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Mujeres, ciencia y psicología: el ininterrumpido debate sobre el determinismo biológico

Sánchez González, Natividad

Abstract

Aunque la psicología de género no fue reconocida como área de especialización hasta mediados del siglo XX, la construcción psicológica de la feminidad tiene un largo pasado que se remonta a la filosofía clásica. Este trabajo se centrará en considerar históricamente el papel que el determinismo biológico ha jugado en la conformación del espacio disciplinar de la psicología de género. Analizaré particularmente la contribución de la teoría de la evolución y de sus extensiones sociales y psicológicas que, usadas como argumento de autoridad científica, legitimaron usos sociales y sirvieron de barrera de contención ante las demandas feministas de la época. Se considerará la influencia de factores ajenos a lo científico en la determinación de sus modos de pensamiento, sus construcciones teóricas y sus prácticas. Examinaré, las reacciones al determinismo biológico, principalmente desde la psicología, que defendieron el origen social y cultural de las diferencias entre los sexos. Para concluir sostendré que el determinismo biológico todavía vigente especialmente en el campo de las neurociencias se basa en las mismas suposiciones que tiempo atrás y argumentando que el trabajo histórico puede ayudarnos a comprender mejor las dinámicas y las relaciones de poder actuales dentro de este dominio epistémico.

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19 Muje es, Ciencia y Psicología: el Inin e umpido Deba e Sob e el De e minismo Biológico Na i idad Sánchez-González Uni e sidad de Se illa, España Aunque la psicología de géne o no ue econocida como á ea de especialización has a mediados del siglo XX, la cons ucción psicológica de la eminidad iene un la go pasado que se emon a a la iloso ía clásica. Es e abajo se cen a á en conside a his ó icamen e el papel que el de e minismo biológico ha jugado en la con o mación del espacio disciplina de la psicología de géne o. Analiza é pa icula men e la con ibución de la eo ía de la e olución y de sus ex ensiones sociales y psicológicas que, usadas como a gumen o de au o idad cien í ica, legi ima on usos sociales y si ie on de ba e a de con ención an e las demandas eminis as de la época. Se conside a á la in luencia de ac o es ajenos a lo cien í ico en la de e minación de sus modos de pensamien o, sus cons ucciones eó icas y sus p ác icas. Examina é, las eacciones al de e minismo biológico, p incipalmen e desde la psicología, que de en- die on el o igen social y cul u al de las di e encias en e los sexos. Pa a conclui sos end é que el de e minismo biológico oda ía igen e especialmen e en el campo de las neu ociencias se basa en las mismas suposiciones que iempo a ás y a gumen ando que el abajo his ó ico puede ayuda nos a comp ende mejo las dinámicas y las ela- ciones de pode ac uales den o de es e dominio epis émico. Women, Science and Psychology: The Ongoing Deba e on Biological De e minism Al hough he Psychology o Gende was no ecognized as a ield o specializa ion un il he middle o he wen ie h cen u y, he psychological cons uc ion o eminini y has a long pas da ing back o classical philosophy. This pape will ocus on a his o ical conside a ion o he ole ha biological de e minism has played in shaping he disciplina y space o gende psychology. In pa icula , I will analyze he con ibu ion o he heo y o e olu ion and i s social and psychological ex ensions which, used as an a gumen o scien i ic au ho i y, legi imized social uses and se ed as a ba ie agains he eminis demands o he ime. The in luence o non-scien i ic ac o s in de e mining hei ways o hinking, heo e ical cons uc ions and p ac ices will be conside ed. I will examine he esponses o biological de e minism, mainly om psychology, which de ended he social and cul u al o igins o gende di e ences. In conclusion, I will a gue ha he biological de e minism s ill in o ce especially in he ield o neu oscience is based on he same assump ions as in he pas and a gue ha his o ical wo k can help us o be e unde s and he cu en dynamics and powe ela ions wi hin his epis emic domain. A ículo INFORMACIÓN ABSTRACT RESUMEN Recibido: Julio 10, 2024 Acep ado: No iemb e 26, 2024 Palab as cla e: Muje es Géne o Ciencia Psicología De e minismo biológico His o ia Keywo ds: Women Gende Science Psychology Biological de e minism His o y Cómo ci a : Sánchez-González, Na i idad (2025). Muje es, ciencia y psicología: el inin e umpido deba e sob e el de e minismo biológico. Apun es de Psicología, 43(1), 19-35. h ps://doi.o g/10.70478/apun es.psi.2025.43.03 Au o a de co espondencia: Na i idad Sánchez-González, [email p o ec ed] Es e a ículo es á publicado bajo Licencia C ea i e Commons 4.0 CC-BY-NC Apun es de Psicología (2025) 43(1) 19-35 Apun es de Psicología h ps://www.apun esdepsicologia.com • e-ISSN: 0213-3334 • eISSN: 19896441 20 Sánchez-González (2025) / Apun es de Psicología, 43(1), 19-35 his o ia “ayuda al campo a desa olla un au oconcep o: un conjun- o de alo es au o e e enciales, au o egulado es y de au oconoci- mien o” (C aw o d y Ma ecek,1989, p. 148). Pe mi e, además, en un e eno an ideológicamen e ma cado, p ac ica el sano eje cicio de la au oc í ica con un cie o y necesa io dis anciamien o. Analiza é p incipalmen e el papel jugado po el de e minismo biológico en la delimi ación de las capacidades psicológicas de la muje , así como sus implicaciones cien í icas, sociales y polí icas. El p ime paso consis i á en as ea sus o ígenes en la iloso ía clásica pa a pasa , después, a analiza , los cambios en la concep- ción de lo emenino que ue on apa eciendo has a la ilus ación. Pos e io men e me de end é en el su gimien o de la ciencia en sen- ido mode no y en aquellos ac o es que coadyu a on pa a a ala el de e minismo biológico como base acional en la que asen a y los es udios sob e las di e encias en e los sexos. Pa a ello e- isa é las esis e olucionis as de Cha les Da win, su e ec o en la ciencia, pa icula men e en la psicología, y las epe cusiones de sus ex ensiones sociales. Pasa é a examina los abajos de au o as que desde la medicina y sob e odo desde la psicología, cues io- na on el alo de una ciencia cons uida po y pa a los homb es y demos a on empí icamen e el peso de los ac o es cul u ales en las di e encias de géne o. Finalmen e, plan ea é has a qué pun o el de e minismo biológico, sigue p esen e en la ac ualidad p incipal- men e en la psicología e olucionis a y en cie as esis sos enidas desde las neu ociencias. El obje i o inal se á comp oba si bajo nue os o ma os y o mulaciones, algunas con o e sias ac uales en o no al géne o pueden conside a se eac ualizaciones de deba- es an iguos con nue o a mamen o ecnológico y e ó ico, pe o con las mismas o muy simila es suposiciones de pa ida. An es de comenza se impone una acla ación e minológica. La exp esión psicología de géne o no ue de uso gene al has a inales de la década de 1960 (Haig, 2004). Has a es e momen o se usaba di e encias sexuales o de sexo pa a e e i se a las ca ac e ís icas psicológicas inculadas a la di e enciación biológica en e lo mas- culino y lo emenino. P on o se inco po ó el é mino oles sexuales, a ibuido al abajo de Ma ga e Mead (1935) que, en un p incipio, no u o el ca ác e sociológico que pos e io men e se le a ibui ía. Mead con ese concep o hacía e e encia a su p eocupación po las di e encias en empe amen o ( asgos psicológicos) en e los sexos (Delphy, 1993). En odo caso, se o muló una concepción menos o gánica y más de cons ucción social y de iden idad pe sonal que se amplió al ex ende se el uso de la denominación psicología de géne o. La c eación de la Di isión 35 de la APA en 1973, o ma- lizó el uso de una nue a exp esión psicología de la muje . Las cues iones e minológicas, undamen almen e e e idas al uso de los é minos géne o o sexo, o man pa e de un in enso y la go deba e que se escapa del ámbi o de es e abajo; pa a segui pa e de ese deba e, ecomiendo consul a , po ejemplo, Sco (1986) o Muehlenha d y Pe e son (2011). Algunas au o as y au o es ac uales, pa icula men e desde el e- eno de las neu ociencias, llegan incluso a discu i si la di e en- ciación en e sexo y géne o iene algún sen ido, plan eando el uso Du an e odos es os siglos, las muje es han sido espejos do ados del mágico y delicioso pode de e leja una silue a del homb e de amaño doble del na u al. Sin es e pode , la ie a sin duda segui ía siendo pan ano y sel a. (Vi ginia Wool , 1929/2001, p. 28) Los es udios ac uales sob e psicología del géne o, y es e mo- nog á ico lo es imonia, son a iados y plu ales, apa ecen en muy di e sas á eas de la disciplina, an o básicas como aplicadas, se encuad an en dis in os ma cos in elec uales, epis émicos y eó icos y se abo dan desde dis in as pe spec i as eminis as (Ru he o d y G anek, 2010). Es a plu alidad de en oques es u o de una his o ia que co e pa eja a los inicios de la psicología como disciplina. En pocos e enos la amosa ci a de Ebbinghaus “La psicología iene un la go pasado, pe o su e dade a his o ia es co a” (1908, p. 3), cob a an o sen ido. En es e abajo p e endo explici a , median e un análisis his ó ico, el papel que, en el e eno de los es udios de géne o, como en cualquie o a ac i idad humana, juegan y siguen jugando las con icciones, alo es e ideologías de sus pa icipan es; así como las elaciones de pode es ablecidas y que de e minan usos sociales e incluso polí icas que a ec an a la sociedad en la que se gene an. Pa a quienes abajamos con pe spec i a his ó ica esul a e i- den e que ningún pensado o pensado a ha podido, ni puede, es- capa a las co ien es in elec uales de su iempo. Y que los ac o- es sociales, cul u ales, económicos, polí icos e incluso mo ales y eligiosos colabo an en la de e minación de sus modos de pen- samien o, sus cons ucciones eó icas y sus p ác icas. La ciencia es á his ó icamen e de e minada y, po an o, un ace camien o co- he en e a su es udio debe ía econoce e inclui explíci amen e las adiciones sociales, ideológicas y epis emológicas en las que se mue en quienes cons uyen el conocimien o, sus in enciones y el público al que se di igen (Richa ds, 1983). La comp ensión de esa mul i acé ica dimensionalidad diac ónica se cons i uye, c eo, en he amien a esencial pa a ap ehende el signi icado p o undo de la ciencia que cons uimos. Pese a ello, la cele idad que la ciencia ac ual impone di icul a la e lexión en o no a las suposiciones un- damen ales, his ó icamen e ancladas, que han con igu ado y de e - minan el modo de ace camien o a su obje o de es udio. En es e abajo p e endo mos a desde una pe spec i a his ó i- ca cómo ac o es ajenos a la ciencia en gene al y a la psicología en pa icula , u ie on peso en la con o mación del dominio epis- émico del géne o. Las eo ías psicológicas en muchas ocasiones han inco po ado i e lexi amen e las c eencias sob e el géne o que ci culaban en los con ex os y en los momen os en los que se ge- ne a on (Mo awsky, 1985; Ru he o d, Ma ecek y Sheese, 2012 Shields, 1982). No solo las eo ías, las p ác icas y las ins i uciones psicológicas es án, asimismo, imp egnadas po dinámicas de gé- ne o (Ru he o d, 2020). Po an o, pa ece impo an e conside a explíci amen e la necesidad de una con inua e lexión sob e los p incipios en los que se undan las ca ego ías, los concep os y los mé odos psicológicos; conside ando la dimensión his ó ica, social e ideológica sin ol ida la esponsabilidad é ica. Recons ui la 21 Muje es, Ciencia y Psicología en compa aciones en las cualidades/po encias del alma, el empe- amen o, el ca ác e , las emociones, los ins in os o las conduc as ap opiadas pa a cada sexo. Todos ellos é minos de incues ionable signi icado psicológico. Jun o a la inculación en e lo biológico y lo psicológico, la endencia a clasi ica y dico omiza el mundo en con a ios jun o a la je a quización po es amen os o g upos son cons an es en el pensamien o occiden al. El o denamien o eleológico del mundo na u al en busca de la pe ección es á ya p esen e en la ob a de Pla ón, aunque no hizo de es a idea doc ina y encon ó una me- jo exp esión en la Scala Na u ae o G an cadena de los se es de A is ó eles. Su o mulación doc inal más acabada se alcanzó en el neopla onismo c is iano de Tomás de Aquino (Toma Ro- me o, 1993). Desde en onces, el o denamien o y ca ego ización de las pe sonas po g upos, es ableciendo sis emas je a quizados, ha sido con inuo. Inde ec iblemen e, es as je a quías quedaban ijadas po quienes se si uaban en la cúspide. La ca ego ización nunca e a iguali a ia e implicaba siemp e un aspec o de domina- ción o supe io idad de unos indi iduos sob e o os y solo podía sos ene se si se asumían di e encias esenciales en e ellos y ellas. Poco impo aba si la o denación es aba basada en sexos, azas, cul u as o clases sociales, la esis que sos enía la in e io idad e a la ca encia de algún asgo undamen al en compa ación con quie- nes ocupaban el escalón más al o. Ya en el mundo clásico, Hipó- c a es y Galeno es ablecie on que las di e encias en los humo es y la ca encia de las cualidades masculinas de calo y sequedad, inculadas con la acionalidad, con e ían a la muje , húmida y ía, en un homb e impe ec o, inacabado. Es a concepción hu- mo al ue sos enida con algunas modi icaciones du an e odo el Renacimien o. El examen de ingenios apa ecido en 1575, ob a del médico español Juan Hua e de San Juan (1529-1588), gi a en o no a la idea de que esas ca encias explicaban el meno ingenio de las muje es y de e minaba su luga social y las a eas a las que sus alen os las limi aban. Siglos de cons ucción ue on a alando una imagen de la muje como un homb e incomple o, allido, e in elec ualmen e débil, lo que jus i icaba su papel subo dinado. Desde la concepción de los médicos y ilóso os clásicos, omen ada po la adición c is iana y la lec u a del Génesis -iden i icando a la muje con E a, c eada a pa i de una pa e del a ón, inci ado a del pecado y esponsa- ble del cas igo a los homb es-, y a a és de su ein e p e ación po los médicos enacen is as; es a isión dominó el pensamien o occiden al has a la e olución cien í ica (Ha is, 1984) e incluso has a Da win (Hamlin, 2014). Aunque muy pun ualmen e, algunas oces desa ia on es a imagen de incompe encia in elec ual de la muje . En España, el benedic ino Beni o Je ónimo Feijoo (1676- 1764) eunió en su Tea o c í ico uni e sal, una se ie de discu - sos; en e ellos el i ulado “En De ensa de las Muje es” (Feijoo, 1726), donde sos u o la ap i ud de las muje es pa a odo géne o de ciencias. Sin aleja se de la o odoxia c is iana, Feijoo en en ó la concepción escolás ica y de la medicina galénica que sos enía la impe ección na u al de la muje ; de endiendo las i udes e- meninas como complemen a ias a las masculinas (Bolu e , 2023). de ambos é minos simul áneamen e: géne o/sexo (Jäncke, 2018; Rippon, 2019/2020). En odo caso, como el campo se inaugu ó con el es udio de las di e encias psicológicas inculadas a los asgos sexuales biológicos, y en sus o ígenes esos é minos se usa on de o ma in e cambiable espe a emos el uso his ó ico indi e encia- do, siendo conscien es que en la ac ualidad pod ía conside a se un e o concep ual (i.e., F eixas-Fa é, 1995). Como Alexand a Ru he o d (2021) nos ecue da, sea cual sea el é mino adop ado, la o al comp ensión del géne o implica es udia cómo la ca ego ía muje se cons uyó y econs uyó con elaciones de pode cul u- almen e de e minadas. Necesa iamen e la pe spec i a his o io- g á ica se in oluc a. Como pe suasi amen e apun ó Jane Sco : “AQUELLOS QUE QUISIERAN CODIFICAR el signi icado de las palab as lib an una ba alla pe dida, po que las palab as, al igual que las ideas y las cosas que deben signi ica , ienen una his o ia” (Sco , 1986, p. 1053; mayúsculas en el o iginal). “De ende a Todas las Muje es, Viene a se lo Mismo que O ende a Casi Todos los Homb es” (Beni o Je ónimo Feijoo y Mon eneg o, 1726, Discu so XVI, Pá . 1) His ó icamen e, los concep os sexo y géne o se ligan a un cí cu- lo de signi icados ue emen e inculados al sus a o biológico. En Occiden e, Pla ón y A is ó eles plan ea on un mismo p incipio a la ho a de es ablece cuál e a el luga que cada pe sona debía ocupa en la sociedad: la jus icia solo se cumpli ía allí donde el es a us social de un indi iduo ue a asignado en es ic o acue do con su na u aleza. A pa i de es e p incipio se ins au an dos líneas; una más iguali a ia, la de Pla ón y o a más disc imina o ia, sos enida po A is ó eles. Como a gumen ó Nicholas Smi h (1983), si la po- sición social de homb es y muje es se es ablecía en unción de las di e en es na u alezas, ambos ilóso os debe ían habe llegado a la misma conclusión, ue a es a cual ue a. Pe o no ue así, ya que lo na u al no hacía e e encia a lo co po al, sino a la na u aleza de las almas. La disc epancia esencial en e los dos ilóso os adica en sus eo ías del alma; mien as que pa a Pla ón las almas son asexuales, A is ó eles sos iene una di e encia esencial en e el alma emenina y la masculina, el alma emenina es aba gobe nada po su pa e emocional y no po su pa e delibe ado a. La in e io idad de la muje quedaba, además, biológicamen e e endada po su consi- de ación como un homb e meno o un homb e incomple o. Limi- aciones de espacio me impiden de ene me en las ideas de los clá- sicos; ampoco podemos analiza el supues o y discu ido cambio de opinión de Pla ón desde su ob a La República a El Timeo. En cualquie caso, lo que quisie a en a iza aquí es que ya en los clá- sicos quedaba inaugu ada la adición de incula lo biológico, na- u a, al alma, psique (Ya es, 2015); adición que no se abandona á a lo la go de la his o ia de los es udios sob e géne o. Si se quie e analiza en más de alle la p o unda elación en e las eo ías bioló- gicas y las psicológicas desde la an igüedad, el abajo de Geo ey Lloyd, A is o elian explo a ions (Lloyd, 1999), especialmen e el capí ulo i ulado “The Rela ionship o Psychology o Zoology” es un cla o exponen e. Las explicaciones sob e las di e encias en e sexos no se limi a on a lo biológico; acababan inde ec iblemen e 22 Sánchez-González (2025) / Apun es de Psicología, 43(1), 19-35 una e sión meno , pe o no dis in a, del masculino, e a isión del sexo único, en la exp esión de Laqueu . Es a esis galénica e e be- aba en las palab as de Hua e de San Juan (1594/1989): Y es que el homb e, aunque nos pa ece de la compos u a que emos, no di ie e de la muje , según dice Galeno, más que en ene los miemb os geni ales ue a del cue po. Po que si hacemos ana omía de una doncella halla emos que iene den o de sí dos es ículos, dos asos semina ios, y el ú e o con la mesma compos u a que el miemb o i il sin al a le ninguna deligneación. (p. 608) Una ez más, quedaba inculado lo pu amen e co pó eo (bioló- gico) a lo cul u al y psicológico (compo amien o, ac i ud y sen i- mien o sexual). Como emos, du an e g an pa e de la his o ia de la humanidad, el sexo ue más una ca ego ía enomenológica que una ca ego ía on ológica. Lo e dade amen e impo an e e a lo que se homb e o muje signi icaba: ocupa un luga en la sociedad con un de e minado ango y papel. La nue a isión ic o iana implicaba un cambio signi ica i o que consolidó un cul o a la e dade a eminidad en la exp esión acuñada po Ba ba a Wel e (1966). Se cons uyó, po pa e unda- men almen e de los homb es, un ideal de lo emenino que si ie a de sos én y basamen o an e los ápidos y amenazan es cambios del siglo XIX; cons i uyéndose como ac o de es abilidad social que pe mi ie a el man enimien o de la ci ilización al y como ellos la concebían. Se pasó de la conside ación de un único sexo con dos g adaciones -una supe io y una in e io -, a una concepción di- co omizada en dos sexos dis in os, aunque complemen a ios. Es a complemen a iedad, sin emba go, no implicó que iguala an su je- a quía. En de ensa de su modelo de sociedad, que e a lo que había pe mi ido a Occiden e a anza muy po encima de o as cul u as, se buscaba el man enimien o del s a u quo impe an e que asumía la in e io idad ísica e in elec ual de la muje . La complemen a ie- dad suponía la di isión del mundo en dos es e as, imp escindibles pe o dis an es, la pública y la domés ica, con oles pe ec amen e de inidos que se co espondían con las di e encias biológicas y de capacidad en e los sexos. Ellas: desapasionadas, aunque emocio- nales, in ui i as, pasi as y obedien es, abnegadas y sac i icadas, con un al o concep o mo al y eligioso; ellos: luju iosos y apa- sionados, impe uosos, dominado es, ac i os, ue es y acionales (Ha is, 1984; Schiebinge , 2004; Shields, 2007). La muje pasó a ocupa un nue o espacio en el idea io social que supuso una up- u a impo an e con la imagen bíblica. Pasó de se el sexo pecado a se el sexo i uoso; las ga an es de la mo alidad, asgo en el que e an cla amen e supe io es a los homb es. Es a concepción i uo- sa de la muje ue la jus i icación necesa ia pa a man ene la en el hoga , esponsabilizándola de la educación mo al de los hijos y de su cuidado (Ha is, 1984; Kindelán, 1990). Quedó sen enciado y e endado con nue os a gumen os el alejamien o de la muje de lo público y la di isión del abajo po sexos. La eacción a es e ideal de eminidad y el cul o a la domes i- cidad se o malizó a inales del XIX y comienzos del XX a a- és del mo imien o de la Nue a Muje . Su gido p incipalmen e Tiempos de Cambio: la Ciencia Va ios cambios undamen ales se iban a p oduci desde inales del XVIII y a lo la go del XIX que a ec a ían a la concepción bio- lógica, psicológica y social de la muje : la ins i ucionalización de la ciencia mode na, la con o mación social de un nue o concep o de eminidad, la apa ición de la eo ía de la e olución y sus ex en- siones ideológicas, la p oli e ación de nue as disciplinas cen adas en el homb e y el su gimien o de los p ime os mo imien os emi- nis as. Todos ellos posibili a on el su gimien o de una au én ica ciencia sob e las na u alezas emenina y masculina con el in de in en a da espues a a las incipien es demandas de las muje es sob e su es a us (Russe , 1989). La palab a cla e es ciencia. A pa i de la segunda mi ad del XIX el ango y econocimien- o social de la ciencia se había modi icado, de iniéndose como un campo p o esionalizado que es ablecía no mas y lími es no solo sob e cómo hace ciencia, ambién sob e quién podía p ac ica la. Has a es e momen o la ciencia e a una emp esa poco sis ema i- zada, emp endida en muchas ocasiones en un sen ido ama eu . Aunque escasas, algunas muje es, al habe dis u ado de condi- ciones excepcionales en su educación, pudie on pa icipa en los deba es in elec uales de su época (Hamlin, 2021; Thu s, 2007, es- pecialmen e el capí ulo 2). Es a si uación se io modi icada con la p o esionalización y con la apa ición de nue as ins i uciones cien í icas. Es e cambio, al que con ibuyó el da winismo, co ió pa ejo a su masculinización. Las ca ac e ís icas que de inían el abajo cien í ico: a duo, acional, poco emocional e impe sonal e an exac amen e las con a ias a las que con igu aban la isión de lo emenino (Rossi e , 1982). P on o se suma ían jus i icaciones de ca ác e médico-biológico que aleja ían, aún más, a la muje de la ciencia. Con la p o esionalización, la ciencia ambién ad- qui ió una nue a unción; ue p og esi amen e ocupando un pa- pel cen al como legi imado a de las p ác icas y usos sociales y mo ales, papel que has a es e momen o había monopolizado la eligión (Richa ds, 1983). El a gumen o de la cien i icidad es aba con i iéndose en el c i e io de au o idad con a el cual con as a y alida no solo las isiones epis émicas de la ealidad; ambién las cues iones ideológicas. Es a época io, además, c is aliza una nue a imagen de la emi- nidad que, con o igen en la sociedad ic o iana, se ía ápidamen e inco po ada al pensamien o social, cul u al, polí ico y cien í ico. A lo la go de la his o ia la imagen de la muje se había is o modi i- cada. Como señala Thomas Laqueu en su lib o La cons ucción del sexo (Laqueu , 1990/1994) hacia el inal de la Ilus ación ya se había p oducido un cambio muy impo an e en la concepción de la sexualidad emenina inculándola a la ep oducción y alejándola del place . Has a es e momen o, la sexualidad y la luju ia pe ene- cían al e eno de la eminidad. E a la espues a social a la imagen bíblica de la muje como E a, icono de la en ación y del pecado; mien as que el más sublime sen imien o de la amis ad se incula- ba a lo masculino. También has a es e momen o, la p opia in e p e- ación sob e la cons i ución co pó ea de la eminidad seguía las lí- neas de la an igüedad clásica: el cue po emenino e a simplemen e 23 Muje es, Ciencia y Psicología una de las acul ades y ap i udes men ales. Se p oyec a á mucha luz sob e el o igen del homb e y sob e su his o ia”. (p. 424, del o iginal inglés; aducción de la au o a) Sin emba go, no se ía Da win, sino Al ed Wallace (1864/2010) el p ime o en plan ea el papel de la e olución en el p og eso in e- lec ual y mo al de la humanidad, y quien sos u o que el ce eb o se con i ió en el obje i o p io i a io de la selección na u al en los hu- manos (Glickman, 2009; Richa ds, 1983). No solo ue p ecedido po Wallace, cuando Da win e a aún e icen e sob e la ex ensión sus ideas más allá de lo me amen e biológico, He be Spence ya es aba aplicando la e olución a las di e encias de géne o y o as cues iones sociales, inco po ando muchos de los es e eo ipos de su época (Shields, 2007). Da win no a da ía en segui le. La Re olución Silenciosa: la E olución The males admi o being classi ied, as i we e, in one psychological species and he emales in ano he . (Romanes, 1887, p. 2) Llegados a es e pun o, la cues ión que a amos de en ende es ¿po qué la idea de la e olución u o un impac o in elec ual, social y cul u al an eno me?, y en conc e o, ¿cómo de e minó el pensa- mien o psicológico sob e la muje ? Incluso en la ac ualidad sigue eniendo un peso especí ico. En ocasiones sub ep iciamen e y en o as abie amen e como ocu e en la psicología e olucionis a. La eo ía de la e olución no e a una eo ía o dina ia, su impac o social la hacía e oluciona ia; ue la más pe u bado a y p obable- men e las más ubicua en e odas las ideas cien í icas. Popula izada po el da winismo social, la e olución llegó al g an público an es en su o ma social, que en su o mulación biológica. Aunque no enemos espacio pa a deba i aquí es a cues ión, se ía impo an e no ol ida que exis ían di e encias signi ica i as en e el e olu- cionismo y el da inismo social. Muchos de los p oponen es de es a ex ensión social del pensamien o e olucionis a no acep a on algunas de las esis ni de los mecanismos p opues os po Da win. En un mundo donde las concepciones adicionales de o den ijo y es á ico se de umbaban, la e olución se con i ió en un aside o sólido al demos a que los cambios sociales, como los biológicos, podían p og esa con inuamen e, sin sal os adicales ni e olucio- na ios (Gould 1977/2010; Richa ds, 1983). Una ca ac e ís ica de la e olución, que se mos a ía an o como una en aja como un incon enien e, ue su ca ác e gene al, casi desc ip i o y abie o a in e p e ación, que la di e enciaba de o as eo ías cien í icas. La e olución pa ecía más una idea que una cons ucción eó ica ígida y ce ada; e a lo su icien emen e maleable como pa a se ap opiada desde colec i os in elec uales y polí icos con ideas con- apues as. Y así ocu i ía. Si bien es cie o que cie os a gumen os e olucionis as ue on usados po las éli es pa a man ene el s a u quo pa ia cal y colonialis a; no es menos e dad que dis in os mo- imien os ob e os, socialis as, epublicanos y su agis as, aunque opues os a la selección sexual, usa on esis e olucionis as pa a a anza su idea io (McLaughlin-Jenkins, 2015). en Es ados Unidos y G an B e aña, y ecogiendo las inquie udes p o o- eminis as de inales del XVIII y p ime a mi ad del XIX, es e mo imien o en en ó la imagen ic o iana. Ins i ucionalizan- do su oposición y plan eando abie amen e sus ei indicaciones consiguie on o igina uno de los deba es undamen ales de la épo- ca; la cues ión de la muje , sacudiendo los cimien os del o den es ablecido. T as esa exp esión se ag upaban a ias p oblemá icas elacionadas: el acceso de la muje a la p opiedad, a la ida labo al, a la ida pública y polí ica, a la educación supe io , e c. La cues- ión de la muje , jun o a la cues ión de la aza, se ían deba es esen- ciales pa a en ende el pensamien o y la his o ia social del XIX y p incipios del XX (Delap, 2021). Ambos acaba on plan eándose en el mismo ámbi o, buscando a gumen os jus i ica i os simila es, cuando no idén icos, en la ciencia. El deba e se plan eó en dominios biológicos. A comienzos de ese siglo, la biología, como ciencia con sen ido disciplina dis in i o, i umpió con ue za en la explicación de lo humano. De hecho, el é mino biología en su sen ido mode no ue in oducido inde- pendien emen e po Bu dach, T e ina ius y Lama ck en e 1800 y 1802. En su delimi ación, sus en o cien í ico y en su alejamien o de isiones pu amen e axonómicas y es á icas u ie on impac o esencial las eo ías e olucionis as (Be múdez, 2015). A pa i de es e momen o, el es udio de la na u aleza humana desde odas las dimensiones posibles se con i ió en una cues ión cen al que impulsó a las, po en onces incipien es, ciencias so- ciales: e nología, an opología ísica, sociología y po supues o, la mayo inno ación del XIX, la psicología. Es as disciplinas, en e a los en oques ilosó icos p e ios, se ap oximaban más a una e - dade a isión cien í ica del homb e y de lo social ei indicando su iden idad como o mas álidas de conocimien o. Buscando su di e enciación de las ciencias del espí i u (siguiendo la denomina- ción clásica) se alinea on con los mé odos y écnicas de las más p es igiosas ciencias empí icas. También se comp ome ie on a es- ablece leyes na u ales uni e sales a imagen de las que egían la ida biológica. Resul a ía na u al que en ese mo imien o ác ico la biología humana, que había expe imen ado un espec acula a ance y su idea es ella, la e olución, ue an el espejo en el que e leja se pa a alcanza p es igio y que el de e minismo biológico implíci o ue a inco po ado como base, indiscu iblemen e cien í ica, sob e la que asen a sus isiones de lo humano. Así, se acabó con o mando una pe spec i a p o undamen e de e minis a: la biología e olucio- nis a dec e aba las ca ac e ís icas humanas más allá de lo me a- men e o gánico. No solo daba o ma a nues os cue pos, ambién nues as a men es e incluso alcanzaba a de e mina las sociedades que cons uíamos y en las que i íamos. El impac o del de e minismo biológico ue inmedia o y casi in- conmensu able en las disciplinas sociales y humanas y pa icula - men e en la psicología. El p opio Da win, en las úl imas páginas del El o igen de las especies (1859), sos enía: En el po eni eo ancho campo pa a in es igaciones mucho más in e esan es. La Psicología se basa á segu amen e en nue os cimien os, de la necesa ia adquisición g adual de cada 24 Sánchez-González (2025) / Apun es de Psicología, 43(1), 19-35 ajosos pa a la especie. Si es os asgos hubie an sido imp escindi- bles pa a la supe i encia, ambos sexos los hubie an adqui ido. La selección sexual descansaba en dos p incipios: la lucha en e los machos po accede a las hemb as y la elección de las hemb as. Es e segundo p incipio a ajo inmedia amen e la a ención de las eminis as ya que do aba al sexo emenino del pode de elección. Pe o Da win ma có una única excepción a es e segundo p incipio, la especie humana, en la cual, como consecuencia de su his o ia e olu i a, los homb es habían a eba ado el pode de la elección a las muje es: En cue po y espí i u es el homb e más po en e que la muje ; en la ase sal aje guá dala en un es ado de sujeción más abyec o que el macho de ningún o o animal: po eso no es ex año que se ese a a el pode de elección. (Da win, 1871/2020, p. 431) La di e encia en o aleza ísica en e machos y hemb as e a algún muy común en el mundo animal, pa icula men e en e los mamí e os, po an o, no e a la di e encia en cue po, sino en espí- i u lo que jus i icaba la supe io idad del homb e. Da win basó es a a i mación en dos obse aciones que apun alaban su con icción de pa ida sob e la in e io idad en espí i u de la muje . La p ime a e a que no pa ecía ap ecia se di e encias en in eligencia en e sexos en o as especies. La segunda, de uso ex endido en e dis in os au- o es, apelaba a la his o ia social y a la escasa con ibución de las muje es a las ciencias y a las a es -su exigua eminencia- como de- mos ación de su meno desa ollo in elec ual. No deja de esul a so p enden e que quien ue a de enso a ul anza de la con inuidad en e el homb e y o as especies y de las di e encias exclusi a- men e de g ado y no de clase en e ellas, nos singula iza a con un mecanismo hecho a medida de sus con icciones sociales. Da win a a p opone oda una se ie de as u os p ocesos bio- lógicos pa a pode explica cómo se ansmi ía, exclusi amen e po ía masculina, la mayo po encia men al. Es imposible en es e abajo aba ca los, bas e señala que, en ausencia de explicaciones gené icas, el mayo uso de esas capacidades du an e la edad adul a po los homb es debido a la mayo p esión e olu i a -selección na u al- a la que e an some idos, les o o gaba el ca ác e de asgos sexuales secunda ios; asgos que se ansmi ían exclusi amen e a la p ogenie del mismo sexo. La he edabilidad de los ca ac e es adqui idos pe mi ía su ansmisión. Cie amen e los p incipios la- ma ckianos dejaban la pue a abie a a que el ambien e moldea a y disminuye a esa b echa en e homb es y muje es y algunas mu- je es e olucionis as se a e a on a esa posibilidad. Da win y o os da inis as sociales se enca ga on de ce a la ápidamen e. Es a explicación p esen aba una inconsis encia muy e iden e. Si la esponsabilidad ecaía, al menos en pa e, en el mecanismo de la selección na u al y, dado que es e p incipio e a uni e sal, las di e encias sexuales en in eligencia debe ían apa ece en ma- yo o meno g ado en los animales. Solo en aquellas especies en las que los sexos habi a an ambien es di e en es, con necesidades adap a i as especí icas, pod ía la e olución habe seleccionado asgos dis in i os. Eso, según el p opio Da win, e a lo que ocu ía en algunas especies in e io es. Y, so p enden emen e, ambién en La ob a El o igen del homb e y la selección en elación al sexo (1871/2020) signi icó la en ada pública de Da win en las cues io- nes humanas y sociales. La alianza en e la biología da inis a y el e olucionismo social de au o es como He be Spence se io o alecida con su publicación, e endando el da inismo social (Richa ds, 1983). El o igen del homb e u o g an impac o y ue un éxi o edi o ial. Hay a ias azones. En p ime luga , en los doce años anscu idos desde El o igen de las especies, las ideas e olu- cionis as habían calado en el pensamien o gene al de su iempo con lo cual la sociedad es aba p epa ada pa a la ecepción de El o i- gen del homb e de modo supues amen e más c í ico e in o mado. Además, la ob a p esen aba una explicación na u alis a del amo omán ico y de las di e encias sexuales, ema cen al en el deba e social de la época. Asimismo, jus i icaba el cambio p oducido en el concep o muje que había pasado de se un homb e impe ec o e in e io a se el pe ec o y necesa io complemen o a la na u aleza masculina. Los asgos mo ales e in elec uales de ambos sexos e an inna a y necesa iamen e complemen a ios (Shields, 1975, 1982, 2007), quedando cien í icamen e sancionada la dis ancia en e los mundos que ocupaban. Además, la ob a pe mi ió aleja se de la i- sión bíblica de E a y plan ea el deba e en é minos cien í icos. Muchos au o es se dedica on a di undi la ob a al g an público, lo que no implica necesa iamen e que es u ie an di undiendo exac a- men e las esis de Da win; en múl iples ocasiones esas ideas ue- on e o muladas pa a ajus a se a las agendas sociales y polí icas de quienes las di undían (Hamlin, 2021). Pa a quienes de endían el o den es ablecido, sob e odo homb es, El O igen del homb e pe mi ía una lec u a social de los oles de géne o - ambién de aza e incluso de clases-, su jus i icación cien í ica, su apología, e in- cluso el es ablecimien o de una se ie de p ecep os encaminados a su man enimien o. Pa a quienes ei indicaban un cambio, sob e odo muje es, la ciencia e olucionis a o ecía un modo de aleja - se de la imagen p esc i a po la eligión y apoya sus a gumen os iguali a ios en un e eno que, basado en lo empí ico, p ome ía se ideológicamen e neu al. De alguna mane a el lib o b indaba la po- sibilidad de enma ca desde un nue o encuad e la cues ión de la muje (Kohls ed , y Jo gensen, 1999). La ob a en a izaba la impo ancia en el p oceso e olu i o del mecanismo de la selección sexual. Aunque Da win p opuso es e mecanismo en el Capí ulo IV de El o igen de las especies, has a 1871 no desa olló odo su po encial explica i o y lo aplicó a la e olución humana. La selección sexual explicaba la compe encia den o de una misma especie po deja descendencia y Da win lle- gó a conside a lo an o incluso más impo an e que la selección na u al (Hamlin, 2014; Ruiz, 2020; Russe , 1989). No se a aba de la lucha po la exis encia en e a o as especies o en e al me- dio; e a una compe ición in aespecie en e indi iduos de un mis- mo sexo, habi ualmen e machos, po la posesión de las hemb as, pe mi iendo a cie os indi iduos en ajas en el apa eamien o. Es e mecanismo, aplicable exclusi amen e a aquellas especies en las que los dos sexos es aban some idos a los mismos hábi os de ida, e a el que pe mi ía que uno de los sexos adqui ie a asgos di e en- ciales, innecesa ios pa a la supe i encia del indi iduo, pe o en- 25 Muje es, Ciencia y Psicología psíquicos y la complejidad eal de la cues ión debe se jus amen e ap ehendida. Es o se ha á en es a gene ación o en la siguien e. (Blackwell, 1875, pp. 238-240; aducción de la au o a) Lamen ando la imposibilidad del imp escindible conocimien- o psicológico, aunque a icinando su inminen e log o, concluía An oine e B own Blackwell su ob a The sexes h oughou na u e (Blackwell, 1875). Blackwell conocía los abajos que, desde la sociología, la an opología isiológica - undamen almen e la c a- neología-, la isiología médica y una cie a psicología in ui i a se es aban ealizando. Cien í icos de econocido p es igio, Gal on, B oca, Spence , Romanes, Ellis, Maudsley, e c.…, sos enían el pulso a las ei indicaciones emeninas. Con el su gimien o de las ciencias mode nas el discu so cien í ico mayo i a io no cambió en esencia. Ap io ís icamen e se asumía la eo ía del de ec o men al esencial y el meno desa ollo e olu i o de las muje es. Lo que sí sucedió ue la inco po ación al deba e de oda una se ie de eo ías especí icas in en ando explica el o igen de las di e encias. Casi odas se asen aban en el g an ma co concep ual de la e olución ya que pe mi ía da una espues a ace ada al signi icado biológico de esa di e enciación; el pa a qué de esas di e encias (Shields, 1975). Es e sen ido p agmá ico se ía especialmen e decisi o pa a el pun o de is a de la psicología uncionalis a. En pleno apogeo del de e minismo biológico, se p opusie on a ios ni eles explica i os, en absolu o excluyen es, p e endien- do da una espues a cien í icamen e plausible a las demandas de las muje es po accede a la educación, ocupa pues os de abajo ue a del hoga y sal a a la es e a de lo público pa icipando ac- i amen e en la ida polí ica. En su mayo pa e ue on p opues- as hechas po quienes buscaban man ene la si uación al y como es aba. La a ea de las muje es de ciencia, pa icula men e de las psicólogas, ue demos a , con las mismas a mas, el e o de esas eo ías y/o su escasa alidez cien í ica. El pun o de pa ida incues ionado e a la e iden e debilidad in- elec ual y ísica de la muje . La p ueba ehacien e, usada en e i- den e eje cicio de ci cula idad, e a la al a de eminencia en las muje es y su limi ada con ibución a la his o ia del conocimien o y de las a es. Los con ados log os emeninos debían en ende se como excepciones y esas muje es genios se is as como homb es y en el peo de los casos como abe aciones del o den na u al: “es- os casos son an excepcionales como el nacimien o de cualquie mons uosidad, como, po ejemplo, un go ila de dos cabezas, y po lo an o o almen e insigni ican es” (Le Bon, 1879, p. 61). La meno in eligencia de la muje quedaba demos ada po su escasí- sima con ibución; con ibución que, a su ez, demos aba su in- e io idad in elec ual. Es e a gumen o ue u ilizado desde Da win y Spence a Jas ow o Tho ndike, pasando po Gal on, Romanes, B oca o Le Bon, en e o os. Pe o es a p ueba imba ible de una di e enciación esencial, selec- cionada po su alo adap a i o, eque ía mecanismos biológicos explica i os. Uno de los p ime os aludía a la exis encia di e encias p incipales en e los ce eb os. De endido a comienzos del XIX po la enología, alcanza ía su máxima exp esión, inculándose con los humanos. Las muje es habían sido excluidas de la lucha po la supe i encia al queda con inadas a a eas de c ianza y cuida- do del hoga y de la descendencia; un ambien e dis in o al de los homb es, dedicados a de ende el e i o io, caza y lucha po las hemb as. Es o había de e minado que adap a i amen e las necesi- dades de los sexos ue an dis in as y las capacidades que habían desa ollado di e en es. De hecho, la sepa ación y especialización de las a eas po sexos e a un indicado del ni el de ci ilización que una cul u a alcanzaba; cuan o mayo e a el ni el de p og eso de una sociedad, mayo e a el dis anciamien o en e los mundos que los sexos habi aban. Es cla amen e pe cep ible el en edo en e la selección na u al y la sexual en unción de lo que Da win p e- endía explica y la con inua con usión en e los ni eles biológico y social (Jann, 1994; Russe , 1989). Po an o, Da win sos enía que la in e io idad emenina e a na u al y en esencia inmodi ica- ble y enía dec e ada como impe a i o en el p oceso e olu i o de la especie. El capí ulo 19 de El o igen del homb e, i ulado “Ca ac e es sexuales secunda ios del homb e”, dedica odo un apa ado a las di e encias sexuales en las acul ades men ales donde sos iene esa esis. Hacia mediados de 1870 el deba e sob e la cues ión de la muje ya se plan eaba en é minos e olucionis as; si iendo de jus i ica- ción cien í ica al luga que ocupaba en las sociedades ci ilizadas jus amen e cuando las muje es es aban expandiendo sus ei indi- caciones eminis as. Cuando la in e io idad de la muje comen- zó a plan ea se no desde los púlpi os o las ibunas polí icas, sino desde la ciencia, algunas muje es, sin enuncia al e olucionismo, a aca on la lec u a in e esada y sesgada de la mayo ía de los da i- nis as homb es, empezando po Da win. Muje es como An oine e B own Blackwell, Eliza Bu Gamble, Helen Hamil on Ga dene o Cha lo e Pe kins Gilman ep esen an es e p ime da inismo e- minis a. An icipando un a gumen o plenamen e ac ual, sos u ie on que el p oblema esencial adicaba en que la ciencia es aba siendo hecha po y pa a los homb es y que el único modo de cambia la si uación e a en a en lid con las a mas de la ciencia. En e o as, es as muje es in en a on e a la isión masculina de la ciencia bus- cando una ciencia inclusi a que echazaba el de e minismo bioló- gico y e aba los lími es en e na u aleza y cul u a (Hamlin, 2014). Women “Ha e Special Knowledge o he Subjec in Ques ion” (Blackwell, 1875, p. 227): la Psicología Asume su P o agonismo No exis e una adecuada Psicología de la Muje . (…) La muje ac ual es examinada más desde la isiología que desde la psicología. No podemos compa a di ec amen e men e con men e. Tampoco podemos es ima compa a i amen e el abajo in elec ual de homb es y muje es con jus icia, a menos que p ime o de e minemos que ese abajo se ealizó en condiciones equi alen es igualmen e a o ables pa a ambos. Pe o ales condiciones no exis en; nunca han exis ido. La isiología debe aba ca el conjun o de ca ac e es ísicos en su es imación; la psicología debe aba ca el conjun o de pode es 26 Sánchez-González (2025) / Apun es de Psicología, 43(1), 19-35 ez más, las lis as compa ando homb es y muje es en eminencia his ó ica se usa on como apoyo indi ec o de la a iabilidad po au o es como Candolle (1873), Ca ell (1903), Ellis (1903, 1904) e incluso muje es como Co a Cas le (1913). Demos aciones más di ec as apa ecie on desde el mo imien o de la medición men al. Di e sas p uebas con i mando la di e encia en a iabilidad ue on apo adas po au o es como S anley Hall (1891), Jas ow (1891) o Tho ndike (1906, 1926), quien ele a ía la a iabilidad al ango de ley cien í ica (Shields, 1982, p. 782). Ma y Whi on Calkins y su es udian e Co delia C. Ne e s es- pondie on a las a i maciones de Joseph Jas ow quien en un es u- dio había mos ado meno a iabilidad en el uso de concep os po pa e de sus es udian es muje es en e a los homb es. El abajo de Jas ow demos aba, además, di e encias en el ipo de concep os, señalando que los concep os de las muje es mos aban mayo a en- ción a lo o namen al, lo inmedia o y lo conc e o; mien as que los homb es usaban concep os cons uc i os, ú iles, gene ales y abs- ac os (Jas ow, 1891, 1896). La eplicación del es udio no halló di e encias signi ica i as y cuando apa ecían e an muy pequeñas y ácilmen e a ibuibles a ac o es ambien ales (Calkins, 1896; Ne- e s y Calkins, 1895). Años más a de Le a S e e Hollingwo h, quien había sido es udian e de Tho ndike en Columbia, mos ó nue amen e el e o de la hipó esis de la a iabilidad en a ios abajos (Hollingwo h, 1914a, 1922). Poco a poco y pese a las esis encias, cada ez más muje es ac- cedían al mundo de la educación y eclamaban su espacio den o de la ciencia. La es a egia de oposición se o nó más su il sus i- uyendo el “no pueden” implíci o en la suposición de su meno capacidad in elec ual po el “no deben”. Con el as ondo de la e olución, pe o ap opiándose de un p incipio ísico, la conse a- ción de la ene gía, algunos au o es, en su g an mayo ía a ones, en e los que se incluían p es igiosos neu ólogos, ginecólogos y psicólogos, sos enían que, dado que la can idad de ene gía dispo- nible, pa icula men e ene gía ne iosa, e a cons an e; y dado que la unción ep oduc o a emenina eque ía mucha ene gía y eposo pa a unciona adecuadamen e, una in ensa ac i idad ce eb al/in- elec ual en las muje es end ía acompañada de una pé dida de sus unciones sexuales. Co ían el iesgo de masculiniza se y que su salud ep oduc i a y men al se ie a se iamen e a ec ada. Es a idea de la in e sión ú e o-ce eb o ue usada de mane a ala mis a po quienes de endían, an o desde la ciencia como desde la polí ica, limi a el acceso de las muje es a la educación supe io aludiendo al suicidio de aza (usado como sinónimo de especie) que se pe - pe a ía al pe de las muje es su capacidad ep oduc o a. A es o se unía el a gumen o de la pe iodicidad uncional según el cual las muje es eían cíclicamen e menoscabadas sus capacidades ísicas y men ales como consecuencia de la mens uación, que eque ía de an a ene gía que es aba ue za a o as capacidades. O as esis inie on a apoya , sos ene y complemen a es as ideas, como po ejemplo la eo ía de Geddes y Thompson (1890) basada en las di e encias en la química me abólica de las células masculinas y emeninas que gene aban di e encias análogas en el ca ác e y el in elec o. La cues ión de la educación emenina la e olución, de la mano de la an opología isiológica de la es- cuela c aneológica de B oca. A opados po la magia exac a de la cuan i icación y po la es adís ica como lenguaje cien í ico e az, muchos au o es sos u ie on la elación di ec a en e el amaño del ce eb o/c áneo y el ni el de in eligencia, lo que dejaba en cla a des en aja a las muje es. Una des en aja e olu i amen e seleccio- nada, he edi a ia y po an o inamo ible. Es a medida ue com- plemen ada po o as cen adas en la complejidad o el amaño de di e sas es uc u as ce eb ales, es uc u as que iban cambiando se- gún se inco po aban nue as obse aciones neu oana ómicas, pe o que siemp e acababan sos eniendo el meno desa ollo/ amaño en las muje es. Pe o si hubo una explicación omnip esen e, solo compa able con la in luencia de la p opia selección na u al, ue la Teo ía de la Re- capi ulación. Aunque implíci a en El o igen del homb e (Richa ds, 1983), se pe soni icaba en E ns Haeckel y quedaba ecogida en la exp esión “La on ogenia ecapi ula la ilogenia”. Su impac o ue eno me en mul i ud de disciplinas, pa icula men e en las ciencias humanas, y especialmen e en la psicología. Wund , F eud, S anley Hall o Jung se encuen an en e los p ime os psicólogos que la inco po a on a su pensamien o. En esencia, sos enía que cada indi- iduo a a iesa en su desa ollo unas ases que o denadamen e co- esponden a las di e en es o mas adul as de sus an epasados. Las muje es ep esen aban un ni el e olu i o in e io al homb e igua- lándose en su e apa adul a a los niños a ones. Pe o es a o dena- ción pe mi ía, además, compa a dis in as azas e incluso dis in as ci ilizaciones. El ni el de desa ollo de las muje es occiden ales blancas e a simila al de los homb es de cul u as menos ci ilizadas y al niño blanco; po su pa e el homb e blanco adul o ep esen aba el culmen de la e olución. Como señala Russe (1989), la muje “on ogené icamen e ep esen aba al e e no adolescen e, ilogené- icamen e un ances o acial” (p. 54). Las muje es eían de enido su desa ollo en la adolescencia. El máximo exponen e de lo que podemos denomina la ecapi ulación psíquica lo encon amos en G. S anley Hall quien hizo del a gumen o de la ecapi ulación uno de los ejes undamen ales de su ob a Adolescence (Hall, 1904). O a idea ino a suma se. El p incipio de selección sexual p e- sen aba un co ola io impo an e: la mayo a iabilidad en los as- gos en e los homb es que en e las muje es. Si eco damos que la a iación es el mecanismo de cambio e olu i o y la iden i icación de e olución con p og eso, se deducía necesa iamen e el impo an- e papel del homb e como mo o de cambio y elemen o de p og eso pa a la especie. La muje e a el sexo biológicamen e conse ado . Cualquie di e encia en a iabilidad se p esumía inna a, poco sen- sible a las in luencias ambien ales (Shields, 1982). Es a cues ión se desplazó p on o de lo biológico a las di e encias en habilidades men ales. En el caso de la in eligencia hab ía más homb es que muje es ocupando los ex emos de la dis ibución, alejándose de la media, lo que se aducía en que un mayo núme o de casos de e aso in elec ual en los homb es y en su con apa ida, un ma- yo núme o de genios. Es a hipó esis ue ápidamen e adop ada po psicólogos no eame icanos de o ien ación uncionalis a como S anley Hall, Tho ndike o Ca ell, y sos enida en á icamen e. Una 27 Muje es, Ciencia y Psicología Las di e encias psicológicas de sexo pa ecen debe se en g an medida, no a la di e encia de capacidad media, ni a la di e encia en el ipo de ac i idad men al, sino a las di e encias en las in luencias sociales eje cidas sob e el indi iduo en desa ollo desde la p ime a in ancia has a la edad adul a. (Woolley, 1903, p. 182; aducción de la au o a) Pos e io es abajos e o za ían su esis de que las pequeñas di- e encias que se ap eciaban en e los sexos enían un o igen cul u- al y social an es que biológico. Du an e décadas es e ue el e eno de ba alla; el deba e se plan ea ía en los é minos dico ómicos clá- sicos, ¿e an las di e encias en asgos sexuales consecuencia de la na u aleza o del ambien e? ¿gené icos o adqui idos? ¿biológica o socialmen e de e minados? ¿Cómo Hemos Cambiado? Bu he undamen al hing is ha women a e mo e like men han any hing else in he wo ld. (Saye s, 1946, p. 116) Pe mí anme que ome p es adas las palab as de S ephen Jay Gould (1981/1996): “Las pied as undacionales son pa a siemp e; la mayo pa e de las esca amuzas igen es hoy siguen la ieja máxima de los pe iodis as: el pe iódico de aye en uel e la basu a de hoy” (p. 16). Du an e g an pa e del siglo XX el deba e pa eció decan a se po ex ema el papel de los ac o es sociales y cul u- ales como de e minan es de las di e encias de géne o, sin emba - go, no a da on en esu gi iejas ideas omando nue as o mas empezando po la sociobiología y la psicología e olucionis a. Al inicia es e siglo, la cues ión se seguía plan eando en los mismos é minos: ¿somos psicológicamen e lo que nues a biología sexual de modo inamo ible de e mina?, ¿o somos p oduc os de un sis e- ma social que desde an es de nace nos ca aloga, es e eo ipando nues os compo amien os y modos de pensa ? Cie amen e, eo- ías como la ecapi ulación, la in e sión ú e o-ce eb o o la pe iodi- cidad uncional pa ecie on supe adas cuando la gené ica mode na, las ciencias biomédicas y la psicología las e u a on; pe o, como p econizaba la ci a de Gould, se han ido añadiendo, e o mulando y ac ualizando p opues as que señalan el papel de e minan e de las ho monas; e oman la hipó esis de la mayo a iabilidad masculi- na; ema can la de e minación gené ica de las di e encias es uc u- ales y/o uncionales en nues os ce eb os sexuados e incluso de- ienden la elación en e el amaño del ce eb o, o de alguna de sus es uc u as, y las capacidades di e enciales en e sexos. En pa icu- la , el espec acula ascenso de las neu ociencias ha gene ado un in- c emen o de las que Roge s (2010) cali ica como eo ías uni a ias; o mas más complejas de de e minismo biológico que sos ienen que las di e encias psicológicas en e los sexos es án p ep og ama- das gené icamen e, son inna as, esenciales e inmodi icables ya que es án cableadas de o ma ija y pe manen e en nues os ce eb os. Hay una única di ección causal po la cual los genes y las ho mo- nas de e minan la es uc u a y/o la unción de nues os ce eb os que, a su ez, dec e a las di e encias en conduc a. En ocasiones, copó muchas de las polémicas; pe o el deba e e a mucho más amplio ya que lo que ealmen e se dispu aba e a la capacidad de las muje es pa a sal a de la es e a domés ica a la ida pública. La exp esión más elabo ada de es os a gumen os u o oz en las ob as de Edwa d H. Cla ke, médico y p o eso en Ha a d, Sex in educa ion; o , a ai chance o he gi ls (Cla ke, 1873) y The building o a b ain (Cla ke, 1874). Las eacciones no se hicie on espe a , la más inmedia a ue la de An oine e B own Blackwell quien en su lib o de 1875 The sexes h oughou na u e lide ó las c í icas. A acando y cues ionando la au o idad de Cla ke y de o os pa a habla anecdó icamen e de la expe iencia emenina, ei indicó la necesidad de que ue an las muje es quienes ealiza an los es udios donde se analizaba la ex- pe iencia de se muje . Ya en 1877 la doc o a en medicina Ma y Pu man Jacobi había desa iado la isión incapaci an e de la mens- uación a a és de un es udio empí ico y desac edi ado a Cla ke po su ma cado sesgo ideológico y el escaso igo cien í ico de su ob a (Jacobi, 1877). Pe o se ía Le a S e e Hollingwo h, una ez más desde la psicología, y po medio de un igu oso es udio usando es s mo o es y men ales quien demos a ía que no había azones que apoya an es as esis y que las muje es e an pe ec a e igualmen e uncionales a lo la go de las dis in as e apas de su ciclo (Hollingwo h, 1914b). Los abajos en psicología iban ganando p o agonismo a la pa que las hipó esis más o ganicis as -incluyendo el amaño/peso del ce eb o o los a gumen os de la ecapi ulación- iban pe diendo peso, aunque sin llega a desapa ece . El abajo más ex enso ue el ealizado po Helen B ad o d Thompson (1903) - as casa se pasa- ía a se conocida como Helen Thompson Woolley-, quien plan ea- ía el p ime in en o sis emá ico po desac edi a las posiciones de algunos de sus colegas den o del uncionalismo ame icano. Fo - mada en la escuela de Chicago con James, Angell, Geo ge Mead y John Dewey, Helen Thompson Woolley es aba con encida de que la igu osidad de la ciencia pod ía libe a a las muje es de los p ejuicios. Con iada en ello inicia ía, con su esis doc o al de en- dida en 1900, Psychological No ms in Men and Women (publicada pos e io men e con el í ulo The Men al T ai s o Sex) una línea de abajo que con inua ía con de alladas e isiones de la li e a u a sob e di e encias sexuales (Woolley, 1910, 1914). Sus esul ados concluían que exis ían una g an simili ud en los asgos men ales en e homb es y muje es, incluso en aquellas á eas en las que se daba po sen ado una g an di e encia en e los sexos: La es e a de los sen imien os es una de las que eciben mayo a ención po pa e de quienes c een que exis en impo an es di e encias psicológicas en e los sexos y, sin emba go, encon amos una se ie de homb es y una se ie de muje es que eaccionan an e p egun as sob e la ida de los sen imien os de mane as ma a illosamen e simila es. (Thompson, 1903, p. 166; aducción de la au o a) Cuando los esul ados mos aban di e encias, e an an pequeñas que no alcanzaban la signi icación y en ocasiones a o ecían a los homb es y en ocasiones a las muje es. Thompson Woolley concluía: 34 Sánchez-González (2025) / Apun es de Psicología, 43(1), 19-35 Shields, S ephanie A. (1982). The a iabili y hypo hesis: The his o y o a biological model o sex di e ences in in elligence. 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