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Una nueva versión de la historia del almirante

Carrera Díaz, Manuel

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UNA NUEVA VERSION DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE por MANUEL CARRERA DIAZ l. LA HISTORIA DEL ALMIRANTE A Remando Colón, como es bien sabido, se atribuye la a utoría , entre otras cosas, de un famoso libro que ha constituido uno de lo s puntales de la hi storiografía colombina: la Historia del Almirante, que teóricamente es una biografía de su padre, el gran descubridor, escrita por quien mejor pudo conocerle y quien más fácil acceso pudo tener a sus documentos. El libro se publicó en Venecia en 1571, bastantes años después, por tanto , de la muerte de don Hernando, acaecida en 1539. No fue él quien entregó el manuscrito al editor, sino su sobrino don Luis Colón, quien, apremiado por las deudas, se valió de aquellas páginas para salir de un apuro económico, cediéndolas a Baliano de Fornari, el primero de la cadena de personajes que contribuirían a hacer que aparecieran impresas. La historiografía actual, como ha podido comprobar quien haya seguido este ciclo de conferencias, se plantea numerosos interrogantes al respecto: parece ya definitivamente claro que esas páginas no salieron, tal como las leemos, de la pluma de don Remando , sino que sobre unos primeros materiales suyos alguien, sobre quien por el momento sólo se pueden hacer conjeturas, efectuó manipulacione s o reelaboraciones que condujeron al texto que conocemos. Lo prueban los num er osos errores, omisiones, reticencias e inoportunidades del texto, difícilmente explicables en el hijo que escribe una 80 MANUEL CARRERA DIAZ biografía y en el hombre culto que afronta unos hechos que conoce. A decir verdad, da la impresión de que la génesis y publicación del libro responden a un puro intento de explotación comercial: aprovechando las relaciones que don Remando había escrito sobre Jo s cuatro viajes de su padre, alguien pen só que, anteponiéndoles una parte biográfica y modificando convenientemente lo ya escrito, podían pasar nada menos que por la definitiva biografía de Cristóbal Colón, debida a la pluma del mejor historiador: su hijo Hernando. Todo ello en la mejor tradición, entonces como hoy, del best-seller editorial, propósito que queda evidenciado cuando se comprueba que la historia del Almirante no es su historia -toda su historia, queremos decir- , y que su hijo no quiere o no sabe ofrecer, por fin, y de una vez por todas, datos elementales y fundamentales que en cualquier caso hubiera debido conocer. Pero son, éstas, cuestiones polémicas en las que ahora no pod emos entrar. Lo que sí no s interesa es saber que Ja Historia del Almirante se publicó en italiano, y sólo en italiano. Y no d eja de ser curioso que un texto fundamental para la gesta española del descubrimiento de América, teóricamente debido a un personaje tan ligado a SeviJJa como es don Remando, apareciera impreso en esa lengua. El manuscrito castellano, como hemos dicho, se lo entregó don Luis Colón al estudioso y filántropo genovés Baliano de Fornari, al parecer en pago de una deuda, y éste, con aquél en sus manos, acudió a Venecia con la intención de que se publicara simultáneamente en tres lenguas: italiano, castellano y latín. Pero entre la intención y la realidad debieron de mediar diversas circunstancias, ligadas quizás a prosaicos pero sin duda atinados cá lculos económicos, que desvirtuaron y alicortaron el plan inicial, el cual hubo de pasar de los vuelos cosmopolitas al realismo doméstico: no hubo edición castellana, no la hubo latina, y todo se quedó en Ja italiana. Probablemente, el editor pensó que, si se hacía la versión italiana, sobraba la latina, y que en España no iba a tener demasiado éxito una obra enterame nt e centrada en torno a la glorificación de un descubridor no nacional y en Ja que se trataba con mano dura las supuestas ambiciones y veleidades de paisanos nuestros como Jos Pinzón y otros. Y parece que el decurso histórico no desmintió su sagacidad comercial, puesto que habrían de pasar siglos hasta que apareciera, ya en España, Ja primera versión castell a- UNA NUE VA VERSION DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE 81 na. El mal hubiera podido quedar ahí, pero lo peor fue que el manu scrito original en español se perdió, y que todo lo que sabemos de él se debe a su versión italiana. Si el manuscrito se había redactado en español y el libro apareció en italiano, evidentemente en medio tuvo que hab er un traductor. Sabemos quien fue: Alfonso de Ulloa, un extremeño afincado en Italia y ya ducho en estos mene steres, que había llevado a cabo otros trabajos similares, y que, en nu es tra opinión realizó éste con sabiduría y oficio: dio un texto en un es tilo m ás que aceptable -y, de sde luego, perfectamente asimilable a cualquier historiador italiano de la épocay se preocupó de hacer comprensibl es a los lectores italianos los detalles del texto que le parecieron más oscuros para aqué ll os, buscando eq uivalenci as en l os pesos y medid as e introduciendo breves interpolaciones -fácilmente identificables dentro del tejido del texto-- a modo de sucintas notas explicativas. Pero, por desgracia para él, el hecho de que se desconociera el texto que había tomado como base para su traducción sirvió durante mucho tiempo p ara que se le achacasen buena parte de las dudas y perplejidades que se desprenden de su lectura: si algo no se entendía, era culpa de la «mala» traducción de U ll oa, y si algún error saltaba a la vista, era debido al descu id o de ese eterno t ra id or que es el traductor. La desaparición del manuscrito original castellano era no sólo una pérdida textual irreparable, sino una permanente acusación para el inteligente extremeño. La obra alcanzó pronto una gran difusión en Italia, como lo prueban las numerosas y sucesivas ed icio ne s que se hicieron de e ll a. En España el texto de la Historia del Almirante, ya que no había versión castellana, debió de ser leído y conocido en ita liano - aunque en círculos muy minoritariosdurante los siglos XVI, XVII y parte del XVIII. La prim era traducción española de que se tiene noticia no apareció hasta 1749, y fue obra de A. González Barcia. Tradicionalmente se la ha considerado como una versión deficiente y llena de erro re s; pero, aunque s ea de pasad a, sí parece oportuno, al meno s, defenderlo de una observación que se le hace con frecuencia: el del título con el que la obra de don Re mando ha pa sado a la historiografía española: Historia del Almirante, como sabemos. El título con el que apareció versión italiana en traducción de Ulloa era el de Histor ie del S.D. Fernando Colombo; nelle quali s'ha par- 82 MANUEL CARRERA DIAZ ticolare e v era relatione della vi ta e de' fatti dell'Ammirag/io D . Christoforo Colombo, suo padr e. Pues bien, la palabra Historie, como es bien sabid o, es un sustantivo femenino plural. Basá ndose en e llo , en la introducción a una reciente edición de la obra se le achaca a González Barcia que su título de Hi storia del Almirante D. Cristóbal Colón «O el más abreviado de Historia del Almirante no se co rre sponde con la traducción Liter al italiana (historie: hi st orias, rela to s, narraciones): sin embargo, hizo fortuna y hoy se acepta sin más discusión»1• No está mal que se ace pt e si n discusión, puesto que , en realidad, y contrariamente a las apariencias, no hay nada que di sc utir. Era costumbre de los escritores italianos, sobre todo en el siglo XVI, referirse a la historia con el vocablo en plural. Así lo hac e, entre tantos, Maquiavelo, cuando escribe una historia de su ciudad y la titula Jstorie fiorentine, que, a despecho de ese plural, en español d ebe traducirse, como en efecto se ha hecho, por Historia de Florencia. No tendría sentido decir Historias fl orentinas o Historias de Florencia, con ese vocablo en plural que a los hi spanohablantes nos evoca ría más bien una serie de menudencias, habladurías o cotilleos que no se co rr esponderían con el tono se riamente hi stórico de las obras. Bien hizo, pues, González Barcia al hablar de Historia y bien estuvo que ese término hiciera fortuna en la tradición española bajo tal forma. En 1932 apareció en Madrid la traducción de Manuel Serrano y Sanz, que se ha convertido en algo así como la versión canónica de los americanistas actuales. Otra más apareció en Méji co en 1947, por obra de Ramón Iglesia, y de hace muy poc os años, de 1984, es la ed ición prepara da por Luis Arranz, que se pr ese nta , en intención de su autor, no corno una traducción del original, si no corno una versión m ejorada y corregida de la de don Manuel Serrano que acabo de mencionar. Y, en este panorama, se inserta esa nue va versión, de próxima publicación, que yo he pr eparado y que da título a las reflexiones que estoy exponiendo. Al traducir al español el texto de don Hernando escrito en palabras italianas de Alfonso de Ullo a, he tratado de guiarme por dos principios que me parecen básicos en la tarea del traductor: la legibilidad y la exactitud. 1. Hernando Colón, Historia del Almirante, Madrid, Historia 16 , 1 98 4, p. 29. Citaremos esta edición con las si gl as VT . UNA NUEVA VERSION DE LA HISTOR IA DEL ALMJRANTE 83 2. LA LEGIBILIDAD Por legibilidad entiendo la coherencia de lo escri to , Ja fluidez de su expresión y la lógica de su comprensión. Quiero decir, en otras palabras, que el traductor debe, primero , entender lo que l ee --<:osa evidente, que sin embargo no siempre se producey luego expresarlo en un sistema coherente, sin anacronismos y con un ju stificado grado de acercamiento o alejamiento con respecto al estilo original del autor traducido. Para ilustrar estas y otras afirmaciones aparentemente un tanto abstrusas recurriré a partir de ahora a ejemplos de contraste, no con ánimo de crítica, si no para poner de relieve las dificultades de una empresa de este tipo, tomando como referencia esa última edición de la ob ra publicada en 1984 y que es, como he dicho, una versión corregida por Luis Arranz de Ja traducción de Manuel Serrano. Con el fin de evitar largas citas nominales, Ja denominaré, un tanto arbitrariamente, «versión tradicional» (VT). 2.1. He aquí un primer ejemplo. Cuando J os tres navíos de Colón se hallan en pleno océano, tienen ocasión de ver, como les sucede a Ja mayoría de los navegantes oceánicos, esos simpáticos pececillos, buen y fácil recurso en ocasiones para las exhaustas despensas marineras, que son los denominados «peces voladores», o, en vieja denominación aquí usada por don Remando, «peces golondrinos». A don Remando le llama la atención su capacidad de vuelo, que él describe, con frases que en la VT se traducen así: Vuelan de cuando en cuando, tanto como una lanza sobre el agua, el tiro de un arcabuz, unas veces más y otras menos, y en ocasiones caen en los navíos2. Tales frases, francamente, parecen resultar más comprensibles si se traducen así: «En ocasiones, elevándose sobre el nivel del agua la longitud de una lanza, vuelan durante el trayecto de un arcabuzazo, más o menos, y en ocasiones caen en los barcos». 2. vr, p. 105. ~ volano tal volta quanto una lancia !'alto dall'acqua il tratto di uno archibugio, quando piu, e quando meno, e ta l volta cadono ne' navigli» (citamos por Le «Historie• della vita e dei fatti di Crisroforo Colombo per D. Fernando Colombo suo figlio, ed. de Rinaldo Caddeo, Milano, Alpes, 1930, 2 vols., !, p. 151. Nos referiremos a esta edición con las siglas CA). 84 MANUEL CARRERA DrAZ 2.2. En uno de los primeros y prolijos capítu los de la obra, cuando se discuten las razones que llevaron a Colón a persuadirse de la conveniencia de afrontar su largo periplo, se dice que, por sus lecturas, llegó a convencerse de que la mayor parte de la esfera terrestre ya había sido navegada, y que lo único que quedaba por descubrir era precisamente el espacio existente ent re las Azores y la extremidad oriental de las Indias. Esto, tan sencillo, se expresa en VT de esta manera tan farragosa: Presupuso y reconoció por autores aprobados que ya se había navegado parte de esta esfera, y que para descubrirla y manifestarla toda, no quedaba más de aquél espacio que había al fin Oriente de la India, el cual conocieron Ptolomeo y Marino siguiendo la vía de Oriente, y volverían por nuestro Occidente a las islas Azores y de Cabo Verde, que eran entonces la tierra más occidental descubierta3• Véase, sin embargo, cómo sin forzar el texto el texto éste revela más claramente su sentido: «Supuso y corroboró mediante la a uto - ridad de auto res consagrados que gran parte de esta esfera ya había sido navegada, no quedando en aquél entonces por descubrir y explorar sino el espacio que mediaba entre el extremo oriental de la India, del que ya supieron Ptolom eo y Marino, hasta, siguiendo la vía de oriente en dirección a occidente, las islas Azores y de Cabo Verde, que eran las tierras más occidentales has ta entonces descubiertas». 2.3. A veces lo que conduce a lo ininteligible es algo tan mínimo como un punto. Así ocurre en el proemio de la obra, escrito por Giuseppe Moleto y dirigido a Baliano de Fornari. Tiene, como muchos proemios de esta época, unos propósitos descaradamente encomiásticos, repartiendo alabanzas a diestro y siniestro, y, sobre todo, como es lógico, a Cristóbal Colón. Y tan generoso es, que hasta se los otorga a don Luis, el sobrino de nue st ro autor, cuya fama, desde luego, no fue la de un hombre digno de alabanzas. Pero un proemio es un proemio, y Moleto, su autor, se las trib ut a de la siguiente manera en la VT: Del buen ánimo de dicho D. Luis 3. VT, p. 62. «Secondariamente presuppose, e per autorita d'approvati autori conobbe, che gran parte di questa sfera era stata gia navigata e che non rim aneva ogg im ai, per essere tutta scoperta, e manifesta, salvo quello spazio che v'era da! fine orientale dell'lndia, di cui Tolomeo e Marino ebbero cognizione, fin che, seguendo la via dell'Oriente, tornassero per lo nostro Occidente a ll 'isole de gli Astori e di Capo Verde, che era la piu occidentale terra che a ll ora era scoperta» (CA, I, p. 41). UNA NUEVA VERSION DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE 85 no se puede decir tanto que lo sea más vuestra señoría, por lo que, como caballero de honor[. .. ] vino de Génova a Venecia4• No sólo no se entienden, aunque las adivinamos, las supuestas alabanzas contenidas en estas frases, sino que incluso parece que se contrapone a D. Luis con respecto a esa «señoría» que es Baliano, y se induce a creer que quien viajó de Génova a Venecia fue don Luis, siendo así que el viaje lo hizo el otro. Lo que ha sucedido es que se ha ignorado un punto, que tenido en cuenta, hubiera dado el siguiente resultado en la traducción: «Y de la valía de don Luis nunca se podrá decir suficiente. Vuestra señoría, como caballero de honor [ ... ] vino desde Génova a Venecia ... ». 2.4. En otras ocasiones, es la mala inteligencia de un término lo que lleva a una confusión global. En la Historia del Almirante se dedican algunos párrafos, en uno de los primeros capítulos, a exponer enfervorizadamente el supuesto rancio abolengo de Cristóbal Colón. El autor pierde los estribos sobre todo cuando hace referencia a quienes -como el obispo Giustiniani, su víctima preferidasostenían que el descubridor era de humilde linaje y que había ejercido de joven un oficio manual. Don Hernando, o quien hace sus veces en el libro, sostiene que un artesano bastante tiene con aprender su oficio, sin además meterse a navegante, y que por tanto su padre, si fue lo segundo, no pudo ser lo primero. En la VT lo dice así: La misma razón manifestaba que un hombre el cual en algún arte manual o ministerio hubiese sido ocupado, había de nacer y ocuparse en él para enseñarlo perfectamente5• Pero Don Remando, en realidad, no habla de enseñanza, sino de aprendizaje, por lo que el texto debería quedar así: «El propio sentido común hacía ver que un hombre que se dedicase a algún arte manual u oficio tenía que nacer y morir en él para llegar a aprenderlo a la perfección». Legibilidad, pues, lo que implica cierto grado de flexibilidad, posterior a la comprensión, que sin embargo no vaya en menoscabo de la exactitud. 4. VT, p. 42. «Del valore di questo D. Luigi, non se ne puo dir tanto, che piil non sía. V.S. adonqu e, come gentiluomo d'onore [ ... ] ve nne da Genova a Venezi a» (CA, I, p. 5). 5. VT, p. 51. «La ragione istessa manifestava che un uomo il quale in alcun'arte manuale o mistiere fosse occupato, aveva da nascere e invecchiarsi in quello, per impararlo perfettamente» (CA, l, p. 17). 86 MANUEL CARRERA DIAZ 3. LA EXACTITUD Y de exactitud, como decía al principio, ten em os también que tratar. De poco vale un texto inteligible pero falso, claro pero m en - tiroso. El grado máximo de exactitud se consigue cua ndo la tradu cción consigue trasvasar al espíritu del lector toda la verdad y nada más que la verdad del t ex to original, tarea n ada fácil, porque l as tramp as que tiende la letra son muchas y frecuentes. 3. 1. La exactitud, o la fidelidad, si queremos llamarla de otra manera, no implica necesariamente la esclavitud con respecto a la let ra del texto. Por el contrario, una excesiva literalidad lo traiciona. Veamos algunos eje mplos al respecto. 3. l. l. En el proemio a que antes me refería de la vr se lee que don Hernando dejó a la Iglesia mayor de Sevilla[ ... ] una librería6. «Iglesia may or » era, ciertamente, un término usado en la época, y empleado aún hoy día para diferenciar la principal de entre otras varias iglesias. Pero en es te caso no hubi era constituido un anacronismo, y sí un beneficio para la in te ligibilidad del texto, decir, sencillamente, que «dejó a la Catedral de Sevilla[ ... ] una biblioteca». 3.1.2. Comenzando ya la descripción de la gran gesta colombin a, se lee en la VT que Colón salió de Granada para Palos, que es el puerto donde tenía que hacer su armada, por estar aquella tierra ob liga da a servir a Sus Altezas tres meses con dos carabelas1• ¿Qué tierra? ¿La de Palos? Pero Palos no es exactamen te una tierra. Sí es, sin embargo, una plaza, que es lo que en este caso significa ese t ér - mino italiano. 3.1.3. La excesi va literalidad puede llevar también al anacronismo, no exe nto a veces de ribetes de co micidad. Así, en una refriega con un grupo de indios, los españoles se parapet an y emplazan las piezas de artillería, con la cual, según la VT , se defendían, porque los indios no se atrevían a salir d el bosque, por el daño que recibían de las pelotas8. Parece más conveniente, en mi opinión, sustituir este último vocablo por el de proyectiles. 6. VT, p. 42 . «Lascio alla Chiesa maggiore di Siv iglia [ ... )u na ( ... J libraria» (CA, I, p. 5). 7. VT, p. 95. «Partl da Granata per Palos, che e il porto do ve egli aveva a far la s ua armata, p er esser quella terra ob liga ta a se rv ir le loro Altezze tr e mesi con du e carave ll e» (CA, 1, p. 122). 8. VT, p. 324 . «Si difendeva no , non avendo gl'India ni ardire di uscir fuor del bosco. perl o danno assai grande che fa ce ano loro le pa ll e» (CA, II, p. 250) . UNA NUEVA VERSION DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE 87 3.1.4. A veces, ciertamente, el texto original no da muchas facilidades. Se relata en la narración atribuida a don Hernando que cuando los marineros llegan al mar de los Sargazos se atemorizan ante Ja posibilidad de que los barcos queden aprisionados entre ellos, como le había ocurrido a «San Amaro» entre los hielos. Pero es inútil buscar a este navegante en el santoral, puesto que no está incluido en él. Sí lo está, sin embargo, San Amaro, un santo que pasó la mayor parte de su vida en España y al que la imaginación popular convirtió en protagonista de una curiosa navegación entre hielos que se presenta ante el investigador de tradiciones populares como una versión hispánica de la Navigatio Sancti Brandam'9. 3.2. Pero, desde luego, peor que la excesiva fidelidad es el defecto contrario, y sobre todo en libros como éste, sometidos al microscópico análisis de los historiadores. Veamos , pues, algunos casos de «infidelidad»: 3.2.1. En el primer viaje de Colón, después de varias semanas de navegación sin ver tierra, parte de la marinería se ha impacientado hasta tal punto que llega a pensar en la posibilidad de arrojarlo por la borda y luego contar que se había caído él mientras hacía una observación de los astros. Era, desde luego, un complot, y comportaba una exigencia de secreto. Por eso extraña leer en la VT que los marineros creían que podían resueltamente echarlo al mar10• En el texto original, por el contrario, no se muestran tan resolutivos, puesto que lo que se dice es que «se le podría arrojar al mar discretamente»11. 3.2.2. Don Hernando le tiene auténtica ojeriza a Martín Alonso Pinzón, y sostiene que cuando éste se separó con su barco del Almirante lo hizo para buscar oro. Refiriéndose a Río de Gracia, se l ee en la VT que allí había estado Martín Alonso diez y seis días, y hallado mucho oro, lo que no pudo haber el Almirante en la Navidad, dando por ello cosas de poco valor 12 • No es eso lo que dice 9. Véase Miguel Asín Palacios, La escatología musulmana en la •Divina Comedia», Madrid, Hiperión, 1984, p. 331, e llaria Luzzana Caraci, Colombo v ero e falso, Genova, Sagep Editrice, 1989, p. 24 1. 10. VT , p. 103. 11. «Potrebbono accortamente gi ttarlo in mare» (CA, I, p. 14 7). 12. VT, p. 137. «Quíví Martina Alfonso era st ato XVI dl, e vi avevano avuto assai oro nel modo che l'Ammiraglio ne aveva avuto al Natal e, dando per ció cose di poca valuta» (CA, I, p. 213).