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Lexis Vol. XXXVII (1) 2013: 95-161 ISSN 0254-9239 La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico: variación diasistemática vs. pluricentrismo* Araceli López Serena Universidad de Sevilla Resumen Este trabajo se propone mostrar la idoneidad del marco teórico de la Lingüística de las variedades desarrollado por la Escuela de Friburgo para abordar el problema de la heterogeneidad interna del llamado español meridional o atlántico. Dicha heterogeneidad concierne a las diferencias de estatus que unos mismos rasgos lingüísticos manifiestan en las variedades andaluzas y americanas de la lengua; de ahí que su abordaje precise un marco de análisis que permita describir el funcionamiento discursivo de los distintos fenómenos de variación que afloran en el español hablado en Andalucía y en América desde una perspectiva dinámica, respetuosa con la extraordinaria complejidad de la interacción que, en el discurso, tiene lugar entre hechos de variación de distinta naturaleza (diatópica, diastrática o diafásica). Gracias a la modelización del comportamiento lingüístico diferenciado de los hablantes en situaciones de comunicación diversas que * Este trabajo ha sido realizado en el marco de los proyectos de investigación “Variación y adaptación en la interacción lingüística en español” (FFI2011-23573) y “Conciencia lingüística y usos idiomáticos en la Andalucía de la era de la información” (P08-HUM-03561), que desarrolla actualmente el grupo de investigación El español hablado en Andalucía (HUM-134), al que pertenece la autora (cf. grupo. us.es/ehandalucia). En él se continúan y amplían las reflexiones ya iniciadas en López Serena (2011a) y se presentan, con un perfil más científico y de manera más sintética, las principales consideraciones que en López Serena (2013) se exponen con un tono algo más divulgativo.
96 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 permite llevar a cabo el aparato conceptual de la Lingüística de las variedades, podremos dirimir cómo, por encima de la posible identidad material de algunos hechos lingüísticos compartidos por andaluz, canario y español de América, es necesario atribuir a fenómenos, en principio equivalentes, un estatus, sin embargo, muy desigual: diasistemáticamente marcado en unas comunidades, pero no marcado o estándar en otras, en las que el rasgo lingüístico en cuestión tenga, por tanto, el rango de norma diferenciada en el seno de una lengua policéntrica como es la española. Palabras clave: variedades del español – variación diasistemática – pluricentrismo – Lingüística de las variedades alemana AbstRACt This paper claims that the inner heterogeneity of the so-called Southern or Atlantic Spanish can be best analyzed under the theoretical framework commonly known as German Varieties Linguistics developed by the Fribourg School. This heterogeneity is shown in the diverse status of materially identical linguistic facts in the Andalusian and American varieties of the Spanish language. The paper argues that these status-related differences can only be properly explained under an analytical framework that duly takes into account the complexity of the discursive interaction taking place among different linguistic varieties (diatopic, diastratic and diaphasic), hence allowing for a dynamic description of both Andalusian and Spanish-American varieties. The theoretical framework elaborated by Varieties Linguistics, which offers a modellization of how the linguistic behavior of speakers differs depending on the profile of the communicative situation, facilitates the adscription of different status to some linguistic facts in Andalusian, Canarian and American Spanish which are materially identical, but are diasystematic marked in some communities and diasystematic unmarked in other, where they constitute a polycentric norm in their own right. Keywords: Spanish varieties – diasystematic variation – polycentrism – German Varieties Linguistics
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 97 0. Introducción 0.1. El conjunto de variedades que conforman el español hablado en la zona occidental de Andalucía1 y el conjunto de variedades que solemos subsumir bajo la etiqueta de español de América2 manifiestan toda una serie de rasgos comunes, presentes también, en muchos casos, en la modalidad canaria de la lengua. Esto ha llevado a que, en ocasiones, se haya tratado de englobar a andaluz, canario y español de América de forma unitaria dentro del llamado español meridional o, de acuerdo con la propuesta de Catalán (1956-1957) atlántico.3 Como es bien sabido, dos de los rasgos más extendidos y mejor conocidos de ese supuesto español atlántico son, en el terreno de la fonología, la neutralización que, como resultado de un proceso de simplificación de sibilantes distinto, en Andalucía, al que tuvo lugar en el castellano centro-norteño, se produce, en las variedades meridionales del español, entre los fonemas /s/ y /θ/,4 y, en el ámbito 1 Sobre la heterogeneidad interna del andaluz, que impide, entre otras cosas, considerar conjuntamente las hablas orientales y occidentales de este compuesto de modalidades diatópicas, cf. Narbona, Cano y Morillo ([1998] 2011). A lo largo de este artículo, aunque no se considerará necesario especificarlo en todas las ocasiones, las menciones que se hagan a fenómenos del andaluz coincidentes con los del español de América se referirán, a menos que se indique lo contrario, exclusivamente a rasgos del andaluz hablado en el occidente de la región. 2 Una realidad que dista de la homogeneidad que quisieron ver en ella Wagner (1949) o Zamora (1967); no en vano, como bien advierte Moreno de Alba (1988: 13) al comienzo de su monografía sobre el español en América, “[t]odos sabemos que es inconveniente referirse al español americano como a un todo, como a un bloque idiomático sin fisuras que, como tal, se opusiera al español peninsular, como si éste fuera asimismo una indivisa totalidad”. Cf. al respecto, por ejemplo, Rona ([1967] 1993), Moreno Fernández (coord.) (1993), Fontanella de Weinberg (1995: 13-15), Lope Blanch (2003), Rivarola (2001; 2007: 170, 174 y passim), o Garatea (2010: 18, 26 y passim). Sobre la geografía lingüística del español de América cf. también Moreno de Alba (1988, cap. IV), Fontanella de Weinberg (1995, cap. V) y García Mouton (2003). A favor de una reinterpretación geosocial del estudio de la variación dialectológica, cf. Caravedo (2001a). 3 Cf. también Catalán (1958), De Granda (1987, 1990) y Lapesa (2003: 16). 4 Fenómeno que, como lo señala Garatea (2010: 37), era considerado por los diccionarios académicos, hasta la edición de 1970, como “vicio ó defecto orgánico” y que las obras lexicográficas más recientes de la RAE siguen atribuyendo indistintamente a Andalucía, Canarias y América, haciendo caso omiso a las diferencias
98 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 de la morfosintaxis pronominal, “la eliminación de vosotros, os y vuestro, en beneficio respectivo de ustedes, les o los, las y su, suyo” (Lapesa 2003: 16). Por lo que concierne al trasunto histórico de estas coincidencias, en la polémica entre partidarios de la poligénesis y defensores de la ascendencia común andaluza de las formas canarias y americanas del idioma,5 hace tiempo que la balanza se decantó por los segundos, entre cuyas filas se encontraban Ramón Menéndez Pidal o Rafael Lapesa; de ahí que hoy en día la hipótesis andalucista sea ya la generalmente aceptada, aunque el análisis de las variadas aportaciones (geográficas y sociales) de España en su conjunto al Nuevo Mundo, desde la época misma de la Conquista, ha obligado a matizar y puntualizar el peso de lo andaluz en la conformación de las variedades del español americano.6 Ahora bien, más allá de las coincidencias sincrónicas y del plausible origen común de los fenómenos que se barajan como candidatos a conformar el llamado español meridional, es importante considerar también la cuestión de las diferencias de estatus que ostentan rasgos como la mencionada neutralización entre /s/ y /θ/ a uno y otro lado del Atlántico.7 Así, mientras que la actual política panhispánica de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de estatus que esta misma pronunciación presenta en las distintas zonas en que se presenta. 5 Cf., por ejemplo, Wagner (1927, 1949), Henríquez Ureña (1921, 1930, 1931), Alonso ([1951] 1967a, [1939] 1976b, [1953] 1976c), Guitarte ([1958]1983), Menéndez Pidal (1962), Lapesa (1964, 2003), Rosenblat (1965, 1969), Frago (1983, 1984, 1990, 1993, 1994, especialmente los caps. 1, 4 y 8), Rivarola (1990, 2005, 2006a). Vid. También Moreno de Alba (1988: 26-48), Fontanella de Weinberg (1995: 32-42), López Morales (2001, 2005 [1998], 2010). 6 Cf. Boyd-Bowman (1956, 1964, 1968a, 1968b, 1972, 1976), Rivarola (2001: 85-105; 2007: 171), Garatea (2010: 26-28 y passim). 7 No en vano, es importante tener en cuenta que, como advierte Garatea (2010: 41), “etiquetas como cultismo, rusticismo, vulgarismo” son siempre de carácter “relativo”, “porque, para los hablantes, la valoración de un hecho de lengua como culto, rústico o vulgar se resuelve en el momento en el que se produce un acto verbal, el cual, en principio, se ajusta a los valores y expectativas vigentes en ese momento y no en otro”. Y más adelante: “Admitir las diferencias es admitir que hay unidades verbales que gozan de prestigio en espacios sociales o geográficos de distinta extensión” (Garatea 2010: 48).
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 99 de la Lengua Española da carta de naturaleza al reconocimiento del carácter ejemplar8 de algunos de ellos —en el marco de un idioma que se reconoce, por tanto, policéntrico9—, cuando se realizan en territorio americano (o por parte de hablantes procedentes de ese continente), muy poco se ha discutido sobre el carácter, bien diasistemático (porque funcionen en el seno de un espacio variacional cubierto por un estándar en el que no tengan cabida), bien igualmente pluricéntrico (si están incluidos en el estándar del espacio variacional dentro del que funcionan), de estos mismos fenómenos en el caso del español europeo. Con todo, la impresión que prevalece es que los mismos hechos lingüísticos que en el español de América constituyen formas propias del estándar policéntrico o, en palabras de Eva Bravo, “fenómenos endonormativos pero divergentes de las soluciones peninsulares” (Bravo 2008: 18), son en el andaluz —y, sin embargo, no tanto en el canario— de carácter diatópico, y contrarios, por tanto, a la norma que se espera que los hablantes de esta zona dialectal realicen en las situaciones de comunicación más formales —o, por emplear el término acuñado por Peter Koch y Wulf Oesterreicher (1985, [1990] 2007, 2011), en las constelaciones propias de la distancia comunicativa10—. Esto revela que Andalucía presenta una situación muy distinta a la que se vive en Canarias y en América. Sobre todo en esta última, lo que ocurre no es solo que algunas formas no coincidentes con otros estándares del español, como el peninsular, no quedan excluidas de las situaciones de máxima distancia comunicativa, sino, justamente —y aquí radica el pluricentrismo— que tales formas (divergentes únicamente desde la perspectiva del observador externo que las compara con el 8 En el sentido coseriano del término; cf. Coseriu (1956-1957; 1990), Lara (1976), Méndez García de Paredes (1999), Garatea (2010). 9 Aunque autores como Ángel López García (2010) utilizan los términos pluricentrismo y policentrismo, así como sus respectivos derivados, con sentidos diferenciados, en este trabajo ambos marbetes se manejan como sinónimos estilísticos. 10 Esto es, en las situaciones en que existe distancia física, social e incluso temporal entre los interlocutores, así como distancia emocional con respecto al tema que se aborda. Para una introducción sinóptica a este marco teórico, cf. López Serena (2002); cf. también infra § 3.
100 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 repertorio lingüístico de otras comunidades hispanohablantes, es decir, desde la perspectiva de la historicidad-diversidad; cf. infra § 1.3.) encarnan, desde el punto de vista interno a sus hablantes (el de la historicidad-variación; cf. de nuevo infra § 1.3.), o bien la única posibilidad de realización con que se cuenta, o bien una posibilidad que goza de un alto prestigio. A la vista de estas diferencias de estatus, lo más prudente parece, pues, evitar la tentación de otorgar un tratamiento homogéneo a las modalidades andaluza, canaria y americana de la lengua española como el que sugiere, precisamente, el sintagma español meridional. 0.2. El estatus diferenciado que unos mismos fenómenos presentan en andaluz y en el español de América fue puesto de relieve hace ya veinte años por Eugenio Coseriu (1990: 67), en cuya opinión el seseo andaluz era “un rasgo regional, no admisible en la lengua ejemplar”,11 a diferencia del americano, que es “prestigioso, digno eventualmente de integrar incluso una ejemplaridad panhispánica”. Y ello a pesar de que, como ya hemos dicho, el consenso en torno a la procedencia esencialmente andaluza del seseo americano sea hoy en día prácticamente unánime. Hay, sin embargo, quien, como Antonio Narbona (2001 [en línea]), pone en duda que se pueda seguir sosteniendo por mucho más tiempo la consideración del seseo andaluz como fenómeno carente de prestigio. Y lo mismo sugieren posturas —por lo demás absolutamente alejadas de la posición de Narbona—12 como la de quienes, en la línea de José M.ª Vaz de Soto, han querido reivindicar la constitución de un estándar andaluz diferenciado —en lo 11 De acuerdo, Caravedo (2001: 54-55; 2003: 387, 2005a). Por el contrario, para Navarro Tomás ([1918] 2004: 94), “[l]a opinión general en Castilla acepta el seseo andaluz e hispanoamericano como modalidad dialectal que los hispanoamericanos y andaluces pueden usar sin reparo hasta en los círculos sociales más cultos y escogidos”, frente al “seseo vasco y el catalán y valenciano”, que “no son tenidos en Castilla en el mismo concepto que el andaluz e hispanoamericano. Se les considera como variedades regionales de carácter vulgar”. 12 Cf., por ejemplo, Narbona (1997, 1999, 2003), Narbona (dir.) (2001, 2003, 2006) y Narbona (coord.) (2009, 2013).
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 101 concerniente a la normalización de su pronunciación en el ámbito de los medios de comunicación regionales que emiten única, o al menos fundamentalmente, para la Comunidad Autónoma andaluza—, amparado bajo el paraguas de una supranorma meridional o atlántica, con la que el andaluz habría de manifestar, también en la distancia comunicativa, mayores afinidades que con la norma del español estándar peninsular (López Serena y Méndez García de Paredes 2012). Para Vaz de Soto, “existen hoy fundamentalmente dos normas lingüísticas orales o […] dos grandes modalidades habladas del español de España: la central (y oficial) y la meridional” (Vaz de Soto 1981: 17-18; énfasis agregado) o, en otras palabras, “dos «modelos ideales» de pronunciación: uno septentrional y central (el oficial) y otro meridional o andaluz (más parecido, en líneas generales, al español de América, que deriva de él en gran parte)” (Vaz de Soto 1981: 38; énfasis agregado). En relación con los rasgos fonéticos que conformarían dicha norma meridional, en la misma compilación de artículos de opinión periodísticos de los que proceden las dos citas anteriores, se especifica lo siguiente: Lo que […] se postula es, básicamente, la cooficialidad —en los medios orales de comunicación— del español atlántico junto al español castellano. este espAñOl AtlÁntICO (AnDAluz, CAnARIO e hIspAnOAmeRICAnO) se caracteriza, en líneas generales, y en niveles idiomáticos cultos, por el seseo, el yeísmo, la jota suave o faríngea y la relajación de las consonantes implosivas (en posición final de sílaba), especialmente la «s», que se pronuncia como aspiración (jota suave) o se pierde en ciertos casos. (Vaz de Soto 1981: 10; cf. también págs. 19-20, 53-56; cursiva original, la versalita es mía) Por lo que respecta a las consideraciones en que se centra el presente trabajo, si me interesan las palabras de Vaz de Soto que acabo de traer a colación es porque permiten apreciar la existencia de una clara inclinación, entre los defensores de una normalización diferenciada del andaluz, a hacer equivaler la identidad material que, en lo tocante a ciertos rasgos de pronunciación, se constata entre andaluz y español de América —lo que Oesterreicher (2002) denomina
102 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 identidad de los datos lingüísticos—, con una identidad también de estatus —esto es, con una identidad también en cuanto a los hechos lingüísticos (cf. infra § 4)—. Sin embargo, y aunque, como hemos visto que señala Narbona, el estatus del fenómeno que, entre los mencionados por Vaz de Soto, resulta aún más polémico, el seseo andaluz, está, en efecto, cambiando muy rápidamente —de manera que parece que su presencia se está consolidando en ciertos ámbitos de la distancia comunicativa—, a mi modo de ver en absoluto cabe decir que hayamos llegado a un punto en que sea factible entender que andaluz y español de América estén sujetos a una misma norma ejemplar. Dicho de otro modo, el vínculo de un pasado común no se ha convertido en un presente, también común, en el que ambas modalidades disfruten de un mismo estatus.13 Precisamente por esta razón entiendo que no cabe postular un estándar atlántico, diferenciado del estándar peninsular, común a las variedades andaluza, canaria y americana del español. 0.3. La argumentación que subyace a la negativa, que comparto con otros autores (cf., por ejemplo, Narbona 1999; López Serena y Méndez García de Paredes 2012), a aceptar que exista actualmente una supranorma del español atlántico en la que quepan tanto andaluz (occidental) como español de América se fundamenta en una serie de conceptos teóricos claves que han ido apareciendo en los párrafos precedentes. Me refiero a las nociones, ya mencionadas, de inmediatez frente a distancia comunicativa, espacio variacional, marcación diasistemática, variación diatópica y pluricentrismo. Ahora bien, el rigor con el que es preciso manejar estos tecnicismos en relación con la heterogeneidad interna del español meridional exige que su presentación no se quede en una mera definición aislada de los términos. Más bien se impone integrar su exposición en el marco general del enfoque teórico que, para el estudio de muy diferentes tipos de variación, nos ofrece la Lingüística de las 13 Cf. López Serena (2011a).
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 103 variedades alemana.14 Por este motivo, el objetivo último de estas páginas pasará por mostrar cómo el marco teórico de la Lingüística de las variedades —que han contribuido a edificar romanistas alemanes contemporáneos como Brigitte Schlieben-Lange, Wulf Oesterreicher, Peter Koch o Johannes Kabatek, cuyos nombres forman parte de lo que algunos han denominado Escuela de Friburgo (cf. Renwick 1997 y Kabatek 2000: 306; 2002: 42; también López Serena 2006)—15 resulta idóneo para abordar el problema del estatus asociado a los rasgos lingüísticos que conforman las hablas andaluzas, por contraste —ya lo hemos ido viendo— con las variedades del español de América. Más específicamente, lo que me interesa subrayar de este marco es cómo permite describir el funcionamiento discursivo de los distintos fenómenos de variación que afloran en el español hablado en Andalucía desde una perspectiva dinámica, respetuosa con la extraordinaria complejidad de la interacción que, en el discurso, tiene lugar entre hechos de variación de distinta naturaleza (diatópica, diastrática o diafásica). Y ello porque el análisis de la dinámica que subyace a los movimientos 14 Un marco teórico que ya tuve la oportunidad de presentar, sucintamente, en la reseña de la primera edición de Koch y Oesterreicher (1990), que se publicó en esta misma revista (López Serena 2002), y que también el propio Wulf Oesterreicher ha esgrimido con acierto en sus reflexiones sobre el pluricentrismo del español, publicadas asimismo en Lexis (cf., por ejemplo, Oesterreicher 2002). 15 Dado que la Lingüística de las variedades alemana ha constituido el marco teórico que ha guiado todos los trabajos en que me he ocupado de la variación lingüística en sus diferentes manifestaciones (especialmente de la variación entre lo oral y lo escrito), este artículo retoma, en muchos casos, ideas —y en ocasiones también formulaciones— contenidas algunas de mis publicaciones anteriores, fundamentalmente López Serena (2002, 2006, 2007a, 2007b, 2011a, 2011b, 2011c). A ellas remito para la localización de referencias bibliográficas más exhaustivas que las que se proporcionan aquí a las obras de estos y otros romanistas alemanes que han intervenido en la construcción de este marco. Debido a la naturaleza panorámica de esta presentación, situada ante la disyuntiva —que también me asaltaba en López Serena (2013)— entre repetir, en algunos casos, lo ya expuesto en trabajos anteriores o evitar por completo cualquier reiteración, enviando directamente a otros trabajos al lector interesado, he preferido decantarme por la primera opción, que a mi modo de ver era también la única que permitía ofrecer una exposición de conjunto completa y coherente lo suficientemente inteligible para un lector no necesariamente familiarizado de antemano con las cuestiones que aquí se abordan.
110 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 El problema no está, pues, en que Saussure afirmara la importancia y autonomía del conocimiento estructural, sino más bien en el hecho de que, habiendo comprobado la estructura (“lengua”) en la proyección sincrónica, fue inducido a desestimar la diacronía y la continuidad de la lengua en el tiempo y a establecer las extrañas equivalencias habla – diacronía, lengua – sincronía, reduciendo de esta manera la lengua a un estado de lengua. Más aún: llegó a atribuir al objeto “lengua” no sólo la sistematicidad (que aparece en la “proyección” por pertenecer al objeto), sino también la inmovilidad, que sólo pertenece a la “proyección”. De aquí una segunda identificación, más o menos latente en el CLG [Curso de lingüística general], entre estado de lengua y proyección sincrónica. En estas dos identificaciones sucesivas (lengua = estado de lengua = proyección sincrónica) se funda la idea de la lengua sincrónica e inmóvil. Pero, si la primera de esas identificaciones puede, hasta cierto punto, justificarse por una exigencia técnica de la descripción sistemática, la segunda no se justifica de ningún modo, pues implica un inferir más allá de lo dado. En efecto, así como en la sincronía no podemos comprobar el cambio, tampoco podemos comprobar en ella el no-cambio, la inmutabilidad. Para comprobar que un objeto cualquiera no cambia, hay que observarlo en dos momentos distintos” (Coseriu [1957] 1988: 24-25). De este modo, advertimos que, En el fondo, la perplejidad frente al cambio lingüístico y la tendencia a considerarlo como fenómeno espurio, provocado por “factores externos”,23 se deben al hecho de partir de la lengua abstracta —y, por lo tanto, estática—, separada del hablar y considerada como cosa hecha, como ergon, sin siquiera preguntarse qué son y cómo existen realmente las lenguas y qué significa propiamente un “cambio” en una lengua. De aquí también el planteamiento del problema del cambio en término causales, puesto que los cambios en las “cosas” desligadas de la intencionalidad de todo sujeto se atribuyen, precisamente, a “causas”. Pero la lengua no pertenece al orden causal sino al orden final [omito nota], a los hechos que 23 Cf. supra nota 21.
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 111 se determinan por su función. Si se entiende la lengua funcionalmente, primero como función y luego como sistema —y es así como hay que entenderla, pues la lengua no funciona porque es sistema, sino, al contrario, es sistema para cumplir una función, para corresponder a una finalidad—, entonces resulta evidente que los términos del problema deben invertirse. Lejos de funcionar sólo “en ne changeant pas”, como sucede con los “códigos”, la lengua cambia para seguir funcionando como tal. El latín de Cicerón ha dejado de funcionar como lengua histórica justamente por haber dejado de cambiar; y en este sentido es una “lengua muerta”, aunque pueda seguir funcionando indefinidamente como “código”. En cambio, “die lebende Sprache steht nicht still, sie ist in stetiger Wandlung” (Hartmann 1949: 1). Mas esta lengua, determinada constantemente (y no de una vez por todas) por su función, no está hecha sino que se hace continuamente: no es ergon [producto], sino enérgeia [actividad]. (Coseriu [1957] 1988: 30) 1.2. En el marco teórico coseriano, la lengua no se concibe, pues, como un objeto ya dado, como un producto estático, reificado, sino que se entiende como una técnica que posibilita que la actividad universal del hablar que llevan siempre a cabo individuos particulares se realice, por parte de estos, en cuanto miembros de comunidades históricas (Coseriu 1981a: 269). Formulado desde la perspectiva inversa, podemos decir que en cada discurso o texto [nivel individual] actúan y son perceptibles tanto a) aspectos puramente individuales, idiosincrásicos, relacionados con el hic et nunc del acto de habla, como b) reglas lingüísticas y discursivas, en consonancia con la lengua y la tradición discursiva seleccionadas [nivel histórico], y c) aspectos universales de la actividad del hablar. (Oesterreicher 2007: 112) Toda forma de saber hablar puede entenderse como una técnica [= saber hacer, τέχνη] [omito nota]. En analogía con las distinciones [entre diferentes niveles del lenguaje] cabe distinguir diversas técnicas del hablar: la técnica del hablar en general, la técnica de la lengua histórica y, finalmente, la técnica de los textos, esto es, el saber sobre cómo se configuran determinados textos o clases de textos. (Coseriu 2007: 140):
112 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 NIVEL UNIVERSAL SABER ELOCUCIONAL saber hablar en general, de acuerdo con los principios generales del pensar y con la experiencia general humana acerca del mundo NIVEL HISTÓRICO SABER IDIOMÁTICO saber hablar de acuerdo con las normas de la lengua que se realiza NIVEL DISCURSIVO SABER EXPRESIVO saber hablar en situaciones determinadas, saber estructurar los discursos de acuerdo con las normas de cada uno de sus tipos Figura 1. Los niveles universal, histórico y actual del lenguaje y los saberes elocucional, idiomático y expresivo de acuerdo con la propuesta de Coseriu (1956-1957) De estos tres niveles o perspectivas de análisis, las lenguas y las modalidades de variación intralingüística que interesan para nuestra consideración de la heterogeneidad del español atlántico se ubican, naturalmente, en el nivel histórico, puesto que unas y otras conforman el acervo idiomático o saber hablar según la tRaDiCión de una comunidad, que funciona como modelo para los actos lingüísticos particulares de los miembros de esa comunidad (Coseriu [1957] 1988: 45-46). Este término, histórico, que da nombre al nivel de las lenguas y modalidades de variación entendidas como normas históricas del hablar, está relacionado con el universal genérico-esencial, postulado, asimismo, por Coseriu (1978a), de la historicidad del lenguaje. Para Coseriu, la historicidad es un rasgo universal y esencial del lenguaje porque se trata de una propiedad que es racional o lógicamente necesaria24 para su constitución como tal, es decir, de una característica a priori, y no estipulada secundariamente por inducción a partir de generalizaciones basadas en la observación de todas las lenguas. La historicidad es la característica determinante del lenguaje entendido como fenómeno social; de ahí que en el marco 24 No extraña, pues, que, significativamente, la cita que sirve de pórtico a Sincronía, diacronía e historia sea “perché gli beni de la mente non altronde, che all’istessa mente nostra riportiamo” (G. Bruno, De l’intinito), que podríamos traducir más o menos libremente como “porque los bienes de la mente los obtenemos no de otro lugar, sino de la propia mente”.
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 113 teórico coseriano no se suela hablar, como sí suele ser habitual en otras aproximaciones al estudio del lenguaje, de lenguas naturales, sino que se prefiera siempre la expresión lenguas históricas.25 La historicidad es, junto con la materialidad o exterioridad, un universal secundario del lenguaje, en la medida en que su existencia se puede derivar lógicamente de la de los tres universales primarios: la creatividad, la semanticidad y la alteridad. En concreto, la historicidad de las lenguas —o mejor, de todo lo lingüístico— que pone de relieve Coseriu como rasgo constitutivo de la fenomenología del lenguaje es resultado de otros dos rasgos genérico-esenciales del lenguaje: la alteridad y la creatividad. El significado es en sí mismo un hecho mental, un hecho interno de la conciencia, y no puede transmitirse como tal a otra conciencia, ya que entre conciencia y conciencia no hay ninguna comunicación directa; por ello, debe estar representado ‘en el mundo’ por hechos materiales que puedan ser percibidos e interpretados por otras conciencias: es decir que una semanticidad con alteridad sólo es posible a través de la materialidad. Análogamente, la creatividad corresponde a una facultad estrictamente individual (en rigor, sólo el individuo crea): pero, para que lo individualmente creado pueda ser interpretado y adoptado (o sea: reconocido como suyo propio) por otros individuos, la creación debe ocurrir en el marco de un sistema de posibilidades tradicional en una comunidad, de una técnica histórica determinada; de ahí que la creatividad con alteridad sólo sea posible a través de la historicidad. (Coseriu 2007: 170-171, n. 37) La alteridad se refiere al hecho de que tanto la actividad del hablar, como los sistemas lingüísticos y los discursos concretos o los textos, implican siempre un alter ego […]. El corolario de la estabilidad relativa de las reglas, convenciones y normas lingüísticas, producidas y establecidas por los efectos de la alteridad, es la creatividad, que no debe ser entendida en el sentido de absoluta libertad y fuerza innovadora del sujeto hablante, sino en el de una permanente 25 Cf. Oesterreicher (2006a: 137). Sobre la historicidad del lenguaje, cf. también Coseriu ([1980] 1988), Oesterreicher (2001a, 2005), Gauger (2007), y, con respecto al problema de las aproximaciones naturalistas a la cuestión de la variación y la estandarización, cf. López Serena y Méndez García de Paredes (2011).
114 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 y activa adaptación de estructuras y normas de expresión y de contenido de la comunicación verbal a las exigencias personales, motivacionales, cognitivas, situacionales y contextuales que rodean la actuación lingüística de los interlocutores. Es decir, hablar nunca es la mera reproducción mecánica de estructuras preexistentes. Y la historicidad puede ahora, desde esta perspectiva, concebirse como producto y mediación entre los dos universales alteridad y creatividad, lo que explica el carácter convencional de los signos, es decir el carácter variable y transitorio de las formas lingüísticas. (Oesterreicher 2006a: 139) No es necesario detenernos ahora a considerar cómo se define cada uno de estos rasgos universales y cuáles son los diferentes aspectos que abarcan, pero sí nos importa destacar que la historicidad no tiene que ver únicamente con el hecho de que las lenguas cambien con el transcurso del tiempo, algo en lo que se suele pensar inmediatamente cuando se asocia la palabra histórico a los conceptos de evolución o transformación. En el marco teórico coseriano, la historicidad tiene que ver, también, y en primer lugar, con la realidad, intrínseca a toda forma del lenguaje, de la variación. Al hablar de la historicidad en relación con el lenguaje y los discursos se piensa, por regla general, en primer lugar en fenómenos y procesos en la historia de las lenguas y de los discursos. Es decir: se piensa en el cambio lingüístico […]. Sin embargo, aplicar el concepto de historicidad sólo a estos fenómenos procesuales es equivalente a identificarla con el campo de lo que se suele llamar diacronía: una simplificación […] ilícita […] En esta línea de pensamiento considero de gran importancia un artículo de Eugenio Coseriu sobre “Los universales lingüísticos (y los otros”26 […] en el cual el maestro de Tubinga afirma con respecto a la historicidad que ésta pertenece a los universales genérico-esenciales del lenguaje. Se trata, pues, de características inherentes al concepto mismo del lenguaje humano. […] Es decir, si quitamos una de estas características esenciales, el fenómeno en cuestión deja de ser lenguaje humano y se convierte en otra cosa, en el mejor de los casos, en otro sistema semiótico. (Oesterreicher 2006a: 137-138) 26 Se refiere a Coseriu (1978a)
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 115 Al existir históricamente, el fenómeno del lenguaje cristaliza en numerosos tipos de variedades diferentes: lenguas distintas, variedades diatópicas (dialectos) dentro de esas lenguas, variedades sociales (sociolectos) o variedades diafásicas (registros) que empleamos en las distintas situaciones de la vida. Hay, pues, tres razones por las que el lenguaje es un fenómeno histórico: (i) porque solamente existe en forma de lenguas históricas diferenciadas, sin intermediación de las cuales es imposible construir significados; (ii) porque tales lenguas constituyen conjuntos de normas socialmente compartidas y son, por tanto, resultado de una tradición histórica, sujeta a continuos cambios, y (iii) porque el aprendizaje de estas lenguas o conjuntos de normas socialmente compartidas es producto de un fenómeno de transmisión cultural. De acuerdo con lo expuesto, parece claro que en la concepción coseriana del lenguaje histórico se opone, fundamentalmente, tanto a los aspectos que conforman la dimensión universal del lenguaje (cf. supra fig. 1) como a la noción de las lenguas como sistemas uniformes y estáticos a la que nos referíamos más arriba. Si aceptamos que la historicidad es una característica esencial del lenguaje, estamos aceptando, por una parte, que, frente a lo postulado por el mito de la torre de Babel,27 resulta inconcebible la existencia de una forma de comunicación universal para toda la humanidad; en otras palabras, el reconocimiento de la historicidad esencial del lenguaje nos obliga a asumir que no hay lenguaje sin variación en forma de lenguas y de variedades diatópicas, diastráticas y diafásicas de estas lenguas. Por otra parte, el universal de la historicidad nos exige aceptar, igualmente, que resultaría inconcebible que el fenómeno del lenguaje excluyera el cambio, la evolución de las formas lingüísticas 27 Recordemos que, en consonancia con lo que veíamos antes a propósito de las consecuencias indeseables de asumir la uniformidad y la estabilidad de las lenguas como “lo normal”, el mito de la torre de Babel nos presenta la variación y el cambio como consecuencia de un castigo divino y, por tanto, como situación contraria al orden “natural” y deseable de las cosas, producto de la corrupción humana. Recientemente se han referido también al peso de este mito en la concepción monolítica de las lenguas y de las comunidades de habla Garatea (2010: 31) y Pons Rodríguez (2012a: cap. 1).
116 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 a lo largo del tiempo. Así las cosas, a poco que reflexionemos sobre ambos aspectos de la historicidad (que, como enseguida veremos, podemos diferenciar terminológicamente valiéndonos de las acuñaciones historicidad-variación frente a historicidad-cambio; cf. infra § 1.3.), nos daremos cuenta de que esta característica del lenguaje está relacionada con su naturaleza social: todo lo social manifiesta variación (pensemos en las formas del vestirse, en las formas de organización política, en las religiones y otras creaciones humanas, que son distintas en distintas culturas) y todo lo social evoluciona en el tiempo. 1.3. En relación con el concepto, extraordinariamente amplio, de la historicidad como universal genérico-esencial del lenguaje en el marco teórico coseriano, Oesterreicher (2006a) considera necesario distinguir tres tipos de historicidad, o más bien, tres formas de manifestación de la historicidad como rasgo constitutivo del lenguaje. Acabamos de mencionar los dos primeros: (i) la historicidadcambio lingüístico y (ii) la historicidad-variación lingüística. A ellos se suma también (iii) la historicidad-diversidad lingüística. Por lo que concierne a la primera de estas perspectivas, no es preciso insistir en que la historicidad entraña cambio lingüístico, porque ya hemos dicho que lo habitual es que histórico se relacione casi exclusivamente, y a consecuencia de un reduccionismo ilícito, con diacrónico. Las otras dos dimensiones de la historicidad que destaca Oesterreicher se relacionan con dos modalidades de percibir las diferencias lingüísticas en sincronía. El contraste entre ellas estriba en que la historicidad-variación lingüística aborda las diferencias lingüísticas definidas, dentro de un marco de situaciones comunicativas, por factores pragmáticos y funcionales (tal como procura representar el modelo de la cadena variacional que presentaremos en el apartado 3, infra), mientras que la historicidad-diver- sidad lingüística es propia de una perspectiva externa al espacio variacional, interesada únicamente por la confrontación o el contraste de las formas, al margen de la dinámica de su funcionamiento en la comunicación.
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 117 A este respecto, conviene advertir que la historicidad-diversi- dad lingüística no se corresponde con la diversidad interlingüística (es decir, entre lenguas diferentes) ni la historicidad-variación lingüística con la variación intralingüística (o lo que es lo mismo, dentro de una única lengua), sino que se trata de perspectivas para abordar exactamente los mismos fenómenos, tanto de variación interlingüística como de variación intralingüística. Pero, en un caso (el de la perspectiva de la diversidad), nos conformaríamos con atender a los meros datos lingüísticos, analizados mediante la comparación y el contraste entre la estructura de las distintas lenguas y variedades (por ejemplo, por el hecho de que tanto el andaluz como el español de América presenten, frente a otras modalidades del español como la peninsular centro-norteña, rasgos comunes como la indistinción entre los fonemas /s/ y /θ/) y, en el otro caso, lo que interesa son los hechos lingüísticos que emergen de la consideración del estatus variacional de tales rasgos material o estructuralmente idénticos —he aquí la relevancia de esta distinción para la cuestión con que abríamos estas páginas, y sobre la que volveremos al final del artículo—. Por el mismo motivo, conviene resaltar que lo interesante del marco teórico de la Lingüística de las variedades alemana ha sido precisamente su concentración en la historicidadvariación, cuyo estudio ha abordado perfeccionando el instrumental teórico que le proporcionaba el estructuralismo funcionalista coseriano; de ahí que en el espacio que nos resta nos centremos exclusivamente en esta manifestación de la historicidad. 2. La impronta estructuralista de la Lingüística de las variedades alemana28 2.1. En la situación actual de extraordinario interés por la variación lingüística que vive nuestra disciplina (cf. Fernández Pérez 28 El título de este apartado se hace voluntariamente eco del título de López Serena (2006), trabajo en que me ocupé por primera vez de la cuestión de la filiación estructuralista de las Escuelas de Friburgo y Tubinga, y al que ya había remitido, en una nota a pie de página anterior (cf. supra n. 16), a quien deseara profundizar más en
118 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 1999a) es casi un lugar común señalar que la falta de atención a esta cuestión por parte del estructuralismo y el generativismo se debía a la resolución de estas corrientes por estudiar las lenguas como códigos o sistemas únicos y homogéneos, por considerar las lenguas en y por sí mismas, como objetos autónomos, y por conferir un enfoque estático a la explicación (cf. Narbona 1995: 31). Sin embargo, con respecto al primero de los escollos señalados, es preciso advertir que la idea de que la vertiente estructural se limita a lo homogéneo resulta problemática. Es cierto que el estructuralismo “parece particularmente hostil a la variación” —“la langue saussuriana es, por definición, unitaria, y Saussure mismo postula la eliminación de la variación COmO pRInCIpIO metODOlóGICO previo al análisis del funcionamiento de un sistema lingüístico” (Kabatek 2002: 39; la versalita es mía)—. Aun así, reconocer que desde la perspectiva estructuralista “la atención nuclear no se cifra en explicar o describir la heterogeneidad” (Fernández Pérez 1993: 233) no puede impedirnos olvidar que el estructuralismo europeo, sobre todo desde las corrientes funcionalistas, nunca dejó de ocuparse de la variación y el cambio en las lenguas. No en vano, “desde presupuestos estructurales se [han reconocido] factores temporales, espaciales, sociales e individuales para sistematizar la variación lingüística y [...] se [ha demostrado] la relevancia de la diacronía, diatopía, diastratía y diafasía como representaciones de la variabilidad lingüística según las distintas coordenadas” (Fernández Pérez 1997: 159; cf. también Fernández Pérez 1993: 233-234). El abordaje estructuralista de la variación difiere, pues, metodológicamente, de los procedimientos característicos de la sociolingüística laboviana. Mientras que esta se enfrenta con el análisis de hechos (lingüísticos y sociales) concretos sometidos a pruebas estadísticas diversas y con la pretensión de alcanzar principios causales reguladores del cambio en las lenguas, el enfoque sociolingüístico europeo se inscribe en el interés general estas cuestiones. No extrañará, pues, que se retome aquí buena parte de la argumentación en torno a la que estaba construido ese artículo.
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 119 del estructuralismo por sistematizar la variabilidad lingüística, de manera que los fenómenos lingüísticos se interpretan mediante abstracción en el seno de cuerpos sistemáticos y bien ordenados, y sólo después se describe la variación real representándola a través de la confrontación de aquellas construcciones estructurales. (Fernández Pérez 1997: 160) Como observa Rocío Caravedo, El aporte específico de la visión sociolingüística no es tanto […] la concepción conocida de que en las lenguas se dan procesos variables organizados que pueden conducir —impulsados o no por factores sociales— a cambios en ciertos puntos del sistema, cuanto la propuesta de una nueva actitud epistemológica que sitúa la observación empírica de tales procesos en el centro de un programa disciplinario. Tal actitud se expresa en la aceptación de los siguientes principios fundamentales: 1. observabilidad de los hechos variables y de cambio 2. reconocibilidad de las condiciones lingüístico-sociales que los generan 3. mensurabilidad cuantitativa del peso de las condiciones identificadas 4. predictibilidad (Caravedo 2005a: 138-139; énfasis agregado). Con todo, según manifiesta Françoise Gadet, muchos son de la opinión de que, en lo fundamental, el mismo “Labov no es más que un heredero de la tradición estructuralista-funcionalista en su versión praguense,29 no sólo porque trabaje con Weinreich, que recibió su formación de Martinet, sino por el hecho de que sus concepciones están marcadas por la cuestión de lo invariable dentro de la variación” (Gadet 1992: 6, n. 2; cf. también Gadet 1992: 10; la traducción es mía).30 29 De hecho, Sampson —según Gadet, que no cita la obra fuente, aunque debe tratarse de Sampson (1980)—, en su historia de la lingüística, incluye a Labov al final de un capítulo dedicado a la lingüística funcional del Círculo de Praga. 30 A propósito de la cuestión de lo invariable dentro de la variación, cf. supra en §1.1. la cita de Itkonen ([2003] 2008).
126 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 3.2. Además de recurrir a la diferenciación de los niveles universal, histórico y actual del lenguaje propuesta por Coseriu, en su modelización del funcionamiento de la variación intralingüística Koch y Oesterreicher combinan los conceptos flydalianos-coseria- nos (cf. supra n. 32) de las variedades diatópica (geográfica o dialectal), diastrática (social) y diafásica (situacional) de la lengua con la estipulación de un continuo concepcional de naturaleza universal —en la medida en que, como acabamos de ver, está determinado por condiciones comunicativas universales— entre la inmediatez y la distancia comunicativa. A partir de esta combinación se desarrolla, retomando, de nuevo, una idea originaria de Coseriu (1980: 50s.; cf. también Kabatek 2000: 308), el modelo de la cadena variacional —o, mejor, de la cadena de variedades— (Varietätenkette), de acuerdo con el cual los rasgos dialectales o elementos diatópicos pueden funcionar como diastráticos (es decir, pueden ser considerados como marcas socioculturales) y, a la vez, los elementos diastráticos, como diafásicos (en tanto en cuanto es posible, por ejemplo, que un hablante culto emplee rasgos sociales de escaso prestigio en situaciones muy informales sin ver por ello mermada su imagen social).36 El movimiento contrario (de lo diafásico a lo diatópico, pasando por lo diastrático) no es, sin embargo, posible. En concreto, en el modelo de la cadena de variedades se distingue entre (1) lengua hablada en sentido estricto (que comprendería los fenómenos lingüísticos de la lengua hablada diferenciados entre (1a) universales y (1b) idiomáticos —zona superior izquierda del diagrama—) y (2) lengua hablada en sentido amplio, de la que también formarían parte fenómenos diatópicos y los marcados como diastrática y diafásicamente ‘bajos’ (que ya hemos dicho que afloran con total naturalidad en las situaciones prototípicamente inmediatas): 36 A los movimientos de lo diastrático a lo diafásico se ha referido también, desde una tradición académica distinta a la que se presenta aquí, la sociolingüista británica Susanne Romaine: “uno de los hallazgos más importantes de la sociolingüística cuantitativa es la intersección del continuum social con el estilístico. Esto quiere decir que si un rasgo ocurre más frecuentemente en el habla de la clase obrera, ocurrirá más frecuentemente en el habla informal de todos los hablantes” (1996: 96-97).
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 127 ESTATUS idiomáticouniversal- esencial inmediatez bajo diafásicamente diastráticamente diatópicamente bajo fuerte débil alto alto distancia ‘inmediatezʼ ‘distanciaʼ 1a 1b 2 3 4 no marcado MARCA DIASISTEMÁTICA contingente (histórico) Figura 3. La cadena de variedades (ápud Koch y Oesterreicher [1990] 2007) De acuerdo con la dinámica que, en el diagrama anterior, representan las flechas que van de abajo hacia arriba (ya hemos dicho que los elementos diatópicos pueden funcionar como diastráticos y los diastráticos, por su parte, como diafásicos, pero no al contrario), la posición central de la dimensión variacional hablado/escrito se revelaría en su condición de meta final de toda la cadena de variedades en su conjunto, puesto que esta dimensión puede acoger elementos de las otras tres; de ahí que en una situación de comunicación muy inmediata nos podamos permitir la realización de rasgos diastráticamente poco prestigiosos o diatópicamente muy fuertes que, sin embargo, se aceptarán con toda normalidad como característicos de una interacción concepcionalmente hablada. En este sentido, lo interesante de este modelo para la cuestión que aquí nos ocupa es que el continuo concepcional constituye el principio estructurador de la totalidad del espacio variacional, en virtud del cual se articula la relación entre todo el conjunto de variedades lingüísticas y es, por esta razón, el factor determinante a la hora de dirimir si un determinado fenómeno lingüístico es, bien un hecho de variación diatópica, bien una norma estándar diferenciada en el seno de una lengua pluricéntrica como la española. Para la perspectiva de la historicidad-variación, la noción de espacio variacional y el modelo de la
128 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 cadena de variedades resultan, pues, fundamentales. No en vano las diferencias de estatus a las que nos hemos referido en relación con el andaluz y el español de América se identifican precisamente porque unos fenómenos fonéticos, morfosintácticos, léxicos, etc., que, de acuerdo con el punto de vista de la historicidad-diversidad, interesada por los datos lingüísticos, serían, en principio idénticos, resultan, una vez analizados desde la perspectiva del espacio variacional dentro del que funcionan, muy diferentes. En concreto, cuando, en el seno de la lengua española un fenómeno asume el rango de norma policéntrica diferenciada de otros estándares, esto ocurre porque dicho fenómeno instituye, en el ámbito de la comunidad en que tiene valor de norma ejemplar, su propio espacio variacional. Esto hace que no sea posible considerar muchas de las diferencias entre el español americano y europeo como variedades diatópicas, ya que lo propio de la variación diatópica es quedar relegada, casi siempre, a la esfera de la inmediatez comunicativa, y lo que ocurre con muchos fenómenos propios del español de América frente al peninsular es que ocupan, con todo derecho, la esfera de la distancia comunicativa dentro de su propio espacio variacional, que es distinto al de otras comunidades hispanohablantes, por lo que no suscitan la adscripción, a los hablantes que los emplean, de connotaciones diastráticas negativas, ni generan, tampoco, la impresión de hallarnos en una situación diafásicamente baja (cf. infra § 4). Por otro lado, la lectura no en vertical, sino en horizontal del modelo de la cadena de variedades, nos ayuda a visualizar cómo las constelaciones comunicativas inmediatas favorecen la aparición, en el discurso, de fenómenos dialectales, sociolectales y situacionales estigmatizados por la modalidad propia de la distancia comunicativa, cuyos discursos serían, a diferencia de los producidos en constelaciones inmediatas, mucho más homogéneos. La cadena de variedades explicaría, de este modo, por qué los analistas encuentran tantos fenómenos diatópicos y diastráticos en los discursos coloquiales en los que centran su atención, algo que, por otra parte, no era desconocido. En efecto, ya Andrés Bello circunscribía su gramática al “buen uso, que es el de la gente educada”, justificando su limitación a este uso
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 129 porque es el más uniforme en las varias provincias y pueblos que hablan una misma lengua, y por lo tanto el que hace que más fácil y generalmente se entienda lo que se dice; al paso que las palabras y frases propias de la gente ignorante varían mucho de unos pueblos y provincias a otros, y no son fácilmente entendidas fuera de aquel estrecho recinto en que las usa el vulgo. (Bello [1847-1860] 1988: 165) Si en el pasaje que acabamos de reproducir sustituimos “buen uso” por “uso propio de la distancia comunicativa” y “estrecho recinto en que las usa el vulgo” por “constelación prototípica de la inmediatez comunicativa”, podemos interpretar la afirmación del insigne gramático venezolano en el sentido de que los discursos proferidos en la distancia comunicativa son más homogéneos y reacios a la entrada de elementos dialectal, sociolectal o diafásicamente marcados como poco prestigiosos que los discursos prototípicos de las situaciones comunicativas inmediatas. En estos últimos, el “estrecho recinto” de difusión favorece la entrada de rasgos diatópicos y diastráticos probablemente compartidos por los hablantes, dado que la relación entre los interlocutores en la inmediatez comunicativa ideal es de máxima igualdad.37 En alguna ocasión (cf., sobre todo, López Serena 2007b) he puesto de relieve las ventajas que un modelo como el de la cadena de variedades ofrece, frente a aproximaciones alternativas a la descripción de la variación situacional, a la hora de dar cuenta de la dinámica que, en la conversación coloquial, se produce entre elementos dialectales, socialmente marcados y fenómenos del registro informal.38 En efecto, aunque los conceptos de dimensión diatópica, diastrática y diafásica están bien establecidos en la lingüística actual para dar cuenta de la variación intrínseca a toda lengua histórica, 37 En el mismo sentido se puede leer también la constatación, por parte de Antonio Narbona, de que “la homogeneidad del objeto es mayor a medida que nos elevamos por encima de las numerosísimas diferencias existentes en el uso popular, coloquial o familiar de las diferentes zonas del dominio hispanohablante” (Narbona [1985] 1989: 34). 38 Algo en lo que no todos están de acuerdo: véase, por ejemplo, la crítica a este modelo que realizan Dufter y Stark (2002).
130 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 el problema ha sido que, mientras que las variedades dialectales y sociales se habían concebido tradicionalmente como pertenecientes al nivel del sistema y como configuradoras, por tanto, de la propia competencia de los hablantes, lo diafásico se solía relegar al nivel del habla. En consecuencia, frente a la homogeneidad de geo- y sociolectos, que los lingüistas no habían tenido reparos en estudiar como lenguas funcionales sintópicas y sinstráticas, respectivamente, la modalidad coloquial seguía considerándose, en muchas ocasiones, un registro heterogéneo, debido a que no se efectuaba, en relación con lo diafásico, la misma operación de abstracción —desde la materia que ofrecía la realidad de los discursos hacia el objeto de estudio construido por el investigador— a la que sí se procedía con los aspectos de variación diatópica y diastrática. En contra de este estado de cosas, y de acuerdo con su filiación estructuralista, el modelo de la cadena variacional permite la concepción, también de las variedades diafásicas, como constructos metodológicos homogéneos (cf. supra § 2), y ayuda a explicar la dinámica interna y el funcionamiento de unos y otros tipos de variación en el discurso. Y es que, aunque las propuestas de Koch y Oesterreicher han tenido bastante eco fuera del ámbito germánico, hasta hace muy poco su recepción se había circunscrito, fundamentalmente, a (1) la adopción de la diferenciación, en la oposición oral/ escrito, entre (i) el medio o canal de la realización (fónico o gráfico), y (ii) la concepción subyacente a un enunciado y al modo de su verbalización, más o menos formal o elaborada, y a (2) la comprensión de la distinción concepcional, no como dicotomía, sino como continuo gradual entre la inmediatez y la distancia comunicativa.39 De otras aportaciones teóricas fundamentales de estos autores no se ha extraído aún, sin embargo, todo su fruto;40 entre 39 Cf., por ejemplo, Briz (1998: 20, 24, 30, 32), Bustos (1995: 14; 1996: 37-39) o Narbona (1996: 159-162); también, con reservas, Polo (1995: 79). Indudablemente, en la concepción de la oposición oral/escrito como un continuum coinciden con otros autores, por ejemplo con Biber (1988, 1995). 40 Cf. ahora, sin embargo, Briz (2010a, 2010b), que también propone considerar lo coloquial y lo formal como eje de la variación lingüística, de acuerdo con la siguiente tabla (ápud Briz 2010b: 131):
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 131 ellas está, justamente, el modelo de la cadena variacional, que, como enseguida veremos, resulta también de gran utilidad para redefinir conceptos como lengua, dialecto o estándar desde una óptica que asuma realmente las consecuencias de la primacía de la variación en todo lo relacionado con el lenguaje. La cadena variacional es, pues, por una parte, un modelo que representa gráficamente de qué manera los hablantes seleccionan rasgos diatópica, diastrática y diafásicamente más o menos marcados para sus interacciones lingüísticas, de acuerdo con la identificación de la situación de comunicación en que se encuentren como más o menos próxima, bien al terreno de la inmediatez, bien al de la distancia comunicativa. Por otra parte, este diagrama ejemplifica también de qué manera tales actuaciones lingüísticas serán evaluadas por otros hablantes, en función de que se adecuen o no a las expectativas de baja densidad de rasgos diatópicamente fuertes, diastráticamente marcados y diafásicamente informales que existen para la distancia, y a las de abundancia de dialectalismos y de rasgos socialmente marcados y coloquiales a medida que se acentúa la inmediatez. Su rentabilidad no se agota, sin embargo, en la plasmación gráfica de esta dinámica propia de las variedades intralingüísticas, sino que también constituye, al mismo tiempo, un modelo de la extraordinaria heterogeneidad que alberga en su interior una lengua histórica, concebida, no como un único sistema homogéneo, sino más bien como diasistema (o sistema de variedades). Y lo que + COlOquIAl pROtOtípICO - COlOquIAl peRIféRICO - fORmAl peRIféRICO + fORmAl pROtOtípICO + diferencias dialectales + diferencias dialectales - diferencias dialectales - diferencias dialectales + diferencias sociolectales de sexo y edad + diferencias sociolectales de sexo y edad - diferencias sociolectales de sexo y edad - diferencias sociolectales de sexo y edad - diferencias sociolectales de sexo y edad - diferencias sociolectales de sexo y edad + diferencias sociolectales de sexo y edad + diferencias sociolectales de sexo y edad
132 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 resulta no menos importante: tal representación de la lengua como diasistema no se detiene en la constatación de la existencia de tales o cuales variedades intralingüísticas, sino que pone de relieve que la relación que se da entre ellas es de naturaleza jerárquica (de ahí los movimientos de marcación vertical que resultan de la infracción con respecto a la jerarquía de expectativas). Por esta misma razón, el modelo se revela como una forma óptima para reflejar qué es realmente la norma estándar de una lengua: no una lengua funcional más, completamente uniforme o monolítica, aislada del resto de normas consuetudinarias que constituyen las variedades diatópicas, diastráticas y diafásicas no estándares, sino un ideal de referencia en el que convergen los rasgos diatópicamente más débiles, diastráticamente más prestigiosos y diafásicamente más altos. Y lo que para la cuestión del pluricentrismo es aún más importante: tal estándar no tiene que ser necesariamente único para toda la lengua, puesto que, como hemos anticipado ya en relación con las distintas cadenas de variedades en que se mueven los hechos lingüísticos del español hablado en Andalucía y en América, es posible que un mismo idioma albergue en su interior diferentes espacios variacionales dentro de los que funcionen cadenas de variedades distintas a las de otros espacios variacionales de la misma lengua. En este sentido, el modelo de la cadena variacional nos faculta para definir cada lengua histórica como un conjunto de variedades diatópicas, diafásicas y diastráticas cuyos usuarios se subordinan, para las situaciones de máxima distancia comunicativa, a una norma estándar no absolutamente uniforme o monolítica, pero sí caracterizada por excluir los rasgos que, en cada espacio variacional diferenciado dentro de esa lengua, se consideren diatópicamente más fuertes, diastráticamente menos prestigiosos y diafásicamente más informales.41 En el caso 41 A punto de entregar este trabajo a la imprenta, me complace constatar cómo el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua ha modificado sus antiguas definiciones de lengua —“Sistema de comunicación y expresión verbal propio de un pueblo o nación, o común a varios; Sistema lingüístico que se caracteriza por estar plenamente definido, por poseer un alto grado de nivelación, por ser vehículo de una cultura diferenciada y, en ocasiones, por haberse impuesto a otros sistemas lingüísticos”— por esta otra, más afín a la concepción de conjunto de variedades
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 133 de las lenguas pluricéntricas como el español, la constatación del funcionamiento de estándares diversos obligaría a concebir la existencia de diferentes espacios variacionales que, pese a compartir un mismo sistema, se organizarían en espacios diasistemáticos diferenciados (cf. infra § 4). Para finalizar este apartado, veamos una última ventaja de una definición de lengua basada en el modelo de la cadena de variedades que merece la pena mencionar: aplicada a la descripción del espacio variacional del español peninsular actual permite dar cuenta de por qué dialectos secundarios del español como el leonés o el aragonés, es decir, dialectos no procedentes de la variedad romance castellana, funcionan hoy en día, sin embargo, como variedades diatópicas del español. Desde este punto de vista, en absoluto cabe concebir la estandarización de una lengua como algo artificial, en la línea de lo que autores como Juan Carlos Moreno Cabrera (2008, 2011) han venido defendiendo en los últimos tiempos a partir de posiciones naturalistas en mi opinión difícilmente sostenibles (cf. López Serena y Méndez García de Paredes 2011). Y es que la dimensión variacional concepcional constituida por el continuo “hablado/escrito” se puede rentabilizar, asimismo, en el estudio diacrónico de las lenguas, de manera que podamos entender el proceso de conformación de una norma estándar —en el sentido en que acabamos de definirla— como el resultado de la apropiación paulatina del espacio de la distancia comunicativa por parte de una variedad que, en algún momento, concretamente a partir del momento en que se acepta una determinada modalidad como ejemplar, genera un nuevo espacio comunicativo definido por el hecho de que todas sus variedades quedan subordinadas —funcionalmente, se entiende— a esa misma norma ejemplar.42 jerárquicamente relacionadas entre sí en torno a un estándar que aquí se defiende: “Sistema lingüístico cuyos hablantes reconocen modelos de buena expresión”. 42 Precisamente para dar cuenta de este proceso Koch y Oesterreicher adoptaron el aparato conceptual desarrollado por Heinz Kloss (1978), que permite tender un puente entre los factores extralingüísticos históricos e institucionales que afectan la historia de una lengua, y los cambios lingüísticos y desplazamientos que se producen dentro del eje continuo de la “inmediatez/dis tan cia”. De esta forma se hicieron imprescindibles, en su modelización de la variación lingüística, conceptos valiosos
134 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 4. Conclusiones: el pluricentrismo del español aplicado a la valoración del andaluz frente al español de América 4.1. Como se advirtió al inicio, el propósito de estas páginas era mostrar la rentabilidad del marco teórico de la Lingüística de las variedades alemana, a cuya presentación se han dedicado los tres apartados anteriores, para abordar la complejidad y heterogeneidad internas del llamado español meridional.43 Nuestro punto de partida había sido la convicción de que, para la determinación del estatus para el estudio diacrónico, como el de “elaboración extensiva” (extensiver Ausbau) e “intensiva” (intensiver Ausbau) de una lengua, en el sentido de su utilización —en el transcurso de su desarrollo desde la oralidad filogenética y ontogenéticamente primaria hasta la adquisición de la escritura (medial y concepcional)— en un número creciente de tradiciones discursivas de la distancia (elaboración extensiva) y del desarrollo de los recursos lingüísticos necesarios para responder a las exigencias de la distancia comunicativa (elaboración intensiva). Dicho de otro modo, la elaboración extensiva se refiere al empleo de la variedad que experimenta el proceso de elaboración en un número cada vez mayor y en una cantidad cada vez más variada de las tradiciones discursivas o modelos textuales vigentes en una comunidad sociohistórica determinada, siempre en dirección hacia su apropiación del ámbito de la distancia comunicativa. Por su parte, con el término elaboración intensiva se designa al proceso de desarrollo por parte de la variedad que se está elaborando de estructuras que satisfagan los requisitos universales de la distancia comunicativa. Con la ayuda de estos conceptos (y del de diglosia en el sentido de Ferguson 1959) y a partir del modelo de la cadena variacional, es posible dar cuenta de la conformación diacrónica del espacio variacional de las distintas lenguas históricas de cultura, atendiendo a la expansión paulatina de estas hacia el ámbito de la distancia comunicativa, así como al proceso de consolidación de las relaciones entre distancia e inmediatez y a la consiguiente reorganización del espacio de la inmediatez (cf. Koch y Oesterreicher [1990] 2007: 196-215 para el español, y López Serena 2002). Y ello en una forma completamente opuesta a la concepción lineal de la evolución lingüística detentada por las teorías de la optimalidad o de la gramaticalización, en la medida en que, desde la perspectiva de la Lingüística de las variedades se defiende que la historia de la lengua no equivale a la sucesión lineal de una sola lengua homogénea en el tiempo, sino que más bien consiste en la “historia de todo un edificio de variedades lingüísticas, a veces copresentes en un mismo hablante, escritor o escribano y que se influyen mutuamente” (Kabatek 2003: 37). Para una historia heterogénea del español, que tenga en cuenta las diferentes tradiciones de variación dentro de la lengua, cf., por ejemplo, Oesterreicher (2005), Octavio de Toledo (2011), Pons Rodríguez (2008, 2012b, En prensa). 43 Algo que ya me había propuesto, aunque de forma mucho más sucinta, y con una finalidad ligeramente distinta, en López Serena (2011a) y que se persigue, asimismo, en López Serena (2013).
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 135 variacional de un fenómeno, lo relevante no podía ser la identidad material de tal fenómeno (ni, como vimos en la introducción, tampoco su posible procedencia genética única), sino exclusivamente la perspectiva teórica, a la que me he referido anteriormente, de la historicidad-variación lingüística (cf. supra § 1.3). Desde este punto de vista, parece claro que unos mismos fenómenos son, en andaluz, de carácter diatópico, por lo que se rehúsan en la máxima distancia comunicativa, mientras que en el español de América constituyen el estándar y se emplean, por tanto, con pleno derecho, en situaciones sumamente formales; de ahí que no sea factible postular la existencia de un único espacio variacional común para las variedades andaluzas y americanas de la lengua. Estas diferencias de estatus —y, por tanto, de hechos lingüísticos— se comprueban fácilmente cuando se registra el comportamiento de los hablantes americanos, canarios y andaluces en situaciones de máxima distancia comunicativa, algo que hoy en día resulta posible examinar gracias al reflejo que del comportamiento lingüístico esperable en tales situaciones ofrecen los medios de comunicación audiovisuales, fundamentalmente en los formatos de programación de perfil concepcional más distante. Aunque se trate del fenómeno de valoración sociolingüística más controvertida, por lo que concierne al ya mencionado estatus desigual que el seseo ostenta en América y en Andalucía, si atendemos al espejo de que la máxima distancia comunicativa hemos convenido que ofrecen los medios de comunicación audiovisuales, aún no es posible contravenir completamente el dictamen de Coseriu, quien negaba que este rasgo tuviera en andaluz y en español de América un prestigio equivalente. Efectivamente, en los formatos televisivos y radiofónicos de perfil concepcional más distante (por ejemplo los boletines informativos de la radio o la televisión) los locutores andaluces occidentales siguen prefiriendo mayoritariamente, como también los de Andalucía oriental, la distinción entre /s/ y /θ/. Por el contrario, sería difícil imaginar que esta misma solución se adoptara no ya solo en la América hispanohablante, sino incluso por parte de un locutor canario, y en este caso tanto en los medios de comunicación autonómicos como nacionales. Pues bien, para lo que nos
142 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 andaluz presenta con respecto al estándar peninsular sí que poseen el estatus de variaciones diatópicas. En otras palabras, independientemente del estatus prestigioso que determinados fenómenos de pronunciación de ascendencia andaluza como el seseo han alcanzado en América, en el caso del andaluz, y a diferencia de lo que ocurre con el español de América o de Canarias, nos encontramos con que el español hablado en Andalucía alberga rasgos que son, en efecto, materialmente idénticos a los de las modalidades canaria y americana de la lengua, pero cuyo estatus no ha alcanzado aún —y no sabemos si llegará a hacerlo alguna vez— el de un estándar alternativo al peninsular.48 a) corresponden, como estándar, en su territorio, a la lengua de la distancia, a la escrituralidad, y, por esta razón, no entran en la cadena variacional; b) como estándares constituyen obligatoriamente el punto de referencia para todas las variedades y marcas diasistemáticas en la región en cuestión, es decir, también para la variación diatópica. El último argumento deja claro que los estándares regionales americanos —en la perspectiva sincrónica— no están determinados por la norma prescriptiva europea. Para la competencia lingüística y la conciencia normativa de los hispanohablantes americanos y para la producción lingüístico-discursiva formal, la norma europea no es un verdadero punto de referencia en el uso” (Oesterreicher 2002: 282-283). En la misma idea ha insistido recientemente Elena Méndez García de Paredes en un trabajo en que advierte sobre la sinonimia de facto que la AALE establece entre los conceptos de norma panhispánica y de norma pluricéntrica, por más que se trate de un matrimonio que, al menos en principio, constituye un oxímoron: “Pluricentrismo significa constelación y jerarquización de normas estándares cada una de la cuales instituye su propia cadena variacional y sus propias marcas allí donde actúa, de manera que hechos lingüísticos estándares en su zona no pueden quedar marcados con respecto a normas estándares con las que no se corresponden. Lo estándar es complejo y admite ciertas gradaciones: hay fenómenos lingüísticos estándares en todo el ámbito hispánico, otros sólo lo son en América, otros sólo en ciertas zonas americanas, otros propios de una nación. El estatuto de estándar es lo que los hace neutros o no marcados diasistemáticamente en ese espacio variacional en el que actúan y ello debe ser tenido en cuenta en una codificación que se pretenda panhispánica” (Méndez García de Paredes 2012, quien remite a Oesterreicher 2002: 282-283). De esta misma autora, resultan asimismo de interés para las cuestiones que se tratan aquí Méndez García de Paredes (1997, 1999, 2003a, 2003b, 2008a, 2008b, 2009a, 2009b, 2011, 2013; cf. también López Serena 2011a). 48 Por emplear los términos de Oesterreicher, entre andaluz, canario y español de América habría coincidencia en cuanto a los datos lingüísticos, pero divergencias en relación con los hechos lingüísticos a los que tales datos dan lugar en los diferentes espacios variacionales de estas regiones del mundo hispánico.
López Serena • La heterogeneidad interna del español meridional o atlántico 143 Ciertamente, no parece que los andaluces hayan desarrollado una conciencia pluricéntrica con respecto a los fenómenos de variación propios, puesto que, al aplicar el modelo de la cadena variacional a la descripción y explicación de su comportamiento en la distancia comunicativa la imagen que resulta es la de unos hablantes que, en lugar de caminar hacia la configuración de una normalización o estandarización meridional diferencial, se mueven en el eje de la variación situacional que constituye una misma cadena diasistemática para todo el conjunto de hispanohablantes peninsulares (cf. López Serena y Méndez García de Paredes 2012). En el caso de los hablantes con mayor nivel de instrucción, la dinámica interna de esta variación común a todo el español peninsular se observa en sus propias producciones lingüísticas. En el de los hablantes diastráticamente menos favorecidos, que no son capaces de adecuarse a los requisitos de la máxima distancia comunicativa, la constatación del peso que el estándar peninsular común tiene también para ellos aflora, más bien, en las actitudes lingüísticas que muestran con respecto a la valoración de unos u otros rasgos, aunque su conciencia con respecto al estatus de todos ellos es siempre menor que la que manifiestan los hablantes más cultos.49 Si quisiéramos indagar en las causas de este comportamiento, tendríamos que proceder con mucha prudencia antes de atrevernos a aventurar una explicación definitiva, pero creo que, al menos en parte, la forma de actuar de los andaluces diastráticamente más altos puede tener que ver con la conciencia de la enorme diversidad interna (tanto diatópica como diastrática) que caracteriza a los fenómenos de variación propios del español hablado en Andalucía. Por esta razón, me parece preferible dar cuenta del funcionamiento discursivo de esta variación del español hablado en Andalucía, así 49 Mis observaciones a este respecto son, de momento, necesariamente vagas, y se sustentan, fundamentalmente, en comprobaciones a partir de la interacción en los medios audiovisuales, puesto que al margen de las grabaciones que nos proporcionan la radio y la televisión carecemos aún de estudios de campo sobre actitudes lingüísticas en Andalucía llevados a cabo con la profundidad y la prolijidad de recursos que precisaría tal empresa.
144 Lexis Vol. XXXVII (1) 2013 como de las apreciaciones en cuanto a su estatus que se desprenden de tal funcionamiento, a partir de un modelo que, frente al prejuicio de la estandarización diferencial que trata de ubicar la modalidad andaluza al mismo nivel que las otras modalidades lingüísticas españolas que sí conforman lenguas diferenciadas (catalán, gallego o euskera) (cf., de nuevo, López Serena y Méndez García de Paredes 2012), permite mostrar de una forma rigurosa y muy gráfica la integración de las modalidades andaluzas al espacio comunicativo y variacional del español peninsular y no al de una supuesta supranorma de un español meridional o atlántico uniforme. Referencias bibliográficas AlARCOs llORACh, Emilio 1954 Fonología española. Madrid: Gredos. AlOnsO, Amado [1951] “La ll y sus alteraciones en España y América”. Estudios 1976a lingüísticos. Temas hispanoamericanos. Madrid: Gredos, 159-212. [1939] “Orígenes del seseo americano”. Estudios lingüísticos. Temas 1976b hispanoamericanos. Madrid: Gredos, 84-122. [1953] “La base lingüística del español americano”. Estudios lingüísticos. 1976c Temas hispanoamericanos. Madrid: Gredos, 7-60. bellO, Andrés [1847- Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los 1860] americanos. Caracas: Ed. Ministerio de Educación y cultura. 1972 [Se ha consultado también la siguiente edición: Gramática de la Lengua Castellana destinada al uso de los americanos. Con las notas de Rufino José Cuervo, estudio y edición de Ramón Trujillo, Madrid: Arco/Libros, 1988]. bIbeR, Douglas 1988 Variation across speech and writing. Cambridge: Cambridge University Press. 1995 Dimensions of register variation. A cross-linguistic comparison. Cambridge: Cambridge University Press.
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