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La escul u a igu a i a neg o-A icana y las í genes
en onizadas medie ales dos mundos "no an dis an es".
Jose Vicen e Alba án Fe nández
1. In oducción.
No debe pa ece nos ex año que a pa i de un sen imien o de a acción po una
de e minada cul u a, pongamos po caso la escul u a clásica g iega del pe iodo a caico,
con inuemos e olucionando has a sen i nos del mismo modo a apados po la belleza de
o as ci ilizaciones y pe iodos a ís icos, como la egipcia, el ománico, el a e a icano,...
Todos ellos pa icipan, en mayo o meno medida, de unas ci cuns ancias con ex uales
que pa ecen engloba los, y que se aducen en un lenguaje a ís ico simila .
Es a, puede se una opo unidad inmejo able pa a pa a nos a e lexiona sob e el ema
y cues iona nos sob e la cos umb e de es udia y es uc u a la his o ia del a e de mane a
agmen ada. ¿Po qué no apo a una isión más in e elacionada de los di e en es es ilos
y pe iodos a ís icos? Sin duda, ello conduci ía a un es udio mucho más en iquecedo ,
basado en el azonamien o y el análisis, ya no sólo de la ob a de a e, sino de los
condicionan es que han lle ado a di e en es ci ilizaciones, algunas de ellas muy alejadas
en el espacio y el iempo, a adop a , en sus exp esiones plás icas, un lenguaje a ís ico
muy pa ecido. Se debe concebi el a e como una exp esión de sen imien os e inquie udes
del homb e, que se haya condicionado po su en o no y expe iencia.
Han anscu ido miles de años y, sin emba go, de e minados aspec os inmanen es al
se humano han pe manecido in a iables a lo la go de la e olución de la humanidad: la
necesidad de c ee en se es supe io es, de elaciona se con o os indi iduos, e c.
Con el obje o de conc e a más el campo de es udio, analiza emos la simili ud en e
dos cul u as, apa en emen e muy dis an es, como son la neg o-a icana y el a e ománico;
cen ándonos, especialmen e, en la escul u a a icana, po azones ob ias. Nues a
in ención y deseo pasa po con ibui al de umbamien o de ese "mu o" que han
cons uido y que pe manece aún en nues os días.
2. Descub imien o del a e a icano.
Pa a comenza , se ía con enien e analiza el concep o que se ha enido y se iene del
a e a icano. Tu imos que espe a mucho iempo pa a que el a e neg o de nues o ecino
con inen e ue a obje o de es udio; es o no ocu ió has a que Eu opa ex endió su dominio
sob e Á ica. Se á Leo F obenius el p ime eu opeo que inda homenaje a las
ci ilizaciones neg as, a inales del siglo pasado. En su ob a analiza la ac i idad es é ica
de los neg os.
El segundo acon ecimien o impo an e u o luga en 1879, en Pa ís, donde se unda el
Museo de E nog a ía del T ocade o, que se con i ió en el p ime museo dedicado
exclusi amen e a las a es y o icios de los pueblos no eu opeos. En es os úl imos años de
siglo se ealiza án a ias exposiciones de a e a icano en los Países Bajos.
Pe o el momen o cla e se p oduce cuando el "A e ingenuo", en Eu opa, log a ascende
a la escul u a a icana al ango de "a e"; pues has a en onces no pasaba de se una
"cu iosidad". Es e mé i o le co esponde a los pin o es au es, cubis as y exp esionis as.
Se a ibuye a Vlaminck se el p ime o que es imó el a e neg o en su jus o alo . De igual
modo, De ain y Picasso comp endie on el pa ido que se le podía saca a sus concepciones
plás icas, adap ándolas a su pin u a. Más a de, Modigliani pone sus ojos, ambién, sob e
el con inen e a icano.
Mien as que los exp esionis as alemanes a endie on más a su "con enido emocional",
los cubis as se mos a on más in e esados po el "ca ác e a qui ec ónico" de que es án
p o is as las escul u as a icanas.
En cualquie caso, ya se de ec a on mues as de in e és po es e a e, en épocas
an e io es. Se sabe que Ca los el eme a io, en 1470, adqui ió algunas escul u as; po su
pa e, Diego Cao, un po ugués, adqui ió o as piezas del Congo, en 1486; ... Sin emba go,
ales ejemplos no dejan de se casos aislados; es más, incluso, en nues os días, puede que
ales ob as no ocupen el luga que le co esponden.
En cuan o al a e medie al eu opeo, ocu e algo pa ecido, simplemen e enemos que
hace alusión al an enomb ado " únel oscu o", con el que se ha enido de iniendo, en
nues as escuelas e ins i u os, a es e pe iodo de la his o ia eu opea.
3. Con ex o geog á ico y climá ico del con inen e a icano.
A ica es una g an península, únicamen e unida a Asia po una minúscula po ción de
ie a. P esen a, en gene al, impo an es di icul ades o og á icas, al igual que muy du as
condiciones climá icas, que han condicionado du an e mucho iempo su aislamien o. Si
excep uamos el Mag eb, en el no e, y el ex emo su , no encon amos apenas zonas
empladas, sí g andes ex ensiones de a dien es desie os y densas, cálidas y húmedas
sel as. Como consecuencia, sus suelos suelen se bas an e pob es en humus y, po ello,
poco é iles y poco adecuados pa a el desa ollo de la ag icul u a.
Es indudable que, aunque no que amos cae en el ópico ace ca de la imagen con que
se suele p esen a a Á ica, odos es os condicionan es na u ales ienen que habe in luido
ex ao dina iamen e en sus cos umb es, ca ac e es y, po supues o, en la mane a con que
plasman sus inquie udes en sus ob as a ís icas.
4. Acon ecimien os his ó icos.
Es el momen o de en a a analiza cie os acon ecimien os his ó icos que han
condicionado su cul u a. En p ime luga , señala emos la in asión de los á abes, que u o
luga , después de la mue e de Mahoma, en el siglo VII; los cuales se in e na on en el
con inen e a icano a a és del is mo que lo une con Asia Meno . Po o o lado, el
es echo de Gib al a , que más que una sepa ación, ha supues o un puen e con Eu opa.
Po allí, los á abes, a p incipios del S.VIII, se in oduje on con sus opas en nues o
con inen e. Finalmen e, el Ma Rojo, ambién si ió de lazo de unión con A abia, con
quién se lle ó a cabo in e cambios e, incluso, en ocasiones, expediciones gue e as.
Se sabe ambién que desde el siglo VIII, indios y á abes ecuen a on las cos as de
A ica o ien al. Po su pa e, los enicios es ablecie on ac o ías en el li o al medi e áneo;
la más esplandecien e de las cuales ue Ca ago, undada a p incipios del siglo IX a. de
C., con i iéndose en base del impe io púnico. El papel de es a ciudad ue impo an e,
pues si ió de enlace con los países del in e io , con quien se es ableció una impo an e
ed de come cio. Es a ciudad suminis aba a es os países sal, ejidos, id ie ía,... a cambio
de o o, ma il y escla os. Más a de, Roma unda nume osas ciudades en la que ue su
p o incia, Á ica, u ilizándola como su g ane o de igo, sin desa olla la he encia
come cial de los ca agineses. En el in e io del con inen e se expe imen a on, en las
g andes ías na u ales, mig aciones, algunas iolen as.
Especial mención me ece el su imien o c uel que ocasionó la a a de neg os, lle ada
a cabo po los eu opeos du an e es siglos y medio, desde el siglo XVI has a el XIX. La
causa de la p oli e ación de es e lamen able come cio humano ue la impe iosa necesidad
de mano de ob a de los plan ado es blancos en Amé ica y las An illas; es os no podían
con a con los indios, eacios a los abajos ag ícolas, o, simplemen e, po que e an
eliminados. Es e come cio ma í imo implicaba la expo ación a Á ica de pól o a, a mas
de uego y alcohol, el aslado de a icanos al Nue o Mundo, donde e an endidos como
escla os, y, inalmen e, la impo ación de p oduc os ob enidos de es a desa o unada
mano de ob a hacia Eu opa (po ejemplo, la caña, de la que se ob enía el azúca y el on).
P ime o ue on los po ugueses, después los holandeses y los ingleses y, po úl imo, los
anceses. En el siglo XVIII se llegó al apogeo del come cio de escla os.
Resul a i ónico que, g acias a es as p ác icas de escla i ud que an o daño causa on, se
di undie a la cul u a a icana po luga es an dis an es de su cuna; dando luga a odo ipo
de mani es aciones cul u ales: los cul os sinc e is as del B asil, el udú hai iano, el jazz,
e c.
El come cio de escla os, p ohibido en Ingla e a en 1807 y en F ancia en 1815, dio
paso a una ca e a ulgu an e de las naciones eu opeas po asegu a se nue os me cados.
Su obje i o e a, una ez más, consegui ma e ias p imas, po lo que empeza on a
aden a se en el con inen e, iniciándose una sis emá ica explo ación de Á ica. A ines
del siglo pasado, Á ica había sido epa ida. Después de la segunda gue a mundial, se
inició la e a de la descolonización.
Es indudable que es a colonización u o, necesa iamen e, que ene sus consecuencias
en sus habi an es, in oduciendo p o undos cambios en sus idas. Pe o no odas ue on
nega i as, ya que se expe imen ó un p og eso en el campo écnico y sani a io. O a
consecuencia ue, sin en a en alo aciones, la expansión del c is ianismo e islamismo,
eligiones mono eís as. F u o de es as con e siones, sus mani es aciones plás icas se
ie on, igualmen e, me amo eadas. La con e sión a alguna de es as dos eligiones
implicó unos cambios ine i ables en sus mani es aciones a ís icas. Así, en aquellos
pueblos donde se p odujo un con ac o con el c is ianismo, es muy habi ual encon a
escul u as donde los emas han sido omados del An iguo o Nue o Tes amen o. Po el
con a io, en aquellos pueblos que han expe imen ado la in luencia del islamismo, no
exis en apenas igu as idimensionales, pues el Islam e en es as un sus en o de
idolola ía.
Como consecuencia de es e desa aigo de sus c eencias y cos umb es ances ales, el
a e se ha ido iendo p i ado de la ex ao dina ia ue za mo iz que, o iginalmen e, lo
ca ac e izaba. Se obse a una cie a degene ación de la escul u a adicional. Resul a muy
is e e como los neg os a icanos se si en, cada ez más a menudo, de u ensilios de
p ocedencia eu opea, en luga de las he amien as, que an año, ab icaban ellos mismos.
Has a aquí hemos hecho un b e e epaso po la his o ia de Á ica, du an e y después
de la p esencia de los eu opeos en su suelo. Desa o unadamen e, no se posee apenas
in o mación esc i a sob e su his o ia p ecolonial; po lo que el in es igado debe acudi a
las uen es o ales ecogidas, cuando el con inen e se ab ió al mundo, si desea conoce sus
adiciones más ances ales.
5. La escul u a igu a i a en el Á ica neg a. Tendencias escul ó icas.
An es de con inua aden ándonos en el ema, es p eciso deja cons ancia de la insóli a
impo ancia de la escul u a en la ida de la mayo ía de las sociedades neg as. Supone, sin
luga a dudas, una apo ación de Á ica al a e uni e sal. Ya imos como, pa a los a is as
occiden ales, el a e de los a icanos supuso una guía y un es ímulo.
En cuan o a sus o ígenes, casi oda la escul u a a icana debe su exis encia a las
sociedades ag ícolas es ablecidas en la sabana y en las zonas sel á icas. Pe manece unida,
en g an medida, a cul os encaminados a esponde a las necesidades i ales: la ecundidad
de las muje es, la salud de los indi iduos, la e ilidad de los campos, e c. En cambio, los
ganade os nómadas, la mayo ía de eligión islámica, no han p oducido nada no able en la
escul u a. En las sabanas el paso de la es ación seca a la llu iosa cons i uye un pe iodo
de p i ación e, incluso, a eces de ayuno. Ago ados los p oduc os de la cosecha, no
siemp e adminis ados p e iso amen e, y no con ándose con o os ecu sos, no es a a la
apa ición del hamb e. En las egiones sel á icas se p ac ica la ag icul u a, pe o de un
modo peculia . En ambas zonas, la c ía de ganado meno , la caza, la pesca y el espigueo,
suminis an una ayuda impo an e pa a la alimen ación.
En ningún momen o es e a e esponde al deseo de hace ala des de i uosismo o de
ag ada ; no p e ende an o desc ibi como ins au a ealidades. En cualquie caso, aunque
la escul u a es más ecuen emen e poco na u alis a, en muchos casos llama la a ención
po su excesi a udeza, en ocasiones, como es el caso de I é, se llegó a desa olla
ep esen aciones del os o humano de una g an pu eza o mal y un al o sen ido
na u alis a.
Es impo an e se conscien es de la ex ema a iedad de sus mani es aciones a ís icas,
muy a menudo desconocida. Cuando ienden al na u alismo lo hacen, gene almen e, con
el cuidado de ep oduci el ipo é nico. Es a endencia se opone al esquema ismo de la
sabana, en donde los obje os se en educidos a sus líneas esenciales. Pe o ambién se han
es ablecido di isiones según el a amien o del os o, dependiendo de si se abajan más
las o mas cónca as o con exas; es as úl imas esponden al es ilo pu amen e neg o, más
an iguo. Así como o as di isiones se han basado en el ealismo o exp esionismo de sus
igu as. Po úl imo, enemos la in luencia de los concep os islámicos, que enuncian al
an opomo ismo.
En cuan o a las ob as en las que sus au o es no han enido una in ención na u alis a,
es as nos sugie en una sensación de g andiosidad, de inmo ilidad y de e dad, pa ecen
"más e dade as que la e dad misma". Según Eins ein, pa a los escul o es a icanos la
es a ua es la ealidad mí ica y ence ada sob e sí. Una es a ua que es un Dios o, al menos,
un ecep áculo de una di inidad, sólo puede e es i una apa iencia de cosa en sí, en luga
de p esen a se como una c eación a i icial. Cada pa e de la escul u a exp esa el sen ido
que iene pa a ella misma; su in eg ación se ope a en unción de la necesidad de da al
conjun o una " o ma ce ada y he mé ica", que le con ie e su p opia ealidad. Los neg os
saben c ea ob as de jus as p opo ciones, pe o no debemos en ende lo con espec o a las
p opo ciones na u ales, sino en cuan o a que pe siguen o as cualidades, como la a monía,
la i meza de su es uc u a y la ne a o mulación de de e minados de alles, de un g an
pode de con icción.
6. Fines de la es a ua ia a icana.
Las p oducciones plás icas neg oa icanas esponden, en su g an mayo ía, a ines
eligiosos-mágicos; son mani es aciones de g andes p incipios e ideas gene ales. El
escul o neg o pa e de la idea de Dios a la igu a que lo ma e ializa, en luga de alza a
la belleza di ina las mues as de humanidad en que se había inspi ado. Se a a,
gene almen e, de obje os de uso i ual. Pa a que u ie an oda la e icacia deseada, debían
se lo más bellos posibles; e a necesa io que ag adasen a los dioses y a sus an epasados.
Así, en es os casos, el alo uncional se mues a es echamen e inculado a una calidad
es é ica. Más adelan e habla emos sob e su concep o de belleza.
Resul a cu ioso, cómo a pesa de que casi odos los pueblos a icanos c een en la
exis encia de un g an Dios c eado , y lo in ocan en sus plega ias, jamás lo ep esen an en
ninguna escul u a. Las es a uas son consag adas a di inidades secunda ias o an epasados,
a quienes se di igen como mediado es en e el homb e y esa di inidad sup ema, o a
espí i us u o as po encias de segundo o den, a las que in e esa in lui . Pe o siemp e
suelen ep esen a a una sola pe sona o, a lo sumo, dos, como ocu e con las ma e nidades.
Suelen adop a una posición muy sencilla y es able.
Pe o es as p oducciones plás icas esponden además a o os ines: sociales, ya que
de e minados obje os-ado nos exp esan la posición social que se ocupa den o del g upo,
polí icos, de p es igio, de juego, e c. En cualquie caso, odas es as ob as de a e ienen
siemp e una u ilidad y, po an o, no se co esponden con lo que conocemos po "a e po
el a e"; aunque es o no excluye que puedan susci a una eacción es é ica en e los neg os
a icanos.
7. Concep o de belleza en los neg os a icanos.
El neg o a icano asimila la belleza al concep o de bondad y, sob e odo, de e icacia.
Pa a ellos una buena acción es cali icada como bella. Así, la bella másca a o el bello
poema es aquel que p oduce en el que lo escucha la emoción deseada: is eza, aleg ía,
e o , e c. El esc i o Claude Roy hace no a que los dialec os a icanos sólo ienen, en
su mayo ía, un adje i o pa a cali ica lo bello y lo bueno. En el g iego clásico ocu ía lo
mismo, pues aga hos signi icaba a la ez bello, bueno y alien e en la gue a.
Es impo an e deja cons ancia de la exis encia de una acusada sensibilidad a ís ica en
es os pueblos. Son muchos y a iados los indicios que es imonian la capacidad que ienen
pa a ap ecia la belleza. En cie as sociedades a icanas adquie en una impo ancia
ex ema la es é ica del cue po; son muy cuidadosos con su apa iencia.
Podemos habla , incluso, de códigos de belleza emenina. Exis en p e e encias po los
cue pos de cuellos la gos, así como ambién po los c áneos ala gados; en algunas zonas,
se los comp imen con made as y se hacen peinados que po encian es e ala gamien o. La
coque e ía emenina se mani ies a ambién en el iejo con inen e, desean engo da an es
de casa se, colo ean su piel, se co an y liman los dien es, se colocan a os en sus labios,
na iz y o ejas; dis ienden el lóbulo de las o ejas y sus labios con pesados discos, se
de o man los ombligos, esca i ican sus cue pos, se hacen a uajes que ienen una unción
social... También se ealizan mu ilaciones, la más ecuen e en el homb e es la
ci cuncisión, en la muje la escisión; que se con ie en, al mismo iempo, en una
iniciación y una p ueba. Es os i uales son concebidos como una ies a, dada la
impo ancia que es os pueblos a ibuyen a ales cos umb es.
En cuan o a los colo es, el ojo, con el que muchos pin an sus cue pos, es símbolo de
ue za y ida; aunque ambién puede in e eni es e colo en el a uendo une a io, como
señal de duda. También se u iliza el ojo como e igo izan e que se aplica al cue po del
en e mo. Po su pa e, el colo blanco apa ece elacionado con la mue e; mien as que el
neg o se u iliza en las ce emonias de los jó enes iniciados, danzas, e c.
8. Las másca as y los i uales.
El enmasca amien o se emon a a iempos p ehis ó icos; enemos cons ancia de ellos
en algunas pin u as upes es, donde apa ecen ep esen aciones de pe sonajes
enmasca ados. El in de la másca a es mos a en acción a se es ambiguos, imágenes y
ealidades a la ez; gua da una elación di ec a con la iniciación, una enseñanza que los
ecién llegados eciben de los mayo es, y cuyo sec e o deben gua da . Los homb es
echazan su pe sonalidad co ien e pa a con e i se en se es que se ace can a un es ado
de sob ena u alidad.
Las másca as pueden se más o menos complejas, pe o casi siemp e es án ca gadas de
de alles plenos de sen ido, con un g an sis ema de símbolos iconog á icos que encie an
el o igen de la adición. Pueden es a con eccionadas po mul i ud de ma e iales: made a,
ma il, b once (en Á ica se conocía el sis ema de undición a la ce a pe dida an es del
con ac o con los eu opeos),... Suelen ado na se con conchas, g anos, mechones de pelo o
pequeños obje os de p ocedencia eu opea, como: espejos, id ios, a eces, incluso, es án
ecubie as de me al. Hay másca as que imp esionan po su ca ác e ealis a, o as po su
elegancia geomé ica y o as po su espí i u iolen amen e exp esionis a. En cuan o a sus
dimensiones a ían ambién.
La másca a es á do ada además de un pode ope an e; esponde al animismo. Se u iliza
pa a i os conce nien es a di un os, a las po encias dueñas del suelo o bien pa a el eje cicio
de unciones de con ol social o policial. Las danzas con másca a se ejecu an
gene almen e an e un público, algunas eces es ingido. Puede i acompañado de ea o
y de juego. Indudablemen e, el enmasca ado iene la in ención de mani es a se y causa
imp esión, de modo que debe es a muy dis anciado del mundo co idiano. La másca a
o ece un aspec o an ás ico, que muy a amen e encon amos en la es a ua ia.
Pe o la másca a es ambién un obje o sag ado, y, como al, se conse a en un luga
p i ilegiado, lejos de la mi ada de los p o anos. En ocasiones, las másca as son p o egidas
con p ohibiciones se e as que impiden el ace camien o a ellas de muje es y niños.
Algunos pueblos pe mi en que muje es y niños engan sus másca as p opias, aunque
dis in as a las de los adul os.
Así pues, odas es as mani es aciones ponen de mani ies o el ex ao dina io alo que
se le da al ce emonial, some ido a una eglamen ación inal e able; la a acción que sien en
po los ado nos, ya que hay una endencia a ado na lo odo; así como po la música y la
danza, las cuales in e ienen ampliamen e en los i uales y en el abajo. También son de
i al impo ancia pa a sus idas las ies as, el sen ido ea al y, po supues o, la eligión y
la magia, que es án ligadas a odas las ac i idades, incluso a las más co idianas.
9. Ma e iales de la es a ua ia neg o-a icana.
Cuando hablamos de la escul u a a icana debemos se conscien es de que ha habido
una masi a desapa ición de es as, unas eces po la pu e acción de la made a, o as po
desin e és po su conse ación, simplemen e. Muy pocas eces se elabo a on con
ma e iales que pudiesen esis i el paso del iempo. Como dice Goloubew, el a e a icano
neg o es el pac o en e el homb e y la sel a, es a p es a al homb e sus esencias bellas pa a
que haga sus dioses; a cambio le dice que haga a es os a su semejanza. Se p oduce, pues,
una supe i encia del á bol en su me amo osis en es a ua. Pe o la made a no es a ada
o dina iamen e como si de un simple ma e ial se a a a, se llega incluso a ealiza i uales
con el in de e i a el esen imien o del espí i u que eside en el á bol de ibado. Po ello,
el escul o suele ap o echa el aspec o acciden al de la made a, no debiendo se
conside ada como igu a des inada a "pa ece " más que a "se ".
Vol iendo al ema de su conse ación, el neg o a icano, a menudo, ealiza en sus
escul u as epa aciones, sin emba go, si lo c ee con enien e, no duda lo más mínimo en
eemplaza aquella que ya no cumple su unción, po o a nue a, po sag ada que es a sea.
A de e minadas escul u as se les inco po an ing edien es a los que se les a ibuyen
i udes y p opiedades especiales. A al e ec o, pueden es a p o is as de un ecipien e en
el ien e, donde se deposi an ales sus ancias; siendo ce adas ecuen emen e con un
espejo. A es as es a uillas de made a se les llama "de elica io".
En cuan o a las dimensiones de la es a ua ia neg o-a icana, a ían de pequeños
o ma os, has a escul u as de dos me os de al u a.
10. El escul o socialmen e. La enseñanza del o icio.
En cie os países, el escul o es muy es imado en la sociedad; su oz pesa en las
decisiones de los consejos de las aldeas. Incluso el je e equie e su consejo pa a las
decisiones impo an es. También iene conocimien os de magia, a menudo. En de ini i a
son muy ap eciados po su alen o.
En lo e e en e a la enseñanza, en Á ica no exis e una c í ica ins i ucionalizada. El
ap endiz se limi a a obse a e imi a lo que hace el maes o. Luego es e le juzga,
pudiéndole incluso pega si c ee que es á mal lo que ha hecho.
11. Re lexiones.
Es el momen o de e lexiona sob e los dis in os aspec os an e io men e e e idos sob e
Á ica, alo ando los pa alelismos exis en es con la sociedad medie al eu opea y los
ma ices di e enciado es en e ambos mundos. Se ía in e esan e cues iona nos si dos
en o nos an ad e sos pa a el homb e, eco demos que Eu opa es aba sumida ambién en
cons an es gue as y epidemias, pueden, en mayo o meno medida, condiciona
de e minadas simili udes es ilís icas. Sin duda, se ía in e esan e hace un es udio
compa a i o, a lo la go de la his o ia, de las mani es aciones a ís icas lle adas a cabo en
momen os c í icos. También se ía posi i o busca las posibles causas po las que an o el
a e a icano como el medie al eu opeo han sido minus alo ados.
Una ez más encon amos un pun o en común en e la es a ua ia neg o-a icana y las
Ví genes Majes ad, ambas exp esiones a ís icas han sido concebidas con ines eligiosos.
Son muchas las a inidades sob e el concep o de di inidad que se p e ende plasma en
cada una de ellas. Así, en ambas cul u as, los i os eligiosos, muy habi uales, suelen es a
siemp e p esididos po es as imágenes. En cuan o al é mino "bello", ambién en nues a
cul u a encon amos cie a con usión; a menudo nos e e imos a una buena acción como
bella. Po o o lado, son muchas las p ác icas ce emoniales y es i as de nues a eligión;
sin i más lejos, la Semana San a, con los pasos, los naza enos, las elas, el incienso, la
música; incluso enemos ese componen e mágico que supone e i i el momen o de la
esu ección de Jesús, la cu ación de los en e mos, la ele ación a los cielos, e c. En ambos
casos se u ilizan, incluso, el mismo ma e ial, la made a. Se ía in e esan e in es iga si
exis e ese componen e de supe i encia de la na u aleza en la escul u a, como ocu e en
la es a ua ia a icana. Sí encon amos cie a inculación de es as igu as con la na u aleza
en las Ví genes Majes ad gó icas, las cuales son ado nadas con a ibu os na u ales, u as
gene almen e, con una impo an e ca ga simbólica.
En la Edad Media, cuando se es imaba indeco osa a una de es as Ví genes pa a se
expues a al cul o de los ieles, se las hacía desapa ece po medio de un en e amien o en
e eno sag ado. ¿Se pod ía asocia a esa misma idea que eíamos en Á ica de " eg eso
a la na u aleza"?.
Son in e minables las elaciones exis en es, menciona emos a g oso modo o as, como;
el componen e sag ado en las escul u as de ambos mundos, po lo que es án des inadas a
un luga p i ilegiado; la exis encia, en ambos casos, de imágenes- elica io; e c.
12. Ca ac e ís icas o males de las escul u as del Á ica neg a.
Uno de los mayo es obje i os conseguidos po es e a e es la o ganización de las
o mas, bien sea su elación po analogía o po con as e. Es á cla o que su ejecución ha
Vi gen en onizada. Pa oquia Villa ue a. Desapa ecida. Fo og a ía: A chi o Ins i ución P íncipe de Viana o
au o . Imagine ía medie al ma iana en Na a a. Gobie no de Na a a, 1988.
Vi gen en onizada con niño. Zolina. Museo Diocesano de
Pamplona. Fo og a ía: A chi o Ins i ución P íncipe de Viana
o au o . Imagine ía medie al ma iana en Na a a, 1988.