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When memories take a stand: cultural memory and mediations Introducción al número monográfico: Cuando las memorias toman posición. La memoria cultural y sus mediaciones Miguel Vázquez Liñán (Universidad de Sevilla) [[email protected]] Rubén Díaz López (Universidad Pablo de Olavide) [[email protected]] E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 2018, 15, pp. 23 - 26 Los semióticos de la Escuela de Tartu Juri Lotman y Boris Uspensky definieron la cultura como la “memoria no hereditaria de la comunidad”; es decir, una memoria que no se transmite a través de los genes, sino mediante un sistema de símbolos hecho de prescripciones y contradicciones, de restricciones y conflictos. Esto que Aleida Assmann, entre otros, llama “memoria cultural”, se disputa a través de prácticas sociales que denominaremos mediaciones: procesos de circulación cultural que ocurren entre las producciones de sentido institucionalizadas y las apropiaciones que se hacen desde los usos de las gentes del común. Como argumenta Aline Sierp en su aportación a nuestra sección Claves, subyacen complejas dinámicas en la toma de posiciones de la instituciones europeas. Por ejemplo, a la hora de recordar y conmemorar el fin de la Guerra Fría, distintas memorias culturales han tomado posición. Para intentar explicar por qué se eligió el 23 de agosto de 1939 como “Día Europeo de Conmemoración”,
Miguel Vázquez Liñán / Rubén Díaz López 24 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 23-26] E-ISSN: 2173-1071 en lugar del 9 de noviembre de 1989, Sierp recurre al análisis de estas fechas como “lugares en el tiempo donde la memoria cristaliza y se segrega” (lugares de la memoria) y como momentos “de agitación y de transformación en la esfera pública, surgidos de un amplio abanico de géneros y de contextos para cambiar la forma en la que se conmemora el pasado” (acontecimientos de la memoria). Lugares y momentos en donde se aborda y dirime el “pasado divisorio de Europa”, al tiempo que Sierp nos dispone a pensar si la UE debe promocionar una sola visión o múltiples perspectivas de los hechos históricos. Para saber (para ver, para comprender) hay que tomar posición, dice Didi-Huberman en el texto en cuyo título se inspira este monográfico. Y esa toma de posición, prosigue el pensador francés, siempre implica al menos dos movimientos: un acercamiento y una separación. Si aproximarse tiene que ver con el deseo, con el vértigo, casi con la exigencia de situarse en el presente, distanciarse es comprender que toda toma de posición “no existe más que sobre el fondo de una temporalidad que nos precede, nos engloba, que apela a nuestra memoria hasta en nuestras tentativas de olvido, de ruptura, de novedad absoluta” (Didi-Huberman, 2008). Si tradicionalmente los usos políticos de la memoria han seleccionado, estabilizado y tratado de neutralizar el pasado de forma intencional e interesada (un pasado común que se debe preservar y conmemorar, un pasado del que sentir orgullo y por el que se toma partido), las memorias que toman posición se movilizan y evolucionan a partir del impacto de los afectos reprimidos (Freud, Benjamin, Warburg), desvelando “un pasado aún vivo, plural y a contratiempo, activándolo para desestabilizar los autismos del presente” (Martín-Barbero, 2011). El redescubrimiento del trauma y la toma de conciencia de las heridas históricas (esto es, el paso de la narrativa del triunfo a la narrativa de la cicatriz, del lugar del heroísmo al lugar del sufrimiento de la víctima), cuando no encuentra reconocimiento en las figuras, iconos y símbolos institucionales (ya sea por censura, des-interés político o ignorancia), terminan supurando y exponiéndose a través de la cultura popular que se reproduce en lo masivo, o de lo masivo que se inscribe en lo popular (ya que las mediaciones son un desplazamiento de ida y vuelta). Así lo vemos en la correspondencia epistolar de Chris Campanioni (Cuba), en las construcciones desde el trauma a través del cine de Rithy Panh, que analiza Álvaro Martín Sanz (Camboya), en las excavaciones arqueológicas y el entorno urbano de Berlín en la Topografía del Terror, que estudia Eloise Florence (Alemania), o en el desplazamiento de
introducción INTRODUCCIÓN AL NÚMERO MONOGRÁFICO: CUANDO LAS MEMORIAS TOMAN POSICIÓN 25 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 23-26] colonizador a víctima de la guerra del Pacífico a través de la mediación de un monumento como lieu de mémoire (Tamara Breugelmans, Países Bajos). A diferencia del uso político de la memoria, que toma partido por la memoria común (una memoria-una, una memoria-cliché, de “sentido común”, cerrada en tanto que es la única versión autorizada y canónica), las memorias que toman posición sobreviven diseminadas y están construidas a base de interconexiones, de puntos compartidos pero únicos, un amasijo innumerable de monumentos, señales, huellas invisibles, victorias y derrotas (Delgado, 2008). La potencia de estas memorias no es en lo que han devenido, sino lo que han de devenir, y lo que podrían haber devenido. Son memorias que no aspiran al poder, pero lo retan mediante la desfiguración del orden del tiempo que las políticas de la memoria y sus formas institucionales se encargan de fijar. La memoria se ha convertido en un territorio controvertido y contradictorio, amenazada no sólo por la supresión ni por la censura, sino por la superabundancia de información (Todorov), así como por el “imperio de la instantaneidad” (Reyes Mate) al que se somete una industria de los relatos convertida en fábrica de presente, que aceleradamente pierde su conciencia sobre el pasado. Esta sensación de ruptura entre pasado y presente en una época de déficit de conciencia histórica y de amnesia generalizada, tiene su contrapunto en el entusiasmo nostálgico por un pasado sobrerrepresentado de lo que se ha llamado la “era de conmemoración”: la expansión de museos memoriales y ciudades-museo, laturistizaciónde espacios de la memoria, la fascinación por los diseños retro yvintage, la revalorización de los mercadillos de segunda mano, el auge de la novela y las series históricas en la televisión. Si bien las políticas mediáticas de la memoria habitualmente ayudan a articular una “memoria común” (que a menudo se corresponde con la memoria nacional) que se patrimonializa, mercantiliza y/o fetichiza, lo cierto es que el pasado nunca escapa a la disputa. Siempre queda algo, por pequeño que sea, que “permanece después de un proceso de destrucción, y precisamente ese algo da testimonio de una desaparición, al mismo tiempo que resiste contra ella, puesto que se convierte en la oportunidad de su posible memoria”. Así lo explica (citando también a Didi- Huberman) Daniuska González en su trabajo sobre el “testimonio ficcional” de Voces de Chernóbil. Crónica del futuro, de Svetlana Alexiévich. Las memorias nunca pertenecen a un solo tiempo, sino que son una confrontación, a veces latente, una coexistencia de tiempos distintos en tensión.
Miguel Vázquez Liñán / Rubén Díaz López 26 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 23-26] E-ISSN: 2173-1071 Se trata por tanto de pensar la memoria como palimpsesto, comocollage, y no como narrativa lineal. Cualquier retal de memoria puede ser útil para tomar posición, para acercarnos y distanciarnos al mismo tiempo de un pasado que es a menudo insoportable, pero con el que debemos aprender a convivir. Bibliografía –––––– Assmann, A. (2011). Cultural Memory and Western Civilization: Functions, Media, Archives. New York: Cambridge University Press. –––––– Delgado, M. (2008). Lo común y lo colectivo. El espacio público como espacio de y para la comunicación. Madrid: Medialab Prado. Disponible en http://medialab-prado.es/mmedia/0/688/688.pdf –––––– Didi-Huberman, G. (2008) Cuando las imágenes toman posición. Madrid: Antonio Machado –––––– Lotman, Y. y Uspensky, B. (1978). “On the semiotic mechanism of culture”. En New Literary History 9(2): 211–232. Disponible en http://faculty. georgetown.edu/irvinem/theory/Lotman-SemioticMechanism-1978.pdf –––––– Martín-Barbero, J. (2011). El país que no cabe en el museo de doña Beatriz. Recuperado de: http://www.revistaarcadia.com/impresa/articulo/el-pais- no-cabe-museo-dona-beatriz/25905 –––––– Mate, R. (2013). La piedra desechada. Madrid: Trotta. –––––– Todorov, T. (2013). Los abusos de la memoria, Barcelona: Paidós.