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26/11/2008 12:14 PMRev.Elect.Interuniv.Form.Profr., 5(4) (2002) (ISSN 1575-0965) Página 1 de 7http://web.archive.org/web/20041220233729/www.aufop.org/publica/reifp/articulo.asp?pid=211&docid=980 21 de Diciembre de 2004 AUFOP Asociación Estatuto Órganos colegiados Hacerse socio XI CONGRESO REVISTA INTERUNIVERSITARIA Consejo de Redacción Último Número Números publicados Normas de publicación REVISTA ELECTRÓNICA Consejo de Redacción Último Número Números publicados Normas de publicación RECURSOS ENLACES Revistas Webmaster Navegadores 4.0 y superiores Resolución 800 x 600 » AUFOP » R.E.I.F.P. » números » revista electrónica interuniversitaria de formación del profesorado, 5(4) » artículo Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado Continuación de la antigua Revista de Escuelas Normales D.L. VA-369-99 ISSN 1575-0965 Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 5(4), (2002) Tipo y trayectoria de consumo de droga, edad de inicio y comportamiento violento en jóvenes andaluces Rivero Cuadrado, Marcos; Marín Sánchez, Manuel & Infante Rejano, Eduardo Universidad de Sevilla Resumen: Abstract: Las relaciones existentes entre el tipo de abuso de droga y el tipo de comportamiento violento manifestado en poblaciones jóvenes son variadas y complejas. El objetivo de esta investigación de ámbito autonómico es el de determinar el grado en el que el abuso de alcohol, bien solo o combinado con otras drogas (marihuana, cocaína, heroína), esta asociado a conductas violentas en jóvenes. Un total de 816 jóvenes andaluces tomaron parte en la recogida de datos consistente en cumplimentar medidas de autoinforme. Los resultados indican que las formas de consumo que más inciden en la manifestación cuantitativa y cualitativa de conductas violentas aparecen en jóvenes reincidentes y policonsumidores. De esta manera, los consumidores exclusivos (monoconsumidores) e iniciados de alcohol y marihuana manifestaron un 43% de las conductas violentas analizadas, mientras que los reincidentes y policonsumidores (combinaciones de drogas) lo hicieron con el 71% o más de ellas. Se constata que el abuso de alcohol es “puerta de entrada” para el consumo combinado con drogas cuya ingesta, raramente en monoconsumo, se asocia con las conductas más violentas en sociedad. Análisis de genero indican que el policonsumo reincidente es significativamante más habitual en hombres que en mujeres, aunque ellas parecen adelantarse en el abuso de alcohol y marihuana. La edad de inicio en el consumo de drogas resultó ser una variable predictora de futuros consumos y actos violentos, de forma que los jóvenes más violentos comenzaron a consumir alcohol hasta 3 años antes (14,5 años) que el resto de la muestra. Finalmente, el grupo control, o de jóvenes abstinentes, mostró un 28% de conductas violentas, tales como insultar o golpear a otros lo que nos alerta del bajo umbral sociocultural asociado a los actos agresivos. Relationships between different types of drug abuse and specific type of violent behavior are varied and complex among youngsters. The purpose of this regional investigation is to determine whether the level of drug abuse, both alone or in combination with other drugs (marijuana, cocaine, heroin), is associated with violent behaviors in youngsters. A sample of 816 andalusian youngsters between 15 and 29 years old took part in a self-reported data collection process. Results indicated that the forms of drug comsumption that are most related to violent behaviors are found in those who relapse into and combine (policonsumption) drugs. Therefore, monoconsumers of alcohol or marijuana showed 43% of the described violent behaviors compared to the 71% or more shown by policonsumers. Alcohol seems to represent a “starting point” to mix it with other drugs whose abuse is associated with the most violent acts. Gender analysis indicated that men are significatively more relapsed policonsumers than women, but these latter are overtaking in alcohol and marijuana abuse. The onset age of drug abuse has been identified as a significant variable in foreseeing oncoming consumptions and violence. The most violent youngsters where those that started on alcohol abuse up to three years before the rest of the groups (14,5 years old). Finally, group control or abstinent youngsters, showed 28% of the violent behavior such us insulting or hitting others. This fact should alert us from the low sociocultural threshold placed on aggressive acts. Descriptores (o palabras clave): Faltan palabras clave en castellano e inglés
26/11/2008 12:14 PMRev.Elect.Interuniv.Form.Profr., 5(4) (2002) (ISSN 1575-0965) Página 2 de 7http://web.archive.org/web/20041220233729/www.aufop.org/publica/reifp/articulo.asp?pid=211&docid=980 INTRODUCCIÓN Las sociedades avanzadas están presenciando un fuerte ascenso de actos vandálicos en la población joven. La entrada en el nuevo siglo, caracterizada por una pérdida de valores socioculturales tradicionales, parece mermar la ya débil estabilidad emocional y comportamental de los jóvenes La edad de inicio de consumo de alcohol se sitúa en los 12 años, y la de inicio de consumo de drogas en los 13. Según datos del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de EEUU (DANI), el 93% de los adolescentes tiene alguna experiencia con el alcohol al final de su enseñanza reglada, y el 6% bebe a diario (Anderson, 1995). Las encuestas españolas al respecto muestran un panorama similar. Así, según el Instituto de la Juventud, el 36,4% de los adolescentes españoles entre 14 y 16 años bebe alcohol de forma habitual los fines de semana y casi el 47% de los comprendidos entre los 16 y 19 años. Castillo Manzano (1997), sobre una muestra de 2.500 jóvenes mayores de 12 años, indica que la edad media de inicio al consumo de alcohol es a los 16,8 años, la de cannabis, a los 18,4 años, y la de heroína, a los 20,9 años. Numerosas investigaciones han constatado empíricamente la estrecha relación entre el consumo de drogas y la conducta delictiva (Collins, 1988; Lipsey, Wilson, Cohen y Derzon, 1997; Allen, Moeller, Rhoades y Cherek, 1997) o criminal (Murdoch, Pihl y Ross, 1990; Young, 1997). Sin embargo, los estudios realizados hasta la fecha no han podido determinar asociaciones claras entre el tipo de droga consumida y el tipo de comportamiento violento elicitado. La mayoría de estos estudios (Clayton y Tuchfeld, 1982; Anglin y Speckart, 1988; Friedman, 1998) asumen que los actos violentos realizados sobre personas son más frecuentes en aquellos individuos que abusan de las drogas "duras" (ej. Cocaína, heroína), mientras que el comportamiento delictivo menos violento (aquel que actúa sobre la propiedad) es más habitual en consumidores de alcohol y drogas "blandas" (ej. Marihuana). Sin embargo, existen investigaciones recientes como la de Martín, Bryant y Fitzgerald (2001) que indican todo lo contrario. Estos investigadores encuentran que el consumo de alcohol y marihuana se asocia, a diferencia del consumo de cocaína, con ofensas personales violentas. Efectivamente, existen evidencias empíricas que sitúa el consumo frecuente de alcohol como uno de los factores más determinante en la aparición de homicidios u otros actos violentos (Collins, 1988; Wierzorek, Welte y Abel, 1990; Parker y Rehbun, 1995). Los resultados obtenidos por Dawkins (1997) relativos a una muestra de adolescentes recluidos, se inclinan hacia esta hipótesis. De esta manera, en relación con la cocaína o la marihuana, el abuso de alcohol correlacionó significativamente con el 91% del conjunto de actos violentos frente al 57% de aquellos. El análisis realizado por Lempp en 1979 sobre 80 casos de homicidios indicó que la influencia de bebidas alcohólicas en los agresores sólo pudo constatarse en el 49% de los casos, aunque dicha influencia fue la misma tanto para conductas violentas (delitos sexuales) como no-violentas (robos). En la investigación longitudinal de Lindenbaum, Carroll, Daskal y Kapusnick (1989), la presencia del consumo de alcohol en actos relacionados con el crimen violento fue de 6,2% frente al 80,3% hallados en el abuso de drogas ilegales. En el 80% de los sujetos alcohólicos evaluados por Schukit y Russell (1984) que presentaban un mayor historial violento, se constató un consumo significativamente mayor de otras drogas ilegales que de alcohol. En un intento por resolver la inconsistencia de estos hallazgos, Yu y Williford (1994) elaboran un modelo que especifica las relaciones entre criminalidad y uso de alcohol u otras drogas en términos de secuencia evolutiva. De esta manera, estos autores confirman empíricamente que el consumo temprano de drogas legales (alcohol, tabaco) induce al consumo temprano de drogas ilegales (cocaína, marihuana) que, consecuentemente, provoca una participación en actividades criminales. Como indican Simonds y Kashani (1980), el tipo de abuso de drogas por parte de un agresor es un predictor más significativo que la cantidad de droga específica consumida. En apoyo a esta idea, Miller (1996) nos advierte de la necesidad de controlar cuidadosamente el abuso exclusivo de sustancias debido a que el análisis conjunto del consumo de diferentes drogas podría enmascarar las verdaderas relaciones existentes. El objetivo de la presente investigación se dirige a determinar la influencia del consumo de determinadas drogas en la aparición de conductas agresivas o violentas. En concreto, se desea determinar el rol único y combinado del alcohol, las drogas blandas (cannabis, hachís, marihuana) y las drogas duras (cocaína, heroína, LSD) frente a dos conjuntos de comportamientos o actos violentos (ofensa a la propiedad y ofensa a las personas). Especial atención será otorgada a la edad de inicio en el abuso de alcohol como predictor del consumo combinado de drogas ilegales. Así mismo, y en consonancia con la literatura revisada (Steffensmeier y Allan, 1996; Friedman, 1998; SAMHSA, 1999), se analizarán las diferencias de género en el tipo de consumo y el tipo de conducta violenta. METODOLOGÍA Muestra y procedimiento Un total de 816 adolescentes andaluces tomaron parte en la recogida de datos consistente en medidas autoinforme. El 50,7% eran hombres y el 49,3% mujeres. La edad media fue de 21,75 años (dt = 4,00) con un rango de (15-29) 14 años. El nivel de estudios actual de los encuestados indicó que el 10,7% de ellos carecía de titulación educativa alguna, el 22,3% estaba en posesión del titulo de EGB/ESO, un 28,8% ya terminó Bachiller / COU y un 4,5%, BUP, el 7,1% poseía la titulación de C.F. Grado Medio / F.P.I, el 7,6%, la de C.F. Grado Superior / F.P.II, mientras que aquellos que ya eran diplomados y licenciados suponían el 8% y 8,1%, respectivamente. En relación con la ubicación provincial, el 25,6% de los encuestados residía en Sevilla provincia, el 22,4% en Málaga, un 13,5% en Cádiz, un 10,5% en Córdoba, otro 10% en Granada, un 7,1% en Almería, el 5,8% en Jaén, y el 5% restante, en Huelva capital. Los datos fueron recogidos durante los meses de Mayo a Septiembre del 2001, por un grupo de encuestadores, formados previamente por el profesorado especializado. La técnica utilizada para la
26/11/2008 12:14 PMRev.Elect.Interuniv.Form.Profr., 5(4) (2002) (ISSN 1575-0965) Página 3 de 7http://web.archive.org/web/20041220233729/www.aufop.org/publica/reifp/articulo.asp?pid=211&docid=980 selección del sujeto encuestado fue la de muestreo por cuotas, atendiendo a las variables de provincia, género y edad. La cumplimentación de los cuestionarios se realizó en diversos escenarios de forma individual, anónima y siguiendo fielmente las instrucciones propias de las medidas autoinformes. Instrumentos de medida Tipo de conducta violenta: La variable dependiente tipo de conducta violenta fue evaluada a través de una serie de preguntas en relación con la ocurrencia de determinados comportamientos violentos: (1) vandalizar o destrozar objetos; (2) participar en desorden público; (3) insultar; (4) amenazar gravemente; (5) atracar; (6) golpear a alguien; y (7), dañar a alguien con arma. Estas categorías fueron agrupadas para análisis posteriores en varios grupos: (I) ofensa a la propiedad, que incluye a la primera categoría de vandalizar; y (II), ofensa a las personas, que subclasifica al resto de las categorías en violencia de tipo verbal o psicológica (insultar, amenazar, y atracar) y física (golpear y dañar con arma). Para la medición de esta variable se utilizaron dos criterios cuantitativos: . 1 Prevalencia: se define como el historial de conductas violentas realizadas por un individuo durante su vida. Se operativizó en función de una escala de frecuencia: 0= nunca; 1= alguna vez (=iniciados); 2= varias veces (=reincidentes). . 2 Incidencia: se define como la manifestación de conductas violentas en los últimos 12 meses. Esta medida quedó operativizada a través de la frecuencia numérica. Tipo de consumo: Los sujetos entrevistados fueron clasificados según la/s sustancia/s que consumían (criterio cualitativo) y la intensidad de dicho consumo (criterio cuantitativo). Las preguntas formuladas aludían al consumo de tres grupos de sustancias: (1) alcohólicas; (2) cannabinoides; y (3) drogas duras (heroína, cocaína, LSD,...). Las posibilidades de respuesta se realizaban sobre una escala de frecuencia de (0) nunca; (1) alguna vez (=iniciados); y (2), varias veces (=reincidentes). El resultado de combinar el tipo de droga (3 variables, 7 combinaciones posibles) con frecuencia de consumo (2 últimos valores) agrupó a la muestra en 14 grupos con dos posibles niveles: iniciados y reincidentes. En los grupos combinados, se incluyeron en la categoría de reincidentes todos los casos en los que apareciera reincidencia, aunque sólo fuera en un tipo de droga. Además, un 17% de la muestra, que no indicó consumo pasado alguno, fue utilizado como grupo control (abstinentes). En la tabla 1 aparece la distribución de los sujetos según estas diferentes condiciones. Lo primero que se aprecia en dicha tabla es la distribución tan desigual que se produce en los diversos grupos, de tal forma que la muestra queda descrita principalmente por consumidores exclusivos de alcohol - en sus dos niveles de intensidad (grupos I y II)-, de iniciados en cannabinoides (grupo III), de consumidores de alcohol más cannabinoides -en sus dos niveles (grupos VII y VIII)-, y de la combinación de todas las drogas en el caso de reincidentes (grupo XIV). Dado que la frecuencia del resto de las condiciones posibles no supero el 1%, serán estos grupos los únicos incluidos en nuestros análisis. El tamaño final de la muestra fue de 768 sujetos. Iniciados Reincidentes Grupo % Grupo % 1. Sólo abuso alcohol (ALC) I 19,4 II 8,3 2. Sólo abuso cannabinoides (CAN) III 1,6 IV 0,5 3. Sólo abuso drogas duras (DD) V 0 VI 0,2 4. Caso combinado ALC+CAN VII 9,6 VIII 21,6 5. Caso combinado ALC+DD IX 0,4 X 0,6 6. Caso combinado CAN+DD XI 0,1 XII 0,4 7. Caso combinado ALC+CAN+DD XIII 0,9 XIV 16,7 Nota: Grupo control = 17% de la muestra. Tabla 1. Distribución de la muestra por las posibles condiciones en relación con la variable tipo de consumo. Edad de inicio: Para cada uno de los 3 grupos de drogas se solicitaba a los sujetos que indicaran la edad de inicio en el consumo o abuso con el fin de incluirla como segunda variable independiente. Trayectoria de consumo: Finalmente, utilizando la variable anterior, podremos hallar la trayectoria de consumo en cada uno de los grupos de consumo combinado de drogas (grupos VII, VIII y XIV). Otras variables incluidas en el estudio se refirieron al sexo, la edad, el nivel de estudios, la ciudad de residencia, la edad de inicio en cada tipo de comportamiento violento y la incidencia actual en el consumo general de drogas, operativizada por medio de una escala de frecuencia de 4 puntos: (1) 0 = no ha consumido / usado nunca; (2) 1= alguna vez (ocasionalmente); (3) 2= varias veces (frecuencia mensual) (4), 3= muchas veces (frecuencia semanal). RESULTADOS Características de los grupos de consumidores
26/11/2008 12:14 PMRev.Elect.Interuniv.Form.Profr., 5(4) (2002) (ISSN 1575-0965) Página 4 de 7http://web.archive.org/web/20041220233729/www.aufop.org/publica/reifp/articulo.asp?pid=211&docid=980 La tabla 2 muestra las características de los siete grupos de consumidores seleccionados para las variables sexo, edad media y nivel de estudios. Se utilizó en contraste no paramétrico de KruskalWallis para el estudio de las diferencias halladas en cada variable. A pesar de que la distribución de la muestra fue equivalente en la variable sexo, hombre y mujeres muestran patrones de consumo específicos. Las mujeres aparecen más representadas en el grupo control, de abstinentes, con cerca del 67%, pero también en los grupos iniciados de consumo abusivo de alcohol (63,3%), cannabis (69,2%), y de alcohol más cannabis combinado (57,7%). Por el contrario, son los varones los que muestran un perfil de consumidores reincidentes tanto en abuso de alcohol (64,7%) como en el abuso combinado de alcohol más cannabis (59,1%). Consecuentemente, en la ultima condición de abuso reincidente de los tres grupos de drogas la presencia de los varones es muy evidente (73,5%). La distribución sexual en relación con la variable tipo de consumo fue estadísticamente significativa al 99% (h= 51,93, p=0,00). · Control I II III VII VIII XIV N = 139 158 68 13 78 176 136 Sexo Hombres Mujeres 33,1 66,9 36,7 63,3 64,7 35,3 30.8 69,2 42,3 57,7 59,1 40,9 73,5 26,5 Edad media (dt) 20,1 (4,16) 22,8 (3,90) 22,0 (3,91) 21,0 (4,42) 22,3 (3,98) 21,6 (3,75) 21,5 (3,71) Claves: I/II= Sólo alcohol, 2 niveles; III = Sólo cannabinoides; VII/VIII = alcohol+cannabinoides, 2 niveles; XIV = todas las drogas. Tabla 2. Distribución porcentual de la muestra en relación con la variable de sexo y edad media del grupo. La edad media de los jóvenes mostró variaciones significativas en relación con los diversos tipos de consumo a un nivel de confianza del 95% (h=12,6, p=0,027). Los consumidores de alcohol (grupos I y II) y aquellos otros iniciados en el abuso combinado de alcohol con cannabis (grupo VII) pueden ser identificados como los más mayores en edad, superando la media muestral de 21,7 años. Comportamiento violento según tipo (o grupo) de consumo La gráfica 1 permite observar las diferencias halladas en la incidencia de abuso de drogas e incidencia en la conducta agresiva en relación con los tipos de conducta violenta. Para facilitar la lectura, se utilizó la agrupación de violencia hacia la propiedad, y violencia a las personas (psicológica o física) en la variable dependiente. Se constata que los policonsumidores, aquellos de consumo combinado de los tres tipos de drogas, emiten mayores niveles de conducta violenta con especial énfasis en los ataques hacia la propiedad (0,70). En este grupo, la incidencia de conductas violentas en los últimos meses es diferencialmente mayor (0,39) que el resto de los grupos. Concretamente, estos jóvenes tienen de 2,1 a 7,2 veces más probabilidad de estar consumiendo droga. En el mantenimiento de este comportamiento violento podría estar involucrado la incidencia actual en el abuso de drogas. Los grupos que muestran mayor historial de violencia poseen diferencialmente mayores índices de consumo de droga. Es posible indicar que para el mantenimiento de las conductas violentas propias del grupo de policonsumidores, se hace necesario consumir de 1,9 a 13,2 veces más en relación con los índices de consumo de los restantes grupos. En general, aquellos de consumo combinado consumen hasta 6 veces más que los monoconsumidores en alcohol o cannabis (0,82 frente a 0,13). Todas estas diferencias entre grupos de consumidores en relación con las variables incluidas en el estudio fueron estadísticamente significativas al un nivel de confianza del 99%. En general, las conductas violentas aumentaron diferencialmente en aquellos grupos reincidentes en el consumo y sobre todo, en policonsumidores. El insulto se incrementa diferencialmente en los consumidores reincidentes de alcohol y en aquellos que lo combinan con otras drogas, mientras que golpear a otros, comportamiento que implica una acción motora, aparece con más frecuencia en este segundo grupo. Precisamente es, en este tipo de consumo múltiple de drogas, en el que se producen con más incidencia el resto de comportamiento violentos y casi con exclusividad, aparecen en él las conductas más violentas: asalto a personas y daño con arma. Especial atención merece el grupo de consumidores reincidentes de alcohol y cannabis, quienes presentan una frecuencia importante en desorden público y vandalismo, comportamiento habitualmente de carácter colectivo. Las mujeres, en comparación con los hombres, muestras medias significativamente menores en todos los casos, aunque estas diferencias se difuminan en el caso de los policonsumidores. Para el caso de las mujeres, no aparecen diferencias entre tipo de consumo y las conductas de insultar o dañar con algún arma, siendo la primera muy habitual en todos los casos (0,65) y la segunda, prácticamente inexistente (0,02). Gráfica 1. Media escalar acumulada de la emisión de conductas violentas según los diversos tipos de consumo de drogas, y niveles de incidencia (escala 0-2). Por otro lado, la edad de inicio en el consumo de drogas duras se relacionó significativamente con el 100% de las conductas violentas. En relación con el consumo de alcohol, se aprecia un descenso general del historial de conductas violentas a medida que la edad de inicio aumenta. Las diferencias halladas entre las categorías de edades fueron significativas al 99% en todas las conductas violentas. La única conducta que mostró una cierta resistencia al descenso fue el vandalismo con un aumento entre los 11 y los 14 años. En el consumo de cannabinoides, las diferencias halladas fueron todas significativas al 99% con excepción del insulto a alguien (F= 1,82, p= 0,12), conducta que puntuó siempre más alto que las demás (media de 0,90). De nuevo la franja
26/11/2008 12:14 PMRev.Elect.Interuniv.Form.Profr., 5(4) (2002) (ISSN 1575-0965) Página 5 de 7http://web.archive.org/web/20041220233729/www.aufop.org/publica/reifp/articulo.asp?pid=211&docid=980 de edad de 11 a 14 años se mostró especialmente resistente para las conductas de desorden público y daño con arma. En el consumo de drogas duras, también se confirma la trayectoria de descenso general en el comportamiento violento a medida que aumenta la edad de inicio. Las medias escalares obtenidas son más elevadas en todos los tipos de conducta. Sin embargo, las diferencias no son estadísticamente significativas en las conductas de desorden público (F= 1,97, p= 0,13), golpeo a otros (F= 2,23, p= 0,06), insultos (F= 0,67, p= 0,61), o amenaza grave (F= 2,19, p= 0,07). Estos resultados están indicando que los jóvenes van a manifestar en estos tipos de conductas una violencia alta y más constante independientemente de la edad de inicio en el consumo de las drogas. La categoría de edad 11-14 años, vuelve a destacar como periodo de exacerbación de conductas violentas actuales. DISCUSIÓN En contra de la tendencia en investigaciones sobre drogadicción de evaluar sujetos varones y recluidos, la presente investigación ha analizado una muestra estratificada de carácter mixta y norecluida de jóvenes andaluces. La muestra fue evaluada a través de pruebas autoinformes con el propósito general de determinar la asociación entre consumo abusivo de determinadas drogas, bien aisladas o en combinación, con determinadas conductas violentas. El tipo de consumo de drogas de la muestra seleccionada ha permitido identificar a 7 grupos (incluido grupo control) de consumidores iniciado y reincidentes. Los primeros resultados descriptivos han indicado que los varones presentan un historial de abuso de drogas más intenso y reincidente en comparación con la mujeres. Estos datos hallan su explicación en los procesos de socialización diferencial a nivel sexual, que otorga a los varones mayor permisividad a manifestar comportamientos agresivos. Sin embargo, hay que destacar la presencia mayoritaria de mujeres entre los consumidores iniciados de alcohol, cannabis y ambas drogas combinadas. Parece ser que la liberación femenina se manifiesta también en la conducta violenta a través del ámbito de las drogodependencias. En relación con la incidencia del consumo de drogas sobre la conducta violenta, se constata que los grupos o tipos de consumidores mixtos son más prolíficos a mostrar conductas más violentas que los monoconsumidores (alcohol, cannabis). En especial, la combinación comportamentalmente más destructiva se halla en aquellos individuos que consumen con frecuencia drogas blandas y duras con la ingesta de alcohol, y que hemos denominado policonsumidores. Este grupo presentó una incidencia de consumo diferencialmente mayor a otro grupo y, al menos, con el doble de probabilidad de manifestar conductas violentas. Estas diferencias podrían deberse a los efectos habituales de las propias sustancias ingeridas. Tanto el alcohol como los derivados del cannabis son sustancias depresógenas, cuyo consumo habitual genera depresión y ansiedad combinadas; los efectos psicofisiológicos de las drogas duras, por el contrario, incluyen más a menudo cuadros de hiperactividad, agitación y aceleración mental (León Fuentes, 1996). Por otro lado, los iniciados en cannabis han mostrado un historial violento menor en comparación con los iniciados en alcohol e, incluso, con el grupo control. Desgraciadamente, este grupo es el menor en tamaño, lo que indica que su monoconsumo - consumo en solitarioes infrecuente, tendiendo a estar presente en combinaciones de consumidores reincidentes. La intensidad en el consumo también es un factor a considerar. Los grupos reincidentes se mostraron más violentos que los iniciados, independientemente del tipo de droga consumida. En la determinación del papel del abuso crónico del alcohol en la manifestación de conductas violentas debemos indicar que su monoconsumo es más elevado que en el de otras drogas y que por lo tanto resulta difícil distinguir entre efectos parciales. De esta forma, un 27,7% de la muestra lo consumía en exclusividad frente a un 2,5% en el caso de las otras drogas. Dicho de otra manera, los efectos del alcohol sobre el comportamiento se ven enmascarados por los efectos de otras drogas que lo combinan. No es infrecuente que consumidores de drogas ilegales recurran al alcohol para potenciar lo efectos de las drogas o las sustituyan (León Fuentes, 1996). De cualquier forma, el abuso de alcohol en los grupos iniciados y reincidentes se asoció con el 43% y el 71% de las conductas violentas estudiadas, respectivamente. Además, su relación con la violencia más elevada (atraco y daño con arma) fue prácticamente nula. Su consumo reincidente con derivados del cannabis se asoció con el 71% de las conductas violentas y con el 100% al combinar ambos con otras drogas (duras). En apoyo a la hipótesis de la secuencia evolutiva (Yu y Williford, 1994), la edad de inicio resultó ser una variable importante en la génesis de la conducta violenta. Se ha comprobado que aquellos jóvenes de inicio precoz en alcohol inciden pronto en el consumo de drogas primero blandas y luego, duras, cuya relación con actos violentos es mayor. Cuando el inicio es más tardío, entre los 17 y los 18 años, el pronostico es más optimista (grupos I y II), dato este que coincide con aquel presentado por Hingson, Heeren y Zakocs (1999). En comparación con otros estudios (Castillo Manzano, 1997) hemos constata una edad de inicio en el consumo de un año menos para el alcohol (16 años), el cannabis y derivados (16,5 años) y las drogas duras (17,4 años). La franja de 10 a 14 años se a mostrado especialmente sensible en el inicio de trayectorias problemáticas en el consumo de drogas con especial resistencia en el consumo de drogas duras. Estas variables comentadas, tipo de consumo y edad de inicio en el consumo han explicado entre un 17 y 25% de la violencia manifestada por la muestra. Si continuamos el análisis del rol de las drogas en la génesis de conductas desadaptativas conviene incluir registros sobre la forma y la cantidad de droga consumida, ya que los efectos fisiopsicológicos dependen de ello (León Fuentes, 1996). En la relación consumo-violencia existen otras variables, de tipo personal, o interno, que también podrían estar influyendo. Nuevas investigaciones deberían incluirlas en el análisis atendiendo además los factores psicosociales que generan reacciones de desequilibrio social. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ALLEN, T.J.; MOELLER, F.G.; RHOADES, H.M. & CHEREK, D.R. (1997). Subjects with a history of drug dependence are more aggressive than subjects with no drug use history. Drug and Alcohol Dependence, 1-2 (46), 95-103.
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