scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El Automatismo intelectual y la locura

Ball, B.

Full text

,'jL EL AUTOMATISMO INTELECTUAL Y LA LOCURA POR B. BALL. ii EL AUTOMATISMO INTELECTUAL Y LA LOCURA En nuestros días es un principio uni¬ versalmente admitido que el trabajo in¬ telectual coincide con fenómenos de or¬ den puramente físico. No se trata de una simple hipótesis, sino de la comprobación directa de un hecho. Esta correlación íntima que, á decir verdad, nunca ha sido desmentida, no prejuzga nada en la naturaleza íntima del principio inmaterial. En efecto, si admitimos con Platón 84 EL AUTOMATISMO que el hombre es una inteligencia ser • vida por órganos, ó, para traducir más exactamente su lenguaje, un espíritu que se sirve de un cuerpo, nos veremos obligados á reconocer que las operacio¬ nes del espíritu deben ir acompañadas por modificaciones correspondientes en el estado de los órganos que le obede¬ cen. Si la fisiología hubiera dicho su últi¬ ma palabra sobre el mecanismo de las funciones cerebrales, si conociéramos á fondo la física y la química del pensa¬ miento, podríamos formular con cierta precisión las condiciones necesarias á la realización del trabajo intelectual; pero estamos muy lejos de ese ideal. Lo que sabemos es que el encéfalo es una reunión muy compleja de elementos intelectual 85 diversos, que se compone especialmente de ganglios destinados á condensar las Opresiones sensoriales y las fuentes de movimiento, y de órganos dotados de Propiedades más elevadas, los hemisfe¬ rios cerebrales que parecen ser el asiento Oclusivo de los actos conscientes de la inteligencia. En esos hemisferios es donde, duran¬ te el período de actividad cerebral, du - rante el aflujo de la sangre y la turgeseencia de la pulpa nerviosa, se elaboran ios fenómenos de orden superior que constituyen en su conjunto lo que lla¬ mamos el pensamiento, y que coinciden c °n reacciones químicas muy análogas á ias combustiones. Pero, si existe una región especial¬ mente encargada de este trabajo, si 86 EL AUTOMATISMO existen realmente órganos del pensa¬ miento, esta no es una razón para caer en el materialismo grosero de Cabanis, ni para decir con él que el cerebro digie¬ re las impresiones como el estómago di¬ giere los alimentos; que el cerebro se¬ grega el pensamiento como el hígado se¬ grega la bilis. Tanto valdría decir que los músculos segregan la contracción muscular (i). Es incontestable que el trabajo cere¬ bral, semejante bajo este punto de vis- (1) Es evidente que la expresión empleada aquí por Cabanis no traduce bien su idea; pero sin querer atribuirle exageraciones tan poco dignas de un fisiólogo como de un filó¬ sofo, se puede censurarle con justicia un len¬ guaje que naturalmente suministra armas á los enemigos de la ciencia contemporánea. ijctetictual 87 ta a l trabajo manual, va acompañado de Una notable pérdida de sustancia. Sin hablar del cansancio físico que res ulta de los esfuerzos intelectuales y del descanso que necesitan, es evidente ^e el exceso de urea y de fosfatos en la orina coincide con un proceso de desasí - dilación y de oxidación. He aquí, pues, la secreción cerebral f si es absolutamente preciso que tengamos u na; pero, ¿no es más sencillo y más ra¬ cional ver en esto los residuos de una combustión orgánica que corresponde, como en mecánica, á la suma de trabajo efectuado? Se ha dicho frecuentemente con razón que la urea representa las cenizas de la economía. Esta feliz expresión de Chaptal, to- 88 EL AUTOMATISMO mada y comentada por Chalvet, carac¬ teriza con mucha exactitud las trasfor¬ maciones que se realizan en el seno del organismo; pero, ¿quién soñaría jamás en confundir los residuos de la combus¬ tión de un hogar con el calor y la luz que de él e manan? Sería una aberración bien extraña confundir con las cenizas del hogar in¬ telectual elpensamiento mismo que es el rayo divino. Permanezcamos, pues, en nuestro te¬ rreno y no tratemos de salir de él. Dejemos á los moralistas y á los filó¬ sofos definir el pensamiento bajo sus puntos de vista; lo harán con más auto¬ ridad que nosotros, y por otra parte, no tenemos el menor deseo de invadir su dominio. IXTELECTUAI, 89 Para el fisiólogo, en efecto, se trata Menos de penetrar la esencia misma del pensamiento que de apreciar las condi¬ ciones físicas que presiden á sus mani¬ festaciones y sus relaciones con el mun¬ do exterior. Sabemos que por algunos de sus ca¬ racteres más importantes elpensamiento se rodea de fuerzas generales que reac¬ cionan la materia; sabemos que aparece en ciertas condiciones claramente deter¬ minadas, que exige una pérdida de sus¬ tancia para realizar su trabajo, y sabe¬ mos que cuando no existe en estado la¬ tente se manifiesta al exterior por mo¬ vimientos. Pero hay una cuestión de importancia cápital, bajo el punto de vista que nos ocupa. 12 EL AUTOMATISMO Cuando enmedio de una conversación animada intentamos recordar un nombre ó un hecho, no conseguimos nuestro ob¬ jeto hasta bastante tiempo después y cuando ya no pensamos en ello. En nuestro cerebro se opera en este caso un trabajo inconsciente, y sin nin¬ guna intervención de la voluntad en¬ tramos en posesión de la idea que ha¬ bíamos perdido y que no recuperamos quando queríamos. Por un trabajo de este género, una lección que aprendemos imperfectamen¬ te por la noche, se encnentra grabada en nuestra memoria al despertar; el es¬ píritu ha trabajado durante el sueño del cuerpo, pero no tenemos conciencia de sus esfuerzos. En un orden de ideas más elevado, los INTELECTUAL 97 Pensadores, que durante un largo espa¬ cio de tiempo han fijado su atención en Un problema difícil, se han visto sor¬ prendidos por una idea que estalla súbi¬ tamente como una revelación inesperada y fiue les da la solución que en vano ha¬ bían buscado antes. Así es como, según la leyenda, Newt°n llegó á varios de sus descubrimient°s; pero si tuviéramos que citar ejemPͰs más auténticos, solo tendríamos fiue elegir entre miles. Me limitaré, pues, á recordar aquí una observación muy interesante que tomo á Carpenter. Un matemático había buscado mucho tiempo la solución de un problema geo¬ métrico sin poderencontrarla; hasta ha¬ bía construido una figura que respondía 13 EL AUTOMATISMO próximamente á los datos de la cuestión sin satisfacer por. completo. Algunos años después, en el momento de acostarse, después de un día de mu¬ cho trabajo, y cuando menos se acor¬ daba del problema, vió aparecer súbita¬ mente la solución tan buscada bajo la forma de una figura perfectamente exac¬ ta, y esta aparición inesperada le llenó de terror profundo; parecíale que un ser sobrehumano se había presentado de¬ lante de él para llevarle una revelación que su inteligencia no había podido al¬ canzar por sus propias fuerzas. Hé aquí sin duda alguna un caso bien auténtico de ceñir ación inconsciente (i) (1) Aunque la idea de la cerebraeión in¬ consciente sea del todo contraria á las doctri- INTELECTUAL <59 Para servirnos de la expresión de CarPenter, y en este sentido interpretaríam °s de buena gana la célebre definición de Buffon: fl E l genio no es más que una larga Paciencia.» Frecuentemente, en efecto, lo que se llama la inspiración del genio no es más fiue la conclusión, largo tiempo espera¬ da de un trabajo subterráneo que se prosigue oscuramente en las profundi¬ dades de la inteligencia. Sin salir de los límites del estado fi¬ nas filosóficas de Descartes, la verdad es que 86 desprende muy lógicamente del principio ^1 automatismo que tan claramente ha for¬ mulado. No es la primera vez que un filósofo sumi¬ nistra armas contra sí mismo. EL AUTOMATISMO 100 siológico, los sueños nos ofrecen tam¬ bién un ejemplo del trabajo involunta¬ rio del espíritu. Una serie de ideas más ó menos ló¬ gicamente encadenadas, pero sobre las cuales no podemos ejercer ninguna in¬ fluencia, se desarrolla ante nosotros y las consecuencias de este estado se pro¬ longan muchas veces después del sueño; alguna vez terminan por actos insensa¬ tos ó criminales. Sabida es la historia lamentable de aquel aldeano que, al salir de un mal sueño, mató á su mujer de un hachazo, tomándola por uno de los asesinos que le habían perseguido en sueño. Por fortuna los hechos de este género no son frecuentes; pero nada es más co¬ mún que ver las ideas en un sueño, pro- INTELECTUAL 101 longarse durante algún tiempo después de despertar, y hay personas que con - funden los acontecimientos de la vida real con los imaginarios del sueño. Pero si salimos de los límites de la fi¬ siología para entrar en el dominio de la patología, se presenta á nosotros el so¬ nambulismo como la realización más completa del automatismo de Descartes. Según el testimonio unánime de to¬ dos los autores, el sonámbulo parece ha ¬ ber perdido por completo la conciencia de sus actos, lo cual no le impide entre¬ garse con regularidad á sus operaciones ordinarias, y hasta desempeñar con buen resultado trabajos intelectuales. El criado de Gassendi servía á la mesa durante sus accesos; y Condillac, que e ra sonámbulo, ha escrito en ese estado 102 EL AUTOMATISMO algunas de sus mejores páginas, lo cual parece demostrar que, á ejemplo de Monsieur Jourdain, se puede hacer metafí¬ sica sin saberlo. En un caso muy notable queM. Mesnet ha dado á conocer recientemente, se podía modificar las ideas del sonámbulo presentándole un objeto cualquiera. Si se le ponía una pluma en la mano se sentaba y empezaba á escribir una carta; si se le daba un papel cualquiera enrollado, lo tomaba por un papel de música y se ponía á cantar una roman¬ za; cada objeto nuevo parecía que le des¬ pertaba una nueva serie de ideas; era como una especie de juguete del mundo exterior, sin poder obrar en contra de las impresiones que recibía del exterior. Acabo de demostrar que en el hombre INTELECTUAL 103 s ano, lo mismo que en el enfermo, el pensamiento.se sustrae frecuentemente al imperio de la voluntad y hasta á la consciencia. Sin querer deducir la identidad de es¬ tos estados cerebrales con la locura, los consideramos muy cercanos á la enaje¬ nación mental. El loco es un hombre que sueña con los ojos abiertos; es extraño á la reali 1 - dad de las cosas, extraño á sí mismo; está enajenado. Ha perdido, en definitiva, su libertad moral, porque, semejante al hombre per¬ seguido por un sueño, es incapaz de con¬ vocar la asamblea general de sus facul¬ tades intelectuales para deliberar sobre las impresiones que recibe; y hé aquí por qué, hasta cierto punto, ha dejado de EL AUTOMATISMO 104 ser responsable de sus acciones ante la sociedad (i.) No olvidamos que el trastorno intelec¬ tual puede coexistir con las más altas fa¬ cultades del espíritu, y que hombres su periores en plena posesión de sus altas capacidades han podido ser convencidos de enajenación mental. Es humillante para la razón humana pensar que en el momento en que J. J. Rousseau escribía las páginas más elo¬ cuentes de sus Confesiones estaba com¬ pletamente loco; tenemos, sin embar- (l) “Mientras más estudio á los locos, más profunda es mi convicción de que hay que buscar el punto de partida de todos los deli¬ rios en el ejercicio involuntario de las facul¬ tades. (Baillarger, La theoric de Vautomatisme, etudiée dans le mannscrit dhm monomaniaque.) INTELECTUAL 105 £°> la prueba escrita y fi rmada de su mano (i.) Es muy importante penetrarse de este Pnncipio que se aparta notablemente de las ideas que se profesan generalmente aun entre los hombres más instruidos; y en la práctica encontraréis á cada ins¬ tante laocasión de aplicar las consecuen¬ cias. Pero no es esto todo: si existe una re¬ lación de subordinación entre el pensa¬ miento y el movimiento, no es dudoso los órganos del movimiento influyen á su vez sobre las operaciones de la in¬ teligencia. En las personas expuestas algún tiem¬ po á afecciones convulsivas, se ve algu- (1) Diálogos de J. J. Rousseau. 14 112 EL AUTOMATISMO ximamente de 33 metros por segando; es, por otra parte, ménos considerable en los centros de inervación, y sobre todo en la sustancia gris. Se ha ido más lejos y gracias á expe¬ rimentos muy ingeniosos, Donders (1) ha podido medir la velocidad del pensa¬ miento, velocidad que es menor que la (1) Los experimentos de Donders, de los cuales sólo podemos citar aquí el dato funda¬ mental, consisten esencialmente en hacer no • tar, por un observador inteligente, el momen¬ to preciso en que se opera la percepción de un sonido, de un color ó de un contacto, en condiciones que implican el ejercicio de un juicio. Se está prevenido, por ejemplo, de que va á aparecer una luz encarnada ó blan¬ ca; se indica por un movimiento rápida cuál de los dos colores se ha visto.-Se está pre¬ venido de que se vá á oir una de varias síla¬ bas; se repite la sílaba pronunciada inmedia- I.tTEL ECTUAL 113 fluido nervioso, la cual á su vez es ^finitamente menor que la de la luz y la electricidad. Pero esta misma velocidad no es cons¬ tante; varía según los individuos y se¬ gún las condiciones del experimento. ¿Quién sabe si en los casos patológi¬ cos no existe un trastorno profundo bajo este punto de vista? ¿Quién sabe si esta lentitud del pen¬ samiento no produce en ciertos enfermos lamente después de haberla oido.—Con ayu¬ da de un diapasón que vibra 261 veces por segundo, se aprecia el intervalo que pasa en¬ tre la percepción y el juicio; este intervalo que varía notablemente de un individuo á °teo, es mónos considerable en las impresio¬ nes táctiles que en las impresiones auditivas, 7 ménos en estas que en las visuales.—G. F. Hondera, La vitesse des actes psy chiques. 15 114 EL AUTOMATISMO una alteración marcada de la inteligen¬ cia, determinando ciertos síntomas de la locura? Quizá se podrían relacionar con esto ciertos casos de melancolía con estu - por. La lentitud de quehablo se ha demos¬ trado con relación á los nervios periféri¬ cos, ya después de una estenuación de¬ terminada por el cansancio, ya después de una fuerte aplicación de electrici¬ dad. Por lo demás, en el estado normal se producen fenómenos análogos; todos los que se entregan al trabajo cerebral pue¬ den referirse á su propia experiencia; el espíritu no obedece las órdenes de la voluntad; unas veces la inteligencia es tardía y rehúsa avanzar, y otras, por el INTELECTUAL. 115 contrario, se desboca y no se la puede contener. Existen además alteraciones del sis¬ tema nervioso que reconocen causas fí¬ sicas perfectamente apreciables, y en las cuales la histología no revela ningun a alteración de estructura. Así es como el envenenamiento por el curaro destruye las propiedades de los nervios motores; hé aqui una lesión perfectamente física, pero que no pue¬ de ser demostrada más que por la explo¬ ración galvánica, Permítaseme señalar otro ejemplo, en u n sentido enteramente opuesto. El tétanos excita en grado muy marca¬ do ljts funciones de la médula espinal y determina convulsiones que producen la tuerte; y, sin embargo, las lesiones ca* 116 EL AUTOMATISMO racterísticas del tétanos no se han en¬ contrado todavía. ¿No podría haber en ciertos casos un tétanos de la inteligencia , es decir, una excitación de violencia horrible sobre los centros intelectuales, excitación que no se conoce después de la muerte por ninguna lesión constante? Por lo demás, si fuera el médico á observar después de la muerte las hue¬ llas de alteraciones fugitivas, la deplo¬ rable costumbre de no practicar las au¬ topsias hasta veinticuatro horas después de la muerte bastará para anular todas las probabilidades favorables en este punto. Reasumamos. Sería un error absoluto, en el estado actual de la ciencia, hablar de la locura INTELECTUAL 117 como de una enfermedad sin lesiones ó sine materia. Pero sería igualmente erróneo querer encontrar una lesión especial para cada forma de delirio, en vez de considerar estos desórdenes intelectuales como la impresión sintomática de un gran númer ® de estados diversos. ¿No sabemos, por ejemplo, que exis¬ te una locura simpática que responde á los trastornos viscerales mejor localiza¬ dos, y que en un solo órgano puede re¬ vestir todas las formas conocidas de la alienación mental? Por otra parte, es cierto que causas diametralmente opuestas pueden deter¬ minar los mismos efectos: la anemia y la hiperemia cerebrales producen ambas fenómenos de excitación y de colapso, 118 EL AUTOMATISMO Hé aquí una aplicación de la ley ge¬ neral, según k cual los tejidos, alapro* ximarse la muerte, presentan una exage¬ ración notable de todas sus propiedades. Córtese un nervio mixto y se hará más excitable al nivel de la sección; después, si la extremidad del nervio va á morir, esta excitabilidad se trasporta de las partes periféricas hasta las últi¬ mas extremidades del tronco nervioso; cuando ya está muerto el tronco, los músculos correspondientes se hacen irritables á sn vez antes de morir ellos también. Se comprende asi cómo la privación de la sangre puede excitar los centros ner¬ viosos lo mismo que un aflujo exagerado. Léjos de nosotros el pensamiento de combatir la aplicación de los estudios INTELECTUAL 119 a natomo-patológicos á las enfermeda¬ des mentales; solamente hemos querido demostrar que es preciso tratar la locura como una lesión de conjunto, y no con¬ siderar ]as diferentes formas de delirio como enfermedades especiales y aparte. Reconocemos, por el contrario, como especies distintas todas las formas de alienación mental que se relacionan con ü na causa especial ó con una lesión deter¬ minada; tales son la parálisis general, la locura epiléptica, la locura histérica, las locuras tóxicas, la demencia senil y to¬ das las demás afecciones delirantes que responden á estas condiciones. Hay, pues, que separar muy clara¬ mente la patología general de la patolo¬ gía especial. FIN