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El ser humano ante la responsabilidad: una aproximación antropológica de la obra de Jordan B. Peterson

Anguita Rodríguez, Mario

Abstract

En el presente trabajo se abordan las aportaciones del doctor Jordan B. Peterson a través de su obra a los campos de la mitología comparada, la filosofía de la religión, la psicología de las creencias religiosas e ideológicas, la teología, la metafísica, la ética y otros campos aledaños a estos. Se presenta de modo concatenado una argumentación y una exposición de las nociones epistemológicas y volitivas fundamentales de la existencia, amén de una recapitulación de los problemas y vicisitudes que en esta se dan. Se profundiza fundamentalmente en el concepto de la responsabilidad y en la figura del héroe como arquetipo del inconsciente colectivo. Durante toda la obra de Pterson, se van enarbolando argumentos para defender la tesis siguiente: Cristo es el máximo exponente del arquetipo del héroe.

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UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE FILOSOFÍA EL SER HUMANO ANTE LA RESPONSABILIDAD: UNA APROXIMACIÓN ANTROPOLÓGICA DE LA OBRA DE JORDAN B. PETERSON Trabajo Fin de Máster Universitario en Filosofía y Cultura Moderna Mario Anguita Rodríguez Junio de 2023 Tutor: Prof. Dr. Jesús Fernández Muñoz (Departamento de Estética e Historia de la Filosofía) 1 Índice Introducción..........................................................................................................................................4 1. Fundamentos epistemológicos, cosmovisivos y existenciales.........................................................6 2. Arquetipos mitológicos fundamentales..........................................................................................19 3. El camino hacia la heroicidad: el camino del héroe.......................................................................27 3.1 Sacrificio, futuro y fármacos...................................................................................................28 3.2 Sacrificio y responsabilidad.....................................................................................................30 3.3 El héroe como mediador: partida y regreso.............................................................................31 3.3.1 Caos y Orden: resquicios de viabilidad en estructuras disipativas de la existencia.........36 3.3.2 Consciencia de la pérdida y pérdida de consciencia........................................................37 4. El salto definitivo pero no el final..................................................................................................41 4.1 Vencer al dragón y volver a casa.............................................................................................42 5. El anti-héroe: síntesis del arquetipo los hermanos hostiles............................................................43 5.1 El demonio. Arquetipo occidental del enemigo acérrimo del héroe........................................46 6. Conclusión: Cristo y la responsabilidad.........................................................................................50 7. Bibliografía.....................................................................................................................................55 2 Resumen En el presente trabajo se abordan las aportaciones del doctor Jordan B. Peterson a través de su obra a los campos de la mitología comparada, la filosofía de la religión, la psicología de las creencias religiosas e ideológicas, la teología, la metafísica, la ética y otros campos aledaños a estos. Se presenta de modo concatenado una argumentación y una exposición de las nociones epistemológicas y volitivas fundamentales de la existencia, amén de una recapitulación de los problemas y vicisitudes que en esta se dan. Se profundiza fundamentalmente en el concepto de la responsabilidad y en la figura del héroe como arquetipo del inconsciente colectivo. Durante toda la obra de Pterson, se van enarbolando argumentos para defender la tesis siguiente: Cristo es el máximo exponente del arquetipo del héroe. Palabras clave: héroe, mitología, sentido, arquetipo, sacrificio. Abstract In the present research work, the contributions of Dr Jordan B. Peterson are addressed through his work, to the fields researches of comparative mythology, the philosophy of religion, the psychology of religious and ideological beliefs, theology, metaphysics, ethics and other fields surrounding these. It presents in a concatenated way an argumentation and an exposition of the most fundamental epistemological and volitional notions of existence, as well as a recapitulation of the problems and vicissitudes that occur in this. It delves fundamentally into the concept of responsibility and the figure of the hero as an archetype of the collective unconscious. Throughout the work, arguments are raised to defend the following thesis: Christ is the maximum exponent of the hero’s archetype. Palabras clave: hero, mythology, meaning, archetype, sacrifice. 3 Introducción En el presente trabajo me propongo llevar a cabo una aproximación a la antropología que subyace a la obra más importante de Jordan B. Peterson1. En este sentido pretendo ir escrutando dicha obra y trasluciendo, poniendo de manifiesto, aquellos puntos o ideas que sean cardinales de cara a realizar la síntesis antropológica. Este no es un trabajo meramente descriptivo o expositivo sino propositivo, es decir; a parte de realizar dicha síntesis antropológica, también aporto nociones, ideas y propuestas de otros autores de cara al enriquecimiento del paradigma antropológico que plantea Peterson. La propuesta antropológica que se hace cristaliza en el arquetipo del héroe, sobre el cual profundizaremos en alto grado durante estas páginas. En lo respectivo a la estructura, he dividido el contenido en seis puntos fundamentales, algunos de los cuales contienen subpuntos o subapartados. En esta línea trato de hacer constar los aspectos fundamentales de forma pormenorizada concediendo a cada punto o aspecto un valor jerárquico. En el escrito sigo una argumentación ordenada, en la que he pretendido ir construyendo mi propuesta desde los argumentos y premisas más fundamentales y necesarios para el posterior desarrollo de la obra, hasta los argumentos más concretos y la conclusión que se deriva de ellos. Para enarbolar dichos argumentos, he ido aportando desde el primer capítulo, explicaciones y nociones básicas que serán la base de todos los capítulos. De esta manera, en el primer capítulo desarrollo la cosmovisión, la epistemología y los fundamentos antropológicos que propone Peterson que luego se encontrarán de manera implícita en el desarrollo del trabajo. En el capítulo dos aumento un nivel la concrección, o dicho de otra manera reduzco un nivel de abstracción; es decir, me centro en los arquetipos básicos de conducta recopilados a lo largo de miles de años que sientan sus bases en las nociones antes expuestas y permiten el desarrollo de otros arquetipos, antropologías y las problemáticas y cuestiones que se siguen. A partir del capítulo tres me centro en el arquetipo del héroe y procuro desgranar todo lo relevante que tiene este arquetipo para poder entenderlo y voy dando propuestas y problemáticas suscintas a dicho arquetipo. En el desarrollo de los puntos que siguen a este (4, 5, 6) contrasto el arquetipo del héroe con el arquetipo de los hermanos hostiles centrándome en dos tipos de respuesta a la anomalía y acabo aumentando un nivel de abstracción y exponiendo las conductas cardinales del demonio. En último lugar, en el punto 6, contrasto estas conductas demoniacas con las conductas de Cristo y argumento por qué la conducta de Cristo es la más exitosa a nivel de conducta adaptativa exitosa y 1 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, Editorial Ariel, 2019, trad. - - Juanjo Estrella. 4 en otros niveles. Para dar una primera noción omniabarcante y propedéutica antes de empezar el primer capítulo propongo la siguiente cita: “Algo que no vemos nos protege de algo que no entendemos. Lo que no vemos es la cultura, en su manifestación intrapsíquica o interna. Lo que no entendemos es el caos que dio origen a la cultura. Si la estructura de la cultura se altera inadvertidamente, el caos regresa. Y hacemos cualquier cosa, lo que sea, para defendernos de ese regreso”2. Con todo esto y habiendo realizado un prolegómeno general espero que disfrute de la lectura. 2 Ibid. p. 11. 5 1. Fundamentos epistemológicos, cosmovisivos y existenciales. En el presente capítulo sentaremos las bases fundamentales para entender y desarrollar la exposición de ideas que luego se irán vertebrando. “El mundo puede entenderse de manera válida como un foro para la acción o como un lugar de cosas. La primera manera de interpretación, más primordial y menos claramente comprendida, halla su expresión en las artes o las humanidades, en el ritual, el teatro, la literatura y la mitología. El mundo como foro para la acción es un lugar de valor, un lugar en el que todas las cosas tienen sentido. Este sentido, que se conforma como consecuencia de la interacción social, es implicación para la acción o (a un nivel superior de análisis), implicación para la configuración del esquema interpretativo que produce o guía la acción. La segunda manera de interpretación (la del mundo como lugar de cosas) halla su expresión formal en los métodos y teorías de la ciencia. La ciencia permite una determinación cada vez más precisa de las propiedades validables y consensuadas de las cosas, y una utilización eficiente de cosas determinadas con precisión como instrumentos (una vez que se determina qué dirección ha de tomar dicho uso, a través de la aplicación de unos procesos narrativos más fundamentales). Ninguna imagen completa del mundo puede generarse sin el uso de ambos modos de interpretación. El hecho de que por lo general un modo se enfrente al otro significa solo que la naturaleza de sus dominios respectivos no está lo suficientemente delimitada. Los defensores de una visión del mundo mitológica tienden a ver las afirmaciones de sus credos como algo indistinguible de un «hecho» empírico, a pesar de que dichas afirmaciones se formularan por lo general mucho antes de que surgiera la idea de realidad objetiva. Aquellos que, en cambio, aceptan la perspectiva científica (los que asumen que esta es, o podría llegar a ser, completa) olvidan que un abismo infranqueable divide actualmente lo que es de lo que debería ser”3. Lo que pretendo en este capítulo es exponer la condición o determinación fundamental y más básica a partir de la cual se mueven los seres humanos por el mundo, concretamente a partir de sus posibilidades epistémicas primordiales. En la primera forma de ver el mundo, hay un predominio absoluto de la experiencia existencial significativa y conectada con el mundo simbólico, espiritual y religioso. En la segunda forma de interpretar el mundo, podemos observar el dominio de la óptica materialista a través de la cual el mundo se nos ofrece como un lugar de cosas. Pero ambos modos, por sí solos, están, como vemos, incompletos. 3 Ibid. p. 29. 6 Por lo que, desde el análisis y el punto de vista de Peterson, debemos conocer cuatro cosas: lo que hay, qué hacer con lo que hay, que existe una diferencia entre saber lo que hay y saber qué hacer sobre lo que hay y cuál es esa diferencia. “Explorar algo, «descubrir qué es», significa sobre todo descubrir su significación para la obtención de un resultado motriz dentro de un contexto social particular, y solo de manera más particular determinar su precisa naturaleza sensible objetiva o material. Eso es conocimiento en su sentido más básico, y con frecuencia constituye un conocimiento suficiente”4. Poco después ofrece Peterson un ejemplo muy bueno sobre cómo se vertebra dicho conocimiento. Una niña, que está empezando a dar sus primeros pasos, a explorar, da con una escultura de cristal, y empieza a mirarla y a tocarla, aprendiendo así, cuales son sus cualidades sensibles (es transparente, está fría etcétera)5. De pronto, la madre llega y le dice que no vuelva a tocar ese objeto nunca más. Aquí, la niña, ha aprendido otra serie de características sobre la escultura, a saber: ha determinado que, abordada de manera errónea, la escultura es peligrosa (al menos en presencia de la madre) además de aprender que su valor es más alto cuando se mantiene inalterado que cuando la actividad exploratoria la condiciona. Como vemos, la niña ha encontrado un objeto, el cual ha abordado al mismo tiempo, desde una perspectiva empírica y descubriendo a la vez su estatus sociocultural6. En esta tesis, nos presenta el autor, que el comportamiento tiene una relevancia prístina en la evaluación de los objetos del mundo, pues a la misma vez que vemos las características sensoriales o materiales de un objeto, este en su entorno y contexto nos informa de las propiedades significativas: así, obtenemos el conocimiento de un objeto y su sentido o significación. Lo mismo sucede con nuestro comportamiento en el mundo cuando operamos de forma natural y no desgajamos la cosa de su valencia o valor. El mundo narrativo o mitológico opera de esta manera, dando cuenta de el valor motivador de las cosas. Y no sólo el mundo de la narrativa o aquellos que operen en él, sino que los sujetos más modernos (de la modernidad) o científicos, siguen operando infinidad de veces en el mundo, otorgando a objetos, personas y situaciones, una carga valorativa y referencial para el comportamiento y el estado de ánimo. “Nos metemos al momento en una película o una novela y suspendemos voluntariamente la incredulidad. Nos impresionamos o nos aterramos a pesar de nosotros mismos, en presencia de una figura cultural lo suficientemente poderosa (un ídolo intelectual, una súper estrella deportiva, un actor de cine, un líder político, el Papa, una belleza célebre, incluso un superior en el trabajo), es 4 Ibid. p. 30. 5 Ibid. p. 30. 6 Ibid. p. 30. 7 decir, en presencia de cualquiera que encarne suficientemente los valores e ideales a menudo implícitos que nos protegen del desorden y nos convencen”7. La prioridad por las características significativas, valenciales o subjetivas de un objeto siguen siendo a día de hoy para la gente en general más importantes que el caparazón material o sensorial de dicho objeto. Además, defiende el autor que los acercamientos científicos o empíricos están precedidos por el interés por la significación conductual del objeto que muestra la persona que lleva a cabo dicho acercamiento. Aquí, pues, hallaríamos la siguiente tesis: el motor del conocimiento científico es el interés por lo que las cosas significan y valen para la conducta y la emoción del científico en cuestión. Para llegar a conseguir domesticar nuestra mente para que se centre en las propiedades materiales, físicas, causales o fenoménicas de los objetos dejando de lado si dicho objeto tiene una relevancia motivacional, han hecho falta años de entrenamiento y sofisticación del pensamiento: entendiendo así lo real como algo separado de lo relevante8. Lo que nos interesa en esta parte del trabajo no es tanto la posibilidad de aprender o aprehender las características materiales de las cosas sino centrarnos en la perspectiva de la antropología, la ética y la psicología – aunque también en otros campos como la filosofía de la religión, la teología etcétera – centradas – sobre todo la psicología – en la interpretación de marcos subjetivos de referencia9. La comprensión preexperimental o moral del mundo es la que ha predominado en toda la historia hasta la Ilustración o hasta los primeros albores de la Modernidad, alcanzando su aparente ocaso, en la separación formal entre ciencia y filosofía y la positivación de la ciencia que se produce a finales del siglo XIX. Por esto, no es baladí examinar cómo ha visto el hombre el mundo – pues esto nos habla de cómo es este –y a su vez, cómo se ha visto a sí mismo. Lo que ocurre, según nuestro autor, es que hemos dejado aparentemente, fenoménicamente, de fijarnos en la valencia de los objetos, pero inconscientemente no hemos dejado de hacerlo. Esto conlleva un peligro, a saber: seguir propiciando un gran avance y desarrollo tecnológico sin tener en cuenta cuáles son nuestros sistemas de valoración (los cuales permanecen y pasan inadvertidos por ser -en la mayoría de las personas -de carácter inconsciente). En el fondo, es como si fuésemos en coche en una autopista a gran velocidad, conscientes de que aumentamos la velocidad de forma significativa pero sin saber realmente por qué hacemos dicho viaje, hacia dónde vamos o hacia dónde queremos ir. 7 Ibid. pág. 31. 8 Ibd. pág. 32. 9 Ibid. pág 34. 8 La forma de ver el mundo del hombre preexperimentalista, se ve bastante reflejada en la visión del mundo del hombre medieval, así como del hombre de la alquimia10. Para el primero, el mundo está atravesado por Dios, pues es su creación, y por lo tanto, la importancia de lo creado reside en el para qué de las cosas creadas. Esta visión del mundo y del hombre, comienza groso modo a ser erosionada – entre otros – por por Galileo, que nos resituó cosmológicamente muy lejos del centro del universo. Varios siglos después vino Darwin a decirnos que no eramos una especie digna de ser especial por nada y que estábamos más cerca de los animales de lo que creíamos, de hecho, lo éramos. Tras este vino Nietzsche y con pretensión pericial y profética nos señaló un cielo que se tornaba de cemento, tras la muerte de Dios, que lo ocupaba; lo que trajo la desorientación de la creación. Y, por último, Freud nos anunció que ni si quiera éramos dueños de forma completa de nosotros mismos. Teniendo en cuenta este panorama, Peterson argumenta: “La perspectiva mitológica ha sido derrocada por la empírica. O eso parece. Ello debería significar que la moral que se basa en ese mito debería de haber desaparecido, además, a medida que la creencia en una ilusión cómoda se desvanecía”11. Creo que Nietzsche, en la siguiente cita, explica el problema en el que se encontraba y nos encontramos: “Si abandonamos la fe cristiana, perdemos el derecho a basarnos en la moral cristiana. Esta no es en absoluto evidente por sí misma; hay que estar constantemente destacando esta cuestión. El cristianismo es un sistema, una visión de las cosas coherente y total. Si se le quita una idea tan importante como es la fe en Dios, todo el conjunto queda desbaratado; ya no tenemos en las manos nada necesario. El cristianismo parte del supuesto de que el ser humano ni sabe ni puede saber lo que es bueno y lo que es malo para él: cree en Dios, que es el único que lo sabe. La moral cristiana es un mandamiento; su origen es trascendente; está más allá de toda crítica, de todo derecho a criticar; su verdad depende de que Dios sea verdad, depende plenamente de la fe en Dios. Si [los occidentales modernos] creen saber “intuitivamente” lo que es bueno y lo que es malo, si, en consecuencia, piensan que no necesitan el cristianismo para fundar la moral, ello se debe sencillamente a la poderosa influencia del juicio de valor cristiano y es la manifestación de la fuerza y la profundidad de dicha influencia. Esta llega hasta el punto de que se haya conseguido olvidar el origen de la moral [moderna] y de que no se perciba ya el carácter tan condicionado de su derecho a existir”12. 10 Véase Eliade, M., Herreros y alquimistas, editorial Alianza, 2016 y Jung, C.G., Psicología y alquimia, grupo editorial Tomo, 2002. 11 Ibid. pág. 36. 12 El crepúsculo de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo, pp. 69-70, Madrid, Alianza, 2019 en MDS pp 36-37. 9 con el caos. El territorio explorado o conocido, pues, es aquella parte de la realidad que representa para nosotros un ámbito de praxis, de performatividad, que se ajusta a patrones casuísticos y sobre todo a nivel de consecuencias, dentro de nuestro horizonte de expectativa, dentro de nuestro horizonte de posibilidad -por mucho que dentro de este horizonte, tengamos en cuenta que hay posibilidades o variables de la realidad que no podemos asumir, prever o gestionar de manera absoluta o completa. Este territorio explorado, se encuentra encarnada en los mitos y las narraciones que describen la comunidad, el reino o el Estado. Estas narraciones nos permiten un marco de sentido y valencia motivacional de cara a la acción y son además, precisamente, por estar dentro de un marco compartido, narraciones que reflejan las nociones antropológicas, éticas o casuísticas del resto de las personas que comparten con nosotros dichas narraciones implícitas. A estas narraciones, las podemos denominar cultura. Uno de los procesos existenciales que los mitos se han encargado de narrar metafóricamente, es el proceso de re-jerarquización de los valores implícitos y explícitos que a veces son necesarios de cara a conseguir un fin o una meta, me explico. A veces, comprobamos, que la fórmula o forma de proceder que estamos siguiendo para llegar a un fin no es exitosa. Debido a esto, tratamos de cambiar esa estrategia para poder llegar al estado deseado (lo que debería ser) desde el estado actual presente en el que nos encontramos. Pero en otras ocasiones, sucede que esto no nos es suficiente, sino que tenemos que realizar cambios más profundos, esto es; cambios en la relación jerárquica de valores a partir de lo que consideramos mejor o peor o más o menos dotado de sentido de cara a “reconsiderar la naturaleza ideal del futuro. Se trata de una transformación radical, incluso revolucionaria, y es un proceso muy complejo en su realización, pero el pensamiento mítico ha representado la naturaleza de ese cambio con gran y notable detalle”36. La idea de mito, está a su vez muy relacionada con la idea de camino: “El «camino» es el sendero de la vida y su propósito. Más propiamente, el contenido del camino es el sendero específico de la vida. La forma del camino, su aspecto más fundamental, es la posibilidad aparentemente intrínseca o heredable de recibir sugerencia, o de ser guiado por una idea central. Esa forma aparentemente intrínseca halla su expresión en la tendencia de cada individuo, generación tras generación, de preguntarse primero, y de buscar después, una respuesta a la pregunta «¿cuál es el sentido de la vida?»”37. 36 Ibid. p. 51. 37 Ibid. p. 53. 16 La idea de camino, la idea de mito de lo conocido y las tres preguntas que nos hacíamos más arriba38, cristalizan en cuatro clases de mitos, a saber: “1) mitos que describen un estado estable actual o preexistente (en ocasiones un paraíso, en ocasiones una tiranía); 2) mitos que describen la aparición de algo anómalo, inesperado, amenazador y prometedor en ese estado inicial; 3) mitos que describen la disolución del estado estable preexistente en el caos como consecuencia del acontecimiento anómalo inesperado; 4) mitos que describen la regeneración de la estabilidad [paraíso recobrado (o tiranía recompuesta)], desde la mezcla caótica de la experiencia previa disuelta con la información anómala”39. La estructura que acabo de presentar – la estructura del metamito -cristaliza en algunos mitos o narraciones, como por ejemplo en “la idea cristiana tradicional (y no solo cristiana) de que el hombre ha caído desde un «estado de gracia» original hasta su condición actual moralmente degenerada y emocionalmente insoportable -acompañada de un deseo de «retorno al Paraíso» - constituye un solo ejemplo de este «metamito»”40. Parece ser que el hombre es un ser que nunca obtiene un descanso definitivo. De hecho, la idea de vuelta al paraíso, está relacionada a nivel clínico con la pretensión de pérdida de consciencia. Muchos casos clínicos de personas con sufrimientos medios o severos se caracterizan por una tendencia generalizada a querer volver a un estado de inconsciencia primitivo, anterior a la existencia autoconsciente, pero de esto hablaremos más adelante. Como resumen a este capítulo, podríamos exponer lo siguiente: “Lo conocido, nuestra historia presente, nos protege de lo desconocido, del caos; es decir, que nos proporciona una experiencia con una estructura determinada y predecible. El caos tiene una naturaleza propia. Esa naturaleza se experimenta como valencia afectiva en su primera exposición, no como propiedad objetiva.[…] Cuando estamos en el ámbito de lo conocido, por así decirlo, no 38 ¿Qué es?, ¿Qué debería ser? Y ¿Cómo actuar nosotros en consecuencia?. 39 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 53, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 40 Ibid. p. 54. 17 hay razón para el miedo. Fuera de ese ámbito, reina el pánico. Es por ello que nos disgusta que se alteren nuestros planes y por lo que nos aferramos a lo que entendemos”41. Pero no podemos o no nos conviene realmente quedarnos en esa actitud, pues operar en el caos, nos permite renovar y adaptar a la realidad nuestros sistemas de referencia y nuestras herramientas para actuar en el mundo de la mejor forma posible. Y no sólo para eso, sino para poder estar preparados, pertrechados, cuando acontezca de nuevo el caos estando justo en ese momento, en un estado más caracterizado por el orden. 41 Ibid p. 55. 18 2. Arquetipos mitológicos fundamentales Los seres humanos estamos capacitados y preparados para responder ante la información novedosa o anómala. “Esa respuesta instintiva incluye redireccionamiento de la atención, generación de emoción (en general, primero miedo, después curiosidad), y compulsión conductual (primero, por lo general, el cese de la actividad que se esté llevando a cabo y después una aproximación y una exploración activas). Ese patrón de respuesta instintiva impulsa el aprendizaje: particularmente, pero no exclusivamente, el aprendizaje tiene lugar (o tenía lugar originalmente) como consecuencia del contacto con la novedad o anomalía”42. Lo que es nuevo, claro está, lo es en oposición a lo que es conocido. Lo conocido, frente a lo desconocido, es siempre limitado, pues somos finitos y nuestro conocimiento es acorde a nuestra naturaleza. Por eso, en general, el ser humano necesita renovar y revisar sus conocimientos, evitando conductas estancas y obsoletas y procurando ir adquiriendo herramientas para la autorregulación existencial, social e intrapsíquica. Podemos decir entonces, que el ámbito del conocimiento, se divide en tres: lo conocido, lo desconocido y el conocedor. Lo conocido, puede asociarse mitológicamente con arquetipos como el gran padre, el reino tiránico o protector, el castillo definido por sus límites y está asociado a lo masculino. Lo desconocido, se asocia con la naturaleza, el caos, la intemperie, la creatividad, como “«madre» y eventual «devoradora» de todos y de todo”43. Estos dos tienen una relación de contraste. Por último tenemos al arquetipo del héroe, el “eterno conocedor”44, enmarcado en el arquetipo del héroe, aquel que convierte lo terrible desconocido en territorio conocido, iluminado, predecible y enriquecedor -por ser renovador. El héroe es aquel que mata al dragón. A parte de esta división tripartita es ilustrador tener en cuenta que los tipos de respuesta a lo desconocido, lo impredecible o lo horrible están fijados y definidos de manera homogénea en el cerebro de los seres humanos. Tenemos una capacidad innata y común de advertir información anómala y perjudicial. Somos, metafóricamente, como un campo de cultivo donde de serie es más fácil que se cultiven o que germinen malas hierbas a que se cultiven alimentos deseados y enriquecedores. Esto lo descubrió, entre otros, E.N. Sokolov45. 42 Ibid. p. 57. 43 Ibid. p. 58. 44 Ibid. p. 58. 45 Véase Sokolov, E.N. The modeling properties of the nervous system en Maltzman, I., & Coles, K. (Eds), Handbook of Contemporary Soviet Psychology, pp 670-704, Nueva York, Basic Books. 19 A su vez, sobre esta base tripartita de realidades y arquetipos de conducta, estamos nosotros, los seres humanos existiendo. Nosotros vivimos en el presente, pero vivimos -en más o menos medida - proyectados hacia el futuro y en consciencia -si no somos unos necios que aman tropezar ad infinitum -del pasado, de la historia en general y de nuestra historia en particular. Dado que vivimos en el presente pero estamos proyectados hacia el futuro por el irrevocable paso del tiempo, vivimos y experimentamos al mismo tiempo una realidad en la que estamos, y a la vez, una consciencia o un conocimiento de aquello que deseamos que sea (en el futuro) o a donde queremos llegar (en el futuro). El estatus, pues, del ser humano, es el de existir en un presente que le impele a mirar hacia adelante. El presente -a priori -se enmarca en el territorio conocido; el futuro, se nos da como aquello que puede suceder y que está dotado de una naturaleza bicéfala, a saber: puede ser promesa o amenaza. Por ejemplo: Estamos en clase, creyendo que como todos los días, el profesor dará el tema que toca según por qué parte del temario vayamos. Aquí estamos en territorio conocido, pues el profesor empieza a explicar, y de momento, parece que todo sigue su curso: estamos en territorio conocido. Justo en ese momento, para de explicar y anuncia que vamos a hacer un examen sorpresa. En ese momento, el futuro examen, que está a unos minutos de empezar, se nos presenta o se nos puede presentar -según si hemos estudiado -como promesa de aprobar, sacar buena nota y adelantar temario o bien, si no hemos estudiado, como amenaza, pues no estamos preparados para afrontar lo anómalo y desconocido del reto del examen. A su vez, la amenaza y la promesa pueden darse por el hecho de que el comportamiento del ser humano está regido -obviando necesidades puramente fisiológicas y biológicas que en general conforman una serie de necesidades más o menos comunes a toda la humanidad -fundamentalmente a partir de una jerarquía axiológica más o menos consciente dependiendo del individuo al que miremos. La jerarquía de valores, de prioridades, de necesidades, está edificada en un sistema de creencias a su vez, que tiene que ver con concepciones antropológicas (qué es el hombre), con cual es el sentido de la vida o si lo hay, y con una serie de axiomas éticos generalmente trascendentales si es que dicha persona no quiera vivir su ética apoyada en una suerte de solipsismo o autismo (incapaz de comunicar o compartir la base ontológica o metafísica de sus preceptos o axiomas). En ocasiones, existen conflictos o competencias entre valores, deseos o necesidades. Cuando esto ocurre, el hombre trata de solucionar esta competencia de influencias así como los conflictos intrapsíquicos y existenciales que estos puedan causar. Por ejemplo, si tenemos mucho frío pero no tenemos abrigo, ¿qué hacemos, robarle el abrigo a otro que tenemos al lado que tiene el mismo frío o más que nosotros o aguantamos sufrir un frío descomunal? ¿Qué va más en contra de nosotros, el 20 frío que pasamos y la negativa a robar el abrigo o la culpa que podríamos sentir al robarle el abrigo al otro y ver cómo sufre aún más a causa de nuestra acción, del robo? A la relación entre presente y futuro de cara a la orientación existencial se une el pasado en forma de memoria depurada de conocimiento inútil que se traduce en la consciencia en aquello que no quiero volver a repetir porque son dañinos o no convenientes de cara al bienestar o al futuro deseado. “La aparición de cosas o situaciones inesperadas indica, al menos, que nuestros planes contienen errores en alguna etapa de su diseño”46. En este sentido, el desarrollo de la inteligencia y el pensamiento abstracto, obedecen a esta consciencia de contingencia o de posibles situaciones de riesgo: “La sustitución de una acción exploratoria potencialmente peligrosa por un pensamiento cada vez más flexible y abstracto implica la posibilidad de crecimiento del conocimiento sin una exposición directa al peligro, y constituye una de las grandes ventajas del desarrollo de la inteligencia”47. Debido a estas circunstancias de estar de manera natural en la intemperie, el ser humano crea la cultura. Dicha cultura, de la cual forman parte los arquetipos de conducta mitológicos, conforma un asidero orientador, un paradigma de referencias generales que articulan una existencia lo más pacífica y predecible posible. “Así como los padres son a los niños, las culturas son a los adultos […]”48. Por último, y de cara a recoger por un momento el concepto de mito que vamos a manejar, expondremos dos definiciones – a mi juicio -aclaratorias: “El mito es, en parte, la imagen de nuestra acción adaptativa tal como la formula la imaginación, antes de su conexión explícita en el lenguaje abstracto; el mito es el intermediario entre la acción y la representación lingüística abstracta de esa acción. El mito es la esencia destilada de las historias que nos contamos a nosotros mismos sobre los patrones de nuestro propio comportamiento tal como se representan en los mundos sociales o interpersonales de la experiencia”49. Dichos patrones de comportamientos a los que aspirar se reflejan muy bien en la actitud de veneración50 que tienen los niños hacia los superhéroes en la actualidad, aunque a mi juicio, podríamos hacer varias críticas a dichos modelos de héroe; pero eso vendrá más adelante. Por último, a mi juicio, dichos modelos de conducta se aprenden y se incorporan mediante la siguiente secuencia: 46 Ibid. p. 95. 47 Ibid. p. 133. 48 Ibid. p. 146. 49 Ibid. p. 147. 50 Ibid. p. 148. 21 “El comportamiento se imita, después se abstrae en forma de juego, se formaliza en drama e historia, cristaliza en mito y se codifica en religión y sólo entonces es criticado en la filosofía y, «post hoc», se lo apuntala con la razón”51. Tal es la fuerza y la influencia de este proceso que el propio Nietzsche afirma lo siguiente: “El pensar de los filósofos no es, de hecho, tanto un descubrir como un reconocer, un recordar de nuevo, un volver atrás y un repatriarse a aquella lejana, antiquísima economía global del alma de la cual habían brotado en otro tiempo aquellos conceptos: filosofar es, en este aspecto, una especie de atavismo del más alto rango”52. En último término, el proceso se sintetiza en una etapa de exploración, una representación metafórica de los conocimientos adquiridos, una puesta en práctica por imitación que crea un juego una vez abstraídos los conocimientos pertinentes, los más adaptativos y beneficiosos. De esta manera, se procura dar cuenta del carácter dinámico y situacional o contextual de la deliberación moral, que no es nunca la misma ni para la misma persona. En este sentido, apunta Peterson, que la capacidad de representar arquetípicamente patrones satisfactorios de comportamiento en personajes como el héroe -caracterizados fundamentalmente por un encuentro voluntario y exitoso con lo desconocido -ha sido lo que ha permitido conservar sabiduría de cara al buen obrar, en culturas aún no alfabetizadas53. El hecho de que cada acción o problema a resolver se enmarque en un contexto espacio-temporal volitivo concreto, hace que las prioridades, los medios y los fines puedan cambiar (y de hecho, cambian). Es por eso, que aunque los patrones de conducta exitosos (heroicos) de respuesta a lo desconocido se puedan más o menos sintetizar en una historia general o en unos comportamientos más o menos delimitados, siempre existe un factor de novedad y exigencia que impele al deliberador, al agente, reconsiderar la valencia de sus opciones de manera distinta a como tal vez lo haría en una ocasión casi igual. Esta estructura fenomenológica se subsume a su vez en la estructura siguiente: cuando quiero algo, conseguir algo, hacer algo etcétera, me encuentro en una situación deficitaria, estoy en un presente indeseable, por lo que apunto hacia un futuro ideal donde mi objetivo se ve colmado. Sabiendo lo que quiero tener o conseguir, sólo me queda deliberar cómo conseguirlo y emprender mi acción. Pero resulta que en medio de la realización de dicha acción (consecución de la meta deseada, 51 Ibid. p. 153. 52 Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal, p. 217. 53 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 157, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 22 valencialmente óptima) pueda acontecer un elemento o una situación anómala que me haga cambiar la carga valencial de los objetivos, ya sea de manera definitiva o transitoria. Pongamos por ejemplo, que el viernes por la tarde quiero quedar con un amigo para tomar algo en el bar. Tengo mi objetivo delimitado y tengo en cuenta también a qué hora quiero quedar y a quién más quiero avisar; sé incluso qué ropa decidiré ponerme. Quedo con mi amigo y salgo de casa. Cuando llevo dos minutos fuera de casa, recuerdo que he dejado puesto el fuego en la cocina con una sartén llena de aceite y eso podría provocar un incendio. En ese momento, la carga valencial que tenía la meta de quedar con mi amigo se ve eclipsada por la carga valencial que supone el hecho de que mi casa puede salir ardiendo. En ese momento, llevo a cabo un cambio de planes y me dirijo a mi casa a apagar el fuego antes de que la cosa se ponga demasiado fea. Antes tenía la siguiente estructura: Presente insoportable (no estar con mi amigo) → Futuro deseado (estar con mi amigo)54. Esta estructura se ve alterada: Presente insoportable (no estar con mi amigo) → Futuro deseado (estar con mi amigo) → Aparición de la anomalía (mi casa saldrá ardiendo si no voy a apagar el fuego) → Reconfiguración del marco valencial de referencia → Modificación de la acción (vuelvo corriendo a mi casa) → Resolución o captación del futuro deseado (apago el fuego de la cocina). Esto nos muestra, además, “que los «planes» que tenemos, pueden considerarse historias grandes en las que están subsumidas historias más pequeñas”55. Esto implica, además, que las novedades que se presenten en nuestro camino, pueden ser más o menos familiares, más o menos conocidas o disruptivas. Es decir, la novedad o anomalía que acontezca puede no desviarnos mucho de nuestra meta a corto o a largo plazo siempre que esa novedad se encuentre más o menos dentro del marco referencial de lo conocido-explorado. Pese a todo esto, apunta Peterson: “[…] la dicotomía «normal/revolucionario» no es válida: siempre es cuestión de gradación. Los inconvenientes a pequeña escala requieren menos modificaciones de la historia de la vida. En cambio, las catástrofes a gran escala erosionan todo”56. 54 Ibid. p. 161 figura 14. 55 Ibid. p.162. 56 Ibid. p. 166. 23 Todas nuestras historias están, en consecuencias, subsumidas dentro de otras historias más grandes y significativas (o dadoras de sentido o significación) lo que hace que en principio los pequeños actos diarios o momentáneos de la existencia pertenezcan a una serie de correlación jerárquica establecida aunque abierta en principio a cambios. En este sentido, y para procurarnos una vida óptima, “[…] la maniobra cognitiva/exploratoria más simple que convierta los hechos impredecibles en condicionalmente predecibles o familiares tiene más probabilidades de ser adoptada”57. Para anclar esta explicación en procesos neuropsicológicos, expone: “Tal vez sea el córtex frontal el que determina qué podría ser el contexto más «ahorrador» en el que un hecho novedoso podría ser evaluado. Así que la sería que un hecho novedoso causa el inicio de un procedimiento exploratorio, que en parte se dedica a determinar el nivel de análisis más apropiado para llevar a cabo una evaluación. […] Así, lo inconsciente podría considerarse como lo mediador entre lo desconocido que nos rodea constantemente, y el ámbito que nos resulta tan familiar que su contenido ha llegado a hacerse explícito. Yo sugeriría que este mediador es ese conjunto de procesos metafóricos, basados en imágenes, que dependen de la actividad del hemisferio derecho y la motivación límbica, que nos ayudan a formular inicialmente nuestras historias”58. El siguiente tema que abordaremos antes de finalizar este capítulo está designado en Mapas de Sentidos con el siguiente nombre: Representación mitológica: los elementos constitutivos de la experiencia. “El mito representa el mundo como foro para la acción. El mundo como foro para la acción abarca tres elementos constitutivos que existen eternamente, y un cuarto que los precede. Lo desconocido, el que conoce y lo conocido componen el mundo como lugar del drama; el «caos precosmogónico» que precede a su aparición sirve como fuente última de todas las cosas (incluidos los tres elementos constitutivos de la experiencia)59”. Estos cuatro elementos que constituyen la representación metafórica de las posibilidades de la experiencia, pueden concretarse a su vez, en “siete personajes universales60”: “El gran dragón del caos (el uróboros, la serpiente que se devora a sí misma) podría conceptualizarse como información pura (latente), antes de ser descompuesta en el mundo de lo familiar, lo no familiar y el sujeto que experimenta. El uróboros es el «material» del que se compone el conocimiento categórico antes de ser ese conocimiento; es el «elemento» primigenio del mundo, que se descompone en cosmos, en caos circundante y en el proceso exploratorio que separa a ambos. 57 Ibid. p. 167. 58 Ibid. pp. 167-168. 59 Ibid. p. 170. 60 Ibid. p. 170. 24 La Gran Madre bivalente (segundo y tercer personaje) es creación y destrucción simultáneamente: la fuente de todas las cosas nuevas, la portadora benevolente y amante del héroe; las fuerzas destructivas de lo conocido, la fuente del terror mismo, que conspira constantemente para destruir la vida. El hijo divino bivalente (cuarto y quinto personajes) es el dios sol, el héroe que viaja al inframundo para rescatar a sus antepasados incapacitados, el hijo mesiánico de la madre virgen, el salvador del mundo -y, simultáneamente, su adversario acérrimo, arrogante y engañoso -. El bivalente Gran Padre (sexto y séptimo personajes) es el rey sabio y el tirano, la protección cultural de las fuerzas terribles de la naturaleza, la seguridad para los pobres y la sabiduría para los necios. Sin embargo, simultáneamente, es la fuerza que debora a su propia progenie, que gobierna el mundo con mano cruel e injusta y que reprime activamente todo signo de discrepancia o diferencia. Unas fuerzas terribles y caóticas acechan tras la fachada del mundo normal. Esas fuerzas se mantienen a raya mediante el mantenimiento del orden social. Pero el reino del orden es insuficiente, porque el orden mismo se convierte en algo dominante y mortífero si se le permite una expresión no regulada o permanente. Las acciones del héroe constituyen un antídoto contra las fuerzas mortíferas del caos y contra la tiranía del orden. El héroe crea orden desde el caos, y reconstruye ese orden cuando es necesario. Sus acciones, simultáneamente, aseguran que la novedad siga resultando tolerable y que la seguridad sea flexible”61. Estos cuatro elementos de la experiencia y sus siete subcategorías parecen vertebrar todas las narraciones mitológicas, religiosas y literarias que conservamos hasta la fecha. Si bien es cierto que ciertas narraciones no conservan el mismo desarrollo fenomenológico-temporal, eso no quita que sigan subsumidas a los mismos personajes y elementos constitutivos. A parte de esta aparente estructura común, hemos de advertir -dice Peterson -que toda la información que conservamos sobre cómo actuar en el mundo adopta primariamente la estructura de una narración; de un drama concretamente. Tenemos entonces, que el Caos (adviértase la mayúscula) es representado por el uróboros, la serpiente, el cual es una criatura de tierra, pero a la misma vez es un animal alado; en este sentido representa la conjunción entre materia y espíritu. El espíritu se asocia a su vez con lo conocido, y la materia con lo desconocido. “El uróboros es una cosa, de la misma manera que todo lo que aún no se ha explorado es una cosa. Existe en todas partes y en todo momento. Está completamente autocontenido, es completamente autorreferencial; se alimenta de sí mismo, se fertiliza a sí mismo y se abarca a sí mismo. Une el principio con el final, ser con llegar a ser, en el círculo interminable de su existencia. Sirve de símbolo para el cimiento de la realidad misma. Es el «conjunto de todas las cosas que todavía no son cosas», el origen primigenio y el punto último de regreso de todo objeto discriminable y de todo sujeto independiente. Sirve de progenitor de todo lo que conocemos, de todo lo que no conocemos y 61 Ibid. p. 171. 25 dragón constituye así la información necesaria, la pieza relevante, para el restablecimiento de las condiciones deseadas de existencia. Al finalizar esta aventura, el héroe ha cambiado, ya no es el mismo. En la película El hobbit: un viaje inesperado, se produce una conversación que sintetiza cristalinamente lo que acabamos de exponer. Gandalf está ofreciéndole a Bilbo que este acompañe a los enanos a buscar el tesoro que esconde el dragón, y animándole, le dice: - Gandalf: Toda gran historia merece ser adornada. Tú también tendrás historias que contar cuando vuelvas. - Bilbo: ¿Me prometéis que volveré? - Gandalf: No… Y si lo haces, no serás el mismo. Aquí queda retratado, en forma de conversación, el cambio ineludible que “sufrirá” el héroe si emprende su camino. La misión exploradora y, por tanto, creativa, transformará no sólo al héroe ni al mundo que se vaya encontrando en esa misión, sino también al mundo que encuentre cuando regrese a su hogar. Pero si el héroe a priori está en su hogar y parte a una misión peligrosa, ¿Cual es el motivo o la razón que lo mueve a emprender dicha misión? El motivo o razón principal en la narrativa mitológica es el comprometimiento o la amenaza a la que se ve sometida la vida o el mundo del héroe. En general todas las historias suelen empezar con un estado existencial ideal -un gran y seguro reino, una tranquila comarca -que se ve amenazado por un peligro más o menos inminente. Una vez que el héroe decide ponerse en camino hacia el dragón78, que es la representación, de La Gran Madre terrible, y normalmente, en un primer momento, es “devorado” literal o figuradamente por ella. Pero no muere (o al menos, no muere totalmente o si muere, vuelve luego a la vida), sobrevive y lucha contra aquello que represente el caos y lo terrible (la bruja, la tentadora, el dragón etc.) y lo derrota. “Derrota al monstruo, liberando a los que previamente habían sido derrotados, y obtiene o recupera un objeto de valor perdido o que previamente no se había descubierto, una mujer (virginal) o un tesoro. Mucho más viejo, mucho más sabio, regresa a casa transformado en su carácter, llevando lo que ha obtenido, y se reúne triunfante con su comunidad, que se ve muy enriquecida -o incluso transformada por completo -gracias a su fortuna”. 78 Hay otras representaciones de amenazas arquetípicas pero el dragón es, a mi juicio, muy aclaratoria. 32 La ilustración que presenta Peterson en la figura 39, titulada “Castillo, héroe, serpiente y virgen: san Jorge y el dragón”, sintetiza los elementos más relevantes del camino del héroe: “La comunidad amenazada, representada por la ciudad amurallada o el castillo; el dragón alado que ha emergido del inframundo (y cuya guarida está rodeada de los huesos de los muertos); el héroe, armado con la espada, que «corta» el leviatán en pedazos y crea el mundo; y la virgen, liberada de las garras del dragón, que representa el aspecto benévolo, creativo y fructífero de lo desconocido. (La ciudad suele retratarse sobre una montaña en este tipo de representaciones; la serpiente en un valle o al otro lado del río. La batalla tiene lugar al atardecer [cuando la deidad de sol se encuentra con el dragón de la noche]).”79. La misión fundamental del héroe, en un plano psicológico, considero que es traer luz a la consciencia. El héroe ilumina la oscuridad cuando se enfrenta voluntariamente a ella cambiando así lo que se encuentra en la oscuridad misma -pues ya no sería desconocido/oscuro y cambiando él mismo, pues ya sabe cosas que antes no sabía. Iluminar la oscuridad o reducir el margen de lo caótico-desconocido, reducirá el margen de posibilidad del caos y destrucción que lo acecha a él y a su comunidad de origen (así como a toda la humanidad), pues cuando vuelve a casa, ofrece e incorpora – aunque a veces no con mucho éxito – este fuego prometeico. “El héroe es siempre un portador de luz y emisario de la luz. En el punto más bajo del viaje nocturno por el mar, cuando el héroe solar viaja a través del inframundo y debe sobrevivir a la lucha con el dragón, el nuevo sol es encendido a medianoche y el héroe conquista la oscuridad. En ese mismo punto más bajo del año, Cristo nace como el Redentor resplandeciente, como la luz del año y la luz 79 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 308, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 33 del mundo, y es venerado con el árbol de la Navidad en el solsticio de invierno. La nueva luz y la victoria se simbolizan por la iluminación de la cabeza, coronada y rodeada de una aureola.80”. Lo que queda como relevante para nosotros en este trabajo de fin de máster es la propuesta de conducta que nos ofrece el arquetipo del héroe. El héroe, como otros arquetipos, representa la información relevante almacenada a lo largo de milenios de cara a la conducta exitosa, la cual se ha generado tratando de usar a la propia naturaleza para protegernos de esa misma naturaleza. Un ejemplo aclarador para esto último: el colmillo que sacamos del león cazado, sirve luego para hacer flechas duras para cazar otros leones. “Por eso Cristo, el héroe que define la tradición ética occidental, puede decir «Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre sino por mí» […]”81. La actitud del héroe ha sido la que ha posibilitado la cultura, entendiendo esta como el conocimiento que nos une, nos guarda del aspecto terrible de lo desconocido y nos permite una vida mejor (más feliz y más plena de sentido). Los tesoros conseguidos por el héroe pues, van cristalizando en la cultura, y en un plano arquetípico, en el Gran Padre. “El Gran Padre como el Rey Sabio tiene un pie plantado sobre la Madre Terrible; los monstruos del caos están encerrados en sus mazmorras o desterrados en las regiones subterráneas del reino. Es la personalidad de los héroes muertos (es decir, los patrones de acción y las jerarquías de valor establecidas a través de la exploración en el pasado) organizada según el principio del «respeto al valor intrínseco de los vivos»”82Téngase en cuenta que hemos visto que hay varios arquetipos importantes83. Recordemos además que todo lo logrado del héroe lo consigue este enfrentándose voluntariamente a lo terrible desconocido de La Gran Madre y sacando de ella o escudriñando en ella su aspecto positivo, su recompensa, su promesa. Lo que el héroe trae de vuelta consigo muchas veces desestabiliza más o menos la cultura, pero sin esta incorporación, la cultura se tornaría rígida y no tendría la aperturidad o flexibilidad necesaria para confrontar las anomalías novedosas. La actitud contraria, la del régimen tiránico e inmóvil, emanará -nos dice Peterson -del miedo a lo desconocido y la nula o escasa confianza propia en aquellos que deberían abrirse al cambio por verse poco capaces de confrontarlo o gestionarlo. Dicho proceso de reorganización externo (cultural) se da 80 Neumann, E. (1954), pp. 160-161 en Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 309, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 81 Evangelio según San Juan 14’16 en Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 310, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 82 Ibid. p. 347. 83 El Gran Padre es otro arquetipo, como vimos anteriormente, pero en el presente trabajo no profundizaremos mucho más sobre él pues no es este el cometido. 34 también a nivel interno en el héroe, que reorganiza su sistema de valores y sus habilidades en virtud de lo logrado o desarrollado. Nietzsche nos señala esto mismo a mi juicio, a saber: que aquel que lucha, se enfrente o resuelve algo más o menos poderoso, acaba siendo afectado en parte o cambiado por aquello contra lo que lucha. En este sentido, en el capítulo que habla sobre “los prejuicios de los filósofos”84, nos dice: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”. Y no es pequeño el abismo que encierra aquel que vemos cuando miranos nuestra propia vulnerabilidad, nuestros miedos, nuestros problemas con nosotros mismos, nuestra desconfianza en nosotros mismos. Es un abismo que mira, sin duda, de vuelta, pero que puede usarse y gestionarse sin duda, sacando a relucir el carácter y la valentía. Por eso la postura del héroe, la posición o la localización, mejor dicho, la encontramos en la frontera entre el caos y el orden. El héroe es el lazo de unión, el mediador entre la apabullante y desconocida naturaleza y el orden de la cultura. Por eso muchas veces, el héroe es desechado en la cultura, por ser algo -hasta cierto punto -anómalo. Precisamente por eso, nos expone Peterson85, que Jesucristo encarna perfectamente en el arquetipo del héroe cuando en Hechos de los apóstoles 4:11, nos dicen de él lo siguiente: “Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular”86. A su vez, en el Salmo 18, se nos dice lo siguiente: “La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido; esta ha sido la obra de Yahveh, una maravilla a nuestros ojos”87. Podríamos preguntarnos o volver a preguntarnos, por qué esta anomalía, esta nueva información que hace zozobrar en mayor o menor medida el territorio conocido, predecible y estable, nos afecta tanto a los seres humanos, pudiendo llegar a producirnos un verdadero terror. Pero a pesar de esto, hemos de darnos cuenta desde mi punto de vista, que lo que más conviene muchas veces -para renovarnos a nosotros mismos, así como nuestros conocimientos, valores y competencias -es mirar allí donde menos queremos mirar. 84 Nietzsche, F. en Más allá del bien y del mal, en www.librostauro.com.ar, p. 66, prejuicio 146. 85 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 461, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 86 Biblia de Jerusalén, Hechos de los apóstoles 4’11, editorial Desclée De Brouwer, 2009. 87 Salmo 18. 35 3.3.1 Caos y Orden: resquicios de viabilidad en estructuras disipativas88 de la existencia. Este miedo a la anomalía, a nivel formal se caracteriza por ser consecuencia de la exposición a lo desconocido, que puede tener dos caras: promesa (parte positiva del conocimiento nuevo adquirido para resolver problemas o mejorar el propio estatus de otra manera) o amenaza (parte negativa de lo desconocido que puede traducirse en sucesos catastróficos y dañinos para los cuales puede uno no estar preparado). La síntesis de la problemática con el consumo y comercio de la droga es que a veces le da a uno la sensación de que si toma cierta sustancia puede llegar a conocer o a experimentar (pasivamente) una parte de sí mismo de naturaleza monstruosa; teme que del interior salga un hombre iracundo blandiendo un cuchillo mientras da grandes voces, en sentido metafórico. Es por eso, que al principio de esta disertación, asemejo el miedo a un motor, a un motor de cambio y renovación, pues a pesar de poder constituir a priori una amenaza, puede ser motivo de aprendizaje recompensado. Esto nos dice algo muy importante sobre el ser humano. El ser humano puede mejorar, hacer obras que le beneficien a él y a otros o bien puede degenerar en todo tipo de conductas perjudiciales para su vida y la de los otros. Aquí nos decía Giovanni Pico de la Mirandola que reside la dignidad humana; en la libertad que el ser humano posee para degenerar en las bestias o aspirar a los ángeles. Además, el hombre, al ser creación de Dios, ha sido dotado con la consciencia, para que pueda contemplar y asimilar la grandiosidad de dicha creación: “consumada la obra, deseaba el Artífice que hubiese alguien que comprendiera la razón de una obra tan grande, amara su belleza y admirara la vastedad inmensa”89. El ser humano, podría ser designado en este aspecto como un notario de lo sublime. 3.3.2 Consciencia de la pérdida y pérdida de consciencia. El hombre es consciente de su finitud, por eso tiene miedo; es consciente de que puede recibir y perpetuar males y es consciente de que puede hacer buenas obras, como veíamos con Pico. Por tanto, el mal -como el miedo -tiene que ver con la autoconsciencia. Es por esto, considero, que en muchas ocasiones, puede relacionarse la voluntad o tendencia del ser humano de alienarse o vivir una vida despreocupada y banal, con lo que aconteció en la expulsión del paraíso90 de Adán y Eva. Cuando estos son expulsados del jardín, ambos toman consciencia de su desnudez, de su debilidad, 88 El uso de estructuras disipativas aquí citado, debe entenderse como aquellos márgenes o situaciones de la existencia inmersas en el caos y, por lo tanto, lejos del equilibrio del orden, en los que se dan en ocasiones ciertos micro-ordenes que facilitan aportaciones positivas al ser humano. 89 Mirandolla, G.P., Discurso sobre la dignidad del hombre,1496, p. 4. 90 Edén se traduce del hebreo al español como delicia. 36 contingencia y finitud. El paraíso puede caracterizarse entonces, a nivel psicológico, como una suerte de estado inconsciente o preconsciente que garantiza una vida cómoda y feliz. No feliz en profundidad pero sí feliz entendida como desprovista de grandes sufrimientos o males. Por el miedo a ser víctimas de nuestras propias contingencias tenemos en ocasiones esa tendencia a la evasión del dolor que surge de la consciencia de dicha contingencia o finitud, al igual que podemos tender a hacernos siervos de aquellos que pueden acabar con nosotros. En el capítulo primero del Zaratustra91, Nietzsche nos ofrece simbólicamente a este Señor que somete por medio del dragón. Nos cuenta dicho autor que cuando el camello se transforma en león, corre a enfrentarse al más terrible de los señores (de los domadores de personas), y este es el dragón llamado Tú debes; un áureo dragón en cuyas escamas puede leerse ¡Tú debes!, y cuya voz enuncia que en él se recogen todos los preceptos morales. Tras él, tras este dragón, declara él mismo que no podrá darse ya ningún acto de voluntad, ningún yo quiero. Por eso el miedo puede ser un motor para el cambio y un gran dragón al que someterse. Muy acertadamente Peterson indica que en orden de conseguir procurarnos una vida lo menos miserable posible, es preciso que atajemos los problemas de la manera más prematura posible. Pero la idea o propuesta no se queda ahí, va más allá. En una de sus obras, escribe un capítulo que dice “no escondas en la niebla las cosas que no desees”92. Otra de sus frases o axiomas es “slay the dragon in his lair before he comes to your village”93 (ataca al dragón en su guarida antes de que se dirija a tu pueblo). Esta sentencia encierra el siguiente axioma: si dejas asuntos problemáticos sin resolver, por lo general, dichos problemas van a ir creciendo, haciéndose complejos y van a acabar quemando tu pueblo con su fuego; es decir, van a acabar afectando de manera considerable a tu vida. Entonces tenemos que lo que salva al héroe es hacerse cargo de su responsabilidad, atajar el mal de cara, voluntariamente, antes de que este se haga demasiado grande para poder lidiar con él. Aún así, podríamos preguntarnos: ¿Por qué habría yo de asumir una responsabilidad que me va a poner en cierto peligro si puedo coger un camino más fácil -y normalmente menos beneficioso? ¿Por qué no pasar de puntillas sigilosamente por detrás del dragón que custodia el gran tesoro y seguir mi camino a ver si en él encuentro por casualidad algún pedazo de metal que me solucione un par de días de comida y otras necesidades? A esto Peterson nos exhorta a pensar lo siguiente: “Piensa que la oportunidad reluce allí donde se ha renunciado a la responsabilidad”94. 91 Para consultar más concretamente: Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, Primera parte: De las tres transformaciones pp. 47-49. 92 Peterson J.B. Más allá del orden: doce nuevas reglas para vivir, editorial Planeta, 2021, Barcelona. 93 Frase que el Dr. J.B. Peterson escribió en su cuenta de twitter el 16/05/2021. 94 Peterson, J.B., en Más allá del orden: 12 nuevas reglas para vivir, regla 4, p. 149. 37 La responsabilidad -argumenta Peterson -parece de suyo aportar sentido a aquel que la acoge, a aquel que la asume. La responsabilidad puede entenderse como la acción de asumir las consecuencias de algo. Y esto parece ser algo que nos llama la atención, parece que cierta dificultad -a veces artificial y pactada -nos aporta una razón para emprender una acción o, por qué no, incluso un juego. En el capítulo del libro antes mencionado (en la cita 74), Peterson argumenta que para divertirnos, creamos juegos en los que de manera deliberada creamos reglas comunes que dificultan la consecución de el premio o el fin del juego mismo. Y eso parece divertirnos, entretenernos, parece darnos suficientes razones o motivos para emprender una acción (que no es poco). Porque, ¿Qué ocurre cuando renunciamos a la responsabilidad una y otra vez? ¿Qué ocurre cuando omitimos una y otra vez el riesgo que supone la consecución de algo valioso? Ocurre que empezamos a encarnar el arquetipo del puer aeternus95. En Más allá del orden: 12 nuevas reglas para vivir, Peterson lo ejemplifica con el ejemplo de Peter Pan. Para lograr un objetivo es preciso reunir al menos dos condiciones: la primera condición es definir claramente cuál es el objetivo. Parece redundante pero no lo es. La mayoría de las personas no consiguen muchas veces lo que desean conseguir por el hecho de que ni si quiera ellos mismos saben lo que quieren. No han hecho el trabajo necesario de delimitación y discernimiento de los objetivos que quieren o les son convenientes (significativos). Si no tienes esta primera condición, la segunda (de tenerla) se tornaría en una actitud suicida. La segunda condición es asumir y aceptar que conseguir un objetivo normalmente implica sacrificar algo. Esto ya lo vimos con anterioridad hablando de los sacrificios y se ve de manera cristalina en la historia bíblica de Abraham (Gn, 12). Abraham es un hombre, que se pasa toda su vida deseando tener descendencia y no lo consigue hasta una avanzada edad. Cuando ya está muy avanzado en años, siendo ya un anciano, Dios le concede un hijo, al que llama Isaac. Años después, Dios manda a Abraham al monte Moria para que sacrifique a su hijo querido96, y este, sin entender porqué Dios le manda esto, le obedece. Abraham antepone la Fe en Dios a su razón, a su voluntad, a sus afectos y a su más preciado tesoro, su hijo. Una vez se encuentra subiendo ya al monte Moria, finalmente, cuando está a punto de sacrificarlo (previa aceptación de Isaac que le dice “átame fuerte padre mío, no sea que por el miedo me resista”) un ángel detiene su mano, le pide que no sacrifique a su hijo y le dice que Dios ya sabe que 95 Se traduce como niño eterno. 96 “Díjole [Dios]: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»” 38 él confía en Él97. Tiempo después, Dios cumple la promesa que le hizo a Abraham, haciendo que su descendencia sea tan prolífica como las estrellas del cielo. Como veíamos, entonces, la actitud contraria de Abraham, es la que lleva a cabo el puer aeternus. Como expone Peterson98, la conducta errada del puer aeternus, es llevada a cabo de forma clara por el personaje Peter Pan, cuyo nombre significa “el que lo abarca todo”. Este abarcarlo todo o poderlo todo es la actitud y la cosmovisión con la que se mueven los niños, pues para un niño “nada es imposible”. Si Peter Pan hubiera evolucionado correctamente, como expone nuestro autor, habría incorporado de manera consciente esa actitud emprendedora y autónoma ante la vida, procurando que esta potenciase una labor significativa y productiva, pero no le ocurre así. Entre otras cosas no le ocurre así porque el modelo de adulto que tiene presente es el del Capitán Garfio, que es “el rey tirano arquetípico, la patología del orden; un parásito y un déspota aterrorizado por la muerte”99, la cual aparece encarnada en un cocodrilo con un reloj en su estómago (que un tiempo atrás devoró su mano) y que lo persigue todo el tiempo. Teniendo en cuenta esta imagen es normal que Peter Pan no quiera crecer y quiera vivir siempre en el mundo de los niños, que representa el estado preconsciente, paradisíaco, donde el ser humano aún no ha afrontado la anomalía de la finitud, el caos, la enfermedad y la muerte: el estado previo a la consciencia de la pérdida que propiciar querer perder la consciencia. Por el contrario, su amiga Wendy, escoge asumir la vida adulta con los sufrimientos y alegría que esta conlleva. En la historia del rey león, Simba (un león hijo de Mufasa, el rey de la sabana) tiene también un período de vida en el que huyendo del caos inherente a la existencia y al mundo adulto (el territorio de los huesos de Scar, de las hienas) llega a un “estado paradisíaco” definido por la ausencia de preocupaciones donde poco después conoce a Timón y Pumba. La diferencia entre lo que hace finalmente Peter Pan y lo que hace Simba, es que el segundo sale de ese estado de niñez de igual manera que Pinocho cuando consigue salir de la isla de los niños y decide enfrentarse al caos y crecer, madurar. 97 Del tárgum Neófiti sobre el sacrificio de Isaac en Génesis 22, 1-19, Biblia de Jerusalén. Tal es la proeza de la acción de Abraham que más adelante está escrito venid y ved la Fe sobre la tierra refiriéndose a Abraham. 98 En Peterson J.B. Más allá del orden: doce nuevas reglas para vivir, regla 4, pp. 153-157, editorial Planeta, 2021, Barcelona. 99 Ibíd. p. 154. 39 4. El salto definitivo pero no el final La conducta del héroe es la abstracción metafórica del cómputo de las conductas adaptativamente exitosas. Hay un punto remarcable y cardinal en todos los relatos heroicos que se caracteriza por una acción que supone el asalto “final” contra las fuerzas del caos y suele ser el momento más emocionante (también el más terrible) de estos relatos. Este asalto constituye el punto de no retorno en el viaje del héroe, pues aunque ya ha pasado sin duda experiencias que suponen un reto explorando lo desconocido, esta es la que más potencial destructivo tiene. A veces este último asalto no se detalla de manera explícita sino que va arrastrando y desarrollando progresivamente. A continuación detallaré una serie de ejemplos a modo de ilustración. Pinocho escapa de la isla de los niños, la isla hedonista de los placeres que se torna finalmente un infierno, pues ahí Pinocho no sólo percibe la vaciedad de la vida hedonista e impulsiva sino que advierte el potencial esclavizador y degenerante de estas conducta. Además, descubre que la isla está orquestada y organizada en base a una serie de personajes que salen representados como sombras oscuras que portan látigos y ríen terriblemente mientras encierran a los niños que se han convertido progresivamente en burros para comerciar con ellos (y constatando además que él mismo se está convirtiendo en uno cuanto más conductas hedonistas y elusivas de responsabilidad acomete). Justo en este momento aparece Pepito, un grillo con sombrero que representa la voz de su consciencia y le ayuda a escapar. Durante su estancia en la isla de los niños, donde se dedicaba a fumar y beber en exceso, a pelear y a partir cosas, Pinocho deja de escuchar a Pepito, es decir, deja de escuchar a su consciencia, a la voz interior que le impele a desarrollar una conducta heróica. Tengamos en cuenta además el hecho de que al no ser aún Pinocho un niño de verdad, tiene a su consciencia fuera de él; es decir, no la tiene integrada plenamente como guía de sus actos. Cuando Pinocho recibe una nota de una Paloma informándole que su padre se encuentra en el fondo del mar, este corre apresurado (aún con sus orejas de burro) diciendo “¡tengo que ir!” como respuesta a la advertencia de Pepito del peligro que entraña su acción. En ese “tengo” reluce el primer sí a la llamada de la responsabilidad. Al momento de saltar, Pepito vuelve a advertir a Pinocho del peligro y este le dice que va a saltar, a lo que Pepito responde “aunque me tomen por carnada iré contigo”. Lo que ocurre más tarde en esta historia lo veremos más adelante. Otro ejemplo se da en El Hobbit: La desolación de Smaug, en dos momentos principales. Primero, se da en el momento en el que Bilbo, el protagonista, firma un contrato como saqueador que le 40 compromete a ayudar a recuperar el tesoro que esconde el dragón Smaug y además le compromete a eximir al resto de la compañía que va con él de los efectos indeseados que pueden darse en su cometido, tales como laceración, evisceración o incineración. Tras sentir pavor y mareo, lo acaba firmando. Este sí es el principio de la toma de responsabilidad progresiva que Bilbo irá desarrollando. Pero el definitivo es cuando se encuentra ya en la guarida, y se quita el anillo que lo hace invisible para dialogar cara a cara con el dragón, es decir, confrontar cara a cara a la fuerza última del caos que custodia el tesoro (la recompensa). Empieza a dialogar con el dragón por medio de halagos y reconocimientos. Bilbo se hace aparentemente pequeño ante el abrumador potencial destructivo del caos, y le da a este lo que cree, haciéndole halagos y procurándole acertijos al dragón para que no lo devore y conseguir el preciado tesoro. 4.1 Vencer al dragón y volver a casa Hasta ahora, hemos detallado partes fundamentales, aunque no todas, del viaje del héroe, de aquel que -recordemos -encarna la conducta responsable por antonomasia. Pero todo viaje, en principio, tiene un final, y normalmente el final de ese viaje es aquel sitio donde empezó, aunque no tiene porqué ser el mismo. En la mayoría de los relatos, cuando el héroe vuelve a su hogar a aportar la renovación, se encuentra un mundo que ya no le es tan familiar porque ha podido cambiar -este mundo -e indudablemente ha cambiado él. Aunque la historia pueda terminar bien, en muchas ocasiones el héroe experimenta un rechazo por parte de la comunidad cuando esta nota que él ya no es el mismo que era cuando partió. Este paso suele constituir uno de los últimos conflictos del viaje. 41 mismo, atestiguada según muchas religiones, en las prácticas exorcísticas; pero no nos detendremos en esa vertiente de lo demoníaco111. En términos psicológicos concretos, la actitud demoníaca, antiheróica, se concreta a mi juicio en las acciones y las palabras del perpetrador de la masacre del instituto Columbine. En 1999 dos jóvenes irrumpieron en la escuela secundaria de Columbine, en Colorado, Estados Unidos; donde uno de ellos, realizó las siguientes declaraciones: “No merece la pena luchar por la raza humana, solo merece la muerte. Hay que devolver la Tierra a los animales, que la merecen infinitamente más que nosotros. Ya nada significa nada”112. En estas declaraciones, casi en cada palabra o cada conjunto de palabras, vemos reflejada la actitud de la que antes hablábamos, no merece la pena luchar por la raza humana denota un nihilismo palmario; o ya nada significa nada, que refleja la pérdida absoluta del sentido de la existencia y del ser. Si ya nada significa nada y todos merecemos la muerte, actuar en consecuencia es perpetuar esta matanza y después suicidarse, lo cual hicieron ambos al final de la masacre. Como indica Peterson113, esta actitud se ve muy bien reflejada en las palabras que dice Mefistófeles, un personaje de la novela Fausto de Goethe114: “Soy el espíritu que siempre niega, y con razón, pues todo cuanto nace digno es de perecer; por eso sería mejor que nada naciera. Así pues, todo cuanto llamáis pecado y destrucción, en resumen: el mal, es mi elemento natural”. A pesar de esto, dado que este trabajo se centra no en la elusión de la responsabilidad sino en la voluntaria asunción de esta, nos centraremos en delimitar finalmente la conducta en la que cristaliza, a mi juicio, el arquetipo de conducta del héroe; en Cristo. 111Véase Fortea J.A., Summa daemoniaca, editorial Sekotia, 2020 o Exorcística: Cuestiones relativas al demonio, la posesión y el exorcismo del mismo autor. 112Esta nota procede del diario de Eric Harris, uno de los asesinos. Se puede acceder aquí: melikamp.com/features/etic.shtml. 113 Peterson J.B. 12 reglas para la vida, un antídoto contra el caos, p127, editorial Planeta, Barcelona, 2020. 114Goethe, Johann Wolfgang von, Fausto, Madrid, Penguin, 2016, p. 101. Trad. de Pedro Gálvez. 48 6. Conclusión: Cristo y la responsabilidad. Anteriormente hemos visto que el desarrollo positivo y progresivo del ser humano, de su conducta y de su personalidad, consiste en lograr primero la independencia con respecto al estado infantil (que puede considerarse el territorio de la Gran Madre benévola, el mundo maternal) y luego, una vez se ha accedido al territorio del Orden (simbolizado por lo Patriarcal, el dominio del Gran Padre, la cultura) ha de trascenderse este estadio, y realizar la “última fase” del proceso de individuación. Esta es la actitud exploratoria heroica que sale de los márgenes confortables de lo conocido para explorar lo desconocido y extraer – no sin dificultad –el preciado oro del dragón, la información latente y renovadora que subyace a lo desconocido. En todas estas temáticas, hemos puesto en evidencia, que problemas como el Mal, o el sufrimiento son problemas aún no resueltos. En esta línea, se ha condenado la hipocresía del hombre occidental, que niega explícitamente a Dios y a la religión pero que es profundamente religioso de forma implícita. La actitud exploratoria, como señalábamos al principio, denota una predisposición al sacrificio, el cual es no solo conditio sine qua non para que se pueda dar el viaje del héroe, sino que dicho sacrificio, lleva consigo la disolución – a veces total, a veces parcial – de la personalidad, la psique o el ser del héroe; estas características se manifiestan, como hemos anotado, en un extensísimo número de culturas. La actitud contraria a la del héroe, la hemos visto reflejada en figuras como el puer aeternus y en el arquetipo de los hermanos hostiles, que enlazamos con el ejemplo de la conducta demoníaca, aquella que niega y odia todo. Hemos ido dando pinceladas sobre la relación entre el arquetipo del héroe y Cristo, y ahora concluiremos con algunos de los motivos a partir de los cuales propongo que cataloguemos a Cristo como el arquetipo del héroe más perfecto. Este camino progresivo, sigue de manera esquemática el siguiente esquema: Paraíso → Abismo → Caída → Redención → Estabilidad → Incorporación → Disolución → Reconstrucción115. Lo que es relevante en la imitación de Cristo de cara a la reproducción del arquetipo del héroe es poder conseguir no sólo el puro seguimiento dogmático de la doctrina de Cristo (que bebe además del Antiguo Testamento) sino en la pura identificación con él. Y siendo también Cristo el camino que conduce al Padre y permite la plena comunión con Él. Por eso dice Jesús: 115Peterson, J.B., (1999), Mapas de sentidos, la arquitectura de la creencia, p. 594, editorial Planeta, Barcelona, 2020. 49 “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto […] Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre”116. Pero Cristo no es solamente el héroe por antonomasia de la religión judeocristiana, sino que supone la culminación progresiva de los distintos arquetipos del héroe que se desarrollan implícitamente en el Antiguo Testamento, como Abraham, Isaac, Moisés, el siervo doliente de Isaías, etcétera. Tanto es así que Cristo está continuamente citando al Antiguo Testamento a lo largo de su vida, sintetizando en la siguiente frase, la ocupación que le pertenece como nexo significativo entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, que en su momento, era territorio desconocido. Es por esto que él mismo afirma: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt, 5,17). En esta declaración se subsume la labor comunicativa y pontificia del héroe, pues es aquel que crea el puente necesario entre el orden establecido y aparentemente estático y la necesidad de completud o plenitud que se lleva a cabo explorando el territorio desconocido. No es poco relevante el hecho de que Cristo se presente a sí mismo como aquel que es el camino, la verdad y la vida; añadiendo luego, que nadie va al Padre si no es por él. Implica a su vez, que la ley es por sí misma insuficiente, pues necesita de la labor exploratoria heroica que realiza el héroe. El Estado, el Orden, la Ley, necesitan ser renovados con la innovación que aporta la exposición voluntaria a lo desconocido. Volviendo a abordar a Moisés, Cristo es a mi juicio la completud de este por conseguir dos logros principalmente: primeramente, Moisés logra conocer a Dios en el monte Sinaí, pero sólo puede ver su espalda, Dios no se le muestra de manera completa117. Cristo, en cambio, está en continua comunión y continuo diálogo con el Padre. Pero no sólo eso, pues además, forma parte de la misma Naturaleza del Padre (1ª JN, 1, 14). Al menos así lo discierne el cristianismo católico y lo expresa en sus primeros concilios. En segundo lugar, mientras que Moisés tiene la misión de llevar al pueblo judío a la tierra prometida, al paraíso terrenal, Cristo establece, comunica y anuncia el reino de los cielos como un reino que está por venir pero que al 116Biblia Biblia de Jerusalén, Evangelio según San Juan, Capítulo 7, editorial Desclée De Brouwer, 2009. 117 Ver Himno María, pequeña María del autor Kiko Argüello. 50 mismo tiempo ya se da118. Y en uno de sus sermones más importantes, -si no el que más – el sermón de la montaña (MT 5, 1; 7, 28), Cristo expone la interpretación y asunción significativa, dotada de sentido, de la Ley. En este sermón, Cristo no transmite una Ley o un conjunto de leyes en base a prohibiciones o a aseveraciones absolutas, como ocurre con las tablas de la ley que Dios entrega a Moisés sino que Jesús explica y entrega esta “ley” como si se tratase de una ley física. Cuando Jesucristo expone que los bienaventurados serán los que gocen de una realidad existencial concreta o aquellos a los que les ocurra algo o aquellos que hagan una serie de cosas, está explicando cómo funciona el mundo. Es decir, no está diciendo no hagáis esto o lo otro o haced esto sí o sí sino que está explicando a los que le escuchan, que tal y como funciona la realidad, lo mejor para ellos es actuar de una cierta manera o ser de una cierta manera. Puede parecer que no hay diferencia entre una cosa y otra pero no es así. Por ejemplo, no es lo mismo que alguien diga tenéis prohibido lanzaros desde los puentes a que alguien diga os digo que si os tiráis de los puentes a una suficiente altura, moriréis u os haréis mucho daño. Con este sermón, Cristo otorga en cierta manera, el fuego prometeico de la libertad y en parte el entendimiento, para que cada cual actúe según vea (teniendo cada cual en cuenta las consecuencias de sus actos). De esta manera, Cristo ofrece la posibilidad de la redención, presentándose como el nuevo Adán, pues de igual manera que por un hombre, Adán, entra el pecado en el mundo -con todo lo que conlleva -por otro hombre (que es Dios a la misma vez) se introduce la capacidad para redimir la condición humana de esta decadencia. Como apunta Peterson119, la hostia de la comunión, que representa luego a Cristo, se nos antoja como el segundo fruto del árbol del mundo. El primer fruto, la manzana, llevó a Adán y a Eva a la expulsión del paraíso. La hostia consagrada, actúa como redimente de esta condición caída, pues consigue que cada persona incorpore dentro de sí a Cristo, es decir, al héroe arquetípico. Y podríamos volver a preguntarnos… ¿Qué nos aporta asumir la responsabilidad que asume el héroe? La respuesta es: nos aporta el sentido para vertebrar nuestra existencia. Viktor Frankl, en su obra El hombre en busca de sentido, desarrolla la logoterapia, su método clínico psicológico, donde argumenta que lo que salva al hombre del terrible sufrimiento de la existencia (Frankl desarrolló esta idea a raíz de su experiencia como prisionero en un campo de concentración Nazi) es el sentido que el hombre es capaz de imprimir al sufrimiento cuando tiene un porqué y la inextricable libertad que existe en el hombre ligada de forma inevitable a la responsabilidad. En el morir y resucitar de Cristo, este nos hace partícipes de su condición, nos une a él y nos entrega una mano para que 118 Para recavar más información sobre este tema, consulte Benedicto XVI, J.R., Jesús de Nataret., Editorial Encuentro, 2018. 119 Peterson, J.B., Mapas de sentidos: la arquitectura de la creencia, p. 638, Editorial Ariel, 2019, trad. Juanjo Estrella. 51 podamos asirla y salir o arrostrar de la fosa de los padecimientos de la existencia. Una vez ya entrado en la pasión, exclama “¡Elohim, Elohim! ¿Lamá sabactaní?”120. Los sinópticos relatan que el propio Cristo, hijo de Dios -según la fe cristiana -exclamó al cielo gritando estas palabras al verse desolado, atravesado, flagelado y clavado en una cruz...abandonado, como el hombre de hoy ante su profundo sufrimiento. Si nosotros podemos sentir a veces que la realidad no nos trata como debería o pensamos que nadie puede llenar ni abarcar la distancia fría y oscura que nos separa del sentido cuando sufrimos terriblemente, yo me pregunto lo siguiente: ¿Qué clase de experiencia habría vivido Jesús, que se sabía hijo de Dios, su padre, que había compartido y compartía Ser con Él, cuando se sintió abandonado por Él? Si nosotros, que no hemos palpado en principio nada parecido a una certeza moral, y no podemos asirnos al sentido – tan sencillamente como nos asimos a una barandilla para asomarnos a un precipicio -nos sentimos a veces abandonados por Dios, o traicionados por nuestras expectativas sobre la realidad misma, o, lo que es peor, traicionados por nosotros mismos por ser los propios causantes de nuestras desgracias… ¿Qué clase de sufrimiento psicológico y espiritual tuvo que experimentar Cristo cuando pasó de ser una misma cosa con Dios a sentirse totalmente separado, abandonado y desamparado sin Él? En ese grito de Cristo, está encerrado el misterio del sufrimiento de los inocentes, de aquellos que sufren por causa de las maldades y debilidades de otros. Pero la historia, la pasión, no termina con ese grito de auxilio y sentimiento de abandono, pues justo antes de morir, exclama complacido dos frases; la primera: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”121. Y después, San Juan escribe que Cristo dice sus últimas palabras: “Todo está cumplido”122. Entre estas tres frases, parece discurrir la sucesión de dos momentos diametralmente opuestos y, finalmente, reconciliados. Con la primera frase (¿por qué me has abandonado?) Jesús confirma esa lejanía insalvable y absurda con respecto a Dios. Con la segunda frase, Jesús parte de la desesperación en la que estaba, y como una goma tensada hasta su límite, vuelve en dirección opuesta hasta llegar al punto de aceptación completa de la realidad, a la absoluta consciencia del amor de su Padre (Abbá123) y a la certidumbre completa de que el broche de su existencia y de la existencia humana es, inexorablemente, un sentido completo, vertebrador y definitivo. Por eso está dispuesto a entregar su espíritu. Tras entregarlo, Jesucristo desciende a los infiernos a encadenar al demonio y al tercer día resucita en cuerpo y espíritu, redimiendo la condición humana y 120 ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? 121 Biblia de Jerusalén, Evangelio según San Lucas, capítulo 24, editorial Desclée De Brouwer, 2009. 122 Biblia de Jerusalén, Evangelio según San Lucas, capítulo 19’30, editorial Desclée De Brouwer, 2009. 123 En arameo, papá, era una forma cariñosa que usaban los niños para referirse a los padres en la época de Jesús. 52 apareciéndose más tarde a los apóstoles. El vencer casi definitivo al demonio (pues aún queda una última batalla), representa arquetípicamente el encuentro voluntario con las fuerzas destructoras del caos. Y el aparecerse de nuevo a los apóstoles representa la vuelta a casa, la vuelta al territorio conocido en decadencia que ahora está renovado. Con esto concluyo que en la vida pública de Jesucristo, y más concretamente en su pasión, muerte y resurrección, cristalizan a la perfección los pasos y procesos del camino del héroe, con especial énfasis en la asunción que hace Cristo de la responsabilidad (cuando voluntariamente desciende al mundo, carga con los pecados de toda la humanidad y los redime en sí mismo). Además de esto, explicito que la conducta y el mensaje de Cristo destilan los más altos axiomas éticos y morales vistos hasta la fecha. Aspectos no menos relevantes de la naturaleza heroica de Cristo son el ser hijo de Dios y una mortal y otros tantos, aunque no son completamente imprescindibles en esta exposición. 53 7. 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