Reservados todos los derechos. Este documento ha sido extraído del CD Rom “Anales de Economía Aplicada. XIV Reunión ASEPELT- España. Oviedo, 22 y 23 de Junio de 2000”. ISBN: 84-699-2357-9 EDUCACIÓN Y MERCADO DE TRABAJO EN ANDALUCÍA María Luisa Ridao Carlini María Luisa Palma Martos - [email protected] Universidad de Sevilla
2 EDUCACION Y MERCADO DE TRABAJO EN ANDALUCIA RIDAO CARLINI, María Luisa PALMA MARTOS, Maria Luisa. Departamento de Teoría Económica y Economía Política Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de Sevilla.. Correo electrónico:
[email protected] PALABRAS CLAVE: Capital humano, cualificación, sobreeducación, desempleo. ABSTRACT: La divergencia existente entre la tasa de desempleo española y las del resto del grupo de países del área del euro se hace especialmente notable en el caso de Andalucía, cuya tasa de desempleo presenta un diferencial de 10 puntos sobre la media española y de 20 puntos sobre la europea. Aunque son muchos los factores que inciden sobre el comportamiento del mercado de trabajo, y que pueden explicar este comportamiento diferencial, en las últimas décadas se ha venido asumiendo como una verdad universal la importancia que el nivel de formación de un trabajador tiene sobre su ocupación, su trayectoria profesional y su posibilidad de estar desempleado. Por este motivo consideramos conveniente hacer un balance de los niveles de formación de la población andaluza y su relevancia para explicar algunos de los aspectos más esenciales del funcionamiento del mercado de trabajo en Andalucía. INTRODUCCION La cualificación de la población en general, y del factor trabajo en particular, se ha venido destacando con cada vez mayor insistencia como un elemento determinante del crecimiento y desarrollo económico de cualquier región o país. No es por ello de extrañar que los más recientes estudios sobre convergencia real apunten al capital humano como un determinante esencial de la productividad y del crecimiento económico a medio y largo plazo. Los estudios pioneros en la teoría del Capital Humano (Schultz, 1960, 1961; Mincer, 1962, 1970; Becker, 1964) asumieron desde su nacimiento, hace cuatro décadas, que un aumento en los niveles educativos de la población, además de ser una inversión privada rentable sujeta a determinantes análogos a los que rigen la inversión
3 en capital físico, es una condición imprescindible para incrementar la productividad de los individuos y, en consecuencia, los niveles de desarrollo económico. No obstante, lejos de constituirse en la panacea para resolver los problemas del mercado de trabajo, la realidad parece atribuir un papel muy distinto al sistema educativo. El sistema productivo se ha mostrado incapaz de generar empleos cualificados al mismo ritmo con que el sistema educativo ha aumentado los niveles educativos de la población, hecho que provoca el conocido desajuste educación-empleo. El desempleo también afecta a quienes disfrutan de los mayores niveles educativos y, si bien es cierto que las posibilidades de desempleo continúan siendo menores para los titulados superiores, en buena parte de los casos la alternativa al paro por parte de algunos individuos cualificados es la de acceder a empleos para los cuales se encuentran sobrecualificados. Esta realidad ha suscitado un debate sobre el verdadero papel de la educación en el mercado de trabajo, en el que las ventajas e inconvenientes que aporta el cada vez mayor nivel educativo de la población activa han sido objeto de cierta controversia. Si, como afirman los teóricos del Capital Humano, la productividad del trabajador viene determinada por la formación del trabajador, el aumento en los niveles educativos de la población, e incluso la posible “sobreeducación” de un individuo para el puesto de trabajo que desempeña no supondría ningún problema: para cada puesto de trabajo la productividad aumenta a medida que lo hacen las cualificaciones de los trabajadores que lo ocupan. No obstante, si como afirmaron Thurow y Lucas (1972) la productividad y los salarios no dependen de las características individuales, sino de las asociadas al puesto de trabajo, el creciente número de individuos que obtienen cualificaciones formales dejará sin utilizar una parte de la formación recibida y desplazará a quienes sólo tienen el nivel educativo requerido para el puesto, sin que este hecho se traduzca en un aumento de la productividad para el conjunto de la economía; de este modo se haría patente la idea, muy extendida, de la inflación educativa. Paradójicamente, la posible existencia de inflación educativa coexiste con la idea, derivada de la teoría del Capital Humano, de que la política educativa debe ser la piedra angular en el esfuerzo por reducir los niveles de desempleo de la población y por mejorar la distribución de la renta en una economía. Y de hecho, aunque el desempleo
4 o subempleo de individuos cualificados sea una realidad difícil de negar, la solución no puede venir dada por la conveniencia de restringir de modo indiscriminado los niveles educativos de la población. En primer lugar, porque una población más cualificada permite el mayor desarrollo de las actividades de investigación, así como mayores innovaciones tecnológicas y en la organización del trabajo, que contribuyen al aumento de la productividad de todos los trabajadores y, por tanto, al crecimiento económico1. En segundo lugar porque, el actual proceso de transformación a que se enfrentan las economías ofrece nuevas posibilidades de empleo; la revolución tecnológica no sólo crea más empleos de los que destruye, sino que además los sitúa en niveles más elevados en cuanto al tipo de cualificación que requieren. En muchos casos, el aumento en los requerimientos educativos de los empleadores, más que constituir un exceso de oferta de titulados, refleja el aumento en los conocimientos necesarios para desempeñar un determinado puesto de trabajo. Además, el mayor nivel educativo de la población permite a las sociedades la obtención de otro tipo de beneficios que, por su naturaleza, son difícilmente cuantificables en términos económicos2. Como afirman Palafox, Mora y Pérez (1995), “La educación es un servicio primordial para el desarrollo integral de las personas, para el progreso del talento y las actitudes de los ciudadanos, a través de la transmisión de valores culturales, pero al mismo tiempo es un derecho universal orientado al objetivo de preparar a las personas para el trabajo. Por tanto, el nivel educativo debe ser considerado como un activo económico de primera magnitud, tanto desde una perspectiva individual como del conjunto de la sociedad”. 1. La cualificación de la población andaluza. La cualificación de la población a través del sistema educativo se asume de modo bastante general como algo que desempeñará un papel trascendental, en la medida que 1 Véase ROMER (1986,1990) Y MANKIW, ROMER Y WEIL (1992) 2 Los trabajos de WEALE(1992) y McMAHON (1987, 1992) resumen los resultados de los intentos de cuantificación de dichos beneficios.
5 las sociedades actuales se caracterizan en cada vez mayor medida por disponer de sistemas de producción complejos que necesitan trabajadores capaces de manejarlos. Es cierto que el término cualificación presenta en la práctica problemas tanto para su definición como para su medición. La cantidad de capital humano que un individuo ofrece en el puesto de trabajo está compuesta, además de por su nivel de estudios, por características tales como su inteligencia, experiencia acumulada durante su vida profesional previa y su capacidad de aprendizaje. Por las dificultades de medición de la mayor parte de estas características, la aproximación del término cualificación a partir del nivel educativo formal adquirido por el individuo ofrece como principal ventaja su fácil cuantificación, lo que facilita relativamente las comparaciones. Uno de los aspectos más significativos del cambio experimentado por la sociedad española durante los últimos tiempos es el notable aumento en los niveles educativos alcanzados por las sucesivas generaciones, configurando un marco muy diferente al existente hace pocas décadas del que han sido responsable distintos factores: las normas legales aprobadas más relevantes –escolarización obligatoria hasta los catorce años, ampliada hasta los dieciséis en la LOGSE de 1990-, el menor recurso de las familias a los ingresos laborales de sus miembros más jóvenes por el aumento experimentado en los niveles de renta, las consideraciones relativas al Estado de Bienestar y la consiguiente expansión de los recursos públicos destinados a financiar los diferentes niveles educativos, e incluso la propia influencia de la favorable acogida experimentada por la teoría del Capital Humano. La sociedad andaluza no se ha mantenido al margen de este importante proceso de transformación. Una primera imagen de la espectacular evolución experimentada por los niveles de formación de los andaluces queda reflejada en el Gráfico 1, en el que se ha representado la estructura porcentual de la población andaluza mayor de dieciséis años según sus niveles educativos en tres años tomados como referencia: 1980, 1990 y 1998. Se puede observar que, frente a una estructura marcada por la absoluta preponderancia de individuos sin estudios o sólo con estudios primarios –el 82.25% en 1980-, la mitad de la población cuenta al menos con estudios medios en el año 1998. Entre los años 1980 y 1998 se ha triplicado el porcentaje de la población con estudios
6 medios, al tiempo que ha aumentado en aproximadamente un 150% el de la población con estudios superiores. GRÁFICO 1 FUENTE: EPA (INE) y elaboración propia. La diferencia en la estructura educativa de los distintos grupos de edad de la población andaluza es espectacular (Gráfico 2). La proporción de analfabetos y sin estudios es muy pequeña, aunque no poco significativa, en el grupo de edad más joven – 1.82% para los de 16 a 19 años-; desde aquí, aumenta progresivamente con la edad hasta constituir la parte más numerosa de la población mayor de 55 años –60.19%-. En este sentido, la mayor brecha es precisamente la que se produce entre los dos últimos grupos de edad: de un total de 219.700 individuos en el grupo de 45 a 54 años –el 27.6% de la población comprendida en dichos límites-, se pasa a más de un millón de individuos analfabetos o sin estudios entre los mayores de 55 años. Además, en este último grupo, un 28% sólo ha alcanzado estudios primarios, de modo tal que, entre los individuos pertenecientes al grupo de mayor edad, quienes alcanzaron los niveles de estudios medios o secundarios, técnico-profesionales y universitarios suman un escaso 12%. El grupo de edad comprendido entre los 30 y los 44 años es el primero para el cual la mayor parte de la población –61.6%- obtiene como mínimo estudios medios o secundarios, situación que para los posteriores grupos superará el 80%. Por otra parte, quienes obtienen estudios superiores constituyen el 18.1% del grupo de edad de 25 a 29 años, cifra que previsiblemente aumentará en el futuro a medida que las generaciones más jóvenes –de 20 a 24 y de 16 a 19 añosfinalicen sus estudios superiores. ESTRUCTURA PORCENTUAL DE LA POBLACIÓN ANDALUZA > 16 AÑOS POR NIVELES EDUCATIVOS 82,25 65,11 50,49 12,71 27,30 36,85 5,04 7,59 12,66 010 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1980 1990 1998 INFERIORES A MEDIOS MEDIOS SUPERIORES
7 GRÁFICO 2 FUENTE: El Mercado de Trabajo en Andalucía: Datos Estructurales, 1999 (IEA) y elaboración propia. Es también de destacar la lenta pero progresiva importancia que en las generaciones más jóvenes vienen adquiriendo los estudios técnico-profesionales. En las últimas décadas, las elevadas tasas de desempleo, sobre todo juvenil, sufridas por las economías de los países desarrollados, han contribuido a la propagación de la opinión de que los estudios de Formación Profesional ayudarían de modo decisivo a que los jóvenes consigan un puesto de trabajo. No obstante, la Formación Profesional ha sido una materia tradicionalmente olvidada en nuestro país, sin prestigio ni reconocimiento adecuado. Aunque comenzó a cobrar impulso en la década de los ochenta, aún se está lejos de reconocer de forma generalizada el interés y la funcionalidad de un buen sistema de Formación Profesional. A pesar de los esfuerzos realizados, los estudios de Formación Profesional se consideran aún, por parte de muchos estudiantes y sus familias, como una opción de segunda categoría, sólo válida para quienes tienen dificultades académicas que dificultan su acceso a las ofertas del sistema educativo mejor consideradas socialmente. En suma, la mejora en la cualificación de los jóvenes convive con la existencia de un amplio grupo de personas que no cuentan con ningún tipo de formación. Si bien es LA CUALIFICACIÓN DE LA POBLACIÓN ANDALUZA POR GRUPOS DE EDAD, 1998. Porcentajes. 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% De 16 a 19 años De 20 a 24 años De 25 a 29 años De 30 a 44 años De 45 a 54 años De 55 y más años Analfabetos y sin estudios Primarios Secundarios o medios Técnicoprofesionales Universitarios y otros
8 un problema social de primera magnitud, su trascendencia desde el punto de vista de los procesos de producción es más matizable, dado que quienes carecen de formación son, en gran medida, personas que se encuentran en las últimas etapas de su trayectoria profesional, o la han finalizado. Por tanto, los datos muestran que la concentración de los mayores niveles de cualificación en las generaciones más jóvenes sólo puede hacer prever para las próximas décadas un continuo aumento del capital humano de la población andaluza en edad de trabajar, a medida que se suceda el relevo generacional. El sustancial aumento de los niveles educativos de la población andaluza durante las últimas décadas ha venido acompañado de otro hecho de no menor trascendencia, como es la masiva incorporación de mujeres al sistema educativo. De hecho, las desigualdades en este terreno, si bien no han desaparecido para el conjunto de la población andaluza, se están reduciendo considerablemente, y son inexistentes en el caso de las generaciones más jóvenes. GRÁFICO 3 FUENTE: El Mercado de Trabajo en Andalucía: Datos Estructurales, 1999 (IEA) y elaboración propia. El Gráfico 3 muestra que, efectivamente, las diferencias educativas entre hombres y mujeres aún persisten cuando se toma como referencia el total de la población: en 1998, el grupo de analfabetos y sin estudios afecta casi al 30% de las mujeres, y a poco más del 20% de los varones. En cuanto al resto de los niveles educativos, las cifras LA CUALIFICACIÓN DE LOS ANDALUCES POR SEXO. 1998. Porcentajes. 21,69% 25,80% 34,15% 9,14% 9,21% 29,71% 23,58% 30,76% 7,27% 8,68% 0% 10% 20% 30% 40% Analfabetos y sin estudios Primarios Secundarios o medios Técnicoprofesionales Universitarios y otros HOMBRES MUJERES
9 correspondientes a los varones superan en todos los casos a las correspondientes a las mujeres. No obstante, la impresión negativa que se puede obtener de estas cifras, se relativiza en gran medida si se toman los datos correspondientes a su incidencia por grupos de edad (Gráfico 4). Si en los grupos correspondientes a quienes en 1998 eran mayores de cuarenta años la estructura educativa de la población masculina y femenina se muestra claramente sesgada hacia los más elevados niveles educativos de los varones, dicho sesgo desaparece por completo para los menores de dicha edad. En este sentido, las diferencias entre hombres y mujeres son prácticamente inexistentes en el grupo de edad de 25 a 39 años, e incluso se producen diferencias favorables hacia las mujeres en el caso de la población más joven (16 a 24 años). Es evidente que el aumento experimentado por la cualificación de la población andaluza en las últimas décadas es un fenómeno que ha alcanzado con relativo retraso a la población femenina; pero no es menos cierto que, una vez que ésta se ha incorporado al sistema educativo, lo ha hecho con gran intensidad. A pesar de los importantes logros de las últimas décadas, la situación del capital humano andaluz en relación con el del resto de España es aún modesta. Apenas la mitad de los andaluces cuenta al menos con estudios medios, lo que situa a nuestra Comunidad Autónoma en uno de los últimos lugares y a más de doce puntos de diferencia de la que se encuentra en mejor posición, Madrid. Así pues, en la actual situación, en que los desarrollos del mercado de trabajo y el aumento de las cualificaciones asociadas a los empleos, así como las exigencias sociales y culturales, hacen del nivel de estudios medios el mínimo deseable para el conjunto de la población, se hace evidente que, aunque el nivel educativo de los andaluces ha mejorado notablemente durante las últimas décadas, tal mejora se ha mostrado insuficiente, por lo que se hace imprescindible intensificar el esfuerzo que se ha venido realizando para aumentar los niveles de capital humano de la población andaluza.
La dedicación profesional de los universitarios merece especial atención. La Tabla 3 recoge la estructura de los ocupados con estudios universitarios terminados agrupados por sexo y situación profesional en los mismos años de referencia. Se observa que un porcentaje relativamente pequeño de los trabajadores con estudios universitarios dedican su vida laboral a ser empleadores, empresarios sin asalariados o trabajadores independientes, lo que lleva a la tradicional existencia de un colectivo de universitarios poco emprendedor. Recientemente, la CEA ha propuesto, para las nueve universidades andaluzas, la inclusión en los Planes de Estudio de una asignatura optativa de autoempleo, a fin de que el sistema universitario prepare a los jóvenes para la creación de sus propias empresas. Mediante un convenio que próximamente firmarán la Consejería de Trabajo y los Rectores de las respectivas Universidades, la Junta de Andalucía financiará a los profesores que impartan dicha materia. TABLA 3. ESTRUCTURA DE LA POBLACION ANDALUZA CON ESTUDIOS UNIVERSITARIOS SEGÚN SITUACION PROFESIONAL 1987 Y 1998 (PORCENTAJE RESPECTO AL TOTAL DE UNIVERSITARIOS). HOMBRES 1987 HOMBRES 1998 MUJERES 1987 MUJERES 1998 EMPLEADOR 7.28 8.15 2.06 2.11 EMPRESARIO SIN ASALARIADOS O TRABAJADOR INDEPENDIENTE 8.44 8.34 2.60 5.28 MIEMBRO DE COOPERATIVA 0.07 0.43 -- 0.14 AYUDA FAMILIAR 0.76 0.43 1.27 1.41 ASALARIADOS SECTOR PUBLICO 53.29 49.76 74.10 61..97 ASALARIADOS SECTOR PRIVADO 29.21 32.84 19.78 28.73 OTRA SITUACION 0.95 -- 0.19 0.36 TOTAL 100 100 100 100 FUENTE: SEA. El Mercado de Trabajo en Andalucía. Datos Estructurales. IEA 1998 y elaboración propia. La gran mayoría de los universitarios se encuentran en la situación profesional de asalariados, tanto del sector privado como del sector público, situación especialmente relevante en el caso de las mujeres: en 1998, la situación de asalariada constituyó el destino de más de un 90% de las universitarias. Destaca asimismo la ventaja que, en este sentido, mantiene el sector público sobre el sector privado: aun cuando es el sector privado el que crea el 86% del empleo total, la mayor parte de los titulados son absorbidos por el sector público. Al margen de las propias preferencias de los titulados, las posibles causas –que el sector privado no necesite titulados, que no pueda hacer
17 frente a sus costes o que no valore sus conocimientos o cualificacionesdebe ser motivo de reflexión, tanto más cuanto no es en absoluto previsible para el futuro un crecimiento del sector público que permita absorber al cada vez mayor porcentaje de individuos del grupo de edad relevante que cada año finalizan sus estudios superiores. Destacamos finalmente que, entre los universitarios asalariados que optan por el sector privado o por el público, existen notables diferencias entre hombres y mujeres. Aunque las diferencias se han reducido en el periodo considerado, siguen siendo importantes, lo que puede hacer pensar que el acceso de la mujer a un empleo en la empresa privada se muestra especialmente difícil, hecho atribuible a la persistencia de la discriminación motivada por el predominio entre los empresarios de la idea de que los condicionantes familiares de la mujer la hacen menos rentable. 4. Desempleo y nivel educativo El Gráfico 8 recoge la distribución de la tasa de desempleo que soportan los trabajadores andaluces según su nivel educativo y grupo de edad, en el año 1998. A partir de estos datos se pueden recoger algunas ideas significativas. En primer lugar, para la población mayor de 25 años, la tasa de desempleo de cada grupo de edad se reduce a medida que aumenta el nivel educativo. La única excepción la constituyen los universitarios del grupo de edad comprendido entre los 25 y los 29 años, que soportan una tasa de desempleo -38.71%- superior a la de los trabajadores con igual edad pero sólo estudios medios o técnico-profesionales. Esta excepción es irrelevante con respecto a la norma general, teniendo en cuenta que buena parte del citado grupo de individuos han finalizado muy recientemente sus estudios superiores y han iniciado su periodo de búsqueda de empleo con relativo retraso con respecto a quienes tienen la misma edad y menor nivel educativo.
18 GRÁFICO 8 FUENTE:El mercado de trabajo en Andalucia: datos estructurales (IEA) 1999 y Elaboración propia. TASAS DE PARO DE LA POBLACIÓN ANDALUZA POR GRUPOS DE EDAD Y NIVELES EDUCATIVOS. HOMBRES. 1998. 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 16-19 20-24 25-29 30-44 45-54 55 y más EDAD TP Analfabetos y sin estudios Primarios Secundarios o medios Técnicoprofesionales Universitarios y otros TASAS DE PARO DE LA POBLACIÓN ANDALUZA POR GRUPOS DE EDAD Y NIVELES EDUCATIVOS. MUJERES. 1998. 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 16-19 20-24 25-29 30-44 45-54 55 y más EDAD TP Analfabetos y sin estudios Primarios Secundarios o medios Técnicoprofesionales Universitarios y otros TASAS DE PARO DE LA POBLACIÓN ANDALUZA POR GRUPOS DE EDAD Y NIVELES EDUCATIVOS. 1998 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 16-19 20-24 25-29 30-44 45-54 55 y más EDAD TP Analfabetos y sin estudios Primarios Secundarios o medios Técnicoprofesionales Universitarios y otros
19 Es también significativo que para todos los grupos de edad, excepto el de personas más jóvenes, la tasa de desempleo de los trabajadores analfabetos y sin estudios es la más alta, y la diferencia con la tasa media del grupo de edad tiende a aumentar a medida que lo hace la edad del grupo de trabajadores considerados. Dicha estructura se repite si se diferencia por sexos, si bien la norma general es que, para cada grupo de edad y nivel educativo las tasas de desempleo de las mujeres superan de modo considerable a las de los varones. No obstante, esta diferencia se reduce con la edad y el nivel educativo; se puede afirmar en este sentido que la incidencia más significativa del nivel educativo alcanzado en la tasa de desempleo se produce a una edad más temprana en el caso de los varones que de las mujeres. 5. Reflexiones finales La cualificación de la población mediante el sistema educativo se ha considerado durante siglos, de modo más o menos intuitivo, como una variable que desempeñará un papel trascendental en las características productivas de los trabajadores, en su retribución y en el distinto grado de desarrollo alcanzado por las sociedades. Pero se pueden destacar dos momentos en que, por distintas circunstancias, los economistas se han mostrado especialmente proclives a incidir en los efectos económicos de la educación. El primero de ellos, en los años sesenta, surge con la aparición de la Teoría del Capital Humano, que por primera vez ofrece una explicación formal, en el marco de la Teoría Económica, de la relación entre los niveles de formación de la población, las retribuciones obtenidas durante la vida laboral y los niveles de desarrollo económico alcanzados por los países. Aunque objeto de importantes críticas, los aspectos básicos de la Teoría del Capital Humano se han mantenido en la mente de los economistas y los gobernantes durante los últimos cuarenta años, lo que, junto con las consideraciones relativas al Estado de Bienestar ha permitido que, tanto en el plano académico como en el de las recomendaciones para las políticas económicas, se haya defendido de modo
20 constante la dotación de recursos públicos para expandir los niveles educativos de la población. Una segunda circunstancia que acentúa el interés por las relaciones entre la educación y la economía es la nueva situación a que se enfrenta el mercado de trabajo, situación en que los aspectos tecnológicos se consideran estrategias esenciales para lograr aumentar la productividad y facilitar el necesario proceso de convergencia real. En este contexto, la educación se considera un instrumento esencial que permite la adquisición de los conocimientos específicos que demandan las nuevas tecnologías, en la medida que se asume que una parte de los puestos de trabajo tradicionales de baja cualificación quedarán obsoletos y serán sustituidos por otros que exigirán una mayor especialización de los trabajadores. En este sentido, uno de los más significativos aspectos del cambio experimentado por la sociedad española es el espectacular aumento en los niveles educativos de la población, circunstancia a la cual la sociedad andaluza no se ha mantenido ajena. Además, a la luz de los datos disponibles para la economía andaluza, está claro que las mayores credenciales educativas implican niveles de actividad, esto es, de participación en el mercado de trabajo, sustancialmente mayores, así como menores posibilidades de desempleo. Estos resultados inciden sobre la idea de que la adquisición de formación es una buena inversión desde el punto de vista individual por cuanto que permite, en una Comunidad Autónoma caracterizada por tasas de desempleo muy elevadas, incorporarse a los grupos más favorecidos. El que la creciente cualificación de la población sea también una buena inversión social es más matizable, pues está en parte condicionado a la importancia del fenómeno de la inflación educativa. Hemos considerado no obstante que, por la existencia de beneficios sociales de la educación no estrictamente vinculados a la capacidad productiva del individuo que ha recibido mayores credenciales educativas, el conjunto de la sociedad también obtiene ganancias, al menos en lo que respecta al nivel de estudios secundarios, mínimo deseable en función de las actuales necesidades productivas, sociales y culturales.
21 Mayores dudas se nos plantean en cuanto a la conveniencia de que, en un futuro, sigan aumentando los porcentajes de la población con estudios superiores, como es fácilmente previsible por la elevada proporción de titulados superiores entre las generaciones más jóvenes. El relativamente escaso número de titulados –sobre todo tituladasque optan por la empresa privada, junto a las ya escasas posibilidades de expansión del sector público –mayoritariamente elegido por los titulados de ambos sexosasí lo corroboran. Cabe plantearse para el futuro cuáles son las verdaderas necesidades de la empresa privada en cuanto a la cualificación de los empleados que demandan, a fin de que sea posible minimizar el desajuste entre educación y mercado de trabajo. Las posibles soluciones a tal desajuste pueden ser de tipo cualitativo –deben seguir aumentando los titulados, pero las universidades se tienen que replantear el contenido de los conocimientos que imparten, a fin de adaptarlos a las necesidades de las empresas-, o de tipo cuantitativo. En este último caso se derivaría como conclusión la necesidad de restringir la expansión en el número de titulados superiores. Pero para que esto fuera posible sin actuar contra las preferencias y las necesidades de los sujetos, deben ser potenciadas las opciones alternativas a la Universidad. En este sentido, la reforma de los estudios de Formación Profesional, a fin de que éstos se constituyan en una opción atractiva para los potenciales estudiantes, reconocida socialmente y adaptada a las exigencias empresariales, puede ser un importante reto para el futuro. BIBLIOGRAFÍA Becker, G (1964) Human Capital: a theoretical and empirical analysis with special reference to education, Columbia University Press, Nueva York. EPA (INE) 1985-1998. Mincer, J. (1962)" Investment in Human Capital and Personal Income Distribution", Journal of Political Economy ( suplemento), Vol.70, nª.5, págs.50-79. Mincer,(1970) " The Distribution of Labor Income: a Survey with Special Reference to The Human Capital Approach"Journal of Economic Literature, vol.8, nº.1, págs.1-26. Mankiw, G;.Romer, D; y Weil, D.N.(1992)" A Contribution to the Empirics of Economic Growth" Quarterly Journal of Economics, Mayo, págs.407-437. McMahon, W.W. (1987)" Externalities in education" en G. Psacharopoulos(ed): Economics of Education: Research and Studies, Pergamos Press, Oxford.
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