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In memoriam Jorge Palacios

Ruiz Rivera, Julián Bautista

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 IN MEMORIAM JORGE PALACIOS Julián B. Ruiz Rivera Universidad de Sevilla El pasado diciembre falleció en Bogotá el Dr. Jorge Palacios Preciado quien, para los que no le conocieran, fue el mayor luchador por recuperar la memoria del país, que no es tarea baladí en Colombia. No en vano permaneció como Director del Archivo General de la Nación más de diecisiete años en dos períodos distintos. Ya sería meritoria en sí misma esa labor de rescatar, organizar y poner a disposición de todos los ciudadanos, especialmente de los investigadores, la memoria escrita y representada de la nación, pero en él se unió el haber llevado a término la construcción de un ejemplar edificio para albergar la documentación y los cuidadores de la memoria colectiva, dotado de todos los medios materiales y técnicos a su alcance para hacerlo digno de admiración, con la colaboración del ingenio del arquitecto Salmona. La memoria de Jorge Palacios irá sin duda unida a la memoria del país a la que contribuyó tanto a potenciar. Jorge Palacios ha sido un gran profesional como historiador y como gestor. Después de licenciarse en la Universidad Nacional de Colombia y ejercer como profesor, vino a la Universidad de Sevilla a doctorarse con una tesis sobre La trata de negros por Cartagena de Indias bajo la dirección del Dr. Francisco Morales Padrón. En poco tiempo era ya Rector de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Tunja, Director del Archivo Nacional de Colombia en Bogotá y, a partir de 1989, de forma ininterrumpida Director del Archivo General de la Nación. Durante cuatro años, 1995-1999, fue Presidente de la Asociación Latinoamericana de Archivos. En todas esas altas responsabilidades pudo desempeñar una tarea eficaz gracias a su talento para analizar los problemas y diseñar los proyectos de solución, pero aún más como resultado de su honradez personal, sabiendo que no se debía a nadie y que su trabajo tenía la retribución establecida y ninguna más. Al contrario, él daba todo su tiempo a las tareas encomendadas y me consta, porque lo hablamos más de una vez, que arrastraba una cierta frustración por no poder dedicarse a su vocación de historiador 1   como hubiera deseado, al tener encomendadas las tareas de gestión en beneficio de su país, tanto en la universidad como en el repositorio más importante de Colombia. Aun con escaso tiempo a su disposición, no se perdía las sesiones de la Academia Colombiana de Historia de la que, naturalmente, fue Miembro Numerario. No quiero dejar de mencionar su amor por Sevilla. De su primera y larga estancia con motivo del doctorado, la ciudad le había cautivado tanto que se hizo la promesa de no morirse sin volver a verla. Claro que volvió varias veces y me confesaba, cuando se debatía en los primeros momentos ante la sospecha de que albergaba una gravísima dolencia, que el primer salvavidas al que intentó echar mano fue justamente aquella promesa de que no podía morir sin volver a Sevilla, aunque inmediatamente se dio cuenta de que aquella coartada estaba quemada por los varios viajes que le habían traído a su ciudad tan querida. Y volvió, ya con la enfermedad, a despedirse de ella. Fue capaz de evitar las tentaciones en que no pocos caen. El talento y el éxito no le endiosaron ni el poder le corrompió. El mejor elogio de él es nunca haber oído a nadie hablar mal de Jorge. Por encima de todo, de su saber hacer, de su consejo prudente, de su paciente escucha a todo el mundo, de su capacidad de análisis, de su finísimo sentido del humor, de su generosidad, por encima de todo, fue un hombre bueno, en el sentido más pleno y humano del término. Ahí le salía su hombre boyacense tranquilo, profundo y fiel amigo. No cabe duda que Colombia ha perdido a un destacado hijo, aunque al propio tiempo lo ha ganado para la galería de sus hombres ilustres. 2 