Curso de política constitucional
Full text
.11 CURSO DE POLÍTICA CONSTITUCIONAL ESCRITO POR BENJAMIN CON:áTANT, CONSEJERO DE ESTADO DE FRANCIA TRAPUCIPO LIBREMENTE AL ESPAÑOL POR D MARCIAL ' ANTONIO LOPEZ, DEL COLEGIO DE ' ABOGADOS DE MADRID 9 INDIVIDUO DE NUMERO DE LA SOCIEDAD '.A.I.AGONESA DE MEATO DE LA DE GRANADA Y OTRAS 9 Y DIPUTADO DE LAS CORTES ORDINARIAS • TOMO TERCERO. MADRID, IMPRENTA DE LA COMPANIA, por su mente don Juan José Sigilenza y Vera 1820.
.104'1~~4:1*~4~4.4§1114-c41 P ntar las calamidades y los que acompañan á. una contra-revolucion completa, no es hacer su crítica, sino por el contrario elojiar un gobierno que ha tenido la felicidad 6 sabiduría de evitar semejante plaga. Solicitado mucho tiempo hacia para que imprimiese mi Ensayo sobre la contra-revolucion de Inglaterra del año de 166o, he creido que ya podía ceder sin inconveniente al deseo que muchas per-' sonas me han manifestado. Y así como he quitado de la impresion de las Reacciones políticas todo aquello que solo era aplicable á uña forma particular de gobierno para no conservar sino lo que es bueno en todos éllos , como los argumentos contra la arbitrariedad la violencia, la
4 injusticia, y el desprecio de las leyes ó el de los efectos de la naturaleza; he suprimi, do tambien de la obra que va á leerse todo lo que podria indicar alguna cosa menos conforme al establecimiento ysub- sistencia de una monarquía constitucional, No temo decir francamente lo que siento sin añadir ni quitar lo mas mínimo: cuando teníamos la república , no quería de ningun modo el que volviésemos al ' estado monárquico, porque este tránsito me parecia que debia ser precedido de una contra-revolucion, la peor especie de revolucion posible, como dijo muy bien el célebre Mr. Fox; pero en el dia nada mas deseo sino que seamos fieles á la monarquía constitucional; porque si ésta lo es realmente, podemos encontrar en élla una libertad , suficiente, que es lo que h , a sido y será siempre el objeto de todos mis trabajos. f
)41em2e=e=1 ENSAYO SOBRE LA CONTRA-REVOLUCION DE INGLATERRA. L a república inglesa llegó á verse pot tierra; y el mismo , pueblo que durante nue- ve arios habla sostenido contra Cárlos I una lucha obstinada y sangrienta , no contento todavía con los privilegios que había adquirido, y no creyendo que le habian sido restituidos los derechos que le habían sido robados por dos especies de tiranía, se precipitaba con entusiasmo en la esclavitud. Los restos del Largo Parlamento, reunidos en conVencion, consumian los últimos momentos de su existencia en unas servilidades expiatorias . En medio de las proclamas enfáticas , en las que se anunciaba á los pueblos de Inglaterra que Cárlos II iba á volver, ellos echaban lejos de sí toda idea de Constitu cion mitigada de un limite S
6 al poder real, y de un pacto entre el Rey y el pueblo. La ciudad de Londres manifestaba al Rey su sorpresa y el reconocimiento de que se dignase hacer gracia á la nacion , y protestaba que esta nacion culpable jamas se hubiera atrevido á imaginar tal exceso de bondad: E1 ejército, la armada y todas las corporaciones civiles y religiosas se confundian en expresiones de arrepentimiento y en protestas de obediencia. Los ajentes de Cromwell corrían á postrarse delante de Cárlos II: los instrumentos de la us:urpacion iban tambien á saludar la monarquía; y todo pareció ya haberse acabado. Ingoldsby, uno de los jueces del Rey, pero que declaraba haberle condenado contra su. conciencia (1) y que por merecer su gracia se habia apresurado á cargar de hierros á sus antiguos amigos (2) ; el avaro y pérfido Monk, el caballero Ashley Cooper (3) , el mas vil cortesano del protector, que le había estado instando siempre para que se proclamase rey, (4) se distin- (1) Chrendon, pan. III. pag. 763. (2) Hume X. p. 367. (3) Despues conde de Shaftsbury, y lord Canciller. (4) Burnet, vol. I. pag. 136 edicion de Edimburgo, número 1758.
guían en esta procesion de esclavos por la bajeza de sus homenages. Nadie se atrevía á reclamar: los defensores de la libertad detenidos, ocultos A fugitivos esperaban en silencio la amnistía que debía consolidar su oprobio, y las muertes que ellos preveian muy bien que debian suceder á esta misma amnistía violada. El pueblo aturdido con el ruido de los cañones y con el sonido de las campanas, y deslumbrado con una pompa inusitada, llenaba las calles con unos gritos tumultuosos, y no veia en este cambio repentino sino una ocasion de entregarse sin reserva al embrutecimiento de la embriaguez y al exceso de la licencia. Aquellos sobre todo que de alguna manera se habían hecho notables en tiempo de la república, pensaban, como dice Burnet ( 1 ), no poder desarmar mejor las desconfianzas sino distinguiéndose por la grosería de sus placeres y por la ostentacion de sus desórdenes. Esperaban que la disolucion de sus costumbres pareciese la mejor garantía de que en su alma no quedaba la menor chispa de libertad. Bajo estos auspicios fue como Cárlos II subió al trono en 2q de mayo de 166o en medio del aplauso universal , de las aclamaciones de ( I ) Burnet , t. I. p. 130.
8 una inmensa multitud , , y á la vista de un parlamento prosternado y abatido enteramente (i). Todo anunciaba un reinado clemente; tantá sumision y tanta idolatría debían desarmar el alma mas sombría y vengativa. Cárlos era jóven, criado en la desgracia, lejos del poder que todo lo corrompe; sus modales eran dulces, su entendimiento sumamente delicado, su elocuencia persuasiva, sus maneras francas y seductoras. Él se haba manifestado hasta entonces amigo del placer que endulza el carácter, compañero de sus cortesanos mas bien que rey, amante generoso, fiel amigo , y señor indulgente y de fácil acceso < 2) . Cuantos le rodeaban hablan prometido públicamente el apartar de si toda idea de severidad yde venganza . En una declaracion solemne que había precedido y facilitado la restauracion; la alta nobleza, los caballeros, el clero, y todo el partido del último Rey, hablan anunciado el olvido mas completo de todas las divisiones pasadas, y pedido que hasta el nombre de todas las facciones que habían existido quedase se- (/) Wnse la respuesta de la Cámara de los Comunes al Rey. Clarendon , part. III. p. 758. () Véime á, 'Jume al cap. XII. p. 64, y á Burnet en el t. 1. p. 14 3 , y en el. II. p. 463.
9 pultado bajo los fundamentos del edificio constitucional (I). Tales eran los presagios de dulzura y de paz de este nuevo reinado: y sin embargo un pgco mas adelante vamos á ver sucesivamente que desaparecen estos presagios, y que l& tranquilidad, la seguridad y la vida se quitaban aun á aquellos que pectian gracia; y vamos á ver tambien que la naturaleza violenta de una contra-revolucion la llevó al extremo sin que lo pudiera impedir el carácter del Monarca, ni todas las barreras que se habia tratado de oponer á la, reaccion de la venganza. El primer acto del rey Cárlos fue una proclama, en la que mandaba á los jueces de su padre presentarse en las prisiones en quince dias bajo la pena de no ser comp'rehendidos en la amnistía que se preparaba (2). Diez y nueve obedecieron , y los demas se dispersaron : de éstos se prendió á algunos, ótros se escaparon. El parlamento entonces se ocupó de la amnistía: no harémos mencion de las proposiciones violentas hechas de todas partes por hombres ansiosos de reparar lo que habian hecho ( 3 ). En medio de esta es- (1) Clarendon , part. In. p. 753. (2) Hume , 11. 6. (3) Hume , XL 6.
Y6 don profunda de los escoceses ('). Parecia que estaba al abrigo de toda acusacion por dos actos de perdon, el úno sancionado por Cárlós I en 16 4 1, y el ótro por Cárlos II (z) en 1651. Su hijo el lord Lorn labia sido en todos tiempos el mas celoso defensor de la monarquía; , ( 3) habia estado exptiesto á muchos y muy grandes peligros, y sufrido una larga prision por esta causa (4) . El marques de Argyle escribió al Rey pidiéndole permiso de trasladarse cerca de su hijo: y habiéndosele contestado en términos expresivos, aunque equívocos, sedeterminó pasar á Londres; pero no bien habia llegado cuando se le mandó á la Torre para ser trasladado desde élla á Escócia Su proceso se instruyó con una gran solemnidad, y no pudo acusársele sino de haberse sometido á la ,usurpacion: crimen que, como dice Hume, podia achacársele lo mismo á él que al pueblo entero de los tres reinos (6) . Pero para hacer que pareciese esta sumision mas voluntaria, Monk , que ya habia llegado en- ~11..111", (1) Burnet , 148. (2) Hume , XI. Burnet, I. 205. (3) Burnet , I. 35. (4) Hume , 24. (5) BurnetI. 15o. (6) Hume:XL 24.
'7 tonces á ser duque de Albemarle , publicó su propia correspondencia con el marques de Argyle durante todo el tiempo de la república. Esta inescusable cobardía causó por to das partes una indignacion mezclada de terror; mas el parlamento no dudó en fundar su sentencia sobre estas cartas divulgadas (I). Argyle murió con constancia y con valor. Tambien su hijo fue condenado algun tiempo despues á muerte por una carta interceptada, en la que decia , « que sabia trataban sus enemigos de calumniarle y de ponerle mal con el Rey; pero que él había ido á presentarse á S. M. para sacarle del error". Un acuerdo de la Gran-Bretaña, que no está en uso mucho tiempo hace, declara culpable de alta traicion á cualquiera que siembra la discordia entre el Rey y sus súbditos ; forzando el sentido de esta ley, se quiso decir que el lord Lorn en el hecho de descubrir al Rey los artificios de sus enemigos , sembraba la discordia entre éstos y aquél; y por esto solo se le aplicó la ley. La sentencia quedó sin ejecutarse; pero mas adelante, y á la sazon de prestar el lord el juramento de fidelidad al Rey, por solo haber añadido que él miraba corno una parte de este juramento la obligacion de hacer todo (I) Hume , 114. TOM, III. 2
8 aquello que estuviese en sus facultades para servir á la religion y al Estado, se le tuvo por reo de alta traicion, y fue de nuevo condenado á muerte: y aunque por algun tiempo pudo todavía dilatar el dar su cabeza en un suplicio, al fin pereció en él. Este ejemplo de injusticia es tan increible, que para explicarlo debo valerme de las mismas expresiones de Hume. "Cuando el lord Lorn , entonces conde de Argyle, prestó su juramento como miembro del Consejo privado añadió en presencia del duque de York una esplicacion que antes habia comunicado á este mismo príncipe, y que creia que habia merecido su aprobacion: élla estaba concebida en estas palabras: "yo he exátninado atentamente el juramento que se me exije, y mi mas_vivo deseo es el de dar en esta ocasion una ,prueba de obediencia, estoy convencido que el parlamento no ha podido querer que se hagarrjuramentos contradictorios; por consecuencia cada uno debe interpretar éste de la manera que le parezca mas razonable: yo le presto pues en tanto, en cuanto no se contradice en si mis- IDO; pero declaro que no me miro obligado en ninguna manera de abstenerme de aquello que yo crea ventajoso á la religion y. al rEstado , y compatible con mis deberes para con el Rey." El duque de York escu-
9 chó estas palabras sin dar la menor serial de descontento. Argyle fue admitido á tomar asiento en el consejo de Estado, y era imposible imaginarse que un discurso que no habia excitado la menor desaprobacion se tratase de convertir al otro día en un crimen de lesa magestad; pero el hecho fue que pocos dias despues se le hizo preso como acusado de alta traicion de leasing-making (acto de sembrar la disension entre el Rey y sus súbditos y de perjurio). Las expresiones mas inocentes sirvieron de este modo de base á una acusacion que debiera privarle del honor, de los bienes y de su vida. Las fórmulas de la ley no se conservaron sino á fin de lejitimar, ó por mejor decir, de agravar la opresion. De cinco jueces tres encontraron á Argyle culpable: un tribunal compuesto de quince jurados le declaró convencido: la sentencia se pronunció; y aunque Argyle logró escaparse de la prision, luego que logró suspender por algun tiempo la ejecucion de su sentencia, fue degradado dé la nobleza, y confiscados todos sus bienes. ' Ir rodos los pormenores de este procedimiento, añade Hume, fueron infames é incompati- / 1 bIes no solamente con un gobierno libre, sino con eI que apenas tuviese los primeros principios de civilizacion" (Hume XII. II. 3.)
20 Pero tendamos la vista sobre otros o tos no menos horrorosos. Despues de haber dado este gran golpe al pueblo escoces en uno de los hombres mas distinguidos, el gobierno se propuso hacer unas venganzas mas obscuras. Un ministro llamado Gutrieth fue ahorcado por haber predicado diez años antes de una manera ofensiva para el Rey, aunque en favor de su causa (I) . "No cabe admiracion en este suplicio, dice Hume , porque habia herido á Cárlos personalmente" (2). El conde de Tweedal por haber reclamado contra este arresto fue puesto en prision con desprecio de los privilegios del parlamen- to. Un artesano llamado Gowan fue ejecutado por haber desertado en el ario 16 so del ejército del Rey , y servido despues en el republicano (3) . Warristoun; un viejo, cuyo solo crimen era el haber sido parte por un instante de la Cámara alta formada por Crom. well, despues de haber resistido por siete años á las proposiciones del usurpador; fue hecho preso en Francia, en donde habia buscado un asilo: arrastrado á Escócia en un estado de enfermedad que le habia privado del uso de la razon, fue presentado delante de los (1) Burnet , I. 16o. (2) Hume , XI. 25. (3) }hule, XL 2 5,
2I jueces , que tuvieron mucho trabajo para hacerle comprehender que estaba acusado. En algunos lúcidos intervalos él procuró defenderse; pero habiéndole abandonado su razone los jueces pronunciaron é hicieron ejecutar la sentencia de muerte ('). Estos castigos parciales no los tuvo por bastantes el espíritu contra-revolucionario, Las proscripciones na son jamas tan terribles como cuando llegan á convertirse en leyes generales; y solo bajo esta forma es como los partidos pueden enlazar sus víctimas y regularizar con complacencia todo el mal que estan deseando hacer con mas ansia. El parlamento de Escócia declaró nulas todas fas leyes promulgadas despues del ario 1633 (2); te y de este modo, dice Hume, echó por tierra todas las barreras en favor de la constitúcion (3) , y sometií solo por este acto treinta años á las leyes retroactivas" : concedió al Rey y á su consejo el derecho de poner multas arbitrariamente , añadiendo que el rehusarse á pagarlas sería una exclusión de la amnistía que se preparaba (4) . "No se tomaba en consideracion, nos dicen Burnet y Hu- Burnet , 1. 297. Burnet 5 I. 167, Hume , XI. a 2 Burnet , 1. Hume , XI. 115.
22 me, ni los crímenes de los acusados, ni su fortuna; no se pedia prueba alguna, ni se hacia la mas pequeña indagacion no se escuchaban tampoco las reclamaciones; los denunciadores se presentaban delante de una comision secreta, y ésta fijaba las multas para cada uno de los denunciados. El parlamento por un nuevo acto, por un acto inaudito en los fastos de la venganza, declaró criminal á cualquiera que solicitase del Rey la restitucion del rango ó patrimonio á los hijos de los condenados (o . No puso á este crimen ninguna pena, porque era una máxima recibida entre los jurisconsultos, que el señalar la pena á un delito era limitar el poder del Rey en lugar de que el prohibir una accion sin señalar una pena á la transgresion de la misma era concederle un poder discrecionario (2). El parlamento resucitó los estatutos mas tiránicos de una jurisprudencia olvidada. El genio de la esclavitud, desconfiado de sí mismo, y como importunado de las luces que le rodeaban, evocó los siglos de la barbarie mas tenebrosa , para pedirles leyes , hierros y suplicios. Hemos visto á lord Lorn condenado á muerte por haber sembrado discordia entre el Rey y sus súbditos. Esta ley fue confir- (1) Burnet , I. 2 Hume, XI. I t s. (2) Hume , XI. 2i s. Burnet, I. 2 i S.
2 3 macla ( r) , tambien lo fue átra que ponía fuera de la ley á todos aquellos que daban asilo á los que se hallaban fuera de 411a (2), 6 que no los prendían cuando tenían posibilidad para ello (3) . Se renovó otra tercera, autorizando al Rey para apoderarse de toda casa que juzgase conveniente para colocar en élla soldados ( 4) : y ótra, que jamas había estado en uso sino entre los particulares, la cual permitia á todo el que se creia en peligro de parte de otro el pedirle una caucion de su conducta para con él (5) . El parlamen- ( I ) , Todo acceso al trono fue prohibido por la ley ridícula llamada leasing-making , una ley inventada por los antiguos nobles para asegurar la impunidad en todos sus actos de opresion, de injusticia y de tiranía. Hume, XL 278. ( 2 ) El acto de poner fuera de la ley no es en Inglaterra lo que ha sido entre nosotros despues de la revolucion: es una especie de interdicion civil que pone á un individuo fuera de la protecclon de las leyes, de manera que está incapacitado de intentar ninguna accion, y privado de todos los recursos delante de los tribunales. Todos los magistrados ademas estan invitados para hacerle preso, y sus bienes son confiscados á beneficio del Rey. Blakston, Comentarios á las leyes de Inglate. rra, t. le t 42 • III. 2 84. IV. 3o9. (3) Burnet, II. 1 5 s. Hume , XI. 287. (4) Burnet, II. 156. Hume XI. 276. (S) Hume , XI. 286.
24. tO mezclando los sofismas y los ardides, como dice Hume, (') á la tiranía, pretendia que esta ley tenia facultad de aplicarse al pueblo entero, y que el Rey podia exijir de la nacion una caucion de su sumision futura. En fin, el parlamento de Escócia, queriendo proveer á Cárlos de los medios de subyugar así á la Inglaterra, vo t ó que un ejército de veinte mil hombres de infantería, y de dos mil de caballería estaria pronto á marchar á la primera órden.á todas partes donde el Rey quisiese para oponerse á las invasiones , sufocar las insurrecciones, ó para otra cualquiera cosa que pudiera interesar á la autoridad, al poder, y al engrandecimiento de S. M. (2). Con todas estas leyes se dió el decreto de amnistía ; y á pesar de haberse tomado tantas precauciones para hacerle ilusorio, no le preservaron de ser violado textualmente. Las persecuciones se dilataron durante todo el reynado de Cárlos II y de Jacobo II , veinte arios despues que la amnistía habia sido decretada. Una órden del consejo de Estado creó los tribunales ambulantes, los cuales estaban encargados de recorrer cada tres afros los diferentes territorios de la Escócia, y hacer una pesquisa de (1) Hurne, XL 287. (2) Burnet, I. 300.
todos aquellos que habian dado asilo 6 con versado (esta era la palabra de que se valían) con los rebeldes , aun despues que éstos no habian podido ser conocidos como tales , y condenar como traidores á aquellos que se hubiesen hallado culpables de una conversacion semejante (I) . Hume nos cuenta los argumentos del consejo de Estado: "nadie, decia, podia ser rebelde sin que sus vecinos hubiesen sospechado de él; y en tal caso el deber de los vasallos era comunicar sus sospechas al gobierno. Faltar á esta obligacion era participar de la , traicion; y haber conversado con un rebelde no era otra cosa que haberlo sido el mismo que tal habia hecho" (a). Pero no hemos tratado todavía la parte mas importante del reynado de . Cárlos II. La revolucion de 1648 habia tenido por causa la religion : era por consiguiente ésta la que debía proscribir la contra-revolucion: así las vejaciones religiosas fueron mil veces mas atroces que las civiles. Guardémonos de rehusar nuestra compasion á los hombres perseguidos por una parcialidad injusta y poco generosa ; porque éllos lo fuerón solo por sus errores. Ellos defendian tambien sus de- ( I ) Burnet, II. 34S• - (2) Hume, XII. 6.
3 2 te y confiscacion de bienes (o . Se prometieron recompensas pecuniarias á cualquiera que arrestase á los culpables , y todo asesinato cometido con esta intencion se declaró que estaba perdonado de antemano ( 2) . Como era clifícil encontrar testigos contra estas reuniones se añadió por otra ley , que el que rehusase denunciarlas delante del consejo sería castigado por una multa arbitraria, por la prision ó por la deportacion. "Así es dice Hume, cómo toda persecucion conduce natural , ó mas bien, necesariamente á las injusticias y á las crueldades de la inquisicion." Cuando los castigos que la razon reserva para los grandes crímines, son aplicados á aquello que la sociedad' por error por razon considera como un deber, y á acciones que los hombres del partido bueno miran ó como indiferentes , ó como excusaibles, el legislador se ve obligado para sostener esta primera iniquidad á multiplicar hasta el infinito las iniquidades secundarias, y á\ compilar un código entero de páginas de horror y de sangre para hacer ejecutar una sola ley tiránica. Se extjia de todos los propietarios bajo las mismas penas de confiscacion, de depor- (I) Hurne, XL 277. (2) Turne, XI. 278.
3 3 tacion y de muerte el que hiciesen juramentos por si 5 por sus mugeres, por sus hijos, por. sus criados, por sus, colonos y por todos aquellos que , habitaban en sus dominios, de que -no asistirian áninguna reunion (') ; y por haberse rehusado á hacerlo muchos de estos propietarios se pusieron mas de ocho mil montañeses en posesión de infinitos campos en los condados mas poblados é industriosos de la Escócia. Estos montaáeses eran hombres medio salvajes, criados sin conocimiento alguno de las leyes, y en el hábito de la rapifia. Nada pudo escapar á su inge. niosa y cruel codicia: emplearon las amenazas, la violencia y los tormentos para descubrir los tesoros que sus víctimas habian intentado ocultar: y en esta escena de horror ultrajaron igualmente al sexó, á la edad, á la dLbilidad y á la inocencia (2). A pesar de tantas pruebas de celo, Cárlos creyó que las tropas inglesas ejecutariaa mejor sus intenciones. Á pretexto de una resistencia lijera opuesta á algunos soldados por una reunion religiosa envió al duque de Mormouth á la cabeza de un cuerpo de cal ballería. Habiendo encontrado este, General el ejército rebelde que la, desesperacion ha- (r) Burnet II. 283. Hume, XI. 284. ( 2 ) Burnet, II. 133. 1-Jume, XL 235. TOM. In. 3
34 bia engrosado., si es que puedo _ llamarse ejército una multitud casi sin armas, lo dispersó sin trabajo ninguno, é hizo mil y doscientos prisioneros. El jóven y generoso Mormouth puso un grande número en libertad; pero el Rey y el duque de York le reprehendieron agriamente por no haberlos asesinado á todos ( 1 ). Este último algun tiempo despues fue á Escócia, é hizo poner fuera de la ley á mas de dos mil personas: envió á todas las casas soldados, espías, denunciadores y jueces asistia por sí mismo al tormento de los sospechosos: se hacian tres preguntas á los acusados, y el silencio ó la duda' eran seguidos de la muerte: ahorcó á muchas znugeres, y á ótras se las ahogó; y entrelestas últimas había una jóven de diez y ocho arios y otra de trece. Algunos miserables hechos frenéticos' por la opresion publicaron una decla.racion sediciosa ; y en el momento todos los oficiales fueron autorizados para preguntar á-cuantos encontraban en los caminos y en, las calles si abjuraban esta declaracion con órden de afusilarlos en el mismo sitio si se resistian , sin necesidad de hacer constar el hecho. Despues de una conducta tan horrorosa, y habiendo -hecho presentes á Cárlos todos estos exce- (z) Burnet 7 IL 269.
1S sos de crueldad, se dice que contextó , "yo veo que mis ministros de Escócia han vejado al pueblo , pero no que hayan hecho cosa contraria á mis intereses “)". Mientras que en la Escócia se estaba devastando de este modo , se ejercia en Irlanda otro diferente género de tiranía. Una gran parte de las tierras de este reyno pertenecía á los que habian adquirido bienes nacionales , el Rey por una declaracion solemne habla confirmado sus adquisiciones: sin embargo, se estableció un tribunal para exáminar sus derechos y las reclamaciones de los antiguos propietarios; pero no sabiendo los miembros de este tribunal bajo que principios habian de proceder en sus juicios, no vieron otra cosa en el poder de que se les habia revestido sino un medio de enriquecerse. Sus actas no presentan mas que una larga série de venalidad y de corrupcion. Un gran número de compradores fue despojado, y los que conservaron sus propiedades se arruinaron por los presentes que tenian que hacer á sus insaciables jueces. Pasemos ahora á hablar de Inglaterra, que nos ofrece un espectáculo diferente. Una ley positiva de amnistía ataba al Rey las manos para entregar aquélla como la Es- ( I ) Hume, 5 5 17, 181y.288.
36 cócia á toda la violencia de las ejecuciones militares. Era necesario recurrir al artificio para eludir esta ley, y atribuirdelitos imaginarios á los culpables á quienes se quería castigar de érímines perdonados 'públicamente; suponer un descubrimiento para motivar cada venganza';' presentar á la nacion co- 1110 sediciosos nuevamente éntnascarados á cada uno de los proscriptos, y valerse de todos los medios pata hacer creer que eran reb_eldes. De aquí la subversión 'de toda la justicia , la venalidad de los testigos , la falta de pudor y la corrupcion' de los jueces, la violacion de todas las fórmulas y aquella larga série de leyes absurdas é irritantes que caracterizan todas las épocas de la historiá; en que los gobiernos erijidos en enemi:. gos y acusadores del pueblo ponen á los_ciu- dadanos bajó diferentes banderas .para formar por decirlo así , diferentes cuerpos de ,conspiradores. En Inglaterra,, como en Escócia; los presbiterianos fueran los objetos del odio comun del Parlamento y de la corte; pero reunidos en sus 'resen'timientos estos dos poderes, se dividieron tambien en sus afectos. 'La corte veía con placer la persecucion de los antiguos amigos de la libertad pero Babia' querido protejer á los defensores constantes de la monarquía es decir, á los católicos. El
37 Parlamento, por el contrario, no manifestando la servilidad sino para el mal, quería que pesase sobre los únos y sobre los ótros un yugo igualmente tiránico (1) . Entonces se levantó entre jas autoridades que dominaban en la Inglaterra una lucha sorda pero constante la cual lejos de convertirse en bien de la libertad, no tuvo, jamas por resultado sino el redoblarse la opinion ya contra '-una clase de víctimas, ya contra ótra. Los contrarevolucionarios de Francia han querido hacer creer que restableciendo al rey en la plenitud de su poder., solo deberia serle limitado uno de sus derechos , á saber , el de hacer gracia ( 2 ). Por una conformidad bien notable, nosotros encontramos en los debates de Inglaterra (3) , en la época que describimos, discusiones sumamente animadas para saber , si la prerogativa real, á la que por otra parte se le habia dado una extension ilimitada , alcanzaba hasta mitigar los tormentos de los criminales. No daremos aquí, la lista de los estatutos absurdos 5 de los te- (') Hume, XI, 51 y 52. ( 2 ) Véase El restablecimiento de la monarquía, obra publicada por los magistrados emigrados.en 1793, y la Descripcion de los principios fundamentales de la francesa, obra publicada en 1796. Hume, XL 392.
3g ► amentos pueriles, de las vejaciones minuciosas , de las medidas coercitivas y de lás leyes penales que cada sesion del Parlamen- to hizo nacer bajo el vasto pretexto de comprimir las dos facciones, es decir, para arrebatar al que no profesase las dos opiniones dominantes, el uso de sus derechos imprescriptibies y de sus mas sagradas libertades. Dirémos si que los veinte afios primeros del reynado de Cárlos II nos presentan quince pretendidos complots bajo denominaciones variadas 5 y que en cada uno de estos procedimientos se ve figurar los mismos espias, los mismos denunciadores y los mismos testigos (r) . Éstos; la mayor • parte condenados antes por robos, por falsificaciones y delitos los mas infames (a) , estaban alojados en el palacio de Whitehall, rodeados de guardias, y colmados de pensiones y de beneficios. (I) La horda numerosa de espías , testigos, delatores y sobornadores conociendo que todo el poder estaba en: las manos del Rey, se volvió de repente contra sus antiguos señores, y ofreció sus servicios á los ministros. Para vergüenza de la corte fueron recibidos con sumo alborozo y satisfaccion; y su testimonio, ó por decir mejor, sus perjurios fueron empleados en legalizar nuevos asesinatos. Hume, XI. 492. ( 2 ) Hume, XL. 298, 338. Burnet, II. 794 y 272.
3 9 Par-a cautivar la confianza de los jueces dignos de éllos retractaban á cada momento sus deposiciones precedentes , y se declaraban por un juramento nuevo culpables de perjurio de los que anteriormente habian prestado. La instruccion de estos numerosos procesos fue tal cual debia esperarse de unos hombres semejantes : los delatores se contradecian á cada instante: no reconocían ni aun, aquellos que habian denunciado : las piezas que próducian , nada contenian que corroborase sus aserciones ; pero la menor incredulidad llegaba á ser un crímen: tres miembros del Parlamento fueron expelidos de la cámara de los Comunes por haber manifestado sus dudas. Se buscó en las prisiones á criminales de asesinatos para hacerles gracia, y colocarlos entre los jueces. Los acusados se veían ultrajados por el tribunal (1) é interrumpidos por los ,gritos del pueblo , el cual amenazaba furioso de hacer pedazos á todos los que se presentaban para defender la inocencia; y si algunos testigos 'se manifestaban superiores á las amenazas, al instante eran condenados á la argolla. De esta suerte perecieron en los suplicios así los desgraciados católicos como los (1) Hurne XI. 3o5, 312 1 315 1 327, 329, 338 . 37 8 , 399• Burnet, 406.
40 protestantes cuyo verdadero crimen era el haber servido en otro tiempo en el ejército republicano ( 1 ). Entre los católicos ' el vizconde de Stafford debilitado por la edad y por sus enfermedades, por cuyo motivo sus enemigos le juzgaban,incapaz de defenderse, se reanimó en sus últimos momentos, y por una intrepidez tranquila y dulce excitó los sentimientos de la humanidad aun en las almas mismas del populacho. El silencio de los espectadores no fue interrumpido sino por sus gemidos. Quando él les aseguró de su inocencia, aquellas gentes groseras, que poco antes pedian con gritos 'tumultuosos su condenacion y su , suplicio, alzaron sus ojos al cielo con aclamaciones unánimes de sentimiento y compasion : sabemos , decían , que estais inocente : Milord, Milord, os creemos:" tales eran las voces que se oian por todos los ángulos de aquel teatro de muerte (a) . Y este grito de sensibilidad en las clases menos dig- ( I ) Walcott, Ituubold , Rumsey , &c. oficiales republicanos en tiempo de Cromwell. Algunos de éllos tuvieron la cobardía de declarar contra sus pretendidos cómplices, y particularmente contra Russel, y este crímen les salvó la vida. El nieto de Harndem , no habiendo sido encontrado culpable , no fue condenado sino á una multa de 4o.000 libras esterlinas. Hume, XII. 33 y siguientes. ( 2 ) Hume, XL 3 89 y 394.
41 nas de la sociedad fue una sentencia terrible que cubrió para siempre de infamia á los tiranos qué,kos extraviaron. Vosotros perecisteis entonces, Essex, Sidney, Russel, notnbres dignos de la veneracion de todos los siglos, últimas esperanzas de la libertad de Inglaterra! los historiadores mas serviles no han podido rehusaros sus homenages; y vuestra muerte obscureció, aun segun sus escritos, el reynado cuyos horrores han querido paliar. A los excesos de la injusticia se juntaron los refinamientos de la crueldad : muchos hombres fueron descuartizados ; otros conducidos á los cadahalsos casi Moribundos, fueron ejecutados en la agonía misma, y el presidente de estos tribunales de sangre, Jefferies , que la suerte reservaba en tiempo de Jacobo II para nuevos crírnines, fue recompensado con la intimidad de Cárlos, con los presentes y con los honores ( I) . • El reynado de Cárlos II no trataré yo de cubrirlo ; pues aun los escritores mas afectos á él no han intentado excusarlo. Despues de l'a insurreccion de Mommouth, dos monstruos, Jefferies y Rirk , recorrierron la Inglaterra yendo siempre dominados de la embriaguez y de la furia ( 2 ) , y unieron por • (i)' Burnet, H. 418, 429, 420. ( 2 ) Burner, Hl. 44,
48 que ha roto su yugo, teme todavía levantar su cabeza, que mantiene triste y encorvada, porque la cree expuesta quizá á recibir un yugo nuevo. Los fracmentos de facciones resucitadas llenan los ayres de delaciones confusas ; y la calumnia, que despues de diez añosa recorre en' todo sentido este vasto imperio • para aniquilar las luces y los talentos, última esperanza de una generación reducida á una décima parte, ejercita sin interrupcion su destructora influencia. Una opresion comun debiera haber reconciliado á todos los oprimidos : un peligro universal nos imponia la ley de reunirnos; pero teniendo apenas libres nuestras manos de la impresion que en éllas han hecho puestras cadenas , nos convertimos contra nosotros mismos. Juguetes de un pequeño número de delatores infatigables , mil voces desastrosamente dóciles llevan consigo por todas partes las sospechas , los ódios y las desconfianzas; y la calumnia no respeta ni las hazañas de nuestros generales, ni sus, esfuezos ni su gloriosa muerte. Abro esos innumerables libelos que parecen conspirar de nuevo contra la libertad de la imprenta ; veo inscriptos en el número de los traidores los nombres de los héroes que han vuelto á nuestras fronteras los ejércitos que la ignorancia habia dispersado; los nombres de los legisladores que, vencedores
49 de la tiranía 5 piensan que la nacía; {debe darse importancia en sus discursos y .042 sus leyes , y los nombres de los escritores qbtpt se atreven á reclamar los principios, cuyo i folvido durante diez y ocho meses há causado todas nuestras desgracias. Qué pretendeis pues, delatores perpetuos? á No habeis precipitado ya en la tumba bastantes hombres ilustres, bastantes ciudadanos virtuosos? Vosotros sois en muy corto número,, lo sé; pero vuestras voces se oyen en medio del silencio nacional.; los ecos las multiplican; y el pueblo aturdido con este ruido Inesperado cree que existe un otro pueblo invisible que le dicta leyes y le prepara cadenas. Vosotros nos/hablais de espíritu público; pero si éste ha perecido, vosotros solos sois los que le habeis muerto : vosotros habeis sufocado en los, espíritus los últimos gérmenes de la estimacion de este sentimiento consolador que el hombre tiene necesidad de alimentar en sí Mismo por sus semejantes, si él quiere que los ótros lo tengan para él mismo: vosotros habeis destruido los afectos mas dulces y mas nobles de la naturaleta : la amistad, la confianza, el entusiasmo... todo nos lo habeis robado; todos temen, unirse á los demas con estos vínculos por no ser víctima de éllos mismqs; huyen los talentos TOM, III• 4
5c, porque se sabe que vosotros los mirais con envidia ;. se aparta la virtud porque amenazais de echarla á tierra ; huye el valor porque él solo os ofusca y afrenta , y por esto teme que le arrastreis á la perdicion ; todos callan todos se aislan; y aquellos que atacais guardan silencio con la esperanza insensata de desarmaron de este modo; y los que no son atacados de vosotros , os dejan el paso libre , lisonjeándose de que así los mirareis con consideracion. ¡ Debilidad infrutuosa! ¡ inútil cobardía! Para resucitar, pues, el espíritu público es necesario imponer silencio á la calumnia, no por leyes positivas, que élla sabrá siempre eludir sino por instituciones represivas de la arbitrariedad que la misma calumnia arma contra la inocencia por una alianza de moralidad entre todos los ciudadanos 5 la cual, creando un tribunal de opinion 5 dispense al hombre atacado de buscar en las fórmulas lentas y engañosas un recurso insuficiente. Es necesario que la calumnia se acabe ya por medio del desaliento en sus esfuerzos infrutuosos ; que la justa indignacion la rechace con todas sus fuerzas ; que la nacion, á quien élla ha envilecido, vuelva de su letargo , y que con una voz fuerte y unánime cubra sus vergonzosos clamores. Entonces será cuando nosotros formaré- ,
5I mos verdaderamente un pueblo , porque el que no tiene opinion no es sino una reunion confusa de extranjeros desconfiados 5 6 de encarnizados enemigos. Sin el poder de la opinion jamas existirá el poder nacional; porque sola aquélla es el vínculo de los horra-' ores, la base de la moral y la recompensa de las virtudes. Es necesario establecer entre todos los ciudadanos irreprehensibles una mancomunidad de reputacion: entonces, vosotros infames delatores, pareceréis en pequeño número, y los extranjeros que nos observan , reconocerán á la nación francesa cuando esté separada de vosotros : éllos aprenderán á respetar la Francia cuando vosotros no hagais parte de élla ; y nos juzgarán dignos de su estimacion al ver que os miramos con el mayor desprecio.
r y
5 3 DE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON. LA DE LOS MODERNOS Discurso pronunciado en el Ateneo de París. Señores, M e propongo hoy someter á vuestro exámen algunas distinciones bastante nuevas todavía entre dos géneros de libertad, cuyas .diferencias no han sido advertidas hasta el dia, 6 al menos se ha dicho muy poco sobre éllas. La úna es la libertad, cuyo ejercicio era tan amado de los antiguos pueblos; la ótra aquella, cuyo goce es particularmente precioso á las naciones modernas. Esta indagacion será interesante 5 si yo no me engallo bajo dos respetos. Primeramente, la confusion de estas dos especies de libertad ha sido entre nosotros durante las épocas mas célebres de nuestra revolucion la causa de muchos males. Se ha visto á la Francia fatigarse en ensayos In-
54 útiles cuyos autores irritados por su poco suceso han intentado obligarla á gozar del bien que no queria, y le han disputado el que queria. En segundo lugar, llamados por nuestra revolucion á gozar de los beneficios de un gobierno representativo , es curioso y útil el indagar, por qué este gobierno, el único á cuyo abrigo podemos encontrar alguna libertad y tranquilidad, ha sido casi enteramente desconocido -á las naciones libres de la antigüedad. Yo sé bien que se ha pretendido seguir en alguna manera las huellas de ciertos pueblos de la antigüedad , como de la república de Lacedemonia , por ejemplo, y de nuestros antepasados los Gaulas 5 pero con muy poza exactitud. El gobierno de Lacedemonia era una aristoctácia monacal y de ningun modo un gobierno representativo. La autoridad de los reyes estaba limitada, pero lo estaba por los Éphoros , y no por hombres ,investidos de una mision semejante á aquella que la eleccion confiere en este tiempo á los defensores de nuestras libertades. Aquellos magistrados, no hay duda, despues de haber sido institui dos por Jos reyes, fueron nombrados por el pueblo ; pero no eran mas que cinco en número. ,Su autoridad era religiosa del mismo modo que política; tenían parte aun en la administracion del gobierno , es decir , en el
poder ejecutivo ; y en este hecho su prerogativa, como la de casi todos los magistrados populares en, las antiguas repúblicas lej os de ser simplemente ln i a barrera coja la tiranía , llegaba á ser algunas veces éllaanisrna una tiranía insoportable.. El régimen de los Gaulas 5 que se . pa,recia bastante á, aquel que quería darnos, 'un cierto partido, era teocrático y guerrero al' mismo tiempo ; los .sacerdotes gozaban de' un poder sin limites ; la clase militar y la nobleza poseian privilegios muy insolentes y opresivos; y el pueblo estaba sini derechos ni garantías. En 'Roma los tribunos tenían hasta cierto punto una mision representativa; eran los órganos de aquellos plebeyos que la oligárquia (que en todos los siglos es la misma) habia sometido , al echar á tierra á los reyes, á una . dura esclavitud. El pueblo ejercia siempre directamente una gran parte de los derechos políticos : él se reunia para votar las leyes , y 1 / 4 para juzgar los patricios puestos en acusacion : no habia 5 empero 5 en Roma sino débiles vestigios del sistema representativo. Este sistema es un descubrimiento de los modernos ; y vosotros veréis 9 señores 5 que el estado de la especie humana en la antigüedad no permitia que una institucion de esta naturaleza se introdujera y estableciese.
56 Los antiguos pueblos no podian conocer sus 'necesidades ni sus ventajas : su organizacion social los conducia á. desear una libertad del todo diferente de aquella que nos asegura este sistema : punto que demostraré con toda la exáctitud que me sea posible. Preguntemos desde luego lo que en este tiempo entienden un ingles , un frances, un habitante de los Estados-Unidos de América por la palabra libertad. Élla no es para cada uno de éstos otra cosa que el derecho de no estar sometido sino á las leyes , no poder ser ni detenido , ni preso , ni muerto, ni maltratado de manera alguna 'por el efec- to de la voluntad arbitraria de uno 6 de muchos individuos: es el derecho de decir su opinion, de escojer su industria , de ejerceda, y de disponer de su propiedad, y aun de abusar si se quiere, de ir y venir á cualquiera parte sin necesidad de obtener permiso., ni de dar cuenta á nadie de sus motivos 6 sus pasos: es el derecho de reunirse á otros individuos, sea para conferir sobre sus intereses., sea para llenar los dias ó las horas de una manera la mas conforme á sus inclinaciones y caprichos : es en fin pará todos el derecho de influir 6 en la administracion del gobierno, 6 en el nombramiento de algunos 6 de todos los funcionarios , sea por representaciones 1 por peticiones ó por consultas 2 que
$17 la autoridad esta mas 6 menos obligada á tomar en consideracion. Comparad entre tanto esta libertad á la de los antiguos. ; Ésta consistia en ejercer colectiva yero directamente muchas partes de la sobérania toda entera ; en deliberar en la plaza 'pública sobre la guerra y la paz ; en conclifir cm los extrangeros tratados de alianza ; en votar las leyes, pronunciar las sentencias, examinar las cuentas, los actos , las gestiones de los magistrados, hacerlos comparecer delante de todo el pueblo , acusarlos 5 y condenarlos 6 absolverlos. Pero, al mismo tiempo que era todo esto lo que los antiguos 'llainaban libertad éllos admitían como compatible con esta libertad colectiva la sujecion completa del individuo á la autoridad de la multitud reunida. No encontrareis en éllos casi ninguno de los beneficios y goces que hemos hecho ver hacian parte de la libertad en los pueblos modernos. Todas las acciones privadas estaban sometidas á una severa •vigilancia : nada se concedia á la independencia individual ni bajo el concepto de opiniones, ni del de industria, ni de los otros bienes que hemos indicado. En las cosas que nos parecen las mas útiles, la autoridad del cuerpo social se interponía, y mortific a ba la voluntad, de los particulares. Terprando no pudo entre los Esparciatas añadir una cuerda á su lira, sin que los Épho-
64 las profesiones, y proveer á todas las • nece- . sidades de . la sociedad. El resultado de estas diferencias es mas fácil de conocer. La exteñsion de un' pais disminuye tanto, la importancia política , que da muy poca consideracion á la porcion de cada individuo por grande que sea. El republicano mas rudo de Roma ó de Esparta era una Potencia. No sucede lo mismo con el simple ciudadano de la Gran-Bretaña, 6 de los Estados-Unidos : su influencia personal es un elemento imperceptible de la voluntad social cuando imprime al gobierno su direccion. En segundo lugar, la abolicion de la esclavitud quita á la porcion libre todo el lugar que la resultaria de que los esclavos estuviesen encargados de la mayor parte de los trabajos. Sin la poblacion esclava de Aténas veinte mil Atenienses no hubieran podido ir , á deliberar todos los dias á la plaza pública. En tercer lugar, el comercio no deja como la guerra en los hombres sino intervalos de inactividad. El ejercicio perpetuo de los derechos políticos, la discusion diaria de los negocios del Estado, las disensiones , los conciliábulos , todo el séquito ymovimient de las facciones,, y las agitaciones necesarias, (ocupacion precisa, si es , que puedo hablar en estos términos en la vida de los pueblos
011 ó5 libres de la antigüedad, que sin este'Vecurso hubieran caldo bajo el peso de una iñaccion dolorosa) no .hubiesen ofrecido sino confusion y fatiga• á las naciones modernas en las que cada úno entregado á sus especulaciones , á sus empresas 5 ó á los goces que obtiene á espera , no quiere ser apartado de todo esto sino momentáneamente y lo menos que le es posible. En fin , el comercio inspira á los hombres un vivo amor por la independencia individual, socorre sus necesidades, y satisface sus deseos sin intervencion de la autoridad. Esta intervencion es casi siempre, y-no sé por qué digo casi y no siempre, un trastorno de él mismo, y una mortificacion; porque cuando el poder colectivo quiere mezclarse en las especulaciones particulares incomoda á los especuladores ; y cuando los gobiernos pretenden hacer nuestros negocios , nos causan mas mal y mas dispendios sin comparaclon que nosotros mismos. He dicho antes que volvería á hablar de Aténas , 'cuyo ejemplo podia oponerse á alguna de mis aserciones, para hacer ver que éste por el contrario va á afirmarlas todas. Aténas era, como insinúe, de todas las reptlplicas griegas la mas comerciante por lo mismo concedia á sus ciudadanos infinitamente mas libertad individual que Roma y Es- TOM. III. 5
66 parta. Si yo pudiese entrar en los pormenores históricos 5 baria ver que el comercio habia hecho desaparecer de entre los Atenienses muchas de las diferencias que distinguen á los antiguos de los modernos. El espíritu de los comerciantes de Aténas era igual al de los de nuestros tiempos. Xenofonte nos dice que durante la guerra del Peloponeso salian sus capitales del continente de la Ática 5 y los enviaban á las Islas del Archipiélago. El comercio habia creado en éllos la circulacion; y leemos en Isócrates ciertas especies sobre el uso de letras de cambio: de lo cual se infiere que sus costumbres se parecian á las nuestras. En sus relaciones con las mugeres veréis , como dice el mismo Xenofonte, vivir los esposos satisfechos , cuando la paz y una amistad decente reynaban en el interior de la familia; mirar con indulgencia alguna fragilidad que pudiera ser efecto de la tiranía de la naturaleza ; cerrar los ojos sobre el irresistible poder de las pasiones ; perdonar la primera debilidad, y olvidar la segunda. En sus relaciones con los extrangeros se les veía Cambien prodigar los derechos de ciudadano á cualquiera que se trasladaba con su familia á vivir entre éllos, estableciendo un oficio 6 uña fábrica. En fin ; se admirará cualquiera de su excesivo amor por la independencia individual. En Lacedemonia,
o 111 GpG 67 , dice un filósofo, los ciudadanos corrían á auxiliar al magistrado cuando éste 'los llamaba; pero un Ateniense se hubiera desesperado si se le hubiese creido dependiente del magistrado. Sin embargo , corno existian en Aténas otras muchas, circunstancias que deciden del carácter de las naciones antiguas; como haba una poblacion esclava y un territorio muy limitado no podian menos de tener. vestigios de la libertad propia á las naciones antiguas. El pueblo hacia las leyes, examinaba la conducta de los magistrados obligaba á Pericles á dar cuenta de su administracion , y condenaba á muerte á los generales, como sucedió con los que habian - mandado en el combate de los Arginusas. Al mismo tiempo el ostracismo 'arbitrariedad legal alabada por todos los legisladores de aquella época; el ostracismo , que nos parece y debe parecernos una iniquidad revolucionaria, prueba muy bien que el individuo estaba mucho mas esclavizado á la supremacía del cuerpo social de Aténas que lo está en nuestros tiempos en un estado libre de Europa. De lo que acabo de decir resulta, que nosotros no podernos gozar de la libertad de los antiguos , la cual se componía de la 'participacion activa y constante del poder colectivo. Nuestra libertad debe componerse del goce pacífico y de la independencia privada.
68 La parte que en la antigüedad topaba cada úno en la soberanía nacional, no era, como entre ndsotros, una suposicion abstracta: la voluntad de cada úno tenia una influencia real ; y el ejercicio de esta misma voluntad era un placer vivo y repetido: por consecuencia los antiguos estaban dispuestos á hacer muchos sacrificios por la conservacion de sus derechos políticos y de la parte que tenían en la administracion del Estado ; pues que conociendo cada uno con orgullo cuán- to valía su sufragio, encontraba en este mismo conocimiento de su importancia personal una amplísima indemnizacion. Pero esta indemnizacion no existe hoy para nosotros : perdido en la ínultitud el individuo, casi no advierte la influencia que ejerce : jamas se cónoce el influjo que tiene su voluntad sobre el todo ; y nada hay que acredite á sus propios ojos su cooperacion. El ejercicio de los deréchos políticos no nos ofrece 7 pues sino una parte de los goces que los antiguos encontraban ; y al mismo tiempo los progresos de la civilización , la tendencia comercial de la época, la comunicacion de los pueblos entre sí han multiplicado y variado al infinito los medios de la felicidad particular. De aquí se sigue qué nosotros debemos estar Inas adictos que' los antiguos á nuestra in-
69 dependencia individual ; porque las, naciones cuando sacrificaban ésta á los derechos -polí- ticos , daban menos por obtener mas , mkntras que nosotros, haciendo el mismo sacrificio, nos desprenderíamos de mas por lograr menos. - El objeto de los antiguos era dividir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria : esto era lo que éllos llamaban libertad. El objeto de los modernos es la seguridad de sus goces privados y éllos llaman libertad á las garantias concedidas por las institu- - ciones de estos mismos goces. He dicha al principiar 5 que por no'haber advertido estas diferencias unos hombres, bien intencionados por otra parte , habían causado infinitos males durante nuestra larga y tempesttiosa revoluciona No permita Dios que yo los cargue con amargas invectivas ; su mismo error era excusable. No pueden leerse las mas bellas páginas de la antigüedad, donde se expresan las acciones de los grandes hombres , sin experimentar no s4 que mocion de genio particular , que no tiene nada de moderno. Los viejos elementos de una naturaleza anterior, por decirlo asi, á la duestra 5 parecen excitarse en nosotros al tiempo ‘de tocar estas especies. Es muy difícil el no echar menos , y desear aquellos tiempos en que las facultades del hombre se desenrollaban en, una direccion trazada anticuadamente , pero. que producía el valor de losindividuos 5 t:n
70 convencimiento de la superioridad de sus propias fuerzas, y un sentimiento inconcebible de energía y de dignidad ; por lo cual si uno se entrega á semejantes emociones es imposible el no querer imitar aquello mismo. Esta impresion era profunda , sobre todo cuando nosotros vivíamos en unos gobiernos abusivos, que sin ser fuertes eran opresores 9 absurdos en principios, y miserables en su acción; gobiernos que tenían por recurso la arbitrariedad 5 por objeto el achicamiento 'de la especie humana , y que ciertos hombres á pesar de todo se atreven hoy á elogiar . , cómo si jamas hubiésemos sido testigos y víctimas de su, obstinacion , de su impotencia y de su destruccion. El objeto de nuestros reformadores fue sin duda noble y generoso ¿Y quién de entre nosotros no ha advertido que palpitaba su corazon de esperanza al entrar en el camino que parece iban á abrir? Nadie: y es imposible tenga buenos sentimientos aquel que no advierta la necesidad de declarar, que el reconocer algunos errores de los cometid.os por los que nos guiaron al principio, no es en manera alguna ni ajar su memoria, ni desaprobar las opiniones que los amigos de la humanidad han profesado de tiempo en tiempo. • Pero estos hombres hablan sacado muchas de sus teorías 'de las obras de los filósofos , que habian ya confesado que sus doctrinas necesi-
71 taban las modificaciones que la experiencia de dos mil arios habian enseriado al género humano. Quizá exáininaré yó alguna vez el sistema del mas ilustre de estos filósofos , que eájujan jacobo Rousseau y _manifestaré , que transportando á nuestros tiempos modernos una extension de poder social y de soberanía colectiva , que pertenece á otros siglos , este genio sublime, á quien animaba el amor mas puro de la libertad , ha dado , no obstante esto , pretextos muy funestos para establecer un género mas de tiranía. A pesar de esto , me contentará con censurar únicameute aquello que es indispensable , y seré circunspecto en mi refutacion , evitando así el aumentar el número de los detractores de este grande hombre. Pero no obstante, el interes de la verdad debe prevalecer sobre las consideraciones que hacen sumamente poderosos el brillo de un talento prodigioso y la autoridad de un renombre sin límites. Por otra parte, no es á Rousseau, como se verá , á quien principalmente debe achacarse el error que voy á comba* ; pertenece mas bien á uno de sus sucesores , que aunque menos elocuente que él, no es sin embargo menos austero, y sí mil veces mas exkierado : éste, que es el Abate Mably, puede ser mirado como el representante de un sistema que, conforme á las máximas de la libertad antigua , quiere que los ciudadanos esten suje-
72 tos enteramente para que la nacion sea soberana 5 y que el individuo sea esclavo para que el 'pueblo sea libre. El Abate de Mably, Como Rousseau y otros muchos , habia tomado del mismo modo que dos antiguos , la autoridad del cuerpo social poila libertad; y todos los medios le parecian buenos para extender la accion de esta autoridad sobre aquella parte recalcitrante de la existencia humana , cuya independencia deseaba tanto. El sentimiento que manifiesta en todas sus obras es de que la ley no pueda estenderse sino á las acciones : hubiera él querido que hubiese comprehendido hasta los pensamientos y acciones mas pasajeras , y que hu:- biese perseguido al hombre sin interrupcion alguna y sin dejarle ni aun un asilo en donde pudiese escapar de su poder. Apenas advierte que en este ú otro pueblo sea el que quiera , hay una medida opresiva., cuando ya cree haber hecho un descubrimiento, y lo propone por modelo.: detesta la libertad individual , como se . detesta un enemigo personal; y cuando en la historia encuentra una nacion enteramente privada de élla , y en la que no hay ninguna libertad política , no puede menos de admirárla. Se extasía cuando habla de los Egipcios, porque entre éllos todo, corno él dice , estaba arreglado por la ley: hasta sus desahogos, hasta sus necesidades todo se hallaba
73 bajo el imperio del legislador : cada uno de los momentos del dia estaban ocupados por alguna obligacion el amor mismo, se hallaba sujeto á esta intervencion respetada yla ley era la que abría ó cerraba las puertas dela cá- . mara nupcial. La Esparta , que reunia las formas republicanas para esclavizar á sus individuos, excitaba en el espíritu de este filósofo un entusiasmo mas vivo todavía. Aquel territorio, que propiamente porfia llamarse un vasto conven- to , le parecia la idea mejor de una perfecta república. Por Atinas afectaba el mas grande desprecio; y hubiera dicho, segun creó, de esta nación, la primera de la Grecia, lo que un Académico gran señor decía de, la academia francesa que espantoso despotismo ! todo el mundo hace aquí lo qué quiere ;" y es de advertir , que este gran señor hablaba de la academia tal como estaba hace treinta años. Montesquieu , dotado de un espíritu ma spreservador , porque tenia una cabeza menos acalorada , no cayó del todo en los mismos errores. Se admiraba de las diferencias que acabo de contar , pero no confundió su verdadera causa. Los políticos Griegos, que vivian bajo el gobierno popular, no reconocian, dice él, otra fuerza que la de la virtud. Los de 'hoy no, nos hablan sino de manufacturas, de comercio, de rentas 5 de riquezas , y aun de lujo. Atribu-
8o muy, finos y undulantes, que se desnaturalizan de mil maneras, si se intenta el darles la mas mínima precision : solo á la opinion le es lícito llegar á éllas ; y élla sola es la qúe puede juzgarlas, porque es de la misma naturaleza ; y se sublevarla sin duda alguna contra toda autoridad positiva que quisiese enfrenarla en algun modo. Si el gobierno de un pueblo moderno quisiese como los censores de Roma , ajar á un ciudadano por una decision discrecionaria la nacion entera reclamara contra esta decision , y no ratificara de modo ninguno las decisiones de la autoridad. Lo que acabo de decir de la transplantacion de la censura á los tiempos modernos, se aplica, á otras muchas partes de la organizacion social , sobre las cuales, se cita á la autoridad mas frecuentemente y con mucho mas énfasis. Tal es la educacion „. por ejemplo. ¡Qué no se nos dice de la necesidad de permitir que el gobierno' se apodere de las naciones nacientes para formarlas á su modo?... ¡Cuántas ilotas eruditas no se traen para apoyar esta teoría?... Los Persas, los Egipcios, los Gaulas, la Grecia y la Italia se nos traen como para ejemplo que debemos evitar ; pero en verdad que no somos ni Persas sometidos á un déspota , ni Egipcios subyugados por sus sacerdotes, ni Gau-.
Sr las para poder ser sacrificados por -sus druidas , ni en fin Griegos ni Romanos, a quienes la parte de la autoridad social consolaba de la esclavitud privada. Nosotros somos modernos, que queremos gozar respectivamente de nuestros derechos; desenvolver cada uno nuestras facultades como mejor nos parezca sin hacer darlo á otro ; velar sobre el desarrollo de estas ) facultades en los hijos que la naturaleza confía á nuestro amor, tan- to mas ilustrado, cuanto que es mas vivo, el cual por lo mismo no tiene necesidad de la autoridad sino para obtener los medios generales de instruccion que puede reunir; á la manera que los viajeros aceptan de élla los grandes caminos, sin que se atengan tan materialmente á éllos , que no vayan cuando quieren por otras sendas particulares... Desconfiémos , pues , de la admiracion que naturalmente tenemos por ciertos recuerdos antiguos ; y pues que vivimos en los. modernos, debemos querer la libertad conveniente á éllos : ademas, que estando bajo un régimen monárquico 5 se hace preciso no tomar de las repúblicas antiguas los medios de oprimirnos. La libertad individual , lo repito , he aquí la verdadera libertad moderna : la libertad política es la garantía, y por consecuencia es indispensable. Pero el pretender de los pueblos en nuestros tiempos TOM. ni, 6
8 2 que sacrifiquen , así como los antiguos 5 la totalidad de su libertad individual á la política , este es el medio mas seguro de apartarles de la úna para quitarles bien pronto la ¿nra. He aquí como mis observaciones no se dirijen de modo alguno á disminuir el precio de la libertad política. No saco de los hechos que he puesto á vuestra consideracion las consecuencias que algunos hombres, á saber, « de que habiendo sido libres los antiguos, y no pudiendo nosotros serlo como éllos , estamos destinados á ser esclavos." Éllos quieren constituir el nuevo estado So - cial con un pequeño número de elementos, que dicen son los únicos que pueden apropiarse á la situacion del mundo actual , los cuales son las preocupaciones para intimidar á los hombres ; el egoismo para corromperlos; la frivolidad para adormecerlos ; los placeres groseros para degradarlos ; y el despotismo para conducirlos : pero sería la cosa mas dis paratada si fuese tal el resultado de cuarenta siglos, durante los cuales la especie humana no ha hecho otra cosa que conquistar los medios morales y físicos de perfeccionarse; por lo cual estoy muy lejos de convenir en semejante' absurdo , concediendo únicamente el que de las diferencias que nos distinguen de la antigüedad pueden sacarse consecuencias del todo opuestas. Así no necesitamos de-
8 3 bilitar la garantía , sino extender los . goces; no se necesita renunciar á la libertad . política , sino que debe establecerse la cis41 1, con otras formas en la política. Los gobiernos no carecen menos que otras veces del derecho de abrogarse un poder que no es legiti 'mo: la diversidad que hay es que -los que parten de un origen que lo es tienen menos que antiguamente el derecho de ejercer sobre los individuos una supremacía arbitraria. Hoy poseemos nosotros todavía los que en todo tiempo se han tenido , á saber 5 los eternos de consentir en las leyes ; de deliberar sobre nuestros intereses 1 y de hacer una parte del cuerpo social de la que somos miembros. Pero los gobiernos tienen nuevos deberes; los progresos de la civilizacion y las mudanzas que han producido los siglos , prescriben á la autoridad mas respeto por las coslumbres., por aquello que mas amamos , y por la independencia de los individuos ; por cuya razon debe mirar todos estos objetos con mucha mas prudencia y detencion. Esta reserva. de la autoridad , que se contiene en los deberes estrictos , está igualmente en los intereses bien entendidos;. porque si la libertad que conviene á los gobiernos actuales es diferente de aquella que convenia á los antiguos 5 el despotismo que era posible entre éstos 1 no lo es en aquéllos.
84 De estar nosotros muchas veces mas distraídos de lo que podian estar los antiguos acercó de la libertad política, y menos apasionados por élla , puede seguirse el que alguna vez despreciemos equivocadamente las garantías que élla nos asegura. Pero al mismo tiempo , como que estamos mas ligados que los antiguos á la libertad individual, tambien la defenderémos, si llega á ser atacada , con mucha mas destreza é insistencia, teniendo infinitos' mas medios para esto que los antiguos. El comercio por otra parte hace mas opresiva que antiguamente la accion de la arbitrariedad sobre nuestra existencia , porque siendo mas variadas nuestras especulaciones, deben tambien multiplicarse las medidas arbitrarías para observarlas ; pero al mismo tiempo presta el comercio muchos mas medios para eludir esta arbitrariedad, porque cambia la naturaleza de la propiedad , la cual, en virtud de esta operacion, viene á hacerse como imperceptible , y exénta de ser materialmente tomada por nadie. Otra cualidad nueva que da á la' propiedad el comercio es la circulacion, porque sin élla la propiedad no es mas que Am usufruto, sobre el cual puede siempre influir la autoridad, porque puede privar de su goce; pero la circulacion pone un obstáculo insupera-
O y ble é invisible á esta accion del poder social. Todavía se extienden mas los efectos del comercio, porque no solamente da libertad á los individuos, sino que„ creando el crédito, hace á. la autoridad independiente en cierta manera. "El dinero , dice un autor frances es el arma mas peligrosa, del despotismo; pero al mismo tiempo es su mas poderoso freno: el crédito: está sometido á la opinion; la fuerza es inútil , , e1 dinero se oculta 6 se huye.; todas las operaciones del Estado quedan entonces en suspenso." No tenia tanta, influencia entre los antiguos el crédito : sus gobiernos eran mas fuertes que los particulares, al paso que éstos son mas al presente que los poderes políticos de nuestros dias ; la riqueza es un poder mas disponible en todos los instantes, mas aplicable á todos los intereses, y por consecuencia mucho mas real , y mejor obedecida: el poder amenaza; la riqueza recompensa: es fácil escapar del primero engañándole; pero para obtener los favores de la segunda, es necesario servirla. Por una consecuencia de estas mismas causas , la existencia individual está mencs embebida en la política. Los individuos traeplantan á lo -lejos sus tesoros, y llevan consigo todos los goces de la vida privada ; el comercio ha como aproximado á las naciones entre sí dándoles hábitos y costumbres
86 casi del . todo Semejantes : de qué se sigue que los gefes pueden ser enemigos entre si, pero los pueblos son siemprQ compatriotas. Resígnese , pues el poder : lo que nosotros necesitamos es la libertad, la cual conseguiremos indefectiblemente ; pero como la que hemos menester es diferente de la de los antiguos , es necesario, que se dé á aquélla una organizacion diferente, y la que podría convenir á la libertad antigua ; en ésta, cuanto mas consagraba el hombre el tiempo y su fuerza para el ejercicio de los derechos políticos y más libre se creia : por el contrario,' en la especie de libertad de que nosotros somos: susceptibles cuanto mas tiempo nos deje para nuestros intereses privados el ejercicio de los derechos políticos mas preciosa slrá para nosotros la misma libertad. De aquí viene la necesidad del sistema representativo, el cual no es otra cosa que una organizacion , con cuyo auxilio una nacion se descarga sobre algunos individuos de aquello que no quiere ó no puede hacer por sí misma. Los individuos pobres hacen por sí mismos sus negocios ; los ricos nombran apoderados esta es la historia de las naciones antiguas y de las modernas. El sistema representativo es una procuracion dada á un cierto número de hombrés por la masa del pueblo que quiere que sus intereses sean
87 defendidos , y que sin embargo no tiene siempre el tiempo ni la Posibilidad de defenderlos por sí mismo. Pero los hombreskricos, que nombran sus apoderados, si no son unos insensatos, exáminan con atencion y severidad si éstos hace„ su deber , y si son negligentes 5 corruptibles 6 capaces ; y para juzgar de la gestion de estos mandatarios los comitentes que tienen prudencia exáminan interiormente los negocios, cuya administracion han confiado. Del mismo modo , los pueblos, que con el objeta de gozar la libertad que les conviene recurren al sistema representativo 5 deben ejercer una vigilancia activa y constante sobre sus representantes para ver si cumplen exactamente con su encargo, y si defraudan sus votos y deseos. Pero en el hecho de diferenciarse la libertad antigua de la moderna, se halla tambien amenazada de un peligro de diferente especie. El de la antigua consistia en que los hombres, atentos solamente á asegurar la division del poder social, no hiciesen muy buen uso de los derechos y goces individuales; pero el peligro de la libertad moderna puede consistir en que absorviéndonos demasiado en el goce de nuestra independencia privada, y en procurar nuestros intereses particulares, no renunciemos con mucha facilidad al dere«, cho de tomar parte en el gobierno político,
88 Los depositarios de la autoridad no dejarán de exhortarnos á que dejemos suceda así, porque estan siempre dispuestos á ahorrarnos toda especie de trabajo , excepto el de obedecer y pagar : éllos nos dirán «r ¿cuál es él objeto de vuestros esfuerzos , el motivo de vuestros trabajos 5 y el término de vuestras esperanzas? ¿no es la felicidad? pues dejadnos á nosotros este cuidado , que nosotros os la darémos." Pero no, no dejemos que obren de este modo : por grande que sea el interes que tomen por nosotros, supliquémosles que se contenga en sus límites, y que estos sean los de ser justos : nosotros nos encargarémos de hacernos dichosos á nosotros mismos. ¿Y podríamos serlo por medio de los goces , si éstos estuviesen separados de las garantías? ¡ Y dónde encontraríamos estas garantías si renunciásemos á la libertad política? Ah! esto seria una locura, semejante á la de un hombre .que bajo el pretexto de no habitar sino un primer piso, pretendiese edificar sobre la arena un edificio sin fundamentos. Por otra parte, tes tan verdadero el que un género solo de felicidad, sea este el que quiera, pueda ser el objeto único de la especie humana? En tal caso nuestra carrera sería muy estrecha , y poco sublime nuestro destino. No hay ciertamente uno de nosotros que quisiese bajar tanto , restrinjir sus facul- ,
g9 tades morales, rebajar sus deseo§, y abjurar la actividad, la gloria', y las emociones generosas y profundas. No , yo atesto la existencia de la parte mejor de nuestra naturaleza; de esta noble inquietud que nos persigue y nos atormenta ; de este ardor de estender nuestras luces y desenrollar nuestras facultades ; todo nos dice que no es á un punto de felicidad solo á lo que se dirijen, sino á la perfeccion á que nuestro destino nos llama; y la libertad política ciertamente es el mas poderoso y enérgico modo de perfeccion que el cielo nos ha dado entre los dones terrenos. Élla; sometiendo á todos los ciudadanos sin excepcion el exámen y estudio de sus mis sagrados intereses, agranda su espíritu, ennoblece sus pensamientos 5 y establece entre todos éllos una especie de igualdad intelectual , que hace la gloria y el poder de un pueblos Así, observad como una nacion se engrandece con la primera institucion que le concede el ejercicio regular de la libertad política. Ved nuestros conciudadanos de todas clases y de todas las profesiones, que saliendo de la esfera de sus trabajos habituales y de su industria privada, se encuentran de repente al nivel de las funciones importantes que la constitucion les confia ; que hacen las elecciones con discernimiento ; que
96 nada de su valor ; y asociada á él con una dulzura inalterable, habia adptado sus horas y arreglado, segun las necesidades del trabajo á de distraccion, su sociedad y toda su vida : no tenia sus placeres sino en la gloria del hombre que amaba : bella 5 religiosa , amiga de la libertad , sensible enteramente entregada al obsequio de su esposo , merecia que se le aplicase este verso de Milton Él para la patria, élla para la patria y para él. Esta inclinacion recíproca y estas virtudes no quedaron sin recompensa : despues de muchos arios de una union , que ninguna cosa había sido capaz de turbar , esta muger excelente ha visto al caballero Romilly vencedor de un ministerio, que en el orgullo de su poder habia creido triunfar sin trabajo de una popularidad merecida por el valor 5 por la actividad , la integridad y las linces. Éiia vió estrellarse á los pies de su esposo las astucias de la corrupcion , las vociferaciones de la calumnia,. y las amenazas del poder. Élla le vió rodeado , estrechado y saludado por un pueblo inmenso que hacia resonar los aires con su nombre 5 dándole una multitud de aclatnaciones nacida del corazon. Los antiguos decian que la suerte tiene un no sé qué de envidioso y de pérfido. En el momento en que Lady Romilly gozaba de
97 este modo de una gloria pura é incontestable que refluía sobre élla misma 5 era ya atacado de una enfermedad mortal" que preparaba su fin prematuro. En el momento en que Romilly recibió de la opinion de un pueblo independiente la recompensa mas preciosa que un ciudadano puede obtener 5 le amagaba en si--` lencio el terrible golpe que debia robarle lo que le era mas amable en este mundo , lo que habia hecho la esperanza de su juventud 5 lo que habia sido el objeto de sus trabajos , el consuelo en los dias penosos de su vida , y el ornamento mayor en todas sus felicidades. Aquí , Señores , por no exponerme á las interpretaciones hipócritas de la árida y austéra maledicencia, que hace consistir toda su moralidad en tl rigor de sus juicios; y porque no parezca que justifico yo una accion que en el hombre, cuya pérdida lloran todos los amigos de la libertad 5 no fue sino el efecto de una razon vencida por el dolor (1 ) ; os presen; taré el juicio dado por los Ingleses mismos sobre este acontecimiento deplorable. "Por largo tiempo, (dice el mas estimable de los periodistas Mr. Perri, redactor del Morning Chroni- ( 1 ) Tiene esto relacion con la desgraciada muerte que se dió á sí mismo el caballero Romilly por un efecto del trastorno en que estaba su imaginacion. TOM. III.
98 ele, hombre intregro é ilustrado, á cuyo carActer hacen justicia todos los partidos) por largo tiempo llorará este pais la pérdida de tan grande y excelente ciudadano. Cada lágrima derramada sobre su tumba será una ofrendaque se hará á la virtud." Sir Samuel era tan dulce y tan digno de ser amado en su vida privada, cuanto independiente y firme en su vida pública. Cuán fuertes no debieron ser los afectos de melancolía cuando llegaron á destruir en un instante la sólida y magestuosa fuerza de la razon que habia merecido nuestra admiracion y nuestra confianza! Aquella razon que le distinguia, la union de la sensibilidad mas profunda con las resoluciones mas enérgicas , la combinacion de todo aquello que es tierno y de lo que es fuerte , le presentan á la naturaleza humana bajo un punto de vista que impone al mismo tiempo á nuestro respeto y á nuestro amor. ¡ Plegue al cielo que si la causa primera, que preside al destino de los hombres, echa sobre la tierra algunas miradas de compasion , las extienda sobre una accion que ha tenido su origen en el exceso mismo del mas bello atributo de nuestra naturaleza , en la union íntima con un ser querido , y en la casi imposibilidad de poder sobrevivir al primer objeto de los afectos de toda la vida! Su muerte fue un luto general para la
99 Inglaterra ; y no hubo sino uno que se atreviese á hablar contra su memoria en un, periódico. No diré una palabra mas , señores, sobre este particular,; y pasaré á hablar de otros menos desagradables. El caballero Romilly en su calidad privada de Jurisconsulto, y consagrando sus talentos á defender las causas particulares en la córte dé la Chancillería y Cámara de los Pares 5 fue considerado casi desde la entrada de su carrera como el oráculo de la ley. Un personage que ha ocupado por mucho tiempo y ocupa hoy los puestos mas eminentes del Estado, dijo una vez de otro que habia caido de un lugar mas eminente todavía al que le habian conducido sus facultades prodigiosas pero desordenadas , le que este hombre era la ley viva." Esta palabra , que es un absurdo cuando se hace por lisonjear á un déspota , llega á ser sublime, siendo verdadera, para un ciudadano que no está investido de otro imperio que el de la razon. Toda la Inglaterra aplicó este dicho al caballero Romilly. Su ciencia inmensa su moderacion que no le quitaba nada de su energía, su profunda sagacidad, y su equidad incorruptible daban á las opiniones que presentaba á los jueces la fuerza y la gravedad de una autoridad judicial. Declarándose en favor de una causa, demostraba en este solo hecho justi:- cia p y su nombre dictaba 5 por decirlo así,
loo la sentencia que habla de pronunciarse. Pasemos ahora á hablar de su carrera pública. Un campo mucho mas vasto se abre aquí delante de nosotros. Sin duda las virtudes privadas son dignas de toda nuestra veneracion; , pero los servicios hechos á un pueblo entero se colocan en un lugar mucho mas distinguido. Dichoso aquél que puede hacer bien á sus contemporáneos! mas dichoso todavía el que al mismo tiempo que á sus contemporáneos puede dispensarlo á las generaciones que se -suceden! La naturaleza ha puesto entre éstas Z una noble correspondencia : éllas se ilustran sin verse, y se enriquecen sin conocerse. Las verdades útiles forman una masa eterna , á la cual casa individuo lleva su tributo particular, bien seguro de que ningun poder será capaz de quitarle la menor parte de este tesoro inagotable. El amigo de la libertad y de la justicia lega de este modo á los siglos futurós la mas preciosa parte de sí mismo; la pone al abrigo de la injusticia que la desconoce y de la opresion que la amenaza; y la deposita en el santuario, al cual jamas podrán acercarse las pasiones viles ó feroces. Aquél que por la meditacion descubre un solo principio ; aquél cuya mano traza una sola verdad ; aquél cuya elocuencia estable ce -victoriosamente una institucion saludable puede sin inquietud abandonar su vida á los
I O I pueblos y á los tiranos, tan injustos muchas veces los linos corno los ótros. Pero él, no habrá existido en vano ; y su pehsamieno, , que- 'da impreso sobre el todo indestructik , •11, á cuya formacion nada puede impedir que, él haya contribuido. La idea dominante de. Sir Samuel Rómilly y su ocupacion principal en todo el curso , de su vida fueron el mejorar las leyes criminales de Inglaterra. Aqui„ señores, debo yo procurar desvanecer una confusion de Ideas, que no ha dejado de tener lugar, en los, á,nimos de muchos. Nosotros no distinguimos suficientemente• la legislacion penal de Ingla-r- terra en su procedimiento criminal. La legislacion penal entre los ingleses es bárbara, como la de todos los pueblos, que han conservado las leyes de los siglps; , anteriores y me–, nos ilustrados, y por consecuencia menos humanos y menos justos ; pero las fórmulas de los procesos en Inglaterra , el espíritu que anima á los jueces, el poder, casi discrecionario, que la excesiva severidad de , la legislacion hace que en la práctica caiga en sus manos ; en f i n , y mas que todo , la iistitucion de los jurados corrijen, esta legislacion rigurosa. Para conocer bien el sistema de Romilly era necesario leer las observaciones que publicó en 18 i o sobre las leyes criminales de
102 Inglaterra. Allí veríais, señores , que en ningun pais hay tanta variedad de acciones humanas que se castiguen con la pérdida de la vida; que en tiempo de Enrique VIII perecieron legalmente' y por mano del verdugo setenta y dos mil personas ; y que en el de la reyna Isabel se ejecutaron cada, año cuatrocientas sentencias de pena capital. Allí veque el acto de robar en una tienda un objeto de precio de mas de seis libras de nuestra moneda , y algunas veces el valor de veinte y cinco sueldos de Francia, ó el de robar aves en una pósesion cerrada, es un crimen capital. Pero tambien veríais que,' como sucede siempre cuando las leyes son atroces 5 no son 'ejecutadas ; y que desde el ario de 1803 hasta el de t o, de mil ochocientas setenta y dos personas puestas en juicio por estos actos, una sola sufrió la muerte. Este sistema de Mantener una legislacion feroz en su principio , y de endulzarla por la práctica, habla 'Sido defendido por escritores célebres. Todo lo que existe 5 como todo aquello que ha existido , tiene el privilegio de encontrar defensores. Zstos apologistas pretenden que es bueno el que 'la ley' haga una red muy extensa , envolviendo en ella bajo nombre de crímines todas las acciones contrarias al órden público, para sobrecojer todos los ánimos con un terror utiiformel
103 y que la práctica debe dejar despues tanto á los jurados que pueden declarar, que un hecho que está demostrado no consta, corno á los jueces que pueden desviar la aplicacion de la ley, 6 al monarca , supremo depositario de la clemencia la facultad discrecionaria de modificar estos rigores excesivos. El 'caballero Romilly prueba muy bien, que un sistema semejante no es en el hecha sino una suspension contínua de la ley escrita , es decir , una arbitrariedad organizada que vale mas sin duda que la aplicacion inex6rable de las leyes sanguinarias , pero que produce una incertidumbre desastrosa sobre todas las consecuencias de las acciones humanas, y trasforma la legislacion penal en una lotería de muerte , en la que se distribuyen lotes desiguales segun los diferentes caractéres de los jueces segun su disposicion momentánea , y segun la impresion que en éllos hacen los recuerdos de lo pasado , 6 la sensacion que en los mismos producen las emociones presentes en los momentos en que van á pronunciar su terrible fallo. Hace justicia de un modo brillante á los jueces de Inglaterra; y á pesar de la res olucion que he hecho de no detenerme en la vastísima carrera que vosotros habeis querido que recorriese, cedo no obstante á la necesidad de citar algunas de sus palabras in-
T 0+ teresantes y verdaderas : "nadie, dice`, puede asistir á las sesiones de nuestras córtes criminales y observar la conducta de sus miembros sin verse profundamente conmovido del cuidado con que los jueces se esfuerzan á cumplir sus importantes deberes para con el público. Su perfecta imparcialidad, su deseo de evitar el error, y de protejer la inocencia persiguiendo el crimen ; aquel nG distinguir de modo ninguno entre el rico y el pobre, el poderoso y el oprimido , son hechos que se ven todos los Bias , y que se aprecian dignamente por la nacion entera. Sobre estos puntos esenciales todos nuestros jueces estan animados de un mismo espíritu; y sean las que quieran sus opiniones . , éllos caminan siempre sobre la línea de la integridad con un paso uniforme." ¡ Dichoso el pais en el que la oposicion puede atestiguar de este modo en honor de la autoridad judicial! No puede negarse que la corstitucion inglesa ha heredado muchas imperfecciones y , que ha sufrido unas alteraciones alarmantes; pero la administracion de la justicia conserva no obstante largos hábitos de libertad, sus formas tutelares , sus escrúpulos delicados, su respeto religioso por el derecho de la defensa, y los sagrados privilegios por la desgracia. En inglaterra jamas los jueces interrumpen al acusado , á si le interrumpen
1oy es para ilustrArle cuando, se perjudica , y para preservarle de si mismo: no le rehusan la libertad de responder, despues de haber oído tambien del mismo modo al acusador: estan muy lejos de hacer un mérito de agravar la suerte de un desdichado, que se halla ya en una situacion demasiado penosa, por medio de cuestiones capciosas, por apóstrofes' insultantes, ó por comentarios irónicos : no aflijen con un suplicio anticipado á aquél que no es objeto, todavía sino de sospechas quizá erróneas , obligándole á oir en silencio, los ; ultrajes que podrian prodigarle la vanidad; el amor miserable , $ ; ;1el suceso, y la pueril ambicion de mostrarle elocuentes cuando no se debe pensar, sino en ser, justos. Así los jueces en Inglaterra no se quejan de modo ninguno de que el órden judicial , no esté suficientemente . respetado. , l i os ,hombres no tienen interes jarnas,en echar á tierra aquello que les proteje, y el instinto nacional, respera siempre aquello que es respetable. Pero haciendo públicamente profesion. de su estimacion á favor de los individuos, á los cuales está confiada la distribucion de la justicia ; el caballero Ramilly sueria, seguridad de los ciudadanos dependiese de las leye§ y no de los hombres. Sabía qu,e garantías, que no se apoyan sino en las virtudes personales a son precarias é insuficien-
112 dan, en quien una vida disipada y unas enfermedades dolorosas no hablan debilitado todavía sus brillantes facultades y su prodigioso entendimiento, estaban al lado del lord Grenwille, cuyos talentos son incontestables, pero que nos recuerda los Apios de Roma cuando habla de nuestra revolucion , y los odios del viejo Caton contra Cartago ; al lado de Mr. Windham por largo tiempo apasionado de Mr. Fox, y despues el contrario mas fogoso de los principios de este hombre ilustre ; y al lado del lord Sidmouth en fin, que tanto conocen nuestros compatriotas cómo el ejecutor del Alien-Bill. Este ministerio, á pesar del grande nombre de Cárlos Fox, no tuvo ni el tiempo ni la fuerza de realizar las esparanzas que habla hecho concebir, y no consiguió jamas el apoyo sincéro del rey. No pudo lograr el concluir la paz que se habia creido podia esperarse de sus esfuerzos ; y la cuestion de la emancipacion de los católicos de Irlanda, esta cuestion que agitará á la Inglaterra mientras que no sea resuelta por la justicia ( porque sola ésta es la que calma las agitaciones), obligó á los ministros á retirarse. El rey exijia de éllos el empeño por escrito de que jamas le propondrían cosa alguna sobre esta emancipacion ; pero rehusaron hacer un ernpefio contrario al juramento que hablan
''3 prestado de aconsejar al monarca sobre todos los objetos que interesasen al gobiertío. Este ministerio fue reemplazado por Otro, que en parte rije todavía á la Inglaterra; por el lord Castlereagh, tan . conocido á la entrada de su carrera política como el defensor mas animado de los derchos del hombre, y el gefeprimero de las asociaciones ,mas populares en Irlanda (i) ; por Mr. Cannig, que debe su celebridad á un espíritu brillante, á una erudicion ,clásica , á una elocuencia de que han gozado los franceses en los (0- Se me ha comunicado una gaceta Irlandesa que contiene dos protestas que prueban la liberalidad de principios del lord Castlereagh cuando era solo Mr. Roberto Stewart , que son las siguientes : L a Prometo llenar con escrúpulo mi deber y gobernarme por las instrucciones de mis comitentes, Emplearé en la Cámara y fuera de élla to - d-os mis medios é influencia á fin de obtener el suceso de un bill para reformar la representacion del pueblo :, de ótro para impedir el que los pensionarios del gobierno se sienten en el Parlamen- to ; de ótro para limitar el número de empleados y el de pensionados del gobierno , y para reducir las pensiones ; y de ótro para protejer la seguridad personal de los súbditos Firmado-~-: Eduardo Ward =Roberto Stewart. IL a -Declaramos los abajo firmados que nos hemos comprometido á una causa mucho mas glo- TOM. III, 8
viajes que ha hecho por sus diversas provindas, á una embajada en Portugal cuando la Córte estaba en el Brasil, y en último lugar á sus conversaciones sobre la Francia con una uiuger , objeto de nuestros recuerdos y de nuestro sentimiento por haberla perdido, cuyas respuestks siempre justas fuertes y satíricas defendieron tan noblemente á nuestro pais injuriado contra la exáltacion de un triunfo, tanto mas lisonjero en la apariencia, cuanto que el encanto de su novedad no se Babia disminuido por el hábito (i) %.0~aizawremaa riosa é interesante, que nuestro simple suceso como individuos... nosotros somos llamados como instrumentos entre vuestras manos para emancipar la patria. F _ irmado=Eduardo' Ward — Roberto Stewart. Estracto de una gaceta Irlandesa intitulada The Belfast Newsletter. ( I ) Mr. Canning ha pronunciado en la Cá:- mara de los Comunes muchos discursos muy no tables. Una parte de su suceso debe atribuirse sin duda á una circunstancia qué hoy no existe, porque atacaba á un hombre detestado por la Europa , á saber , á Bonaparte ; y porque las injurias que habia dicho contra él le, hablan salido bien , creyó que le sucederia lo mismo con la Francia. Sin embargo, el género de elocuencia de Mr. Canning admira , y sus discursos en el Parlamento ofrecen una lectura interesante, y algunas veces instructiva. Hay úno en que se ex-
r y Habiendo dejado sus plazas los amigos de Sir, Samuel 5 hizo él tambien su dimision; medio constitucional, honroso y legítimo de expresar una respetuosa desaprobacion; advertencia que se dirije sin tumulto y desárden á un gobierno que se engaña ; ejemplo útil y digno de seguir en todas las circunsplica sobre el poder de la opinion pública en términos que quisiera yo ver grabados á la puerta de todas las asambleas rspresentativas. " Ál acrecentamiento, dice, de la corona, es necesario oponer el poderoso engrandecimiento de la opinion pública ; poder, que siendo un pigmeo en la época de la revolucion, se ha elevado despues como un gigante; poder que vela sobre todo, que regúla y contiene no solo las acciones sino las palabras del hombre público , y que sacando su principal alimento de la publicacion de los debates del Parlamento está siempre presente en el espíritu de aquellos que hablan en esta Camara ; poder, bajo cuya influencia yo me dirijo .á vosotros en este momento , sabiendo muy bien que todo lo que digo aquí será mañana leido y criticado por millares de individuos y estando en la inteligencia, como lo estoy , de que cada palabra que pronuncio, la menor falta aun de inadvertencia , el menor error en fin, de cualquiera naturaleza que sea, que yo padezca, será al momento puesto en el conocimiento del público, será comentado con severidad, y muchas veces por maledicencia, y subsistirá constantemente para que se me eche siempre en cata.
116 tandas semejantes : porque es necesario no formarse ilusiones ; los hombres de bien no sirven á su pais asociándose á un mal sistema, pues que le prestan á este mal sistema la autoridad de un hombre respetable ; entran en un circulo, cuya rápida rotacion los arrastra sin advertirlo ; una concesion prepara ótra; la alianza fatal llega á ser empeño imperioso á pesar de todas las protextas anteriores; y aunque estos hombres honrados endulcen algunas cosas sin embargo , como han sancionado un todo vicioso , su debilidad primera causaría un mal infinitamente mayor que el que pudieran haber producido sus intenciones mas puras. Libre de todo empleo, de la nominacion del poder en que la autoridad pudiera tener parte ; Sir Samuel Romilly se entregó enteramente á sus deberes de miembro de la Cá- Mara de los Comunes deberes augustos, mision la mas preciosa que un ciudadano puede llenar, y segun mi opinion , lo confieso la mas brillante que un ambicioso puede desear. Quisiera recorrer por un momento rápidamente los diversos objetos que ha tratado en esta Cámara , y sobre los cuales ha triunfado siempre , y hecho reclamar algunas veces los 'principios de la humanidad , de la libertad y de la justicia : pero sería ocuparos demasiado si hubiera de po-
'T7 Meros á la vista por menor tal multitud, como pudiera , de sus nobles trabajos y de sus esfuerzos infatigables ; mas cedo al rigor de la necesidad, y no os presentaré á este hombre extraordinario sino como defendiendo la libertad de la imprenta y la santidad del juicio por jurados contra sus enemigos, que siempre son los mismos, y que reproducen siempre y por todas partes iguales sofismas; pero debo detenerme sobre la opinion relativa al derecho que tienen los mandatarios de velar sobre los tribunales. Sí señores , él pensaba que el derecho del Parlamento era no solamente el de provocar las reformas en las leyes sino el asegurar que los jueces y aun los jurados fuesen fieles á las mismas. Bajo estos principios denunció en mayo de 1818 la sentencia pronunciada por un jurado en favor de un amo de esclavos que habia impuesto á una de estas desgraciadas víctimas un castigo mucho mas cruel que el que la ley permite. En esta ocasion fue apoyado por muchos de los miembros de los Comunes que 'jamas tomaron parte en sus opiniones habituales. Mr. Wilberfox, hablando sobre la cuestion dijo , « que era uno de los mas preciosos privilegios de la Cámara, protectora de la libertad civil el ejercer, siempre que lo juzgase necesario 5 el poder de examinar, y el de censurar la conducta de
8 cada Cámara de justicia. Un miembro del gobierno, Mr. Goulburn , reconoció plenamente la , autoridad que tenia la Cámara de hacer informaciones en toda especie de materias, aun cuando hubiesen estado ya decididas por los tribunales. Todos los partidos, en una palabra 5 convinieron igualmente en el derecho de investigacion sobre el modo con que estaba administrada la justicia. Séame permitido el citar con este motivo las frases de una obra cuyo autor , merece toda nuestra estimacion y respeto , como escritor por sus talentos, como ciudadano por sus principios, y como diputado por su valor. Quiero aquí hablar de aquel que ha sido el primero en proferir en la tribuna palabras enérgicas contra los errores, entonces todavía medio encubiertos y cuya indignacion virtuosa los ha reprimido por el -solo efecto de una saludable publicidad. Bien podeis conocer, señores, de quien hablo, con solo expresar los caractéres, de Mr. Camilo Jourdan. le ¿ Se querria quitar dice , con la efusion de sangre inocente, lecha por la espada extraviada de las leyes 5 la sola compensacion que la providencia parece habernos dado para la mayor de las desgracias, que es la de concurrir, por los medios que élla misma deja, á la mejora de las fórmulas y al consuelo de las generaciones futuras? tQuél porque un
119 terrible desprecio haya poco á poco ido prevaleciendo ¿ era necesario por el honor de algunos jueces hacer perpetua esta renovacion? Deberian cerrarse para siempre las pá- , ginas lúgubres que presentan al legislador consternado las mas útiles instrucciones para la patria y para toda la humanidad entera. Ved, continúa, el estado de aquellos territorios en los que el exámen de la justicia -está, como aqui se pretende, severamente prohibido. Entonces en la Inglaterra bajo el velo de un silencio , al que quería llamarse religioso, quedaron sepultadas las sentencias de la Cámara Estrellada, las persecuciones judiciales de María , y las crueldades legales de Jefferies y de Kirk. Entonces en Francia era necesario bajar la cabeza y callar en presencia de aquellas comisiones extraordinarias que han manchado con tantos inicuos procedimientos los anales de nuestra justicia criminal." Así, señores, en todo los paises los hombres de bien, los grandes y los buenos ciudadanos, los defensores de nuestras libertades y de nuestros derechos se entienden y se corresponden entre sí. Dichósa simpatía, que reduce á la nada las sordas maniobras de los enemigos del bien , y que cubre con su poderosa voz los vanos murmullos de las facciones 5 que son vencidas en el momento que se les quita la máscara!
120 Al mismo tiempo de ocuparse en la reforma de las leyes penales de Inglaterra el caballero Romilly, debió ser conducido naturalmente hasta el origen de las reformas en el gobierno representativo. Un gobierno de esta especie como vosotros sabeis , seriores, no permite reforma ni alteracion alguna en las instituciones del Estado sin la participacion de los tres poderes, y por consecuencia de los mandatarios del pueblo. Todo cambio que quisiera introducir uno de éstos por sí solo sin haber consultado á los otros dos, sería una usurpacion manifiesta , una usurpacion que disolveria todos los vínculos, que romperia todos los resortes del órden social , que anularia los deberes que unen los gobiernos á los ciudadanos y los ciudadanos á los gobiernos, y que baria ilegítimo todo mandato inclusos los de impuestos. Estos principios son esenciales á la monarquía constitucional, y lo son tambien para la subsistencia del trono ; porque le garantizan de las violencias de los demagogos facciosos, como lo hacen respecto de la nacion en los proyectos de otros facciosos que, bajo el pretexto de consolidar el trono, son enemigos de la monarquía del mismo modo que de la libertad. El Parlamento de la Gran- Bretaña es por consiguiente el depositario de, todos los
medios" de Mejora; y la parte' mas activa y nacional del Parlamento es por necesidad la Cámara de los Comunes. De aquí resulta que la composicion de ésta es la cuestion principal ácia la cual se dirijen por mil caminos diversos las meditaciones de los hombres de Estado. Vosotros conoceis lo mismo que yo la desproporcion chocante que existe en esta composicion. En una reunion de seiscientos cincuenta y cinco miembros 5 cerca de trescientos setenta, es decir, cerca de tres quintas partes son nombrados por corporaciones privilegiadas poco numerosas, y por doscientos Pares ó caballeros. El voto nacional se refugia 5 por decirlo así, en la eleccion á las dos quintas partes restantes, y encuentra alternativamente una aristocrácia casi irresistible por sus ramificaciones y riquezas , y un ministerio al que una larga -experiencia ha hecho mas hábil en este género de lucha que otros cuyo celo no es menos ardiente, pero que experimentan las dificultades, é incurren á su pesar algunas veces en ciertas faltas, que manifiestan bien la poca habilidad las imprudencias del aprendizage. Así la representacion Británica reune á algunos verdaderos ciudadanos 5 los asalariados del gobiernp, y los elejidos de la oligárquia. A pesar de todo , esta órganizacion tan defectuosa no produce en la práctica todos
I2$ Westtninster les declaró que no votarla ni por las renovaciones muy multiplicadas, ni por el derecho universal del sufragio, fue uno de los mas bellos y mas meritorios de su vida ; porque el sacrificio de la popularidad es mas doloroso que el del favor. Pero este valor fue recompensado, porque el pueblo tiene un instinto admirable; y cuando se entrega á su razon natural jamas desconoce á sus defensores. Aquí , señores, quisiera detenerme un instante para presentaros una reflexion agradable que me ha sido sujerida por la comparacion del sistema electoral de Inglaterra y del nuestro. Acabais de ver cuán grandes inconvenientes lleva consigo todo el _modo de elejir , en el cual se llama igualmente á la excesiva opulencia que á la miseria, á saber, á ésta á votar , y á la primera á di-. rijir los votos. Este medio que reclama entre nosotros un célebre partido , cuando se proponen los dos grados de eleccion , no es otra cosa que la organizacion de una aristacrácia , que no habla de los derechos del pobre sino para especular sobre sus necesidades y su ignorancia. En nuestro sistema de eleccian-está, por el contrario, encargada de elejir especialmente á nuestros mandatarios aquella clase que se halla reducida á los límites de una dichosa medianía 2 y á la co-
129 modidad que produce un trabajo regular. La inmensa mayoría de nuestros electores pertenece á aquella clase intermediaria , en que reside la riqueza de la nacion, la fuerza y las ,luces, la cual representa fielmente todos los intereses nacionales. rnonor, pues, á esta ley de eleccion, que hace superiores en esta parte nuestras instituciones constitucionales á las de los ingleses! ¡Honor á esta ley de eleccion ejecutada dos veces en épocas de mucha gravedad; la t.' en medio de las tropas extrangeras que estaban en posesion de nuestro territorio invadido; la 2. a en el momento en que su ausencia hubiera podido excitar transportes de efervescencia, y producir una exáltacion inconsiderada en una nacioni menos sábiá que la nuestra! Desconfiemos de nuestros consejeros , ó muy .egos ó muy suspicaces , que quieren •moclificar esta ley, ó suspenderla, ó interrumpir el órden establecido por élla no nos dejemos deslumbrar por el celo demagógico, que muchas veces llega á fascinar aun á estos patricios, que se insinúan por sus modales altaneros: lejos de nosotros los Appios cubiertos con la capa de los Gracos; y no nos inclinemos á las perfecciones que tanto se decantan , solo porque son dilos quienes nos las proponen : Non tali auxilio , nec defensoribut ittis Tempus eget. TOM. III. 9
130 Quisiera, señores, tener mas tiempo para poderos presentar al caballero Romilly en la lucha por la seguridad individual con la misma energía que habia desplegado por la mejora de la representacion nacional. Desde que los extravíos del año de 1793 dieron al ministerio inglés un pretexto desgraciadamente plausible de pintar la libertad bajo colores odiosos , este ministerio no ha dejado, cuando ha previsto la mas pequeña nube que pudiera obscurecer el horizonte, de suspender el habeas corpus _ , es decir, el derecho de los ciudadanos á no -ser presos sino por causas conocidas , y detenidos únicamente hasta el momento en que un proceso jud:- ciál demostrase su culpabilidad , ó pusiese -en`claro su inocencia. El ministerio ganaba 'con ` tener en su poder la suerte de todos los individuos de Inglaterra ; ganaba con dar al continente uri ejemplo de que la autoridad apracrechaba; y en prueba de éllo casi no se -podrit citar una medida arbitraria que hayalittomado los gobiernos de veinte y cincci años á esta parte'sit y alegar la ley de la sulip'ension del habeas corpus. Es una cosa la (más 'extravagante pero muy cierta., que la Gran-Bretafía cuyos ciudadanos estan animados de los mas enérgicos sentimientos por la importancia de-libertad individual , tenga, sin embargo, el triste honor de haber
131 sido citada periódicamente por todos aquellos que , disponiendo del poder , han querido ejercerle despóticamente , y que esto ha sido entonces precisamente , y solo entonces , cuando ellos han proclamado mas la libertad. A 'Sir Samuel Romilly nadie puede echarle en cara un solo voto en favor de estas leyes ilegales , que bajo del pretexto de salvar el estado social., privan á los hombres de aquellas ventajas, por cuyo goce han entrado precisamente en este mismo estado. Ocupado de este modo el caballero Romilly de los derechos más sagrados de sus compatriotas , no era indiferente al de. los extrangeros; y su generosa intervencion, siempre que se ha tratado de someterlos á re-.. glamentos , tales como no existen en ninguna otra parte de la tierra , da un derecho al reconocimiento de la Europa por unos títulos que le son peculiarísimos. Acabo de decir, que en ningun pais del mundo existen para los extrangeros reglamentos tan rigurosos como aquel que se ha llamado ohm bill; y debo añadir, que es imposible que e s ninguna parte se ejecuten las leyes con mas severidad: se echa mano á las personas sin hacerles ninguna advertencia previa ; se les ocupa los papeles sin permitirles que los re-- conozcan :, se les ponen guardas de vista sin dejarles muchas veces que entre ninguna
132 persona á hablarles ; se les encierra en una silla de posta ; se les hace pasar de esta prision móvil á bordo de una embarcacion ; y en fin, se les arroja sobre una playa que éllos no han escojido; y en donde quizá se pueden ver sin recurso, ninguno. Tal es el tratamiento que las leyes , vigentes veinte y cinco arios há , permiten á los ministros que puedan hacer pesar sobre todo hombre que no es inglés y es preciso observar que estas leyes se aplican (quiero valerme aquí de las palabras del mismo .caballero Sir Romilly) "no solamente á las personas que llegan á Inglaterra , sino veinte mil individuos que estan domiciliados , que han residido allí por espació de muchos arios , y establecido sus familias y su industria, que han trasportado todas sus propiedades , que se han - casado con inglesas, y que han hecho, en una palabra de la Inglaterra su residencia constante y su patria única." La justicia me obliga reconocer que estas leyes terribles rara vez se , aplican ; pero algunas veces no dejan de llevarse á efecto y sin exámen prévio, con la particularidad de que los ministros no tienen obligacion ninguna de asignar causa cuando hacen la aplicacion. i Cosa terrible !-y mucho mas si se consideran sus efectos , los cuales alguna vez han sido tan fatales que han causado- la muerte de los extrangeros; porque
3 3 hay mas de un ejemplo dé algunos desgraciados que han sido arrojados sobre las costas del continente, que no eran otra cosa que urna cadena de escollos, por efecto de una consecuencia deplorable de nuestras tempestades revolucionarias, y de la obediencia dócil de aquellos que hoy nos echan en cara con acritud la nuestra. Sir Samuel Romilly combatió siempre estas medidas atroces ; y si su voz elocuente no consiguió que tuviesen efecto sus esfuerzos, consiguió sin embargo, que se adoptáran alguna vez. Una de las ventajas de la oposicion en los gobiernos representativos es la circunspeccion que impone al poder, aun cuando triunfa ; y así pura comparar bien sus ventajas es necesario tomar en cuenta el mal que no se hace. Creo , señores , no haberme explicado con imprudencia hablando de las leyes extrangeras , que con todo cuidado insinué no se aplicaban frecuentemente 5 y cuyas circunstancias producirán sin duda su próxima. abrogacion. Con este motivo no quiero dejar pasar un pensamiento dulce y consolador que se me presenta : no há muchos años que un espíritu de persecucion disputaba á sus timas hasta el mas pequeño refugio .en el mundo que se dice civilizado. Por todas partes se profesaba un orgullo que protejia las
134 doctrinas opuestas á la hospitalidad , y se podia decir que el título de gloria de los hombres poderosos era el de arrojar fuera de si á los que les suplicaban y á los desterrados fugitivos. Si algun pais menos salvage parecia acordarse que el . derecho de asilo era inviolable, al momento se levantaban voces implacables para persuadir que la generosidad era un crimen y que el órden solo se conservaba y consistia en el destierro y la extrafiación. Pero estos tiempos ya no existen, y los desterrados respiran : la patria mira con interes á sus hijos por distantes que se encuentren , 'y se complace en prever la época en que podrá recojerlos en su seno. Carnpeon celoso de la libertad individual de todos los habitantes de la Europa, el caballero Romilly no podia tampoco ser insensible á los sufrimientos menos injustos y mas espantosos de una raza de hombres, á quienes los europeos han mirado por largo tiempo como una presa entregada sin defensa á su barbaridad y codicia. Los infelices negros arrebatados á sus familias acinados en edificios llenos de infeccion , espirantes de miseria en la travesía s 6 pereciendo en el trabajo y el dolor bajo el azote de sus verdugos estos negros 9 cuya. esclavitud , desde las seducciones 6 violencias de que se echa iban° para robarlos, hasta los suplicios es-
1 3 I pantosos que se emplean y prolongan para contenerlos, es un crimen que ningun interes puede justificar , ni puede tampoco absolver ningun sofisma ; estos negros encontraron en Sir Samuel Romilly un émulo y un apoyo del virtuoso Wilberforce , y sus dos nombres son célebres por haber procurado la abolicion de un tráfico que es quizá la mas grande maldad con que se han manchado las naciones modernas. Otra de las causas que hicieron tambien célebre á Sir Samuel Romilly or que manifestaron su justicia , fue su conducta en el negocio de los católicos. No hay duda que un pueblo yerra grandemente cuando perpetúa las leyes opresoras, que no excusa, á los ojos de la justicia y de la razon , aun el momen- to de una crisis política. Este yerro ha sido el de los ingleses. La religion católica, -largo tiempo perseguida por éllos en Irlanda y humillada de un modo el mas cruel, ha encontrado cierta suavidad gradual en el progreso de las luces; pero las leyes que existen todavía, merecen la reprobacion de todo hombre imparcial que quiere que todos sus semejantes, que tienen iguales derechos , tengan tambien una parte igual en la proteccion de la sociedad La cuestion de la emancipacion de los católicos se reproduce sin cesar en Inglaterra, porque nada se resuelve difinitivamente don-
136 de queda injusticia. Sir Samuel Romilly desde su entrada á la Cámara de los Comunes no dejó pasar ninguno de los debates excitados por esta cuestion sin prestar todo el apoyo de su elocuencia á las reclamaciones de los oprimidos... Réstame hablar, señores, del último rasgo del carácter del caballero Romilly , porque le da nuevos derechos á vuestro interes ; este rasgo desgraciadamente muy raro en una nacion, sobre la cual yo he procurado preservar mi juicio tanto de un entusiasmo fuera del caso, como de un resentimien- to que es necesario ver desaparecer por el bien del mundo; este rasgo, vuelvo á decir, era una adhesion profunda y sincéra por la Francia ; bien que no puede menos de suceder esto á los hombres que sienten correr en sus venas la sangre francesa. La injusticia puede apartarles de su patria, puede, prolongándose, obligar al desterrado á concluir sus días en el suelo extrangero ; pero aun á la mas grande distancia de las generaciones que han dejado de existir, los sentimientos franceses renacen con solo oir el nombre de Francia: y cuando el descendiente de una patria vuelve á verla tierra que habitaban sus antepasados, no experimenta en medio de su alegría sino un triste pensamiento 5 á saber, el de sus sufrimientos, y sobre todo el de su destierro.
37 Originario de Francia Sir Samuel Romilly amaba nuestro carácter nacional , nuestro espíritu 5 nuestra literatura, nuestras costumbres, nuestros hábitos sociales. Desde el principio de la revolucion de 1789 hasta el último momento de su vida se interesó siempre del modo mas decidido en 'todos los acontecimientos que pudieran contribuir á nuestro bien bie estar y libertad. En, los primeros meses de este arlo memorable, en el que fueron proclamados principios , ácia los cuales nos habian conducido treinta anos de experiencia, vino á París para ver á los hombres que se distinguían en aquella época: entonces se estrechó con él muy particularmente Mirabeau, y las primeras conversaciones de éste recayeron sobre el estado dificil de conocer la constitucion Británica, de cuyas resultas, y por instancias de aquél, hizo un compendio de los reglamentos observados en la .Cámara de los Comunes para las discusiones y votaciones, cuya obra hizo imprimir el mismo Mirabeau, explicándose de este modo en el prólogo cuando habla del autor : "deba, dice, este trabajo emprendido para la Francia, á un inglés que , aun- , que jóven , ha merecido una alta reputacion, a quien todos los que le han conocido par", ticularmente miran como una de las esperanzas de su pais: . este es continúa uno de 2
144 No he creído que debla dejar de comprender en esta obra unas cuestiones , en las que se presentan por el ilustre escritor los mejores principios , y en las que se trata con el mayor acierto de cuanto se opone á la libertad de la imprenta , cuyo sagrado derecho es de la primera importancia en todas las naciones donde felizmente gobiernan los principios constitucionales.
145 CUESTIONES SOBRE. LA LEG-ISLACION ACTUAL DE LA IMPRENTA EÑ FRANCIA, Y SOBRE LA DOCTRINA DEL MINISTERIO PÚBLICO RELATIVAMENTE Á LA OCUPACION DE LOS ESCRITOS Y Á LA RESPONSABILIDAD DE LOS AUTORES É IMPRESORES. De la intencion manifestada por el gobierno presentando la ley relativa á la ocupacion de los escritos y de la conviccion enunciada por las dos Cámaras al tiempo de adoptar esta ley. E n 20 de julio de i 8 u una ordenanza real ha declarado que se Babia ya reconocido por la experiencia "'que la restriccion TOM. III. IQ
146 puesta á la libertad de la prensa por la ley de 21 de, octubre de 181 4 (restriccion que sometia á la censura las obras que tenian menos de veinte fojas)) presentaba mas inconvenientes que ventajas, y que por lo mismo se habia alzado." En 7 de diciembre de 1816 el ministro de la policía presentó un proyecto «con el objeto de garantir y consolidar la preciosa libertad de la imprenta que la carta consagra , que debe iluminar como una antorcha al gobierno y á la nacion , cuyos abusos no podrán en adelante ser oprimidos sino por los tribunales depositarios de todos los derechos, igualmente que protectores del órden público , de la tranquilidad y reposo de las familias, y del honor de los ciudadanos." Este proyecto estaba destinado , segun decia el mismo ministro, " no á cambiar la legislacion penal sobre la imprenta, legislacion suficiente (son sus palabras) contra los abusos y delitos sino para dar al ejercicio razonable y legal de esta libertad una garantía necesaria parque las disposiciones del artículo 15 titulo 2.° de la ley de 21 de octubre año de 1814 podian comprometerla , ó á lo menos disminuir la seguridad de que élla tiene necesidad." Por consecuencia se han prescripto por
.;‘,.?":,111WMTIA~ 147 el proyecto de ley una porción de nuevas formalidades relativas á la ocupacion de libros y al juicio de éstos , luego que aquella se ha verificado con la intencion formalmente manifestada de favorecer la libertad de la imprenta. Al proponer en el mismo dia una ley que sometia á los periódicos á la autoridad 5 ha dicho el - ministro de la policía "que no resultarla de lo que habia determinado el gobierno la destruccion de la libertad, de las discusiones públicas..., porque los escritos de todos g é neros , los folletos y las reclamaciones de los ciudadanos podrian publicarse sirt obstáculo , y circular con libertad bajo la responsabilidad legal de sus autores. Nadie podrá imaginar , añade 5 que bajo ,un régimen de esta naturaleza pueda la prensa ser ó parecer esclava." El mismo ministro , continuando su discurso, ha traído á la memoria'"que en tiempo de Bonaparte en vano habria pedido nadie á los que escribían obras ó folletos el que publicasen verdades y reclamaciones que los periodistas no quisiesen insertar ; pero que hoy se habian abierto mil puertas á las opiniones y á las reclamaciones ; y que los derechos públicos solemnemente reconocidos y puestos realmente en ejercicio , se sostenian y defendian el úno al ótro."
148 Despues de la discusion del proyecto, habiéndose propuesto una multa , consintió en élla el ministro de la policía, diciendo "que lo hacia por ser favorable á la parte ocupada , y que era esto el objeto de la ley." El 18 de enero en lá relacion hecha á la Cámara -de los diputados sobre las restricciones que iban á imponerse á los periódicos , el que leia el dictámen, manifestó con mucha vehemencia las garantías que se habian dado á la libertad de los libros : "la libertad de la prensa existirá mas íntegra y mas absoluta , decía , que bajo el imperio de la ley de 21 de octubre de 1814: el dia en que los ministros abusasen de la libertad sobre los periódicos, la de la prensa de que nósotros gozamos para todas las demas obras no sería un vano socorro ; y las quejas respetuosas de la nacion , llegando de todas partes hasta el trono, harian temblar á los ministros prevaricadores." Abierta la discusion en 20 de enero, todos los defensores de los proyectos propuestos por los ministros se apoyaron 5 como el que habla hecho la relacion del proyecto , en la seguridad de la libertad de los libros para hacer admitir con menos trabajo la dependencia de los periódicos. He escogido por casualidad algunos de sus discursos que no haré mas que citar,
149 reFeriéndolos muy por alto , porque era tal la fuerza de su conviccion , que casi todos han expresado las mismas ideas en lasmismas palabras. ; t Si un simple ciudadano, ha dicho Mr. Duvergier de. Hauranne, ha concebido ciertas ideas que cree útil publicar. ; libre es de hacerlo : ve que hay abuso ; que respecto. de él se ha cometido una injusticia por un prefecto ó por un ministro...: en tal caso denuncia al público á este prefecto y á este ministro , y publica el abuso ó la injusticia. He aquí la libertad de que nosotros gozamos , y de que vamos á gozar todos hoy mas que nunca. No hay que temer que el_ abuso que los ministros hagan de su poder y las faltas que comentan sean ignoradas." "Mr. Becquey , comisario del rey , ha establecido que la libertad de la prensa nada absolutamente podia padecer en la cuestion de los periódicos, 'porque cada úno podia publicar sus opiniones con una entera libertad : que nadie podia impedir que aquellas ideas que no se quisieran admitir en los periódicos parecieren impresas 'bajo cualquiera otra forma : que el autor que imprimiese su libro és su folleto, debía gozar de la mas absoluta libertad ; y que los franceses serian siempre libres, porque todos los escritos podrian ser publicados."
I so Mr. Courvoisier se ha explicado del mismo modo. "Gracias al soberano que en su carta ha consagrado la libertad de la imprenta : los autores gozan hoy de élla plenamente , y encuentran todavía una nueva garantía de este beneficio de la ley sobre la forma de proceder con respecto á los escritos ocupados." Tales han sido las palabras del comisario del rey, Mr. de la Malle. Sería justo, exclama Mr. Camilo Jourdan, separar la ley que se nos ha presentado sobre los periódicos , de la que le ha ,precedido sobre los escritos? Si el gobierno tratase de ocultar la verdad en los periódicos, de alterarla 6 combatirla 5 no lo dudemos 5 al instante veríamos que arrojada de unas lijeras fojas se iba á refugiar á los escritos mas sólidos. Del seno de este brillante destierro élla elevaria una voz acusadora le echaria en cara su disimulo ó su mentira, y no habría adquirido ' otra cosa sino la vergüenza de un artificio absolutamente inútil. El gobierno por la libertad de los escritos se ve casi reducido á no poder abusar de los periódicos." En fin , Mr. el conde de Cazes en su réplica ha reiterado su declaracion « de que el rey habia querido conceder anchura á todos los escritos" Las mismas seguridades se han dado á la Cámara de los Pares. El
ts ministro de policía presentando el proyecte> de ley en t I de febrero, ha dicho, que el libertar los escritos ordinarios de toda censura era restituir á los ciudadanos el ejercicio del derecho de publicar sus derechos individualmente ; que este derecho no inspiraba temor alguno á los ministros; que estaba consagrado por la carta , y que lejos de pensar en restrinjirle el rey 7 habla querido darle mas garantía." El orador que hizo la lectura del proyecto procuró manifestar la diferencia que separa los periódicos de los libros : "el gobierno , ha dicho terminantemente , se ha propuesto hacer absoluta la libertad de éstos." Los Pares que han sostenido el proyecto relativo á los periódicos , han afirmado, "que lejos de atacarse el principio constitucional de la libertad de la imprenta , la -única excepcion que se próponia era por el contrario su mas solemne reconocimiento; pues que todos los escritos , fuera de los periódicos, podrian ser publicados libremente." Y Mr. el conde de Cazes ha hecho una cuarta profesion de fe tan liberal como explícita , quejándose con todo el sentimiento de una buena intencion, de que uno de sus contrarios "creyendo al paracer que el ministerio buscaba trastornarlo todo, y suponiendo que la ley discutida tendría otro objeto
IS2 que el que élla presentaba, no habla visto sino una red en este beneficio." He sacado todas estas citas de un periódico ( el Monitor), y las he multiplicado para hacer mas incontestables las verdades que arrojan de sí ; resultando de todo que la ley propuesta en la última sesion relativamente á la imprenta , ha sido presentada por el ministerio como para suavizar la legislacion existente : que los ministros han declarado expresamente , que querían fue s e libre la imprenta, y que los autores entuviesen en mas seguridad que lo que estaban anteriormente : que éllos se han apoyado en el aumento que se daba á la libertad concedida á los libros para obtener severas restricciones respecto de los periódicos: que los oradores que han hablado en el sentido ministerial, han profesado la misma doctrina que puede mirarse sus discursos como que han contribuido esencialmente á la adopcion de la ley , y por consecuencia corno empeños que éllos hacian á nombre del gobierno á las dos Cámaras tanto mas formales é irrecusables cuanto que muchos de entre éllos no eran simplemente pares 6 diputados sino ministros ó comisarios del rey, y hablaban oficialmente en este concepto : y en fin, que despues de los debates de las Cámaras y de las respuestas de los
'53 depositarios de la autoridad , ha debido la Francia pensar que la libertad de la imprenta ha estado más asegurada y mejor garantida que -anteriormente. De la doctrina y de la práctica de los abogados del rey en el tribunal de la policía correccional en la Córte real, en las causas relativas á los escritos ocupados. La intencion del rey ha sido por consecuencia el que la imprenta fuese libre. El convencimiento de las Cámaras, adoptando las leyes propuestas por los ministros , ha sido la misma , salvo una excepcion tan sola que se ha hecho sobre los periódicos. Y la nacion, que hace veinte y cinco años no ha cesado de manifestar su voto únanime con relacion á este asunto, ha debido creer satisfecho este voto. Sin embargo , acaban de instruirse dos procesos contra varios escritores en virtud de la ley preservadora de la imprenta. Este hecho no me asusta , porque ningun hombre sensato ha disputado la . necesidad y la justicia de la accion de los tribunales sobre los escritores. No solamente los procesos intentados por la calumnia 5 por yerrO ó con
256 NOTA. Siendo propiedad del que subscribe la presente obra, ha creido del caso ponerla el distintivo de su firma y rúbrica al principio de este volúmen ; en la inteligencia que no reconocerá por suya la que no tenga este requisito, y que perseguirá con todo el rigor de la ley á cualquiera que la reimprimiese sin su permiso.
2 .0 La premura con que ha tenido que darse al público esta obra, y ciertas causas que han sido públicas, podrán haber dado ocasión á que se noten en élla algunas erratas que no todas se habrán quizá tenido presentes al tiempo de la correccion: sin embargo, se deben advertir las siguientes : ERRATAS DEL TOMO I. Pág. II , lin. 9, dice exátas, léase exactas. — XI , — 18 , ofenderla — defenderla. — 13 , — 7 , ilegitimidad — legitimidad. 16 , 16 , ilimitada—limitada. — 36 , — 6 , en el concurso— sin el concurso. — 37 , 29 , ejecutivo — judicial. — 89 , — 23 , que cambia — que no cambia. 92 , 28 , al derecho — el derecho. 98 , - 28 tu consentimiento su consentimiento. - Ioo , — 2 1 fureza — fuerza. - I oo , — 2 5 , les es contrario— le es contrario. - 121 - 23 , la componen le componen. 159 5 - 20 directa indirecta. TOM. III. 17
258 ERRATAS DEL TOMO II. Pág. 8, lin, /6, dice atentaba , léase atentase. .1r , Y o , no exterior — en lo exterior. 12 5 - 11 y como la — y como en la. 13 , — 21 5 se conoce — se conocerla. 13 - 25 ellas — ellos. 14 , — 3 , sofocado — sufocado. 14 — 8 , que esto , solo — que esto solo. 17 , /6 , de localidad." — de localidad. 26 , •7 , ejrcito -7- ejército. 31 , 29 , del Bar', á los — del Bar á los. 33 , 6 , crímenes — crímenes. 35 , 28 , constituria constituiría. 37', 21 gendarmes gendarmas. — 197 241 respestarla respetarla.
2 5 9 ERRATAS DEL TOMO III. Pág. 3o , Un. 6 , dice pueblo cuando, léase pueblo aun cuando, — 63 5 - 17 , mas eficaz mas ineficaz. — 8o , 28 , evitar imitar. 87 , 23 , social no hiciesen social hiciesen. 9 1 7 mateniendo — manteniendo. - 102 7 - 28 , crímines — crímenes. - 112 ; - 17 , esparanzas — esperanzas. 118 ,— 25 , dado para — dado como un remedio para. 1S2 5 12 , entuviesen — estuviesen. 15 9 , 1 7 , directo — indirecto. 1 73 , S , ni la ni de la. 192 , 7 , existe — excite. - 2 4 2 g 7 , en emboscada como en emboscada. - 246 ; 2 el que subscribe -- del editor.