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Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010)

Cosgaya García, Jaime

Abstract

En mayo del año 2000, el International Press Institute (IPI) distinguió a cincuenta periodistas de todo el mundo como «Héroes de la libertad de prensa». Entre los galardonados se encontraba Antonio Fontán Pérez (1923-2010), último director del diario Madrid. Fontán era el representante español en esa lista. El título de «Héroe» reconocía su labor al frente del vespertino, cancelado por orden ministerial tras sufrir diversos expedientes y sanciones. Pese al cierre del periódico, la apuesta por la democracia –simbolizada en la posterior voladura y demolición de su sede– le hizo merecedor de múltiples reconocimientos. Uno de ellos fue el citado galardón del IPI. A partir de este hito, del que se cumple un cuarto de siglo, este artículo repasa su trayectoria periodística con el objetivo de perfilar su vinculación con los medios de comunicación, tarea que compatibilizó con la docencia universitaria y la política activa.

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Revista internacional de Historia de la Comunicación ISSN: 2255-5129 © Universidad de Sevilla Como citar este artículo: Coscaya García, Jaime (2025): “Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010)”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación, (24), pp. 165-183. https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 UN «HÉROE DE LA LIBERTAD DE PRENSA». PERFIL PERIODÍSTICO DE ANTONIO FONTÁN (1923-2010) A «Press Freedom Hero». Antonio Fontán as a journalist (1923-2010) Jaime Cosgaya García IES Fernando I, de Valencia de Don Juan (León) jcosgayagar[email protected]om 0000-0002-5314-0459 RESUMEN En mayo del año 2000, el International Press Institute (IPI) distinguió a cincuenta periodistas de todo el mundo como «Héroes de la libertad de prensa». Entre los galardonados se encontraba Antonio Fontán Pérez (1923-2010), último director del diario Madrid. Fontán era el representante español en esa lista. El título de «Héroe» reconocía su labor al frente del vespertino, cancelado por orden ministerial tras sufrir diversos expedientes y sanciones. Pese al cierre del periódico, la apuesta por la democracia –simbolizada en la posterior voladura y demolición de su sede– le hizo merecedor de múltiples reconocimientos. Uno de ellos fue el citado galardón del IPI. A partir de este hito, del que se cumple un cuarto de siglo, este artículo repasa su trayectoria periodística con el objetivo de perfilar su vinculación con los medios de comunicación, tarea que compatibilizó con la docencia universitaria y la política activa. PALABRAS CLAVE Antonio Fontán, diario Madrid, periodismo, biografía, libertad de prensa. ABSTRACT In May 2000, the International Press Institute (IPI) honoured fifty journalists from aroud the world as «Press Freedom Heroes». Among the awardees was Antonio Fontán Pérez (1923-2010), last editor in chief of the daily Madrid. Fontán was the spanish representative on the list. The distinction of «Hero» recognished his work at the head of the evening paper, which was closed down by gubernatorial order after facing several legal proceedings and sanctions. Despite the closure of the newspaper, the commitment to democracy –symbolized by the subsequent demolition of its headquarters– earned him many accolades, including the IPI award. Marking a quarter-century since this milestone, this article reviews his journalistic career to outline his connection to media, a task he balanced with university teaching and active political engagement. KEYWORDS Antonio Fontán, daily Madrid, journalism, biography, press freedom. Recibido: 7-2-2025 Aceptado: 14-2-2025 Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 166 1. Introducción En mayo del año 2000, con ocasión de su quincuagésimo aniversario, el International Press Institute (IPI) –organismo dedicado a la defensa y salvaguarda de la libertad en el ejercicio del periodismo– distinguió a cincuenta periodistas de otros tantos países como «Héroes de la libertad de prensa»1. Entre los premiados, junto a figuras como Adam Michnik, Indro Montanelli, Hubert Beuve-Méry y Katharine Graham, se encontraba Antonio Fontán Pérez (1923-2010), director del diario Madrid entre 1967 y 1971, fecha de su cierre definitivo. Fontán era el representante español en esa lista. El título de «Héroe» reconocía su labor al frente del vespertino, desde el que reivindicó una mayor apertura del régimen franquista. A partir de este hito, que puso el broche a su trayectoria periodística, la intención de este trabajo es la de repasar otros episodios menos conocidos que muestran su particular relación con los medios de comunicación. Latinista de formación, Fontán llegó al periodismo de manera casual, haciendo compatible esta labor con el trabajo universitario y el desempeño de varios puestos políticos durante la transición. Así, en 1952, siendo catedrático de Filología Latina de la Universidad de Granada, fundó el semanario gráfico La Actualidad Española. Sólo dos más tarde, hizo lo propio con la revista de cuestiones actuales Nuestro Tiempo. Y tras su jubilación académica, en 1990, promovió una tercera empresa periodística: Nueva Revista de Política, Cultura y Arte. De forma paralela, y sin descuidar el resto de sus ocupaciones ni dejar de publicar en diversos medios, principalmente el diario ABC, obtuvo el carné de periodista; fue socio fundador de la agencia de noticias Europa Press; intervino en la gestión de varias revistas culturales europeas; formó parte del Consejo de Administración de la Cadena SER, y dirigió el primer centro universitario en España dedicado a la enseñanza del periodismo, el Instituto de Periodismo del Estudio General de Navarra, precursor directo de la actual Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. 2. Metodología Nuestro propósito, desde un punto de vista metodológico, no es tanto ahondar en las vicisitudes de dichas iniciativas como valernos de ellas para explicar su forma de entender y practicar el oficio. Partiendo de un género tan periodístico como el perfil, nuestro objetivo es retratar justamente qué tipo de periodista fue. Nos hemos servido para ello de la rica documentación de su archivo personal, depositado en el Archivo General de la Universidad de Navarra (AGUN/141), y de los fondos conservados en el Archivo General de la Administración (AGA). 1. Los textos de las intervenciones, junto con imágenes del acto y una breve semblanza de cada premiado, en “World Press Freedom Day”, Boston 2000. IPI Congress Report, pp.78-89. Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 167 Aunque frente al político y académico, el periodístico haya sido el aspecto más tratado en la bibliografía sobre Fontán, los trabajos publicados apenas han incidido en su papel de hombre de prensa. Junto a una semblanza (Gozalo, 2016) y una antología de artículos (Fontán, 2017), lo más ajustado a nuestra pretensión se reduce a una intervención –en un homenaje– que periodiza su carrera en función del contexto legal en el que se desarrolló (López-Escobar, 2011). El resto de títulos, por lo general, se han centrado en la historia de alguna de sus empresas (Barrera, 2009; Barrera, 1995a), pero no tanto en su persona. Nuestra propuesta interpretativa entronca con la biografía y con la importancia que esta concede a los individuos en el devenir histórico. En cierto sentido, Fontán acabó dedicándose al periodismo por las decisiones que libremente adoptó. Y su manera de desenvolverse en este ámbito respondió, en no poca medida, a las cualidades que adornaron su personalidad. Creemos que la documentación aportada responde a estas cuestiones, al tiempo que arroja luz sobre otras, como la singular experiencia de un catedrático examinándose para obtener el carné de periodista. Esta perspectiva tiene, además, un valor añadido. A través del Fontán periodista es posible observar la legislación de prensa imperante en España durante el franquismo y el tardofranquismo. Por este motivo, además de las fuentes documentales ya señaladas, también nos hemos apoyado en la bibliografía específica sobre este tema (Terrón Montero, 1981; Barrera, 1995b; Chuliá, 2001). De acuerdo con este enfoque, la estructura del artículo sigue un orden cronológico. En primer lugar, se aborda la incursión de Fontán en el periodismo. A continuación, se analizan sus primeras empresas. Un tercer apartado está dedicado a la creación del Instituto de Periodismo. Por último, tras relatar las distintas iniciativas en las que intervino durante su estancia en Pamplona, rematamos nuestro retrato con la etapa del diario Madrid y el lanzamiento de su tercera y última publicación, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte. 3. Un latinista orientado al periodismo Nacido en Sevilla en 1923 en el seno de una familia monárquica y católica de clase media, Fontán desembarcó en el mundo de los medios de comunicación de una forma un tanto insospechada. A finales de 1952, apenas tres años después de obtener la cátedra de Filología Latina de la Universidad de Granada, solicitó la excedencia para dedicarse de lleno al periodismo2. En esta decisión, que tiene mucho de sorprendente –sobre todo, en alguien como él que, desde temprana edad, había manifestado su intención de hacer carrera académica–, 2. Cfr. Boletín Oficial del Estado (BOE), 5-2-1953, nº36, p.784. Disponible en internet (22-1-2025): https://www.boe. es/diario_gazeta/comun/pdf.php?p=1953/02/05/pdfs/BOE-1953-36.pdf Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 168 confluyeron varias circunstancias. En primer lugar, el ambiente familiar en el que había crecido. Fontán era hijo de Antonio Fontán de la Orden, militar del Arma de Ingenieros reconvertido en empresario radiofónico (Fontán, 2005). Esta posición le permitió estar al tanto de la actualidad informativa. Fue él quien le previno del alzamiento conminándole a quedarse en casa el 18 de julio (Cosgaya García, 2020: 34). Conocía las intenciones de los golpistas y, como máximo responsable de Radio Sevilla, suya fue la decisión de facilitar a Queipo de Llano el acceso a sus instalaciones (Gibson, 1986: 71-72; Balsebre, 2001: 407-409). Concluido el bachillerato, Fontán decidió matricularse en Filosofía y Letras. Le movió a ello su dominio del latín y el cúmulo de inquietudes que había cultivado. Muchas de ellas derivadas de la lectura de la prensa que recibía en casa, sobre todo ABC y Blanco y Negro, y de las noticias que escuchaba de labios de su padre. Justamente en relación con la lengua latina, fue la incorporación de Vicente Rodríguez Casado a la Universidad de Sevilla en octubre de 1942 lo que le inclinó al estudio de la antigüedad clásica. De su mano, Fontán comprendió que esta especialidad no se reducía al conocimiento de un idioma, sino que suponía profundizar en las raíces de la civilización occidental. Esta visión le convirtió en un latinista abierto, atento no sólo a las «minucias filológicas», como denominaba a aquellas cuestiones de carácter técnico, como la crítica textual o los problemas lingüísticos, sino al modo en que la cultura clásica había permeado la condición humana a lo largo de más de mil años. Desde esta óptica, los sucesos que conforman la actualidad bien podían ser un remedo de lo acaecido en otras épocas. De ahí su apego a aquellos humanistas clásicos, medievales y modernos que tuvieron una proyección pública, en quienes vio una fuente de enseñanzas y, sobre todo, un modelo a imitar. No extraña por tanto que, al poco de alcanzar la cátedra, apareciese públicamente vinculado al grupo de intelectuales surgido en torno a la revista Arbor, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (Díaz Hernández, 2008: 251). Y que tal conexión cultural y política le hiciera ver el mundo de la prensa como un cauce natural en el que desenvolverse. Esta consideración también debió mucho al estímulo personal de Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, a quien Fontán conoció en 1943. Escrivá, que había sido profesor de ética para periodistas entre 1940 y 1941 en un cursillo de especialización organizado por la Dirección General de Prensa (Pérez López, 2009), le habló del alcance de los medios de comunicación. De manera expresa, en el curso de una conversación mantenida en octubre de 1951, le animó a «abrir una revista o semanario para influir cristianamente en la opinión pública española» (Díaz Hernández, 2008: 388). Fontán había pedido la admisión en la Obra unos años antes y compartía con Escrivá un mismo planteamiento cristiano del trabajo y de las relaciones sociales. Sabedor de la conexión familiar de Fontán con el mundo radiofónico, es probable que Escrivá viera en él una persona receptiva a la propuesta de lanzar una revista, como así se evidenció a la postre (López Kindler, 2013: 15). A este respecto, cabe señalar que si bien Fontán no fue el único Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 169 miembro del Opus Dei al que el fundador hizo sugerencias de este estilo, es innegable que en su caso encontraron un eco muy particular, lo que denota su particular compromiso con esta tarea. Una determinación, por otra parte, clave para entender su trayectoria, dilatada y llena de experiencias con desigual éxito. 4. Las primeras empresas Así las cosas, Fontán aprovechó las facilidades dadas por el recién creado Ministerio de Información y Turismo para fundar La Actualidad Española, un semanario gráfico de información general dirigido a toda la familia. «Por primera vez desde la guerra civil», rememoraba medio siglo después, «se permitiría a ciudadanos y empresas privadas solicitar autorización para nuevas publicaciones periódicas no diarias» (Fontán, 2000: 31). Acogiéndose a esta disposición, decidió dar el paso acompañado de un grupo de periodistas, universitarios y profesionales del saber y de la cultura. La solicitud fue remitida a la Dirección General de Prensa el 15 de noviembre de 19513. Estaba firmada por Jesús María Zuloaga, periodista bilbaíno en quien Fontán delegó el cargo de director «oficial» al estar en posesión del carné requerido por el ministerio. Si bien, ante las autoridades, el responsable último siempre fue él, ejerciendo en la práctica Zuloaga el papel de redactor-jefe. Con el lanzamiento de la revista, Fontán se vio obligado a repartir su tiempo entre la facultad y la redacción. Los viajes semanales de Granada a Madrid se hicieron habituales, lo que le llevó a solicitar la excedencia como catedrático. Por primera vez en su vida, la primera de varias, daba el salto de la universidad al periodismo. «Si ahora me pregunta la gente qué soy», confesaba por carta a las pocas semanas, «ya sin rubor, diría que periodista»4. Fontán encajó de inmediato en la figura de editor, encargándose tanto de reunir la financiación necesaria para poner en marcha el semanario como de organizar el equipo que lo haría posible. Con la ayuda de amigos, conocidos y familiares, constituyó la sociedad propietaria de la cabecera –SARPE, acrónimo de Sociedad Anónima de Revistas, Periódicos y Ediciones–, de la que fue nombrado Consejero-Delegado5. En poco tiempo, y con La Actualidad Española como mascarón de proa, SARPE se consolidó como un incipiente grupo de comunicación. Respecto al equipo de trabajo, Fontán se valió de la veteranía de profesionales curtidos, como el citado Zuloaga, José Javier Aleixandre y José Luis Quintanilla, junto con los reporteros gráficos Rogelio Leal y Antonio Fernández, para dar forma a una redacción compuesta en su mayor parte por estudiantes universitarios de últimos cursos. Ese fue el caso de Ángel 3. Archivo General de la Administración (AGA), (3), 49.21, caja 82589, sign. 72/78, exp. «La Actualidad Española». 4. Archivo General de la Universidad de Navarra, Fondo «Antonio Fontán Pérez», (AGUN/141), 2.1.710. 5. AGA, (3), 49.21, caja 82589, sign. 72/78, exp. «La Actualidad Española». Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 170 Benito, Pablo José de Irazazábal, José Luis Cebrián, Javier Ayesta, Gonzalo Redondo y José Luis Martínez Albertos. Aunque la ascendencia de Fontán se dejó sentir sobre todos, fueron especialmente estos últimos quienes vieron en él un «maestro permanente y tutor efectivo para todas las estaciones del año» (Martínez Albertos, 2003: 94-95). Viniendo del ámbito universitario, este aura docente resultaba natural y terminó convirtiendo su despacho …en un aula donde nos daba clase de periodismo a cuatro o cinco periodistas y profesores de periodismo, que hoy estamos todos sobre los setenta años, de teoría periodística, de ética profesional, de cultura de la prensa, etc. También poníamos a punto el dominio del inglés. Nacía así una escuela de periodismo en el seno de una empresa informativa, como es tradición en el mundo anglosajón, en el entorno de Fontán (Benito, 2003: 86). La «escuela de periodismo» de La Actualidad Española, liderada por Fontán, se dejó sentir a corto y medio plazo en la carrera profesional de aquellos redactores noveles que, al igual que Benito, velaron sus primeras letras en el semanario gráfico. El propio crecimiento de la revista, y del grupo al que pertenecía, llevó a nutrir las cabeceras que fue incorporando con algunos de estos jóvenes, haciendo así de cantera. Ese fue el caso de Pablo José de Irazazábal quien, toda vez que SARPE se hizo cargo del paquete accionarial que la Editorial Católica (Edica) poseía en el Diario Regional de Valladolid, se embarcó en este nuevo proyecto siguiendo la estela de Jesús María Zuloaga (Cosgaya García, 2020: 142-143). Mientras que en el de otros, como el mencionado Benito o Martínez Albertos, fue el acervo cultural de Fontán y la experiencia adquirida lo que, en paralelo a la creación de los primeros centros universitarios de Periodismo, les empujó a la docencia. Este segundo itinerario, como se verá más adelante, se hizo más evidente cuando Fontán obtuvo el carné de periodista y puso en marcha el Instituto de Periodismo del Estudio General de Navarra. Hasta entonces, compaginó esta tutela con la publicación de una columna semanal, denominada «Comentarios Nacionales», en la que expresó sus afanes culturales y políticos. Aunque La Actualidad Española estaba enfocada al público familiar, en línea con los grandes semanarios gráficos tan en boga en aquel momento, como Life y Paris Match, la inclusión de este tipo de espacios motivó que Fontán tuviera que hacer equilibrios para evitar que la revista se convirtiera en una publicación excesivamente intelectual. Así, hubo de lidiar con las presiones de aquellos lectores que pedían rebajar estos contenidos, sustituyéndolos por otros más amenos y comprensibles, y los que, por el contrario, se mostraban partidarios de hacer lo propio con las crónicas deportivas o de sociedad. Esta disyuntiva resultó clave en su siguiente aventura periodística. En el verano de 1954, dos años después de haber puesto en marcha La Actualidad Española, Fontán fundó su segunda empresa: Nuestro Tiempo. Le movió a ello una circunstancia ajena a su voluntad (Cosgaya García, 2006: 354-355). A comienzos del otoño anterior, su amigo Rafael Calvo Serer había sido destituido de todos sus cargos en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a raíz de un artículo crítico con la política cultural de «mano tendida» del ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez. Aunque había abandonado la dirección de la revista Arbor varios meses atrás, su salida forzosa del Consejo implicó, para el grupo de intelectuales Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 171 que apradrinaba, la pérdida de una importante plataforma. Consciente de la gravedad del artículo, y de la trascendencia de disponer de un órgano de esas características, Fontán se apresuró a pedir autorización para editar una revista que, de algún modo, la reemplazase. El permiso correspondiente fue remitido el 28 de abril de 19546. Entre la solicitud, presentada el 10 de septiembre anterior, y la respuesta transcurrieron siete meses. Cinco más en comparación con los que habían sido precisos para La Actualidad Española. Esta demora se debió a que en el Ministerio «no gustaban ni poco ni mucho algunas de las cosas que aparecían en La Actualidad, aunque fuera con censura previa de fotos y textos» (Fontán, 2000: 32). Viendo que la espera se alagarba inútilmente, Fontán se apresuró a solicitar audiencia con Franco con el único fin de acelerar los trámites. Fue el primer y último encuentro que mantuvo con él. La visita, en sí misma, no resolvió nada. Su interlocutor se limitó a indicarle que «acudiera directamente al ministro y le dijera que lo había comentado con él, si bien [Franco] se abstuvo de opinar sobre la cuestión» (Fontán, 2000: 32). Sin embargo, cuando Fontán se disponía a hacerlo como último recurso, bastó que su nombre apareciera en la lista de encuentros mantenidos por el Jefe del Estado para que recibiera luz verde. Obtenida la preceptiva autorización, todo parecía indicar que Nuestro Tiempo continuaría la trayectoria iniciada por Arbor. No obstante, Fontán prefirió fijarse en otro tipo de revistas culturales, caso de Leviatán, Cruz y Raya y Revista de Occidente, entre otras. A diferencia de Arbor, o de Estudios Políticos, todas ellas se habían dirigido a un público lo más amplio posible, sin ceñirse en exclusiva al lector especializado. El principal reto, por tanto, era convertir una revista de pensamiento en una publicación accesible, quizá no de masas, pero tampoco minoritaria. Como se indicaba en la presentación del primer número, Nuestro Tiempo aspiraba a dar respuesta a todas aquellas cuestiones presentes en el debate público, ya fueran sociales, políticas, culturales, religiosas o económicas. Esa voluntad de abarcar todo tipo de materias, junto con un título que remitía a la realidad inmediata del momento, rebajaban su condición de publicación académica dándole un tono mucho más periodístico. Para conseguirlo, Fontán se valió por un lado del equipo de redactores formado en La Actualidad Española –desde un primer instante, Nuestro Tiempo quedó integrada dentro de SARPE–, y por otro, especialmente en temas cuyo tratamiento requería un mayor grado de especialización, de aquellos profesores e intelectuales que, habiendo colaborado de manera asidua con Arbor, se hallaban en situación de relativa orfandad tras la expulsión de Calvo Serer del CSIC. Como revista de pensamiento, Nuestro Tiempo constituyó un proyecto periodístico más acorde con el perfil académico de Fontán. Su interés por la difusión de la alta cultura no tuvo 6. AGA, (3) 49.21, Caja 82634, sign. 72/78, exp. «Nuestro Tiempo». Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 172 que bregar, en este caso, con las posibles quejas de los lectores. Si bien fue su traslado a Pamplona a la vuelta del verano de 1956 lo que le permitió unir los dos ámbitos profesionales en los que se había movido hasta entonces, confirmando de paso el hombre de prensa en que se había convertido. Tras varios años de excedencia, Fontán se reintegró a la vida universitaria en el seno de una institución joven, con tan sólo cuatro cursos de vida, que aún no había obtenido el reconocimiento oficial como centro de enseñanza superior. En el horizonte, el objetivo de poner en marcha la primera «facultad» de periodismo. De editor, Fontán pasó así a erigirse en profesor de editores transfiriendo al campus el conocimiento acumulado con sus dos primeras empresas. 5. Una iniciativa pionera La idea de retomar la docencia en una universidad en ciernes, tras promover dos revistas en cuatro años, puede sonar chocante. Pero Fontán no necesitaba muchas razones para trasladarse a Pamplona. El Estudio General de Navarra había surgido como una obra corporativa del Opus Dei. La inclusión en el claustro de Fontán, catedrático y miembro de dicha institución, parecía lógica. En cuanto recibió la llamada del Rector, Ismael Sánchez Bella, aceptó de inmediato quedando adscrito a la Facultad de Filosofía y Letras, de la que fue nombrado vicedecano. Este nuevo traslado obligó a Fontán a replantearse su situación con respecto a La Actualidad Española y Nuestro Tiempo. Por lo que atañe a la primera, se impuso una solución transitoria. Pese a no residir en Madrid, Fontán continuó ejerciendo –al menos nominalmente– como director. Es indudable que, para entonces, el semanario gráfico se hallaba afianzado. Quizá por ello, ni él ni la empresa editora se apresuraron a nombrar sustituto. Aun viviendo en Pamplona, la revista podía funcionar sola. Tal como expresara uno de sus colaboradores, «la Actualidad (sic) está en buenas manos con estos chicos que tú has formado muy bien»7. En efecto, La Actualidad Española prosiguió su andadura hasta bien entrada la década de los setenta (Nieto Sánchez, 2015: 755), lo que denota la capacidad de Fontán para promover empresas periodísticas que no sólo estuvieran en condiciones de funcionar por sí mismas en poco tiempo, sino que continuaran editándose durante muchos años. Esta cualidad quedó de manifiesto a partir de septiembre de 1957, momento en el que comunicó formalmente su renuncia8. No sin pesar, Fontán dejaba la revista consciente de que, en adelante, no tendría sobre ella mayor ascendencia que la de un padre con un hijo que ha alcanzado la mayoría de edad. «Yo, ahora, con La Actualidad», admitía pocos meses después, 7. AGUN/141/2.1.2946. 8. AGA, (3) 49.21, Caja 82589, sign. 72/78, exp. «La Actualidad Española». Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 173 …no tengo más relaciones que las de un buen amigo y lector no muy asiduo. Mando a ella algunos artículos y me ocurre con esta revista lo que a un padre con sus hijos cuando se han emancipado, que a veces le dan grandes alegrías y a veces disgustos, sin que sea posible intervenir en sus vidas ejerciendo la patria potestad9. A diferencia de La Actualidad Española, Nuestro Tiempo halló acomodo en el campus. Aunque no le faltaran quehaceres, Fontán siguió dirigiéndola desde Pamplona, encargándose la empresa editora de la parte material (distribución, suscripciones, etc.). Esta decisión favoreció su progresiva vinculación con la actual Universidad de Navarra, a la que permanece ligada a día de hoy. Resueltas estas gestiones, Fontán pudo centrarse en el motivo de fondo que le había traído a Pamplona. En la mente de Josemaría Escrivá, Gran Canciller del Estudio General, los estudios de Periodismo debían equipararse a aquellas otras materias con más arraigo universitario. Con su experiencia, Fontán era el candidato idóneo para materializar ese anhelo. Lograrlo, sin embargo, no resultaba tan sencillo. A diferencia de una revista, la creación de un centro universitario dedicado a la enseñanza del periodismo no dependía en exclusiva de la diligencia de sus promotores. A la escasa tradición académica de este tipo de disciplinas se unía el hecho de que, en España, eran las autoridades del Ministerio de Información y Turismo quienes regulaban el acceso a la profesión periodística a través de la Escuela Oficial. Bien lo sabía Fontán, que había necesitado de un periodista con carné, como Jesús María Zuloaga, para poner en marcha La Actualidad Española. Por este motivo, en cuanto tuvo oportunidad, él mismo procuró obtenerlo. Así, en la primavera de 1955, coincidiendo con la marcha de Zuloaga a Valladolid, solicitó «regularizar» su situación mediante una convocatoria extraordinaria, excepción prevista en el plan de estudios de la Escuela Oficial. Dicha dispensa, según establecía el artículo 22, debía ser concedida por el director previo informe favorable de la Junta Académica. Fontán obtuvo confirmación a mitad de verano10. Los ejercicios de reválida se celebraron a comienzos de septiembre e incluyeron pruebas tanto escritas como orales. Además de la correspondiente Memoria de Grado y de la traducción de una serie de textos, las primeras comprendieron un test de curiosidad periodística; la selección, agrupación y titulación de teletipos de agencia; un resumen de un discurso; la elaboración de una entrevista y un reportaje; la redacción de un editorial y un artículo de opinión, así como de un ensayo sobre un tema propuesto por el tribunal y un comentario no editorial. Las segundas, por su parte, versaron sobre cultura general, organización y legislación de prensa y problemas técnicos. Fontán obtuvo una nota media de 8,70 (Notable)11. El 1 de diciembre, el secretario de la Escuela expidió el correspondiente certificado de cara a su inscripción en el Registro Oficial de Periodistas12, en el que pasó a constar con el número 301513. 9. AGUN/141/2.1.2308. 10. AGA, (3) 99.1, Caja 67918, sign. 83/01. Junto con Fontán se examinaron Ceferino Maestú y Vicente Ventura. 11. AGA, (3) 5.4, sign. 51/10800. 12. AGA, (3) 99.1, Caja 67918, sign. 83/01. 13. AGA, (3) 52.45, Caja 66995, sign. 73/54. Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 180 suspender la publicación, aunque no dejó de estudiar posibles fórmulas para mantener el grupo de personas que había reunido en torno a ella. Si bien, se inclinaba por desistir. En esta tesitura, fueron su sobrino Eugenio Fontán Oñate y el doctor Alejandro Cantero Fariño, amigo personal suyo y por entonces miembro del Consejo del Vicario Regional del Opus Dei en España, quienes le convencieron de continuar, «aunque tuviera que ser con otro formato, otra periodicidad y otras características técnicas, pero con el mismo espíritu y el mismo estilo» (Cosgaya García, 2020: 471). Gracias al empeño de ambos, y a la firme resolución de Fontán, Nueva Revista prosiguió su andadura. Fruto del progresivo ascenso político de José María Aznar, se produjo un trasvase de gentes entre la revista y el Partido Popular (PP), que se extendería al Gobierno central tras su victoria en las elecciones generales de 1996 y su posterior reelección cuatro años después. El ejemplo más elocuente se puede apreciar en Pilar del Castillo, que fue nombrada Ministra de Educación, Cultura y Deportes después de haber dirigido Nueva Revista. De ese sustrato, que incorporó al proyecto político de Aznar a varios jóvenes liberales como Carlos Aragonés y Miguel Ángel Cortés, surgió asimismo la idea de crear una Fundación para la promoción y difusión de ideas similar a algunos think tanks anglosajones. Ese fue el origen de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que rápidamente encontró en Nueva Revista un complemento perfecto a su labor. Este contexto de colaboración se vio alterado en 2004 por el relevo en el Gobierno, circunscribiéndose desde entonces a la oposición. Fontán no dejó por ello de supervisar la marcha de la revista, que no sufrió mayores cambios que varios reemplazos en la dirección. Mientras tanto, los galardones recibidos por su trayectoria periodística se fueron sucediendo. Al ya referido título de «Héroe de la Libertad de Prensa» se sumó en el año 2000 el Premio Luka Brajnovic por parte de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y el Premio Rodríguez Santamaría en 2006 por la Asociación de la Prensa de Madrid. Aunque había logrado convivir con su delicado historial médico, su salud empeoró de manera irreversible a partir del otoño de 2009. Tras pasar la Navidad en casa, una neumonía, agravada por una insuficiencia cardíaca, obligó a hospitalizarle, falleciendo a los dos días de ingresar, en la mañana del jueves 14 de enero de 2010. Como ya sucediera con otras publicaciones, caso de Nuestro Tiempo, que en julio de 2024 ha cumplido setenta años, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte continúa editándose a día de hoy toda vez que, a la muerte de Fontán, la cabecera fuera adquirida por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). 9. Conclusiones De igual modo que Fontán vivió varias vidas a la vez, por su triple dedicación a la universidad, el periodismo y la política, cabría afirmar que, en lo tocante a su relación con los medios, aunó distintos perfiles profesionales, algo ciertamente inusual. Fontán no fue un reportero Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 181 al uso ni tampoco destacó por destapar exclusivas. En su lugar, sobresalió por promover empresas de muy distinta naturaleza. Esta cualidad le erigió, ante todo, en editor. Una condición que, pese a provenir de un mundo ajeno a la prensa, asumió de modo natural por el deseo de influir en la opinión pública. Este interés constituye, sin duda, una línea de fuerza predominante en su biografía, pudiendo observarse de manera constante desde su temprana vinculación con el denominado «grupo Arbor» hasta su última salida con motivo de su jubilación académica. Como editor, Fontán trascendió el mero papel de gestor de contenidos demostrando su capacidad de liderazgo a la hora de formar equipos, en el sentido amplio de la palabra, y cohesionarlos. No sólo reunió los medios y las personas necesarias para alumbrar diversas publicaciones, sino que alentó su desarrollo adiestrando a los menos avezados. De esta forma, las empresas que montó alcanzaron en poco tiempo, y sin su asistencia, la continuidad deseada. A este respecto, los casos de Nuestro Tiempo y Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, vigentes a día de hoy, resultan paradigmáticos. Fontán llevó a cabo esta labor gracias a su bagaje intelectual y humano. La formación humanista que había recibido, y de la que hizo gala durante toda su vida, se tradujo en la atención con que siguió la actualidad informativa y en la cantidad y variedad de temas que abordó. Su ingente producción escrita, con más de 800 entradas, incluidos sus trabajos académicos, abarcó una gran amplitud de géneros. Fontán se reveló sobre todo como articulista, pero también como autor de editoriales, ensayos divulgativos, crónicas y reseñas. Este carácter prolífico, unido al aura docente que le confería el hecho de ser catedrático, le facilitó el trato con aquellos que se iniciaron con él en la profesión. La experiencia acumulada en el seno de sus propias empresas, junto con la vivida como alumno «libre» de la Escuela Oficial de Periodismo, le permitieron sentar las bases del –de hecho aunque no de derecho– primer centro universitario de enseñanza del Periodismo en España. Fontán se convirtió así, de manera expresa y como una consecuencia lógica, en maestro de periodistas. Este magisterio se vio refrendado de manera especial durante su etapa al frente del diario Madrid. El compromiso del vespertino con la libertad de prensa terminó por hacer de él un referente, ganándose el respaldo unánime de toda la redacción y de muchos de sus colegas. La firmeza mostrada en la adversidad, sin ceder a presiones de ningún tipo, le granjearon esa reputación. En este sentido, la negativa de los trabajadores a aceptar un director impuesto por el ministerio a cambio de la suspensión del cierre habla por sí sola. Por todo ello, Fontán se hizo acreedor a los homenajes recibidos. La nómina de asistentes al celebrado en el Senado a raíz del «Press Freedom Hero» acredita el grado de aceptación que alcanzó ya en vida. Fontán caía bien a derecha e izquierda. De ahí que su figura, pasado el tiempo y con independencia de haber hecho «algunas cosas», como señaló con cierta modestia en su lecho de muerte (Barrera, 2009: 14), siga siendo motivo de reflexión y ejemplo. Un «Héroe de la Libertad de Prensa». Perfil periodístico de Antonio Fontán (1923-2010) Jaime Cosgaya García https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2025.i24.11 ISSN: 2255-5129 2025 24 165-183 182 Archivos y fondos documentales Archivo General de la Administración (AGA). Archivo General de la Universidad de Navarra, Fondo «Antonio Fontán Pérez», (AGUN/141). Referencias bibliográficas AGUILAR, M. Á. (15 de enero de 2010), “Antonio Fontán y los extraterrestres”, El País, p.47. Disponible en Internet (30-1-2025): http://www.antoniofontan.es/ficheros/41210336.pdf ALFÉREZ, A. (1987), Cuarto poder en España. La Prensa desde la Ley Fraga 1966, Barcelona, Plaza & Janés. APEZARENA, J. (2016), Los periodistas del pisotón. La epopeya de Europa Press, Pamplona, EUNSA. BALSEBRE, A. 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