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Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones

Palao Vicente, Juan José

Abstract

Este trabajo analiza la figura del centurión en la obra de Tácito a partir del examen de las noticias recogidas en sus escritos sobre este cargo y su comparación con la caracterización llevada a cabo por otros autores que le precedieron, como Polibio, César, Salustio o Livio. El objetivo de dicho análisis es determinar si Tácito fue un mero continuador de los topoi de la tradición literaria con respecto a este grado del ejército romano o si, por el contrario, desarrolló, amplió y adaptó esos lugares comunes para ponerlos al servicio de los intereses de su obra.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Tacitus and the Roman Army: The Case of the Centurions Juan José Palao Vicente1 Universidad de Salamanca (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8325-5698 Recibido: 24-01-2023 Aceptado: 25-06-2023 Resumen Este trabajo analiza la figura del centurión en la obra de Tácito a partir del examen de las noticias recogidas en sus escritos sobre este cargo y su comparación con la caracterización llevada a cabo por otros autores que le precedieron, como Polibio, César, Salustio o Livio. El objetivo de dicho análisis es determinar si Tácito fue un mero continuador de los topoi de la tradición literaria con respecto a este grado del ejército romano o si, por el contrario, desarrolló, amplió y adaptó esos lugares comunes para ponerlos al servicio de los intereses de su obra. Palabras-clave: Tácito, centuriones, ejército romano, res militaris, legionario romano Abstract This study analyses the figure of the centurion in Tacitus’ works based on an examination of the information gathered in his writings concerning this position and its comparison with the portrayal made by other authors 1 ([email protected]). Profesor Titular de Historia Antigua en la Universidad de Salamanca. Es miembro del Grupo de Investigación Reconocido de la USAL «Hesperia» y forma parte del Proyecto Adopia sobre onomástica antigua en la península ibérica. Sus principales líneas de investigación se centran en el ejército romano, la epigrafía y la sociedad de la Hispania romana, con especial atención a la provincia de la Lusitania. Entre sus publicaciones se pueden destacar el libro Legio VII Gemina (Pia) Felix. Estudio de una legión romana, Salamanca, 2006, Militares y civiles en la antigua Roma. Dos mundos diferentes, dos mundos unidos, Salamanca, 2010. Participó en la elaboración del Atlas antroponímico de la Lusitania romana, Mérida-Burdeos, 2003. 212 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 that preceded him, such as Polybius, Caesar, Sallust or Livy. The purpose of such analysis is to determine whether Tacitus was merely a keeper of the topoi of the literary tradition regarding this rank of the Roman army or, by contrast, developed, expanded and adapted some of those commonplaces to serve the interests of his works. Keywords: Tacitus, centurions, Roman army, res militaris, Roman soldier. 1. Introducción: Tácito y la res militaris Tácito fue considerado durante tiempo “el menos militar de los escritores romanos”. Sin embargo, esa etiqueta fue producto de una interpretación sesgada de una noticia de Th. Mommsen sobre un episodio de la conquista romana de Britannia. En realidad, lo que el sabio alemán criticaba de forma específica era la narración que hacía Tácito de esa campaña, señalando que ni el menos militar de los autores habría podido narrar esa guerra peor2. En la base de ese juicio estaba la escasez de datos y el bajo nivel de detalles de las batallas recogidas en su obra3, elementos que, en la concepción historiográfica tradicional, constituían la esencia de un buen narrador militar4. Tal y como señalara Syme en su magna obra sobre Tácito5, la larga sombra de Mommsen hizo que esa consideración de “mal historiador militar” se mantuviera en el tiempo entre una parte de la historiografía moderna6. Ese veredicto, sin embargo, ha sido desbaratado por la investigación posterior que ha restituido a la obra tacitea su valor en relación con el estudio de la res militaris7. La mejor prueba de ello es la constante utilización de sus 2 Mommsen 1886: 190, n. 10: “Eine schlechtere Relation als die des Tacitus über diesen Krieg 14, 31-39 ist selbst bei diesem unmilitärischsten aller Schriftsteller”. 3 Ibidem: “Wo die Truppen standen und wo die Schlachten geliefert wurden, hören wir nicht, dafür aber von Zeichen und Wundern genug und leere Worte nur zu viel”. 4 Sobre esta cuestión vid. Wellesley 1969: 63-97. Autores posteriores como G. Chilver (1979) y D. B. Saddington (1991: 3484-3503) también han puesto de manifiesto la escasez de datos y detalles aportados por Tácito en relación con los aspectos militares, aunque no lo han considerado un demérito en su relato de los acontecimientos bélicos. 5 Syme 1958: 157. 6 Dicha crítica fue llevada al extremo por B. W. Henderson (1908). 7 La lista de trabajos es muy larga, por lo que nos ceñiremos aquí a recoger las referencias principales. El primero en rehabilitar a Tácito como narrador militar fue H. G. Hardy (1910: 123- 152), aunque algunas de sus afirmaciones deben tratarse con cuidado, pues su principal objetivo es desmontar las críticas de Henderson (1908). En su magna obra consagrada a Tácito, R. Syme dedicó diversos apartados a analizar el relato bélico de este autor y a ponerlo en valor. Tal es el caso de los capítulos XIV y XV (Syme 1958: 157-175), centrados en los aspectos bélicos de las Historiae, mientras que en las páginas 390-396 hace lo mismo con los Annales. Merece la pena recoger sus conclusiones al respecto: “Be that as it may, enough has to been said to defend Tacitus from the cruder forms of misapprehension. Granted that he is in general both diligent and accurate” (Syme 1958: 396) y “Not all of the critics are judiciosus –or even accurate” (idem: 764). También debemos 213 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 referencias en los estudios dedicados al ejército romano y la guerra, así como la aparición de publicaciones consagradas a los aspectos militares en la obra de Tácito8. Ahora bien, un repaso a esa bibliografía permite constatar, por un lado, que la mayor parte de esos estudios toman como punto de referencia las Historiae, la obra más «militar» de este autor9, y, por el otro, que, entre los aspectos analizados en relación con los asuntos bélicos, destaca la caracterización del soldado10. Este último dato resulta lógico si tenemos en cuenta los objetivos e intereses de este autor, en los que la figura del soldado encontraba perfecto acomodo11. Junto al miles, el otro cargo del ejército que ocupa un lugar destacado en la obra de Tácito es el centurión12. Esta constatación no ha tenido, empero, su correspondencia en la publicación de trabajos dedicados a este tema13. A raíz de este dato, hemos creído oportuno llevar a cabo un estudio dedicado a analizar la imagen de estos suboficiales en la obra tacitea y comprobar hasta qué punto el autor latino fue continuador de la visión tradicional de este cargo citar a Wellesley (1969: 63-97), quien analizó el relato militar de Tácito y concluyó que eran más los aciertos que las faltas. I. Kajanto (1970: 699-718) examinó la actitud del autor hacia la guerra, con especial interés en la imagen del soldado. Los ya mencionados Saddington (1991: 3484-3503) y G. Chilver (1979:16-22 y passim) también dedicaron sendos trabajos a los aspectos militares en Tácito. Interesante resulta el estudio de la relación entre retórica y veracidad en la obra de Tácito estudiada por E. Aubrion, y donde se analiza elementos vinculados con el mundo militar, especialmente sobre la caracterización de los soldados como colectivo (Aubrion 1985: 226-242 y passim). 8 La lista de trabajos sobre este tema es muy amplia. Por ello nos remitimos al trabajo de Levene (2009: 225-238, esp. 237-238), donde se recogen los principales títulos dedicados a este aspecto. 9 A modo de ejemplo pueden citarse los trabajos de E. G. Hardy (1910: 123-152), R. Syme (1958:157-175), P. H. Herzog (1996) y Ash (1999). Sobre los asuntos militares en los Annales, vid. Levene 2009: 225-238, con la bibliografía al respecto. 10 Kajanto 1970: 699-718; Gómez de Caso 2007: 113-126. Aunque los trabajos de P. Jal no tienen como objetivo principal el análisis del soldado en Tácito, sí que presenta diversos apartados dedicados a este tema (Jal 1962: 7-27; Jal 1963: 473-488)-Algo similar sucede con el estudio de Ash (1999), quien lleva a cabo un examen del soldado como colectivo en las guerras civiles del 68-69 d. C. El artículo de Saddington (1991: 3484-3555) también recoge abundante información sobre este colectivo, confirmando el peso de los milites en el relato taciteo. 11 Ash 1999, espec. vii-ix, 167-169 y passim. 12 Aunque somos conscientes de los problemas de representatividad que plantea la literatura antigua a la hora de llevar a cabo estudios de este tipo y que no todas las referencias aportadas por los diferentes autores tienen el mismo valor, consideramos que el número de menciones a este cargo en la obra de Tácito resulta los suficientemente significativo como para analizarlo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que el reparto de dichas menciones es muy desigual, pues son las Historiae y los Annales las que aglutinan el grueso de las noticias sobre este cargo del ejército romano con más de cuarenta atestiguaciones, mientras que Agricola sólo contiene cuatro y Dialogus y Germania ninguna. No hay duda de que la pérdida de parte de las Historiae y de los Annales ha supuesto una merma considerable en las referencias a estos suboficiales. En muchos casos es imposible determinar si se trata de centuriones pretorianos o legionarios. La presencia de centuriones en Roma o en el entorno de los emperadores no implica necesariamente que nos hallemos ante centuriones pretorianos. Los momentos convulsos de las guerras civiles y la presencia de tropas legionarias en Roma favoreció el empleo de centuriones legionarios al servicio del emperador. 13 Los centuriones aparecen de forma colateral en los trabajos dedicados a los temas militares de Tácito, aunque no constituyen un tema propio de estudio. No obstante, una prueba del peso del centurión en Tácito se puede constatar en el capítulo dedicado a este colectivo en Campbell (1984: 101-109) donde abundan las referencias a la obra de este autor. 214 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 o si, por el contrario, desarrolló una caracterización particular puesta al servicio de los intereses de su obra. La estrecha relación que, en la práctica, se dio entre soldados y centuriones14, y que el propio Tácito recoge en su obra, hace necesario iniciar nuestro análisis con unas breves consideraciones sobre la imagen del soldado romano en Tácito. 2. Tácito y el soldado romano15 La primera impresión que se obtiene de los soldados en la obra de Tácito es que eran indisciplinados16, ambiciosos17, brutos18, ignorantes19 y causantes de los motines que asolaron a los ejércitos durante el primer siglo del Principado20. Esta caracterización, sin embargo, no es originaria ni exclusiva de este autor21. Tácito fue, en cierta medida, continuador de la percepción que los miembros de la clase dirigente romana tenían de unos soldados que habían sido el instrumento para desposeerles del poder político, una imagen que comenzó a gestarse durante el último siglo de la República22 y a la que contribuyó la procedencia social de los legionarios23. Ahora bien, este juicio del soldado 14 Hay que tener en cuenta que la mayoría de los centuriones procedían de las filas legionarias. vid. Dobson 1974: 392-434. 15 Kajanto 1970: 699-718; Ash 1999; Gómez de Caso 2007: 113-126. 16 Ann., I, 16, 2; Ann., I, 19, 3; Ann., XII, 12, 1; Ann., XIII, 35, 4 e Hist., I, 83-84. 17 Ann., I, 17; Hist., I, 20, 2. La ambición y ansia de botín de los soldados les lleva incluso a despojar a parientes, allegados y hermanos. Cf. Hist., III, 25, 3. En Hist., III, 26, señala que los soldados eran capaces de padecer todo tipo de penalidades por su avidez de botín. 18 Hist., I, 67, 1; Hist., II, 13, 1 y II, 56, 1. 19 Cf. Ann., I, 28, 1-2 donde un eclipse de luna da lugar a un motín debido a la ignorancia y superstición de los soldados. 20 Las palabras de Tácito en Hist., III, 11, 1 son muy significativas, ya que alude a las sediciones como si se trataran de una peste entre las legiones: “uelut tabe infectae”. Otros ejemplos en Hist., II, 44,1; Hist., II, 27-30; Hist., II, 36, 2 e Hist., III, 10, 1. Sobre estos temas vid. Kajanto 1970: 699-718 y Gómez de Caso 2007: 113-126. 21 Jal 1962: 7-27. Ash 1999: 5-22. 22 Jal 1962: 7-27; Jal 1963: 473-490; Kajanto 1970: 699-718; Ash 1999: 5-22 y passim. Esta concepción del soldado parece tener sus orígenes en los enfrentamientos entre los imperatores romanos del último siglo de la República, cuando los soldados se convirtieron a la vista de la elite romana en una especie de mercenarios al servicio de los intereses particulares de los generales de la época y no en los defensores de Roma ni en el instrumento para la conquista de nuevos territorios. 23 Tradicionalmente ha existido un consenso general sobre la baja extracción social de los soldados romanos desde las reformas de Mario, un fenómeno conocido como la “proletarización del ejército”. Sin embargo, no hay datos que prueben ese supuesto “empobrecimiento social” de las filas legionarias durante la etapa final de la República. Sobre esta cuestión vid. la reciente obra de F. Cadiou (2018: 271-393). La asociación en Tácito entre los soldados y la muchedumbre –uulgus, plebs–, entendida como un colectivo inhumano que no atiende a razones aparece en varias ocasiones en su obra y queda manifiesta con la expresión uulgus militum de Ann. III, 13, e Hist. II, 5, 2 y II, 70, 3. En otros dos casos, Ann., I, 28, 3 e Hist., I, 69, se refiere a la tropa únicamente bajo el término uulgus, en el sentido de una masa variable –uulgus mutabile– y difícil de manejar. Vid. Kajanto 1970, 712 y Villalba Álvarez 1995: 534. En su concepción, ese uulgus se opone a los grupos más elevados desde el punto de vista social, pero también moral. 215 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 en Tácito resulta excesivamente simplista y parcial, y no puede considerarse el único modelo del miles romano que maneja, como demuestra el hecho de que en otras partes de su obra nos muestre a soldados caracterizados por su disciplina, su valor y obediencia24. De esta forma, en Tácito conviven dos visiones opuestas o, si se prefiere, dos tipos de soldados romanos25: aquellos carentes de disciplina y con la única expectativa de botín, y los que encarnan los valores que llevaron a Roma a convertirse en la dueña del mundo, si bien este último sector representaba una minoría26. Estas diferencias tienen como base, por una parte, las circunstancias en las que intervienen los soldados y, por otra, el carácter de los líderes políticos y militares a quienes sirven27, elementos ambos que constituyen el interés principal de la obra de Tácito y que no es otro que denunciar la decadencia política y moral de Roma, representadas en la dinastía Julio-Claudia, en las guerras civiles del 68-69 d. C. y en los descendientes de Vespasiano28. Por lo que respecta al primer aspecto, hay que tener en cuenta que las guerras civiles eran para los autores antiguos el origen de la inversión de los valores morales. Desde este punto de vista, sus principales actores, es decir, los militares, se convertían en el paradigma de todos los vicios y defectos29. Este pensamiento encuentra un campo abonado en la concepción moralista de Tácito y en su narración de las guerras civiles del 68-69 d. C., donde los milites encarnan la indisciplina, la corrupción y el resto de lacras propias de una sociedad en decadencia. Sin embargo, esa imagen del soldado no es exclusiva de los períodos de convulsión que representaban las guerras civiles. Los Annales, dedicados a analizar la dinastía Julio-Claudia y en los que abundan las referencias a campañas en el exterior, donde, según la ideología tradicional, afloraban las mejores virtudes del ejército romano30, recogen diversos episodios donde los milites aparecen dominados por la indisciplina y 24 Por ejemplo, Hist., III, 23, 2. 25 Kajanto 1970: 717-718. 26 Sobre ejemplos concretos de estas diferencias entre los propios soldados vid. Hist., I, 80, 2; Ann., I, 16, 3; Hist., II, 46, 2; Ann., I, 21, 1. 27 Jal 1962: 7-27; el trabajo de Ash (1999) recoge muy bien estas diferencias en función de los acontecimientos y de los líderes de cada momento: Ash 1999: 35-36 (soldados otonianos), 55 (soldados vitelianos) y 57 (soldados flavios); vid. Gómez de Caso 2007: 113-126. El análisis de H. Haynes (2003) sobre los principales protagonistas de las guerras civiles del 68-69 d. C. también resulta interesante en este sentido. 28 Matthews 2007: 290-291. 29 Jal 1962: 7-27; Kajanto 1970: 715-716; Mellor 1993: 22; Ash 1999: 71; Gómez de Caso 2007: 113-126. 30 La actitud de Tácito hacia la guerra se inserta en la más pura tradición aristocrática en la que este elemento era considerado el principal motor de la grandeza de Roma y donde se encontraba la antigua uirtus. La obra tacitea está llena de referencias en este sentido, donde se alaban los beneficios de la guerra y se critica la inactividad guerrera –el otium– como principal causa del afeminamiento y desmoralización de la sociedad. A modo de ejemplos vid. Agr., 5, 3; Agr., 40, 4, pero también Hist., I, 88, 2 e Hist., II, 17, 1. Cuando Tácito habla de la guerra se entiende siempre la guerra exterior contra los enemigos de Roma y nunca los enfrentamientos internos o guerras civiles. 216 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 la corrupción. Este perfil nos pone en relación directa con el segundo aspecto: el de la caracterización del soldado a partir de la catadura moral de sus líderes militares y políticos, que va más allá del período de las guerras civiles31. Ambos modelos implican que los soldados también puedan aparecer caracterizados de forma positiva en los momentos en los que no hay guerras civiles y cuando sus líderes representan los valores que, según Tácito, constituyen la esencia de Roma. Esos rasgos positivos de los soldados aparecen en diversos pasajes de la obra tacitea y destacan especialmente cuando los militares son comparados con los civiles, a quienes el autor latino considera moralmente inferiores, pues para él la guerra construye grandes hombres32. De hecho, los peores vicios entre los soldados son menos bajos que los de los civiles, ya que los primeros disfrutaban de las ventajas de la disciplina mientras que los segundos se dejaban corromper por la inactividad (otium) que suponía la paz33. Para Tácito existe incluso un grupo de personajes que moralmente se encuentran muy por debajo de los soldados. Se trata de aquellos que acompañaban a la tropa como esclavos y sirvientes, que las fuentes denominan genéricamente como calones et lixae34, caracterizados por el autor latino como más propensos a la lujuria y a la crueldad que los propios soldados35. 3. Tácito y los centuriones Como se ha indicado, los centuriones constituyen, junto a los soldados, el otro puesto del ejército que aparece de forma recurrente en la obra de Tácito. Aunque el número de noticias sobre estos suboficiales resulta inferior al de la tropa, aquellos presentan un mayor grado de individualización. Así, frente al predominio de referencias genéricas a los soldados, que son presentados como una masa, los centuriones aparecen mayoritariamente individualizados e identificados mediante sus nombres36. Esta circunstancia no puede explicarse 31 Sobre el particular vid. Mellor 1993: 47-67; para la degeneración que suponen las guerras civiles y su relación con los militares vid. Ash (1999), quien llega a la conclusión de que a medida que avanzan las guerras civiles van aumentando los vicios de los soldados (Ash 1999: 71). 32 Agr., 9, 2. La idea es de Kajanto (1970: 700, n. 5), quien hace notar la diferencia entre la castrensis iurisdictio, caracterizada por su tosquedad, y la calliditas (astucia o habilidad en sentido peyorativo) del foro. No obstante, hay que tener en cuenta que Tácito intenta alabar a su suegro Agricola y criticar a Domiciano; además, esta referencia hace alusión principalmente a los viri militares y no tanto el resto de grados del ejército. 33 Kajanto 1970: 718. Sobre el otium y los daños que produce entre los soldados vid. Phang 2008: 221-225. 34 Sobre ambos colectivos vid. Vishnia 2002: 265-272; Thorburn 2003: 47-61. 35 Hist., III, 33, 1. 36 Vid. al respecto las tablas del trabajo de D. B. Saddington (1970: 3515-3524). Este autor únicamente recoge aquellos testimonios de militares identificables, no incluyendo las referencias genéricas a los diferentes grados. No obstante, en ocasiones no queda claro el grado de los individuos recogidos. Cf. el caso de Virdius Geminus (Hist., III, 48, 1) a todas luces un centurión o primipilo y 217 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 por la diferencia numérica entre ambos colectivos, pues, a pesar de constituir un grado numéricamente inferior al de los soldados, el centurionazgo era un grupo lo excesivamente amplio para recoger sus nombres37. Creemos que en la base de ese protagonismo e individualización de los centuriones se encontraba su posición y su rol en el organigrama imperial38. Y es precisamente esta cuestión la que explica la importancia del centurión en la obra de Tácito y la que justifica el presente trabajo. 3.1. Los centuriones como reflejo de la decadencia del sistema imperial Las dos principales faltas que el autor latino atribuye a los centuriones son la codicia y la corrupción. Como ya apuntara para los soldados, los centuriones se mueven también por la avaricia, un deseo que los lleva a realizar actos contrarios al código militar. Siguiendo el relato de Tácito, ambas faltas estaban bastantes extendidas entre los centuriones; al menos es lo que parece desprenderse de algunos pasajes. Durante el transcurso de los motines de Germania en el 14 d. C., Germánico separó a los centuriones honestos y competentes de aquellos otros acusados de codicia (auaritia) y crueldad (crudelitas)39. Que entre las quejas de los soldados amotinados en Pannonia durante ese mismo año figurase el pago de tasas para evitar la crueldad de los centuriones y obtener la rebaja de servicios40, parece confirmar la generalización de esos métodos. En la descripción de la situación en Britannia antes de la llegada de Agricola, Tácito incluye entre las causas del descontento de los britanos la rapiña cometida por los centuriones, que son acusados de violentos y codiciosos41. De hecho, la rapacería de estos suboficiales es mencionada en los Annales como una de las causas de la revuelta de los britanos del año 60 d. C. Según Tácito, fueron las atrocidades cometidas por diferentes grupos de romanos en la isla, entre los que se encontraban los centuriones, y a quienes nuestro autor acusa abiertamente de haber devastado el reino42, las que arruinaron ese patrimonio e incitaron a los britanos a levantarse contra el poder romano43. que Saddington incluye en la categoría de “otros” (Saddington 1970: 3522). 37 Hay que tener en cuenta que durante el siglo I d. C. habría más de 1500 centuriones en el conjunto de las legiones romanas, sin contar las unidades de Roma. A ello habría que añadirle el número de vacantes que de forma anual se producían para ocupar este puesto. 38 Pese a su extracción de las filas legionarias, los centuriones se situaban, por salario y por posición por encima de los soldados. El propio Tácito marca la diferencia entre la tropa y los centuriones. De su relación con el poder, incluyendo a los emperadores, quienes los utilizaron en muchos casos para acabar con sus enemigos, dan buena cuenta diversos pasajes en las fuentes literarias. Sobre el papel de los centuriones más allá de sus funciones estrictamente militares, Kyrychenko 2014: 28-29. 39 Ann., I, 44, 5. 40 Ann., I, 17, 4. 41 Agr., 15, 2. 42 Ann., XIV, 31, 1. 43 Obviamente se trata de una explicación muy simplista e interesada. Sobre esta cuestión vid. Wacher 1996: 506-510. 218 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 Para Tácito, las guerras civiles constituían el escenario perfecto donde campaban a sus anchas esas prácticas. Las abundantes referencias en sus Historiae no dejan lugar a la duda. Una de las demandas de los soldados sublevados tras la muerte de Galba en el 69 d. C. era precisamente la supresión de los pagos ilegales que los centuriones solicitaban a la tropa a cambio de beneficios44. Esa misma queja es la que pone en boca de los soldados amotinados en el transcurso de la revuelta de Ciuilis del 69-70 d. C., quienes acusan a los prefectos y centuriones de las rapiñas que cometían sobre los soldados y que les permitía enriquecerse a costa de ellos45. El cobro de esos cánones ilegales parecía estar tan arraigado entre los centuriones que el propio Otón, por no buscarse su enemistad, aseguró de su propio bolsillo el pago de dichos rebajes, situación que, en palabras de Tácito, sería institucionalizada a partir de este momento46, como demuestra el hecho de que Vitelio pagase del propio fisco a los centuriones las dispensas del servicio tras su acceso al poder47. Sin embargo, parece ser que dicha institucionalización no fue más allá de este efímero emperador y los soldados debieron continuar haciendo frente a los sobornos de los mandos, al menos, hasta el gobierno de Adriano, tal y como recoge la Historia Augusta, que atribuye al sucesor de Trajano el haber acabado con este tipo de prácticas48. Esta codicia de los centuriones los lleva incluso a convertirse en traidores al Estado romano al vender su fidelidad a los enemigos galos durante la famosa revuelta bátava del 69 d. C., una situación que Tácito describe de infamia inaudita –flagitium incognitum–, pues con ella el ejército romano juraba lealtad a los extranjeros49. Precisamente, además de codiciosos, los centuriones también son acusados en la obra de Tácito de traidores y cobardes. Un claro ejemplo de lo primero lo encontramos en el caso de Claudius Fauentinus, un antiguo centurión licenciado de forma deshonrosa por Galba, que traicionó a Vespasiano y arrastró a la defección a la flota de Miseno50. Una mezcla de cobardía y traición se constata en la revuelta bátava del 69-70 d. C., cuando algunos centuriones, ante el miedo de ser degollados por los marineros bárbaros de la flota renana, aceptaron formar parte del ejército rebelde51. Otro episodio de traición lo encontramos en la proclamación de Otón como emperador por los soldados. En este caso, los centuriones, todavía fieles a Galba y ante el 44 Hist., I, 46, 2. 45 Hist., IV, 14, 3. Para Tácito, la revuelta de Ciuilis se movía a medio camino entre una guerra civil y una guerra contra un enemigo exterior. Sobre esta concepción vid. Levene 2009: 226. 46 Hist., I, 46, 4. 47 Hist., I, 58, 1. 48 SHA, Hadr., 10, 3. En este caso aparecen asociadas a los tribunos. 49 Hist., IV, 57, 3. 50 Hist., III, 57, 1. 51 Hist., IV, 16, 3: (…) ad postremum gubernatores centurionesque, nisi eadem uolentes, trucidant (…). Aunque el pasaje no es fácil de interpretar, creemos que hay una clara alusión a la existencia de centuriones que prefirieron pasarse al bando enemigo antes que afrontar la muerte. 219 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 miedo de ser asesinados por los soldados, antepusieron su interés inmediato (salvarse) al valor y fidelidad de su juramento y no se opusieron al golpe de Estado otoniano52. Como sucedía en el caso de los soldados, esta caracterización de los centuriones en Tácito no supone una novedad. Autores anteriores ya atribuyeron a estos suboficiales faltas similares. Polibio calificó de libidinoso y avaricioso a un centurión que abusó de la esposa de Ortiagonte, jefe de los galos tolistobogios53. Tiempo después, Salustio, en su Bellum Iugurthinum, describe en varias ocasiones a los centuriones como individuos sobornables capaces de traicionar a sus propios compañeros de armas por dinero54. El carácter venal de este cargo del ejército romano también es recogido por Cicerón, quien acusa de esta falta a los centuriones de César por comprar sus cargos55. Los autores del Corpus cesariano participan asimismo de esta tradición y en diferentes pasajes tildan a los centuriones de cobardes y sediciosos56. Tito Livio tampoco escapa a esta práctica. En uno de sus pasajes, los centuriones son acusados directamente de haber corrompido al ejército, y aunque la noticia se refiere a los primeros años del período republicano, no hay dudas de que está recogiendo la imagen que se tenía en su época57. En otra parte de su obra recoge el citado episodio de Chiomara, donde, al igual que Polibio, acusa al centurión de libidinoso y codicioso, característica que atribuye como propia de los militares58. Sin embargo, y como puede comprobarse, se trata de un número de testimonios muy bajo en comparación con los que recoge Tácito, tratándose, además, de episodios anecdóticos que recogen los tópicos atribuidos por la literatura clásica a la tropa. Resulta necesario determinar entonces si Tácito fue un continuador hiperbólico de esa tradición, según la cual los cuadros inferiores del ejército encarnaban los vicios y defectos de la plebe de la cual procedían, si está reflejando la realidad de su tiempo, o si, por el contrario, esa caracterización de los centuriones no es más que un recurso puesto al servicio de los intereses de su obra. El análisis de las referencias de Tácito y su comparación con otros autores y otras fuentes parecen indicar que hay de todo un poco, aunque es el último patrón el que parece estar detrás de la caracterización tacitea de los centuriones. 52 Hist., I, 28. 53 Polyb., Frg. XXI, 38, 2-3. 54 Sall., Bell. Iug., 38, 3 y 38, 6. 55 Cic., Pis., XXXVI, 88. No obstante, hay que tener en cuenta que el blanco de esas críticas era el propio César. 56 Bell. Afric., 28, 2-3; Bell. Afric., 54, 5. Cabe señalar, no obstante, que estas críticas provienen de los autores del corpus cesariano y que no figuran en los textos del propio César. Vid. Palao Vicente 2009: 191-206. 57 Liv., II, 58, 9. 58 Liv., XXXVIII, 24, 2. 226 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 del gobierno de Otón, los soldados soliviantados por una supuesta traición asesinan a los centuriones más severos –seuerissimi–91. Esta crueldad contra los centuriones parece responder al excesivo celo que ponían estos suboficiales en sus funciones y no tanto a las citadas prácticas corruptas citadas más arriba. Al menos ésa es la acusación que figura entre las justificaciones de los amotinados en Germania, quienes reclamaban que ya había llegado el momento “de vengarse de las crueldades de los centuriones”92. Sin embargo, y pese a esta denuncia, tanto las acusaciones como la correspondiente venganza de los soldados son en realidad el reflejo de esa citada oposición tacitea soldado-indisciplina uersus centurión-disciplina. El relato de Tácito no parece dejar lugar a la duda. En ningún caso, el autor caso emite juicio negativo contra el comportamiento de los centuriones hacia los soldados. Nótese, por ejemplo, que cuando se refiere al centurión Lucilius considera que el apodo de «dame otra» no responde a su crueldad, sino que se trataba de una “gracia típicamente militar”93. Para él, este centurión fue castigado por los soldados porque ejercía con sumo celo su trabajo de garantizar la disciplina en el seno de la tropa. Situación parecida encontramos en el caso de Aufidienus, un antiguo centurión, aunque en esos momentos praefectus castrorum, a quien los soldados no acusan de crueldad, sino de reestablecer la vieja vida militar y le castigan mediante un simulacro de marcha94, una actividad tradicionalmente recomendada para mantener la disciplina entre la tropa95. Por el contrario, las acusaciones de saeuitia contra los centuriones proceden de los soldados y tienen lugar en circunstancias muy concretas. Si nos fijamos detenidamente, tanto las imputaciones como las venganzas contra los centuriones se producen en el transcurso de los motines o durante las sublevaciones de los nuevos candidatos al trono, precisamente en los momentos donde desaparecen la disciplina y la obediencia. Desde la óptica de Tácito, son los soldados, que desechan la disciplina, quienes se vengan de aquéllos que son los encargados de hacerla cumplir. Esta relación queda muy clara cuando Germánico intenta poner fin a los motines de Germania y establece una clara correspondencia entre la ausencia de subordinación y disciplina y la “desaparición” de los centuriones96. Estrechamente ligada a la disciplina se encuentra la obediencia, un rasgo que, como se ha visto, también forma parte de la caracterización tradicional 91 Hist., I, 80, 2. 92 Ann., I, 31, 4. 93 Ann., I, 23, 3: (…) cui militaribus facetiis uocabulum “cedo alteram”. 94 Ann., I, 20, 1. 95 Sobre las diferentes tareas (labores) encomendadas a los soldados para no caer en el otium y mantener de esta forma la disciplina vid. Phang 2008: 242-246. Sobre la marcha o caminata (ambulatio) como medio de disciplina vid. Davies 1989: 41. 96 Ann., I, 35, 1. 227 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 de los centuriones. Tácito señala explícitamente en varios pasajes que los soldados deben obedecer a los centuriones, pues son estos, junto a los tribunos, los encargados de mantener la obediencia y la disciplina97. Vinculada a la disciplina y a la obediencia de los centuriones, y en ocasiones difícil de diferenciarla, se encuentra la fidelidad de este cargo hacia sus superiores, especialmente hacia el emperador, un rasgo que también figura entre las virtudes que Tácito atribuye a este grupo. Buena prueba de esa fidelidad son los numerosos ejemplos de centuriones asesinados por no participar en las sediciones y golpes de Estado. Quizá los episodios más famosos sean los de Sempronius Densus, centurión pretoriano que probablemente se enfrentó a los asesinos de Galba y protegió con su vida la de Pisón98, y los de Nonius Receptus, Donatius Valens, Romilius Marcellus y Calpurnius Repentinus, centuriones todos ellos de la legión XXII que fueron detenidos y esposados por los sediciosos al intentar proteger las efigies de Galba en los inicios de la revuelta de Otón99. Peor suerte corrieron los centuriones que se negaron a abrazar la causa de la revuelta de Ciuilis, ya que fueron degollados por un enemigo que hasta hacía bien poco había sido aliado100. Esa fidelidad de los centuriones es alabada por Tácito y le sirve a nuestro autor para denunciar la baja calidad moral de muchos de los gobernantes del momento, tal y como sucede con los episodios de los centuriones que fueron asesinados por Vitelio por no quererle esconder la verdad101. En determinadas circunstancias, la violación del sacramentum no es reprobado por nuestro autor, pues el fin justifica los medios, tal y como sucede con los citados centuriones que participaron en la conjura contra Nerón102. El valor también es considerado por Tácito una de las principales virtudes del centurión, aunque en ningún caso este rasgo adquiere la importancia que tiene en la obra cesariana103. Siguiendo los topoi fijados por sus predecesores, esas muestras de valor se presentan mediante acciones individualizadas y actuaciones anónimas. Por lo que respecta al primer tipo, a los citados ejemplos de Nonius Receptus, Donatius Valens, Romilius Marcellus, Calpurnius Repentinus, Maximus Scaurus, Venetus Paulus, Sulpicius Asper y Iulius Agrestis, hay que añadirles el de Atilius Verus, quien ha pasado a la historia 97 Hist., I, 83, 3; Hist., I, 84, 1-2. 98 Hist., I, 43, 1. Dión Casio, (Dio Cass., LXIV, 6, 4) y Plutarco (Plut., Gal., 26, 8-10) apuntan a este centurión como el único militar que defendió a Galba ante sus verdugos. Sin embargo, Suetonio (Suet., Gal., 20, 1) indica expresamente la ausencia de un defensor en la muerte de este emperador. Algo similar describe Tácito, pues su relato no deja claro que este centurión defendiera la vida de Galba, aunque sí la de Pisón. Según nuestro autor, lo que hizo Sempronius Densus fue reprocharles a los asesinos su crimen. 99 Hist., I, 56, 1. 100 Hist., IV, 16, 3. 101 Hist., II, 60, 1; Hist., II, 54, 2-3. 102 Ann., XV, 68, 1; Ann., XV, 49, 2.; Hist., I, 16, 3. 103 Palao Vicente 2009: 191-206. 228 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 como un ejemplo del valor de este cargo. Este personaje, centurión de la legión VII Galbiana –futura VII Gemina– en el bando flavio, defendió valerosamente con su vida el aquila de la legión para evitar que cayera en manos del enemigo durante la decisiva segunda batalla de Bedriacum104. En el segundo grupo se insertan aquellos episodios donde se atestiguan a centuriones llevando a cabo diversas acciones que pueden ser consideradas heroicas. En este sentido, hemos considerado como tales las elevadas pérdidas en combate de estos suboficiales, aunque Tácito, contrariamente a César, no explicite una relación directa entre ambos elementos. Sin embargo, creemos que la elevada mortandad de centuriones en Tácito tiene como objetivo destacar el valor de estos suboficiales. En principio sólo mueren los que combaten y un elevado nivel de muertes en un grupo determinado parece indicar una mayor implicación del mismo en la lucha. Los ejemplos citados a continuación así parecen confirmarlo. Durante el asedio a un campamento romano en el transcurso de las guerras en Britannia del año 50, el balance que hace Tácito de las bajas es de un prefecto, ocho centuriones y los soldados más decididos105. Nótese la caracterización que hace de los soldados para hacer notar sus cualidades, algo que no parece ser necesario para tribunos ni centuriones ya que se daba por supuesto que presentaban ese rasgo. De igual forma, en los enfrentamientos contra los frisones del año 28 d. C. perecieron un número importante de efectivos romanos, entre los que Tácito destaca “numerosos centuriones” a los que califica de distinguidos o valerosos (insignes)106. En la denominada segunda batalla de Bedríaco y dentro del mismo episodio del primipilo Atilius Verus se encuentra la muerte de seis de los primipilos de la VII legión Galbiana, en una clara muestra de la dureza del enfrentamiento, pero también del valor de sus efectivos107. Una muestra de ese valor y, sobre todo, de su capacidad de comandar tropas la encontramos en las campañas contra Tacfarinas del 22 d. C., donde las tres columnas del ejército romano fueron subdivididas en diferentes destacamentos, a cuyo mando se colocaron los centuriones de valía probada (uirtus experta)108, una medida que posibilitó el triunfo romano. 104 Hist. III, 22, 4. Es muy probable que este pasaje esté inspirado en otro cesariano (BC III, 64, 4). Sobre el particular vid. Palao Vicente 2009: 203. 105 Ann., XII, 38, 3. 106 Ann., IV, 73, 3. 107 Hist., III, 22, 4. 108 Ann., III, 74, 3. 229 Tácito y el ejército romano: el caso de los centuriones Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 4. Conclusiones A lo largo de estas páginas se ha analizado el tratamiento que el centurión romano recibe en la obra de Tácito. En líneas generales, el historiador latino no se separa de la tradición literaria a la hora de caracterizar esta figura, aunque sí la adecúa a los intereses de su discurso histórico. Los abundantes testimonios que dibujan un cuadro poco favorable de este grupo no tienen como fin desacreditar a esos suboficiales del ejército romano. El objetivo de esa caracterización tan negativa es denunciar la decadencia moral y política del régimen imperial, con especial atención a la dinastía Julio-Claudia, y de la consiguiente guerra civil. Prueba de ello es el hecho de que la mayoría de esos retratos tan desfavorables de los centuriones se sitúan durante los motines de las legiones romanas del 14 d. C. y en el transcurso de las guerras civiles del 68-69 d. C., dos circunstancias que, según Tácito, ejemplifican la decadencia a la que había llegado Roma. Pero a pesar de estas críticas, los centuriones salen bien parados en la obra de Tácito, como muestran las abundantes referencias a sus virtudes. Nuestro autor también se apoya en la tradición a la hora de exponer dichas virtudes. Según él, los centuriones se caracterizaban fundamentalmente por su disciplina, fidelidad y valor, unos atributos que ya habían sido establecidos con anterioridad por otros autores. De forma similar a lo que hace con los defectos de los centuriones, Tácito se vale de la buena conducta de estos militares para caracterizar a determinados personajes que para él constituyen la antítesis de los gobernantes del período que analiza, aunque también le sirve para contraponer las guerras externas de las guerras civiles, fenómeno este último que para él representaba el peor y el más destructivo de los conflictos al que puede enfrentarse Roma. Esta concepción explica que los testimonios favorables a estos suboficiales sean más frecuentes en los Annales, donde se narran las guerras contra enemigos exteriores y donde, según la tradición romana y el propio Tácito, se manifestaban las virtudes propias del pueblo y el ejército romano. No obstante, y a pesar de esa caracterización favorable de los centuriones, Tácito deja claro en todo momento que, tanto a nivel moral como en lo que respecta a otras cualidades, estos suboficiales están por debajo de los miembros de los ordines ecuestre y senatorial, grupo este último al que pertenecía y defendía nuestro autor. 230 Juan José Palao Vicente Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 211-232. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.11 Bibliografía: Ash 1999: R. Ash, Ordering Anarchy. 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