El anhelo de libertad en Hannah Arendt
Abstract
El contenido del concepto libertad en Arendt rebasa la propia experiencia existencial que se tenga al respecto. Anclado en un planteamiento antropológico, no pierde su naturaleza política, para, haciendo honor a la esencia del concepto, convertirse en alimento para la esperanza; sin desdeñar una crítica, siempre en guardia, a todo aquello que pueda poner en peligro la posibilidad valiosa que posee el ser humano: la capacidad de ser libre.
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Differenz Revista internacional de estudios heideggerianos y sus derivas contemporáneas 73 AÑO 9, NÚMERO 8: JULIO DE 2022. ISSN 2695-9011 - e-ISSN: 2386-4877 - Doi: 10.12795/Differenz.2022.i08.05 [pp. 73-86] Recibido: 01/03/2022 Aceptado: 18/03/2022 El anhelo de libertad en Hannah Arendt The yearning for freedoom in Hannah Arendt’s work Milagros Losada Sanz Universidad Pontificia de Salamanca - Universidad Complutense de Madrid Resumen: El contenido del concepto “libertad” en Arendt rebasa la propia experiencia existencial que se tenga al respecto. Anclado en un rico planteamiento antropológico, no pierde su naturaleza política, para, haciendo honor a la esencia del concepto, convertirse en alimento para la esperanza; sin desdeñar una crítica, siempre en guardia, a todo aquello que pueda poner en peligro la posibilidad valiosa que posee el ser humano: la capacidad de ser libres. Palabras Clave: Libertad; Condición humana; Política; Pensamiento; Acción. Abstract: The idea of freedom in Arendt’s work exceeds the experience that one has ever had of it. Clung on to a rich anthropological approach, this idea does not lose its political nature
74 MILAGROS LOSADA SANZ EL ANHELO DE LIBERTAD EN HANNAH ARENDT to become nourishment for the hope by honoring the essence of the concept itself; without turning down the always alert criticism against all that may endanger the valuable potential that humans possess: the ability to be free. Keywords: Freedom; Human condition; Politics; Thinking; Action. 1. Introducción Con una solidez y profundidad inigualables, Hannah Arendt aborda, desde la perspectiva de una pensadora contemporánea, una capacidad humana trascendental, la posibilidad de ser libres. A lo largo de su extraordinaria obra escrita, podríamos rastrear el análisis del problema de la libertad desde una perspectiva poliédrica: bajo un aspecto histórico, como propuesta política o desde el punto de vista antropológico, para darnos cuenta de que su planteamiento posee un amplio alcance filosófico. Nos encontramos, como es de esperar en una honesta reflexión sobre la naturaleza humana, con un concepto fundamental en la obra arendtiana, que va regando, a veces de manera indirecta, toda su obra. En su ensayo Entre el pasado y el futuro le dedica un capítulo completo, donde la autora realiza una disección minuciosa del tema de la libertad para que podamos tener en cuenta la complejidad del tema y denunciar los errores, amenazas y perplejidades del asunto. El alcance de su análisis es colosal: nos obliga a transitar por lo histórico, lo ontológico, lo antropológico, lo ético y lo político. Hannah Arendt fue una autora muy prolífica, sus pensamientos quedaron reflejados en numerosos artículos, conferencias, entrevistas, además de sus libros; no vamos a pretender aproximarnos a todo su contenido, tarea titánica e imposible. Por otra parte, abierta a posibles nuevas publicaciones, véase el caso de la obra La libertad de ser libres, publicada por primera vez en inglés en 2017. La libertad es un concepto interdisciplinar, puede acuñarse desde distintos campos, es polisémico, nos obliga a penetrar en diferentes ámbitos. Nos parece que el planteamiento arendtiano aporta la novedad de ser tratado no de una manera parcial, sino vertebradora de todo su pensamiento. Es clave para entender su obra y muy útil para alumbrarnos en nuestro tiempo presente, por ello nos parece necesario abordarlo desde una perspectiva minuciosa que analice el concepto de libertad en la aportación que la filósofa de Hannover nos legó. “El empleo correcto de estas palabras (se está refiriendo a las palabras clave de la ciencia política) no es sólo cuestión de gramática lógica, sino de perspectiva histórica”1. A estas alturas de la historia de la cultura occidental, los grandes y bellos valores han sido utilizados y manidos hasta hacernos sospechar de su uso, abusar con frecuencia de 1 ArenDt, H. Crisis de la República. Tr. G. Solana. Madrid: Taurus, 1998, p. 145.
75 DIFFERENZ. AÑO 9, NÚMERO 8: JULIO DE 2022 ISSN 2695-9011 - E-ISSN 2386-4877 - DOI: 10.12795/DIFFERENZ.2018.I08.05 pp. 73-86 palabras como justicia, verdad, libertad, de una manera hueca, “como conchas vacías”, ensucian, desgastan y desvirtúan temas claves e importantes. Lejos de echar de menos épocas anteriores, no es nuestra intención ponernos nostálgicos; pero sí hay que ser cautos cuando ponemos en juego los grandes conceptos que ha manejado nuestra tradición occidental, su contenido siempre está en trance de perderse, o bien, aún andamos en su busca. Es por ello que encontrarnos con el tratamiento honesto, con la manera digna de ser usada una de las grandes palabras de una tradición intelectual y cultural, merece ser tenido en cuenta. La idea de la libertad no sólo la hemos vaciado de significado, sino que, junto a otros valores que dotaban de sentido a la vida humana, la hemos ido arrinconando, como el arpa de Bécquer, “en el ángulo oscuro.” Sin embargo, es la savia viva de la creación artística con exaltados momentos floridos, donde sobresalen épocas y autores. La libertad es ingrediente “puro de oliva” para la trama existencial que teje nuestras vidas. Es agua fértil de primavera en el campo de la política y alimento imprescindible para la tarea científica. La experiencia de la libertad nos empuja al centro de gravedad de la condición humana. A tomar conciencia de nuestra debilidad y finitud. Nos coloca, siempre, en el abismo de la acción, en la necesidad de tomar partido y elegir, asumiendo el peso del destino y la responsabilidad. Con ello también abrimos la posibilidad para lo mejor, se nos permite alumbrar un atisbo de novedad, un anhelo de inmortalidad: “Somos libres de cambiar el mundo y de comenzar algo nuevo en él”2. 2. Los orígenes Arendt reconoce que en el siglo IV a. de C., con todas las limitaciones de su tiempo histórico, Aristóteles adelantaba la idea de ligar la libertad a la esencia misma del ser humano, así se deja ver a través del zoon politikon. Sin embargo, Epicteto (siglo I), extrañamente, se hace eco de una frase que Aristóteles pone en boca de quienes no saben lo que es la libertad: “libertad es hacer lo que uno quiera”, introduciendo una idea antítesis de la libertad política. Por otra parte, Florentino (siglo II) consideró la libertad como la facultad natural de hacer lo que se quiera a no ser que se lo impida un poder coercitivo, planteándonos de esta manera, la problemática de mantener la defensa jurídica de lo que no es sino constitución natural del ser humano. Nos encontramos en el Alto Imperio, en el que el Derecho Romano presenta un sistema poco uniforme en referencia a la libertad, debido a la complejidad del tema. Jurídicamente se defendía la 2 Ib., p. 13.
76 MILAGROS LOSADA SANZ EL ANHELO DE LIBERTAD EN HANNAH ARENDT libertad, tanto como atributo natural, como de derecho, garantizando con ello el actuar en el ámbito familiar como político. Por tanto, el Derecho Romano puso los medios para su defensa y protección. Pero el desarrollo histórico de la cuestión no sólo se queda aquí. En principio, Arendt localiza el origen de la libertad en la experiencia real y mundana de cada individuo, es un hecho de la vida diaria, se trata de una experiencia ineludible del ser humano en sociedad; desde los presocráticos hasta hoy, el ser humano toma nota de “la experiencia de su condición de ente libre”3, este es el terreno original de la libertad: “el campo de la política y los asuntos humanos en general”. Aunque esta no es la noción de libertad que hoy tenemos. La tradición filosófica (Sócrates. Platón), el Derecho Romano y el legado cristiano (San Pablo y San Agustín), tras pasar por el tamiz de los pensadores modernos, gestó la civilización occidental, que ha ido creciendo y desplegándose a lo largo del tiempo. Si bien es en la polis, en la época de los presocráticos, donde podemos encontrar esa experiencia mundana de la libertad; es también en la filosofía antigua donde localizamos el primer distanciamiento del terreno original de la libertad, cuando autores como Platón contraponían la libertad a la vida dedicada a la política. Aunque, innegablemente, el gran salto a incorporar un nuevo concepto de libertad se produce con la conversión de San Pablo y, posteriormente, en la obra de San Agustín, como cuestión filosófica. Por ello “el problema de la libertad ha sido la última de las grandes preguntas metafísicas tradicionales”4. Parece claro que Arendt distingue netamente la idea de libertad interna, difícil de definir, hasta puede parecer “un espejismo”, donde habría que tener en cuenta un gran número de factores, motivaciones y circunstancias. La otra es la libertad política, la que se teje en el espacio construido como un artificio humano. Aunque la diferencia entre espacio privado y espacio público parece clara, la complejidad de sus relaciones da pie a un candente debate. El esfuerzo de Arendt será intentar salvar dos extremos posibles del problema: por un lado, la experiencia del individuo que huye del interés por la política, en el otro extremo la tendencia a considerar que todo lo privado es político. Destaquemos que aquí la discípula de Heidegger, diferencia lo público-político de lo privado planteando, además, una crítica a esa especie de híbrido que llamamos “lo social”. Con respecto a lo públicoprivado, expone que es en las tiranías donde se tiende a disolver la diferencia entre esas dos esferas, y suele entrar en conflicto en las revoluciones5. Nuestra pensadora pretende 3 ArenDt, H. Entre el pasado y el futuro. Trad. A. L. Poljak Zorzut. Barcelona: Península, 1996, p. 160 4 Ib., p. 157. 5 No es el objetivo del presente trabajo abordar la controvertida noción de lo social en Arendt. Consideramos que el tema es susceptible de un riguroso análisis, donde rastrear el significado de
77 DIFFERENZ. AÑO 9, NÚMERO 8: JULIO DE 2022 ISSN 2695-9011 - E-ISSN 2386-4877 - DOI: 10.12795/DIFFERENZ.2018.I08.05 pp. 73-86 rescatar la dignidad de la política y, por lo mismo, de lo humano, evitando caer en los dos extremos anteriormente señalados. La idea de libertad en Arendt debe pensarse necesariamente unida a la política, toda concepción de la libertad está vinculada a una experiencia real y mundana entre iguales. Ser libres y actuar es una misma cosa. Por ello afirma: La libertad es en rigor la causa de que los hombres vivan juntos en una organización política. Sin ella, la vida política como tal no tendría sentido. La razón de ser de la política es la libertad, y el campo en el que se aplica es la acción6. Sin embargo, Arendt nos previene de algunas contradicciones y antinomias: 1. No podemos identificar, de forma ingenua, libertad y política; no al menos desde las experiencias que se van fraguando desde el siglo XX a nuestros días, porque las prácticas totalitarias pueden sobrevivir a los regímenes totalitarios. Arendt no sólo nos pone en alerta de esta errónea identificación, sino que incluso pueden ser incompatibles. Nos inclinamos a creer que la libertad empieza donde termina la política, porque hemos visto que la libertad desaparecía cuando las llamadas consideraciones políticas se imponían a todo lo demás7. 2. No confundir libertad con liberación (lo trataremos en el próximo apartado). 3. Lo más abandonado… En la primera página de Sobre la revolución, Arendt expone una advertencia desgarradora: La única causa que ha sido abandonada ha sido la más antigua de todas, la única que en realidad ha determinado, desde el comienzo de nuestra historia, la propia existencia de la política, la causa de la libertad contra la tiranía. Hay de qué sorprenderse. Bajo el asalto concertado de las modernas “ciencias” desenmascaradoras –psicología y sociología– la idea de libertad ha quedado sepultada sin que nadie se conmueva8. lo social; ya que en la obra arendtiana es utilizado, al menos, en dos o en tres sentidos. Al que nos referimos aquí es el que vemos reflejado en La condición humana, (Barcelona, Paidós, 2005, pp. 67 y ss.), donde lo social atenta contra los valores de lo público (“moral del granjero”). 6 ArenDt, H. Entre el pasado y el futuro. Op. cit., p. 158. 7 Ib., p. 161. 8 ArenDt, H. Sobre la revolución. Tr. P. Bravo. Madrid: Alianza, 1998, p. 11.
78 MILAGROS LOSADA SANZ EL ANHELO DE LIBERTAD EN HANNAH ARENDT La libertad política debe ser abordada, además, desde sus dos dimensiones ontológicas: pluralidad y natalidad. He aquí un fértil planteamiento para reflexionar y sacar consecuencias de él: libertad política por un lado, Pluralidad y Natalidad por otro, lo real y lo posible, lo tangible y el milagro. El anhelo de libertad. Lo improbable e imprevisible siempre se abre camino, para bien o para mal. Por ello, es necesario estar vigilantes de las condiciones que hacen posible la libertad, para abrir las ventanas hacia la luz, hacia nuevos amaneceres y no a la oscuridad y la noche. Difícilmente encontraremos a alguien contrario a la idea de libertad en el ámbito político; pero sí será controvertido ponernos de acuerdo en las distintas concepciones de ésta. 3. Sobre la libertad Somos conscientes de que “libertad” es un concepto tan manido y escurridizo que se ha vaciado de contenido, e incluso posee significados confusos9. Además la propia tradición filosófica, denuncia Arendt, ha distorsionado la idea de libertad, alejándola de su terreno natural, que es el ámbito de la política y, en general, de lo genuinamente humano, para arrinconarla en el terreno oscuro de la voluntad10. Por ello nos parece necesario abordar la cuestión de manera concreta, en un intento de recapitular lo que la pensadora de Hannover aportó a la cuestión de la libertad, siendo piedra angular de su pensamiento. Somos conscientes de que la tarea no pretende ser definitiva, ni mucho menos. Además el tema ha sido objeto de interesantes trabajos, que aquí se han tenido en cuenta. En el capítulo “¿Qué es la libertad?» de su obra Entre el pasado y el futuro, la autora defiende que en la teoría y en la práctica es una tarea tan difícil de abordar como “la cuadratura del círculo”. A partir de la edad moderna muchos son los autores que han tratado esta “última” de las preguntas metafísicas; tendremos en cuenta los dos conceptos de libertad, negativa y positiva, que se han venido manejando en las últimas décadas. Cierto que Arendt no usa con frecuencia esta división, pero sí aporta matices interesantes y críticos al respecto11. Basados, indudablemente, en las aportaciones de Locke, Montesquieu, Kant, Stuart Mill, entre otros. Locke identifica la libertad como un valor supremo, que debe localizarse por encima de cualquier otro derecho. Montesquieu, retomando el espacio genuino de la libertad, distinguirá dos tipos de libertad: filosófica y política. La primera referencia en la 9 ArenDt, H. Entre el pasado y el futuro. Op. cit., p. 21. 10 Ib., p. 157. 11 ArenDt, H. Sobre la revolución. Op. cit., p. 381.
79 DIFFERENZ. AÑO 9, NÚMERO 8: JULIO DE 2022 ISSN 2695-9011 - E-ISSN 2386-4877 - DOI: 10.12795/DIFFERENZ.2018.I08.05 pp. 73-86 historia que hila la idea de libertad con la de revolución (rebelión) es la figura de Moisés conduciendo a su pueblo fuera de Egipto y alejándolo de la esclavitud. Pero no debemos confundir libertad con liberación12. Sería un error no diferenciarlas, pues hasta incluso pueden mostrarse contrarias13. Es indudable que, para aproximarse al pensamiento de Arendt, se hace necesario atender de manera escrupulosa a su terminología, el cuidado en el uso de los vocablos que utiliza es sinónimo de la amplitud y hondura de su pensamiento. Así ocurre, por ejemplo, con el concepto “política”, que como en otros casos, debemos recurrir tanto a su origen griego como a los añadidos que la historia ha ido posando en él. Sólo así podremos entender a nuestra autora cuando afirma que el sentido de la política es la libertad14. Libertad y política (acción) son inseparables en Hannah Arendt, en relación directa con las categorías de Natalidad y Pluralidad, en esta última localizaríamos ese reconocimiento de la igualdad de condiciones o isonomía, como condición necesaria para poder tener derechos y poder desarrollar la facultad política del ser humano. Este pilar se quiebra en las sociedades y en los momentos históricos, con determinados colectivos, a los que se les sustrae hasta este “derecho” a los “derechos”. Esta paradoja, que afecta a la Declaración de Derechos Humanos, fue denunciada por Arendt en 195115. Abriendo la reflexión sobre una grave laguna en las bases fundacionales de nuestras sociedades contemporáneas. Autores como Reyes Mate han continuado esa brecha de investigación abierta por Arendt16. Es importante que tengamos en cuenta que el problema de la libertad se agudiza aquí, ya que va a ser considerado uno de los primeros derechos, antesala de todos los demás. El análisis minucioso arendtiano rastrea esta perplejidad en los Derechos Humanos que tiene su origen en el siglo XVIII17 (si bien este tema es de gran importancia y merecería, por ello, ser tratado en profundidad, no deja de desbordar los límites conceptuales a los que debemos ceñirnos en este artículo). Volviendo de nuevo a la afirmación que hemos recogido anteriormente, el sentido de la política es la libertad, nos gustaría dejar un espacio a la consideración de una esencial virtud política para Arendt: el valor, no en el sentido de afrontar riesgos o emprender tentadoras aventuras, sino al valor que es exigencia de la práctica en el ámbito de lo público, en radical contraste con la esfera de lo privado. Hoy hablaríamos, con cursilería, 12 Ib., p. 37. 13 ArenDt, H. Entre el pasado y el futuro. Op. cit., p. 12. 14 ArenDt, H. ¿Qué es la política?. Tr. R. Sala Carbó. Barcelona: Paidós, 1997, pp. 61-62. 15 ArenDt H. Los orígenes del totalitarismo. Tr. G. Solana. Madrid: Taurus, 1999, p. 369. 16 Reyes Mate, M. “Hannah Arendt y los derechos humanos”. Arbor, 742. Vol. 186, 2010, p. 243 17 ArenDt, H. Entre el pasado y el futuro. Op. cit., p. 155.
80 MILAGROS LOSADA SANZ EL ANHELO DE LIBERTAD EN HANNAH ARENDT de la esfera de confort en la que nos acoge el hogar, la protección familiar y todo aquello que nos hace alimentar un sentimiento de seguridad; es ahí donde debe irrumpir el valor, como algo indispensable para abrir paso a la acción política, a la práctica de la acción humana entre humanos, que ya no está referida a lograr bienes para la subsistencia, Sino porque hemos llegado a un campo en el que la preocupación por la vida ha perdido su validez. El valor libera a los hombres de su preocupación por la vida y la reemplaza por la de la libertad del mundo. El valor es indispensable porque en política lo que se juega no es la vida sino el mundo18. 4. La condición de la libertad Creo que sólo vive de veras quien vive su destino como un misterio. Stefan Zweig, Noche fantástica 4.1. De dónde partimos La gran aportación de Arendt es haber urdido una red rica y poderosa para combatir los ataques a la libertad; esa perla que ha ido creciendo en la historia de occidente, enriqueciendo su significado y abriendo una posibilidad a la esperanza, para seguir avanzando en este terreno conquistado. Además, Arendt fundamenta lo que acontece, los hechos, en una base ontológica firme; dándonos la posibilidad de denunciar aquellas situaciones donde pretenda anularse la posibilidad de la libertad, poniendo en peligro, así, la condición humana. Las tres actividades fundamentales, condiciones básicas, de la vida humana: labor, trabajo y acción, están relacionadas con tres categorías que Hannah Arendt trata de delimitar y de relacionar: vida, mundanidad y pluralidad. “Condición”, designa para ella, un conjunto de constantes que, a pesar de los cambios históricos que puedan afectarlas, acompañan siempre la relación entre el ser humano y el mundo, entre lo humano y la naturaleza. Algunas de estas condiciones básicas son: la vida misma, la natalidad, la mortalidad, la mundanidad, la pluralidad, la tierra… Siempre hay en Arendt una tensión conceptual, planteada bajo un aspecto dual, pero bajo lo que subyace algo común: la humana condición; con una capacidad misteriosa para pasar de una esfera a la otra, para transitar de un lado a otro transformándolo a la vez: 18 Ib., p. 169.
81 DIFFERENZ. AÑO 9, NÚMERO 8: JULIO DE 2022 ISSN 2695-9011 - E-ISSN 2386-4877 - DOI: 10.12795/DIFFERENZ.2018.I08.05 pp. 73-86 inmortalidad-eternidad, cíclico-lineal, fertilidad-natalidad, labor-trabajo, trabajo-acción, necesidad-libertad, público-privado, futilidad-durabilidad, naturaleza-mundo. 4.2. “Trabajo” y “Acción” De las tres actividades fundamentales del ser humano vamos a optar por detenernos algo más en la actividad del “trabajo” y de la “acción”, por su estrecha relación con el tema de la libertad. El “trabajo” tiene que ver, como “labor” y “acción”, con la condición humana más general de natalidad y mortalidad. El trabajo del ser humano y los objetos artificiales producidos pueden romper el carácter efímero del tiempo humano, trascender a él y ofrecer permanencia y durabilidad frente a la fugacidad. No sabemos qué podría pensar Arendt de lo que ha supuesto la aparición de internet, favoreciendo la emergencia de estructuras prácticamente inmateriales, y también planetarias, que han logrado situarse tan rápidamente en la cúspide que no han dejado tiempo para establecer reglas y diseñar un equilibrio regulado, donde lo que parece primar es lo inmediato y lo efímero; manifestándose como una nueva forma de práctica totalitaria. Porque no sólo ha dejado de coincidir el progreso de la ciencia con el progreso de la Humanidad (cualquiera que sea lo que esto pueda significar) sino que ha llegado a entrañar el fin de la Humanidad, de la misma manera que el progreso del saber puede acabar muy bien con la destrucción de todo lo que ha hecho valioso a ese saber. En otras palabras, el progreso puede no servir ya como la medida con la que estimar los progresos de cambio desastrosamente rápidos que hemos dejado desencadenar19. El ser humano posee en sus manos una tarea y un potencial inabarcable y siempre abierto a la novedad: la habilidad de producir cosas que merezcan ocupar un lugar y a ser posible, algunas, que sean imperecederas. El homo faber frente al animal laborans y frente al hombre de acción (que depende de sus semejantes) es señor y dueño ya que en primer lugar se ha impuesto a la naturaleza, y además en segundo lugar es dueño de sí mismo y de sus actos20. La libertad que otorga la actividad del trabajo puede traducirse tanto en libertad de producir como en libertad para destruir. Arendt defiende que los seres humanos se hacen conscientes de la libertad a través de su relación con los demás, no a través de su encerramiento en ellos mismos. Esto es así porque el acceso a la libertad únicamente es 19 ArenDt, H. Sobre la revolución. Op. cit., p. 137. 20 ArenDt, H. La condición humana. Trad. Ramón Gil Novales. Barcelona, Paidós, 2005, p. 171.