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La aventura triunfal de Don Quijote

Montoto González de la Hoyuela, José

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LA AVENTURA TRIUNFAL DE DON QUIJOTE POR JOSÉ MONTOTO Al le er el Quijote siempre me enamoró el loco genial, y pensé muchas veces en lo que pudo ser el pensamiento que guió a Cervantes al crear la figura del ingenioso hidalgo. ¿Qué quiso retratar en su persona? ¿Qué nos quiso decir el genio alcalaíno? ¿Qué representa don Quijote en el mundo de las ideas? Quede para los doctos el amplio estudio y la ponderación de la obra cervantina. A nosotros, simples observadores de la vida en lo que ésta presenta en los primeros planos, nos embarga un sentimiento de admiración hacia el gran Don Quijote de la Mancha, en quien vemos el esfuerzo y las más nobles ansias por lograr lo sublime, con olvido de que, desde la Tierra, que, como dijo el poeta , no es centro de la s almas, le es al hombre imposible el poder ascender hasta lo s cielos de una feliz lograda perfección. Sólo en eso fue loco y fue insensato el héroe de la Mancha. Y la vida, ll amándole a cordura con reiterados y crueles avisos, fue el freno que impidió que las ansias del más sublime loco tuviesen cumplim ientoy realidad. Tr es salidas, animosas l as tres, hizo el héroe manchego, y la desgracia fue con él las tres veces. Su primera aventura fue la del mozo Andrés, al que un amo cruel está azotando, en lugar de pagarle su soldada . Y don Quijote, loco acaso esta 122 JOSÉ MONTOTO GONZÁLEZ DE LA HOYUELA vez más que ninguna, confió en la palabra del amo avaro, quedando el pobre Andrés en ocasión de ser vapuleado nuevamente c on redoblada furia. Creyó hecha la justicia, y marchaba el hidalgo muy gozoso camino de su aldea a fin de proveerse de todo aquello que el socarrón ventero le prescribió como preciso, cuando se da de manos a boca con unos mercaderes con los que tiene algo más de dimes y diretes para que proclamen la excelsitud de Dulcinea. Antes había sido la justicia. Ahora ha sido el amor quien le fuerza a la aventura. Pero el caballo cae al comenzarla, y el pobre hidalgo es maltratado con crueles golpes por aquellos villanos. Como si Rocinante nos quisiese advertir con su caída que el héroe de la Mancha era un monumento de suprema grandeza sustentado en el liviano pedestal de pobres realidades de la vida. Sale segunda vez en busca de aventuras, y la primera de esta segunda vez es para castigar la soberbia de unos descomunales gigantones cuya corpulencia y espant able aparato no amilanan su ánimo. También ahora ha calculado mal la fortaleza de sus medios, y caballo y caba ll ero miden el duro suelo, malparados. Resulta así vencido, no por quien tiene más corazón , sino más fuerza material y ciega, como fueron las aspas de molinos de viento. En su tercera salida, la primera aventura es la de la amorosa cortesía. El a nsía rendir vasallaje a la a lt a princesa del Toboso a la que le ha rendido su a lb edrío. ¡Gran poder del Amor y de los altos y puros ideales! El sabe en su cordura que tal princesa no hay. El le h abía dicho a Sancho cuál era su verdadera condición y el nombre verdadero, que es Aldonza Lorenzo. Eso lo sabe él en su cordura. Pero en su alta locura «píntola -dice a Sanchoen mi imaginación como la deseo, así en belleza como en principalidad, sin que le falte ni le sobre nada». También ahora fracasa, y la alta princesa se le convierte en zafia labradora. Tres veces ha salido. Una, para favorecer al desdichado. Otra, para l uchar contra el soberbio. La otra, para rendirse LA AVENTURA TRIU NFAL DE DO:-! QUIJOTE 123 ante el amor. Tres veces ha salido, y las tres vuelve triste y malp a rado. La vez primr e a, en el ma c ho de su honrado vecino Pedro Alonso. Llega al lugar vencido el cuerpo, pero más invencible y loca el alma en su noble y altísima locura. Vuelve vencido por segunda vez. Esta vez «encantado». Los amigos, que ansían hacerle bien, no se percatan de que al mundo le infieren grave daño, ya que son tan precisos esos locos sublim es que son decoro de la humanidad. Y la tercera vez vuelve vencido y mel ancólico. Un año entero ha de estar inactivo. ¡Con la falta que él piensa que está ha ciendo en el mundo! Yo no sé cómo pudo llegar hasta su alde a; yo no sé cómo pudo s ufrir su corazón, s in rompers e de pe na , el vencimiento. Aun cuando no es verdad que a él lo venciese nadi e. Ahora, como otra s veces, fue su pobre caballo el que no estuvo a tono con la gran fortaleza que imperaba en el án imo de su noble señor . Y vuelve melancólico a su aldea. La gran deza de alma, la sublime loc ura, el heroísmo ciego, la generosidad sin tasa ni medida van a encerrarse porque así lo ha dis puesto la imprude nte prudencia de los que no advie rt en el mal que hacen al mundo; a ese mundo en el que acaso sobren prudencias temerosas, y escaseen, en cambio , locuras peregrinas. ¿No es verdad que parece qu e Cervantes quiso decirnos algo en todo est o? Acaso se propuso mostrarnos el verda dero cauce por el que de bemos conducir la exaltación, el ímpetu , la ilu si ón y el ensueño. Acaso quiso mostrarnos el fracaso de c uanto no se e ncamina directam e nte a Di os. Ac a so fue su intento d ec irno s cómo es el mundo y en qu é vienen a parar hon ras y afanes . Lo c ierto es que, al lo co ge neroso , cua ndo va ya camino de su aldea lo p atea y ensuc ia u na piara de cer dos que lo atropella y pasa sobre él. Y que luego, para mayor crue ldad , viene la burla necia y de mal gusto de Altisidora, que simu la haber muerto de am or por don Quijote. Trist e va el caballero hacia su aldea. Tri ste, y enamora do. Enamorado, y loco, que es locura tres veces. Va ahora a hace rs e pastor para, en las claras fuente s, en los valles serenos, en las caña das umbrosas y en los riscos serranos dar su voz a los vientos encomiando a su dama, y para que el nombre de Dulci nea lo repitan los ecos campesinos. 124 JOSÉ MONTOTO GONZÁLEZ DE LA HOYUELA Pero Dios fue piadoso. Don Quijote , al llegar a su casa, durmíose unas seis horas. Y al despertar -nos dice Cervantesdio una gran voz para decir: «Bendito sea el poderoso Dios». Así tenía que ser. Don Quijote, que a grandes voces retó a los enemigos, y a grandes voces denostó a los villanos, y a grandes voces proclamara lo justo, y a grandes voces ensalzara al amor, no podía, a la hora de bendecir a Dios, musitar una plegaria con tenue voz y tono lastimero. Había de hacerlo con corazón entero y grandeza de espíritu. Por ello, dice Cervantes que, dando una gran voz, dijo con ímpetu: «¡Bendito sea el poderoso Dios cuyas misericordias no tienen límite ni la abrevian ni impiden los pecados de los hombres!» Ya don Quijote está cuerdo. Enteramente cuerdo. Pero es que la perfecta cordura en quien ha vislumbrado tantas locas grandezas, tantas perfectas justicias y tantos excelsos amores no es ya posible en vida hecha a soñar. Y entonces don Quijote, viéndose cuerdo ya, tuvo la gran cordura de morirse, temeroso, sin duda, de caer en nueva tentación de cabalgar sobre otro Rocinante que pudiese rodar dando en tierra con él y sus altos afanes. Y así, en plena y en serena cordura, se murió para entrarse por las claras estancias de los cielos, en donde, dando una gran voz, se entraría diciendo: ¡B endito sea el poderoso Dios! Y he aquí cómo don Quijote, que soñó con reinar en un reino, encontró al fin el reino en que reinar. He aquí có mo el que vivió enamorado de la justicia , fue a habitar en el reino de la Justici a misma. He a quí cómo el que por amor al Amor fingió da ma a la que dar su corazón , y hasta fingió y creyó ser verdad su amor fingido, se abrazó y se abrasó con el Amor. Esta fue la aventura victoriosa. La única victoriosa -co n vic toria total cierta y definitivadel Ingenioso Hidalgo de la Mancha.