scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

75 años de crítica musical en ABC de Sevilla

Serrera Contreras, Ramón María

Full text

224 -José Hurtado Sánchez, Las Cofradías y la Política. Editorial Munarco. -José Hurtado Sánchez, Cofradías y Poderes. Relaciones y conflictos. Sevilla 19391999. Editorial Castillejo, 2000. -VV.AA., La Iglesia en Andalucía. Córdoba, Cajasur, 1993. -VV.AA., Periodismo y cofradías. Sevilla. Colección Pliegos de Información (Equipo de Investigación de Análisis y Técnica de la Información adscrito al Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Periodismo y Literatura de la Universidad de Sevilla). Ed. Caja San Fernando Sevilla y Jerez, 1996. -VV.AA., La Transición Española. Religión y política. Editorial Verbo Divino, 1990. 75 años de crítica musical en ABC de Sevilla Ramón María SERRERA Durante setenta y cinco años, desde 1929 hasta 2004, ABC de Sevilla ha reseñado ininterrumpidamente la vida musical de la capital hispalense, hasta el punto de que puede afirmarse que la Historia de la Música sevillana está reflejada en sus páginas. A lo largo de este dilatado plazo de tiempo han desempeñado la crítica musical en la edición sevillana de ABC las siguientes firmas: Eduardo Torres (1929-1934), Norberto Almandoz (1935-1970), Enrique Sánchez Pedrote (1970-1984), Ignacio Otero Nieto 1979-1989), Ramón María Serrera (1991-2005), Manuel Ignacio Ferrand (1991-2003) y 256 Entrevista aparecida en http://www.abc.es/ (Disponible el 27 de marzo de 2004). 225 José Luis López López (2003-2005). Los cuatro primeros tienen en común su condición de músicos profesionales de extraordinario prestigio nacional e internacional. Y los tres últimos, a partir de 1991, provienen del mundo de la Cultura y de la Universidad, aunque con amplia sensibilidad musical como para poder transmitir al lector sus particulares opiniones, juicios y valoraciones sobre las miles de actuaciones de solistas, grupos de cámara, formaciones sinfónicas y compañías líricas que han subido a los escenarios de nuestra ciudad. Por lo que respecta a don Eduardo Torres, músico de recocida proyección nacional, fue el primero que desempeñó la crítica musical del periódico desde 1929 hasta su fallecimiento en 1934. Nacido en la localidad valenciana de Albaida, tras ocupar el cargo de maestro de capilla en la catedral de Tortosa, en 1910 accedió por oposición al mismo magisterio de capilla en la catedral de Sevilla, ocupando la vacante del castellonense Vicente Ripollés. Durante veinticinco años desempeñaría el maestro Torres tal cometido, que simultaneó con los de crítico musical, presidente de la Sección de Música del Ateneo, miembro de la Sociedad Sevillana de Conciertos, compositor, director de orquesta y pedagogo. Fue cofundador del Conservatorio de Música de Sevilla, germen de nuestro actual Conservatorio Superior, en el que fue catedrático de Composición. Escribió numerosas obras de carácter religioso, misas, composiciones dedicadas a hermandades, música para órgano y distintas combinaciones instrumentales, coro y orquesta, y coplas para el baile de los “seises”. Igualmente fue compositor de zarzuelas, que firmó, dada su condición sacerdotal, con el seudónimo de “Matheu”. Íntimo amigo de don Manuel de Falla, su participación sería fundamental en la creación de la Orquesta Bética de Cámara, uno de los proyectos más ilusionantes de la Edad de Plata de la Música y de la Vida Cultural de Sevilla en el primer tercio del siglo XX. En su condición de director orquestal, colaboró también con Ernesto Halffter, a la hora de poner en marcha y preparar esta legendaria orquesta y el exitoso estreno en el Teatro San Fernando de El Retablo de Maese Pedro del gran autor gaditano. En la sesión necrológica celebrada en su homenaje en el Ateneo de Sevilla el 12 de diciembre de 1935 (Torres había sido presidente de su sección de Música) intervendría precisamente la Orquesta Bética de Cámara dirigida por Ernesto Halffter, que interpretó cuatro 226 composiciones sacras del compositor y maestro de capilla levantino, al que su sucesor en la crítica musical en ABC, Norberto Almandoz, definiría como “temperamento de sensible musicalidad, de lozana y dulce inspiración , orquestador de refinadas armonías y subyugante colorismo”. Don Norberto Almandoz nació el 5 de junio de 1893 en la guipuzcoana localidad de Astigarraga. Tras sus estudios en San Sebastián y Comillas, es becado por la Diputación de Guipúzcoa para ampliar sus conocimientos musicales en París y tener la oportunidad de tocar en los célebres órganos de San Sulpicio y La Magdalena de la capital gala. Fruto lógico de esta etapa de preparación fue la obtención en 1918 por oposición del cargo de maestro de capilla de la Catedral de Orense cuando contaba tan sólo con veinticinco años. Su venida a Sevilla tuvo lugar al año siguiente al ganar, también por oposición, el cargo de organista titular de la Catedral Hispalense en julio de 1919, puesto éste que previamente habían desempeñado nada menos que el navarro don Hilarión Eslava, el valenciano don Eduardo Torres y su inmediato antecesor, el vergarés Juan Bautista Elustiza. En 1939, cuando acabó la Guerra Civil, dejó tal cometido para asumir el de maestro de capilla hasta su jubilación en 1960. Fue durante esta etapa cuando se produjo el renacer glorioso de la sevillanísima tradición de los seises. En ambas misiones le sucedería otro vasco, esta vez de Zaráuz, don Ángel Urcelay, digno continuador en ambas facetas de la labor de Almandoz. Durante los cincuenta y un años que permaneció en Sevilla don Norberto ejerció todas las facetas de su condición de gran musicólogo. Aparte de los citados cargos catedralicios, fue director de nuestro Conservatorio Superior de Música entre 1939 y 1964, etapa en la que lo dotó de nuevo edificio, planes de estudios y disciplinas. Le sucedería en la dirección precisamente Manuel Castillo, nuestro universal compositor, que con orgullo se proclama discípulo de don Norberto, y de quien recibió los más firmes cimientos de su solidísima formación musical como docente y compositor. Como recordó José Garmendia pocos días después de su muerte, don Norberto “vivió día y noche para la Música; para ese arte que no le guardaba secretos. Para la Música sin peso y con alas que le llevaba a Dios”. Supo fundir por ello su doble condición sacerdotal y musical sin descuidar el cultivo del ejercicio de la amistad, generosamente abierta a 227 todos, desde los más humildes hasta las más importantes celebridades musicales de su época como Falla, Turina, Ravel, Stravinsky, Guridi, Halffter, Rodrigo, etc., todos los cuales le dispensaron su afecto, respeto y admiración. Y él mismo, como compositor, fue autor de numerosas obras (motetes, canciones y creaciones polifónicas) de gran calidad musical. Como ateneísta ilustre, colaboró asiduamente en la programación de las actividades musicales de la Docta Casa. Y como miembro de número de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, participó en incontables sesiones privadas y públicas con temas de su especialidad musical. Durante treinta y cinco años (1935-1970) fue don Norberto crítico musical del diario ABC de Sevilla. Son miles las reseñas, críticas y comentarios de obras los que escribió Almandoz en tan dilatada etapa, en la que se proyectó -en su frecuente contacto con el lectorno sólo su gigantesca categoría como musicólogo, sino también su entrañable personalidad como hombre. Baste espigar en sus escritos para verificar lo dicho. Sus críticas musicales, muy al estilo de lo que practicó Schumann en su época, son a veces más un análisis divulgativo de las obras interpretadas que juicios propiamente sobre su ejecución. Y cuando expresaba alguna valoración fue siempre indulgente, cualidad de los hombres sabios y prudentes. Según sus palabras, “la crítica no debe ser nunca explosión ni violencia, sino valoración y cordura: al crítico ha de juzgársele más por lo que calla que por lo que dice”. Curiosamente, don Norberto solía retirarse de los conciertos antes de su conclusión para pergeñar sobre la marcha su crónica, que con toda puntualidad aparecía al día siguiente en las páginas de ABC. En las reseñas de Almandoz se advierte una prosa elegante, en la que supo armonizar su inmenso caudal de conocimientos musicales y los tecnicismos justos para que el texto fuese legible para el lector medio, con un castellano pulcro plagado de audaces metáforas e ingeniosas imágenes. Su terminología musical y literaria era riquísima. Sus golpes de efecto a veces resultaban antológicos. Al analizar, por ejemplo, el arranque de la célebre Quinta sinfonía de Beethoven, expresó: “un fiat casi divino como el que resonó en el lejano día de la creación del mundo”. Y su final será de una “realeza napoleónica”. Sobre el “presto” del concierto para flauta de Franza Benda dirá que “cabrillea en todas las regiones con la ligereza del gamo”. Y tras subrayar la 228 influencia del órgano en toda la obra instrumental de Bach –“su” compositor de referencia-, señala de su suite en Do mayor que “el primer tiempo es heroico, digno de dioses; son sus fugas de aliento jupiteriano”. Y no puede olvidarse de su condición de organista al referir de dicha obra que “la polifonía de los instrumentos de viento recuerda a las sonoridades del segundo teclado de un órgano”. A veces derrocha finísimo humor en sus crónicas, como cuando narra el frío que padeció en un concierto prenavideño. “Menos mal –aclaraque Bach caldeó el ambiente. Solamente por esto merecería un monumento de la industria calefactora”. Y, por lo demás, al igual que aconteció en su día con Hilarión Eslava, conocida era su gran afición a la ópera y a la llamada “música profana”, algo que le acarreó más de un disgusto con el Cardenal Segura. En tal caso, asistía a la representación con discreción, casi a escondidas, y firmaba la reseña crítica bajo seudónimo. Cuando don Norberto Almandoz falleció el 7 de diciembre de 1970, Vicente Genovés, que ejercía de crítico musical en El Correo de Andalucía, lo definió en una sentida evocación necrológica como “organista perfecto, eficaz maestro de capilla, compositor sugestivo, patriarcal y ejemplar director del Conservatorio y doctísimo musicólogo”. Y todos los que le trataron coinciden a la hora de añadir una referencia más: un hombre de Dios y un sacerdote ejemplar. El día de su muerte, vísperas del día de la Inmaculada, una de sus fiestas religiosas más queridas y entrañables, su cuerpo, ya achicado por la vejez, distaba mucho de la fuerte complexión de aquel joven sacerdote vasco que llegó a Sevilla medio siglo antes. Al morir, en su pequeña habitación de trabajo de la calle Guzmán el Bueno su piano enmudeció. Pero sobre sus papeles quedaron depositadas, como enlutadas corcheas, las lágrimas de todos los que tuvieron la fortuna y el privilegio de disfrutar de su amistad y su magisterio. Sus restos reposan desde entonces en el panteón de canónigos del sevillano cementerio de San Fernando, bajo ese cielo azul que él hizo suyo, como el color del manto concepcionista que lo acogió para siempre en ese lugar reservado a los hombres buenos en donde todo es Paz y Armonía. Sucedió a don Norberto en la crítica de ABC de Sevilla Enrique Sánchez Pedrote. Nació don Enrique –así le llamábamos siempre sus alumnosen Sanlúcar de 229 Barrameda en 1913. En la villa ducal cursó el Bachillerato y sus primeros estudios musicales bajo la dirección de su padre, Abelardo Sánchez, organista, compositor y director orquestal de solidísima formación que fue amigo personal de Joaquín Turina. Completó estos estudios más tarde en Cádiz con el padre José Gálvez, amigo de don Manuel de Falla y director de la Academia de Música Santa Cecilia. Tras cursar la carrera de Magisterio en Cádiz, realizó los estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Hispalense, licenciándose en la especialidad de Historia. Y, pocos años después, con un interesantísimo trabajo de investigación sobre Los prelados virreyes en Indias: el arzobispo virrey don Antonio Caballero y Góngora, se doctoró en la Universidad Central de Madrid. Supo desplegar admirablemente don Enrique Sánchez Pedrote su triple condición de sevillano adoptivo militante, americanista y musicólogo. Pruebas de ello son las siguientes publicaciones que seleccionamos como muestras: Música norteamericana (1950), La obra musical de Heitor Villalobos (1953), Consideraciones sobre la Música en Hispanoamérica (1954), Sevilla y Veracruz unidas por una misma tradición (1954), El sentido de la Música en los Estados Unidos (1955) o Huellas vocales en la música vocal en Hispanoamérica (1974) -este último fue el tema de su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla-, Bécquer y la Música: La Música en la época de Bécquer (1971), Música Práctica de Bartolomé Ramos de Pareja (1977), Dos centenarios: Bach y Händel, 1685-1985 (1985), y dos obras importantísimas e imprescindibles para el conocimiento del pasado musical de nuestra ciudad, Apuntes para una Historia Musical de Sevilla (1983) y su ya clásica monografía Sevilla y Turina (1982). La hondísima sensibilidad de don Enrique le adentró también en el terreno de la poesía. En 1948 apareció publicada en Gráficas Sevillanas su libro de poemas Voz sin Eco, con prólogo de Francisco Montero Galvache, quien llegaría a afirmar del autor: “Por su fina emoción y música suave; por su rico y vario mundo de motivos; por su elegante naturalidad clásica y su henchida primavera generosa, el verso de Sánchez Pedrote es justa y cabalmente eso: poesía... a Enrique Sánchez Pedrote, sencillo, afable, 230 claro, le ha salvado la trasparencia de su paisaje y el buen sonido que las cosas y las horas tienen en el campo”. Desplegó una dilatada y fecunda carrera docente don Enrique, con legión de alumnos –entre los que tengo el honor de encontrarmeque son testigos de su sabiduría, claridad didáctica y sencillez expositiva. Fue Catedrático de la Universidad Laboral de Sevilla, Profesor Adjunto Numerario de Historia Universal Moderna y Contemporánea, y, más tarde, también Profesor Adjunto Numerario de Historia de la Música en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. Y a principios de 1955, cuando se creó en la Hispalense la Cátedra “Cristóbal de Morales”, fue designado don Enrique para desempeñarla, siendo su titular hasta su muerte. Fue igualmente profesor asiduo en los cursos de verano de la Universidad de la Rábida, delegado en Sevilla del Instituto de Cultura Hispánica, corresponsal del diario España de Tánger, activo dinamizador de la actividad musical en el Club La Rábida y jefe de la sección de Musicología de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la calle Alfonso XII, un centro con el que mantuvo estrechísima vinculación a lo largo de toda su vida y que fue, como nos ocurrió a tantos, su segunda casa. Como conferenciante ameno y buen comunicador, fue invitado a impartir sus conocimientos históricos y musicales en numerosos centros y universidades españoles y extranjeros. Fueron centenares las conferencias que dictó a lo largo de toda su vida. Y en reconocimiento a toda esta labor descrita, fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de San Fernando de Madrid, de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz y de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, ingresando en esta última como Académico de Número el 19 de noviembre de 1966 con un discurso sobre la influencia en el Nuevo Mundo de la música vocal española, siendo contestado por su buen amigo y gran compositor Manuel Castillo. Desde 1970 hasta 1984 Sánchez Pedrote fue crítico musical del diario ABC de Sevilla, sucediendo en este cometido a su admirado don Norberto Almandoz. Fueron catorce años en los que don Enrique tuvo contacto casi semanal con el lector, conjugando en sus críticas la difícil doble misión de valorar –siempre con indulgencia- 231 la ejecución de los conciertos reseñados y la de divulgar y comentar las obras interpretadas. Tampoco en este campo olvidó nunca su condición de docente. Desde la Cátedra “Cristóbal de Morales”, desde la propia Facultad de Filosofía y Letras, desde la Escuela de Estudios Hispanoamericanos y otras instituciones públicas y privadas con las que colaboró, Sánchez Pedrote fue un eficaz impulsor y dinamizador de la vida musical sevillana en una época en la que, salvo los conciertos de Juventudes Musicales y algunas aisladas iniciativas municipales o ministeriales (Festivales de España, Decenas Musicales, ciclos conmemorativos, etc.), nuestra ciudad fue un auténtico páramo musical. ¡Lo que hubiera disfrutado don Enrique hoy con la existencia del Teatro de la Maestranza y de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla! Pero, aparte de lo descrito, hay un rasgo de la personalidad de don Enrique que fascinó a todos los que tuvimos la suerte de merecer su amistad: su personalidad y su carácter. Su simpatía era desbordante, muy al estilo gaditano, socarrona, con fina y risueña ironía cervantina. Era ocurrente, rápido de reflejos en la conversación y en la tertulia, en las que derrochaba una gracia muy personal llena de amistad, comprensión, indulgencia y cariño. Amigo de sus amigos, tuve la fortuna de compartir muchas horas de conversación (y no pocas copas de manzanilla) en Sevilla y en Sanlúcar con mi admirado don Enrique, que tanto me enseñó de música y de otras muchas cosas de la vida. En sus últimos meses, con el cuerpo ya debilitado, seguía manteniendo esa alegría, ese optimismo y esa sonrisa a la vida que siempre caracterizó su personalidad. Falleció el 27 de mayo de 1985. Fue una gran pérdida para la Música en Sevilla, para sus hijos, para Maruja –la mujer a la que adoraba y con la que compartió su viday para todos los que tuvimos el privilegio de compartir su corazón de amigo. Ignacio Otero Nieto, con el que Sánchez Pedrote compartió durante muchos años la crítica musical en ABC de Sevilla, nació en Sevilla, en cuyo Conservatorio Superior de Música de realizó sus estudios y del que es catedrático de Solfeo y Teoría de la Música, impartiendo en la actualidad la asignatura de Educación Auditiva. Durante los años que dirigió la Asociación Coral de Sevilla llevó a cabo una de las versiones parciales del célebre Cancionero de Medinaceli en esta ciudad y en la Fundación Gulbenkian de Lisboa. Bajo los auspicios de la asociación “Avenzoar”, ofrece 232 audiciones en los diferentes órganos existentes en los diferentes conventos y parroquias. Como director y organista ha actuado en numerosas ciudades andaluzas, así como en Madrid, Lisboa y Estoril. En esta ultima ciudad, y al frente de la Asociación Coral de Sevilla, tuvo a su cargo Otero Nieto la parte musical de la Boda de la Infanta Doña Margarita de Borbón. Ha grabado para Televisión Española, Eurovisión, Radio Nacional de España y para las Cadenas SER. y COPE También tiene en su haber una amplia labor en la realización y presentación de programas en Radio Sevilla y en el diario Sevilla. Inicia su colaboración con ABC de Sevilla en 1963, en donde escribe de temas culturales y musicales, compartiendo durante años la crítica musical con su admirado don Enrique Sánchez Pedrote. Desde 1984, un año antes de fallecer éste, asume en solitario el comentario musical en este mismo diario hasta fines de 1989, plazo éste en el que publicó numerosísimas colaboraciones. Ha pronunciado conferencias dentro y fuera de la provincia y es autor de diversos ensayos sobre la Historia de la Música en Sevilla, en particular sobre su Semana Santa. Entre sus publicaciones merece la pena destacarse su documentada monografía La Música de las Cofradías de Sevilla, publicada por Ediciones Guadalquivir en 1997 con el patrocinio de la Fundación Sevillana de Electricidad, y prologada por fray Carlos Amigo Vallejo, Cardenal-Arzobispo de Sevilla. Titular del órgano de la Iglesia de El Salvador de Sevilla (construido por el maltés Juan de Bono en el siglo XVIII) desde 1965 hasta 1999, es miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes “Santa Isabel de Hungría” de Sevilla desde el año 1986, a cuya Junta de Gobierno pertenece desempeñando el cargo de Bibliotecario. En cuanto a los críticos que tomaron en vísperas de la Exposición Universal de 1992 -o en fechas más recientesla antorcha en el comentario musical de ABC de Sevilla, el autor de estas semblanzas prefiere incluir a continuación los resúmenes de sus referencias personales relacionadas con esta actividad redactados por los propios interesados. En 1991, el director de ABC de Sevilla, Francisco Giménez Alemán, nombró crítico musical del periódico a Ramón María Serrera, sevillano, catedrático de Historia de América de la Universidad de Sevilla. Profesor de su especialidad en las