From colonizer to victim: the memory culture of the War in the Pacific through the Burma-Siam Pakan Baroe Railroad Monument
Abstract
In this article I will demonstrate how the Burma-Siam Pakan Baroe Railroad Monument embodies the development of the memory culture about the War in the Pacific in the Netherlands. I will explain why this was a contested war, and outline the ways in which it did gain a place in Dutch memory culture. Through a visual analysis I will also uncover who is being excluded from the monument’s commemoration and why.
Full text
Recibido: 24-02-2018 Aceptado: 06-09-2018 Resumen En este artículo demostraré como el monumento a la línea ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe da cuerpo al desarrollo de la memoria cultural sobre la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico en el ámbito de los Países Bajos. Explicaré por qué se trató de una guerra cuestionada, así como trataré de esbozar las fórmulas mediante las que este monumento ha alcanzado su lugar en la memoria cultural de los Países Bajos. A través de un análisis visual, trataré igualmente de desentrañar quién queda excluido del ámbito de conmemoración del monumento y por qué ocurre esto. Abstract In this article I will demonstrate how the Burma-Siam Pakan Baroe Railroad Monument embodies the development of the memory culture about the War in the Pacific in the Netherlands. I will explain why this was a contested war, and outline the ways in which it did gain a place in Dutch memory culture. Through a visual analysis I will also uncover who is being excluded from the monument’s commemoration and why. Palabras clave Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, Memoria cultural, Conmemoración, Lugares de memoria, Memoria muldireccional. Tamara Breugelmans (University of Amsterdam) [[email protected]] http://dx.doi.org/10.12795/IC.2018.i01.05 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 2018, 15, pp. 245 - 266 De colonizador a víctima: La memoria cultural de la Guerra En El Pacífico a través del Monumento a la Línea Ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe From colonizer to victim: The memory culture of the War in the Pacific through the Burma-Siam Pakan Baroe Railroad Monument Traducción al castellano de David Montero (Universidad de Sevilla)
Tamara Breugelmans 246 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 Keywords War in the Pacific, Memory Culture, Commemoration, Lieux de Mémoire, multidirectional memory. Sumario 1. Introducción 2. La guerra cuestionada 3. El desarrollo de una memoria cultural de la guerra en el Pacífico a través de los monumentos 4. El monumento a la línea ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe 5. Inclusión y exclusión 6. Conclusión 7. Bibliografía Summary 1. Introduction 2. The contested war 3. The development of the Pacific War memory culture through monuments 4. The Burma-Siam Pakan Baroe Railroad Monument 5. Inclusion and exclusion 6. Conclusion 7. Bibliography
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 247 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] 1. Introducción A causa de la división existente en los Países Bajos en lo que respecta a su antigua colonia de las Indias Orientales Holandesas, particularmente en relación con el rol de los holandeses como fuerza colonial, la conmemoración de la Guerra Mundial en el Pacífico ocupa un lugar difícil en el desarrollo de una memoria cultural holandesa y, aún a día de hoy, sigue tratándose de un tema controvertido. El monumento a la línea ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe está situado en la finca de Bronbeek, en Arnhem, comprada por William III en 1854 y, desde entonces y hasta el presente, se ha utilizado como hogar para veteranos y heridos de guerra pertenecientes a la Koninklijk Nederlands-Indisch Leger (KNIL, Ejército Real de las Indias Holandesas).1 En la actualidad sólo un número reducido de soldados del KNIL viven en Bronbeek lo que ha llevado al Ministerio 1 El KNIL es un cuerpo militar que estuvo en funcionamiento entre 1830 y 1950. Estaba formado principalmente por soldados holandeses, aunque coexistían con indo-europeos y, en los escalafones más bajos, indonesios que se encargaban de tareas poco importantes. Monumento a la Línea Ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe, Tamara Breugelmans, fotografía tomada el 29 de diciembre de 2017. IMAGEN 1
Tamara Breugelmans 248 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 de Defensa, como dueño de las instalaciones, a utilizar el lugar con el objetivo de generar mayor concienciación sobre la historia de las Indias Orientales Holandesas, principalmente a través de exposiciones y mediante la comisión de monumentos en varios lugares dentro de la finca (Ravensbergen, 2015: 3-5). El monumento a la línea ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe representa una parte de la historia acerca de la que Bronbeek quiere concienciar. De forma más concreta, el monumento conmemora a los prisioneros de guerra y a quienes realizaron trabajos forzados durante el conflicto para construir la línea ferroviaria Burma-Siam que une Tailandia y Myanmar (antigua Burma). Posteriormente, la conmemoración de las víctimas de la construcción de otra línea ferroviaria, la Pakan Baroe en Indonesia, se añadió al sentido del monumento.2 A lo largo del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, las Indias Orientales Holandesas fueron invadidas por Japón entre 1942 y 1945 a medida que el ejército nipón expandía su territorio con el objetivo de establecer un imperio pan-asiático bajo su mando (Bingen, 1999: 88). En consecuencia el papel de los Países Bajos en las Indias Orientales Holandesas cambió de colonizador a víctima del conflicto militar. Según Elbeth Locher-Scholten, “mediante la definición de patrones de inclusión y exclusión (quién recuerda, a quién y qué se conmemora, quién y qué queda fuera de la memoria), los monumentos sobre la guerra en el Pacífico existentes en los Países Bajos representan un claro ejemplo de la constante construcción y contestación del propio conflicto (2003: 106), argumentando con Pierre Nora que son monumentos que funcionan como lieux de mémoire dado que sirven como espacios de visibilidad para grupos orientales,3 definiendo su identidad por encima de la identidad nacional precisamente en un momento en el que la memoria comienza a perder contacto con la propia historia (ibid: 128). Antes de proceder a analizar el propio monumento a la línea ferroviaria 2 Ver https://www.4en5mei.nl/herdenken-en-vieren/oorlogsmonumenten/monumenten_zoeken/oorlogsmonument/ 837/arnhem%2C-birma-siam-en-pakan-baroe-spoorwegen-monument 3 Utilizo el término “grupos orientales” a modo de paraguas que engloba a personas de nacionalidad holandesa que aún mantienen vínculos con las antiguas Indias Orientales Holandesas. Hablamos de Indo-Europeos, mestizos, y también de personas holandesas de raza blanca que vivieron en la antigua colonia.
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 249 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] Burma-Siam Pakan Baroe, trataré de explicar en estas páginas por qué el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico genera aún controversia en los Países Bajos, centrándome en el debate en torno a los monumentos de guerra. Dado que existe poca información en los archivos acerca de este monumento, he tratado de reunir datos principalmente a través de una entrevista realizada a un antiguo director de infraestructuras en Bronbeek quien, posteriormente, llegó a ser vicepresidente de una de las asociaciones memorialistas.4 En mi estudio del monumento intentaré aclarar de qué forma el mismo encaja dentro del desarrollo de una memoria cultural sobre la guerra en el Pacífico en el contexto de los Países Bajos. Por último, utilizando la técnica del análisis visual (descrita por Mieke Bal como un análisis crítico de objetos visibles y de la forma en las que estos son encuadrados, incluyendo relaciones de poder y fuentes de desigualdad (Bal, 2008: 178), plantearé las cuestiones de quiénes quedan fuera de este tipo de conmemoración y por qué. 2. El relato contestado de la guerra Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los Países Bajos mantenían un férreo control colonial sobre las Indias Orientales Holandesas, a pesar del creciente protagonismo del nacionalismo indonesio que había venido ganando importancia desde 1908. El gobierno holandés legitimaba el mantenimiento de las colonias a partir de un argumento civilizador según el cual era la obligación moral de los Países Bajos gobernar a las colonias y a sus habitantes. En las Indias Orientales Holandesas dicho dominio tuvo como resultado una sociedad claramente dividida en capas en cuya cúspide se encontraban los holandeses de raza blanca. Tras ellos estaban los indo-europeos mestizos, formalmente reconocidos como ciudadanos holandeses aunque no pudiesen disfrutar de los oportunidades disponibles para los blancos. Por último, en el escalón social más bajo, se encontraban los indonesios nativos (Captain y Jones, 2010: 36-37). Los japoneses, en su intento por desalojar del poder a la élite gobernante con vistas a crear un imperio pan-asiático, encerraron en campos de concentración a todos los considerados europeos 4 La persona entrevistada desea mantener el anonimato.
Tamara Breugelmans 250 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 (Leeuwen, 2008: 35). La mayor parte de los indo-europeos fueron considerados como asiáticos por parte de los japoneses por lo que mantuvieron su libertad con excepción de quienes habían luchado en las filas del KNIL a quienes se trató como prisioneros de guerra. Sin embargo, a la vista de que la mayor parte de los indo-europeos opusieron resistencia a la ocupación japonesa, la nueva fuerza gobernante tendió a desconfiar de ellos por lo que tampoco disfrutaron de ninguna seguridad fuera de los campos (Captain y Jones, 2010: 42-43). Durante la ocupación, los japoneses se mostraron más cercanos a los nacionalistas indonesios siempre que estos no interfiriesen con sus planes e intereses, lo que permitió crecer al movimiento nacional. Tras la derrota de los japoneses a manos de los aliados, Indonesia proclamó su independencia el 15 de agosto de 1945. En el vacío de poder que siguió a esta declaración, grupos de nacionalistas autodenominados como “luchadores por la libertad” y conocidos como permudas procedieron violentamente contra toda persona o símbolo asociado con el dominio holandés. Este periodo, conocido como Bersiap, se extiende entre 1945 y 1946 y se trata de una de las fases más violentas del proceso de descolonización en la que muchos holandeses, indoeuropeos y también indonesios perdieron la vida (Bosma, Raben y Willems, 2006: 186). Una vez fracasadas las negociaciones de autodeterminación entre el gobierno de los Países Bajos y la nueva República de Indonesia, el KNIL comenzó a llevar a cabo “acciones policiales” (denominadas por los indonesios de forma más específica como “agresiones militares holandesas”) con el objetivo de restaurar una situación estable que pudiese favorecer tanto a los intereses holandeses como a los indonesios. Sin embargo, los indonesios vieron en estas acciones un intento de restablecer el dominio colonial, lo que resulta evidente si tenemos en cuenta que, de hecho, durante un largo periodo de tiempo los Países Bajos reconocieron 1949, y no 1945, como la fecha de la independencia de Indonesia (Captain y Jones, 2010: 44-45; Nederland Erkent Indosische Onafhankelijkheid, 2010). Los eventos que tuvieron lugar tras la guerra en el Pacífico son importantes de cara a entender por qué la memoria del conflicto ha sido tan cuestionada o directamente ignorada en los Países Bajos. Según Iris van Ooijen e Ilse Raaijmakers, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial apenas
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 251 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] se sabía nada ni había ningún interés por lo que estaba ocurriendo en las colonias holandesas, principalmente debido a la distancia y a la baja calidad de los sistemas de comunicación y, sobre todo, porque los Países Bajos se centraron su propia ocupación y sufrimiento. Entre quienes sí se preocuparon por lo que ocurría en el Pacífico, la descolonización pronto pasó a ser un tema controvertido y, entre 1942 y 1949, el asunto desembocó a sus ojos en un terrible periodo de violencia (Ooijen y Raaijmakers, 2012: 469). Locher- Scholten también defiende la distancia y la falta de consenso en torno a la descolonización entre los holandeses como factores importantes a la hora de comprender la difícil relación de los Países Bajos con los recuerdos de la guerra en Indonesia (2003: 107). Esto explicaría la naturaleza como lieux de mémoire de los monumentos relacionados con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico; lugares “de los que la memoria emana y en los que cristaliza (…) porque ya no existen auténticos entornos de memoria” (Nora, 1989: 7). Se trata de monumentos que no funcionan como identificadores de una identidad nacional, sino que, de acuerdo con Locher-Scholten, identifican la identidad de la colonia, la cual tampoco es coherente en sí misma (Entrevista personal, 2018). 3. El desarrollo de una memoria cultural sobre la guerra en el Pacífico a través de los monumentos A pesar de la ruptura del consenso nacional, Locher-Scholten describe de qué forma la memoria de la guerra en el Pacífico fue capaz de hacerse un hueco en el panorama de los Países Bajos mediante tres procesos socioculturales concretos: en primer lugar, una cierta despolitización de la memoria (por ejemplo, mediante la separación de los recuerdos pertenecientes al periodo 1941-1945 de aquellos correspondientes a los años que van de 1945 a 1949); en segundo lugar, un creciente reconocimiento del sufrimiento compartido o del “devenir psicológico de la guerra”; y, finalmente, la propia emancipación de los que previamente hemos denominado como grupos orientales (2003: 107). La misma Locher-Scholten analiza tres monumentos diferentes que resultan ilustrativos del desarrollo de la memoria sobre la guerra en el Pacífico en el contexto holandés. Algunos años después de la finalización de la Segunda Guerra
Tamara Breugelmans 252 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 Mundial, se erigió el monumento más importante de los que conmemoran a las víctimas del conflicto en los Países Bajos: el monumento nacional en la plaza Dam de Amsterdam. Originalmente, el monumento estaba constituido, entre otros elementos, por un semicírculo definido por once urnas con tierra recogida de lugares utilizados para la ejecución de holandeses en las once provincias del país. Durante la inauguración del monumento, en 1947, el conflicto contra los japoneses ni siquiera fue mencionado, lo que provocó que los repatriados de Indonesia se sintieran marginados. Con el objetivo de obtener una mayor cuota de reconocimiento por su esfuerzo en beneficio de la llamada “causa nacional”, estos repatriados sugirieron que se añadiese una nueva urna con tierra de diferentes cementerios memoriales holandeses en Indonesia en los que, sobre todo, están enterrados soldados holandeses o aliados, a pesar de que hubo soldados indonesios que también lucharon en el KNIL.5 Tras una larga lucha, el comité responsable del monumento decidió añadir esta nueva urna, aunque bajo la condición de que se tratase de un símbolo que representase a las víctimas del periodo que va de 1941 a 1945 (Locher-Scholten, 2003: 109, 110) en un intento claro de separar la memoria de la guerra en el Pacífico de la guerra por la independencia en Indonesia que comenzaría poco después. Van Ooijen and Raaijmakers observan la historia que rodea al monumento nacional bajo un prisma distinto. “Se trata de un caso que demuestra que la centralidad de los héroes y la idea de unidad nacional que impregna la memoria cultural de la Segunda Guerra Mundial también permitió a los veteranos de los grupos orientales articular y defender sus propios intereses” (2012: 465). Estas autoras describen el proceso a través del concepto “memoria multidireccional”, un término que remite al trabajo de Michael Rothberg quien defiende que “frente a un marco interpretativo que entiende la memoria colectiva como una memoria competitiva, es decir, como una lucha por recursos finitos y escasos, yo sugiero que es posible considerar la memoria como un fenómeno multidireccional; sujeta a negociaciones constantes, a referencias cruzadas y al préstamo: es una memoria productiva, no privativa” (2009: 3). 5 La tierra que finalmente se utilizo para la urna procede del cementerio memorial en el que descansan los restos de soldados que murieron antes de 1945 (Locher-Scholten, 2003: 112), lo que enfatiza aún más la separación artificial de la memoria de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y el recuerdo de las víctimas del conflicto descolonizador.
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 253 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] Van Ooijen y Raaijmakers argumentan que Rothberg únicamente observa este proceso en relación con discursos de victimización, mientras que ellas piensan que este acercamiento a la memoria como fenómeno multidireccional también aplica a discursos de creación de héroes (2012: 473). Sin embargo, encuentro que el análisis de estas autoras debería incorporar una crítica al eurocentrismo que resulta inherente a este acercamiento al discurso heroico. Ambas tienen razón a la hora de situar el trabajo de Rothberg en relación con los discursos de victimización, dado que se trata de un autor que escribe desde una perspectiva postcolonial, tomando partido por los colonizados, mientras que Van Ooijen y Raaijmakers sitúan su trabajo en un entorno colonizador. En este sentido, el concepto de memoria multidireccional aparece como un concepto de sentido único. De acuerdo con Rothberg: “(…) lejos de quedar situado, de forma física o discursiva, en algún tipo de institución o en un lugar, el archivo de la memoria multidireccional es irreductiblemente transversal; atraviesa géneros y contextos nacionales, periodos y tradiciones culturales” (2009: 18). En mi opinión, el problema reside en el carácter nacional del monumento. Rothberg trata de huir del concepto de nación en relación con la memoria multidireccional, llegando a preguntarse en un momento dado si “la afirmación de la memoria siempre debe calcularse de acuerdo con su relevancia en el ámbito de la memoria nacional” (2009: 2). Sin embargo, el acercamiento heroico que ponen en juego Van Ooijen y Raaijmakers cuando utilizan la memoria multidireccional muestra de qué forma la necesidad de reconocimiento de los grupos orientales aún permanece profundamente relacionada con la forma en la que estos grupos se asimilan a la memoria cultural de la nación. O, de forma aún más evidente, conviene notar que su intento de que su memoria sea considerada procede de un grupo que ya pertenece a la nación. Por lo tanto, cabe argumentar que esta aparente referencia cruzada al heroísmo no es tan multidireccional como Rothberg detalla en su acercamiento al concepto dado que no atraviesa géneros, contextos nacionales, periodos y tradiciones culturales. Quizás el término “memoria multinacionalista” resultase más adecuado en este caso, ya que se da una asimilación de la memoria de los veteranos que sirvieron en la colonia al mismo tiempo que se produce una despolitización de la memoria de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. Son memorias que resultan fundamentalmente distintas a las que proceden de la Segunda Guerra Mundial en los Países Bajos, de las que las primeras se nutren y de las que toman prestado; sin embargo, se trata
Tamara Breugelmans 260 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 holandesa. A esta pregunta la persona entrevistada para este artículo contestó que los japoneses tenían un sistema administrativo muy bueno que almacenó los registros de todos los prisioneros de guerra, lo que permitió al CHBSS identificar los nombres de los prisioneros holandeses que se muestran en el muro tras el monumento. Sin embargo, según él, los japoneses no utilizaron este sistema con los Romushas, a quienes consideraban simplemente como esclavos (Entrevista personal, 2018). Dado que los japoneses habían ocupado partes del sudeste asiático de cara a establecer un gran imperio pan-asiático, se podría asumir que los japoneses tenían una mayor estima por los habitantes locales que por los holandeses blancos y por los indo-europeos. Shigeru Sato escribe que, de acuerdo con la retórica japonesa de guerra, el objetivo de la invasión de Japón era: “emancipar a los asiáticos del poder colonial occidental que los había subyugado a lo largo de siglos. En realidad, sin embargo, los japoneses utilizaron a varios millones de asiáticos como trabajadores forzados bajo el lema de la ‘Construcción de una Esfera Pan-Asiática de Co-Prosperidad’. Su régimen de trabajo forzado aunque no puede considerarse como esclavitud en el sentido más aceptado del término, sí menoscababa la libertad y produjo un inmenso sufrimiento para muchos asiáticos” (2008, pág. 97) La entrevista personal en la que se basa este artículo confirma la percepción de que los Romushas eran considerados en ese momento como la parte más baja de la sociedad (Entrevista personal, 2018). Tal percepción supone hasta cierto punto una continuación del sistema colonial holandés y de la posición de los Romushas en la sociedad colonial. Como explica Melber, “los administradores japoneses encontraron que podían utilizar las duras condiciones de trabajo impuestas por el sistema colonial como un trampolín para llevar a cabo su propia visión. Bajo el dominio japonés, los trabajos forzados encontraron una nueva versión, más amplia y con condiciones aún más duras” (2016, pág. 181). Otra razón que puede explicar por qué los japoneses no mantenían registros de los Romushas es la firma por parte de Japón de la Convención Relativa al Tratamiento de los Prisioneros de Guerra en Ginebra
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 261 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] en 1929, cuyo artículo ocho señala que “los contendientes deben notificarse mutuamente sobre todas las capturas de prisioneros en cuanto sea posible a través de la Oficina de Información intermediaria” (Comité Internacional de la Cruz Roja, 1929). Por ley, los japoneses tenían que mantener registros de los prisioneros de guerra y los Romushas no eran considerados como tal. Melber también afirma que lo que se sabe sobre los Romushas es poco debido a falta de fuentes primarias en relación con este grupo (2016, pág. 169-177). Además de esto, la persona entrevistada afirma que el gobierno holandés no tenía un interés real en investigar la muerte de los Romushas después de la finalización de la guerra, dado que tenía otras prioridades como la reconstrucción de los Países Bajos tras la contienda (Entrevista personal, 2018). Lo que resulta aún más interesante es que el propio Sato también apunta que la Investigación Holandesa sobre Crímenes de Guerra entrevistó a un grupo de Romushas, principalmente enviados a Riau durante la ocupación japonesa, en 1946 en Singapur con el objetivo de identificar a japoneses responsables de brutalidad y abusos. Sin embargo, una posible explicación de la falta de datos sobre los Romushas es que se trata de una investigación sobre crímenes de guerra cometidos por los japoneses, sin ningún interés aparente acerca de la situación o el destino de los Romushas. 6. Conclusión El monumento a la línea ferroviaria Burma-Siam Pakan Baroe resulta un buen ejemplo sobre cómo la memoria cultural de la guerra en el Pacífico ha ido evolucionando en los Países Bajos. Aunque el monumento no emerge de un reconocimiento por el sufrimiento compartido o de una “memoria multinacional” entre las víctimas de la Segunda Guerra Mundial en los Países Bajos y en las colonias, se observa una clara separación entre la memoria sobre la guerra en el Pacífico y el recuerdo de la guerra de descolonización y de la emancipación de los subgrupos orientales. También resulta evidente que el recuerdo de ambas líneas ferroviarias sigue vivo por la acción de la segunda y tercera generación de descendientes de quienes murieron durante su construcción.
Tamara Breugelmans 262 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 A pesar de que existen menciones a los Romushas en las placas que acompañan al monumento, se trata de un grupo que no ocupa el mismo lugar en el recuerdo en relación con los prisioneros de guerra tanto holandeses como indoeuropeos. De la entrevista realizada para este artículo se desprende que la razón de esta discriminación apunta a la falta de información sobre los Romushas, dado que los japoneses no mantenían registros administrativos sobre este grupo, y a la poca prioridad dada por el gobierno holandés a los propios Romushas tras la contienda militar. Melber y Sato confirman esta falta de información; sin embargo, Sato también apunta que lo poco que se conoce sobre los Romushas procede principalmente de prisioneros de guerra aliados que fueron testigos de sus padecimientos. Esto no significa que haya testigos que hayan trabajado en ambas líneas ferroviarias, pero sí ofrece al menos algunos datos sobre los Romushas. Oostindie escribe sobre la memoria cultural de las colonias orientales en los Países Bajos que “el impacto de la guerra sobre la gran mayoría de la población ‘nativa’ de Indonesia nunca ha sido un tema central. La memoria permaneció con los orientales” (2011, pág. 93). En su ensayo titulado “Whose Heritage?”, Stuart Hall afirma que “como la memoria personal, la memoria social también Comité de Conmemoración de la Línea Ferroviaria Burma-Siam/Comité Herdenking Birma-Siam Spoorweg, Fecha desconocida. IMAGEN 2
selecta DE COLONIZADOR A VÍCTIMA 263 E-ISSN: 2173-1071 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] Placa sobre la Línea Ferroviaria Pakan Baroe, fotografías tomadas el 29 de diciembre de 2017. IMAGEN 3 y 4
Tamara Breugelmans 264 IC – Revista Científica de Información y Comunicación 15 (2018) [pp. 245-266] E-ISSN: 2173-1071 es altamente selectiva; destaca y coloca en primer plano (…), también aleja, silencia, cuestiona, olvida y obvia muchos episodios que, desde perspectivas diferentes, podrían ser el comienzo de una narrativa distinta” (1999, pág. 5). En investigaciones futuras sería interesante ver cómo, por ejemplo, el monumento ‘One Life, One Sleep’ en el jardín del Museo del Tren de la Muerte en Thanbyuzayat (Myanmar) trata con la memoria de la guerra en el Pacífico para comprobar si existe en este monumento una representación diferente de los Romushas. 7. Bibliografía –––––– Bal, M. (2008).Visual Analysis. In Tony Bennet and John Frow (Eds.), The SAGE Handbook of Cultural Analysis (163 – 184). London: SAGE Publications. –––––– Bal, M. (2003). ‘Visual Essentialism and the Object of Visual Culture.’ Journal of Visual Culture, Volume 2, Issue 5: 5 – 32. –––––– Bosma, U; Raben, R; Willems, W. (2006). De Geschiedenis van Indische Nederlanders. Amsterdam: Bert Bakker. –––––– Bingen, E. (1999).Indië Verloren: Nederland en het Ontstaan van de Tweede Wereldoorlog in Azië. Amsterdam: Babel Boeken. –––––– Captain, E. (2010).‘Inleiding’. In Captain, E. & Jones, G. (Eds),Oorlogserfgoed Overzee: de Erfenis van de Tweede Wereldoorlog in Aruba, Curacao, Indonesië enSuriname(7-34). Amsterdam: Bert Bakker. –––––– Captain, Esther and Jones, Guno (2010).‘De Tweede Wereldoorlog en de Verschoven Staatkundige Verhoudingen met de Oost en West’.In Captain, E. & Jones, G. (Eds),Oorlogserfgoed Overzee: de Erfenis van de Tweede Wereldoorlog in Aruba, Curacao, Indonesië enSuriname(36 – 64). Amsterdam: Bert Bakker. –––––– International Committee of the Red Cross (1929, July).‘Convention Relative to the Treatment of Prisoners of War.’ Retrieved from: https://ihldatabases.icrc.org/applic/ihl/ihl.nsf/Article.xsp?action=open Document&documentId=8B2715471B7FB460C12563CD00518DB7
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