 9. ................................ 394 Tabla 11.8. Val o res de l os diez primeros c omp o nentes principales. ........................................ 3 99 CAPÍTULO 9 Figura 1.9. C o nexión en tre temáticas y pr o cesos c li m áticos. ................................................... 427 Figura 2.9. Unidad es fisiográficas de An dalucía. ....................................................................... 431 Figura 3.9.Unid ades fisiográficas segú n la densidad plu v iométrica d e la O MM. ..................... 432 Figura 4.9. D ensidad de estaciones óptimas pluviométricas según la OMM. .......................... 433 Figura 5.9. Es taciones pluviométrica s activas en An dalucía (hasta 20 1 2). ............................... 435 Figura 6.9. Clasific ación de las esta cio ne s activas según e l porcentaj e de lagunas. ................. 437 Figura 7.9. Clasific ación de las esta cio ne s según la lo ng itud de sus series. .............................. 4 39 Figura 8.9. Clasific ación de las esta cio ne s actuales seg ún su calidad. ...................................... 440 Figura 9.9. Clasific ación de las esta cio ne s según l os tres criterios d e repr ese nta tividad ......... 444 Figura 10.9. Regionaliz ación pluviométrica en cinco regiones y densidad de la OMM. ........... 448 Figura 11.9. Regionaliz ación pluviométrica en nueve regiones y densidad d e la OMM. ......... 449 Figura 12.9. Estaciones acti vas de mejor calidad en la propuesta de regi o nalizaci ón en 5 zonas. ................................................................ ................................................................................... 450 Figura 13.9. Estaciones acti vas de mejor calidad en la propuesta de regi o nalizaci ón en 9 zonas. ................................................................ ................................................................................... 451 Figura 14.9. Cobertura espa cial de las estacion es pluviométrica s de la base de dat os MOPREDAS, segú n los cri terios de densidad de la OMM. ........................................................ 453 Figura 15.9. Estaciones de l a red SAIH, RIA, RAI F y A EMET (m eno s de u n 10 % de lagun as) .... 454 AGRADECIMIEN TO S Soy af ortunada de p o der trabajar en el Depar tamento de G eo grafía de la Universidad d e Sevilla, instituci ó n pública en la que creo y donde ha transcurrid o mi v ida laboral permitiéndo m e disfrutar de un sinfín de recompensas personales. Debo agradecer esta suerte a la confianza que la profesora María Fernanda P ita López depositó en mi cuando finalicé mis estudios y comenz ó mi vida acadé mica. Seguramente, sin ella, mi vida hubiese sido mu y distinta, algo por lo que siempre le estaré eternamente agrade cida. Aprendí est e o ficio, el buen hacer y casi todo l o qu e sé de cli matología de la mano de una gran profesi onal. A Daniel por haber creído desde el principi o en este proyecto además de hacer posible el del resto de mi v ida. Este trabajo jamás habría visto la luz sin “m i equipo de salvamento”, lo m ás hermoso de todo este proceso: mi madre, Daniel, el tito Horacio, la tita Raquel, Esperanza, Noela, tito Javi y María. Con una g enerosidad, entrega y abnegación a los que difícilmente podrían hacer justicia estos humilde s agradecimientos. El azar hizo que la primera casa que pisé al nacer fuera la de Catedrática de Economía Aplicada en la Unidad Docente e Investigad o ra de Estadí stica de la Universidad Autóno ma de Madrid, Pilar Martín-Gu zmán Conejo, a la que quiero agradecer su ayuda con m is dudas estadísticas y la supervisi ón de los c apítulos metodológic os y los resultados estadís ticos de est a investigación. Durante tod o s estos años trabajar con Arturo S ousa, L eoncio García Barrón y Mark Vetter h a sido un privilegi o por su cal idad científica y humana, así como por toda su ayud a duran te e stos años. A mi compañero de las andanzas climáticas Juan Mariano Camarillo, por contar conm ig o en tantas ocasi ones y por su amistad. A Leandro del Moral Ituarte, por hab erme dado la oportunidad d e trabajar en él y disfrutar de su magisterio y gener o sida d. A Enrique Santos y Lola Valera, por su cariñ o incondicional y complicidad. A Belén Pedregal, Rosalía Bejarano, Rafael Cáma ra , Florencio Zoido y Pablo Fraile, por su apoyo y ayuda en tantas ocasiones. Joaquín Márquez, José Ál varez e Ismael Vallejo, p or su compañerismo y haber compartid o tantos buenos momentos jun tos. José Carlos Go nzález Hidalgo por su gener osidad cedién do me la ba se de datos MOPREDAS y por toda su ayud a e n el aprend izaje de ProclimDB. Juan Sánchez Moreno Técnico SAIH del Guadalq uivir po r su esti mable ayuda con los datos de este organis m o y la c onsulta de documentaci ón. A M ariano Co rz o , siem pr e dispuesto a atender amablem ente y con rapidez mis co nsultas año tras año sobre l os datos climátic o s. No sería posible explicar lo que ha supuesto para mí el haber tenido a Alons o Salas Machu ca como maestr o y a m igo, resp onsable de la m úsica en mi vida. Por último a Monique, Hor acio, Pepa, Esperanza, Concepción, Luis Santos y Fernand o por toda una vida de a mistad. A los que dejar on en mi corazón su lu z, cariñ o y apoyo para siempre: Mª Carmen Martín Aguilar, Chri stiane Decallet, Con cha Aubeyzon, Mano lo Mejías y Manu el L eón. A los cuidaron mi salud con su amistad y sabiduría : Chusa, Alicia, Perla, Ángel es, Eva León y Fernando de la Portilla. | 1 RESUMEN Andalucía, por s u localización y características geo gráficas, es una región d e gran complejidad climática, esp ecialmente en cuanto a su régimen pluviométrico . La precipitación, por ser una d e las magnitudes c limát icas más va riab les que exist en, presenta mayores dificultades para su estudio, y ello es part icularme n te notable en los climas mediterráneos. So n escasas las investigaciones dedicadas a las clasifi caciones y las regionali zaciones climáticas de A nd alucí a, pues aunque existen mu chos trabajos que analizan el comportamiento pluviométrico de la región, p ocos abordan la dimensión esp acial. L as clasificaciones climáticas han demostrado ser un instrumento ef icaz para la comprensión de las complejas variaciones del clima, al ap ortar un esquema de síntesis cuyo objetivo p rincipal es iden tificar regiones con patrones de comp ortamiento similar. En e sta investigación hemos llevado a cabo dos propuestas de regionalizació n pluviométrica de Andalucía, identificando zonas homogéneas de variabi lidad y caracterizando cada una d e ella, lo q ue nos ha permitido conocer la d iversidad de re gímenes existentes en la región, adentrarnos en la comprensión de s u comportamiento y en los factores explicativos que los determinan. Por p rimera vez se obtiene una regionalización plu viométrica de Andalucía a escala mensual, ya que o tras propuestas anteriores fueron obtenidas a escala diaria (Argüeso et al., 20 11 y Romero et al., 1999). Ot ra de las particularidades de estos resu ltados es que están basados en la base de datos MOPREDAS (Gonz ález-Hidalgo et al., 2011) un a red mu y densa d e estaciones de alta calidad. Para evitar los problemas d e bord e al aplicar los procedimient os de regionalización y hacer u na correcta identificaciones de las regiones, se han ampliado los límites del área de estudio más allá de las fronteras administrativas d e An dalucía incorporando estaciones de Extremadura, Castilla -La Mancha, Murcia y Portugal. La preocupación actual p or el cambio climático hace que sean este t ipo de investigaciones destinadas a con ocer, describir y caracteriz ar el comportamiento espacial de la p recipit ación a escala regional, sean cada vez más necesarias , principalmente do n de los modelo s climát icos presentan mayor es dific ultades en la simulación del clima debido al aumento d e la variabilidad de los elementos climáticos, a esta resolución espacial. A pesar del gran avance d e los estudios climáticos basado s en las estaciones meteorológicas, no disponemos de un sistema de observac ión del clima que responda a las necesid ades actuales. La in formación existent e se ve af ectada, en muchos casos, por las diferentes formas de gestionar y to mar las observ aciones de los organismos responsables d e quienes d ependen. Estas redes instrumentales f ueron en su ma yoría Resumen | 2 creadas para otros fines como la agricultura, y no p ara el seguimiento del clima a largo plazo, por lo que a la hora estudiar el cambio climático (Vose , 2005 ) existen mu chos problemas de carácter práctico en el uso de estos datos. En Andalu cía la red de observación p luviométrica h istórica está ex perimentando un deterioro progresivo desde los años setenta y q ue continúa en la actualidad. Esto supone una grave pérdida d e información , esp eci almente en el caso d e estaciones con series históricas o en emplazamientos de especial relevan cia, como las z onas aéreas o de montañas, con escaso nú mero de observatorios. Esta situación hace que cada vez sean más frecuentes las llamadas a crear nu evos sistemas de observación, específicamente diseñados y gestionados para la vigilancia del clima que garanticen un mínimo de calidad o bien a la consolidar una red de ref erencia formada por estaciones espacialmente representativas, seleccionadas entre l as que ya existen, objetivos que se pueden alcanzar llevando a cabo regionalizaciones climáticas. Por esta razón, otro objetivo de n uestra tesis h a sido analizar el banco de información pluviométrica histórica y actual d e An dalucía, a fin de evaluar su representatividad, la información que ap orta n est as redes y su capac id ad para satisfacer l os requisitos de vigilancia del clima . Únicamente así, podremos avanzar en la evaluación d e los futuros impactos de los cambios del clima en nuestra región, garanti z ad a por una red básica de observación de referencia óp tima que permita cumplir los o bje tivos regionales d el Progra ma de Adaptación al Camb io Climático . El uso de regionalizacio nes climáticas ap licadas a la gestión medioambiental, basadas en trabajos cien tíficos, sigue siendo todavía mu y escaso. De ahí que la identificación de las características climáticas específicas po r subregiones, pueda proporcionar una nueva b ase d e información d irigida a la fo rmula ción d e políticas p ara la gestión del agua o para la planificación socioeconómica en secto res directamente influenciados por el clima, como la agric u ltura, la energía, el turi smo , etc. | 3 ABSTRACT Andalusia is a region of great climatic complexity, especially in terms of rain fall, due to its locat i on and geo gr aphical features. Rainfall, as on e of the most variable clima tic magnitudes, is also one of the most difficult to study, this being p articular ly t rue in the Mediterranean climates, which are t h emselves p articularly prone t o con siderable variability. All th is makes research based on the study of rainfall in the Mediterranean region especially useful. At the present time, w hen the climate and clim ate change have become one o f greatest challenges t o humankind, t aking on th is t ype of research , designed t o discover, describe and define the spatial b ehaviour of rainfall, is more necessary than ever In And alusia, the enor mo us spatial -temporal variab ility of rainfall requ ires the availability of an ob servation network that is dense enough t o cover this extensive territory as ho mogeneously as possible, while at the same time b eing able t o depict a wide range of climate re gimes. The r egion h as at its dispos al an extraordinary wealth of information o n rainfall and diverse measurement n etworks, all of which creates optimum conditions for this type of s t udy. This intrinsic difficulty of climate research in creas es when we take into account th at at both regional and i n ternational lev el the land -based measuremen t net works are deteriorating considerab ly. Climat e research con t inues t o be based on instrumental data, so the consequences of th e loss of information resulting from this deterioration are very serious, since it limits our ability to follow changes in the clima te sys tem. This provides the context f or my research, which focu ses on carrying out a study o f the various in strumental n etwork s and rainfall measurement stations in Andalu sia, wit h the aim of describing their hist orical evolution and analysing their spatial an d temporal coverage. A n other idea, which underpins this aim, is t he re lationship bet ween the historical information provided by t hese existing networks and the f uture ob servati on network. However, it is not possible to evaluate to what extent these network s are , or will be, representative an d h ow well they are able t o sat is fy climate assessment requirements without first carrying out a study of t he spatial variability of rainfall. For this reason, o b jective classification techniques are employed to d evelop a regionalization of rainfall as a way of understanding a nd identifying spatial p atterns. Only in t his way can p rogress be made in th e evaluat ion of o ur ob servati on networks, with the aim of guaranteeing an opt i mum reference network that enables the fulfilment of the regional objectives laid out in the Adaptation Progra mme to Climate Change in Andalusia. At the same time, t he use of climatic regionali zat ion based on scientific research in environmental man age men t remains very scarce. T he problem is that th ere is no method that is globally accepted by climatologists and that the procedures used Abstract | 4 present certain difficulti e s, although the challenge without doubt lies in addressing the complex nature of the climate itsel f. For this r eason, the identificatio n of climatic features specific to subregions ca n provide new information f or policy mak ers, water management stakeholders and any other groups, individuals or sectors directly o r indirectly affected by climate, such as agriculture, energy and tourism. This thesis f ocuses then on two general ob jectiv es. First, to d escri be and analyse the different rainfall measurement networ ks in Andalusia for the purpose of assessing the information that they provide in re latio n to their spatial and temporal dist ributio n . Second, to develop a precipitation r egio naliza tion fo r Andalusia and the surrou nding area in order to facilitate the id ent ificatio n an d characterisation of h omogenous areas in terms of their spati al -t emporal varia b ility i n a way that would be useful for environmental management . Therefore, the ul timate aim of this study is to provide scientific know ledge which would b e of use to anybody involved in climate management activity in Andalusia, such as researchers, decision makers and environmental planners. HA PT ER 1 NT RO DU CT IO N 1. Introduction 2. Objectives 3. Structure of the thesis and fundament al content b y chapter Introduction | 6 1. Introduction I began my study with a still valid call made by M. F. Pita t o research the spat ial b ehaviour of rainfall: “Andalusia is a region of great c limatic complexity, especially in terms of rainfall, due to its l ocation and geographical fea tures. Rainfall, as one of the most variab le climatic magnitudes, is also one of t he mos t di fficult to study, this bei n g particularly true in the Mediterranean climat es, which are t hemselves particularly prone t o con s iderable variability. All this makes research based on t he study of rainfall in the Mediterr an ean region es pecially useful. At the p resent time, when the climate and climate change have become one of greatest challenges to humankind, taking on this ty pe of research, designed to discove r, describe an d define the spatial b ehaviour of rainfall, is m ore necessary than ever” ( Pit a López, 2007 ). In And alusia, the en orm ou s spatial -temporal variability of rainfall requires t he availability of an observation network that is dense enough to cover th is extensive territory as homogeneously as possible, while at the same time being able to d epi ct a wide range of climate regimes. Th e region has at its d isposal an extraordinary wealth of information on rainfall, obtained from more than 2,300 rainfall o bservatories and d iv erse meas urement networks, all of which creates opti mum conditions for this type of stud y. I would like to highlight the significance of area o f research based on past observations at a t ime of extreme concern about climate variability and possible future changes. However, in order to analyse climatic variability we need information that fulfills certain minimum requirements, which may be d iffic u lt to comply with , such as long homogenous series of high quality and a specific common period of study. This intrinsic d ifficulty o f climate research increases when we t ake into account tha t at both regional and international level the land -based mea surement n etwor ks are det eriorating considerably. Climate research continues t o be based on instrumental data, so the consequences of the loss of in formation resulting from this d eterioration are very serious, since it limits our ability to follow chan ges in the climate system. Our dependence on th ese records can be explained by two fundamental factors: first, the y have been produced on a continuous b asis for over a century, since the begin ning of t he Industrial Revolution in Europe; and second, instrumental records represent d irect samples at exact p oints in space and time. It can thus be seen t hat the instrumental climate measurement network is the most complete network in existence, from both a spatial an d a temporal perspective ( Pe terson et al., 1997 ). In spite of t he great progress mad e in climat e studies based o n weather stat ions , there is n o climate ob servatio n system that ad equately responds to current climate need s. What is more, existing information in many cases comes from an eclectic mix of observation and information management methods, which differ according to which admin istrative bodies are involved. Introduction | 7 Yet another problem is th at most of these instrument al n etworks were created for other ends, principally for th e study of local climates and not for large -scale climate monitoring over an ext ended period of time, because of w h ich there exist a number of practical problems concerning th e use of these dat a in th e study of climate change ( Vose, 2005). In this respect, unequal distribution in the weather stat ion network leads to bias t hat has a signif icant effect on the estimation of climate trends, especially at a regional level ( Willmott et al., 1994 ). Due t o this situat ion, there is an increasi ng d em and t o create new observation systems, specifically designed and man aged to facilit ate ef f ective climate monitoring, or to consolidate a climate reference n etwork made u p of spatially representative weather stations c h osen from t he existing high qualit y stations, the chosen stations providing a guarantee of optimum performance. In res p onse t o t h is re ality, many countries are carrying ou t climate regionalization, which could be particularly useful when sele cting the number and location of representative stations to be used as a reference network for climate change assessment, such as the Climatic Reference Network (CRN) in the USA. This provides the context for my re search, which f ocuses on carrying out a study of the various instrumental networks and rainfall measurement stations in And alusia, with the aim of d escribing their historical evo lution and analysing their s patial a nd temporal cover age. Another idea, which underpins this aim, is the relationship between the historical information provided by t hese existing networks and the future observat i on n etwork , which will mainl y be composed of automated stations. However, it is not possible to evalu ate to what extent these networks are, or will be, representative and how well they are able to satisfy climate assessment requirements without first carrying out a study of the s pati al variab ility of rainfall. For this reason, objective classification techniques are em ployed t o develop a regionalization of rainfall as a way of und erstanding and identifying spatial patterns. Only in this way can progress be made in the evaluation of ou r ob servation networks, with the aim of guaranteeing an optimum reference network that enables the fulfilment of the regional objectives laid out in the Programa de Adaptación al Cambio Climát ico [P rogramme of Adaptation to Climate Change], whose goal is t o “p rovide a collection of data suff icie nt to monitor the effects of Global Change in the short , medium and long term” (Subprogramme 4, dedicated to the Continuous Improvement of Know led ge [R&D&I]) (CMAOT). At the same time , the u se of climatic regi onaliz ation based on sc ientific resear c h in environmental man agement remains very scarce. The p roblem is that there is no method that is globally accept ed by climato logists and that the p rocedures used present certain difficulties, alt hough the challen ge without doubt lies in addressing th e complex nature of the climate itself. For this re ason , th e identification of climatic f eatures specific to subregions can provide new information for policy makers, water man agement stakeholders and any other groups, individua ls or sec t ors directly or indirectly af fected by climate, such as those related to agriculture, energy and tourism. Introduction | 8 The ultimate aim of this study is to pro vi d e scientific knowledge that would be of use to people involved in climat e management activity in An dalusia, su ch as researchers, decision makers and environmental planners. Th is reflects the con viction that knowledge a b out climate variability is t he point at which physical, environmental and social systems all come together. A better understanding of the factors th at control climate va riation at a regional level will allow u s t o predict with precision futur e climate change impact s on society, as well as on environmental systems, hydrological processes and ecosystem dynamics (Abat zoglou et al., 2009). However, it is striking that in institutional documents at both state and r egional level, th e new weather stations are only mentioned as part of the global climate change monitoring networks, with no mention of the other climate observation systems. What is p articularly remarkable is the absence of references to the historical in strumen tal network of the Spanish Meteorological Agency Service ( Agencia Estatal de M eteoro logía [AEM ET]), which p rovides the most spatially and t emporally complete record of land surfac e climate. These instrumental records provide Spain's most valuable so urce of climat ic d ata. While at an international level increasing emphasis is placed on the irreplaceable role of these observatories, in Spain there appears to be no institutional priority to maintain and effectively manage the principal netw orks. Consequently, my research sets out to highlight the importance and potential of th ese existing networks in Andalusia and evaluate t heir current st ate. The initiatives to create new networks for the observation of glob al climate change, located in areas that are mountainous or difficult to access, are helping to alleviate the scarcity of weather stations in t erms of density and distribution, which without doubt represents considerable progress. However, these networks are still very recent and do not yet have at t h eir disposal series that are long enough to allow their use in the modelli ng and characterization of the climate. The results of my research coul d contri b ute to the design of an optimum meas u rement network an d to the establishment of a basic monitorin g n etwork that guarante es climate information about t he region and its c o ntinuity in the future. The rol e of the remai ning observatories could be to provide ad ditional information t hat would help t o both detect changes in th e climate w it h more precision and assess the impact that cha n ges in the network system have on climate measurement. 2. Objectives This thesis aims to contri bute to an increase in research related to t he analysis an d evaluation of climate p atterns and their spatial distributi on in Andalusia. The motivation for th is work is that in a changing climate there is a need f or greater knowledge of the spatial-temporal variability p att erns of rainfall at a regional level, which will enab le continuo us monitoring and AP ÍT UL O 1 NT RO DU CC IÓ N 1. Introducción, objetivos y estructura de la tesis 1.1. Importancia del estu dio de la precipitación en Andalucía 1.2. Contexto científico e interés para la g estión ambiental 1.3. Objetivos y estructura d e la tesis. 1.3.1 Objetivos 1.3.2 Estructura de la tesis Capítulo 1 : Introducción | 16 1. Introducción, objetivos y estructura de la tesis Andalucía es una región d e gran complejida d climática, esp ecialmente pluviométrica , d ebido a su localización y características geográficas. La p recipitación, p or ser u na de las magnitudes climáticas más variables que exi sten, es también una de las qu e p resentan mayores dificultades para su estudio, y ello es especial men te notable en los climas medite rráneos dotados a su vez de una gran vari ab ilidad. Todo ello confiere especial uti lid ad a los trabajos destinados al estudio de la precipitación en ámbitos me diterráneos. En el momento actual , cuando el camb io climáti co se han convert ido en uno d e los mayor es d esafíos a los qu e d ebe hacer frente la humanidad, abordar este tipo de investigación dest inada a conocer, describir y caracterizar el comportamiento espacial de la precipitación se hace aún más necesario . Otro hech o que refuerza la importan cia de este tipo d e investigaciones es q ue l o s patrones de precipitación muestran un a alta variabilidad t emporal y espacial a escala re gi onal y subregional (Brunetti et al. , 2006 ; De Luís et al. , 2000 ), lo que determina q ue las proyecciones globales de los modelos climáticos presenten d i ficultades a la hora de simular escalas locales o de mayor detalle espacial. Por todo ello, la preocupación p or conocer el p atrón de cambio de las precipitaciones, a escala de análisis regio n al, justifica muchas de las investigaciones realizadas y q ue siga existiend o la necesidad de llevar a cabo in v estigaciones a esta resolución, espacialmen t e si emplean datos de alta densidad ( Cuadrat Prats et a l. , 2011 ; Gonzalez-Hidalgo et al. , 2009 ). En Andalucía, la enorme variabilidad espacio-temporal de la precipitación , re quiere disponer de una red d e observación suficientemente densa como para cubrir su extenso territorio de la forma más homogénea posib le y q ue al mismo tiempo pueda captar una gran diversidad de matices. La región cuenta con un extraordinario pat rimonio de información pluviomé trica, más d e 2 .300 observatorios y diferentes redes de medición, p or lo qu e parte de unas condiciones óptimas pa ra su estudio . Hemos de resaltar la trascendencia que t iene la investigación basada en observaciones pasadas, en un momento en el que existe gran preocupación p or la estabilidad d e los climas y sus cambios f uturos . N o obstante, para analizar la variabilida d climática se necesita d isponer d e info rmación que cumpla un as exigencias mín imas, difíciles d e conseguir, como series largas ho mogéneas y de cali dad, periodo de estudio común, etc. Hoy en d ía la investigación del clima sigue b asándose en datos instrumentales, tanto regional como internacionalmente, a través de red es de medición en tierra que están sufriendo un deterioro notable que dif iculta la investigación. L as con secuencias de la pérdida de información que este deterioro supone son muy graves , ya qu e limitan la capacidad de seguimiento del sist em a climát ico. La importancia de estos registros se explica por d os razones fundamentales: llevan más de un siglo, d esde el inicio de la Revolución Industrial, Capítulo 1 : Introducción | 17 operativos y localiz an los p untos exactos de medición en el espacio y el tiempo. (Peterson et al. , 1997). A pesar del gran avan ce de los estudios climát icos basado s en estaciones met eorológicas , no tenemos u n sist ema de observación del clima adecuado q u e responda a las n ecesid ades actuales . La inf ormación existente se ve af ectada , en mu chos casos, p or las d iferentes formas de gestionar y tomar las observacion es , según los organismos responsables de quienes dependen. Estas re des instrumentales f ueron en su mayoría creadas para otros f ines , fundamentalmente para el estudio de los climas local es y no p ara el seguimiento del clima a largo plazo, p or lo que existe n muchos p roblemas de carácter práctic o en el u so d e est os datos a la hora estudiar el cambio climá t ico (Vo se, 2005) . En este sentido, u na distribución desigual en la red de estaciones, introduce sesgos q ue tienen efectos significativos sobre la estimación de las tendencias, principalmente a escala regional (Willmott et al. , 1994). E st a situación hace que c ada vez sean más f recue n tes las llamadas a crear nuevos sist emas de observación que garanticen un mínimo de calidad, específicamente diseñado s y gestionados para la vigilancia del clima, o bien a la consolidación de una red de referencia formada por estaciones espacialmente representativas, sel eccionad as entre las que ya existen . En respuesta a esta realidad, muchos países est án llevand o a cabo regionalizaciones climáticas sobre la s que basar redes de medición de referencia con el fin es p ecífico de controlar el clima, como por ej emp lo la R ed de Re f erencia Climática de Estados Unidos ( Climatic Reference Network ( CRN )). En este contexto se sitúa nuestra investigación , cen trada en llevar a cabo una regionalización pluviométrica que nos p ermita conocer la variabilidad y dist ribuc ión esp acial d e la precipitación , a partir de la delimitación de z onas geo gráficas homogéneas. Las divisiones macroclimáticas son difícilmente aplicables a escalas region ales, especialmente en ámbitos donde existe una particular interacci ón de elementos de ti po geográfico y dinámico como es el caso d e Andalu cía. Ante la escasez d e este tipo de estudios en los ámbitos mediterráneos en general, y en particular para el territorio andaluz (Gómez-Zotano et al. , 20 15), este trabajo realiza, por primera vez, u na identificación de regiones p luviomé tricas a escala mensu al para esta región. Sin emb argo, para llevar a cabo este t ipo de investigaciones , sobre el conjunto d e la región andaluza, es imprescin dible contar con una base d e d atos amplios, actualizados y con garantías de calidad y homo geneidad. Por esta raz ón, el presen t e t raba jo t i ene también un segundo objetivo, profundizar en el análisis de las redes instrumentales y d e las estaciones d e medición de la precipitación en Andalucía , con e l fin de poder ll egar a obtener un banco de datos pluviométrico completo de la región. Capítulo 1 : Introducción | 18 Otra idea que subyace en nuest ro estudio, es analizar el banco de inform ación pluviométrica histórica y actual de Andalucía, a fin d e evaluar su representat ividad, la info rmació n qu e aportan estas redes y su capacidad para satisfacer los requisitos de vigilan cia del clima . Únicamente así, podremos avanzar en la evaluación de los futu ros impac t os de los cambios del clima en nuestra región, garantizada por una red básica de observac ión de referencia óptima que permita cumplir los objetivos regio nales del Programa de A daptación al Cambio Climático, cuya met a es “disponer de un conjunto de datos suficiente p ara monitorizar a corto, medio y largo plazo los e f ectos del Cambio Global” (Subprograma 4 dedicado a la Mejora continua del conocimiento (I+D+i)) (CMAOT). 1.1. Importancia del estudio de la p recipitación en Andalucía La posición de Andalucí a en la zona suroccidental del con tinente e u ropeo determina sus principales características climáticas, al situ arse en una franja de transición entre los climas de las latit udes med i as y los climas subt ropicales, inscribiénd ose en el d ominio de los subtropicales de costa occidental o mediterránea . E ste carácter de transición viene marca d o por el modo d e ac t uar de la circulación atmosférica, sometida a la altern an cia d e centros de acción y d e mecan ismos met eorológicos diferentes q ue originan un gran con traste estacional y dos de los rasgos más dest acables de la región: la extraordinaria variabilidad y la irregularidad pluviométrica. La existencia de un régimen de precipitaciones cuyo rasgo esencial es la enorme variabilidad estacional e int eranual, es el causan te una de las limit acion es más severas q u e el c lima impone en la re gión, no sólo p or los p roble mas que genera a la hora de gestionar los re cursos hídricos, sino por la frecuente ap arición de extre mo s pluviométricos, tanto por exceso como por defecto , re sponsable s de los fuertes impactos q ue se traducen en inundaciones, o graves episodios de sequía pluviométrica en el territorio. Por t odo ello, como expone Pita López, “ la mayor limitación climática de la región , es sin duda el agua, a pesar de que los volú menes medios precipitados en Andalucía n o sean tan bajos y de que existan enclaves en los que la precipitación se en cuentra entre las más elevadas de España. La gestión rigu rosa de este recurso y el respet o a los ritmos naturales son fundamentales, n o sólo para su aprovechamiento sino también para rentabilizar otro tip o de recursos como el t urismo o la agricultu ra, fuertem ente dependientes de est os recursos hídricos ” (Pita López, 2003, p. 168). De ahí que el est udio de la precipitación y los fenómenos de riesgo asociad os en la región, sea ese ncial para su incorporación a todas las fases de la gestión y planificación hidrológica, así como para la ordenación del territorio. No o bstante, a pesar d e la impo rtancia de la precipitación en Andalucía, tant o como recurso, por los fuertes impactos que gener a , como po r su extraordinaria v aria bilidad espacio- Capítulo 1 : Introducción | 19 temporal que se traduce en una gran riqueza climática , todavía son muy escasos los trabajos dedicados a est as cuestiones, es pecialmente los q ue abordan su distribución espacial . La mayor parte ello s tiene un carácter general y descriptivo, siendo p rácticamente inexistente s los estu dios a escalas d e detalle, imprescindibles en la plan ificación y gestión de este recurso, por lo que conocer la variación de las precipitación en el esp acio, continúa siendo u na asignatura pendiente de gran trascendencia para Andalucía. 1.2. Contexto científico e inte r és para la gestión amb i ental En los momentos actuales en los q ue las evidencias de cambio climático son aceptadas unánimemente, es oblig a do analizar el clima teniendo esto en cuenta, para ello es necesario tener un conocimiento previo de los rasgos climáticos de los territorios, iden tificando regiones y patrones espaciales de variabilidad que se puedan emplear no sólo en el seguimiento del clima regional, sino también en la mejora de la c o mprensión de los mecanismos que subyacen, a fi n de lograr una mejor adaptación a este cambio. A pesar de que Andalucía cuent a con importante s al estudio de su clima, como las numerosas del p rofesor J. J. Capel M olina, referidas también al estudio d e la precipitación (Cap el Molina, 1983 ; Capel Molina y Andujar Castillo, 1978 ), o J.M. Castillo Requena (Castillo Requena, 1980 ; Castillo Requena, 1989 ; Cast illo Requena, 2000), por citar sólo algunos ejemplos, pocos trabajos se han desarrollado con un enfoque global, desde la perspectiva de un a nálisis espacial aplicable a la p lanificación y al seg uimiento del clima. En est e sentido , las clasificaciones climáticas han demostrado ser u n inst rumento ef ica z p ara la comprensión de las complej as variaciones del clima, al aport ar un esquema de síntesis cuyo objetivo principal es identificar regi on es con patrones de com p ortamiento similar . Es t os procedimientos entronca n con una de las tradiciones clásicas d e la geografía: est ablec er tipologías para entender y caracterizar la diversid ad de la Tierra y el med io. En efecto, como expone Ahmed “la clasificación en geografía es un camino por el cual la realidad climátic a se traduce a nivel regional en mapas o en otras f o rmas de repr esen tación de la informa ción geográfica. El objetivo principal d e tal es regionalizaciones es establecer un marco sencillo y completo p ara obtener generalizaciones inductivas sobre las vari ables climáticas” (Ahmed, 1997). El uso de regio n alizaciones climáticas aplicadas a la ges tión medioambiental, basadas en trabajos cien tíficos, sigue sien do todavía mu y escaso. E l prob lema reside en que no existe un método generalmente aceptado po r todos lo s climat ólogos , y que los procedimientos utilizados plantea n ciertas dificultades , entre otras, abo rdar la propia naturaleza comp leja d el clima. D e ahí que la identificación d e las caracterí sticas climáticas específic as p or subregiones, pueda proporciona r una n ueva base de información dirigida a la formu lación de políticas p ara la gestión del agua o para la planificación socioeconó mica en sectores directamente influenciados por el clima, como la agricultura, la energía, el turismo, etc. Capítulo 1 : Introducción | 20 Además, las regionalizaciones permiten identificar las escalas esp aciales asociad as a cambios significativos en la variabilidad de los factores climát icos , requisito p revio esencial para la de terminación de subregiones sobre las qu e realizar predicciones a d iferentes escalas temporales . En la actualidad , a la normativa y documentación en materia de p lanificació n y estudios de imp ac t o ambiental, que ya incorp oraba u na cierta información climática, se añade contemplar los escenarios climáticos en el fu turo. Por esta razón, uno d e los fines de la denominada ciencia aplicada del clima es mejo rar el conocimiento a nivel region al y local, en el convencimiento de que cuanto mayor sea la escala en la que dicha información puede ser proporcionada, mayor e s la importancia para s u s usos y aplicaciones. Según C. Montes y otros, “ la delimitación de zon as pluviométricamente homogéneas aportaría información muy valiosa a las clasificaciones d el medio natural, q ue son p or naturaleza m ultidimensionales, proporcionando información sobre las características de uno de su s factores de mayor valor sintético y predictivo, la precipi t ación ” (Montes et al. , 1998). La necesidad de u na regionalizació n pluviométrica de Andalucía está contemplada incluso por la Consejería de M ed io Ambiente y Ordenació n del Te rrit orio, en la Red de Información Ambiental de Andalu cía (REDIAM) y más concretamente, en el mapa que representa áreas homogéneas desde el p unto de vista de las características de su pluviometría, difere nciándose un t otal de 26 áreas ( Fi gura 1.1). A pesar de su indudab le utilidad, la información es incompleta, ya que no se describen l o s procedimientos empleados en su realización ni las características d e cada zona, por lo que constituye un a cartografía general d e referencia , más que el resultado completo d e una regionalización obtenida por métodos objet ivos. Aun así, estas de f iciencias c orroboran l a pertinencia de n uestra investigación d irigida a obten er resultados que se correspondan con las necesida d es climáticas y ambientales actuales. Para evaluar la variabilidad climática en zonas de orografía compleja, es importante conocer cuántos ámbitos se pueden identificar p ara caracterizar y h acer un seguimiento de sus cambios. Capítulo 1 : Introducción | 21 Figura 1. 1. Áreas pluviométr icas homogéneas e stablecidas por la Co nsejería de M edio Ambiente de la Jun ta de Andalucía Fuente: (REDI AM) Para hacer un segu imiento y apoyar la gestión ambiental, se han desarrollado en algunas administraciones herramientas de análisis operativas como el California Climate Tracker (http://www.wrcc .dri.edu/ monitor/cal-mon/), que bajo el lema “Seguimiento de la variabilidad y cambios del clima para el Estado”, ofrece abundante información p ara la comprensión y gestión del clima. Por t odo ello, dado q ue el conocimiento del clima influye en sistemas de carácter físico , ambiental y social, “ Una mayor comp rensión de los facto res de control de las variaciones del clima, a escala regional, permite conocer c o n precisión , los i mpactos futuros del cambio climático sob re la sociedad , así como sobre los sistemas amb ientales, los pro cesos hidrológicos y la dinámica de los ecosistemas ” (Abatzoglou et al. , 2009). La Administración Autonómica muestra en d iv ersos documentos, la necesidad de obtener información y d e realiz ar est u dios climáticos, al mismo t iempo q ue reconoce que existen lagunas y n uevas necesidades derivadas de est a cert eza de cambios futuros. E n el ap artado 4.A) M ejora del c onocimiento (I+D+i) del Programa andaluz de adaptación al cambio climático se esp eci fica “ el objetivo de este subp rogra ma es desarrollar y ampliar la base d e conocimiento estratégico acerca d e los impactos y las consecuencias del cambio climático en Andalucía. Asimismo , en la p ágina 72, recoge la importancia de la ordenación del territorio como elemento clave p ara la adap tación al Cambio Climático: “La s estrategias de ordenación del territorio y los planes urbanísticos deben prestar una atención especial a la in formació n climática y a los efectos del camb io climát ico, de f orma que las p ropue st as de oc up ación y Capítulo 1 : Introducción | 22 distribución en el territorio de los distin tos u sos y act ividades integren entre sus objetivos impedir y prevenir la degradación de los re curso s n aturales con influencia n egativa sobre el clima, a la vez q ue t engan en cuenta el mejor aprovechamiento y ad aptación a la s características del clima y a los efectos del cambio climático” (CMA, 2011 ) . Estas actuaciones c o i nciden con medidas simi lares que se están ll evando a cabo, a n ivel internacional y europe o , imp lica n do inevitablemente a las administraciones públicas en materia de cambio climático. Sin embargo, llama la atención que en los documentos institucionales a nivel estat al y autonómico, sólo se mencion en las nuevas estaciones meteorológicas como instrumento d e c o ntrol, l as denominadas re des de seguimi ento del cambio global, q uedando ausentes los restantes sistemas de observación del clima. Es especialmente llamativa la ausen cia de referencias a la red tradicional de la AEMET, cuyos registros co nstituyen el más valioso patrimonio de información climát ica. M ientras internacionalmente se pone cada vez más énfasis en el papel insustituible de esto s observatorios, en España no parece existir una prio ridad institucional para el man tenimiento y buena gestión de las redes básicas. Esta situación muestra una cierta incoherencia, ya que entre las prioridades del PNACC y del Plan Est atal de Investig ación Científica y Técnica y de Innovación de 2013 , se encuentra la modelización d el clima, cuya base son los datos p roporcionados p or estas est aciones. Como ejemplo de esta realidad nos remitimos al Programa Andaluz de Adaptación al Cambio Climático q ue recoge en su página 27 , al presentar los esce narios de cambio climático generados para la re gión, la sigu iente af irmació n : “Una característica impo rtante del estudio realizado en Andalucía es la disponibil idad de una gran cantidad de datos met eorológicos a lo largo de un amp lio p erio d o de tiempo en una red d e más de 2 .300 estaciones meteorológicas distribuidas por t odo el territorio a nd aluz. Tras un proc eso d e fil t rado para garanti zar la calidad y coherencia de dichos datos e identificar anomalías, se h an empleado los datos de más de 500 estaciones met eorológicas para la elaboración de los escenarios. Ello re percute directamente en la calidad y la resolución espacial de las prevision es obtenidas, algo de sum a importancia ya que d is poner de información fiable a escala local es fu ndamental para acometer tareas de planificación y adaptación al c ambio” (CMA, 2011 ). Nuestra in vestigación pretende , en este sentido , poner de man ifies to la importancia y potencialidad de estas r edes existen tes en A ndalucía y hacer una evaluación de su estado actual . Las in icia t ivas de creación d e nuevas re des de ob servación de cambio global, localizadas en zonas de montañ a o en zon as de d ifícil acceso, vienen a paliar una d e las carencias básicas en la densidad y distribu ción de las estaciones meteorológicas lo que sin duda supone un gran avance. N o obstante , estas redes son muy recientes y aú n n o disp one n de series su f icientemente largas que perm i tan ser utilizadas en la modelización o caracterización del clima. Capítulo 1 : Introducción | 23 Por falta de in ve rsión en su mantenimiento , se está perdiendo inform ación climática con series históricas de observatorios situados en cot as similares a las de estas nuevas re des de montaña. ¿No tendría más sentid o modernizar est os puntos privilegiados de medición e incorporarlos a la red actual dando conti nuidad a una serie s históricas insustitu ibles?. Es evidente que la vulnerabilidad de los ecosistemas de montaña hace prioritario su seguimiento, per o existe igualmente una n ecesidad de información climát ica para la planificación m u nicipal en ámbitos de actu ac ión tales como los estudios de impacto ambiental, planes de i nu ndación, sequías etc. que exige n información climát ica en sus ámbitos y escalas de actuación . ¿Cómo se pu eden presentar estos documentos de planificación y gestión sin una i nformación básica y de calidad aplicable a estas escalas ? El seguimiento del clima debe cubrir todo el territorio , bu scando estrategias que optimicen la calidad de la i nformación y su accesibilidad en cualquier lugar geográfico . Ante la creciente preocupación por el cambio climático, los datos son cada vez más importantes para la comunidad científica, las diversas administ racion es y la sociedad en general, ya que muchas decisiones individuales, emp resariales y de los gobiernos, dependen de los datos meteorológicos disponibles (Freeb airn y Zillman, 2002). Hace ya añ os Peterson y colaboradores (1998) recono cieron que las infraestructuras de datos climáticos son cada vez más importantes y valiosas para la formulación de políticas públicas (Panagos et al. , 20 15). En el caso de la precipitac ión es es pecialmente grave esta pérdida de i nformación d ebido a su extremada variabilidad, ya qu e sus patrones pueden estar camb iando sin que se lleguen a percibir y con ocer. Uno de los propósitos de est a investigación es contri b uir a aminorar las deficiencias q ue se detectan en nuestra región a f in de Andalucía pueda dirigirse h acia un a optimización de su red de medición climática y progresar en el camino, iniciado por el subsistema CLIMA de la Consejería de Medio Am biente y Ordenación del Territorio de la Junta de An dalucía, h acia el estab lecimiento de una red de ref erencia climática in tegrada, t al como disponen ya países como Estados Unidos a través d e la Nation al Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), o el Gobierno de Aus t ralia desde su administració n mete orológica. En este contexto, la evaluación y segu i miento de los cam bios en el clima , mediante regionalizaciones obtenidas a partir de un extenso banco histórico d e datos de p recipitaci ó n , procedente de la red básica permite, a partir de la identificación de region es pluviométricas homogéneas, caracterizar y valorar sus variacio n es espacio-temporales, identificando lo que se denomina su firma climática . De esta forma , se podrá dar respuesta a las necesidades de la región puestas de mani fiesto por la Consejería de Me dio Ambiente: “resulta proce d ente estudiar la zonificación c limát ica derivada de los escen arios r egionales de cambio climá t ico y su comparación con la situación actual” . Capítulo 1 : Introducción | 24 Los resultad os de nuestra investigación p odrían ser de utilidad para el diseño de una red óptima de medición y para el establecimiento de una red b ásica de seguimiento que garantice el patrimonio de información climática de la región y su continuid ad futura. L a import ancia de los restantes observatorios, podría ser valorada en función de los cambios q ue el propio clima experimente e igualmente son de gran ut ilida d para medir la incidencia que los cambios en la red de medición meteor ológica tienen en el seguimiento del clima. En este sentido, las regionalizaciones climá ticas tienen una aplicació n teórica y también práctica ya que, como plantea Willmott, “la utilización de un esq uem a d e regionalización eficiente p uede evitar redundancias en la adquisición de datos de las redes de medició n meteorológica” (Willmott, 1978) . Las admin istraciones responsables en materia de ge stión y planificación necesitan información sobre la extensión espacial y las características d e los diferentes regímenes de los elementos climáticos, lo que les permite aprovechar el clima como recurso para el desarrollo . El análisis d e los límit es esp aciales de los diversos tipos d e clima es de gran utilidad para la comprensión espacial d e los fenómenos climáticos que afectan a sectores clave t ales como la agricultura, el agua, la energía, etc. En esta lín ea , el propio conocimiento climatológico se transformaría en u n recurso, ya que los método s d isponibles hoy p ara mejorar el estudio d e las leyes físicas de la naturaleza y p rever su co mp ortamiento, proporciona una información inestimable p ara desarrollar las actividades econ ómicas y sociales. En la medida en q ue aquellos sectores en los qu e su conocimiento y h erramientas estén d ispo n ibles , sus u s u arios tendrán un mayor grado de seguridad y éxito en la realización de sus actividades (Santos, 2000 , p.198). Por consiguiente , el estudio de las redes de medición climática b asadas en regionalizaciones, es una necesidad no sólo para los fines anteriormente citados, sino también para garan t izar una gest ión eficiente de los recursos públicos que evite una privatización como alternativa de financiación, medida que no f avorecería los intereses de los recursos climáticos como bien público. Po r lo tanto, nuest ra in vestigación res p onde , igualmente, a ne cesidad es y retos de gran importancia para el diseño y es t ablecimiento d e p olíticas y programas d e mit igación y adaptación al cambio climático, especialmente e n una región tan vulnerable como Andalucía. 1.3. Objetivos y est ructura de la tesis Nuestro trabajo se p lantea como un a contribución a los estudios relacionados con el análisis y evaluación de los p atrones del clima y su distrib ución espacial en Andalucía. En una realidad fluctuante y camb iante es necesario disponer de un mayor conocimiento de las característ icas y variab ilidad espacio-temporales pluviométricas a escala regional, que perm ita realizar un Capítulo 1 : Introducción | 31 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ABATZOGLOU, J. T., REDM OND, K. T. & EDWARDS, L. M. 2009. Classif ication of Regional Climate Variability in the State of California. Journal of Applied Meteorology and Climatology, 48 , 1527-1541.10.1175/2009jamc2062.1. AHMED, B. Y. M . 1997. Climatic classification of Saudi Arabia: An applica t ion of facto r cluster analysis. GeoJournal, 41 , 69 -84.10.1023/a:10 06 82 73 22880. BRUNETTI, M., MAUGERI, M., MONTI, F. & NAN NI, T. 2006. Temperature and precipita t ion variability in Italy in the last t wo centuries fr o m homo genise d inst ru men tal time series. International Jou r nal of Climatology, 26 , 345-381 CAPEL MOLINA, J. J. 19 83. D istribución d e la lluvia en el sureste e spañol. Periodo:1951-1980. 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Servicio Nacional de Informaçâo de Recurso s Hídric os d e Portugal 2.4.3. Otras fuentes 2.5. Tratamiento in icial de la información y bases de datos disponibles 2.5.1. Depuración del b anco de AEMET y SNIRH de Portugal 2.5.2. Base de datos MOPREDAS 2.5.3. Base de datos para la regionalización pluviométrica 2.6. Otras fuentes de i nformación y programas informá ti cos Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 36 2.1. Ma rco geográfico El marco geográf ico de nuestra in vestigación abarca t oda la Comu nidad Au tónoma de Andalucía, aunque p or d iversas razones que expondremos a continuación, extenderemos el ámb ito de estu dio más allá de sus límit es administrativos. Nuestra zona de estudio compre n de todos los territorios limít rofes con A ndalucía, incluyendo los de Portugal, con una extensión lo bastante amplia como para p ermiti rn os obtener una densidad suficiente de estaciones con buenas series de precipitación. El criterio qu e in icialmente se u tilizó p ara delimitar el ámbito de est u dio, estuvo basado en la búsqueda de estaciones pluviométricas limítro fes pertenecientes a la red de la Agencia Estatal de Meteorología (AEM ET) con la calidad y ext ensión t emporal necesaria p ara garantizar u na bu ena densidad. Esto n os llevó a est ablece r una zona de influencia de aproximadamente 75 km a partir de los límites administrat ivos de Andalucía. Esta dist ancia garantiz a q ue los límites naturale s de los principales sistemas montañosos, determinantes en la distribución esp acial d e la precipitación, se encuentran incluidos evitando así fragmentaciones q ue pueden llevar a resultados que no tengan una coherencia geográfica y climática. Es necesario aclarar q ue el ámbito de estudio completo sólo se h a u tilizado en la etapa de an álisis de los datos para obtener u na regionalización objeti va , centrándose exclusivamente en Andalucía, una vez realizado el an álisis de la red de med ición pluviométrica y ob tenid a la propuesta fin al de regionalización pluviométrica . Como se muestra en la Figura 1.2 podemos distinguir una zon a de apoyo en nu est ra región, en la que se centran los obj et ivos de nuestra investigac ión que incluye: la zona de l Algarve portugués y parte del Alentejo, el sur de Extrem ad ura y Castilla- La Mancha, y el este de Murcia. Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 37 Figura 1.2. Ám bito de estu dio. Andalucía y zonas l imítrofes. Fuente: Datos Espacial es de Referencia de Andalu cía (DERA) Por lo tanto, dos razones han motivado la am pliación de nuestro ámbito d e estudio: a) Las necesidades de los procedimiento s de regionalización. Este tipo de estud i o se lleva a cabo p ara conocer la variabilidad climática d e un territorio, intentando identificar los factores espaciales y geográficos q ue condicionan el comportamiento de los elementos climáticos respetando, en la medida de lo posible, fronteras naturales. Pero además, n ecesitamos amp liar nuest ra zona de estudio más allá de Andalucía debido a qu e los procedimientos que se emplean requieren q ue se incorpore información, más allá de los límites de la zona para evitar los efectos de borde (Perd inan y Win kler, 2015 ) . Desconocemos de antemano las regiones plu viométricas, no sabemos hasta d ónde pued en extenderse, por lo que hay que procurar que permita su delimitació n natura l. b) Para abordar el estudio de las red es de medición h emos t enido que realizar una consulta a todos los organismos que cuentan con estaciones de medició n pluviométrica en Andalucía, entre los que se en cuentran las Demarcaciones Hidrográficas; el territori o andaluz comp rende seis de ellas, tal como se aprecia en la Figura 2.2 T odas l as Demarcaciones disponen de las redes SAIH (Sistema Automático de Inf ormación Hidro lógica), uno de cuyos obje tivos es “suministrar automáticamente y en tiempo real inf ormación sobre las variables climáticas” (SAIH). Por es ta razón, la bú squeda de información y d atos de estas redes ha justificado la ampliación de n uestro á mbito de estudio más allá de los límites de Andalucía. Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 38 Nuestra zona de es t udio garantiza de esta forma un marco espacial a decuado para el estudio d e la variabilidad y distribución de la precipitación. Nos servimos de una base de datos de est aciones pluviométricas que asegura la coherencia geográfica y climática de n uestra regionalizac ión y, por úl t imo, que incorpore las d iferentes redes y organismos responsables de la medición de esta variable en Andalucía. Figura 2.2. Fi gura XX: Demar caciones Hidrográfica s en Andalucía. Fuente: Sampedro Sánchez y Del moral Ituarte (2014) a partir d e Infraestructura de Datos Espaciale s del Ministerio d e Agr icultura, Alimentación y Medio Ambiente e Infraestructu ra d e Dato s Espaciales de Andalucía. En Andalucía, a la variabilidad característica del clima mediterráneo, sometida a un ritmo cambiante, se une la complejid ad regional del relieve, cuyo resultado es, como indica Gómez Zotano y otro s (Gómez-Zotano et al. , 2015) “una p articul ar interacción de factores climát icos de tipo geográfico y dinámico”. Sin d uda, u n mar co de estudio amplio garantiza una ap ro ximación más precisa a una de las variables cl imáticas más complejas: la precip ita ción , que presenta especial dificultad en nuestra región caracterizada por una elevada irregularidad. 2.2. Características pluviomé tri cas generales La especial posición geográfica de Andalucía, en el ext remo suroccidental d el continente europeo, al s u r de la Península Ibérica y por tanto en el área de los climas mediterráneos, pró xima al norte de África, la u bica en una zona de transición entr e las Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 39 latitudes medias y los climas subtropicales, de ahí que se en c u entre s ometida a la alternancia de diferentes centros de presión a lo l argo del año. Los fact ores dinámicos q ue afectan a la región, a gran escala, se cen tran en d os componentes: la med it erran eidad o subtropica lid ad, tanto más intensa cuanto más hacia el sur, y la o ceanid ad determinada p or la presen cia del Atlántico, cuya influencia es mayor de oeste a este. Los patrones generales se relacionan con el sist ema de circulación atmosférica a tlántica y mediterránea, asociad os p rincipalmen t e a diversos modos de varia bilidad de b aja f recuencia en el hemisferio norte, la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) (Barnston y Livez ey, 1987) y la Oscilación del Mediterráneo Occidental (WeMO) (Martin-Vide y Lopez-Bust i ns, 2006). Estas circunstancias latitudinales con sus particulares din ámicas atmosféricas, son modificadas por factores geográficos tales como la distribu ción de tierras y mares de su entorno, y por la acc id entada oro grafía de la región. La variab ili dad r egio nal está motivada por la inte racción de la din ámica d e gran escala y la oro grafía. En la b aja troposfera, gana importancia la topografía que modifica la d irec ción e intensidad de los vientos re s u ltantes, a t ravés del efecto que ej ercen los sistemas montañosos de canalización, los ascensos y los efectos d e barrera de los sistemas montañosos (Whiteman, 2000) . En efecto, a los factores de origen atmosféric o hay que sumar los geográficos, fundamentalmente l a disp osición del relieve y la altimetría, dada la compleja topografía de la región en donde se sitúan la alturas más elevadas d e la península ibérica, su perándose los 3.000 metros sob re el nivel del mar en las cord illeras Béticas. Las características de un relieve accident ado son las responsables de su acusada variabilidad espacial lo q ue se traduce e n la aparición de un mosaico climático en el interior del gran conjun to mediterráneo. Ot ro factor importante, es su localización entre un mar y un océano, lo que contribuye no tab lemente a est a diversidad, con un predominio de las influencias marinas atlántica s sobre las mediterráne as. “Esto es debido a la apertura del valle del Guadalquivir al o céano Atlántico y a la fragmentación de la región en dos gra n des ámbitos climát icos bien separados grosso modo por las cadenas Béticas que se convierten en una muralla, más o menos infranqueable, entre el dominio noroccidental o atlántico y el suroriental o mediterráneo” (Pita López, 2003 , p.140). La configuración del relieve en Andalucía es uno de los f actores geográficos qu e mayor peso tiene, dado que su disposición y orientación d eterminan la enorme variabilidad y la disimilitud en la signific ación espacial de oceanidad y continentalidad de su territorio (Capel Molina, 2000 ; Castillo Requena, 1989 ; Font Tullot, 2000 ). La o rografía actúa Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 40 como un mecanismo de ciclogénesis sinóp tico a meso -escala, y es determinante para la circulación atmosférica(Sotillo et al. , 2003) . Como comentan los autores citados, a escala lo cal, el relieve p ronunciado de la zona fortalece los mecanismos d e generación de precipitaciones, las refuerza a p artir de sistemas d e nubes p re-existentes, o favorece el d esarrollo de nub es en ub icacio nes fijas. En la vertiente mediterránea de la región, el mar t iene unas altas temperaturas superficiales durante una gran parte del año, por lo qu e el vapor de agua constituye una importante fuente de humeda d. En condicion es meteorológicas adecuadas , cuando el flujo atmosférico incid e sobre la costa, la evaporación conduce a una intensificación d e los mecanismos anteriores, y facilita la f ormación de procesos convectivos sob re las zonas costera s. Todos estos factores hacen que la o rografía sea el mecanismo que condiciona la distribución de las lluvias en el es pacio. Todos estos factores det erminan una gran diversidad y matices climáticos, especialmente notables en el comportamiento y distribuc ión espacial de las precipitaciones caract eriz ada, como exp one Martín Vide, por totales predominantemente modestos, una alta variabilidad interanual y largo s períodos d e sequía, a menudo salpicados por precipitaciones t orrenciales (Martín-Vide, 2011 ) . Son numer osos los es t udios dedicados a la precipitación en Andalucía, tanto de ti po analítico como sinóptic o y d inámico que, a dif erentes escalas, abordan la mediterraneidad como el rasgo más característico de su clima. A escala region al h ay que destacar algunas obras d e carácter general (Capel Molina, 1977 ; Capel Molina, 1987 ; Castillo y Molina, 1978 ; Castillo Requena, 1989 ; Pita López, 2003), o centradas en investigación del comportamiento espacial y t emporal (Aguilar-Alba, 2007 ; Aguilar- Alba y Pita López, 19 96 ; Aguilar-Alba et al. , 2006 ; Capel Molina, 1983 ; García-Barrón et al. , 2013 ; Pit a López y Aguilar -Alba, 1998 ; Pita López et al. , 2002 ; Ramos Calzado, 2003 ; Ruiz Sinoga et al. , 2011 ), variabilidad (Aguilar-Alba y Pita López , 19 96 ; García-Barrón et al. , 2011 ; López et al. , 1999 ; Pita López et al. , 1985 ; Rodrigo, 2002 ; Rodrigo et al. , 2000 ; Rodrigo et al. , 2012 ) o extremo s (Argüeso et al. , 2012 ; Capel Molina, 1982 ; Fernández- Montes y Rodrigo, 2015 ; Pita López, 1987 ; Pita López, 2001 ; Ruiz-Sinoga et al. , 2012 ) entre otros. En los últimos años, el número de investig aciones sobre la precipitación y su comportamiento esp aci al y t emporal, han ido aument and o notablemente, aunque siguen sie ndo necesarios más estudios sobre e sta región que permitan mejorar el conocimiento climático de Andalucía. Especial i nterés presentan las bases de datos q ue ofrezcan un con jun to de observaciones de alta den sidad (Gonzalez- H idalgo et al. , 2009 ), ante la creciente n ecesidad en el ámb ito mediterráneo de mejorar los análisis a escala regional y subregional. Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 47 esta base d e dato s q ue reunía todos los requisito s climáticos requeridos para nuestro estudio y que presentaba otras ventajas que describiremos más delante. Tras contactar personalmente con su in ves tigador prin cipal el profesor J.C. Gonz ález Hidalgo del Departamento de geografía de la Universidad de Zaragoza quie n generosamente nos proporcionó la base de d atos completa p ara Andalucía y su entorno. Como h emos comentado Ramos -Calzado (2012) ha creado una base d e datos de precipitación para Andalucía y su entorno aplicando un método nuevo que est ima los datos f altantes en series men s u ales de pre ci p itación a t ravés de una función de distribución de probabili dad de t ipo Gamma. La razó n por la que no ele gi mos esta base de datos es porque c onocimos su existencia recientemente, cuando el proceso de elaboración de esta tesis estaba ya en marcha. En la siguiente figura (Figura 5.2 ) se pr esenta esqu emáticamente las f uentes y los bancos d e datos emplea dos en esta investigación adelantando los objetivos principales para los que han sido empleados. Hemos marcado en gris la base de datos const i tuirá la base fundamental de nu estra regionali z ación ya que const ituye la mejor tanto en cuanto a su calidad como por su cobertura espacial. A prime ar vista podría p arecer que trabajar con tantos bancos de d at o s diferentes podría confundir, p ero realmen te cada uno re sponde a una motivación en la búsqueda de cono cer mejor la realidad histórica y presente de la red de medición pluviométrica en Andalucía. Indudablemente nuestro banco de ref erencia para obtener la propuesta de regionalización p luvio mét rica sólo h a sido MOPREDAS y las mejores estaciones del Servicio Nacional de Informaçâo de Recursos Hídric os de Portugal. Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 48 Figura 5.2. Descr ipción de las fuentes de información y su i n tegración en la investigac ión. Fuente: Describiremos brevemente el proceso de depuración del banco de datos original p ara Andalucía y del Servicio Nacional de Informaçâo de Recurs os Hídricos de Portugal (SNIRH). 2.5.1. Depuración del banco de datos de la AEMET y S NIRH Los dat os d el b anco de datos de la AEMET como del SNIRH no han sido sometidos a ningún p roceso de control de c alidad. Recientemente al acceder a este servicio de información portugués hemos comprobado que han incorporado protocolos de control de calidad que se muestran en todos los registr os al descargar los datos. Se unificaron en u na base d e datos tod a esta in formación a fin de llevar a cabo un proceso de control de calidad y detección d e errores, outilers , etc. En todo este proceso se detectaron multitud d e valores erróneos, falsos ceros, desplazamientos cronológicos de las series y un sinfín de irregulari d ade s qu e no vamos a describir pues no es el objeto de este trabajo . Tam b ién se eliminaron todas aquell as estacion es inservibles por contener esos años con dos y de mala calidad q ue podrían desvirtuar la percepción real de las estaciones con inf ormación. En la siguien te figura (Figura 6.2 ) most ramos esq uemáticamente el proceso de depuración para Andalu cía hasta llegar al que h emos denominado Ban co de datos depurado AEMET . Aclarar que no se llegó al proc eso de homogenización d e las series aunque sí se aplicaron no sólo procesos de est adísticos de detección de errores sin o Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 49 también comparaciones esp aciales para verificar la coheren cia espacial. T odo ello gracias al programa PROCLIM ( Štěp ánek, 2 00 8 ). Figura 6.2. Depu ración del b anco de datos d e precipitación de la AEMET en Andalucía. Fuente: Como podemo s ob servar en este proceso se eliminan 514 est aciones h ast a llegar a 1377 estaciones sob re las que realizamos es tos procesos de control d e calidad estadísticos y espaciales. Realmente la densidad de estaciones sigue siendo altísima, pero hay que tener en cuenta qu e son todas, sin exigencias d e longitud de las serie s , periodos o periodos de referencia. En las siguientes figuras (Figura 7.2 y Figura 8.2) se rep resenta el resul t ado esp acial de este proceso de depuración. El mapa ini ci al con t odas las estaciones disponibles corresponde con la Figura 3.2 d onde mostrábamos las estaciones de la AEM ET en el (apartado 2.4.1). Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 50 Figura 7.2. Estac iones eliminad as en el pro ceso de depuración del b anco de datos AEME T. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de AEME T Figura 8.2. B anco de d atos depurado de la AEMET para An dalucía. Fuente: Elabo ración propia a partir de los datos de AE MET Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 51 Este extenso b anco d e datos depu rado será utilizado en función d e los requerimien tos temporales y exigencias en los análisi s. 2.5.2. La base de datos MOPREDAS Base d e dato s de precipitación mensual MOPREDAS (MOnthly PREcipitation DAtabase of Spain ) (González-Hidalgo et al. , 20 11 ; Gonzalez-Hidalgo et al. , 20 09) está comp uesta por 2670 series de precipitación libres de i n homogeneidades y datos anómalos, y distribuidas uniformemente en toda España para el periodo 1945 -2005. En los artículos citados puede encontrarse to do el p roceso detallado de generación de esta b ase datos. Posteriormente MOPREDAS h a sido ampliada para disponer de información pluviométrica en el conjunto de la Península Ibérica, añadie n do 386 serie s de precipitación correspond ientes al territorio portugués proporcionadas, igualmen te, por el Sistema Nacion al de Informaçâo de Recursos Hídricos. Su rge así MOPREDASP (Monthly Precipitation Dat abase of Sp ain and Po rtugal) siguiendo los mismos protocolos anteriores u tilizado p ara su control de calidad, homogeneización y relleno el fin d e obtener la máxima coherencia y robustez posib le al unir ambas b ases de datos. La base de datos MOPREDASP está compuesta po r 3056 series d e precipitación mensual repartidas por toda l a Pe nínsula Ibérica. En el momento de adquirir MOPREDAS n o est aba aú n d isponible esta segunda base de datos, por lo q ue nuestros datos del SNIRH no han seguido los mismos prot ocolos aunque sí h a sid o sometida al mismo proceso d e depuración que el banco de datos de AEMET para Andalucía. 2.5.3. Base de datos para la reg i onalización pluviométrica En la siguien t e tabla (Tabla 1.2 ) figura (Figura 9.2) p resentamos la base de datos f inal que hemos empleado para obtener la propuesta de regionalización pluviométrica de Andalucía. Esta base de datos está compuesta p or 722 estaciones. Tabla 1.2. Estac iones de la base de datos p ara la regionalización pluviométr ica . Númer o de estaciones MOPREDAS Andalu cía 514 MOPREDAS externas 160 SNIRH Portu gal 48 Total 722 Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 52 Figura 9 .2. Estaciones e mpleadas en la r egionalización pluviométr ica de Andalucía . Fuente: Elabo ración propia a partir de los datos de MOPRE DAS y SN IRH 2.6. Otras fuentes de info r mación y programas informá ti cos El desar rollo d e este trabajo ha requerido infor mación d e otras fuentes y el manejo de diversos programas info rmát icos. Las bases de información cartográfica de Andalucía provienen fundamentalmente de:  Infraestructura de Datos Espaciales de Andalucía ( www.ideandalucia.es)  Infraestructura de Datos Espaciales de España (IDEE)  Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG)  Datos Espaciales de Referencia de Andalucía (DERA, 2014)  Red de Información Ambiental de Andal u cía (REDIAM) En cuanto a los programas informáticos específicos empleados han sido los siguientes:  Tratamiento de datos climáticos: - AnClim ( Štěpánek, 2003 ) - ProClimDB ( Štěpánek, 2008 ).  Cartografía. Sistema de Información Geográfica: ArcGis 10 .0  Tratamiento estadístico. PASW Statistics 20 y R - Project ( www.r-project.org )  Gestor bibliográfico. Endnote 4 Todo este proceso d e gestión y man ejo d e dat os ha su puesto un importante aprendizaje en mi formac ión como geógrafa y climatóloga. Capítulo 2 : Área de estudio, fuentes y datos Primera Parte: Zona de estudio y fuentes de información | 53 RE FERENCIAS BI BLI O GRÁFICAS AGUILAR-ALBA, M . 20 07. Cambios y tendencias recientes en las precipitaciones de Andalucía. En: SOUSA, A., GARCÍA-BARRÓN, L. Y JURADO, V. (ed.) El c ambio climático en Andalucía: evolución y consecuencias medioam bientales. S evilla, Consejería de Medio Ambiente-Junta de Andalucía. AGUILAR-ALBA, M. & PITA LÓPEZ, M. F. Evo lución de la variabilidad pluviométrica en Andalucía occ idental: su repercusión en la ges t ión d e los recursos hídricos. Clima y agua. La gestión de un recurso climático, 1996 . AGUILAR-ALBA, M., SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, E. & PITA LÓPEZ, M. F. 2006. T endencia de las p recipitaciones en marzo en el sur de la Península Ibérica. En: CUADRAT, J. M. E. A. (ed .) Clima, Sociedad y Medio Ambiente,. Zarago za, Publicacion es de la Asociación Española de Climatología (AEC). ANDALUCIA, I. 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Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 63 Cualquier in icia t iva que intente establecer un método simp le, generalizad o y universal tendrá sus inconvenientes pu es u n método desarrollado para una zona pu ede no ser válido en o tra. Tal es el caso de la clasificación del estadounidense Tho rnt hwaite (1948), criticada fundamentalmente por haber basado su desarrollo únicamente en los Estados Unidos, lo que hace q ue no ofrez ca buenos resultados en otras partes del mundo ( Op. Cit., p. 2 ). Nuestro estudio entron c a, por tanto, con una de las temáticas clásicas y recurre ntes en climatología: las clasificaciones, y las regionalizaciones que de ellas se derivan. Parece pertinente pues, com enzar reflexionando so bre el propio sign ificado del término regionalizar , incluido en el título de nuestro estudio , poco frecuente y escasamente incorporado a la t eoría climato lógica. Afirmaciones encontradas en diversas investigaciones nos han llevad o a cuestionar su significad o preciso cuan d o se indica, por ejemplo, que “parece q ue el concepto de regionaliz aci ón h a q uedado desechado como un fin en sí mismo p asando a ser, acertada mente, una forma de clasificación ” (Grigg, 1965 citado por Capel Sáez, 19 81, p.390), o c u ando Bunge afirma que “la similitud entre una regionalización y u na clasifica ción científica parece tan cercana que ha h echo creer a l os geógrafos que han redescubiert o, de forma independiente, la lógica completa de los sistemas de clasi f icación” (Bunge, 1 96 2, citado por Dikshit , 2006, p.1 95). Ante estos planteamientos establecido s por geógrafos tan destacad os parecería un atrevimiento incluso insistir en este debate que, por otro lado, fue intenso durante los años 60. La distinción entre clasificar y regiona lizar sigue suscitando interés por ser un a cuesti ón relevante no sólo para la climatología sino también para la Geografía física en general, ya que muchos de los interrogantes que suscitan son de gran trascendencia geográfica. Si mantenemos el térm i no regionalizar en el título de la tesis en lugar de hab er o ptad o por Clasificación p l uviométrica de Andalucía o similar, es porque la equiparación de estos dos términos no es evidente y continúa siendo objeto de de b ate. En primer lugar n os cuestionamos si re gionalizar es lo mismo que clasificar o zon ificar, desde un punto de vista geográfico y sobre todo climatológico. La b úsq u eda de esta respuesta no s ha llevado a indagar sobre la u tilización de estos términos en trabajos similares y en otras disciplin as, lo cual ha enriquecido y ampliado el ámb it o d e nuestra reflexión . Nos hemos ad entrado, igualmente, en cuest i ones ep istemológicas relacion adas con las técnicas cuantitativas estadísticas que sustentan y centran nuestra investigación; n os planteamos su sentido geográfico y a que, en sí mismas, pueden considerarse meros artificios estadísticos aplicados a un conjunto de d at os. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 64 Nos parecía que necesitábamos en contrar un marco teórico, dent ro d e l a Geografía y la Climatología, que sustentara y enriqueciera nuestros resultados y el sentido ú ltimo de la aplicación de técnicas cuantitativas. No queríamos caer en la afirmación de Habermas de qu e, “ haciendo de la creencia d e las ciencias en sí misma un dogma, el positivismo asume la función coercitiva de proteger la in ves tigación científica de la autorreflexión epistemológica” (Habermas, 1978, citado por Unwin, 1972, p. 217). Puesto que p ara la mayoría de los geógrafos físicos el positivismo lógico contin úa siendo un firme pilar de la investigación, porque es capaz d e producir resu l tados útiles , consideramos que sigue siend o relevante reflexionar y debatir sobre es tas cuestiones en el actual marco neopositivista . Nuestra inquietud inicial se vio acrecentada por las reflexiones y p ropuesta del profesor Capel Sáez contenidas en el capítulo XII Neopo sitivismo y geografía cuantitativa cuando afirma: “ las cuestiones territoriales objeto de consideración por los geógrafos demandan, no sólo técnicas de anál isis, sin o también, y sobre todo, ideas y concepto s” (Capel Sáez, 1981 ) . Est a p ropuesta siguio siendo reivindicada por este autor 1 con q uien compartimos la necesidad de in dagar en los o r ígenes de nuestro campo de investigación y en los análisis que deberiamos efectuar. Su invitación a mover las men tes y pr omover un pensamiento reflexivo nos indujo a ahondar en algunas cuestiones epistemológicas relacionada s c o n nuestra investigación. En es t e mismo sentido se pronuncia el profesor Marín Vid e: “Puede que convenga también ahora reflexionar sob re la imp ortancia de la fundamentación teórica. El caso es qu e el continuo aprendizaje técnico que exige en la actu alidad la p ráctica de la Geograf í a cuantitativa detrae potencialidades a la imprescindible r eflexión teórica del científico“ (Martín Vide, 1994) . Al ap roximarnos a cuesti o nes de tant a trascendencia, constatamos que indagar en las raíces de las clasificaciones, aún limit adas al ámbito de la climatología en el seno de la Geografía, re s u lta una tarea ardua que incluso pued e ser percibida como una d ificul t ad natura l como ratif ica Tim Unwin, tras su experiencia en la un iversidad de Lon dres impartiendo durante años u n curso d e master en teoría y práctica de la geograf ía al afirmar : “quedaron así perfectamente d e manifiesto las dificul t ades con las que se enfrentaban mucho s estud iantes al in tentar reflexionar acerca de los cambios ocurridos en la práctica geográfica del siglo XX” (Unwin, 1992). 1 Debate surgido en el s eno d e la Ge o grafía a prop ósito d el artículo pu blicado po r el profesor Capel sobre el papel de la s TIGs . La s reflexione s que plantea evidencian su afirmación sobre la necesidad d e indagar sobre lo s cambios extrao rdinarios que se e stán pr oduciendo. E l p roblema, segú n Capel, es qu e este tip o de cuestione s de fo ndo “faltan en much os de los trabaj os de especialista s que , en algú n caso, son una simple exploración p ara un a posible aplicación d e técnicas” CAPEL SÁEZ, H. 2005. La s TIGs en los concursos de hab ilitación para profesores titulares d e geogra fía humana: un a cuestión nad a anecdótica. Biblio 3W GeoC rítica . Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 65 Nuestro trabajo se sitúa, p ues, en esa larga trad ic ión geográfica de contro versias en la que se sitúa est e autor “mu chas de las cuestiones abordadas p or los geógrafos actuales fueron ob jeto de deb ate e investigaciones en siglos pasa dos, y podemos aprender mucho de una rean udación de algunos de dicho s d ebates; y, en segundo lugar, implica que la expresión concreta de la geografía en cualquier lugar o época es un reflejo de la sociedad en la que se inscribe ” ( Op. Cit , p. 14). A partir de los años cincuenta algunos geógrafos que podrí amos calificar de visionarios, proporcionaron u na dimensión t al a sus hallazgos q ue tuvieron como consecuencia un cambio de actitud en parte del mundo académico e institu cio nal de su tiempo; son los mismos debates que reaparecen en el contexto d e la cienci a actual. Muchas cuestiones vuelven a tomar relevancia dentro d e la disciplina en la que aún resuenan ecos de aquellos momentos de avance y cambios. La denominada por Bret on (1991) Tercera era informática iniciada en los años ochenta , basada en la generac ión de t ecnologías de la información y desarrollo d e la microelectrónica, ha qued ado at rás para transitar hacia el Cuarto Par adigma de la ciencia , la era de los grandes volúmenes d e dat os ( Big Data Scie nce) (Hey et al., 2009 ; Kitchin, 2013 ; Kitchin, 2014) . Ante los importantes cambios epistemológicos q ue se están produ cie ndo algunos autores como Kitchin desde la geografía , alerta sobre las n uevas formas d e empirismo que declaran el fin de la teoría , de la ciencia regida por la creación de datos (Op. Cit. ). En este contexto la climatología se une a esta revolución, las grandes bases de datos climáticas y sus cent ro s p roductores son un modelo de esta nueva realidad, los denominados data places , como e l Nationa l Center for Atmospheric Research (NCAR ) y los nuevos científi c os de datos (data sc ientists) . En sus reflexiones el mismo autor anterior expone: “Los nuevos análisis de datos son innovaciones disrupt iv as qu e están reconfigurando en muchos casos cómo se lleva a cabo la investigación. Existe una necesidad urgente de mayor reflexión crítica dentr o de la academia sobre las implicaciones epistemológicas que la investigación centrada en los Big Data está generando. Una tarea que ap enas ha comenzado a ser abord ada a p esar de los rápidos cambios que actualmente tienen lugar en las p rácticas de investigaci ón ” (Kit c h in, 2014 ) . A fin de dot ar de una perspectiva histórica en la qu e enmarcar las regi onalizacion es, iniciaremos la bú squeda indagando en l os orígenes de las clasificaciones climáticas hasta llegar a la actualidad, aparentemente alejada de los contenidos de est e capítulo , pero en el fondo muy rel acion ado como iremos mostrando . El estudio h istórico de las clasificaciones climáticas o bioclimáticas podría ser objeto de un trabajo monográfico sobre este tema pero excede el alcance de nuestra Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 66 investigación. De ah í , que solo llevemos a cabo una breve aproximación histó ric a centrada, prin cipalmen te , en la búsqueda de los orígenes de las clasificaciones climáticas en el seno de la geogra fía física y su evolución hasta la actualid ad . 3.2. Clasificaciones y regionalizaciones en Climatología. Breve a proximación histórica. Sería de gran interés llevar a cabo u na revisión hi stó rica exhaustiva y actualizada sobre las clasificaciones climátic as pero excedería los objet ivos d e n uestra investigación, h ay que señalar, sin embargo, que resulta sorprendente que u n tem a tan importante y clásico en climatología haya recibido tan poca atención como ponen de manifiesto los escasos trabajos monográficos llevados a cabo en esta materia . En la búsqueda de los orígenes de las regionalizaciones hem os considerado necesario, al menos, hacer un bre ve recorrido histórico que abordaremos cent rándono s fundamentalmente en la geografía físic a y en la climatología. Comenzaremos recordando que la bú squeda de las d iferencias entre clasificar y regionalizar no es nueva y q ue, como veremos más adelante, es una cuestión aún abierta, deb i do en parte al exten dido u so d e est o s mét odos en d ifere ntes disciplinas y aplicaciones. La atención q ue hemo s prestado a est as cuest iones básicas vien e motivada por la necesidad de encontrar un marco d e referencia en nuestro estud io, pero también porque pensamos que el interés que nos suscita p uede ser compartido por muchos profesionales e investigadores en el ámbito de la geografía. Al indagar acerca de los concep tos de clasificación y de regionalización en climat ología, tenemos que afrontar una serie d e cuestiones de gran importancia para la Geografía. Ya en 196 5 Steiner plantea: “La regionali zación de la superficie terre stre continúa siendo un problema importante sin resolver d entro del campo d e la geografía. (…)Muchos elementos cambian d e forma gra dua l, no de forma ab rup ta , de un lugar a otro y, po r tanto la ubicación de límites se rige por criterios subjetivos. Esto es especialmente cierto en el caso de las regionalizaciones climáticas al ser los elementos climáticos variables continuas. D esde la segu nd a mitad d el siglo XIX, los geógrafos y climatólogos han estado luchando por encontrar u n sis t ema r acion al de clasificació n climática” (Steiner, 1965) . En nuestro estudio h em os realiz ado un breve recorrido histórico sin llevar a cabo una revisión epistemológica exhaustiva, y nos ha sorprendido la dificultad de encontrar en la climatología u n reflejo de los cambios históric os acaecidos en la prá ct ica y en la metodología d e la geografía como ciencia. N o t ratar emos la historia de las clasificaciones climáticas que ha sido recogida , en parte, por Oliver en su Enciclopedia Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 67 del clima, en la que se puede encontrar una completa recopilación de las clasificaciones más destacadas a nivel mundial (Oliver, 2006a). Nuestro estud io podría en cuadrarse en lo q ue Ortega V alcárcel (Ortega V alcárcel, 2000 ) considera las geogra f ías positivistas en n uestro caso neoposit ivistas, cuyos orígenes se situarían en la trad ición de aquella nueva geografía cuant itativ ist a in iciada a mediados del siglo XX. Las grandes clasificacion es climát icas surgen a finales del XIX y es ahí do nde comenzaremos nuestro breve itinerario d istinguiendo, al igual que Castree y Tadaki, tres etapas: una fase anterior a 19 45, otra que comienza después de la Se gunda Guerra Mundial y finalmente la época moderna (Castree, 2012 ; T adaki et al. , 20 14) . 3.2.1. Los orígenes de las grandes clasificaciones mun diales (s. XIX - 1945) Desde la antigüedad hasta el establecimiento de sistemas de clasificación, el clima ha sido empleado como elemento de diferenciación espa cial, e incluso algún aut or se ha aventurado a esb ozar divisiones regionales del mun do en función del f ac tor climát ic o (Olcina Cant os, 1996) . En la historia d e las clasific acion es geográficas, la climatología es la que proporciona los mejores ejemplos, ya que clasificar d efiniendo tipos de climas ha sid o una d e sus principales tareas llevadas a cabo con la finalidad de d elimitar, sintetizar y comprender el impacto espacial d e los fen ómenos clim áticos sobre la biosfera. En el siglo XVIII se sien t an las bases de u na importante renovación metodológica y conceptual que surge a part ir d e los avances en los estudi os del med io natural. A lo largo del siglo XIX e l determin ismo ambiental, que i mpregna el quehacer geográfico , propiciará un gran desarrollo de los est udios relativos al medio f ísico y en tre ellos de los estudios climático (Pita López, 2006). Las primeras clasificaciones mundiales llevadas a cabo en la década de 18 70 serán fruto de la aparición de los instrumentos d e medición, de las primeras redes de observación meteorológica y de los primeros estudio s científicos en climatología. De Candolle en 1874 y Supan en 1879 introducen, al menos en p arte, u na base matemática. En 18 84 Köppen publica el primero de los mu chos e imp orta n tes trabajos que se sucederán abordando d irectame n te el pro blema de las clasificaciones climáticas. Desde entonc es se han sucedido múltiples propuestas con el objet ivo d e definir tipos climát icos y encontrar diferencias y similitud es entre los p atrones que se pueden encontrar en las dist intas partes del mun do. Tal como expone Grigg, estas primeras clasificaciones eran c lasificaciones natura les en un sentido técnico y planteaban un sistema de region es geográficas que intentaban Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 68 abarcar la totalidad de la superficie t errestre. En 1982 Penck en su artículo Propuesta de una c lasificación climática basada en la fisiografía, plantea qu e : “En el estudio de la superficie terrestre parec e po si ble usar el clima como base, ya que la interacción de todas las condiciones atmosféricas influye tan claramente sobre el paisaje q ue es posible la distinción de region es climáticas sin tener que partir de largas series de registros meteorológicos”. En este sentido M.F. Pita López comenta “De este modo, y a pesar de lo rudimentario de la concepción y del método, empezará a se r conocida la distribución de los distintos tipos de clima sob re la s uperficie terrestre . Pero, además , esta visión planetaria permit irá el establecimiento de los primeros prin cipios explicativos, de las primeras leyes reguladoras de la organ ización de este mosaico (…) Los mecanismos clasificatorios darán pie al estudio de las relaciones existentes entre el clima y los restantes componentes del medio, esencialmente la vegetación, qu e servirá de b ase p ara el establecimiento de los u mbrales separadores entre los distintos t ipos de clima” ( Op. Cit. , p.11). La f ormulació n más te mprana de clasificaciones está est rechame n te ligada a l os primeros estud ios florísticos que intentaban sistematizar la vegetació n del mundo mediante sistemas de clasificación, lo que influyó poderosamente sobre las primeras propuestas y esquemas de organiz ación de los climas (Oliver, 2006b). Esto explica que la mayor part e de las clasificaciones han puesto en relación los tipos climáticos con elementos d el medio, especialmente con la distribución de la vegetación. Se consigue así validar y resolver el problema de los límites d e las regiones al est ablece r correspondencias aproximadas entre las fronteras de la s grandes zonas climáticas y las que se establecen para las zonas de vegetación. Ahora b ien, esta extrapolación no se puede utilizar d e forma consistente a escala regional y local dado que suelen producir errores notables. Po r otro lado , “una clasificación climática gen uina y racional debe basarse únicamente en elementos climáticos y n o sobre factores exter n os” (Steiner, 1965 ) . Al establecer estos sistemas sus autores han declarado , explícita o implícitamente, que los tipos climáticos se correspondían con los tipos de vegetación natural que predominan en la región geo gráfica estudiada. Llevando est a idea al extre mo se podría concluir que las condiciones climatológicas que condicion an la vid a vegetal de cada región, podrían ser mejor expresadas a partir de l a existencia de determinados tipos de plantas sin necesidad d e constatar estas condicio n es a través de datos meteorológicos. Con base en este criterio, los diferentes tipo s de clim a del mundo se establecerían sobre la base de la exist en cia de diferentes t ipos de p lantas, lo cual constituirá una de las críticas que estos grandes sistem as de clasificación recibirán po s teriormente y determinarán q ue ot ras propuestas de esta n aturaleza, como el planteado p or el botánico danés Raunkiaer, no se hayan consolida do (Contreras Arias, 1942). Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 69 A pesar de que est e tipo de clasificación n atural ofrece una explicación satisfactoria y teóricamente posible ac erca d e las diferencias entre zonas, Grigg advierte de que muchos geógrafos han permanecido dem asiado tiempo en esta quimera (Grigg, 19 65) . Las primeras clasificaci on es intentaron exp lic ar las variaciones regionales de la totalidad de los elementos en la superficie terrestre, y se asumió que la actividad humana variaba espacialmente d eb ido a que estaba con trolada princip almente por el en torno f ísico. Como comenta Pit a López , en esta etapa se con s t ituye también “otra tradición muy fructífera en la climatología geográfica: la tradición espacial”, aunque “los excesos de esta tradición ecoló gica contribuirán de manera significativa a sumir a la climatología en uno de su s moment os más oscuros: la primera mitad d el siglo XX en sentido amplio” (Pita López, 2006) . En efecto, aquel d eterminismo geográfico perd ió pronto su validez para la investigación, al menos como base satisfactoria para est ablecer nuevas clasificaciones. No obstante continúan apare ciendo importantes cont ribucio n es a principios del siglo XX como la clasificación de Köppen de 1936 que r evisada po s teriormente en 1953 p or dos de sus alumnos, Geige r y Pohl, se convierte en el f oco central de la investigación climatológica, sobre todo a partir de la aparición del popular mapa Köppen -Geiger . Alrededor d e 1930 s ucede algo inesperado: ap arece la tercera dime nsión de la atmósfera . Hasta en tonces, el est udio del clima se h abía limitado a descrip ciones basadas en med iciones sin tener en cuenta la int erpre tación de la din ámica atmosférica. Entre 1920 y 19 30, la o bra de Bjerknes y sus est udiantes reveló el funcionamiento de las masas de aire lo qu e d eterminó el camb io en los ob jetivos de an álisis de la tierr a al cielo , y el estudio del clima se deslocaliza , cent rándose ahora en la formación y desarrollo de sistemas met eorológicos en lugar d e o bservar sus efectos sob re las diferentes regiones de la t ierra. Surge así lo que Bergeron y sus estudiantes de Bjerknes deno m inaron “climat ología dinámica” y se se para, tamb ién en estos momentos la meteoro lo gía de la climatología tradicionalmente ligada a la geo grafía (Skaggs, 2004) Est e hecho, unido al determinismo ambiental que había predo minado en el seno de la geografía hasta entonces, p ropici ó el abandono de aspectos relevantes de est a corriente para la geografía física como son el estudio de los procesos del medio físico, la búsqueda de aspectos ex plicativos y el ejercicio de una clim at ología más aplicada. Capel Sáez concluye “que este pro ceso de constitución de la nueva climatología supone el abandono de las tradiciones espacial y ecológica que habían presidido las realizaciones de la primera etap a y qu e tan fértiles resultados habían p roducido, no sólo en el seno d e la climatología, sino en el conjunto más amplio de la geo grafía ” (Capel Sáez, 1983) . Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 70 La bú squeda de grandes sistemas de clasificación mund iales d esde esta persp ec tiva desparece como objetivo fundamental de la investigación climática, así como la búsqueda de una mejor descripción y com prensión de los climas regio nales. Desde entonces con vivirán dos ten dencias en los sistemas climát icos de clasificación: las denominadas clasificacio nes genéticas, fundament adas en los facto res que originan la diversidad climática (c omo radiación sola r, c irculación de la atmósfera y masas de aire), y las llamad as empíricas, ligad as a esta t radición anterior y basad as en elementos del clima combinados en índices ( Ol iver, 2006b) . Podemos concluir que en este momento f inali z a el au ge d e la que ha sido denominada La época clásica de cl asificaciones climáticas (Rohli y Vega, 2013 ), en la que se construyen sist emas basados en el clima a pesar de ap oyarse fuertemente en la relación con sus efectos sobre los sistemas naturales. A partir de entonces esta lín ea va a adquirir un carácter aplicado, pasando a ser el clima un componente más en los sistemas d e clasificación. Las p ropuestas que apare cen son t an diver sas como los ámbitos sobre los que el clima ejerce su influencia (Oliver, 2006a). Llama la atención cómo la mayor parte de las propuestas se realizan entre los año s 19 40 y 19 60, a veces reformula ndo o actualizando sistemas clásicos, como en el cas o de la clasificación de Köppen, c riticada en 1948 por Thornthwaite, quien demostró con sus trab ajos que este sistema no era adecuado p ara muchas aplicaciones y que sería necesario mejorar y plantear nuevas clasificaciones en el futu ro. El mismo sist ema de Thornth waite es p osteriormente mod ificado en algunas propuestas (Malmström, 19 69). No obstante el sist ema d e Köppen, aunque no ofrece una explicación con vinc ente sobre los elementos clasificados, sigue siendo, con s us posteriores versiones modificadas como la de Köppen-Geiger, el sistema de clasificación del clima predominante en estudios de todo el mundo. Cerrando esta tradición aparecen trabajos recientes como el sistema de Pa padakis en 1996, la clasificación para Eu ropa de Rivas M artínez (Rivas-Martínez and Riv as - Sáenz, 1996 -2009), actualizacio n es del sistema de clasi f icación de Thornthwaite (Feddema, 2005 ) entre otros. 3.2.2. La revolución cuantitativ a en l a climatología geográfica (1945 -1970) A partir de la década de los años 40 se p roducen avances mu y importantes en d iversos campos de la ciencia qu e confluyen y se ret roalimenta n, impulsando nuevos descubrimientos metodológicos y campos de aplicación. El desarro llo de los mét odos estadísticos, especialmente los mu l tivariantes y su aplicación a la psicologí a, la ecolo gía y la taxonomía, propician el desarrollo de estas Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 71 técnicas que llegan a la Geografía impulsando lo que se d enominará la Tax onomía regional (Spen ce y Taylor, 1970 ). Es entonces cuando se desarro llan la mayoría de los métodos cuantitativos que, unidos al avance computacional permiten por primera vez, abordar estudios sobre las regiona liz aciones co n bases similares a las de nuestro estudio. Estas técnicas fueron desarrolladas para resolver problemas de clasificaci ón ajenos a la geografía y, como citan Spence y Taylor t omando las palab ras de MacNaughton -Smith en 1961, “a medida que la taxonomía en s u sentido más amplio ha pasado de ser u n arte semi-intuitivo de clasificación a utilizar m étod os más objetivos, sus aplicaciones en mu chos camp os han fomentado el desar rollo de técnicas numéricas”. La escuela d e Taxonomía Numérica de Sokal y Sn eath potencia desde los año s 50 la aplicación de métodos cuantitativos definiendo estos procedimientos como “la evaluación numér ic a de la afinidad o similitud entre unidades taxonómicas y la ord enación de éstas en taxa bas ado en estas afinidades” (Sokal, 1963 citado por Spence y Taylor, 1970 , p . 37). Siendo muy numerosa la bibliografía que trata sobre la geografía cu antitativa, hemos optado p or seleccionar algunas ideas de los principales autores que han investigado en este ámbito y q ue sintet izan los aspectos fundamentales de esta e t apa. Góme z Mendoza y ot ros lo resumen así: “Las t ransformaciones que se producen en amplios sectores del conocimiento a part ir de los años cincuenta q ue afect arían decisivamente al campo d el conocimiento geo gráfico, h an po dido ser valoradas como una verdadera revolución científica (…) posibilitada por el ac ercamie nto p rofesional, d urante la segunda guerr a mundial, d e diversos y, en principio h eterogéneos, campo s d el saber. Lo cual con llevó una interpretación conceptual y metodológica que (…) se traduciría en una su stancial reformula ción de los planteamientos cognoscitivos. Y esa reformulación se dirige fund amental men te hacia el dominio de l os conocimientos hu man os y sociales: porque, en efec t o, en el campo d e las ciencias naturales el proceso, aunqu e también actuante, aparece en gran medida como culmin ación y consolid ación de perspectivas cognoscitivas más tempranamente adoptadas” (Gómez Mendoza et al. , 1982, p. 97). Este ú l timo aspecto se pro duce en la climatología en re l ación con la s clasificaciones climáticas y se pued e co n statar el esfuerzo por e l rigor y la generalización explicativa como herencia de las ciencias biológicas y de la tradición ecológica. Mattson concluye que “el impacto principal de esta creciente diversida d d e i n tereses queda reflejado en un a cada vez mayor especialización de la disciplina. A la vez el geógrafo fue a proximándose a o tras disciplinas de la rama d e las cienc ias sociales, principalmente la sociología y econ omía, pero t ambién a la antropología y arq ueología e incluso a las cien cias físicas (biología, ecolo gía), s alvando d e este modo las dist ancias entre disciplinas, y acercando así los geógra f os a otros cie n tíficos sociales, a otros campos de la investigación, y a ot ros métodos e ideas. To d o ello cont ribuyó al Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 72 desarrollo de la discip lina (…), a una creciente coope ración interdisciplinaria, reflejados posteriormente en cambios en las instituciones y en los planes de estudios” (Mat tson, 1978 ). En efecto, “los nuevos planteamientos incorpora n a los diferentes ámbitos del saber los criterios conceptuale s y metod ológicos utilizados por las ciencias físicas (…) como modelo indiscutible d e t odo saber que se pretenda rigurosa y coherentemente científi co. (…) la aplicación del lenguaje matemático y, por tanto, del lenguaje lógico. Esto supon e una homogenización metodológica del con ocimiento por parte d e todas las cien cias no físicas que adoptan el método científico de fo rma generalizada desde los años 50, diferen ciá ndose entre ellas sólo po r su objetos, técnicas especializadas y estadios de evolución (Bunge, 1972). (…) Las nuevas perspectivas geográficas analíticas conllevan una severa crítica y un expreso rechazo de los p lanteamientos , predominantemente regionales o corológicos, de la geografía clásica precedente. (…) Resulta necesario reformular, en términos fu ndamentalmente teóricos, u na perspectiva geográfica capaz de analizar rigurosamente, con criterios de estricta cientificidad lógica, las leyes ar ticuladoras d el o rden espacial investigado. Po rque es el análisis de las regularidades, de las leyes, del orden del mun do cognoscible lo que debe caracterizar definitoriamente, al igual que sucede e n cualquier campo científico, el horizonte epistemológic o de la ciencia geográf ica ” ( Gómez M endoza et al. , 1982, p. 98). La insatisfacción con los planteamientos de los estudios geográficos regionales motiva la búsqueda de un cambio de enfoque hacia aproximaciones más sistemáticas y especializadas (Johnst on , 1979 ). Los ava nces en taxonomía por p arte de la zoo logía, la botánica y otras disciplinas y el empleo d e métodos y técn icas de la ecolog ía factorial , se incorporan a la geografía enri q ueciendo la invest igaci ó n y su s planteamientos epistemológicos. En la década de los 60, Berry incorpora est os procedi mien tos a los problemas regionales en algu nos de sus estudios d e geografía u rbana, in ic iando el uso de las técnicas multivariantes en geografía. Como expone Johnston, “los geógrafos h an intentado recientemente pon er su tema e n una base cien tífica suficiente. Mucho se ha escrito sobre la idea de región en geografía, pero la mayoría de las clasificaciones hasta la fecha se han re aliza d o basán dose en ju icios de valor personales o subjetivos.(…) Sólo recientemente los geógrafos ha n sido capaces d e recu rrir a las ciencias más desarrolladas y aplicar sus modelos es tadísticos” (Johnston, 1968). Mattson considera q ue d esde “los añ os cuarenta y principios d e los cinc uenta, f ue ron un período de reflexión, reo rientación y redef i nición d el cam po de la geografía. (…) En cierta manera el movimiento cuantitativo fue una bú squeda de la unidad a través del método, un nuevo conjunt o de técnicas más o menos comunes a todos lo s aspectos de una "ciencia" geográfica modern a. Pero, al mismo tiempo, la ado pción indiscriminada de ciertas ideas, métodos y teo rías nuevas, dio lugar a una especie d e crisis de Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 79 To man fuerza en estos momen tos d os important es escuelas de p ens amie nto q ue tendrán influ encia en la climatología geográfica , con co n tribuciones rel evantes que marcarán, en cierto sentido, el futuro de esta disciplina sentando nuevas bases que todavía siguen vigente s en la actualida d : Por un a lado se encuentr a la E scuela de Chicago de White y col aboradores que formalizaron al mismo tiempo los estudios sobre la percepción d el medio natural , los eventos catastróficos, y que exploraron la respuesta adaptativa de los seres humanos a los peligros ambientales (Burton y Kates, 1964) . La segunda escuela es la de Berkeley, centrada en la geografía cultural de Sauer, que aporta in vestigaciones mu y signif icativas en cli mat ología recogidas en La respuesta humana al tiempo y el clima. Contribuciones geográfica s (Sewell et al. , 1968 ). El impacto huma n o sob re los cambios que experimenta la atmósfera aparece como un nuevo t ema de estud io en la investigación geo gráfica debido, en parte, al desarrollo de nuevos conceptos y técnicas de campo. Se plantean problemas, aún no resueltos po r los organismos públicos re sponsables de la gestión de los recursos atmosf éricos , derivados de la posibilidad real del género hum ano de alterar la atmosfera Como los propios au tores señ alan en este trabajo, comienza la Era moderna de l a alteración del tiempo ( The modern era of we ather modification ), y se aviva el debat e en torno a las circunstancias en las que la humanidad p uede modif icar el clima , y a la necesid ad de investigar en este ámbito. La importancia d e la ampliación d el campo geográfico es tan grande que en o pinión de Ca pel Sáez, se ha llegado a mantener que “ los estudios sobre la percepción del medio rivalizan con la otra gran ola innovadora en l a Geo grafía moderna, l a rev olución cuantitativa ” (Brookfield, 1969 citado p or Capel Sáez, 1973) . Esta podría ser ot ra de las razones por las que no se percibe un impacto tan profundo de esta renovació n metodológica dentro de la climatología geográfica, a pesar de ser una especialidad de naturaleza eminentemente cuantitativa. Como con secuencia de todo lo anterior, los trabajos sobre clasificaciones y regionalizaciones climáticas se diluyen en este panorama ya que sus métodos van unidos a los cambios cuantitativos. No obstante, algunos autores como Steiner (Steiner, 1965) comienzan a u tilizar est as técnicas en climatología con el fin d e conseguir una clasificación del clima racion al, basada únicamente en elementos climáticos, y sin utilizar factores externos como la vegetación o los suelos. Una de las prime ras aplicaciones fue la Clasificación de los climas de Australia por ordenad or de McBoyle (McBoyle, 1971) ofreciendo como resultado una cartografía de f ácil utilización e interpretación a escalas tanto locales como generales. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 80 A pe sar de estos ejemplos, hay que señalar que la búsqueda de nuevos horizonte s epistemológicos surge fun damentalmente en el ámb ito de la geografía física, y más concretamente, desd e la geo morfología y que pocos climatólogos participan en es t os debates q ue se viven en el seno de la Geografía. Por citar un ejemplo, en el libro editado p or Davies The conceptual revolution in geography (Davies, 19 72), aun que no pretenda hacer un recorrido por las diferente s especialidades de la disciplina, llama la atención cómo en la tercera sección, dedicada a la Geogra fía y la aproximación sistémica ( Geograp hy and the Syst ems Approa ch ) , en contramos un capítulo dedicado a la “Geomorfología y la teorí a gen eral de sistemas” p or Chorley, como tributo merecid o a una de las ob ras más inf luyentes en el seno de la geograf ía en gen eral y de la f ísica en particular. La climato logía recibe una escasa aten ción, como si no formase parte de la revolución conceptual y t an sólo aparece en algunos estud io s relacion ados con las clasificaciones. En el capítulo de I. Burton ded ica d o específica men te a la re volución cuantitativa y la geografía teórica ( The quantitativ e revolution and t heoretical geography ), en el apartado dedicado específicamente a la geomorf o logía y climatología, tan sólo alude a que “no h ay nada que ob jetar a la aplicación de las técnicas cu anti tativas en climatología” y que “la solución a los problemas climáticos ha sido efectiva y la calidad de los tr abajos no d eja lugar a críticas” (Burton, 1972 ). No a p arece ninguna reflexión acerca de cómo los cambios metodológicos y teóricos del momento influyen, n i sobre cómo se aborda la d imensión espacial ante la creciente importancia , más meteorológica que climatológica, concedida a la atmósfera. Parece como si investigadores d el pensamiento geo gráfico apenas hayan ab ordado o no han indagado lo suficiente en el devenir de la climato l ogía dentro de la geografía física. Una posib le explicación es el nacimiento relativamente tard ío de la climatología geográfica lo que no le ha p ermitido alcanzar un lugar r elevante en el seno de la historia de la geografía. T ampo co en trabajos re cient es dedicados a la revisión de los cambios epistemológicos en el sen o de la geografía física, se hace men ción a la climatología y siguen centrándose en la evolu ció n dentro de la geomorfolo gía (Bertani, 2003 ). El creciente interés por los procesos f ísicos y el desarrollo de modelos cuantitativos en geomorfología no fueron los únicos cambios que se p rodujeron en la conceptualizaci ón de la geografía física en los años 50 (Gregroy, 1985 cita do p or Unwin, p . 166), se produjeron otros influidos, una vez más, por los avances acaecido s fuera de la disciplina. No s referimos a la creciente atención prestada al cambio climático y a la cada vez mayor aceptación de la tectónica de p lac as. (…) E l calen tamiento de la tierra se convierte a fin ales d el siglo XX en el objetivo prin cipal de este tipo de investigaciones. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 81 3.2.3. D es de los años 70 hasta la actualidad La décad a de 1970 f ue un período d e efervescencia política y amb iental que supuso una enorme ampliació n d el campo de intereses de la Geografía , f ruto de los avances de la etapa anterior. Encontramos ya una d isci plina madura tal como expo ne Cape l Sáez, con “la posibilidad de convertirse en una verdadera ci encia, en el sentido moderno de la expresión, gracias a lo q ue se ha llamado la revolución cuantitativa . Por otro lado, ha adquirido un lugar privilegiado en el p anorama de las ciencias sociales gracias a la amp liación de sus contactos y d e su s puntos de i nterés común con otras disciplinas: si los trabajos de los cuant itativis t as permiten ya a la Geo grafía un fructífero in tercambio de mét odos y de resultados con disciplinas como la So ciología y, sobre todo, la Econ omía, la aparición de las investigaciones s obre la percepción d el medio contribuyen definitivamente a ampliar este horizonte al obligar también a un contacto con la Psicología. (…) Si a eso u nimos las tradicion ales relaciones q ue unen a la Geografía con otras ciencias sociales, como la Historia, y las que la enlazan con las disciplinas qu e estud ian el medio físico, comprenderemos la privilegiada situación que ocupa nuestra ciencia en el campo de la ciencia e n general” (Capel Sáez, 1 97 3). El tercer período comienza p rácticamente d espués de la segund a guerra mundial y su consolidación, en la que se incluyen los países del Tercer Mundo, va a produ cirse en la década de los 70 . Es la fase a la q ue Richta (1968) ha llamado período técnico -científico y que se distingue de los ant eriores por el hecho d e existir una profunda int eracció n entre la cien cia y la t écnica, hasta tal punto que ciertos autores han p referido hablar de tecno ciencia para realzar la inseparabilidad actual d e los dos conceptos y de las dos prácticas (Santos, 2000). A partir d e enton ces se produ ce, en opinión de Bradshaw “una revolución en la revolución cuantitativa. A comienz os d e los años set enta, los geógrafos cuant itativ o s han dirigido su atención (…) hacia u na amplia gama de nu evas técn icas más ad ecuadas al tratamiento de p robl emas de in vestigación actual y a l os tipos de dat os con que cuentan los geógrafos” (Bradshaw, 1983 ). Su esp íritu innovador y d e constante búsqueda sigue vigente, como coment a Mar t ín Vide: “h a s id o ese espíritu d e renovación sin t regua, de autocrítica y de aplicado aprendizaje en los más conspicuos autores de la Nueva Geografía, además d el empeño por acometer problemas re ales, lo que ha posibilitado que la Geografía cuantitativa siga p resentándos e ante practicantes y extrañ os como nueva. Y, sobre t odo, la capacidad de aprehensión, y asunción com o propios, de métodos y técnicas de especialidades y d isciplinas muy d iversas para responder a los retos act uales y futu ros. Sigue teniendo, así, el caráct er de la Nueva Geografía ” ( M artín V i de, 1994 ). Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 82 Los cambios menciona dos en el seno de la climatología a nalítica h abían dado paso al nacimiento de una n ueva ciencia, def inida por Landsberg en 1987 como la c iencia del clima , que h a ido ganando aceptación y pre stigio. En esta metamorfosis también ha participado la climatología geográfica a pesar de haber estado dedicada , en gran medida, a la clasificaci ón d e los climas de la Tier ra (Carleton, 19 99) d esde una perspectiva descriptiva quedando relegada a un segundo plano incluso desde la p ropia geografía (Creus Novau, 1975). Aunque a partir de los años 70 las cont ribucione s climatológicas con base geográf ica siguieron aument and o, la climatología toma caminos muy diversos y va centrándose, cada vez más, en el desarro llo de modelos climáticos aplicando los avances informáticos. E sta tendencia in iciada en los años 50 va centrando cada vez más los intereses científicos ya que posibilitan la comprensión de los pro cesos atmosféricos y sus complejas relaciones . 3.2.3.1. La preocu pación medioambiental en clima tología Como expone Pit a López “la ciencia en una época determinada se mueve a imp ulsos de la existencia de algún problema que se manif iesta como import ante y que es preciso resolver”. Desde los años sesenta la preocupación por el d e terioro medioambiental surge “como una de las preocupaciones que más aqueja a la sociedad” a nivel mundial, hasta el punto de que “a comienzos de la década d e los setenta alca n zará tal magn itud que la Organización de Naciones U nid as d ecidirá convocar una conferencia mundial sobre el medio ambiente humano a celebrar en Estocolmo en 1972” (Pita López , 1984 ), cuyo resultado es el Programa de Naciones Unidas para el medio Ambiente (PNUMA). Como continúa exponiendo la autora, “la ap arición d e la p reocupación medioambiental va a su pone el aumento progresivo del peso específico de la climatología en el conjunto de las tare as de la Organización Meteoro lógic a Mundial (…) Encontramos los dos centros de interé s q ue el medio ambiente suscita en la OM M: su degradación, en este caso la degra dación del med io ambiente atmosférico, como expresión de las relaciones hombre-medio, y la explotación eficien t e de los recursos naturales, como expresión de las relaciones medio -hombre. (…) La conf luencia d e d e graves problemas de deterioro ambiental que amenazaban con la degradación y el agotamiento de los recursos naturale s, y de un noción sistémica de la naturaleza como vía conceptual y met odológica a t ravés de la cual p oder resolver esto s pro blemas, hacen que la climatología se inscriba en esta preocupación a t ravés de dos tenden cias de investigación f undamentales: el est udio del clima como sistema y el estudio del clima como recurso” (véase para más detalles la publicación de Pita López, 1984). Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 83 La preocupación sobre la un cambio en el clima como consecuencia de las actividades humanas determina que el objetivo prioritario de los estudios sea el funcionamiento del sistema climático que se abord a a partir de modelo s matemáticos de simulación. Estos permiten co n firmar el calentamiento del p laneta e n la décad a de 1960 y principios de 1970, iniciándose así una nueva et apa p ara la clima t ología y las ciencias atmosféricas. Desd e entonces, la modelización constituye el núcleo de un a nueva y próspera línea de in vesti gación . Mientras que los mo delos climáticos en los años 70 se limitaban a los procesos en la atmósfera, a finales del siglo XX la poderosa tecnología informática ha permitido modelizar todas las envolturas del sistema Tierra . Los avances en torno al cambio climático global y la aparición d e instituciones internacionales como el Panel Intergubernamental sobre el Cam bio C limático han supuesto la revitalización de la ciencia climática. Sin embargo mu chas cuest iones continuaron pendientes (Perry 1995), com o las políticas de gesti ón del clima, q ue comienzan a emerger durante la décad a de los 80 consigu iendo im pulsar a su vez nuevos programas de investigación. En la d écada de los 90 se hacen llamadas a in vestigadores y profesionales para in tegra r la climatología con las ciencias sociales y económicas, reivind ica ndo lo que Perry llama un climatólo go completo, versado en las cie ncias sociales (Perry, 1995) . La mod erna investigación del clima no se limit a a la evidencia empírica y la simulación del cambio climático, sino que aparecen inquietudes de carácter social como la preocupación ambiental (Heymann, 2010 ). En este contexto la climatología geográf ica ha crecido en sus metas d e invest igación adoptando un enfoque em inentemente aplicado. El conocido interrogante de Terjung resume bien la preocupación de estos momentos: “S i nos limitamos a ser meteorólogos o geólogos, ¿qué pasa con nuestra misión de vincular el hombre y la ciencia?” (Terjung, 1976). Debemos u tilizar las mejores t écnicas y conocimientos sob re el medio físico y aplic arlos a la resolución de problemas de d imensión h umana. Por otra parte, si eso s pro blemas no son abordados por la geo grafía serán asumidos po r otras especialidad es aunque sin su pun to de vista integrador. El discurso sobre el calentamiento global cuyas raíces se han vinculado a las ciencias naturales, ha puesto hasta ah ora sus expectativas en la mejora de las pre dicciones y en intentar d ar solución política a problemas de alcan ce global. Sin embargo, como comentan algunos autores (Hulme, 2008 ; Hulme et al. , 20 09 ; Mahony, 2013 ; Offen, 2014 ), el cambio climá t ico debe ser entendido hoy simultáneamente como una transformación física y cultural, como “una entidad h íbrida mutante en que las tensas líneas entre lo natural y lo cultural se están disolviendo y necesita, por lo tanto , un nuevo enfoque. Y este nuevo examen debe tener un punto de partida d ifere nte al del Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 84 siglo XX (…). Ante la problem ática del c amb io climático nuestra s refle xion e deben centrarse en analizar también las aportaciones d e las hu mani d ad es, ciencias sociales y ciencias naturales. Los geógrafos deberían d ar respuesta a mu chas de las cue stiones planteadas. Tímidos en su dedicación intele c t ual a la climatología la comunidad de los geógrafos necesita hoy volver a abrazar la id ea del clima” (Hulme, 2008). El moderno renacer general de la climatología ha ampliado la dimensión geográfica del clima y h a originad o, a su vez , una comprensión t otalmente diferente en la q ue, aunque p arezca contradictorio, se hace más difusa la dimensión esp aci al y local del clima, algo centr al en la invest igación clásica. En primer lugar, el clima deja d e ser concebido como algo estable y se concibe como cambiante en el tiempo. Esto provoca, en p rimer lugar, un desplazamiento del interés cien tífico sobre el clima q ue p asa de estar centrado en la distribución geo gráfica de los climas a dedicarse al estudio de sus cambios y variacion es en el tiempo. En segundo lugar, el clima p ierde su adscripción, su asociación a un lugar d etermi n ado haciéndose global, como una es pecie de clima mundial (Heymann, 2010). Estos cambios conceptuales han tenido implicaciones muy significa t ivas en la dimensión de la investigación geográfica del clima que pierde atractivo y se convierte en un campo marg inal . La invest igación de los climas locales o regionales ha sufrido un notable declive, incluso el in terés por los pro pio s dat os climatológicos, tan utilizados por la climatología clásica, se ha reducido considerablemente. La nueva concepción del clima no ha evoluciona do unán imemente y sigue habiendo un sector más clásico de climatólogos explícitamente críticos. En la actualidad la climatología goza de un estatus casi de industria en crecimient o que difícilmente podría imaginarse hace algún tiempo. La evolución no se produce de forma aislada, sino en el contexto de unas condiciones científicas, tecnológicas, sociales, económicas y p olíticas, q ue unidas al d esarrollo de la climatología como ciencia, propician un enorme y fructífero auge e n momentos de incesa nte cambio . 3.2.3.2. El presente de las clas i ficaciones y regionalizacio n es climáticas En la hist oria de la climato logía existe una gran diversidad de sistemas de clasificación climática, algunos d e ellos ya en d esuso, cuyo empleo depende del objetivo que se persiga. Las modificaciones al sistema de Köppen (Köppen 1931, 1936) han ido ganando terreno respec t o al original, sob re todo la de Köppen -Geiger (Rudolf Geiger en 1961) y en menor medida la de Köpp en -Trewartha (Trewartha y Horn, 1980). El Sistema de Köppen fue concebido para explicar los climas en amplias zonas geográficas exte n didas esen cialmente en lat itud, como re conoce el mismo autor Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 85 cuando dice: “Hasta ah ora nosotr os (ref iriéndos e al grupo de trabajo de Köppen) no hemos tomado en consideración ni las diferenci as climáticas existentes d entro de las llanuras de las altas latitudes ni en las montañas de las bajas l at itudes. En consecuencia, no hay correspondencia a esc ala region al con las cond iciones particulares de sus regí menes de llu via y sus condiciones de temperatura ” . Po r esta razón aparecen algunas adaptacion es regionales, como la mod ificación del Sistema de Köppen elaborado po r la geógrafa mexic an a García Amaro y publicado en 1964. Este sistema surge deb ido a que ninguno de los sistemas de clasificación, incluyendo éste, era lo suf icientemen t e d etallado para poder expresar, de manera cartográfica, la enorme variedad de climas presentes en México debido a las cara cterísticas fisiográficas de un territorio muy accidentado (Sánchez Santillán y Gardun o , 2008 ). La gran ventaja d el sistema de clasificación de Köppen es que proporciona un método eficiente para resumir en un único valor la síntesis de las vari ables climáticas y su estacionalidad. Por esta razón ha sido el método más utilizado para describir la distribución po t encial de la vegetación na t ural basado en umbrales climáticos que permiten d etectar p roc esos fisioló gicos críticos (Kot tek et al. , 20 06). Otra de las características d e es t e tipo de esquema de clasificación es que es fácil de aplicar en una gran variedad de conjuntos d e datos, p or lo que se ha venido utilizando para detectar los cambios recientes en los re gím enes climáticos glob ales y regi onale s. Así mismo se ha empleado en simulación para evaluar los resu ltados d e los Modelos de Circulación General o re gional en escenario s futuros, cuyos cambios se traducirán, probablemente, en nuevas comb inaciones d e factores climáticos, topográficos y ed áficos q ue tend rán un impacto sustancial sobre la distribución y persistencia de especies vegetales y animales (Baker et al. , 2010). En est e contexto modelizador y de cambio climático aparece un nuevo campo, muy prolífero en clasificaciones climáticas , con nuevas orientaciones e i nnovaciones metodológicas que b uscan básicamente los cambios esp acio -temporales de las zo nas climáticas y sus efectos sobre los di ferentes ele mentos del medio en el contexto d e cambio global. Gran p arte de l o s trabajos siguen centrándose en la clasificac ión de Köppen: desde actualizaciones reciente s de sus mapas y datos en formato digital de Köppen -Geiger del mundo, válidos para la segunda mitad del sigl o XX (Kottek et al. , 2006 ; Pe el et al. , 2007 ) y accesibles en la web ( http://www.hydrol-earth-syst-sci.net/; h ttp://koeppen- geiger.vu-wien.ac.at/ ), hasta aquellos que incorporan las modificaciones esp aci o - temporales que pueden producirse debidas al cambio climático. Aparecen aproximaciones que utilizan esta clasificación par a analizar los cambios t emporales en la distribución ge ográfica d e l os tipos de clima a escala global (Chen y Che n, 2013 ; Fraedrich et al. , 2001 ; Hanf et al. , 2012 ; Rubel y Kottek, 20 10 ; Zhang y Yan, 2014 a) y a Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 86 escala region al (Bak er e t al. , 20 10 ; D e Sá Júnior et al. , 2012 ; Gallardo et al. , 2013 ; Gerstengarbe y Werner, 2009 ; Wang y Overland, 2004 ) . Existe u na importante línea de i n vestigación en la que se aplica la clasificación de Köppen a las salidas de diversos tip os d e modelos con el fin de evaluar sus re sulta d os, desde Modelos de la Circulación General (MCG), M odelos de la Circulación General Atmosféricos y Oceánicos, (MCGAO) (Hanf et al. , 2012) o regionales, utilizando diversos esce narios de emisiones y diferentes bases de d atos climatológica s internacionales disponibl es (De Castro et al. , 2007 ; Fen g et al. , 20 12) . Los objetivos so n muy diversos, desde la d etección de cambios en los regímenes climáticos region ales realizados por todo el mundo, como los trabajos centrados en Europa (De Castro et al. , 2007 ; Gallardo e t al. , 2013 ; Gerstengarbe y Wern er, 2 00 9) (Diaz y Eischeid , 20 07 ; Engelbrecht y Engelbrecht, 2015 ; F raedrich et al. , 2001 ; Wang y Overland, 2004 ), China (Baker et al. , 2010 ; Zh ang y Yan, 2014a ; Zhang y Yan, 2014b), África (En gelbrecht y Engelbrecht, 2015 ) o a escala de p aíses como Brasil (De Sá Jú nior et al. , 2012 ), hast a la validación de los mod elos en el pasado y fu turo, o su empleo para representar tanto las tendencias globales del clima observado, como en diferentes escenarios futuros. Aunque la clasificación de Köppen es la más utilizada , existen también trabajos de este tipo basad os en ot ros sistemas, como la clasificación De Marton ne, sobre la que se ha realizado un estudio en Irán utilizando los escenarios climáticos futuros SRES A1B y A2 y d iversos modelos (CSIRO-MK3, HadCM3 y CGCM3), cuyas salidas se han regionalizado a escalas de d etalle generando mapas para diversos periodos y comparándolas entre sí (Rahimi et al. , 2013). Otro ejemplo es un estudio en Estados Unidos utilizando u na versión modificada del sistema de clasificación de Th ornthwait e con el ob jetivo de conseguir u na mejor evaluación del cambio climático a partir d el análisis de la humedad y las condiciones térmicas (Grun dstein, 20 08). Así mismo podemos citar la detección de cambios en los patrones de vegetación utilizando las zonas de vida de Holdridge , también ensayadas para d ifere ntes escen arios ut ili zando Modelos Climáticos Generales (Monserud y Leemans, 1992) . Otra de las nuevas aproximaciones en la ap licaci ón de los sistemas de clasificación es evaluar los cambios futu ros sobre diferentes elementos del medio f ísico en el con texto de cambio climático. Entro ncando con la t radici ón de est as clasificaciones en las q ue los límites d e las zonas climáticas se asociab an a la veget ación, en la actu alidad s e utiliza de igual forma para evalu ar los desp lazami en tos y camb ios en la d istribución de la vegetación o ecoregiones . Por citar algunos ejemplos, h ay algunos enfocados en la tundra (Diaz y Eischeid, 2007 ) o en d etermi nadas z onas de especial sen sibilidad ecológica como el Ártico (Feng et al. , 2012 ; Wang y Overland, 2004 ). En est os últimos estudios se han mos t rado ya cambios en la línea de árb oles y un a disminución de la superficie de la t undra d ebidos al calentamient o glob al. En el norte d e Alaska y en varias local idades del n orte de Eu rasia esta formación está siendo sustituida por una Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 87 cubierta vegetal constituida básicamente por arbu s to. Dada la gran exten sión de superficie afectada y la persistencia de est e tipo de cubierta vegetal los camb ios pueden llegar a af ectar a los forz amientos sobre la atmósf era, p or lo q ue la evaluación de este impacto potenci al es de vital importancia en los ámbitos ecológico s. Igualmente se están llevando a cabo estud i os para valorar los ef ectos sobre el sistema hidrológico que los cambios a nivel global están produciendo en las zonas climáticas definidas por Köppen, tanto a escala planetaria (Van V liet et al. , 20 13) como re gional. Tal es el caso d e Australia donde se ap licó el sistema de Köppen-Geiger para analizar en p royecciones futuras los cambios en la distribución d e la vegetación, utilizando 17 Modelos de la Circulación General (MCG) y cinco escenarios de calentamiento global, a fin de poder evaluar las consecuencias hidrol ógicas (Crosbie et al. , 2012). Para completar el amplio abanico de po sibilidades aplicad as que este tipo de estudios está generando, mencionaremos los trabajos que ut ili zan diversos índices d e aride z para investigar los po sibles cambios en los patrones climáticos combinando ést os con la información obtenida de la clasificació n climática Kö p pen co n el fin de valorar los cambios de extensión de los territorios áridos. Como ej emplo, en el estudio llevado a cabo en el ámb ito mediterráneo s e utili zaron dos índices de aridez (UNEP y Bu d yko) co n los índices de la clasificación de Köpp en, para estimar los posibles efecto s d el cambio climático en el siglo XXI (A2 and B2 IPCC escenarios de emisi ón y el mod elo ICTP (Gao y Giorgi, 2008 ). En ot ro estudio más reciente se utilizó la informació n obtenida de la clasificación climática Köppen -Geiger pa ra investigar los p osibles cambios en los patrones climáticos de los últ i mos 60 añ os, comb inando sus result ados con el índice de aridez de la FAO a fin de obtener una visión general de los camb ios globales que se habían producido en los regí menes climá t ico s, ce nt rándose en l as modificaciones de la extensión de los territorios áridos (Spino ni et al. , 2014). Por último, mencionaremo s otra serie de innovaciones d e carácter metodológico, relacionadas d e forma directa con nu estro estudio y con los p rocedi mien tos que vamos aplicar, q ue nos perm iten constatar que nuestra ap roximación coincide en sus objetivos con algunos trabajos de investigación. A pesar de que los métodos empleados en sist emas clásicos como el de Köppen son, aparentemente, muy d iferentes re s p ecto a los procedimientos mu ltivariantes estadísticos de clasificación, están siendo aplicad o s al estudio de la distribución de los tipos de clima. Por citar algu nos trabajos, Tadak i utiliza este tipo de análisis clúster para definir zonas climátic as y comparar éstas co n las que se obtendrían med iante la clasificación subjetiva de Köppen (Tad aki et al. , 2 01 2) . En otros casos se u tiliza también el método de conglomerados de K- medias con propósitos similares i n tentando construir agrupaciones h omogéne as mediante Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 88 diferentes combin acione s de variab les climática s y de vegetación obtenidas a partir de imágenes de satélite (Zscheischler et al. , 2012) . Recientemente Zhang y Yan han re alizado una clasif icación objetiva de los climas mundiales u tilizando datos en rejilla d e la Clim atic Research Unit TS (time-series ) y mediante análisis de c onglomerados, o b teniendo 14 tipos de clima según Köppen - Geiger, demostrando la validez de estos métodos en este tipo de aplicaciones. Los autores h an constatado que los t i pos de cli ma identificados coin ci d en con s us correspondientes ti pos de vegetación, d e lo q ue se deduce que el análisis de conglomerados se puede utilizar como método de clasificación de los t ipos de clima del mundo (Zhang y Yan, 2014a ) . Aparecen también innovaciones muy valiosas en la aplicación de estas técnicas como el empleo de la distancia eu clidiana ent re los cen troides de c ada ecoregión, como índice cuantitativo para demostrar la magnitud de cambio e ntre dos ecorregiones (Saxon et al. , 2005) . En el no roeste de China, el estudio Comparación de mét odos de clasificación p ara la división en regiones de c lima de húmedo/seco en el noroeste de China (Geng et al. , 2014 ) prueba la ca pacidad clasificatoria d e este tipo de métodos multivariante s (análisis factorial-clú s t er) frente a otros sist ema s d e clasificación (Penman -Monteith, Thornthwaite, Holdridge y el método de Sahin), con el fin de valorar su aplicabilidad y calidad. Los resultados indicaron que los regímenes climáticos globales coincidían en las cin co clasificaciones, pero q ue los límites de las divisiones entre húmedo y seco mostraban una mayor coh erencia con las características topográf icas mediante el uso de técnicas objetivas de control de datos. Parece claro que, a pesar de q ue la clasificación climática de Köppen fue formulada hace más d e 100 años y posteriormente modi f ica da po r sus colaboradores y sucesores, se encuentra absolutamente vigente. Su u so se h a g eneralizado en la e nseñanza universitaria, en la investigación de muchas disciplinas y como clasificación de referencia climática en la evaluación de resul tado s d e los modelos de simulación climáticos. Resulta sorprendente constatar la variedad de métodos y técnicas, así co mo la en orme riqueza y diversidad de resultados que están logrando las nuevas aplicaciones que, sin duda, abren un campo de investigación climática aplicada muy importante para el futuro. No obstante, hemos echado en f alta una mayor aportación geográfica, p arece como si la Geo grafía no f uera consciente de esta reinvención ni de las posib ilidades de un tema tan clásico en climatología y en otras muchas aplicaciones geográf ica s. Compartimos la opinión de Capel Sáez : “incluso el cambio climático, como tema central y unifica dor de la investigación cien tífica actual, no parece s uscitar u n deb ate en el seno de nuestra disciplina sobre el p apel y aportación del g eógraf o y el Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 95 fundamentales, de acuerdo con algún criterio, como por ejemplo, el clim a, el carácter de la vegetación o el uso humano seleccionados. Estas region es pueden aparecer en diferentes partes del m u ndo, pero l a ubicación no es u n a propiedad usada en s u clasificación. Por el cont rario una región espec ífica est á determinada no sólo por las condiciones intrínsecas de la zona en cuestión, sino t ambién po r su ubicación y orientación geográfica. Si ace ptamos que los d os procedimientos son similares, y hay que reconocer que el p roblema de la definición del individuo en geografía es difícil, se pueden aplicar sin p roblemas los principios gen erales de la clasificación a la construcción de sistem as regional es y, en particular, a los sistem as regionales generales” ( Op. Cit. ). La restricción de continuidad no tiene p ara la climat ología el mismo valor que para el resto d e la geografía. Balling explica por qué no es necesaria argumentando qu e “si un investigador construye tipos climáticos gene rale s no se requiere la mat riz de contigüidad. Los tipos cli máticos se definen exclusivamente en un espacio climático y los result ados pueden no est ar asociados direct amente con regiones contiguas en la superficie de la tier ra” (Balling, 1984). Por lo t anto, p ara la climato logía la diferencia entre los términos clasificación y regionalización, basa d a en la exigencia de continuidad espacial, tal como f ue planteada en el d ebate de los años 60, no parece tener mucho sentido. Serán otras cuestio n es la s que nos irán mostrando di ferencias entre estos términos en la climatología y que trataremos más adelante. Finalmente podemos comprobar que la cuestión de la continuidad espacial sigu e vigente t anto en la geografía como en otras disc iplin as tal y como mu estran algunos trabajos que h emos selecc ion ado, por ejemplo, el estudio de regionalización f oresta l de Estados Unidos m ediante un análisis de conglomerados es pecífico denominado REDCAP, in corpor a d i rectamente, a diferencia de las regio nalizaciones por agrupamiento h abit uales, una restricc ión de co n tinuidad espacial cuyo resultado so n regiones contiguas que optimizan la h omogenei d ad de sus dat os (K u pfer et al. , 2012) . En geo grafía encontramos trabajo s regionales recientes e n los que se plantean la s diferentes aproximaciones met odológicas al tema de la continuidad espacial, como puede ap reciars e en la si guiente figura (Figu ra 1.3), to mada del trabajo de D uque y colaboradores. En ella se esquematiza cómo plantear el problema de la regionalizació n resumiendo, en gran medida, muchas de las cuestiones planteadas en los añ os 60 y 70 lo que demuestra que el deb ate sig u e aún vigente (D uque et al. , 2007). Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 96 Figura 1.3. M étodos taxon ómicos para re solver los problemas de r egionalización. Fuente: Duque, et ál. 2007. E laboración p ropia. Respecto a la cuestión inicial planteada de si es lo mismo clasificar que re gionalizar, pensamos que es necesario continuar indagando sobre otros asp ectos específicamente climatológicos antes de pronunciarnos sob re el plantea miento q u e adoptaremos en nuestra investigación. No obstante, parece evidente que la diferencia no reside en la incorporación en el proceso de clasificación de la localización espacial de los elementos como una “propiedad más” ni la exigencia de una continuidad esp acial. A pesar de ello, es in dudable que en nuest ro estudio el término re gionalización lleva implícita la consideración espacial pero desde la existencia de un a autocorrelación existente en los procesos físicos. La i d entificación de áreas esp aciales homogé neas la ado ptaremos desde un a perspectiva simplif icada y aplicable a la Climato logía. Nuestra regionalización apela en sus p lanteamientos a sus ob jetivos últ i mos, a la ut ili dad final de est e trabajo así como a las exigen cias formales q ue deben cu mplir los resultados tras aplicar un sistema de clasificación objetivo. 3.3.2. Fundamentos básicos de las clasificaciones climáticas Los procedimientos básicos de las clasificaciones ut ilizadas en todas las ramas de la ciencia son ig u almente aplicab les en climatología. Aunque el término cl asif icar puede entenderse de diversas maneras, una buena definición sería la establecida por Oliver como la “agr upación sistemática d e objetos o eventos en clases sobre la b ase de las propiedades o relaciones q ue t ienen en común” (Oliver, 2006a ). Pero clasificar no sólo consiste en establecer grupos a partir de un conjunto d e elementos, sino qu e requiere otras características compleme ntarias para que su realización sea correcta y útil. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 97 A pesar de los n umeros os estudios dedicados a las clasificaciones son escasos los q ue analizan en profun didad las bases científicas de los procedimientos aplicables en el campo de la climatología. El trabajo de B allin g (1 984) citado anteriormente, Clasificación en climato logía, es uno d e ellos y en él se incluye u n a serie de consideraciones sobre l as clasificaciones climá ticas y sus métodos q ue también han sido re cogidos por ot ros autores como Oliver (Oliver, 2006a ). La insist encia en la necesidad de utili zar p rocedimientos o bjetivos de clasificación, n os ayudará a precisar las posibles diferencias entre los térmi n os regionalizar y clasificar. El ob jetivo princ ipal de la mayoría de los esqu emas de clasificación es conseguir estructurar, ordenar y simp lificar para su comp rensión un sistema tan complejo com o el climático (Harvey, 1969). Los pro ce dimientos de síntesis posibilitan manejar grandes volúmenes de información que puede ser estructurada en tipologías básicas y también permiten identificar estructuras y modos de organización climática. De esta forma se pueden plantear hipótesis inductivas sobre los procesos que las generan y el orden observado (Sokal y Sneath, 1963), estas h ipótesis pueden ser comprob ad as a fin de establecer leyes y generalizaciones empíricas, mejorando los modelos existentes y planteando nuevas teorías (Johnston, 1970). En to do este proceso la taxonomía numérica aporta objetividad y permite la repetición de protocolos de clasificación, liberando el p roceso de posibles sesgos intro d ucidos p or el i nvest ig ador (Sokal y Sneath, 1963 ). En relaci ó n con los procedimientos habituales en climatología Balling comenta que “son de gran utilidad combina dos con el uso de los métodos taxonómicos numéricos” (Balling, 1984). Otro de los objetivos de las clasificaciones es iden tificar los lími t es espac iale s de las tipologías climáticas. Una vez más, est e autor muestra que los métod os de clasificación numérica permiten ase gurar que los límit es se localizan do nde se prod ucen los gradientes climáticos más acusados. La trascendencia d e i d entificar las fronteras espaciales de las zona s climáticas va más allá de su simple trazado , y “resulta crucial para entender los procesos físicos y dinámicos que rigen los fenómenos climáticos que las configuran” (Gregory, 1975) permitiendo identificar su escala de influenc ia. Por otro lado, las clasificaciones climát icas t ien en una utilidad práctica además de teórica, por lo que pueden ser d is eñ adas para f ines gen erales o para problemas específicos, algo que en una investigación se debe tener en cuenta al plantear los objetivos iniciales, y est o s ob jetivos deben ser adecuados a l o s procedimientos de clasificación que se ap liquen. Si e n una inves tigación se decide utilizar méto d os taxonómicos numéricos p ara resolver una determinada problemática, debe considerarse cuid adosamente el alcance y consecuencias del procedimiento seleccionado si la finalidad es conseguir un siste ma de clasificación climática eficiente. Hay que señalar que Steiner ad vierte en su trabajo sobre las regionalizaciones y clasificaciones en climatología que a la h ora de ap licar un determinado sistema de Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 98 clasificación se p ueden presentar una serie de p roblemas básicos (Steiner, 1965 ) . Muchos de ellos los abordaremo s en el siguiente capítu lo metodológico ya que estas cuestiones suelen ser complejas y condicionan algu nas decisiones en l as diferentes etapas del proceso. A continuación planteamos a lgunos interrogantes:  ¿Qué variables deben seleccionarse para obten er tipologías climáticas y cómo combinarlas? El clima es un fenómeno mu y complejo y sólo se puede estudiar , en una primera fase, a través d e la síntesis separada d e su s elementos medidos independientemente. Es un problema similar al que se plantea, aunque de forma menos compleja, cu ando se int entan definir índices climáticos en el proceso de clasificación.  ¿Cómo med ir la similitud entre estaciones meteorológicas? El clima en un lugar se mide a t ravés de sus variables como atributos d e los elementos climáticos que son siempre únicos, por lo que las estaciones climáticas se agruparían en función de estas características y no de su identidad com o localización espacial .  ¿Cómo resolver el problema de las f ron teras climáticas? Hemos visto que ést e es uno de los p rincipales objetivos que nos p lanteamos, pero defi n ir los criterio s, umbrales y p rocedimientos, p lante a problema s metodológicos complejos que han sido poco abordados. A nivel mund ial pueden existir soluciones más o menos sencillas, pero en las escalas medias y de detalle las dificultade s aumentan. Además, antes el trazado d e los l ímites era hasta ciert o p u nto manual, pero hoy en d ía las líneas se en cuentran georeferenciadas, y hay que precisar su s coordenadas de p osición, por lo que los pro ce dimientos de delimitación deben ser más exactos y exigentes.  ¿Cómo id entificar la influencia y escala de los f actores explicativos de las tipologías climáticas? Las observaciones climáticas realizadas en un lugar son el resultado no sólo de los climas zonale s, sino también de los region ales y lo cales. Separar las escalas de influencia de los diferentes f act ores y sus tiempos d e persistencia, continúa siendo un reto difícil para l a climatología.  ¿Qué tipo de clasificación climática elegir? Tradicionalmente han existido dos grandes aproximaciones, las clasificaciones estáticas , basad as en prome d ios de series largas de datos, y las diná micas , b asadas en el estudio y d inámica de las masas de aire. Sería deseab le unir las d os aproximaciones, habitualmente separadas; y en este sentido ya hay estudios que h an intentado log rar esta síntesis. De est e b reve repaso se despr ende que d elimitar ámbitos climáticos no es tarea fácil y que antes de aplicar una determinada metodología h ay que hacer una re flexión previa Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 99 para fundamentar su elección y d e esta forma obt ener resultados fiables y útiles. No obstante estas con sider acion e s se plantean en c ualquier procedimiento cient ífico que pretenda delimitar áre as homogéneas d esde el punto de vist a climático. Por esta razón vamos a tratar a continuación aspectos específi cos a fin de delimitar cl aramente las diferencias entre clasificar y regionalizar. 3.3.2.1. Singul aridad de los sistemas de cl asificación Las consideraciones descritas por Balling y Steiner suponen afrontar situ aciones difíciles en est e t ipo de estud ios climat ológicos. A ellas vamos a s umar algunas condiciones que se deben cumplir al realizar una clasificación climát ica y q ue fuero n planteadas por Contreras Arias ya en 1942. Su s re flexiones nos han resu ltado clarificadoras a la hora de diferenciar metodol ógicamente los término s clasificar y regionalizar, pues el autor presenta una perspectiva muy completa y aplicada, quizás por su experiencia d e trabajo en el Bureau de Geografía, Me teorología e Hidro logía del Departamento de Agricultura de México. En su art ículo La c lasificación de los climas (Contreras Arias, 19 42) , advierte que abordar est e tema p lant ea “cuestiones muy complejas” que pueden explicar por qué e n la actualidad no se prop on en nuevos sistemas, o entender por qué Köppen, Mar tonne y Thornthwaite son práctic ame nte los únicos sistemas de clasificación que han recibido un re co nocimiento universal, y siguen siendo los únicos utilizados en trabajos generales y en descripciones climáticas regionales. De su lectura d educimos también por q ué estos sistemas son adoptado s en disciplinas diferentes como la geografía, la ecología o la economía, entre otras, e igualmente puede ayu darnos a comprender su vigencia a lo largo de t antas décadas. Pasamos a describ ir estas característ icas de las c lasificaciones expuestas po r Contreras Arias: a) Clasificar supone establecer un sistema de organización. Clasificar no sólo implica buscar un criterio de diferenciación entre dos o más objetos o fenómenos para agruparlos en clases, sino que también supone buscar p osteriorment e que el conjunto d e gr u pos establecidos se coordinen en un esquema que muestre su origen o re lación. Clasificar es llegar a establecer un sistema taxonó mi co en el que deben existir unos principios o leyes que p er mit an organizar a los i ndividuos en tipologías e i ncluso e n una jerarquía. La t area es compleja y requiere una serie de características que deben pre senta r este tipo de estudios. En p rimer lugar, h ay que disponer de un número de tipologías potenciales que posibilite esta b lecer u nos criterios y de un número su ficientemente d iverso de casos que perm it a est ablecer unas normas de organización. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 100 b) Clasificar supone abordar escalas globales. Este h echo n os conduce d irectamente a otro: la escala de las clasificaciones, ya que para disponer de est a cantidad y d iversidad de información n ecesitamos ab ordar ámbitos espaciales extensos. Difícilmente p odría plan tearse un sist ema nuevo de clasificación climática para ámbitos espacialmen te reducidos, a pesar de que existen lugares en el p lane t a con u na d iversidad tal que po dría ser suficiente para abordar un trabajo de esta naturaleza. c) Las clasificaciones tienen como fin ser aplicadas. La mayor parte de los sistemas de clasificación climática tradicionales que se han realizado han id o dirigidos, al men os en teoría, a exp lotar la relación que existe entre la distribución de diferentes eleme n tos del clima y otros fenómenos. En este sentid o Contreras Arias no coincide con Steiner al afirmar que “un sistema de clasificación que se limit e est rictame n te al campo de la climat o logía pura, es decir, excluyendo el establecimiento de tipos climáticos q ue relacionen el clima y sus efectos s obre el su elo o los ecosist emas, sería ab solutamente artificial y sin valor, ya que respo ndería sólo a una serie arbitraria d e datos f ísicos. En realidad no ha habido hasta ahora n ingún sistema de clasificación de este tip o. (…) Una simp le d escripción de un clima ba sad a en datos meteorológicos no puede llevar a conclu siones con re sp ecto a sus potencialidades p ara la agricu ltura, la silvicultura, los asen tamientos, etc. Los tipos climáticos pueden establecerse b asados en un elemento climático que se consid era más importante o en relación a los ef ectos que el clima tiene sobre las plantas, los animales, o el suelo. Sobre esta base puede hacerse una dist inción entre climatología pura y climatología aplicada” (Contreras Arias, 1942). El planteamiento del autor viene d eterminado p or su propia pro cedencia pro fesional y por la fecha de realización de este trabajo, en 1942, ya que posteriormente se han llevado a cabo clasificaciones d e otros tipos. Sin embargo, la vigencia de las clasificaciones climáticas establecidas sigue demostrando la sólida base de sus propuestas. No obstan te, el propio au tor ad vi erte que est a aproximación plantea cuestiones muy complejas , ya mencionad as , como el p roblema de d eterminar los efectos directos del clima sobre los elementos del medio y la evaluación de los tiempos y desfases de respuesta entre ellos. d) Las clasificaciones deben permitir la comparación ente climas diferentes. Desde el punto de vista climatológico un sistema de clasificación debe permitir realizar comparaciones entre los climas de diferentes regiones entre sí por medio de un a Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 101 escala f ija de valor es numéricos, lo que permite llevar a cabo el estudio directo del clima sobre los elementos d el medio permitiendo, además, m ejorar y perfeccionar los sistemas ya sea cuantitativamente o mediante un incremento en el número de grupos o tipos reconocidos. Tal es el caso de la clasi ficación d e Thornthwaite que en dos escalas p rogresivas de val ores in cor pora las condiciones térmicas e higrométricas asociadas a las condiciones favorables para la vida. e) La extensión de l os ti pos de climas debe ad ecuarse a sus fac tores explicativos. Al igual q ue el con cept o de c lima se relaciona en relación al tiempo con el concep to de persistencia, en relac ión al espacio alude a la idea de u na zona d elimitada . Cuando consideramos una tipología climática la asociamos a un área específica más o menos extensa y a una combinación definida d e factores q ue la d eterminan. Se plantea entonces el p roblema del grado de precisión necesario para i dentificar un tipo de cli ma que represente una región geográfica, conforme a los factores climatológicos característicos de la misma (Contreras Arias, 19 42 ) ( Op Cit ). El problema es aún más complejo ya que dentro de las áre as consideradas unidades geográfica s asociadas a una tipología climática, no existe la u niformid ad que se p resupo ne, dad o q ue se pueden encontrar diferencias topográficas o tener en cu enta ot ros efectos como la orientación, et c. que causan desviaciones respecto al t ipo climático al que pertenece la región. Es d ecir, resul ta verdaderamente complejo establecer una c o rr espondencia entre las t ipologías clim át icas, los facto res generales que las con figuran y los mat ices relevantes a escalas locales. Como v eremos en el ap artado sigu ien t e una de los aspectos más relevantes d e las clasificaciones cli mát icas es la escala espac ial a que se plantean. A partir de estas co n si deraciones parece claro que establecer una cla sificación e n climatología exige p recisión term inológica ya que, además de las r ep ercusiones metodológicas, los resultados y aplicaciones fin ales son muy dif erentes . No podemos unificar criterios si pretendemos establecer u n si stema de clasificación climática para definir tipos de clima, de regiones según su ari dez , lo que implicaría un sistema d e clases organizado seg ún una escala, umbrale s de diferenciación y una r elación explicativa entre ellos. Sin embargo, la clasif ica ción se puede utilizar como método para consegu ir los ob jeti vos y f unciones enunciados p or Balling y recogidos por Oliver (Oliver, 20 06a): una estructura, un orden y una simplificación del sistema comp lejo analizado, una síntesis intelectual que pued a ayudarn os a identificar límites espaciales que se utilicen en aplicaciones prácticas y teóric as. En este sentido hablaríamos de regionalizaciones climáticas ya que las primeras exigencias men cionadas no son requeridas; aplicaríamos las mismas bases que todas las clasificaciones, por lo que podrían ser t ratadas en consecuencia. En es tos casos la escala de estudio también Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 10 2 variaría siendo la escala global la más adecu ada para las clasificaciones climáticas, y las escalas med ias y locales más ap ropiadas para las regionalizaciones. Resumiremos estas ideas, tras analizar otras cuestio n es que van p resen t ándose a med ida que continuamos profundizando en la dimensión y precisión climática de estos términos. 3.3.3. Una mirada desde otras disciplinas Después de r ea lizar est e repaso histó ric o y acercarnos a aspectos básicos referidos principalmente a las clasificaciones, co ntinuamos ah ondando y b uscando otras de finiciones ya que l os térm inos clasificar y region alizar no son exclusivos d e la climatología. La dif erenci a entre ambos términos, implica cuestiones trascendentes, así pues nos plan teamos c ó mo otras d isciplinas los utilizan y consid eran. Al ir profundizando da la impresión de que la realización d e este tipo de est udios d e regionalización se alimenta más de ot ras disciplinas afines que de la propia Geo grafía , siendo una simple exploración pa r a poder aplicar unas técnicas (Ahmed, 1997) . Puesto que clasificar es un térm ino más general, comenzaremos acercándonos a su significación desde algunas def iniciones. Capel no s dice que “Clasificar significa agrupar los individuos en clases sobre la base de las propiedades o re laciones que poseen en común y, d ebido a la mu ltitu d de característ icas que p odrían ser consideradas en un objeto cualquiera, es evidente que no puede h ab er una sol a clasificación posib le, sino numerosas ordenaciones, según el objetivo de la clasificación y la característica diferenciadora que en relación con este se seleccione” (Capel Sáez, 1981) . El propósito fundamental d e la clasif icación consiste en establecer un orden en los objetos estudiados con el fin d e nombrarlos, conseguir transmitir información sobr e ellos y llegar a realizar generalizaciones inductivas. La clasificación es un paso preliminar necesario en la mayoría de las ciencias pero que n o d ebe convertirse en un fi n e n sí mismo ya que un p rimer objetivo de la clasificación es alcanzar generalizaciones inductivas sob re los ob jetos estudiad os, y no sólo organizar lo s objetos en determinadas clases. Se suele decir que la situación de las clasificaciones da la medida de la madurez d e una d iscipli na (Grigg, 1965 ), de ahí que h aya sido utilizada ampliamente por cientí ficos y gestores, ya q ue permite caracterizar y ordenar una vasta información sobre la variabilid ad espacial y temp oral d e entidades complejas, agrupándolas o subdividiéndola s en categorías o clases más o menos homogéneas para una serie de propiedades o atributos (Naiman et al. , 1992). En ocasiones e xiste una cierta confusión al pensar q ue esta búsqueda pretende encontrar clasificaciones naturales . Parece evid ente que la t axonomí a y la lógica moderna admiten que éstas no existen en el sentido de que no puede haber una y sólo una clasificación que sirva a todo s los efectos. Los geógrafos son conscientes de esta controversia en la h istor ia de las ideas sobre las re giones a través de su hist oria. Po r Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 103 esta razón parece más prudente seguir l a su gerencia de Gilmour y Walters en s u estudio sobre Filosofía y clasificación (1964) y usar en su lugar clasificaciones naturales y artificiales , hablar de clasificaciones d e uso genera l y de uso específico (Gilmour y Walters, 19 64). Sin embargo, incluso entre a quellos que reconocen q ue los sistemas regionales no se corres ponden con u na clasificación de entidades que existe n en la naturaleza, todavía hay ten dencia a olvi d ar que cualquier clasificación o sistem a regional no es más que un a forma de ver el mundo, y no debe convertirse, com o advierte Grigg, en un fin en sí mismo. El concepto de clasificación puede ser aplicado e n cual q uier c ampo o discipli na científica, no obst ante, las singu laridades que desde la geografía y la climato logía geográficas se plantean en relación con las cuestiones espaciales, no quedan recogidas en est a aproximación por lo qu e parece lógico b uscar o tras acepciones más cercanas a nuestro campo de estudio. Entre los d iversos métodos que suelen aplicarse para clasificar los componentes del clima mundial, el más s en cillo es el que u tiliza un sólo elemento en el sistema de clasificación. En realidad, cualquier map a de d ist rib ución de u na variable climática es, por definición, un esquema de clasificació n. La larga historia de las clasificaciones climáticas tiene sus r aíces en l a representación o rdenada d e una única variable climática. Cua ndo se trata de clasificaciones climáticas glob ales ést as delimitan zonas de similar comportamiento climát ico y reflejan características medias espaciales d el clima basadas en variables climáticas específicas (Zhang y Yan, 2014a). Hay qu e añ adir que no encontramos un consenso en la utilización de un término en cuanto a los planteamientos y exigencias básicas que men cionábamos en el ap artado anterior. Ap arentement e est ablecer una clas ificación climática se redu c e a organiz ar y delimitar, de forma apro ximada, ámbitos espaciales, sin entrar en mayores complicaciones. En este sen tido la acepción más ext endi da permanecería en un nivel preliminar e incluso imp reciso de la aplicación d el mét odo científico, sin llegar a superar fases posteriores que persigan establecer h ipótesis, modelos y v erificación de los mismos. En cuanto al concepto de regionalización p arece hacer referencia al proceso d e d efinir y delimitar regiones pero d icho así, los objetivos y métodos pueden ser tan d iverso s que necesitamos encontrar mayor precisión o al meno s algún tipo d e definición práctica que nos permita establecer un vínculo con nuestro estudio. Re cord emos que el concepto de región que mencionamos al principio de este epígrafe fue elegido porque se adecua a nuestros objetivos de investigación y evit a abordar un tem a d e gran transcendencia en la historia de la geografía. De nuevo Capel Sáez es qu ien nos ofrece una d efinición tomada de un d oc umento pu blicado po r James y Jones en 1954, el Whittlesey Committee en geografía regional y dice: “Cualquier segmento o porción de la superficie terrestre constituye u na región si es homogénea en términos de su Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 104 agrupación espacial. Su homogeneidad est á det erminada por unos cri terios formulados con el objetivo d e ordenar y obtener de todos los fenómenos de la tierr a aquellos elementos que se necesitan p ara conseguir claramente un agrupamiento espacialmente coh erente. De est a forma, la región no se constituye como un objeto que s e autodefine o surge de forma natural, es un concepto intel ectual creado a propósito por el pensamiento, a partir de la selección de ciertas característ ica s relevantes en algú n aspecto de interés espacial o problema que se plantee” ( Capel Sáez, 1981 , p.185). De esta definición destacamos dos aspecto s impo rtantes que encontraremos repetidamente en mu chos estudios sobre regionalizaciones, ab ordados desde diversas disciplinas. En primer lugar, buscamos definir regiones espacialmente homogén eas en su agrupación según unos criterios y, en segundo lugar, est as regiones son una construcción intelectual. En el mismo sentido define Johnston la región apoyándose en las conclusiones d e Grigg y equiparando el término región a los t ipos, cluster o clases que resultan y se d efine n como unidades espaciales (Johnston, 1970 ). No ob stante no parece excesivamente clara la dist inción entr e región y tipo o, al menos, resul ta excesivamente general en est os t rabajos. Por lo tanto, las region alizaciones no identificarían ámbitos naturales en un sentido f ísico sino qu e constituirían clases definidas según las condiciones de experimentación . Si n os aproximamos desde otras disciplinas, constatamos que el término regionalización está mucho más extendido, e in cluso más consolidado que en la tradición geográfica, como es el caso d e dos ciencias hermanas y afines, la ecología y la hidrología, ambas con una fuerte base espacial, en las que el término regionalización es ampliamente utilizado, especialmente por la segunda de ellas. La importancia de los procesos de clasificación ha sido reconocida d esde la ecolo gía, así Gon zález Bernáldez en 1982 comenta que “la clasificación de ecosistemas constituye una de las etapas básicas e in iciales en el proceso de evaluación y análisis de los recursos que éstos re presentan”. Supone, junto con el inventario, una de las fases iniciales de cualqui er programa de i n vest igación aplicado a la gesti ón del medio natural. Se trata, en ú ltima instancia, de un instrumento sumame nte ef icaz para alcanzar un sólido conocimiento de la vari ed ad y situación de los d iferentes ecosistemas acu áticos y terrestres qu e sostienen el cuerp o de recursos naturales y potenciales de u n t erritorio; es decir, cuántos y qué t i pos de ecosistemas compon en ese medio natural” (Montes et al. , 1998). En ecología las regionalizaciones, entendidas como clasificación de ecosistem as a diferentes escalas espaciales se h an d enominad o de forma diferentes y tienen u na larga t radición. Los antecedentes históricos son las denominadas prospecciones o reconocimientos integrados (Op.Cit.) , considerados p osteriormen t e como ordenació n sistemática d e unidades funcionales o ent idades sistémicas de interaccio n es b iofísicas, Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 111 3.3.5. Regionalización y climat ol ogía regional Vamos a iniciar este apartado con la sigu iente considera ción: “El conocimiento del clima d e un lugar, con sus elementos más representativos y la combinación de ést os, constituye u no de los fun damentos básicos d e la ciencia climát ica y objeto de la Climatología Regional. Por la naturaleza d e los aspect os que analiza, los est udios regionales con frecuencia son un paso p revio, pero fundamental en la investigación del medio a t mosférico; constituyen la b ase n ecesaria a partir de la cual se abordan o tros cambios que se sitúan en la lín ea de la climatol ogía aplicada” (Cuadrat Prats y Pérez- Cueva, 2007). El obje to de esta climatología region al serían la región que entendidas desde un punto de vista climático serían, tal como recoge el glosario del cu arto informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, sería “territorio caracterizado por determinados rasgos geográficos y climat ológi cos. El clima de un a región res u lta afectado p or f orzamientos de escala regional y local, como la top ografía, las características de los usos del suelo, los lagos, etc., y por influencias provenientes de regiones distantes” (Baede, 2007). Tras esta definición podemos comprobar que l levar a cabo est e tipo de estudios no resulta sencillo ya que el clima está influe n ciado por diferentes f actor es en cu alquier zona geográfica, por ello las clasificaciones climáticas han sido y continúan siendo un instrumento empleado frecu entemente p ara identificar tipos de clima similares o estudiar la variabilidad regional (Jacobeit, 2010; Bieniek et al, 2012). N o obstante, los diversos métodos para est ablecer clasificacion es climáticas plantean interrogantes tanto en su aplicabilidad como en su calid ad (Geng et al. , 2014). Sin duda la principal dificultad reside en poder establecer criterios generales que resulten representativos (Sánchez Santillán y Gardu no, 20 08). Por esta razón, y d ada la eno rme variabilid ad y diversidad de las condiciones climát icas, es necesario tener u n conocimiento previo de los rasgos que prevalecen en un a re gión y efectu ar estudios comparativos que evalúen y clarifiquen diferencias con el fin de obtener una mejor comprensión de las ca racterísticas del clima, antes de proceder a la ap licació n de un sistema de clasificación. El factor climático ha sido u tilizado como ele men to d eterminante en la interpretación de las r ela ciones y diferencias existentes en la superficie terr estre, com o b a se para la elaboración de d ivision es regionales del mundo y la d escripción de sus unidades espaciales. Los elementos climáticos (temperatura, precipitaciones, humed ad etc.) condicionan la aparición d e dif erencias en el medio geográfico (divisiones region al es del mundo basadas en el clima), en estas últimas, deb ido prin cipal men te a su capacidad para condicionar la distribución de la vegetación , de los cultivos y el háb itat de los animales, et c. (Olcina Cantos, 1996). La mayor parte de las clasificaciones se relacionarían con este s egu ndo t ipo, por lo que t radicionalmente la del imitación de Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 112 subregiones h a dependido del parámetro climático elegido y se ha basado, com o ya hemos comentado, en la o bservación de los tipos d e vegetación , en la distribu ci ó n de índices de humedad, etc. La subjetividad asociada a est a elección de fronteras climáticas se ha evitado utilizando, en gran medida, métodos de r egio nalizació n multivariantes más rigurosos. Además, durante un a gran parte del siglo XX el parad igma dominante establecía que el clima era básicamente constante , a escalas de t iempo de décadas a siglos, y q ue las variaciones durante un periodo esp ecífico de tiempo se debían a los mét odos d e muestreo (Trewin, 20 07). Se af irmaba que “en su gran mayoría, las f luctuacione s climáticas a gran escala est án consti t uidas po r variaciones no lin eales que a largo plazo oscilan de una forma irregular en torno a un valor medio climatológico” (Jagannathan et al. , 1967). De este concepto se d educe, como exp lica Trewing, q ue las med ias a largo plazo deberían converger hacia ese est ad o con stante cuando se considera u n periodo p ro medio suficientemente largo. T ras mu chos d ebates internacionales, a finales d el siglo XIX y principios del XX, se fijó un p eriodo de 30 años como el promedio más adecuado. Bajo este paradigma, los estudios regionales d el clima parecían haber acabado y perdido su relevancia científica, algo que en ciertos ámbitos científicos sigue siendo una re alidad confirmada po r ciertos autores cu ando dicen : “Es cierto q ue aparecen investigacione s de climat ología r egional en publicaciones p eriódicas, con claras innovacione s en sus ob jetivos y técnicas empleadas; pero a pesar de estos esfuerzos, la descripción climatológica regional, por sí misma, n o parece ya ser un objetivo de investigación destacado” (Cuadrat Prats y Pérez-Cueva, 2007). A nu estro parecer, esta realidad hace tiempo que ha dejado de ser cierta, y el estudio del clima actual está dominado por los cambios debidos al imp acto humano, lo qu e determina que éstos sean lo suficientemente significativos como para superar los límites de la variabilida d n atural. La aceptación del cambio climá tico supone asumir la posibilidad de modificacion es seculares a largo plazo para el conjunto de los elementos climáticos. Como a f irma el ya c it ado Trewing, “la importancia de estas tendencias seculares rad ica en que, en un d eterminado lugar, reducen la representatividad de los datos hist óricos como ind icadores del clima a ctu al, y probabl emente del futuro. Además, la existe ncia de fluctuaciones climátic as sup eriores a las explic ab les por la variabilidad aleatoria sugiere q ue, incluso sin cambio climático antropogénico a largo plazo, puede que no exista un estado estable hacia el que converja el clima, sin o más bien una acumulación de fluctuaciones en m últiples escalas de tiempo”. Un objetivo actual de la cien cia climática ap licada es mejorar el con ocimiento a n ivel regional y local, pu esto qu e cuanto mayor sea la escala a la que esta información pueda ser proporcionada, mayor es la re levancia p ara los usuarios en la mayoría de las aplicaciones. Tal es el caso d el California Climate Tracker ( http://www.wrcc .dri.edu/ monitor/cal-mon/ ) (WRCC), que h a acep tado este desafío y Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 113 destaca en sus esfuerzos por describir, mon i torizar y explicar las características climáticas temporales y esp aciales del Estado de California a partir de la identif icaci ón objetiva de regiones homogéneas. E stas se pueden emp lear no sólo en el segu imien to del clima a partir de sus firmas regiona les , sino también e n la mejora de l a comprensión de los mecanismos que subyacen en la variab ilidad climática regional y el cambio climático (Abatzoglou et al. , 2009), de a h í qu e se hayan incorporado herramientas d e análisis objet ivo como b ase para la posterior aplicación de instrumentos operativos en la gestión del clima. En este nuevo paradigma de cambio p arece haber perd i do relevancia la climato logía geográfica, ante l o que algunos h an llegado a afirmar: “la Climatología, an t es rama d e la Geografía, ha realizado diversas caracterizacio n es climáticas tanto a nivel mundial como regional, a p artir d el agrupamiento sistemático de los elementos del clima en clases segú n sus re laciones comunes” (Sánchez Santillán y Garduno, 2008 ) . Est a idea pone de manifiesto la c reen cia de que la geografía no es capaz de abordar es tudios climáticos cuyo obje tivo sea identificar objeti vamente los pat rones region ales de variabilidad del clima y la delimitación de zonas climáticamente homogéneas. De a hí que vu elvan a tener sentido las reflexiones d e algunos autores que recoge Gómez Mendoza : “ La investigación geográfica regional puede dedicarse, como muestra Bunge y constata detalladamente Grigg, a establecer criterios de clasificación lógica similares a los que se aplican en cualquier campo científico. Y en la investigación geográfica regional pueden utilizarse, como advierte Berry, mo delos conceptuales q ue permiten reformular mat emáticamente el análisis de los d atos que definen significativamente la si tuación, las características y la dinámica d el espac io regional” (Gómez Mendoza et ál. 1982, p.115). Dumolard en su propuesta de sistemat izaci ón conceptual defiende q ue la región se entiende como u n estado abierto que manifiesta en cada momento una determinad a estruct u ra interna (Dumolard, 1975). Tal como comenta Gil Olcina p ara el caso esp añol, “sin olvidar la existencia de excelentes es t udios monográficos, aproximaciones y síntesis de clima tología regional de Esp aña, quizá se echa en falta, para el momento presente, una in vestigación de esa naturaleza, que asuma la delicad a y ardua tarea de incorporar todos los avan ces an tes mencionados a las nuevas perspectivas y con ocimientos que se han p ro d ucido en la climatología en su reciente crecimien to espectacular de las últimas décadas. La atención creciente a la climatología loca l o bedece, en gran medida, a que maneja la escala adecuada p ara averiguar las modificaciones de los elemen tos climáticos y para ejercer el carácter eminentemente aplicado de la disciplina” (Gil Olcina, 20 07). Ante esta realidad cam b iante hay que comb inar un análisis y una evaluación lo más completa p osible de los componentes que integran el sistema climát ico a escala regional, de forma continua y actualiz ada, d escri biendo en estas unidades esp aciales sus firmas c limáticas . Se deben aplicar u nas técnic as de investigación innovadoras que Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 114 permitan interpretar mejor sus características y variabilidad espacio -temp orales, con el fin de mejorar n uestra ca pacidad de diagnóstico p ara la gestión del clima en el contexto de cambio global . 3.4. Consideraciones geográficas sobre las regional i zaciones climática s Tras este recorrido acerca d e las implicaciones climáticas del término regionalización nos h a parecido pe rtinente, antes d e f inal iz ar este capítulo, hacer algun as consideraciones que se derivan d e las regionalizaciones relacionadas con el esp acio y el territorio; la geografía puede tener una situación relevan te ya que ent ronca c on conocimientos d e una l arga tradición histórica en la disciplina. Las reflexiones que recogemos a continuación están interrelacio n adas y se condicionan entre sí. 3.4.1. La escala de trabajo La primera reflexión relativa al término regionalizar es que alude a la realizació n de estudios a macroescala o meso escala como las más adecuadas de an álisis. Relacionar los fen ómenos a diversas escalas es, como dice Simo n, el problema central de todas las ciencias; comenta este aut or que “la clave para la p redicción y la comprensión se encuentra en la elu ci dación de los mecanis mo s que subyacen a los pat rones observados. Po r lo general, esto s mecanismos operan a escalas diferentes de aquellos cuyos pat rones se ob servan; en algunos casos, los patrones son el resultado de los procesos a m enor escala. En otr os casos, el patrón está impuesto por las limit aciones de mayor escala. El exame n de estos fenómenos requiere el estudio d e cómo el patr ón y la variab ilida d cambian con la escala de la descripción, con el fin de p od er establecer leyes que permitan simplifi car, agregar y escalar” (Simon, 1992). Al igual que el concepto de clima en relación con el tiempo implica la idea de l a persistencia sobre una zona, de la misma manera se asocian a las características de un espacio una combinación definida de factores explicativos. Ahora bien, identif icar y es tablecer con precisión el grado en que cada uno de ello s actúa h asta configu rar un tipo de clima re presentativo d e una región geo gráfica, es algo complejo y su ele plantear ciertas d ificulta des (Cont reras Aria s, 1942). Esto se deb e a que los registr os climáticos son el resultado no sólo de los climas zonales, s ino también de los regionales y locales ya qu e hasta el momento no ha sido posible separar sus componentes. La cuesti ón es compleja ya que dentro d e mu chas áre as con sideradas como u nida des climát ica s ho mogéneas no existe la un iformi d ad que se p resupone; en una misma región existen d iferencias que causan desviaciones respecto al tipo climático de referencia, deb ido a la topografía, a las d iferencias d e exposición a los rayos solares en las l aderas de montaña, a las variaciones debidas a la orient ación en Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 115 los valles e incluso a los efectos p roducidos por la cercanía d e bo s q ues, lagos, ciudades, etc. (Steiner, 1965 ) Los mismos principios de la ecología pu ede n ser aplicados al clima ya que los p rocesos responsables d e la interconexión entre los e cosistem as, en n uestro caso escalas climáticas, condicionan sus pat rones espaciales op erando de una forma simultánea a diferentes escalas espaciales y temp orales (Martin de Agar et al. , 1995) . En efecto, el estudio del clima y de la delimitación de zonas climáticas lleva imp líci to abordar l a escala más adecuada, aspecto nada fácil de determinar pues supone identificar la más significativa espacial y temporalmente. Las escalas d e los f enómenos meteorológicos no tienen por qué coincidir con su rep resentativ id ad espacial a la hora de configurar una tipología climática, por es ta razón vamo s abordar brevemente algunas cuestiones relacionadas con la escala espacial y la temporal. a) Es calas temporales del c li ma En climato logía se diferencian tres escalas básicas de trabajo: macroclima, mesoclima y microclima cuya ap licaci ó n depende del propósito último que se plante e. La mayor parte d e las clasificaci on es climáticas son macroclimáticas, relacio nadas con los procesos a gran escala, pero es necesario considerar los f enóm en os que se desarrollan a otras escalas, d esde diez a centenares de kilómetros con una influenc ia decisiva en los valores de los ele mentos meteorológicos q ue cond icionan los mesoclimas de una zona. A su vez , ést os son el result ado de p rocesos que se d esarrollan a escala microclimática, d e d ecenas de metros, y son el re sultado de condiciones geográf icas específicas tales como la topografía o la vegetación (Khlebnikova). Como afirma Yoshino, no hay dif erencias de opinión significativas ent re los académicos respecto a los conceptos de microclima y macroclima (Yoshino, 1975, p.4). Microclima hace referencia a la capa cercana a la superficie de la tierra, en donde las condiciones del terreno t i enen un papel importante. (…) Este concepto es el más acep tado e n las investigaciones basadas en la observació n de los f enómenos f ísicos que tien en lugar examinando el gradie n te vertical ce rca de la superficie. Respecto a los climas locales, el interés se cen tra principalmente en la distribución vertical del aire, de mayo r importancia que la distribución ho rizo n tal. Más complicado resulta abordar las definiciones de clima local y mesoclima, pues se refieren a los fenómenos climát icos que van desde los macroclimas a las subclases de microclimas cercanos, af ectando las condiciones de la distribución de los climas en ár eas pequeñas (Yoshino, 1975). Yoshino en 1961 h izo una recopilación de la d iv isión d e las escalas de los fen ómenos climáticos llegando a la con clusión de que pueden dividirse en cuatro: (1) microclima, (2) climas locales, (3) m esoclima, y (4) macroclima (veáse F igura 2.3 ), po niendo en relación las escalas climáticas con los fenómenos meteorológicos correspo ndientes. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 116 Figura 2.3. Ejemplo d e los fen ómenos m icro, local, meso y macr oclimáticos según Yoshin o 1961. Fuente: Yoshino, 1975 p .12. Considerando otras t erminologías asociadas a las escalas de análisis, regiona liz ar se correspondería con las diferen cias que puede reconocerse en las clasificaciones climáticas entre “ Región climática ” y “ Provincia climática ”, en tendida la primera como el sector, inserto en un dominio climát ico, en el que la circulación a t mosférica y los elementos climáticos adquieren rasgos pecu liare s en función d e las características del medio físico (Olc ina Cantos, 1996), es lo que Pagney denomina f actores geográficos, tales como la inf luencia marítima, la ubicación de relieves o la d isposición de la línea de costa (Pagney, 1982). Podemos pues, id entific ar u na de las característica del término regionalizar: su e scala de análisis que se situaría entre la escala mesoclimática o d e los climas locales según Yoshino. ¿Qué límites se pueden establecer entre macro , meso, y microcli matología? La extensión espacial adecuada para un tipo de estudio climático está det erm in ada, en gran medida, p or el grado de persistencia o inmutabilidad de sus característ ica s climáticas. Los tres tip os de escalas climát icas est ablecidos están relacionados con los diferentes grados de variabilidad ya q ue ésta aumenta a medida que el espacio considerado es más restringido (véase Figura 3.3). Los climas regionales o macroclimas, presentan el grado más alto de estabilidad ya que están determinados básicamente por su posición geográfica, in cluyendo las caracte ríst icas orográficas generales (altit ud, situación en relación con un a cadena de montañas, etc. La escala mesoclimática es menos estable al encontrarse dentro de un macroclima y estar más condic ion ada por las características topográficas, o por la influencia del tipo d e s u perficie de extensas zonas tales como bosques, masas de agua, etc. Po r último, en el caso de microclimas Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 117 carecen esencialmente de est abilid ad ya que dep enden de las característ ica s puramente locales, de tipo topográfico, a causa d e la evolución de los u sos, de la cubierta vegetal, de las actividades de los agricult ores, etc. (Contreras Arias, 1942) . Pueden encontrarse muchas ot ras consideraciones sobre las escalas en el primer apartado d el capítulo 1 de Y oshino, pero d estacamos un a serie de consideraciones que afectan a la escala a la que pu ede ser acon s ejable regionalizar y que queda justificada por las siguientes consideraciones (Yoshino, 1975 p.5):  La importancia relativa de la dimensión vertical y ho rizontal para cada escala es lo qu e básicamente determina l a diferenciación entre las escalas d e los fenómenos climáticos. En este sentido las regionalizaciones comenzarían a ten er sentido desde el mo mento en q ue la escala vertical deja de ser la fund amental; en est e sentido el ran go vert ical de los climas locales está limitado a la c apa de fricción (50-100m) de la at mósfera donde ésta t iene mayor infl uencia que el efecto de la fuerza de coriolis, mientras los mesoclimas in cluye n el límite superior de esta capa de rozamiento (hasta 1 Km) .  La diferencia de escalas en los fenómenos climáticos est á determinada por la dimensión en que actúan sus factores así como por la proximidad d e la superficie activa, fuentes d e calor y h umedad, sobre la cual tienen lugar los mecanismos básicos de d esplazamie nt o del aire (intercam b io por t urbulencia) (…). Los factores climá t icos determinantes en los climas locales son el meso-relieve, las masas de vegetación, etc. Figura 3.3.Esquem a de las esc alas climáticas Fuente: Elaboración propia. Figura básica toma da d e Turner e t al . (2001). Existe otro aspecto, de ord en práctico, que determina la diferenciación d e estas escalas como es disponer de datos climáticos suficientes com o para poder desarrollar Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 118 regionalizaciones. En el caso d e la climato l ogía loc al o microclimat ología es necesario realizar campañas d e med ición o establecer redes de medición, específicamen te diseñadas con esta finalidad pues t o que las red es me t eorológicas habituale s n o proporcionan la información que requiere este ti p o de estudios. Como indica Barry (1970), las escalas de tiempo en los climas locales plan tean t ambién problemas y sería deseable tener en cuenta la frecuencia de tipos sinóp ticos. En la escala re gional la explicación sinóptica puede abordarse de forma gene ral, d ado que no exige un análisis exhaustivo para exp licar escalas de detalle y esto es d ebido a que los factores fisiográficos regionales juegan un pa pel igualmente important es . b) Escalas geográficas del clima Otra forma de organizar los fenómenos clim áticos es en re lación con la escal a geográfica a la que resultan significativos; lo i n teresante de esta a proximación es , como dice Yosh ino, que contempla clima y regiones como unidades (Yoshino 1975, p.10). Gen eralmente el clima de una re gión es una comb inación de varios climas locales en consonancia con sus escalas. Esta idea ha estado unida trad ici o nalmente al concepto d e re gión geográfica en el mismo sent i do d e Weischet ( 19 56) cuando equipara clima regional con macroclima, y el clima subregional desde esta escala a los topoclimas. Y oshino establece la corres pondencia q ue se re coge en la tabla (Tab la 2.3) en el que se re lacionan la escala climática y la geográfica basada en la propuesta de Weischet. Por deb ajo d e la escala 1:50.000 ent raríamos en el d ominio de los microclimas en los que no podríamos establecer regionalizaciones. Esta equivalencia es aproximada ya que depende de otros f actore s como las característ icas físicas del medio, la complejidad topográfica o la densidad de la red de medición, entre otras. Tabla 2.3. Co rrespon dencia entr e las escalas geográficas y climáticas Escala climática Propue sta de Weischet Escala geográfica ap roximada Macroclima Clima regional ≥ 1:1.000.000 Mesoclima Clima subregional 1:100.000 – 1:1.0 00.000 Climas locales Clima local 1:50.000 – 1:100. 000 Microclimas 1: 5.000 – 1:50.000 Fuente: Elaboración propia a partir de Yoshino (1975) mod ificado. Como continúa diciendo el autor, es importante ten er en cuenta que el problema de las escalas d e los climas locales consiste en la configuración de los p aisajes o regiones, y por tanto las áreas clim áticas d ependerían, pues, de la homogeneida d de las zonas, la significación de sus tipos y su validez regio nal. En ecología l a teo ría jerárquica de sistemas h a permitido disponer de un mét odo para ir acoplando las diferentes escalas d e los ecosist emas. Se gún Montes “esta je rarquía debe entenderse como una categorización escalar de ecosist emas asociad os p or las Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 119 mismas dimensiones espaciales. Para cada nivel jerárquico t odas las propiedades de sus comp onentes son relevantes a la hor a de determinar sus patrones de comportamiento. Hay q ue tener pre sente, no o bstante, que un a clasificación de ecosistemas, po r el mero hech o de tener una organiz ación jerárquica, no tien e por qué seguir conceptualmente la teoría jerárqu ica de sistemas” (Montes et al. , 1998 ). Montes cit a el sist ema d e clasificación je rárq uica de ecosistemas (Tab la 3.3 ) para relacionar diferentes escalas esp aciales en el q ue se incluyen p ara cada nivel de clasificación, su denominación, escala car t ográfi ca más usada y caracterí sticas para la clasificación. Llama la atención cómo el clima sólo está presente, a escala plan etaria, a nivel de ecozona, lo que correspondería casi con los climas zonales o a nivel de lo s macroclimas. Se eluden en esta clasificación las restantes escalas climáticas como factor de clasificación, lo que resulta realmen te llamativo. Esta simplificaci ón hac e pensar más en la dificultad de analizar el clima a umentando la escala, regionalizando, de ahí que se limite a la informa ció n que proporcionan los grandes sistemas de clasificación mundial. Posiblemente si existiese más in formación sistemat izada climática, a escala de det alle, estas ecozonas estarían mejor definidas al disponerse de las características climáticas de cada uno de estos niveles. Tabla 3 .3 . Si stema de c lasificación jerár quica de e cosistemas, a diferentes escalas esp aciales. Fuente: Propue sta por Klijn (1991;1994) y Klinj y Udo d e Haes (1994) tomad o de Montes y e t. al . (1998). El análisis d e este sistema de clasificación nos muestra que las c aracteríst ica s climáticas de u n determinado lugar pueden llegar a ser muy diferentes según la escala a la que se ab orde, lo cual tiene mayor trascendencia de la que en un principio pueda parecer ya que la validez de los datos climáticos cambiaría los criterios sobre los Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 120 métodos o los elemento s q ue se deben ut ilizar para delimitarlos. Conjugar est as d os escalas sigue sie n do una cuestión difícil ya que pueden intervenir otros elementos como la propia d isponibilidad de información, los objetivos q ue se persigan, el fin práctico del estudio, e incluso dependerá de la compren sión geográfic a del p ropi o lugar. Las reglas básicas q ue se estab lecen para las escalas ecológicas son aplicab les para las climáticas y están basadas en los siguientes criterios:  Los patrones dependen de la escala de observaci ó n.  La importancia de las variables explicativas cambi an con la escala.  Las relaciones estadísticas pueden cambiar con la escala.  Los pat rones son generados por procesos que actúan a d ifere ntes escalas temporales y espaciales. Estas premisas muestran q ue no existe una ú nica escala adecuad a con la que describir un sistema, lo que no sign ifica que cualquiera sirva o que n o h aya n ormas p ara identificar la más aprop i ada. Hay que t ener en cuent a los diferentes tipos de escalas , su relación y , en la medida d e lo po sible, diseñar y ut ili zar métodos que sean sensibles a múlt i ples escalas de muestreo. La autocorrelac ión es un b uen método para resumir cómo los patrones cambian con la escala (St allins, 20 15). De todo ello se desprende que la ap licación real de los método s generales de clasificación climática, los procedimientos basados en los sistemas clásicos, sólo pueden servir para delimitar regiones a escala global, dirigidas al estudio de los macroclimas de la Tierra. Una vez est ablecidos, es necesario completar su descripción climatológica analizando los rasgos característicos mesoclimáticos d e sus diferentes ámbitos o, al menos, señalar los factores que crean dichas variaciones. En el caso de las características microclimáticas, su estudio pertenece a la climatología aplicada y está sujeto a los fines y criterios del investigad or en cada caso (Contreras Arias, 1942) . Por lo tanto, la escala más ad ecuada p ara ap licar un proceso de regionalización es en principio la mesoescala que permite con jugar las necesid ades de datos y los elementos que se elijan con los requerimie ntos de los métodos multivariantes que se aplican. 3.4.2. Cartografía y representación espa cial Cualquier mapa de distribución de u na variable climática es, por definición, un esquema de clasi f icació n (Oliver, 2006a). Como acabamos de ver, en climatología es difícil establecer las escalas climát icas y, por tanto, su representación cartográfica, no ocurre como en l a ecología, donde sin estar e xento de dificultad, “lo s ecosistemas pueden, en primer lugar def inirse, es decir, clasificarse, y p osteriormente reconocerse Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 127 No ob stante, ante la creciente preocupación por el cambio climát ico, estos datos son especialmente relevantes para la comun idad científica y para la sociedad en gen eral, ya que las decisiones individuales, de las empresas y d e los gob iernos dependen de los datos meteorológicos disponibles (Freebairn y Zillman, 2002 ). Hace años Peterson et ál. (19 98) pusieron de manifiesto que las infraestructuras de d atos climáticos son cada vez más importantes y valiosas para la formulación de políticas (Panagos et al. , 2015) . Sin embargo, la degradación continua de los sistemas con vencionales d e observación en superficie de muchos p aíses desarrollados o en vías d e desarrollo, es u n hecho preocupante para el mantenimi ento de las cap acidades presentes y futu ras. La información d e los satélites, por sí sola , no p uede p roporcionar todos los registr os que son necesario s para el seguimiento, gestión y utilización del clima como recurso . Por otro lado, sólo las ob servac ion es de su perficie pueden asegurar que las simulacion es de los modelos sean e valuadas sobre la b ase de los cambios reales en el sistema climático y no sobre cálculos sujetos a cambios en la tecnología o en los métodos de análisis (Karl y Trenberth, 2003). Por consiguient e, la evaluación y el segui mien to de los cambios en el clima mediante regionalizaciones basadas en las r edes d e medición, tradicionales y act uales, permiten no sólo valorar las variaciones, sin o también el efecto de los cambios e n la red d e medición meteorológica, dirigidos a garantizar el patrimonio de la información y su continuidad fut ura. 3.4.5. Regionalizar es, a pesar de su aparen te ob jetivida d, un proceso subjetivo Una acertada con sider ación sobre e l proces o de regionalizar fue expuesta por Johnston en un artículo q ue podría traducirse como La elección en clasificación: la subjetividad de los mét odos o bjetivos , qu e tomamos p ara el enunci ad o de este epígrafe. Comenta este autor: “Clasificar es b ásic ame nte un proceso subjetivo a p esar de la aparente objetividad de los métodos que se em plean” (Johnston, 196 8 ) 2 . Cuando se in ició el debate sobre las clasificaciones y regionalizaciones, el o bjetivo de los trab ajos científicos era conseguir que los resultados fuesen objetivos y repetibles , quedando los p rocesos d e clasificación libres de la subjetividad del autor (Spence y Taylor, 1970) . En plen a revolución cuantitativa muchos autores expresan abiertamente la satisfacción de hab erl o lograd o mediante el uso de nuevas técnicas multivariantes , y así Berry sost iene que ha diseñado "un método multifactorial para derivar regiones uniformes", concluyendo que proporcion a una solución exacta” (Berry, 1961 citado por Johston, 1968) . Igualmente, Bunge considera que ha encontrado una t écnica numérica que “ por lo tanto , no sólo resuelve lo s problemas de carácter lógico de la 2 Johnston , R. J. (1968). Cho ice in Cla ssification: The Subje ctivity of Objective Methods. Anna ls of the Association of American Geographers , 58( 3): 575 - 589. La fras e en cuestión es “Classification is thu s basically a subjective proce ss, d espite th e ap parent objectivity of the m ethods employe d” contenida en el resumen de dicho a rtículo. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 128 clasificación y la re gionalización, sino q ue también consigue superar los principales problemas prácticos de region alizar a través de la informática . Por f in podemos replicar nuestras regiones” (Bunge, 1966, citado por Johnston) . Stein er declara que “El tratamiento estadístico de estos procedimientos lleva a un análisis multivariado complejo, pero esto deja de s er un problema p or la capacidad d e los ordenadores y la existencia de p rogramas estad ísticos. Esta a p roximación tiene la ventaja de que una vez introducidas las vari ables sele ccio n adas el proceso sigue un esquema lógico no sujeto a criterios subjetivos” (Steiner, 1965) . Sin embargo, a partir del momento en que comienzan a realizarse este tipo de estudios se constata que “hay variaciones en el método básico de clasificación que plantean la cuestión de si todos ellos producen resultados similares” (Johnston, 196 8 ). Este aut or es muy crítico en sus argumentaciones: “La clasificación es un pro ces o subjetivo a pesar de que la metodología emplea t écnicas numéricas b asadas en criterios o bjetivos: la naturaleza de los datos qu e deben recogerse, la f orma del análisis y los parámetros exactos q ue deben uti liz arse, todas estas decisiones subjetivas en las que con frecuencia se re alizan, ya sea en la experiencia pasad a o por algún conocimiento preconcebido sob re el t ipo de fenómenos estudiad o. Hasta cierto punto el investigador pu ede hacer que sus d atos muestren lo que quiera o que sus resultados sean fo rtui tos (…). Los principales problemas prácticos de los procedimientos de clasificación y region alización aú n no e s t án resueltos. T anto los geógrafos como otros científicos tiene n que tomar muchas decisiones en el proceso de regionalización y en las técnicas que se emplean ” (Johnston, 1968). Po co a poco, se va aceptando que aunque la aplicación de los métodos multivariant es objetivo s de clasificación presenta muchas posibilidades metodológicas, que continúan aumentando y enri q ueciendo las técnicas de clasificación, también corroboran la afirmación , ya citada d e Johnston: la subjetividad de los métodos objetivos . Además, n o hay que olvidar que en climatología se analiza una realidad camb iante y, como apunta Grigg (1965) , “parece una aceptación general que la clasificación de cualquier universo d e objetos deb ería cambiar a med ida que el con ocimiento acerca de estos ob jetos se hace más comp leto. A medida q ue una cie n cia avan za, los supuestos en los que se basan las clasificacion es establecidas se con viert en en objeto de críticas y la necesidad de cambio se hace evidente. Esto plantea un problema considerable (…) deb e existir u n cierto comp romi so entre estabilidad y cambio. El gran peligro es que un sistema se con sagre y no sea criticado po r p ura inercia. Kellogg ha escrito q ue: “ningún sis t ema de clasificación debe ser tan sagrado o clásico que el sistema se convierta en un fin en sí mismo” . Por est a raz ón, carece de sentido debatir acerca de si un sistema es mejor que otro desde el moment o en que cada procedimiento de regionalización, o clasificación, tiene sus ob jetivos y se ajus t an a criterios diferentes por lo q ue resulta práct icamente Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 129 imposible la comparación entre ellos , en este sentido carecen de universalidad . Además, no se les p uede presuponer estabilidad al estar sujeto tanto a variaciones po r cambios en el territorio como en las p ropias metodologías aplicadas (Olc ina Cant os, 1996 ). Si atendemos al tercero de los prin cipios de regionalización que enuncia Grigg en 19 65 estos métodos no son ab solutos, d eben cambiar a med ida que aparece nueva información dis p onible. En esta misma línea se pronuncia Jevons (1887) cuan do reconoce que “cualquier clasificación que se p rop onga en los primeros estadios de una disciplina acabará en cuanto se e ncuentren similitudes más profundas entre los elementos”. Además añ ade, sería es perar demasiad o que un sistema pudiera servir para cualqu ier propósito . Por t odo ello, Jonhston anima a lee r más sobre esta t emática y en la ú ltima no ta de su trabajo recomienda lecturas de otras disciplinas como la psicología, la economía o la ecología, sugiriendo que el intercambio de experiencias es n ecesario para la investigación en geografía. Quienes apliquen estos procedimientos debe n tener especial cuidado antes de emplearlos y ser responsables d e especif icar los motivos de su elección (Johnston, 1968). Curiosamente, es tas a d vertencias sobre las regionalizaciones continúan sie ndo frecuentes en artículos climát icos recientes como en la regionalización climática de Borneo (Dambul y Jones, 2008 ) o d e Arabia Saudí (Almazrou i et al. , 2014). Los au tores reiteran que los resultados difieren según las opciones que s e adopten referidas a las variables, los métodos, las series de d atos y el período de los datos utilizados. Por lo tanto, una vez más a dvierten que es difícil comparar los resultados de los diferentes métodos d e clasific ación aplicados. No obstante, como sugirieron estos autores, se pueden hacer comparaciones sobre la b ase en la que la regionaliza ción ha sido formulada lo cual permite la evaluación de la simi litud entre enfoques diferentes. Ciertamente, los criteri os qu e se elij an para determ i nar las clases suponen ya una elección que, aunque esté metodológicamente j ustificada, no imp lica que sea la únic a y demuestra qu e n ingún p roceso de clasificación es absolutamente objetivo. En este sentido, tiene vigencia la af irmación de que “sigu e existie ndo u na necesidad de estudios comparad os que apliquen diferentes técnicas (…). Idealmente, deberíamos trabajar hacia u n a situación en la q ue quedara n identificados unos problemas taxonómicos y se identificaran, igualmente, los procedimientos o sub- procedimientos más adecuados para cada uno de ello s. De esta forma para un mismo p roblema, los taxónomos podrían sel eccion ar el pro ce dimiento adecuado y lle gar a la mism a solución” (Spence y Taylor, 1970 ). Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 130 3.5. Conclusiones sob re las reg ionalizaciones climáticas . En Climat ología los métodos de regionalización han sido usados ampliamente para determinar los patrones principales d e variación que p resentan los elementos climáticos. A p artir de procedimientos multivar ian tes d iversos se determinan z onas homogéneas que r eflejan modos o regíme nes de varia bilidad diferentes , que se asocian con regiones geográficas. a) Las re gionalizaciones son clasificaciones esp acia les en el sentido de que utiliz an técnicas estadísticas d e este tipo p ara su obtención, pero no constituyen un s istema de clasif icación climátic o . Las regionalizaciones no pueden construir un sistema taxonómico de tipologías relacionadas que puedan aplicarse a otras re giones. Por lo tanto, no pretenden establecer comparacio nes directas entre regiones geográf icas distintas. b) Las re giones d elimitad as representan z onas homogéneas en cuanto a su variabilidad, pero no se asocian a regímenes sinópticos. c) Las regionalizaciones son una construcción intelectual ya que, aunque basadas e n métodos ob jetivos, la int erpre tación y n ú mero d e zo nas los d etermina el investigador. Los métodos d e re gionalización están basados en metodologías muy diferentes y dep enden de los criterios y procedimientos seleccionad os, p or lo qu e tienen una cierta componente s ubjetiva. d) Los resu ltados est án muy con dicionados por los datos de entrada y su den sidad función del p eriodo de ti empo analizado, la escala t emporal de los datos, por lo qu e las regionalizaciones no p ueden ser tomadas como p rop u estas objet ivas y definitivas . e) Existe una d ifícil distinción en castellano entre el sign ificado de regionalización aplicado a la clasificación esp acial y los procedimientos de downscaling en modelización. f) La delimitación de las fronteras de las regiones qu e se delimitan es sin duda un a de las cuestiones más difíciles y menos ha sido trata da. Sin duda debe constituir una de las vías de investigación en este tipo de es tudios. g) Directamente relacionado con la cuestión anterior está la plasmación de las regionalizaciones en produ ctos carto gráficos con la precisión que requiere la georeferenciación espaci al Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionali zac ión Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cu estión | 131 h) La escala mesoclimática es la más adecuada para las re gionalizaciones climáticas. La ap licación de los métodos ge nera les d e clasificación c limática sólo pueden delimitar las regiones macroclimáticas a escala de países o continentes. Para completar la d escripción climat ológica es necesario especificar, con más o menos detalle, los rasgos característ icos meso climá ticos d e las dif erentes partes de cada uno de los macroclimas y señ alar los fact ores qu e crean dichas variaciones. Las regionalizaciones permiten la caracterización a estas escalas. En el caso d e las características microclimáticas, su estudio pertenece a la climatología aplicada y ligada a la investigación de campo o similar. i) Mientras las clasificaciones climáticas clásicas se revitalizan en el contexto de cambio climático buscando fundamentalmente los cambios en las fro nteras espaciales para evaluar sus impactos sobre las variables del medio. Po r el contrario, a pesar de ser d e enorme u tilidad para la evaluación y seguimiento del cambio climático a las escalas donde los estudios son más necesarios, este t ipo de t rabajos no ha conseguido remontar y en contrar u n campo fructífero en la ciencia. j) La climato logía geográfica, a p esar d e la clara vocación esp acial y las nu evas posibilidades que hoy s e of recen parece haber perd ido el interés, siendo muy escasos los est udios realizados desde la geografía. Las razones pueden ab rir un interesante debate en el seno de la disciplina. Finalmente des t acar que las regionali z aciones tien en u na finalidad eminentemente aplicada, como demuestra las d iversas disciplinas q ue los utilizan, especial men te desde el campo de la hidrología y la ecología. Dentro de las ciencias atmosféricas y la climato logía los objetivos que se persiguen son muy diversos y van desde est ablecer divisiones climáticas, detección y seguimiento del cambio climát ico, análisis de la representatividad de l as redes de medición, modelización d e variables hidrológicas o cli máticas, d escribir las tend encias y patrones de variación dentro de cada región entre otras. La delimitación de regiones p uede definir unidades con un comportami en to u niforme de análisis en la evaluación y gestión ambiental, lo que p ermite modelizar d el comportamiento de las variables y ser utilizado para la predicción en la ge stión . Por su utilidad actual las regionaliz aciones climáticas deb erían retomar protagonismo, espacialmente desde la climat ología geográfica, superando las dif icultades metodológicas y avan zando en el descubrimien to de nuevos camin os y retos p ara la investigación, sirviendo además, como es t radición en la geografía a la sociedad, a la gestión medioambiental y a la compren sión de los p rocesos f ísicos y su int eracción con las actividades del hombre. Capítulo 3: Clasificaciones climáticas y regionalización Segunda Parte: Marco teórico y estado de la cuestión | 132 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ABATZOGLOU, J. T., REDMOND, K. T. & EDWARDS, L. M. 2009. Classification of Regional Climate Variability in the State of California. Journa l of Applied Met eorolog y and Climatology, 48 , 1527-1541. AHMED, B. Y. M. 1997. Climatic classification of Sau di Arabia: An application of fact or cluster analysis. GeoJournal, 41 , 69 -84. ALMAZROUI, M ., DAMBUL, R., ISLAM, M. N. & JONES, P. D . 2014. 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Fuente: Justel ( 2010) El ACJ p resen t a la ventaja de q ue, se descon oce el número óptimo de conglomerados y, además, tiene la p articularidad de p ermitir el corte d el árbo l de relaciones ” a diferentes niveles o distancias, por lo que el usuario p uede escoger la clasificación (número de grupos) que con si dere más adecuada. Así mismo este análisis p ermite la elección de varios n iveles, subdividiendo a quellas clases menos homogéneas o con mayor número de elementos (Fig u ra 3 .6 ). Se puede elegir el número final, basado en esta represe n tación d el proceso , en una figura gráf ica en f orma de árbol, denominada dend rograma que permite represent ar las sucesivas agrupaciones. La elección no prese nta d udas ya q ue nuestro obj etivo es tratar de conocer cuántas zo nas pluviométricas diferentes pueden ser identificadas en Andalucía, por lo tanto el AC jerárquico (ACJ) es el método que vamos a aplicar . Partiendo de tantos grupos como elementos existen inicialmente , se agrupan hasta llegar a un único grupo final quedando todos los comp onentes clasificado s (en nuestro caso est aciones) . N o existe un criterio consensuado a la ho ra de d ecidir el número d e grupos que se selecc ion an , aunque existen diversas pru ebas, como veremos más adelante. El proceso queda resumido en la siguie nte figura (Figura 4 .6 ): Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 239 Figura 4 .6 . Eta pas en la clasifica ción jerárquica . Fuente: Alcaráz Ar iza (2013) El ACJ tiene co mo desventajas que es un método sensible respecto a las primeras agrupaciones que se forman, que no permite el int ercambio d e o bjetos en tre grupos una vez que se han fusionado y, por tanto, ciertos objetos podrían quedar peor clasificados o fuera de lugar. 6.3.1.3. Elección de las medidas de distancia y proximidad Puesto q u e el objetivo del A C consiste e n encontrar agrupaciones natura les del conjunto de individuos d e la mu estra, es necesario definir qué criterio se pu ed e establecer para afirmar que dos elemento s o grupos son má s o menos similares. Par a unir variables es necesario t ener algunas medidas n uméricas que caractericen las relaciones entre variables y que los valores que toman ent re el par de individuos sea n comparables. Cada medida refleja la asociación en un sentido p arti cular , siendo necesario ele gir la adecuada para el problema concreto que se est é t ratando (Gallardo, 2014 ). A partir del método elegido se calcula la mat riz de d is t ancias sobre la qu e se basan y posteriormente, los restantes procedimientos del an álisis lo que puede tener un efecto importante en los resultados de la agrupación (Mimmack et al. , 2001). Existen básicamente dos clases d e mét rica p ar a obtener la distancia entre pares d e elementos: las distancias métricas (miden la disimilitud ) y los coeficientes de correlación (cuantifican la similitud). Vamos a desc rib ir algunas de las más utilizadas.  Distancias métricas ( disimilitud ) Las med idas d e d isimilit u d miden la dist ancia entre dos objetos d e forma q ue cuanto mayor sea su valor , más diferentes son los objetos y menor la probabilidad de que los métodos de clasificación los asignen en el mismo grupo (y viceversa). Destacamos las más conocidas y utilizadas: Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 240  Distancias euclídeas : La d istancia euclídea es la disimilaridad más conocida y fácil de comprender, pues su d efinición coincide con el concepto de d istancia. Se mide como la distancia lineal entre valores de u na magnitud.  Distancias de C anberra : Se trata de un a d is tancia en la que se estandarizan las diferencias divid iendo por la suma de los valor es y es más apropiada cuando las variab les n o están normalizadas y h ay d iferencias significativas en los rangos de valores.  Distancias d e M aha lanobis : es una medida de dista ncia introducida por este investigador en 1936. Se diferencia de la distancia eu clídea en que tiene en cuenta la correlación entre las variables aleatoria s.  Coeficientes de correlación (similitud) Las medidas de similitud mi den el grado de semejanza entre dos obje to s de forma que, cuanto mayor es su valor mayor es el grado de similaridad que existe entre ellos y con más p robabilidad los métodos de clasi ficación tenderán a ponerlos en el mismo grupo (y viceversa). Según el t ipo de variable podemo s utilizar  Coeficiente d e correlación d e Pearson : El coefi ciente de correlación lineal producto momento de Pearson resulta de dividir la covarianza por el producto de las desviaciones t ípicas d e las variables . El coeficiente de correlació n de Pearson mide el grado de asociación lineal e ntre dos objetos, es decir, hasta qué punto dos objetos son proporcionales. A d iferencia de otras medidas, este coeficiente no se ve afectado p or las escalas de medidas utilizadas. Este coeficiente toma en cada caso un valor comprendido entre -1 y 1, siendo su valor ab solu to mayor cuant o más se parezcan ambas series temporales (la correlación entre dos series temporales igua les será de 1). La distancia entre series se ha calcul ado como 1 menos el valor ab soluto del coeficiente de correlación, d e t al modo que cuanto mayor sea la correlación menor será la distancia. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 241  Coeficiente de correlación d e los rangos de S p earman . Los métodos de correlación por rangos se suelen aplicar a variables discretas, sobre tod o de tipo ordinal; se trata de una alternativa no paramét rica al coeficiente de correlación Pearson y resulta más resistente a los valores atípicos (Lanzante, 1996 ). Para carac terizar las rel aciones entre los elementos, e n nuestro caso las series de precipitación mensuales de cada observatori o, y con el fin de ir buscando los pares de estaciones más similare s e ir asociándo l os progresivamente, hay q ue d efinir una medida que cuantifiqu e la disimilitu d/similitud. Entre l os dos sistemas antes mencionados, la p rimer a de ellas, la métrica de distancias, es la más común mente uti li zada e n las cien cias de la atmósfera y, dentro de este grupo, la distancia euclídea es la más común para analiz ar la similitud entre series temporales y realiz ar los agrupamientos. E sta distancia requier e que las series que se comparan sean exactamente d e la misma dimensión (longitud, periodo temporal d e las serie s de datos) (Everi tt et al. , 2011b). En determinadas aplicaciones se ha demost rado que es una med ida de d istancia muy f rágil y p resenta, además, el problema de qu e no tiene en cuenta ni la variabilidad de los d atos ni la correlación existente entre ellos (Justel, 2010 ). En el caso de nuestra investigación , la aplicación de alguna de est as distancias para el análisis c luster conllevaría el cálculo de distancias (diferencias) entre los valores de precipitación mensual de cada estación para cada mes y año. Este enfoque, a unque utilizado por autores en trabajos previos presenta un a serie de desventajas :  La precipitación mensual d e una determinada estación en un mes d eterm i nado , está sujeta no só lo a tendencias gen erales si no también a multitud de factores ambientales locales, que p ueden influir significat ivamen te en un valor concreto aú n sin modificar la t endencia o comportamiento general d e la variable, a lo largo del tiempo. En estos casos , estaciones con comp ortamientos similares a las variables podrían presentar valores d e d istancia muy ele va dos, que las alejasen en la clasificación general.  La aplicación del análisis d e conglomerados en climatología se b asa en la construcción de una mat riz de d istancias en la que la métrica más frecuentemente utilizada ha sido la distancia euclídea, válida si todos los datos se miden en la misma escala. Un problema que plantea utilizar esta medida es q ue no tiene en cuenta la correlación entre las variable ; si est án altamente correlacionadas esta d is tancia mide esencialmente la misma característica (Fovell y Fovell, 1993). Por lo tanto el uso de esta distancia exige: Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 242  Que las variables no est én correlacionadas, cond ición qu e se ignora con frecuencia. Dos método s suelen plantearse para h acer frente a la corr elación entre las variab les: la realización de un análisis de componentes principales antes de calcular distancias euclidianas, y el cálcul o d e la distancia de Mahalanobis en su lugar (Mimmack et al. , 2001 ). Esta limitación de la dist ancia eu clídea es la que nos ha hecho elegir otras alternativas.  Que los conjuntos d e datos sean de baja dime nsion alidad ya que l a distancia euclídea no es la más adecuada para trabajar con un gran volumen de datos (Ertöz et al. , 2003). Ya que n uestra variable es continua y los registros de precipitación no presentan ninguna de estas dos características, la d istancia euclídea no podía ser elegida por lo que, siguiendo a Warren Liao (2005), no s planteamos ensayar con la correlación entre las series temporales como medida rela t iva de la dis t ancia entre cada par d e estaciones. Pa ra ello se han eliminado en , cada caso, los p ares de d atos en los que alguna d e las series temporales p resentaba valores perdidos (NA) y se ha aplicado el coeficiente de correlación de Pearson. La ut ili zación de la matriz de correlaciones se aplica cuan do diferentes variables tienen diferentes varian z as (Bettolli et al. , 20 10 ; Jayawardene y Jayewardene, 2005 ) . El uso de esta mat riz da inicialmente el mismo peso a todas la s variab l es de la matriz de entrada , que en nuestro caso son series de cada una de las estaciones meteorológicas utilizadas pertenecientes, en mu chas zonas, a ámbitos muy contrast ados pluviométricamente. El empleo de las se ries temporales c ompletas permite ca p tar la estacionalidad de l a precipitación lo que p ermite comparar regiones con distintos regímenes de precipitación. Están apareciendo propu estas metodológicas innovadoras, aún poco extendidas, relacionadas con las regionalizaciones climá ticas y con medidas de proximidad tales como el coeficiente de correlación Q (Härdle y Si mar, 2004) o la Distorsión Dinámica en el Tiempo ( Dinamic Time Warping ), mucho más robusta para medir distancias en series temporales, y amp liame n te utilizada en diferentes campo s científicos , al permitir la agrupación d e series de d iferente lon gi t ud o con desf ase que d ificulta la identificación de periodos de comportamiento similar (Ratanamahatana y Keogh, 2005, citado por Wang et al ., 2006 ). Nuestro estud io tiene un enfoque más pragmático y se b asa en técnicas habitualmente emp leadas en los estudios climáticos, lo que p ermit en la comparación con investigac iones similares. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 243 6.3.1.4. Seleccionar el algoritmo de formación de los conglomerados Una vez definida la distancia y construida la matriz, es n ecesario especif ic ar el método de agrupación que se utilizará p ara cre ar los clus t ers . Los métodos jerárquicos suelen subdividirse en métodos aglom erativos (ascendentes) y métodos divisivos (descendentes). El p rocedimiento ascend ente fusiona desd e los grupos más pequ eños a los más grandes (aglomeración) y el segundo de forma inversa, mediante división desglosando en grupos, cada vez más pequeños, del conjunto total de datos . Los m ás habituales suelen s er los primeros ya que los s egu ndos requieren muchos cálculos y acaban siendo poco utilizados. El méto do aglom erativo p arte de t antos clusters como datos tiene la muestra: se va n uniendo gr u pos por pares siguiendo el criterio elegido hasta o btener un ú nico cluster que contiene t odos los d atos. Cada método se diferencia por la estrategia d e fusión y todos tienen en común que la pri mera unión se produce ent re individuos similares. Como explica Badr y otros, el AC p or aglomeración jerárquica de agrupación ( Agglomerative Hierarchical Clustering ) pr esenta una serie de ventajas respecto a otros métodos, para la s regionalizaciones climáticas  En p rimer lugar, ofrece u n procedimiento en el qu e la definición de los clú ster resulta fácilmente comprensible ya q ue se van f undiendo sucesivament e elementos similares (o grupos de pe queño tamaño).  En segund o lugar, los mét odos de aglomeración ACJ son más deterministas, informativos y predecibles que los métodos n o jerárquicos , muy variables, y que producen un con junto poco estructurado de c lu st ers que a menudo convergen en un óptimo local de poc a calidad.  En t ercer lugar, estos métodos fac ilitan la validación d e clusters , un a cuestión que es quizás la más difícil en el análisis d e co nglomerados en gen eral (Fovell, 1997 ; Fovell y Fovell, 1993) y aún más en los métod os no jerárquicos en los que se requiere un número predeterminado de clusters (Badr et al. , 2015) . El funcionamiento de los mét odos d e c luster jerárquico aglomerativo s e basa en la ag rupación sucesiva de elementos d os a do s, es decir, se p arte de t odos los elementos individuales y se agrupan p or pares (los más similares). A p artir de ese momento cada par pasa a f uncionar como un elemento ú nico qu e d ebe ser unido a otro (otro par). Este p roceso se repite hasta obtener u n único g rupo que reún a a todos los elementos. Los algoritmos se diferencian en la forma en que calculan la similitud entre un par de clusters (Ramachandra Rao y Srinivas, 2006) . Diferentes cri t erios producen agrupaciones distintas. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 244 La principal d iferencia que subyace en los algoritmos de aglomeración es el medio por el cual se mide la simil itu d entre los a t ributos de un lugar (Kalkstein et al. , 1987 ; Ramachandra Rao y Srinivas, 20 06) . La elección de la estrategia de fusión dependerá de los objetivos de la inv estigación pero existen diferentes métodos de enlace ( link a ge ) que utilizan la p roximida d entre pares de individuos para d efinir una nueva distancia y para unir grupos de individuos entre los que se encuentran:  Enlace sen cillo ( Single linkage ): utiliza la mínima d istancia/disimilitud entre dos individuos de cada grupo (útil p ara identificar valo res atípicos)  Enlace completo ( Complet e link age ): es el método del vecino más lejano donde la d is t ancia entre dos clust ers es la máxima distan cia/disimili t ud entre dos individuos de cada grupo.  Enlace p romedio ( Averag e linka ge ): la distancia entre clusters se calcula como la media (o mediana) en tr e pares utiliza ndo las distancias/disimilitud entre todo s los individuos de los dos grupos.  Enlace d e ce n troides ( Centroid linkage ): ut iliza la distancia/disimilitud e ntre los “centros” de los grupos.  Método de Ward ( Ward linkage ): ut iliza la suma d e las distancias al cuadr ado de cada elemento con respecto al centroide que va a configurar cada conglomerado (Okabe, 2012) para obtener la mínima varianz a. En cada paso se minimiza la suma de cuadrados den tro de los clust ers sobr e t odas la part ici o nes posibles obtenidas fusionando dos clusters del paso anterior. Figura 5 .6 . Alg uno de los m é todos de enlace ( linkage) que utilizan dife rentes distancia s de proximidad. Fuente: Justel ( 2010) Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 2 45 Todos estos métodos comienzan considerando cada observatorio como un grupo , a continuación, las dos estaciones que se identifican por tener la distancia más pequeña entre ellas se unen , fo rmando un nu evo gr upo de dos estaciones. De esta forma, el algoritmo actúa fusionando los dos grupos que tienen la menor distancia entre ellos en un solo grupo. Los mé todos difieren, básicame n te, en la forma en que definen l a distancia entre dos gru p os. Por ejemplo, el enlace sencillo de vinc u lación d efine la distancia entre grupos como la dist ancia mínima entre dos elementos, por el contrario el método del enlace completo emplea la distancia máxima (Ver Figuras 6 .6 . y 7 .6 ). Figura 6 .6 . Cá lculo de la distancia del enlace pro m e dio (Aver age linkage, AL) y del e nlace co m p leto (Co m plet e linkage, CL) . Fuente: La elección de l mé todo p uede basarse e n las características de las variables o del estudio, p ero en la mayor p arte de los casos se d ecide tras realizar un análisis exploratorio para verif ic ar los resultados, tras aplicar diferentes procedimientos. En nuestro caso, seguimos est as recomendaciones llevando a cabo p rue b as a f in de encontrar la opción más adecuada. No obstante, los métodos no están exentos de limitaciones y , en ocasiones, éste ha sido un argumento utilizado para poner en duda la robustez estadística de la s clasificaciones resultant es. Po r ejemplo, t odos los algoritmos de A CJ comú nmente utilizados son unidireccionales: una vez que los elementos , individualmente, han sido adscritos a un grupo no pueden ser reasignados. Los algoritmos ACJ t ambién puede n verse afectados negativamente por el rui do en los datos de entrada, problema que no es insignificante en la mayoría de los registros cli máticos. En conjunto, las ventajas que ofrece el análisis de conglomerados jerárquico ha hecho que sea ampliamente utilizado por ser una herramienta versátil y práctica. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 246 6.3.1.5. Decisión sobre el número de conglomerados Las técnicas de AC son reconocidas por ofrecer un a de las mejores aproximaciones en regionalización de la precipitación . Sin embargo, presentan como limitación la dificultad de identificar el número de gr u pos que mejor representa la división natural de regiones . Hay q ue p artir de la idea d e que n o existe n criterios objetiv os ni t écnicas consensuadas para determinar el número de grup os óptimos. El p rocedimiento más simple para decidir el número de grupos es por inspección subjetiva aunque este procedimiento no es muy satisfactorio ya que pu ede estar sesgado por la visión person al de los investigadores. Podemos examinar el ár bol d e clasificación o dend rograma que representa el proceso de clasificació n seguido , y decidir el punto de corte a diferentes niveles o distancias para escoger la clasificación (número de grupos) que se con sidere más adecuada. Así mismo este análisis permite la elección de var ios niveles, tomando o subd ividien do aquellas clases menos homogéneas o con mayor número de elemen tos. No obstante pueden p resentarse algunos problemas en los algoritmos jerárquicos ya que según el algori t mo de cálculo d e l a d is tancia entre l os grupos l a formulación matemática pu ede distorsionar la clasi f icación a través de dos efectos (Rasilla Álvarez, 2000 ):  El efecto de encadena miento o asign ación de nuevas observaciones a grupos ya existentes en vez de formar nuevos grupos (si bien puede utilizarse para identificar soluciones con grupos heterogéneos) (Figura 7 .6 ).  El efecto bola de nieve consiste en la generación d e un grupo compuesto p or numerosos casos y u na constelación de grupos de mucho menor tamaño, generados a partir de casos atípicos. Es t e efect o no es del todo perjudicial, ya que detecta casos anómalos, cuando su frecuenc ia no su pera el 5 % del total. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 247 Figura 7 .6 . Criter ios de calidad en el a nálisis visual del de ndrogra m a . Fuente: Varela Mallou y otros (2015) . Para tomar u na decisión sobre el n úmero de clusters s e suelen r epresentar los distintos pasos del algoritmo y la dist ancia a la que se produce la fusión . El gráfico de evolución de l as fusion es es similar al de sedimentación ( scree test ) (Cattell, 1966 ), propuesto inicialmente p ara la elecc ión del número de componentes en el análisis factorial. Consiste en colocar en el eje de abscisas los valor es de los ín dices de agregación de las distintas etapas d el algoritmo de clasificación utilizado y, en el eje de ordenadas, el número de conglomerados correspondiente a cada uno de los índices. Una vez obtenida u na curva, se observa un primer tramo co n una pendiente descendente donde el decaimiento es m u y rápido para un intervalo de índices de agregación relativamente pequeño y, un tramo en donde la pendiente es muy pequeña y el decaimiento es mu y lento. Se identifica el codo o cambio en la misma, siendo el número de conglomerados óptimo recomenda do c o mo solu ción final, e l último valor del p rimer tramo del gráf ico d e sedimentación , antes de esta inflexión (http://personal.us.es/analopez/ac.pdf ). Mediante la visualización de las medidas de distancia a la que los gr u pos se fusionan en cada paso de dos en dos los grupos por similitud apreciamos el punto de cort e, que será aquel en el que comienza a p roducirse un cambio ab rupto, con una inflexión en la tendenci a de la secuencia de agrupamient o, indica ndo que d os clusters muy diferentes se h an fusionado que marca el momento de sele cción del número de grupos justo antes de que esto suceda (Figura 8 .6 ). Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 254 b) Efecto de la estacionalid ad d e las series de precipitación . Al aplicar el AC d irectam en te sobre las serie de valores mensuales éstas pueden contener información redundante debido a la presencia de e stacionalidad . Po r lo tanto, no detectaríamos la señal climática limpia que es la información esencial de las series . Pa ra eliminar este efecto habr í a que realizar un an álisis de cada estación del año o a escala mensual . No obstante, el régimen anual de la precipitación presenta contrastes esta cionales muy marcados que podrían variar en el territorio y reflejar un p atrón espacial d istinto, lo que ayudaría a diferenciar los grupo s. Ya que el verano es la estación q ue mayor contraste presenta, realizamos un a prueba de AC eliminando los meses estivales a f in de verificar su ef ecto en el régimen de precipitaciones. c) Inclusión de otras variables. En nuest ro caso, se trat a de la inclusión de los totales mensuales de precipitación de variables auxiliares qu e mejor an la identificación d e los grupos espaciales. Elegimos e l número de días de precipitación ya q ue disponíamos de esta información en la b ase de datos de A EM ET con suficiente nú mer o de de estaciones. Reali zamos un AC utilizando únicamente esta variable para comprobar si aportaba alguna información relevante . Pensamos que esta variab le facilitaría la distinción entre las áreas más influidas por mecanismos conve ctivos de precipitación d e las de carácter frontal, lo que podría mej orar la zonificación pluviométrica de Andalucía, respecto a la obtenida, incluyendo únicamente las series mensuales . 6.3.2.2. Análisis exploratorio metodológico sobre el clúster jerárquico Una vez elegidos los datos de entrada hay q ue tomar d os d ecisiones: la medida de similaridad entre elemento s y el algoritmo d e formación de los clusters. En esta segunda etapa, modificamos los datos de entrad a utilizando MOPRED AS d ado que los resultados previamente obtenidos, nos indujeron a comprobar también el efecto de otra base de datos sobre los resultados. En la siguiente figu ra se resumen los ensayos ef ec tuados, pro bando diferentes procedimientos co n las d os d is t ancias que deben ser elegidas y que, como ha n mostrado algunos autores, afectan a los re sulta d os d e las regionalizacio n es climáticas (Figura 10 .6 ). Del extenso abanico de posibilidades metodológicas h emos probado con aquellas medidas más utilizadas en estudios simil are s y que han probado su e ficacia. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 255 a) Di ferentes distancias de similitud ent re elementos La primera decisión en el pro ceso de clasificación es elegir el criterio d e similitud ente los elementos. Aplicamos tres tipos de med idas, dos de carácter métrico, la distancia euclídea, muy empleada en regionalizaciones climáticas, y la distancia d e Mahalanobis , y u na tercera, el coeficiente de correlación de Pe arso n, como medida de asociación d e la distancia entre elementos . Los resultados obtenidos con cada una de ellas nos permitieron elegir la más adecuada para nuestra regionalización pluviométrica Figura 10 .6 . Esquema de la s egunda fase explora toria sobre el proceso m eto dológico del cluster jerárquico. Fuente: b) Diferentes tipos de algoritmos de ag r upamiento La segunda decisión es elegir el procedimient o de formación de los clusters . Por referencias de trabajos similares, sabemos que el m étodo de Ward es uno de los que mejores res u ltados ofr ece en los procesos de d efinición de region es climáticas homogéneas. No obstante, queríamos contrastar los resultados qu e se obtenían c on otras distancias, el enlace completo ( complete linka ge ) y el método de la media ( average linkag e ), uno de los más utilizados. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 256 7.3.2.3. Análisis de componentes princ i pales y clúster La mayoría d e las regionalizaciones climáticas , como hemos visto en el capítulo anterior, han sido realiza das en p asos sucesivos c ombinando el ACP y AC para obtener la clasificación final a partir de las comp one ntes sele ccionadas. También en sayam o s este procedimiento de regionalización n o como un a elección metodológica, sino como un análisis explor atori o más , a fin d e contrastar los resultados de estas técnicas con las restantes clasificaciones obtenidas. La razón ha sido qu e esta metodología se ha aplicado de forma direc ta sin probar muchas de las variantes q ue este tipo de trab ajos aborda, selección de diferentes componentes principales, ro taciones, etc. Nuestro objetivo era comp robar q ue los resultados fin ales de la metodología seleccionada eran coher en tes con el procedimiento más frecuente, a fin de validar la estabilidad y consistencia de nuestra regionalización. Se aplica un ACP sobre la base d e datos MOPREDAS que presenta u na buena densidad espacial y q ue garantiza la calidad de los resultados de estas t écnicas. P os teriorment e se ap lica un AC jerár quico empleando los p rocedimientos más habituales en climatología: la distancia euclídea y la distancia de W ard como algoritmo de agrupamiento. Podre mos así comparar ambas regionalizaciones y valorar los resultados desde un punto de vista meto dológico, geográfico y climático. 6.4. Elección de la metodoló gica f inal. Como acabamos de describir, el análisis c lú st er consiste en un c o njunto de herramientas cuyo objetivo es construir grupos ( clusters ) con propiedades homogéneas, a partir de grandes muestras heter o géneas. Los grupos deberían ser lo más homogéneos posible y las diferencias entre ellos , las mayores que pueda n obtenerse (Everitt et al. , 2011a ) . En nuest ro caso , y puesto qu e n o p artimos de grupos d efinidos a priori , hemos elegido el método de agrupam iento je rárq u ico por se r el más adecuado ya que nuest ro objetivo principal es establecer una regionalización pluviométrica A partir de aquí, hay que decidir qu é medidas de similitud adoptamos entre elemento s y qué métodos de formación de grupos elegimos. Nuestra elección se basará en las experiencias y resultados que puedan ser relevantes tales como:  Estudios previos con fines similares  Investigaciones llevadas a cabo en nuestro ám bito de estudio o en zonas con características similares. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 257  Resultados del análisis prospectivo metodológico. Iremos d escribiendo dentro del esquema de las etap as d e un AC nuestra opción metodológica:  Selección de las variables que f avore zc an la agrupación de datos . T omaremos del estudio las series comple t as de precipitación mensual en su sucesión temporal.  Elección del procedimiento de conglomera ción. Aplicaremos métodos de análisis de conglomerados jerárquico s aglomerativos ya q ue éstos han dado buenos resultados en un gran número de estudios climá ticos de regionalización.  Elección d e las med idas de distancia y proximidad entre elementos . Hay que definir una medida d e proximidad , p ara cuantific ar la cercanía entre los ob jetos que , en n uestro caso , f ue el coeficiente de correlación de Pearson como medida de similaridad. Esta elección es uno de los aspectos más novedoso de nuestra aproximación ya que usamos como distancias la correlac ión entre las series temporales . El uso de coeficientes de corre laci ó n supon e una métrica alternativa que puede identificar la estacion alidad de la precipitación en el ciclo anual, diferenciando, re giones con diferente régimen.  Seleccionar el algoritmo de agrupamiento de los conglomerados. Tras los en sayos metodológicos iniciales, la d istancia d e Ward era la q ue mejor es resultados proporcionaba, al igual que en otros muchos estud ios sobre regionaliz acion es climáticas.  Decisión sobre el número de c ong lomerados . Emp learemos dos criterios para la elección final del número de grupos: a. Análisis visual y espacial del dend rograma representando diferentes cortes mediante un SIG. b. Gráfico de sedimentación (scree test) en el qu e h ay que valorar la ruptura en la curva de formación de grupos que identi fique un número adecuado .  Presentación, validación e interpretación de los resu lt ados estadísticos . Con el fin de valorar la estabilidad del análisis de conglome rad os re alizado, se ha utilizado el test del índice medio de Jaccard y la coherencia es pacial y climática d e los grupos que la representación ofrece, mediante un SIG. En l o s siguientes ca p ítulos pr o cederemos a los resultados de la aplicación d e est a metodología en su doble lín ea: análisis de las redes de observación y regionalización Capítulo 6: Elección metodológica Tercera Parte: Metodología | 258 pluviométrica. Previamente , presentaremos los resultados más destacados d el análisis exploratorio d e datos de n uestra metodología qu e nos acercarán al comportamiento de la d istribución espac ial de precipitación en Andalucía. La regionaliz ación final se pondrá en relación con el estado de las re des actuales de observación pluviométrica , a fin de evaluar su representatividad espacial. Capítulo 6: Elección metodológica Tercera parte: Metodología | 259 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS AGUILAR-ALBA, M . 20 07. Cambios y tendencias recientes en las precipitaciones de Andalucía. En: SOUSA, A., GARCÍA-BARRÓN, L. Y JURADO, V. (ed .) El cambio climático en Andalucía: evolución y consecuencias medio ambientales. Sevilla, Consejería de Medio Ambiente-Junta de Andalucía. AGUILAR-ALBA, M. & DEL MORAL ITUARTE, L. 2010. Tendencias climáticas recientes y evolución de las aportaciones en embalses de cabecera del Guadalquivir: su incidencia en la planificación hidrológica. En: F. FERNÁNDEZ GARCÍA, E. G. G. Y. R. C. T. E. (ed.) Clima, ciudad y ecosistemas Madrid, Publicaciones d e la Asociación Española de Climatología (AEC),Ediciones del Ser bal, Barcelona. ALCARAZ ARIZA, F. J. 2013. Geobotánica. 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La puesta a punto de los instrumentos de medición de los d i ferentes elementos atmosféricos su pone el inicio del interés por la meteorología y la climatología desde dif erentes campos. Comentan García de Pedraza y Giménez de la Cuad ra (1985) q ue: “En Españ a, a lo largo del siglo XVIII, se advierten los varios intentos de organizar la obtención de datos científicos sobre el clima y los meteoros, ut ilizando el barómetro y los demás instrumentos que ya hacían posible la medida objetiva de los parámet ros básicos de la atmósf era. Fueron la medicina, la agricultura y la navegación mar ítima las actividades que llegaron primero en au xilio de la Meteorología ” . A partir de 1784, y a lo largo de u nos qu ince años, el esfuerzo d e las autoridades, bajo la coo rdinación de Campomanes, se centró en reca bar información y datos sobre las condiciones climáticas anuales y su incide ncia en la producción agraria, impulsando las observaciones y descripciones rela cion adas con la atmósfera. Las n ecesidades f iscale s d erivadas de la implantación del ab s o lutism o en España llevaron al Estado, a lo largo del siglo XVIII, a re alizar un ambicioso plan p ara d isponer de una estadística de la riqueza t erritorial; c on este fin se emprenden diversos proyectos, como el Catastro de Ensena da aunque será a partir d el últim o cuarto de siglo cuando los esfuerzos de los gobernantes ilustrado s por d otar a la Admin is tración de una estadística territorial actualizada tomarán cada vez más impulso (Nadal y Urteaga, 1990) . La sigui en te cita muestra este celo p or la obtención de datos: “E n 1784, Rodríguez Campomanes d ispuso que los corregidores y alcaldes mayores de las ciudades del rei n o remi tiese n a la Secre t aría de la Preside ncia de Cas tilla noticias quincenales con referenc ia al “temple del aire, las lluvias, las nieblas, vientos, nubes, rocíos, tempestades y dem ás meteoros que se observaren, señalando su influencia en la vida vegetal y sobre las cosechas” (García d e Pe draza y Giménez de la Cuadra, 1985 ). En España el p royec t o estadístico- meteorológico estuvo vigente y se cumplió, con más o menos precisión, en todo el país hasta pri n cipios de l siglo XIX. “E s tas in icia t ivas, interrumpidas o no ejecutadas, d iero n , sin embargo, sus f rutos en las primeras series [Document text truncated for crawler view.]