Introducción. Aproximaciones académicas a la representación de la familia en el manga y el anime
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Revista AdMIRA, número 8 (2022), pp. i-xiv Monográfico “La representación de la familia en el manga y el anime” ISSN 1989-6972 Introducción. Aproximaciones académicas a la representación de la familia en el manga y el anime Francisco Javier López Rodríguez Aichi Prefectural University, Nagakute (Japón) Correo electrónico: [email protected] 1. Evolución y características de la familia en Japón A lo largo de la historia, en Japón han surgido diferentes modelos y conceptualizaciones de los núcleos familiares (Rebick y Takenaka, 2006; Ronald y Alexy, 2011; White, 2011). Berry y Yonemoto proponen entender la familia no como un constructo ideológico ni como una institución fijada, sino como un proceso sensible a circunstancias individuales, sujeto a contestación, y marcado por la diversidad a través del tiempo y el espacio (2019: 2). Si bien las configuraciones familiares son sistemas complejos y variables, los estudios sociológicos, antropológicos y culturales han establecido dos grandes modelos de familia en la historia reciente de Japón: el de la familia extendida (sistema ie) que se estableció durante el medievo nipón, y el de la familia nuclear que empezó a tomar forma a partir de la Revolución Meiji (1868) y se consolidó principalmente tras la Segunda Guerra Mundial. Durante el periodo Edo (1603-1867), las estructuras socioeconómicas imperantes configuraron el principio de que las familias heredaran ocupaciones para cumplir con sus obligaciones sociales, políticas y filiales. En este periodo se asentó el sistema de familia extendida conocido como ie y caracterizado principalmente por el hecho de que un único heredero recibía la casa y las posesiones de la familia, así como por la salida de los hermanos adultos del heredero. Las hermanas se incorporaban a las familias de sus respectivos maridos y los hermanos que no heredaban podían convertirse en la cabeza de otras ramas de la familia, incorporarse a otras familias como herederos, o dedicarse a alguna profesión. Así, “the model ie thus consisted, in mature form, of three co-resident generations: the retired head and his wife, the incumbent successor and his wife, and the heir-in-waiting” (Berry y Yonemoto, 2019: 5). Ochiai (2005) analizó la evolución y las diferentes visiones existentes de este modelo familiar, que se caracteriza también por la identidad colectiva de la familia, representada en su apellido; por la importancia de la casa y la tierra donde se reside; y por el respeto y la adoración de los ancestros. Esta configuración tradicional de la familia empezó a cambiar en el periodo Meiji (1868- 1912) con la aplicación de nuevas leyes inspiradas en las constituciones de países extranjeros y el ímpetu reformador de los nuevos gobiernos, que pretendían modernizar Japón a marchas forzadas. White señaló que la idea de “la familia japonesa” se convirtió en un asunto de estado relacionado con la modernización de la nación, de modo que “families in Japan since that era have been framed by the needs of the state but their
López Rodríguez ii actual conditions lie in realities often quite different from those implied – or desired – by the framers” (2011: 129). En este periodo, la noción de familia se utilizó también para fortalecer las ideologías nacionalistas, imperialistas y racistas de Japón. En palabras de Robertson, “the concept of a family-state (kazoku kokka) system was invented by late 19th-century ideologues to create a familiar and modern community – the nation – where one had not existed before” (2005: 330). Ello implicó una revaloración de la pureza de la línea sanguínea, una revisión de las prácticas matrimoniales y sexuales, así como la implantación de agendas eugénicas pro-natalistas al servicio del imperialismo nipón de la primera mitad del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial y especialmente durante el acelerado desarrollo económico que se produjo en los años 60, se consolidó el sistema de familia nuclear consistente en un hogar donde residen un matrimonio y sus descendientes. A consecuencia del éxodo urbano, la generación anterior -los abuelossolía quedarse en la residencia familiar situada en zonas más bien rurales mientras que los/las jóvenes emigraban a las ciudades en busca de trabajo y prosperidad. Estas familias nucleares gozaban de una mayor libertad en tanto que no estaban sujetas directamente al control y el escrutinio de la generación anterior. El padre, generalmente un asalariado que trabaja a tiempo completo en una empresa (salaryman), se convierte entonces en el cabeza de la familia, si bien la gestión del hogar queda a manos de la madre. Entre sus responsabilidades ocupa una especial posición la educación de los hijos, pues la entrada en una buena universidad garantizaría un óptimo puesto laboral y una posición socioeconómica adecuada. Este modelo de familia nuclear se impuso en el imaginario colectivo japonés, siendo el tipo de familia representado más habitualmente en la ficción audiovisual del país. A lo largo de la década de 1990 la sociedad japonesa se vio sacudida por las consecuencias del estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria de años previos, el gran terremoto de Kobe de 1995, el ataque de gas sarín en el metro de Tokio o varios truculentos crímenes cometidos por adolescentes. La percepción de un estado de decadencia social se expandió por el país y surgieron voces que señalaban la “crisis” o la “descomposición” de la familia como causa o signo de dichos tiempos cuando, en realidad, lo que se estaba produciendo era una creciente diversificación de modelos familiares que diferían de las idealizadas familias extendidas o familias nucleares (Rebick y Takenaka, 2006). De hecho, en la década de 2010, las estadísticas mostraron que por primera vez en la historia de Japón el número de personas que vivían solas (single family) superó al de las familias nucleares. Tal y como indica Sugimoto, “the idealized nuclear family – a household with a married couple with a child or children – can no longer be imagined as the most ‘typical’ form of Japanese household” (2014: 191). El número de personas solteras que no quieren o no pueden casarse, el alto porcentaje de personas mayores que viven solas, así como el descenso de la natalidad y el aumento de las parejas sin hijos, explicarían este cambio demográfico. En la actualidad, las familias japonesas enfrentan diferentes desafíos tales como la violencia doméstica y el abuso infantil (Goodman, 2006; Kumagai y Ishii-Kuntz, 2016), el cuidado de los ancianos (Traphagan y Knight, 2003; Izuhara, 2006), la presencia de trastornos mentales en algún miembro (Kawanishi, 2005), o el fenómeno del aislamiento social voluntario (hikikomori) (Horiguchi, 2011). En muchas de estas situaciones conflictivas que pueden darse en el seno familiar, la respuesta o la responsabilidad -sentida o atribuidade los progenitores varía según su género y rol familiar. En su investigación sobre los roles de género en el hogar y la agencia femenina, Holloway observó que “Japanese mothers hold high standards of parenting that lead
López Rodríguez iii them to perceive it as grueling and difficult to manage successfully” (2010: 200). Asimismo, los choques e inconsistencias entre nuevos y antiguos modelos de paternidad-maternidad generan ansiedad y estrés en muchas mujeres. Kawanishi señaló que en el caso de que los hijos desarrollen enfermedades psicológicas, “Japanese parents, especially mothers, seem to have a stronger propensity to identify themselves with their child’s problem and to carry the whole burden themselves”, llevándolas incluso a querer suicidarse porque “the social and cultural expectations of being a mother in Japan leave them no choice but to be a selfless, devoted parent when a child has a grave problem” (2005: 209). Para Yamashige (2017: 214-216), el sistema de pensiones introducido en Japón, el bajo índice de natalidad y la larga esperanza de vida provocan problemas sociales. Por ejemplo, al no convivir con los abuelos u otros familiares, los padres necesitan contratar servicios de guardería para que se encarguen de cuidar a sus hijos mientras ellos trabajan, pero estos son costosos, lo cual contribuye aún más a reducir la natalidad. Asimismo, la migración de los jóvenes a la ciudad y el cambio de mentalidad respecto al cuidado de los ancianos -ha aumentado el número de personas que piensa que el cuidado de los mayores debe ser proporcionado por los servicios sociales en lugar de los descendientes-, han provocado mayores tasas de pobreza entre la población envejeciente. Otro de los principales problemas que deben afrontar las familias japonesas es el equilibrio entre el tiempo de trabajo y la convivencia familiar en el hogar, teniendo en especial consideración la fuerte presencia que los roles de género tradicionales todavía tienen en el imaginario colectivo nipón (se espera que el hombre trabaje fuera y la mujer ama de casa se dedique al cuidado de los hijos) y la demandante cultural laboral del país. North analizó los dilemas a los que se enfrentan los hombres japoneses empleados a tiempo completo en empresas (salaryman) y señaló que, pese a que en los últimos años se observa una mayor contribución masculina en el hogar y el cuidado de los hijos, “most men have little experience of participatory fatherhood. They have no standard by which to judge it and few examples to imitate. Family is almost never mentioned during long, inflexible hours at work so it is easy to pretend that men’s family roles do not exist” (2012: 29). Frente a este perfil tradicional de paternidad ausente y desvinculada del trabajo doméstico, de la educación de los hijos, o de la afectividad cotidiana, en las últimas décadas han aparecido nuevos modelos de masculinidad, como la figura del ikumen. Este neologismo “consisting of the Chinese character for childcare (iku) and men as an English loanword, describes fathers actively involved in childcare. At the same time, the word also alludes to ikemen, a popular term where ike comes from iketeru (colloquial: cool) and thus implies that child-rearing men are ‘cool’” (Mizukoshi, Kohlbacher, y Schimkowsky, 2015: 2). El término apareció por primera vez en 2006 y ha alcanzado popularidad en los últimos años, llegando a ser propuesto en 2013 por Akira Nagatsuma, ministro de Sanidad, Trabajo y Bienestar, como una posible medida para frenar la baja tasa de natalidad del país (Mandujano Salazar, 2016). No obstante, la investigación de Mizokushi, Kohlbacher y Schimkowsky estableció que aquellos padres que se involucran más en el cuidado de los hijos tienen recelo a la hora de usar ese término porque conlleva expectativas ridículas o exageradas, supone etiquetar una práctica que debería ser natural, y realmente no garantiza un trabajo equitativo en el cuidado de los hijos. Tal y como señalan, “there is no euphoria for ikumen or a gender revolution, but just the wish for a light adjustment” (2015: 18). Este cambio del rol paternal en el hogar también puede verse como una estrategia de adaptación frente a un contexto laboral
López Rodríguez iv cada vez más precario e inestable. Goldstein-Gidoni (2019) argumenta que, debido a los cambios socioeconómicos que el país ha sufrido desde principios de los años 90, es cada vez más complicado para las generaciones jóvenes alcanzar el nivel de estabilidad, seguridad y poder adquisitivo que disfrutaron sus padres décadas atrás. En sus entrevistas con familias japonesas, este autor detectó que en las generaciones más jóvenes se apreciaba una mayor implicación de los padres en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, notando también que muchos de estos hombres habían optado por posiciones y formas de trabajo diferentes a las de los salarymen, de ahí la conexión entre el cambio en la cultural laboral y la involucración en el hogar. Y, finalmente, otro aspecto destacable es el debate en torno al reconocimiento de los matrimonios homosexuales, pues en el momento de escribir estas líneas Japón todavía no cuenta con ningún sistema estatal que reconozca legalmente la unión de parejas formadas por personas del mismo sexo. Arai (2014) y Tamagawa (2016) analizaron los diversos motivos por los que este tema apenas es discutido en la sociedad nipona, incluso a pesar de que la tendencia entre los países más avanzados socioeconómicamente es reconocer dicho tipo de matrimonio. Arai señaló que, como en Japón los homosexuales no han sido históricamente perseguidos por razones religiosas o legales ni se han llegado a legislar leyes discriminatorias en su contra, no ha existido la necesidad de modificar su posición social y no han alcanzado la visibilidad necesaria para concienciar al resto de la población de las dificultades que sufren en su vida diaria por su orientación sexual. Arai declaró que “because of their unawareness and ignorance of the necessity for change, most people are indifferent to the issue of same-sex marriage” (2014: 14) y también expresó que, debido a la concepción tradicional de matrimonio, el proceso hacia el reconocimiento de las familias homosexuales será más dificultoso que en otros países. Tamagawa, por su parte, discute además otros elementos relevantes como el rechazo de ciertos activistas LGBT a la introducción de identidades y procesos de normalización que consideran intrínsicamente foráneos, o el recurso de las parejas homosexuales a la adopción de personas adultas como única vía legal para garantizar el reconocimiento formal de su relación. En última instancia, Tamagawa señala que la concepción tradicional de la familia presente en la sociedad japonesa ha perpetuado ideológicamente un fuerte heterosexismo al tiempo que “the family registration system has prevented Japanese GLBT scholars and activists from advocating for same-sex marriage” (2016: 182). Asimismo, este autor señaló que la familia era un ambiente generador de homofobia y declaró la necesidad de que las leyes sobre la familia reconocieran los derechos de las minorías sexuales. A pesar de los impedimentos previamente expuestos, diversas ciudades de Japón han venido ofreciendo en los últimos años certificados de parejas de hecho. En concreto, en 2015 los distritos de Shibuya y Setagawa (ambos situados en Tokio) ofrecieron por primera vez reconocimiento a las parejas del mismo sexo. Labat de Hoz, en su análisis de los factores que llevaron a la aparición de estos certificados, concluyó que este avance se debió “a los intereses de ciertos particulares y empresas y no gracias a la movilización del colectivo LGBT en defensa de sus derechos” (2019: 231), si bien es cierto que estos certificados han contribuido a la visibilidad y aceptación de las parejas homosexuales. Aunque más de cuarenta ciudades han adoptado medidas de reconocimiento similares a las de Shibuya y Setagaya, Japón todavía carece de una ley nacional que regularice la situación de las parejas homosexuales.
López Rodríguez v 2. Estudios previos sobre la familia en el manga y el anime Las investigaciones sobre el tratamiento de la familia en el cómic y la animación japonesa pueden organizarse en función del género narrativo de las obras analizadas, del miembro familiar al que se le presta atención (generalmente la madre, el padre, los hijos o, en muchos casos, la familia nuclear en su conjunto), de la disciplina académica o la perspectiva desde la que se realiza el análisis (predominan los enfoques antropológicos, sociológicos, culturales o de género), así como de la interacción entre la familia y otras instituciones o campos sociales (el trabajo, la educación, la sexualidad). No obstante, también es posible clasificar estas obras en dos grupos amplios atendiendo a la relación que se establece entre los productos culturales y la realidad sociocultural nipona. Así, por un lado, encontramos estudios académicos que ven en los cómics y las series de animación japonesas un espejo –tintado por las convenciones del medio y las intenciones expresivas de los/las creadores/as, evidentemente– en el que es posible observar imágenes relativamente fidedignas de lo que ocurre en los hogares nipones. Por el otro, otras investigaciones asumen que las narrativas ofrecidas por la cultura popular de Japón transcienden, subvierten o deforman, ya sea de modo implícito o explícito, la realidad sociocultural aprovechando la potencia simbólica de la imagen icónica para imaginar otras formas de ser familia. 2.1. “Representando” la familia japonesa Akiko Yamada (2005: 121) utiliza el término “kazoku manga” para referirse al cómic japonés que refleja la vida familiar y todas sus peculiaridades, caracterizándolo como un subgénero basado en arquetipos sociales (el padre, la madre, los hijos, los amigos, los vecinos) que muestra diferentes situaciones cotidianas (niños que hacen travesuras, padres preocupados por el trabajo, cuidado de mascotas, etcétera). Esta autora señala que “estas situaciones, tratadas con un cierto humor y sin acritud, hacen que la gente se identifique enseguida” (2005: 121) con familias ficcionales, entre las que destaca las presentes en obras como Fuku-chan (Yokoyama Ryūichi, 1936-1971), Sazae-san (Machiko Hasegawa, 1946-1974), Doraemon (Fujiko F. Fujio, 1969-1996), Chibi Maruko-chan (Momoko Sakura, 1986-2018), Shin-chan (Yoshito Usui, 1990-2010), o Mis vecinos los Yamada (Hisaichi Ishii, 1991-1997). En su artículo analiza, en concreto, el papel de la mujer en la familia a través de la discusión de dos obras, Sazae-san y Shin-chan. Concluye que el contraste de estos cómics publicados en periodos temporales diferentes permite apreciar el paso de una familia en la que conviven tres generaciones (abuelos, hijos y nietos) a la familia nuclear (padres e hijos). Sin embargo, el papel de la madre no ha evolucionado mucho y en ambas aparece como ama de casa dedicada al trabajo doméstico, al cuidado de los niños y a la gestión del hogar. Kashima (2021), por su parte, analizó el tratamiento de tres personajes masculinos que trabajan como empleados de empresas (salaryman) en el popular cómic Sazae-san. Identificó tres imágenes diferentes, cada una de ellas predominante en una determinada etapa temporal. Así, en los episodios publicados hasta mediados de los años 50, el cómic mostraba la vida familiar como el mayor placer del ocio de un salaryman. En la segunda etapa, hasta mediados de los años 60, se observa la importancia de la compra de bienes de consumo y su disfrute junto a la familia, pues queda patente que el prestigio del padre está determinado por sus ingresos y su poder adquisitivo. En la tercera etapa, hasta principios de los años 70, la vida familiar pierde relevancia para el salaryman, quien antepone su trabajo a su mujer e hijos, y basa su identidad en su desempeño profesional.
López Rodríguez vi Lee (2000) comparó los diferentes modelos familiares que aparecen en tres famosos kazoku manga y sus respectivas traslaciones al anime –Sazae-san, Chibi Maruko-chan, y Shin-chan–. Respecto a Sazae-san, señala que la protagonista destacó inicialmente por su optimismo, por su tratamiento cómico de problemas habituales en la sociedad japonesa de postguerra y por su agencia. No obstante, a medida que se producía el desarrollo el económico del país en los años 50 y 60, Sazae-san fue cambiando y “though she still mantained her optimism and her sometimes unconventional ways, Sazae-san lost herself some of her freedom and became more domesticated” (2000: 188). Tras trabajar unos tres años, Sazae-san se casó y se convirtió en esposa y madre, quedándose a vivir en casa de sus padres y formando una familia multigeneracional en la que los hombres son asalariados (salaryman) que trabajan fuera de casa y las mujeres se ocupan del hogar. Este tipo de estructura familiar se observa también en Chibi Maruko-chan, si bien Lee explica que “unlike the ideal family presented in Sazaesan, this one is more realistic” (2000: 196) porque presenta a la madre como una ama de casa agotada y poco apreciada mientras que el padre pasa el tiempo mirando la televisión y bebiendo cerveza. No obstante, ambas series aparecen caracterizadas por un toque de nostalgia en tanto que remiten a una configuración familiar cada vez más alejada de la sociedad japonesa contemporánea. La familia de Chibi Maruko-chan también fue discutida por Hyun Mooam (2012), quien prestó atención a la popularidad de los animes sobre familias en otros países asiáticos; y por Tsuchiya Dollase, quien declaró que esta obra “deconstructs the traditional image of the Japanese home, reimagining and re-creating it for the sake of female readers” (2015: 45). Shin-chan, por su parte, ofrece una representación más cercana a las familias actuales en tanto que ilustra situaciones cotidianas y dificultades habituales (el pago de la hipoteca, la crianza de los hijos, la desigualdad en las tareas del hogar) de un modo satírico. Así, Lee destaca que “Shin-chan, in fact, has an uncanny penchant for exposing the foibles and pretensions of his vain and materialistic parents and other adults” (2000: 200). Este enfoque comparativo que tiene en cuenta la evolución histórica tanto de la sociedad nipona como de las obras más exitosas fue también empleado por Hashimoto (2008), si bien su muestra es más amplia y, además de Sazae-san y Mis vecinos los Yamada, incluyó Blondie (Chic Young, publicada en Japón entre 1949-1951), Hi, I’m Ak’ko (Chikako Mitsuhashi, 1980-2002) y People of the Earth Defense Family (Shiriagari Kotobuki, 2002- ). Todas estas obras fueron serializadas en el periódico Asahi Shinbun y la autora aclara que no deben ser vistas como ejemplos representativos de familias japonesas sino como personajes ficcionales que han cautivado al público nipón. Hashimoto señala que “the “traditional” extended family has been portrayed as the prototype of the ideal family by the popular media through most of the postwar years” (2008: 17), enfatizando ideas como la convivencia y la cooperación. No obstante, declara que ciertos aspectos se han modificado tales como la presencia y el poder de la suegra, que empezaron a decaer hacia los años 70. Hashimoto explica que este cambio en las relaciones familiares “mirrors the rising emphasis on motherhood that forced women’s domestic role to shift from servicing in-laws to nurturing children” (2008: 30). A pesar de este cambio, la autora concluye que las familias presentadas en las páginas del diario Asahi Shinbun son bastante conservadoras en tanto que el espacio doméstico es territorio indiscutible de las mujeres, si bien estos cómics permiten el tratamiento -humorístico- de ciertas cuestiones socialmente relevantes como la demanda de mayor libertad femenina e igualdad entre géneros. Sugawa-Shimada (2011), por su parte, centró su atención en el manga ensayo (essay manga), un tipo de cómic japonés caracterizado por narrar visualmente vivencias personales y auténticas de los autores, que usan el medio del manga como una especie
López Rodríguez vii de diario para registrar y compartir sus experiencias. En su artículo, Sugawa-Shimada se centra en dos obras de este tipo escritas por mujeres, Mainichi Kaasan (Rieko Saibara, 2002-2017) y Tsure ga utsu ni narimashite (Tenten Hosokawa, 2009), por el modo en que exponen aspectos privados que suelen considerarse tabú, tales como el alcoholismo, la depresión masculina, el divorcio o la muerte de la pareja, de un modo divertido o inapropiado. La investigadora concluye que estas obras resultan atractivas para las mujeres lectoras porque les permite reconocerse en ellas. Así, “their narratives serve to crystallize women’s hardships and simultaneously offer alternative perspectives on traditional gender norms, gender roles, and gender images” (2011: 181). Okuyama (2021), por su parte, analizó el manga ensayo Akira-san wa asuperugā (Nonami Tsuna, 2011) para explicar cómo las expectativas sociales de auto-sacrificio impuestas a las esposas, las madres y las hijas en Japón las hace susceptibles al síndrome de Casandra si tienen una relación cercana con alguien que padece Asperger. 2.2. “Re-imaginando” la familia japonesa El epígrafe anterior presentó investigaciones centradas en productos ficcionales que ofrecen una visión realista de las familias japonesas, puesto que se adscriben a géneros de corte costumbrista como la comedia, la sátira o el manga essay. No obstante, el manga y el anime se componen de una inmensa variedad de géneros y temáticas. De hecho, entre los productos más exitosos y reconocidos internacionalmente, predominan las obras de fantasía, aventuras o ciencia ficción. Pese a que estas historias se ambientan en periodos temporales diferentes del presente o en otras regiones, planetas o mundos, el modo en que muestran las configuraciones familiares puede ser tremendamente significativo. Y es que, a través de relatos ambientados en el pasado histórico o en el futuro lejano, gracias a la fantasía o la ciencia ficción, los creadores pueden comentar, criticar o deconstruir problemáticas sociales de nuestro presente más inmediato. Así pues, Susan Napier analizó la representación de figuras paternales en películas y series de anime, pues considera que “the ubiquitous animated science fiction and fantasy genres offer a surprising number of texts in which the family plays an important, even sometimes a dominant role” (2008: 35). A diferencia de las historias realistas y dramáticas sobre familias que predominan en otros medios como el cine o la televisión, Napier piensa que los géneros fantásticos de la animación nipona permiten discutir la familia desde una perspectiva novedosa que amplía los temas convencionales. Su capítulo discute obras como Roujin Z (Hiroyuki Kitakubo, 1991), Farewell to Space Battleship Yamato (Toshio Masuda, Leiji Matsumoto, 1978), Ranma ½ (Studio Deen, 1989-1992), Neon Genesis Evangelion (Gainax, 1995-1996), Serial Experiments Lain (Triangle Staff, 1998) o Tokyo Godfathers (Satoshi Kon, 2003). Esta exploración le permite detectar una serie de tropos frecuentes en la animación japonesa tales como la figura del padre o la madre ausente; la desintegración familiar debido al desarrollo de la tecnología y la sociedad de consumo; la configuración de lo que llama “pseudo ie”, es decir, un tipo de familia que no se constituye en base a lazos sanguíneos sino a través de vínculos emocionales; así como un deseo o un anhelo por pertenecer a una unidad frente a la persistente desintegración social. En este sentido, cabe mencionar que en algunas familias de la cultura popular japonesa se incluye algún robot o ser sintético como un miembro más del grupo, capaz de desarrollar lazos afectivos con sus contrapartes humanos y de jugar un papel determinante en la vida doméstica. Si bien dicha premisa nos remite a historias de ciencia ficción, Robertson (2017) ha reflexionado sobre la creciente presencia de autómatas en la sociedad, el imaginario y las familias de Japón a comienzos del siglo
López Rodríguez viii XXI. En su análisis de 2025nen: Inobe-ke no ichinichi (2025: A day in the life of the Inobe family, Eguchi, 2007), un manga que muestra la vida de una familia en el futuro imaginado del 2025 y que la investigadora compara con otras familias ficcionales como la de Sazae-san, Robertson observa que “the traditional ryousai kenbo (“good wife, wise mother”) and modern sengyou shufu (“professional housewife”) ideals for married women remain self-evident and dominant” (2017: 75). Asimismo, declara que esta obra celebra la familia patriarcal extendida en la que se amplía el espacio del hogar gracias al desarrollo tecnológico, pues robots realizan tareas domésticas, dispositivos tecnológicos e inteligencias artificiales facilitan la comunicación, y cámaras de seguridad protegen el bienestar de los integrantes. Para Robertson, esta obra presenta “political, social, economic, and historical problems as technological problems requiring technological and robotic solutions” (2017: 78), de ahí que el desarrollo de la robótica se haya convertido en un proyecto político e ideológico en Japón. Siguiendo con la presencia de robots en la familia, cabe mencionar el análisis de Doraemon que realiza Marshall, quien considera que “deep inside Doraemon we find a Japanese Mother” (2018: 15). Tras analizar la estructura habitual de los episodios de este popular manga y anime, consistente generalmente en que Nobita tiene un problema, solicita la ayuda de Doraemon, éste le presta algún invento del futuro, y Nobita se las ingenia para empeorar su situación o causar algún conflicto, el autor establece que la función del gato robótico es complacer o mimar al patético niño protagonista. En sus palabras, Doraemon funciona como una madre en tanto que en Japón “mothers create a bond of intimate dependence with their children by tempering authority with affectionate indulgence” (2018: 18). Al continuar ayudando a Nobita y cediendo a sus caprichos, Doraemon mantiene al crío en un eterno estado de inmadurez. Más allá de las narrativas fantásticas o de ciencia ficción, también es habitual encontrar configuraciones familiares poco convencionales en obras pertenecientes al género del shoujo manga. En los cómics dirigidos al público femenino se ha venido realizando un importante trabajo de reescritura de los roles de género tradicionales, ofreciendo obras que reivindican la agencia y la libertad femenina, que explicitan la homosexualidad masculina como fuente de gozo estético y creativo, o que se rebelan contra la autoridad patriarcal. Así, Tsuchiya Dollase explica que las autoras de ficción japonesas, tanto en obras literarias como en shoujo manga, muestran “a playful attitude toward social systems—particularly gender and family systems” (2011: 755). Señala que, con el fin de proteger a sus vulnerables heroínas, las autoras crean una nueva y confortable realidad en la que el mundo aparece idealizado y el género se vuelve más fluido y manipulable. Tsuchiya Dollase analizó el manga Shichigatsu nanoka ni (Yumiko Ōshima, 1976) para mostrar cómo la autora convierte a la madre de la protagonista en un ser extremadamente bello e idealizado – “By mythologizing a mother, Ōshima dissimilates her into a woman outside culture and the family” (2011: 762) – que resulta ser, en realidad, un hombre travestido que crió a la hija de su amado como si fuera propia. Por su parte, Battaglia (2019) se centró en el manga de fantasía Saiyuki (Kazuya Minekura, 1997-2002), inspirado en la clásica novela china Viaje al Oeste. Protagonizada por cuatro jóvenes, la autora argumenta que su viaje está motivado por una continua búsqueda de una figura paterna y que el líder del grupo aglutina tanto aspectos paternales como maternales, de ahí que considere que el manga muestra una “familia queer”. En sus palabras, “the androgynous, virgin leader is the only one who can guarantee social fluidity and mediate, through assertiveness, between the elimination of the father and remorse” (2019: 293). Continuando con el cine de animación, Papastavros (2021) analizó el personaje de Yubaba, la bruja que dirige los baños
López Rodríguez ix termales de El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi, Hayao Miyazaki, 2001), como manifestación del arquetipo de la madre monstruosa. Esta autora señala que “While the foundation of Yubaba’s character is based on the witch as phallic mother, the perverse relationship she has developed with her son Boh is a central aspect of her monstrosity” (2021: 9). Señala, asimismo, que Yubaba y Zeniba, presentadas en la película como hermanas o mitades de una misma entidad, simbolizan el rol escindido de las mujeres japonesas en sus facetas de profesional que dirige un negocio y madre que debe gestionar el hogar. Considerando la libertad creativa que ofrecen las imágenes icónicas de la historieta y la animación, así como la importancia económica que los productos pornográficos tienen en el mercado del entretenimiento global, no debería sorprendernos el hecho de que en subgéneros del manga y el anime caracterizados por la mostración explícita de relaciones sexuales (ya sea hentai o yaoi) se ofrezcan narrativas en las que miembros de una misma familia participan en actos incestuosos. Allison (2000) dedicó un capítulo de su libro a las historias sobre incesto entre madres e hijos que aparecieron en Japón en los años 70 y 80, señalando que muchas de ellas repiten la misma fórmula: una madre se ofrece sexualmente a su hijo, estudiante de bachillerato preparando el examen de ingreso a la universidad, con el fin de que él pueda concentrarse en los estudios y conseguir su ansiado objetivo. La autora señala que estas historias surgen como reacción ante o sublimación de determinados aspectos de la sociedad nipona tales como el competitivo sistema de exámenes de entrada a la universidad, el control maternal de la vida familiar, la responsabilidad de las madres en la socialización y educación de sus hijos, así como una visión conservadora de los roles de género según la cual el padre debe trabajar fuera. Allison plantea que estas perturbadoras fantasías expresan el deseo por una sexualidad femenina, desafían los roles de género tradicionales y cuestionan los privilegios masculinos. Otros investigadores, como Nagayama (2020: 151-167), también han analizado la presencia y popularidad de historias incestuosas entre hermanos o entre madres e hijos en el manga erótico. Nagayama explica que la presencia de este tipo de relaciones sexuales dentro de la familia está relacionada con la capacidad de los lectores de distinguir y disfrutar de productos ficcionales en los que es posible superar todo tipo de tabú y explorar situaciones impensables en la vida cotidiana. En sus palabras, “otaku readers know that more pleasure can be gained if reality and fiction are explicitly separated” (2021: 163). Galbraith, en su análisis de la sexualidad de los otakus, señala que “otaku call favorite characters by pet names such as ‘my wife’ (ore no yome), ‘little sister’ (imouto) or ‘daughter’ (musume), appropriating and twisting the terms of kinship in pursuit of alternative intimacy” (2014: 215). Resulta obvio, pues, que para ciertos fans del manga y el anime es posible establecer relaciones afectivas con personajes ficcionales similares a las que tienen los miembros de una familia convencional. Por último, haremos referencia a las familias con miembros no humanos, en concreto, animales domésticos o híbridos entre humano y animal. Boyd (2020) ofreció una lectura ecocrítica de la película Wolf Children (Ōkami Kodomo no Ame to Yuki, Mamoru Hosoda, 2012) al considerar que esta obra, de forma similar a El niño y la bestia (Bakemono no Ko, Mamoru Hosoda, 2015), desafía el pensamiento antropocéntrico y la institución de la familia nuclear japonesa a través del establecimiento de vínculos familiares entre personajes humanos y no humanos. Para este autor, “Wolf Children leaves the viewers wondering if the binaries established (nature/culture, human/animal, family/pack) are feeble, brittle, and flimsy representations that reflect the State ideologies and institutions that are integral in maintaining a diffuse aura of order in a decentralized nuclear Japan” (2020: 30). Es decir, plantea la necesidad de desafiar nuestras categorías mentales y