ANEXO ÚNICO PORTADA Y DECLARACIONES del TFM FECHA: 31 de Mayo del 2024 MÁSTER UNIVERSITARIO EN Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales (título del Máster) TÍTULO DEL TRABAJO DE FIN DE MÁSTER ¿Por qué somos humanos?: en busca de la singularidad cognitiva que nos distingue AUTOR DEL TFM Nº DNI o pasaporte Correo-e Carbone Costa, Franco Agustín 33116529 (Arg.)
[email protected] Con su firma, el estudiante SOLICITA, DECLARA y AUTORIZA lo siguiente: SOLICITUD DE DEPÓSITO (ANEXO IV) SOLICITO que sea aceptado el Trabajo de Fin de Máster arriba reseñado en calidad de DEPÓSITO, con objeto de poner en marcha los trámites de defensa en los plazos que correspondan. DECLARACIÓN DE ORIGINALIDAD (ANEXO I) (NRTFE: Art. 8.1) DECLARO 1. que el presente Trabajo de Fin de Máster es original e inédito y está libre de plagios; 2. que ha citado adecuadamente los textos y ejemplos tomados de otros autores; 3. que es consciente de las consecuencias académicas y/o disciplinarias derivadas del incumplimiento de las dos declaraciones anteriores, en aplicación de las normas vigentes de la Universidad de Sevilla. AUTORIZACIÓN DE CONSULTAS (ANEXO V) AUTORIZO/NO AUTORIZO que el Trabajo de Fin de Máster se incorpore al repositorio de la Universidad de Sevilla para que se ponga a disposición y consulta para potenciales interesados. Márquese una opción: X AUTORIZO NO AUTORIZO Firmado: _Carbone Costa, Franco Agustín________ DECLARACIÓN DE CONFORMIDAD DEL TUTOR/A (ANEXO I) El profesor/a D./Dña. , del Departamento de , tutor/a del estudiante autor/a de este Trabajo de Fin de Máster, EXPRESA su conformidad con su contenido y con su forma, y autoriza los trámites administrativos para su depósito y defensa. Igualmente EXPRESA no ser consciente ni responsable de posibles plagios ni del uso indebido de textos o ideas de otros autores. Firmado: ____________________________________ (el Tutor /a) FACULTAD DE FILOLOGÍA. Universidad de Sevilla. C/ Palos de la Frontera s/n 41004
1 ¿POR QUÉ SOMOS HUMANOS?: EN BUSCA DE LA SINGULARIDAD COGNITIVA QUE NOS DISTINGUE Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua. “Arte poética”, Jorge Luis Borges Índice Prólogo ........................................................................................................................... 2 El problema del tiempo ............................................................................................... 3 Introducción .................................................................................................................. 6 La memoria episódica ................................................................................................... 9 Taxonomía de las memorias ....................................................................................... 9 Los diferentes tipos de consciencia .......................................................................... 11 El caso N.N., el caso K.C. y el caso Wearing ........................................................... 12 La relación entre la memoria semántica y la memoria episódica ............................. 14 Implicaciones de las jerarquías establecidas por Tulving (1985) ............................. 15 Saber (memoria semántica) y recordar (memoria episódica) .................................. 15 Precondiciones de la memoria episódica .................................................................. 16 Comentario final del capítulo ................................................................................... 18 Mental time travel (MTT) ........................................................................................... 20 Nace el concepto ....................................................................................................... 20 Un viaje en dos direcciones ...................................................................................... 20 Componentes del Mental Time Travel ...................................................................... 26 Otras contribuciones ................................................................................................. 29 Comentario final del capítulo ................................................................................... 32 Lenguaje ...................................................................................................................... 33
2 ¿Qué es el lenguaje? ................................................................................................. 33 Características del lenguaje humano ........................................................................ 34 El lenguaje en relación con la memoria episódica y el MTT ................................... 35 El rol del hipocampo ................................................................................................. 38 La singularidad del lenguaje ..................................................................................... 39 ¿Evolución u origen del lenguaje humano? .............................................................. 40 Comentario final del capítulo ................................................................................... 44 Conclusiones y comentario final ................................................................................ 46 Un posible sistema de interfaz .................................................................................. 46 Hacia el problema de la singularidad humana .......................................................... 48 El deseo de crear ....................................................................................................... 49 Epílogo ......................................................................................................................... 54 El día más importante de la historia de la humanidad .............................................. 54 Referencias .................................................................................................................. 56 Resumen En este trabajo expongo las ideas de los estudios más relevantes realizados acerca de dos habilidades cognitivas relacionadas entre sí: la memoria episódica y el mental time travel (MTT), y trabajo su relación con el lenguaje —desde una perspectiva biolingüística—. Además de echar luz sobre los conceptos, doy cuenta del punto de vista antropocéntrico que subyace en las primeras investigaciones acerca de los diferentes tipos de memoria y el MTT. Los estudios de los últimos veinte años con animales no-humanos nos obligan a plantearnos si estamos haciéndonos las preguntas correctas en la búsqueda de la singularidad cognitiva humana. Al respecto, propongo un modelo para pensar los sistemas de memorias que contempla la evolución gradual de las habilidades cognitivas y planteo algunas preguntas para futuros estudios. Por último, me permito aventurar algunas respuestas.
3 Prólogo El problema del tiempo Imaginemos la siguiente situación: alguien se despierta, se despereza y comienza a pensar en la cama: “Me tengo que levantar. Uh, hoy tenemos reunión a las nueve. ¿Estará Mariana en la reunión? El otro día llevó masas secas de dulce de leche. Me voy a lavar la cara y a hacer un café.” Estos pensamientos en definitiva son: “Me tengo que levantar” (necesidad consciente por algo que sucederá en un futuro cercano). “Uh, hoy tenemos reunión a las nueve” (imaginación de un acontecimiento que sucederá en el futuro cercano). “¿Estará Mariana en la reunión? El otro día llevó masas secas de dulce de leche” (tanto la pregunta como la aseveración son producto del recuerdo de una reunión pasada, en la cabeza de este pensador están las imágenes de aquella reunión). “Me voy a lavar la cara y a hacer un café” (necesidades y deseos conscientes que serán saldados en un futuro cercano). Con otras palabras, en este ejemplo todos los pensamientos tienen alguna relación con el pasado o con el futuro. Así es como con total naturalidad nos desplazamos hacia a adelante o hacia atrás en el tiempo, a través del pensamiento. Hoy quiero retomar una idea que elaboré hace algunos años y escribí en mi primer libro, Bienvenido a la vida, bienvenido a la muerte. Allí el protagonista, un aprendiz de poeta, descubre que el único problema del ser humano es el tiempo, que todos los demás problemas son, en realidad, una extensión o una reformulación de este. Este poeta encuentra una “solución”: el, así llamado, momento eterno. Para coincidir en que el único problema del ser humano es el tiempo, debemos dejar de lado todos los problemas no-conscientes, es decir, aquellos que involucran a nuestras necesidades animales: las urgencias de la supervivencia. Con otras palabras, una vez saldadas estas urgencias, el ser humano se puede preocupar por otras cosas. Alguien que lleva una semana o dos semanas sin comer es capaz de cualquier cosa por un poco de comida, una pulsión interior (el hambre) lo puede llevar a hacer “locuras”. Una vez saciadas las urgencias animales, pensamos. Y cuando pensamos el 99% de las veces, como en el ejemplo anterior, estamos desplazándonos en el tiempo. De hecho, el desplazamiento (espacio/temporal) es una de las características distintivas del lenguaje humano. En los otros sistemas de comunicación animal prácticamente no hay desplazamiento (cuando lo hay, este es infinitamente menos complejo que el del ser humano). Es decir que el resto de los animales está condenado a elaborar “pensamientos” relacionados con el entorno que los rodea, con el tiempo y espacio que tienen
4 a la vista (hay algunos casos de desplazamiento en otros lenguajes, es el caso de las abejas o los delfines, pero se trata siempre de un desplazamiento para ocasiones específicas e infinitamente menos complejo que el que logra el ser humano). Nosotros constantemente estamos viajando al pasado (por ejemplo, cuando recordamos algo) o al futuro (cuando imaginamos algo que sucederá o podría suceder). Por su parte, el presente siempre será el momento de enunciación o producción de los pensamientos. El presente es el único espacio del tiempo que no podemos imaginar. Ya lo conocemos, estamos parados sobre él, no podemos crear imágenes (recuerdos) de él como hacemos con el pasado o crear imágenes (hipótesis) de él como hacemos con el futuro. Si los pensamientos conscientes son la imaginación de algún momento del tiempo distinto al presente, ser consciente no es otra cosa que ser consciente del tiempo: reconocer que estamos aquí, que hubo un antes y que habrá un mañana. Hoy día es imposible pensar que el tiempo le fue revelado al ser humano de la noche a la mañana. La consciencia del tiempo tuvo que desarrollarse en nuestra especie, necesariamente, con lentitud y en simultáneo con la complejización de nuestros pensamientos (esto es, con la complejización del lenguaje). En efecto, es probable que el desarrollo del lenguaje humano haya llevado unos cuantos miles de años, pero, a la vez, es igual de probable que su evolución haya sido exponencial. ¿Cuál es para el ser humano, entonces, “el problema del tiempo”? “El problema del tiempo” es ser conscientes. Ojo, ser conscientes del tiempo fue muy provechoso para la especie humana: nos permitió cooperar; esto es generar comunidades, confiar en el otro, reconocer y transmitir dónde hay fuentes de alimento y dónde hay peligros, sentirnos parte de un territorio, de una historia en común, de una familia, etcétera. No por nada el ser humano, siendo un ser pequeño, sin demasiados músculos ni fuerza (en comparación con otros animales), se impuso de manera inapelable sobre todas las demás especies. Pero esta consciencia que es beneficiosa para la especie es trágica para el individuo, pues nos pone cara a cara con la tragedia de la vida. Ser conscientes del tiempo es ser conscientes de nuestra finitud y de la finitud de quienes nos rodean, es elaborar deseos (proyecciones de futuro) que nos llevan a actuar en busca de la satisfacción; y si esas proyecciones de futuro realizadas en el pasado son distintas al presente que vivimos, aparece la frustración, la crisis de los 30, de los 40, de los 50… La consciencia del tiempo es la mañana, las dos de la tarde, el año 2030, la capa de ozono que se abre, la enfermedad de la abuela que empeora, las acciones que suben, las incertidumbres laborales, la alegría de los padres con sus hijos, las lágrimas del duelo, la ilusión de felicidad, el amor. La consciencia del tiempo nos define, primero como especie y luego como individuos,
5 y está presente en el primer y en el último poema escrito por el ser humano, en el primer y en el último Dios creado, en la primera y última tumba erigida. Lo contrario a percibir el tiempo, a percibir la finitud, es la eternidad: el cangrejo es eterno (parafraseo a Unamuno) porque no sabe que algún día se va a morir. No obstante, el ser humano, acaso como una medida de supervivencia, en la búsqueda de tolerar la pesada carga que supone ser consciente del paso del tiempo, inventó una especie de solución (transitoria, eso sí): la disolución del tiempo. Según creo, los seres humanos disolvemos el tiempo mediante al menos dos mecanismos: 1) la abstracción; 2) la creación de una cápsula temporal. 1) Abstraerse es dirigir nuestra atención o nuestros pensamientos a X lugar, olvidándonos del tiempo y espacio que nos rodea. Este lugar puede ser, por ejemplo, un mundo paralelo: sucede cuando nos cuentan un relato, miramos una película, leemos o escribimos un libro, pintamos un cuadro, meditamos, hacemos música o la escuchamos con atención; pero también nos puede abstraer del tiempo una persona: cuando estamos con quien amamos el tiempo desaparece, no importa nada en el mundo más que estar allí con esa persona, ya no importa si son las cinco de la tarde, las diez de la noche o las tres de la mañana. En cualquiera de estos casos, el presente es tan vívido que no hay lugar para la imaginación del pasado o del futuro. 2) La segunda forma que practicamos para escapar de la consciencia del tiempo consiste en la creación de una especie de cápsula temporal, donde hay un tiempo que existe, pero es el tiempo de la cápsula, no el de nuestra vida real. El ejemplo más evidente para comprender este concepto son los eventos deportivos (que existen, dicho sea de paso, desde que el ser humano forjó las primeras comunidades). En los eventos deportivos lo único que importa es el tiempo de ese evento. Mi equipo está perdiendo 1 a 0 y lo único que me interesa saber, a materia temporal, es cuántos minutos nos quedan para empatar el partido. ¡¿Qué más da si son las tres de la tarde o las seis de la mañana?! Cuando estamos inmersos en un evento deportivo, sea como jugadores o como espectadores, lo único que nos importa es el tiempo que acontece dentro de ese evento. A estos momentos, donde la consciencia del tiempo no existe o donde hay un tiempo paralelo, los llamo momentos eternos. Allí donde no exista la consciencia del tiempo es donde encontraremos la eternidad (pasajera); pues durante los minutos que dura el momento eterno (en la abstracción o en una cápsula temporal) somos como los cangrejos, porque desconocemos el tiempo, nos olvidamos de nuestra edad, de las responsabilidades de mañana o la semana que viene, nos olvidamos de nuestra finitud.
6 Lo triste es que en algún momento la magia se termina y debemos volver a nuestra vida, a nuestro tiempo. Ya mataron al malo de la película, ya dimos vuelta la última página del libro, el partido ya se terminó… Y el tiempo, implacable, vuelve a transcurrir, y con él, nuestros pensamientos se vuelven a insertar en la línea pasado-presente-futuro que nos define. No obstante, pienso, si reconocemos la existencia de los momentos eternos, si los detectamos, podemos tender a repetirlos. Acaso, la vida más tolerable posible sea aquella con la mayor cantidad de momentos eternos posibles. Acaso, los momentos eternos sean la única solución que encontramos a un problema que, sabemos, no tiene solución, el problema del tiempo 1 . Introducción La búsqueda de aquello que nos hace únicos como especie es una búsqueda de la biología, de la antropología, de la lingüística, de la psicología, de la sociología. Why only us?, se preguntaban Berwick y Chomsky (2017). ¿Por qué un homínido de los tantos homínidos del planeta comienza a comportarse distinto, a cooperar, a expandirse, a crear dioses, a inventar historias? ¿Qué hay en nosotros que no hay en los otros animales? En cuanto a consecuencias o resultados, la lista es fácil de confeccionar: nosotros no estamos limitados por nuestro cuerpo, nos desplazamos en vehículos que nosotros mismos fabricamos, no cazamos ni recolectamos nuestra comida, sino que formamos parte de un sistema social donde algunos lo hacen y nosotros las compramos, contamos historias, ejecutamos música, vamos a recitales, hacemos teatro, corremos por correr, usamos pieles de otros para abrigarnos, hacemos guerras en el nombre de algo llamado nación y un largo etcétera. En cuanto a causas, la lista está prácticamente vacía o, al menos, llena de interrogantes. Sabemos que hace unos 100.000 años, aproximadamente, empezamos a desarrollar un lenguaje simbólico que nos permitió generar lazos sociales sólidos a partir de ideas abstractas (Pinker 2003; Harari 2014; Berwick y Chomsky 2017). Paralelamente, nos resulta imposible concebir que tal logro haya sido posible sin lenguaje (Pinker 2003, Harari 2014, Berwick y Chomsky 2017). Todos estos descubrimientos, no obstante, aún no explican por qué y cómo desarrollamos este sistema cognitivo distintivo. 1 Este texto lo escribí como un ensayo en el año 2020. Fue un acercamiento intuitivo a los temas que hoy (2024) elaboro en este trabajo desde una perspectiva científica. La relación entre el viaje mental en el tiempo, el lenguaje y la cultura, creo, son los tres grandes temas de ese ensayo. En este trabajo me centraré en la búsqueda científica de la singularidad humana. Esta búsqueda está atravesada por el mismo problema, que ayer pensaba intuitivamente, hoy científicamente, el problema del tiempo.
7 Algunas habilidades cognitivas —como el lenguaje— por su complejidad y alcance se presentan como puntos distintivos claros entre nosotros y los animales no-humanos. A pesar de haber descubierto sintaxis en el canto de aves canoras, el lenguaje humano sigue siendo más complejo, sobre todo, en las estructuras jerárquicas que presenta y el simbolismo (Leland y Seed 2021). A su vez, intuitivamente, y relacionado con el lenguaje, uno diría que los animales no-humanos son incapaces de conceptualizar, y, con ello, de conceptualizar el tiempo, aunque sea de una manera rudimentaria. Algunos investigadores, como Endel Tulving (1927 – 2023), Michael Corballis (1936 – 2021) y Thomas Suddendorf (aún en actividad) propusieron que parte de la exclusividad humana —una parte importante— radica en la capacidad que tenemos de recordar eventos de nuestra propia vida, esto es, de reconstruir experiencias (Tulving 1985, 1993, 2002), y que esta reconstrucción es fundamental para otra capacidad, imaginar el futuro (Tulving 1985; Suddendorf y Corballis 1997, 2007) y que esta capacidad de imaginar el futuro, de anticiparnos con la imaginación de mundos posibles, ha sido tan provechoso para la evolución de nuestra especie como para decir que es la piedra angular de nuestra distinción (Suddendorf y Corballis 2007; Suddendorf 2013; Suddendorf 2023). En este trabajo expondré las ideas de Endel Tulving, quien se centró en lo que él llamo la memoria episódica, aquella que nos permite revivir experiencias del pasado (Tulving 1972, 1983, 1985), y, según él, es de dominio exclusivo de nuestra especie. Para ello, deberé explicar en qué marco teórico se presenta esta memoria, en contraposición con cuales otras y qué reformulaciones realizó el autor de su teoría, específicamente de la relación jerárquica entre un tipo de memoria y otro. A su vez, señalaré las relaciones que estable Tulving (1985) entre un tipo de memoria y un tipo de consciencia y el desarrollo ontogénico de estas (Suddendorf y Corballis 1997). Las propuestas de Tulving (1972, 1985, 1993) son el resultado del estudio de pacientes amnésicos, con lesiones en el lóbulo frontal y el hipocampo. Expondré de manera sucinta tres casos clínicos, dos pertenecientes a la literatura de Tulving (1985, 1993) y otro de Suddendorf, Addis y Corballis (2009). Estos casos evidencian que un ser humano puede saber datos, incluso de su propia vida, sin tener la capacidad de recordar, de construir una autobiografía. Al respecto, me detendré en la diferencia que Tulving (1993) establece entre las facultades de recordar y saber, por tratarse de una diferencia fundamental para comprender el límite que el autor establece entre la memoria episódica y la memoria semántica. La memoria episódica es retomada en los estudios de Suddendorf y Corballis (1997), quienes sostienen que otras habilidades cognitivas son necesarias para que esta se pueda
8 desarrollar. Con la descripción de estas habilidades cognitivas, precondiciones de la memoria episódica, cerraré el primer capítulo. En el segundo capítulo de este trabajo desarrollaré el concepto de Mental Time Travel (MTT), mencionado, acaso por primera vez, por Tulving (1985), reelaborado por Suddendorf y Corballis (1997, 2007). Esta capacidad cognitiva, según los autores, exclusiva de nuestra especie, hace referencia a la capacidad que tenemos de viajar mentalmente en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro, es decir, de recordar y de imaginar el futuro (Suddendorf y Corballis 1997, 2007; Addis, Coballis y Suddendorf 2009). Expondré, pues, las características de este viaje mental en las dos direcciones. En el análisis del MTT hacia el pasado destacaré la diferencia que proponen los autores (Suddendorf y Corballis 1997, 2007) entre recordar y responder bien al www criterion (esto es, saber qué, dónde y cuándo sucedió un evento); veremos que, en rigor, se trata de otra formulación de la diferenciación entre saber y recordar. En el análisis del MTT hacia el futuro destacaré la diferencia entre future-oriented behavior y el verdadero MTT. Para ello deberé desarrollar la hipótesis Bischof-Köhler, que propone que los animales no-humanos no pueden actuar en función de un estado mental distinto al presente. El verdadero MTT constaría de esta posibilidad de disociación entre un estado mental presente y un estado mental futuro, esto es, un yo-presente y un yo-futuro. Cerraré el capítulo con la exposición de los componentes (habilidades cognitivas) que Suddendorf y Corballis (2007) le atribuyen al MTT y con las contribuciones sobre este tema de otros autores. En el tercer y último capítulo abordaré el problema del lenguaje. Expondré qué es el lenguaje desde un punto de vista biolingüístico y cómo está constituido, según Chomsky (1988) y Berwick y Chomsky (2017). Acto seguido, definiré sucintamente ciertos componentes del lenguaje humano que, más allá de ser susceptibles a discusión y redefinición, son, en general, aceptados como tales. A partir de Corballis y Suddendorf (2007) y Corballis (2009) describiré qué componentes, o habilidades cognitivas, comparte el lenguaje con el MTT y cuál es el rol —compartido— del hipocampo en la memoria, el MTT y el lenguaje. A partir de Corballis (2009, 2019) y Berwick y Chomsky (2017), concluiré el capítulo, por tratarse de una perspectiva biolingüística la adoptada, con la presentación de dos modelos contrapuestos que buscan responder al problema evolutivo del lenguaje: el enfoque darwinista y el enfoque wallacista. El objetivo de este trabajo es, entonces, repasar —de manera condensada— las principales propuestas en torno a la memoria episódica, el MTT y el lenguaje, por tratarse de facultades cognitivas relacionadas y por ser consideradas por los autores habilidades de exclusividad
15 Tercera formulación (Tulving 1985) Un año después a esta formulación, Tulving (1985) realiza otra, ya no para modificar la relación jerárquica establecida entre la memoria semántica y la memoria episódica, sino para ampliarla. Dirá Tulving (1985) que, así como la memoria episódica es un subsistema de la memoria semántica, esta es un subsistema de la memoria procedimental. Por lo tanto, “it is impossible for an organism to possess the episodic memory without the corresponding semantic memory, and impossible for it to possess semantic memory without the corresponding procedural memory” (Tulving 1985, pág. 3). Implicaciones de las jerarquías establecidas por Tulving (1985) Por supuesto, esta relación jerárquica entre los diferentes tipos de memoria tiene su correlación con los diferentes tipos de consciencia. Por lo tanto, un organismo puede poseer consciencia anoética (relacionada con la memoria procedimental), sin poseer consciencia noética (la que implica la memoria semántica) ni consciencia autonoética (la que implica la memoria episódica) o, por ejemplo, poseer consciencia anoética y noética sin poseer consciencia autonoética. Diversos estudios con animales no-humanos y pacientes clínicos, como los antes mencionados, afirman haber comprobado esto (cfr. Tulving 1985, 1993, 2002; Suddendorf y Corballis 1997, 2007; Gardiner et al. 2002; Suddendorf, Addis y Corballis 2009). Por otro lado, según Tulving, (1985, 1993, 2002), Suddendorf y Corballis (1997, 2007), Suddendorf, Addis y Corballis y Corballis (2019) el ser humano sería el único animal que presenta los tres niveles de consciencia, o, lo que es lo mismo, los tres sistemas de memoria, es decir, el único capaz de desarrollar memoria episódica y consciencia autonoética. Conforme a esta jerarquía establecida por Tulving (1985), la memoria episódica, subsistema de la memoria semántica, se sirve de esta para construir el recuerdo, como señalan Suddendorf, Addis y Corballis (2009) —a partir del trabajo de Levine et al. (2002)—, la recuperación de la experiencia no se realiza aislada del contexto que la memoria semántica pueda proporcionar. Volveré a esta idea más a adelante. Saber (memoria semántica) y recordar (memoria episódica) La diferencia fundamental, como resultado cognitivo, entre la memoria semántica y la memoria episódica es que la primera permite u otorga la facultad de saber; la segunda, la
16 facultad de recordar (Tulving 1985, 1993). Un organismo carente de memoria episódica (o con esta afectada, como se vio en los casos antes expuestos de N.N., K.C. y Wearing) es un organismo incapaz de recordar (Tulving 1985). Diferentes experimentos de diferenciación entre saber y recordar guiaron a Tulving (1993) a afirmar que “remember judgments, based on autonoetic awareness, reflect the operation of the episodic system, whereas know judgments, based on noetic awareness, reflect the operation of the semantic system” (pág. 4). El desarrollo ontogénico de los individuos apoya esta idea, pues los niños pueden saber cosas de sí mismos y el mundo durante los primeros años de vida, pero no pueden recordar hasta que desarrollan la memoria episódica y consciencia autonoética entre los tres y cuatro años de vida (Perner y Ruffman 1995; Corballis, Suddendorf 1997). Por ello, por este desarrollo tardío de la memoria episódica y consciencia autonoética en relación con los otros tipos de memoria y consciencia, es imposible para los adultos recordar los eventos de la primera niñez —a este fenómeno se lo conoce como childhood amnesia— (Loftus 1993; Suddendorf y Corballis 1997). La facultad de recordar es, pues, un dominio exclusivo de los organismos que desarrollan el tipo de consciencia —de los tres presentados— más complejo, la consciencia autonoética (Tulving 1985). El desarrollo de esta capacidad implica una serie de habilidades cognitivas específicas, que expondré a continuación. Sin ellas, la memoria episódica, la consciencia autonoética y la concepción subjetiva del tiempo, según Suddendorf y Corballis (1997), no son posibles. Precondiciones de la memoria episódica El proceso que lleva a cabo la memoria episódica no es un proceso pasivo de recuperación, sino un proceso activo de reconstrucción que se realiza sobre la base del conocimiento general, es decir, sobre la memoria semántica (Suddendorf y Corballis 1997). El sistema de memoria episódica es un sistema complejo que, naturalmente, implica otras capacidades mentales. Suddendorf y Corballis (1997) mencionan algunas de ellas: El rol del yo (The role of the self) La memoria episódica, como fue señalado anteriormente, requiere consciencia autonoética, (Tulving 1985), es decir, que el organismo sea consciente de sí mismo. Esta consciencia, señalan Suddendorf y Corballis (1997), no se basa en el reconocimiento de uno en
17 tanto ente material (reconocimiento objetivo), sino que se basa en el reconocimiento experiencial (reconocimiento subjetivo). Para Suddendorf y Corballis (1997), un organismo poseedor de self-knowing, o consciencia autonoética, es un organismo consciente del concepto del yo y, por lo tanto, un organismo capaz de disociar el yo-presente del yo-pasado 7 . La reconstrucción del orden de los eventos (Temporal components) La capacidad de reconstrucción del pasado implica la capacidad de crear un orden cronológico de los eventos, es decir, de realizar una reconstrucción activa (Friedman 1993) 8 . Por este carácter ficcional del recuerdo es que la sensación de pasado (sense of patness) puede, incluso, no ser inherente a la memoria, sino agregada 9 . Esto explicaría, por ejemplo, lo que sucede durante los deja vú, en donde tenemos la experiencia de revivir un episodio pasado en la ausencia de un recuerdo real; o el mecanismo inverso, que consta de tener en la memoria una representación de un suceso anterior, sin recordarlo. En ambos casos, la sensación de pasado, podríamos decir, es un valor externo, agregado. (Suddendorf y Corballis 1997). Meta-representación (Meta-representation) La atribución de “pasado” (sense of patness) a un evento y organización de una serie de eventos en una línea temporal pasada implica la capacidad de formar metarrepresentaciones de los conocimientos propios (Suddendorf y Corballis 1997) 10 . Es decir, en el marco de la reconstrucción de un recuerdo, sobre una representación X (por ejemplo, yo en el parque) se debe montar una representación N, que establece que X es parte del pasado. Sobre esta estructura, construimos secuencias de eventos y las comprendemos como un recuerdo. (Suddendorf y Corballis 1997). 7 Esta definición de self-knowing implica que el mirror test, mediante el cual se testea si los animales nohumanos o los niños son capaces de reconocerse en un espejo, no es suficiente para determinar si un organismo posee consciencia autonoética. (Suddendorf y Corballis 1997). 8 Recordar es para los autores aquí presentados un acto de creación más que de recuperación. Una construcción activa, más que una recuperación pasiva. (Tulving 1985, 1993) (Suddendorf y Corballis 1997, 2007). 9 Corballis (2019) recupera, al respecto, las palabras de Neisser (2008): “Remembering is not like playing back a tape or looking at a picture; it is more like telling a story’’ (pág.88). 10 El concepto de meta-representación que Suddendorf y Corballis (1997) utilizan es el de Perner (1991). Los autores lo expresan del siguiente modo: “Meta-representation, according to Perner (1991), is representing a representation as a representation” (Suddendorf y Corballis 1997, pág. 5).
18 Atribución (Attribution) Conferirle la idea de “pasado” a un evento implica también un acto de atribución, esto es, atribuirle una experiencia a un yo-pasado. Esta facultad o habilidad cognitiva está relacionada con la capacidad de atribución de estados mentales (creencias, deseos, emociones) a otros individuos. Esta relación se manifiesta con claridad, según los autores, en la práctica social de compartir recuerdos. (Suddendorf y Corballis 1997). Comprender la relación entre percepción y conocimiento (Understanding the relation between perception and knowledge) Para reconstruir una experiencia concreta (es decir, recordar) es necesario entender que el conocimiento es el resultado de la experiencia y que esta depende de los distintos canales de sensación y percepción. Es esta línea, un organismo incapaz de establecer esta relación será incapaz de re-experimentar un acontecimiento. (Suddendorf y Corballis 1997). Estas capacidades cognitivas, entre otras, forman parte de la teoría de la mente (theory of mind). La carencia o afectación de cualquiera de estas dificulta el desarrollo de la consciencia autonoética, que permite experimentar el tiempo de una manera subjetiva —y esto, a su vez, como fue dicho, recordar eventos pasados e imaginar eventos futuros— (Suddendorf y Corballis 1997). Discurtiré esta idea más adelante. Suddendorf y Corballis (1997), en la argumentación de esta relación, aportan como dato de contraste lo que sucede en las personas que padecen autismo: “Without this subjective or inside sense of self and the accompanying theory of mind, children with autism, as was predicted, appear to be unable to mentally transport themselves into their past, re-experience the events, and see the causal relation between past and present self” (pág. 8). Comentario final del capítulo Las formulaciones (y reformulaciones) de Endel Tulving en relación con los sistemas de memoria (especialmente, la presentación de la memoria episódica, como aquella experiencial y personal que nos permite recordar) han sido indiscutiblemente útiles; sin duda, un puntapié inicial extraordinario para pensar el problema. Las investigaciones en pacientes clínicos expuestas por Tulving (1985, 1993) y Suddendorf, Addis y Corballis (2009) resultan contundentes al menos en el siguiente punto: la independencia de los sistemas de memoria
19 semántica y de memoria episódica; esto es, la posibilidad de conocer y acumular datos sin poder recordar o revivir experiencias. A su vez, la ontogenia, presentada por Suddendorf y Corballis (1997), al respecto de los diferentes tipos de consciencia, se presenta como un buen argumento, según creo, para dar por válidas las jerarquías propuestas Tulving (1985), donde la memoria episódica es un subsistema de la memoria semántica, o, al menos, no puede presentarse en un organismo que carece de esta. Pensemos en la posibilidad contraria: en términos clínicos, en la posibilidad de hallar un paciente con amnesia semántica, pero no episódica. Resulta difícil de imaginar, porque, como fue dicho, la manifestación de la experiencia (el recuerdo) requiere de datos. No obstante, tal como es presentada la memoria episódica, con las características cognitivas que implica, según Suddendorf y Corballis (1997), y las características que le atribuye Tulving (1985) y la definición de recordar de este (1993), parece ser más una interfaz, un sistema de relaciones y de creación, que un reservorio de datos, tal como se presenta la memoria semántica, de modo que utilizar el mismo término memoria para ambos sistemas me parece confuso 11 . Tal vez debamos pensar la memoria episódica como interfaz episódica o interfaz ego-temporal. Quizás los datos contextuales en aquellos pacientes amnésicos (es decir, la información semántica) está, pero falla el sistema de crear relaciones entre estos datos y la capacidad de inventar (sea para llenar los huecos semánticos, dar sentido, cubrir las motivaciones e inhibiciones psicológicas que implica el recuerdo o todo ello junto). Este proceso es, necesariamente, mediado por la concepción subjetiva del tiempo. Por ello, quizás aquello que, según los estudios presentados, radica en el lóbulo frontal y en el hipocampo sea, en realidad, no un sistema de memoria, sino la concepción subjetiva del tiempo que permite el funcionamiento de la interfaz ego-temporal que da lugar a la creación del recuerdo, a través de la relación de datos e invención. Volveré a este posible modelo, que implica repensar la relación propuesta por Tulving (1993) entre recordar y saber, y sus implicaciones más adelante. Los estudios clínicos de los últimos veinticinco años, especialmente a partir de los estudios de imagen de la actividad cerebral, apoyan la relación que existe entre la capacidad de recordar y la capacidad de imaginar el futuro (Tulving 2002; Suddendorf y Corballis 2007). Esta relación ya la había notado y expuesto Tulving (1985): “Our observations of N.N. corroborate the idea that the lack of conscious awareness of personal time encompasses both the past and the future” (Tulving 1985, pág. 5). A esta capacidad de viajar mentalmente en el tiempo Tulving (1985) la 11 Nótese que la memoria procedimental, tal como es presentada por los autores trabajados, también podemos imaginarla como un reservorio de datos, de respuestas sensorio-motoras ante ciertos estímulos.
20 denominó Mental Time Travel (MTT) y ha sido la materia de estudio de los doctores Michael Corballis y Thomas Suddendorf a lo largo de toda su carrera. En el siguiente capítulo me detendré en las características de esta facultad cognitiva. Tal vez una de las claves para comprender la singularidad humana. Mental Time Travel (MTT) Nace el concepto La primera presentación de este concepto, o al menos una de las primeras, fue la realizada por Tulving (1985) a partir del estudio del comportamiento de su paciente N.N. Tulving (1985) advirtió que aquel hombre no solo había perdido la capacidad de recordar, sino también la capacidad de imaginar situaciones futuras de su propia vida. De esto concluye: “A normal healthy person who possesses autonoetic consciousness is capable of becoming aware of her own past as well as her own future. She is capable of mental time travel” (Tulving 1985, pág. 5). Esta observación estaba en consonancia con lo propuesto por Ingvar (1983) acerca de que en el lóbulo frontal radicaban las bases de la que él denominó “memory of future” (Tulving 1985). Tulving (1993) vuelve a expresar el concepto, con la misma idea, antes de exponer el caso de su paciente K.C.: “The owner of an episodic memory is not only capable of remembering the temporal organization of otherwise unrelated events, but is also capable of mental time travel: Such a person can transport at will into the personal past, as well as into the future” (Tulving 1993). La pérdida de consciencia autonoética, entonces, parece implicar la pérdida de la concepción subjetiva del tiempo: “He [N.N.] does not percieve the present moment as continuation of his own past and as a prelude of his future” (Tulving 1985, pág. 5). Por ello, los individuos carentes de consciencia autonoética o con esta seriamente afectada, como N.N. (Tulving 1985), K.C. (Tulving 1993) y Wearing (Suddendorf, Addis y Corballis 2009), están atados al presente. Un viaje en dos direcciones El MTT implica el recuerdo del pasado y la imaginación de posibles eventos futuros. La pérdida de la capacidad de recordar, como fue señalado anteriormente, implica la incapacidad
21 de imaginar el futuro (Tulving 1993; Suddendorf, Addis y Corballis 2009). De hecho, los estudios con pacientes clínicos demuestran que ambas habilidades cognitivas se desarrollan en las mismas o similares áreas del cerebro, el lóbulo frontal y el hipocampo (Tulving 1985, 1993; Okuda et al. 2003; Carr y Viskontas 2007; Suddendorf, Addis y Corballis 2009). A su vez, la relación entre recordar e imaginar el futuro pone de manifiesto el carácter generativo del recuerdo. Reconstruir el pasado es un acto tan creativo como imaginar el futuro. Como señalé anteriormente, aunque es intuitivo, es erróneo creer que recordar se trata de un acto pasivo de recuperación de datos (cfr. Tulving 1993; Suddendorf y Corballis 1997). A continuación serán desarrolladas las características que reviste el viaje mental en el tiempo en ambas direcciones, hacia el pasado y hacia el futuro. Mental time travel hacia el pasado (recordar) A la luz del capítulo anterior, recordar es, en esencia, viajar mentalmente en el tiempo. Por su parte, la diferencia expuesta entre la facultad de recordar y la facultad de saber cumple un rol fundamental para comprender cuándo realmente se realiza un viaje mental en el tiempo y cuándo simplemente se recuperan datos. Acaso la siguiente afirmación de Suddendorf y Corballis (2007), basada en el carácter ficcional del recuerdo —y de la imaginación del futuro— , explica la raíz de esta diferenciación: “Mental time travel cannot be defined in terms of the veracity of the content” (pág. 301). Por el contrario, los datos recuperados, aquellos que uno puede llegar a saber, sí son susceptibles de un juicio de veracidad (cfr. Tulving 1985, 1993; Suddendorf y Corballis 1993, 2007). No distinguir correctamente entre recordar y saber puede llevarnos a considerar como MTT procesos que no lo son (Suddendorf y Corballis 2007). Como fue dicho con anterioridad, uno puede saber dónde nació, cuándo y qué es nacer (Suddendorf y Busby 2003) sin que ello implique recordar el evento. Y, a la inversa, uno puede recordar un evento sin recuperar (sin saber) con precisión los datos tales como dónde sucedió, cuándo, cómo y con qué participantes, tal como demuestran los estudios realizados con los llamados falsos recuerdos (false memories) (Suddendorf y Corballis 2007). Es decir, uno puede conocer muchos detalles acerca de su propio pasado, acceder a ellos a través de su consciencia noética (knowing) y memoria semántica sin la intervención de la consciencia autonoética (selfknowing) y memoria episódica (Suddendorf y Corballis 1997, 2007; cfr. Tulving 1985, 1993). En todos estos casos, ante la ausencia de self-knowing, capaz de relacionar datos con la experiencia de vida a través de la concepción subjetiva del tiempo, estos datos sobre el pasado no son más que conocimiento general del mundo (general knowledge about the world)
22 (Suddendorf y Corballis 1997, 2007). Con otras palabras, uno podría tener en su memoria semántica datos sobre su propia vida y recuperarlos (sin participación alguna de la memoria episódica), y ser estos juzgados como verdaderos o falsos, con la misma impersonalidad con la que podemos saber que 300 años antes de Cristo Alejandro Magno conquistó Egipto. Por otro lado, según Suddendorf y Corballis (2007), no hay evidencias contundentes de que animales no-humanos sean capaces de recordar. La habilidad que tienen ciertas especies para recuperar datos del pasado solo involucra a la memoria semántica y está basada en la presencia del www criterion, que será desarrollado a continuación y que llevó a Tulving (1972, 1983, 1985) a cambiar su comprensión de lo que es la memoria episódica. Qué, dónde y cuándo (www criterion) Tulving (1972) realiza una primera definición de la memoria episódica a partir de aquello que esta parece almacenar: qué evento ocurrió (What), dónde (When) y cuándo (Where). A este criterio, por las siglas en inglés, se lo denominó www criterion. No obstante, que un animal conozca qué, dónde y cuándo sucedió un acontecimiento no es suficiente para determinar que es poseedor de memoria episódica (Suddendorf y Corballis 2007). Al advertir esto, Tulving (1985) modificó su definición de memoria episódica e hizo foco, ya no en la cualidad y calidad de los datos recuperados, sino en la consciencia autonoética (self-knowing) involucrada en la facultad de recordar. Uno de los ejemplos expuestos por Suddendorf y Corballis (2007) para comprender la relación entre www criterion y la memoria episódica se basa en el comportamiento de los scrubjays (aphelocoma califórnica). Estas aves parecen saber qué han cazado, dónde lo han cazado y cuándo lo han cazado sin que medie en ello ningún tipo de consciencia autonoética. Al respecto, los autores comentan los trabajos de Clayton et al. (2003) y Emery y Clayton (2004): [There are] birds that cache food in various locations and later retrieve it. Scrub jays can select food locations not only according to the type of food, but also according to how long it has been stored. For example, they will recover recently cached worms in preference to nuts, since fresh worms are more palatable; but if the worms have been cached for too long, they will retrieve nuts, because the worms will have decayed and become unpalatable (Suddendorf y Corballis 2007, pág. 303). A este tipo de habilidad cognitiva, de manejar el www criterion sin muestras de una verdadera memoria episódica, se la denomina episodic-like memory. La episodic-like memory, señalan Suddendorf y Corballis (2007), puede deberse simplemente a un mecanismo de retroalimentación. Es decir, puede un evento A producir un
23 cambio cognitivo B (como dejar una huella de memoria, que se desvanece con el tiempo 12 ) y este un comportamiento C, sin que B presente ninguna información de A. Con todo, “the www criterion is neither necessary nor sufficient for mental time travel. Personal experience, as well as research on false memories, show that one can mentally revisit an event without accurate information as to what, where, and when, and conversely one can know what, where, and when something happened […] without remembering the event itself” (Suddendorf y Corballis 2007, pág. 302) 13 . Mental time travel hacia el futuro (imaginar el futuro) Así como es necesario distinguir entre la facultad de recordar y la facultad de saber para discriminar entre la episodic-like memory y la presencia real de memoria episódica, es fundamental comprender la diferencia entre MTT hacia el futuro y el comportamiento anticipatorio (future-oriented behavior): “Many behaviors involve anticipation of future events in some way, but need not involve the actual simulation or imagining of future events” (Suddendorf y Corballis 1997, pág. 11). Comportamiento orientado hacia el futuro (future-oriented behavior) ≠ Imaginar el futuro (MTT) Ciertos comportamientos de los animales no-humanos parecen mostrar una previsión del futuro. El ejemplo más evidente es la hibernación (Suddendorf y Corballis 1997). No obstante, los animales muestran prepararse para la hibernación incluso sin haber vivido nunca la estación para la cual se preparan, esto implica que ese comportamiento no es el resultado de una imaginación del futuro por experiencias pasadas; por lo tanto, no es un MTT (Suddendorf y Corballis 1997). Al respecto, uno de los casos más interesantes como materia de estudio de este tema es la anticipación que muestran diferentes especies a la hora de esconder alimento de posibles ladrones (Suddendorf y Corballis 2007). Las aves con experiencia en el acto de robar, por ejemplo, parecen anticipar un futuro en el que su propia comida podría ser robada y actúan en consecuencia, es decir, esconden su comida previendo un posible robo 14 . Otra anticipación 12 Al respecto, Suddendorf y Corballis (2007) sugieren revisar el estudio de Eichenbaum et al. (2005). Agrego el de Kostenkova y Nikol’skaya (2002), quienes estudiaron las huellas de memoria (Memory Traces) en ratas. La conclusión fue que las memory traces continuaban activas en el cerebro de las ratas hasta diez minutos después de su muerte clínica. 13 Según Suddendorf y Corballis (2007), son diversos los estudios realizados con scrub-jays, ratas, palomas y delfines que apoyan esta idea: la presencia de www criterion sin evidencia de memoria episódica. Sugieren para ello: Eichenbaum et al. (2005) y Zentall et al. (2001). 14 Al respecto, Suddendorf y Corballis (2007) relevan el estudio de Emery y Clayton (2001).
24 frecuente en los animales no-humanos es la de tratar los alimentos antes de almacenarlos (Suddendorf y Corballis 2007). Las ardillas de los pinos, por ejemplo, secan los hongos al sol (para que se conserven mejor) y los topos muerden los gusanos (para que estos sigan con vida pero no puedan escapar) (Suddendorf y Corballis 2007). En cualquier caso, para Suddendorf y Corballis (2007) estos comportamientos con orientación a futuro pueden ser simplemente producto de una pulsión instintiva: “Advantageous behavior can lead to evolutionary change (Bateson 2004) and can become instinctive as descendants of animals displaying the behavior face selection pressure for reliable” (pág. 305). Por otro lado, en los casos estudiados la previsión está limitada por las particularidades del hábitat de los animales, lo cual hace incomparable estas anticipaciones con el “flexible future-oriented behavior characteristic of human mental time travel” (Suddendorf y Corballis 2007, pág. 305). Paralelamente, las pruebas realizadas de comportamiento orientado hacia el futuro con chimpancés por Köhler (1925) y por Doht (1970) —estas últimas con extraordinarios resultados— 15 están, según Suddendorf y Corballis (1997), limitadas por los estados mentales presentes de los animales. A esta idea Suddendorf y Corballis (1997) la denominan Bischof- Köhler hypothesis y podría ser la clave de la diferencia entre el comportamiento orientado hacia el futuro de los animales no-humanos y el verdadero MTT. Hipótesis de Bischof-Köhler El nombre de esta hipótesis hace referencia a quienes la propusieron: Bischof-Köhler (1985) y Bischof (1985). La idea general es: solo el ser humano actúa en función de posibles estados mentales futuros. Es decir, según esta hipótesis, las acciones de los animales nohumanos, incluso presentando un comportamiento orientado hacia el futuro (future-oriented behavior) están siempre impulsadas por un estado mental presente —por ejemplo, por el deseo de beber o de comer— (Suddendorf y Corballis 1997, 2007; Suddendorf, Addis y Corballis 2009). Propongo un ejemplo cotidiano para ilustrar esta hipótesis: imaginemos que es un día caluroso y estamos por salir de casa. Antes de salir, llenamos una botella de agua y la guardamos en nuestra mochila. En el momento en que realizamos el acto de llenar la botella no tenemos 15 “Doht (1970) showed that the chimpanzee Julia was able to look several steps ahead in a sequential problem-solving task. She had to choose between two keys in a transparent box that opened further boxes with keys until she arrived at a final box that contained either nothing or a food reward. Only by choosing the right keys at each point was she able to obtain the reward. Julia learned to act, not by chance, but by determining the route leading to reward before she chose the initial key. Since each trial involved a different sequence, this learning could not be accomplished by simple chaining. Julia was able to look as many as five steps ahead in pursuit of the final goal” (Suddendorf y Corballis 1997, pág. 11)
31 ¿El lenguaje está al mismo nivel jerárquico que los demás componentes del MTT? Si bien Hurford, Flaherty y Argyropoulos (2007) señalan que probablemente la intención de Suddendorf y Corballis (2007) no fue ofrecer esta interpretación, es cierto que la presentación del lenguaje (The Broadcaster) como uno de los siete componentes del MTT parece implicar que la memoria episódica requiere, necesariamente, que se comparta sígnica o verbalmente. A su vez, Hurford, Flaherty y Argyropoulos (2007) mencionan algunos estudios con animales no-humanos que evidencian que la memoria episódica retrospectiva (retrospective episodic memory) no es una competencia única de nuestra especie. (cfr. Hurford, Flaherty y Argyropoulos 2007). ¿Cómo estudiar la presencia o ausencia de MTT? Raby, Alexis, Dickinson y Clayton (2007) se detienen en la necesidad de establecer elementos empíricos para medir la presencia o no de MTT en animales y critican la parcialidad de Suddendorf y Corballis (2007) en el análisis de los estudios que buscan determinar qué capacidades cognitivas están presentes en los animales no-humanos y cuáles no. (cfr. Raby, Alexis, Dickinson y Clayton 2007). Shettleworth (2007) también realiza la misma crítica a la parcialidad de Suddendorf y Corballis (2007) y agrega, al respecto de lo que él considera una dificultosa argumentación por parte de los autores —“the difficulty of drawing conclusions about animals’ mental experiences” (pág. 332)— que “we can only observe behavior, we can never know if animals are mentally time traveling anywhere” (Shettleworth 2007, pág. 332). Shettleworth (2007) concluye que es mucho lo que hay para investigar y estudiar acerca de los componentes psicológicos y las conductas de los animales no-humanos antes de apresurar afirmaciones como las que realizan Suddendorf y Corballis (2007). (cfr. Shettleworth 2007). En la misma línea, Sterck and Dufour (2007) responden a las aseveraciones de Suddendorf y Corballis (2007) con un comentario cuyo título es elocuente: “First test, then judge futureoriented behavior in animals”. Allí los autores sostienen que no todos los animales no-humanos están limitados al presente. (cfr. Sterck and Dufour 2007).
32 Comentario final del capítulo De las dos direcciones que implica el MTT, hacia el pasado y hacia el futuro, el trabajo de Endel Tulving se centró en el viaje mental hacia el pasado, en la capacidad de recordar y su relación con la memoria episódica y la consciencia autonoética. Michael Corballis y Thomas Suddendorf, por su parte, centraron sus estudios en las características y en la relevancia que pudo tener en el proceso evolutivo el viaje mental hacia el futuro. Al respecto de sus estudios, encuentro análogas la diferencia que proponen entre MTT hacia el pasado y episodic-like memory, por un lado, y el MTT hacia el futuro y el futureoriented behavior, por otro. En ambos casos, según ellos, lo que decide que estemos o no ante un MTT, más allá de que un organismo cumpla o no con el www criterion, es una cuestión de consciencia de estado mental e inhibición del instinto. Pues, según lo que proponen, recordar no es solo saber quién hizo qué a quién y dónde, sino atribuir estados mentales a los personajes intervinientes. Viajar hacia el futuro, por su parte, no es responder a un instinto heredado (como lo es hibernar) sino separarse de un estado mental presente para tomar una decisión, inhibición del instinto mediante. En este sentido, la hipótesis Bishof-Köhler parece ser una vara de medición pertinente que, no obstante, encuentra un límite, y pierde utilidad, si consideramos que, como señala Shettleworth (2007), nunca sabremos con certeza los estados mentales de los animales. Acaso lo indiscutible, en ambas direcciones del viaje, es que el MTT implica una separación consciente del yo-presente con respecto al yo-pasado o al yo-futuro. Esto es, como señalé anteriormente, poseer una concepción subjetiva del tiempo. Si los animales no-humanos son capaces de esta concepción o no, es un tema de investigación. Las afirmaciones de Tulving (1985, 1993) y Suddendorf y Corballis (1997, 2007) al respecto de las imposibilidades de los animales no-humanos parecen aventuradas, acaso declamadas desde una perspectiva antropocéntrica (cfr. Raby, Alexis, Dickinson y Clayton 2007; Sterck y Dufour 2007). Según creo, tal como sostiene Bar (2007), el foresight, la capacidad de imaginar el futuro, no tiene por qué ser un valor discreto, puede ser gradual, ínfimo, primitivo, si se quiere, en animales nohumanos, complejo en nuestra especie. En cualquier caso, esto dice que la concepción subjetiva del tiempo también puede ser gradual, en una escala similar. A su vez, como señala Friedman (2007), Suddendorf y Corballis, en todas sus exposiciones, parecen plantear que nuestra especie posee una asimilación ordenada del tiempo, pero el tiempo en realidad no es ni integral ni uniforme en nuestra mente. Volveré a este problema más adelante.
33 Por último, en la propuesta de Suddendorf y Corballis (1997, 2007), tal como señalan Hurford, Flaherty y Argyropoulos (2007), no es del todo claro el rol que se le atribuye al lenguaje. Algunas afirmaciones parecen contradictorias. Por momentos, Suddendorf y Corballis afirman que el MTT es posible sin lenguaje y lo precede evolutivamente (Suddendorf y Corballis 1997, 2007); por otro lado, lo incluyen en una clasificación de componentes esenciales del MTT (Suddendorf y Corballis 2007); a su vez, señalan que es la prueba más evidente de nuestra capacidad de viajar en el tiempo (Suddendorf y Corballis 1997, 2007); y aseguran que el lenguaje y el MTT se relacionan durante el Pleistoceno en un proceso de coevolución (Corballis y Suddendorf 2007). En el próximo capítulo analizaré la relación posible entre el lenguaje y el MTT. Lenguaje De los tres temas tratados en este trabajo, sin duda, es sobre el lenguaje sobre el que más literatura hay. Por ello, para pensar la relación entre este y el MTT será necesario, antes que nada, definir el lenguaje desde una perspectiva biolingüística. ¿Qué es el lenguaje? Bromwick y Chomsky (2017) exponen de manera inmejorable la perspectiva que me interesa considerar: “Sometimes the term language is used to refer to human language; sometimes it is used to refer to any symbolic system or mode of communication or representation, as when one speaks of the language of the bees, or programming languages, or the language of the stars, and so on. Here we will keep to the first sense: human language, a particular object of the biological world. The study of language, so understood, has come to be called the biolinguistic perspective.” (pág. 81). A partir de esta definición, y con el fin de profundizar en ella, guiado por Chomsky (1988) y Hauser et al. (2002), consideraré que el lenguaje consta de: a) la facultad del lenguaje (los recursos biológicamente determinados de la mente/cerebro que permiten el desarrollo de una lengua); y b) la lengua parametrizada o L-i (lengua interna desarrollada por un individuo — tenga esta las característica del español, del inglés, del navajo o cualquiera otra—). Desde este enfoque, se presupone que de manera innata todos los seres humanos poseen la facultad del lenguaje y tienen las herramientas necesarias para adquirir una L-i, sea cual sea esta, en sus
34 primeros años de vida, del mismo modo que poseen un sistema visual y la capacidad de desarrollar el sentido de la vista (cfr. Chomsky 1988; Pinker 1995; Hauser et al 2002). Características del lenguaje humano El lenguaje humano porta ciertas características que lo distinguen de los lenguajes que desarrollaron los animales no-humanos. Definiré de manera sucinta algunas de las características que portan cierto consenso dentro de la lingüística, a pesar de que hayan sido definidas, matizadas y reformuladas desde diferentes enfoques incontables veces 21 . La arbitrariedad del signo Las palabras que utilizamos para referir los entes del mundo no poseen las características constitutivas de aquello que refieren. Es decir, la palabra “árbol” no porta físicamente ninguna similitud con aquel ente compuesto por raíces, tronco, ramas y hojas, pero aun así todos los hablantes de español al escucharla o leerla comprendemos la referencia. (cfr. Saussure 1916/1986; Pinker 1995) 22 . La infinitud discreta Es la capacidad de todas las lenguas de generar un número infinito de oraciones con un número finito de piezas léxicas. El mecanismo lógico computacional que permite esto es la recursividad: la capacidad de agrupar elementos mínimos en un conjunto y luego asociar ese conjunto con otro elemento u otro conjunto, produciendo relaciones jerárquicas en un sistema que se puede extender hasta el infinito (volveré a referirme a esta habilidad cognitiva más adelante). Todas las lenguas, mediante esta operación lógica, permiten niveles de especificaciones tales como: “Pablo dijo que en el bosque donde hay un león hay comida”, donde dentro de la idea principal: Pablo dice algo, tenemos la idea en el bosque hay comida y dentro de ella en el bosque hay un león. (cfr. Pinker 1995, Chomsky 1988, Chomsky 1995). 21 Naturalmente, dar cuenta de las particularidades de cada enfoque y definición, contrastarlas y discutirlas es una tarea que excedería por completo las posibilidades de este trabajo, además de que desviaría hacia otro campo la discusión que propongo dar. 22 El carácter de arbitrariedad del signo lingüístico ha sido extensamente revisado a lo largo del último siglo. Las conclusiones, en general, sin negar la arbitrariedad, la matizan, mediante la evidencia de iconicidad y de motivación en diferentes lenguas. (cfr. Haiman 1985; Dingemanse et al 2015)
35 El desplazamiento El lenguaje humano tiene la capacidad de referir eventos y circunstancias de un espacio y tiempo distinto al presente. (cfr. Hockett 1960; Pinker 1995; Corballis 2019). La voluntad comunicativa El ser humano muestra una pulsión, aparentemente innata, a crear contenido lingüístico y a realizar intercambio de información que no es biológicamente relevante. Una corriente teórica sostiene que el lenguaje evolucionó como un medio de entretenimiento, más que como una necesidad de supervivencia (teoría del chismorreo). (cfr. Pinker 1995, Harari 2014). La creatividad Los seres humanos poseemos un impulso innato para crear. Este impulso se manifiesta en el lenguaje, por un lado, en la arbitrariedad del signo y, por otro, en el texto, en la capacidad de crear historias, ficciones, mitos. Esta habilidad y propensión a crear ficciones habría sido indispensable para establecer relaciones sociales y construir sistemas de cooperación complejos. (cfr. Pinker 1995; Suddendorf y Corballis 2007; Harari 2014). La articulación controlada Aunque las lenguas de signos pueden ser tan complejas como las lenguas habladas, la articulación controlada del tracto vocal y el sistema respiratorio es exclusiva de nuestra especie y está relacionada con el lenguaje. En definitiva, somos extraordinariamente capaces de manipular órganos que no fueron biológicamente creados para producir lenguaje, y lo hacemos de manera sofisticada y con volición. (cfr. Pinker 1995; Berwick y Chomsky 2017). Antes de discutir si estas características o componentes son exclusivos del lenguaje, expondré qué relación guarda esta habilidad cognitiva con la memoria episódica y el MTT, según Suddendorf y Corballis (2007) y Corballis y Suddendorf (2007). El lenguaje en relación con la memoria episódica y el MTT Corballis y Suddendorf (2007) sostienen que “declarative memory provides the basis for language itself” (pág. 4). Como fue dicho en el primer capítulo, la memoria declarativa es el sistema de memoria compuesto por la memoria semántica (almacén de datos) y la memoria episódica (conjunto de experiencias de la vida propia insertas en una dimensión subjetiva del
36 tiempo). A su vez, la memoria semántica, puede presentarse en un organismo carente de memoria episódica, pero no a la inversa (Tulving 1985). Los casos clínicos de N.N. (Tulving 1985), K.C. (Tulving 1993) y Wearing (Suddendorf, Addis y Corballis 2009) ponen de manifiesto que la producción lingüística es posible, incluso, con la memoria episódica seriamente afectada. Señalan Suddendorf, Addis y Corballis (2009) al respecto de Wearing: “He has sufficient short-term memory to be able to converse” (pág. 1317). Esta independencia de la facultad del lenguaje de la memoria episódica es explicada por estos autores del siguiente modo: “We can talk freely about semantic knowledge without reference to events in time” (pág. 1321). No obstante, según ellos postulan, es la memoria episódica la que nos permite (y nos permitió, en un sentido evolutivo) relacionar los eventos y conocimientos del mundo con una dimensión temporal. (Suddendorf, Addis y Corballis 2009) A juzgar por los casos clínicos estudiados, entonces, los datos de los cuales se vale una L- i para funcionar (lexicón, reglas gramaticales, representación sonora) son almacenados durante la adquisición de la lengua en la memoria semántica y de allí recuperados para la comprensión y producción. Solo esto explica la capacidad de los pacientes amnésicos para seguir produciendo y comprendiendo construcciones lingüísticas habiendo perdido la memoria episódica (cfr. Tulving 1985, 1993; Suddendorf, Addis y Corballis 2009). De aquí podemos deducir que, como la memoria episódica implica consciencia autonoética (Tulving 1985), este tipo de consciencia no es un requisito para la existencia de un lenguaje creativo y recursivo — aunque tal vez, pienso, lo haya sido para su evolución y lo sea para la adquisición—. Para Suddendorf y Corballis (2007), Corballis (2009) y Corballis (2019) el lenguaje tiene un fin comunicativo: exteriorizar estados mentales, recuerdos e imaginaciones del futuro. Explican este desarrollo a partir de la teoría de Pinker (2003), que establece que el lenguaje evolucionó para expresar “who did what to whom, when, where, and why” (Pinker 2003, pág. 27). En definitiva, compartir experiencias personales mediante el lenguaje habría reportado un beneficio individual y colectivo determinante en términos de vínculos sociales (Corballis 2009). Según esta perspectiva, el lenguaje se desarrolla (ontogénica y filogénicamente) sobre habilidades cognitivas presentes en la memoria declarativa y el MTT (Corballis y Suddendorf 2007). Según Corballis y Suddendorf (2007), es posible reconocer las siguientes características compartidas por la memoria declarativa, el MTT y el lenguaje.
37 La estructura combinatoria (Combinatorial Estructure) Los episodios que rememoramos o imaginamos poseen, en mayor o menor medida, los mismos componentes (personajes, eventos, contexto). Podemos imaginar estas categorías como cajas que serán llenadas con un contenido u otro en función del episodio en cuestión. Del mismo modo que las frases y oraciones que componemos, la singularidad de estos episodios radicará más en la combinación singular de elementos familiares que en la inserción de elementos desconocidos (Corballis y Suddendorf 2007). Generatividad (Generativity) La evolución de la memoria episódica y del MTT favoreció el desarrollo de la capacidad de creación del recuerdo y la imaginación del futuro sobre la fidelidad. Evidentemente, reconstruir el pasado e imaginar el futuro de manera tendenciosa fue provechoso para la supervivencia de nuestra especie (cfr. Pinker 1995, Harari 2014). Esta capacidad generativa es uno de los rasgos fundamentales y distintivos del lenguaje humano (Chomsky 1988) y se desarrolla mediante una operación lógica computacional denominada recursividad (Chomsky 1988, Pinker 1995, Jackendoff 2011, Corballis y Suddendorf 2007). La recursividad es el mecanismo lógico mediante el cual añadimos unas estructuras (autónomas y dependientes a la vez) dentro de otras (Jackendoff 2011). Así expresa esta habilidad Pinker (1995): “All you need for recursion is an ability to embed a noun phrase inside another noun phrase or a clause within a clause” (pág. 670). Esta habilidad es la que le aporta al lenguaje la posibilidad de producir infinitas oraciones con un conjunto limitado de elementos: “A set of rules is called 'recursive' if the rules can apply to their own output an unbounded number of times and thereby can produce an unlimited number of expressions from a finite set of primitives.” (Jackendoff 2011, pág. 591). La operación mínima de recursividad es la que el Programa Minimalista del movimiento generativista denominó operación Merge 23 (Chomsky 1995). 23 En su reformulación y búsqueda de simplificación de la teoría de la recursividad, Chomsky (1995) reduce este proceso computacional a lo que él denomina Merge u Operation Merge. Este proceso es explicado en Borwick y Chomsky (2017) del siguiente modo: “Simplest possible mode of recursive generation: an operation that takes two objects already constructed, call them X and Y, and forms from them a new object that consists of the two unchanged, hence simply the set with X and Y as members. We call this optimal operation Merge. Provided with conceptual atoms of the lexicon, the operation Merge, iterated without bound, yields an infinity of digital, hierarchically structured expressions.” (pág. 102).
38 Para algunos investigadores, como señalan Hauser, Chomsky y Fitch (2002), la recursividad es una habilidad exclusiva de nuestra especie. Otros, como Jackendoff (2011), creen que es prematuro afirmar esto 24 . En cualquier caso, Corballis y Suddendorf (2007) sostienen que la recursividad característica del lenguaje también está presente en la construcción del recuerdo y la imaginación del futuro; pues, los eventos también se estructuran en un orden jerárquico complejo: “events can be embedded in events” (pág. 15). El rol del tiempo (The role of time) Así como la memoria episódica introduce o permite la dimensión del tiempo en nuestra vida mental, señalan Corballis y Suddendorf (2007), el MTT, basado en la concepción subjetiva del tiempo, es una de las propiedades del lenguaje humano. Por ello, podemos hablar sobre el pasado y sobre el futuro. Como señalé anteriormente, a esta capacidad para referir eventos de un tiempo distinto al presente se la llama “desplazamiento” (displacement). Esta capacidad es, para Corballis (2019), la manifestación del MTT pre-existente: “This capacity may reside not in language itself, but rather in the imaginative construction of mental events” (Corballis 2019, pág. 2). Es decir, ciertas características que le atribuimos al lenguaje, como la sintaxis, la infinitud discreta, a partir de la generatividad y recursividad, y el desplazamiento no son exclusivas del lenguaje, sino que participan de otras habilidades o sistemas cognitivos. Tal vez ello explique por qué el recuerdo, la imaginación del futuro y el lenguaje activan áreas similares del cerebro, especialmente el hipocampo. El rol del hipocampo Según Corballis (2019), el hipocampo cumple un rol fundamental en “declarative memory, including episodic memory and its extension to episodic future thinking” (pág. 3). Las imágenes de la actividad neuronal ponen de manifiesto que esta región del cerebro se activa cuando las personas son sometidas a test donde deben recordar o imaginar el futuro (MTT) (Corballis 2019) 25 . Los estudios con pacientes amnésicos comprueban esto y evidencian que el hipocampo también tiene un rol determinante en la construcción, espacial y temporal, coherente de eventos (cfr. Suddendorf, Addis y Corballis 2009). La asociación del hipocampo con la consciencia 24 Al respecto, la investigación “Recursive sequence generation in crows” publicada en la revista Science en el año 2020 sostiene que la recursividad no es una habilidad única de nuestra especie (cfr. Liao et al 2020). 25 Corballis (2019) sostiene esta afirmación citando los trabajos de Addis et al. (2011) y Martin et al. (2011).
39 espacial (Suddendorf, Addis y Corballis 2009; Corballis 2019) permite suponer que la comprensión del tiempo sea (o haya surgido como) una analogía del espacio (Suddendorf, Addis y Corballis 2009) 26 . Al respecto, afirma Corballis (2019): “the hippocampal coding of space, time and context in both humans and animals” (pág. 3) 27 . No solo el procesamiento de la memoria episódica es evidente en la actividad del hipocampo, sino también el de la memoria semántica (Corballis 2019). Esta coincidencia tiene sentido porque, como fue señalado anteriormente, la memoria semántica y la memoria episódica participan de manera determinante en la construcción del pasado y en la imaginación del futuro (Corballis 2019). Paralelamente, y como es de suponer dada esta relación, el hipocampo es también un elemento crucial para el lenguaje: “The hippocampus is critical to language itself, in binding information from different sources and supplying a flexibility of operation (…) The hippocampus not only contributes to the generative and integrative aspects of language, but also provides for displacement, the power of language to refer to events removed from the present in time and space.” (Pág. 4). Esto es lo que lleva a Covington and Duff (2017), según Corballis (2019), a sugerir que el hipocampo debe formar parte del circuito del lenguaje (language network) 28 . La singularidad del lenguaje La singularidad del lenguaje no está, pues, en sus componentes constitutivos. El innatismo que se le atribuye a la FL (facultad del lenguaje) es el mismo innatismo que podemos atribuirle al MTT o a otra capacidad cognitiva similar. La arbitrariedad del signo es en definitiva la base de cualquier sistema simbólico, como el algebraico y el musical, (Pinker 1995), es decir, es una capacidad que trasciende a L-i. El desplazamiento, desde este punto de vista, es simplemente la manifestación del MTT (Suddendorf y Corballis 2007) 29 . La estructura combinatoria, parte 26 Esta relación se evidencia en el lenguaje. Suddendorf, Addis y Corballis (2009) toman de los estudios de O’Keefe (1996) algunos ejemplos de la lengua inglesa: “words such as at, about, around, between, among, along, across, opposite, against, from, to and through are fundamentally spatial, but are also employed to refer to time, although a few, such as since or until, apply only to the time dimension” (Suddendorf, Addis y Corballis 2009, pág. 1321). 27 Es destacable, al respecto de esta afirmación, cómo el autor ha matizado a lo largo de los años su seguridad al respecto de la exclusividad de estas capacidades cognitivas en los humanos (cfr. Suddendorf y Corballis 1997, 2007; Corballis 2009). Con mayor recaudo se expresa en el año 2019: “If such travels are not exclusive to humans, contrary to what Tulving believed, can we conclude that animals too are conscious of their mental time travels?” (Corballis 2019, pág. 4). 28 Otras áreas del cerebro están comúnmente asociadas a este circuito del lenguaje. Especialmente, el área de Broca, el área de Wernicke y el fascículo arqueado. (Corballis 2009). 29 Aceptar esto, no obstante, implica aceptar que el MTT precede al lenguaje (Suddendorf y Corballis 1997, 2007; Corballis 2009, 2019). Discutiré esta idea en el siguiente capítulo.
40 de la sintaxis del lenguaje, es parte de otras capacidades cognitivas, como la creación de historias y de una autobiografía (Suddendorf y Corballis 2007). La recursividad, desde el sistema combinatorio nuclear (merge) a la jerarquía más compleja, posibilitando la infinitud, está presente en otros habilidades humanas, como señalan Suddendorf y Corballis (2007), en la creación del recuerdo y en la imaginación del futuro, por ejemplo, pero, agrego, también en la creación musical, incluso desconociendo cualquier tipo de notación musical. La creatividad puesta al servicio de la construcción de estructuras lingüísticas, la invención de léxico y de textos es la misma pulsión creativa que nos lleva a utilizar objetos del mundo como herramientas, a crear nuevas herramientas y a proponer diferentes soluciones para un mismo problema (Laland y Seed 2021). Ni siquiera el sistema sensoriomotor del que nos servimos para emitir sonidos lingüísticos fue creado biológicamente para ello (Pinker 1995). Simultáneamente, a pesar de que hay áreas del cerebro asociadas con el lenguaje, ninguna de ellas es exclusiva de este, el área de Broca también interviene en la actividad motora (Corballis 2019), el área de Wernicke se activa ante estímulos musicales (Zhang et al 2017) y, como señalé anteriormente, el hipocampo está involucrado en otros procesos cognitivos, como el MTT (Suddendorf, Addis y Corballis 2007) 30 . No obstante, la combinación de estos elementos da por resultado una habilidad cognitiva tan compleja y distintiva en el mundo animal (y determinante para el comportamiento y la evolución humana), que lleva a la biolingüística a hacerse una pregunta capital: ¿de dónde viene o cómo evolucionó el lenguaje? ¿Evolución u origen del lenguaje humano? Hay dos enfoques claros y contrapuestos con respecto a la evolución u origen del lenguaje. A uno lo llamaré enfoque darwinista y al otro enfoque wallacista. El enfoque darwinista busca una explicación al origen del lenguaje que se ajuste con la teoría darwinista de la evolución donde los cambios son producto de dos procesos complementarios: la selección natural y la variación (Darwin 1859); esto implica que sean graduales: “For natural selection can act only by taking advantage of slight successive variations; she can never take a leap, but must advance by the shortest and slowest steps” (Darwin 1859, pág. 194).” Corballis (2019) expresa su adhesión a esta perspectiva: “One- 30 Dado que el lenguaje musical las características estructurales de un lenguaje (podríamos pensar, incluso, si no está, hasta cierto punto, parametrizado culturalmente como la L-i), no es descabellado sostener que el área de Wernicke es el área cerebral que parece cumplir de manera más exclusiva funciones lingüísticas.
47 En definitiva, lo que estos pacientes padecen a partir de una lesión en el lóbulo frontal y en el hipocampo parece ser más una pérdida de la concepción subjetiva del tiempo que de un módulo de memoria, y con ello de la interfaz que les permite relacionar datos, asociarlos a ellos mismos y crear información (sea para llenar los huecos, producto del olvido, o para satisfacer las necesidades emocionales/psicológicas del recuerdo). Pensándolo de este modo, la relación entre memoria semántica y memoria episódica resulta más sencilla e intuitiva que en la propuesta de Tulving (1985, 1993): todos los datos, incluso los de nuestra propia vida, forman parte de un mismo reservorio de datos (la memoria semántica). Una interfaz (cuyo elemento nuclear es la concepción subjetiva del tiempo) permite conectar los datos y reconstruir —creación mediante— las experiencias propias. Llamaré a esta interfaz interfaz ego-temporal. Esto explicaría, a su vez, los miles de otros casos no citados por estos autores en los que el paciente amnésico recupera lentamente (o, incluso, de manera epifánica) su capacidad de recordar y reconstruye con éxito su autobiografía. En estos casos, desde esta propuesta, la interfaz se ha reactivado: la recuperación de la concepción subjetiva del tiempo ha permitido al paciente volver a diferenciar entre un yo-presente y un yo-pasado, es decir, la interfaz ego-temporal ha vuelto a funcionar. Esta perspectiva ofrece también un enfoque más intuitivo y preciso, según creo, acerca de la diferenciación —sin duda, útil y brillante en su época— que Tulving (1993) realiza entre recordar y saber. Desde el punto de vista que acabo de proponer, estas no son ya facultades cognitivas opuestas; pues, recordar también implica, en la recuperación de datos, una cuota de saber. Por lo tanto, recordar y saber ya no están en un mismo nivel jerárquico. Si antes, recordar ≠ saber. Ahora, recordar = (saber + crear) 35 . Desde este punto de vista, entonces, recordar es una facultad cognitiva que depende de la interfaz ego-temporal que relaciona (conecta) lo que se sabe con la concepción subjetiva del tiempo y habilita la invención que completa el recuerdo y hace de este uno coherente — invención presente acaso porque reconocer los datos como parte de la autobiografía implica motivaciones y/o inhibiciones psicológicas 36 —. 35 Tulving (1985, 1993) y Suddendorf y Corballis (1997, 2007) sugieren esto cuando dicen que la memoria episódica depende o se vale de la memoria semántica. De hecho, el www criterion falla como prueba de MTT hacia el pasado no porque sea un criterio completamente distinto, sino porque es insuficiente. 36 Hay una ausencia total a la mención de posibles motivaciones o inhibiciones psicológicas en la construcción de la ficción-recuerdo y de la ficción-futuro (en definitiva del MTT) tanto en los estudios de Tulving (1985, 1993) como en los de Suddendorf y Corballis (1997, 2007) y Suddendorf, Addis y Corballis (2009). Por mi parte, creo que es una variable indiscutible que debe ser tenida en cuenta en futuros estudios del MTT.
48 Recordar e imaginar el futuro son ficciones que, según creo, no se pueden pensar disociadas del lenguaje y para las cuales es indispensable la concepción subjetiva del tiempo, que permite al organismo separar el yo-presente del yo-pasado y del yo-futuro. Hacia el problema de la singularidad humana Las tres facultades cognitivas que presenté en este trabajo tienen como particularidad que fueron pensadas por sus autores principales como facultades exclusivas de nuestra especie. Tal fue la conclusión de Tulving (1972, 1983, 1985, 1993, 2002) acerca de la memoria episódica y la consciencia autonoética; la de Suddendorf y Corballis (1997, 2007) acerca del MTT; y la de Corballis (2009 y 2019) y Berwick y Chomsky (2017), desde diferentes enfoques, acerca del lenguaje humano. En ninguno de sus trabajos Tulving elabora una argumentación sólida de esta afirmación ni ahonda en ello. Da por hecho esta exclusividad humana a partir de un pensamiento intuitivo. Por su parte, Suddendorf y Corballis (1997, 2007) y Corballis y Suddendorf (2007) pretenden sostener la exclusividad el MTT, y las habilidades cognitivas que supone, a partir del análisis de estudios realizados con animales no-humanos, pero he señalado las inconsistencias de estas afirmaciones, apresuradas y desde una perspectiva antropocéntrica, al juicio de Raby, Alexis, Dickinson y Clayton (2007), Shettleworth (2007) y Sterck and Dufour (2007); incluso mediante lecturas de trabajos ajenos absolutamente parciales en beneficio de las hipótesis que plantean, como señalé con el caso de la lectura que hace Corballis (2019) del estudio de Egeland et al (2018). Lo cierto es que los estudios realizados durante los últimos veinte años con animales no-humanos manifiestan que numerosas habilidades cognitivas que creíamos de exclusividad humana, incluso la propiedad fundamental del lenguaje humano, la recursividad, según Chomsky (1988, 1995), en realidad no lo son (cfr. Raby, Alexis, Dickinson y Clayton 2007; Shettleworth 2007; Sterck and Dufour 2007; Whiten y Suddendorf 2012; Laland y Seed 2021; Liao et al. 2022; Cantlon y Piantadosi 2024). El mismo Corballis (2019), como señalé anteriormente, se vio en la obligación de matizar sus afirmaciones al respecto de la exclusividad humana de estas capacidades. Con todo, es probable que esta tendencia se extienda con nuevos estudios y que los animales no-humanos nos sigan demostrando que poseen habilidades cognitivas que creíamos exclusivamente nuestras. La conclusión hoy parece ser que la singularidad humana, en realidad, surge de las conexiones y retroalimentaciones entre rasgos que no son únicamente humanos (Laland y Seed 2021), es decir, que la diferencia entre nosotros
49 y las demás especies radica más en el desarrollo de interfaces complejas que en la existencia de módulos exclusivos. Ahora bien, aun así, si juntamos a cien chimpancés en la plaza del pueblo es probable que corra sangre y si juntamos a cien humanos tal vez haya feria, música y pastelitos. ¿Por qué? Tal vez sea hora de cambiar la pregunta que nos lleva a la búsqueda de la singularidad humana como si se tratara de la búsqueda de un tesoro. Tal vez, a la luz de estas capacidades encontradas en animales no-humanos, la pregunta no sea ya ¿qué tenemos nosotros que ellos no?, sino ¿por qué nosotros desarrollamos estas capacidades a otro nivel? Quizás a simple vista no lo parezca, pero es un punto de partida radicalmente distinto. En el repaso de las capacidades cognitivas que el ser humano desarrolló de manera más compleja y sofisticada que los primates más cercanos —comenzando por la memoria episódica, el MTT y el lenguaje, pero también la fabricación y manipulación de herramientas, la resolución de problemas y el comportamiento social— hay una característica que los investigadores suelen destacar, pero que no he visto que se detuvieran en ella como el germen evolutivo de estas capacidades. Me refiero a la pulsión del ser humano a crear, al instinto a crear en diferentes campos: a crear ficciones ajenas (historias), personales (recuerdos e imaginaciones del futuro), a atribuirle usos diferentes a una misma herramienta para resolver un problema, a crear nuevas herramientas, a generar nuevas piezas léxicas, nuevas combinaciones, a generar nuevos sonidos, ritmos, música, a crear objetivos en común, a inventar álgebras, a pensar caminos alternativos hacia un destino recurrente (Laland y Seed 2021). El instinto de crear puede ser hoy un instinto porque en algún momento fue una práctica beneficiosa para la especie (y lo sigue siendo): “Advantageous behavior can lead to evolutionary change (Bateson 2004) and can become instinctive as descendants of animals displaying the behavior face selection pressure for reliable” (Suddendorf y Corballis 2007, pág. 305). ¿Pero cómo comenzó? En línea a este interrogante deberían plantearse, creo yo, las preguntas que guíen los futuros estudios en busca de comprender la singularidad humana. Sea desde un enfoque darwinista o un enfoque wallacista, la respuesta a estas preguntas probablemente nos ayuden a comprender por qué desarrollamos habilidades cognitivas presentes en otras especies a un nivel de complejidad extraordinariamente superior. El deseo de crear ¿Por qué el ser humano es creativo? ¿Cuándo empezó el ser humano a ser creativo? Al respecto, Whiten y Suddendorf (2012) exponen estudios acerca de lo que ellos llaman
50 inventiveness, capacidad creativa, generativa, en grandes simios y su conclusión es que: “we noted evidence that anthropoid primates are particularly curious and creative, and that within the primates, great apes stand out in their inventive propensity” (pág. 52). Es decir, nuevamente estamos ante una diferencia de grado: “These are thus essentially differences of degree” (pág. 52). Las pruebas de una vida simbólica, no obstante, de prácticas funerarias, de representaciones pictóricas, de manos en una cueva (hace 80.000 años – 60.000 años) son pruebas de creatividad compleja únicas en nuestra especie (Harari 2014; Berwick y Chomsky 2017). ¿Pero, qué es lo que hace que los humanos creen en estos niveles? ¿Por qué alguien crearía algo? Presentaré tres posibilidades: la urgencia, el tedio, la consciencia de la muerte. La urgencia Ante una urgencia de supervivencia, como todos los animales, un individuo trataría de sobrevivir con las herramientas que su físico e instinto le otorga. Imaginemos la posibilidad de que una chispa de creatividad en la resolución de un problema generó un cambio ínfimo y que la generación siguiente fuera ínfimamente más creativa resultó beneficioso nuevamente, y así. Es una alternativa. Aunque, tal vez sea difícil de imaginar una presión evolutiva lo suficientemente fuerte como para desarrollar esta capacidad 37 . El tedio Un cambio en la dieta de nuestra especie pudo provocar que dispongamos de más tiempo de ocio. Esta es una de las teorías de la evolución del lenguaje por chismorreo (Pinker 2003; Harari 2014). Al tener más tiempo, nuestra especie habría empezado a realizar intercambios lingüísticos y a crear historias por el simple hecho de evitar el tedio. Esta teoría, no obstante, no explica cómo el ser humano habría “descubierto” el tedio. ¿Los animales no-humanos están todo el tiempo cubriendo necesidades biológicas? Claramente, no. Tal vez, aventuro, al vivir limitados en MTT los animales no-humanos no experimenten el tedio. En cualquier caso, esta teoría es válida, creo yo, para un proceso ya avanzado de la evolución, donde la creatividad ya es instinto. 37 Este problema de la presión evolutiva es el mismo que encuentran Berwick y Chomsky (2017) para imaginar la evolución del lenguaje.
51 La consciencia de la muerte Esta me parece la posibilidad que mejor responde a nuestra pregunta. La consciencia de la muerte no necesariamente tiene que ser un pensamiento complejo, trascendental, basta con ser la consciencia de la materialidad, de que algo deja de estar, de que algo “desaparece”. Este puede ser el germen de la consciencia de la muerte, la idea de que algo que estuvo, ha dejado de estar. Y a partir de allí la concepción subjetiva del tiempo, cuyas implicaciones hemos recorrido a lo largo de todo este trabajo. La persona que puso una mano pintada en la pared de una cueva quiso dejar una huella de que estuvo allí, y el único ser que puede tener el impulso creativo de decir “estuve aquí” es aquel que sabe que no estará. En realidad, no estamos lejos de la consciencia autonoética de Tulving (1985). Pues, ser consciente de que uno dejará de estar, es ser consciente de uno como individuo. Hace algunos años escribí una novela breve donde un profesor de física se encuentra con un estudiante en un autobús. El hombre, muy entusiasmado, le cuenta a su pupilo que cree haber descubierto la naturaleza del tiempo: —Creo que hay dos tiempos. —¿A qué se refiere? (…) —El Universo que precedió al nuestro poseía su propio tiempo. Un tiempo que al igual que el tiempo de nuestro Universo tiene un inicio y un final. Con otras palabras, no hay tiempo sin inicio y final. Y cada Universo no es más que un sistema con un inicio y un final. (…) —Lo que quiero decir es que hay un algo infinito sobre el cual (o en el cual) se desarrollan distintos Universos. Cada uno de esos Universos es finito, pero ese algo es necesariamente infinito. Ese es uno de los tiempos. El notiempo de ese algo. ¿Me sigue? —Perfectamente. —Imaginemos que ese algo infinito está compuesto por toda la materia y no-materia y toda la energía de todos los Universos que suceden uno después del otro. —Lo sigo.
52 —No obstante, esa materia y no-materia y toda esa energía presente en cada uno de los Universos, cambia constantemente de forma. ¡Ese es el otro tiempo! —El tiempo en que cada conjunto de partículas cambia de forma. —En efecto. Setenta y pocos años para el ser humano promedio, diez mil millones de años (de los nuestros) para una estrella promedio. Si bien ese tiempo nos sirve para hacer predicciones, gracias, Newton —el profesor miró hacia el techo— lo que menos importa es ese número, sino que la materia, en tanto partículas, es imperecedera, puesto que pertenece al otro tiempo, a ese algo infinito. —El único tiempo medible es el tiempo de transición de esa partícula desde un conjunto a otro. —¡Exacto! A eso voy. No existe el tiempo de una partícula, solo existe el tiempo que tarda esa partícula en formar parte de otro conjunto. ¡La sustancia es imperecedera! (Carbone Costa, 2022, pág. 43) De alguna manera, el homo sapiens descubrió este segundo tiempo que menciona el profesor Uxal, tal es el nombre del personaje, es decir, el tiempo que tarda una partícula en dejar de formar parte de un conjunto para ser parte de otro. El resto de los animales, desconocedores de esto, viven el (aquí supuesto) tiempo infinito de las partículas y las energías, que sería el continuo presente de treinta segundos de N.N., K.C. y Wearing. Los seres humanos entendemos la naturaleza del conjunto, es decir, nosotros descubrimos la materia. Hablo aquí de un co-descubrimiento materia/tiempo. El descubrir la materia y el tiempo es algo tan simple como “esto que aquí está dejará de estarlo”. Nótese que esto podría explicar las analogías presentes en diversas lenguas mediante las cuales concebimos y nos referimos al tiempo a partir de nociones espaciales (Suddendorf, Addis y Corballis 2009). ¿Pero, de nuevo, por qué nosotros poseemos esta concepción subjetiva del tiempo y los animales no-humanos no? Esa debe ser nuestra pregunta. ¿Por qué no estudiar en línea con los estudios acerca de las habilidades cognitivas en animales no-humanos como estos experimentan la muerte? ¿Hay acaso una consciencia de la muerte gradual? Por otro lado, la consciencia de la muerte parece ser entendida siempre como una consecuencia y no como una causa: porque desarrollamos el MTT y el self-knowing nos enfrentamos al problema de la muerte, sostienen Tulving (1985, 1993) y Suddendorf y Corballis (2007). Propongo invertir el orden causa/consecuencia de esta relación. Incluso, pensar que, tal vez, la consciencia de la muerte fue aquello que lo aceleró todo, aquello que explica el “gran salto”, aquello que produjo el desarrollo exponencial de las habilidades cognitivas y, con ello,
53 la diferencia de grado entre nuestras capacidades y las de los animales no-humanos. Es cierto que los procesos ontogénicos y filogénicos no tienen por qué parecerse, pero cuando desarrollamos la consciencia de la muerte, entre los 14 y los 19 años de edad, ¿no hay un cambio considerable en las preocupaciones y preguntas que nos hacemos? ¿No hay un cambio en la percepción que tenemos del tiempo? ¿No empezamos, acaso, a vislumbrarlo como una línea finita y a actuar en función de ello? ¿Tal vez primero sintiendo miedo y luego justificando nuestras decisiones, acciones y creaciones? Puede ser, admito, que esté cometiendo el error de plantear conjeturas cuyas respuestas oscilan entre lo biológico y lo cultural, con más peso en esta segunda variable. De regreso a mi propuesta, concuerdo con Friedman (2007) cuando sostiene que el tiempo no aparece de manera ordenada y uniforme en nuestra memoria. Pues, si fuéramos tan hábiles en la comprensión del tiempo no nos encontraríamos diciendo “qué rápido que pasa” o llorando experiencias de hace diez años como si fueran recientes. Esta asimilación o vivencia desprolija —podríamos decir— del tiempo se contrapone con la certeza de que aquello que estará dejará de estarlo, certeza acaso guardada como dato en la memoria semántica. Debemos hablar, pues, de una concepción subjetiva del tiempo (irregular y sujeta a motivaciones e inhibiciones psicológicas —con otras palabras, la mencionada por Friedman (2007)—) y una consciencia del tiempo (certeza de que hay un presente y un no-presente —dato de la memoria semántica— ). Acaso, ambas constituyen la interfaz ego-temporal que nos permite recordar e imaginar el futuro (que no es más que crear ficciones sobre nuestra propia vida). En consonancia con la idea de gradualidad entre las capacidades cognitivas animales y las humanas, pienso que la consciencia del tiempo puede ser también una línea de diferentes longitudes. Para ciertos animales será un punto (solo existe el presente), pero otros podrán viajar en el tiempo (MTT) hacia el pasado y hacia el futuro, tal vez segundos o minutos. Nosotros, como sucede con tantas otras habilidades cognitivas (cfr. Leland y Sedd 2021), simplemente, hemos podido estirar la longitud de esa línea, tal vez gracias a la —trágica a nivel individual, provechosa a nivel social y evolutivo— consciencia de la muerte. Nosotros, mediante el lenguaje, siempre podremos imaginar el futuro en otro planeta y el pasado en Egipto, y llorar las penas de hace diez años o revivir las alegrías de la niñez como si hubieran sido hace tres minutos. La respuesta a la singularidad humana tal vez sea la respuesta a por qué tenemos el impulso de crear y la respuesta de esta: la consciencia del tiempo. Acaso encontremos confirmaciones o refutaciones a estas ideas en el ADN de una cueva, en unos cuerpos sepultados hace unos 80.000 años, en un instrumento musical de hace 70.000.
54 Esas son las piezas que debemos unir, aquellas que nos puedan decir en qué momento de la historia nos dimos cuenta de que queremos dejar algo en este mundo antes de irnos, antes de que nuestro conjunto de partículas se convierta en otra cosa. Epílogo El día más importante de la historia de la humanidad Usamos verbos en casi la totalidad de nuestras construcciones lingüísticas (sean estas expresadas en voz alta o sean silenciosas líneas de pensamiento), no obstante, le adjudicamos más valor, en cuanto a hito histórico, a la invención de la rueda. Créanme, no hay nada más ingenioso y asombroso en la historia de la humanidad que la aparición del verbo, en tanto palabra que designa un evento, un proceso o un estado. Pero, ¿debemos hablar de invención, descubrimiento o aparición del verbo cuando el producto es el fruto de miles de años de evolución cognitiva? ¿Será así? ¿A su vez, es el verbo —como se ha inquirido acerca de los números— una invención del ser humano o un descubrimiento? Imaginemos por unos minutos al verbo como el resultado de una serie de agudas observaciones. Estamos en África. Un individuo que es llamado por sus pares Mgabé está de pie frente a un integrante de su manada que acaba de morir. Mgabé lo mira de un lado y de otro, lo huele, lo toca, lo zarandea y en el momento más importante de la historia de la humanidad formula en su cabeza algo similar a no está o no es. ¿Descubre la muerte y con ello la vida? No, menos, simplemente entiende que algo ya no está y, por lo tanto, que algo fue. Pero este sencillo descubrimiento es la fundación del concepto Tiempo. Mgabé está orillas del río. Su mundo sigue siendo un mundo simple de entes materiales y cercanos que pueden ser nombrados, pero ahora ve el agua del río y se detiene en una hoja que fluye por la corriente. La pierde de vista y otra vez aparece la iluminación en su cabeza: no está. En el crepúsculo se asusta al ver que el Sol se pierde en el horizonte. Ya sabe vivir por las noches, pero por primera vez se asusta. No tiene palabras para describir esta emoción, por supuesto, pero la idea de que el Sol no está o está dejando de ser aparece en su cabeza. Es de día, el Sol volvió a salir. Mgabé, asombrado y quizá feliz, formula algo similar a: está. Entonces, pasa aquel día explicando a su par femenina, Añangá, que las cosas que los rodean están y dejan de estar, que algo que ahora es puede dejar de ser o pudo antes no ser. Esa misma tarde, Mgabé lleva a Añangá a ver el cadáver del difunto. Añangá huele el cuerpo, lo reconoce y algo parecido a una pregunta se formula en su cabeza pero dura un segundo, una
55 milésima, es una inquietud sin palabras. Recién al día siguiente, cuando el Sol asoma sobre la sabana, la iluminación aparece como una especie de grito en la cabeza de Añangá: ¡Está! Pasan los días. Mgabé y Añangá recolectan frutos y tratan de ver y oler cosas que están y “de repente” dejan de estar. Es más, tratan de predecir la “desaparición” y la “aparición” de las cosas. Y con el correr de los meses, producto de la posibilidad de predecir a corto plazo, se convierten no solo en mejores recolectores sino también en buenos cazadores. Añangá recuerda en sueños al difunto y al despertar de una pesadilla percibe una revelación: aquello fue hace mucho tiempo. Es decir: hay un estar/no estar cercano y un estar/no estar lejano; y a la vez, distingue la diferencia entre aquel ente que estuvo —el difunto— y otros que hace no mucho estaban —los peces a la mañana en el estanque— y que probablemente todavía estén en el mismo lugar. Esto es: hay un ser/estar conclusivo y otro no. Mientras Añangá va al estanque a corroborar esta nueva verdad, Mgabé, a orillas del río, nota que una predicción suya ha fallado, que algo que creyó que sería, no es; descubre, entonces, que ciertas cosas no serán con certeza, sino que podrán ser. Aquella misma tarde, Añangá enseñó a Mgabé que el tiempo permitía diferentes instancias, más cercanas o más lejanas al ahora, y Mgabé, a su vez, sugirió —con carencia de palabras y total deficiencia lingüística— la idea de posibilidad: que algo puede ser o no; es decir, que el tiempo presenta un plano de lo real y uno de lo posible o no real. Miles de años después, los lingüistas le pusieron nombre a cada una de las formas verbales que se desprenden de estas observaciones y —esa misma tarde— los estudiantes de las escuelas empezaron a repetir algo que titulaba “El paradigma verbal” como si se tratara de las tablas de multiplicar. Por otro lado, en ningún manual se hizo mención de Mgabé o de Añangá y mucho menos se reconoció al pobre difunto, cuya muerte dio el puntapié inicial a la historia de la humanidad. Lo que es peor, todavía en algunas discusiones de bar se sostiene que el gran invento del ser humano fue la rueda. De Mgabé y Añangá poco más se sabe. La versión más difundida por el norte de África dice que al descubrir que el tiempo que hacía que las cosas fueran y dejaran de ser también transcurría sobre ellos, comenzaron a temerle a la muerte —a no ser, a no estar— y que a raíz de este descubrimiento, acaso enceguecidos por la luz del Sol, inventaron a los dioses y justificaron el mundo. 38 38 Este breve relato lo escribí en el año 2019, para pensar con mis alumnos el paradigma verbal del español. Más allá de la anécdota, esta me parece una imaginación literaria más que pertinente para cerrar este trabajo. ¿Acaso, algo parecido pudo haber pasado de manera gradual durante y hace unos miles de años?
56 Referencias bibliográficas 60 Minutes Australia. (2 de Agosto de 2022). The Real 50 First Dates: Meet the man with a 30 second memory [Archivo de vídeo]. https://youtu.be/nMp_dHoodoQ Addis, D. R., & Schacter, D. L. (2012). The Hippocampus and Imagining the Future: Where Do We Stand? Frontiers In Human Neuroscience, 5. https://doi.org/10.3389/fnhum.2011.00173 Aggleton, J. P., & Brown, M. W. (1999). Episodic memory, amnesia, and the hippocampal–anterior thalamic axis. Behavioral And Brain Sciences, 22(3), 425-444. https://doi.org/10.1017/s0140525x99002034 Ainslie, G. (2007). Foresight has to pay off in the present moment. Behavioral And Brain Sciences, 30(3), 313-314. https://doi.org/10.1017/s0140525x07001987 Bar, M. (2007). The continuum of “looking forward,” and paradoxical requirements from memory. Behavioral And Brain Sciences, 30(3), 315-316. https://doi.org/10.1017/s0140525x07002002 Beran, M. J., Perdue, B. M., Bramlett, J. L., Menzel, C. R., y Evans, T. A. (2012). Prospective memory in a language-trained chimpanzee (Pan troglodytes). Learn. Motiv. 43, 192–199. doi: 10.1016/j.lmot.2012.05.002 Berwick, R. C., & Chomsky, N. (2017). Why only us: Language and Evolution. MIT Press. Bischof-Köhler, D., & Bischof, N. (2007). Is mental time travel a frame-of-reference issue? Behavioral And Brain Sciences, 30(3), 316-317. https://doi.org/10.1017/s0140525x07002014 Borges, J. L. (1967). El hacedor. Cantlon, J. F., & Piantadosi, S. T. (2024). Uniquely human intelligence arose from expanded information capacity. Nature Reviews Psychology, 3(4), 275-293. https://doi.org/10.1038/s44159-024-00283-3 Carbone Costa, F. A. (2022). La otra cara del amor. Buenos Aires: Ed. Hojarasca. Carbone Costa, F. A. (14 de enero de 2023) El problema del tiempo. Aunque sea un homo sapiens. Disponible en: https://medium.com/@facarbonecosta/el-problema-del-tiempo-d816725cc16e Carr, V. A., & Viskontas, I. V. (2007). A unique role for the hippocampus in recollecting the past and remembering the future. Behavioral And Brain Sciences, 30(3), 319-320. https://doi.org/10.1017/s0140525x0700204x Chomsky, N. A. (1988). El lenguaje y los problemas del conocimiento. Trad. Claribel Alegría y D. J. Flakoll. Universidad Nacional de La Plata. Chomsky, N. A. (2006). Biolingüística y capacidad humana. DOAJ (DOAJ: Directory Of Open Access Journals). https://doaj.org/article/37d97c2e610741589caefb6993a0d299 Corballis, M. C. (2009). The Evolution of Language. Annals Of The New York Academy Of Sciences, 1156(1), 19-43. https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2009.04423.x Corballis, M. C. (2013). Mental time travel: a case for evolutionary continuity. Trends Cogn. Sci. 17, 5–6. doi: 10.1016/j.tics.2012.10.009 Trends Cogn. Sci. 17, 5–6. doi: 10.1016/j.tics.2012.10.009 Corballis, M. C. (2019). Language, Memory, and Mental Time Travel: An Evolutionary Perspective. Frontiers In Human Neuroscience, 13. https://doi.org/10.3389/fnhum.2019.00217 Corballis, M. C., y Suddendorf, T. (2007). Memory, time, and language. What Makes Us Human, 17-36. https://espace.library.uq.edu.au/view/UQ:137612 D’Argembeau, A., y Van Der Linden, M. (2007). Emotional aspects of mental time travel. Behavioral And Brain Sciences, 30(3), 320-321. https://doi.org/10.1017/s0140525x07002051 Darwin, Charles. 1859. On the Origin of Species. London: John Murray De Saussure, F. (1986). Course in General Linguistics. Open Court Publishing. Dingemanse, M., Blasi, D. E., Lupyan, G., Christiansen, M. H., & Monaghan, P. (2015). Arbitrariness, Iconicity, and Systematicity in Language. Trends In Cognitive Sciences, 19(10), 603-615. https://doi.org/10.1016/j.tics.2015.07.013 Egeland, C. P., Domínguez-Rodrigo, M., Pickering, T. R., Menter, C. G., & Heaton, J. L. (2018). Hominin skeletal part abundances and claims of deliberate disposal of corpses in the Middle Pleistocene. Proceedings Of The National Academy Of Sciences Of The United States Of America, 115(18), 4601-4606. https://doi.org/10.1073/pnas.1718678115 Eichenbaum, H., y Fortin, N. J. (2005). BRIDGING THE GAP BETWEEN BRAIN AND BEHAVIOR: COGNITIVE AND NEURAL MECHANISMS OF EPISODIC MEMORY. Journal Of The Experimental Analysis Of Behavior, 84(3), 619-629. https://doi.org/10.1901/jeab.2005.80-04 Emery, N. J., y Clayton, N. S. (2001). Effects of experience and social context on prospective caching strategies by scrub jays. Nature, 414(6862), 443-446. https://doi.org/10.1038/35106560